Jayim Weizmann, la acetona y la Declaración Balfour de 1917

אמר לו ר’ חייא: כך היא גאולתן של ישראל, בתחילה קמעא קמעא, כל מה שהיא הולכת, היא רבה והולכת

En 1914 parecía que el proyecto de obtener un estado judío propio habla fracasado. La tierra de Israel estaba en manos del imperio Otomano, quienes no veían con buenos ojos el incremento de población judía en “Palestina”. Tampoco contábamos un mínimo apoyo político internacional para crear un hogar para los judíos. La inmigración se había detenido y lo peor era que muchos inmigrantes que habían llegado a Israel en las décadas pasadas regresaban a Europa o emigraban a Estados Unidos, ya que las condiciones de vida de los casi 60.000 judíos que vivían en Israel eran muy precarias.Parecía que ya todo estaba perdido. El 28 de julio de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial. Fue una terrible guerra que cobró la vida de unos 40 millones de personas, entre militares y civiles.  La guerra trajo también grandes e inesperados cambios en Inglaterra y en el medio Oriente. El más importante de estos cambios fue que el Imperio Otomano que había gobernado medio Oriente por más de 500 años fue derrotado. Al final de la guerra, en 1918, Inglaterra estaba a cargo de lo que hoy es Irak, Siria, Líbano, Jordania, Arabia Saudita, Egipto y por supuesto, Israel.  

LA IGLESIA Y LOS JUDIOS

En 1916 Herbert Henry Asquith renunció a su cargo de Primer Ministro de Gran Bretaña y en su lugar llegó David Lloyd George. La actitud de estos dos líderes hacia los judíos era completamente opuesta. Asquith se oponía a un estado judío. Lloyd George, por otro lado, tenía una formación religiosa diferente. Para entender su ideología deberé explicar brevemente la diferencia entre la iglesia católica y la protestante, respecto a cómo cada una vio por siglos a los judíos. El catolicismo fue fundado bajo la premisa esencial que la iglesia (latín por: “congregación”) es el Nuevo Israel. Este Nuevo Israel REEMPLAZA al antiguo Israel —es decir, al pueblo judío— como nuevo pueblo de Dios. El Nuevo Israel tiene también un Nuevo Testamento, esto es, un nuevo pacto ( como en hebreo ברית החדשה ) que reemplaza al Viejo Testamento, que “caducó con la inminente extinción de los antiguos israelitas”.  El principal problema que siempre enfrentó este dogma fundacional fue que “el obstinado pueblo judío, a pesar de estar permanentemente en vías de extinción, ¡se empecinó en seguir existiendo!” . La iglesia entonces cambió su narrativa y argumentó que la caprichosa existencia del pueblo judío era un castigo divino por el deicidio. Y prueba de eso es que los judíos están condenados a un exilio permanente (el judío errante) ¡y jamás regresarán a su tierra!. Por lo tanto, el regreso del pueblo judío a la tierra de Israel fue (y aunque luego del Holocausto se lo trate de disimular “sigue siendo”) para la iglesia católica un enorme problema fundamental, del cual no se oye explícitamente, pero persiste. Un ejemplo es la actitud hostil del Vaticano hacia el derecho del pueblo judío a la tierra de Israel y especialmente a una Jerusalem judía (ver aquí ). 

LOS PROTESTANTES EVANGELISTAS 

La actitud de los protestantes modernos hacia el pueblo judío es muy diferente. Hay un apoyo muy grande hacia una Israel judía, y no es algo nuevo. Esta actitud histórica se podría comenzar con Oliver Cromwell (ver aquí) quien sostenía que para la segunda llegada del Mesias cristiano, los judíos deberían regresar a Israel, y particularmente Jerusalem. En nuestros días este punto de vista lo ejemplifica por ejemplo Michelle Bachmann, una importante figura política en los Estados Unidos (ver aquí ). 
Hay otros evangelistas que difieren con esta creencia y sostienen que es un gran mérito en sí apoyar al pueblo judío, ya que creen sinceramente en la bendición que HaShem le concedió a Abraham Abinu cuando le dijo “Los que te maldicen serán maldecidos y los que te bendigan serán bendecidos” . Esto es evidente hoy, por ejemplo, en el masivo apoyo del vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, hacia el Estado de Israel, al igual que muchos otros líderes cristianos (ver por ejemplo aquí ). Volviendo a nuestro tema, muchos ingleses protestantes sostenían esta creencia religiosa. El caso más famoso, pero insuficientemente apreciado, es el de la escritora inglesa no judía Mary Anne Evans, mas conocida por su nombre de pluma “George Eliot”, y su novela “Daniel Deronda” (1876), donde varios años antes del primer congreso sionista articuló lucidamente sus argumentos por un estado independiente para el pueblo judío . David Lloyd George y su Ministro del exterior Arthur Balfour eran partidarios entusiastas del pueblo judío y comprendían sus aspiraciones de regresar a casa. 

Y algo más.  

LA ACETONA Y EL ESTADO DE ISRAEL

Un importante factor que ayudó a la predisposición de los británicos a ceder un hogar nacional al pueblo judío en la tierra de Israel fue la contribución a Inglaterra del famoso científico judío Jayim Weizmann (1874–1952) .Weizmann, nacido en Rusia pero nacionalizado Británico, era un químico que descubrió la formula para producir acetona a partir del almidón de grano. Hasta ese entonces la acetona era producida a partir de elementos escasos que se obtenían en minas de Chile. La acetona se usaba para hacer detonar la dinamita y su producción era cada vez más cara y más critica para ganar la guerra. El Dr. Jayim Weizmann se encargó de producir 30.000 toneladas del critico elemento químico a través del proceso conocido como “ABE fermentation”. Por este y otro descubrimientos el Dr Weizmann es conocido en el mundo científico como el padre de la fermentación industrial. Al finalizar la guerra los británicos estaban muy agradecidos por el invaluable servicio del Dr Weizmann y le preguntaron cómo lo podían recompensar por sus servicios prestados. Dicen que el Doctor Weizmann contesto: “No quiero nada para mí; pero quiero un estado para mi pueblo”. Y así fue como en 1917 surgió la Declaración Balfour, donde los ingleses aprobaban oficialmente la creación de un hogar nacional para el pueblo judío en la tierra de Israel. Este fue el principio de lo que eventualmente culminó con el milagro del nacimiento de Medinat Israel en 1948. 

Continuará 




YOM HAATZMAUT: Tres milagros en la guerra de la Independencia de Israel    

UNA VICTORIA SEGURA

El día en que los líderes judíos declararon el establecimiento del nuevo Estado de Israel, el 14 de mayo de 1948 (5 de Iyar de 5718), los países árabes vecinos le declararon la guerra y comenzaron una invasión por todos los frentes, absolutamente seguros de su triunfo. Israel tenía muchas desventajas, pero la más notable era la falta de armamento. Recordemos que los 5 países árabes que atacaron a Israel -Egipto, Iraq, Siria, Líbano y Jordania- se habían independizado unos años antes, y tanto Inglaterra como Francia les habían vendido armamento y habían entrenado a sus ejércitos. Los países árabes contaban, por ejemplo, con 50 tanques, mientras que Israel solo tenía uno. Los árabes contaban con 200 vehículos de artillería, Israel con 2. Los árabes tenían 140 cañones, Israel solamente 5. Y la mayor desventaja era que los árabes contaban con más de 70 aviones de guerra, y al comenzar las hostilidades, Israel no tenía ninguno. Los países árabes habían advertido a Israel que si declaraba su independencia, ellos atacarían, y en realidad estaban ansiosos de que esto ocurriera, ya que las posibilidades de ganar la guerra, con absolutamente todo a favor, era del 100%. Tan confiados estaban en su triunfo que pidieron en la radio árabe a todos los palestinos que vivían en Israel y que no iban a tomar parte activa en la guerra que se retiraran del país, y les aseguraron que iban a regresar muy pronto, cuando la corta batalla hubiese terminado y todos los judíos hubiesen sido “echados al mar” (un eufemismo de “ser asesinados”). Cientos de miles de palestinos abandonaron el territorio de Israel, y de esta forma los mismos países árabes crearon el “problema de los refugiados palestinos”, del cual nunca se hicieron cargo, y por el cual hasta el día de hoy, siguen culpando a Israel.

OBJETIVO FINAL: TEL AVIV

Inmediatamente después de la declaración de independencia, los aviones de combate egipcios aparecieron en los cielos de Tel Aviv y comenzaron a bombardear la ciudad sin encontrar resistencia. Estos bombardeos ininterrumpidos dejaron cientos de muertos, incluyendo mujeres y niños, y miles de heridos. Los egipcios avanzaron significativamente y llegaron hasta Ashdod, quedando a solo 30 kilómetros de Tel Aviv. La poderosa legión jordana, que había sido entrenada por los británicos y estaba siendo comandada por generales británicos (sic), logró sitiar Jerusalén y la invasión de la Ciudad Santa era inminente. Los jordanos también capturaron la ciudad de Lod y lo que hoy es el aeropuerto internacional Ben Gurion, y se acercaban a Tel Aviv desde el este. Las fuerzas iraquíes que habían atacado desde el noreste también se acercaban a Petaj Tikva y Jadera, camino a Tel Aviv. Los sirios cercaban la ciudad de Tiberia y junto con las fuerzas militares del Líbano habían aislado al Galil, el norte del país, del resto de Israel. El destino final de los ejércitos árabes era destruir Tel Aviv, que en ese entonces era la sede del gobierno de Israel y de los altos mandos de su ejército.

ESTADOS UNIDOS vs. ISRAEL

Israel no tenía cómo defenderse, ni podía conseguir armas. ¿Por qué? Porque Estados Unidos lideraba un embargo internacional que prohibía toda venta de armas a Israel, con plena conciencia y conocimiento de que Israel no podría sobrevivir al ataque de los ejércitos árabes. Era solo cuestión de tiempo para que se repitiera una nueva Shoah y el mundo, por segunda vez, actuaba como un silencioso cómplice. Todos los esfuerzos del recién creado ejército de Israel para defenderse fracasaron. Todos los pronósticos que predecían la brutal derrota de Israel se estaban cumpliendo. La superioridad militar de los ejércitos árabes era insuperable. No había ninguna manera de que los israelíes pudieran soportar los ataques ni siquiera unos días más; el final era inminente. Los árabes, muy confiados en su victoria, anunciaban que “lo que Hitler había hecho no era nada en la Segunda Guerra, comparado con lo que ellos harían con los judíos” una vez que conquistaran Tel Aviv. Y el mundo, como en un horrible dejavú del Holocausto, escuchaba y callaba. Y entonces ocurrió un gran milagro: el segundo de los tres milagros que quiero mencionar hoy. Fue el 11 de junio, el 4 de Siván de 1948.

EL CESE AL FUEGO

El conde sueco Folke Bernadotte, que había sido designado como mediador entre israelíes y árabes por las Naciones Unidas, propuso un cese al fuego, es decir, una interrupción de la actividad militar de los ejércitos por 4 semanas, ofreciendo que cada cual permaneciera en control de las posiciones que habían conquistado hasta ese momento. Israel, que estaba perdiendo en todos los frentes, obviamente aceptó. Lo inexplicable —¡lo milagroso!— fue que los países árabes hayan aceptado este cese al fuego, a pesar de que estaban, literalmente, a un día de conquistar Tel Aviv. Cito al profesor Ben Artzi, historiador de la universidad de Bar Ilan. Así escribe en su libro (hebreo) Meguilat Hatequmá VehaAtzmaut: “Pero, ¿por qué los árabes aceptaron el cese al fuego…? En realidad, ya estaban alcanzado todos sus objetivos militares: Jerusalem estaba rodeada y sitiada; Tel Aviv, a muy poca distancia [de caer en su poder]; el sur de Israel [el Negueb] desconectado del resto del país, y el Galil, el norte, ya había sido conquistado. Un pequeño esfuerzo más de parte de los árabes y ya estaban en el corazón de Jerusalem, Petaj Tikva, Netania, Jadera y Afula… y Tel-Aviv”. Ben Artzi no oculta su convicción de que este cese al fuego fue un milagro de proporciones bíblicas.

CELEBRAR ANTES DE TIEMPO

La tregua comenzó el 11 de junio. Los cinco ejércitos árabes, que consideraban que ya habían ganado la guerra, comenzaron las negociaciones políticas entre ellos mismos acerca de cómo se iban a dividir el territorio de Israel y el botín de guerra una vez que los judíos se hubieran rendido formalmente, algo que esperaban que ocurriera en los próximos días. Pero Israel aprovechó el cese al fuego y, con el apoyo y las generosas donaciones de los judíos de Estados Unidos y la diáspora, compró de Checoslovaquia, el único país que se atrevió a romper el embargo internacional, todo el armamento que pudo, incluyendo 15 aviones de guerra. Y también cambió su estrategia: a pesar de que el balance militar seguía siendo en favor de los árabes —por lo menos 10 a 1— Israel decidió que ahora no solo iba a defenderse, sino que ¡comenzaría a atacar a los árabes! Una vez que se reanudó la guerra, los ejércitos árabes estaban tan confiados en su victoria que prácticamente habían dejado de luchar. De acuerdo con Igal Alón, el famoso comandante del Palmaj, cuando el cese del fuego expiró: “Los ejércitos árabes, que tenían una gran ventaja, dejaron de avanzar, algo que es realmente inexplicable”.

MIEDO BIBLICO

Y entonces ocurrió el tercer milagro. La valiente e inesperada decisión de Israel de pasar al ataque tomó a los árabes por sorpresa, y pasaron de la pasividad al pánico, imaginando que Israel tenía más poder del que en realidad poseía. Un ejemplo de esto es que a finales de mayo llegaron clandestinamente a Israel cuatro aviones militares Messerschmidt desarmados desde Checoslovaquia dentro de un avión de transporte. Los aviones fueron armados en muy poco tiempo y el 30 de mayo, antes de que pudieran probarlos, salieron a su primera operación: tratando de frenar a las fuerzas egipcias que se encontraban a solo 30 kilómetros de Tel Aviv. Los aviones atacaron por sorpresa a los egipcios, pero no causaron daños severos, ya que los equipos de ataque no funcionaban muy bien. Sin embargo, el comandante egipcio a cargo de esa fuerza envió un mensaje urgente a sus jefes diciéndoles que “ya no podían avanzar más, y que estaban siendo bombardeados por una fuerza muy superior a ellos”. Todo este miedo era más imaginario que real. La Torá menciona por primera vez este “miedo” que se apodera de los enemigos de Israel en la historia de Yaaqob Abinu, cuando los habitantes de Canaan, obviamente más fuertes y numerosos que Jacob y sus hijos, “quisieron pero no se atrevieron” a atacar a Jacob. Allí la Torá dice (Génesis 35:5) que los habitantes de esas ciudades “fueron afectados por un miedo Divino, que los disuadió de perseguir a los hijos de Israel” (ויהי חתת אלקים על־הערים אשר סביבתיהם ולא רדפו אחרי בני יעקב). Esta fue la forma en que HaShem intervino para salvar a nuestros antepasados de sus enemigos. Lo mismo cuenta la Torá en la famosa canción que los hijos de Israel recitaron al cruzar el mar, donde visualizan la futura conquista de la tierra de Canaan y saben que cuando el enemigo escuche lo que Dios hizo por su pueblo en Egipto “las naciones de Canaan escucharán y el miedo y el pánico se apoderarán de ellos… hasta que tu pueblo llegue y conquiste la tierra prometida”. La tercera vez que esta idea aparece es también en el libro de Shemot, esta vez como una promesa explícita de parte de Dios a Israel. La Torá (Éxodo 23:27) dice que cuando Israel se apreste a conquistar a los pueblos de Canaan, Dios intervendrá. ¿De qué manera? “Infundiré el pánico y el terror en tus enemigos, y los confundiré… y haré que todos tus enemigos te den la espalda y huyan”.Un oficial egipcio que había participado en la guerra de Independencia fue tomado prisionero por Israel en la guerra de 1956. Le preguntaron por qué los egipcios aceptaron el cese al fuego y no siguieron avanzando hacia Tel Aviv en 1948, cuando tenían todo el camino abierto. El oficial dijo: “Cuando atacábamos a los israelíes vimos algo que nos dio miedo: aún después de sufrir fuego directo y cuantiosas bajas, los soldados israelíes seguían avanzando como si fueran “locos” (meynunín). Y entonces nos dijimos a nosotros mismos: a estos locos es imposible vencerlos. Mejor [aceptar el cese al fuego] y conformarnos con lo que ya hemos conquistado”.

EL MILAGRO MÁS GRANDE

Quiero finalizar esta historia incompleta de la guerra más importante de la historia del Estado de Israel con una reflexión final. Lo que resulta más inconcebible de toda esta guerra es que, sabiendo acerca de la incomparable inferioridad militar, los líderes de Israel hayan tomado la decisión de declarar la Independencia de Medinat Israel, habiendo sido advertidos del inminente ataque árabe. Esta decisión no tenía ningún sentido: ni desde un punto de vista militar ni desde un punto de vista lógico. Viendo los números, uno solo puede pensar que era un acto suicida. Aunque hay otra posibilidad. Creo que David Ben Gurión y todos los líderes israelíes de ese tiempo tuvieron un momento de inspiración divina: Dios intervino en sus mentes y corazones de una manera opuesta a la que interviene contra nuestros enemigos. El Todopoderoso encendió en sus almas un increíble, milagroso valor y valentía que los llevó a actuar como Najshón Ben Aminadab, el hombre que cuando el pueblo judío estaba escapando del Faraón, contra toda lógica, se metió en el mar hasta que el agua le llegó a sus narices: ¡y continuó! En un incomparable gigantesco acto de fe, consciente o no, los líderes de Israel se entregaron a un milagro que tenía que ocurrir… Y que gracias a Dios ocurrió. Este fue el primer milagro. Y quizás el más grande de todos.

חג עצמאות שמח




¿Cómo se declaró la independencia de Israel?

LA DECISION MAS DIFICIL
1948. Los ingleses iban a abandonar el territorio de Palestina el día 15 de Mayo a la medianoche. 
Los lideres judíos planeaban anunciar la declaración de independencia ni bien salieran los ingleses. 
Los Arabes también tenían sus planes: cuando los británicos se hayan ido, invadirían, atacarían y destruirán a Israel. Tenían un ejercito poderoso de 5 naciones: Egipto, Siria, Líbano, Irak y Jordania, que se sumó a último momento. Contaban con un poderoso armamento y con municiones adquiridas de países europeos.   El día 12 de Mayo los lideres judíos se reunieron en Tel Aviv para evaluar la situación. Moshé Sharet informó que los Estados Unidos pedían que Israel no declarase su independencia. Y advirtieron que si lo hacían, los Estados unidos NO ayudarían con ejércitos ni con armas. Golda Meir también trajo malas noticias: el rey de Jordania, que anteriormente estuvo de acuerdo con la creación de un estado judío, había cambiado de opinión: cedió ante la presión de otros países árabes y ahora sumaría su ejercito al de los países que invadirían Israel.

NUESTRO UNICO ALIADO
Los lideres militares eran muy pesimistas: posiblemente no logremos sobrevivir la invasión árabe, decían. Los recuerdos del Holocausto eran muy frescos. El pensamiento que no se apartaba de la cabeza de los líderes judíos era el siguiente: Si los alemanes, una civilización que fue la cuna de la cultura europea moderna, fueron capaces de exterminar sistemáticamente a todos los judíos que pudieron, hombres, mujeres, ancianos y niños, ¿qué no serian capaces de hacer con nosotros los árabes si perdemos la guerra?  Luego de 13 horas de deliberaciones, en la hora más oscura, donde se discutía la vida, la muerte y la posibilidad de un segundo Holocausto en manos de los árabes, David Ben Gurión, milagrosamente, logró convencer a la mayoría de los presentes, y se decidió declarar el establecimiento del Estado de Israel.  Las chances de sobrevivir la guerra eran pocas….pero el más grande de los milagros de la historia judía moderna ocurrió. HaShem estuvo con nosotros, sobrevivimos, y contra todas las predicciones, ganamos la guerra, que llevó un año de duras batallas y costó la vida de un 1% de la población de Israel. 

Como famosamente lo dijo el propio David ben Gurión, 
“Cuando se trata de Israel, aquel que no cree en milagros, no es realista!

UNIDAD e INTERVENCION DIVINA

Los judíos nunca nos destacamos por pensar todos de la misma manera. Nos encanta discutir, disentir y debatir. No es fácil que nos pongamos de acuerdo. Eso nos estimula intelectualmente, pero también nos divide. Porque lamentablemente, por lo general, nos ponemos a mirar más lo que nos diferencia que lo que nos une…. 
Posiblemente, quiero pensar, que una de las razones por las cuales fuimos merecedores de un milagro tan grande es que de alguna manera los judíos estuvimos unidos en la proclamación de la independencia del Estado de Israel. 
La declaración fundacional de Israel fue firmada por representantes de todo el espectro politico y religioso de ese tiempo. 

TODO EL ESPECTRO JUDIO

La Declaración de Independencia fue también una (lamentablemente “poco común”) declaración de UNIDAD del pueblo judío.  Entre los firmantes estaban, por ejemplo, representantes del partido socialista izquierdista; judíos seculares; judíos del centro; judíos de derecha y judíos religiosos. Vale la pena recordar la presencia y la firma de importantes personalidades rabínicas. La declaración de independencia de Israel fue firmada por 5 rabinos: el rab Moshé Maimón, el rab Saadiá Kubashi y el rab Zeev Gold, estos 3 eran rabinos de la Organización Sionista religiosa Mizraji. También firmaron los rabinos Kalman Kahana e Ytzjak Meir Levin, ambos rabinos del movimiento religioso Agudat Israel

“Somos la única nación en el planeta que está en la misma tierra, sigue con el mismo nombre, habla la misma lengua, y profesa la misma fe que sus antepasados 3.000 años atrás”

De las palabras del primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu, en el 71 aniversario de Medinat Israel. 




Asimilación y traición


Cada año, en Yom haShoá, me vuelvo a preguntar lo mismo: ¿por qué nos odian? Los argumentos siempre son distintos. A veces nos acusan de ser comunistas, otras veces de ser capitalistas. Nos declaran vagabundos —errantes— o elitistas. Influyentes o insignificantes. Ricos o sucios. Poderosos o animalescos –con rabos y cuernos. El judío, como lo dijo Emmanuel Levinas, es “el otro”. El anormal. El que se viste diferente. Tiene un calendario diferente. Y piensa diferente. Así lo vieron y lo sigue viendo buena parte del mundo.

Seguimos escuchando argumentos que, aunque disfrazados de análisis, son tan antiguos como peligrosos: que los judíos se aíslan demasiado, que son cerrados, que no se integran, que mantienen costumbres distintas, ropa distinta, lenguaje distinto.

Y muchos de los que abrazan esta crítica sugieren una “solución” tentadora: si el antisemitismo persiste, es porque no nos hemos abierto lo suficiente. Que si fuéramos más como “ellos”, tal vez dejarían de odiarnos. Que si abandonáramos nuestras tradiciones, si nos mezcláramos más, si fuéramos más “normales”… el odio desaparecería.

Pocos libros exponen con tanta claridad la falsedad de este argumento como The Pity of It All (“Qué lástima por todo esto”), de Amos Elon. Este libro traza la historia de los judíos en Alemania desde mediados del siglo XVIII hasta el ascenso de Hitler al poder en 1933. Y lo que allí se relata no es solo la más inimaginable tragedia, sino también la paradoja de esta dinámica con los gentiles.

El libro comienza con la llegada de un adolescente judío de 14 años llamado Moshe Mendelssohn a Berlín, en 1743. En ese entonces, los judíos eran literalmente contados junto con el ganado. Elon cita un registro del Rosenthal Gate que dice: “Hoy entraron a la ciudad seis vacas, siete cerdos y un judío”. Las personas comunes, incluso otras minorías religiosas o étnicas, no eran registradas.

Mendelssohn era un superdotado. En su niñez solo había estudiado Torá y hebreo, y sin haber asistido a una universidad, dominó perfectamente el alemán, el latín, las matemáticas y la filosofía. Publicó obras que lo consagraron como uno de los grandes pensadores de la Ilustración. Tanto que su apodo fue “el Sócrates de Alemania”. Su libro Fédon, sobre la inmortalidad del alma, fue un éxito inmediato. Se convirtió en una celebridad intelectual en Alemania. Por primera vez en Europa, un judío llegaba al reconocimiento no por su dinero, sino por su conocimiento.

Claro que para ser aceptado, Mendelssohn hizo muchas concesiones, especialmente religiosas. Si bien nunca se convirtió —a pesar de que tuvo mucha presión para hacerlo— su parcha religiosa (esa mezcla entre su práctica y filosofía) encendió una idea en los judíos de su generación: se podía llegar alto, un judío podía asimilar la cultura alemana. Esta era la puerta de entrada mágica a la normalidad.

A partir de entonces, comenzó el experimento más ambicioso de asimilación judía en la historia de la diáspora. Decenas de miles de judíos siguieron el camino de Mendelssohn: abandonaron la Torá, la reformaron, dejaron de lado todos los preceptos rituales y solo conservaron los preceptos sociales, es decir, aquellos valores como amar y ayudar al prójimo, que no generaban diferencia alguna entre judío y gentil. De esta forma, reformaron el judaísmo adaptándolo a una forma más cristiana.

El abandono del judaísmo observante solo fue el primer paso. Los judíos alemanes se integraron a las universidades, los conservatorios, los parlamentos y se hicieron adictos al arte, la música, el teatro. Y muchos se convirtieron al cristianismo —entre ellos los propios descendientes de Mendelssohn— no por oportunismo, sino por idealismo.

En 1845, en Frankfurt del Meno, los rabinos reformistas afirmaron que renunciaban a toda aspiración irredentista. Se redefinieron no como judíos, sino como “alemanes de religión mosaica”. Renunciaron explícitamente a la idea mesiánica de regresar a Sion, declararon que Berlín era su Jerusalem, y prácticamente juraron lealtad a su amada Madre Patria: Alemania.
https://www.jpost.com/opinion/berlin-jerusalem-and-dual-loyalty-413130?utm_source=chatgpt.com

Confiaban en la razón, en el progreso, en el humanismo del alemán común, que seguramente vería en ellos a un alemán más. Porque querían, honestamente, ser parte de esa nación.

Este proyecto pareció funcionar. Alemania no solo toleró a sus judíos: los admiró. Judíos fueron poetas, músicos, empresarios, médicos, ministros. La cultura alemana del siglo XIX no se entiende sin sus judíos.

Los judíos se desesperaban por demostrar su lealtad. En la Primera Guerra Mundial, 100.000 judíos lucharon por el káiser, y 12.000 murieron en combate.

¿Qué más tenían que hacer para demostrar su lealtad a Alemania y ser aceptados por el alemán común?

Pero en 1933, todo eso desapareció.

Con la llegada de Hitler al poder, cada uno de esos logros fue destruido. Médicos, profesores, juristas, científicos, parlamentarios: todos fueron expulsados. No importó cuánto se habían integrado, cuán alemanes eran. Bastaba con ser judío. Y no hubo distinciones. El nazismo no preguntó si uno era ortodoxo o reformista, si comía kosher o tocaba en la ópera. Todos fueron arrastrados por igual al abismo.

Como explicó años después el Rab Soloveitchik: “El que odia al judío no distingue entre el asimilado y el observante. Para él, todos son portadores del mismo mensaje eterno”.

Esa es la paradoja más cruel. Los judíos alemanes creyeron que habían encontrado el equilibrio perfecto entre su identidad judía “light” y su ciudadanía. Que podían dar lo mejor de sí a Alemania y ser aceptados como judíos, o incluso como descendientes de judíos.

Pero fueron traicionados. Y no por haber sido diferentes, sino por haber sido demasiado parecidos. Su presencia pública, su éxito, su integración, no los protegieron. Al contrario: los convirtió en un blanco más visible, más deseado. Y junto a ellos fueron arrastrados también los judíos que no se habían asimilado. Nadie quedó a salvo.

El mensaje de Elon no es religioso. No está escrito como una obra de Teshuvá. Pero, leída con ojos abiertos, su historia deja una enseñanza profundamente judía: que el antisemitismo no desaparece con concesiones. Que estas concesiones no abren la puerta a la aceptación. Que para muchos gentiles, el judío o el descendiente de judíos siempre será “el otro”.

La asimilación no nos salvó: nos hizo más apetitosos para el insaciable antisemita.

La próxima vez que alguien sugiera que debemos “adaptarnos más”, “mezclarnos más”, o “dejar de insistir tanto en nuestra diferencia”, recordemos esta historia.

No fue la fidelidad a la Torá lo que nos puso en peligro. Fue, en la mayoría de las veces, la renuncia a ella y la fantasía de la “normalización” lo que nos dejó sin ancla cuando llegó la tormenta.

Nunca nadie fue perseguido por ser demasiado judío. Pero millones murieron por haber pensado que ya no lo eran.




LA NEGACIÓN DEL HOLOCAUSTO: Ayer, hoy y mañana

La negación del Holocausto tiene muchas variantes y matices. A veces se niega que el Holocausto haya ocurrido, presentándolo como “propaganda sionista”. Esto es típico, por ejemplo, del régimen iraní y sus aliados. Otras veces, se minimiza el número: ¡6 millones es una cifra exagerada; el número es mucho menor! Dice el típico antisemita. O muy sutilmente, se intenta negar la Shoah con argumentos de inclusividad: más de 75 millones de personas murieron en la Segunda Guerra Mundial:¡Los judíos no fueron las únicas víctimas! El Holocausto se compara con otras guerras y conflictos, y a veces, se evita mencionar “a los judíos”, hablando de las víctimas del Holocausto en general. ¡Esto no se hace sin intención!

A continuación, presento muy brevemente algunos datos esenciales que ayudan a aclarar la obsesión que los nazis tenían “específicamente” contra los judíos:

LA SOLUCIÓN FINAL

El 20 de enero de 1942, tuvo lugar la Conferencia de Wannsee, una reunión de los más altos funcionarios del gobierno de la Alemania nazi y los líderes de las SS que establecieron en la estrategia para la implementación de la solución final específicamente al problema judío. Los judíos de Europa serían deportados a Polonia ocupada y asesinados en campos de exterminio. Los miembros de esta conferencia decidieron “unánimemente” implementar el genocidio civil de hombres, mujeres y niños, y no hubo una sola voz disidente.

JUDENREIN

Por primera vez en la historia de la humanidad, un gobierno — ¡elegido democráticamente! — implementó el plan para la destrucción total de otro pueblo, la mayoría de los cuales no vivía en su territorio. El objetivo no era desplazarlos de su tierra o expulsarlos de un territorio particular otro, como ha ocurrido, y lamentablemente sigue ocurriendo con refugiados en todo el mundo. El objetivo de los nazis era “aniquilar a los judíos, sin importar dónde estuvieran”. Borrarlos completamente de la faz del planeta.

SIN OPCIONES PARA LOS JUDÍOS

A diferencia de lo que ocurrió en otras guerras y persecuciones, no había opción para los judíos. Un judío no podía salvarse rindiéndose y aceptando la autoridad del enemigo, como era el caso de todos los demás ciudadanos europeos. Tampoco podían salvar su vida renunciando a su religión, convirtiéndose o bautizándose. La única opción posible que los nazis dejaron para los judíos era: “la muerte”.

PRIORIZANDO A LOS JUDÍOS

Como se muestra al principio del documental de Steven Spielberg “Los Últimos Días”, los alemanes actuaron en contra de sus propios intereses militares. Cuando Hitler tuvo que decidir si enviar sus últimas tropas a luchar en Rusia, donde estaban perdiendo la batalla, o usar estas tropas para deportar a medio millón de judíos húngaros y enviarlos a campos de exterminio, decidió invertir sus esfuerzos en asesinar a los judíos en lugar de intentar ganar la guerra. Los nazis no eran salvajes ni locos. Estos asesinos genocidas eran profesionales educados y hombres y mujeres de familia. Millones de ciudadanos alemanes y personas comunes no tuvieron problema en participar en este plan de exterminio. No fue la locura mental (desde el punto de vista psicológico) lo que les hizo actuar de esta manera, sino un odio ideológico visceral contra los judíos (Amaleq).

Inspirado por las ideas del profesor Shelomo ben Yosef




El Holocausto en las Comunidades Sefaradies 

 

¿QUÉ PODEMOS APRENDER DE NUESTROS ENEMIGOS?

Hoy a dos dias de Yom HaShoah quisiera referirme al Holocausto  en las comunidades Sefaradies. Un tema del que mucho no se habla. En Holanda, Francia, Bulgaria, Yugoslavia e Italia, los judíos sefaradim sufrieron el mismo destino que los judíos Ashkenazies de Europa. Probablemente el caso más estremecedor fue el de la comunidad de Salónica en Grecia, donde cerca de 54.000 judíos , el 95% de su población, fueron exterminados en Auschwitz (ver aquí) .     Mi primera reflexión es que tenemos que aprender una gran lección de nuestros enemigos: que para ellos somos un solo pueblo. No hay diferencias entre Sefaradim, Ashkenazim; más religiosos o menos religiosos, etc.  Debemos hacer lo imposible para sentir que somos miembros de una misma familia.  

LOS JUDIOS DE MARRUECOS Y ALGERIA

Veamos brevemente el impacto de la Shoah en las comunidades judías del norte de Africa: Marruecos, que en 1940 contaba con una población de 200.000 judíos. Algeria, 120.000 judíos.  Túnez, 80.000 judíos, y Libia, 30.000 judíos.   Los primeros tres estados estaban bajo el protectorado francés, mientras que Libia estaba bajo el protectorado italiano.  Francia fue ocupada por los nazis en 1940, lo que se conoce como “La Francia de Vichy”.  Los alemanes gobernaban Francia, sus colonias y también sus protectorados. Y esto incluía : Marruecos, Algeria y Túnez.  En Marruecos y Algeria se establecieron los infames “Statut de Juifs” que les permitía a las autoridades alemanas confiscar las propiedades de los judíos, restringir en extremo sus actividades y prohibir su acceso a la educación, etc.  También establecieron cerca de 30 campos de trabajo para construir la carretera del trans-Sahara, y para eso los alemanes reclutaron unos 4.000 judíos de Marruecos y unos 1.000 judíos de Algeria. Cabe señalar que había un gran diferencia entre estos campos de trabajo y, por ejemplo, Auschwitz o Bergen-Belsen.  En los “campos de trabajo” del norte de África, en un principio, solo llegaron hombres adultos y aptos para el trabajo. Docenas de ellos murieron debido a las condiciones insalubres de los trabajos, el calor abrasador, la enfermedad. Pero la gran mayoría sobrevivió. Los campos de Europa, por otro lado, eran “campos de exterminio”. Los niños, los ancianos, las mujeres y los hombres que no podían trabajar eran inmediatamente exterminados en las cámaras de gas. Y a los hombres y mujeres aptos para el trabajo, se los hacia trabajar pero en última instancia para matarlos. Esta horrible estrategia no tan conocida , tiene “nombre” en el idioma alemán. La expresión es:  Vernichtung durch Arbeit, “asesinar judíos a través de trabajos forzados” . 

Volviendo al Norte de África, el 8 de Noviembre de 1942, , y B”H antes que los nazis puedan llevar a cabo el proceso de deportación y exterminio de los judíos, las fuerzas aliadas dirigidas por el general Montgomery llegaron a las costas de Marruecos y Argelia y pudieron vencer a los nazis dirigidos por el general Rommel en una operación militar llamada “Operation Torch” (ver mapa arriba, y ver este artículo aquí en español).  

LA COMUNIDAD JUDÍA MAS ANTIGUA, FUERA DE ISRAEL

Túnez es una historia aparte. Túnez fue el único país del norte de África que fue ocupado directamente por los nazis. Para comenzar digamos que la población judía de este país, el más pequeño de la región, constituía el 15% de la población total. Los judíos vivían en la capital (del mismo nombre) y en la famosa isla de Djerba. Según la tradición, un grupo de Cohanim (sacerdotes) que servían en el Templo del Rey Salomón escaparon a Djerba cuando el Gran Templo de Jerusalem fue destruido en 586 aec. Y llevaron algunas piedras del Bet haMiqdash que utilizaron para construir allí su sinagoga.  Hasta el día de hoy la mayoría de los judíos de Djerba–más del 60% — son Cohanim, algo que ha sido ratificado recientemente en las pruebas de ADN que detecta el gen de los Cohanim. Djerba es una de las pocas comunidades judías que aun sobreviven en el mundo árabe. Un día después de que comenzó la operación “Torch”, el 9 de Noviembre de 1942, los alemanes ocuparon Túnez. La idea de Rommel era agruparse en ese país y desde allí repeler a las fuerzas aliadas que llegaban desde Marruecos y Argelia, y a las fuerzas británicas que llegaban desde Egipto.   A los pocos días de llegar, y a pesar de que estaban ocupados en pelear con las fuerzas aliadas, los alemanes ordenaron a los líderes de la comunidad judía a pasarles todos los datos de la comunidad. Miles de judíos fueron llevados a los campos de trabajo para construir carreteras militares (la gran mayoría sobrevivió) y más de 200 judíos de ese país fueron trasladados directamente a Europa, donde fueron exterminados en los campos de concentración.  B”H en Mayo de 1943 los aliados derrotaron y expulsaron a los alemanes de Túnez, y las pérdidas de vidas judía no llegaron a ser superiores.   

 

¿QUIENES NO ESTABAN INCLUIDOS EN LA SOLUCION FINAL? 

Una reflexión final sobre algo espantoso.   El 20 de Enero de 1942 tuvo lugar la infame conferencia de Wannsee, que es un pueblito cerca de Berlín. En esa conferencia (ver aquí ) se reunieron los jerarcas nazis con el propósito de evaluar y estrategizar “la solución final” al problema judío.  Allí se mencionó, entre otras cosas, la cantidad de judíos que había que eliminar en Francia. Esta lista indicaba 700.000 judíos. Pero en Francia ¡solo había 350.000 judíos!. Los historiadores dicen que la única forma de entender esta diferencia de números es que los nazis tenían planeado exterminar a todos los judíos de los países que estaban bajo el protectorado francés: es decir, Marruecos, Argelia y Túnez…    

Siempre me definí a mí mismo como “un sobreviviente del Holocausto”.  La simple razón es que, tal como sucedía con el norte de África, la intención de la solución final de los nazis no terminaba en Europa. Si JAS VESHALOM los nazis hubieran triunfado en Europa, entonces los judíos del norte de África, del medio oriente y quizas hasta del continente americano también hubieran tenido que enfrentarse a los artífices de la solución final.  

Todos los judíos del mundo somos sobrevivientes de la Shoah  

  

IZKOR




¿Qué es un milagro?

כי ה אלקיכם ההלך עמכם להלחם לכם עם איביכם להושיע אתכם

Debarim 20  (2).“Cuando llegue la hora de la batalla, el sacerdote se dirigirá al ejército (3). y le dirá (a los soldados): “Escucha, Israel, hoy van a luchar contra sus enemigos: no se desanimen ni tengan miedo; no tiemblen ni se asusten, (4) Porque HaShem vuestro Dios irá (al campo de batalla) con ustedes; Él luchará junto a ustedes contra sus enemigos y les otorgará la salvación ( y la victoria).”

Un milagro se define como un evento sobrenatural en el cual se puede identificar la intervención Divina. Para algunas religiones los milagros consisten en un 100% de intervención de Dios. En nuestra Torá, sin embargo, muchos milagros tienen lugar cuando son precedidos, o acompañados, por la intervención humana. En Purim, por ejemplo, los judíos rezamos para que HaShem nos salvara de un genocidio. Pero Mordejai y Ester tuvieron que actuar, y fue así que se produjo el milagro y obtuvimos nuestra salvación. Exactamente lo mismo ocurrió con los Jashmonayim, que enfrentaron militarmente a los seléucidas y gracias a esas tremendas batallas los milagros de Janucá tuvieron lugar.

El esfuerzo humano es un prerrequisito para la intervención Divina cuando se trata del área política o militar, es decir, cuando nos defendemos o luchamos contra el enemigo. Yehoshua Bin Nun, el sucesor de Moshé y quien encabezó la conquista de la tierra de Israel no recibió la Tierra Santa caída del cielo: él y su ejército tuvieron que luchar con mucho valor contra más de 30 pueblos y conquistarlos. El Creador, como lo dice la Torá en los versículos que mencionamos arriba, “no reemplaza” a los soldados, sino que “los “acompaña” en el campo de batalla y lucha junto al ejército de Israel contra sus enemigos.

Hoy es Yom HaAtzmaut , el día en el que celebramos la independencia del Estado de Israel. Y creo que es el mejor ejemplo de una cadena ininterrumpida de intervenciones Divinas, que estuvieron acompañadas por increíbles  esfuerzos humanos, gestados por decenas de miles de heroes del pueblo judío: soldados, políticos, diplomáticos, militares y lideres religiosos.

Todo este esfuerzo culminó con el establecimiento del estado judío: gracias a la intervención Divina.

Rabino Yosef Bittón




TEMAS DE CONVERSACIÓN PARA UN SEDER INTELIGENTE

¿Cómo se evitó la asimilación en Egipto?
Cuando nuestro patriarca Ya’aqob se preparaba para descender a Egipto y reunirse con su hijo Yosef —el segundo hombre más poderoso de Egipto— tuvo miedo y dudó. HaShem entonces se le reveló a Ya’aqob y le dijo: “No temas descender a Egipto, Ya’aqob, porque allí haré de ti una gran nación”.

¿De qué tenía miedo Ya’aqob?

EVITANDO LO INEVITABLE

Nuestro último patriarca temía que sus nietos y bisnietos se asimilaran a la prestigiosa cultura egipcia y terminaran convirtiéndose en “egipcios de origen semita”. La asimilación de los inmigrantes al país que los acoge no solo es común, sino normal y en cierto modo, deseable. En Estados Unidos hay nietos y bisnietos de inmigrantes italianos, irlandeses o polacos, que llegaron a principios del siglo XX (¡o antes!). Hoy se consideran 100% estadounidenses. No tienen, que yo sepa, ninguna conexión “existencial” con la tierra antigua de sus ancestros, ni con sus antiguas tradiciones, salvo quizá en lo culinario. Este era el temor de Ya’aqob: que sus descendientes se asimilaran.

Ya’aqob hizo dos cosas para evitar la asimilación. Primero, según nuestros Sabios, envió a Yehudá antes de que la familia llegara y le encargó la organización de una especie de escuela hebrea o Talmud Torá. De esta manera, podrían continuar inculcando en sus hijos los valores de Abraham Abinu.

En segundo lugar, Ya’aqob pidió (¡exigió!) a Yosef que llevara su cuerpo y lo enterrara en la tierra de Israel. Así, sus nietos y bisnietos siempre tendrían presente que su lugar está en Israel.

YOSEF SE UNE AL ESFUERZO

Yosef, por su parte, también tomó varias medidas para evitar la asimilación.

Primero, estableció a su familia en la tierra de Goshen, una zona separada. Y dejó en claro al faraón, y a su propia familia, que continuarían dedicándose a la cría de ganado, una ocupación tabú para los egipcios debido a sus creencias religiosas (creían, como muchos hindúes hoy, que ciertos animales encarnaban el espíritu de dioses o de personas fallecidas, y que debían ser dejados en paz). De este modo, Yosef procuró que su familia mantuviera una relación social limitada con los egipcios. Finalmente, Yosef, como su padre, hizo que sus descendientes juraran que también su cuerpo sería llevado fuera de Egipto a la tierra de Israel.

VESTIMENTA, NOMBRES Y LENGUAJE

Y aún hay más. En el plano cultural, los judíos rehusaron adoptar ciertos elementos de la sociedad egipcia. Los hijos y descendientes de Israel conservaron la vestimenta tradicional semita, y no adoptaron el código de vestimenta egipcio. Muy probablemente, los hombres judíos llevaban una barba corta y túnicas de colores especiales. La imagen que se ve más abajo muestra a una familia semita (los egipcios no eran semitas) que venía de Canaán, y se puede ver claramente sus barbas y túnicas, a diferencia de los egipcios rasurados (o sin barba), con túnicas blancas o faldas. El código de vestimenta de los descendientes de Ya’aqob era lo suficientemente distintivo como para diferenciarse visualmente de los no judíos.

Nuestros Sabios también explicaron que los judíos no cambiaron sus nombres hebreos por nombres egipcios. Así, incluso cuando no había un judío presente o visible, si alguien mencionaba a “Leví” o “Shimón”, sabían que se trataba de un individuo judío.

Finalmente, no cambiaron su idioma. Esto significa que los padres hablaban hebreo en casa y los maestros probablemente enseñaban en hebreo en las escuelas. Y quizás, si el idioma materno de los judíos era el hebreo, cuando hablaban egipcio lo hacían con “acento hebreo”.


EGIPTO, VISTO DESDE CHINA

Sobre el origen de estos tres elementos, mi hijo David, que fue rabino en la sinagoga sefaradí de Shanghái (China), compartió conmigo su Jidush. Me dijo que estos tres elementos son mencionados por la Torá en la historia de Yosef, cuando, forzadamente, tuvo que integrarse a la sociedad egipcia. Lo primero que hicieron los egipcios con Yosef cuando lo sacaron de la prisión fue afeitarlo y vestirlo como egipcio. Luego, los egipcios cambiaron su nombre hebreo “Yosef” por un nombre egipcio, “Tsafenat Pa’aneaj” (el que descifra lo oculto). Y finalmente, también vemos que Yosef adopta el idioma egipcio como lengua principal, ya que cuando se comunicaba con sus hermanos, antes de revelarles su identidad, lo hacía por medio de un intérprete. No creo que sea coincidencia que estos mismos tres elementos hayan sido identificados por nuestros Sabios (¡o quizás por el mismo Yosef!) como claves para comprender cómo se acelera el proceso de asimilación de un grupo humano en su nuevo entorno.


APRENDIENDO DEL PASADO

Resumiendo y pensando en nuestra realidad actual, aprendemos que hace 3500 años nuestros antepasados hicieron todo lo posible por evitar la asimilación: estableciendo un sistema propio de educación judía; manteniendo un vínculo muy fuerte con la tierra de Israel; viviendo en comunidad; trabajando en oficios con poca interacción con los egipcios; usando una vestimenta que los identificaba como judíos (como podría ser hoy una kipá); conservando sus nombres hebreos y aprendiendo y hablando hebreo: el idioma de Abraham, Itzjaq y Ya’aqob.

¿ES BUENO PARA LOS JUDÍOS UN CAMBIO DE GOBIERNO?

וַיָּ֥קָם מֶֽלֶךְ־חָדָ֖שׁ עַל־מִצְרָ֑יִם אֲשֶׁ֥ר לֹֽא־יָדַ֖ע אֶת־יוֹסֵֽף

“Se levantó un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía a Yosef.” (Shemot / Éxodo 1:8)

Ya explicamos (Éxodo 1:7) que después de dos o tres generaciones de haber llegado a Egipto, los judíos nacidos allí empezaron a sentirse como en casa: lo primero que hicieron fue abandonar su comunidad, Goshen, y aventurarse en el territorio egipcio en busca de nuevas oportunidades económicas. El siguiente versículo nos muestra cómo comenzó a empeorar la situación de los judíos. Éxodo 1:8 dice: “Y se levantó un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía a Yosef”.

UNA NUEVA DINASTÍA

Había dos formas de convertirse en faraón en Egipto: heredando el trono del padre (o del abuelo), o liderando un golpe de Estado contra el monarca de turno. Todo parece indicar que en este caso fue lo segundo, una revuelta militar que produjo una nueva dinastía, algo no inusual en Egipto. Como suele ocurrir en estos casos, los aliados del gobierno anterior ahora son los enemigos del nuevo gobierno. Los judíos gozaban de una posición privilegiada con el faraón de la época de Yosef. Este nuevo rey, sin embargo, “no conocía” a Yosef. Esto no significa que nunca hubiera oído hablar de él: Yosef era extremadamente famoso. Salvó la economía de Egipto con sus predicciones proféticas sobre los años de hambruna y sirvió lealmente a Egipto. Los egipcios agradecieron profundamente a Yosef por salvarles la vida y darles alimento y semillas para sembrar. Yosef era un héroe nacional. Pero ahora el nuevo faraón decide reescribir la historia y condenar a Yosef, no al olvido, sino al desprecio.

¿POR QUÉ?

LA NECESIDAD DE UN ENEMIGO

El filósofo italiano Umberto Eco explicó en su ensayo “Construyendo al enemigo” que para muchos gobernantes, especialmente dictadores, un enemigo —real o imaginario— es una necesidad esencial. Sirve al dictador para consolidar su poder creando un sentimiento de unidad nacional basado en el odio a un enemigo común. Ese enemigo será culpado de todos los males del Estado. Y esto servirá al tirano como perfecta distracción de los problemas internos que no puede resolver. Durante siglos, el enemigo favorito de la humanidad ha sido el pueblo judío. Y este fenómeno, que aún persiste —por ejemplo, en la obsesión de las Naciones Unidas contra Israel— nació en Egipto.

El nuevo faraón redefinió a Yosef y sus descendientes como “enemigos del pueblo”. Y durante mucho tiempo me pregunté cómo pudo ocurrir eso. ¿Era posible reescribir la historia, borrar la memoria nacional de un pueblo y convertir a héroes en villanos?


NADA NUEVO BAJO EL SOL

He notado algunas similitudes entre lo que ocurrió con Yosef y ciertos eventos que tuvieron lugar en Estados Unidos en los últimos meses. Hay algunos grupos extremistas en Estados Unidos que se dedican, entre otras cosas, a borrar la memoria histórica de este país, demonizando a “héroes nacionales”.

Tomen, por ejemplo, a Thomas Jefferson (1743-1826), uno de los Padres Fundadores de Estados Unidos; que fue el tercer presidente del país, y entre otras cosas, el principal autor de la Declaración de Independencia y un defensor de la democracia y de los derechos individuales. Pero como era dueño de esclavos —lo cual en aquellos tiempos era la norma aceptada— hoy se lo critica y demoniza como si “fuera dueño de esclavos hoy, en 2021”. O Abraham Lincoln (1809-1865), el presidente que puso fin a la esclavitud en Estados Unidos. Las estatuas de estos héroes han sido destruidas o vandalizadas. Escuelas que llevan sus nombres serán renombradas. Y lo mismo ocurre con Cristóbal Colón, George Washington, Benjamin Franklin, o en Inglaterra con el Capitán James Cook y otros.

Estos revisionistas radicales están tratando de reescribir la historia de manera anacrónica, basados en una agenda política, convirtiendo a los héroes del pasado en los nuevos villanos del presente.


UN MIDRASH Y LA ACTUALIDAD

A pesar de las obvias diferencias, lo que uno ve hoy ilumina lo que pasó entonces. Me queda más claro entender lo que ocurrió en Egipto y cuáles fueron las tácticas que usó el faraón para “demonizar” a Yosef y hacer creer al pueblo egipcio que todos sus problemas eran culpa de él. ¡Y que ahora sus descendientes tendrían que pagarlo!

El Midrash Tanjuma presenta una opinión que parece surrealista por su contemporaneidad tan increíble. Dice que el nuevo faraón “mandó exhumar los restos de Yosef de su lujosa tumba y los arrojó al Nilo, como muestra de desprecio por parte del nuevo gobernante egipcio hacia el gran líder judío”.

La Torá no es una colección de mitos antiguos o cuentos. A veces el presente nos ayuda a entender mejor la Torá; y la Torá nos permite analizar y comprender mejor los eventos actuales, mostrándonos patrones de conducta del pasado que aún podemos identificar hoy.

LA GRAN LECCION DEL MAROR

Rabán Gamliel indica que el «Maror», la verdura amarga que consumimos durante las dos primera noches de Pésaj, representa una de las tres ideas centrales que debemos transmitir a nuestros hijos en el Seder . El Maror nos recuerda que los egipcios nos demonizaron, nos esclavizaron y nos hicieron sufrir. Pero, ¿por qué es tan importante transmitir esta lección «dolorosa» a la próxima generación en la noche del Seder? ¿No deberíamos concentrarnos exclusivamente en celebrar nuestra libertad?

Hay varias razones por las que debemos recordar el significado del Maror.

Primero, al debatir el orden en que debe contarse la historia de Pésaj, nuestros sabios entendieron que tenemos que mencionar las cosas malas que nos sucedieron, y que estos recuerdos dolorosos deben mencionarse primero, para que de esta manera apreciemos más y mejor la libertad que obtuvimos y las cosas buenas que nos pasaron.

Segundo, porque el odio hacia el pueblo judío, simbolizado por el Maror, lamentablemente no es algo del pasado. De alguna manera, nuestros hijos deben saber que nuestro destino como pueblo elegido implica estar expuestos a la demonización y a la persecución. Es una parte integral del privilegio de pertenecer al pueblo judío.

Y creo que hay una razón adicional muy importante para preservar la memoria de nuestro sufrimiento. La Torá nos enseña a canalizar de manera positiva la memoria del dolor que sufrimos en Egipto. ¿Cómo? Haciendo todo lo posible para que otras personas NO sufran. Esta idea y el momento en que esta idea es transmitida, me parece que es una REVOLUCIÓN en el pensamiento humano.

Hay un patrón de conducta que siempre se repetió en la historia. Las civilizaciones que fueron oprimidas y esclavizadas luchaban por su libertad, y luego, cuando triunfaban, su primera necesidad era la venganza: hacer sufrir a sus perseguidores. Pero no terminaban ahí. Una vez que las personas que habían sido oprimidas se volvían más fuertes y poderosas, se dedicaban a conquistar otros pueblos, esclavizarlos y hacerlos sufrir, como habían sufrido ellos. Este comportamiento sádico es un fenómeno psicológico bien conocido. Las estadísticas muestran que hay una proporción muy alta de personas «abusivas» (en todos los sentidos) que han sido abusadas en el pasado.

La Torá presenta aquí una revolución moral. Una visión 180 grados diferente.

La Mitzvá que la Torá más veces repite es: “Y amarás [= te preocuparás por, cuidarás de…] al extranjero [= los pobres, las personas más expuestas al abuso], porque ustedes han sido extranjeros en la tierra de Egipto». La Torá nos enseña a canalizar el abuso que sufrimos en Egipto de una manera contra-intuitiva, casi sobrenatural. En lugar de alimentar o justificar la sed subconsciente de venganza y abuso, nosotros, el pueblo de Dios, debemos comportarnos con más compasíon con los necesitados.

La Torá nos dice: Tú sabes lo que significa el sufrimiento, por lo tanto, no dejes que otras personas sufran ya que estás mejor calificado que aquellos que no sufrieron, para evitar que otros sean humillados y oprimidos.

Si bien aquellos que experimentaron opresión naturalmente albergan sentimientos de venganza, a los judíos se nos pide que enseñemos a nuestros hijos a preservar el recuerdo de nuestra aflicción para procesar nuestros recuerdos de abuso de forma positiva y ser más sensibles  con aquellos que sufren.

Conozco a muchas personas buenas y generosas. Pero, sinceramente, las personas más amables, compasivas y angelicales que he conocido son algunos sobrevivientes del Holocausto. Entre ellos, por ejemplo, a la rabbanit Esther Jungreis z»l, que dedicó su vida a inspirar a otros a ser buenos, generosos y pacientes (mira su video abajo). O a Yehuda Lindenblatt, un sobreviviente de la Shoah –un hombre muy mayor– que se dedica a ser voluntario en Hatzalah y salvar vidas. Con los años, he conocido a muchos otros sobrevivientes del Holocausto. Y me sorprendió su extraordinaria amabilidad y altruismo. Estos ancianos sufrieron lo inconcebible. Sus familias fueron destruidas. Y siguiendo el sentido común de los abusados que se transforman en abusadores, los sobrevivientes del Holocausto deberían ser las personas más malvadas y abusivas del planeta. Sin embargo, ¡son todo lo contrario! Y creo que todo el crédito le corresponde a nuestra Torá, a esta increíble idea que Dios proyectó en nuestras mentes: DEBEMOS AYUDAR A LOS QUE SUFREN, PORQUE SABEMOS PERSONALMENTE LO QUE SIGNIFICA EL SUFRIMIENTO. Esta idea contra-intuitiva en términos de psicología humana, es una idea Divina, que se convirtió en parte de nuestro carácter y nuestro ADN.

¡Que HaShem nos inspire y nos ayude para que siempre estemos del lado de los que dan!




SHEMINI: Controlar lo que uno come

KASHRUT Y AUTOCONTROL

En la Parashá de esta semana, la Torá introduce la dieta del pueblo judío: el Kashrut. Esta dieta no tiene que ver necesariamente con el bienestar físico, como una dieta baja en calorías o cualquier otro régimen que seguimos para adelgazar o mantenernos saludables. El Kashrut tiene que ver con algo más profundo: con una conducta, un comportamiento que la Torá llama Kedushá — santidad — que HaShem exige a Su pueblo.

¿Qué es la Kedushá? Según la Torá, la santidad se construye sobre un concepto fundamental: el autocontrol y la autodisciplina. Especialmente en aquellas áreas del comportamiento humano vinculadas a la satisfacción de instintos primarios, como la alimentación y la vida sexual. Controlar nuestros impulsos nos humaniza, nos diferencia de los animales, que por naturaleza no pueden decir “no” a sus impulsos. Esa capacidad de decir “no” es lo que nos eleva: nos hace “sobrenaturales” .

La Guemará en Pesajim (49b) lleva esta idea a un extremo sorprendente: según Ribbí Yehudá HaNasí, no todo individuo tiene el derecho de consumir carne. רַבִּי אוֹמֵר: עַם הָאָרֶץ אָסוּר לֶאֱכֹל בָּשָׂר — “Una persona sin educación mínima no debería consumir carne”. ¿Por qué? Porque quien no puede controlar sus propios impulsos no se encuentra en un nivel moral superior al de los animales — y por lo tanto, no tiene el derecho de alimentarse de ellos.

KASHRUT Y EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

Los judíos comenzamos a entrenarnos en el autocontrol desde muy pequeños. Recuerdo una vez, en una fiesta, que un señor no judío se acercó a mí para felicitarme por uno de mis hijos pequeños. Le había  ofrecido un dulce y mi hijo le dijo que no podia comerlo  porque no sabía si era Kasher. Esto es más o menos lo que me dijo:

“Rabino, ¿cómo se educa a un niño de 5 años para que tenga esa clase de autodisciplina? Yo tengo tres hijos, uno de esa edad, y la verdad es que no puedo con sus apetitos. Los niños de hoy son consumidores voraces, entrenados por la sociedad para consumir absolutamente  todo lo que se les presenta. Son insaciables. Pero su hijo es diferente: le ofrecí unos dulces, los tomó y me dio las gracias — pero antes de llevárselos a la boca, fue a preguntarle a su hermano mayor si podía comerlos. ¿Cuál es el secreto? ¿Qué premio le prometió? ¿Lo amenazó con algún castigo?”

Le respondí que no había premios ni amenazas. Que cualquier niño judío criado en un hogar que observa Kashrut desarrolla naturalmente ese nivel de autocontrol. Y mientras lo decía, me sorprendí al escucharme: “nunca tuve que explicarles a mis hijos las leyes de Kashrut. Las vivieron. Las aprendieron solos, imitando lo que vieron en casa.

Hay algo notable en esto. El Kashrut es una Mitzva que un niño practica mucho antes de comprenderla. No hay una explicación que “haga clic” a los 3 o 4 años. El niño simplemente nace en un mundo Kasher y lo vive. Y cuando crece, esa práctica ya es parte de su identidad — no solo de su teología.

KASHRUT E IDENTIDAD

El Kashrut es también una de las señales más poderosas de identidad judía. A veces me he sentado en un avión junto a alguien sin ninguna identificación judía visible — kipá, Maguén David, etc. y descubrí su identidad judía  cuando le sirvieron su bandeja Kasher. En un viaje, en un hotel, en una reunión de negocios: el Kashrut nos identifica.

Seguir una dieta Kasher nos hace más conscientes de nuestras elecciones y crea naturalmente una afinidad con quienes comparten nuestras prácticas,  precisamente en torno al elemento más universal de toda reunión social: la comida.

KASHRUT Y ASIMILACIÓN

La primera vez que la Torá presenta la dieta como un factor de separación fue en Egipto: una protección de la identidad judía. La cultura egipcia era radicalmente diferente de la cultura semítica, especialmente en lo que respecta a la alimentación. Para los egipcios, los animales eran sagrados — los adoraban como dioses, igual que hoy se venera a las vacas en la India. Comer carne animal era una to’evá, una abominación.

Los hermanos de Yosef se presentaron ante el Faraón como pastores que criaban, esquilaban y consumían ovejas y carneros. Y cuando Yosef le informó al Faraón que su familia había llegado de Canaán, le pidió expresamente un lugar de residencia separado de los súbditos egipcios. No era un capricho: era una estrategia. Al vivir en Goshen, apartados del entorno egipcio,  Bene Israel no se asimilaron y preservaron su identidad durante generaciones. Como explica el Seforno, fueron precisamente estas diferencias en la alimentación las que impidieron la integración social con los egipcios — y protegieron la identidad del pueblo de Israel.




La esclavitud en Egipto y la Shoah en Europa

ÉXODO 1:11
Entonces los egipcios impusieron [trabajos forzados a los hebreos] y capataces que [los obligaban a trabajar] para debilitarlos con dura labor. Y los hebreos construyeron para el faraón las ciudades fortificadas de Pitom y Ramsés.


IMPUESTOS

En la primera fase de la “solución final” de Faraón, el pueblo de Israel no fue técnicamente esclavizado. De hecho, en Éxodo 1:11–12 no se menciona la palabra “esclavitud” ni “cautiverio”. Sin embargo, el texto hebreo enfatiza la palabra missim, es decir, “impuestos”. En efecto, los israelitas trabajaron para el faraón en la construcción de Pitom y Ramsés. Pero esta forma de trabajo forzado era un procedimiento legal legítimo: una forma de pagar impuestos al gobierno. El faraón, como soberano, tenía todo el derecho de exigir a sus súbditos cualquier servicio: alistarse en el ejército para defender su territorio o trabajar en proyectos de construcción que él considerara necesarios.

Como vimos en el discurso del faraón, los hebreos eran considerados extranjeros; por lo tanto, debían contribuir con trabajo manual en lugar de servir en el ejército egipcio. En esta primera fase, el trabajo consistía en edificar las ciudades de Pitom y Ramsés, que según la interpretación más aceptada eran fortificaciones militares. Estas no se construían con ladrillos de barro, sino con piedras talladas. Es probable que en ese tiempo los hebreos trabajaran en las canteras extrayendo piedras, tallándolas y transportándolas para las construcciones.

Aunque estos impuestos laborales para extranjeros eran comunes, el objetivo detrás de este trabajo forzado a los hebreos no era económico: era un plan genocida, como analizaremos a continuación.


GENOCIDIO

Cuando el faraón pronunció su infame discurso (Éxodo 1:9–10), advirtió a su pueblo sobre la supuesta amenaza que representaban los hebreos y propuso un plan estratégico para (haba nitchakema lo) debilitarlos económica y demográficamente. Les impuso trabajos en la construcción de Pitom y Ramsés, obligándolos a abandonar sus ocupaciones y dormir en los campos, lejos de sus esposas. De esta manera sofisticada y no violenta, el poder y la tasa de natalidad del pueblo hebreo se reducirían significativamente.

Sin embargo, como lo indica el versículo siguiente, el plan del faraón no tuvo los resultados esperados.


ÉXODO 1:12
Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y crecían. Y los egipcios temían a los hijos de Israel.

El plan de Faraón fracasó. El pueblo de Israel no se debilitó, sino que se fortaleció y siguió creciendo. En este punto, el faraón decide iniciar la segunda fase de su plan: la esclavitud.


ÉXODO 1:13
Entonces los egipcios esclavizaron a los hijos de Israel con parej.

Por primera vez, el texto menciona la palabra vaya’abidu —esclavizar— seguida de una palabra crucial: parej, que significa esclavitud total, es decir, sumisión incondicional e indefinida del esclavo a su amo.

Para comprender mejor esta fase, recordemos la fase anterior: “impuestos”. Los hebreos tenían una tarea asignada: construir los proyectos del faraón. Seguramente debían pagar ellos mismos los materiales, pero probablemente podían contratar obreros que hicieran el trabajo por ellos. Y, lo más importante, al terminar el proyecto, podían volver a sus vidas.

Pero en la segunda fase, parej, ya no se les asignaba un proyecto específico. Ahora, debían servir directamente a los egipcios. El faraón los declaró “enemigos del pueblo”. Fueron capturados, encadenados y entregados a civiles egipcios para trabajar para ellos, día y noche. Estaban completamente a merced de sus nuevos amos egipcios, que tenían control total sobre sus vidas.


LOS VERDUGOS VOLUNTARIOS DEL FARAÓN

Visualizar este escenario resulta difícil desde la comodidad de nuestras vidas modernas. Solo logré pensar más realísticamente sobre este tipo de esclavitud al recordar la Shoá. La primera vez que vi una comparación entre la esclavitud en Egipto y el Holocausto fue en el libro de Elie Wiesel Job: Ou Dieu dans la tempête. Siguiendo esa línea, en esta segunda fase, las casas, propiedades y bienes de los hebreos fueron confiscados por el gobierno y entregados al faraón. Hombres, mujeres y niños fueron capturados, humillados, llevados a “guetos”, al estilo de los judíos europeos en 1940. Pero en lugar de campos de concentración, fueron entregados a civiles egipcios como mano de obra gratuita.

Esta idea —que los hebreos no trabajaban para el gobierno, sino que fueron entregados a egipcios comunes— fue señalada por el rabino Meir Wisser, el Malbim (Rusia, 1809–1879). Él explica que la palabra “Mitsrayim” no se refiere en este caso al gobierno de Egipto, sino a los egipcios como individuos: “Y los egipcios esclavizaron a los hijos de Israel.” Es decir, como lo describe Daniel Goldhagen en su libro Los verdugos voluntarios de Hitler, los civiles comunes también fueron cómplices. El Malbim escribe: “Los hebreos ya no trabajaban para el monarca, sino para la población general. Eran esclavos de los esclavos del faraón, y estaban obligados a hacer cualquier trabajo que un egipcio les exigiera.”


ÉXODO 1:14
“Y [los egipcios] amargaron sus vidas con durísimo trabajo, [como extraer] barro y hacer ladrillos…”

Este versículo describe la manera sádica y brutal en que los egipcios trataron a sus esclavos hebreos. El texto bíblico utiliza aquí la palabra vayimareru, “y amargaron sus vidas”. De esa palabra proviene maror, las hierbas amargas que comemos en la noche del Séder de Pésaj para recordar la amargura de la esclavitud en Egipto.

Pero, ¿cuál era la fuente de esta animosidad? Generalmente, un amo cuida a su esclavo. Los esclavos africanos traídos a América eran vendidos a precios elevados. Aunque eran explotados, también se les cuidaba por conveniencia: eran propiedad valiosa.


¡TRABAJO HASTA LA MUERTE!

Sin embargo, los hebreos en Egipto fueron tratados con amargura, rencor y odio. Había algo profundamente personal en este maltrato. Una posible explicación: durante décadas, desde la época de Yosef, los hebreos vivieron con privilegios en la fértil región de Goshen. Es posible incluso que algunos egipcios trabajaran para ellos. Ahora, el faraón los acusó de haberse enriquecido a costa del pueblo egipcio (ran veatsum mimenu). Faraón les da a los egipcios esclavos judíos —¡posiblemente sus antiguos amos! Para los egipcios, esto fue una venganza. Los hebreos estaban totalmente a merced de amos resentidos, que buscaban hacerlos sufrir, tanto física como psicológicamente.


LOS TRABAJOS MÁS INSALUBRES

La esclavitud en Egipto no fue una esclavitud “económica”. Los hebreos eran considerados enemigos del pueblo. Se les asignaban los trabajos más peligrosos y mortales, aquellos que ningún egipcio quería hacer. La Torá menciona jomer ulebenim, barro y ladrillos. Uno de los trabajos más agotadores de Egipto. Se hacía mezclando barro, limo del Nilo y estiércol. Esa mezcla se pisaba durante 4 o 5 días hasta que fermentaba. Luego se le agregaba paja para dar consistencia. Todo esto se realizaba en los pantanos del Nilo, infestados de cocodrilos, hipopótamos, mosquitos, bajo un sol abrasador.

Maimónides explica que nuestros Sabios instituyeron la Mitsvá del jaroset en el Séder de Pésaj para recordar esas imágenes traumáticas. La pasta marrón recuerda el color y textura del barro; el vinagre, la amargura o las lágrimas del cautiverio; y los tebalin —hierbas o especias finamente cortadas— representan la paja. Esa labor se convirtió en un trauma nacional imborrable.


LA SHOÁ EGIPCIA

El objetivo final de la esclavitud egipcia, abodat parej, era el mismo que el de la Shoá europea. La vida de un judío en Egipto, como en la Europa de los años 40, no valía nada. Ni siquiera el valor de su trabajo. Los hebreos eran como prisioneros de campos de concentración: debían trabajar hasta morir. No había enfermerías para los enfermos o heridos. Si un esclavo caía, era reemplazado. El fin no era la productividad, sino la eliminación.

Y una última observación escalofriante: esta esclavitud mortal tenía un nombre especial en hebreo: abodat parej. Increíblemente, en alemán también tenía un nombre específico: Vernichtung durch Arbeit, “exterminio por medio del trabajo”.

Esta horrorosa expresión describe exactamente la práctica de los nazis en los campos de concentración con los judíos que no eran enviados directamente a las cámaras de gas: los hacían trabajar hasta morir.

Según Wikipedia, el “exterminio mediante el trabajo” fue una práctica sistemática en los campos nazis para asesinar prisioneros por medio del agotamiento físico extremo.

Esta expresión no nació en Egipto, pero la realidad que describe está presente desde nuestra memoria nacional más temprana. Cuando nos sentamos en el Séder y observamos la textura del jaroset, no solo recordamos la esclavitud, sino que damos testimonio de un intento sistemático por erradicarnos… y del milagro de nuestra supervivencia.