Educación sexual y fidelidad al texto bíblico

 

Hace muchos años —no menos de 35— visité la Yeshivá Barkai, en Kiryat Arba, Israel. Mi interés era muy específico: quería aprender y luego aplicar en nuestra escuela Maimónides, en Flores (Buenos Aires), el sistema educativo que allí se aplicaba.

El método de estudio era —y sigue siendo— muy exigente. Los primeros primer se estudiaba el Tanaj de manera intensiva: lo completaban en cuatro o cinco años. El énfasis estaba puesto en la lectura precisa del texto con ta‘amim, y en la comprensión profunda del Peshat, el sentido literal del texto, para lo cual hace falta un gran dominio de la gramática hebrea.  Los midrashim, a diferencia de lo que se hace hoy en casi todas las escuelas judías, quedaban reservados para una etapa posterior.  

En Barkai me recibió con enorme amabilidad el fundador y director el rabino Dan Beeri, quien había emigrado de Francia y declaraba con mucho orgullo que él seguía la tradición del rabino Ezra Attie z”l. Su misión era clara: enseñar a niños y jóvenes el texto del Tanaj a la perfección, siguiendo el modelos de la tradición sefaradí, y la Mishná que dice que a los 5 años se comienza con Mikra.  

Una oportunidad inesperada

Tras una breve conversación, el rabino Beeri me dijo que debía despedirse porque tenía que reunirse con un grupo especial de educadores que habían venido a observar un tema particular: cómo se impartía en Brakai el tema de educación sexual.

Le pregunté si podía sumarme al grupo y acompañarlos en la visita y me respondió que sí.

Hasta ese momento, yo nunca había participado de una experiencia similar. Ni había prestado demasiada atención al tema de la educación sexual, así que fui a ese encuentro espontáneo con mucha curiosidad. Ingresamos al tercer grado donde los alumnos estudiaban el libro de Iyov recitandolo con Ta‘amim, con una precisión realmente impresionante. Y luego salimos a conversar con ese maestro sobre cómo se enseñaba el tema de la educación sexual en la escuela.

¿Y POR QUÉ ?
Lo primero que nos explicó fue que la necesidad de abordar este tema no había surgido por presión externa, ni por un intento de anticiparse a la sociedad general o a los medios (que en esa época estaban mucho menos desarrollados que hoy), sino por una razón completamente distinta:
no se puede comprender las historias de la Torá –ni enseñarlas correctamente– si los alumnos no entienden de qué trata la sexualidad.

En su escuela no estaban dispuestos a “saltearse” ningún episodio que forma parte del texto bíblico, y el uso de eufemismos —explicó— generaba más confusión  que soluciones. ¿Cómo van a entender correctamente lo ocurrido con Reuvén y Bilhá, o con Diná, o el episodio de la esposa de Potifar y Yosef, si no se comprende el contenido real del texto?

La Torá usa referencias explícitas sobre estos temas delicados. Para ilustrar mejor la necesidad pedagógica  nos propuso un desafío: “Repasen libro de Bereshit y muéstrenme una sola parashá que no tenga alguna referencia sexual explícita.”

Todos los educadores presentes nos tomamos un par de minutos y  revisamos mentalmente las 12 parashiot de Génesis y, efectivamente, no hay ninguna sin algún tipo de referencia explícita de ese tipo.

Por primera vez esccuche que era el estudio de la Torá lo que justircsb  la nececisadad encsiadad  de abordar la educación sexual de manera clara y honesta.

¿Cómo se lo explican a los niños?

Pero entonces surgió la pregunta clave: ¿cómo le explicaban a los niños? ¿Con metáforas, con gráficos, con cigüeñas? La respuesta fue simple y directa, y trataré de reproducirla con fidelidad. En tercer grado, el maestro saca a los alumnos unos minutos del contexto habitual de la clase y les explica exactamente qué ocurre y cómo ocurre, utilizando los nombres reales de los órganos sexuales, de manera verbal, y deliberadamente sin gráficos.  La explicación verbal —decía el maestro— es suficientemente clara y, al mismo tiempo, discreta. Es un momento de absoluta incomodidad tanto para el maestro como para los alumnos, pero cuyos beneficios a corto y largo plazo eran enormes. Agregó que, una vez que los niños aprenden incluso el significado de las llamadas “malas palabras” que eventualmente pueden escuchar, estas dejan de generar reacciones nerviosas: se desdramatizan, se racionalizan y pierden fuerza por su propia absurdidad.

Aplicación personal

Por mi parte, adopté este enfoque y lo apliqué con cuidado en la educación de mis hijos. Y tal como dijo el maestro:  son unos minutos de incomodidad con enormes beneficios, que ayudan a prevenir confusiones, fantasías distorsionadas y malentendidos sobre la sexualidad.

PD: Es importante aclarar que la experiencia que describo tuvo lugar en una escuela exclusivamente para varones, en un contexto social que en aquel entonces era mucho más contenido y homogéneo.




RESUMEN DE LA PARASHA VAYIJI

Parashat Vayijí (ויחי) que significa “Y vivió…” , alude a los últimos 17 años de la vida del patriarca Jacob en Egipto.

1. LOS ULTIMOS DIAS DE JACOB
Cuando Jacob siente que su vida está llegando a su fin, llama a Yosef y le hace prometer que lo enterrará en Israel, y no en Egipto. Yosef accede a la solicitud de su padre. Cuando Jacob se enferma y cae en cama Yosef lo visita, acompañado de sus dos hijos Menashé y Efraim. Jacob le concede a Efraim y Menashé el estatus de “jefes tribales”, es decir, que Yosef, en lugar de heredar una sola tribu como sus hermanos heredará el doble: tendrá dos tribus, Menashé y Efraim, en lugar de una sola que se hubiese llamado “Yosef”. Yosef le pide a su padre que bendiga a sus hijos. Jacob cruza sus manos y posa su mano derecha, con la que se consagraba al primogénito, sobre la cabeza de Efraim, el menor de los dos hermanos. Y los bendice diciéndoles: “Que el ángel de haShem que me redimió de todo mal bendiga a los jóvenes, y que sean llamados por mi nombre y por el nombre de mis padres, Abraham e Isaac, y que se multipliquen en abundancia en toda la tierra.” Yosef se inquieta porque piensa que Jacob puso su mano derecha sobre Efraim por error, e intenta colocar la mano de su padre sobre Menashé. Pero Jacob se niega y le dice que él sabe quién es el hijo mayor, pero “el hermano menor será mayor, y sus hijos se llenarán de fama en las naciones”. Luego Jacob los bendice diciendo que el pueblo de Israel bendecirá el uno al otro diciendo: “Que Dios te bendiga como a Efraim y Menashé”.

2. LA BENDICION FINAL DE JACOB
Luego Jacob convoca a todos sus hijos y le dedica un mensaje o una bendición personalizada, según el carácter, los talentos, el futuro y el potencial de cada uno de ellos. Reubén es criticado por su impulsividad y por haber profanado la cama de su padre. Shimón y Levi también son reprendidos por su ira, que se expresó en la matanza de los hombres de Shejem. Yehudá es bendecido con la monarquía y el éxito en la batalla. Zebulún es bendecido por sus talentos en el comercio marítimo. Jacob compara a Isajar con un fuerte burro (el burro era un animal respetado en esos días) que trabaja sin descanso. Dan posee la habilidad de juzgar. Gad, valentía en la batalla. Asher , la capacidad de producir abundante aceite y comercializarlo. Naftalí, posee la velocidad de los ciervos. Yosef es reconocido por su encanto, su sufrimiento y su rectitud y recibe una gran variedad de bendiciones. Benjamín, finalmente, es comparado con un lobo feroz que enfrenta sin miedo a sus enemigos. Jacob también reitera ante todos sus hijos su solicitud de ser enterrado en Israel, en la Cueva de Majpelá en Hebrón. Luego de bendecir a sus hijos fallece con una edad de 147 años.

3. EL FUNERAL
Después de un período muy prolongado de duelo nacional donde todo Egipto llora por al muerte de Jacob, Yosef recibe el permiso del Faraón para trasladar el cuerpo de Jacob a Israel. Una gran procesión fúnebre compuesta por todos los ancianos de Egipto y toda la familia de Jacob se traslada a Israel para enterrar a Jacob.

4. LA FAMILIA NUEVAMENTE UNIDA
Luego, ya de regreso en Egipto, los hermanos de Yosef temen que ahora, una vez que Jacob ya no está vivo, Yosef se vaya a vengar de ellos por haberlo vendido como esclavo. Pero Yosef les asegura que no les guarda rencor. La familia de Israel finalmente vuelve a estar unida y en paz.

5. EL ULTIMO DESEO DE YOSEF
Yosef vive hasta la edad de 110 años. Antes de fallecer, le dice a sus hermanos que Dios eventualmente los sacará de Egipto y los devolverá a la Tierra de Israel. Yosef les hace prometer que cuando llegue ese momento sus restos mortales sean llevados con ellos para ser enterrados en la tierra de Israel, como hizo su padre.




2025: La celebración del año nuevo y la circuncisión

EL ORIGEN DEL AÑO NUEVO CIVIL

El año nuevo civil de 2025 comenzará esta noche a las 0:00 horas del 1 de enero. Según la tradición cristiana, el día de año nuevo celebra la circuncisión de Yeshu (Jesús). Yeshu obviamente era judío, y su familia lo circuncidó de acuerdo a las normas de la Torá al octavo día después de su nacimiento, contando desde el 25 de diciembre. Irónicamente, la práctica de la circuncisión fue anulada tempranamente en los primeros años del cristianismo.

¿Por qué?

En su libro «La historia del Cristianismo», Paul Johnson explica que muchos romanos se sentían atraídos hacia el monoteísmo y la ética judía. Pero había elementos del judaísmo que los asustaba y alejaba de la conversión. Ejemplos: no estaban dispuestos a dejar de trabajar y ganar dinero los sábados. Tampoco estaban dispuestos a privarse de la carne de cerdo, una comida muy popular en Europa. Pero lo que más los aterrorizaba era la idea de circuncidarse (¡sin anestesia). Especialmente por este último motivo, no muchos romanos se convirtieron al judaísmo. Cabe aclarar que los judíos, si bien aceptamos conversos, nunca los buscamos activamente. Johnson cuenta que los primeros apóstoles cristianos buscaban activamente convertir a los romanos a su nueva variante del judaísmo y se dieron cuenta de que si la adaptaban y la hacían más fácil, miles de romanos se convertirían a una «versión light» del judaísmo. Y así fue como la iglesia reformó la ley judía, permitiendo el consumo de carne de cualquier animal, reinterpretando la prohibición de trabajar los sábados y reemplazando la temida circuncisión por el cómodo bautismo en el agua. Fue irónicamente en Yerushalayim, en el concilio cristiano de Jerusalem del año 50, que la circuncisión fue definitivamente anulada. Hasta ese entonces, los primeros cristianos no eran muy diferentes de otros judíos disidentes, como los Tsadoquim o los Mityavnim, por ejemplo. Pero a partir de la anulación del Berit Milá, la circuncisión, que representa el primer acto de lealtad hacia el pacto de Dios con Abraham y su descendencia, el cristianismo se desprendió definitivamente del judaísmo.

LA CELEBRACION DEL AÑO NUEVO

El rabino Terumat Hadeshen (1390-1460) y el Ramá (1530-1572), ambos de Europa occidental, se refirieron al día del año nuevo cristiano como una festividad religiosa cristiana, a la que llamaron:”el octavo día de navidad” (al parecer así lo definían también los cristianos en la edad media, ver Darjé Moshé, Yoré De’á 148: 12) y la consideraban aboda zará, una práctica idólatra. En ese entonces era evidente que los judíos no participaban de las “celebración” del año nuevo, porque este tenía un significado enteramente religioso, como Navidad, y principalmente porque el año nuevo implícitamente celebra la abolición del pacto de la circuncisión, que fue obligatorio para Yeshu, el judío, ¡pero no para sus seguidores!

EL AÑO NUEVO Y LOS JUDIOS

Para los judíos que vivían en tierras cristianas, el año nuevo no era una celebración civil , como en nuestros días. Era un día de terror, en el cual los discursos religiosos desde las misas de año nuevo llamaban al incremento de las persecuciones contra los judíos. Para ilustrar este punto, examinaremos lo que sucedió durante el papado de Gregorio XIII (1502-1585), quien instituyó el nuevo calendario, conocido como el «calendario gregoriano,» y popularizó la celebración del año nuevo en los países católicos. Cada año nuevo, Gregorio promulgaba nuevas leyes en contra de los judíos, simbolizando la abolición de la circuncisión, el pacto fundamental del judaísmo, que simbolizaba el reemplazo de los judíos por la nueva Israel: la iglesia católica. No es sorprendente, entonces, que para el Papa Gregorio –recordado por haber prohibido que los judíos practicaran la medicina y atendieran a pacientes cristianos — la conversión de los judíos y obligarlos a abandonar su pacto original, haya sido un tema central durante la celebración del año nuevo.

El 1ero de enero de 1577, por ejemplo, el Papa Gregorio XIII estableció que todos los judíos romanos, bajo pena de muerte, debían escuchar sermones acerca de la conversión al catolicismo en las sinagogas después de los servicios religiosos hebreos de los sábados. Estos discursos proselitistas eran pronunciados por judíos apóstatas que se habían convertido al cristianismo.

En el día de año nuevo de 1578, Gregorio obligó a los judíos a pagar un impuesto especial para financiar una «Casa de Conversión,» concebida con la intención de convertirlos al cristianismo.

El 1ero de enero de 1581, Gregorio ordenó a sus tropas confiscar todos los libros judíos en posesión de la comunidad judía romana.

Y estos son solo algunos ejemplos

Nuestra memoria histórica del Año Nuevo no se asocia precisamente con el modo «celebración», sino más bien con medidas opresivas y persecuciones.

EL AÑO NUEVO JUDIO

Los judíos celebramos nuestro año nuevo el primer día del mes de Tishrí. ¿Por qué ? Porque en ese día Dios creó a Adam, el primer hombre. Lo explico mejor: La creación del mundo material (el universo, nuestro planeta, la vida, etc.) se celebra todas las semanas: en Shabbat. Y una vez por año, el 1.º de Tishrí, los judíos celebramos la creación de la humanidad.  Por este mismo motivo el año nuevo judío es también conocido como Yom haDín, el día del juicio. Ese día la humanidad es juzgada, individual y colectivamente. Durante el día de Rosh haShaná se hace sonar el Shofar, la forma judía de anunciar que Dios es el Rey y la Autoridad Suprema a quien debemos obedecer sin reformar Sus leyes. Y comprometiéndonos a observar Sus mandamientos desde el momento que nacemos a través de la práctica del Berit Milá o circuncisión.

Rab Yosef Bittón




SHEMOT: ¿Cómo se evitó la asimilación en Egipto?

Cuando nuestro patriarca Ya’aqob se aprestaba a descender a Egipto y reunirse con su hijo Yosef —el segundo hombre más poderoso de Egipto— tuvo miedo. Y dudas. HaShem se reveló a Ya’aqob y le dijo: “No tengas miedo de descender a Egipto, Ya’aqob, allí haré de ti una gran nación”. ¿Cuál era el temor de Ya’aqob? 

PREVENIR ANTES QUE CURAR 

Nuestro patriarca temía que sus nietos y sus bisnietos se asimilasen a la cultura egipcia, y terminaran siendo “egipcios de origen semita”. La asimilación de los inmigrantes a la tierra que los acoge no solo es común, sino normal y en cierta manera, deseable. En Estado Unidos hay nietos y bisnietos de inmigrantes italianos, irlandeses o polacos, que llegaron aquí al principio del siglo XX (o antes!) y hoy se consideran a sí mismos 100% americanos. No tienen, que yo sepa, ninguna conexión “existencial” con la antigua tierra de sus antepasados o su cultura, excepto quizás en temas culinarios. Este era el miedo de Ya’aqob. Que sus descendientes se asimilen.Ya’aqob hizo dos cosas para prevenir la asimilación. En primer lugar, según nuestros Sabios, Ya’aqob envió a Yehuda antes de que llegará la familia y le encomendó organizar un Talmud Torá, una escuela judía. De esta manera, podrían seguir inculcando a sus hijos los valores de Abraham Abinu. En segundo lugar, Yaaqob le pidió a Yosef que al morir llevase su cuerpo a la tierra de Israel. De esta manera, los nietos y bisnietos de Ya’aqob tendrían siempre presente que su lugar definitivo está en Israel.  

YOSEF SE UNE AL ESFUERZO 

Yosef, por su parte, también tomó varias medidas para evitar la asimilación. En primer lugar, estableció a su familia en la tierra de Goshen, una tierra apartada. Y le dejo claro al Faraón, y a su propia familia, que seguirían dedicándose a la ganadería, un trabajo que estaba prohibido para los egipcios, por sus convicciones religiosas (creían que los animales encarnaban el espíritu de sus dioses y sus muertos). De esta manera, Yosef quería que su familia mantuviera una relación social limitada con los Egipcios.  y con códigos religiosos diferentes. En tercer lugar, Yosef, tal como lo hiciera su padre, hizo jurar a sus descendientes que su cuerpo también tenía que ser sacado de Egipto y llevado a la tierra de Israel. 

APARIENCIA, NOMBRES Y LENGUAJE 

Y hay más. En el aspecto social los judíos rehusaron adoptar ciertos elementos de la sociedad egipcia. Los hijos y descendientes de Israel mantuvieron la vestimenta tradicional semita, y no adoptaron la vestimenta egipcia. Dicho se de paso, si bien creo que no tenemos muchos detalles de cómo era esa vestimenta judía, muy probablemente en los hombres se trataba de una barba corta y túnicas especiales. La imagen que vemos arriba muestra una familia semita (los egipcios no eran semitas) que llegaba de Canaan y se ve claramente la diferencia con los egipcios en estos dos elementos. La forma de vestir de los descendientes de Ya’aqob era lo suficientemente significativa para distinguir visualmente al judío del no judío.  Nuestros Sabios también explican que los Yehudim no cambiaron sus nombres hebreos por nombres egipcios. Así, aunque el judío no estuviera presente, cuando alguien mencionaba a “Levi” o “Shimón” sabían que se estaban refiriendo a un individuo judío.  Finalmente, tampoco cambiaron su lenguaje. Esto quiere decir que los padres hablaban en sus casa hebreo con sus hijos, posiblemente en las escuelas se enseñaba en hebreo y puede ser también (es solo una sugerencia de mi parte, sin mucha evidencia…) que si su lengua materna era el hebreo, cuando hablaban egipcio lo hacían con “acento hebreo”. 

EGIPTO, VISTO DESDE CHINA 

Respecto al origen de estos 3 elementos, mi hijo David, que es Rab en la sinagoga Sefaradí de la ciudad de Shanghai (China) compartió conmigo su Jiddush (=interpretación creativa). Me dijo que estos 3 elementos fueron los mismo que la Torá menciona respecto a Yosef, cuando a la fuerza tuvo que asimilarse al mundo egipcio. Cuando Yosef sale de la cárcel, lo rasuran y lo visten como un egipcio. Luego, cambian el nombre de “Yosef” por un nombre egipcio, “Tsafnat Pa’aneaj” (el descifrador de lo oculto). Y finalmente, también vemos que Yosef adopta el lenguaje egipcio como su primera lengua, ya que cuando se comunicaba con sus hermanos, antes de darse a conocer, lo hacía a través de un traductor.  No creo que sea casualidad que estos mismo tres elementos hayan sido identificados por nuestros Sabios (¡o quizás por el mismo Yosef!) como los elementos que llevan o aceleran la asimilación de un grupo humano a su nuevo entorno.   

APRENDIENDO DEL PASADO 

Para resumir, para luchar contra la asimilación, en su nuevo lugar de residencia los descendientes de Ya’aqob tenían su propio sistema de educación judía; mantenían una conexión de identidad muy fuerte con la tierra de Israel; vivían en comunidad; trabajaban en una industria en la cual los egipcios no participaban; su apariencia era judía; sus nombres eran hebreos y hablaban en hebreo.  

(Continuará….)




Janucá: ¿Qué significa ser judío?

Estamos en plena celebración de la fiesta de Janucá. Y siempre que se acerca esta festividad me acuerdo de una pregunta importante ¿qué significa ser judío? Hay muchas respuestas para esta pregunta. Respuestas técnicas, espirituales, y políticas. La respuesta que quiero compartir con ustedes hoy, creo, está más allá de estas definiciones. Veamos qué les parece.
SER JUDIO Y SER UNA VELA
Un judío es una vela. El judaísmo, la Torá, es la llamita de esa vela. Esta metáfora no es arbitraria o caprichosa. La Torá siempre fue comparada con “luz”. La misma palabra hebrea TORÁ proviene de la palabra OR que significa “luz”. Nuestra misión como pueblo judío es transformarnos, como dijo el profeta Yesha’ayahu (42:6) en “or lagoyim”, la luz para el resto del mundo. Y esta misión la cumplimos sin actos públicos ni proselitismo. Para iluminar sólo necesitamos estar encendidos. La palabra TORÁ viene de la misma raíz y es casi idéntica a la palabra MORÁ, maestra. Los judíos consideramos que el proceso de aprendizaje es un proceso de esclarecimiento, iluminación intelectual y espiritual. La Torá, es la “maestra”, que nos enseña, nos educa, nos ilumina. Y a través de sus enseñanzas disipa la oscuridad de nuestras vidas y aclara nuestras dudas existenciales.
¿VELAS PRENDIDAS O APAGADAS?
Ahora que entendimos por qué la Torá se compara con una luz o con una llamita, pensemos nuevamente en el receptáculo de la llamita: el individuo judío. Si un YEHUDI no estudia la Torá, no la observa, no deja que la Torá lo ilumine ¿sigue siendo judío? La respuesta es “SÍ”. Un judío nunca pierde su condición de judío (ישראל אע”פ שחטא ישראל הוא). Un judío sin judaísmo, no observante,  ateo, asimilado se podría comparar con una vela sin llama, pero una vela apagada ¡sigue siendo una vela!   Es una vela que aún no está sirviendo el propósito para el cual fue concebida. Pero sigue siendo una vela y como tal, siempre puede ser “encendida” otra vez. Quizás todo lo que necesita es que otra vela, una vela ya encendida y con una llamita firme, se le acerque, le ofrezca afectuosamente compartir su llama y la ayude a encenderse.
LAS VELAS
Creo que la metáfora de la vela y la llama es muy apropiada para Janucá. Nos ayuda a esclarecer, entre otras cosas, por qué celebramos una serie de grandes victoria militar encendiendo velas…. Veamos. A veces, nuestros enemigos quisieron destruir las velas. Es decir, buscaron nuestro exterminio. No les importó si las velas estaban encendidas o apagadas. Si en la SHOA un judío decía: “Yo no creó en Dios. No soy observante. Soy ateo. Déjenme libre”, igual lo llevaban a las cámaras de gas. En la SHOA, como en los tiempos de Hamán y Ajashverosh, al enemigo antisemita no le importaba la llama. Su odio era étnico. Quería destruir las velas. Pero también era práctico y utilitario. Al fin y al cabo, destruyendo las velas también se acaba con las llamitas…
LA LLAMA
En Janucá, como en los tiempos de la Inquisición, el objetivo del enemigo no era destruir las velas. Su misión era  apagar las velas. Y reemplazar las llamas por una cruz o por una deidad griega. Los Jashmonayim, nuestros heroicos antepasados que vencieron al enemigo en Janucá, no lucharon por salvar sus vidas. Sus vidas físicas no estaban en peligro. Lucharon, y en realidad estuvieron dispuestos a “sacrificar” sus vidas, para preservar las llamitas de las velas judías. ¡Creo que no hay nada más indicado que el encendido de velas para celebrar la victoria de Jánuca!
Algo más. El milagro de Janucá, el aceite que duró siete veces más de lo que debería haber durado, también tiene mucho para enseñarnos. Cuando seguimos el ejemplo de los Jashmonayim y nos esforzamos por fortalecer y multiplicar nuestra llama, nuestra Torá, HaShem estará de nuestro lado. Y aunque nos parezca que nuestras fuerzas, esfuerzos o talentos alcanzaran solamente para encender unas pocas velitas, HaShem nos ayudará y nos dará la fuerza para que encendamos muchas más.



Yonatán y cuando el Judaísmo estuvo al borde de la extinción

LA MUERTE DE YEHUDA

Unos anos después de que ocurriera el milagro de Janucá, y luego de firmar la paz con Yehudá Macabí y cancelar los decretos que prohibían la práctica de la religión judía, el general Lisias regresó a Antioquía. Antiojus Epifanes había muerto, y Lisias se convirtió en regente de su hijo Antiojus V. Para Yehudá Macabí y sus hombres, esta era una situación ideal: después de años de lucha, el emperador griego era ahora un aliado y los judíos podíamos vivir en paz y regirnos de acuerdo a nuestra Torá.

El 24 del mes de Av fue el día que oficialmente los judíos de esa época dejaron de obedecer las leyes griegas volvieron a adoptar la Torá como la constitución del pueblo judío. Dicho sea de paso, durante dos siglos, este día se festejó con mucha alegría y orgullo, como lo explica Rashí en Baba Batra 115b:

בעשרים וארבעה באב חזרנו לדיננו הראשון  “El 24 de Av volvimos a nuestra ley original.”

Pero la paz no duró mucho tiempo.

Dos años después, en el 161 a.e.c.,  Demetrio atacó y mató a Lisias y al hijo de Antiojus. Al tomar el poder, Demetrio decidió reanudar sus ataques contra Yehudá y los judíos.

Para este objetivo,  envió a su mejor general, el famoso Baqjides, con 20,000 soldados y 2,000 jinetes con la misión de capturar y matar a Yehudá Macabí.  Baqjides no llegó por mar, como solían hacerlo las tropas griegas, sino que vinieron desde Turquía y Siria y llegaron por el Golán. Yehudá fue tomado por sorpresa. No esperaba una guerra y como pensaba que la paz iba a durar solo se había quedado con un pequeño ejército de 800 hombres, y había enviado el resto de sus hombres de regreso a sus hogares.

Baqjides y sus tropas encontraron poca resistencia y mataron a Yehudá y a sus combatientes. Las consecuencias fueron desastrosas. Flavio Josefo relata que los nuevos decretos antijudíos fueron reimpresos y las persecuciones fueron aún más intensas y brutales que en los tiempos de Antiojus Epífanes. Baqjides asignó a un sacerdote judío helenizado, Alquimos, para administrar el Templo. En su primer acto oficial como Gran Sacerdote (Cohen Gadol), el malvado Alquimos ejecutó públicamente a 60 rabinos. Miles de judíos fueron asesinados, esclavizados o exiliados. Sin Yehudá Macabí, sin ejército, sin Jerusalem y sin el Bet HaMiqdash, parecía que la milagrosa rebelión iniciada por Matitiyáhu en el año 167 a.e.c. había llegado a su fin.

Todo se había perdido.

¿EL FIN DEL JUDAÍSMO?

Hay milagros, como el del aceite que duró ocho días, donde la intervención divina es del 100%. Y hay otros milagros donde la intervención divina se combina con la grandeza humana: Dios inspira el espíritu de los hombres de bien, les concede fuerza y coraje para luchar y les muestra un destino posible cuando el futuro parece irrealizable.

Esto fue lo que sucedió con los hermanos de Yehudá que habían sobrevivido:  Yojanán, Shimón y Yonatán. Junto a unos pocos soldados sobrevivientes, decidieron no rendirse. Yonatán tomó el mando y comenzó a planear la lucha contra el poderoso Baqjides. Baqjides había puesto precio sobre las cabezas de los Jashmonayim, sus soldados y, por primera vez, ¡también sobre sus familias: esposas e hijos. Yonatán decidió huir al desierto de Judea, cerca de la ciudad de Tekoa. Allí hay cuevas profundas donde los combatientes podia desaparecer del ojo del enemigo. Algunas de estas cuevas tienen varios niveles y se adentran más de 50 metros en la montaña, lo que las hace de difícil acceso. Los valientes soldados de Yonatán podrían acceder a estas cuevas, pero para las mujeres y niños el acceso era muy arriesgado. https://youtu.be/dH4mekMOD9s?si=MzGTYjagwkZzOCFd. 

Yonatán acudió a sus aliados, los nabateos, y les pidió que protegieran a sus familias mientras ellos combatían a Baqjides. Los nabateos, un pueblo nómada de la península arábica y enemigos de los seléucidas, habían sellado una alianza militar con Yehudá. Yonatán envió a su hermano Yojanán con las mujeres y los niños algunos soldados. Sin embargo, los nabateos, tentados por la recompensa monetaria ofrecida por Baqjides, traicionaron a los Jashmonayim: matando a Yojanán y a los cientos de mujeres y niños de sus familias. Solo un soldado logró escapar y llevar la trágica noticia a Tekoa.

EL PEOR MOMENTO

El libro de los Jashmonayim cuenta que, al enterarse de la tragedia, Yonatán y sus hombres guardaron duelo y lloraron amargamente durante siete días (shivá) en las cuevas de Tekoa. Es difícil imaginar lo que pasó por sus mentes en esas terribles circunstancias. Todo indicaba que se rendirían. ¿Por qué luchar si ya no quedaban mujeres ni niños por quienes regresar? El futuro del pueblo de Israel y su religión estaba en manos de unos pocos hombres traicionados,  agotados y devastados por la trágica muerte de todos sus familiares. Los helenistas habían ganado, y el judaísmo podría desaparecer si Yonatán se rendía.

Increíblemente, Yonatán sacó fuerzas de su fe en el Creador (las Fuerzas del Cielo), se levantó del duelo y decidió continuar la rebelión. Primero, atacó violentamente a los nabateos durante una boda, recuperando su fuerza disuasiva, siguiendo el ejemplo de Shimón y Leví en Shejem.

Yonatán comenzó a reclutar y entrenar soldados judíos en las aldeas y llevó a cabo una guerra de desgaste contra Baqjides. Durante dos años, desde el 161 a.e.c. hasta el 159 a.e.c., el improvisado ejército de Yonatán atacó por las noches sin pausa a las tropas griegas, sus suministros y depósitos de armas.

En el año 159 a.e.c., frustrado por no poder capturar a Yonatán y viendo cómo sus tropas se debilitaban por esta guerra de desgaste, Baqjides abandonó la tierra de Israel para librar batallas más sencillas y que le dieran mas fama. ¡Yonatán, Shimón y sus hombres habían triunfado nuevamente! La ciudad de Jerusalem, gobernada por los helenistas, estaba al alcance de sus manos. Sin embargo, y aparentaste contra toda lógica, Yonatán decidió no invadir Jerusalem como lo había hecho Yehudá unos anos atrás y se estableció en Mijmás durante los siguientes siete años.

¿Por qué? Porque entendió que si quería una victoria decisiva y duradera, no podia apoyarse únicamente en sus pocos combatientes: tenía que crear formalmente un ejército judío. 




Shimón y el primer estado judío independiente

Durante estos días de Janucá he tratado de transmitirles a mis lectores que el milagro de Janucá no se limita solo a lo ocurrido con un pequeño jarro de aceite que duró por ocho días. Este evento Providencial fue solo el comienzo de un periodo de 23 años, desde el año 165 a.e.c. hasta el 142 a.e.c., en el que nuestros ancestros, los Jashmonayim, derrotaron a los invasores griegos y a su aliados judíos y culminó ¡con el establecimiento del primer Estado Judío independiente¡ Esta historia, donde los milagros se combinan con la valentía sin límites, lamentablemente, no es muy conocida, a pesar de que en nuestros días sea quizás más relevante que nunca.

Veremos hoy la última parte de la epopeya que recordamos en la festividad de Janucá.

YONATAN NO CONQUISTA JERUSALEM

Tras la muerte de Elazar, Yojanán y Yehudá en la batalla solo quedaban dos de los cinco hermanos Jashmonayim: Yonatán y Shimón. Yonatán tomó el mando y, tras dos años de lucha, logró expulsar al poderoso general seléucida Bakjides de Israel. Sin embargo, y para sorpresa de todos, cuando Bakjides huyó de Israel en 159 a.e.c., Yonatán no intentó recuperar Jerusalem de inmediato. En lugar de eso, se instaló en Mijmásh y se convirtió en el líder de facto de los judíos. Pero ¿qué estaba haciendo Yonatán en Mijmásh y por qué no liberó inmediatamente Jerusalem de las manos de los seléucidas? Yonatán dedicó siete años a reclutar y entrenar un poderoso ejército judío de 40,000 soldados, que podían hacer frente a una fuerza invasora y defender al pueblo judío. Fue la primera vez en siglos que los judíos tuvimos un ejército de esta envergadura. Ahora los emperadores seléucidas —o quienes pretendían el trono— no solo querían evitar problemas con Yonatán y su ejercito , sino que competían entre sí para ofrecer a los judíos beneficios materiales  a cambio del apoyo de Yonatán y su ejército.

LA IMPORTANCIA DE TENER UN EJÉRCITO

En ese entonces el rey seléucida era Demetrio Soter. Pero un joven aventurero procedente de Esmirna, Alejandro Balas, que reclamaba ser el hijo de Antiojos Epífanes, desafió a Demetrio y comenzó una guerra civil para obtener el trono. Demetrio y Balas, cada uno por su lado, ofrecieron todo tipo de concesiones a Yonatán para que les brindara su ayuda militar. Yonatán apoyó a Alejandro Balas, quien terminó derrotando a Demetrio. Una vez que esto ocurrió, y con el beneplácito de el nuevo emperador que era ahora su aliado Yonatán entró sin resistencia a Yerushalayim en la fiesta de Sukkot del año 152a.e.c. y fue asignado como Cohen Gadol, gran sacerdote. Este fue en todos los aspectos un segundo Janucá, ya que Yerushalayim había estado en manos de los helenistas por nueve años y el Bet haMiqdash había sido profanado y utilizado nuevamente como un panteón para adorar a los dioses griegos. Pero luego de un par de años, Demetrio II, el hijo de Demetrio Soter, enfrentó y derrotó a Balas y retomó el trono seléucida. Para sorpresa de muchos, este nuevo rey, lejos de buscar venganza contra Yonatán, sabía que lo necesitaba a él y a su ejército de su lado, así que reconoció a Yonatán y le ofreció más privilegios que su antecesor.

EL ACUERDO DE PAZ

Pero los conflictos entre los líderes seléucidas continuaba. Y ahora Trifón, un poderoso general griego, quería arrebatarle el trono a Demetrio II. Trifón llegó a Israel en el año 143 a.e.c. con 30,000 soldados para vengarse de Yonatán, vencerlo y así debilitar a Demetrio. Trifón engañó a Yonatán y le pidió reunirse con él en Acco para mantener conversaciones de paz. Cuando Yonatán llegó a Acco, Trifón lo asesinó.  Tras la muerte de Yonatán, el mando de Judea quedó en las manos del hermano menor: Shimón. Con el poderoso ejército que Yonatán había organizado, Shimón enfrentó, derrotó y expulsó a Trifón de Erets Israel.

EL ESTADO DE ISRAEL

Shimón siguió avanzando para cumplir con la máxima aspiración de los Jashmonayim y de toda la nación de Israel. Fortificó Yerushalayim, reforzó su ejército y, en el año 142 a.e.c., 23 años luego de la gran rebelión de Matitiyahu y sus hijos, el gran sueño se hizo realidad. En el Bet haMiqdash, en Yerushalayim, la eterna capital del pueblo judío,  Shimón, hijo de Matitiyahu, el único sobreviviente de los cinco valientes hermanos, declaró el establecimiento de un estado judío independiente en la tierra de Israel que se llamaría: Judea יהודה.

El día que fue establecido el nuevo estado judío , Shimón dijo estas palabras inmortales que son muy relevantes también el día de hoy, respecto a Medinat Israel:

«No conquistamos una tierra que no nos pertenece; y no nos apoderamos de lo que no nos corresponde. Sino que recuperamos la herencia de nuestros antepasados, que fue usurpada por nuestros enemigos, temporalmente y con gran injusticia. Y cuando tuvimos la oportunidad y la fuerza para hacerlo, recuperamos nuestra libertad».

“לא ארץ נכריה לקחנו, ולא ברכוש נכרים משלנו – כי אם נחלת אבותינו, אשר בידי אויבינו בעת מן העיתים בלא משפט נכבשה. ואנחנו כאשר הייתה לנו עת, השיבונו את נחלת אבותינו”

(Sefer Jashmonayim I, capítulo 15, versículos 34–35)

Este nuevo estado fue inmediatamente reconocido por Demetrio II, quien por primera vez eximió a los judíos de pagar impuestos al imperio seléucida. Shimón fue asesinado en el año 135 a.e.c. y fue sucedido por su hijo Yojanán Hyrcanus, quien continuó liderando a los judíos y expandiendo el territorio de Judea. El flamante Estado de Israel continuó, con altos y bajos, por cerca de 100 años.

חנוכה שמח 




Los elefantes y el milagro más grande de Janucá

Aparentemente, la historia de Janucá concluye con la reinauguración del Templo y el milagro del aceite que duró ocho días. Es como si, después de ese evento, “we lived happily ever after” (“fuimos felices y comimos perdices”). Sin embargo, lo que muchos ignoran es que la inauguración del Bet HaMiqdash fue solo una primera etapa: una victoria contundente e importantísima para los Jashmonayim, ¡pero no fue la última batalla!

De hecho, podría decirse que la historia de Janucá “comenzó” con el milagro del aceite. Los seléucidas y los judíos asimilacionistas no se dieron por vencidos en su intento de terminar con el judaísmo. Lo que siguió fue una verdadera montaña rusa que se extendió durante unos 26 años, con momentos de triunfo y otros en los que todo parecía perdido.

Lo que voy a contar ahora forma parte de esa historia poco conocida de Janucá —o post-Janucá— que debemos aprender, recordar y enseñar como parte de pirsume nisa, la obligación halájica de difundir la intervención Divina. Esa intervención, combinada con la valentía de los soldados judíos fieles a la Tora, permitió que el judaísmo continuara existiendo.

LOS ELEFANTES SE SUMAN A LA BATALLA

Después de la reinauguración del Bet HaMiqdash y del milagro del aceite, los judíos helenistas, junto con los no judíos que vivían en la Tierra de Israel, pidieron ayuda a los seléucidas para recuperar Jerusalem y continuar con su reforma religiosa del Templo. Su objetivo era transformarlo en un santuario más “tolerante”, dedicado al Dios de Israel, pero también a los dioses griegos.

El general Lisias, ahora mucho más poderoso y cercano al debilitado Antiojus, decidió acabar de una vez por todas con lo que consideraba “el problema judío”. En una acción sin precedentes, envió un enorme ejército para enfrentar a Yehudá Macabí y recuperar Jerusalem. Por primera vez en la Tierra de Israel, los ejércitos griegos introdujeron elefantes de guerra: animales especialmente entrenados para el combate. Cada elefante llevaba soldados armados con arcos, flechas y lanzas, y estaba protegido por decenas de soldados de infantería. Los elefantes eran, literalmente, los “tanques” de la antigüedad.

Lisias avanzó desde el sur con la intención de rodear Jerusalem. Cuando Yehudá se enteró de la magnitud del ejército enemigo, comprendió que derrotarlo en campo abierto era prácticamente imposible.

LA MUERTE DE ELAZAR

La única opción que quedaba era eliminar a Lisias para sembrar confusión y desorden en las filas enemigas. Esta misión extremadamente peligrosa fue encomendada a Elazar, uno de los hermanos de Yehudá, quien la aceptó sin vacilar. Elazar debía identificar al elefante mejor protegido, suponiendo que allí estaría Lisias.

Con gran valentía, y atacando por sorpresa, Elazar y sus hombres lograron atravesar la muralla humana que protegía al elefante y herir mortalmente al animal con una lanza. Sin embargo, la misión fracasó. Lisias no se encontraba allí. El elefante cayó sobre Elazar, aplastándolo y causándole la muerte.

Hoy, en el lugar donde ocurrió esta batalla —Bet Zejariá, en Gush Etzión— existe una localidad llamada Elazar, en su memoria. Yehudá había agotado su último recurso. No le quedó otra opción que atrincherarse en Jerusalem y prepararse para resistir hasta el final. Era el mes de Shebat del año 164 a.e.c. Lisias inició el sitio de la ciudad con un ejército inmenso, mientras Yehudá contaba apenas con unos pocos miles de hombres, ya que muchos habían regresado a sus hogares tras la primera victoria.

¿FUE ESTE EL MILAGRO MÁS GRANDE DE JANUCÁ?

Lisias comenzó el ataque contra Jerusalem. Los judíos resistieron con valentía, pero sus fuerzas se debilitaban cada día más. El desenlace parecía inevitable. Uno puede imaginar a Yehudá y a sus hombres debatiendo si luchar hasta morir, rendirse y ser vendidos como esclavos, o incluso quitarse la vida, como ocurriría siglos después en Metzada bajo el dominio romano.

Pero entonces ocurrió algo inesperado y extraordinario. Justo antes de la batalla final, Lisias y su ejército desaparecieron repentinamente de Jerusalem. Nadie entendía qué había sucedido hasta que llegó la noticia: Antiojus había muerto en Antioquía, y su hijo, Antiojus V, un niño de apenas nueve años, había sido proclamado emperador.

Antes de morir, Antiojus había designado a Lisias como regente del nuevo emperador, lo que lo convertía en el gobernante de facto del imperio. Sin embargo, otro general, Filippo, se había apoderado de Antioquía. Lisias se vio obligado a abandonar Jerusalem de inmediato para asegurar su poder. Providencialmente, los judíos se salvaron del ataque final en el último momento.

CAMBIA, TODO CAMBIA

Pero la historia no termina allí. Antes de partir, Lisias envió una carta a Yehudá. En ella anunciaba que todos los decretos anti-judíos promulgados por Antiojus quedaban anulados, ya que, en la antigüedad, las leyes de un rey caducaban con su muerte. Además, garantizaba la libertad religiosa del pueblo judío.

A cambio, Lisias pidió una alianza militar: que Yehudá enviara soldados para ayudarlo a derrotar a Filippo en Antioquía. Yehudá aceptó. De este modo, una vez más, Jerusalem y el pueblo de Israel fueron salvados por la mano invisible del Creador.

PD: Vale la pena aclarar que el día 22 de Shebat fue celebrado como una festividad durante aproximadamente 230 años, hasta la destrucción del Bet HaMiqdash en el año 68 de la era común. Ver este artículo https://halaja.org/2024/12/las-batallas-y-victoria-de-de-januca/ que explica cuáles eran los otros días festivos mencionados en Meguilat Taanit.




MEGUILAT TAANIT: Las batallas y victorias de Janucá

Breve reseña de las Festividades que celebrábamos  de la época del Segundo Templo, reflejando principalmente las victorias de los Jashmonayim.

El texto está recopilado de la obra Peniné Halajá del Rab Eliezer Melamed.

Durante la era del Segundo Templo, los Sabios establecieron numerosas festividades para agradecer a Dios y regocijarse por las salvaciones que Él realizó para Israel. Todas estas festividades, ¡unos 35!  están mencionadas en la Meguilat Ta’anit, el documento que registra aquellos días en los cuales no se puede ayunar ya que eran días semi festivos.

Algunas de ellas son:

El 13 de Adar es el «Día de Nicanor», cuando los Jashmonayim derrotaron a un gran ejército griego y mataron a su comandante, Nicanor.

El 14 de Sivan es el día en que conquistaron Cesarea.

El 22 de Elul conmemora la fecha en que los Jashmonayim ejecutaron a los apóstatas que se negaron a arrepentirse.

El 23 de Marjeshván celebra la destrucción del burdel que los griegos habían construido cerca del Santo Templo.

El 25 de Marjeshván marca la conquista de Shomrón y el comienzo de su repoblación por parte de los Jashmonayim.

El 22 de Shevat recuerda un acontecimiento crucial durante la revuelta de los Jashmonayim: el malvado Antiojus viajó a Jerusalem con la intención de destruir la ciudad y aniquilar a sus habitantes judíos. Sin embargo, al recibir informes preocupantes de rebeliones en la parte oriental de su reino, se vio obligado a levantar el sitio de Jerusalem en esa fecha (año 167 a.e.c.). Finalmente, murió durante estas rebeliones.

El 3 de Kislev conmemora la eliminación de los ídolos que las tropas griegas habían colocado en el Santo Templo.

El 24 de Av celebra el restablecimiento de la ley de la Tora como sistema legal oficial, en lugar de la ley griega.

El 23 de Iyar recuerda la conquista de la fortaleza Ajra por parte de Shimón ben Matityahu, donde aún residía una guarnición griega después de la liberación de la ciudad.

El 27 de Iyar, los Jashmonayim(aparentemente durante el reinado de Yonatán ben Matityahu) prohibieron las imágenes idólatras que colgaban en las entradas de casas y tiendas.

Los días 15 y 16 de Siván conmemoran la conquista de Bet Sheán por los Jashmonayim y la expulsión de los gentiles que oprimían a los judíos.




Las batallas de Janucá