Janucá: ¿Qué significa ser judío?



LA MUERTE DE YEHUDA
Unos anos después de que ocurriera el milagro de Janucá, y luego de firmar la paz con Yehudá Macabí y cancelar los decretos que prohibían la práctica de la religión judía, el general Lisias regresó a Antioquía. Antiojus Epifanes había muerto, y Lisias se convirtió en regente de su hijo Antiojus V. Para Yehudá Macabí y sus hombres, esta era una situación ideal: después de años de lucha, el emperador griego era ahora un aliado y los judíos podíamos vivir en paz y regirnos de acuerdo a nuestra Torá.
El 24 del mes de Av fue el día que oficialmente los judíos de esa época dejaron de obedecer las leyes griegas volvieron a adoptar la Torá como la constitución del pueblo judío. Dicho sea de paso, durante dos siglos, este día se festejó con mucha alegría y orgullo, como lo explica Rashí en Baba Batra 115b:
בעשרים וארבעה באב חזרנו לדיננו הראשון “El 24 de Av volvimos a nuestra ley original.”
Pero la paz no duró mucho tiempo.
Dos años después, en el 161 a.e.c., Demetrio atacó y mató a Lisias y al hijo de Antiojus. Al tomar el poder, Demetrio decidió reanudar sus ataques contra Yehudá y los judíos.
Para este objetivo, envió a su mejor general, el famoso Baqjides, con 20,000 soldados y 2,000 jinetes con la misión de capturar y matar a Yehudá Macabí. Baqjides no llegó por mar, como solían hacerlo las tropas griegas, sino que vinieron desde Turquía y Siria y llegaron por el Golán. Yehudá fue tomado por sorpresa. No esperaba una guerra y como pensaba que la paz iba a durar solo se había quedado con un pequeño ejército de 800 hombres, y había enviado el resto de sus hombres de regreso a sus hogares.
Baqjides y sus tropas encontraron poca resistencia y mataron a Yehudá y a sus combatientes. Las consecuencias fueron desastrosas. Flavio Josefo relata que los nuevos decretos antijudíos fueron reimpresos y las persecuciones fueron aún más intensas y brutales que en los tiempos de Antiojus Epífanes. Baqjides asignó a un sacerdote judío helenizado, Alquimos, para administrar el Templo. En su primer acto oficial como Gran Sacerdote (Cohen Gadol), el malvado Alquimos ejecutó públicamente a 60 rabinos. Miles de judíos fueron asesinados, esclavizados o exiliados. Sin Yehudá Macabí, sin ejército, sin Jerusalem y sin el Bet HaMiqdash, parecía que la milagrosa rebelión iniciada por Matitiyáhu en el año 167 a.e.c. había llegado a su fin.
Todo se había perdido.
¿EL FIN DEL JUDAÍSMO?
Hay milagros, como el del aceite que duró ocho días, donde la intervención divina es del 100%. Y hay otros milagros donde la intervención divina se combina con la grandeza humana: Dios inspira el espíritu de los hombres de bien, les concede fuerza y coraje para luchar y les muestra un destino posible cuando el futuro parece irrealizable.
Esto fue lo que sucedió con los hermanos de Yehudá que habían sobrevivido: Yojanán, Shimón y Yonatán. Junto a unos pocos soldados sobrevivientes, decidieron no rendirse. Yonatán tomó el mando y comenzó a planear la lucha contra el poderoso Baqjides. Baqjides había puesto precio sobre las cabezas de los Jashmonayim, sus soldados y, por primera vez, ¡también sobre sus familias: esposas e hijos. Yonatán decidió huir al desierto de Judea, cerca de la ciudad de Tekoa. Allí hay cuevas profundas donde los combatientes podia desaparecer del ojo del enemigo. Algunas de estas cuevas tienen varios niveles y se adentran más de 50 metros en la montaña, lo que las hace de difícil acceso. Los valientes soldados de Yonatán podrían acceder a estas cuevas, pero para las mujeres y niños el acceso era muy arriesgado. https://youtu.be/dH4mekMOD9s?si=MzGTYjagwkZzOCFd.
Yonatán acudió a sus aliados, los nabateos, y les pidió que protegieran a sus familias mientras ellos combatían a Baqjides. Los nabateos, un pueblo nómada de la península arábica y enemigos de los seléucidas, habían sellado una alianza militar con Yehudá. Yonatán envió a su hermano Yojanán con las mujeres y los niños algunos soldados. Sin embargo, los nabateos, tentados por la recompensa monetaria ofrecida por Baqjides, traicionaron a los Jashmonayim: matando a Yojanán y a los cientos de mujeres y niños de sus familias. Solo un soldado logró escapar y llevar la trágica noticia a Tekoa.
EL PEOR MOMENTO
El libro de los Jashmonayim cuenta que, al enterarse de la tragedia, Yonatán y sus hombres guardaron duelo y lloraron amargamente durante siete días (shivá) en las cuevas de Tekoa. Es difícil imaginar lo que pasó por sus mentes en esas terribles circunstancias. Todo indicaba que se rendirían. ¿Por qué luchar si ya no quedaban mujeres ni niños por quienes regresar? El futuro del pueblo de Israel y su religión estaba en manos de unos pocos hombres traicionados, agotados y devastados por la trágica muerte de todos sus familiares. Los helenistas habían ganado, y el judaísmo podría desaparecer si Yonatán se rendía.
Increíblemente, Yonatán sacó fuerzas de su fe en el Creador (las Fuerzas del Cielo), se levantó del duelo y decidió continuar la rebelión. Primero, atacó violentamente a los nabateos durante una boda, recuperando su fuerza disuasiva, siguiendo el ejemplo de Shimón y Leví en Shejem.
Yonatán comenzó a reclutar y entrenar soldados judíos en las aldeas y llevó a cabo una guerra de desgaste contra Baqjides. Durante dos años, desde el 161 a.e.c. hasta el 159 a.e.c., el improvisado ejército de Yonatán atacó por las noches sin pausa a las tropas griegas, sus suministros y depósitos de armas.
En el año 159 a.e.c., frustrado por no poder capturar a Yonatán y viendo cómo sus tropas se debilitaban por esta guerra de desgaste, Baqjides abandonó la tierra de Israel para librar batallas más sencillas y que le dieran mas fama. ¡Yonatán, Shimón y sus hombres habían triunfado nuevamente! La ciudad de Jerusalem, gobernada por los helenistas, estaba al alcance de sus manos. Sin embargo, y aparentaste contra toda lógica, Yonatán decidió no invadir Jerusalem como lo había hecho Yehudá unos anos atrás y se estableció en Mijmás durante los siguientes siete años.
¿Por qué? Porque entendió que si quería una victoria decisiva y duradera, no podia apoyarse únicamente en sus pocos combatientes: tenía que crear formalmente un ejército judío.

Durante estos días de Janucá he tratado de transmitirles a mis lectores que el milagro de Janucá no se limita solo a lo ocurrido con un pequeño jarro de aceite que duró por ocho días. Este evento Providencial fue solo el comienzo de un periodo de 23 años, desde el año 165 a.e.c. hasta el 142 a.e.c., en el que nuestros ancestros, los Jashmonayim, derrotaron a los invasores griegos y a su aliados judíos y culminó ¡con el establecimiento del primer Estado Judío independiente¡ Esta historia, donde los milagros se combinan con la valentía sin límites, lamentablemente, no es muy conocida, a pesar de que en nuestros días sea quizás más relevante que nunca.
Veremos hoy la última parte de la epopeya que recordamos en la festividad de Janucá.
Tras la muerte de Elazar, Yojanán y Yehudá en la batalla solo quedaban dos de los cinco hermanos Jashmonayim: Yonatán y Shimón. Yonatán tomó el mando y, tras dos años de lucha, logró expulsar al poderoso general seléucida Bakjides de Israel. Sin embargo, y para sorpresa de todos, cuando Bakjides huyó de Israel en 159 a.e.c., Yonatán no intentó recuperar Jerusalem de inmediato. En lugar de eso, se instaló en Mijmásh y se convirtió en el líder de facto de los judíos. Pero ¿qué estaba haciendo Yonatán en Mijmásh y por qué no liberó inmediatamente Jerusalem de las manos de los seléucidas? Yonatán dedicó siete años a reclutar y entrenar un poderoso ejército judío de 40,000 soldados, que podían hacer frente a una fuerza invasora y defender al pueblo judío. Fue la primera vez en siglos que los judíos tuvimos un ejército de esta envergadura. Ahora los emperadores seléucidas —o quienes pretendían el trono— no solo querían evitar problemas con Yonatán y su ejercito , sino que competían entre sí para ofrecer a los judíos beneficios materiales a cambio del apoyo de Yonatán y su ejército.
En ese entonces el rey seléucida era Demetrio Soter. Pero un joven aventurero procedente de Esmirna, Alejandro Balas, que reclamaba ser el hijo de Antiojos Epífanes, desafió a Demetrio y comenzó una guerra civil para obtener el trono. Demetrio y Balas, cada uno por su lado, ofrecieron todo tipo de concesiones a Yonatán para que les brindara su ayuda militar. Yonatán apoyó a Alejandro Balas, quien terminó derrotando a Demetrio. Una vez que esto ocurrió, y con el beneplácito de el nuevo emperador que era ahora su aliado Yonatán entró sin resistencia a Yerushalayim en la fiesta de Sukkot del año 152a.e.c. y fue asignado como Cohen Gadol, gran sacerdote. Este fue en todos los aspectos un segundo Janucá, ya que Yerushalayim había estado en manos de los helenistas por nueve años y el Bet haMiqdash había sido profanado y utilizado nuevamente como un panteón para adorar a los dioses griegos. Pero luego de un par de años, Demetrio II, el hijo de Demetrio Soter, enfrentó y derrotó a Balas y retomó el trono seléucida. Para sorpresa de muchos, este nuevo rey, lejos de buscar venganza contra Yonatán, sabía que lo necesitaba a él y a su ejército de su lado, así que reconoció a Yonatán y le ofreció más privilegios que su antecesor.
Pero los conflictos entre los líderes seléucidas continuaba. Y ahora Trifón, un poderoso general griego, quería arrebatarle el trono a Demetrio II. Trifón llegó a Israel en el año 143 a.e.c. con 30,000 soldados para vengarse de Yonatán, vencerlo y así debilitar a Demetrio. Trifón engañó a Yonatán y le pidió reunirse con él en Acco para mantener conversaciones de paz. Cuando Yonatán llegó a Acco, Trifón lo asesinó. Tras la muerte de Yonatán, el mando de Judea quedó en las manos del hermano menor: Shimón. Con el poderoso ejército que Yonatán había organizado, Shimón enfrentó, derrotó y expulsó a Trifón de Erets Israel.
Shimón siguió avanzando para cumplir con la máxima aspiración de los Jashmonayim y de toda la nación de Israel. Fortificó Yerushalayim, reforzó su ejército y, en el año 142 a.e.c., 23 años luego de la gran rebelión de Matitiyahu y sus hijos, el gran sueño se hizo realidad. En el Bet haMiqdash, en Yerushalayim, la eterna capital del pueblo judío, Shimón, hijo de Matitiyahu, el único sobreviviente de los cinco valientes hermanos, declaró el establecimiento de un estado judío independiente en la tierra de Israel que se llamaría: Judea יהודה.
El día que fue establecido el nuevo estado judío , Shimón dijo estas palabras inmortales que son muy relevantes también el día de hoy, respecto a Medinat Israel:
«No conquistamos una tierra que no nos pertenece; y no nos apoderamos de lo que no nos corresponde. Sino que recuperamos la herencia de nuestros antepasados, que fue usurpada por nuestros enemigos, temporalmente y con gran injusticia. Y cuando tuvimos la oportunidad y la fuerza para hacerlo, recuperamos nuestra libertad».
“לא ארץ נכריה לקחנו, ולא ברכוש נכרים משלנו – כי אם נחלת אבותינו, אשר בידי אויבינו בעת מן העיתים בלא משפט נכבשה. ואנחנו כאשר הייתה לנו עת, השיבונו את נחלת אבותינו”
(Sefer Jashmonayim I, capítulo 15, versículos 34–35)
Este nuevo estado fue inmediatamente reconocido por Demetrio II, quien por primera vez eximió a los judíos de pagar impuestos al imperio seléucida. Shimón fue asesinado en el año 135 a.e.c. y fue sucedido por su hijo Yojanán Hyrcanus, quien continuó liderando a los judíos y expandiendo el territorio de Judea. El flamante Estado de Israel continuó, con altos y bajos, por cerca de 100 años.

Aparentemente, la historia de Janucá concluye con la reinauguración del Templo y el milagro del aceite que duró ocho días. Es como si, después de ese evento, “we lived happily ever after” (“fuimos felices y comimos perdices”). Sin embargo, lo que muchos ignoran es que la inauguración del Bet HaMiqdash fue solo una primera etapa: una victoria contundente e importantísima para los Jashmonayim, ¡pero no fue la última batalla!
De hecho, podría decirse que la historia de Janucá “comenzó” con el milagro del aceite. Los seléucidas y los judíos asimilacionistas no se dieron por vencidos en su intento de terminar con el judaísmo. Lo que siguió fue una verdadera montaña rusa que se extendió durante unos 26 años, con momentos de triunfo y otros en los que todo parecía perdido.
Lo que voy a contar ahora forma parte de esa historia poco conocida de Janucá —o post-Janucá— que debemos aprender, recordar y enseñar como parte de pirsume nisa, la obligación halájica de difundir la intervención Divina. Esa intervención, combinada con la valentía de los soldados judíos fieles a la Tora, permitió que el judaísmo continuara existiendo.
LOS ELEFANTES SE SUMAN A LA BATALLA
Después de la reinauguración del Bet HaMiqdash y del milagro del aceite, los judíos helenistas, junto con los no judíos que vivían en la Tierra de Israel, pidieron ayuda a los seléucidas para recuperar Jerusalem y continuar con su reforma religiosa del Templo. Su objetivo era transformarlo en un santuario más “tolerante”, dedicado al Dios de Israel, pero también a los dioses griegos.
El general Lisias, ahora mucho más poderoso y cercano al debilitado Antiojus, decidió acabar de una vez por todas con lo que consideraba “el problema judío”. En una acción sin precedentes, envió un enorme ejército para enfrentar a Yehudá Macabí y recuperar Jerusalem. Por primera vez en la Tierra de Israel, los ejércitos griegos introdujeron elefantes de guerra: animales especialmente entrenados para el combate. Cada elefante llevaba soldados armados con arcos, flechas y lanzas, y estaba protegido por decenas de soldados de infantería. Los elefantes eran, literalmente, los “tanques” de la antigüedad.
Lisias avanzó desde el sur con la intención de rodear Jerusalem. Cuando Yehudá se enteró de la magnitud del ejército enemigo, comprendió que derrotarlo en campo abierto era prácticamente imposible.
LA MUERTE DE ELAZAR
La única opción que quedaba era eliminar a Lisias para sembrar confusión y desorden en las filas enemigas. Esta misión extremadamente peligrosa fue encomendada a Elazar, uno de los hermanos de Yehudá, quien la aceptó sin vacilar. Elazar debía identificar al elefante mejor protegido, suponiendo que allí estaría Lisias.
Con gran valentía, y atacando por sorpresa, Elazar y sus hombres lograron atravesar la muralla humana que protegía al elefante y herir mortalmente al animal con una lanza. Sin embargo, la misión fracasó. Lisias no se encontraba allí. El elefante cayó sobre Elazar, aplastándolo y causándole la muerte.
Hoy, en el lugar donde ocurrió esta batalla —Bet Zejariá, en Gush Etzión— existe una localidad llamada Elazar, en su memoria. Yehudá había agotado su último recurso. No le quedó otra opción que atrincherarse en Jerusalem y prepararse para resistir hasta el final. Era el mes de Shebat del año 164 a.e.c. Lisias inició el sitio de la ciudad con un ejército inmenso, mientras Yehudá contaba apenas con unos pocos miles de hombres, ya que muchos habían regresado a sus hogares tras la primera victoria.
¿FUE ESTE EL MILAGRO MÁS GRANDE DE JANUCÁ?
Lisias comenzó el ataque contra Jerusalem. Los judíos resistieron con valentía, pero sus fuerzas se debilitaban cada día más. El desenlace parecía inevitable. Uno puede imaginar a Yehudá y a sus hombres debatiendo si luchar hasta morir, rendirse y ser vendidos como esclavos, o incluso quitarse la vida, como ocurriría siglos después en Metzada bajo el dominio romano.
Pero entonces ocurrió algo inesperado y extraordinario. Justo antes de la batalla final, Lisias y su ejército desaparecieron repentinamente de Jerusalem. Nadie entendía qué había sucedido hasta que llegó la noticia: Antiojus había muerto en Antioquía, y su hijo, Antiojus V, un niño de apenas nueve años, había sido proclamado emperador.
Antes de morir, Antiojus había designado a Lisias como regente del nuevo emperador, lo que lo convertía en el gobernante de facto del imperio. Sin embargo, otro general, Filippo, se había apoderado de Antioquía. Lisias se vio obligado a abandonar Jerusalem de inmediato para asegurar su poder. Providencialmente, los judíos se salvaron del ataque final en el último momento.
CAMBIA, TODO CAMBIA
Pero la historia no termina allí. Antes de partir, Lisias envió una carta a Yehudá. En ella anunciaba que todos los decretos anti-judíos promulgados por Antiojus quedaban anulados, ya que, en la antigüedad, las leyes de un rey caducaban con su muerte. Además, garantizaba la libertad religiosa del pueblo judío.
A cambio, Lisias pidió una alianza militar: que Yehudá enviara soldados para ayudarlo a derrotar a Filippo en Antioquía. Yehudá aceptó. De este modo, una vez más, Jerusalem y el pueblo de Israel fueron salvados por la mano invisible del Creador.
PD: Vale la pena aclarar que el día 22 de Shebat fue celebrado como una festividad durante aproximadamente 230 años, hasta la destrucción del Bet HaMiqdash en el año 68 de la era común. Ver este artículo https://halaja.org/2024/12/las-batallas-y-victoria-de-de-januca/ que explica cuáles eran los otros días festivos mencionados en Meguilat Taanit.

Breve reseña de las Festividades que celebrábamos de la época del Segundo Templo, reflejando principalmente las victorias de los Jashmonayim.
El texto está recopilado de la obra Peniné Halajá del Rab Eliezer Melamed.
Durante la era del Segundo Templo, los Sabios establecieron numerosas festividades para agradecer a Dios y regocijarse por las salvaciones que Él realizó para Israel. Todas estas festividades, ¡unos 35! están mencionadas en la Meguilat Ta’anit, el documento que registra aquellos días en los cuales no se puede ayunar ya que eran días semi festivos.
Algunas de ellas son:
El 13 de Adar es el «Día de Nicanor», cuando los Jashmonayim derrotaron a un gran ejército griego y mataron a su comandante, Nicanor.
El 14 de Sivan es el día en que conquistaron Cesarea.
El 22 de Elul conmemora la fecha en que los Jashmonayim ejecutaron a los apóstatas que se negaron a arrepentirse.
El 23 de Marjeshván celebra la destrucción del burdel que los griegos habían construido cerca del Santo Templo.
El 25 de Marjeshván marca la conquista de Shomrón y el comienzo de su repoblación por parte de los Jashmonayim.
El 22 de Shevat recuerda un acontecimiento crucial durante la revuelta de los Jashmonayim: el malvado Antiojus viajó a Jerusalem con la intención de destruir la ciudad y aniquilar a sus habitantes judíos. Sin embargo, al recibir informes preocupantes de rebeliones en la parte oriental de su reino, se vio obligado a levantar el sitio de Jerusalem en esa fecha (año 167 a.e.c.). Finalmente, murió durante estas rebeliones.
El 3 de Kislev conmemora la eliminación de los ídolos que las tropas griegas habían colocado en el Santo Templo.
El 24 de Av celebra el restablecimiento de la ley de la Tora como sistema legal oficial, en lugar de la ley griega.
El 23 de Iyar recuerda la conquista de la fortaleza Ajra por parte de Shimón ben Matityahu, donde aún residía una guarnición griega después de la liberación de la ciudad.
El 27 de Iyar, los Jashmonayim(aparentemente durante el reinado de Yonatán ben Matityahu) prohibieron las imágenes idólatras que colgaban en las entradas de casas y tiendas.
Los días 15 y 16 de Siván conmemoran la conquista de Bet Sheán por los Jashmonayim y la expulsión de los gentiles que oprimían a los judíos.




“En una batalla, la victoria no depende del número de soldados, sino del poder que viene del Cielo”, dijo el presidente argentino Javier Milei en su primer discurso como nuevo jefe de estado del país. Esta frase, que se convirtió en un eslogan de su campaña y en una cita permanente de su gestión, proviene del Libro de los Macabeos, un texto judío de carácter histórico que narra la sublevación y la lucha por preservar la libertad de culto de los judíos frente al intento forzoso de “helenización” por parte del rey Antíoco IV Epífanes.
Como vemos en las historias de los Jashmonayim, eran muy pocos los que se enfrentaban al enrome ejército del imperio seleucida , que contaba con decenas de miles de soldados profesionales, bien entrenados y equipados con armas.
“No es casualidad que esta inauguración presidencial ocurra durante la fiesta de Janucá, la fiesta de la luz, ya que esta celebra la verdadera esencia de la libertad. La guerra de los macabeos es el símbolo del triunfo de los débiles sobre los poderosos, de los pocos sobre los muchos, de la luz sobre la oscuridad, y, sobre todas las cosas, de la verdad sobre la mentira”, dijo el líder de La Libertad Avanza durante su asunción frente a las escalinatas del Congreso de la Nación.
Y agregó: “Recuerdo que en una entrevista me habían dicho: ‘Pero si ustedes son dos [congresistas] en 257, no van a poder hacer nada’. Y también recuerdo que ese día la respuesta fue una cita del libro de Macabeos 3:19, que dice que la victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo. Por lo tanto, Dios bendiga a los argentinos, y que las fuerzas del cielo nos acompañen en este desafío”.
Los Jashmonayim se refieren a Dios muchas veces como “el Cielo”, el poder celestial o las fuerzas del cielo, en una expresión similar a la que usan los Sabios judíos cuando dicen en hebreo Min Hashamayim o en arameo Si’ata Dishmaya .
El Libro de los Macabeos, particularmente el Libro de los Macabeos I, no forma parte del Tanaj, que de acuerdo a nuestras sabios es fruto de la profecía (nebiim) o de inspiración Divina (Ruaj HaKodesh) pero es considerado un libro histórico y por este motivo no fue canonizado por los Sabios como parte de la Biblia hebrea.
Sin embargo, y en el caso particular del primer libro de los Macabeos, las atribuciones al Creador y las expresiones de agradecimiento por Su constante intervención, nos inspiran a ver y aprender de la valentía y la fe de nuestros antepasados. Y el paralelo con nuestros valientes soldados del ejercito de Israel, que hoy en día siguen luchando para preservar a nuestro pueblo y nuestra Torá.
Ver artículo de Infobae aquí

Este miércoles por la noche, 25 de diciembre, correspondiente al 25 de Kislev, 5785, encenderemos la primera vela de Janucá.
La celebración de Janucá dura ocho días consecutivos.
¿Cómo celebramos Janucá?
HADLAQAT NEROT
La celebración más característica de Janucá es la Mitsvá de encender las velas. Cada noche encendemos las velas de Janucá, como explicaremos más adelante. Además de esta Mitsvá, hay otras costumbres y tradiciones para celebrar esta festividad.
RECITACIÓN DEL HALEL
Durante todos los días de Janucá, recitamos el Hallel Shalem. El Hallel es una Tefilá (oración) de alabanza a HaShem, que consiste en la lectura y entonación de algunos Mizmorim (Salmos) de Tehilim relacionados con la celebración y la alegría. El Hallel también se recita en Pesaj, Shabuot, Sucot, etc.
‘AL HANISIM
También introducimos en la Amida (la oración principal diaria) y en el Birkat haMazón (la oración después de las comidas) un párrafo especial donde agradecemos a HaShem por haber salvado a nuestros antepasados de sus enemigos en los tiempos de Matitiyahu y sus hijos, los Jashmonaím.
LECTURA DE LA TORÁ
Durante los ocho días de Janucá, leemos los textos bíblicos correspondientes a la ceremonia de inauguración del Mishkán (el Tabernáculo, es decir, el Santuario erigido en el desierto del Sinaí), cuando cada uno de los Nesíim (líderes) de cada tribu de Israel trajo una ofrenda a HaShem para inaugurar el altar (mizbeaj). Incluso los lunes y jueves, días en los que leemos la sección semanal, interrumpimos la lectura de la Parashá de la semana y leemos solo los párrafos asignados a Janucá.
SEUDÁ
Aunque no hay una Mitsvá formal de realizar una Seudá (una comida festiva, como lo hacemos en Purim), en muchas comunidades es costumbre servir comidas especiales de celebración donde se comparten palabras de Torá y se cantan canciones alegres. Estas comidas se celebran con familiares, amigos e invitados. Muchos también sirven platos lácteos en memoria del acto heroico de Yehudit, la hija de Yojanán Cohen Gadol. Otros sirven lebibot, sufganiot u otros pasteles fritos en aceite.
También hay ciertas prácticas que suspendemos durante Janucá para mantener el espíritu festivo y alegre de estos días.
Ejemplos:
AYUNO
Muchas personas observan un ayuno en el aniversario del fallecimiento de un padre. Sin embargo, si este aniversario coincide con Janucá, el ayuno se pospone hasta después de que Janucá termine.
DUELO (HESPED)
Es costumbre no realizar elogios (hesped), como didan, shloshim, arayat o discursos fúnebres, durante Janucá. Además, se evitan las visitas al cementerio en los aniversarios de fallecimientos. Estas visitas pueden programarse antes o después de Janucá, dependiendo de la costumbre de cada comunidad.
TACHANÚN
Durante Janucá, se omiten las tefilot (oraciones) de confesión (tajanún) y los mizmorim (salmos) de súplica. Como se mencionó anteriormente , esto se hace para preservar el ambiente festivo y alegre de Janucá.