VAYISHLAJ: Los “NO” que definen nuestra vida

«הצילני נא מיד אחי מיד עשו»

LA ESPADA DE ESAV

Ya’akov Abinu regresa a la tierra de Israel. Tiene muchas dudas. Una de esas dudas es si su hermano Esav aún le guarda rencor. Recordemos que hace 20 años Esav decidió matar a Ya’akov. Y Ya’akov ahora se cuestiona: ¿me sigue odiando Esav, 20 años después? A lo mejor sus sentimientos han cambiado y ya se olvidó de lo que pasó tanto tiempo atrás… pero Ya’akov no está seguro. Y encuentra una complicación más: escucha que Esav está llegando con una banda de 400 hombres, demasiada gente para un comité de bienvenida. Ya’akov teme lo peor y siente el peligro que acecha a él y a su familia.

Ya’akov reza y suplica por la intervención divina diciendo la famosa frase: «[HaShem], sálvame de la mano de mi hermano, de la mano de Esav».

Cuando finalmente se reencuentran, Esav no ataca a Ya’akov. Hay comentaristas bíblicos que explican que Esav tenía toda la intención de destruir a Ya’akov y quedarse con su familia y sus posesiones, pero que hubo un cambio emocional en el corazón de Esav. ¿Por qué? La noche anterior, Ya’akov luchó contra un enviado de HaShem (un «ángel», aunque la Torá lo describe como un «hombre»). Este individuo hirió a Ya’akov en su muslo y lo dejó herido. Cuando Esav vio a Ya’akov rengueando, se conmovió (o pensó que Ya’akov ya no era un adversario digno…) y, de acuerdo con esta interpretación, el perdón que no llegó en 20 años se transformó en una especie de «lástima» por la vulnerabilidad de Ya’akov, y los sentimientos de afecto regresaron. Así, de una manera directa o indirecta, HaShem salvó a Ya’akov de Esav al hacerlo luchar contra ese “ángel”.

LA INVITACIÓN DE ESAV

Acto siguiente, y ahora en un clima de reencuentro familiar, Esav agradece los generosos regalos de Ya’akov y le dice: «No me hace falta nada, hermano mío, yo tengo demasiado». Vemos que Esav es un hombre materialmente exitoso. Es el patriarca, fundador y cabecilla del pueblo de Edom. Pero Esav, tal como su madre lo había anticipado, no siguió el camino de su abuelo Abraham ni de su padre Isaac. Los edomitas, liderados por Esav, se habían asimilado a los pueblos vecinos. Habían abandonado las creencias de Abraham Abinu y eran idólatras.

Ahora, Esav ya no ve más a Ya’akov como su enemigo, sino como su hermano.
Y aquí, irónicamente, comienza un problema enorme para Ya’akov.
Algo más delicado y más sutil que la espada de Esav, pero igualmente letal, amenaza el futuro de Ya’akov y el legado de Abraham. Como consecuencia de la nueva reconciliación fraternal, Esav invita a Ya’akov a unirse a él (Génesis 33:12). «Nis’a veneleja. Vamos juntos. Ven conmigo a Se’ir, y allí viviremos como una sola familia. Tus niños pequeños van a jugar con mis niños: sus primos. Y ya tengo en mente algunas de mis hijas y nietas que podrían ser muy buenas candidatas para casarse con tus hijos». Ya’akov sabe que si acepta la invitación de Esav, sus hijos terminarán asimilándose a Esav y formarán parte de su familia.

HAY MUCHO EN JUEGO: si Ya’akov se une a Esav sería el final del legado de Abraham Abinu (del «judaísmo» de ese entonces)… y no por la vía de la espada de Esav, sino por la disolución natural e inevitable de la «religión» que practicaba la familia de Ya’akov.

EL «NO» QUE CAMBIÓ LA HISTORIA

En ese momento decisivo para la posteridad, Ya’akov, heroicamente, le dijo a Esav “NO”. Lo hizo muy diplomáticamente. «Tú ve adelante y yo llegaré al ritmo de mis pequeños hijos», le dijo. Esav, que quizás no comprendió la indirecta de Ya’akov, insistió: «Si quieres, te dejo algunos hombres para que te protejan en el camino, hasta que llegues a mi casa». Ya’akov, estoicamente, soportó la tremenda presión psicológica de ese momento —en el que se podía cortar el aire con un cuchillo— y, con mucha incomodidad pero con mucha firmeza, rechazó nuevamente la oferta de Esav. «¿Por qué habré de hallar tanta gracia en tus ojos?». Esav finalmente entendió el mensaje y se marchó.

Si tuviéramos que describir con nuestras propias palabras lo que experimentó Ya’akov en su intenso encuentro con Esav, diríamos que en un mismo evento Ya’akov se enfrentó al antisemitismo y a la asimilación. En el primer caso, especialmente si seguimos la opinión que mencionamos, Dios intervino «directamente» para salvar a Ya’akov de Esav, «su enemigo». Pero cuando Ya’akov se enfrenta a Esav, «su amigo», allí no hubo intervención divina. Hubo una decisión humana determinante. Ya’akov debió actuar por su cuenta y decir —y asumir las consecuencias— del «NO». En esta segunda instancia, Dios no interviene y espera que Ya’akov tome la decisión correcta por sí mismo.

SI YA’AKOV NO HUBIERA DICHO «NO»…

La mejor manera de entender el impacto de los “NO” que definen nuestras vidas es visualizar qué hubiera pasado si no hubiéramos dicho “NO”. Hoy en día, nosotros, los descendientes de Ya’akov Abinu, seguimos enfrentando desafíos muy similares. La sociedad no judía nos invita a una integración cultural y social sin barreras ni diferencias. La asimilación se cobró ya millones de «almas» judías. Millones de instancias en las que los jóvenes o sus padres no tuvieron la fuerza, la inteligencia o la convicción de decir «NO» a Esav el amigo, antes de que fuera demasiado tarde.

El daño ha sido catastrófico.

Comparto con ustedes dos números que lo dicen todo: en el año 1927, la población judía en los Estados Unidos era de 4.2 millones de personas. ¿Cuántos judíos debería haber en los Estados Unidos en 2025, casi 100 años después? En EE. UU. no hubo una Shoah, ni campos de concentración, ni mega matanzas antisemitas; por el contrario, la inmigración judía a este país continuó ininterrumpidamente incluso durante la Shoah. No soy un genio de las matemáticas, pero mi intuición me dice que hoy debería haber no menos de 15 o 20 millones de judíos en los Estados Unidos… Pero en realidad hay menos de 6 millones… ¿Qué pasó entonces con los millones de judíos que ya no se cuentan como tal?

Dios nos ayuda en la lucha contra el enemigo, pero de la asimilación tenemos que salvarnos por nuestra cuenta. Mejorando en nuestra observancia y apreciación de los valores judíos. Educando a nuestros hijos en escuelas judías y especialmente con nuestro ejemplo personal. Teniendo la valentía y la convicción de decir «NO» si alguna vez la relación con Esav puede pasar de la cordialidad y el respeto hacia un plano social en el que arriesgamos perder nuestra identidad.




VAYETSE: Leá, Yehudá y el primer Thanksgiving

BREVE HISTORIA DE UN NOMBRE

El pueblo judío no siempre se llamó así. En la Biblia hebrea o Tanaj aparecen tres nombres que definen nuestra identidad: Israel, hebreo y Yehudí, cada uno con un trasfondo propio.

Israel es el patronímico más antiguo. Somos Bené Israel, los descendientes de Yaacob, quien recibió el nombre Israel después de luchar y vencer a un ángel. ¿Por qué nos llamamos con el nombre de Yaacob y no nos llamamos, por ejemplo, el pueblo de Abraham o de Yitsjaq? La respuesta más sencilla es que de Abraham surgieron varias naciones, lo mismo de Yitsjaq. Pero los hijos de Yaacob, a pesar de haber pasado por conflictos muy profundos, terminaron unidos. De ellos surgieron las doce tribus y un solo pueblo: Bené Israel.

“EL OTRO”

El segundo nombre es “hebreo” (ivri), que significa “el que viene del otro lado”, refiriéndose probablemente al otro lado del Éufrates, es decir, la Mesopotamia. Este término, que también tiene un significado cultural muy profundo,  aparece referido a Abraham, Yosef, Moshé y otros descendientes del pueblo judío. Los egipcios llamaban a los israelitas “hebreos”. Incluso en las cartas de El Amarna —documentos egipcios del siglo XIV a.e.c., los más antiguos fuera de la Torá que mencionan a nuestro pueblo— se los identifica como habiru (“hebreos” en antiguo egipcio).

El tercer nombre, el más universal hoy, es Yehudí, y  aparece mucho más tarde. Tras la muerte del rey Shelomó, el reino de Israel se dividió en dos: el reino de Yehudá, con capital en Jerusalem, y el reino de Israel, también conocido como el reino de “las diez tribus”, con capital en Samaria o Shomerón. Cuando los asirios invadieron Samaria en el año 720 a.e.c., las diez tribus fueron destruidas y exiliadas. Solo sobrevivió el reino de Yehudá, que en español se llama Judea. Desde entonces fuimos conocidos como Yehudim, “judíos”. Así aparece en Meguilat Ester: Mordejai no es llamado hebreo ni israelita, sino Yehudí. Los griegos y los romanos también nos llamaron yehudim, y el territorio de Israel fue siempre conocido como Judea.

LA RAIZ DE YEHUDÍ

Pero hay algo más en este nombre. Aparte de su fascinante historia, el nombre Yehudí tiene un significado espiritual muy profundo. Y nació en un momento íntimo y especial que relata la parashá de esta semana, Vayetsé.

Yaacob llega a Jarán y se casa con Leá. Leá ya había tenido tres hijos, que era en cierta manera el número de hijos esperables. Recordemos que Sará tuvo un solo hijo y Rivká dos. Para Leá, tener tres hijos era la “evolución esperable” de la próxima matriarca. Pero, para su sorpresa y alegría, Leá da luz a un cuarto hijo y allí su alegría desbordó. En ese momento manifestó su sentimiento en palabras de agradecimiento a Dios. Leá declaró: “HaPaam odé et HaShem — Esta vez agradeceré a Dios” y así surgió el nombre Yehudá, que significa literalmente : “A Dios agradeceré”.

La raíz de Yehuda es yod–dalet–he que es la raíz de la palabra hebrea moderna todá , gracias, y de la palabra hebrea modé , te agradezco.

Esta es la primera instancia registrada en la Torá en la cual alguien expresa verbalmente su agradecimiento a Dios. Esa emoción— quedó sellada para siempre en el nombre de su cuarto hijo. Y cada vez que Leá pronunciaba el nombre de su hijo, repetía su deseo y necesidad de agradecer a Dios por la gran bendición que había recibido de Él.

¿Qué significa entonces “Yehudí”, más allá de consideraciones históricas?

En un mundo donde la espiritualidad suele “activarse” solo en momentos de crisis, o conveniencia, donde nos olvidamos a diario del Creador aun cuando disfrutamos de Sus bendiciones, nuestro nombre propio YEHUDI nos debe recordar que la conexión más genuina con Dios debe ser una relación de “gracias”, cuando no hay urgencias ni angustias.

IDENTIDAD JUDÍA

En los Estados Unidos, Thanksgiving ocurre una vez al año. En el pueblo judío, la gratitud es un acto diario. Desde Leá, que llamó Yehudá a su hijo para agradecer a Dios, la identidad judía quedó vinculada orgánicamente a ese gesto.

Por eso, cada mañana, al abrir los ojos, la primera palabra que pronunciamos es modé, “Te agradezco [Dios]”: Modé aní lefaneja melej jai veqayán —“Te agradezco, Dios, por seguir con vida, por la oportunidad de este nuevo día que comienza”—.

La identidad de un Yehudí se define por este acto: comenzar el día con una palabra de agradecimiento a Dios.




HAGOMEL: ¿Cómo se dice en hebreo Thanksgiving?

“Cuatro deben agradecer: los que descienden al mar, los que caminan por desiertos, quien estuvo enfermo y sanó, y quien estuvo preso – y salió.”

( Berajot 54b )

Nuestros Sabios enseñaron que hay cuatro circunstancias específicas en las que debemos expresar públicamente nuestra gratitud a HaShem por habernos salvado de situaciones potencialmente peligrosas. Esta obligación se deriva de Tehilim (Salmo 107). En los tiempos del Bet-haMiqdash, esta expresión pública de agradecimiento se cumplía a través del qorban todá, la ofrenda de agradecimiento. Hoy, hasta que el Bet-haMiqdash sea reconstruido בביא, expresamos nuestra gratitud con una bendición especial conocida como HaGomel. El texto de esta bendición es:

“Bendito eres Tú, HaShem, nuestro Dios, Rey del universo, que otorgas favores a quienes están en deuda [contigo], y Tú me has concedido todo lo bueno.”

Profundicemos en el significado de esta Berajá. La frase “HaGomel lajayabim tobot” (“Que concede favores a quienes están en deuda”) refleja nuestra comprensión del equilibrio entre nuestras deudas y nuestros méritos frente a nuestro Creador. Reconocemos que recibimos constantemente innumerables bendiciones y favores de HaShem. Incluso si poseemos ciertos méritos (zekhut) que podrían darnos “crédito,” estos son insignificantes frente a la inmensa bondad y bendiciones que debemos a HaShem. Además, cuando consideramos nuestras transgresiones y faltas (aberot), que disminuyen nuestro mérito, vemos con más claridad que el hecho de que HaShem nos salve es un acto de pura bondad (hesed) que no merecíamos.

Por esta razón un niño menor de edad no recita HaGomel. A su edad, todavía no es plenamente responsable de sus acciones y transgresiones. Por lo tanto, no puede ser clasificado como “jayabim” (deudor), lo cual es central para el significado de la Berajá (Rab Ovadia Yosef).

¿Cuándo se recita HaGomel?

Recitamos esta Berajá cuando una persona ha salido ilesa de cualquiera de las cuatro situaciones consideradas típicamente peligrosas, mencionadas en Tehilim (Salmo 107):

a) Al ser liberado de prisión (en tiempos antiguos, de un calabozo).

b) Después de viajar con seguridad por el océano.

c) Al recuperarse de una enfermedad grave.

d) Después de cruzar con éxito un desierto.

En hebreo, existe un mnemotécnico para recordar estas cuatro situaciones: la palabra חיים (Hayyim, “vida,” que aquí significa “ileso”). Corresponde a las iniciales de חבוש (prisón), ים (océano), יסורין (sufrimientos, refiriéndose a enfermedad), y מדבר (desierto).

La traducción clásica al inglés que aparece en la mayoría de los Sidurim para las palabras Birkat haGomel es: “Blessing of Thanksgiving.”




Thanksgiving y el Rabino Sabato Morais

El Rab Sabato Morais (1823–1897), una de las figuras ortodoxas mas importantes de la America del siglo diecinueve, veia a los Estados Unidos como un lugar donde la vida judia podia florecer con dignidad y confianza. Nacido en Livorno, Italia, y criado en el orgulloso legado de la tradicion sefaradi-portuguesa, el Rab llego a Filadelfia en 1851 para dirigir la Congregacion Mikveh Israel, la historica sinagoga fundada en la epoca colonial. Desde su primer año en America, el Rab comprendio algo profundo: Thanksgiving no era solo una costumbre americana, sino tambien un momento profundamente judio.

Para el Rab Morais, Thanksgiving representaba una celebracion americana que invitaba a los judios a pararse con orgullo junto a sus compatriotas americanos y agradecer a Dios por las bendiciones de libertad, paz y oportunidad. Lo describio como “un feriado nacional que conecta al pueblo judio con su pais y con sus compatriotas americanos, sin distincion de credo”.

El 27 de noviembre de 1851, poco despues de comenzar su larga carrera en Mikveh Israel, el Rab pronuncio un sermón de Thanksgiving que luego fue publicado en The Asmonean (החשמונאי), uno de los primeros periodicos judios americanos. Las siguientes selecciones muestran cuan naturalmente el Rab Morais integro la fe judia con la gratitud civica americana:

“…En el dia que los habitantes de esta tierra han apartado para el Señor, que no se halle a Israel reacio en responder al llamado religioso. Es cierto, no nos reunimos para conmemorar un evento peculiar a nosotros, y sin embargo, aun como miembros de la casa de Yaakov, la presente ocasion debe suscitar nuestros mas profundos sentimientos de gratitud hacia Dios, nuestro benefactor… Todo a nuestro alrededor brilla con alegria… La invaluable bendicion de la abundancia ha sido derramada sobre nosotros y nosotros y nuestros hijos cosechamos sus beneficios…”

El Rab se vuelve entonces a la experiencia judia americana, describiendola con conviccion y esperanza:

“Casi un siglo ha transcurrido desde que los hijos dispersos de Yehuda encontraron aqui un hogar de seguridad y paz; aqui han prosperado y adquirido riqueza; ningun adversario interno jamas los ha molestado, ni la vara de la tirania ha alcanzado estas costas… aqui solo tienen que probarse dignos y se elevaran tan alto como pueda aspirar cualquier hombre libre… el campo ilimitado del conocimiento no esta cerrado para ustedes… sin impedimentos en el ejercicio de sus deberes religiosos… ustedes no son meramente tolerados, sino considerados con respeto; pues ustedes tambien forman parte del glorioso conjunto que constituye la Republica Americana.”

Para el Rab Morais, este era el mensaje central: la identidad judia y la identidad americana no estan en conflicto. Un judio puede estar completamente comprometido con la Tora, completamente comprometido con la comunidad de Israel y completamente comprometido con los Estados Unidos, sin contradiccion. El Rab creia que las libertades de America no eran solo dones politicos, sino tambien oportunidades religiosas.

En la seccion final del sermón, el Rab ofrecio una plegaria al Dios del Universo, “Ribbono shel Olam”, el Soberano de todas las eras:

“Bendice este pais, a este pueblo, sus hogares, sus campos, su comercio… mantiene entre ellos la armonia de sentimientos, la hermandad indisoluble y la unidad de fuerza… Bendice a todos ellos, de cualquier nacion o credo, que en este dia como nosotros se han reunido para agradecer tu bondad abundante… Sobre sus viejos y sus jovenes… sobre sus escuelas y maestros, despliega, Oh Dios, el pabellon de tu paz…”

Esta plegaria capta toda la vision del Rab: que America permanezca unida, en paz, moralmente fuerte y agradecida a Dios. Que los judios contribuyan a esa mision nacional no desde los margenes, sino desde adentro, abiertamente, con orgullo y con fidelidad.

Para el Rab Morais, desde las primeras generaciones de la vida judia americana, los judios han encontrado en este pais no solo seguridad, sino un hogar donde pueden elevar sus voces en agradecimiento a Dios junto a sus conciudadanos.

La copia sobreviviente del sermón es especialmente valiosa. El Rab Morais la recorto del periodico y la coloco en su cuaderno personal. Alli, a lapiz, corrigio y refino el texto, revelando cuan cuidadosamente el Rab moldeaba sus palabras y cuanto valoraba este mensaje de gratitud judeo-americana.




THANKSGIVING: Una perspectiva sefaradí-norteamericana

Los judíos sefaradíes, los primeros judíos en llegar a América a mediados del siglo XVII, se establecieron inicialmente en Nueva York, entonces conocida como New Amsterdam. En los Estados Unidos desarrollaron un enfoque claro y coherente hacia Thanksgiving, viéndolo como un día cívico que podía celebrarse a través de expresiones judías de gratitud. Desde el comienzo de la historia judía americana, los líderes sefaradíes enmarcaron Thanksgiving como una oportunidad para Hakarat HaTov, agradeciendo a Dios por las libertades y protecciones de los Estados Unidos.

Esta historia comienza en 1789, cuando el presidente George Washington proclamó el primer Día Nacional de Thanksgiving. El rabino Gershom Mendes Seixas —el primer rabino nacido en los Estados Unidos y el Rabino y Jazán de la Congregación Shearith Israel, “La Sinagoga Española y Portuguesa”, fundada en 1654— animó a su comunidad a participar. Los judíos se reunieron en la sinagoga en la mañana de Thanksgiving para ofrecer oraciones de agradecimiento, estableciendo un precedente para integrar esta festividad en la vida judía.

A lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX, destacados rabinos sefaradíes reforzaron este camino. El rabino Sabato Morais (ver aquí) y el rabino Henry Pereira Mendes (1852–1937) —fundador y posteriormente presidente de la OU, la Unión Ortodoxa, y uno de los primeros maestros en Yeshiva University— apoyaron públicamente la observancia de Thanksgiving dentro de un marco judío. Más tarde, el rabino David de Sola Pool continuó la celebración de Thanksgiving. Sirviendo por casi medio siglo, el rabino de Sola Pool formalizó esta práctica componiendo una Minjat Todá, una liturgia estructurada de alabanza y gratitud, utilizando textos judíos tradicionales sin crear una nueva festividad religiosa.

En las últimas décadas, la mayoría de los judíos ortodoxos modernos celebran Thanksgiving en casa. Las familias sefaradíes se reúnen con sus parientes, comparten una comida festiva y expresan gratitud por las libertades y oportunidades de los Estados Unidos.

La Congregación Shearith Israel, donde muchas de estas prácticas fueron moldeadas, continúa esta tradición histórica hasta el día de hoy.

Como registra su sitio web:

“La Congregación Shearith Israel ha estado realizando servicios de Thanksgiving desde que el presidente George Washington declaró esta festividad por primera vez en 1789. Los judíos participaron junto con otros estadounidenses en la lucha por establecer a los Estados Unidos como un país independiente. En nuestros servicios en la mañana de Thanksgiving, recitamos varios capítulos de los Salmos —partes del Halel— al concluir las oraciones matutinas. También recitamos las oraciones por los gobiernos de los Estados Unidos y de Israel.”




El origen judío de Thanksgiving

Hoy es un día feriado en los Estados Unidos. Se llama “Thanksgiving”, que en español significa: «agradecimiento» (la traducción “acción de gracias” no es literal, y realmente, confunde). La gente no trabaja y por lo general las familias americanas se reúnen y celebran … comiendo pavo.
Hace varios años que escribo en inglés sobre la opinión de los Rabbanim respecto a la participación de los Yehudim en esta celebración y publico el presente artículo en español, ya que gracias a la globalización, este feriado es conocido el día de hoy en todo el mundo.
Si bien la celebración de Navidad o Halloween está estrictamente prohibida para los judíos, la participación en la celebración de Thanksgiving es un tema discutido en el mundo judío Ashekenazí. En un artículo titulado «¿Es el Día de Thanksgiving Kosher?» un rabino de Atlanta, GA, Michael Broyde, examinó las posiciones Halájicas de tres Rabbanim sobre este tema: 1. La del Rab Yitzhak Hutner, quien dictaminó que estaría prohibido para los judíos participar o celebrar esta festividad gentil. 2. La del Rab Yosef Soloveitchik, que lo considera como una festividad secular y permite su celebración (esto es: comer pavo), y 3. La del Rab Moshe Feinstein, que permite consumir pavo, pero prohíbe cualquier otro tipo de celebración. Muchos judíos ortodoxos celebran este día y otros no. Y cabe destacar que este NO es un tema controversial que divide a la comunidad judía local o algo así. Creo que todos celebran de una u otra manera de uno de los pocos feriados largos de este país….
Quisiera aportar un poco más de información respecto a la fascinante historia de Thanksgiving.
1. ¿CELEBRACIÓN SECULAR O RELIGIOSA?
En 1789, el presidente George Washington emitió un decreto diciendo que el jueves 26 de noviembre de ese año «sea consagrado por el pueblo de estos Estados al servicio de ese gran y glorioso Ser [Dios] que es el autor benéfico de todo lo bueno que fue, que es y que será, para que todos podamos unirnos a rendirle nuestro sincero y humilde agradecimiento por Su gran cuidado y protección hacia la gente de este país, previo a su devenir en una nación.»
La razón original de Thanksgiving es el agradecimiento a DIOS, por Su generosidad y Sus favores. Y creo entonces que en lugar de traducir Thanksgiving como “Día de acción de Gracias” (una traducción que confunde) y viendo como fue presentado por George Washington, Thanksgiving se debería llamar “Día de agradecimiento a Dios” (Cabe destacar que George Washington, y los fundadores de este país, que eran protestantes, no invocaban a Yeshu, como hacen los católicos, sino directamente a Dios, el Dios de la Biblia Hebrea o según ellos: “El antiguo Testamento”).
2. LOS PRIMEROS JUDÍOS EN EEUU
Los judíos Sefaradim fueron los primeros en llegar a este país en 1654.
Y en 1789 los judíos de la Congregación Sefaradí Sheerith Israel de Nueva York, liderados por el Rab Gershom Mendes Seixas, el primer rabino nacido en los Estados Unidos, se unieron a la celebración de Thanksgiving. El Rab Mendes Seixas, muy allegado a Washington, escribió lo siguiente:
“Nosotros los judíos hemos sido declarados por este gobierno como ciudadanos con los mismos derechos que todos los demás [algo que en ese momento NO existía en ningún otro lugar del mundo. YB]. No tenemos suficientes palabras para agradecerle al Dios de nuestros padres por todos los beneficios que resultan de este buen gobierno… y tampoco podemos expresar de manera suficiente nuestro reconocimiento por Su benévola generosidad, en lo bueno que Él hace en favor de los habitantes de esta tierra».
“La Sinagoga Española y Portuguesa”, fundada en 1654— animó a su comunidad a participar. Los judíos se reunieron en la sinagoga en la mañana de Thanksgiving para ofrecer oraciones de agradecimiento, estableciendo un precedente para integrar esta festividad en la vida judía. A lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX, destacados rabinos sefaradíes reforzaron este camino. El rabino Sabato Morais (ver aquí) y el rabino Henry Pereira Mendes (1852–1937) —fundador y posteriormente presidente de la OU, la Unión Ortodoxa, y uno de los primeros maestros en Yeshiva University— apoyaron públicamente la observancia de Thanksgiving dentro de un marco judío. Más tarde, el rabino David de Sola Pool continuó la celebración de Thanksgiving. Sirviendo por casi medio siglo, el rabino de Sola Pool formalizó esta práctica componiendo una Minjat Todá, una liturgia estructurada de alabanza y gratitud, utilizando textos judíos tradicionales sin crear una nueva festividad religiosa.
La introducción de Tefilot especiales para la celebración de Thanksgiving, con Salmos y plegarias pidiendo que HaShem  proteja al presidente y a los funcionarios del gobierno Norteamericano continuó por mucho tiempo, especialmente en esta primera Sinagoga que existe hasta nuestros días. En este link se puede ver la Tefilá compuesta en 1945 para esta ocasión.
3. NUEVA INFORMACIÓN
Recientemente, se ha descubierto un nuevo material histórico que demuestra las raíces judías de Thanksgiving. En su libro “Making Haste From Babylon” el historiador Nick Bunker revela un elemento de particular importancia . Los peregrinos del icónico barco Mayflower, esos primeros pioneros que llegaron a los Estados Unidos huyendo de la persecución en Inglaterra, traían con ellos su principal fuente de inspiración religiosa: la Biblia. Se sabe que una edición particular de la Biblia, publicada en 1618, estuvo en posesión de William Bradford, quien más tarde se desempeñaría como gobernador de la primera colonia americana “Plymouth”. Y esta edición de la Biblia fue complementada con anotaciones manuscritas de un erudito puritano llamado Henry Ainsworth (1571-1622). Poco después de tocar tierra en noviembre de 1620, Bradford invitó a los recién llegados a agradecer a Dios luego del peligroso viaje que los trajo a América, y en esa ocasión recitaron el Salmo 107 (que es el Mizmor de Tehilim que nosotros recitamos en Pésaj!). Curiosamente, en sus anotaciones al versículo 32 de ese Salmo dice:
“De este Salmo, y de este verso los Hebreos tienen la siguiente ley: ‘Cuatro individuos deben agradecer (a Dios): el enfermo, cuando se haya sanado; el prisionero cuando es liberado de su yugo; los que descienden al mar [navegan], cuando arriban (a la tierra); y los viajeros [que caminan por zonas desiertas] cuando llegan a la tierra habitada. Y deben hacer este agradecimiento delante de diez hombres, y dos de ellos deben ser Sabio. Y la manera de agradecer y bendecir es así: la persona se pone de pie en público y bendice al Señor diciendo: [Bendito eres Tú, HaShem, nuestro Dios, Rey eterno, que generosamente concede [Sus] buenos favores, aún con aquellos que pecan, etc. Maimónides, en Mishne Torá, Trat. de bendiciones, cap. 10, secc. 8.»
Si este texto les parece familiar a los judíos versados en la ley judía, es porque Ainsworth “copió” en inglés una Halajá del libro de Maimónides, Mishné Torá (Hiljot Berajot, 10:8) que prescribe las cuatro circunstancias en las que se deben recitar la Berajá «ha-gomel”, la bendición de “agradecimiento” después de haber salido ileso de una situación peligrosa y arriesgada. Estas cuatro instancias están definidas justamente en el Salmo 107.
Bradford comparó la llegada de los peregrinos a América con los judíos que cruzaron el desierto y llegaron a Israel. “Los viajeros que caminan [en el desierto], y llegan [sanos y salvos] a la tierra habitada”, uno de los cuatro escenarios que requieren la plegaria de “agradecimiento” o “Thanksgiving”.
Bunker argumenta que la primera plegaria que recitaron los peregrinos norteamericanos al arribar al Nuevo Mundo tuvo sus orígenes en una práctica claramente judía. Y considera que fue este servicio religioso el que dio su origen al “Thanksgiving” original.



VAYETSE: Ángeles entre nosotros

La Perashá de esta semana comienza con el exilio de Ya’aqob Abinu, nuestro tercer patriarca. Ya’aqob huye de la tierra de Israel ya que su hermano Esav planea asesinarlo. Ya’aqob se encamina entonces hacia Jarán, una ciudad en la frontera de lo que hoy es Siria y Turquía. Allí viven los parientes de Abraham: Labán, el tío de Ya’aqob, con su familia.
Ya’aqob no va en una caravana con guardias y plebeyos, como en el pasado fue Eli’ezer, el siervo de Abraham. Ya’aqob va solo, con un bastón, y lo que lleva puesto.  Ya’aqob, también a diferencia de Eli’ezer, no va por unos días. Ya’aqob va por un tiempo indeterminado (que terminó siendo ¡20 años!).
La primera noche, cuando Ya’aqob aún no había cruzado la frontera de Erets Israel, tiene un sueño. Sueña con una escalera apoyada sobre el suelo pero que llega hasta el cielo. Y ve ángeles. Los ángeles suben al cielo y bajan del cielo.  Y aquí nos encontramos con un desafío que el texto de la Torá nos presenta. Se supone que los ángeles están en el cielo, y por lo tanto, primero deberían descender y luego ascender ¿Por qué, aunque se trate de un sueño, el orden está invertido?  Veamos la interpretación más famosa sobre este punto, proporcionada por Rashí.
¿QUE SON LOS ANGELES?
En primer lugar debemos saber que los ángeles en la Torá no son como los ángeles en otras religiones. El Creador no actúa “directamente” sobre la Creación (hay sólo dos excepciones a esta regla).  Lo hace a través de Sus “ángeles”. Esto es, fuerzas naturales, instancias “fortuitas” o individuos que cumplen una misión Divina. En Tehilim (104:4) el viento, por ejemplo, es considerado un angel del Creador, ya que HaShem utiliza el viento para crear la lluvia.  Los ángeles que visitaron a Abraham y a Lot eran (o según otras interpretaciones: se veían) como seres humanos. Lo que tienen en común el viento y esas personas es que ambos “cumplen estrictamente la voluntad de Dios”, la misión para la cual fueron consagrados.
En hebreo la palabra “angel” (mal-aj) en realidad quiere decir: emisarios, representante, agente…. de HaShem. Y algo más. En la Torá se mencionan ángeles en un contexto muy especifico: Protección Divina . Nuevamente, los “ángeles” no son seres independientes. No adoramos “ángeles” ni le rezamos a los “ángeles”. Hablamos de ángeles cuando nos referimos a la intervención Divina a través de un sinnúmero de factores: naturales o humanos, milagrosos o cotidianos. Y especialmente en el contexto de “protección”. En el caso de Ya’aqob los ángeles que vio en su sueño vienen a asegurarle la protección de HaShem.
YAAQOB EN LA CASA DE LABAN
Una vez que entendimos que “ángeles” se refiere a Protección Divina, podemos abordar la segunda pregunta: ¿Por qué los ángeles primero suben y luego bajan? ¿No debería ser al revés?  Rashí responde con un hermoso Midrash. Lo que Ya’aqob vio en su sueño fue “un cambio de guardia” entre los ángeles que protegen a Ya’aqob en la tierra de Israel y los ángeles que protegerán a Ya’aqob fuera de la tierra de Israel, en Jarán, la tierra de Labán. Hasta aquí el Midrash. Pero ¿Por qué hace falta un cambio de guardia? En el palacio de Buckingham el relevo se hace porque los soldados deben descansar comer, etc. Pero ¿por qué razón los ángeles tienen que cambiar la guardia? Porque los peligros en estos dos lugares son diferentes. En la tierra de Israel, en su casa, Ya’aqob estaba amenazado de muerte por Esav. Ahora en su futuro destino, la tierra de Labán, a Ya’aqob no le aguardaba ninguna amenaza física. Sin embargo los valores y las creencias de Ya’aqob estaban en peligro. Ya’aqob esta yendo a vivir en el seno de una familia idólatra. Va con la intención de casarse con alguna de las hijas de Labán y convertirse en parte de esa familia. La posibilidad de que Ya’aqob olvidara todo lo que había aprendido de su papá y de su abuelo Abraham, y se transformara completamente en un miembro más de la familia de Labán, era muy real.  Esta nueva situación requiere un nuevo tipo de protección, Divina y especialmente humana. Este sueño le promete a Ya’aqob la protección Divina. Pero el inusual cambio de guardia también le advierte a Ya’aqob de los nuevos peligros que va a enfrentar. Así, Ya’aqob toma conciencia de un peligro hasta ahora desconocido: la asimilación.
ISRAEL Y LA DIASPORA
En 2002 nos visitó el ex gran rabino de Israel, el rab Eliyahu Baqshi-Doron.
El Rab nos habló y nos explicó que nuestra supervivencia como pueblo judío, aún en nuestros días, está amenazada. Pero los peligros a los que estamos expuestos son muy diferentes para los judíos de Israel y para los de la diáspora. En Israel, también el día de hoy, el peligro fundamental es la integridad física. Las permanentes guerras, las intifadas y los atentados (ese año en Israel hubo 135 ataques terroristas , 452 muertos y 2.248 heridos).
En la diaspora, nos recordó, los peligros que enfrentamos son los mismos que encontraría Ya’aqob en su nuevo destino: la asimilación a los valores de Labán y a la sociedad de Jarán. Este es un desafío mas sutil. Y que es en algún sentido más difícil de enfrentar porque ocurre sin que nos demos cuenta. Al igual que Ya’aqob debemos tomar conciencia de los desafíos que enfrentamos. Y actuar. Educar a la próxima generación, los “milenios” , para que la Torá siga siendo relevante para ellos, y loa vean como la más hermosa fuente de su inspiración y su guía.

NOTA : El rabino Shelomo Ibn Gabirol (1022-1051) dijo que los ángeles representan a los Talmidé Jajamim, los estudiosos de la Torá, como Ya’aqob, que ascienden a un nivel espiritual muy alto para estudiar la Torá. Pero no se quedan allí, sino que regresan al plano terrenal, trayendo con ellos lo que aprendieron, es decir, haciendo la Torá accesible al resto de la gente, conectando así «el cielo con la tierra».




VAYETSE: ¿Qué dicen nuestros sueños de nosotros?

Nuestra Parashá abarca veinte años en la vida de Ya’aqob Abinu. Veinte años que transcurrieron entre dos sueños. El primer sueño tuvo lugar cuando Ya’aqob salía de la tierra de Israel y se dirigía hacia Jarán.  Ya’aqob soñó con ángeles que subían y bajaban de la tierra al cielo.
El rabino Shelomo Ibn Gabirol (1022-1051) dijo que ángeles representan los Talmidé Jajamim, los estudiosos de la Torá, como Ya’aqob, que primero ascienden a un nivel espiritual muy alto para estudiar la Torá. Pero no se quedan allí, sino que regresan al plano terrenal, trayendo con ellos lo que aprendieron, es decir, haciendo la Torá accesible al resto de la gente, conectando así “el cielo con la tierra”.
Lo importante de este sueño, más allá de las diferentes interpretaciones, es que al salir de Israel Ya’aqob soñó con ángeles. Y con una escalera (¡un elemento simbólico no menos importante!) que le recordó que estamos en este mundo para crecer y elevarnos hacia lo divino. Los sueños no vienen de la nada. Los sueños no mienten. El sueño de Ya’aqob es profundamente espiritual.
Somos lo que soñamos. Y soñamos lo que somos.
El contenido de nuestros sueños refleja nuestras vidas. Las pasiones, deseos, miedos que experimentamos en nuestra rutina diaria. Si uno sueña que está volando, es probable porque está aspirando a avanzar en su vida, tener un mejor trabajo, etc. pero siente que está encadenado, atrapado. Soñar con “volar” libera al soñador de esas cadenas que lo atan.   Si uno sueña que está conduciendo un vehículo y los frenos no funcionan, probablemente será que uno siente que no está en control de su vida. Cuando uno sueña que está en público sin ropa, es probablemente un reflejo del miedo a que la gente descubra algo vergonzoso que uno desea ocultar. Los sueños dicen mucho de nosotros.
Ya’aqob Abinu vio ángeles en su sueño porque esa era su realidad. Vivía entre ellos: su madre, su padre, su abuelo Abraham, Shem y Eber. Ya’aqob se escapa de la tierra de sus padres por miedo a que su hermano Esav lo mate. Huye a la casa de su tío Labán. Allí tiene que trabajar muy duramente. Labán, por años, se abusa de él.  Ya’aqob le dice a Laban   Gen. 31:38-40  “Durante estos veinte años que he estado contigo, tus ovejas y tus cabras no se han accidentado, nunca me he beneficiado de los carneros de tu rebaño, nunca te traje un animal despedazado por las fieras, y si alguna vez algo malo les sucedía, yo asumía las pérdidas, que tú siempre demandabas de mi mano. Lo mismo si un animal era robado de día o de noche. [Trabajé sin parar], durante el día me consumía el calor y de noche la helada, y así el sueño huía de mis ojos.”
Al final de esos veinte años Ya’aqob sueña otra vez. Pero  esta vez tiene un sueño muy diferente. En este segundo sueño no hay ángeles que suben una escalera, sino animales apareándose, subiendo uno encima del otro. “Los machos se subían a los rebaños, produciendo animales con rayas, con puntos o con manchas” (Gen. 31: 10-11). Los animales representan los bienes materiales. Este segundo sueño no es un sueño “espiritual” sino material. Tiene que ver exclusivamente con ganar dinero. Un ángel le habla a Ya’aqob, pero solamente para enseñarle a ser más astuto que Labán en los negocios. Este es un sueño materialista, impropio de Ya’aqob.
En ese mismo sueño HaShem le da una orden directa a Ya’aqob y le dice (31; 11) “ki raiti et asher laban ‘ose imaj. “Porque Yo he visto lo que Labán ha hecho de ti”.  Es como que HaShem le dice a Ya’aqob: Veo lo que trabajar veinte años para Labán ha hecho de ti. Has cambiado. Se puede ver en tus sueños. Hace veinte años soñabas con ángeles y con una escalera que unía a la tierra con el cielo.  Ahora, tus sueños se han hecho horizontales. Los ángeles fueron reemplazados por ovejas y las escaleras por establos. ¡Estos sueños son dignos de Labán, no de Ya’aqob!
Ya’aqob entonces recibe una orden directa de HaShem, sin ambigüedades. Es hora de volver a casa (31:11):“Ahora sal de esta tierra y regresa a tu tierra natal.”  Tienes que regresar para que cambien tus sueños y vuelvas a ser Ya’aqob.   Tienes que regresar para que sueñes con ángeles y escaleras. Y eso lo lograrás viviendo una vida que consista en construir esa conexión entre la tierra y los cielos. Tú tienes el potencial de convertirte en uno de esos ángeles que suben al cielo y traen la Torá a la tierra.
Y funcionó. En el último pasuq de esta Parashá 32: 1, tan pronto como Ya’aqob llega a Eretz Israel, Ya’aqob nuevamente visualiza a los ángeles que viene a su encuentro en Majanayim.
Ya’aqob, y nosotros sus descendientes, aprendemos esta gran lección: Debemos vivir una vida con la espiritualidad suficiente para que soñemos con ángeles y escaleras que unen el cielo con la tierra. Si soñamos con ovejas, será hora de despertar y cambiar el rumbo de nuestras vidas.



RESUMEN DE PARASHAT VAYETSE

Jacob deja Beer-Sheba y se encamina a Harán, Siria. Está huyendo de su hermano Esav, que se propuso matarlo. También va a Harán con la intención de encontrar una esposa en la ciudad natal de su madre. Al poco tiempo de iniciar su largo viaje, cuando llega a Bet El, Jacob tiene un hermoso sueño: ángeles subiendo y bajando por una escalera. Dios le promete a Jacob Su bendición y protección y le garantiza que él y su descendencia heredarán la tierra de Israel.

Después de varios días, Jacob llega a Harán y se dirige hacia el pozo de agua. Allí conoce a una joven que resulta ser su prima hermana, Rajel, y se enamora de ella. Rajel lo lleva a su casa. Jacob es recibido por su tío Labán. Rápidamente llegan a un acuerdo: Jacob trabajará para Labán durante siete años y, a cambio, Labán le permitirá casarse con su hija. Pero cuando llega el momento de la boda, Labán le da a Jacob a su hija Leá en lugar de a Rajel, algo que Jacob solo descubre al día siguiente. ¿Cómo es posible que Jacob no reconociera a Leá? Hay varias explicaciones, pero la más simple es que 1. Rajel y Leá eran hermanas, y deben haber sido muy parecidas físicamente y en su voz. 2. Las mujeres en la antigüedad usaban un velo muy grueso, como el burka que usan las mujeres en Afganistán. 3. Todo sucedió a la sombra de la noche. 4. Jacob no lo esperaba. Muchos comentaristas explican que Jacob ahora fue víctima de un caso de “robo de identidad” similar al que él había causado cuando se disfrazó de su hermano Esav para recibir su bendición de su padre Isaac, que era ciego. Las similitudes entre estos dos episodios no puede ser una mera coincidencia.

Jacob tuvo que trabajar durante otro largo período de tiempo para casarse también con Rajel. Antes de que se diera la Torá, no había una  prohibición de casarse con dos hermanas. Leá, Bilha y Zilpa le dan varios hijos a Jacob. Rajel era estéril, pero al final dio a luz a un hijo llamado Yosef. Jacob ahora tiene once hijos , Rubén, Shimón, Levi, Yehudá, Yissajar, Zebulún, Dan, Naftalí, Gad, Asher, Yosef, y una hija: Diná. El nacimiento de su duodécimo hijo, Binyamín, se mencionará recién en la Parasha de la próxima semana. Cada uno de sus hijos establecerá una de las tribus de Israel. Hay una diferencia muy importante entre los hijos de Yishmael y los hijos de Jacob: leímos un poco antes que Yishmael también tuvo 12 hijos,  cada uno de esos hijos creó una nación aparte (shenem asar nesiim lumotam). Jacob sin embargo, logró que todos sus hijos formaran 12 tribus de un mismo pueblo.

Después de trabajar para Labán durante muchos años, Jacob expresa su deseo de regresar a la tierra de sus padres, Erets Israel. Pero Labán lo convence de quedarse más tiempo y le ofrece pagarle con parte del rebaño para que Jacob pudiera tener su patrimonio propio. Después de unos años, el rebaño de Jacob aumenta de manera milagrosa, y nuestro patriarca decide regresar a su tierra natal sin buscar el consentimiento de Labán: Reúne a su familia y les dice que Dios se le reveló en un sueño y le anunció que era hora de irse.

Jacob y su familia prácticamente huyen sin el conocimiento de Labán. Y cuando Labán se entera, va tras Jacob con las peores intenciones. Dios se revela a Labán y le advierte que no le haga daño a Jacob. Labán reprime a Jacob por haberle quitado a sus hijas y nietos. Jacob y Labán finalmente se reconcilian y hacen un tratado de paz en Gal’ed. Jacob continúa su camino, con destino a la tierra de Canaán, y llega a la ciudad de Majanayim. El próximo desafío de Jacob será enfrentar a su hermano Esav, que 20 años atrás había decidido matarlo.




VAYETSE Breve historia de la palabra “judío”.

JUDIOS Y JUDIADAS

La palabra “Yehudí” se traduce al español como “judío”. Pero en cuanto a su función, estos términos a veces son opuestos: “Yehudí” es un título honorífico, como explicaremos más adelante , mientras que la palabra “judío” en varias culturas gentiles se usa (o se usaba) como un insulto. Comencemos por esto último. Por siglos, el idioma español no se pudo liberar de sus prejuicios antisemitas.  La connotación ofensiva de la palabra “judío” demuestra la profundidad de ese sentimiento. Los diccionarios españoles, hasta 1983, si no me equivoco, definían “judío” como “avaro”, “usurero”. Lo más insultante era otra palabra, menos usada en la modernidad, pero con más peso discriminatorio: “judiada”. El diccionario decía:  “acción inhumana” . Increíblemente, y a pesar de los malabarismos intelectuales que hacen algunos lingüistas para defenderla (ver aquí) , la real academia española todavía preserva esta definición, aunque un poco más suavizada.

Hago Copy & Paste:  “Judiada” 1.f coloq. Mala pasada o acción que perjudica a alguien”.  

MI BUENOS AIRES QUERIDO

En mi Buenos Aires natal la connotación negativa “natural” de la palabra judío se podía ver muy claramente. Décadas atrás (no estoy seguro si esto continúa, ¡pero no me extrañaría!) he sido insultado  muchas veces con gritos despectivo desde un camión o una motocicleta. Me gritaban:  “¡judíoooo!” y los que me gritaban   sentían para que yo me sintiera insultado no tenían que agregar ni “judío de esto” ni “judío de lo otro”: en el vocabulario del antisemita la palabra “judío” cargaba por sí misma la condición de insulto, sin necesidad de ningún epíteto adicional.

La historia de esta palabra no comenzó en Buenos Aires. Ni en el siglo XX. Los primeros cristianos al principio se referían a los judíos como hebreos (como “Epístola a los Hebreos”), pero luego en su afán persecutorio la iglesia prefirió referirse a nosotros como “judíos”. ¿Por qué? Por la asociación despectiva entre el patronímico “judío” y “Judas”, quien según el nuevo testamento traicionó a Yeshu. Así, cada vez que se referían a un judío, o decían la palabra “judío”, inmediatamente se asociaba con la traición y el deicidio.  En algunos lugares de España—por ejemplo Melilla, el lugar de nacimiento de mi esposa—los judíos se llamaban a sí mismos “hebreos”. Es posible que lo hacían para protegerse, o tratar de minimizar la connotación demonizante que el término “judío” inspiraba (¿inspira?) en la mente de muchos hispano-parlantes que cargan con 15 siglos de antisemitismo sistematizado en sus subconscientes.

¿ YEHUDI, ISRAEL O HEBREO?

.”Yehudí”  no es la primera ni la única palabra para definir al pueblo judío.

El patronímico bíblico original de nuestro pueblo es: “Israel”.  Somos bené Israel, descendientes de Yaaqob, que fue también llamado Israel. ¿Por qué Yaaqob fue el elegido para representarnos  y no por ejemplo Abraham?  Porque pese a los conflictos entre los hermanos, al final todos los hijos de Jacob terminaron unidos y crearon un solo pueblo con 12 tribus. A diferencia de los hijos de Abraham, por ejemplo, o los hijos de Ytsjaq,   que no formaron “tribus” sino “naciones” diferentes.

Hay otro patronímico que también menciona la Torá: “hebreo”, que originalmente significa, “el que viene del otro lado [del rio]”, la  primera vez lo dice en referencia a Abraham, pero también a Yosef y a sus descendientes. La Torá menciona varias veces la palabra “hebreo” cuando los egipcios se refieren a algún miembro de los hijos de Israel (Yosef, Moshé, las parteras, etc.). Es muy interesante también que en los documentos de El Amarna, las cartas del Faraón Amenhotep IV (1350-1330 antes de la era común) que es el documento no bíblico más antiguo donde se menciona a los judíos, los egipcios también se refieren a los judíos como “hebreos” (habiru o habriu).

JUDIOS Y JUDEA

Luego de la muerte del rey Salomón, alrededor del año 900 antes de la era común, el reino de Israel se dividió en dos: por un lado, estaba el reino de Yehudá con su capital Jerusalem, que continuó la dinastía del rey David, y por otro lado, el reino de Israel, también conocido como las 10 tribus, con su capital en Samaria. Alrededor del año 720 a.e.c., el imperio Asirio invadió y destruyó Samaria, asesinó y exilió a sus ciudadanos llevándolos como prisioneros de guerra a su reino, donde Sanjerib por la fuerza los asimiló. Lo que quedó del pueblo de Israel fue el reinado de Yehudá, llamado en español “Judea”. Desde ese momento, adquirimos el nombre de Yehudim o judíos. Uno de los ejemplos más famosos del uso de este nombre está en el Meguilat Esther, donde a Mordejai y al pueblo judío en general, no se les llama ya ni hebreos ni israelitas, sino Yehudí o Yehudim.

YEHUDI

El origen de este nombre lo encontramos en la Parashá de esta semana, Vayetsé. Jacob y Lea ya tenían 3 hijos, que eran más de los que ella esperaba tener. Cuando nace su cuarto hijo, Lea desbordó de alegría y gratitud y lo llamó Yehudá, y al hacerlo dijo:  “ahora [que he dado luz a 4 hijos] agradeceré a Dios”. Cada vez que Lea mencionaba el nombre de su hijo, Yehudá, inmediatamente recordaba que tenía que agradecer a Dios.

El nombre Yehudá, entonces, deriva de la raíz hebrea YDH que es la raíz de una de las palabras más conocidas en hebreo: TODÁ, que significa gracias.

Cuando me preguntan qué representa la palabra “judío” para mí, es muy claro:  YEHUDI es aquel ser humano que se conecta con Dios y se acuerda de Dios no solo cuando necesita a Dios, sino, sobre todo, para agradecerle a Dios.