TOLEDOT: La envidia, el odio y el antisemitismo

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ויקנאו אותו פלשתים

LA BENDICION COMO RESPUESTA AL ESFUERZO

Esta Perashá nos presenta a Isaac (itsjaq), el hijo de Abraham. Nos cuenta sobre las dificultades que tuvo Isaac para tener hijos, el nacimiento de sus mellizos, la relación entre los dos hermanos, etc. Luego nos cuenta acerca del enfrentamiento entre Isaac y sus vecinos: los filisteos. En Génesis capítulo 26 leemos lo siguiente:  «Isaac sembró en aquella tierra, y cosechó aquel año cien por uno [cien veces mas de lo que había sembrado]: ¡HaShem lo había bendecido! Isaac gozó de prosperidad y siguió engrandeciéndose hasta que llegó a ser muy rico, llegó a tener ovejas, vacas y mucha servidumbre. Pero los filisteos le tuvieron envidia. Y todos los pozos [de agua] que los siervos de su padre [Abraham ] habían cavado … los filisteos los inutilizaron, llenándolos de tierra.»

Si bien HaShem lo bendijo, la riqueza no le llovió del cielo. Isaac era muy trabajador. Tuvo que esforzarse muchísimo para sembrar en esa zona árida, y tal como la Torá nos cuenta, tuvo que cavar una y otra vez sin pereza y sin darse por vencido para obtener el elemento más escaso y preciado en el Medio Oriente: agua.

UNA LECCIÓN QUE NUNCA EXPIRA

Pero los habitantes de aquel lugar, los «Pelishitim» o Filisteos no simpatizaron con Isaac. Y la Torá aquí usa por primera vez la palabra quin’a (ויקנאו אותו פלשתים) que significa: «envidia». Los filisteos tuvieron envidia de Isaac. Y es my interesante observar a qué los llevó la envidia. Uno podría pensar que los Filisteos imitarían a Isaac: iban a trabajar más, se iban a levantar más temprano, se emborracharían menos, ahorrarían más, no gastarían tanto, etc, etc. pero nada de eso sucedió…. Los Filisteos decidieron canalizar su envidia de la manera más destructiva y cobarde: ¡Tapando con tierra los pozos de agua que había cavado Isaac!  La consecuencia de la envidia fue la destrucción.  La envidia los llevó a hacer lo más irracional que un habitante del medio oriente puede hacer: destruir los pozos de agua en el desierto. Lo cual, obviamente, los perjudicaba a ellos también.

LA DIFERENCIA ENTRE CELOS Y ENVIDIA

Hay una gran diferencia entre dos palabras hebreas que son parecidas: Jemdá o Ta’avá (לא תתאוה), celos y quin’a, envidia. «Celos» siempre se refiere a un objeto: estoy celoso de lo que tienes, y quisiera tenerlo yo. La «envidia» es un sentimiento mucho más profundo que los celos, más complicado y, principalmente, imposible de complacer. Y que no se trata de mis sentimiento positivos hacia un objeto, sino de mis sentimientos negativos hacia la persona que lo posee. Te envidio por lo que tienes, y voy a tratar de quitarte lo que tú tienes, y si no puedo, me alcanza con que TÚ no lo tengas. Así, y a diferencia de los celos, la envidia fácilmente se convierte en «odio». La envidia es ad hominem, apunta hacia la persona. Y a diferencia de los celos, es insaciable! El objeto de la envidia cambia. Pero nunca cambia el sujeto. La envidia también es destructiva. Y autodestructiva. Por eso, con mucha sutileza, la Torá yuxtapone la envidia y la destrucción: Los filisteos le tuvieron envidia a Isaac, ¿y qué hicieron? ¡Taparon los pozos de agua!

LA HISTORIA SE REPITE

Rambán, Najmánides, nos aclara que la razón por la cual la Torá se excede en los detalles sobre estos eventos es para enseñarnos que מעשה אבות סימן לבנים , lo que le ocurrió a nuestros no es sólo historia, sino que marca un patrón de conducta que se repetirá con sus descendentes. Es increíble observar como esta historia vuelve a ser relevante en nuestros días. El 15 de agosto de 2005, 8.000 judíos israelíes fueron desterrados de sus casas en Gush Qatif (Israel). Esa tierra, que había sido conquistada militarmente por Israel en respuesta a la guerra iniciada por los egipcios, fue «regalada» a la autoridad Palestina (se dice que este evento precipitó la elección del Hamas en el 2006). Hay un dato interesante que se relaciona con la Parashá de esta semana, y que no se conoce mucho ya que los medios de difusión, como es de esperar, no han demostrado un gran interés en hacerlo conocer. En Gush Qatif, los judíos que vivían allí, hicieron un esfuerzo extraordinario y construyeron «greenhouses» (invernaderos, viveros) con una tecnología ultra-moderna. Allí plantaban vegetales «sin insectos» que se vendían en todo el mundo, y flores, especialmente tulipanes, que se exportaban al mercado de flores de Amsterdam. En total, las ganancias de estos invernaderos llegaban a más de 100 millones de dólares anuales (ver este artículo aquí). Cuando los Yehudim se vieron forzados a abandonar Gush Qatif, el presidente del World Bank, James Wolfenson y algunos judíos americanos (ingenuos) donaron 14 millones de dólares para que no se destruyeran estos invernaderos y que los pobres habitantes de Gaza, que tanto se quejan de su pobreza «causada por Israel», pudieran aprovechar estos invernaderos y brindarle un trabajo honesto y rentable a cientos o a miles de personas y generar un ingreso de 100 millones anuales. Para la sorpresa de muchos (pero no para los que conocen esta Parashá) , ni bien los palestinos recibieron estos modernos invernaderos los destruyeron totalmente, ¡»los taparon llenándolos de tierra»! y establecieron allí bases para lanzar misiles y atacar a Israel. Tal como ocurrió con los filisteos en el tiempo de Isaac, a estos enemigos de Israel les importó muy poco su propia prosperidad: lo que más les importó fue intentar destruir a Israel.

ATENTADOS EN ISRAEL

Estas últimas semanas la historia se ha repetido en una de sus más sangrientas variantes: una vez mas los judíos de Israel, hombres mujeres y niños, han sido atacados con explosivos, balas o siendo atropellados por autos. Lamentablemente, muchos palestinos, algunos de ellos árabes que viven en Israel, se regocijan con esta noticia (ver aquí). A diferencia de los celos, que terminan una vez que la persona «celosa» obtiene lo que desea, la envidia nunca se acaba. Y cuanto más triunfa el envidiado, el envidioso más tratará de destruirlo. Mike Pence, el exvicepresidente de Estados Unidos, formuló con muy pocas palabras esta idea de la envidia / odio hacia Israel de una manera muy simple y profunda. Pence dijo: «Israel no es odiada por sus vecinos por lo que hace mal, Israel es odiada por lo que hace bien» .

Quiera HaShem seguir bendiciendo y quiera Dios proteger a nuestro amado país de las manso de quienes quieren destruirlo, así como bendijo y protegió a nuestro patriarca Isaac y a nuestros antepasados.




¿COMO MORIR?

En memoria de mi querida suegra Oro bat Esther z”l

שיעשה כל ימיו תשובה כי לא ידע האדם יום מותו ולפיכך כל ימיו יהיה בתשובה

VIVIR NUESTRA MORTALIDAD

La idea de la muerte siempre me cautivó. Fue el concientizarme de la muerte, y su irremediable inevitabilidad, lo que me hizo pensar más profundamente en la vida, en el propósito de mi existencia, y me acercó más a la Torá. Le debo a la explicación de Ribbí Meir sobre lo positivo de la mortalidad (טוב מות) el haberme ayudado a entender que la muerte es lo que le da a la vida el sentido de lo irrecuperable. Dos monedas —como explicó Borges en el cuento Los Inmortales— pueden ser idénticas, intercambiables. Pero dos horas, o dos días, nunca pueden ser iguales. El día que pasó es un día único que murió. Que ya no volverá jamás. El dinero malgastado, eventualmente, se puede recuperar, pero un día desperdiciado es irreparable.

Podemos arrepentirnos, hacer Teshubá, y corregir muchos errores: si tomamos plata que no nos corresponde, la podemos devolver; si ofendimos a alguien, le podemos pedir perdón. Pero no hay forma de compensar por el tiempo inutilizado. Imagino que no hay peor forma de morir que saber o sentir que nuestra vida no tuvo trascendencia, que nuestra misión no fue cumplida. Que nuestros días fueron vacíos.

Esa es la muerte que debería darnos miedo…

Los Tsadiqim, los hombres y mujeres justos y rectos, no esperan hasta el momento de su muerte para entender el valor del tiempo. Y por eso, no pierden la oportunidad de hacer el bien. ¿El secreto? Considerar que cada día puede ser el último. Y que este pensamiento, la permanente conciencia de nuestra mortalidad, lejos de infundir miedo, nos motive a vivir y elevarnos espiritualmente con la intensidad de lo que se sabe irrepetible. Los justos dejan este mundo con la satisfacción existencial más elevada: la de haber cumplido su misión en este mundo.

En este mail que escribo en su memoria, quiero contarles acerca de los últimos días de Oro bat Esther, que en mi opinión fue un evento de características bíblicas, que representa una especie de ideal acerca de cómo despedirse de este mundo.

MORIR CON LOS SALMOS

Mi querida suegra tuvo el mérito de fallecer en su casa, no en un hospital, y rodeada de sus 8 hijas, su hijo, y casi todos sus nietos y bisnietos. En sus últimos días, lo que más lamentó es que ya no le quedaban fuerzas para rezar, alabar al Todopoderoso, y leer su Tehilim.

Los Salmos del Rey David eran su libro favorito. Su sostén. Su fuente de inspiración. Su conexión con HaShem. Y por eso, en sus últimas horas, su familia se encargó de que Oro bat Esther partiera de este mundo escuchando la recitación de Tehilim por sus voces favoritas: la de su querido hijo y sus nietos. Su alma se separó de su cuerpo mientras escuchaba la melodía más hermosa del mundo. No imagino una forma más solemne de dejar esta vida…

TUYO SOY Y TUYO SERÉ

Es muy significativo que mi querido cuñado, el rab Asher Meir Carciente שליט״א, también haya elegido recitar en las últimas horas de la vida de su madre el famoso poema “Leja Eli Teshuqatí” escrito por el Rab Abraham Eben Ezra. Este poema es muy significativo en la liturgia Sefaradí, ya que lo recitamos nada menos que para dar inicio al día de Yom Kippur. Me llevaría varias horas describir sus más de 100 versos. Pero quiero traducir 3 versos para mostrarles de qué se trata esta hermosa composición.

En su primera parte este poema expresa nuestra declaración de lealtad incondicional a Dios. Dice, entre otras cosas:

לְךָ אֵלִי תְּשׁוּקָתִי בְּךָ חֶשְׁקִי וְאַהֲבָתִי
לְךָ רוּחִי וְנִשְׁמָתִי
לְךָ אֶזְעַק בְּךָ אֶדְבַּק עֲדֵי שׁוּבִי לְאַדְמָתִי
לְךָ אֲנִי בְּעוֹדִי חַי וְאַף כִּי אַחֲרֵי מוֹתִי

Mi alma solo te desea a Ti, mi Dios; Tú eres lo que más anhelo y a Quien amo. Tuya es mi alma, tuyo es mi espíritu. Sólo a ti habré de rezar y solo a ti me intentaré acercar hasta el día que al polvo de la tierra habré de regresar. Soy tuyo mientras vivo, y tuyo seré también después de morir.

Luego, el poema nos invita a admitir que nuestro deseo de hacer la voluntad de Dios no siempre se lleva a cabo. Que somos débiles, falibles, nos equivocamos y nos dejamos llevar por nuestros impulsos. O somos lentos y perezosos. Esta parte es el Viduy, la confesión, y por eso recitamos este poema en Kippur. Lo que no muchos saben es que por esta misma razón, la tradición entre los judíos Sefaradim era (y debería ser) recitar “Leja Eli Teshuqatí” también en las horas finales de la vida. Y dejar este mundo con nuestra declaración de lealtad hacia Dios y nuestra confesión final.

לְךָ אוֹדֶה וְאֶתְוַדֶּה עֲלֵי חֶטְאִי וְרִשְׁעָתִי
לְךָ יִשְׁעִי
סְלַח רִשְׁעִי וְאֶת פִּשְׁעִי וְאַשְׁמָתִי

Ante Ti habré de admitir y confesar mis errores, mi iniquidad. Dios, sé que mi salvación está en Tus manos, por lo tanto te pido que perdones mis transgresiones, mi rebeldía y mi culpa…

Este extenso poema concluye con una plegaria muy especial, que describe la elevación del alma y su arribo al mundo por venir.

וְיוֹם לֶכְתִּי לְפָנֶיךָ
רְצֵה נָא אֶת הֲלִיכָתִי
וְתִשְׁלַח מַלְאֲכֵי הַחֵן
וְיֵצְאוּ נָא לְעֻמָּתִי
יְבִיאוּנִי לְגַן עֶדְנָךְ
וְשָׁם תִּהְיֶה יְשִׁיבָתִי
וְאֶתְעַדֵּן בְּאוֹרֶךָ
וְשִׂים כָּבוֹד מְנוּחָתִי

“Y cuando [en el momento de mi muerte] me esté encaminando hacia Ti, por favor, recíbeme con Tu amor: envía a Tus ángeles de la Gracia para que salgan a mi encuentro y me acompañen a Tu Jardín del Edén. Y que allí, junto a Tu Presencia, sea establecida mi morada [celestial]; y que [mi alma] disfrute de Tu esplendor, y me concedas la gloria de mi descanso [eterno].”

MORIR COMO NUESTRO PATRIARCA YAAKOB

El ideal judío es morir como Yaakob Abinu. En el momento de su muerte, rodeado de sus hijos, nietos y bisnietos, Yaakob quiso asegurarse de que todos sus descendientes eran leales al pacto de Abraham, que ninguno había abandonado la senda del Todopoderoso. Y en ese momento les preguntó a todos sus descendientes en voz alta y con sus últimas fuerzas si TODOS seguían fielmente comprometidos con su fe. La respuesta de sus hijos no pudo ser mejor:

“Escucha, oh Israel: HaShem es nuestro Dios, HaShem es Uno.”

Oro bat Esther, al igual que Yaakob Abinu, dejó este mundo con la incomparable satisfacción de haber visto su misión cumplida. Sabiendo que TODOS sus descendientes seguían su mismo camino, la Torá de Yaakob Abinu.

Los Jajamim dijeron de Moshe Rabbenu que al morir no sufrió, que su muerte fue suave y dulce “como un beso” (mitat neshiká — מיתת נשיקה).

Mi Iytén veNizké!!!




RESUMEN DE PARASHAT TOLEDOT

TENER UN HIJO… O DOS…

La parashá Toledot nos cuenta que nuestro segundo patriarca, Isaac, rezó para que su esposa, Rivká, quien era estéril, pudiera concebir. Dios respondió a sus oraciones, y Rivká quedó embarazada. A través de una revelación profética, Rivká supo que esperaba mellizos, quienes se convertirían en fundadores de dos naciones: «uno se impondrá al otro, y el mayor servirá al menor». Cuando dio a luz, el primer bebé nació cubierto de cabello, y lo llamaron Esav. El segundo nació agarrado al talón de su hermano (‘eqeb), por lo que lo llamaron Ya’aqob.


¡VIVA LA DIFERENCIA!

Los niños crecieron y sus vidas tomaron caminos diferentes: Esav se convirtió en un cazador, mientras que Ya’aqob “habita en la tienda”, es decir, pasaba más tiempo en casa que en el campo. Las personalidades de estos mellizos eran muy distintas. Estas diferencias nos enseñan una lección importante sobre la crianza de los hijos: a pesar de tener los mismos padres, la misma carga genética y una educación similar, los niños pueden tener un carácter completamente diferente o incluso opuesto. La Torá también nos revela que Isaac prefería a Esav, mientras que Rivká amaba más a Ya’aqob.


¿PRESENTE O FUTURO?

Un día, Esav volvió agotado de cazar. Al ver que Ya’aqob estaba cocinando un guiso de lentejas, le pidió un plato. Ya’aqob accedió, pero a cambio pidió la primogenitura de Esav. Este aceptó. Antes de darle el guiso, Ya’aqob le ofreció pan, para que Esav, al estar satisfecho, pudiera reflexionar y reconsiderar su decisión. Sin embargo, a Esav no le importó el futuro y sacrificó su primogenitura por un placer inmediato. A diferencia de Esav, Ya’aqob representa la idea de hacer sacrificios en el presente –estudiar, ahorrar, esforzarse– para garantizar un mejor futuro.


ISAAC EN GUERAR

Una hambruna azotó la tierra de Canaán, e Isaac trasladó a su familia a Guerar, gobernada por el rey filisteo Abimelej. Dios le ordenó a Isaac que no fuera a Egipto, convirtiéndolo en el único de nuestros patriarcas que nunca abandonó la tierra de Israel. En Guerar, cuando los hombres del lugar preguntaron por su bella esposa, Rivká, Isaac dijo que era su hermana por miedo a ser asesinado. Sin embargo, Abimelej descubrió la verdad y lo reprendió por el engaño.

Superado este incidente, Isaac prosperó económicamente en Guerar, pero los filisteos, envidiosos de su éxito, lo obligaron a irse. Isaac cavó varios pozos en los alrededores y encontró agua, pero los pastores filisteos reclamaron esos pozos y los destruyeron. Finalmente, Isaac se estableció en Be’er Sheba, donde hizo un pacto de no agresión con Abimelej.


DIME CON QUIÉN TE CASAS Y TE DIRÉ QUIÉN SERÁS…

Volviendo a los hijos de Isaac y Rivká, Esav, desobedeciendo los valores familiares, se casó con dos mujeres hititas, algo equivalente a casarse con mujeres no judías en la actualidad. Esta decisión causó un profundo sufrimiento a sus padres.

Cuando Isaac envejeció y llegó el momento de bendecir a sus hijos, acto que incluía asignar el liderazgo espiritual para continuar el legado de Abraham, llamó a Esav y le pidió que fuera a cazar y preparara una comida. Así, Isaac le daría esta bendición antes de morir. Rivká, al escuchar esto, ideó un plan para que Ya’aqob recibiera la bendición: ella preparó la comida, y Ya’aqob, disfrazado con la ropa de Esav, se la llevó a su padre. Isaac, quien estaba ciego, no lo reconoció y bendijo a Ya’aqob.

Cuando Esav regresó y descubrió lo sucedido, juró matar a su hermano. Rivká, temiendo por la vida de Ya’aqob, le aconsejó que se refugiara en casa de su familia en Harán, Siria, hasta que el enojo de Esav se calmara.

Antes de partir, Isaac despidió a Ya’aqob y, esta vez, lo bendijo conscientemente con la bendición de la tierra de Israel y la continuidad del legado de Abraham.


 




¿Esav o Jacob o Esav y Jacob?

Uno de los dilemas más antiguos —y más actuales— en la crianza de los hijos es: ¿Cómo sabemos si nuestros hijos están preparados para asumir grandes responsabilidades?

La Parashá de Toledot nos presenta uno de los casos más dramáticos de esta pregunta. Itsjaq debía elegir a uno de sus dos hijos, Esav o Yaacob, para continuar el legado de Abraham Abinu. No se trataba simplemente de heredar bienes materiales, sino de asumir la responsabilidad de liderar el futuro del pueblo judío. La decisión que tomará tendrá consecuencias históricas, no solo para su familia, sino para toda la humanidad.

Itsjaq tuvo una postura muy clara: Esav sería el continuador del camino de Abraham, y estaba decidido a otorgarle la bendición que lo convertiría oficialmente en el próximo patriarca de Israel. Pero su esposa Rivká tenía una visión diferente: para ella, Esav no era el candidato adecuado para cargar con una responsabilidad tan sagrada, tan delicada y tan trascendental. E hizo lo impensable: disfrazó a su hijo Jacob de Esav. Isaac, que era ciego, no se dio cuenta de esta maniobra y terminó otorgándole la bendición a Jacob.

Para comprender este conflicto entre marido y mujer, y qué llevó a Rivká a actuar de esa manera debemos entender por qué Itsjaq veía en Esav al líder ideal.

¿GUERRERO O ESTUDIANTE?

Itsjaq sabía perfectamente que la fe de su padre Abraham era revolucionaria. En un mundo dominado por el politeísmo, donde cada pueblo servía a sus propios dioses locales y toleraba la existencia de los dioses ajenos, el monoteísmo excluyente de Abraham representaba una ofensa para todos a su alrededor. Declarar que existe un solo y único Dios implicaba, directa o indirectamente, que todos los demás dioses eran falsos. Ese mensaje despertaba inevitablemente odio, resistencia y recelo.

Hay algo más: Itsjaq veía cómo Dios lo bendecía en todo lo que hacía. Encontraba pozos de agua en el desierto que nadie más veía y su cosecha producía cien veces más de lo sembrado (mea shearim). Y como vimos en el articulo anterior, esta bendición Divina también despertaba la envidia y el resentimiento de los pueblos vecinos.

Itsjaq entendió que sus descendientes tendrían que enfrentar enemigos peligrosos. La supervivencia del pueblo de Israel demandaría un líder fuerte, valiente, con capacidad militar y estrategia. Y su hijo Esav poseía precisamente esas cualidades: un guerrero nato, un cazador hábil, un hombre valiente, con la habilidad de identificar las debilidades del adversario. Un hombre que podía organizar, entrenar y liderar un ejército.

Para Itsjaq, la lógica era impecable: Esav tenía la fortaleza necesaria para proteger y defender el legado de Abraham en un mundo hostil, violento e implacable.

Yaacob, en cambio, era todo lo contrario: reservado, intelectual, dedicado al estudio y a la vida espiritual, ish tam yosheb ohalim, un hombre de “casa”, de libros, de reflexión, de tiendas de estudio. ¿Cómo podría alguien así enfrentar a pueblos violentos, agresivos y poderosos que intentarían destruirlos una y otra vez?

Desde la mirada de Itsjaq, Yaacob simplemente colapsaría ante los ataques del mundo exterior. Su bondad y su sensibilidad y su tendencia al estudio parecían más una debilidad que una fortaleza para el futuro del pueblo judío.

LA VISIÓN DE RIVKÁ

Rivká veía en Esav algo que Itsjaq no lograba percibir.

En primer lugar, Rivká identificaba en Esav un rasgo peligroso: la manipulación. Según el Midrash, Esav se mostraba frente a su padre como un joven observante interesado en la religión de Abraham, y aparentaba ser muy minucioso con las leyes, generando la impresión de que era piadoso y muy leal al camino de Abraham. Itsjaq, hombre de corazón puro y carácter íntegro (ola temimá), tendía a confiar en esas señales externas, y no percibía el engaño.

Rivká, en cambio, cargaba con una experiencia personal que la hacía mucho más perceptiva: había crecido con un hombre astuto, mentiroso y manipulador —su hermano Labán— y conocía perfectamente ese tipo de personalidad. En Esav reconocía esos rasgos que Itsjaq, debido a su inocencia y bondad, no podía identificar. Rivká sabía que su hijo Esav pretendía ser observante del pacto de Abraham, pero en lo profundo de su ser, no lo era.

Y algo más importante todavía:

Las mujeres que había tomado Esav eran hititas, mujeres de un entorno pagano, con costumbres y valores totalmente ajenos —e incluso opuestos— a los de Abraham. Rivká sabía, como mujer y como madre, que el hogar moldea el alma y los valores de los hijos, y que la influencia de una esposa es determinante en la identidad espiritual de una familia. Las esposas de Esav, lejos de acercarlo al camino de Abraham, terminarían alejándolo a él y, eventualmente, a sus hijos.

Por eso Rivká concluye que, a pesar de su fuerza física, su presencia imponente y su capacidad de liderazgo militar, Esav no era apto para continuar el legado de Abraham.

El verdadero sucesor debía parecerse moralmente a Abraham: bondadoso, sensible, generoso, hospitalario, inteligente, espiritual. Un hombre que priorizara el estudio, la compasión y la sabiduría por encima de la violencia. Y esas cualidades las veía claramente en Yaacob.

LA PRUEBA DE RIVKÁ

Si seguimos esta línea de pensamiento, el acto de Rivká de hacer que Yaacob se disfrazara de Esav para recibir la bendición no debe entenderse como un engaño si no como una prueba, un experimento calculado, con un objetivo muy preciso.

Rivká necesitaba demostrarle a Itsjaq que era muy fácil engañarlo. Si Itsjaq no lograba notar que quien tenía frente a él no era Esav sino Yaacob, quedaría demostrado que podía ser manipulado con facilidad.

Y eso fue exactamente lo que quedó demostrado:

Cuando por fin Itsjaq comprende lo ocurrido, la Torá describe su reacción con palabras estremecedoras: “Vayejerad Itsjaq jaradá guedolá ad meod” — “Itsjaq tembló con un gran temblor”.

Según esta interpretación, este temblor no era de furia, sino de revelación. En un instante comprendió que su esposa había logrado hacerlo ver con claridad que había sido engañado por Esav durante años y que Rivká tenía razón desde el principio.

Y lo más importante fue su grandeza de reconocer su error.

Cuando se descubre la verdad, Itsjaq no intenta revertir la situación. Al contrario: cuando Yaacob parte hacia Jarán, Itsjaq reafirma su bendición con palabras decisivas: “Gam baruj yihye” — “Él, ciertamente, será bendecido”.

Es decir: reconozco mi error. Acepto la opinión de mi esposa. Confirmo a Yaacob como mi heredero.

Y allí le otorgó “la bendición de Abraham”.

ESAV, YAACOB Y EL ESTADO DE ISRAEL

Debemos reconocer que lo ideal hubiera sido una alianza de los dos hermanos: la espiritualidad de Yaacob combinada con la fuerza de Esav. Un equilibrio perfecto entre mente y cuerpo, entre oración y espada, entre estudio y defensa. Pero para Rivká esto era imposible, porque tal como lo menciona la Torá en el párrafo que antecede a este episodio, Esav se había desconectado irremediablemente de su familia al casarse con mujeres hititas.

Esta historia y esta interpretación acerca de las virtudes que Itsjaq y Rivká buscaban en el futuro líder de Israel es hoy especialmente relevante para entender nuestro presente.

Luego de dos mil años de persecución, de exilio y de humillación, en los que nunca pudimos defendernos por nuestros propios medios, Medinat Israel ha alcanzado hoy un equilibrio que combina, de manera casi milagrosa, las virtudes de Esav y las cualidades de Yaacob.

Por un lado, Israel es un paraíso espiritual donde millones de judíos rezan y estudian Torá a diario. Nunca en la historia se escuchó la voz del estudio de Torá con tanta intensidad como se escucha hoy en la tierra de Israel. Las Yeshivot, los Baté Midrash, las escuelas, las sinagogas y las casas de familias judías vibran constantemente con el sonido de la Tora. Los yehudim en Israel practican el Jesed, la bondad, la generosidad y la compasión. Israel es un país inteligente, creativo, con una devoción profunda por el saber y una capacidad intelectual extraordinaria.

Pero al mismo tiempo, Israel posee las manos fuertes y poderosas del ejército más preparado, más sofisticado y más valiente del mundo. Un ejército que le ha demostrado al mundo que quien se enfrenta contra los yehudim lo va a pagar muy caro. Un ejército que enseña, con hechos y no con palabras, que no serán otras naciones las que nos defiendan, sino nosotros mismos. Nuestras propias manos. Nuestro propio valor.

Medinat Israel representa el perfecto balance que buscaban nuestros patriarcas: la dulce voz de la Torá de Yaacob, que deseaba Rivká, y las poderosas manos de guerreros temerarios, que veía Itsjaq en Esav, para que cuando fuera necesario adviertan, intimiden y castiguen al enemigo.

הַקֹּל קוֹל יַעֲקֹב וְהַיָּדַיִם יְדֵי עֵשָׂו

“La voz es la voz de Yaacob, pero las manos son [como] las de Esav”

Israel, que siempre supo usar “la dulce voz de Yaacob”, hoy también sabe usar cuando es necesario las poderosas “manos de Esav”.




TOLEDOT: ¿Por qué Esav?

La historia es más o menos conocida. Antes de morir, nuestro segundo patriarca, Itsjak, desea designar a su hijo Esav como su heredero, como aquel que va a continuar su camino: el futuro líder de la familia y del pueblo que, de acuerdo con la promesa divina, surgirá de esta familia. La elección de Esav no es arbitraria; está basada en un razonamiento profundo. Itsjak ve en Esav las cualidades que serán esenciales para la supervivencia del pueblo judío: la fortaleza física, la valentía y la astucia para proteger a su familia y a su pueblo en un mundo hostil.

Itsjak comprende que el nuevo camino de Abraham —su “religión”— no es muy popular. De hecho, genera antagonismo en las personas, especialmente en aquellas con poder.

En el pasado he explicado que este resentimiento hacia Abraham y su descendencia tiene raíces teológicas. La creencia de Abraham era diferente a la adoración a otros dioses, algo que, en general, era tolerado por los pueblos paganos. Sin embargo, el monoteísmo de Abraham contradecía la idea de esos dioses, negaba su existencia y los consideraba falsos. Esto era profundamente ofensivo para los pueblos que adoraban y respetaban a sus propias deidades. Además, alteraba el orden jerárquico y, según Maimónides, incluso el equilibrio político de las sociedades paganas. Las ideas de Abraham, como ocurrió en el caso del rey Nimrod, eran muy peligrosas para la hegemonía religiosa de su tiempo.

Pero lo teológico era solo una parte del antagonismo que Abraham generaba. La conducta moral y ética de Abraham también era iconoclasta: rompía con las normas sociales de la época y atentaba contra el orden social de las castas contemporáneas. Me explico: hay evidencia explícita en el texto bíblico de que la humanidad, desde los tiempos del Diluvio hasta los relatos de Sedom y Amora, se regía por la “ley de la selva”, la supervivencia del más fuerte, ya sea en términos físicos o económicos. Los que ostentaban el poder abusaban de los más débiles, los utilizaban o los esclavizaban. Nadie se preocupaba por hacer el bien con el necesitado de manera desinteresada.

Abraham fue el primero en introducir al mundo una idea revolucionaria: la bondad desinteresada, conocida como jesed. Antes de él, si alguien ofrecía comida o refugio a otro, lo hacía únicamente, en el mejor de los casos, como un acto comercial con fines lucrativos: un servicio a cambio de un beneficio. Abraham revolucionó este paradigma. En el famoso episodio en el que Abraham corre al encuentro de tres extranjeros necesitados que pasaban cerca de su tienda, les ruega que descansen en su hogar, laven sus pies, beban agua y coman, sin buscar ningún beneficio personal. Este acto fue un antes y un después en la historia de la humanidad. Por primera vez, veinte generaciones después de la creación del hombre, un ser humano actuó movido por bondad, voluntariamente, sin esperar recompensa ni siquiera ser solicitado.

Este gesto fue consecuencia directa del monoteísmo moral de Abraham, que cambiaba la percepción de la relación entre el hombre y Dios y, además, las relaciones humanas. Si existe un único Dios, todos los seres humanos somos criaturas del mismo creador y, por lo tanto, merecemos ser tratados con dignidad e igualdad.

Este concepto quizás representaba una revolución aún más peligrosa que la revolución religiosa en una época en la que las jerarquías de poder y las castas dominaban el mundo. La conducta de Abraham proponía una alternativa radical: una sociedad basada en la igualdad y la bondad. Su ejemplo desafiaba las bases mismas de la estructura social imperante. Abraham y su nueva creencia eran peligrosos para los que estaban en la cima del poder y del abuso.

Por lo tanto, no es sorprendente que el camino de Abraham, y las implicaciones sociales y políticas de sus valores, fueran vistas como una amenaza para las generaciones de su tiempo.

En el mejor de los casos, la rectitud moral de Abraham provocaba incomodidad en quienes lo rodeaban, porque revelaba su corrupción, su abuso y su falta de moralidad. Esto creaba una incómoda posibilidad en su entorno: o bien abrazaban su fe y cambiaban, o lo rechazaban, lo demonizaban y buscaban eliminarlo para acallar esa incomodidad interna. Creo que este fue el principio, la incepción del antisemitismo.

Regresemos ahora a la elección de Esav. A diferencia de Jacob, Esav es fuerte, valiente y guerrero. Según un comentario —que escuché, aunque no encontré su fuente—, Esav defendió y luchó contra los filisteos para proteger los pozos de agua de Isaac.

Para Itsjak, el liderazgo del pueblo judío necesita alguien así: un guerrero dispuesto a enfrentar a los enemigos y garantizar la supervivencia de su familia y su legado. Jacob, en ese aspecto, parece más frágil, menos apto para liderar a un pueblo que inevitablemente tendrá enemigos en el presente y en el futuro.




JAYE SARA: Historia de dos entierros

LA DIGNIDAD DEL CUERPO

Nuestra Parashá, Jayé Sara, comienza con un acto que define la visión del pueblo judío acerca de la dignidad de la vida y del cuerpo que la contuvo durante su estadía terrenal. Nuestro primer patriarca, Abraham, se ocupó personalmente del entierro de su esposa Sará y nos enseñó que se hace con la mayor dignidad posible: adquiriendo un lugar de sepultura y rechazando la cesión o el préstamo de esa parcela ofrecido por los hititas.
El primer título de propiedad judío en la historia no fue asignado a una casa ni a un campo: fue un cementerio, para enterrar el cuerpo de un ser querido con dignidad.

REGRESO A LA TIERRA

Resulta intrigante lo que parece ser una paradoja: el judaísmo, por un lado, le da enorme importancia al alma, a la vida espiritual; pero por otro lado, parece obsesionado con el cuerpo muerto, ya sin vida y separado de su alma. ¿Por qué?
Creemos en la superioridad del alma sobre el cuerpo. No nos definimos como cuerpos con almas, sino como almas contenidas en cuerpos. Ese contenedor, sin embargo, es el instrumento indispensable que permite a la neshamá conectarse con este mundo. La dignidad que se le presta al cuerpo sin vida es un acto de reconocimiento y gratitud, hakarat hatob, al cuerpo por haber servido al alma durante su paso terrenal.
La tradición judía enseña que el entierro correcto es la forma más elevada de beneficencia: jésed shel emet, un acto de bondad hacia alguien que ya no puede retribuir.

Y es también el cumplimiento de un deber. Cuando Dios toma el alma después de la vida y la regresa a su dimensión celestial, nosotros devolvemos el cuerpo a la tierra de la cual fue tomado: “Ki afar atah ve’el afar tashuv” — “porque polvo eres y al polvo volverás”. Así, entre lo que hace Dios y lo que hacemos nosotros, todo finalmente vuelve a su lugar de origen.

REGRESO A LA TIERRA DE ISRAEL

Abraham también nos enseña que el lugar donde se entierra a un ser querido es parte de la dignificación del cuerpo. Nuestro patriarca podía haber sepultado a Sará cerca de su hogar, como hacía todo el mundo. Sin embargo, elige un sitio especial: un cementerio donde, según nuestra tradición, descansan Adam y Javá.
Y así, el cuerpo, tal como lo hace el alma en el mundo venidero, no descansa en soledad, sino que se “reúne con los fallecidos de su pueblo” (vayeaséf el amav).

Cuando Abraham compra la cueva de Majpelá y entierra allí a Sará, nos dejó un legado eterno: la obligación de que el cuerpo sin vida de un Yehudí repose en un keber Israel, un cementerio judío, junto a los fallecidos de su pueblo.

EL REGRESO DE HADAR GOLDIN z”l

Con estas lecciones en mente, entendemos mejor la magnitud de lo ocurrido este martes pasado, 20 de Jeshván, en Israel: ese día fueron enterrados los restos de Hadar Goldin z”l. El joven teniente Goldin, de 23 años, fue asesinado por Hamas en 2014 al culminar la guerra de Tsuk Eitan. Su cuerpo sin vida fue secuestrado y quedó por más de once años sin sepultura en manos de sus asesinos, a pesar de los pedidos de Israel para su devolución.
El dolor de la familia Goldin fue indescriptible. No hay sufrimiento comparable al de perder un hijo. Pero lo único aún más insoportable es no poder enterrarlo.

La familia experimentó durante once años el dolor que la Torá describe con Yaacob cuando pensó que había perdido a su hijo Yosef. Pero sin cuerpo, no tuvo closure: el cierre emocional indispensable para comenzar el duelo. Porque cuando no hay un cuerpo que enterrar, siempre queda esa mínima posibilidad —por más irracional que sea— de que tal vez nuestro ser querido siga vivo.

Esto lo comprendí mejor en el basement de la calle Ayacucho 632 después del atentado a la AMIA en julio de 1994. Recuerdo las familias que, incluso tras dos semanas de espera, seguían imaginando que su ser querido podría estar en estado de shock, sin memoria, deambulando por la ciudad. La lógica negaba esa posibilidad, pero no había un cuerpo que permitiera el alivio del closure.
Cuando esa duda dura once años, se convierte en una tortura imposible de soportar. La familia Goldin vivió ese martirio: un duelo inconcluso —o que nunca comenzó—, una herida abierta que recién ahora pudo cerrarse.

UMI KEAMJÁ ISRAEL

En el relato del entierro de Sará, la palabra “libkotah”, “llorarla”, aparece con la letra KAF más pequeña. Nuestros sabios explican que Abraham lloró, pero no demasiado. ¿Por qué? Porque obviamente sintió el inmenso dolor por la pérdida de su esposa de toda la vida, pero al mismo tiempo experimentó la satisfacción de celebrar que la vida de Sará había sido plena y fructífera.

Algo similar ocurrió este martes en el entierro de Hadar Goldin: Israel experimentó un enorme dolor por una vida tan joven y significativa que se perdió. Pero al mismo tiempo, el pueblo judío recibió con una inmensa alegría la noticia de que, luego de once años de espera, Hadar Goldin regresaba a casa.

La moral del Estado y del ejército de Israel es única en el mundo: no se deja atrás a ningún soldado, ni siquiera sus cuerpos sin vida. Recuerdo cuando el presidente Trump dijo públicamente que no entendía por qué Israel estaba dispuesto a hacer tantos sacrificios para rescatar también los restos de sus soldados, y que eso lo impresionaba profundamente. No todos los pueblos del mundo lo entienden. Pero el pueblo judío sí.

Hadar Goldin z”l regresó a casa, a su tierra y a su pueblo, porque así lo estableció Abraham Abinu y lo reclama nuestra historia.
Lo que comenzó en la cueva de Majpelá con nuestra matriarca Sará continuó este martes con Hadar Goldin z”l.




Rabbi Isaac Abulafia (1830-1910) y la educación de los judíos de Damasco.

CRIADO POR SU ABUELO
El Rab Isaac Abulafia nació en Damasco, Siria, en 1830. Procedía de una familia de grandes luminarias que se remontaba hasta el famoso Ribbi Jayim Abulafia, que fue quien renovó el establecimiento de los judíos en la ciudad de Tiberia a principios del siglo 18 (ver aquí).
 
Siendo aún muy pequeño, posiblemente a la edad de 10 años, el Rab Isaac se trasladó a Tiberia donde fue criado por su abuelo, Ribbí Jayim Nissim Abulafia, quien también fue su maestro de Torá. Al poco tiempo el Rab Jayim Nissim fue elegido como Rishón LeZión, Rabino Sefaradí Principal de Israel, así que junto con el Rab Isaac y su familia se trasladaron a Yerushalayim. Pronto el Rab Isaac comenzó a brillar por su inteligencia y su dedicación a la Torá, y a los 23 años fue enviado a representar a las Yeshibot de Israel en varias comunidades judías del mundo, donde fue recibido con muchos honores por su conocimiento, su imponente presencia y su refinada personalidad. Desde todos los lugares del mundo, incluyendo otras ciudades de Israel, le llegaban consultas halájicas que resolvía con su gran ilustración y originalidad.
 
VACAS GORDAS EN DAMASCO
En 1861, cuando muere su abuelo, el Rab Isaac decide regresar a Damasco donde formó parte del Tribunal Rabínico de la ciudad. En 1873 cuando fallece el rabino principal Rab Aharon Bagdadi, el Rab Abulafia fue invitado a ejercer ese prestigioso cargo. En ese entonces Damasco era una ciudad con una comunidad judía vibrante. Un visitante de Francia, el rabino Yerujam Ashkenazi que llegó a Damasco en 1859, escribió en sus memorias de viaje que los judíos de Damasco se destacaban por su generosidad. Los más ricos tenían su biblioteca rabínica propia y su mayor deseo era apoyar a los Talmidé Jajamim que decidieran estudiar allí, y que esa biblioteca funcione como un pequeño Kolel de nuestros.
 
LAS VACAS FLACAS
Pero en 1875 todo esto cambió. La situación política ya no era la misma y el nuevo gobierno impuso impuestos más altos y regulaciones que limitaban el comercio, especialmente las importaciones y exportaciones, que era lo que muchos judíos locales hacían. Varios de estos mecenas abandonaron Damasco y se dirigieron a Aleppo, Beirut (Líbano) y otras ciudades de la zona. El rab Abulafia decidió entonces que tenía que crear nuevas oportunidades para garantizar el futuro económico de los jóvenes judíos de su comunidad, ayudándoles a que aprendieran una profesión como contabilidad, farmacéutica, etc. y no dependieran solo del comercio. El Rab hizo una especie de alianza con la organización “Kol Israel Jaberim” que también es conocida como la «Alianza Israelita Universal». Esta institución con sede en Francia proporcionaba fondos para este fin.
 
ESCUELAS CON BANCOS
Así en 1880 el Rab Abulafia, contando con la aprobación de los rabinos de Damasco, impulsó la creación de una escuela donde aparte de Torá los alumnos también aprendieran a leer y escribir en árabe y francés. Las escuelas judías se modernizaron y por primera vez, los alumnos tuvieron bancos donde sentarse, ya que hasta ese momento se sentaban a estudiar en el suelo. El Rab Abulafia se ocupó de que la educación fuese subvencionada para las familias pobres. Y lo más revolucionario que hizo el rab Abulafia fue establecer también una escuela para mujeres, algo muy poco común en esa época. Con la ayuda de la Alianza consiguió motivar a los padres, estableciendo un pago simbólico de “medio franco” a cada familia que enviara a sus hijos a estudiar allí.
 
¿ÉXITO O FRACASO?
Pero a la larga este emprendimiento no fue un éxito del 100% … Con el tiempo, los padres y los estudiantes exigieron más y más educación en temas seculares a expensas de los estudios de Torá. Pero el problema más grave –-del que desafortunadamente los rabinos no pudieron darse cuenta a tiempo-– fue que la Alianza ejerció una enorme influencia en la secularización de muchos judíos. Esto ocurrió en Damasco y otras comunidades Sefaradíes en Turquía, Grecia, Irán y el Norte. África. Y aunque este tema merecería un capítulo aparte, relataré brevemente lo que el rabino Eliyahu ben Hayim, SHELITA, quien conoció este tema de primera mano, dijo a sus alumnos en una de sus clases recientes: En la Alianza, los maestros que enseñaban matemáticas o el idioma francés (judíos europeos seculares, o gentiles) eran jóvenes, dinámicos, amables y vestían a la última moda europea. Para los estudios judíos, sin embargo, la Alianza solía contratar como maestro a un hombre mayor, generalmente pobre y ya jubilado, que no tenía ningún trabajo mejor, que no hablaba francés, que no poseía una formación pedagógica moderna y que no vestía a un estilo europeo. Así, los estudiantes judíos natural y subconscientemente comenzaron a admirar a los maestros seculares. Los veían como «role models» y aspiraban algún día a ser como ellos. Y así, involuntariamente (aunque algunos opinan que esto fue una sofisticada estrategia asimilacionista de la Alianza, que los rabinos en ese momento no pudieron anticipar) los jóvenes estudiantes judíos dejaron de admirar a los Jajamim. Y en consecuencia comenzaron a mirar a la Tora con esos mismos ojos críticos que miraban al Jajam. Y así, lamentablemente, la práctica religiosa se convirtió para muchos judíos como algo ya pasado de moda e irrelevante. El rabino Ben Hayim explicó que prácticamente en todas las comunidades a las que llegó la Alianza, la secularización aumentó –y viceversa (en mi opinión, este proceso que afectó a un gran porcentaje de las comunidades sefaradies, tardó como 100 años o 4 generaciones en revertirse).
 
A ISRAEL NO SE VA; A ISRAEL SE REGRESA
El rab Abulafia tuvo sola una hija, que se casó con el famoso “Señor” Jayim Moshe Laniado. Su yerno, que pertenecía a una familia de la aristocracia damascena, fue quien lo asistió para publicar sus libros. La obra más famosa del rab Abulafia es el “Pené Yitsjaq”, una colección de 6 volúmenes de Responsa Rabínica (ver el primer volumen del libro aquí). 
En 1909 el Rab Abulafia dejó la ciudad de Damasco y regresó a su amada Eretz Israel para establecerse en Tiberia, la ciudad de sus ancestros, donde falleció un año más tarde, el 15 de Adar de 1910.
 
(La historia de su padre, el rab Moshé Abulafia, es muy triste, trágica y un poco complicada. Así que la incluiré en el contexto de un artículo que dedicaré especialmente al tema: el libelo de sangre que tuvo lugar en Damasco en 1840) .



JAYE SARA: Buscando una esposa para Isaac

Esta Parashá nos cuenta sobre los últimos días de Abraham Abinu.  Luego de ocuparse del entierro de su esposa Sará, Abraham sabe que le queda una importante misión por cumplir: casar a su hijo Isaac (Ytsjaq).  Es mucho lo que está en juego.  Encontrar una mujer digna de Isaac es lo que va a permitir que el legado de Abraham, su pacto con HaShem, continúe para la posteridad.  Pero si la esposa no acompaña a Isaac, posiblemente todo se pierda.  En ese entonces, como hoy en día, la educación de los hijos y la continuidad dependían especialmente de la esposa. En este Shidduj, había demasiado en juego…
Para esta difícil misión Abraham envía a su sirviente más leal, Eliezer.  Eliezer llega a Jarán, la tierra de la cual proviene Abraham y en la cual tiene todavía algunos familiares. Eliezer le ruega a HaShem que ilumine sus pasos. Y se propone a sí mismo hacer una “prueba” para elegir a la futura esposa de Isaac.
Eliezer se dirige hacia el pozo de agua. Y se dice a sí mismo que al llegar allí –donde usualmente las jóvenes mujeres buscan agua para sus casas —  le pedirá  a una de estas jóvenes un poco de agua para beber, si la joven accediera y le ofreciera también agua para sus camellos, esta sería la futura esposa de Isaac.
Los rabinos se dividen en su opinión: Algunos, como Maimónides, dicen que Eliezer no obró correctamente. Que no se puede “poner a prueba a Dios” (לא תנסו).  Uno no puedo decir, por ejemplo: “No estoy seguro si debo o no debo comprar esta casa. Por lo tanto, HaShem voy a tirar una moneda para que me reveles Tu voluntad: si es tu voluntad que yo compre esta casa, haz que la moneda caiga de ‘cara’. Y si no es Tu voluntad, que sea ‘seca’. Al fin y al cabo, HaShem, Tú eres Todopoderoso, y está en tu poder determinar de qué lado caerá la moneda.” Maimónides indica que este razonamiento, aparentemente impecable, era parte de lo retórica que usaban los idólatras, para de esa manera “forzar a sus dioses a revelar su voluntad”, la cual ellos manipulaban a gusto.
Otras opiniones, si bien aceptan en principio el dictamen de Maimónides, dicen que en este caso Eliezer no trató de poner a prueba a Dios, sino de poner a prueba el carácter y la personalidad de la futura esposa de Isaac. Al fin y al cabo Eliezer no pidió un signo identificatorio arbitrario. No dijo, por ejemplo, “si encuentro una muchacha vestida con un vestido con flores, esa será la mujer que HaShem quiere para Isaac”, o algo así. Eliezer se propuso identificar “cualidades” que probaran el buen carácter de la muchacha.
¿Pero cuáles eran las virtudes que Eliezer esperaba ver, y que finalmente vio, en la futura esposa de Isaac?
Eliezer buscaba en la futura esposa de Isaac, las virtudes de Abraham Abinu.
Veamos: cuando Abraham recibe a sus invitados, les terminó dando más de lo que en principio les ofreció. Abraham le dijo a sus invitados que les iba a dar “un pedazo de pan y un poco de agua”. Pero al final, los agasajó con un banquete de carne tierna, pan recién horneado, y deliciosos postres. Parte de la virtud de un Tsadiq (un hombre justo) “es hacer más de lo que promete”, (¡al revés de los políticos!).
Algo más:  Abraham atendió a sus huéspedes con “entusiasmo” (זריזות).  Una de las maneras de medir nuestro entusiasmo es ver cuánto nos apresuramos en hacer lo que estamos haciendo. Si un niño de 10 años tiene que levantarse a la madrugada para hacer una tarea que no quiere hacer, seguramente se levantará muy lentamente, se vestirá en cámara lenta, con total desgano, etc.  Pero si tiene que levantarse a la madrugada para viajar en avión a Disneylandia, seguramente se levantará sin demoras, se vestirá rápidamente, y con mucho entusiasmo. Cuando Abraham recibió a sus invitados la Torá nos cuenta que Abraham se “apresuró” y le dijo a su esposa, prepara “pronto” tortas, y luego “corrió” hacia su ganado y se “apresuró” a preparar la carne…
Cuando Eliezer vio a Ribqá y le pidió agua, la Torá menciona que Ribqá se “apresuró” hacia la fuente y le dijo: “Bebe Señor mío”. Y le dijo, por iniciativa propia: “Le voy a dar de beber también a tus camellos. Y se “apresuró” y tomó su vasija y “corrió” hacia la fuente de agua y dio de beber a los camellos hasta saciar su sed”.
Este comportamiento excepcional es propio de las personas que practican el Jesed, las obras de bien, en el más alto nivel. Hacen el bien, sin que se les pida. Y hacen más de lo que se les pide o de lo que se espera que hagan. Y cuando llevan a cabo sus obras de bien, lo hacen con entusiasmo, con pasión, sin desgano y desinteresadamente.
Ribqá pasó la prueba de Jesed. Y se graduó con el puntaje más alto.



JAYE SARA: Abraham, el primer influencer

En la Parashá de esta semana, Jayé Sará, encontramos a Abraham, nuestro primer patriarca, en una larga conversación con los Hititas, uno de los pueblos que habitaban en esos días la tierra de Canaán. Abraham quiere adquirir de ellos un terreno en Qiryat Arba, Hebrón, para enterrar a Sará, su esposa, recientemente fallecida.

MONOTEISMO Y ANTISEMITISMO
Abraham negocia con los Hititas. Y mientras la negociación avanza vemos que los líderes de ese pueblo –hombres famosos por sus violentas conquistas– trataron a Abraham con gran respeto y se dirigieron a él como «Nesí Eloqim», «Un representante de Dios entre nosotros». Esto es muy extraño, ya que los pueblos paganos no tenían una mentalidad abierta sobre de respeto hacia otras religiones o cultos. Los dioses mitológicos competían entre sí para demostrar su supremacía. Y Abraham no solo practicaba una religión diferente: su religión era «monoteísta»: lo que significa que mientras las otras religiones quizás decían: «Nuestros dioses son más poderosos que tus dioses», la religión de Abraham sostenía que: «Tus dioses, simplemente, ¡no existen!». Esto debería haber sido considerado por los hititas como un gran desafío –casi una ofensa– a sus creencias. Y supongo que sabían que Abraham era un «monoteísta militante», un iconoclasta (destructor de ídolos) y aún así lo respetan de manera superlativa.

Abraham era diferente, incluso en el plano físico, ya que se había circuncidado. ¡Una razón adicional para «rechazarlo» y «discriminarlo»! En aquellos tiempos no había tolerancia religiosa. Vimos, por ejemplo, en el caso de Yosef y sus hermanos en Egipto, que los egipcios ni siquiera se sentaban a comer en la misma mesa que un semita, porque consideraban que su menú –en este caso: carne– era abominable para ellos. ¿Cómo fue entonces que Abraham, siendo tan diferente a los Hititas, fue respetado por ellos?

En mi opinión los hititas, respetaban y admiraban a Abraham por sus extraordinarias virtudes humanas.

1. GENEROSIDAD: Abraham, quien era visto por los paganos como el representante de Dios sobre la tierra, habría tenido todas las razones del mundo para exigir de los demás ofrendas y regalos, como sucedió con Malqui Tsedeq, un sacerdote a quien Abraham le dio su diezmo. Estas ofrendas a los líderes religiosos paganos (sacerdotes, brujos, magos) eran muy comunes en esa época. Pero Abraham, a quien todos veían como un hombre de Dios, lejos de esperar que otros lo mantuvieran materialmente debido a su «superioridad espiritual», se dedicaba a asistir materialmente al prójimo de su propio bolsillo. Abraham tenía su tienda o carpa abierta para todo extranjero que necesitara sombra, agua o comida. Y no pedía ni aceptaba ninguna compensación por ese servicio. Esta conducta de Abraham tiene que haber inspirado el respeto y la admiración de todos los que lo conocían, a pesar de las diferencias religiosas .

2. RESPETO: Dios le habló a Abraham y le prometió que él y sus descendientes heredarán la tierra de Canaán. Pero Abraham nunca se comportó con arrogancia frente a los hititas y otros habitantes de Canaán. Su fe incondicional en la promesa Divina podría haberlo llevado a reclamarle a los paganos que habitaban la tierra: «Esta tierra será mía. Y por lo tanto puedo tomar posesión de ella sin el permiso de ustedes». Abraham trató a los hititas con dignidad y honor. Abraham representaba el epítome de la nobleza de aquellos verdaderos Yehudim que saben muy bien que «cuanto más cerca está uno de Dios, más debe respetar y comportarse con integridad hacia los demás», y muy especialmente hacia quienes profesan otra religión o son menos observantes que uno (Quiddush HaShem).

3. HUMILDAD: la humildad de Abraham se vuelve mucho más evidente cuando comparamos a Abraham, como lo hicieron nuestros Sabios, con Bil’am. Bil’am era un profeta pagano. HaShem se comunicaba con Bil’am, como lo hizo con Abraham y con Moshé. Pero este privilegio, en lugar de hacer que Bil’am sea más humilde, hizo que Bil’am mirara a todas las demás personas con desdén. Bil’am se dijo a sí mismo: «Si Dios habla conmigo ¿quién se puede comparar conmigo?» La arrogancia de Bil’am lo hacía comportarse hacia los demás con desprecio . No estaba dispuesto a ayudar a nadie, a menos que obtuviera algún beneficio material y retribución «por los servicios espirituales prestados». Bil’am sacaba toda la ventaja que podía de su relación con Dios. Representa a esas personas que «mal-representan» a la religión. Abraham, como dijeron nuestros sabios, era TODO lo contrario.

4. IMITAR A DIOS: Aunque Abraham tenía ideas diferentes, que «él» sabía que eran superiores a las ideas de los paganos que vivían a su alrededor, se comportaba con generosidad y respeto y siempre dispuesto a ayudar a cualquiera que lo necesitara. En su humanidad sin límites, Abraham le pidió a Dios que perdonase la vida de los habitantes de Sodoma y Gomorra, las ciudades más corruptas de la historia.
A pesar de que sus ideas eran diferentes, Abraham nunca tuvo enemigos. Nunca fue juzgado negativamente por sus revolucionarias creencias. ¿Por qué? Por su intachable comportamiento hacia otros seres humanos. Así fue como Abraham se convirtió en la inspiración de las grandes religiones del mundo: el INFLUENCER más importante de la historia.




JAYE SARA: Los nuevos soldados del ejército judío