PINEJAS: Yehoshúa y el poder de la empatía

CARACTERÍSTICAS DE UN LÍDER JUDÍO

Cuando Moshé se entera de que su vida está por acabar, le ruega a HaShem nombrar al sucesor adecuado para dirigir al pueblo de Israel. Y dice (Bamidbar 27:16): “Eloqe harujot lejol basar” (Dios, Tú que conoces los espíritus de cada ser vivo). El Midrash explica que Moshé imploró a HaShem que asignara un líder con esa característica: un hombre “asher rúaj bo”, capaz de conocer el espíritu de todo ser vivo. Esto significa: un hombre que comprenda el carácter de cada individuo. El líder ideal de Israel debe ser paciente, de mente abierta, y debe estar preparado para lidiar con distintos tipos de personalidades. Con aquellos que necesitan una mano fuerte, y con aquellos que necesitan un enfoque más sensible. Con los que pueden escuchar una opinión distinta y con aquellos que presentan más resistencia al cambio. O con aquellos que requieren explicaciones adicionales o una estrategia de persuasión no convencional.

EL MAESTRO

HaShem entonces designa a Yehoshúa como sucesor de Moshé. Yehoshúa era “un maestro” de la empatía, y entendía que hay diferentes tipos de inteligencias y que, en el tema de la comunicación, un líder debe adaptarse a los demás. El futuro líder judío, antes de reaccionar y enojarse, debe tomarse el tiempo para entender las razones de la opinión del otro. Yehoshúa era capaz de ponerse en la piel del otro y entender no solo lo que su interlocutor dice, sino lo que está tratando de decir. En TODAS las relaciones humanas necesitamos de la empatía. De la capacidad de aceptar que, a pesar de que todos venimos de los mismos ancestros, Adam y Eva, todos somos muy diferentes. Como dijeron nuestros Sabios: “keshem shepartsufehem shonot…”, del mismo modo que no hay dos personas con caras idénticas, tampoco existen dos personas con la misma forma de pensar o comunicarse (Berajot 58a).

LA MIOPÍA: ¿ES CONTAGIOSA?

La empatía es fundamental en un líder. Por empatía me refiero a la capacidad de percibir los sentimientos del otro e internalizarlos sin negarlos ni ignorarlos. Es la capacidad de suspender por un momento nuestro propio punto de vista, y no juzgar el comportamiento de los demás de acuerdo con la forma en que “uno” siente o se comporta. No me puedo molestar con mi esposo si sus gustos respecto a la comida son diferentes a los míos. No puedo decirle a mi hija adolescente que es ridículo tener miedo de subirse a una montaña rusa en un parque de diversiones, solo porque yo no le tengo miedo a las alturas. Tenemos diferentes temperamentos, formas de percibir la vida, miedos, gustos y sensibilidades. Todo el mundo ha vivido experiencias distintas que han afectado a sus personalidades. Mis lentes son personalizados. A mí me ayudan a leer mejor y a ver mejor. ¡Pero mis anteojos no le sirven a los demás! De hecho, si alguien usa mis anteojos, ¡no va a poder ver!

PARENTING Y EMPATÍA

En nuestro papel de padres, la empatía es absolutamente necesaria. Cualquier padre con más de un hijo sabe que los niños son muy diferentes entre sí, incluso cuando fueron criados en el mismo hogar y por los mismos progenitores. Nosotros, los padres, debemos prestar mucha atención y entender a cada uno de nuestros hijos según su personalidad e individualidad, con el fin de ser empáticos con sus necesidades, y saber cuál es el mejor enfoque para cada uno de ellos en particular. Comencemos por convencernos de que nuestros hijos son diferentes. ¡Cada uno tiene un espíritu distinto!

En hebreo llamamos al preescolar “Gan Yeladim”, literalmente “un jardín de niños” o “jardín de infantes”. Pero ¿te preguntaste alguna vez por qué se llama “jardín”? Porque, a fin de brindar a los pequeños las bases correctas en los comienzos de su educación, hay que ser como un jardinero, que sabe que cada una de sus plantas tiene necesidades diferentes. Algunas plantas necesitan agua una vez al día. Otras, irónicamente, se marchitarán si las regamos a diario. Hay plantas que necesitan mucho sol, y otras, sombra. Al igual que las plantas, todos nuestros hijos necesitan atención. Pero esa atención debe ser personalizada. Adaptada a cada uno de nuestros hijos en particular.

Tenemos que ser para nuestros hijos lo que Yehoshúa fue para el pueblo de Israel: entender que cada uno de ellos tiene su propio universo mental.

Rabbanit Coty Bitton

 




I ❤️ ISRAEL: Bajo la Sombra de paz, sin escuchar noticias.

EL AIRE DE ISRAEL

Estoy en Yerushalayim, en Emek Refaim. Afuera hay mucho movimiento: grúas y trabajos de construcción por todos lados, calles cortadas, el tránsito reducido a una sola mano, vallas y obras a lo largo de toda la calle. ¡Yerushalayim no para de reconstruirse. Pero el ruido no llega adentro. Estoy en el café Kafit, un lugar precioso, lleno de gente, con aire acondicionado y buen wifi. Estoy solo, con mi computadora, tratando de terminar de escribir mi libro —Dinosaurios en la Torá—, donde analizo en profundidad cómo entendieron Jazal, Rishonim y Ajaronim sefaradim los pesukim 20, 21 y 22 del primer capítulo de Bereshit. No sé bien por qué, pero el ir y venir de la gente no me distrae: me acompaña. Me concentro mejor acá que en una biblioteca. Avanzo con mi libro como no podría en Nueva York. ¿Será lo que nuestros sabios enseñaron, que avirá de Erets Israel majkim, que el aire de la tierra de Israel te hace más inteligente? Te ayuda a pensar mejor. La mente está más liviana.

CONEXIÓN VÍA NEGATIVA

Pedí shakshuka y un jugo de zanahoria.

Suena el celular. Es un miembro de mi comunidad de Great Neck. Atiendo. Con voz preocupada me pregunta cómo estoy, cómo me siento, cómo se siente estar en Israel con la terrible situación con Irán, los mensajes confusos de Trump y de Vance, las amenazas de Turquía. Él sabe que Israel me importa mucho, y que vivo esas noticias con intensidad. Y da por hecho que debo estar sufriendo, pegado a las últimas novedades en Telegram.

Y yo no sé cómo explicarle que acá todo está tranquilo. Que la gente está contenta, que los restaurantes están llenos, y que el problema más grande de la mañana es encontrar una mesa libre para sentarse a tomar un café.

Es que hay dos países que se llaman “Israel”. Está el Israel de los titulares internacionales —el que aparece todos los días en todos los diarios del mundo, siempre al borde de algo, rodeado, amenazado, demonizado— y está el otro Israel, ese donde uno se siente protegido, se va a dormir con las ventanas abiertas, disfrutando de la brisa de Yerushalayim, y se despierta contento de estar en el mejor país del mundo.

DETOX DE NOTICIAS

Le respondí que no tenía idea de lo que estaba pasando. Y le dije, casi sin pensarlo: ¡No estoy siguiendo las noticias! Me sorprendí al escucharme. Y me di cuenta de algo. En Nueva York mi cabeza está más acá que allá; no lo puedo evitar. Un psicólogo me diría que es una mezcla de culpa por no estar en la tierra de mis padres y la necesidad de seguir conectado con Israel todo el tiempo. Sin querer, hice de la preocupación una forma de conexión con Medinat Israel. Pero acá eso no me hace falta: estoy adentro, y la conexión ya no pasa por las noticias.

Acá estoy en compañía de mi pueblo, donde quiera que vaya. En Kafit no conozco a nadie, pero los conozco a todos. Sé exactamente de dónde vienen, ellos y sus antepasados, y qué futuro quieren para sus hijos.

Y la conexión con Boré Olam se siente en el alma: En mi Amidá me hace falta mucho menos esfuerzo mental para dirigirme a Dios en segunda persona. La relación con Boré Olam ocurre con mucha más naturalidad. Creo que eso es lo que le da a uno tanta paz. Esa Presencia, inmanente en el aire de Israel, lo vuelve a uno más consciente de que hay Alguien que está a cargo de este lugar y de este pueblo. YESH RIBBON LABIRA. Y no es Trump, ni Vance, ni siquiera Netanyahu.

SOMBRAS

Los Jajamim enseñan que en el desierto el pueblo iba envuelto en los Anané Kavod, las nubes de gloria que lo rodeaban por todos los costados. Eran la señal de que HaShem estaba con ellos, que los protegía “desde arriba”. Y por eso podían irse a dormir tranquilos, sin montar guardia, en medio del desierto, aunque sabían que estaban rodeados de peligros. También sabían bajo Qué sombra estaban. Es la misma sombra que se siente acá. Es la que mencionaremos este viernes a la noche en la tefilá de Arbit: ufrós alenu sukkat shelomeja —extiende sobre nosotros la “sombra”, sukká de Tu paz—. Y agregamos una mención especial: que esa sombra de paz se extienda sobre todo el pueblo de Israel, y muy en particular sobre Yerushalayim, Su ciudad. Nuestro mayor deseo como nación es habitar bajo la Sombra Divina. Y eso es lo que hace especial a Israel. No es que afuera no haya peligro. Es que acá uno se entrega a la protección Divina, y todo lo demás queda afuera: las noticias, las amenazas, los titulares. El mundo sigue girando, pero el ruido se queda del otro lado de la Sombra.




I ❤️ ISRAEL: “Balagán” en Jerusalem

JERUSALEM INTRATABLE

Por lo general, no venimos a Israel en enero. Mi esposa y yo solemos llegar en julio y disfrutar del verano. Esta vez vinimos en invierno, a pasar unos días con dos de nuestros hijos que viven en Jerusalem. El frío se siente un poco más —aunque nada comparado con Nueva York— y también hay más lluvia que en julio.

Es normal que cuando uno llega a Jerusalem después de algunos meses, note que la ciudad cambió. Hay nuevas construcciones, nuevos servicios, barrios que se estiran y edificios que crecen. Esta renovación urbana se conoce en Israel como Pinui u’Binui (“demolición y reconstrucción”): los edificios antiguos se tiran abajo dando lugar a construcciones más modernas, con ascensores nuevos, estacionamientos, espacios verdes y áreas comunitarias y residencias más seguras (cada departamento tiene un cuarto construido como “refugio”, en caso de necesidad). Barrios tradicionales como Katamon, Arnona, Talpiot y Bak’a —donde estamos ahora— están siendo transformados por completo.

JERUSALEM INTRANSITABLE

Pero la construcción de nuevos edificios no es el factor principal de la Jerusalem imposible de hoy, enero 2026. Esta vez, la situación es exageradamente grave. Jerusalem está imposible. El tráfico es infernal. Un trayecto que debería llevar diez o quince minutos —por ejemplo, de Bak’a a la estación de tren— me llevó más de cuarenta y cinco minutos. Ya no se puede estimar la hora de llegada a destino. Hay cortes por todos lados, desvíos inesperados y calles que se cierran de un día para el otro.

Hasta caminar se vuelve imposible. Las zonas céntricas de King George y Ben Yehuda, por ejemplo, están irreconocibles. En King George no se puede caminar. Hay vallas por todos lados, calles partidas en dos, carriles reducidos: donde había cuatro, ahora quedó uno. Nada fluye con normalidad. No hay un punto de la ciudad donde el movimiento —de autos o de peatones— se sienta natural o continuo.

La pregunta es inevitable: ¿qué le está pasando a Jerusalem?

JERUSALEM IMPOSIBLE

El mayor responsable del nuevo balagán (=caos) en la ciudad es la construcción de tres nuevas líneas del famoso tranvía, el tren ligero (Rakevet Hakala). Lo que comenzó con una sola línea, la Línea Roja, que hoy transporta a más de 170.000 pasajeros diarios, se transformará en una red completa de transporte ferroviario, con tramos subterráneos, que atravesará Jerusalem de norte a sur y de este a oeste. Actualmente, se están construyendo dos nuevas líneas: la Línea Verde, con unas 35 estaciones y 20 kilómetros de extensión, y la más ambiciosa, la Línea Azul, de alrededor de 30 kilómetros y 50 estaciones, que unirá Ramot con Gilo. Y por último se construiría la Línea Violeta. El nuevo sistema será cuatro veces más grande que el actual: más líneas, más estaciones, más conexiones. Es una obra gigantesca, pensada para que millones de personas puedan desplazarse de un punto a otro de la ciudad sin necesidad de usar el auto. Esto explica los trabajos pesados, prolongados y ruidosos que hoy hacen sentir que Jerusalem está “bloqueada”.

Jerusalem no está bloqueada: Jerusalem está en plena transformación.

JERUSALEM EN PREPARACION

¿Para qué se prepara Jerusalem? En primer lugar, Yerushalayim muy pronto se convertirá en la ciudad más poblada de Israel, con más de un millón de habitantes. Pero hay algo más: Jerusalem también se prepara para la Gueulá: para la futura reconstrucción del Bet HaMiqdash, el Mashiaj y el arrivo de millones de judíos de la diáspora a Israel.

Una vez que el Gran Templo esté en funcionamiento y el pueblo judío esté de vuelta en su tierra, Yerushalayim estará lista para recibir cómodamente —al menos tres veces por año— a millones de familias que peregrinarán a esta ciudad en Pésaj, Shabuot y Sucot, como en los tiempos bíblicos.

Y cuando uno lo ve así, el balagán de la construcción, el tráfico infernal y los cortes de calles dejan de ser una molestia y se transforman en una hermosa fuente de inspiración.

Ver a Jerusalem reconstruyéndose, preparándose para funcionar como el centro espiritual del pueblo judío —y del mundo—, es la aspiración nacional más grande, y que durante casi dos mil años fue inalcanzable e inimaginable. Efectivamente, hasta hace muy poco tiempo, la Jerusalem que B”H tenemos hoy era una “Jerusalem utópica, imposible”.

El balagán de Yerushalayim “me encanta”. Me fascina y me emociona hasta las lágrimas. Jerusalem se está reconstruyendo frente a nuestros ojos. Y nos estará esperando.

SHABBAT SHALOM, desde Yerushalayim




Bad Therapy: Más responsabilidad, no más terapia

La periodista y escritora judía estadounidense Abigail Shrier, en su libro Bad Therapy (2024), no niega que la terapia pueda ayudar e incluso salvar vidas; lo que advierte es que en ciertos círculos se ha vuelto rutinaria aun cuando no hace falta. Su crítica apunta a una cultura que, en nombre de la catarsis, hace que el chico se ponga a rumiar una y otra vez en su malestar —y la rumiación, lejos de aliviarlo, lo encierra en un ciclo de ansiedad que solo lo hunde más. Preguntarle sin parar “¿cómo te sentís?”, validar cada miedo, monitorear cada emoción: todo eso, dice Shrier, fabrica el problema que pretende curar.

Para esa ansiedad que nace de la abundancia y del no tener otra cosa en qué ocuparse, su receta no es el diván sino la vida real. Y es muy concreta. Darle al chico quehaceres en la casa, tareas que de verdad importen y que tenga que cumplir. Animarlo a conseguir un trabajo —de medio tiempo, de verano—, ganarse algo con su esfuerzo. Dejarlo moverse y resolver solo: hacer un mandado, ir a un lugar sin que un adulto lo vigile, jugar con otros chicos sin supervisión, negociar sus propios conflictos. Poner reglas claras en el hogar y sostenerlas, en lugar de discutir cada punto como si fueran dos adultos. Y, del otro lado, soltar: dejar de acolchar cada caída y de tratar cada tropiezo normal del crecer como una herida que necesita tratamiento.

Lo que forja un carácter sólido no es hurgar en los problemas pequeños hasta agrandarlos, sino la competencia: sentir que uno puede valerse por sí mismo, que sirve, que vale. El chico que carga una responsabilidad real está demasiado ocupado siendo capaz como para vivir pendiente de su propio malestar.




BEHAALOTEJA: Cuidar las palabras

Al final de la parashá de esta semana, Miriam habla acerca de su hermano Moshé. Obviamente Miriam lo quería: lo había cuidado desde que era un bebé en el río.

¿Qué fue lo que dijo? Miriam vio que Moshé ya no llevaba una vida familiar normal con su esposa, Tzipora. Pensó que eso no era necesario: ella y Aharón también eran profetas, y seguían viviendo con sus familias, ¿por qué Moshé no? Lo que Miriam no entendía es que Moshé no era como cualquier otro profeta. HaShem hablaba con Moshé todo el tiempo, de día y de noche, así que Moshé siempre tenía que estar listo. No podía vivir exactamente como los demás seres humanos.

Miriam tenía buenas intenciones, pero aun así fue responsabilizada por haber hablado negativamente de Moshé. Había hablado de la vida privada de su hermano y juzgado una decisión que no comprendía del todo. Fue afectada por tzaraat, una afección de la piel, y tuvo que permanecer fuera del campamento durante siete días. Y Moshé —el mismo hermano del que ella había hablado— rezó por su curación.

Si Miriam, que amaba a Moshé y tenía buenas intenciones, fue responsabilizada por sus palabras, cuánto más cuidadosos debemos ser cuando hablamos acerca de los demás. El lashón haRá no es solo decir cosas falsas. Incluso si uno dice palabras verdaderas, incluso sobre alguien a quien amamos, un familiar, pueden causar daño.

La Torá nos instruye a recordar lo ocurrido con Miriam y aprender a cuidar nuestras palabras.   Antes de hablar de otra persona, vale la pena preguntarse tres cosas: ¿Estoy seguro de que es verdad? ¿Es necesario que lo diga? ¿Tiene algún fin positivo? Si la respuesta a cualquiera de estas tres es “no”, es mejor callar.




Rab Yahacob Yehuda León (1602-1675) y su traducción de Tehilim al Español

El Rab Ya’aqob Yehuda León nació en 1602, en Portugal. Su abuelo y su bisabuelo vinieron de la ciudad de León, en España, donde practicaron el judaísmo en secreto. Su padre, Simão de Leão, nació en Portugal y fue comerciante en Tavarede y Buarcos, cerca de Coimbra. En 1605 toda su familia huyó de Portugal y, una vez que llegó a Holanda, abrazó abiertamente el judaísmo. Allí el Rab Ya’aqob estudió con un gran maestro de Torá, el Rab Isaac Uziel z”l (m. 1622), que además de ser un eximio talmudista —y médico— era un gran experto en diqduq, la gramática hebrea.  Ver mas datos del Rab León aqui:   

MISHNÁ

Una de las obras más importantes de este Jajam fue la vocalización de la Mishná. Hasta ese entonces la Mishná se escribía o imprimía sin vocales, y muchas veces eso daba lugar a confusiones, porque una misma palabra puede leerse de más de una manera. Por ejemplo —y aunque en este caso la cuestión no pasa estrictamente por las vocales—, la Mishná abre con la frase «Me’ematai korín et haShemá be’arbit», y en algunas versiones dice «ba’arabin» (¿desde cuándo se recita el Shemá durante la tefila de Arbit, o al anochecer?). Aquí la lectura no genera mayor confusión, pero el ejemplo, al mero principio de la Mishná, sirve para ilustrar la enorme necesidad de un texto vocalizado.

Este era un proyecto monumental, ya que la Mishná nunca antes había sido vocalizada: la vocalización se recibía por tradición. El Rab León, también conocido como León Hebreo o Yehudá Templo (ver aquí), seguía la tradición que había aprendido del Rab Isaac Uziel, portavoz de la milenaria tradición sefaradí que se remonta a los tiempos de los Gueonim.

Arriba podemos ver una imagen de esa Mishná. Si se hace zoom, podrá leer algunas anotaciones al margen, en español, que explican algunas palabras difíciles.

 

TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL

También parece que el Rab León tradujo la Mishná al español, junto con el Rab Menashé ben Israel, pero creo que esa edición se perdió. Algo más que se perdió fueron las ilustraciones que hizo el Rab León sobre la Mishná. Me explico: aparte de ser un gran talmudista y experto en gramática, el Rab León era un artista. Su especialidad —y su profesión— era la heráldica, es decir, el diseño y la confección de “escudos de armas”, algo muy de moda en esos días entre las familias nobles. El Rab León había hecho ilustraciones de la Mishná que, obviamente, permiten una mejor comprensión de los temas analizados. Es algo que hoy se hace y se usa mucho, en todos los países: el Rab León fue un adelantado para su época, especialmente en el campo de la educación y la difusión del judaísmo, haciéndolo accesible para quienes no son grandes estudiosos.

TEHILIM EN ESPAÑOL

Quizás la contribución más significativa que hizo el Rab León para el mundo judío, y particularmente para el hispanoparlante, fue su traducción del libro de Tehilim, que en nuestro tiempo —privilegiado— se puede encontrar en “Google Books”. Fue en ese servidor donde encontré (o me encontró) el libro de Tehilim del Rab León. Hasta donde yo sé, es la primera traducción de Tehilim al español (hubo otras anteriores en ladino). El Rab León llamó a su traducción KODESH HILULIM (Alabanzas de Santidad). Pero lo más interesante es que su traducción no es solo una traducción.

Hace muchos años, cuando fui rabino en México, en 1991-1992, me dediqué a traducir el libro de Tehilim al español. Me costó muchísimo, pero también aprendí muchísimo. Y una de las cosas que aprendí es que la traducción literal, por buena que sea, suele ser incompleta: no logra capturar el total del hebreo, sus matices, la poesía dentro de las palabras, los dobles sentidos. Como dice Jorge Luis Borges, “toda traducción es una traición”, una traición al texto original, ya que es imposible traducir fielmente de una lengua a otra, especialmente de una lengua semítica a una lengua romance. Siempre pensé que lo mejor sería reescribir el salmo parafraseándolo (lo estoy haciendo ahora con el libro de Ester, y algún día, BE”H, lo publicaré). Parafrasear significa introducir el contexto de las palabras y facilitar una lectura que se entienda; es decir, incorporar el contexto y expandir el texto sin modificar su contenido literal.

En ese momento no tenía idea de que el Rab León Hebreo había hecho exactamente esto, y un poco más. En su extraordinaria obra, cada Mizmor de Tehilim viene con una introducción: no del tipo que suele acompañar a los Tehilim hoy en día (“segulot” y otras medicinas que no tienen nada que ver con el contenido del mizmor), sino una introducción sobre el contexto histórico: cuándo fue dicho, por qué lo escribió David, etc.

Luego aparece la traducción literal, muy precisa, como debe ser. Pero no se detiene ahí: también parafrasea los Tehilim, adelantándose de manera increíble a los métodos modernos. A esta sección la llama “paraphrasis”. Y algo más: escribe un comentario sobre las palabras difíciles, que llama “anotaciones”. Al mejor estilo sefaradí, el Rab León no introduce midrashim en sus traducciones —que son un tema aparte—, sino que remite exclusivamente al peshat, el sentido literal del texto, que es lo más difícil de hacer y para lo que hace falta un sólido conocimiento del hebreo bíblico.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Para comodidad del lector, voy a copiar aquí dos páginas de su libro con el primer Mizmor de Tehilim. Es muy difícil de leer, pero con un poco de ayuda de la inteligencia artificial el texto se pudo hacer mucho más claro y nítido. Luego, gracias a Grok, se pudo hacer una especie de Tejiyat hametim, una resurrección del texto: leer y extraer el texto en español —que originalmente está escrito con “fonts” que nos cuesta descifrar— y verterlo a las fuentes modernas. También, con la ayuda de la IA, se puede adaptar el texto al español moderno. Para no extenderme demasiado, les regalo la introducción: en primer lugar la pueden ver allí, en la cabeza de la página agregada; luego, trasladada al español antiguo y al moderno. En esta introducción el Rab León tiene un gran jiddush: porque el rey David comenzó su Tehilim con este Mizmor, que compara la felicidad de los justos con la infelicidad de los que se juntan con los malvados. Hasta donde yo sé, es una explicación inédita, de su propia inteligencia.

El libro original, por alguna razón, ya no se puede ver en Google Books, pero tuve la oportunidad de bajarlo y añadirlo a mi Dropbox. Lo pueden obtener aquí: https://www.dropbox.com/scl/fi/4od9it4diob9gecoslo49/TEHILIM-en-Castellano-Rab-Le-n.pdf?rlkey=watdvvl39ljkhjncv64lw14sz&st=dfghrbdc&dl=0

Para los adictos a Tehilim como yo, los invito a que hagan un screenshot del texto, lo suban a su IA favorita y lo hagan más nítido, extraigan el texto y lo estudien: ¡que lo disfruten!

SALMO 1 — INTRODUCCIÓN AL PRIMER MIZMOR DE TEHILIM

Español antiguo:

Autor ninguno se halla que declare el tiempo en que David compuso este Salmo, ni la causa de haberlo introducido por primero. Mas a mi ver, conociendo David que la razón de haber Dios apartado de Su gracia a Saúl y haberlo desposeído del reino había sido la transgresión de Su mandado en la guerra de Amalec, siguiendo las persuasiones y consejos de los malos de su pueblo, quiso David dar principio a su libro con una alabanza que sirviese de doctrina y advertimiento. Quiso mostrar la felicidad que alcanzan los fieles siervos de Dios que andan con integridad en el camino de la virtud, y asimismo las adversidades y castigos preparados para los impíos, conforme a los justos juicios de Dios, como sucedió con Saúl, que fue privado de su reino —él, sus hijos y sus descendientes— por haberse dejado persuadir por malos consejos.

Español moderno:

Ningún comentarista bíblico explica con certeza en qué momento compuso David este Salmo, ni por qué lo colocó al comienzo del libro. Pero, a mi entender, David sabía que la razón por la que Dios había retirado Su favor del rey Saúl, le había quitado el reino y se lo había dado a David, fue que Saúl desobedeció Su mandato en la guerra contra Amalec, dejándose llevar por las presiones, la influencia y los consejos de la gente mala de su pueblo. Por eso David quiso comenzar su libro con una alabanza que sirviera de enseñanza y de advertencia sobre este tema: no dejarse llevar por el consejo de los malvados. Quiso mostrar el enorme nivel de felicidad que alcanzan los que sirven fielmente a HaShem y viven con integridad por el camino de la virtud y la Torá. Y también las desgracias, los problemas y los castigos que esperan a los malvados, y a los que se dejan llevar por el consejo de los malvados. Como le ocurrió a Saúl, que perdió el reino —él, sus hijos y sus descendientes— por haberse dejado llevar por los  consejos de los malos.




El Rab Hayim Pereira Mendes (1852-1937): el rabino más influyente de EEUU a principios del siglo XX

Sefaradí, inglés, norteamericano

El Rab Mendes nació en Birmingham, Inglaterra, en una de las familias rabínicas más ilustres del judaísmo de ese país. Su padre, el Rab Abraham Pereira Mendes, fue rabino y educador; su abuelo materno fue el Rab David Aaron de Sola, del histórico Bet Kenesset de Bevis Marks en Londres; y su bisabuelo, el Jajam Refael Meldola, gran rabino sefaradí de la misma ciudad. Llevaba la tradición rabínica en la sangre, no como folklore, sino como herencia viva de Tora y liderazgo.

Estudió en el Northwick College —el colegio que dirigía su propio padre, donde se combinaban estudios sagrados y seculares— y luego en el University College de Londres. En 1874 asumió el púlpito de la nueva congregación sefaradí de Manchester. En 1877, con apenas veinticinco años, fue llamado a Nueva York para servir como rabino en la Congregación Shearith Israel, la sinagoga española y portuguesa más antigua de Norteamérica. Allí permaneció el resto de su vida: sesenta años de servicio ininterrumpido. En 1884 obtuvo además el título de médico (M.D.) por la Universidad de Nueva York.

El arquitecto de la Ortodoxia americana

A finales del siglo XIX el movimiento reformista crecía en EEUU y muchas congregaciones abandonaban la tradición. Mendes entendió que la Ortodoxia americana necesitaba organización, no solo discursos. En 1897 impulsó la creación de la Union of Orthodox Jewish Congregations of America —la OU que hoy conocemos por la certificación de kashrut y por mucho más— y fue su primer presidente.

Siendo él sefaradí, se ganó la confianza de toda la comunidad ortodoxa, incluidos los inmigrantes ashkenazim de habla ídish. Tendió puentes que nadie más sabía tender. Un colega suyo lo describió como un hombre completamente libre de cualquier estrechez o sectarismo dentro del pueblo judío. La OU que hoy es una institución gigantesca nació de su visión.

Su batalla por el Shabbat

Si hubiera que resumir su corazón en una frase, sería una que él repetía: “Imploro por la observancia del Shabbat.” No era retórica. Observar el Shabbat en la América de principios del siglo XX era casi imposible. Llegaban millones de inmigrantes y había pocos trabajos. Si un obrero judío no trabajaba el sábado, el lunes estaba despedido. El Rab Pereira Mendes luchó por la observancia del Shabbat en todos los frentes. Hizo campaña por leyes contra la discriminación, que protegieran a los trabajadores que guardaban Shabbat. Luchó para que los exámenes universitarios no cayeran en Shabbat ni en las festividades, y contra la introducción de prácticas religiosas cristianas en las escuelas públicas. Veía con dolor cómo cada vez eran más los judíos que abandonaban el Shabbat, y cómo esa ausencia en el hogar desintegraba, lenta pero inevitablemente, la identidad judía de familias enteras.  La gran asimilación de millones de judíos en la primera mitad del siglo XX en Norteamérica comenzó de esta manera.

El rabino que enseñaba Torá en inglés

Una de las claves de su importancia era esta: en Nueva York, la ciudad con casi dos millones de judíos en los años treinta, ningún rabino ortodoxo ashkenazi de su tiempo predicaba en inglés. Venían de Rusia, Polonia y Europa oriental, y se manejaban en ídish. No podían comunicarse con la nueva generación, los niños judíos que ya se criaban en escuelas norteamericanas. Mendes sí. Fue de los primeros en presentar un judaísmo observante y orgulloso, capaz de ser respetado por los no judíos y, sobre todo, entendido por esa juventud. Previó lo que se venía —una asimilación enorme e imparable— y entendió que una de sus causas era el abismo de idioma entre los rabinos y los jóvenes.

Educador, escritor y traductor

Mendes fue, ante todo, un educador. Fundó escuelas, escribió libros de texto y produjo materiales como The First Hebrew Reading Book para enseñar hebreo a los niños que estudiaban en escuelas públicas. Participó en el comité editorial original de la traducción de la Biblia al inglés de la Jewish Publication Society —heredando la vocación de traductor de su padre y su abuelo— y colaboró como editor en la Jewish Encyclopedia.

Su pluma fue incansable: sermones, poesía, obras de teatro escolares judías, cuentos para niños y libros de Tefila para el hogar. Fue un precursor y un pionero de la literatura judía en inglés. Hasta escribió una novela, Looking Ahead (1899), que anticipó la Primera Guerra Mundial quince años antes de que estallara y soñaba con un hogar judío en la Tierra de Israel.

Para el judaísmo sefaradí, la respuesta a la asimilación nunca fue sacrificar los principios religiosos, sino traducirlos. Y traducir no se limita al idioma: es tomar de la cultura del entorno todo lo que no contradice la observancia de la Torá —la ropa que uno viste (p.e., hoy traje y corbata),  el lenguaje que uno usa, la forma de integrarse con dignidad en la vida de la sociedad— mientras la Halajá permanece intocable, fuera de toda negociación. Así vivió Maimónides, que escribió su mayor obra filosófica en árabe, la lengua de sus vecinos, y defendió el judaísmo con las mismas categorías que usaban los pensadores musulmanes de su tiempo, sin ceder un solo principio. Así vivieron los judíos españoles y portugueses de Ámsterdam y de Londres, que se vestían, hablaban y se conducían como los ciudadanos más distinguidos de sus ciudades sin dejar de ser plenamente fieles a la Torá Mendes pertenecía a ese mundo.

El libro de los preceptos presentados éticamente

Cuando escribió su libro más conocido, The Jewish Religion Ethically Presented (1895, reeditado en 1912), hizo precisamente eso. Allí recorre las mitsvot del judaísmo —los 613 mandamientos— con un método propio. Cada sección, al mejor estilo sefaradí, abre con un pasuk, presenta la explicación tradicional del precepto, agrega su elaboración del mensaje ético que late dentro de la mitsvá y cierra con una serie de versículos.

Cada mitsvá está pensada para construir el carácter. El kashrut no es solo dieta: educa el dominio propio. El precepto de no robar, enseñaba, incluye no destruir el buen nombre de una persona ni arruinar su sustento.

Un hombre de Jesed

No fue solo un pensador. Fue uno de los fundadores del Montefiore Hospital de Nueva York, hoy un sistema médico de más de una docena de instituciones, entre ellas la Escuela de Medicina Albert Einstein. Creó una escuela para niños sordos judíos, impulsó la asociación para niños con discapacidad y la institución para el cuidado de los ciegos. Y a pedido personal de Theodor Herzl, fue uno de los líderes del naciente movimiento sionista en América y su presidente en Nueva York, defendiendo lo que llamó un “sionismo bíblico”: un Estado judío inspirado en los valores de la Torá.

El Rab Mendes murió en 1937, después de seis décadas de servicio. Este gigante olvidado merece ser recordado entre los grandes constructores y protectores del judaísmo moderno.




NASO: La bendición de los Cohanim

יברכך ה׳ וישמרך

יאר ה׳ פניו אליך ויחנך

ישא ה׳ פניו אליך וישם לך שלום

El texto de Bircat Cohanim, la bendición de los Sacerdotes, se encuentra en la Perashá de esta semana, Nasó. Este texto contiene las palabras con las cuales Dios instruye a los Cohanim bendecir a la congregación de Israel. Vale aclarar que si bien los Cohanim son los que “recitan” esta plegaria, es el Creador, y no los Cohanim, quien nos concede estas bendiciones.

Antes de examinar su profundísimo contenido, cabe destacar que el texto está presentado en una progresión matemática que sorprende por su impecable diseño: el primer versículo tiene 3 palabras y 15 letras. El segundo, 5 palabras y 20 letras. Y el tercero, 7 palabras y 25 letras.

Nos enfocaremos ahora en el contenido.

El primer pasuq dice:

“Que HaShem (= Dios) te bendiga y te proteja”.

TE BENDIGA: Esto quiere decir: quiera Dios concederme todas las bendiciones materiales que necesito: casa, comida, vestimenta, dinero, etc. Por supuesto que el hecho de que Dios me bendiga no quiere decir que yo no necesito trabajar para merecerlo. La bendición de Dios no reemplaza el esfuerzo humano. El hombre trabaja la tierra y planta las semillas. Y cuando Dios le concede Su bendición —por ejemplo: la lluvia, la salud, la ausencia de plagas, etc.— el hombre recoge los frutos. La bendición Divina, por lo tanto, implica una suerte de asociación entre el hombre, que debe esforzarse y trabajar, y Dios, que bendice ese esfuerzo para que culmine con éxito.

TE PROTEJA: Necesitamos la asistencia Divina para poder disfrutar de Sus bendiciones. ¿Cómo? Protegiéndonos de enfermedades, accidentes y tragedias. En este caso también tenemos la obligación de dar el primer paso y convertirnos en un receptor “merecedor” de esta bendición: si pedimos que HaShem proteja nuestra salud, tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para mantenernos sanos. Y debemos evitar correr riesgos innecesarios para no exponernos a accidentes, etc. Además, la protección Divina viene a complementar la bendición Divina. En cierta manera, aquí le estamos pidiendo a Dios que nos proteja de Su bendición material. En primer lugar, porque cuando todas mis necesidades materiales están cubiertas, mi carácter puede verse afectado negativamente. Puedo caer en la ostentación, la arrogancia, el desagradecimiento y el olvido de Dios.

Pedimos a HaShem que nos conceda generosamente lo que necesitamos y que nos proteja de los efectos adversos de la abundancia material.

El segundo pasuq dice:

“Que HaShem te ilumine con Su presencia y te agracie”.

TE ILUMINE: Este versículo no describe las bendiciones materiales, sino las espirituales, intelectuales y emocionales. ¿Cómo nos ilumina Dios? Concediéndonos la sabiduría para comprender Su Torá. Por nuestro lado, debemos esmerarnos en estudiar la Torá. Y el Todopoderoso nos bendecirá iluminando nuestra inteligencia, inspirándonos, abriendo nuestros ojos para que comprendamos la Torá y absorbamos sus valores. Pero la sabiduría no alcanza…

TE AGRACIE: De hecho, cuando una persona tiene demasiada sabiduría, a veces no posee “inteligencia emocional”. Un individuo puede ser muy sabio pero insensible hacia los demás. El niño más inteligente de la clase no siempre es el más popular. En esta bendición le pedimos a HaShem que “nos agracie”, es decir, que nos ayude a ser queridos por los demás. En hebreo se dice “encontrar gracia en los ojos de los demás”. Pedimos a HaShem que, además de la sabiduría, nos conceda inteligencia emocional.

El tercer pasuq dice:

“Que HaShem dirija Su presencia hacia ti y te conceda la paz”.

SE DIRIJA HACIA TI: Esta bendición significa “que Dios te favorezca”, que te preste una atención especial, particular. El mayor castigo para el pueblo judío es ser “abandonado” por Dios. De hecho, la Torá afirma que si el pueblo judío abandona la Torá, Dios retirará Su protección de los judíos, y estaremos expuestos a nuestros no pocos enemigos. Cuando la Torá describe este estado de abandono, producto de nuestro propio abandono de Dios, lo llama “hester panim”, “Dios oculta Su Faz de nosotros”. Esta bendición, en cambio, habla de la situación ideal: cuando Dios dirige Su Faz (Su Presencia, Su Protección, Su bendición) hacia nosotros. Este es un privilegio que también debemos merecer. Cuanto más nos acercamos a Dios, más se acercará Él a nosotros.

Y TE CONCEDA PAZ: La mejor forma de entender esta segunda parte es pensar en el Estado de Israel. Si Israel fuera un país tercermundista, corrupto, marginal —como los otros países de la región—, el mundo nos dejaría en paz. Pero Israel está bajo la permanente protección Divina. Israel sobrevive al constante ataque de sus incansables enemigos. Ganó todas las guerras. Crece y prospera. Esto es un mérito de los judíos que viven en Israel, que luchan para protegerla y para hacerla crecer. Pero esto no es suficiente. Israel también cuenta con la asistencia Divina. Los “ojos de Dios” supervisan permanentemente nuestra querida tierra y sus habitantes. Ahora bien: cuando el Creador nos concede el privilegio de Sus bendiciones, nuestros enemigos no lo pueden tolerar. Y harán todo lo posible para evitar que vivamos en paz y prosperidad. Por eso, en esta bendición le pedimos a HaShem que nos favorezca con Su Providencia, pero también le pedimos “paz”, es decir, que nuestra prosperidad “no despierte la envidia y la agresividad de nuestros enemigos”.

Esta es la situación ideal a la que aspiramos como individuos y como pueblo.




NASO: El arte de la fidelidad en el matrimonio

La fidelidad entre marido y mujer es uno de los cimientos sobre los que se sostiene una familia, y la infidelidad es una de las pocas cosas con poder suficiente para derribarla.

Uno de los temas que se mencionan en la Parashá de esta semana es el de la Sotá, un caso relacionado con la infidelidad en el matrimonio.

La Torá y los Sabios tratan este tema en profundidad y describen no solo las consecuencias del adulterio, sino también los factores que contribuyen a esa desviación o incluso a la sospecha fundada de infidelidad, y las conductas que la previenen y fortalecen la fidelidad.

En las siguientes líneas me referiré brevemente a algunos temas relacionados, directa o indirectamente, con la preservación de la exclusividad sexual en el matrimonio judío.

Santificar la intimidad sexual

A diferencia de otras religiones, el judaísmo percibe la sexualidad como algo positivo e incluso sagrado. Nuestros Sabios explicaron que nuestra conducta debe aspirar a emular a Dios. Él es compasivo, bondadoso y generoso; del mismo modo, nosotros debemos incorporar esas cualidades a nuestro propio comportamiento. Esta “imitación de Dios” alcanza su punto más alto cuando marido y mujer se convierten en “creadores” de una nueva vida. La procreación nos ofrece una oportunidad —sin paralelo en ningún otro acto de la vida— imitar al Creador del mundo.

La sexualidad también nos completa: nos conduce a la plenitud física y emocional como individuos. La primera referencia bíblica a la sexualidad dice: “Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). De este versículo los Sabios dedujeron que el hombre y la mujer deben considerarse individualmente como media persona (pelag gufa), y que la plenitud humana solo puede alcanzarse a través de la intimidad conyugal.

La sexualidad es ciertamente sagrada, pero también es vulnerable. La Torá describe la generación del Diluvio, donde la corrupción sexual y la violación fueron los primeros síntomas de la decadencia moral de aquella generación perversa. El sexo dejó de ser un acto que acercaba a los seres humanos a lo Divino y entre sí. Trataban el sexo como si no tuviera relación alguna con el amor y la santidad, considerándolo casual, desligado y unilateral: un simple medio de explotación para satisfacer instintos primarios.

Por su importancia y por su poder creador (y destructor), la sexualidad necesita ser “santificada” (quiddushín). La santificación de la sexualidad consiste en que la intimidad se exprese “exclusivamente” dentro del marco del matrimonio”. El sexo fuera del matrimonio es destructivo. La infidelidad suele desempeñar un papel decisivo en la mayoría de los divorcios; el adulterio es, por lo general, la última línea roja que se cruza. La deslealtad aleja a la persona de Dios y de aquellos a quienes más ama.

Pero el judaísmo va más allá de “limitar” la sexualidad al ámbito del matrimonio. También enseña a la pareja a preservar la atracción sexual y 2. y evitar todo aquello que pueda llevar a la infidelidad .

 

Preservar la pasión

La Mitzvá de Niddá fortalece la fidelidad. Una pareja judía casada se abstiene de la actividad sexual durante aproximadamente dos semanas cada mes, correspondientes al ciclo menstrual de la mujer más siete días adicionales. Cuando los Sabios del Talmud, en particular Ribbí Meir, explicaron la razón de esta norma, dijeron que, luego de este período de separación física, marido y mujer anhelan reavivar el deseo del uno por el otro. En otras palabras, lejos de debilitar el deseo sexual, este período de separación lo intensifica y lo despierta de nuevo, evitando uno de los mayores desafíos que enfrentan los matrimonios: la monotonía sexual. Los psicólogos y sexólogos reconocen desde hace mucho este problema: como la intimidad dentro del matrimonio está siempre disponible, puede empezar a sentirse rutinaria, y esa monotonía puede llevar a una persona a buscar novedad fuera del matrimonio, lo que conduce a la infidelidad.

Ribbí Meir explicó que, durante los días de separación física, el marido judío desea a su mujer, y su atracción por ella se intensifica a medida que se acerca la noche del Mikvé (la inmersión ritual que concluye el período de abstinencia). Y cuando la mujer regresa del Mikvé —incluso en una pareja que lleva muchos años casada— el deseo entre ambos se renueva “con la pasión que sintieron en su noche de bodas”. El período de Niddá es un RESET sexual perfecto. Crea cada mes una nueva luna de miel. Si esta extraordinaria Mitzvá no existiera, habría que inventarla.

Este período de separación también promueve un nivel más profundo de interacción entre marido y mujer. La distancia física los obliga a comunicarse con afecto, en el plano de amistad, platónico. Toda pareja debería aspirar a alcanzar ese nivel de relación no física que fortalece al matrimonio para el resto de sus vidas. Especialmente con el paso de los años, cuando el deseo sexual naturalmente disminuye, florecerá la amistad entre marido y mujer, basada en esa “relación no sexual” construida a lo largo de los años durante los períodos de Niddá.

Preservar la fidelidad

La tradición judía enseña una serie de leyes y normas de conducta concebidas específicamente para resguardar la fidelidad y evitar todo lo que pueda atentar contra ella. Una de esas reglas se conoce como “Yijud”: evitar una situación en la que un hombre y una mujer se aíslen en un lugar apartado. Los Sabios mencionan el Yijud como uno de los errores cometidos por la Sotá, una mujer casada que se recluyó con otro hombre, dando lugar a sospechas fundadas de adulterio. La historia de Amnón y Tamar, en el libro de Samuel, ilustra la importancia de evitar el Yijud. Amnón, uno de los hijos del rey David, tenía una obsesión sexual con Tamar, su media hermana. Para quedarse a solas con ella, fingió estar enfermo y pidió su ayuda. Solicitó que todos salieran de su habitación y, una vez a solas con su media hermana, Amnón abusó de ella. Este devastador episodio impactó profundamente al rey David, que se sintió culpable por no haberse dado cuenta de lo que ocurría en su propia familia. Para impedir que casos semejantes se repitieran en el futuro, el rey David, junto con su tribunal de justicia, instituyó la ley del Yijud, que prohíbe a un hombre judío permanecer a solas, en una habitación cerrada, con una mujer que no es su esposa.

La prohibición del Yijud pertenece a la categoría de los “guedarim” o “siyagim”, que se traduce como “medidas de seguridad” o vallas halájicas, destinadas a evitar que las personas cedan a la tentación y a transgresiones más graves. Un equivalente de un “siyag” sería un guardabosques que levanta una valla a unos pasos de un precipicio, para proteger a los visitantes de acercarse demasiado y caer accidentalmente al vacío.

Existen mecanismos preventivos semejantes, por ejemplo, en el campo de las adicciones. A una persona que lucha contra el alcoholismo se le aconseja evitar los bares y las reuniones donde se sirve alcohol, y abstenerse de frecuentar a amigos que beben. Estas “vallas sociales” protegen a las personas de sus propios impulsos y les ahorran enfrentarse a tentaciones difíciles de controlar. Es más fácil evitar entrar en un bar que resistirse a beber una vez que la copa está al alcance de la mano.

Del mismo modo, los rabinos reconocieron el poder del instinto sexual y subrayaron que confiar únicamente en el sentido común y en la moral personal puede resultar insuficiente (אֵין אַפּוֹטְרוֹפּוֹס לַעֲרָיוֹת). Se requieren reglas y vallas adicionales para evitar situaciones potencialmente desastrosas. Al evitar el Yijud —la reclusión privada entre un hombre y una mujer— se elimina el escenario mismo en el que tiende a desarrollarse la infidelidad o la conducta sexual inapropiada.

El concepto de Yijud se reconoce y se practica cada vez más en nuestros días, incluso en la sociedad no judía. Los asesores legales recomiendan a terapeutas, médicos, abogados y otros profesionales no permanecer a solas, en una habitación cerrada, con un paciente o cliente del sexo opuesto, a fin de prevenir cualquier situación inapropiada, sospecha o acusación de mala conducta. Esto demuestra la sabiduría avanzada de la Torá y de nuestros Sabios, que establecieron estas leyes hace miles de años, leyes hoy ampliamente reconocidas, valoradas y adoptadas en todo el mundo civilizado.

Cercanía emocional

En el judaísmo, la sexualidad está reservada exclusivamente para la relación íntima entre marido y mujer. Esta idea, sencilla pero fundamental, se extiende también a ciertos tipos de interacción entre hombres y mujeres casados que deben evitarse —más allá de la reclusión— incluso en el terreno de la comunicación.

Las insinuaciones afectuosas, o el lenguaje y los comentarios sexuales de un hombre hacia una mujer que no es su esposa, son inapropiados. De igual modo, una esposa judía debe reservar su encanto físico para su marido, procurando que su comportamiento y su apariencia en público no sean provocativos y que reflejen esa exclusividad.

Estos principios de conducta moral no gozan de mucha popularidad en la sociedad occidental contemporánea, donde la sexualidad ha sido cosificada a través de la publicidad, la pornografía y los medios de comunicación. La explotación generalizada del sexo —y la cultura permisiva moderna— ha normalizado la conducta sexual inapropiada, y la intimidad ya no se percibe como algo exclusivo entre los cónyuges y ligado al matrimonio.

Y precisamente por eso, preservar nuestros códigos de conducta judíos mientras vivimos en una sociedad que promueve valores contrarios representa uno de los desafíos más difíciles que enfrentamos hoy los judíos. Pero es esencial hacerlo si buscamos la armonía en nuestro matrimonio y la felicidad de nuestra familia. Y para lograrlo, debemos reconocer las conductas que facilitan la infidelidad o que pueden provocar celos justificados en el cónyuge.

Consideremos un último ejemplo.

La Torá nos enseña que la infidelidad puede a veces desarrollarse de manera involuntaria, como consecuencia de la comunicación emocional entre un hombre y una mujer casados. La primera vez que la Torá describe las relaciones sexuales, emplea el verbo “conocer”: “Y Adam conoció a Eva, su mujer”. Ese “conocer” se refiere a la conexión emocional que precede —¡y conduce!— a la intimidad física. Cuando una pareja sale por primera vez, se tratan con respeto y cordialidad. Luego llega la amistad, que poco a poco se transforma en una relación emocional, reconocible cuando la comunicación entre el hombre y la mujer incluye el tema de los sentimientos. Cuando se alcanza ese nivel, la pareja está lista para la intimidad, es decir, para el matrimonio.

Si observamos esta progresión hacia la atracción y la intimidad, podemos comprender por qué los Sabios advirtieron que, más allá de mantenerse alejado del contacto físico o de la reclusión, una persona casada debe evitar repetir “iniciar”, incluso involuntariamente, una progresión semejante con una persona del sexo opuesto en su vida profesional o social. En otras palabras, la comunicación de una persona casada con alguien del sexo opuesto debe mantenerse cordial y respetuosa, sin cruzar hacia el afecto o la intimidad emocional.

Los Sabios describen esta cercanía emocional como “quiruv hada’at”: cuando una mujer y un hombre comparten y se comunican mutuamente sentimientos privados o información íntima. Aunque al principio el contenido de esa información no esté relacionado con el ámbito sexual, este nivel de comunicación emocional genera sentimientos de cercanía que podrían conducir a la intimidad. Un hombre o una mujer casados deben evitar este tipo de comunicación con una persona del sexo opuesto con la que interactúan de forma habitual, como un empleado o un colega en el trabajo. Por ejemplo, un esposo no debería compartir con una colega o compañera de trabajo los problemas que él tiene con su esposa. Estas interacciones emocionales, el quiruv hada’at, no se convierten en intimidad de la noche a la mañana, pero se desarrollan de forma gradual.

Preservar la fidelidad es la piedra angular de la familia judía y del bienestar emocional de nuestros seres queridos. Esto exige permanecer alerta y respetar los límites que impiden que ciertas situaciones se vuelvan, poco a poco, más difíciles de controlar. Las leyes de Niddá, Yijud y la prevención del quiruv hada’at —cada una desde una perspectiva diferente— contribuyen a salvaguardar la fidelidad, el aspecto más sagrado y esencial de nuestra vida familiar.




Resumen de la Parashá NASO

👨‍👩‍👦 LOS LEVIIM Y SUS FUNCIONES

HaShem asigna tareas específicas a las tres familias de Leví:

🧵 Guereshón: cortinas y cubiertas del Mishkán.
🪵 Merarí: vigas, columnas y bases.
📦 Kehat: los utensilios sagrados.

Solo servían entre los 30 y 50 años.

🔹 Kehat: 2.750
🔹 Guereshón: 2.630
🔹 Merarí: 3.200

📊 Total: 8.580 leviim encargados de desmontar, transportar y reconstruir el Mishkán.


✨ PUREZA E IMPUREZA

Dios enseña las leyes de pureza ritual.

🏕️ Quienes estaban ritualmente impuros debían permanecer temporalmente fuera del campamento hasta completar su purificación.

🕊️ Así se preservaba la santidad del lugar donde reposaba la Presencia Divina.


🤝 RESTITUCIÓN Y TESHUBÁ

La Torá enseña que quien roba debe:

💰 Devolver lo robado.
🗣️ Reconocer su falta.
🙏 Arrepentirse sinceramente.

Si además juró falsamente, debía reparar el daño y traer una ofrenda especial.

⭐ Aquí aparece uno de los principios fundamentales de la Teshubá: la confesión verbal (Vidui).


⚖️ CASOS ESPECIALES

👩 Sotá:Procedimiento  aplicado cuando existía una sospecha grave de adulterio.

🍇 Nazir: persona que asumía restricciones espirituales adicionales, como no beber vino ni cortarse el cabello.

🙌 Bircat Cohanim: la bendición sacerdotal que los Cohanim continúan recitando hasta nuestros días.


🎉 LA INAUGURACIÓN DEL MISHKÁN

La sección más extensa de Parashat Nasó describe la inauguración del Mishkán.

👑 Los líderes de las doce tribus trajeron ofrendas especiales.
🐂 También donaron carretas y bueyes para transportar el Santuario.

🎁 Aunque todas las ofrendas fueron iguales, la Torá las repite una por una para destacar el valor único de cada tribu.


 EL MENSAJE FINAL

Cuando Moshé entraba al Mishkán, escuchaba la voz de HaShem que le hablaba desde encima del Arca Sagrada, entre los dos Querubines,  simbolizando la cercanía especial entre Dios y el pueblo de Israel.