El Matrimonio y la Entropía

La Entropía

Hace poco acondicioné uno de los espacios de mi casa para usarlo como oficina. Ahora tengo más comodidad para estudiar, escribir, leer, hacer fotocopias, revisar mi correo, etc. Pero, inevitablemente, cada dos o tres días de uso, mi oficina se convierte en un caos: libros amontonados en el escritorio, papeles por todos lados, snacks que a veces traigo de la cocina, etc. Al menos una vez por semana, tengo que intervenir y dedicar tiempo a poner la casa en orden.

Lo que sucede con mi oficina tiene un nombre: entropía. Si queremos ser más académicos, mi oficina sufre de la segunda ley de la termodinámica que establece la inevitabilidad de que un sistema cerrado transite del orden al caos. Nada va del caos al orden por sí mismo, sin la intervención de un factor exterior (Ver Nota abajo *)

Fisica y Matrimonio

La segunda ley de la termodinámica también se aplica al matrimonio. En una relación de pareja, la entropía se manifiesta como el desorden emocional y la distancia que puede crecer entre dos personas si ambos no hacen algo para evitarla. En otras palabras: que una pareja se siente que se están distanciando, es normal, especialmente cuando ninguno de los dos hace nada activamente para prevenirlo. Si se deja que el matrimonio se maneje solo, por inercia, es practicante imposible evitar el caos y las fuerzas centrífugas que poco a poco van separando a los esposos.

Un par de consejos para evitar la entropía en el matrimonio

PARA LOS HOMBRES

1. Uno de los gestos más importantes que una esposa necesita de su marido es sentirse valorada. Que él le preste atención a lo que ella hace en la casa, por él o por los hijos y se lo haga saber. Una mujer que no se siente apreciada por su marido puede entrar en un ciclo de entropía emocional. La Parashá de esta semana, Ki Tabo, nos enseña que es fundamental expresar nuestra apreciación y agradecer “con palabras” –y no solo en el corazón– lo que Dios hace por nosotros. El campesino judío debe llevar las primicias de sus frutos al Bet-Hamiqdash y allí realizar toda una ceremonia de agradecimiento verbal, no silencioso. ¿Y por qué se debe realizar este ritual de agradecimiento? Dios en realidad ¡no lo necesita! Muchos Sabios explican que el agradecimiento verbal ayuda a valorar y así se crea un ciclo positivo: agradecer me lleva a valorar y valorar me lleva a agradecer. Si aplicamos esto hacia nuestra esposa, no habrá lugar para la entropía emocional.

2. Dedicar tiempo a la esposa es en realidad una Mitzvá (obligación religiosa) de la Torá, que se desprende del mandamiento de “‘Onatah”, lo que literalmente significa “sus tiempos” e indica que el esposo judío debe dedicar tiempo de intimidad con su esposa. La intimidad, y especialmente la emocional, es una necesidad imperiosa de cualquier esposa y un pre requisito para que se siente” atraída” hacia su esposo. Para una mujer, “amor” significa compartir tiempo juntos. El marido debe dedicarle a su esposa un tiempo al día o por semana: pasear juntos, ir a comer juntos, o incluso no hacer nada específico, pero “juntos”. Esto es absolutamente es esencial para evitar la entropía.

PARA ESPOSAS

1. Muchas mujeres creen que, al criticar a sus maridos, les están haciendo un favor: Piensan que es una virtud señalar sus errores en lo él que hace, dice, y piensa. Se pueden decir a sí mismas: “Si yo no le muestro a mi marido lo que está haciendo mal, ¿quién lo hará por él, su mamá?”. Sin embargo, las críticas constantes, incluso cuando provienen de un lugar bien intencionado (“quiero ayudar a mi marido”), no ayudan, y por lo general hieren emocionalmente al marido. En realidad solo sirven para aumentar el nivel de entropía y el distanciamiento en el matrimonio. La mejor (la única) estrategia que una esposa puede adoptar para ayudar a su marido es el refuerzo positivo de las acciones de su cónyuge: alabarlo y recompensarlo cuando hace algo bien. Este enfoque es similar al de un entrenador de mascotas, que nunca critica, grita ni castiga a los animales que entrena, sino que se enfoca en recompensar y reforzar los comportamientos adecuados. ¡Y este método funciona a la perfección también con maridos!  :).  Ver libro: “What Shamu Taught Me About A Happy Marriage”.

2. Es muy importante que el marido y la mujer entiendan que la felicidad no es un “estado del ánimo”, sino una elección. Esto también lo enseña repetidas veces la Torá cuando, por ejemplo, nos ordena “estar” felices en nuestras festividades o “hacer feliz” a los demás. Esta felicidad “activa”, puede comenzar por forzarme a esbozar una sonrisa o poner buena cara cuando estoy con mis seres queridos. Recordemos que un buen empleado, una secretaria, una azafata en un avión, o un maestro que quiere preservar su puesto, tienen que mostrar su mejor cara alrededor de los demás. E increíblemente, cuando uno se esfuerza por proyectar felicidad, se va sintiendo más contento. Si una esposa adopta una actitud positiva y proyecta felicidad , se convertirá en un verdadero imán emocional para su esposo, quien se sentirá mucho más atraído a ella y querrá pasar tiempo adicional a su lado y buscar actividades para hacer juntos. Una esposa que emana felicidad es irresistible para cualquier marido.

SHABBAT SHALOM

* Dicho sea de paso, para mí, la entropía es la mejor evidencia de que el mundo fue creado por Dios y no surgió por sí mismo, ya que suponer un universo que surgió y se desarrollo a partir del caos original del Big Bang sin la intervención de un Creador estaría absolutamente contra esta fundamental ley física. ¡Tendrian que enseñar esto en todas las escuelas!




RESUMEN DE NITSABIM VAYELEJ

Este Shabbat, el ultimo del año 5784, leeremos dos: Parashiyot juntas: Nitsabim y VaYelej

EXILIO

Cuando la vida de Moshé está llegando a su fin, reúne todos el pueblo de Israel—hombres, mujeres y niños de la nueva generación— para reafirmar el Pacto (berit) con HaShem que se había celebrado cuarenta años antes en el monte Sinai, donde se estableció que el pueblo de Israel es la nación de Dios. Moshé les recordó que este Pacto seguirá por todas las generaciones y les advirtió a los israelitas que no se dejaran tentar por el estilo de vida idólatra que conocieron en Egipto, en las naciones que encontraron durante su travesía en el desierto y que encontraran en la tierra de Canaán. Moshé advirtió al pueblo sobre su responsabilidad comunitaria e indicó que si no siguen el camino de Dios, no podrán seguir habitando la tierra de Israel, y serían exiliados a causa de sus pecados.

TESHUBA (=Regreso a Israel)

Esta increíble sección de la Torá también anticipa que, finalmente, desde el exilio, el pueblo de Israel volverá a Dios con todo su corazón y Él los ayudará a regresar nuevamente a Israel desde los rincones más lejanos del planeta y los devolverá a la tierra de sus antepasados, donde vivirán bajo Su protección y con Su bendición. Cuando HaShem reúna a los exiliados de su pueblo, los judíos volverán a servirle y serán bendecidos con abundancia en el trabajo de sus manos, en el fruto de su vientre, de su tierra y de su ganado.

LA TORÁ ES ACCESIBLE

Moshé exhortó al pueblo a seguir los preceptos del Pacto (=la Torá), informándoles que “no es inalcanzable ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo… ni al otro lado del mar… más bien, está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas”. Moshé le dice al pueblo de Israel que tienen la libertad para elegir entre el bien y el mal, la vida y la muerte. Su elección determinará si serán o no beneficiarios de las bendiciones de HaShem. Moshé imploró al pueblo de Israel que eligieran la vida.

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE MOSHÉ

Moshé informa al pueblo que él ya tiene 120 años y que no se le permitirá cruzar el río Jordán para acompañarlos a la tierra de Israel. En su lugar, Yehoshua los guiará, y HaShem irá delante de ellos y destruirá a sus enemigos en la conquista de Canaán. Moshé exhortó a los israelitas a ser fuertes y no temer a sus enemigos. Moshé convocó a Yehoshua y le dijo que sea fuerte y valiente, porque HaShem irá delante de él y no lo abandonará.

Luego, Moshé escribió toda la Torá, los Cinco Libros o Pentateuco, y la entregó a los Cohanim (sacerdotes) y a los ancianos de Israel. Moshé le ordenó al pueblo que se reúnan cada siete años, durante la festividad de Sucot. Todos los hombres, mujeres y niños junto con el rey leerán públicamente la Torá. (Con el pasar del tiempo, se estableció que la Torá se leería públicamente todos los lunes, jueves y Shabbat, por la mañana y la tarde, y también en las festividades).

ÚLTIMA ADVERTENCIA

HaShem le ordenó a Moshé que entrara al Ohel Moed junto con Yehoshua. HaShem se presentó a ambos y les informó que, en el futuro, los Yehudim abandonarían el camino de Dios, traicionaran al Pacto y seguirán a los dioses paganos. En ese momento, HaShem ocultará Su rostro —es decir, Su protección— y quedarían a merced de sus enemigos. Por lo tanto, HaShem dice: “Escriban este poema será un canto testimonial en sus bocas,” es decir, para que recuerden que cuando Dios no los está protegiendo, no es porque Él no existe, sino porque el pueblo se ha alejado de Él. Este cántico se narra en la lectura de la Torá del próximo Shabbat.

LA TORA ES RECIBIDA POR EL PUEBLO

Moshé tomó el libro de la Torá recién concluido y lo entregó a los levitas. Les instruyó que lo colocaran junto al Arca que contenía las Tablas. Luego, Moshé reunió a toda la nación para que escuchen el cántico, en el que invocará a los cielos y la tierra como testigos de que los judíos fueron advertidos sobre las consecuencias de sus acciones.




RESUMEN DE KI TABO

AGRADECIMIENTO

Lo primero que menciona nuestra Parashá es el precepto  de los Bikurim, es decir, llevar las primeras frutas que se cosechan al Templo de Jerusalem.  Este acto de agradecimiento a Dios por la tierra y sus productos se aplica a los siete frutos que caracterizan a la tierra de Israel: trigo, cebada, uvas, higos, granadas, aceitunas y dátiles. Cuando llega al Templo, el campesino judío recita una oración de agradecimiento a Dios, y presenta los frutos a los sacerdotes. Hoy en día, una de las maneras de agradecer a Dios por lo que nos concede, es diciendo las bendiciones por las comidas. Por ejemplo, hay 6 bendiciones que decimos antes de comer. Cada una de estas bendiciones se  refiere a un tipo de comida en particular: 1. Hay una bendición específica para el pan (hamotsí lejem min haarets). 2. Otra exclusivamente para el vino (boré perí haguefen), 3. Otra para los frutos de la tierra (boré perí ha-adama vegetales, hortalizas, legumbres, etc.).  4. Para los frutos de árboles (boré perí haets). 5. La bendición por productos hechos con harina (boré miné mezonot), y por último 6. Por todos los demas tipos de alimento (sheakol nihyiá bidbaró, agua, un caramelo, un helado, etc.) . De esta manera, a través de estas bendiciones continuamos agradeciendo a Dios por el privilegio de tener lo que comer, como lo hacíamos en los días del Templo con los Bikkurim.

COMPARTIR

Luego se mencionan los diezmos, un impuesto del 10%,  que los agricultores judíos debían separar de sus productos. Este diezmo no se entregaba al estado para su redistribución, como los impuestos de hoy en día, sino que era repartido por los campesinos directamente a los sacerdotes, a los levitas y a los pobres. Durante algunos años de la cosecha, uno de los diezmos era llevado a Jerusalem para ser consumido allí por sus dueños. Todas estas reglas para el agricultor concluyen con la declaración de que él había cumplido con todos los deberes del diezmo y con una hermosa plegaria en la cual le ruega a Dios que siga bendiciendo al pueblo de Israel y a su tierra השקיפה ממעון קדשך מן השמים וברך את עמך את ישראל ואת האדמה אשר נתתה לנו כאשר נשבעת לאבתינו ארץ זבת חלב ודבש. “Oh Dios, bendice desde el cielo –Tu santa morada — a Tu pueblo Israel y a la tierra que nos has dado, tal como lo prometiste a nuestros antepasados [que nos concederás] una tierra que mana leche y miel”.

EL CUMPLIMIENTO DEL PACTO

Moshé le advierte al  pueblo que observen los mandamientos de Dios, recordándoles el pacto de elección mutua: Israel “eligió” a Dios para ser Su Dios, y Dios ha elegido a Israel para ser Su nación santa y protegida.  Como testimonio del pacto, Moshé instruye a los líderes que tomen unas piedras grandes cuando crucen el río Jordán y que escriban en esas piedras toda la Torá. Otro juego de piedras con la Torá grabada en las mismas también deberá ser erigido en el monte Ebal. Moshé les indica proclamar bendiciones y maldiciones (o advertencias tojajot) en los montes Gerizim y Ebal. Las bendiciones serán concedidas por Dios a todo aquel que observe la Torá, y las maldiciones recaerán sobre aquellos que la abandonen y no se comporten debidamente con Dios y con el prójimo. Los ancianos de la tribu de Leví se pararán entre las dos montañas, y los representantes de seis tribus se ubicaran en cada montaña. Los levitas y los sacerdotes proclamarán entonces las bendiciones y las advertencias al pueblo.

EL INCUMPLIMIENTO DEL PACTO

Luego la Torá dedica un largo texto con la descripción de las penurias y sufrimientos que caerán sobre los judíos si descuidan la observancia de la Torá. La lógica de esta idea es la siguiente: como vimos previamente, Dios se compromete a proteger a Israel mientras israel se comporte como el pueblo de Dios. Si la nación de Israel abandona el pacto y se aleja de Dios, se estará alejando automáticamente de la protección divina, y quedará así expuesta a la merced de sus implacables enemigos, que no tienen compasión por Israel. Estas tragicas cirucntacnias que le tocará vivir a Israel, comenzará con el exilio, cuando la Tierra Prometida “expulse” a sus habitantes judíos. Y este proceso continuará cuando las naciones reciban de mala gana a los refugiados judíos. En muchos casos comenzarán por explotar sus talentos y después se abusarán de ellos, quitándoles el patrimonio y luego la vida. En estas circunstancias el compromiso de protección Divina se limita entonces a la promesa de no permitir que el pueblo judíos desaparezca de la faz de la tierra. Y a recibirlo nuevamente y llevarlo de vuelta a su tierra, cuando recapacite y regrese a Dios [Teshubá]. Todas estas trágicas advertencias ya fueron experimentadas por el pueblo judío a lo largo de su trágica historia y muy especialmente durante la Shoah.

Para concluir y para ilustrar el amparo Divino a israel, Moshé le recuerda al pueblo todos los milagros que Dios ha hecho para con ellos, protegiéndonlos desde el momento de la salida de Egipto hasta ese mismo día.




KI TETSÉ: Andar con los ojos bien abiertos.

Por Rabbanit Coty Bittón.

 
 
LA PERASHÁ Y NUESTROS HIJOS
 
לֹא תִרְאֶה אֶת שׁוֹר אָחִיךָ אוֹ אֶת שֵׂיוֹ נִדָּחִים וְהִתְעַלַּמְתָּ מֵהֶם הָשֵׁב תְּשִׁיבֵם לְאָחִיךָ.
 
Debarim Capitulo 22. “1.No verás extraviado el buey de tu hermano, o su oveja, sin que te ocupes de ellos, sin falta los llevarás a tu hermano. 2 Y si tu hermano no vive cerca de ti, o si no lo conoces, entonces traerás lo que encontraste a tu casa, y lo cuidarás hasta que tu hermano lo busque; y entonces se lo devolverás. 3 …y lo mismo harás con cualquier cosa perdida que tu hermano haya perdido y que tú encuentres. No te estará permitido ignorarlo”. 
 
Cuando nuestro hijo mayor Yaakob tenía 5 años, viviamos en el barrio judío de Jerusalem, la ciudad vieja. Solíamos pasar las tardes en el parque junto con sus hermanitos. Y recuerdo que un día cuando regresamos a casa, me di cuenta que me había olvidado su triciclo en el parque. Yaakob estaba obviamente muy molesto. Se lo habíamos regalado hacia muy poco para su cumpleaños. Volvimos al parque, pero el triciclo ya no estaba allí y lo dimos por perdido. Fue muy triste y decepcionante….
 
Unos días más tarde, mi marido regresó del Bet Midrash y le dijo a mi hijo que lo iba a levar a un corto paseo. Aunque no me gustaba la idea, pues ya estaba en pijama y listo para dormir, confié en mi esposo. Me aseguro que volverían rápido y así fue; al ratito estaban de vuelta en casa “los  tres”: mi marido, mi hijo y su triciclo.
 
Resultó ser que camino a casa mi esposo había leído en uno de los “carteles” (lujot) del barrio una nota diciendo que se había encontrado un triciclo y que quien lo perdió podría recuperarlo al dar la descripción correcta del color, tipo de triciclo, y dónde se había extraviado. No tengo palabras para describir la cara de felicidad de mi hijo! Recuerdo nuestra sensación:  ¡Qué maravilloso es pertenecer a una sociedad en la que sabes que todo el mundo se preocupa por los demás!
 
Este evento nos presentó la oportunidad perfecta para explicarle a nuestros pequeños sobre la Mitzvá de hashabat abedá, que aparece en la Perashá de nuestra semana, Ki Tetsé.
 
En cualquier otra cultura o pueblo, uno viola la ley cuando roba o daña la propiedad de su semejante. Y mientras uno no cause daño a los demás, será un ciudadano ejemplar. Nuestra Torá exige mucho más de nosotros. No es suficiente abstenerse de dañar o perjudicar al otro. Tengo que cuidar de sus bienes y de su propiedad como si fuera la mía, y si por ejemplo, encuentro un objeto perdido lo debo cuidar y “buscar” al dueño. En el pueblo de Israel, quien encuentra algo perdido, no sólo no lo puede conservar: Tiene que molestarse en recogerlo, llevarlo a su casa, escribir la nota, publicarla y estar dispuesto a atender a todos aquellos que vengan a reclamarlo hasta que alguien identifique los elementos (simanim) que caracterizan al objeto perdido .
 
Rambam explica en Moré Nebujim que el propósito principal de esta Mitzvá es afectar positivamente el carácter de los individuos del pueblo judío. La Torá nos entrena y nos ayuda a desarrollar un grado de sensibilidad hacia el prójimo. Se nos exige andar siempre con los ojos abiertos a las necesidades de los demás ¿Hay alguien aquí que precisa de mi ayuda? Aunque tenemos que respetar la privacidad de los demás, tenemos que tener cuidado de que eso no nos lleve a un nivel de indiferencia. “No es de mi incumbencia” se aplica para muchos temas privados en las vidas de mis amigos y conocidos, pero NO en situaciones en las que necesita ayuda. Como en el caso de hashabat abeda, tengo que estar dispuesto a aisistir aunque no me lo hayan pedido.
 
Cuando enseñamos a nuestros hijos acerca de esta Mitzvá les estamos enseñando a ser sensibles. “¿Tu amigo está triste? ¿Estará pasando por un mal momento? ¡Preguntale si puedes ayudar!  Una nueva alumna llegó a la escuela. ¿Será tímida? ¿Se sentirá con miedo? Trata de pensar por lo que esta pasando. No conoce a los maestros ni a las demás alumnas. Abre tus ojos, no la ignores. Trata de acercarte a ella y ofrécele tu amistad.”
 
Para poder cumplir con la Mitzvá de hashabat abedá no se puede cerrar los ojos e ignorar lo que ocurre a mi alrededor. Hay que desarrollar una sensibilidad especial para identificar las necesidades de los demás y estar dispuesto a invertir tiempo y esfuerzo para ayudar.
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Rabbanit Coty Bittón is a certified marriage and family counselor. Her weekly Torah classes are rich in relationship advice and home improvement. Her Shalom Bayit and parenting classes combine modern psychology and Tora knowledge.  Her email address for referrals and consultations is: cotybitton@yahoo.com. 



PARASHAT SHOFETIM: La ley y el órden, y la Teshubá

Esta semana, la Torá describe el sistema judicial del pueblo judío. Hay un rey, que tiene que ser humilde y vivir en relativa austeridad, reconociendo que por encima de él hay otro Rey: HaShem, el Rey de Reyes. Como recordatorio constante, el rey judío tenía que llevar consigo su propio Sefer Torá «todos los días de su vida».
También tenemos «Shofetim», jueces, los encargados de administrar la justicia. Los jueces judíos tienen que ser honestos, deben rechazar los sobornos y aborrecer la corrupción, y juzgar con la mayor objetividad posible, sin reconocer las caras de amigos, celebridades, pobres o ricos. Los Shofetim generalmente no actúan por sí mismos (cuando lo hacen, actúan más como mediadores o árbitros), sino en un Bet Din, un tribunal judicial generalmente compuesto por tres jueces para demandas civiles y mercantiles o para delitos menores.
La Torá menciona también a los «Shoterim», oficiales o agentes de la ley, algo similar a la fuerza policial y al sistema penitenciario juntos. Ellos aplicaban las leyes, las multas, los reglamentos, etc.
Cabe observar que el pueblo judío tenía este sofisticado sistema de «ley y orden» en un tiempo en el que los pueblos vecinos de Israel vivían en la anarquía, practicando libremente el parricidio y la violación, y donde la ley, basada en el nepotismo, era la prerrogativa del tirano de turno y del físicamente más fuerte.
Los Jajamim del Musar vieron algo más en las primeras palabras de esta Parashá, algo que se relaciona con el comienzo del mes de Elul y el proceso de Teshubá, arrepentimiento. Las primeras palabras literalmente significan: «Jueces… deberás asignar para ti mismo». Cuando analizamos nuestra propia conducta, por lo general adoptamos el rol de «abogados» de nosotros mismos. Naturalmente, defendemos nuestras propias acciones. Pensamos más acerca de nuestras siempre-buenas-intenciones que acerca de los resultados de lo que hemos hecho mal. De esta manera, nos absolvemos a nosotros mismos del mal proceder y nos liberamos de la culpa. Nuestros rabinos observaron hace mucho tiempo las dificultades psicológicas que debemos sortear cuando queremos evitar esta actitud: «kol derekh ish yashar be’enav», «todo lo que una persona hace es (o termina siendo) correcto a sus propios ojos».
Las palabras: «Jueces… deberás asignar para ti mismo», nos enseñan que la Teshubá no es posible a menos que abandonemos la zona de confort de la auto-defensa y tengamos el coraje de observarnos a nosotros mismos «desde el balcón» (=como otras personas nos ven). Juzgarnos a nosotros mismos con la objetividad de un juez, y no con la indulgencia de un abogado, es un prerrequisito fundamental para que nuestra Teshubá sea efectiva.

SHABBAT SHALOM!



Los 10 mandamientos y el cristianismo

Pregunta: ¿Por qué los 10 Mandamientos no son tan conocidos?  ¿No deberían ser los 10 Mandamientos el primer texto que se estudie  (¡y se memorice!) en toda escuela judía?
Creo que necesitamos un poco de historia para entender lo que ocurrió…
Por un lado, la recitación de los 10 Mandamientos está registrada en la Mishná (Tamid 5:1) como parte de la litúrgica diaria del Bet haMiqdash (que continuó hasta el año 68 de la era común).  ¿Por qué entonces no recitamos todos los días los 10 Mandamientos?
La respuesta se encuentra en la Guemará Berajot 12a: Varios rabinos en el siglo 3 y 4 de la era común trataron de re-instituir la recitación de los 10 Mandamientos en Babel, que en ese entonces era el epicentro de la vida judía en la diáspora, pero las cortes rabínicas no lo autorizaron. ¿Por qué?  Las crípticas palabras que usa  la Guemará en hebreo son:   מפני תרעומת המינים , que significa más o menos, “debido a las escandalosas [ideas y prácticas] de los herejes”. Pero  ¿A qué y a quién se refiere la Guemará?
En el nuevo testamento, escrito en los tiempos de la Guemará, siglos 3 y 4 de la era común, se habla de los 10 Mandamientos como “los únicos preceptos revelados directamente por Dios”, y por lo tanto se los toma como “los únicos mandamientos que son obligatorios para los seguidores de la iglesia”. Implicando que todos los demás mandamientos NO son de origen Divino “directo” y por lo tanto no son mandatorios.  No puedo extenderme demasiado en el tema de por qué la iglesia cristiana formuló estratégicamente una especie de “judaísmo light”, una nueva religión desprovista de casi todas las obligaciones técnicas, pero, puedo referir al lector interesado en el tema al libro de Paul Johnson,  “La historia del Cristianismo”. En las primeras páginas de este fascinante libro Johnson describe los debates de los apóstoles respecto a qué partes de la ley judía deberían seguir siendo obligatorias en la “nueva religión”. Johnson nos cuenta que miles de romanos se sentían muy atraídos hacia el monoteísmo y la ética judía, pero no estaban dispuestos a circuncidarse, dejar de trabajar en Shabbat, cuidar las leyes de kashrut, etc. y por lo tanto muy pocos romanos se convirtieron al judaísmo.
Los apóstoles vieron aquí una gran oportunidad: la conversión potencial de miles de romanos a su nueva religión sería factible si el judaísmo fuera más fácil, menos demandante. Y así surgió el cristianismo, como una versión “menos estricta” del judaísmo. La circuncisión, por ejemplo, fue reemplazada por el bautismo, y prácticamente todas las leyes rituales como Kashrut, por ejemplo, fueron derogadas. Todas  excepto  los 10 Mandamientos…
La Guemará, tanto en su edición original (siglo 6 de la e.c.) como en las ediciones impresas en la edad media, menciona genéricamente a los “herejes”. Y no podía ser más explícita y mencionar directamente al cristianismo, ya que cualquier referencia  que pareciera crítica contra la iglesia, podría desencadenar persecuciones y matanzas de judíos.  De cualquier manera la referencia de la Guemará no deja lugar a la ambigüedad.
Este debate en torno a los 10 Mandamientos generó también una pregunta muy famosa: ¿Debemos ponernos de pie cuando escuchamos la lectura pública de los 10 Mandamientos en Yitró y vaEtjanán?
Maimónides dijo que NO. Y explicó que mientras que para otras religiones los Diez Mandamientos están por encima de los otros mandamientos de la Biblia hebrea, para la tradición judía los Diez Mandamientos son, evidentemente, una parte esencial de la Torá, pero NO son más importantes que todos los demás preceptos Bíblicos. Para enfatizar este concepto fundamental y expresar la creencia judía en la uniformidad de todas las Mitsvot de la Torá en cuanto a su importancia y origen Divino, Maimónides prohibió ponerse de pie cuando los diez Mandamientos se leen en la Sinagoga, para que no demos a entender que los otros 603 mandamientos pertenecen a una categoría inferior (El Rab Obadia Yosef z”l escribe que a fin de no contradecir a Maimónides, cuando se leen los 10 Mandamientos en público, se puede invitar a subir a la Torá a una persona erudita o un anciano y así nos ponemos de pie en honor a esa persona, y no particularmente por los 10 Mandamientos).
Volviendo a nuestra pregunta original, ¿por qué los 10 mandamientos no son más y mejor conocidos y estudiados? Es muy posible que este largo debate acerca de la importancia suprema que otras religiones le atribuyen a los 10 Mandamientos haya colaborado para que lamentablemente los estudiemos un poco menos.
Debemos remediar esta situación estudiando un poco más en profundidad 10 Mandamientos y explorando cada mandamiento en particular.
 
Para encontrar todos los textos mencionados en este artículo, y muchas más referencias sobre el debate rabínico acerca del rol de los Diez Mandamientos hacer click aquí  (hebreo). 



Nosotros, los rabinos

ESCRITO EN 2018
Ayer recibí un correo electrónico del presidente de mi comunidad y mi buen amigo, el Sr. Albert Laboz. El email recibido  tenía un archivo adjunto: una carta escrita por el Sr. Al Gindi (se pronuncia “Guindi”), z “l, que falleció hace unos días. El Sr. Guindi era famoso por sus actos de filantropía, su integridad y sus esfuerzos por fortalecer los valores religiosos de la comunidad judía siria de Nueva York.
La carta estaba dirigida al Sr. Ezra Ashkenazi, un conocido líder de la comunidad y benefactor. El tema de la carta no era una conversación personal entre estos dos gigantes comunitarios; en realidad, el título de la carta era “Jilul HaShem”, la profanación del nombre de Dios, y la carta estaba dedicada a los rabinos.
En su carta, el Sr. Guindi urge a los rabinos de la comunidad a abordar asuntos directamente relacionados con la moralidad, la ética en los negocios y la justicia. En su opinión, nosotros, los rabinos, estamos demasiado centrados en asuntos relacionados con el ritual y no prestamos suficiente atención al desarrollo del carácter. Aclarando que no está diciendo, Dios no lo permita, que lo ritual no es importante, el Sr. Gindi escribe que los rabinos deben encontrar un equilibrio entre enseñar los preceptos hacia Dios y predicar acerca de la conducta en las relaciones interpersonales. Los rabinos —plantea el Sr Gindi-deberíamos dedicar más tiempo y más discursos públicos a enseñar a la comunidad acerca de la integridad
¿Y por qué deberíamos nosotros, los rabinos, centrar nuestra atención en cuestiones de ética judía? Porque la comunidad lo necesita En el mundo de los negocios, el Sr. Gindi ha sido testigo de prácticas predatorias, de abuso, de maltrato de empleados gentiles, etc. Estos malos hábitos no solo son intrínsecamente incorrectos. Estas prácticas también le dan un mal nombre a la comunidad judía. Y llevan al peor pecado concebible: la profanación del nombre de Dios o “Jilul haShem”, que ocurre cuando en nuestra vida cotidiana y en nuestro comportamiento los judíos “mal representamos” la Torá que se supone que debemos “representar” con la mayor fidelidad.
Aunque su carta es del 2004, el mensaje es fuerte, claro y sigue siendo relevante en 2018. En la misiva del Sr. Guindi, él amablemente trató de explicar por qué los rabinos no hablamos de este tema. Dijo que los rabinos probablemente no están al tanto de lo que sus feligreses hacen en sus negocios. Es por eso que no abordan los problemas. Es necesario entonces informar a los rabinos de lo que está pasando, para que puedan enseñarnos lo que debemos hacer.
La carta z’l del Sr. Guindi me movió a dedicar la Halajá del día de hoy a su importante mensaje.
Sus preocupaciones resonaron en mi mente como un viejo eco de las palabras de Yesha’ayahu, Isaías, el Profeta, y lo que leemos en la Haftará antes de Tish’a beab y en la mañana de Iom Kipur.
Yesha’ayhu, más que cualquier otro profeta, denunció con mucha fuerza la situación moral y las injusticias sociales prevalecientes en su tiempo. Acusó a la gente de Yerushalayim de avaricia material y falta de integridad
Sus monedas de plata son falsas, su vino es adulterado.
Sus líderes políticos son corruptos … Se venden al mejor postor y aceptan sobornos. No defienden a las personas sin hogar, y no defienden a los indefensos.
(Isaías 1:22)
Palabras muy impactantes, de hecho. Pero el aspecto más poderoso de las palabras de Yesha’ayahu es que denunció que en su época muchas personas usaban los rituales religiosos como los sacrificios, para encubrir su mal comportamiento en los negocios. Para usar un término moderno, Yesha’ayahu acusó a sus contemporáneos en Jerusalén de “hipocresía religiosa”, manifestándose como piadosos en el Templo y comportándose como ladrones en su negocio.
La situación actual de la comunicada, obviamente, esta muy lejos de lo que describió Yesha’ayahu. La comunidad en general tiene un muy buen nombre y prestigio. Se sabe que los miembros de la comunidad son honorables, extremadamente generosos, hombres de familia, guiados por principios. Pero las palabras de Yesha’ayahu y la carta del Sr. Gindi deberían hacernos comprender los peligros potenciales de no prestar suficiente atención y tiempo a cuestiones de integridad religiosa.
Mucho ya se está haciendo. Multitudes vienen a clases de Tora. Y prácticamente todos los miembros de la comunidad asisten regularmente a la Sinagoga. Este “acto de presencia” por si mismo ya ayuda a las personas a sentir una conexión mejor y más fuerte con Dios. Y al final, una conexión sólida con Dios es lo que hace que las personas se comporten con honestidad y actúen con integridad. El señor Gindi, su familia y muchos otros hombres de negocios y empresarios judíos son un gran ejemplo de cómo la Tora que aprendemos en la sinagoga se queda con nosotros y nos guía cuando dejamos los muros de la sinagoga.
Pero lo que el Sr. Gindi dice en su carta es que los rabinos debemos aspirar a hacer más … Necesitamos hablar más explícita y directamente sobre la integridad. Además de inspirar a nuestros feligreses a sentir conscientemente la presencia de Dios fuera de la sinagoga, también deberíamos tratar de equiparlos con más detalles y ejemplos de lo que la Torá espera de nuestro comportamiento en el lugar de trabajo y en nuestros asuntos mundanos.
Trataré de hacer mi parte.
Rab Yosef Bitton
Manhattan Beach, NY.
Con la autorización de la familia, enviamos aquí la copia de la carta original del Sr Guindi (inglés).



¿Cómo sabemos que Dios existe?

La Parashá de esta semana, Vaetjanán, contiene dos textos cardinales de la fe judía: Los Diez Mandamientos y la primera parte del Shemá Israel. Hoy analizaremos brevemente el primer versículo del Shemá (Para aprender un poco más acerca de Los Diez Mandamientos, consulta el enlace a continuación).

Para empezar, recordemos que el Shemá Israel no es formalmente una plegaria. No es un texto en el que alabamos a Dios o pedimos Su ayuda. El Shemá que recitamos todos los días contiene nuestra declaración de fe en la existencia y unidad de Dios, nos educa a amar a Dios, nos insta a cumplir Sus mandamientos y nos exhorta a comportarnos con moralidad y decencia.

¿CÓMO SE DICE «DIOS EXISTE» EN HEBREO?

El primer versículo del Shemá Israel contiene las tres ideas que constituyen los principios de nuestra fe:

שמע ישראל ה אלוקינו ה אחד
«Escucha, Israel, HaShem es nuestro Dios, HaShem es uno»

  1. Que Dios existe.
  2. Que somos los únicos testigos de Su revelación.
  3. Que Dios es uno.

La palabra más significativa en este tema, irónicamente, no está explícitamente escrita en el pasuq (versículo bíblico). Nuestro versículo dice literalmente: «Escucha Israel, HaShem nuestro Dios, HaShem uno». Pero la traducción correcta es: «Escucha Israel, HaShem ES nuestro Dios, HaShem ES uno». ¿Por qué estos dos verbos no están explícitamente incluidos en este versículo? Porque en hebreo bíblico los verbos no se conjugan en el presente de la manera que ocurre en otros idiomas. Para indicar el presente, en hebreo solo se usa el pronombre y el sustantivo. Cuando digo, por ejemplo, ANI QORE, que generalmente se traduce como «yo leo», en realidad estoy diciendo «en este momento, ‘soy’ un lector». Es por eso que cuando se quiere decir el verbo «ser» en presente, «es» o «soy», ¡no se dice nada! Si quiero decir «esta silla ES blanca» diré «hakisé laban» = «la silla… blanca». Y cuando quiero decir «HaShem ES nuestro Dios» diré «HaShem… nuestro Dios».

Irónicamente, la idea de «SER» que está escondida entre la palabra “HaShem” y la palabra “nuestro” transmite el mensaje más importante de todo el Shemá Israel: la afirmación de que Dios «ES», es decir, que Dios «EXISTE», lo cual constituye el principio número uno de la fe judía.

¿CÓMO SABEMOS QUE DIOS EXISTE?

La respuesta a esta pregunta se presenta en la segunda parte de este versículo: «HaShem es ‘nuestro Dios’». Aquí el énfasis no está en la palabra «es» sino en la palabra «nuestro».

En el judaísmo, la creencia en Dios se basa, en primer lugar, en el hecho de que los judíos somos los únicos testigos de la Revelación Divina (אתם עדי). En el Monte Sinaí, cuando Dios nos eligió entre todas las naciones, y nos dio Su Tora, se reveló a nuestros antepasados transmitiendo los primeros dos mandamientos. La revelación Divina no se manifestó a través de imágenes. De hecho, la Torá nos advierte seriamente de no crear imágenes visuales imaginarias de la revelación Divina, como hacen otras religiones. La revelación de Dios (en hebreo: ma’amad har sinai) se describe así: «y todo el pueblo veía las voces [que llegaban de Dios]». La Tora utiliza un lenguaje excepcional, «ver las voces», para indicar un evento extrasensorial, sobrenatural, una especie de telepatía profética. Este evento “impactante” (incluso “traumático”) quedó grabado en nuestra memoria genética, y nos convertimos así en el único grupo humano que ha experimentado directa y colectivamente la Revelación Divina. El rabino Yehuda haLeví mencionó hace unos 1.000 años que otras religiones ni siquiera han pretendido falsamente haber experimentado una revelación colectiva, algo que es imposible de sostener. Las religiones gentiles se adjudican, en cambio, supuestas revelaciones “privadas” a individuos como Yeshu, Mahoma o Joseph Smith.

Ahora podemos entender mejor el segundo mensaje del Shemá Israel: “HaShem es NUESTRO Dios”. Dios se reveló a nosotros, todo el pueblo de Israel, y esta experiencia de la revelación divina nos ha transformado hasta el día de hoy en los privilegiados testigos de Su existencia.

Claro que esta fe genética debe ser desarrollada por nosotros mismos, procurando un conocimiento más personal de Dios, el cual se incrementa a través de estudiar Su Torá y observar y admirar Su creación. Ambos “libros”: la Torá y la Creación, revelan una Sabiduría que no es humana y dirigen así nuestra mente y nuestro corazón hacia un reconocimiento más profundo del Autor/Creador de ambas obras.

¿QUÉ SIGNIFICA QUE DIOS ES UNO?

El monoteísmo judío, la creencia de que solo hay un Dios y que no existe ningún otro poder independiente de Él, es probablemente la idea más revolucionaria de la Torá. ¿Por qué? Porque el monoteísmo era una idea totalmente contra intuitiva. Veamos. Para el hombre antiguo, era imposible pensar que solo existía un Dios. Los seres humanos naturalmente percibimos la realidad en términos de eventos conflictivos y opuestos: vida y muerte;  guerra y paz; alegría y dolor, etc. Para la mente pagana era imposible concebir que el complejo espectro de esta realidad ¡proviene de un solo Dios! La conclusión más normal, intuitiva y lógica es que el mundo está gobernado por múltiples dioses, cada uno a cargo de un determinado poder: este el dios del bien y el dios del mal;  el dios de la luz y el dios de la oscuridad. Y esos dioses están en un conflicto permanente entre sí y se pelean para sobreponerse el uno al otro. Desde el aspecto psicológico, el politeísmo también es la forma más natural de proyectar lo mas violento de la realidad humana: los dioses poseen los mismos conflictos, intereses y apetitos que los seres humanos que se pelean entre sí para imponerse uno al otro .

Concebir UN SOLO DIOS de quien derivan todos los aspectos contradictorios y opuestos de nuestra compleja realidad humana, es absolutamente  revolucionario y casi «insano».

Puede ser difícil para nosotros percibir hoy la magnitud y el increíble impacto de la idea del monoteísmo en la humanidad, simplemente porque la mayoría del mundo civilizado ha rechazado el politeísmo y ha adoptado el principio establecido en el Shemá Israel.

Para resumir: El primer versículo del Shemá Israel no es una oración que rezamos a Dios. Es un texto bíblico dirigido hacia nosotros (Escucha Israel). Nos recuerda los tres principios más importantes del judaísmo y nos exhorta a recordarlos todos los días, recitándolos como una proclamación de lealtad hacia nuestro Dios.

Rab Yosef Bittón




SHABBAT JAZON: El 9 de Ab y la hipocresía religiosa

Este Shabbat por la mañana comenzaremos la lectura del libro de Debarim y al finalizar leeremos una Haftará especial del libro  de Yesha’ayahu (Isaías). A esta  Haftará se la conoce como “Jazón” (por su primera palabra)  y por extensión al Shabbat antes del 9 de Ab se lo llama Shabbat Jazón.

Este texto de la Haftará se encuentra en el libro de Isaías 1: 1-27, y es una visión profética en la que este gran profeta de Israel reprende a los habitantes de Jerusalem por su falta de integridad y su corrupción. La Haftará describe los pecados que provocaron que Dios ignorara nuestras oraciones y plegarias y eventualmente llevaron a la destrucción de nuestro primer Bet haMiqdash. Al leer y recordar los errores de nuestros antepasados, podemos reflexionar sobre nuestro propio comportamiento, mejorar nuestras acciones y merecer ver nuestro Bet haMiqdash reconstruido muy pronto, en nuestros días.

Entre los muchos puntos que denunció el profeta, vale la pena recordar su criticismo sobre la hipocresía religiosa.

Así dijo a la gente de Yerushalayim en nombre de haShem: 15. [Así dice Dios], cuando extiendas tus manos en oración, apartaré Mis ojos de ti; aun cuando Me ofrezcas muchas oraciones, no te escucharé, [porque] tus manos están llenas de sangre.

Yesha’ayahu denunció a las personas corruptas que mataban, robaban, engañaban en sus negocios, practicaban el soborno, corrompían la justicia y simultáneamente ¡rezaban a Dios! Y no solamente eso: también pretendían que Dios escuchara sus oraciones y respondiera sus pedidos! Como dice el profeta Yesha’ayahu: estos feligreses llegaban al Templo, “con sus manos manchadas de sangre”, y ofrecían sacrificios, como si Dios pudiera ser sobornado con regalos u ofrendas para ignorar sus malas acciones. Estos individuos, que quizás no eran pocos, tenían una idea muy infantil, inmadura y pagana de Dios.

Yesha’ayahu les explicó que NO existe el divorcio entre lo que uno hace y cómo uno reza. Un judío no puede practicar todo tipo de inmoralidades, y luego ir al  Templo y a rezar ¡como si nada hubiera pasado! Como si todo estuviera bien. Como si Dios no supiera lo que realmente hicieron y la maldad de su corazón. Yesha’ayahu les explica que eso es inaceptable: que la honestidad y la moralidad, la no explotación de los más débiles, es una obligación religiosa imperiosa. Y que cuando una persona se comporta piadosamente en el Templo y es un corrupto en sus negocios, ¡es un hipócrita! Y HaShem detesta la hipocresía religiosa más que la no religiosidad. Dios no está recluido en el Templo. Él sabe lo que hacemos. Rechaza la oración de los corruptos y demanda que nuestra vida sea honesta y virtuosa no solo en el Templo, sino también (o especialmente) fuera del Templo!

Yesha’ayahu también les dice que no están condenados para siempre a ser ignorados por Dios. Les explica que si una persona corrupta se arrepiente, mejora su comportamiento y se vuelve honesta, HaShem lo aceptará nuevamente. Para que esa situación se revierta y Dios esté dispuesto a escuchar sus oraciones, Yesha’ayahu les dice lo que tiene que hacer:

(1: 16-17)

“…Purifíquense [de sus malas acciones]. Dejen de hacer el mal, aprendan a practicar la justicia, busquen la rectitud, defiendan a los oprimidos, luchen por la causa del huérfano, y defiendan a las viudas “.

Cuando HaShem ve nuestro arrepentimiento nos acepta nuevamente y escucha nuestras oraciones. Y así tendremos el mérito de ver nuevamente nuestro Bet haMiqdash reconstruido.




RESUMEN DE LA PARASHA DEBARIM

Moshé se dirige al pueblo de Israel, la nueva generación de israelitas que está a punto de ingresar a la tierra de Israel, en un extenso discurso que comienza recordando los eventos que ocurrieron desde la salida de Egipto, 40 años atrás, hasta el presente.

Moshé también menciona la designación de líderes y jueces para ayudarlo a guiar al pueblo. Esta medida sería tomada luego como el ejemplo de cómo organizar el sistema judicial en el pueblo de Israel.

Luego relata lo acontecido con los espías y cómo –con la excepción de Yehoshua y Caleb– desalentaron al pueblo judío y generaron una crisis que impidió a esa generación ingresar a la tierra Prometida. Esta grave crisis provocó que el pueblo de Israel tuviera que deambular 40 años en el desierto.

Dios le dice a Moshé que ya habían estado en esa región montañosa el tiempo suficiente y que ahora finalmente deben dirigirse hacia la tierra prometida e instruye al pueblo a no enfrentarse con los descendientes de Esav, la nación de Se’ir, y no provocarlos. Además, les ordena que compren de ellos, y no tomen por la fuerza, la comida y el agua que necesiten, ya que Dios no les concederá ninguna parte de la tierra de Se’ir. También le indicó a Moshé que no hostiguen ni provoquen a los Moabitas y Amonitas, ya que Dios ha otorgado su tierra como posesión a los descendientes de Lot.

El pueblo de Israel pasó 38 años viajando desde Kadesh-Barnea hasta cruzar el río Zared, y toda la generación anterior pereció en el desierto, tal como Dios lo había indicado.

Moshé le recuerda al pueblo que envió  mensajeros al rey Sijón ofreciéndole la paz y pidiéndole permiso para pasar por su tierra. Pero Sijón se negó a dejar pasar a los israelitas. El pueblo judío se enfrento a Sijón, el emorita, rey de Jeshbón, y conquistó su tierra. La Torá entonces detalla la conquista de las tierras de Sijón y Og, en el lado oriental del río Jordán. Estas tierras serán adjudicadas a las tribus de Ruben, Gad y una parte de la tribu de Menashé