¿Vender o no vender el Jamets?




NO TODAS LAS MATSOT SON IGUALES
Todas las Matsot son iguales en cuanto a su composición (harina, agua y un proceso de elaboración que lleva menos de 18 minutos). Y durante siglos todos los Matsot fueron hechas a mano. Esto cambió en 1838 cuando Isaac Singer inventó la primera máquina para hacer Matsot. A mediados del siglo XIX hubo un gran debate entre los rabinos europeos. Algunos se opusieron a las Matsot hechas con máquina argumentando que era imposible limpiar y eliminar por completo de la máquina los más pequeños remanentes de masa entre una producción y la otra. Esto significaba que para el rabino Shlomo Kluger y otros, las Matsot hechas a máquina no eran Kasher para Pésaj! Por otro lado, otros rabinos, como el Ketab Sofer, argumentaron que las Matsot hechas a máquina tenían un estándar de Kashrut más alto que el Matsot hecho a mano, ya que el uso de máquinas disminuiría la posibilidad de errores humanos, como por ejemplo, dejar una porción de la masa desatendida, lo que podría conducir a una fermentación accidental .
Esta controversia duró algunos años. Pero al final, la mayoría de los rabinos concluyeron que al establecer ciertas pautas para limpiar a fondo las máquinas, el Kashrut de esas Matsot estaba más allá de cualquier discusión.
INTELIGENCIA HUMANA VS ARTIFICIAL
Hay otro punto de debate que continúa hasta nuestros días. Es el tema de la “intencionalidad” o kavana. Para explicar este punto, tendré que elaborarlo un poco más ampliamente.
Cuando se fabrica un artículo religioso, este artículo y sus accesorios deben hacerse con la intención específica de ser usados para esa Mitzvá en particular. Ejemplo: no podemos usar una pieza de cuero, originalmente fabricada para hacer zapatos o cinturones para hacer un Tefillin o sus correas. ¿Por qué? Debido a que la ley judía requiere que el cuero usado para hacer Tefilín tiene que ser procesado desde un principio “explícitamente” con el propósito de ser usado para la mitzvá de Tefilín. Por esta razón, antes de comenzar la producción del cuero que se utilizará para el Tefillin, la persona a cargo dice: “leshem mitzvat tefillin” “Estoy procesando este cuero para ser usado para la Mitzva de Tefillin”. La intencionalidad en la producción de un artículo religioso es un requisito halájico. El mismo principio se aplica, por ejemplo, para los hilos del Tzitzit (las “fimias” del Talit). Deben hacerse desde el principio para este propósito específico. Si hay hilos que fueron producidos con un propósito diferente en mente, como por ejemplo para producir cortinas, o incluso si fueron producidos sin un propósito específico, estos hilos no se pueden usar para cumplir con la Mitzva del Tzitzit. Y lo mismo se aplica a las otras Mitzvot.
Volviendo a nuestro tema: las Matsot que consumimos durante las dos primeras noches de Pésaj son “Matsot Mitzva” y deben ser elaboradas con el propósito explícito de cumplir con el Mitzvá de comer Matsá. Y la pregunta que surgió cuando se inventaron las máquinas para producir Matsot fue: ¿podemos asumir que la “intencionalidad humana” requerida para la producción de la Matsá es suficiente cuando el hombre dice “Estoy elaborando estas Matsot para cumplir coin esa Mitsvá” (leshem matsot mitzva) al activar la máquina? ¿O deberíamos suponer que la intencionalidad no se transfiere al elemento no humano involucrado en el proceso? Este debate fascinante aún permanece. Y afecta no sólo el área de la Matzá sino otras áreas de la ley judía, por ejemplo, muchas personas solo usan un Tzitzit con hilos elaborados a mano.
SOLO POR DOS NOCHES
En el caso de las Matsot, debemos aclarar que esta discusión se aplica solo a los Matsot que se usan durante el Seder, cuando decimos la Berajá ‘al ajilat Matsa y necesitamos tener Matsot Mitzva.
Finalmente, algunos rabinos dicen que las Matsot hechas a máquina (¡también hay Matsa Shemurá hecha a máquina!) pueden usarse durante las primeras dos noches, mientras que otros rabinos, incluido el rabino Obadia Yosef z ”l, recomiendan , cuando sea posible, usar Matsot hechas a mano para las dos primeras noches de Pésaj. Mientras que para el resto de Pésaj, se podría usar cualquier Matsa.
Los jasidim (Jabad y muchos otros grupos jasídicos) son muy estrictos en este tema, y utilizan Matsot exclusivamente hechas a mano durante todo Pésaj.
A veces, puede haber un problema económico involucrado en este asunto. Las Matzot hechas a mano son más caras que las Matzot hechas a máquina. Por lo tanto, en el caso de una familia que no puede pagar el costo del Matsot hechas a mano, muchos rabinos aprobarían el uso de Matsot de máquina incluso para las dos noches del Seder, apoyándose en las opiniones menos estrictas.


El Rabino Yom Tob Tsahalon escribió un magnífico comentario sobre Meguilat Ester llamado Leqaj Tob, en el que ofrece una explicación muy clara sobre la dinámica de los eventos ocurridos en Purim. La siguiente explicación está basada en sus palabras.
Hamán, el primer ministro del rey Ajashverosh, redactó un decreto con la firma del rey, que ordenaba la aniquilación de todos los judíos del imperio persa en el día 13 de Adar de ese año. Este decreto fue enviado a todas las ciudades del reino. Según la mayoría de los comentaristas, el rey no estaba al tanto del contenido exacto del decreto que Hamán había enviado.
Cuando Mordejai se entera de este edicto, alerta a Ester. La reina, después de una serie de eventos providenciales, logra exponer a Hamán ante el rey. Como resultado, Ajashverosh ordena la ejecución de Hamán y nombra a Mordejai en su lugar. Sin embargo, existía un problema técnico: las leyes del imperio establecían que los decretos reales no podían ser cancelados.
Entonces, ¿cómo se podía evitar la matanza de los judíos?
El plan de Hamán era astuto. Para no gastar recursos ni utilizar al ejército real en la ejecución del decreto, Hamán había diseñado un edicto que incentivaba a los ciudadanos del imperio a atacar a los judíos, mientras los judíos, por ley no podrían defenderse. Y como recompensa, los civiles podrían quedarse con las propiedades de sus víctimas.
Frente a esto, Ester y Mordejai propusieron una solución: emitir un segundo decreto que otorgara a los judíos el derecho a pelear y defenderse.
לכך רמז שהגזרה הראשונה במקומה קיימת, אמנם נתן המלך ליהודים … שיוכלו להלחם ולעמוד על נפשם, ומי שינצח ינצח
Por eso el texto de la Meguilá indicó que el primer decreto seguía vigente. Sin embargo, el rey concedió a los judíos… que pudieran luchar y defender sus vidas, y quien venciera, vencería.
Este segundo edicto cambió completamente el panorama. Ahora, el 13 de Adar no sería un día de masacre sin oposición, sino de un enfrentamiento entre los judíos y sus enemigos. La Meguilá no nos dice cuántos judíos murieron en esa batalla, pero sí nos informa que, en defensa propia, los judíos mataron a 75,000 de sus atacantes.
La clave de la victoria: unidad
El Rabino Tsahalon continúa explicando que el privilegio que el rey otorgó a los judíos no fue solamente el derecho a defenderse, sino también el permiso para unirse y ayudarse mutuamente.
Esto era crucial porque, a diferencia de otros pueblos del imperio, que solían vivir concentrados en una misma ciudad o región, los judíos estaban dispersos en distintas ciudades y provincias. Normalmente, cada comunidad judía vivía de manera independiente, pero en Purim, ocurrió algo extraordinario: los judíos se unieron. En el 13 de Adar del año 474 a.C., los judíos de Persia comprendieron que si querían sobrevivir, no podían luchar cada uno por separado. En lugar de resistir individualmente en cada ciudad, tomaron la iniciativa de movilizarse y ayudarse mutuamente.
En las palabras del Rab Tsahalon: המתנה שנתן להם (המלך) היא שיקבלו כל היהודים שבכל העיירות יחד בעיר אחת לסייע חבריהם ולהנקה מאנשי אותה העיר , וז״ש אשר נתן המלך ליהודים אשר בכל עיר ועיר להיקהל
El privilegio que el rey les concedió fue que los judíos de todas las ciudades pudieran reunirse en una sola ciudad para ayudar a sus compañeros y pelear contra los enemigos de esa ciudad. Y esto es lo que significa cuando dice: “que el rey concedió a los judíos de cada ciudad reunirse”.
La estrategia de defensa
Imaginemos una comunidad judía en una ciudad de Turquía con 1,000 judíos, y a pocos kilómetros, otra comunidad en la frontera con Siria con solo 10 judíos. Bajo circunstancias normales, estos grupos no interactuaban demasiado. Pero en este momento crítico, los judíos comprendieron que su supervivencia dependía de la unidad. La comunidad más grande envió un contingente de 100 judíos armados para defender a sus hermanos en la ciudad más vulnerable. Este mismo patrón se repitió en todo el imperio. Los judíos se organizaron estratégicamente, formando redes de defensa y apoyo mutuo.
Gracias a esta colaboración sin precedentes, los judíos lograron resistir y vencer a sus agresores. No fue la fuerza individual la que salvó al pueblo judío, sino su capacidad de actuar como un qahal, una congregación unida.
Purim: un recordatorio de nuestra unión
La Meguilá enfatiza constantemente la palabra “וַיִּקָּהֲלוּ“ (ve’niqhalu), que significa que los judíos se congregaron, se reunieron y actuaron juntos. Este concepto de unidad no quedó en el pasado, sino que se convirtió en el eje de la celebración de Purim.
Por eso, las mitsvot de Purim reflejan esa misma idea de unión y solidaridad:
Purim no solo celebra la salvación del pueblo judío de un genocidio, sino que nos recuerda que la verdadera fortaleza de nuestro pueblo siempre ha estado en su unidad. Cuando nos ayudamos y actuamos juntos, no hay enemigo que pueda vencernos.

TRABAJO FORZADO
En la Parashá de esta semana, Terumá, comenzamos a leer sobre el Mishkán o Tabernáculo, es decir, el Templo que el pueblo de Israel construyó en el desierto. Dentro del Mishkán había ciertos artefactos sagrados (כלים), como el Arca del Pacto, donde estaban las dos tablas de la Ley; la Menorá, una mesa especial (shulján hapanim) y el altar del incienso. Todos estos objetos se hicieron de oro puro. También había otros elementos y piezas del Tabernáculo que se hacían de plata o de cobre: vigas de una madera especial y cortinas confeccionadas con telas muy finas, etc.
La pregunta que surge es: ¿de dónde sacó Moshé estos metales preciosos y los demás materiales necesarios para construir el Mishkán?
Cuando los reyes de los pueblos paganos construían un templo —muchas veces dedicado a sí mismos— tenían que imponer impuestos o confiscar riquezas del pueblo para hacerlo. Y la mano de obra era forzada: esclavos, generalmente prisioneros de guerra, o bien se obligaba a cada familia del reino a enviar representantes a trabajar para la corona durante meses o años. Esto fue exactamente lo que sucedió en Egipto y lo que el pueblo judío experimentó por varias generaciones.
Sería de esperar entonces que, siguiendo este ejemplo, Moisés hubiera forzado al pueblo a pagar un alto impuesto y/o a enviar mano de obra obligatoria para construir el Tabernáculo.
TRABAJO VOLUNTARIO
Pero esto no fue lo que sucedió en el desierto. Moshé no tuvo que imponer impuestos. Los trabajadores judíos llegaron “voluntariamente”. Las maderas, las telas y los metales preciosos, etc., fueron “donados” por el pueblo.
Moshé solo tuvo que solicitar las donaciones, que fueron dadas literalmente “de corazón”. La Torá (Shemot, capítulo 25) dice que Moshé pidió estas donaciones al pueblo:
“Y habló HaShem a Moshé diciendo: Dile a los hijos de Israel que tomen/donen una ofrenda para Mí; tomaréis la donación de todo aquel cuyo corazón lo mueva a hacerlo”.
¿Y cómo respondió el pueblo judío al llamado de Moshé? Esto lo vemos recién diez capítulos más adelante, ya que la Torá dedica ese número de capítulos para darnos un detalle minucioso de todo lo que se construyó en el Bet haMiqdash (y también para contarnos el lamentable episodio del becerro de oro, pero ese es otro tema…).
En Shemot, capítulo 35, la Torá dice que “los hijos de Israel, todos los hombres y todas las mujeres cuyo corazón los movía a donar algo para la construcción que HaShem pidió hacer a los hijos de Israel por medio de Moshé, trajeron una ofrenda voluntaria”.
LO CONTRARIO DE DÉFICIT
Luego la Torá da cuenta de algo extraordinario que ocurrió, un evento probablemente único en los anales de la historia de la filantropía: no solamente no faltó nada; al final, ¡las donaciones sobraron! Lejos de declarar un déficit, se proclamó un “superávit”.
Así dice el capítulo 36 de Shemot:
“Superávit” —cuando hay más de lo que se precisa— es una palabra que no se suele usar, especialmente cuando se trata del balance de donaciones a organizaciones sin fines de lucro. Pero así fue: el pueblo de Israel fue tan generoso que hubo un exceso de donaciones.
Hay un punto más que debemos tener en cuenta: ¿de dónde sacaron los esclavos judíos todos esos objetos de valor? La Torá nos cuenta que, en los días previos a la salida de Egipto, los Yehudim “le reclamaron” a los egipcios que les pagasen su compensación por los años trabajados:
וַֽיִּשְׁאֲלוּ֙ מִמִּצְרַ֔יִם כְּלֵי־כֶ֛סֶף וּכְלֵ֥י זָהָ֖ב וּשְׂמָלֹֽת
Y así sucedió: los egipcios cedieron a los judíos objetos de gran valor. Lo interesante es que era la primera vez que los esclavos hebreos poseían joyas, telas finas y otros elementos valiosos. Y lo normal no es que uno se desprenda de algo de valor cuando lo tiene por primera vez…
La generosidad que demostró el pueblo judío es increíble, sin paralelos en la historia antigua (y quizás también en la moderna). Hay que destacar finalmente la honestidad de los líderes judíos, que declararon el superávit y no se quedaron con él, como normalmente lo hubiera hecho cualquier rey o gobernante (sobre la honestidad de Moshé, ver Perashat Pequdé).
BENEFICENCIA ANÓNIMA
Más allá de la bondad que representa donar en abundancia, el epítome del altruismo y la generosidad es el anonimato. En el Mishkán nadie pretendía que su nombre fuese mencionado en una placa especial o algo así. El Mishkán era consagrado para Bore Olam, el Creador, y las ofrendas eran totalmente anónimas.
Esto me recuerda una historia real que presencié en Israel: una forma de hacer Tsedaqá que considero admirable, ya que incluye estos tres elementos —la generosidad, el anonimato y el superávit—.
Un hombre generoso, llamémoslo Sr. Cohen, viaja a Israel todos los años, entre otras cosas para dar Tsedaqá. Como sabemos, la manera MÁS ALTA de practicar Tsedaqá es ayudar a la gente pobre de Israel. El Sr. Cohen “separa” durante todo el año parte de sus ingresos para este generoso fin.
Una vez en Israel, el Sr. Cohen visita ciudades y barrios donde hay pobres, abrejim necesitados o gente con pocos recursos. Va al almacén del barrio (cada año trata de visitar uno diferente) y le pregunta al almacenero si da crédito a sus clientes, lo cual es muy común en Israel.
El almacenero le muestra una libreta con las deudas de decenas de familias —por lo general con muchos hijos— que tienen deudas significativas por la comida que compran para sus hijos: pan, leche, azúcar, queso para untar, tomates y pepinos, la dieta básica de una familia de bajos recursos en Israel.
El Sr. Cohen le extiende al almacenero un cheque por el valor total de la deuda y luego deja otros 5.000 shekels a cuenta de los gastos de las familias más necesitadas.
La historia de la generosidad y el altruismo que comenzó en el Mishkán se repite permanentemente. Muy lejos del prejuicio antisemita de que los judíos somos avaros, las estadísticas demuestran que nuestros correligionarios superan en actos de filantropía a los miembros de otras religiones.
Si no escuchamos más sobre estos actos de bondad, es porque los más importantes actos de filantropía se llevan a cabo, como en el Mishkán, anónimamente, sin interés de figurar.
Si no escuchamos más sobre estos actos de bondad, es porque los más importantes actos de filantropía se llevan a cabo, como en el Mishkán, anónimamente, sin interés de figurar.

¿Y qué podemos aprender del hecho de que tanto las Tablas de piedra enteras y los restos de las primeras tablas estaban en el mismo lugar sagrado?
Al igual que los fragmentos rotos de las Tablas de Piedras, aunque ese Sefer Tora ya no tiene la misma santidad de antes, y ya no “sirve” para ser leído, igual le tenemos un gran respeto .
Nuestra Torá nos enseña que el honor se debe aún a lo que ya fue.
SHABBAT SHALOM!

En la época del Bet haMiqdash, el Templo de Jerusalem, se ofrecían sacrificios comunales diarios (qorbanot) en representación de todo el pueblo judío. Esta representación no era solo teórica y no dependía únicamente de la intención correcta de quienes estaban a cargo de realizar los sacrificios: los Kohanim. El protagonismo del pueblo se establecía de una manera muy práctica: cada año en el mes de Adar se recolectaba un impuesto especial: majatsit hasheqel o “medio sheqel”, con un monto fijo, el mismo para pobres y para ricos. El dinero recolectado en esta colecta nacional se utilizaba para comprar los animales para los qorbanot. Los sacrificios comunales diarios y los sacrificios de los diferentes musafim (Shabat, Rosh Jodesh, festividades) se compraban con el dinero de estos sheqalim. De esta manera todos tenían una representación igualitaria en la ofrenda de los sacrificios.
El medio sheqel se recolectaba durante el mes de Adar, porque el año fiscal del Templo comenzaba en el mes siguiente: Nisán.
El dinero recolectado de los sheqalim también se utilizaba para el mantenimiento y los gastos generales del Templo. Pero no para su construcción. Como leímos en la Parashá Terumá, los fondos para construir el Mishkán (el Santuario en el desierto) y más tarde, para construir el Bet haMiqdash se recolectaba de donaciones voluntarias. En otras palabras, las finanzas del Templo dependían de un sistema de donaciones combinado con un impuesto fijo (una especie de cuota de membresía) que se recolectaba en el mes de Adar.
Y dado que todos los individuos aportaban la misma cantidad, la recolección de los sheqalim (plural de sheqel) también servía como un censo demográfico anual.
Hoy en día para recordar la recolección de los sheqalim:
En nuestra comunidad en Great Neck se sugiere que se done un valor de 10 dólares por hombre adulto. Este dinero puede ser destinado para cualquier obra de caridad, beneficencia, mantenimiento de sinagogas , educación judía etc.
En muchas comunidades se acostumbra a recolectar estas donaciones durante el ayuno de Esther (13 de marzo).
Es importante recalcar que no estamos donando el “medio shequel real”, algo que Dios mediante lo podremos hacer muy pronto una vez que tengamos el Bet HaMiqdash, sino que es ZEJER LEMAJATSIT HASHEQUEL, “en recuerdo” del medio shequel.

Esta es la imagen de la moneda del medio sheqel de la época del Segundo Templo (aproximadamente, año 50-60 de la era común) En el lado izquierdo se puede leer en fuentes hebreas antiguas: sheqel Israel. En el lado derecho Yerushalaim haQuedoshá (Jerusalem, la [ciudad] Santa).


Esta noche celebraremos TU BISHBAT, es decir, el «año nuevo de los árboles». Este «nuevo año o ciclo» es un concepto halájico que tiene relevancia para algunos preceptos de la Torá relacionados con la agricultura. Estos preceptos vinculados a la tierra se llaman “Mitsvot hateluyot ba-arets”, “mandamientos que se aplican a los productos de la tierra (vegetales, árboles, granos)”, y casi todos ellos se observan exclusivamente en la tierra de Israel. Por ejemplo: terumá (las ofrendas para los Cohanim), ma’aser (los diezmos) shebi’it (el descanso de la tierra cada siete años), etc.
Tu Bishbat es esencial para determinar cuántos años tienen los árboles y determinar así, por ejemplo, a qué ciclo del diezmo corresponde, como veremos a continuación.
MA’ASER (מעשר):
El diezmo es como un “impuesto” del 10% que se separaba de la cosecha. Hay dos tipos de diezmos. En primer lugar, el ma’aser rishón, que era una décima parte de los productos de la tierra y se entregaba a los Leviim. Los Leviim no tenían tierras propias que trabajar, su función era la de servir, junto a los Cohanim, en el Bet haMiqdash y también enseñar la Torá al pueblo. Los Cohanim y los Leviim eran los maestros y los rabinos de Israel, en los tiempos del Bet haMiqdash.
Aparte de este primer diezmo, durante el primero, segundo, cuarto y quinto año del ciclo de siete años se separaba otro diezmo llamado ma’aser sheni, o “segundo diezmo”, que debía ser consumido por sus dueños en Yerushalayim. También se podía redimir los frutos y consumir otros productos en Yerushalayim.
En los años tercero y sexto, separamos de la cosecha el ma’aser ‘ani, el diezmo que se entregaba a los pobres.
Ahora podemos entender mejor la función de Tu Bishbat. Tu Bishbat es la fecha en la que determinamos la edad de los árboles y sirve para determinar a qué ciclo del ma’aser pertenecen esos frutos.
ORLA (ערלה):
Otro ejemplo práctico de la aplicación de Tu Bishbat es el mandamiento de ‘orla, la prohibición bíblica (Vayiqrá 19:23) de comer del fruto de los árboles durante los primeros tres años, después de que el árbol se planta. Tu Bishbat es también el punto de corte para determinar el final de estos tres años.
¿Por qué el día de Tu Bishbat fue establecido como el año nuevo para los árboles? Nuestros rabinos explican que al llegar Tu Bishbat la mayor parte de las lluvias del año ya han caído, los árboles han absorbido la precipitación y ahora exudan resina, con una nueva vitalidad, lo cual representa el fin de un ciclo y el comienzo de otro.
Una cosa más, muy interesante y práctica sobre la mitsvá de ‘orla. A diferencia de los diezmos y otros mandamientos agrícolas que hemos mencionados, la prohibición de ‘orla también rige fuera de Israel. Es decir, que cuando un Yehudí planta un árbol, no importa en el país que esté, no deberá consumir los frutos de ese árbol durante los tres primeros años (Shulján Aruj, YD, 294: 8).
¿CÓMO CELEBRAMOS TU BISHBAT?
En la Torá o en la Mishná no hay ninguna indicación acerca de la celebración del día 15 de Shebat. Este día no se considera un día de fiesta, ni la conmemoración de un evento histórico, y no hay prohibiciones ni ceremonias rituales prescritas por la Torá para este día. Sin embargo, la costumbre desde hace varios siglos es realizar una se’uda (una comida o servir un plato) de frutas en TU BISHBAT para recordar los frutos de Israel.
No hay instrucciones Halájicas precisas acerca de la celebración de esta comida, pero hay varias costumbres.
En muchas comunidades se acostumbra a comer por la noche (esta noche) y / o durante el día de mañana todo tipo de frutas de árboles y especialmente de los siete frutos por los cuales la Tierra de Israel fue caracterizada y alabada en la Torá. Israel fue designada como “… una tierra de trigo y cebada, uva, higo y granada; una tierra de aceitunas y de miel (de dátiles)” (Deut. 8: 8).
Muchas comunidades tienen la costumbre de organizar un Seder formal de TU BISHBAT diciendo la bendición ha’ets por los frutos del árbol, y las bendiciones correspondientes para cualquier otra cosa que se coma hecha con trigo o cebada (normalmente mezonot), etc., y cada berajá es seguida por una oración, “yehi ratson…”
Muchos consideran un zejut especial comer en este Seder frutas traídas de la Tierra de Israel y decir berajá por ellas.
Los judíos de Alepo, Siria, tenían una costumbre muy especial que realizaban el día de TU BISHBAT. En este día leían los 10 mandamientos con el sharaj, la traducción al idioma árabe, compuesta por rabbi Sa’adia Gaon (882-942). Esta costumbre se realizaba en preparación para la lectura de la Parashat ITRO, que contiene los Diez Mandamientos, y que cae por lo general el Shabbat posterior a TU BISHBAT.
En el año 1890 una nueva costumbre fue introducida en Israel para celebrar TU BISHBAT. El escritor y maestro Rab Zeev Yaabetz (1847-1924) llevó a sus alumnos a plantar árboles en Zijrón Yaaqob en celebración de TU BISHBAT. Esta costumbre fue adoptada en 1908 por el unión (histadrut) de maestros judíos y luego por el Keren kayemet leIsrael.
Presentamos aquí la traducción al castellano del artículo del Sr. Joseph Mosseri sobre la historia y las costumbres de Tu Bishbat. Recibimos 2 traducciones, una de la Sra Martha T. de Panamá, Argentina y la otra del Sr. Esteban Cichello Hubner de la Universidad de Oxford, Inglaterra.
