Koraj y las cuatro palabras que pueden salvar tu vida

No alcanza solo con aprender el significado de este versículo de la Torá (pasuq). Les recomendaría que lo memoricen. O que lo impriman y lo guarden en su bolsillo, cartera o billetera. Es un pasuq muy corto, que pertenece a la Parashá que leeremos en unas semanas, Pinejás, pero se refiere a lo acontecido en nuestra Parashá KORAJ. El pasuq consiste en solo 4 simples palabras. “UBNE QORAJ LO METU”. Que significa literalmente “Y los hijos de Koraj no murieron”. Es decir, sobrevivieron. 

¿A qué se refiere este breve texto?   

HIJOS vs PADRE

Llevado por la ambición, la envidia y los malos consejos, Koraj decidió rebelarse contra Moshé y Aharón para quitarles el liderazgo político. Koraj no estaba solo. Más de 250 personas lo acompañaban en su aventura rebelde. El final de Koraj fue horroroso: murió tragado por la tierra. Todas las personas que estaban con Koraj sufrieron el mismo destino. Sin embargo, como menciona este pasuq, los hijos de Koraj fueron la excepción ¡y sobrevivieron! ¿Por qué? Los hijos de Koraj, que ya eran adultos, se habían sumado a la rebelión encabezada por su padre y participaron de las protestas y las manifestaciones en contra de Moshé. Sin embargo, “a último momento”, cuando llegó la hora del enfrentamiento final con Moshé, reaccionaron. Se dieron cuenta que lo que estaban haciendo era un acto de locura y que si no daban marcha atrás en ese mismo momento, ¡el daño iba a ser irreparable! Los hijos de Koraj sobrevivieron porque se arrepintieron justo a tiempo, en el minuto final.  

Pienso en los desafíos morales que todos nosotros vivimos diariamente. 

LA IRA Y EL ENOJO

A veces nos dejamos llevar por la ira y estamos a punto de levantar la mano y dañar físicamente a alguna persona, u ofender seriamente a alguien insultándolo con palabras graves. Estos impulsivos actos de violencia, especialmente si se trata de violencia física, pueden tener consecuencias irreversibles para la víctima y para el victimario. En un acto impulsivo que dura unos pocos segundos, uno puede condenarse a sí mismo a sufrir las consecuencias de lo que hizo, por el resto de su vida.

ATRACCIÓN FATAL

Otras veces nos dejamos llevar por nuestras pasiones. Nos relacionamos con quien no debemos… nuestro sentido común se nubla y así, en un breve momento, nos dejamos arrastrar por el instinto, pudiendo echar a perder “para siempre” nuestro honor, manchar nuestro buen nombre y el de nuestros hijos y destruir nuestra familia… 

PERDERLO TODO POR UN TEXTO

Sucede que uno está a punto de mandar un texto que escribió con enojo, donde expresa toda su frustración sin filtros. Hacemos esto más para desahogarnos que para transmitir un mensaje. Y no medimos ni calculamos como va a reaccionar el que lo recibe.   Hay casos famosos de grandes personalidades que perdieron sus trabajos por un Twitter inapropiado que una vez enviado y registrado por un solo “follower”, ya nunca pudieron borrar. En los tiempos de WhatsApp o Snapchat uno puede arruinar la vida de otra persona, o la propia, con tan solo enviar una fotografía inapropiada. Increíblemente, no siempre nos damos cuenta de la gravedad y de la irreparabilidad de lo que hacemos. ¿Por qué? Creo que porque inconscientemente suponemos que las cosas graves y con consecuencias de largo alcance suelen ser difíciles de ejecutar…. y hacer click en “send” ¡parece tan fácil!

EL ÚLTIMO RECURSO

Lo curioso es que en varios casos famosos de actos impulsivos, mensajes o textos inapropiados, los que cometen el error se dan cuenta de lo que hicieron ¡unos segundos DESPUES!

En todos estos casos, nuestro nombre, nuestra familia, nuestra reputación, nuestras vidas pueden ser salvadas recordando este pasuq “Y LOS HIJOS DE KORAJ SOBREVIVIERON”. Los hijos de Koraj que estaban a punto de arruinar sus vidas y perderlo todo se dieron de lo que iban a a hacer un breve momento ANTES, dieron marcha atrás y se salvaron. 

Recomiendo memorizar estas 4 palabritas y si alguna vez, ח”ו alguien está a punto de caer en la destructiva trampa de sus propios impulsos, que diga para sí mismo este Pasuq y recuerde que la sabiduría de dar marcha atrás en el último minuto salvó la vida de los hijos de Koraj. Y puede salvar la tuya.

וּבְנֵי־קֹרַח לֹא־מֵתוּ

¡Y los hijos de Qoraj, sobrevivieron!

Bamidbar 26:11




SHELAJ LEJA: La generación langosta

El derrotismo psicológico de la generación del desierto también se pone de manifiesto en un detalle que por muchos años no había notado: los espías se veían chiquitos como insectos, pero ¿por qué no se describieron como hormigas, abejas o avispas, insectos que la Torá describe en otros contextos? ¿Por qué usar las “langostas” como metáfora?

Se me ocurrió que eligieron compararse con un insecto como la langosta porque las langostas no tienen aguijón, es decir: no pueden defenderse ni defender a su colonia. En cierta manera, y con mucha sofisticación, admitían su superioridad numérica —tengamos en cuenta que el efecto devastador de las langostas se produce cuando llegan en plagas de millones— pero fuera de su gran número, individualmente, las langostas son totalmente inofensivas y vulnerables.

Los hombres de la generación del desierto, diría el Dr. Freud, se veían a sí mismos como langostas porque se creían incapaces de defenderse ¡y, mucho menos, de triunfar!

Si queremos analizarlo más sofisticadamente todavía: según la cultura gastronómica de aquellos tiempos, las langostas eran comestibles (muchas especies son kosher), y quizás inconscientemente se estaban describiendo a sí mismos como “comida” para el enemigo.

Caleb y Yehoshua, por el otro lado, en un momento presentaron una visión opuesta cuando dijeron “Lajmenu hem”: los enemigos serán como pan para nosotros, en el sentido de la expresión en español argentino: “son pan comido”.




SHELAJ LEJA: De la generación del desierto a la generación de la victoria

EN EL DESIERTO

El pueblo judío estaba en el desierto, a pocos días de alcanzar la Tierra Prometida. Dios instruyó a Moshé que enviara a doce hombres, líderes de las tribus, a explorar el territorio de Israel y planificar la forma más eficaz de conquistarlo. Los espías regresaron de su misión y mostraron al pueblo los frutos de Canaán. Todos se deleitaron.
Pero lo que siguió fue inconcebible e inesperado: diez de los doce exploradores expresaron un pesimismo total sobre las posibilidades de conquistar la tierra de leche y miel: LO NUJAL. “¡No podremos conquistarla! Los habitantes son demasiado fuertes. Son gigantes. Nosotros somos pequeños e insignificantes, “como langostas”. ¡No vamos a lograrlo!”

Yehoshua y Caleb, dos de los exploradores, intentaron razonar con el pueblo y ofrecieron mas o menos los siguientes argumentos: “No somos una nación cualquiera. Somos el pueblo de Dios. ¿Acaso olvidaron quién nos sacó de Egipto hace apenas un año? ¿Recuerdan las diez plagas? ¿No se dan cuenta de que Dios nos guía y nos ayudará a conquistar la tierra? ¡No tengan miedo! ¡ALO NA’ALE! ¡Vamos a poder conquistarla!”

TISHA BEAB

La historia terminó mal. El pueblo lloró, gritó y protestó contra Moshé y Aarón. Yehoshua y Caleb intentaron calmarlos, pero la multitud se negó a escucharlos y estuvo a punto de apedrearlos. Dios tuvo que intervenir de manera directa para evitar una sublevación colectiva. Hubo víctimas. Dios castigó a esa generación de la peor manera posible, “karma”, iban a tener que deambular por el desierto —como ellos querían— hasta desaparecer y ser reemplazados por la próxima generación.

Durante años me pregunté qué motivó a los diez espías a ser tan pesimistas. La Torá, fiel a su estilo, deja este punto abierto a la interpretación. Leí mucho sobre este episodio. Al principio, no entendía cómo pudieron paralizarse por el pesimismo. Era ilógico. Y no solo porque HaShem estaba con ellos. Incluso desde un punto de vista práctico y pragmático, sin basarse en milagros, ¡tenían todas las de ganar! El ejército de Israel contaba con 600.000 soldados: ¡era enorme, incluso en términos actuales! En el libro de Yehoshua vemos que los pueblos de Canaan tenían 20, 30 o 50.000 habitantes, y que en realidad ellos temían a Israel.

Y si no luchaban para conquistar la tierra de Israel, ¿cuál era el plan B? ¿Volver a Egipto? ¿Quedarse en el desierto?

La idea de no hacer nada era suicida.

En los últimos años, me convencí de que el problema no era ideológico ni militar, sino psicológico: los espías eran parte de la GENERACIÓN DEL DESIERTO, y la mayoría de ellos –como lo demuestra la proporción de 10 de los 12 exploradores– sufrían de esa mentalidad de esclavos y complejo de inferioridad. El miedo y el pánico a enfrentar a otra persona —algo que habían estado programados a NO hacer—se apoderó de ellos y los paralizó.  Durante los 210 años que fuimos esclavos en Egipto nuestra mentalidad cambió. La generación del desierto creció con la convicción de que no podían — ni debían– defenderse. Y no lo pudieron superar.

CAMBIO GENERACIONAL

Hasta 1948, los judíos vivimos en el cautiverio, –GALUT o Diáspora–que duró ¡1900 años! En el exilio fuimos sometidos a todo tipo de persecución, abuso y sometimiento. Vivíamos de prestado. Teníamos que pedir disculpas por existir. Tratábamos de pasar desapercibidos para sobrevivir. Estaba prohibido llamar la atención. Nos acostumbramos a no molestar a nadie. No teníamos derechos ni se nos ocurría demandarlos. Esa mentalidad de 2000 años de exilio se hizo parte de nuestro carácter, y algunos aún no lo han superado. Fuera de Israel, y hasta en Israel, muchos siguen sufriendo de esta mentalidad derrotista, o de complejos de inferioridad que nos hace ver al enemigo siempre como más fuerte. O al otro como mejor. O más justo que nosotros.

Estos últimos días, como todos ustedes, estoy pegado a las noticias de Israel. Y, entre otras cosas, escuché a algunos analistas explicando por qué Israel no atacó a Irán hace 20 o 30 años atrás, cuando era mucho más fácil hacerlo y menos peligroso. La respuesta que escuché una y otra vez es la misma: miedo. Miedo porque, a pesar de tener un ejército tan fuerte, nos veíamos como langostas. O miedo de que algo saliera mal. Miedo de la reacción de Irán, y especialmente miedo de la reacción del mundo: ¿qué van a decir? Ese miedo paralizaba. Ese miedo era suicida.

TRAUMA TRANSFORMADOR

Creo que el 7 de octubre fue, para muchos judíos, un trauma transformador. Comprendimos, a la fuerza, que si no nos defendemos nosotros mismos, nadie lo va a hacer por nosotros.
 El primer ministro Netanyahu también se transformó. Se despertó. O se hizo mucho más valiente. Y demostró que había superado el miedo galútico. Israel invadió Gaza, algo que durante veinte años tuvo mucho miedo de hacer. Invadir Gaza, para mí, fue el punto de inflexión. A partir de allí y bajo el liderazgo de Netanyahu, Israel por primera vez en su historia no tuvo miedo de la demonización que siempre se le hizo intencionalmente en los medios de comunicación: acusándolo falsamente de matar niños palestinos, de genocidio deliberado, de atacar hospitales, etc. En el pasado, el miedo a la demonización pública mundial, nos paralizó. Nos hacía retirarnos rendidos de guerras que habíamos ganado . Hamás contaba con nuestro terror al “qué dirá el resto del mundo”.

DE GAZA A IRAN, PASANDO POR LIBANO

Por primera vez en muchos años, a Israel se paralizó por temor a la opinión del mundo. Nos dimos cuenta de que igual, no la íbamos a cambiar. Nos dimos cuenta de que las manifestaciones contra Israel comenzaron ¡el 8 de octubre! ¡Mientras estábamos sangrando, y mucho antes de que saliéramos a defendernos! La masacre del 7 de octubre nos trasformó. El futuro de nuestros hijos nos importó más que la crítica internacional. E invadimos Gaza. Nos atrevimos a resistir la crítica de literalmente TODAS las naciones de la tierra. ¡Fueron días mentalmente épicos! Luego, Netanyahu también se atrevió a actuar con una JUTZPA enrome y realizar un acto de insubordinación sin precedentes: desobedecer una orden directa de Estados Unidos, cuando Biden le dijo “DON’T” y le prohibieron avanzar sobre Rafiaj, amenazando de que no proveerían más armas.  Netanyahu se transformó en un león que no se deja intimidar. Y para la sorpresa del mundo, cargó hacia adelante. Y así lo hicieron nuestros soldados, contagiados con una bravura sin igual.

Después llegó la deliberación sobre atacar a Hezbollah. Los líderes de la generación del desierto —los políticos, periodistas y ex generales que aparecen a diario en los canales 11, 12 y 13 todos decían: “LO NUJAL”, “no vamos a poder”— seguían advirtiendo que no había que atacar a Hezbollah, que iban a haber decenas de miles de muertos.

Y entonces Netanyahu le dio la orden al Mosad para llevar a cabo la operación BEEPERS, la misión de inteligencia más audaz de la historia.

Luego continuamos con Siria, donde Israel destruyó de manera preventiva toda la maquinaria militar y hasta conquistó territorio y declaró que no lo piensa devolver.

El 7 de octubre se dio el cambio generacional.
 Pasamos de ser la generación del desierto —Dor haMidbar— a convertirnos en la generación de la victoria —Dor haNitsajón. La generación que perdió el miedo. Que peleó, conquistó y defendió la tierra de Israel.

Estos son días históricos por los acontecimientos que vivimos —la eliminación de la amenaza nuclear de Irán—. Y son tiempos bíblicos porque nos transformamos en la generación de Yehoshua y Caleb.

EL REGRESO DE YEHOSHUA

Esa nueva generación, muy pronto, después de la guerra, reemplazará a la generación del desierto también en el ámbito político.

Y viviremos en un Estado de Israel más seguro, menos apologético, menos acomplejado y más orgulloso de su identidad judía.

Hoy, con la fe y la valentía de Yehoshua y Caleb, podemos hacer realidad sus palabras, cuando dijeron:

“…a toda la congregación de los hijos de Israel: ‘La tierra que recorrimos para explorarla es muy, muy buena. Si Dios lo quiere, nos llevará a esta tierra y nos la entregará en nuestras manos: es una tierra que fluye leche y miel. No se rebelen contra Dios y no teman a los pueblos de la tierra, porque serán pan [comido] para nosotros… Dios está con nosotros.

¡No tengan miedo!’”
(Bamidbar 14:8-10)

 

וַיֹּאמְרוּ אֶל כָּל עֲדַת בְּנֵי יִשְׂרָאֵל לֵאמֹר
 הָאָרֶץ אֲשֶׁר עָבַרְנוּ בָהּ לָתוּר אֹתָהּ טוֹבָה הָאָרֶץ מְאֹד מְאֹד
אִם חָפֵץ בָּנוּ ה׳ וְהֵבִיא אֹתָנוּ אֶל הָאָרֶץ הַזֹּאת וּנְתָנָהּ לָנוּ
 אֶרֶץ אֲשֶׁר הִוא זָבַת חָלָב וּדְבָשׁ
אַךְ בַּה׳ אַל תִּמְרֹדוּ וְאַתֶּם אַל תִּירְאוּ אֶת עַם הָאָרֶץ 
כִּי לַחְמֵנוּ הֵם סָר צִלָּם מֵעֲלֵיהֶם 
וַה׳ אִתָּנוּ אַל תִּירָאֻם




RESUMEN DE PARASHAT SHELAJ LEJA

EL PLAN 

Siguiendo la instrucción Divina,  Moisés envía espías a una misión de reconocimiento en la tierra de Canaán en preparación a la conquista de esa tierra por parte de los israelitas. Un miembro de cada tribu, con la excepción de la tribu de Leví, fue elegido para esta tarea. Moisés instruyó a los exploradores para que trajeran un reporte militar sobre la naturaleza de los habitantes de Canaan, sus fortalezas y sus debilidades para definir una estrategia de ataque. También les ordenó que trajeran muestras de los productos de la tierra.

EL REPORTE

Los exploradores están en la tierra prometida por 40 días y al acabar regresan al campamento de Israel con muestras de los frutos de Canaán. Y también con el informe de militar. “La tierra mana leche y miel” dijeron,  pero luego, quizás por miedo a luchar,  comenzaron a exagerar la fortaleza de la población, que los hombres eran gigantescos y salvajes. También dijeron que “las ciudades estaban fortificadas hasta el cielo y que era imposible conquistarlas”. Solamente dos de los exploradores, Caleb y Yehoshua, disintieron y dijeron que la tierra era magnífica y que no había razón para preocuparse por sus habitantes, ya que Dios iba a traer la victoria a los israelitas en la batalla. El pueblo judío se dejo convencer por los espías pesimistas y pasaron la noche llorando y expresando su deseo de regresar a Egipto antes que ser asesinaos en la batalla por los cananeos. Para peor, quieren matar a Yehoshua y Caleb. Dios, finalmente interviene haciendo aparecer Su Gloria sobre el Tabernáculo. 

LAS CONSECUENCIAS

Dios le informa a Moshé Su decisión de eliminar inmediatamente a los israelitas debido a su inestable falta de fe en Dios. Moisés invoca con éxito la misericordia de Dios y señala que esta ejecución en masa provocaría una profanación del nombre de Dios.  Dios aceptó no eliminar de inmediato a los israelitas, pero determinó que esa generación no entraría en la Tierra de Israel y los instruye a cambiar de rumbo y regresar al desierto. Los israelitas deberán vagar por el desierto durante cuarenta años. Durante ese tiempo, todas las personas mayores de veinte años, con la excepción de Josué y Caleb, perecerían. Y la próxima generación entraría en la Tierra Prometida. Los diez exploradores que trajeron el desalentador informe mueren. Cuando los judíos son informados acerca de la decisión Divina se lamentan, se entristecen y un grupo de personas decide ir por su cuenta a conquistar la Tierra de Israel, sin que Dios así lo haya indicado.  Este grupo es abatido por los amalequitas y los cananeos.

LEYES DE LOS SACRIFICIOS

A los judíos se les dice que al entrar en Israel, una persona que se comprometa a traer un sacrificio también debe traer un acompañamiento que consista en una libación de vino y una ofrenda de harina mezclada con aceite de oliva, y se detallan las cantidades de vino, harina y aceite que se deben traer con varias especies de ganado.

JALA Y DEMAS

La mitzvá de Jalá está contenida en esta sección: cuando uno amasa, se debe tomar una porción y dársela al sacerdote (Cohen). Si el Sanhedrín (corte suprema rabínica) permite erróneamente un acto de idolatría, y la comunidad actúa con este permiso, el Sanhedrín debe traer una ofrenda especial por ese pecado, detallada en esta sección. Aprendemos las reglas con respecto a un individuo que es culpable de una práctica idolátrica, ya sea sin darse cuenta o intencionalmente. Un hombre es encontrado profanando el Shabat y es ejecutado. 

TZITZIT

La última parte de la Parashá de esta semana trata sobre el mandamiento de poner tzitzit (flecos) en las prendas de cuatro puntas. Al mirar los flecos recordamos todos los mandamientos y nos abstenemos de seguir las tentaciones del corazón.




SHELAJ LEJA: El miedo a la libertad


LA MISIÓN

Los hijos de Israel están en el desierto, a pocas semanas de llegar a la Tierra Prometida. Para asegurar el éxito de su expedición militar, Moshé envía a 12 hombres como espías en una misión de inteligencia. Estos hombres, que eran los líderes de las tribus, tenían que identificar las fortalezas y las debilidades de las personas que vivían allí y a las que pronto tendrían que enfrentar. La información que traerían con ellos sería crucial para el éxito militar.

Después de cuarenta días explorando la tierra de sur a norte, y de este a oeste, los espías finalmente regresan al campamento.

La información debía ser transmitida solo a Moshé, que era el comandante en jefe del ejército de Israel. Pero ocurrió algo inesperado: cuando la gente se enteró del regreso de los espías, a los que estaban esperando ansiosamente, rodearon a los espías y se quedaron allí a escuchar su reporte.

Sin pensar en las consecuencias de este pequeño cambio de planes, los espías, en lugar de informar privadamente a Moshé —y naturalmente motivados por la tentación de ser escuchados por cientos de miles de personas— presentaron su informe en público, lo que inició una cadena de eventos trágicos que nadie pudo anticipar.

EL INFORME DE INTELIGENCIA

Al principio, los espías elogiaron la tierra y hasta mostraron con orgullo las enormes frutas del lugar, que todos vieron con asombro. Pero luego, el discurso cambió. La mayoría de los espías, diez de los doce, comenzaron a verbalizar sus dudas sobre la posibilidad de proceder con el plan de conquistar la tierra de Canaán.

La larga lista de dudas incluye lo siguiente:

“Los hombres contra los que tendremos que luchar son gigantes… nos veíamos a nosotros mismos como langostas, y así nos veían”.

Cuando uno está poseído por el miedo, ve, ¡necesita ver!, la realidad a través de lentes negativos, los lentes de lo imposible. Es decir: la óptica que, lejos de disipar el miedo, lo justifica. No mencionaron que ellos eran mucho más numerosos que sus enemigos. Y en lugar de enfatizar esta ventaja, se describieron a sí mismos como subhumanos (insectos) y al enemigo como superhumanos (gigantes).

LANGOSTAS

Este derrotismo psicológico también se pone de manifiesto en un detalle que yo nunca antes había notado: si te ves pequeño como un insecto, ¿por qué no te describes como una hormiga, una abeja o una avispa (la famosa Tzir‘a que la Torá otras veces menciona)? ¿Por qué usar a la “langosta” o el “saltamontes” como metáfora? Me parece que eligieron compararse con un insecto como la langosta porque “no tiene aguijón”, es decir: no puede defenderse ni defender su colonia. En cierta manera, y con mucha sofisticación, admitían su superioridad numérica, ya que las langostas vienen en plagas de millones. Pero fuera de su gran número, se veían a sí mismos incapaces de defenderse y, mucho menos, de triunfar. Si queremos analizarlo más sofisticadamente todavía: según la cultura gastronómica de aquellos tiempos, las langostas eran comestibles (muchas especies son kosher) y quizás inconscientemente se estaban describiendo a sí mismos como “comida” para el enemigo.

AL-QAEDA Y AMALEQ

Los israelitas no conocían a los enemigos con los que se iban a enfrentar, con excepción de uno de ellos: Amalek, que si bien fue derrotado en una guerra anterior, creó y dejó un trauma y un miedo psicológico en el pueblo judío, ya que fueron los primeros en atacar a Israel, no de frente sino por la retaguardia: Amalek atacó a las mujeres, los niños y los ancianos. Amalek no mostró misericordia ni se inmutó de que Israel es el pueblo protegido de Dios. Los espías mencionaron a Amalek porque proyectaban sus propios miedos hacia un enemigo que no duda en infligir dolor y muerte y que practica el terrorismo más que la guerra. Mencionar a Amalek aterroriza. Sería como mencionar a ISIS o Al Qaeda a las víctimas del terror en Medio Oriente.

LA TIERRA QUE TRAGA

También mencionaron a la tierra de Israel. Primero positivamente: la leche —producto de la ganadería— y la miel, el sirope de los dátiles —producto de la agricultura. Pero inmediatamente después, la narrativa cambió. Y las palabras que los espías utilizan para describir a Israel son: “una tierra que se traga a sus habitantes”. ¿Qué estaban tratando de decir con esta descripción totalmente falsa de la topografía de Israel? Creo que el mensaje subliminal de esta demonización geográfica era el siguiente: incluso si, en el mejor de los casos, conseguimos derrotar a los pueblos antiguos, la tierra ¡no vale la pena!, ya que “se traga a sus habitantes”. Los espías pintaron una imagen irreal, horrorífica y falsa de Israel, asemejándola a una región volcánica y seca, no apta para la agricultura y propensa a la actividad sísmica. En otras palabras, y este es el mensaje fundamental de los espías: ¡Israel, como tierra, es peor que el desierto en el que vivimos ahora… así que es mejor que nos quedemos aquí!

LA REACCIÓN

Al escuchar este informe, las cosas se salieron completamente de control: la gente se puso a llorar, a gritar y a protestar. De nada sirvió que Yehoshua y Caleb trataran de hacerlos entrar en razón. La turba quería matarlos. Dios tuvo que intervenir directamente para evitar la sublevación. Hubo víctimas —los 10 espías y muchos más. Dios los castigó de la peor manera posible. Si no querían ir a la Tierra Prometida, aquí se quedarán hasta morir. Tendrán que quedarse en el desierto hasta que haya un cambio generacional.

Fue una noche tan trágica que la recordamos en luto todos los años en el 9 del mes de Ab.

¿PERO POR QUÉ?

Confieso que durante muchos años adopté la opinión de los comentaristas que responsabilizan a los 10 espías y los ven como instigadores políticos, con sus propias agendas personales: no “querían” conquistar Israel y preferían volver a Egipto y ser recibidos allí como héroes, etc.

Este año, estoy ensayando un enfoque diferente. Quizás los espías fueron víctimas de su propio pánico. Un miedo incontrolable que se apoderó de ellos incluso antes de que la operación de espionaje hubiese comenzado. Quizás cuando dieron su informe no tuvieron la intención de desalentar al pueblo y simplemente se estaban “desahogando” de sus miedos personales, pero en el escenario incorrecto: frente a todos los demás.

ESCAPE A LA LIBERTAD

Lo que me llevó a pensar de esta manera es haber releído recientemente el libro de Erich Fromm, Escape from Freedom (o en español con el título “El miedo a la libertad”, que irónicamente capta mejor la idea que estoy tratando de expresar).

Los espías eran “líderes de Israel”, pero no podemos olvidar ni por un segundo que hasta hace un par de años eran “esclavos”: habían nacido y crecido en un sistema de abuso físico y mental. Habían sido entrenados por sus amos por generaciones a no defenderse: a no luchar por sus derechos o por sus sueños. Fueron programados para “no soñar” con un futuro mejor. Para reprimir cualquier deseo de libertad.

Probablemente, debido a este “trastorno de personalidad”, los espías verbalizaron su pánico, actuando con el instinto más importante de un esclavo: la supervivencia, que incluye “no asumir ningún riesgo innecesario”.

Siguiendo las ideas de Erich Fromm, los esclavos judíos no pudieron ejercer completamente su libertad, que incluye la responsabilidad de luchar y arriesgar la vida por ella. Sin darse cuenta, estaban aterrorizados de la libertad e irónicamente, hicieron lo posible para no conseguirla. Quizás en un lapsus freudiano se describieron a sí mismos como “saltamontes” y no como “hormigas” porque estaban eligiendo inconscientemente “huir”, “volar” en lugar de “luchar con el aguijón hasta la muerte”.

Como sudamericano, puedo escuchar los ecos subconscientes de esta situación mental en los himnos de Argentina o de Uruguay: “Libertad o con gloria morir”. Estas palabras quizás no expresan lo que sentían los libertadores del siglo XIX, sino las arengas formuladas para convencer a los subyugados de que debían asumir con valentía el precio de la libertad. Y estar dispuestos a correr el riesgo de “morir con gloria” en el campo de batalla. Algo que la generación del desierto no supo conseguir. El miedo a la libertad, como afirma Fromm, los llevó a la autodestrucción.

Creo que si en lugar de haber presentado su informe al pueblo, los espías hubieran hablado primero con Moisés, él podría haberlos disuadido. Les habría transmitido con calma la Emuná, la certeza de que Dios estaba con ellos, y les hubiera demostrado que todo lo que el Todopoderoso les había prometido lo había cumplido. Quizás si hubieran hablado primero con Moshé, como indicaba el plan original, esta tragedia se hubiera evitado. Pero trágicamente, una vez que verbalizaron sus miedos en público, las cosas se salieron completamente de control, porque el pánico es contagioso y el miedo hizo que toda una generación olvidara su fe.


 




RESUMEN DE LA PARASHA BEHA’ALOTEJA

Primera Aliá:  Aharon recibe instrucciones de encender la Menorá, el candelabro de 7 brazos que iluminaba el interior del Tabernáculo, y se repasa la construcción y la función de la misma. La Menorá estaba hecha de una sola pieza, fundida de oro puro. Todas las velas de la Menorá se inclinarían hacia la vela del medio, mientras que la vela del medio se inclinaría hacia el lugar central mas sagrado, o Kodesh haKodashim.

Segunda Aliá: A Moshé se le ordenó preparar a los Leviyim (levitas) para el servicio religioso del Tabernáculo, el templo construido en el desierto.  Los Leviyim son instalados en su servicio que duraba desde los 25 hasta los 50 años.

Tercera Aliá: El pueblo de Israel mantiene su segundo Pésaj desde que salió de Egipto. Las leyes de Pésaj Shení – el segundo Pésaj (un mes después de Pésaj) se establece para aquellos que no pudieron traer el sacrificio de Pésaj en el momento apropiado. Nuestros sabios dicen que las personas que estaban impuras en ese momento eran las que habian cargado el sarcófago de Yosef.  Yosef les había hecho prometer a sus familiares que lo enterraran en la tierra de Israel. Cuando estas personas acudieron a Moshe para preguntarle qué hacer, Moshé no sabía que contestar. Moshe tuvo que pedirle instrucciones a Hashem, porque todo lo que Moshé hizo o dijo fue a través de la comunicación directa con Dios

Cuarta Aliá: Esta Aliá  relata el comienzo de la tan esperada travesía hacia la tierra prometida. El Tabernáculo o Mihskán estaba ya terminado  y ya se había delgado todas las tareas relacionadas al mismo a los Leviyim y a los Cohanim. Ahora, finalmente ¡era el momento de partir! ¡Antes de eso, los Yehudim necesitaban algún tipo de referencia (un GPS!) para saber cuándo partir y hacia donde ir. Recordemos que eran aproximadamente tres millones de personas.   HaShem les ordena que elaboren trompetas de plata para avisar a todo el campamento cuándo tenían que partir.  Además, la nube que se posaba sobre el Tabernáculo en todo momento se elevaría repentinamente y se movería en la dirección en la que tenían que ir.

Quinta Aliá: La nube del Mishkán se levanta el 20 de Iyar y así comienza la travesía que debía haber llevado meses y término llevando 40 años. La Aliá también nos habla de Yitró que se había unido a nosotros antes de la entrega de la Tora y ahora, un año y medio después, decide regresar a su tierra en Midyán.  Finalmente, la Torá nos cuenta que el Aron ha’Edut , el Arca del Pacto, siempre viajaría delante de todos. Eso es muy interesante porque indica que  principio, el Pueblo de Israel debe encaminarse siguiendo el Aron, es decir, la Torá. 

Sexta Aliá: El famoso versículo  “Vayhi Binso’a haAron” que  cantamos antes de sacar la Tora es lo que da comienzo a esta Aliya que describe las quejas del pueblo ante las condiciones de vida en el desierto. La Torá describe el “man” y lo hace para dejar en claro que tenían comida suficiente aunque estaban en pleno desierto y así dejar en claro que los que se quejaban no lo hacían por una necesidad real. Moshé expresa su gran frustración por el comportamiento de la gente. Dios, sin embargo,  promete esta vez satisfacer sus deseos y envía un contingente de “selav”,  codornices, para que erl pueblo coma carne. Moshé recibe instrucciones de nombrar un tribunal o Sanhedrín para ayudarlo a gobernar y enseñar la Torá a la nación.  Moshé, el profeta más grande de todos los tiempos, no puede liderar solo a todo un pueblo. El mensaje de la Torá es que siempre se debe tratar de liderar junto a otras personas capacitadas.

Séptima Aliá: Las codornices descienden sobre el campamento en una gran cantidad, por lo que la carne alcanzó y sobró. Por supuesto que este comportamiento obsesivo con la comida, tal desesperación por la carne cuando tenían el “man”, no era apropiado para el Pueblo de Dios. E inmediatamente después de comer en exceso enormes cantidades de carne, muchos mueren.

Aharón y Miriam hablan acerca de Moshé en forma negativa (Lashon Hara) diciendo que Moshé estaba casado con Tzipporá pero estaba tan ocupado ocupándose de su misión con el pueblo que nunca estaba en su casa.  Aharón y Miriam también pensaron que no era correcto que solamente Moshé tuviera acceso a la comunicación con Dios o profecía, ya que ¡ellos también eran profetas y aparte tenían una vida normal con sus familias! HaShem responde que no pueden compararse con Moshé. Moshé era un profeta “de tiempo completo” que estaba en comunicación directa con Dios las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. No era posible que tuviera una vida familiar normal. Por supuesto, Moshe fue la única excepción en toda la historia que estuvo exento de tener una familia. Y aún así, ¡estaba casado e incluso tenía dos hijos! Miriam es castigada con una especie de lepra por hablar contra Moshé, pero Moshé intercede por ella y se cura.

By Rab Jacob Bitton




BEHAALOTEJA: ¿Quién era Moisés?

וְהָאִ֥ישׁ מֹשֶׁ֖ה עָנָ֣ו מְאֹ֑ד מִכֹּל֙ הָֽאָדָ֔ם אֲשֶׁ֖ר עַל־פְּנֵ֥י הָאֲדָמָֽה

¿DE QUÉ ESTÁN HECHOS LOS HÉROES JUDIOS?

Los pueblos de la antigüedad no exaltaban las virtudes morales de su heroes, como la integridad personal o la humildad. Las civilizaciones antiguas admiraban el poder físico de sus líderes, como en el caso de Hércules, o su ingenio militar, como Alejandro Magno, o su astucia para engañar al enemigo, como Hermes. La humildad nunca fue vista como una virtud por los paganos. Por el contrario, la humildad se asociaba con la debilidad. La Torá, sin embargo, no enfatiza la fuerza militar o el poder físico nuestros  líderes: el buen líder judío —como el rey David, por ejemplo— es aquel atribuye la victoria en el campo de batalla, en última instancia, a Dios.

EL GENERAL MOSHÉ

Esta es la razón por la cual muy pocas personas recuerdan que Moshé fue un poderoso líder militar y que derrotó a sus multiples enemigos:

Moshé enfrentó al Faraón, el hombre más poderoso del mundo en ese momento y llevó de la esclavitud a la libertad a tres millones de personas.

Moshé también lideró y triunfó en las gloriosas batallas contra Sijón y ‘Og en trans-jordania.

Mientras que otros pueblos y culturas harían culto a Moshé por su proezas militares, lo que la Torá destaca no de él no son su victorias militares ni su habilidad política, sino su carácter y su personalidad. Particularmente, su humildad. ¿Qué es la humildad de un líder judío? ¿Y por qué es tan importante?

TORÁ Y POLÍTICA

Un líder puede tener dos tipos de objetivos: sus aspiraciones públicas y sus objetivos personales. Las aspiraciones públicas consisten en lo que el líder quiere hacer por el bien de su comunidad, su pueblo o su nación. Las aspiraciones personales consisten en lo que el líder quiere hacer para su beneficio personal: su riqueza, su imagen y su prestigio. A veces estas dos dimensiones coexisten armoniosamente. Y otras veces, estas dimensiones se vuelven inversamente proporcionales. En este último caso, cuando el principal objetivo de un líder político es su beneficio personal, el líder estará dispuesto a sacrificar el bien de su comunidad o su país para alcanzar sus objetivos personales. Hay muchos ejemplos de este tipo de liderazgo: ayer , hoy y mañana. Lo que no hay es muchos ejemplos de situaciones inversas, es decir: cuando un líder está dispuesto a sacrificar sus aspiraciones personales, su honor, sus bienes y hasta su dignidad personal por el bien de su pueblo.

Es por eso que Moshé era un líder excepcional.   

Veamos ahora algunos ejemplos del liderazgo de Moshé Rabbenu para descubrir este aspecto de su vida.  

EL BECERRO DE ORO

Moshé reacciona con indignación cuando desciende del monte Sinaí y ve al pueblo judío adorando al becerro de oro. Habían reemplazado a Dios con un ídolo egipcio y lo estaban adorando. La ira de Moshé en ese momento fue tan severa que rompió las Tablas.

LA GENTE SE QUEJA

En la Parashá de esta semana, beha’alotekha, cuando el pueblo se queja diciendo con insolencia que “solo tenían el maná para comer en el desierto” y comienzan a decir en voz alta que extrañan lo que comían en Egipto, Moshé también se ofende  (ובעיני משה רע). Recordemos que esas quejas de ingratitud estaban dirigidas hacia Dios, y no hacia la persona de Moshé …

MÁS QUEJAS

En el desierto, el pueblo nuevamente se quejó y manifestó su profunda falta de apreciación hacia Dios«¿Por qué Dios nos sacó de Egipto y nos trajo a este desierto? ¿Para hacernos morir de sed y hambre?” Moshé se ofendió y llamó al pueblo de Israel “rebeldes” (שמעו נא המורים).

En estos tres casos en los que Moshé reacciona con enojo y se ofende hay algo en común: las quejas no están dirigidas hacia Moshé; el pueblo se estaba comportando con desagradecimiento hacia Dios.

Ahora que vemos que Moshé es capaz de reaccionar y ofenderse en estas situaciones veamos otro tipo de casos que normalmente hubieran merecido una reacción por lo menos similar, si no mayor, de parte de Moshé.

COMPETENCIA

En la Parashá de esta semana, dos individuos, Eldad y Medad, estaban profetizando en el campamento de Israel. «Profetizar» era una prerrogativa exclusiva de Moshé, hasta ese entonces. Este aparente desafío al liderazgo espiritual de Moshé, una afrenta personal,  fue notado por Yehoshua, quien inmediatamente informa a Moshé y le propone neutralizar a estos dos hombres que le hacían la competencia» a Moshé. ¿Cuál fue la respuesta de Moshé a Yehoshua? (Bamidbar 11:29): «Y Moisés respondió (a Yehoshua): ¿Acaso estás celoso por mí? [yo no me ofendo. Es más:] ¡Ojalá todo el pueblo de Dios se volviera profeta!

OFENSAS PERSONALES

En otro episodio, también en nuestra Parashá (Bamidbar 12: 1-2), «Miriam y Aharón hablan en contra de Moshé…». En esta ocasión, nuevamente, Moshé no se enoja, no se ofende, no reacciona. No hay celos ni reproches ni contraataques. Moshé lo deja pasar y permanece en silencio.

¿Y POR QUE?

Moshé tiene un mecanismo de defensa emocional selectivo. Muy distinto, opuesto, al que tenemos los seres humanos normales. Moshé se «ofende» y reacciona, y no lo deja pasar cuando se trata de defender el honor Divino. Moshé se preocupa apasionadamente por la causa y el honor de Dios.  SU MAYOR AMBICIÓN Y DESEO ES QUE EL PUEBLO DE ISRAEL SE COMPORTE COMO EL PUEBLO DE DIOS. Y esa aspiración de Moshé, se transformó en la «única» que merece ser defendida.

Por eso, cuando se trata de temas personales, que afectan su propio honor, Moshé no se molesta ni se ofende, ni actúa con arrogancia,  PARA MOSHÉ LAS ASPIRACIONES PERSONALES SON UNA DISTRACCION DE LAS ASPIRACIONES QUE TIENE COMO LIDER: EL BIEN DE SU PUEBLO!  

La “Humildad” de un líder judío se manifiesta cuando ese líder  se despreocupa por su ego y sus aspiraciones personales.    

Por eso la Torá dice en la Parashá de esta semana acerca de Moshé : 

Y Moshé, el líder [del pueblo judío], era extremadamente humilde, más [humilde] que cualquier otro ser humano [que habita] en la faz de la tierra  

Bamidbar 12:3




Ribbi Eliyahu de Luna Montalto (1567-1616), médico del Rey de Francia

DE PORTUGAL A PISA

Eliyahu de Luna Montalto nació alrededor del año 1567 en la ciudad de Castelo Branco, en el Reino de Portugal. Fue bautizado oficialmente el 6 de octubre de 1567 como Felipe Rodrigues de Castelo Branco. Era hijo de Antonio y Catarina Aires, que eran anusim , judíos forzados a convertirse al cristianismo.
Estudió medicina en la Universidad de Salamanca y, más tarde, en la Universidad de Coímbra, en Portugal. Se estableció como médico en Lisboa, donde se casó con Jerónima de Fonseca, hija de una familia de médicos. El padre de Jerónima, Manuel de Fonseca, había sido forzado a convertirse al cristianismo en Portugal en 1497.
A fines del siglo XVI, el Dr. Montalto se trasladó a Italia. Primero se instaló en Livorno. Desde 1593, gracias al edicto de Ferdinando I de Medici, Livorno ofrecía residencia y libertad profesional a judíos y conversos provenientes de España y Portugal, sin cuestionamientos acerca de su pasado religioso. Allí, Montalto comenzó a ejercer la medicina profesionalmente, y su reputación creció tanto entre cristianos como entre judíos. Poco a poco, y a medida que se reconectaba con sus raíces judías, fue acercándose cada vez más a una vida de observancia religiosa. Su nombre original, Felipe (que significa “amante de los caballos”), lo cambió por Philotheo, que significa “amante de Dios”.

En 1606 publicó su primer tratado médico: Optica intra philosophiae et medicinae aream, una obra científica sobre los procesos visuales en la que combinaba observaciones médicas con referencias filosóficas y bíblicas. Por ejemplo: desarrolló una teoría innovadora sobre la visión, afirmando que esta se genera en el cerebro —y no en los ojos—, basándose en una lectura literal del versículo de Éxodo 20:18: “Todo el pueblo veía las voces”.
Durante ese mismo período enseñó medicina en la Universidad de Pisa, donde fue considerado como candidato para ocupar la cátedra de Girolamo Mercuriali, decano de la facultad, tras su fallecimiento en 1606. Sin embargo, a pesar de su preparación y prestigio, su nombramiento no se concretó.

EN EL GUETO DE VENECIA

En 1607, Montalto tomó la decisión más crítica de sus vida: abandonó Pisa y se trasladó al Gueto de Venecia, donde renunció a su identidad cristiana y comenzó a practicar abiertamente el judaísmo. Allí fue acogido por la comunidad judía, que contaba con unos 6.000 miembros que sufrían la pobreza y necesitaban desesperadamente la asistencia de un ben médico. En Venecia adoptó el nombre hebreo Eliyahu, y su esposa, Jerónima, asumió el nombre hebreo Rajel. A partir de entonces, vivió como judío practicante durante toda su vida. Su primer maestro fue Daniel Franco, quien eventualmente fue quemado en la hoguera en un auto de fe por su fe judía al regresar a Portugal.
Durante su residencia en Venecia, Montalto se dedicó al estudio de la Halajá (ley judía) y también a la filosofía judía, sin dejar de ejercer la medicina. Participó activamente en la vida del gueto, mantuvo relaciones con rabinos e intelectuales, y redactó sus principales escritos en defensa del judaísmo. Según diversas fuentes, formó parte del liderazgo de la comunidad y escribió extensamente tanto sobre temas médicos como religiosos. En su tumba se lo denomina “Rab” (rabino), lo que permite suponer que en algún momento recibió formalmente ese título.
En 1612 representó a la comunidad judía en un debate público en Padua frente a un fraile dominico. El encuentro terminó con la sorpresiva retirada del fraile y consolidó la reputación de Montalto como polemista y defensor del judaísmo. Su alto nivel cultural y profundo conocimiento del cristianismo le permitieron debatir con los no judíos en condiciones de igualdad y con argumentos sólidos.

 

MÉDICO DE LA CORTE EN PARÍS

Años antes, en 1605, Montalto había pasado por París en su camino de regreso desde los Países Bajos. Allí fue convocado por la corte para tratar a Leonora Galigai, dama de compañía y amiga de infancia de María de Médici, esposa del rey Enrique IV. Galigai padecía un cuadro diagnosticado entonces como bulbus hystericus , un trastorno psicosomático. Las enfermedades mentales en esa época solían ser tratadas por religiosos cristianos mediante exorcismos, ya que se creía que la persona afectada estaba “poseída” por un espíritu maligno. El Rab Montalto ordenó que los prelados cesaran con sus exorcismo y procedió a tratar a la paciente con un propio enfoque médico. Le prescribió a Galigai un tratamiento basado en dieta, aire fresco, caminatas, ejercicios y abstinencia durante seis semanas. Según los expertos George M. Weisz y Donatella Lippi este método podría considerarse hoy como una forma temprana de psicoterapia . Con el tiempo, la paciente mejoró significativamente, y la reputación del Dr. Montalto creció aún más. Se difundió su fama y aumentó la expectativa de que fuese designado como médico oficial de la corte parisina.
Sin embargo, el rey Enrique IV se opuso férreamente a su nombramiento formal debido a que Montalto era judío. Aunque lo respetaban por su saber y sus logros, no le permitió permanecer en la corte. Tras el asesinato de Enrique IV en 1610, la reina María de Médici —ahora regente del joven Luis XIII— volvió a convocarlo a París. En una carta fechada el 6 de mayo de 1611, Montalto expresó claramente las condiciones para aceptar ese cargo:
Permiso papal para residir como judío y practicar abiertamente el judaísmo en Francia
Autorización para llevar consigo a diez judíos, a fin de asegurar un minyan diario, incluyendo un shojet
Exención de trabajar en Shabbat
Derecho a practicar libremente su religión y consumir alimentos kasher tanto él como sus acompañantes
Indicó además que ya había rechazado cargos similares en Bolonia, Messina y Pisa, e incluso la oferta de servir como médico personal del Gran Duque de Toscana, porque no se le habían concedido esas condiciones. Era la primera vez que un médico de su prestigio presentaba una solicitud de esta naturaleza, lo cual marcó un precedente histórico respecto a los derechos religiosos de un judío observante en la Europa del Renacimiento.
Estas audaces condiciones —sin precedentes para la época— fueron aceptadas por la reina, y a su pedido el Papa le extendió a Montalto una “dispensación” (heter) para practicar el judaísmo y traer a sus asistentes. Uno de ellos era Shaul HaLevi Mortera, que luego se trasnformó en el rabino principal de Amsterdam . El 19 de septiembre de 1612, Montalto fue nombrado oficialmente Consiliarus et Medicus (consejero y médico de la corte real). Ademas, fue el primer judío en ejercer públicamente —y notoriamente— su fe en París desde la expulsión de los judíos en 1394.

DEFENSOR DE LOS ANUSIM

Durante su tiempo en la corte, Montalto protegió a los conversos judíos, que eran permanentemente atacados y discriminados. En 1615 evitó la disolución de la comunidad de conversos en Burdeos, e intervino también para frenar la expulsión de varios conversos que fueron descubiertos celebrando el Séder de Pésaj en París.
En 1614, publicó en París su segunda obra médica: Archipathologia, dedicada a María de Médici. Este tratado psicológico, de 817 páginas, aborda 18 tipos de trastornos mentales y neurológicos como la melancolía, la epilepsia, el insomnio, el vértigo y el coma.
En esos años de intensa actividad médica y filosófica, Montalto redactó también dos tratados polémicos en defensa del judaísmo, respondiendo a ataques cristianos. El primero fue un tratado escrito en portugués sobre Isaías 53, capítulo que describe al “siervo fiel de Dios” que sufre persecuciones y dolor por su apego a Él. La literatura rabínica siempre enseño que el “Siervo de Dios” se refiere al pueblo de pueblo Israel. Pero la Iglesia lo interpretó como una referencia a Yeshu. Al presentar los argumentos judíos, el rab Montalto no solo buscaba refutar esa lectura cristiana, sino principalmente educar a los conversos —adoctrinados por curas y maestros católicos— que pro primera vez en sus vidas comprender correctamente ese texto fundamental.
Su segundo libro, titulado Proposiciones convenientes e inconcusas, escrito en italiano, rechaza la noción cristiana de redención mediante un sacrificio vicario, es decir, a través del sufrimiento de Yeshu. Montalto explica que, de acuerdo a la Torá, cuando una persona comete una transgresión, es personalmente responsable por su falta, y solo puede ser perdonada si reconoce su error, lo confiesa —no ante un religioso, sino directamente ante Dios— y decide corregir su conducta. De esta manera, el judaísmo subraya la responsabilidad individual del pecado y la esencia de la Teshubá (arrepentimiento) como camino de redención personal.

MUERTE Y ENTIERRO

En noviembre de 1615, Montalto acompañó a la familia real en su viaje a España para la boda de Luis XIII con Ana de Austria, hija del rey Felipe III. De regreso a Francia, al llegar a las cercanías de Tours, Montalto se contagió de una plaga y falleció. Era el 17 de febrero de 1616, correspondiente al 29 de Shebat del año 5376.
En Francia no existía un cementerio judío, y por eso, en su testamento, Montalto dispuso que su cuerpo fuera trasladado a Ámsterdam, donde vivían sus hijos, para ser enterrado en el cementerio judío de Beth Haim. La reina María de Médici ordenó embalsamar su cuerpo —una medida excepcional— y financió personalmente su traslado.
Su hijo Moshé de Luna Montalto y su discípulo, el rabino Shaul Levi Mortera, acompañaron su cuerpo en el trayecto fúnebre hasta Ámsterdam. El lugar de su sepultura aparece representado en una pintura del artista Jacob van Ruisdael, realizada entre 1650 y 1655, en la que su tumba figura en el centro del lienzo.
Las palabras inscritas en su lápida habrían sido redactadas por su maestro principal en Tora, el célebre Rab Yehuda Aryeh de Modena (1571–1648).

 

 

לישראל כהריאל והר תלול הלא זה הוא
יהי זכרו ואור שחרו באמרם לו פאר דור הוא
הרק עמו שמו עמו הלא שרים יבקשו הוא
והוא להם בחצריהם בקול יקרא ואלי-יה הוא
ה”ה האלוף הקצין הרב הכולל כמוהרר אליהו מונטאלטו זצוקל
שהיה יועץ ורופא למלך ולמלכת צרפת ויצוו לחנוט אותו
ויישם בארון הזה ויתהלך את האלהים בכ’ט בשבט שנת שלום




¿Cómo y cuándo comenzó el judaísmo?

Hace 3.500 años, el pueblo de Israel en el desierto del Sinaí experimentó el evento más importante de la historia humana: una alianza, un pacto formal entre la nación hebrea y Dios. Este pacto es único en la historia de la humanidad y se describe en detalle en el capítulo 20 y el capítulo 24 del libro Shemot (Éxodo).

En el primer día del mes de Siván, Moisés ascendió al Monte Sinaí y recibió este mensaje divino (Éxodo 19: 3-6): “Le dirás esto a la casa de Ya’aqob y así le hablarás a los hijos de Israel: ustedes han visto lo que hice a los egipcios [las diez plagas, etc.], y [también han visto] cómo los he guiado [protegiéndolos] como un águila [que protege a sus polluelos] en sus alas, y los he traído hacia Mí. Y ahora, si ustedes [están dispuestos a] obedecer Mi voz y a cumplir Mi pacto, se convertirán en una posesión preciosa para Mí [segulá] entre todas las naciones, un pueblo especial… serán para mí un Reino de Sacerdotes y una nación consagrada [por Mí]”.

Dios propuso al pueblo de Israel establecer un pacto con Él. Ofreció convertirnos en una nación de sacerdotes (cohanim), es decir, un pueblo consagrado a Dios. Sirviendo a Dios, aprendiendo y enseñando Sus Leyes, y dando testimonio de Su existencia y Su voluntad revelada. La condición de ser una Nación de Sacerdotes implica el privilegio de la cercanía con Dios y gozar de Su “atención”. Pero, por otro lado, este privilegio exige un mayor nivel de moralidad y un número considerable de obligaciones y preceptos a seguir.

Moisés descendió del monte Sinaí y presentó los términos del pacto al pueblo de Israel. La gente escuchó la propuesta y acordó entrar en un pacto con Dios, y así nos convertimos en “una nación a Su servicio” al declarar con una sola voz: “Estamos listos para hacer todo lo que Dios ha proclamado”. Sin embargo, esta no fue la aceptación final del Pacto, sino la aceptación de la propuesta de entrar en un pacto con Él. El mejor ejemplo para comprender esta fase de nuestra alianza con Dios es el de “un compromiso” en el marco del casamiento. En el compromiso, la novia y el novio acuerdan casarse. El pueblo de Israel declarará su voluntad de entrar en el pacto. Esto sucederá después de escuchar los 10 mandamientos y finalizará cuando el pueblo verbaliza su consentimiento final (“Sí, quiero”) al decir las famosas palabras: “Todo lo que Dios ha dicho, haremos y escucharemos”. Después de esa tercera y última declaración, el “matrimonio”, nuestro pacto con Dios, comenzó formalmente.

Cuando el pueblo de Israel expresó su disposición de entrar en un pacto con Dios, HaShem anunció que se revelaría a toda la nación dentro de tres días, es decir, en Shabu’ot. Dios le dijo a Moisés (Éxodo 19: 10-12): “Consagra a la gente hoy y mañana. Diles que se purifiquen, que laven su ropa y se preparen para el tercer día, porque ese día descenderé al Monte Sinaí a la vista de todos”. Según nuestros sabios, la purificación y el lavado de la ropa mencionados en este versículo se refieren a la inmersión en un mikvé, el baño ritual judío (lo mismo que hace una novia antes de la boda). Los hijos de Israel se purificaron durante esos tres días (3, 4 y 5 de Siván) y estaban listos para entrar en un pacto con Dios al día siguiente.

En este pacto, Dios ofreció adoptar al pueblo de Israel como “Su” pueblo. Esto significa que Él supervisará directamente a Israel; no permitirá que el pueblo de Israel desaparezca y nunca cancelará ni modificará este pacto. El pueblo de Israel, por su parte, acepta ser gobernado por la Ley Divina, la Torá, transformándose así en una Nación de Sacerdotes, es decir, consagrada al servicio de Dios. El pueblo judío también es testigo directo, “privilegiado”, de la existencia de Dios, ya que experimentó Su Revelación directa en Sinaí (ma’amad har Sinai). El judío, entonces, tiene el derecho y el deber de escuchar a Dios cuando estudia la Torá y dirigirse a Dios cuando reza, sin intermediarios. Los términos de este pacto, que no son pocos, se detallan ampliamente en la Torá, los 5 libros de Moisés, y están organizados en 613 preceptos.

En la noche del 6 de Siván (entre el 5 y el 6 de Siván), la ceremonia del pacto continuó con Dios anunciando los 10 Mandamientos. Esta fue la única vez que Dios se reveló a una nación entera. Dios comenzó a enunciar directamente, y sin la mediación de Moisés, los dos primeros mandamientos. La Torá nos cuenta que la gente no pudo tolerar (¿físicamente?) el impacto de la Revelación Divina. Dios no habla con una voz producida por cuerdas vocales. La “voz Divina” y su efecto son indescriptibles. La Torá expresó esta experiencia sobrehumana y única con una frase muy singular (¿poética?): “Y la gente ‘veía’ las palabras [de Dios]”. Vieron las “palabras”, probablemente en su mente, cuando HaShem se dirigía a ellos. Los sabios explican que la experiencia de la Revelación fue tan intensa que se hizo parte de la memoria genética judía, ha moldeado nuestro carácter y ha reforzado principalmente nuestra creencia en Dios.

Después de escuchar el segundo mandamiento, los judíos piden la mediación de Moisés para transmitir el resto de los mandamientos. Esa misma noche, después de escuchar todos estos preceptos (Éxodo 21-23), la gente declaró por segunda vez su disposición a celebrar el pacto y comprometerse a obedecer las leyes que se presentaron hasta ese momento. Esto es lo que dice la Torá (Éxodo 24: 3): “Moisés… transmitió al pueblo todas las palabras de Dios y todas las leyes. Y la gente respondió con una sola voz diciendo: Todo lo que HaShem dijo, lo cumpliremos”. Moisés permaneció despierto toda esa noche y escribió lo que Dios le había transmitido en un documento que la Torá llama sugestivamente: Sefer HaBerit, el libro del Pacto.

Al día siguiente, el 6 de Siván al amanecer, Moisés erigió un altar que representa la Presencia Divina, y 12 pilares que representan las doce tribus de Israel. Luego, envió a los jóvenes a ofrecer sacrificios. Moisés tomó la sangre de los sacrificios y la dividió en dos. Vertió la primera mitad en los receptáculos de los 12 pilares y la otra mitad en el altar. La Torá describe así la ceremonia de la celebración formal del pacto (Éxodo 24: 7): “Entonces Moisés tomó el libro del pacto y lo leyó en los oídos de la gente. Y la gente declaró: ‘Todo lo que HaShem ha dicho, lo haremos y obedeceremos'”. Esto significa, literalmente, que las personas aceptaron obedecer todo lo que ya habían escuchado y se comprometían a aceptar todas las demás leyes y directivas que escucharían en el futuro. Entonces, Moisés tomó la sangre de los sacrificios y la roció sobre el altar, que representa la presencia Divina, y sobre los pilares que representan al pueblo. Moisés dijo entonces (24: 8): “Esta es la sangre del pacto que HaShem estableció con todos ustedes; (el pacto) que consiste en todas estas palabras (o leyes que han escuchado)”.

Con esta ceremonia formal se estableció nuestro pacto eterno con Dios. Desde este momento, los judíos nos comprometimos, para siempre, a obedecer la Ley Divina, la Torá, la Constitución de nuestra nación.




¿Cómo se celebraba Shabuot en el Gran Templo de Jerusalem?

רֵאשִׁית, בִּכּוּרֵי אַדְמָתְךָ, תָּבִיא בֵּית ה’ אֱלֹקיך
Shabu’ot, el día que celebramos la entrega de la Torá y el comienzo de nuestro pacto con Dios, es también conocido como Jag haQatsir, o la fiesta de la cosecha, y Jag haBikkurim, la fiesta de las primicias. Veamos por qué.
En este periodo, entre la primavera y el verano de Israel, comenzaba la cosecha de las plantas, granos y frutas que ya estaban madurando. Y lo primero que hacíamos los Yehudim era agradecer a HaShem por habernos dado nuestra tierra de Israel y habernos bendecido con sus frutos.
La parte más importante de la celebración de Shabu’ot en los tiempos de nuestro Bet haMiqdash era la ofrenda de los Bikkurim, las primicias, los primeros frutos y granos.
Los Yehudim llegaban desde todos los poblados de Israel y traían unas canastas con los primeros frutos. Pero, ¿cómo sabían cuales habían sido los primeros frutos?
El siguiente fue el método de selección de frutas para la ofrenda: Al visitar su campo y ver un higo, o una uva, o una granada que estaba madura, el propietario ataba una fibra alrededor de la fruta, diciendo: “Esto estará entre los bikkurim “.
La Mishná cuenta que cuando los campesinos iban a inspeccionar sus campos, prestaban mucha atención a los primeros frutos que crecían. Y cuando descubrían un higo, o una uva, o una granada la marcaban haciendo un nudo con una cinta de fibra vegetal alrededor de la fruta.
Luego, cerca de Shabu’ot, cuando llegaba el momento de ir a Yerushalayim, esas frutas ya maduras se recogían y se colocaban en una canasta. En cada ciudad y pueblo se organizaba una caravana de varias familias para ir juntos al Bet haMiqdash. Aparte de las frutas también llevaban palomas y por lo general, un toro, que solía estar adornado. Cuando pasaban por algún pueblo, la gente de esos pueblos salía a recibirlos, homenajearlos y ofrecerles reposo, alojamiento o agua, si era necesario. Cuando se acercaban a la ciudad, mandaban una persona para anunciar su llegada. Una delegación de Cohanim (sacerdotes) del Bet haMiqdash salía a recibirlos con todos los honores y los acompañaban. Por lo general las caravanas llegaban la víspera de Shabu’ot. Pasaban la noche en un lugar especial asignado por los Cohanim fuera de la ciudad. Al amanecer los Cohanim acompañaban a la caravan a ingresar a la ciudad de Yerushalayim, con canciones e instrumentos musicales (flautas).
En Yerushalayim eran recibidos por los dignatarios de la ciudad, quienes los acompañaban hasta el Monte del Templo y el Bet haMiqdash. En este punto la alegría se mezclaba con la emoción de ingresar en el Gran Templo de Yerushalayim, verlo en todo su esplendor y escuchar las hermosas canciones de los Leviim (levitas). Una vez allí, los Yehudim presentaban individualmente sus canastas ante a los Cohanim y mientras mantenían la cesta sobre sus hombros recitaban la siguiente declaración: “Hoy vengo a declarar [en agradecimiento] ante HaShem…, que he llegado a la tierra que Él nos dio, tal como lo juró a nuestros antepasados”. La canasta con frutos era recibida por el Cohen mientras el que que la ofrecía recitaba la siguiente Tefilá de agradecimiento: “Mi padre [Abraham Abinu] fue un arameo nómada, [su descendencia luego] descendió a Egipto con muy poca gente y residió allí hasta llegar a ser una gran nación, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos hicieron sufrir y nos sometieron a trabajos forzados. Y entonces clamamos HaShem, el Dios de nuestros padres. Él escuchó nuestra plegaria y vio nuestra miseria, los trabajos forzados y la opresión que nos habían impuesto. Y HaShem nos sacó de Egipto con milagros y un gran despliegue de Su poder.… Y nos trajo hasta este lugar y nos dio esta tierra, donde abundan la leche y la miel. Y por eso [en señal de agradecimiento] traigo ahora las primicias de la tierra que tu HaShem, mi Dios, me has concedido”.
Quiera HaShem renovar Su Presencia en Yerushalayim, pronto, en nuestros días, AMEN.

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