LA NEGACIÓN DEL HOLOCAUSTO: Ayer, hoy y mañana

La negación del Holocausto tiene muchas variantes y matices. A veces se niega que el Holocausto haya ocurrido, presentándolo como “propaganda sionista”. Esto es típico, por ejemplo, del régimen iraní y sus aliados. Otras veces, se minimiza el número: ¡6 millones es una cifra exagerada; el número es mucho menor! Dice el típico antisemita. O muy sutilmente, se intenta negar la Shoah con argumentos de inclusividad: más de 75 millones de personas murieron en la Segunda Guerra Mundial:¡Los judíos no fueron las únicas víctimas! El Holocausto se compara con otras guerras y conflictos, y a veces, se evita mencionar “a los judíos”, hablando de las víctimas del Holocausto en general. ¡Esto no se hace sin intención!

A continuación, presento muy brevemente algunos datos esenciales que ayudan a aclarar la obsesión que los nazis tenían “específicamente” contra los judíos:

LA SOLUCIÓN FINAL

El 20 de enero de 1942, tuvo lugar la Conferencia de Wannsee, una reunión de los más altos funcionarios del gobierno de la Alemania nazi y los líderes de las SS que establecieron en la estrategia para la implementación de la solución final específicamente al problema judío. Los judíos de Europa serían deportados a Polonia ocupada y asesinados en campos de exterminio. Los miembros de esta conferencia decidieron “unánimemente” implementar el genocidio civil de hombres, mujeres y niños, y no hubo una sola voz disidente.

JUDENREIN

Por primera vez en la historia de la humanidad, un gobierno — ¡elegido democráticamente! — implementó el plan para la destrucción total de otro pueblo, la mayoría de los cuales no vivía en su territorio. El objetivo no era desplazarlos de su tierra o expulsarlos de un territorio particular otro, como ha ocurrido, y lamentablemente sigue ocurriendo con refugiados en todo el mundo. El objetivo de los nazis era “aniquilar a los judíos, sin importar dónde estuvieran”. Borrarlos completamente de la faz del planeta.

SIN OPCIONES PARA LOS JUDÍOS

A diferencia de lo que ocurrió en otras guerras y persecuciones, no había opción para los judíos. Un judío no podía salvarse rindiéndose y aceptando la autoridad del enemigo, como era el caso de todos los demás ciudadanos europeos. Tampoco podían salvar su vida renunciando a su religión, convirtiéndose o bautizándose. La única opción posible que los nazis dejaron para los judíos era: “la muerte”.

PRIORIZANDO A LOS JUDÍOS

Como se muestra al principio del documental de Steven Spielberg “Los Últimos Días”, los alemanes actuaron en contra de sus propios intereses militares. Cuando Hitler tuvo que decidir si enviar sus últimas tropas a luchar en Rusia, donde estaban perdiendo la batalla, o usar estas tropas para deportar a medio millón de judíos húngaros y enviarlos a campos de exterminio, decidió invertir sus esfuerzos en asesinar a los judíos en lugar de intentar ganar la guerra. Los nazis no eran salvajes ni locos. Estos asesinos genocidas eran profesionales educados y hombres y mujeres de familia. Millones de ciudadanos alemanes y personas comunes no tuvieron problema en participar en este plan de exterminio. No fue la locura mental (desde el punto de vista psicológico) lo que les hizo actuar de esta manera, sino un odio ideológico visceral contra los judíos (Amaleq).

Inspirado por las ideas del profesor Shelomo ben Yosef




El Holocausto en las Comunidades Sefaradies 

 

¿QUÉ PODEMOS APRENDER DE NUESTROS ENEMIGOS?

Hoy a dos dias de Yom HaShoah quisiera referirme al Holocausto  en las comunidades Sefaradies. Un tema del que mucho no se habla. En Holanda, Francia, Bulgaria, Yugoslavia e Italia, los judíos sefaradim sufrieron el mismo destino que los judíos Ashkenazies de Europa. Probablemente el caso más estremecedor fue el de la comunidad de Salónica en Grecia, donde cerca de 54.000 judíos , el 95% de su población, fueron exterminados en Auschwitz (ver aquí) .     Mi primera reflexión es que tenemos que aprender una gran lección de nuestros enemigos: que para ellos somos un solo pueblo. No hay diferencias entre Sefaradim, Ashkenazim; más religiosos o menos religiosos, etc.  Debemos hacer lo imposible para sentir que somos miembros de una misma familia.  

LOS JUDIOS DE MARRUECOS Y ALGERIA

Veamos brevemente el impacto de la Shoah en las comunidades judías del norte de Africa: Marruecos, que en 1940 contaba con una población de 200.000 judíos. Algeria, 120.000 judíos.  Túnez, 80.000 judíos, y Libia, 30.000 judíos.   Los primeros tres estados estaban bajo el protectorado francés, mientras que Libia estaba bajo el protectorado italiano.  Francia fue ocupada por los nazis en 1940, lo que se conoce como “La Francia de Vichy”.  Los alemanes gobernaban Francia, sus colonias y también sus protectorados. Y esto incluía : Marruecos, Algeria y Túnez.  En Marruecos y Algeria se establecieron los infames “Statut de Juifs” que les permitía a las autoridades alemanas confiscar las propiedades de los judíos, restringir en extremo sus actividades y prohibir su acceso a la educación, etc.  También establecieron cerca de 30 campos de trabajo para construir la carretera del trans-Sahara, y para eso los alemanes reclutaron unos 4.000 judíos de Marruecos y unos 1.000 judíos de Algeria. Cabe señalar que había un gran diferencia entre estos campos de trabajo y, por ejemplo, Auschwitz o Bergen-Belsen.  En los “campos de trabajo” del norte de África, en un principio, solo llegaron hombres adultos y aptos para el trabajo. Docenas de ellos murieron debido a las condiciones insalubres de los trabajos, el calor abrasador, la enfermedad. Pero la gran mayoría sobrevivió. Los campos de Europa, por otro lado, eran “campos de exterminio”. Los niños, los ancianos, las mujeres y los hombres que no podían trabajar eran inmediatamente exterminados en las cámaras de gas. Y a los hombres y mujeres aptos para el trabajo, se los hacia trabajar pero en última instancia para matarlos. Esta horrible estrategia no tan conocida , tiene “nombre” en el idioma alemán. La expresión es:  Vernichtung durch Arbeit, “asesinar judíos a través de trabajos forzados” . 

Volviendo al Norte de África, el 8 de Noviembre de 1942, , y B”H antes que los nazis puedan llevar a cabo el proceso de deportación y exterminio de los judíos, las fuerzas aliadas dirigidas por el general Montgomery llegaron a las costas de Marruecos y Argelia y pudieron vencer a los nazis dirigidos por el general Rommel en una operación militar llamada “Operation Torch” (ver mapa arriba, y ver este artículo aquí en español).  

LA COMUNIDAD JUDÍA MAS ANTIGUA, FUERA DE ISRAEL

Túnez es una historia aparte. Túnez fue el único país del norte de África que fue ocupado directamente por los nazis. Para comenzar digamos que la población judía de este país, el más pequeño de la región, constituía el 15% de la población total. Los judíos vivían en la capital (del mismo nombre) y en la famosa isla de Djerba. Según la tradición, un grupo de Cohanim (sacerdotes) que servían en el Templo del Rey Salomón escaparon a Djerba cuando el Gran Templo de Jerusalem fue destruido en 586 aec. Y llevaron algunas piedras del Bet haMiqdash que utilizaron para construir allí su sinagoga.  Hasta el día de hoy la mayoría de los judíos de Djerba–más del 60% — son Cohanim, algo que ha sido ratificado recientemente en las pruebas de ADN que detecta el gen de los Cohanim. Djerba es una de las pocas comunidades judías que aun sobreviven en el mundo árabe. Un día después de que comenzó la operación “Torch”, el 9 de Noviembre de 1942, los alemanes ocuparon Túnez. La idea de Rommel era agruparse en ese país y desde allí repeler a las fuerzas aliadas que llegaban desde Marruecos y Argelia, y a las fuerzas británicas que llegaban desde Egipto.   A los pocos días de llegar, y a pesar de que estaban ocupados en pelear con las fuerzas aliadas, los alemanes ordenaron a los líderes de la comunidad judía a pasarles todos los datos de la comunidad. Miles de judíos fueron llevados a los campos de trabajo para construir carreteras militares (la gran mayoría sobrevivió) y más de 200 judíos de ese país fueron trasladados directamente a Europa, donde fueron exterminados en los campos de concentración.  B”H en Mayo de 1943 los aliados derrotaron y expulsaron a los alemanes de Túnez, y las pérdidas de vidas judía no llegaron a ser superiores.   

 

¿QUIENES NO ESTABAN INCLUIDOS EN LA SOLUCION FINAL? 

Una reflexión final sobre algo espantoso.   El 20 de Enero de 1942 tuvo lugar la infame conferencia de Wannsee, que es un pueblito cerca de Berlín. En esa conferencia (ver aquí ) se reunieron los jerarcas nazis con el propósito de evaluar y estrategizar “la solución final” al problema judío.  Allí se mencionó, entre otras cosas, la cantidad de judíos que había que eliminar en Francia. Esta lista indicaba 700.000 judíos. Pero en Francia ¡solo había 350.000 judíos!. Los historiadores dicen que la única forma de entender esta diferencia de números es que los nazis tenían planeado exterminar a todos los judíos de los países que estaban bajo el protectorado francés: es decir, Marruecos, Argelia y Túnez…    

Siempre me definí a mí mismo como “un sobreviviente del Holocausto”.  La simple razón es que, tal como sucedía con el norte de África, la intención de la solución final de los nazis no terminaba en Europa. Si JAS VESHALOM los nazis hubieran triunfado en Europa, entonces los judíos del norte de África, del medio oriente y quizas hasta del continente americano también hubieran tenido que enfrentarse a los artífices de la solución final.  

Todos los judíos del mundo somos sobrevivientes de la Shoah  

  

IZKOR




¿Qué es un milagro?

כי ה אלקיכם ההלך עמכם להלחם לכם עם איביכם להושיע אתכם

Debarim 20  (2).“Cuando llegue la hora de la batalla, el sacerdote se dirigirá al ejército (3). y le dirá (a los soldados): “Escucha, Israel, hoy van a luchar contra sus enemigos: no se desanimen ni tengan miedo; no tiemblen ni se asusten, (4) Porque HaShem vuestro Dios irá (al campo de batalla) con ustedes; Él luchará junto a ustedes contra sus enemigos y les otorgará la salvación ( y la victoria).”

Un milagro se define como un evento sobrenatural en el cual se puede identificar la intervención Divina. Para algunas religiones los milagros consisten en un 100% de intervención de Dios. En nuestra Torá, sin embargo, muchos milagros tienen lugar cuando son precedidos, o acompañados, por la intervención humana. En Purim, por ejemplo, los judíos rezamos para que HaShem nos salvara de un genocidio. Pero Mordejai y Ester tuvieron que actuar, y fue así que se produjo el milagro y obtuvimos nuestra salvación. Exactamente lo mismo ocurrió con los Jashmonayim, que enfrentaron militarmente a los seléucidas y gracias a esas tremendas batallas los milagros de Janucá tuvieron lugar.

El esfuerzo humano es un prerrequisito para la intervención Divina cuando se trata del área política o militar, es decir, cuando nos defendemos o luchamos contra el enemigo. Yehoshua Bin Nun, el sucesor de Moshé y quien encabezó la conquista de la tierra de Israel no recibió la Tierra Santa caída del cielo: él y su ejército tuvieron que luchar con mucho valor contra más de 30 pueblos y conquistarlos. El Creador, como lo dice la Torá en los versículos que mencionamos arriba, “no reemplaza” a los soldados, sino que “los “acompaña” en el campo de batalla y lucha junto al ejército de Israel contra sus enemigos.

Hoy es Yom HaAtzmaut , el día en el que celebramos la independencia del Estado de Israel. Y creo que es el mejor ejemplo de una cadena ininterrumpida de intervenciones Divinas, que estuvieron acompañadas por increíbles  esfuerzos humanos, gestados por decenas de miles de heroes del pueblo judío: soldados, políticos, diplomáticos, militares y lideres religiosos.

Todo este esfuerzo culminó con el establecimiento del estado judío: gracias a la intervención Divina.

Rabino Yosef Bittón




TEMAS DE CONVERSACIÓN PARA UN SEDER INTELIGENTE

¿Cómo se evitó la asimilación en Egipto?
Cuando nuestro patriarca Ya’aqob se preparaba para descender a Egipto y reunirse con su hijo Yosef —el segundo hombre más poderoso de Egipto— tuvo miedo y dudó. HaShem entonces se le reveló a Ya’aqob y le dijo: “No temas descender a Egipto, Ya’aqob, porque allí haré de ti una gran nación”.

¿De qué tenía miedo Ya’aqob?

EVITANDO LO INEVITABLE

Nuestro último patriarca temía que sus nietos y bisnietos se asimilaran a la prestigiosa cultura egipcia y terminaran convirtiéndose en “egipcios de origen semita”. La asimilación de los inmigrantes al país que los acoge no solo es común, sino normal y en cierto modo, deseable. En Estados Unidos hay nietos y bisnietos de inmigrantes italianos, irlandeses o polacos, que llegaron a principios del siglo XX (¡o antes!). Hoy se consideran 100% estadounidenses. No tienen, que yo sepa, ninguna conexión “existencial” con la tierra antigua de sus ancestros, ni con sus antiguas tradiciones, salvo quizá en lo culinario. Este era el temor de Ya’aqob: que sus descendientes se asimilaran.

Ya’aqob hizo dos cosas para evitar la asimilación. Primero, según nuestros Sabios, envió a Yehudá antes de que la familia llegara y le encargó la organización de una especie de escuela hebrea o Talmud Torá. De esta manera, podrían continuar inculcando en sus hijos los valores de Abraham Abinu.

En segundo lugar, Ya’aqob pidió (¡exigió!) a Yosef que llevara su cuerpo y lo enterrara en la tierra de Israel. Así, sus nietos y bisnietos siempre tendrían presente que su lugar está en Israel.

YOSEF SE UNE AL ESFUERZO

Yosef, por su parte, también tomó varias medidas para evitar la asimilación.

Primero, estableció a su familia en la tierra de Goshen, una zona separada. Y dejó en claro al faraón, y a su propia familia, que continuarían dedicándose a la cría de ganado, una ocupación tabú para los egipcios debido a sus creencias religiosas (creían, como muchos hindúes hoy, que ciertos animales encarnaban el espíritu de dioses o de personas fallecidas, y que debían ser dejados en paz). De este modo, Yosef procuró que su familia mantuviera una relación social limitada con los egipcios. Finalmente, Yosef, como su padre, hizo que sus descendientes juraran que también su cuerpo sería llevado fuera de Egipto a la tierra de Israel.

VESTIMENTA, NOMBRES Y LENGUAJE

Y aún hay más. En el plano cultural, los judíos rehusaron adoptar ciertos elementos de la sociedad egipcia. Los hijos y descendientes de Israel conservaron la vestimenta tradicional semita, y no adoptaron el código de vestimenta egipcio. Muy probablemente, los hombres judíos llevaban una barba corta y túnicas de colores especiales. La imagen que se ve más abajo muestra a una familia semita (los egipcios no eran semitas) que venía de Canaán, y se puede ver claramente sus barbas y túnicas, a diferencia de los egipcios rasurados (o sin barba), con túnicas blancas o faldas. El código de vestimenta de los descendientes de Ya’aqob era lo suficientemente distintivo como para diferenciarse visualmente de los no judíos.

Nuestros Sabios también explicaron que los judíos no cambiaron sus nombres hebreos por nombres egipcios. Así, incluso cuando no había un judío presente o visible, si alguien mencionaba a “Leví” o “Shimón”, sabían que se trataba de un individuo judío.

Finalmente, no cambiaron su idioma. Esto significa que los padres hablaban hebreo en casa y los maestros probablemente enseñaban en hebreo en las escuelas. Y quizás, si el idioma materno de los judíos era el hebreo, cuando hablaban egipcio lo hacían con “acento hebreo”.


EGIPTO, VISTO DESDE CHINA

Sobre el origen de estos tres elementos, mi hijo David, que fue rabino en la sinagoga sefaradí de Shanghái (China), compartió conmigo su Jidush. Me dijo que estos tres elementos son mencionados por la Torá en la historia de Yosef, cuando, forzadamente, tuvo que integrarse a la sociedad egipcia. Lo primero que hicieron los egipcios con Yosef cuando lo sacaron de la prisión fue afeitarlo y vestirlo como egipcio. Luego, los egipcios cambiaron su nombre hebreo “Yosef” por un nombre egipcio, “Tsafenat Pa’aneaj” (el que descifra lo oculto). Y finalmente, también vemos que Yosef adopta el idioma egipcio como lengua principal, ya que cuando se comunicaba con sus hermanos, antes de revelarles su identidad, lo hacía por medio de un intérprete. No creo que sea coincidencia que estos mismos tres elementos hayan sido identificados por nuestros Sabios (¡o quizás por el mismo Yosef!) como claves para comprender cómo se acelera el proceso de asimilación de un grupo humano en su nuevo entorno.


APRENDIENDO DEL PASADO

Resumiendo y pensando en nuestra realidad actual, aprendemos que hace 3500 años nuestros antepasados hicieron todo lo posible por evitar la asimilación: estableciendo un sistema propio de educación judía; manteniendo un vínculo muy fuerte con la tierra de Israel; viviendo en comunidad; trabajando en oficios con poca interacción con los egipcios; usando una vestimenta que los identificaba como judíos (como podría ser hoy una kipá); conservando sus nombres hebreos y aprendiendo y hablando hebreo: el idioma de Abraham, Itzjaq y Ya’aqob.

¿ES BUENO PARA LOS JUDÍOS UN CAMBIO DE GOBIERNO?

וַיָּ֥קָם מֶֽלֶךְ־חָדָ֖שׁ עַל־מִצְרָ֑יִם אֲשֶׁ֥ר לֹֽא־יָדַ֖ע אֶת־יוֹסֵֽף

“Se levantó un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía a Yosef.” (Shemot / Éxodo 1:8)

Ya explicamos (Éxodo 1:7) que después de dos o tres generaciones de haber llegado a Egipto, los judíos nacidos allí empezaron a sentirse como en casa: lo primero que hicieron fue abandonar su comunidad, Goshen, y aventurarse en el territorio egipcio en busca de nuevas oportunidades económicas. El siguiente versículo nos muestra cómo comenzó a empeorar la situación de los judíos. Éxodo 1:8 dice: “Y se levantó un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía a Yosef”.

UNA NUEVA DINASTÍA

Había dos formas de convertirse en faraón en Egipto: heredando el trono del padre (o del abuelo), o liderando un golpe de Estado contra el monarca de turno. Todo parece indicar que en este caso fue lo segundo, una revuelta militar que produjo una nueva dinastía, algo no inusual en Egipto. Como suele ocurrir en estos casos, los aliados del gobierno anterior ahora son los enemigos del nuevo gobierno. Los judíos gozaban de una posición privilegiada con el faraón de la época de Yosef. Este nuevo rey, sin embargo, “no conocía” a Yosef. Esto no significa que nunca hubiera oído hablar de él: Yosef era extremadamente famoso. Salvó la economía de Egipto con sus predicciones proféticas sobre los años de hambruna y sirvió lealmente a Egipto. Los egipcios agradecieron profundamente a Yosef por salvarles la vida y darles alimento y semillas para sembrar. Yosef era un héroe nacional. Pero ahora el nuevo faraón decide reescribir la historia y condenar a Yosef, no al olvido, sino al desprecio.

¿POR QUÉ?

LA NECESIDAD DE UN ENEMIGO

El filósofo italiano Umberto Eco explicó en su ensayo “Construyendo al enemigo” que para muchos gobernantes, especialmente dictadores, un enemigo —real o imaginario— es una necesidad esencial. Sirve al dictador para consolidar su poder creando un sentimiento de unidad nacional basado en el odio a un enemigo común. Ese enemigo será culpado de todos los males del Estado. Y esto servirá al tirano como perfecta distracción de los problemas internos que no puede resolver. Durante siglos, el enemigo favorito de la humanidad ha sido el pueblo judío. Y este fenómeno, que aún persiste —por ejemplo, en la obsesión de las Naciones Unidas contra Israel— nació en Egipto.

El nuevo faraón redefinió a Yosef y sus descendientes como “enemigos del pueblo”. Y durante mucho tiempo me pregunté cómo pudo ocurrir eso. ¿Era posible reescribir la historia, borrar la memoria nacional de un pueblo y convertir a héroes en villanos?


NADA NUEVO BAJO EL SOL

He notado algunas similitudes entre lo que ocurrió con Yosef y ciertos eventos que tuvieron lugar en Estados Unidos en los últimos meses. Hay algunos grupos extremistas en Estados Unidos que se dedican, entre otras cosas, a borrar la memoria histórica de este país, demonizando a “héroes nacionales”.

Tomen, por ejemplo, a Thomas Jefferson (1743-1826), uno de los Padres Fundadores de Estados Unidos; que fue el tercer presidente del país, y entre otras cosas, el principal autor de la Declaración de Independencia y un defensor de la democracia y de los derechos individuales. Pero como era dueño de esclavos —lo cual en aquellos tiempos era la norma aceptada— hoy se lo critica y demoniza como si “fuera dueño de esclavos hoy, en 2021”. O Abraham Lincoln (1809-1865), el presidente que puso fin a la esclavitud en Estados Unidos. Las estatuas de estos héroes han sido destruidas o vandalizadas. Escuelas que llevan sus nombres serán renombradas. Y lo mismo ocurre con Cristóbal Colón, George Washington, Benjamin Franklin, o en Inglaterra con el Capitán James Cook y otros.

Estos revisionistas radicales están tratando de reescribir la historia de manera anacrónica, basados en una agenda política, convirtiendo a los héroes del pasado en los nuevos villanos del presente.


UN MIDRASH Y LA ACTUALIDAD

A pesar de las obvias diferencias, lo que uno ve hoy ilumina lo que pasó entonces. Me queda más claro entender lo que ocurrió en Egipto y cuáles fueron las tácticas que usó el faraón para “demonizar” a Yosef y hacer creer al pueblo egipcio que todos sus problemas eran culpa de él. ¡Y que ahora sus descendientes tendrían que pagarlo!

El Midrash Tanjuma presenta una opinión que parece surrealista por su contemporaneidad tan increíble. Dice que el nuevo faraón “mandó exhumar los restos de Yosef de su lujosa tumba y los arrojó al Nilo, como muestra de desprecio por parte del nuevo gobernante egipcio hacia el gran líder judío”.

La Torá no es una colección de mitos antiguos o cuentos. A veces el presente nos ayuda a entender mejor la Torá; y la Torá nos permite analizar y comprender mejor los eventos actuales, mostrándonos patrones de conducta del pasado que aún podemos identificar hoy.

LA GRAN LECCION DEL MAROR

Rabán Gamliel indica que el «Maror», la verdura amarga que consumimos durante las dos primera noches de Pésaj, representa una de las tres ideas centrales que debemos transmitir a nuestros hijos en el Seder . El Maror nos recuerda que los egipcios nos demonizaron, nos esclavizaron y nos hicieron sufrir. Pero, ¿por qué es tan importante transmitir esta lección «dolorosa» a la próxima generación en la noche del Seder? ¿No deberíamos concentrarnos exclusivamente en celebrar nuestra libertad?

Hay varias razones por las que debemos recordar el significado del Maror.

Primero, al debatir el orden en que debe contarse la historia de Pésaj, nuestros sabios entendieron que tenemos que mencionar las cosas malas que nos sucedieron, y que estos recuerdos dolorosos deben mencionarse primero, para que de esta manera apreciemos más y mejor la libertad que obtuvimos y las cosas buenas que nos pasaron.

Segundo, porque el odio hacia el pueblo judío, simbolizado por el Maror, lamentablemente no es algo del pasado. De alguna manera, nuestros hijos deben saber que nuestro destino como pueblo elegido implica estar expuestos a la demonización y a la persecución. Es una parte integral del privilegio de pertenecer al pueblo judío.

Y creo que hay una razón adicional muy importante para preservar la memoria de nuestro sufrimiento. La Torá nos enseña a canalizar de manera positiva la memoria del dolor que sufrimos en Egipto. ¿Cómo? Haciendo todo lo posible para que otras personas NO sufran. Esta idea y el momento en que esta idea es transmitida, me parece que es una REVOLUCIÓN en el pensamiento humano.

Hay un patrón de conducta que siempre se repetió en la historia. Las civilizaciones que fueron oprimidas y esclavizadas luchaban por su libertad, y luego, cuando triunfaban, su primera necesidad era la venganza: hacer sufrir a sus perseguidores. Pero no terminaban ahí. Una vez que las personas que habían sido oprimidas se volvían más fuertes y poderosas, se dedicaban a conquistar otros pueblos, esclavizarlos y hacerlos sufrir, como habían sufrido ellos. Este comportamiento sádico es un fenómeno psicológico bien conocido. Las estadísticas muestran que hay una proporción muy alta de personas «abusivas» (en todos los sentidos) que han sido abusadas en el pasado.

La Torá presenta aquí una revolución moral. Una visión 180 grados diferente.

La Mitzvá que la Torá más veces repite es: “Y amarás [= te preocuparás por, cuidarás de…] al extranjero [= los pobres, las personas más expuestas al abuso], porque ustedes han sido extranjeros en la tierra de Egipto». La Torá nos enseña a canalizar el abuso que sufrimos en Egipto de una manera contra-intuitiva, casi sobrenatural. En lugar de alimentar o justificar la sed subconsciente de venganza y abuso, nosotros, el pueblo de Dios, debemos comportarnos con más compasíon con los necesitados.

La Torá nos dice: Tú sabes lo que significa el sufrimiento, por lo tanto, no dejes que otras personas sufran ya que estás mejor calificado que aquellos que no sufrieron, para evitar que otros sean humillados y oprimidos.

Si bien aquellos que experimentaron opresión naturalmente albergan sentimientos de venganza, a los judíos se nos pide que enseñemos a nuestros hijos a preservar el recuerdo de nuestra aflicción para procesar nuestros recuerdos de abuso de forma positiva y ser más sensibles  con aquellos que sufren.

Conozco a muchas personas buenas y generosas. Pero, sinceramente, las personas más amables, compasivas y angelicales que he conocido son algunos sobrevivientes del Holocausto. Entre ellos, por ejemplo, a la rabbanit Esther Jungreis z»l, que dedicó su vida a inspirar a otros a ser buenos, generosos y pacientes (mira su video abajo). O a Yehuda Lindenblatt, un sobreviviente de la Shoah –un hombre muy mayor– que se dedica a ser voluntario en Hatzalah y salvar vidas. Con los años, he conocido a muchos otros sobrevivientes del Holocausto. Y me sorprendió su extraordinaria amabilidad y altruismo. Estos ancianos sufrieron lo inconcebible. Sus familias fueron destruidas. Y siguiendo el sentido común de los abusados que se transforman en abusadores, los sobrevivientes del Holocausto deberían ser las personas más malvadas y abusivas del planeta. Sin embargo, ¡son todo lo contrario! Y creo que todo el crédito le corresponde a nuestra Torá, a esta increíble idea que Dios proyectó en nuestras mentes: DEBEMOS AYUDAR A LOS QUE SUFREN, PORQUE SABEMOS PERSONALMENTE LO QUE SIGNIFICA EL SUFRIMIENTO. Esta idea contra-intuitiva en términos de psicología humana, es una idea Divina, que se convirtió en parte de nuestro carácter y nuestro ADN.

¡Que HaShem nos inspire y nos ayude para que siempre estemos del lado de los que dan!




SHEMINI: Controlar lo que uno come

KASHRUT Y AUTOCONTROL

En la Parashá de esta semana, la Torá introduce la dieta del pueblo judío: el Kashrut. Esta dieta no tiene que ver necesariamente con el bienestar físico, como una dieta baja en calorías o cualquier otro régimen que seguimos para adelgazar o mantenernos saludables. El Kashrut tiene que ver con algo más profundo: con una conducta, un comportamiento que la Torá llama Kedushá — santidad — que HaShem exige a Su pueblo.

¿Qué es la Kedushá? Según la Torá, la santidad se construye sobre un concepto fundamental: el autocontrol y la autodisciplina. Especialmente en aquellas áreas del comportamiento humano vinculadas a la satisfacción de instintos primarios, como la alimentación y la vida sexual. Controlar nuestros impulsos nos humaniza, nos diferencia de los animales, que por naturaleza no pueden decir “no” a sus impulsos. Esa capacidad de decir “no” es lo que nos eleva: nos hace “sobrenaturales” .

La Guemará en Pesajim (49b) lleva esta idea a un extremo sorprendente: según Ribbí Yehudá HaNasí, no todo individuo tiene el derecho de consumir carne. רַבִּי אוֹמֵר: עַם הָאָרֶץ אָסוּר לֶאֱכֹל בָּשָׂר — “Una persona sin educación mínima no debería consumir carne”. ¿Por qué? Porque quien no puede controlar sus propios impulsos no se encuentra en un nivel moral superior al de los animales — y por lo tanto, no tiene el derecho de alimentarse de ellos.

KASHRUT Y EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

Los judíos comenzamos a entrenarnos en el autocontrol desde muy pequeños. Recuerdo una vez, en una fiesta, que un señor no judío se acercó a mí para felicitarme por uno de mis hijos pequeños. Le había  ofrecido un dulce y mi hijo le dijo que no podia comerlo  porque no sabía si era Kasher. Esto es más o menos lo que me dijo:

“Rabino, ¿cómo se educa a un niño de 5 años para que tenga esa clase de autodisciplina? Yo tengo tres hijos, uno de esa edad, y la verdad es que no puedo con sus apetitos. Los niños de hoy son consumidores voraces, entrenados por la sociedad para consumir absolutamente  todo lo que se les presenta. Son insaciables. Pero su hijo es diferente: le ofrecí unos dulces, los tomó y me dio las gracias — pero antes de llevárselos a la boca, fue a preguntarle a su hermano mayor si podía comerlos. ¿Cuál es el secreto? ¿Qué premio le prometió? ¿Lo amenazó con algún castigo?”

Le respondí que no había premios ni amenazas. Que cualquier niño judío criado en un hogar que observa Kashrut desarrolla naturalmente ese nivel de autocontrol. Y mientras lo decía, me sorprendí al escucharme: “nunca tuve que explicarles a mis hijos las leyes de Kashrut. Las vivieron. Las aprendieron solos, imitando lo que vieron en casa.

Hay algo notable en esto. El Kashrut es una Mitzva que un niño practica mucho antes de comprenderla. No hay una explicación que “haga clic” a los 3 o 4 años. El niño simplemente nace en un mundo Kasher y lo vive. Y cuando crece, esa práctica ya es parte de su identidad — no solo de su teología.

KASHRUT E IDENTIDAD

El Kashrut es también una de las señales más poderosas de identidad judía. A veces me he sentado en un avión junto a alguien sin ninguna identificación judía visible — kipá, Maguén David, etc. y descubrí su identidad judía  cuando le sirvieron su bandeja Kasher. En un viaje, en un hotel, en una reunión de negocios: el Kashrut nos identifica.

Seguir una dieta Kasher nos hace más conscientes de nuestras elecciones y crea naturalmente una afinidad con quienes comparten nuestras prácticas,  precisamente en torno al elemento más universal de toda reunión social: la comida.

KASHRUT Y ASIMILACIÓN

La primera vez que la Torá presenta la dieta como un factor de separación fue en Egipto: una protección de la identidad judía. La cultura egipcia era radicalmente diferente de la cultura semítica, especialmente en lo que respecta a la alimentación. Para los egipcios, los animales eran sagrados — los adoraban como dioses, igual que hoy se venera a las vacas en la India. Comer carne animal era una to’evá, una abominación.

Los hermanos de Yosef se presentaron ante el Faraón como pastores que criaban, esquilaban y consumían ovejas y carneros. Y cuando Yosef le informó al Faraón que su familia había llegado de Canaán, le pidió expresamente un lugar de residencia separado de los súbditos egipcios. No era un capricho: era una estrategia. Al vivir en Goshen, apartados del entorno egipcio,  Bene Israel no se asimilaron y preservaron su identidad durante generaciones. Como explica el Seforno, fueron precisamente estas diferencias en la alimentación las que impidieron la integración social con los egipcios — y protegieron la identidad del pueblo de Israel.




La esclavitud en Egipto y la Shoah en Europa

ÉXODO 1:11
Entonces los egipcios impusieron [trabajos forzados a los hebreos] y capataces que [los obligaban a trabajar] para debilitarlos con dura labor. Y los hebreos construyeron para el faraón las ciudades fortificadas de Pitom y Ramsés.


IMPUESTOS

En la primera fase de la “solución final” de Faraón, el pueblo de Israel no fue técnicamente esclavizado. De hecho, en Éxodo 1:11–12 no se menciona la palabra “esclavitud” ni “cautiverio”. Sin embargo, el texto hebreo enfatiza la palabra missim, es decir, “impuestos”. En efecto, los israelitas trabajaron para el faraón en la construcción de Pitom y Ramsés. Pero esta forma de trabajo forzado era un procedimiento legal legítimo: una forma de pagar impuestos al gobierno. El faraón, como soberano, tenía todo el derecho de exigir a sus súbditos cualquier servicio: alistarse en el ejército para defender su territorio o trabajar en proyectos de construcción que él considerara necesarios.

Como vimos en el discurso del faraón, los hebreos eran considerados extranjeros; por lo tanto, debían contribuir con trabajo manual en lugar de servir en el ejército egipcio. En esta primera fase, el trabajo consistía en edificar las ciudades de Pitom y Ramsés, que según la interpretación más aceptada eran fortificaciones militares. Estas no se construían con ladrillos de barro, sino con piedras talladas. Es probable que en ese tiempo los hebreos trabajaran en las canteras extrayendo piedras, tallándolas y transportándolas para las construcciones.

Aunque estos impuestos laborales para extranjeros eran comunes, el objetivo detrás de este trabajo forzado a los hebreos no era económico: era un plan genocida, como analizaremos a continuación.


GENOCIDIO

Cuando el faraón pronunció su infame discurso (Éxodo 1:9–10), advirtió a su pueblo sobre la supuesta amenaza que representaban los hebreos y propuso un plan estratégico para (haba nitchakema lo) debilitarlos económica y demográficamente. Les impuso trabajos en la construcción de Pitom y Ramsés, obligándolos a abandonar sus ocupaciones y dormir en los campos, lejos de sus esposas. De esta manera sofisticada y no violenta, el poder y la tasa de natalidad del pueblo hebreo se reducirían significativamente.

Sin embargo, como lo indica el versículo siguiente, el plan del faraón no tuvo los resultados esperados.


ÉXODO 1:12
Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y crecían. Y los egipcios temían a los hijos de Israel.

El plan de Faraón fracasó. El pueblo de Israel no se debilitó, sino que se fortaleció y siguió creciendo. En este punto, el faraón decide iniciar la segunda fase de su plan: la esclavitud.


ÉXODO 1:13
Entonces los egipcios esclavizaron a los hijos de Israel con parej.

Por primera vez, el texto menciona la palabra vaya’abidu —esclavizar— seguida de una palabra crucial: parej, que significa esclavitud total, es decir, sumisión incondicional e indefinida del esclavo a su amo.

Para comprender mejor esta fase, recordemos la fase anterior: “impuestos”. Los hebreos tenían una tarea asignada: construir los proyectos del faraón. Seguramente debían pagar ellos mismos los materiales, pero probablemente podían contratar obreros que hicieran el trabajo por ellos. Y, lo más importante, al terminar el proyecto, podían volver a sus vidas.

Pero en la segunda fase, parej, ya no se les asignaba un proyecto específico. Ahora, debían servir directamente a los egipcios. El faraón los declaró “enemigos del pueblo”. Fueron capturados, encadenados y entregados a civiles egipcios para trabajar para ellos, día y noche. Estaban completamente a merced de sus nuevos amos egipcios, que tenían control total sobre sus vidas.


LOS VERDUGOS VOLUNTARIOS DEL FARAÓN

Visualizar este escenario resulta difícil desde la comodidad de nuestras vidas modernas. Solo logré pensar más realísticamente sobre este tipo de esclavitud al recordar la Shoá. La primera vez que vi una comparación entre la esclavitud en Egipto y el Holocausto fue en el libro de Elie Wiesel Job: Ou Dieu dans la tempête. Siguiendo esa línea, en esta segunda fase, las casas, propiedades y bienes de los hebreos fueron confiscados por el gobierno y entregados al faraón. Hombres, mujeres y niños fueron capturados, humillados, llevados a “guetos”, al estilo de los judíos europeos en 1940. Pero en lugar de campos de concentración, fueron entregados a civiles egipcios como mano de obra gratuita.

Esta idea —que los hebreos no trabajaban para el gobierno, sino que fueron entregados a egipcios comunes— fue señalada por el rabino Meir Wisser, el Malbim (Rusia, 1809–1879). Él explica que la palabra “Mitsrayim” no se refiere en este caso al gobierno de Egipto, sino a los egipcios como individuos: “Y los egipcios esclavizaron a los hijos de Israel.” Es decir, como lo describe Daniel Goldhagen en su libro Los verdugos voluntarios de Hitler, los civiles comunes también fueron cómplices. El Malbim escribe: “Los hebreos ya no trabajaban para el monarca, sino para la población general. Eran esclavos de los esclavos del faraón, y estaban obligados a hacer cualquier trabajo que un egipcio les exigiera.”


ÉXODO 1:14
“Y [los egipcios] amargaron sus vidas con durísimo trabajo, [como extraer] barro y hacer ladrillos…”

Este versículo describe la manera sádica y brutal en que los egipcios trataron a sus esclavos hebreos. El texto bíblico utiliza aquí la palabra vayimareru, “y amargaron sus vidas”. De esa palabra proviene maror, las hierbas amargas que comemos en la noche del Séder de Pésaj para recordar la amargura de la esclavitud en Egipto.

Pero, ¿cuál era la fuente de esta animosidad? Generalmente, un amo cuida a su esclavo. Los esclavos africanos traídos a América eran vendidos a precios elevados. Aunque eran explotados, también se les cuidaba por conveniencia: eran propiedad valiosa.


¡TRABAJO HASTA LA MUERTE!

Sin embargo, los hebreos en Egipto fueron tratados con amargura, rencor y odio. Había algo profundamente personal en este maltrato. Una posible explicación: durante décadas, desde la época de Yosef, los hebreos vivieron con privilegios en la fértil región de Goshen. Es posible incluso que algunos egipcios trabajaran para ellos. Ahora, el faraón los acusó de haberse enriquecido a costa del pueblo egipcio (ran veatsum mimenu). Faraón les da a los egipcios esclavos judíos —¡posiblemente sus antiguos amos! Para los egipcios, esto fue una venganza. Los hebreos estaban totalmente a merced de amos resentidos, que buscaban hacerlos sufrir, tanto física como psicológicamente.


LOS TRABAJOS MÁS INSALUBRES

La esclavitud en Egipto no fue una esclavitud “económica”. Los hebreos eran considerados enemigos del pueblo. Se les asignaban los trabajos más peligrosos y mortales, aquellos que ningún egipcio quería hacer. La Torá menciona jomer ulebenim, barro y ladrillos. Uno de los trabajos más agotadores de Egipto. Se hacía mezclando barro, limo del Nilo y estiércol. Esa mezcla se pisaba durante 4 o 5 días hasta que fermentaba. Luego se le agregaba paja para dar consistencia. Todo esto se realizaba en los pantanos del Nilo, infestados de cocodrilos, hipopótamos, mosquitos, bajo un sol abrasador.

Maimónides explica que nuestros Sabios instituyeron la Mitsvá del jaroset en el Séder de Pésaj para recordar esas imágenes traumáticas. La pasta marrón recuerda el color y textura del barro; el vinagre, la amargura o las lágrimas del cautiverio; y los tebalin —hierbas o especias finamente cortadas— representan la paja. Esa labor se convirtió en un trauma nacional imborrable.


LA SHOÁ EGIPCIA

El objetivo final de la esclavitud egipcia, abodat parej, era el mismo que el de la Shoá europea. La vida de un judío en Egipto, como en la Europa de los años 40, no valía nada. Ni siquiera el valor de su trabajo. Los hebreos eran como prisioneros de campos de concentración: debían trabajar hasta morir. No había enfermerías para los enfermos o heridos. Si un esclavo caía, era reemplazado. El fin no era la productividad, sino la eliminación.

Y una última observación escalofriante: esta esclavitud mortal tenía un nombre especial en hebreo: abodat parej. Increíblemente, en alemán también tenía un nombre específico: Vernichtung durch Arbeit, “exterminio por medio del trabajo”.

Esta horrorosa expresión describe exactamente la práctica de los nazis en los campos de concentración con los judíos que no eran enviados directamente a las cámaras de gas: los hacían trabajar hasta morir.

Según Wikipedia, el “exterminio mediante el trabajo” fue una práctica sistemática en los campos nazis para asesinar prisioneros por medio del agotamiento físico extremo.

Esta expresión no nació en Egipto, pero la realidad que describe está presente desde nuestra memoria nacional más temprana. Cuando nos sentamos en el Séder y observamos la textura del jaroset, no solo recordamos la esclavitud, sino que damos testimonio de un intento sistemático por erradicarnos… y del milagro de nuestra supervivencia.




La prohibición de poseer Jamets durante Pésaj

Uno de los elementos que hacen que la prohibición de Jamets sea excepcional es que, a diferencia de otros alimentos prohibidos por la Torá, la prohibición de Jamets incluye también la restricción de su posesión. Vamos a explicar detalladamente este tema, ya que no es muy conocido.

Hay tres mitsvot en la Torá relacionadas con la prohibición de Jamets, que NO se refieren a comer Jamets:

  1. bal yeraé, lit. “Tu Jamets no será visto en tu propiedad” (Éx. 13:7).
  2. bal-yimatse, lit. “Tu Jamets no será encontrado en tu propiedad” (Éx. 12:19).
  3. tashbitu: “Durante la víspera de Pésaj eliminarán el Jamets de sus propiedades” (Éx. 12:15).

La Torá shebe’al pe, es decir, la tradición halájica, explica que los primeros dos versículos, esas dos prohibiciones, se consideran una sola e idéntica prohibición: “poseer” Jamets durante Pésaj (el énfasis está en el pronombre posesivo: “Tu” Jamets… que tanto se repite).

Maimónides consagra casi un capítulo entero, el capítulo 2 de Hiljot Jamets uMatsá, para explicar este concepto. Entre otras cosas aclara que, aunque el Jamets se encuentre fuera de mi residencia, si ese alimento Jamets me pertenece, estoy transgrediendo esas dos prohibiciones bíblicas. En Halajá 2, dice:
“… si el [alimento] Jamets pertenece a un individuo judío, a pesar de que ese Jamets esté enterrado, o se encuentre en otra ciudad, o se lo haya entregado a un gentil para que lo cuide, se estará violando [los mandamientos]: “[Jamets] no será visto…” y “[Jamets] no será encontrado.”
En otras palabras, lo que está prohibido por estos dos pesuqim es “poseer” Jamets, independientemente de dónde se encuentre ese alimento Jamets.

También tenemos una tercera mitsvá llamada tashbitu:
“Durante el primer día [la víspera de Pésaj] eliminarán el Jamets de sus propiedades” (Éx. 12:15). Una vez más, la Torá shebe’al pe explica que esta mitsvá se refiere a “terminar nuestra posesión de Jamets” antes que comience Pésaj.
En resumen, hay dos prohibiciones bíblicas idénticas (¡un caso excepcional en la Torá!) y un mandamiento afirmativo refiriéndose a un solo tema: “poseer” Jamets durante Pésaj.

¿Qué hay que hacer entonces para terminar la posesión de nuestro Jamets antes de Pésaj?
Desde el punto de vista bíblico (y siempre siguiendo la opinión de Maimónides), estas tres mitsvot se cumplen todas a la vez con un solo acto: el Bitul Jamets, es decir, abandonando mentalmente y para siempre el Jamets que me pertenezca (Maimónides) y declarando que renunciamos a su posesión (Tosafot), independientemente de dónde se encuentre ese Jamets.

Al declarar que uno renuncia a la posesión de su Jamets, y al afirmar que de ahora en más mi Jamets se considera “sin dueño” (hefqer), uno estaría:

  1. Cumpliendo la mitsvá de “poner fin a la posesión de su Jamets”, y
  2. No estaría transgrediendo las dos prohibiciones de la Torá de poseer Jamets durante Pésaj.

Pero, como todos sabemos, esto NO es lo que hacemos en Pésaj… ¿Por qué?
Los Rabinos de la Guemará (Jazal) explicaron que si solo “declarásemos” que nuestro Jamets ya no tiene dueño y no lo sacásemos físicamente de nuestras casas, podría existir un par de complicaciones prácticas. En primer lugar, dijeron, podríamos “declarar” que renunciamos a nuestro Jamets, pero si poseemos algún alimento Jamets valioso —una botella de whisky, por ejemplo— ¿estaremos realmente renunciando con sinceridad a la posesión de ese Jamets que tiene un valor económico sustancial?
En segundo lugar, dijeron los Jajamim, siendo que el Jamets es uno de los alimentos más comunes (pan, galletas, pasta, cereales, etc.), aun cuando declarásemos que nuestro Jamets ya no nos pertenece, si no sacamos el Jamets de nuestras casas, correríamos el riesgo de comer Jamets accidentalmente…

Es por todo esto que nuestros Rabinos nos indicaron que debemos “deshacernos físicamente” (biur Jamets = eliminación del Jamets) de todos los alimentos Jamets antes de que comience Pésaj, y recién después de deshacernos del Jamets, renunciamos (Bitul Jamets) a la posesión de cualquier Jamets que pudiera encontrarse en nuestras casas, y no lo hayamos identificado ni eliminado.

Esto es, entonces, lo que hacemos en la práctica:

  1. Limpiamos nuestro hogar, automóviles, oficinas y otras propiedades antes que comience Pésaj para identificar y eliminar todos los alimentos Jamets que poseemos.
  2. Llevamos a cabo una inspección final de todas nuestras propiedades la noche antes del Seder de Pésaj para asegurarnos de que hemos eliminado todo el Jamets que allí se encuentre (Bediqat Jamets).
  3. Nos deshacemos físicamente de cualquier alimento Jamets que hayamos encontrado en nuestras propiedades antes y durante la búsqueda (Biur Jamets).

Podemos dar nuestros alimentos Jamets como regalo o caridad a una persona no judía si se trata de alimentos en buen estado. O, si lo que nos queda es, por ejemplo, sobras de pan o de galletas, podemos dárselo de comer a los pájaros, o a los peces en el mar o el río, o quemarlo o tirarlo en la basura fuera de nuestra propiedad.

4. Finalmente, después de deshacernos de todo nuestro Jamets, decimos el Kal Jamirá…, o Bitul Jamets, diciendo:
“[Declaro que] todo Jamets que me pertenece, que no lo haya detectado (durante el bediqá) o que no lo haya eliminado (durante el biur), ya no me pertenece más, y que de ahora en adelante se considera sin dueño (hefqer), como el polvo de la tierra.”
Este es el Bitul Jamets.

    De esta manera, cumplimos con todos los requisitos bíblicos y rabínicos:

    1. Buscamos y sacamos todo el Jamets de nuestras propiedades, y
    2. Renunciamos a la posesión de cualquier alimento Jamets que no hayamos identificado ni encontrado, y que podría todavía estar en nuestras propiedades.



    Edición especial: ¿Qué hacer cuando la víspera de Pésaj cae en Shabbat?   

    UN AÑO SINGULAR
    Este año la celebración de Pésaj será un poco más especial porque el Seder de Pésaj se celebrará un sábado por la noche, el 12 de abril. Y la víspera de Pésaj, entonces, caerá en Shabbat, es decir, comenzará el viernes 11 de abril a la noche. La última vez que algo así ocurrió fue en 2021. Y en el futuro ocurrirá nuevamente en el 2045.

    Cuando esto sucede hacemos algunos ajustes, por un lado para mantener intacta la santidad y el honor del Shabbat con respecto a las comidas , y por otro lado, cuidando al máximo detalle todos los principios Halájicos de Pésaj.

    Vamos a mencionar las principales modificaciones para este año

    AYUNO DE LOS PRIMOGÉNITOS
    Según varias opiniones rabínicas (Sh.A., OH, 470:2), cuando la víspera de Pésaj ocurre en Shabbat como este año, los primogénitos están exentos del ayuno. Sin embargo, es meritorio participar de la finalización de un tratado talmúdico (Siyum), como lo hacemos todos los años  para evitar este ayuno con una comida de celebración en honor a este evento. El Siyum se realiza el jueves 10 de abril por la mañana.

    En nuestra comunidad, los primogénitos acostumbran a abstenerse de comer Jamets después de romper el ayuno. Sin embargo, este año esta restricción queda suspendida.
    La costumbre en nuestra comunidad es que los primogénitos se abstengan de comer Jamets mientras esta permitido para los demás, es decor, durante las primeras horas de Shabbat, hasta las 10:00 am (Nueva York).

    Dado que este año el ayuno se adelanta, los padres que normalmente ayunan en lugar de sus hijos primogénitos menores de bar mitsvá están exentos del ayuno.

    ÚLTIMA INSPECCIÓN DEL JAMETS

    Normalmente, realizamos la última inspección del Jamets (bediqá) para revisar que no haya quedado nada de Jamets en nuestra casa, durante la noche anterior a la noche del Seder. Sin embargo, cuando la víspera de Pésaj cae en Shabbat, la inspección final del Jamets debe realizarse 2 noches antes del Seder, este año el jueves 10 de abril por la noche. Todas las demás reglas de la Bediqat Jamets son similares a las de todos los años.

    BI’UR (eliminar) Y VENDER EL JAMETS

    El viernes 11 de abril, uno debe deshacerse de las sobras de Jamets quemándolo o tirándolo a la basura antes de que finalice la quinta hora del día (en NY, esto es aproximadamente a las 11:00 a.m.). Aunque técnicamente este año se podría hacer más tarde, en la práctica, es recomendable hacer todo esto en el mismo horario que lo hacemos todos los años.   Lo mismo es recomendable que se haga con la venta del james para los que siguen esa costumbre.

    VELA PARA HABDALA: El viernes a la tarde, cuando se encienden las velas de Shabbat o antes,  se debe encender una vela adicional que dure un poco más de 24 horas para tener una llama preexistente que se pueda usar para Habdalá en el Séder el sábado por la noche.

    Ahora vamos a referirnos a las dos opciones que hay para comer pan o Matzah durante el viernes a la noche y el Shabbat.

    ¿COMER O NO COMER PAN DURANTE ESTE SHABBAT?
    Una de las formas en las que honramos el Shabbat es teniendo comidas celebratorias, es decir, recitando el Quiddush, la berajá  de HaMotsí y luego el Bircat HaMazon después de la comida. Normalmente, usamos dos «jalot» (lejem mishné) para HaMotsí. La pregunta es: ¿qué debemos hacer cuando la víspera de Pésaj cae en Shabbat para recitar la bendición HaMotsí y Bircat haMazon? Usamos pan o Matzah?

    En realidad hay dos tradiciones y ambas son halajicamente válidas.

    TRADICION 1: HAMOTSI CON PAN

    Siguiendo esta primera opción, uno podría comer pan durante el viernes 11 de abril a la noche y el sábado hasta el final de la cuarta hora del día (las 10:00 de la mañana, hora de NY. Para los horarios exactos de acuerdo a su ciudad de residencia, vea aquí), que es cuando normalmente  la prohibición de comer Jamets comienza en la víspera de Pésaj.

    Si uno sigue esta opción, hay que tener en cuenta que:

    • √ Toda la comida que se prepare y se consuma para este Shabbat deberá ser Kasher para Pésaj, excepto por el pan (se recomienda usar pan tipo “pita” porque produce menos miga) que se usará para HaMotsí el viernes por la noche y el Shabbat por la mañana antes de que finalice la cuarta hora.
    • √ Se aconseja utilizar platos, manteles, cubiertos, etc., descartables.
    • √ El Shabbat 12 de abril por la mañana se deberá rezar antes de lo habitual, hacer el Kiddush y terminar la comida con pan antes de las 10:00 a.m. (o el horario equivalente en su ciudad de residencia).
    • √ Luego de la comida de Shabbat por la mañana y antes de las 11:00 a.m. (o el horario equivalente en su ciudad de residencia):
      1. Uno debe desechar todas las sobras de Jamets de una manera que esté permitida en Shabbat (consultar este tema con su rabino).
      2. Hacer el Bitul Jamets (kal jamira), es decir, la declaración verbal por la cual uno renuncia a la posesión de cualquier Jamets que le pertenezca, y podría haber quedado involuntariamente en nuestra posesión.      

    La mayoría de los Yehudim Ashkenazim y muchos Yehudim Sefaradim siguen esta primera opción.

    TRADICION 2: REEMPLAZAR EL PAN POR MATSA

    De acuerdo a la segunda opción, y a fin de evitar  el manejo del Jamets durante Shabbat, la mayoría de los rabinos aconsejan por razones prácticas considerar al viernes 11 de abril (13 de Nisán) como si fuera la víspera de Pésaj (14 de Nisán). Por lo tanto, el viernes antes de las 10:00 a.m. (horario de N.Y.) se deja de comer Jamets. Asimismo, antes de las 11:00 (ídem) debemos proceder a:

    • La eliminación del Jamets tirándolo a la basura o quemándolo 
    • La venta de Jamets (Mejirat Jamets)
    • La renuncia verbal a cualquier Jamets que haya podido quedar en nuestra posesión (Bitul Jamets / Kal Jamirá).

    Una vez que terminamos con el Jamets, nos queda resolver la siguiente pregunta: ¿Cómo reemplazar el pan y recitar HaMotsí en las comidas de este Shabbat?

    VIERNES 11 DE ABRIL POR LA NOCHE

    Obviamente, toda la comida que se preparará para este Shabbat debe ser Kasher para Pésaj.

    Respecto al reemplazo del pan por Matsá, hay 3 posibilidades:

    1. Usar Matsot regulares.
      No se debe comer Matsá el día anterior al primer Seder de Pésaj, para que uno disfrute el sabor de la Matsá la noche del Seder. Pero esta disposición recién comienza a regir a partir de la mañana. Por lo tanto, el viernes a la noche se podría reemplazar el pan por Matsá regular de máquina. Una Matsá regular por persona será más que suficiente (considerando no el peso sino el volumen como lo indica la Halajá: 1/3 de Matsá de máquina es kazayit, en términos de volumen).
      Se usa Matsá regular ya que no es necesario que la Matsá que se consuma en Shabbat antes de Pésaj sea Shemurá o hecha a mano.
    2. Usar Matsá Frita
      En nuestra comunidad muchas familias acostumbran a no consumir Matsá a partir del primero de Nisán. En este caso, se podrá recitar el HaMotsí con Matsá frita o cocida (se recomienda más “frita” para que quede entera), ya que al tener un sabor distinto, por un lado se diferencia de la Matsá que usaremos en el Seder, pero califica para HaMotsí (la cantidad será similar al caso anterior).
      La Matsá frita se fríe en aceite, sin huevo ni aditivos y debe estar entera. Para cumplir con los requisitos de esta Matsá.
    3. Usar Matsá Ashirá (Matsá de huevo).
      Esta Matsá está hecha con jugos de fruta, o huevo, etc., y sin agua. Su status (berajá) es “mezonot” y por eso no es válida para el Seder. Sin embargo, tal como ocurre durante el resto del año, cuando comemos una cantidad “considerable” de Mezonot en reemplazo del pan (cuando uno qobea’ se’udá) se recita HaMotsí y Bircat haMazon. Para  eso se deberá consumir por lo menos 2 de estas Matsot completas (sic.) por persona para cumplir con este requisito (esta es la  opinión más flexible).

    ALMUERZO DE SHABBAT (sábado 12 de abril)

    Para el almuerzo no podemos usar las Matsot regulares. Nos queda entonces la opción de usar Matsá frita (o cocida), o  usar Matsá de huevo en la cantidad que explicamos anteriormente.

    SEUDA SHELISHIT

    Por lo general, la Seudá shelishit se realiza más cerca del atardecer. Pero en esta ocasión debemos reservar el apetito para el Séder de Pésaj que tendrá lugar por la noche, por lo tanto esta comida se deberá realizar más temprano que de costumbre (en N.Y. alrededor de las 2:00 o 3:00 p.m.). Para esta comida podemos usar Matsá Ashirá en una cantidad más pequeña (podría ser por lo menos media Matsá, siguiendo el criterio de volumen) recitando la bendición “mezonot”. Alternativamente, se podrá no usar Matsá y hacer una comida más ligera con pescado o carne, o verduras o frutas.

    Consulte con el rabino de su comunidad respecto a la tradición a seguir




    ¿Por qué comemos Matsá?

    La Mitsvá más característica de Pésaj es la de consumir Matsá. La Matsá reemplaza al “pan”,  y de hecho es un “pan”, pero plano, y sin miga. Está elaborado sin esperar que la masa se eleve a través del proceso normal de fermentación, y sin agregarle levadura.

    Ahora bien. ¿Por qué comemos Matsá en Pésaj?

    Hay dos razones. Una de ellas se menciona explícitamente en la Torá. Y la segunda razón, menos conocida, se menciona brevemente al principio de la Hagadá que leemos en el Seder. 

    PAN DE POBRES (לחם עוני)

    Comencemos por lo que dice la Hagadá. Durante muchos años, cuando vivimos esclavizados en Egipto, comíamos exclusivamente Matsá: Desayuno, almuerzo y cena. Este “pan” de bajo costo –llamado al principio de la Hagadá  lajmá aniyá o ‘pan de los pobres’– no tiene levadura, ni sal, ni aditivos. La Matsá era la comida concebida por los amos egipcios como el alimento ideal para los esclavos judíos. No era una comida nutritiva ni balanceada, pero se digería lentamente y duraba más en el estómago de los esclavos judíos, que así se quejaban menos del hambre.  La Matsá era también el alimento de menor costo que se podía producir: todo lo que se necesitaba para preparar Matsá era harina y agua, dos de los elementos más baratos y abundantes en las orillas del Nilo.  Había otro elemento adicional, que contribuía a la tortura psicológica de los judíos: el factor tiempo. Normalmente, para producir un pan común se deja reposar la masa durante unos 20 minutos, y así, una vez que la masa se eleva por la fermentación, se coloca en el horno. Pero los amos egipcios no le concedían a los  judíos esos 20 minutos de descanso: los esclavos hebreos debían preparar la masa y hornearla inmediatamente, así como estaba. El “pan” obtenido era sinsabor, plano y sin miga. La Hagadá nos recuerda esto al señalar que la  Matsá que comemos en el Seder “es el pan de la pobreza que comieron nuestros antepasados en Egipto”. La experiencia de comer solamente Matsá durante tantos años, y su efecto psicológico, quedó grabada en nuestra memoria, y al probarla revivimos el sabor del cautiverio.

    LA SEGUNDA VEZ QUE COMIMOS MATSA

    La razón explícita que menciona la Torá respecto a la Matsá es diferente: en el momento de nuestra salida de Egipto “también comimos Matsá”.  ¿Por qué? Porque la orden de salir de Egipto ocurrió ‘súbitamente’ (bejipazón), la noche del 15 de Nisán, luego de la última plaga, cuando el Faraón luego de tantas negativas y negociaciones por fin cedió y más que liberarnos de buena gana prácticamente nos “expulsó”  de su territorio.   La salida de Egipto fue una “operación relámpago”  que duró solo unas horas. Tratemos de visualizarlo:  tenemos que dejar todas nuestras pertenencias y salir de casa para siempre con lo que uno lleva puesto. Tenemos 2 horas para prepararnos. Sabemos que vamos a ir al desierto pero no sabemos por cuánto tiempo vamos a caminar. Lo más urgente que necesitamos, aparte de agua,  es comida para la travesía. ¡Hay que preparar la mayor cantidad de comida posible en un par de horas… obviamente, ¡no hay tiempo de esperar 20 minutos entre pan y pan hasta que la masa fermente! Y así, al salir de Egipto no nos llevamos con nosotros pan sino cargando Matsot en nuestros hombros. Este evento creó una memoria emocional en nuestro ADN que la Torá inmortalizó con el precepto comer Matsot en el Seder de Pésaj. Muchos judíos Sefaradim teatralizan este evento inolvidable al que llamamos  משארותם צרורות. Ver este interesante video de un maestro enseñando a sus alumnos a tomar las Matsot en su hombro y decir (en árabe): ¿De dónde vienes? De Egipto. ¿Y a dónde vas? ¡A Yerushalayim!  

    ¿QUÉ APRENDÍ? 

    Hace un tiempo atrás, enseñando Masejet Rosh HaShaná, me di cuenta de un detalle que no había observado durante años anteriores.  Los Sabios dicen que nuestra esclavitud no terminó en Pésaj, es decir, en el mes de Nisán: los trabajos forzados fueron interrumpidos en Rosh haShana de ese año, es decir, 6 meses antes de la salida de Egipto (este hecho está también referenciado en el salmo de Tehilim  que recitamos en Rosh haShaná הסירותי מסבל שכמו).  De ser así, supongo, que una vez que los judíos concluimos nuestra esclavitud, comenzamos a consumir “pan normal” , es decir, pan fermentado.  Pero ahora, cuando tuvimos que prepararnos para salir de Egipto apresuradamente,  nos vimos forzados,  irónicamente, a consumir nuevamente “pan de pobres”… Pero como lo explicamos, esta vez la Matsá tenía un sabor diferente: el gusto de la libertad que estaba teniendo lugar precipitadamente, frente a nuestros ojos.

    EL DOBLE GUSTO DE LA MATSA 

    La Matsá representa a la vez la amargura de la esclavitud y el dulce sabor de nuestra providencial libertad. Al comer la Matsá celebramos nuestra redención, sin olvidar nuestro sufrimiento. Por un lado, recordamos la aflicción que sufrimos como esclavos en Egipto. Y por el otro lado, nuestra salida de Egipto, que no fue la consecuencia de una “revolución” progresiva que fermentó en el pueblo a través de varios años, y cuyo desenlace final ocurrió después de interminable batallas…. Fuimos rescatados por el Creador en un  “vertiginoso” acto de redención; irrepetible en la historia de la humanidad.




    ¿Por qué cuatro copas de vino?

    ACTUAR COMO PERSONAS LIBRES 
    Los Sabios de la Mishná dicen que durante el Seder de Pésaj “uno debemos actuar (להראות את עצמו) como si él mismo hubiera salido de Egipto”. Esta significa que en la noche del Seder debemos “actuar” y comportarnos como libres (bené jorín).
    Por eso nos sentamos reclinados sobre la izquierda, que era la forma que en ese entonces solían sentarse los nobles y la aristocracia (ver aquí)  y tambien por ese motivo bebemos 4 copas de vino, que no era habitual para una familia próspera pero no para una familia de medios moderados. Para comprender mejor este punto. recordemos que la antiuguedad NO existia la clase media: los pobres eran escalvos y los libres era ricos. Por eso, para proyectar “libertad” nos comportamos con opulencia: nos sentamos como ricos, comemos como ricos, y bebemos como ricos…   En la antigua Grecia o Roma, por ejemplo,  en el tiempo que el Seder fue formulado con mas detalle,  era normal en un banquete de la aristocracia servir vino 1. antes de la cena, en la recepción como aperitivo; 2. durante la cena y 3. luego de la cena y 4. como sobremesa o vino de postre (after-dinner-drinks).  Estos hábitos sociales están mencionados varias veces en los textos talmúdicos, y muy específicamente en la Toseftá כיצד סדר סעודה (Berajot 4: 8).
    El Seder de Pésaj entonces, es idéntico a un banquete festivo de ciudadanos nobles de la época de la Mishna o el Talmud (años 200-500 de la era común). Hay que tener en cuenta que en la historia del pueblo judío, la prosperidad no fue la regla sino la excepción. Y que, como lo sugiere la Mishná, para la mayoría de las personas no era sencillo adquirir 4 copas de vino por comensal, y es por eso que la Mishná especifica que los fondos públicos podían ser usados para proveer a los pobres de 4 copas de vino per capita, para que esa noche, ricos y pobres, celebren esta noche participando de un banquete de nobles, y poder así visualizar la libertad y la prosperidad, lo que Maimónides y los Sabios llaman “jerut”.
    LAS 4 BENDICIONES DEL SEDER
    Hay otra razón práctica que explica la razón de las 4 copas.  En una cena normal durante la semana, no es lo habitual beber vino. Esto no quiere decir que esté prohibido beber cuando uno bebe en moderación. Pero por lo general el vino y la carne se suele reservar para celebraciones, especialmente para Shabbat y días festivos (Yom Tob).   Y en estas y otras ocasiones festivas, el vino suele acompañar la recitación de las plegarias y bendiciones que recitamos para celebrar estos momentos felices. En Shabbat, por ejemplo, una copa de vino acompaña la recitación del Quiddush y también acompaña la recitación de Birkat haMazón (esto es, la bendición después de comer. Aunque en nuestros días, la costumbre de beber vino luego de Bircat haMazon en algunas comunidades cayó en desuso). Y lo mismo hacemos en otras ocasiones festivas. En la ceremonia de casamiento, por ejemplo, tenemos dos copas de vino. Una copa acompaña la recitación de bircot hairusin y otra copa de vino acompaña la recitación de las sheba berajot(siete bendiciones de los novios) . Asimismo, en un Berit Milá (circuncisión) recitamos la berajá sobre una copa de vino.
    Las bendiciones que decimos en casa o en una fiesta religiosa suelen estar acompañadas de vino, ya que el vino es un elemento asociado con alegría y celebración.
    Volvamos al Seder de Pésaj, y veamos que tienen en común y en que se diferencian las 4 copas del Seder respecto a las otras oportunidades ne las cuales bebemos vino.
    1.A diferencia del Quiddush de Shabbat o de otras celebraciones donde sólo una persona esta obligada a probar el vino, en el Seder TODOS los participantes deben beber las 4 copas. (A los niños, como veremos más adelante, les serviremos jugo de uva) .
    2.Tal como sucede en otras ocasiones, en el seder de Pésaj las 4 copas también acompañan la recitación de las bendiciones celebratorias. ¿Cuántas bendiciones celebratorias recitamos durante el Seder de Pésaj? Cuatro.
    1. El Quiddush.
    2. Gueulá, al final de la Hagadá, antes de cenar (ga-al Israel). Esta es una bencion especial para Pésaj, en la que agradecemos a HaShem por habernos liberado de Egipto.
    3. Birkat haMazón, la bendición después de comer
    4. El Halel, que es la recitación de los Salmos de alabanza a HaShem por habernos rescatado de Egipto.
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    Vino antes de comer
    La Guemará en Berajot (pereq shishi) explica que el vino puede tener un efecto aperitivo, y que se siente más hambre luego que uno bebe (tubá garir). “…todo restaurante sabe que si te dan una bebida primero, vas a comer más”, dice Robert Considine, uno de los autores de un estudio sobre obesidad de la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana, en Indianápolis. Considine y sus colegas encontraron que el alcohol motiva un área particular del cerebro – el hipotálamo – y lo que hace que te centres en aromas alimentarios, en comparación con otros tipos de olores. El hipotálamo produce hormonas que ayudan a gobernar diversas funciones del cuerpo, incluyendo el hambre, dirigen al cerebro “a prestar más atención a la alimentación después de consumir una bebida.