Sucot y las nubes

“…para que vuestras generaciones sepan que Yo hice habitar en sukkot a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo soy HaShem vuestro Dios”.

Levítico 23:42

Este próximo lunes 6 de octubre por la noche comenzaremos la celebración de la fiesta de Sucot, que nos recuerda nuestra travesía de 40 años en el desierto, desde Egipto hasta la tierra prometida: Israel.

La Torá dice claramente que la razón por la cual celebramos Sucot es para recordar “que Dios nos estableció en sucot” cuando nos sacó de Egipto.

Pero, ¿qué eran en realidad esas sucot? ¿De qué estaban hechas?

CABAÑAS

De acuerdo con Ribbí Aquibá, las sucot eran simplemente «chozas», cabañas con un techo de ramas, que no protegían de las inclemencias climáticas como un techo normal, pero servían para protegerse del sol, algo muy necesario en el desierto. Según esta opinión, al construir las sucot y habitar en ellas, rememoramos nuestra travesía en el desierto.

Hay por lo menos dos objeciones a esta interpretación “literal”:

La Torá, cuando se refiere a los lugares de residencia de los judíos en el desierto, menciona la palabra hebrea ohel, esto es, carpas hechas probablemente de piel de animales, no menciona chozas ni cabañas.

La segunda objeción es más aguda: ¿Por qué dice la Torá que “Dios» estableció a los israelitas en cabañas? Las chozas a las que se refería Ribbí Aquibá debieron haber sido construidas por los mismos judíos, no por Dios.

NUBES DE GLORIA

Ribbí Eliezer disiente con Ribbí Aquibá y sostiene que en este versículo “sucot” no se refiere a cabañas o chozas. Sin importar si las viviendas de los judíos eran de madera o pieles, lo que debemos recordar es que durante los 40 años de travesía en el desierto, el pueblo judío fue protegido por Dios. A esta Protección Divina, Ribbí Eliezer la llamó “nubes de gloria”. Siete “nubes” con las que HaShem protegió a Israel: cuatro nubes alrededor, una nube por encima, una por debajo y la séptima nube, que iba al frente, a tres días de distancia, para indicarles el camino.

¿Por qué eran necesarias estas nubes protectoras? Porque cruzar un desierto es arriesgado. El agua y la comida no son suficientes.

Hay al menos cuatro desafíos serios al atravesar un desierto:

Clima: El calor abrasador durante el día y el frío de la noche, junto con los vientos impredecibles y tormentas de arena. Recuerdo lo que ocurrió con el ejército de Cambises en Egipto. En el año 525 a.e.c., Cambises envió un ejército de 50,000 soldados para destruir el Templo de Amón en Siwa, Egipto. Tras siete días en el desierto, desaparecieron, probablemente enterrados bajo una tormenta de arena. ¿No es fascinante —milagroso— que ningún fenómeno climático afectara a los judíos durante 40 años en el desierto?

Ataques: En el desierto hay bandidos y ladrones. En el caso del pueblo judío, después de la guerra con Amalek, no se registraron más ataques.

Animales: En el desierto abundan serpientes venenosas y escorpiones. Es fácil pisar a uno de estos animales y ser atacado.

Dirección: Moshé pidió a su suegro Yitró que los acompañara, pues conocía bien el desierto. Sin embargo, Yitró se negó. La séptima nube, el “amud esh ve’anan” (columna de fuego y nube), guió al pueblo como un GPS moderno.

¿NUBES VIRTUALES?

Ahora podemos comprender mejor la opinión de Ribbí Eliezer. La palabra «nube» en hebreo, ‘anan, no debe entenderse como las nubes blancas del cielo. Aquí «nube» se usa metafóricamente, refiriéndose a un mecanismo Divino que protegía al pueblo judío. Estas nubes invisibles, que protegían desde todos los lados, pueden compararse hoy a firewalls (barreras protectoras) que protegían de posibles ataques enemigos. La nube de arriba protegía de las inclemencias del clima, y la de abajo, de los animales venenosos. Finalmente, la séptima nube, la columna, guiaba al pueblo, indicando el camino.

Nuestros Sabios debatieron ambas opiniones y finalmente se pronunciaron a favor de la opinión de Ribbí Eliezer.

Cuando entramos a la Sucá, debemos recordar que HaShem protegió a nuestros antepasados de todos los peligros del desierto.

En nuestros días podemos visualizar mucho más claramente las Nubes de Gloria que protegieron a Israel en el desierto. Sin las “nubes” que hoy protegen a Medinat Israel, como el sistema de defensa antimisiles Cúpula de Hierro (Iron Dome) —que continúa interceptando misiles lanzados desde Yemen—, la situación sería trágica. En Israel, la intervención divina se combina con la creatividad humana. Y esperamos que pronto entre en funcionamiento el Iron Beam , rayo de hierro (o para mi: “la Sucá Láser”, ver abajo) , que protegerá a Israel de misiles y drones, y creará un cielo hermético como el que los judíos tuvimos en el desierto bajo la protección divina.

Que HaShem siga protegiendo a Israel de nuestros múltiples enemigos, como lo hizo con nuestros antepasados en el desierto.




La reunión en la Casa Blanca no fue solo sobre Gaza – sino sobre un nuevo orden mundial

Por Amir Avivi (General de Brigada, Tzahal, retirado)

Tras el colapso de Hamás y la consolidación del control israelí en la Franja de Gaza, está surgiendo un acuerdo que incluye la mayoría de los objetivos que Israel estableció al comienzo de la guerra. Paralelamente, bajo el liderazgo de Estados Unidos, se está forjando un nuevo orden regional, y parece que el sueño de un Estado palestino contiguo se desvanece.

Hay algo extraño en el silencio que sigue a la tormenta. No es el silencio tenso que promete otro estallido, sino la inquietante sensación que aparece cuando uno se da cuenta de que el juego ya ha sido decidido.

En la Oficina Oval, en Washington, ya no se sientan a apagar incendios: vinieron a trazar líneas en los mapas. Como en la Conferencia de Yalta, aquella célebre reunión en las costas del Mar Negro al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando Roosevelt, Churchill y Stalin se repartieron un continente entero mientras Hitler aún seguía en el poder. Incluso entonces, entendieron que el juego ya estaba terminado.

Lo que hoy parece un acuerdo sobre una estrecha y miserable franja de tierra es, en realidad, el cimiento de un nuevo orden mundial: una coalición que se extiende desde el Mediterráneo hasta el Océano Pacífico, desde Israel pasando por el Golfo hasta Indonesia. Un gran frente contra el eje ruso-iraní-chino-norcoreano. Cuando de repente aparece sobre la mesa la posibilidad de un arreglo con Líbano y Siria, queda claro que Gaza es solo el movimiento de apertura de Trump para un plan mucho más amplio.

¿Por qué está funcionando ahora? Porque todas las falsas esperanzas se han desvanecido. Hamás esperaba una intervención internacional, la caída del gobierno, la rendición de Israel… y nada de eso sucedió. Ahora ven que el 80% de la Franja de Gaza ya está bajo control israelí, que clanes y milicias están cooperando con Israel incluso en temas de seguridad, y que enfrente se encuentra la advertencia de Trump: esta es su advertencia final y no habrá otra. Hamás entiende que, si no salva su pellejo, Israel recibirá luz verde para hacer lo que quiera en Gaza, lo que significa una sentencia de muerte para la organización.

De hecho, el texto del acuerdo que se está gestando cumple, casi palabra por palabra, los cinco objetivos fijados por el gobierno al inicio de la lucha:

  1. La devolución de todos los rehenes.

  2. La eliminación de Hamás como entidad gobernante y militar.

  3. La completa desmilitarización de la Franja de Gaza.

  4. La plena responsabilidad de seguridad en manos de Israel.

  5. La creación de una realidad sin infraestructura terrorista en Gaza.





NEILA, 5785: El Veredicto Final

A dos años del 7 de Octubre
[Adaptado del artículo publicado el año pasado]
Es el final de Yom Kippur, 5786, el momento de la Neila. En los cielos, el juicio está a punto de comenzar. El Todopoderoso está sentado en Su trono, listo para evaluar a Su pueblo Israel y emitir el veredicto final. En el centro de la Corte Celestial está la balanza que pesa los méritos (zejuyot) y las transgresiones (jobot) de Israel. Que definirá si este año que está comenzando merece ser bueno o difícil para Israel. Hay demasiado en juego porque 5786 es un año decisivo para el futuro del pueblo judío. Se siente un tenso silencio en los cielos y en la tierra.
Primero se le concede permiso al fiscal para presentar sus argumentos de condena. Se levanta y comienza a cargar la balanza en el lado izquierdo con las transgresiones que cometió el pueblo de Israel del año pasado. Pecado tras pecado, apila ofensas pequeñas y grandes en la balanza. Termina y se aparta. El plato está muy pesado, la balanza se inclina demasiado a la izquierda, y un incómodo silencio llena el aire de la Corte.
Acto seguido, se concede permiso a los ángeles Mijael, Eliyahu y Gabriel, los defensores de Israel, para presentar los méritos de Israel durante el año que pasó.
Los ángeles llaman al estrado a siete líderes, siete patriarcas para testificar y presentar su caso ante el Todopoderoso.
Primero, llega Abraham representando el jesed, la bondad, la solidaridad. Abraham da un paso adelante y les recuerda a todos que el año que pasó fue un año de guerra, impuesta desde la masacre que sufrimos en Simjat Torá hace dos años. El primer patriarca trae con él todos los actos de bondad del pueblo de Israel que estuvo a la altura de las circunstancias: los médicos y enfermeras de los hospitales que pasaron largas noches sin dormir salvando vidas de los soldados heridos; el personal de seguridad que arriesga sus vidas para impedir atentados en centros civiles; los psicólogos, los trabajadores sociales, los maestros y los consejeros juveniles que atienden a las familias que sufren las perores pérdidas. Luego introduce a los cientos de miles de voluntarios de todo el mundo judío que se hicieron presente durante la guerra. Las mujeres de Naharia que dejaron todo lo que estaban haciendo y se pusieron a cocinar durante meses para que los soldados siempre encontraran algo para comer. Los jubilados que se transformaron en choferes voluntarios para transportar día y noche a soldados y reservistas. Los voluntarios que organizaron asados y deliciosas comidas para agasajar a los combatientes que llegaban desde Gaza. Los que apoyaron a los soldados heridos, visitándolos, acompañándolos, y cantando para ellos. El personal voluntario de ZAKA, que, desde las escenas de un horror inimaginable, rescataban los últimos restos de cuerpos judíos deliberadamente quemados y mutilados. La solidaridad de los judíos de la diáspora que se pusieron a la altura de las circunstancias que juntaron y enviaron decenas de aviones con toneladas de equipo y ropa para el ejército. Los que organizaron y participaron de viajes de solidaridad. Los que donaron cientos de millones de dólares al Estado de Israel y a su ejército.
Luego se presentó Isaac, olá temimá, el primer judío que estuvo dispuesto a sacrificarse y dar su vida por Kiddush Hashem. Isaac colocó en el lado derecho de la balanza las cientos de almas puras de los soldados y combatientes judíos caídos en combate desde el 7 de octubre. Los soldados que ese fatídico día murieron defendiendo con sus últimas balas sus bases militares, o aquellos que, como Eljanan Kalmenzon, desde el otro lado de Israel, en Judea y Samaria, hasta el Kibutz Be’eri al escuchar las noticias del ataque en la mañana, y que no esperaron recibir órdenes, sino que actuaron para salvar a inocentes a costa de sus propias vidas. Los jóvenes soldados que, en las sangrientas batallas de Gaza, se ofrecieron como voluntarios para ir al frente y entrar en esas casas llenas de explosivos. Y los combatientes que se lanzaron sobre granadas vivas para salvar las vidas de sus hermanos en armas. Y aquellos que, como el comandante Arnon Zamora, dieron su vida para rescatar a los rehenes de Hamás. Los paramédicos que corrieron en medio de una lluvia de balas para rescatar a los soldados hermanos heridos del campo de batalla. La balanza comienza a inclinarse fuertemente hacia el lado derecho.
Isaac se retira y entonces llega Jacob, el patriarca que luchó contra Esav y lo venció, pero quedó herido por el resto de su vida. Jacob trae con él los nombres de los más de 10,000 jovenes soldados de Israel heridos desde el 7 de octubre. Coloca sobre la balanza las sillas de ruedas, las muletas, las prótesis de piernas y brazos perdidos, las lágrimas y las cicatrices del dolor de las heridas. Luego acumula las discapacidades físicas o mentales que estos héroes jóvenes cargarán de por vida.
El peso en el lado derecho ya es insoportable.
Luego ingresa a la corte Yosef, y les recuerda a todos que él fue cautivo. Fue tirado en un pozo y estuvo rodeado de escorpiones y serpientes venenosas. Y luego estuvo en un calabozo por dos años, y pensó que nunca saldría con vida. Yosef trae los nombres de los 20 jatufim que todavía siguen cautivos en Gaza. Los jóvenes que sobreviven en túneles oscuros o en apartamentos húmedos. Hambrientos, cansados, maltratados, torturados física y emocionalmente, desesperados por ser rescatados y orando por una salvación milagrosa como la de Yosef.
En ese momento todos dan un paso atrás e ingresa al recinto Moshé Rabbenu, que llega con la Torá que lleva su nombre. Y demuestra que desde el 7 de octubre de 2023, el estudio y la observancia de la Torá ha revivido como nunca antes en la historia. Coloca en la balanza derecha cientos de nuevos Sifré Torá que se han dedicado a la memoria de los soldados caídos en batallas. Presenta cientos de miles de Tefilin y Tzitzit que todo soldado judío lleva en la batalla. Y los millones de libros de Tehillim. Y las sinagogas improvisadas en Gaza, y las nuevas cabañas en el sur del Líbano, listas para celebrar la fiesta de Succot. Añade el increíble resurgimiento del judaísmo en la diáspora, en América, y coloca una foto del multibillonario Bill Ackman que el año pasado se puso su Tefilin, por primera vez en su vida.
Moshé introduce a su hermano, Aharón HaCohén, que nos enseñó a estar unidos y practicar el amor incondicional de un Yehudí por el otro. Coloca en la balanza la solidaridad y el espíritu de unidad que los judíos redescubrimos después del 7 de octubre. La nueva conciencia de que no solo somos un pueblo, sino una familia. En el campo de batalla, los soldados descubrieron que ya no hay ashkenazim ni sefaradim, ni de izquierda ni de derecha—solo hermanos judíos luchando hombro con hombro, uno por el otro y todos por el pueblo de Israel, Keish Ejad Belev Echad, como una sola persona con un mismo corazón. También coloca en la balanza el nuevo entendimiento de que las comunidades de la diáspora y los judíos de Israel somos una sola familia. La balanza se inclina más y está a punto de romperse. Aharón demuestra que la unidad es nuestra fuerza más grande. Hay un silencio tenso en la sala.
Entonces suenan las trompetas e ingresa a la corte David HaMelej: el rey poeta y guerrero invencible. David presenta a la noble generación de jóvenes soldados, algunos de los cuales recién acaban de terminar la secundaria, y que se abalanzan contra el enemigo como leones. Y que repiten: “¡LUCHAR, LUCHAR, LUCHAR!”, no tres sino siete veces: haciendo la guerra contra siete frentes—Hamás, Hezbolá, los Hutíes, Irak, Siria, Judea y Samaria, y, por supuesto, Irán. Son fuertes, muy valientes, y determinados a derrotar a un enemigo despiadado. Luchan para proteger nuestra tierra y restaurar la gloria del pueblo judío. Luchan Bayabasha, Ba’avir, Ubayam—en tierra, en el aire y en el mar—para eliminar a Amaleq y proclamar: “¡Am Yisrael Jai!”.
El Rey David termina su exposición y, de repente, las puertas se abren de par en par y ellas irrumpen en la Corte. Se escuchan los pasos afuera y todos se ponen de pie al ver a las cuatro matriarcas de nuestra nación. Sará, Rivká, Rajel y Leá ingresan al recinto, se acercan a la balanza y colocan en el plato los nombres de cientos de madres, Imaot Shekulot, que han perdido a un hijo en la guerra y cuyos llantos de dolor nunca cesarán. Y las cientos de jóvenes viudas, que ahora deben criar a sus tres, cuatro o cinco hijos solas, sin sus amados esposos a su lado. Y las oraciones y lágrimas que las madres judías rezan por sus hijos que están en la guerra. Y los interminables capítulos de Tehillim que recitan al lado de las camas de hospital de sus hijos heridos. Las oraciones de las mujeres de los yishuvim , los asentamientos de Judea y Samaria, cuyos maridos están de miluim en Gaza tres, cuatro o cinco meses. Y serán llamados de nuevo a pelear en el Líbano. Rezan por la noche, cuando los niños ya duermen, y le ruegan a Dios que no se conviertan en viudas. O durante el día, mientras atienden a sus hijos, fingiendo que todo está bien para que sus familias preserven la normalidad y no sufran el trauma del 7 de octubre.
El plato derecho de la balanza colapsa bajo el peso de las virtudes, los méritos y los rezos del pueblo de Israel.
Mijael, Eliyahu y Gabriel dan por concluida su presentación.

Que el Todopoderoso selle el veredicto del pueblo judío y establezca que a Israel le sea otorgado un veredicto celestial muy positivo. Y que el año 5786 sea un mejor año. Un año de yeshu’ot — victoria— y de gueulá, redención.
Nos espera—nos merecemos— el mejor año de nuestra larga historia. Con mis mejores deseos. 

Rab Yosef Bitton




El Perdón y los 13 atributos del Creador

El núcleo de las Selijot es el texto Bíblico ‘Amonay, Amonay, E-l Rajum veJanun …. (Shemot 34:6) “. Estas palabras se conocen como los 13 atributos de la compasión de Dios.
Maimónides explica que por atributos, no debemos entender que estas son “cualidades” de HaShem, es decir, lo que es HaShem ES (lo cual está más allá de nuestra comprensión), sino más bien, cómo HaShem opera en este mundo.
Estas palabras fueron invocadas por Moshé Rabenu en un momento muy delicado: cuando el pueblo de Israel adoró al becerro de oro y HaShem propuso destruir a Israel. Moshé le rogó a HaShem que perdonara a Israel, y como sabemos, HaShem lo hizo.
Rabí Yojanan explica en el Talmud que HaShem le enseñó a Moshé Rabenu que cuando invocamos estos 13 principios, nuestras transgresiones serán perdonadas .
Los 13 principios dicen lo siguiente:
HASHEM – Dios, actuando desde la compasión. A diferencia de Eloquim, que alude a Dios, actuando desde la estricta justicia.
HASHEM – (explicaremos más adelante esta repetición del nombre de Dios)
E-L – Poderoso en Su compasión. Aún cuando no lo merecen, cuida a Sus criaturas de acuerdo a sus necesidades;
RAJUM – Misericordioso;
VEJANUN – Clemente, cuando la humanidad ya está en peligro;
EREJ APAIM – Lento para la ira;
VERAB JESED – Y generoso para actuar con bondad;
VE-EMET– Dios practica la verdad;
NOTSER JESED LAALAFIM – Y mantiene Su bondad por mil generaciones;
NOSE AVON – Perdona nuestra iniquidad;
VAFESHA– Nuestras transgresiones;
VAJATAA – Y nuestros pecados;
VENAQE – Y cuando nos arrepentimos con sinceridad “borra de Su registro” todas nuestras transgresiones .
El Rabino Eliyahu de Vidas (1518-1592) escribe en su libro Reshit Jojma (שער הענוה פרק א) que la expresión del Talmud  “cuando invocamos estos 13 atributos, nuestras transgresiones serán perdonadas” no debe ser entendida como “cuando recitamos estos 13 atributos” sino como “cuando imitamos estos 13 atributos”. Esto significa que cuando nos comportamos con los demás de acuerdo a estos 13 atributos de HaShem, seremos perdonados por Él.
Algunos ejemplos:
HASHEM, HASHEM: La repetición del nombre de Dios requiere una explicación. Nuestros rabinos enseñaron que a partir de esta repetición aprendemos una maravillosa lección acerca del perdonar: cuando verdaderamente nos arrepentimos de nuestras transgresiones, HaShem nos perdona por completo, y nunca más nos recuerda nuestra transgresión.  La repetición del nombre de HaShem nos enseña que una vez que nos arrepentimos de nuestras transgresiones, Dios se comportará con nosotros exactamente igual que como se comportó con nosotros antes de que cometiéramos ese error. No hay rencor, ni resentimiento, sino un perdón total y completo de Su parte.   Se espera que nosotros también actuemos de esta manera hacia quienes nos rodean. Por lo tanto, si aspiramos a ser perdonados por Dios, tenemos que actuar hacia los demás como queremos que Él actúe hacia nosotros. Cuando perdonamos a los demás, debemos borrar y eliminar todo vestigio de resentimiento hacia la persona que nos ofendió, y actuar hacia él o ella como lo hicimos antes de que nos ofendiera.
EREJ APAYIM (Paciente) HaShem espera pacientemente  que nos arrepintamos, en lugar de castigarnos inmediatamente por nuestros pecados. Así también, si alguien nos hace daño, debemos ser pacientes y darle tiempo a esa persona para que se arrepienta.
VEEMET (Verdad). Él cumple Sus promesas de brindarnos Su bendición, incluso cuando ya no lo merecemos. Así también, si nos comprometimos a hacer algo bueno por otra persona, debemos cumplir nuestra palabra, incluso cuando esa persona ya no lo merece.
NOTSER HESED LAALAFIM  (HaShem mantiene su bondad por mil generaciones). Si tenemos una deuda de gratitud con alguien, debemos seguir expresando esa gratitud a los descendientes de esa persona.
En resumen: Cuando recitamos estos 13 atributos debemos aprender de ellos no sólo cómo HaShem se comporta con nosotros, sino también, o sobre todo, cómo HaShem espera que nos comportemos con los demás.



EL ANTISEMITISMO DE CANDACE OWENS, UN MISTERIO FINALMENTE EXPLICADO

Hasta hace unos 5 o 6 años, Candace trabajaba con Ben Shapiro y con el extraordinario Dennis Prager. Era evangélica, de tendencia conservadora. Era una mujer positiva, naturalmente proisraelí y filojudía. Candace, además, era una voz afroamericana muy necesaria para sostener una relación saludable entre afroamericanos y judíos.

Pero todo cambió cuando Candace se casó. El cambio fue gradual, pero durísimo. Hoy Candace evoca sin vergüenza ni escrúpulos los peores discursos antisemitas de la red X (antes Twitter). Niega o minimiza el Holocausto y acusa a los judíos de todos los problemas del mundo: responsabiliza a Israel del 11 de septiembre y hasta sugiere que Israel se atacó a sí mismo para justificar —según su relato— matar a los pobres “inocentes” guerrilleros de Gaza. Y por supuesto culpa a Israel del asesinato de Charlie Kirk. Para mí es la voz más antisemita de las redes sociales y tiene millones de seguidores.

¿Qué pasó? Hasta ayer no tenía idea. Y solo después de leer el siguiente artículo que les resumo lo entendí. Lo acabo de descubrir y lo comparto con ustedes.

El artículo original se llama: “Candace Owens, George Farmer y el Giro Contra los Judíos”

El brusco giro de Candace Owens hacia una hostilidad contra los judíos ha desconcertado a muchos observadores. Antes era protestante y evangélica, pero su retórica cambió de forma notable tras su matrimonio en 2019 con el político británico George Farmer. Según el rabino Tovia Singer, la explicación no está en las ideas políticas sino en la religión de su esposo.

En una charla reciente en YouTube, el rabino Singer explicó:
“Su esposo… pertenece a una rama del catolicismo que rechaza el Concilio Vaticano II.… pertenece a una versión del catolicismo como la de Mel Gibson, donde creen que el último Papa, el verdadero último Papa, fue Pío XII… Ella [Owens] solía ser protestante… Ella se convierte al catolicismo de su esposo.”

¿Qué es el Sedevacantismo?

Una facción católica marginal obsesionada contra los judíos. La palabra significa literalmente “la sede está vacante”. Los sedevacantistas rechazan la legitimidad de todos los papas posteriores a Pío XII (fallecido en 1958), afirmando que la Iglesia cayó en apostasía con las reformas del Concilio Vaticano II (1962–1965).

¿A qué apostasía se refieren? El Concilio Vaticano II fue revolucionario por tratar de mejorar las relaciones católico-judías. La declaración Nostra Aetate rechazó explícitamente la acusación “madre”, responsable del terrible antisemitismo europeo que desembocó incluso en el Holocausto y vigente durante siglos: que los judíos somos culpables de la muerte de Cristo. Este Concilio llamó a los judíos “amados por Dios”, afirmó su pacto y exhortó a los católicos a fomentar el respeto y el diálogo con el judaísmo.

Los sedevacantistas rechazaron esta nueva idea y consideraron al Concilio Vaticano II ilegítimo porque, en su visión, los judíos debían seguir siendo identificados como “deicidas” y continuar demonizados y castigados. El sufrimiento judío sería, para ellos, el castigo eterno merecido por lo que hicieron.

¡El odio hacia los judíos era tan rancio que los llevó a rechazar y a deslegitimar al Vaticano!

Candace y otros católicos de esta línea NO ACEPTAN AL PAPA. TODOS los Papas son ilegítimos por haber perdonado a los judíos y haber mejorado las relaciones con ellos. Por eso gente como Farmer o Mel Gibson NO RECONOCEN A LOS PAPAS y sostienen que Pío XII fue el último Papa legítimo y que la sede papal ha estado vacante desde entonces.

Así, cuando Owens se casó, se convirtió a esta variante del catolicismo y pasó a convertirse en una voz marcada por teorías conspirativas, obsesionada no ya con Israel sino contra los judíos. Por eso no importa lo que los judíos hagamos o dejemos de hacer: la cuestión de Gaza —o cualquier otra excusa política— no es más que una pantalla para disfrazar lo que Candace nunca admitirá abiertamente: su judeo-fobia es teologica, no política.




NITSABIM: Los dos caminos de regreso a Dios

LOS ONCE PESUQUIM

La Parashá de esta semana, Nitsabim, contiene un texto extraordinario con once versículos (Debarim 30:1–11) que resuenan en nuestro presente político y religioso contemporáneo.
 Este texto describe lo que hoy llamaríamos el “sionismo bíblico”. El mensaje es inequívoco: en el futuro, el pueblo judío retornará a Dios. Este texto, conocido como “Parashat haTeshubá”, describe dos tipos de Teshubá.

Primero, Moshé habla de regresar, de volver a Dios con el corazón: VAHASHEBOTA EL LEBABEJA, y obedecer Su palabra, VESHAMATA BEKOLO. Este es el sentido clásico de la palabra Teshubá: arrepentirse, cambiar la conducta, volver al pacto abandonado. Esta es la Teshubá religiosa, el despertar al que nos inspira el Shofar, por ejemplo. Es la Teshubá que comenzaremos a practicar ahora en Rosh Hashaná, hasta el día de Yom Kippur.

Cuando eso sucede, continúa la Torá, comienza otro tipo de Teshubá. La Teshubá geográfica. Los judíos, que por no haber escuchado a Dios fueron dispersados “hasta los confines del cielo”, cuando regresan a ה׳ con todo su corazón y toda su alma experimentarán “un segundo regreso” , (el verdadero Second Coming) también llamado Teshubá: el retorno geográfico a Dios. El pueblo judío regresará a Su tierra como una señal de reconciliación. Esta es la Teshubá nacional, colectiva, que hoy llamamos sionismo.

Moshe describe este proceso como un movimiento de reciprocidad: el pueblo da el primer paso y regresa, y ה׳ los hará regresar, es decir, les facilitará el retorno a su hogar ancestral desde todos los rincones del mundo.

Y allí llega el pasuq más emocionante de nuestra Parashá:

אִם־יִהְיֶה נִדַּחֲךָ בִּקְצֵה הַשָּׁמָיִם מִשָּׁם יְקַבֶּצְךָ ה׳ אֱ-לֹהֶיךָ וּמִשָּׁם יִקָּחֶךָ

“Aunque estuvieras exiliado en el fin del mundo, desde allí te recogerá ה׳ tu Dios y desde allí te traerá de regreso.”

La intervención Divina no terminará en facilitar el regreso a Israel; Dios estará allí contigo:

וֶהֱבִיאֲךָ ה׳ אֱלֹהֶיךָ אֶל־הָאָרֶץ אֲשֶׁר־יָרְשׁוּ אֲבֹתֶיךָ וִירִשְׁתָּהּ וְהֵיטִבְךָ וְהִרְבְּךָ מֵאֲבֹתֶיךָ׃

“Y ה׳ tu Dios te hará volver a la tierra que tus padres poseyeron, y tú la poseerás; Él te hará bien y te multiplicará más que a tus padres.”

Dios concederá Su bendición y restaurará la dignidad del pueblo.

La Teshubá comienza cuando el pueblo judío vuelve a Dios: se hace menos secular, más tradicional, menos prejuicioso frente a su propia religión, más interesado en aprender. Este es el retorno a ה׳, la reconciliación espiritual e individual. Luego, inevitablemente, llega la Teshubá geográfica, la sed del retorno a la tierra que nos pertenece y a la cual pertenecemos.

Estos 11 versículos son proféticos. Y es difícil —si no imposible— no verlos como una profecía que se cumple en nuestros días.

El Rab Bibas y el Sionismo moderno

Creo que el primero en describir estas dos formas de Teshubá fue el Rab Yehuda Bibás. ( Sí, es el mismo apellido de Yarden Bibas, su esposa Shiri y sus dos pequeños hijos, z”l, secuestrados y asesinados por Hamas.)

El Rab Bibás nació en Gibraltar —colonia inglesa en España, como las Malvinas argentinas—. Por el lado de su madre fue nieto del famoso rabino marroquí Rabbenu Jaim ben Attar, el Or HaJayim haQadosh (1696–1743). Su padre pertenecía a una prestigiosa familia de rabbanim, dayanim y shojatim de Tetuán, Marruecos español.

El Rab Bibás sirvió por muchos años como rabino de la prominente y afluente comunidad judía de Corfú, una hermosa isla que hoy pertenece a Grecia.

Vivir en Corfú le permitió al Rab Bibás tener una perspectiva privilegiada de un suceso histórico con el cual conectó nuestra Parashá: la independencia del Estado griego.

Entre 1821 y 1830 los griegos, que hasta ese entonces vivían en su tierra bajo dominio otomano, se levantaron contra el Imperio Otomano en un movimiento nacionalista inspirado por las ideas de la Revolución Francesa. Aunque los otomanos respondieron con gran violencia, la guerra culminó con la batalla de Navarino en 1827, donde los griegos, con la ayuda de varias potencias europeas, triunfaron, y en 1830 se reconoció oficialmente la independencia del Estado de Grecia.

REGLA DE TRES SIMPLE

La tierra de Israel en ese entonces también pertenecía al Imperio Otomano: era parte de la provincia turca llamada “Siria”. Y el Rab Bibás pensó: si los griegos pudieron luchar y triunfar contra los otomanos, recuperar su tierra y fundar su propio Estado, ¿por qué no podemos hacerlo los judíos?

Alrededor de 1835, el Rab Bibás se dio cuenta que existía una oportunidad histórica para los judíos: debían organizarse, aprender, luchar y conquistar militarmente la tierra de Israel de los turcos, ¡del mismo modo que los griegos conquistaron su propia tierra!

El Rab Bibás viajó por Europa y el norte de África —visitando los Balcanes, Viena, Londres, Alemania, Hungría, Praga— y otras comunidades judías con un mensaje principal: los judíos del mundo debían unirse y practicar la Mitzvá de la “TESHUBÁ”, “retorno”, “regreso” a la tierra de Israel para poder conquistarla de nuevo.

Teshubá es la obligación de los judíos de la diáspora de despertarse y “retornar” a Dios y a Su tierra.

Emigrar a Israel es retornar a Dios, porque El Dios de Israel “reside” en la tierra de Israel.

El Rab Bibas explicaba: “…al morar en la diáspora voluntariamente, los judíos estamos dando la espalda a Dios׳. . ¿Y por qué estamos viviendo en el exilio? ¿Para procurar nuestro sustento, por dinero y seguridad material? ¿No dijo la Torá que la tierra de Israel es una tierra que ה׳ supervisa constantemente, una tierra en la que no se comerá pan con pobreza? ¿No dijo el mismo Dios que allí no faltará nada? Recordemos que cada día, después de comer pan, agradecemos a ה׳ por la tierra de abundancia que Él nos concedió en la tierra de Israel.

¿TESHUBA ACTIVA O PASIVA?

El regreso del pueblo de Israel a Sion no era promovido como la solución para el eterno problema del antisemitismo, sino esencialmente como la forma de cumplir la vocación del judaísmo: el pueblo judío viviendo en su tierra, Israel, y gobernado por su ley, la Tora.

Esta es la reconciliación con Dios que describe explícitamente la Parashá de esta semana.

El pueblo de Israel que vive en el exilio, sostenía el Rab Bibás, no necesita esperar pasivamente la llegada del Mashiaj para concretar esta aspiración. Más bien, debe despertarse y buscar activamente el restablecimiento de un Estado judío independiente en la tierra de nuestros antepasados como la manera de avanzar y facilitar la llegada del Mashiaj.

La Teshubá nacional comienza con el regreso al judaísmo individual y colectivo, para dar lugar luego a la Teshubá geográfica.

Esta doble Teshubá sigue siendo hoy la brújula del pueblo judío: reconciliarse con ה׳, y reconstruir su vida nacional en la tierra de Dios.

SHABBAT SHALOM




El Rab Abraham Saba (1440-1508) y la Isla de los Lagartos

El Rab Abraham Saba nació en Castilla, España, en 1440. Cuando los judíos fueron expulsados de España en 1492, no había ningún lugar seguro adonde podían escapar. Ningún país les ofrecía refugio, excepto Turquía, pero era muy difícil y arriesgado llegar allí. Ninguna ruta por mar o tierra estaba libre de piratas, ladrones, cazadores de esclavos, hambre o la amenaza constante de plagas y epidemias. Unos 120.000 judíos huyeron a Portugal, que en ese momento parecía el refugio más confiable: sin mar que cruzar, una lengua similar y la misma cultura ibérica. Entre los judíos que escaparon a Portugal se encontraba el Rab Saba, que buscaba un nuevo comienzo. Pero los pobres refugiados pronto descubrieron que los horrores y tragedias de los exiliados de España estaban lejos de terminar.
El rey portugués Juan II, ansioso por aumentar su tesoro, aprobó la admisión de judíos exigiéndoles pagar una fuerte suma de dinero, 100 cruzados —monedas de oro— por persona para obtener una visa permanente. Quienes no podían pagar esa gran cantidad podían residir en Portugal un máximo de ocho meses por un importe menor, 8 cruzados por cabeza. La mayoría de estos judíos que llegaban a Portugal de manera temporal, incluido el Rab Saba, se trasladaron a la ciudad de Oporto, el principal puerto de Portugal, con la esperanza de zarpar pronto hacia Italia, Turquía, Grecia o el norte de África. Pero la escasez de barcos hizo imposible su salida. Tras cumplirse los ocho meses, el rey proclamó que quienes no pudieran renovar su residencia pagando por otros ocho meses debían convertirse al cristianismo o serían automáticamente considerados esclavos del monarca. Los refugiados habían salido de España con las manos vacías. Nadie tenía dinero para pagar esa suma.
Las familias que se negaron a convertirse sufrieron una de las peores tragedias de la historia sefaradí. El rey, usando su argumento de que ahora eran “esclavos del rey”, ordenó separar a los niños de sus padres —algo que ni siquiera la cruel Inquisición española se había atrevido a hacer—. Miles de niños fueron llevados a conventos para ser criados como católicos. Dos de sus hijos fueron arrebatados de sus manos. Para buscarlos, se disfrazó de gentil y visitó numerosos conventos por toda la península. En cada lugar al que llegaba recitaba en voz alta el Shema Israel. Al oír su voz, atraídos por la dulce y familiar melodía del Shema, los niños judíos se acercaban a él y lloraban inconsolablemente. Nunca más los volvió a ver.

Setecientos adolescentes judíos, varones y mujeres, fueron enviados a São Tomé y Príncipe, una isla remota en África frente a la costa de Guinea, recientemente descubierta por exploradores portugueses y famosa por la abundancia de lagartos y cocodrilos. Según los informes de la época, la mayoría de estos niños judíos murieron mientras trabajaban en los pantanos, devorados por los grandes reptiles y otros por hambre o abandono.
El Rabino Saba describe este terrible acontecimiento en su libro Tseror Hamor, Parashat Ki Tabo:
זאת היא קללה אחרת שקרה לנו בעוונותנו בפורטוגאל, שלקח המלך את הבנים ואת הבנות הקטנים ושלחם בספינות לאיי הנחשים כדי לעשות שם יישוב
“Esta es la gran tragedia que nos ocurrió en Portugal: el rey tomó a los niños y los envió en barcos a las islas de lagartos para poblar aquel lugar”.
En 1495 murió el rey Juan II y subió al trono Manuel I. La situación de los judíos no mejoró. Por el contrario, Manuel se casó con la princesa española Isabel, hija de Fernando e Isabel יש”ו, con la esperanza de unir toda la península bajo una sola monarquía y religión. Los reyes españoles aceptaron el matrimonio con una condición despiadada: Manuel debía expulsar a los judíos de Portugal. El 4 de diciembre de 1496 se estipuló que, para noviembre del año siguiente, ningún judío podría residir en Portugal. Quienes no quisieran convertirse debían abandonar sus bienes y salir del país de inmediato. Cuando Manuel vio que los judíos estaban dispuestos a arriesgar su vida y marcharse, dejando todo atrás antes que convertirse, comprendió que la partida de estos individuos altamente capacitados — artesanos, profesionales, comerciantes — afectaría negativamente la economía de Portugal, como ya había ocurrido en España. Entonces decidió imponer una conversión masiva “por decreto”. Es decir, en lugar de expulsar a los judíos de Portugal, Manuel decidió expulsar el judaísmo de los judíos y declararlos a todos de facto “nuevos cristianos”.
En Lisboa había un grupo de 20.000 judíos, entre ellos el Rab Saba, esperando desesperadamente algún barco que los sacara de Portugal. Pero el rey ordenó bautizarlos por la fuerza. El Rab Saba fue encarcelado por no someterse a la conversión forzada. En la cárcel, cuenta que vio al rabino principal de Portugal, Ribbí Shimón Maimi (o Meimi) זצ”ל. El Rab Maimi, su esposa, sus hijas y sus yernos fueron torturados por la Inquisición para obligarlos a convertirse y así dar ejemplo a los demás judíos. Pero el anciano rabino Maimi y toda su familia eligieron sufrir las terribles torturas y murieron al quiddush haShem, rechazando la conversión.
Después de pasar seis meses en prisión, el Rab Saba fue enviado con un grupo de judíos a la ciudad de Arcila (o Asilah), en Marruecos, una fortaleza-prisión. Tras unos meses escapó milagrosamente y llegó a Fez, una ciudad con una gran comunidad judía. Le tomó algunos años recuperarse de su deterioro físico y emocional. Después de una larga convalecencia, se convirtió en uno de los rabinos de la ciudad y comenzó a reescribir sus libros, algo que no hacía desde 1492.
Seis de sus obras habían quedado en Portugal. Una de sus más famosas, donde se relatan todas las historias presentadas aquí, es Tseror Hamor, un comentario a la Torá. También escribió Eshkol ha-Kofer, un comentario sobre Meguilat Rut y Meguilat Ester. Estos son los dos únicos libros suyos que conservamos hoy. Entre los manuscritos dejados en Portugal estaban Tseror haKesef, responsa rabínicas sobre temas relacionados con Rosh Hashaná y Yom Kipur; Tseror haHayim, comentario sobre Pirqué Abot; un comentario a los Salmos; otro a la Guemará Berajot; y un libro cabalístico en el que explicó las diez Sefirot.
Desde Fez viajó a Adrianópolis (hoy Edirne, en Turquía). Murió el 9 de Tishrí de 5269 (1508) en un barco y fue enterrado en el cementerio judío de Verona, Italia.
La nieta del Rab Abraham Saba se casó con Rab Yosef Caro, autor del Shulján Aruj.




SHUSHBINIM: Cuando los amigos ayudaban a pagar el casamiento

Todo el mundo sabe lo que cuesta un casamiento. Y todo el mundo conoce a una pareja joven que postergó la fecha porque no le daban los números. Nuestros sabios pensaron en eso, y la solución que pensaron es una de las instituciones más ingeniosas del judaísmo. Se llama shushbinut, y hoy sobrevive pero convertida en algo mucho más chico: el shomer del novio

LOS TREINTA DE SHIMSHÓN

La palabra shushbín aparece ya en el Tanaj. Cuando Shimshón se casó, le trajeron treinta jóvenes para que fueran los miembros cercanos de su cortejo (Shofetim 14:11). En la época del Talmud, la fiesta de casamiento se hacía como una comida comunitaria, y a los que participaban se los llamaba shushbinim.

Hasta acá parece solo una palabra antigua para “los amigos del novio”. Pero no lo era.

UN FONDO COMÚN ENTRE AMIGOS

Maimónides lo describe con toda claridad en el Mishné Torá, en las leyes de Zejiyá uMataná. 7:1. La costumbre en todos los países, dice, es que cuando un hombre se casa, sus amigos y conocidos le mandan dinero para ayudarlo a cubrir los gastos del casamiento. Esos mismos amigos que mandaron el regalo tienen después el derecho de venir a comer y beber con el novio durante la semana de festejos. A los que mandaron el dinero se los llama shushbinim.

Y ahora viene lo que cambia todo. Ese dinero no era un regalo. Era un préstamo con una fecha de vencimiento muy particular: el día en que los amigos se casaran.

El novio que recibió el dinero queda legalmente obligado a devolver la misma suma cuando le toque el turno a cada uno de sus amigos. Y “legalmente” quiere decir legalmente: el Talmud (Babá Batrá 145a) establece que la shushbinut es una deuda cobrable en el Bet Din. Si el amigo no cumple, se lo puede demandar. Y hay más: es una de las pocas deudas que el año de Shemitá no cancela, porque aún no venció.

Es decir: un grupo de amigos jóvenes, ninguno de los cuales puede pagarse solo un casamiento, arma entre todos un fondo rotativo. El primero que se casa recibe de todos. Después va devolviendo, de a uno, a medida que cada uno se casa. Nadie queda afuera, y a nadie le tocó pagar todo junto.

LAS REGLAS DEL JUEGO

El Talmud llega a discutir los detalles con una seriedad que sorprende. Rab Kahaná establece la regla general: si el que debía devolver la shushbinut estaba en la ciudad cuando su amigo se casó, tendría que haber ido. Si estaba cerca y escuchó el sonido del tambor que anunciaba el casamiento, tendría que haber ido. Si estaba lejos y no lo escuchó, el novio tendría que haberle avisado; y si no le avisó, el amigo tiene motivo de queja… pero igual tiene que pagar.

Hay una consecuencia legal de esto que dice mucho. La Mishná (Sanhedrín 3:5) determina que un shushbín queda descalificado para testificar en un juicio que involucre al novio. ¿Por qué? Porque la relación es demasiado cercana. Ser el shushbín de alguien era una declaración pública de amistad profunda, con consecuencias en un tribunal.

QUÉ QUEDÓ DE TODO ESTO

Hoy tenemos más de treinta invitados en una boda común, y la palabra shushbín se redujo a una sola persona: quien acompaña al novio o a la novia, se ocupa de sus necesidades durante el día de la boda, anuncia los honores en la ceremonia y se asegura de que todo funcione. Un hermano, un primo, el mejor amigo. Lo que en inglés llaman ‘the best man’. En hebreo “shomer”

Se perdió, en el camino, lo más interesante: que ser shushbín no era un honor decorativo sino un compromiso económico, y que la comunidad tenía un mecanismo obligatorio y exigible para que ninguna pareja tuviera que renunciar a casarse o postergar su casamiento por falta de dinero.

Rab Yosef Bitton




EL ANILLO: ¿Por qué liso, de oro, y sin piedras?

En una boda judía, el momento en que el novio le entrega el anillo a la novia no es simplemente un gesto romántico ni una formalidad simbólica. Es el acto legal del qiddushín, que establece el vínculo matrimonial. Por eso la ley judía tiene tanto para decir sobre ese pequeño anillo: de qué debe estar hecho, cómo debe ser y, especialmente, a quién debe pertenecer.

¿POR QUÉ UN ANILLO?

Lo primero que hay que aclarar es que el anillo no es indispensable. La Torá no dice que el qiddushín deba realizarse con un anillo. El novio debe entregar a la novia algo que tenga valor monetario, y el valor mínimo establecido por nuestros Sabios es una perutá, una moneda de valor ínfimo.

El anillo es, entonces, una costumbre, aunque una costumbre muy antigua. Tosafot (Qiddushín 9a) sugiere que el uso de un anillo para establecer un vínculo matrimonial podría remontarse incluso a tiempos bíblicos.

Y no fue siempre una costumbre universal. En algunas comunidades sirias e iraquíes se utilizaba una moneda en lugar de un anillo. En otras comunidades existieron costumbres diferentes.

¿Por qué terminó imponiéndose el anillo?

Una explicación muy sencilla es que el anillo se lleva puesto permanentemente. Se transforma así en un recordatorio constante del matrimonio, del compromiso y de la fidelidad.

Hay además una imagen que a mí me parece especialmente hermosa. Nuestros Sabios compararon el pacto entre HaShem e Israel con un matrimonio. Y cada mañana, cuando un judío se coloca los Tefilín, enrolla la correa alrededor del dedo mayor y dice: “Veerastij li leolam”, “Te desposaré conmigo para siempre”. El dedo y el gesto evocan nuevamente la idea de un vínculo permanente.

ORO, PLATA Y NADA DE PIEDRAS

La costumbre más difundida es utilizar un anillo sencillo de oro, aunque algunas comunidades utilizan plata.

Pero hay una consideración mucho más importante que el material: el verdadero valor del anillo no debe estar oculto o resultar engañoso.

Por eso se acostumbra evitar todo aquello que dificulte determinar qué está recibiendo realmente la novia.

1. El metal no debe estar disimulado. Un anillo que parece de oro pero que en realidad es de otro metal solamente bañado en oro puede crear una impresión equivocada acerca de su valor.

2. Sin piedras. Esta es probablemente la regla más conocida. El valor de una piedra preciosa no puede determinarse simplemente mirándola. Dos diamantes aparentemente similares pueden tener valores completamente diferentes. Por eso, para el qiddushín, se acostumbra utilizar un anillo sin piedras.

3. Sin grabados ni diseños especiales. También se acostumbra que el anillo sea sencillo, sin inscripciones ni trabajos de orfebrería que puedan alterar su valor de una manera difícil de determinar.

Hay quienes agregan otra hermosa razón para evitar piedras preciosas: no avergonzar al novio que no puede permitirse comprar una. Si todos utilizan un anillo sencillo, nadie queda expuesto por su situación económica.

Vale aclarar algo práctico. En nuestra comunidad les pedimos a los novios que traigan un anillo liso y sencillo. Pero si por error traen uno grabado, lo utilizamos igualmente.

EL ANILLO TIENE QUE SER DEL NOVIO

Esta condición es fundamental.

Una persona no puede realizar el qiddushín entregando algo que no le pertenece. El anillo debe pertenecer al novio en el momento en que se lo entrega a la novia.

Por eso, antes del qiddushín, el rabino suele verificar que el novio sea efectivamente el propietario del anillo. También debe asegurarse de que no se lo haya regalado previamente a la novia. Si el anillo ya le pertenecía a ella, el novio no le estaría entregando algo suyo.

UNA RAZÓN MÁS

Rab Aryeh Kaplan trae en Made in Heaven, citando Keter Shem Tob, una explicación muy original sobre el uso del anillo.

En la Biblia, entregar el anillo real era una forma de transferir autoridad. El faraón le entregó su anillo a Yosef cuando lo puso al frente de Egipto. Ajashverosh entregó su anillo a Hamán y posteriormente se lo dio a Mordejai. En cada uno de estos casos, el rey estaba delegando autoridad sobre su reino.

Algo semejante ocurre simbólicamente bajo la Jupá.

Cuando el novio le entrega el anillo a su esposa, no le está dando simplemente una joya. Está expresando que desde ese momento comparte con él la autoridad sobre el nuevo hogar que ambos están comenzando a construir.

Rab Yosef Bitton




¿Cuándo se recitan las Sheba Berajot?

Durante los siete días que siguen a la boda se realizan comidas festivas en honor de los novios y, al terminar el Birkat HaMazón, se recitan las Sheba Berajot, las siete bendiciones. Pero estas bendiciones no se recitan en cualquier comida. Para poder decirlas deben cumplirse tres condiciones.

LAS TRES CONDICIONES

1. Minyán. Tienen que estar presentes diez hombres adultos. El novio se cuenta entre ellos.

2. Bet jatanim. De acuerdo con el Shulján Aruj, la comida debe realizarse en la residencia de los novios. Sobre este punto, sin embargo, existen diferentes costumbres. En muchas comunidades sefaradíes de la diáspora se recitan las Sheba Berajot aunque la comida no tenga lugar en la casa de los novios. Por eso, en este tema se debe seguir la costumbre de cada comunidad. La costumbre ashkenazí también permite recitarlas cuando la comida se realiza fuera de la residencia de la nueva pareja.

3. Panim jadashot. Según la tradición sefaradí que seguimos, tienen que estar presentes por lo menos dos invitados “nuevos”, es decir, personas que no participaron anteriormente de una comida de celebración de los novios. La costumbre ashkenazí se conforma con un solo invitado nuevo.

¿Y EN SHABBAT? En la cena del viernes por la noche y en la comida de Shabbat al mediodía no hacen falta panim jadashot —ni uno ni dos—, porque el propio Shabbat se considera panim jadashot y aporta una dimensión nueva de alegría a la celebración.

CUANDO FALTA ALGUNA CONDICIÓN

Si alguna de estas condiciones no se cumple, y hay por lo menos tres hombres adultos participando de la comida formal, se recita solamente la última berajá: Asher bará.

CÓMO SE RECITAN

Cuando se dicen las Sheba Berajot, la costumbre es utilizar dos copas de vino. Sobre la primera copa se recita el Birkat HaMazón. Luego se toma una segunda copa y sobre ella se recitan las primeras seis berajot. Al terminar, quien dirigió el Birkat HaMazón recita sobre la primera copa “Boré perí haguefen”, y a continuación se recita sobre la segunda copa la última berajá, “Asher bará”. Finalmente se mezcla un poco del vino de ambas copas y se les da de beber a los novios.

Cuando se recita solamente la berajá Asher bará, la costumbre es decir primero “Boré perí haguefen” y después “Asher bará”.

Rab Yosef Bitton