RESUMEN DE TAZRIA-METZORA

Esta semana leemos 2 secciones de la Torá de una vez: Tazria’ y Metzorá. Veamos de qué temas tratan esta 2 parashiyot.

Primero la Torá instruye al pueblo judío sobre la impureza ritual contraída por una mujer que da a luz. El tiempo de este período de impureza difiere dependiendo si es un niño o una niña. Al final de este período, la mujer se sumerge en una mikvé, baño ritual, y debe traer ciertas ofrendas al Templo (hoy que no tenemos el Templo, no se observan estos rituales). La Torá menciona la obligación de circuncidar a un niño varón en el octavo día de su vida. La Torá luego comienza a discutir las leyes de la tzara’at, una decoloración de la piel que convierte a una persona en ritualmente impura. En esta priemra Aliyah se discute varias formas de decoloraciones blancas de la piel. Si una persona tiene síntomas de tzara’at, debe ser vista por un sacerdote. Si la decoloración se considera «sospechosa» de acarrear lepra, el sacerdote declarará inmediatamente a la persona impura y la pondrá en cuarentena durante dos semanas. Al final del período de cuarentena, el sacerdote declarará a la persona pura o impura.

Luego la Torá describe las leyes de la tzara’at que aparece después de una quemadura en la piel y se explica que el tzara’at también puede afectar las áreas del cuerpo cubiertas de pelo. Los síntomas y las leyes de este tipo de tzara’at son muy y oueden aprecer áreas blancas y opacas en su piel.

La tercera Aliyah discute el tzara’at que aparece en un área del cuerpo sin pelo. También se discute el procedimiento seguido por una persona que está afectada por la tzara’at, siendo el requisito principal que debe permanecer fuera de la sociedad hasta que su condición se aclare. La Torá luego discute la «tzara’at de la ropa», una decoloración verde o roja que puede afectar ciertos tipos de materiales. Se muestra la prenda a un sacerdote que la pone en cuarentena hasta por dos semanas, para verificar su estado.

En la cuarta Aliyah, al final del período de cuarentena, según las circunstancias, la prenda se declara pura, o se quema completamente, o solo se quita y quema la parte que estaba descolorida. La Torá describe luego el procedimiento de purificación para una persona que contrajo la tzara’at. Después de que el sacerdote determine que la tzara’at ha sanado, se utiliza una ceremonia que implica la ofrenda de dos aves, una rama de cedro y agua pura para la etapa inicial de la purificación. La persona también se afeita todo el cuerpo. Después de una espera de siete días, la persona se afeita nuevamente y lleva tres animales y una ofrenda de aceite al Templo. El sacerdote procesa las ofrendas de la manera prescrita en esta sección. Con esto se completa el proceso de purificación.

En la quinta Aliyah, si el individuo que sufre de tzara’at no tiene los medios como para traer las ofrendas mencionadas anteriormente, se pueden usar dos pájaros como sustitutos de dos de los animales. Esta sección describe el proceso de purificación ligeramente diferente reservado para un individuo de medios limitados .

La sexta Aliyah aclara que las casas también pueden estar afectadas por tzara’at. Si las piedras de una casa se decoloran adquiriendo un fuerte pigmento rojo o verde, se llama a un sacerdote. Si en efecto la decoloración parece ser tzara’at, el sacerdote pone en cuarentena la casa por hasta tres semanas. Dependiendo de la propagación de la decoloración, la casa se declara pura, o se remueven esas piedras específicas o, en las situaciones más extremas, se demuele la casa. La Torá luego describe el procedimiento de purificación para tal casa, que es similar a la etapa inicial de la purificación de la persona afectada por tzara’at . Después de concluir el tema de la tzara’at, la Torá discute la impureza ritual de un hombre que emite una descarga seminal de una forma no natural, así como el método por el cual esta persona alcanza la pureza cuando la condición pasa.

En la séptima Aliyah se discute la impureza ritual contraída por un hombre que emite una descarga seminal (normal), la impureza ritual de una mujer en su período y de un hombre que actuando incorrectamente cohabite con ella. Todos estos individuos deben sumergirse en un mikvé (baño ritual) para ser purificados.




TAZRIA-METSORA: ¿Cómo mejorar tu calidad de vida?

  Este Shabbat leeremos dos secciones de la Torá: Tazria y Metzorá. Uno de los temas más discutidos en estas dos secciones es el de tzara’at, que es una enfermedad o afección (neg’a) generalmente asociada con la lepra. Una vez diagnosticada esta enfermedad, se procedía a aislar al individuo y ponerlo en cuarentena hasta su curación. Los Sabios aprendieron del caso de Miryam, la hermana de Moshé, quien contrajo el Tzara’at, que seguramente existe una relación entre el tzara’at y el hablar mal de otras personas, lo que se conoce como Lashón Hara, es decir, hablar mal de otras personas. Ya que estos individuos que se entregan a la adicción del chisme y el discurso detructivo deben ser «aislados» para que su proceder no se «contagie» y su ejemplo no llegue a «normalizarse» en la sociedad judía.

Presentamos aquí una breve reflexión sobre una de las maneras de evitar el Lashón Hara, de acuerdo a las enseñanzas de Pirkei Abot.

והוי דן את כל האדם לכף זכות

«Yehoshua ben Perajiá solía decir: hazte un maestro, adquiere un amigo,
y juzga a los demas con el beneficio de la duda.  «

Juzgar a los demás con el beneficio de la duda es una Mitsvá de la Torá. ¿Dónde aparece esta Mitsvá? En el libro de Vayiqrá 19:15 dice: betsedeq tishpot ‘amiteja, «con justicia juzgarás a tu prójimo». Los Jajamim explicaron así este importantísimo precepto:

Hay 3 categorías de personas: el hombre justo, el hombre malvado y el hombre medio. El justo o tsadiq es aquel que tiene un record impecable de buenas acciones. Estas personas, que son más ángeles que humanos, no son la mayoría. Serán entre el 1% y el 5% del total. En el otro extremo tenemos a los verdaderos malvados, resha’im, aquellos individuos egoístas, con malas intenciones y con un prontuario y un record que los condena. Estimo que también se trata de máximo un 5% de la población total (el libro «The sociopath next door», afirma que los sociópatas son el 4% de la población). Y luego tenemos a las personas promedio: todos nosotros, que por lo general tenemos intenciones nobles, hacemos cosas buenas, pero también tenemos nuestros defectos: algunas veces nos comportamos con altruismo y otras veces con egoísmo. Las personas con una moralidad promedio seremos el 90% de la población.

La Torá dice así:

  1. Al hombre justo, al tsadiq, tienes que juzgarlo con indulgencia. Incluso si no estás seguro si actuó bien o mal, o cuando percibas una situación sospechosa pero no tengas todas las evidencias frente a ti: no lo condenes en tu corazón. Júzgalo con generosidad. Positivamente. Otórgale el beneficio de la duda.
  2. Al malvado, al que ya tiene un record de actuar con maldad deliberada, no le puedes dar el beneficio de la duda mientras no se arrepienta porque su proceder te puede afectar. Debes ser desconfiado de una persona realmente malvada, aun cuando parezca que quiere hacer algo noble (sobre este punto hablaremos más adelante).
    1. ¿Y qué pasa con el individuo promedio? Con la mayoría de nuestros amigos, familiares, conocidos, etc., la Torá indica que a la persona media debes juzgarla como si se tratara del «tsadiq», de un hombre absolutamente justo, y otorgarle el beneficio de la duda, a menos que tengas claras evidencias de lo contrario. En otras palabras, esta Mitzvá, «con justicia juzgarás a tu prójimo», se debería leer más o menos así: «Juzgarás a tu prójimo (al hombre promedio) al igual que juzgas al justo (al Tsadiq)». Así, de acuerdo a la Torá, debemos juzgar con indulgencia ¡a la gran mayoría de las personas!

    Otorgar a los demás el beneficio de la duda tiene sus grandes beneficios.

    En primer lugar, porque «Con la misma vara que juzgamos a los demás, seremos juzgados por Dios». ¿Cómo queremos ser juzgados por HaShem, luego de 120 años? ¿Esperamos que nos juzgue con severidad, o con indulgencia? Seguramente pretendemos que el Juez Supremo siempre encuentre un atenuante, una justificación para nuestros errores… Los Jajamim explican que HaShem nos juzgará con la misma vara que usamos para juzgar a los demás. Si aprendimos a juzgar a los demás con el beneficio de la duda, así seremos juzgados por Él. Y algo más: no solo Dios nos juzgará como juzgamos a los demás, por lo general nuestros gestos y actitudes se reflejan, son imitados por la gente que nos rodea. Si quieres que las demás personas te juzguen con indulgencia, que no se apresuren a sospechar de ti, que no te condenen antes de tener toda la información en mano, entonces aprende a juzgar a los demás con el beneficio de la duda. Cuando uno otorga el beneficio de la duda a los demás, también lo recibe de los demás.

    Finalmente, juzgar con el beneficio de la duda es el mejor antídoto para evitar el LASHON HARA. Cuando hablamos mal de otras personas es porque pensamos mal de esas personas. Muchas veces escuchamos un comentario destructivo sobre otro individuo y simplemente «lo creemos» y lo repetimos, aunque muy posiblemente no tengamos evidencia ni sepamos toda la historia completa y todas las versiones de la historia. Si aprendemos esta gran Mitzvá de otorgar a los demás en nuestro corazón el beneficio de la duda, nos cuidaremos mucho más de no escuchar, no creer y especialmente no repetir comentarios negativos sobre los demás. Así evitaremos el LASHON HARA y nuestra calidad de vida será infinitamente más positiva.




Jayim Weizmann y un Sefer Torá en la Casa Blanca

EL PLAN UGANDA
Weizmann nació en el seno de una familia ortodoxa en Belarus, Rusia, en 1874. Era uno de 15 hermanos. Estudió química en Alemania y se destacó como un alumno superdotado. Aparte de su genialidad mental, Weizmann también tenía un gran carisma y una personalidad encantadora, algo no muy común en intelectuales y científicos. Desde su juventud Weizmann se interesó por el movimiento Sionista y participó en los congresos que lideraba Teodoro Herzl.
En el congreso de 1903, Herzl hizo una declaración muy controversial: pensando que ya había agotado todas las demás opciones, aceptó la oferta Británica de establecer ”un hogar nacional para el pueblo judío” … en Uganda, Africa, territorio que le pertenecía en ese momento a Inglaterra. Cuando Herzl anunció su aceptación a este plan, Weizmann abandonó en protesta el congreso junto con toda la delegación de Rusia.
CIUDADANO INGLES
En 1904 Weizmann fue invitado a enseñar en la universidad de Manchester, en Inglaterra.  Al cabo de algunos años, y luego de obtener su ciudadania británica, conoció allí a Lord Arthur Balfour político inglés muy influyente. Balfour trato de convencer a Weizmann de que apoyara la oferta de Uganda. Pero lejos de cambiar su opino, Balfour fue persuadido por Weizmann de que Israel (en ese entonces llamada “Palestina”) era el único hogar nacional y espiritual del pueblo judío: “Si yo te ofreciera ir a Paris, tu no irías allí, porque Londres es tu casa”, le dijo a Balfour: “Jerusalem es nuestro hogar desde los tiempos que Londres no era más que un pantano”.  Tan apasionada y contagiosa era la convicción de Weizmann que desde ese momento Lord Balfour se transformó en un gran aliado del movimiento Sionista y apoyó durante el resto de su vida el regreso de los judíos a Sión (Jerusalem).
LA GUERRA Y LA ACETONA
En 1914 Inglaterra declaró la guerra al imperio aleman y a sus aliados, lo que dio comienzo a la Primera Guerra Mundial. Inglaterra tenía un problema técnico muy serio: no tenía acetona, un solvente esencial para poder activar el fuego de artillería y la dinamita. Por muchos años Inglaterra importó la acetona de Alemania, algo que no era posible hacer ahora. Winston Churchill acudió a Weizmann en carácter de urgencia y le pidió que trabajara en la formula para producir acetona en grandes cantidades. Hasta ese entonces la acetona se fabricaba de la madera, y hacia falta cientos de toneladas de madera y un proceso muy difícil para destilarla.  Weizmann, quien ya era conocido en los círculos científicos como “el padre de la fermentación industrial” comenzó a trabajar día en su misión y finamente desarrolló la formula para obtener el preciado solvente a partir del maíz y la papa, materiales que era mucho más fácil obtener. Si Jayim Weizmann no hubiera descubierto la fórmula para producir acetona, Inglaterra no hubiera triunfado en la primera guerra mundial. Esto lo sabía muy bien Lloyd George, quien fue Ministro de Defensa durante la primera guerra y luego fue Primer Ministro de Gran Bretaña.
¿QUÉ PUEDE HACER INGLATERRA POR TI?
Hacia el final de la guerra, y cuando Inglaterra ya había desalojado a los Otomanos del Medio Oriente, Lloyd George le agradeció enormemente a Jayim Weizmann por los servicios prestados y le preguntó: “¿Qué puede hacer Inglaterra por ti?” Jayim Weizmann le contestó: “No quiero nada para mí, pero mi pueblo necesita su propia tierra”. Y así fue cómo en 1917 Lloyd George y Arthur Balfour redactaron el documento conocido como la Declaración Balfour, donde Inglaterra le cede a los judíos “el primer hogar nacional”, ni en Uganda ni en Entre Ríos, sino en la tierra de Israel. Este fue el principio de lo que eventualmente culminó con el milagro del nacimiento de Medinat Israel en 1948, donde como veremos en un próximo mensaje, Jayim Weizmann también cumplió un rol decisivo. Hay mucho más que decir acerca de lo que Jayim Weizmann hizo durante los próximos años. Pero les voy a contar una historia que se refiere más a Yom Haatzmaut y la independencia de Medinat Israel.
EL VOTO AMERICANO
El 29 de noviembre de 1947, las Naciones Unidas votaron dividir Palestina y crear dos estados, uno árabe y otro judío. Pero los estado árabes vecinos advirtieron que no aceptarían un estado judío y le declararían la guerra. E hicieron todo lo posible para que las naciones no aceptaran un estado judío. Los británicos se mantendrían neutrales. Y el gobierno estadounidense, que había votado a favor de la partición, comenzó a tener sus dudas y planeaba pedir que se postergara cualquier solución. Esto significaba que si el estado judío declaraba su independencia , EEUU, su aliado más importante, se opondría o en el mejor de los casos se abstendría de votar y así, la creación de un estado judío podría quedar suspendida. En EEUU todo estaba en manos del presidente Harry Truman. En los primeros meses de 1948, Truman se negó a reunirse con ningún líder sionista estadounidense porque quería mantener la neutralidad de Estados Unidos, cediendo así a la tremenda presión de los países árabes, ricos en petróleo. Se acercaba el 15 de mayo, fecha en la que los ingleses iban a abandonar el territorio de Israel, y el apoyo de Truman a la futura declaración de independencia era absolutamente necesario. Weizmann había viajado a los EEUU para este propósito, pero Truman se negó a recibirlo.
MILLONARIOS PIDIENDO MONEDAS
El 12 de marzo de 1948, Dewey D. Stone de Brockton, pasó el día en la ciudad de Nueva York con su amigo Jayim Weizmann, quien le manifestó su preocupación por la negativa de Truman a reunirse con él. Stone era un apasionado judío estadounidense que se convertiría en presidente de United Jewish Appeal y la Agencia Judía. Esa noche, regresó a Boston y se encontró con Frank Goldman, presidente de B’nai B’rith, y le contó que no había manera de que Truman aceptara reunirse con Weizmann. Goldman dijo que “de casualidad” había visitado en Kansas a Eddie Jacobson, quien recibió un premio de la B’nai B’rith y que Jacobson le contó que él era amigo personal de Truman, y que fue su socio en algunos negocios. Goldman se ofreció a llamar por teléfono a Jacobson en ese mismo momento e invitarlo urgente a ver a Truman. Pero se encontraron con un problema: no tenían suficientes monedas para hacer un llamado de larga distancia. Los dos millonarios, Stone y Goldman, pasaron mesa por mesa pidiendo monedas de 25 centavos hasta que tuvieron lo necesario para llamar a Jacobson. Jacobson, dijo que convencer al presidente iba a ser imposible. Stone invitó a Jacobson a Nueva York y allí lo llevó a ver a Jayim Weizmann. Como sucedió con Balfour y con tantas otras personas antes que él, Jacobson quedó absolutamente cautivado por la personalidad y los apasionados argumentos de Weizmann, y al cabo de la reunión Stone le dijo “todo lo que tienes que pedirle a Truman es que acepte reunirse con Weizmann. Weizmann se encargará del resto”.
REUNION DE AMIGOS
Cuando Jacobson llegó a la Casa Blanca, “sin avisar”, el presidente Truman estaba muy feliz de verlo, pero le advirtió que no aceptaría hablar de Palestina o la partición. Jacobson asintió y le dijo a Truman, señalado un busto de Andrew Jackson: “No voy a hablar de Palestina. Solo te quiero pedir que recibas a Jayim Weizmann, un líder nacional con el mismo molde y temperamento que Jackson” a quien Truman veneraba. Truman se rió porque cayó en la trampa de su amigo y no tuvo más remedio que ceder. Truman y Weizmann finalmente se reunieron en Washington y al final de la reunión Truman quedó tan convencido que le prometió a Weizmann que cuando expirara el mandato británico, el 14 de mayo de 1948, Estados Unidos reconocería de inmediato al Estado de Israel.
EL SEFER TORA EN LA CASA BLANCA
Y Baruj HaShem así fue. Cuando los británicos se retiraron y Ben Gurión declaró la creación de Israel, Truman, fiel a su promesa a Jayim Weizmann, extendió inmediatamente su reconocimiento a Israel en nombre de los Estados Unidos. Jayim Weizmann fue nombrado Presidente del Estado de Israel, cargo que ejerció hasta su muerte en noviembre de 1952.
Una de las primeras cosas que hizo Weizmann luego de ser elegido presidente fue visitar a su nuevo amigo, Harry Truman, a quien le entregó de regalo un Sefer Torá (ver fotografía) en reconocimiento a su amistad con el pueblo de Israel.
Rab Yosef Bittón



Jayim Weizmann, la acetona y la Declaración Balfour de 1917

אמר לו ר’ חייא: כך היא גאולתן של ישראל, בתחילה קמעא קמעא, כל מה שהיא הולכת, היא רבה והולכת

En 1914 parecía que el proyecto de obtener un estado judío propio habla fracasado. La tierra de Israel estaba en manos del imperio Otomano, quienes no veían con buenos ojos el incremento de población judía en “Palestina”. Tampoco contábamos un mínimo apoyo político internacional para crear un hogar para los judíos. La inmigración se había detenido y lo peor era que muchos inmigrantes que habían llegado a Israel en las décadas pasadas regresaban a Europa o emigraban a Estados Unidos, ya que las condiciones de vida de los casi 60.000 judíos que vivían en Israel eran muy precarias.Parecía que ya todo estaba perdido. El 28 de julio de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial. Fue una terrible guerra que cobró la vida de unos 40 millones de personas, entre militares y civiles.  La guerra trajo también grandes e inesperados cambios en Inglaterra y en el medio Oriente. El más importante de estos cambios fue que el Imperio Otomano que había gobernado medio Oriente por más de 500 años fue derrotado. Al final de la guerra, en 1918, Inglaterra estaba a cargo de lo que hoy es Irak, Siria, Líbano, Jordania, Arabia Saudita, Egipto y por supuesto, Israel.  

LA IGLESIA Y LOS JUDIOS

En 1916 Herbert Henry Asquith renunció a su cargo de Primer Ministro de Gran Bretaña y en su lugar llegó David Lloyd George. La actitud de estos dos líderes hacia los judíos era completamente opuesta. Asquith se oponía a un estado judío. Lloyd George, por otro lado, tenía una formación religiosa diferente. Para entender su ideología deberé explicar brevemente la diferencia entre la iglesia católica y la protestante, respecto a cómo cada una vio por siglos a los judíos. El catolicismo fue fundado bajo la premisa esencial que la iglesia (latín por: “congregación”) es el Nuevo Israel. Este Nuevo Israel REEMPLAZA al antiguo Israel —es decir, al pueblo judío— como nuevo pueblo de Dios. El Nuevo Israel tiene también un Nuevo Testamento, esto es, un nuevo pacto ( como en hebreo ברית החדשה ) que reemplaza al Viejo Testamento, que “caducó con la inminente extinción de los antiguos israelitas”.  El principal problema que siempre enfrentó este dogma fundacional fue que “el obstinado pueblo judío, a pesar de estar permanentemente en vías de extinción, ¡se empecinó en seguir existiendo!” . La iglesia entonces cambió su narrativa y argumentó que la caprichosa existencia del pueblo judío era un castigo divino por el deicidio. Y prueba de eso es que los judíos están condenados a un exilio permanente (el judío errante) ¡y jamás regresarán a su tierra!. Por lo tanto, el regreso del pueblo judío a la tierra de Israel fue (y aunque luego del Holocausto se lo trate de disimular “sigue siendo”) para la iglesia católica un enorme problema fundamental, del cual no se oye explícitamente, pero persiste. Un ejemplo es la actitud hostil del Vaticano hacia el derecho del pueblo judío a la tierra de Israel y especialmente a una Jerusalem judía (ver aquí ). 

LOS PROTESTANTES EVANGELISTAS 

La actitud de los protestantes modernos hacia el pueblo judío es muy diferente. Hay un apoyo muy grande hacia una Israel judía, y no es algo nuevo. Esta actitud histórica se podría comenzar con Oliver Cromwell (ver aquí) quien sostenía que para la segunda llegada del Mesias cristiano, los judíos deberían regresar a Israel, y particularmente Jerusalem. En nuestros días este punto de vista lo ejemplifica por ejemplo Michelle Bachmann, una importante figura política en los Estados Unidos (ver aquí ). 
Hay otros evangelistas que difieren con esta creencia y sostienen que es un gran mérito en sí apoyar al pueblo judío, ya que creen sinceramente en la bendición que HaShem le concedió a Abraham Abinu cuando le dijo “Los que te maldicen serán maldecidos y los que te bendigan serán bendecidos” . Esto es evidente hoy, por ejemplo, en el masivo apoyo del vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, hacia el Estado de Israel, al igual que muchos otros líderes cristianos (ver por ejemplo aquí ). Volviendo a nuestro tema, muchos ingleses protestantes sostenían esta creencia religiosa. El caso más famoso, pero insuficientemente apreciado, es el de la escritora inglesa no judía Mary Anne Evans, mas conocida por su nombre de pluma “George Eliot”, y su novela “Daniel Deronda” (1876), donde varios años antes del primer congreso sionista articuló lucidamente sus argumentos por un estado independiente para el pueblo judío . David Lloyd George y su Ministro del exterior Arthur Balfour eran partidarios entusiastas del pueblo judío y comprendían sus aspiraciones de regresar a casa. 

Y algo más.  

LA ACETONA Y EL ESTADO DE ISRAEL

Un importante factor que ayudó a la predisposición de los británicos a ceder un hogar nacional al pueblo judío en la tierra de Israel fue la contribución a Inglaterra del famoso científico judío Jayim Weizmann (1874–1952) .Weizmann, nacido en Rusia pero nacionalizado Británico, era un químico que descubrió la formula para producir acetona a partir del almidón de grano. Hasta ese entonces la acetona era producida a partir de elementos escasos que se obtenían en minas de Chile. La acetona se usaba para hacer detonar la dinamita y su producción era cada vez más cara y más critica para ganar la guerra. El Dr. Jayim Weizmann se encargó de producir 30.000 toneladas del critico elemento químico a través del proceso conocido como “ABE fermentation”. Por este y otro descubrimientos el Dr Weizmann es conocido en el mundo científico como el padre de la fermentación industrial. Al finalizar la guerra los británicos estaban muy agradecidos por el invaluable servicio del Dr Weizmann y le preguntaron cómo lo podían recompensar por sus servicios prestados. Dicen que el Doctor Weizmann contesto: “No quiero nada para mí; pero quiero un estado para mi pueblo”. Y así fue como en 1917 surgió la Declaración Balfour, donde los ingleses aprobaban oficialmente la creación de un hogar nacional para el pueblo judío en la tierra de Israel. Este fue el principio de lo que eventualmente culminó con el milagro del nacimiento de Medinat Israel en 1948. 

Continuará 




YOM HAATZMAUT: Tres milagros en la guerra de la Independencia de Israel    

UNA VICTORIA SEGURA

El día en que los líderes judíos declararon el establecimiento del nuevo Estado de Israel, el 14 de mayo de 1948 (5 de Iyar de 5718), los países árabes vecinos le declararon la guerra y comenzaron una invasión por todos los frentes, absolutamente seguros de su triunfo. Israel tenía muchas desventajas, pero la más notable era la falta de armamento. Recordemos que los 5 países árabes que atacaron a Israel -Egipto, Iraq, Siria, Líbano y Jordania- se habían independizado unos años antes, y tanto Inglaterra como Francia les habían vendido armamento y habían entrenado a sus ejércitos. Los países árabes contaban, por ejemplo, con 50 tanques, mientras que Israel solo tenía uno. Los árabes contaban con 200 vehículos de artillería, Israel con 2. Los árabes tenían 140 cañones, Israel solamente 5. Y la mayor desventaja era que los árabes contaban con más de 70 aviones de guerra, y al comenzar las hostilidades, Israel no tenía ninguno. Los países árabes habían advertido a Israel que si declaraba su independencia, ellos atacarían, y en realidad estaban ansiosos de que esto ocurriera, ya que las posibilidades de ganar la guerra, con absolutamente todo a favor, era del 100%. Tan confiados estaban en su triunfo que pidieron en la radio árabe a todos los palestinos que vivían en Israel y que no iban a tomar parte activa en la guerra que se retiraran del país, y les aseguraron que iban a regresar muy pronto, cuando la corta batalla hubiese terminado y todos los judíos hubiesen sido «echados al mar» (un eufemismo de «ser asesinados»). Cientos de miles de palestinos abandonaron el territorio de Israel, y de esta forma los mismos países árabes crearon el «problema de los refugiados palestinos», del cual nunca se hicieron cargo, y por el cual hasta el día de hoy, siguen culpando a Israel.

OBJETIVO FINAL: TEL AVIV

Inmediatamente después de la declaración de independencia, los aviones de combate egipcios aparecieron en los cielos de Tel Aviv y comenzaron a bombardear la ciudad sin encontrar resistencia. Estos bombardeos ininterrumpidos dejaron cientos de muertos, incluyendo mujeres y niños, y miles de heridos. Los egipcios avanzaron significativamente y llegaron hasta Ashdod, quedando a solo 30 kilómetros de Tel Aviv. La poderosa legión jordana, que había sido entrenada por los británicos y estaba siendo comandada por generales británicos (sic), logró sitiar Jerusalén y la invasión de la Ciudad Santa era inminente. Los jordanos también capturaron la ciudad de Lod y lo que hoy es el aeropuerto internacional Ben Gurion, y se acercaban a Tel Aviv desde el este. Las fuerzas iraquíes que habían atacado desde el noreste también se acercaban a Petaj Tikva y Jadera, camino a Tel Aviv. Los sirios cercaban la ciudad de Tiberia y junto con las fuerzas militares del Líbano habían aislado al Galil, el norte del país, del resto de Israel. El destino final de los ejércitos árabes era destruir Tel Aviv, que en ese entonces era la sede del gobierno de Israel y de los altos mandos de su ejército.

ESTADOS UNIDOS vs. ISRAEL

Israel no tenía cómo defenderse, ni podía conseguir armas. ¿Por qué? Porque Estados Unidos lideraba un embargo internacional que prohibía toda venta de armas a Israel, con plena conciencia y conocimiento de que Israel no podría sobrevivir al ataque de los ejércitos árabes. Era solo cuestión de tiempo para que se repitiera una nueva Shoah y el mundo, por segunda vez, actuaba como un silencioso cómplice. Todos los esfuerzos del recién creado ejército de Israel para defenderse fracasaron. Todos los pronósticos que predecían la brutal derrota de Israel se estaban cumpliendo. La superioridad militar de los ejércitos árabes era insuperable. No había ninguna manera de que los israelíes pudieran soportar los ataques ni siquiera unos días más; el final era inminente. Los árabes, muy confiados en su victoria, anunciaban que «lo que Hitler había hecho no era nada en la Segunda Guerra, comparado con lo que ellos harían con los judíos» una vez que conquistaran Tel Aviv. Y el mundo, como en un horrible dejavú del Holocausto, escuchaba y callaba. Y entonces ocurrió un gran milagro: el segundo de los tres milagros que quiero mencionar hoy. Fue el 11 de junio, el 4 de Siván de 1948.

EL CESE AL FUEGO

El conde sueco Folke Bernadotte, que había sido designado como mediador entre israelíes y árabes por las Naciones Unidas, propuso un cese al fuego, es decir, una interrupción de la actividad militar de los ejércitos por 4 semanas, ofreciendo que cada cual permaneciera en control de las posiciones que habían conquistado hasta ese momento. Israel, que estaba perdiendo en todos los frentes, obviamente aceptó. Lo inexplicable —¡lo milagroso!— fue que los países árabes hayan aceptado este cese al fuego, a pesar de que estaban, literalmente, a un día de conquistar Tel Aviv. Cito al profesor Ben Artzi, historiador de la universidad de Bar Ilan. Así escribe en su libro (hebreo) Meguilat Hatequmá VehaAtzmaut: “Pero, ¿por qué los árabes aceptaron el cese al fuego…? En realidad, ya estaban alcanzado todos sus objetivos militares: Jerusalem estaba rodeada y sitiada; Tel Aviv, a muy poca distancia [de caer en su poder]; el sur de Israel [el Negueb] desconectado del resto del país, y el Galil, el norte, ya había sido conquistado. Un pequeño esfuerzo más de parte de los árabes y ya estaban en el corazón de Jerusalem, Petaj Tikva, Netania, Jadera y Afula… y Tel-Aviv”. Ben Artzi no oculta su convicción de que este cese al fuego fue un milagro de proporciones bíblicas.

CELEBRAR ANTES DE TIEMPO

La tregua comenzó el 11 de junio. Los cinco ejércitos árabes, que consideraban que ya habían ganado la guerra, comenzaron las negociaciones políticas entre ellos mismos acerca de cómo se iban a dividir el territorio de Israel y el botín de guerra una vez que los judíos se hubieran rendido formalmente, algo que esperaban que ocurriera en los próximos días. Pero Israel aprovechó el cese al fuego y, con el apoyo y las generosas donaciones de los judíos de Estados Unidos y la diáspora, compró de Checoslovaquia, el único país que se atrevió a romper el embargo internacional, todo el armamento que pudo, incluyendo 15 aviones de guerra. Y también cambió su estrategia: a pesar de que el balance militar seguía siendo en favor de los árabes —por lo menos 10 a 1— Israel decidió que ahora no solo iba a defenderse, sino que ¡comenzaría a atacar a los árabes! Una vez que se reanudó la guerra, los ejércitos árabes estaban tan confiados en su victoria que prácticamente habían dejado de luchar. De acuerdo con Igal Alón, el famoso comandante del Palmaj, cuando el cese del fuego expiró: “Los ejércitos árabes, que tenían una gran ventaja, dejaron de avanzar, algo que es realmente inexplicable”.

MIEDO BIBLICO

Y entonces ocurrió el tercer milagro. La valiente e inesperada decisión de Israel de pasar al ataque tomó a los árabes por sorpresa, y pasaron de la pasividad al pánico, imaginando que Israel tenía más poder del que en realidad poseía. Un ejemplo de esto es que a finales de mayo llegaron clandestinamente a Israel cuatro aviones militares Messerschmidt desarmados desde Checoslovaquia dentro de un avión de transporte. Los aviones fueron armados en muy poco tiempo y el 30 de mayo, antes de que pudieran probarlos, salieron a su primera operación: tratando de frenar a las fuerzas egipcias que se encontraban a solo 30 kilómetros de Tel Aviv. Los aviones atacaron por sorpresa a los egipcios, pero no causaron daños severos, ya que los equipos de ataque no funcionaban muy bien. Sin embargo, el comandante egipcio a cargo de esa fuerza envió un mensaje urgente a sus jefes diciéndoles que «ya no podían avanzar más, y que estaban siendo bombardeados por una fuerza muy superior a ellos». Todo este miedo era más imaginario que real. La Torá menciona por primera vez este «miedo» que se apodera de los enemigos de Israel en la historia de Yaaqob Abinu, cuando los habitantes de Canaan, obviamente más fuertes y numerosos que Jacob y sus hijos, «quisieron pero no se atrevieron» a atacar a Jacob. Allí la Torá dice (Génesis 35:5) que los habitantes de esas ciudades «fueron afectados por un miedo Divino, que los disuadió de perseguir a los hijos de Israel» (ויהי חתת אלקים על־הערים אשר סביבתיהם ולא רדפו אחרי בני יעקב). Esta fue la forma en que HaShem intervino para salvar a nuestros antepasados de sus enemigos. Lo mismo cuenta la Torá en la famosa canción que los hijos de Israel recitaron al cruzar el mar, donde visualizan la futura conquista de la tierra de Canaan y saben que cuando el enemigo escuche lo que Dios hizo por su pueblo en Egipto «las naciones de Canaan escucharán y el miedo y el pánico se apoderarán de ellos… hasta que tu pueblo llegue y conquiste la tierra prometida». La tercera vez que esta idea aparece es también en el libro de Shemot, esta vez como una promesa explícita de parte de Dios a Israel. La Torá (Éxodo 23:27) dice que cuando Israel se apreste a conquistar a los pueblos de Canaan, Dios intervendrá. ¿De qué manera? «Infundiré el pánico y el terror en tus enemigos, y los confundiré… y haré que todos tus enemigos te den la espalda y huyan».Un oficial egipcio que había participado en la guerra de Independencia fue tomado prisionero por Israel en la guerra de 1956. Le preguntaron por qué los egipcios aceptaron el cese al fuego y no siguieron avanzando hacia Tel Aviv en 1948, cuando tenían todo el camino abierto. El oficial dijo: “Cuando atacábamos a los israelíes vimos algo que nos dio miedo: aún después de sufrir fuego directo y cuantiosas bajas, los soldados israelíes seguían avanzando como si fueran “locos” (meynunín). Y entonces nos dijimos a nosotros mismos: a estos locos es imposible vencerlos. Mejor [aceptar el cese al fuego] y conformarnos con lo que ya hemos conquistado”.

EL MILAGRO MÁS GRANDE

Quiero finalizar esta historia incompleta de la guerra más importante de la historia del Estado de Israel con una reflexión final. Lo que resulta más inconcebible de toda esta guerra es que, sabiendo acerca de la incomparable inferioridad militar, los líderes de Israel hayan tomado la decisión de declarar la Independencia de Medinat Israel, habiendo sido advertidos del inminente ataque árabe. Esta decisión no tenía ningún sentido: ni desde un punto de vista militar ni desde un punto de vista lógico. Viendo los números, uno solo puede pensar que era un acto suicida. Aunque hay otra posibilidad. Creo que David Ben Gurión y todos los líderes israelíes de ese tiempo tuvieron un momento de inspiración divina: Dios intervino en sus mentes y corazones de una manera opuesta a la que interviene contra nuestros enemigos. El Todopoderoso encendió en sus almas un increíble, milagroso valor y valentía que los llevó a actuar como Najshón Ben Aminadab, el hombre que cuando el pueblo judío estaba escapando del Faraón, contra toda lógica, se metió en el mar hasta que el agua le llegó a sus narices: ¡y continuó! En un incomparable gigantesco acto de fe, consciente o no, los líderes de Israel se entregaron a un milagro que tenía que ocurrir… Y que gracias a Dios ocurrió. Este fue el primer milagro. Y quizás el más grande de todos.

חג עצמאות שמח




¿Cómo se declaró la independencia de Israel?

LA DECISION MAS DIFICIL
1948. Los ingleses iban a abandonar el territorio de Palestina el día 15 de Mayo a la medianoche. 
Los lideres judíos planeaban anunciar la declaración de independencia ni bien salieran los ingleses. 
Los Arabes también tenían sus planes: cuando los británicos se hayan ido, invadirían, atacarían y destruirán a Israel. Tenían un ejercito poderoso de 5 naciones: Egipto, Siria, Líbano, Irak y Jordania, que se sumó a último momento. Contaban con un poderoso armamento y con municiones adquiridas de países europeos.   El día 12 de Mayo los lideres judíos se reunieron en Tel Aviv para evaluar la situación. Moshé Sharet informó que los Estados Unidos pedían que Israel no declarase su independencia. Y advirtieron que si lo hacían, los Estados unidos NO ayudarían con ejércitos ni con armas. Golda Meir también trajo malas noticias: el rey de Jordania, que anteriormente estuvo de acuerdo con la creación de un estado judío, había cambiado de opinión: cedió ante la presión de otros países árabes y ahora sumaría su ejercito al de los países que invadirían Israel.

NUESTRO UNICO ALIADO
Los lideres militares eran muy pesimistas: posiblemente no logremos sobrevivir la invasión árabe, decían. Los recuerdos del Holocausto eran muy frescos. El pensamiento que no se apartaba de la cabeza de los líderes judíos era el siguiente: Si los alemanes, una civilización que fue la cuna de la cultura europea moderna, fueron capaces de exterminar sistemáticamente a todos los judíos que pudieron, hombres, mujeres, ancianos y niños, ¿qué no serian capaces de hacer con nosotros los árabes si perdemos la guerra?  Luego de 13 horas de deliberaciones, en la hora más oscura, donde se discutía la vida, la muerte y la posibilidad de un segundo Holocausto en manos de los árabes, David Ben Gurión, milagrosamente, logró convencer a la mayoría de los presentes, y se decidió declarar el establecimiento del Estado de Israel.  Las chances de sobrevivir la guerra eran pocas….pero el más grande de los milagros de la historia judía moderna ocurrió. HaShem estuvo con nosotros, sobrevivimos, y contra todas las predicciones, ganamos la guerra, que llevó un año de duras batallas y costó la vida de un 1% de la población de Israel. 

Como famosamente lo dijo el propio David ben Gurión, 
“Cuando se trata de Israel, aquel que no cree en milagros, no es realista!

UNIDAD e INTERVENCION DIVINA

Los judíos nunca nos destacamos por pensar todos de la misma manera. Nos encanta discutir, disentir y debatir. No es fácil que nos pongamos de acuerdo. Eso nos estimula intelectualmente, pero también nos divide. Porque lamentablemente, por lo general, nos ponemos a mirar más lo que nos diferencia que lo que nos une…. 
Posiblemente, quiero pensar, que una de las razones por las cuales fuimos merecedores de un milagro tan grande es que de alguna manera los judíos estuvimos unidos en la proclamación de la independencia del Estado de Israel. 
La declaración fundacional de Israel fue firmada por representantes de todo el espectro politico y religioso de ese tiempo. 

TODO EL ESPECTRO JUDIO

La Declaración de Independencia fue también una (lamentablemente «poco común») declaración de UNIDAD del pueblo judío.  Entre los firmantes estaban, por ejemplo, representantes del partido socialista izquierdista; judíos seculares; judíos del centro; judíos de derecha y judíos religiosos. Vale la pena recordar la presencia y la firma de importantes personalidades rabínicas. La declaración de independencia de Israel fue firmada por 5 rabinos: el rab Moshé Maimón, el rab Saadiá Kubashi y el rab Zeev Gold, estos 3 eran rabinos de la Organización Sionista religiosa Mizraji. También firmaron los rabinos Kalman Kahana e Ytzjak Meir Levin, ambos rabinos del movimiento religioso Agudat Israel

“Somos la única nación en el planeta que está en la misma tierra, sigue con el mismo nombre, habla la misma lengua, y profesa la misma fe que sus antepasados 3.000 años atrás”

De las palabras del primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu, en el 71 aniversario de Medinat Israel. 




Resumen de la Parasha SHEMINI

La revelación divina en el Mishkán

Moshé reúne a todos los judíos en el Mishkán, o Tabernáculo, para que estén presentes cuando la Presencia Divina se revele en el Santuario ese mismo día. Aharón, el hermano de Moshé y Sumo Sacerdote, ofrece varios sacrificios en preparación para este evento. Después de concluir los sacrificios, Aharón bendice al pueblo con la bendición sacerdotal (Birkat Cohanim). Moshé se une a Aharón y juntos bendicen nuevamente al pueblo de Israel, tras lo cual la Presencia Divina se percibe visiblemente sobre el Tabernáculo. ¿Cómo? Un fuego celestial (¿o rayo de luz?) desciende y consume las ofrendas que estaban sobre el altar. El pueblo estalla de emoción al percibir por parte del Todopoderoso esta señal de aceptación de los sacrificios ofrecidos.

La tragedia de los hijos de Aharón

Los dos hijos mayores de Aharón, Nadab y Abihú, traen una ofrenda de incienso o en hebreo quetoret que no había sido sancionada ni autorizada por Dios, y un fuego celestial los consume. Moshé ordena la remoción de sus cuerpos del Tabernáculo e instruye a Aharón y sus dos hijos restantes a no observar las leyes tradicionales del duelo, ya que tenían que continuar sirviendo en el Santuario. Se instruye a los sacerdotes que no beban vino antes de realizar el servicio del templo, aludiendo –segun algunas interpretaciones– a que posiblemente Nadab y Abihú habían participado del servicio Divino embriagados. Moshé se dirige a Aharón y a sus dos hijos, y les dice que deben consumir las ofrendas de ese día, a pesar de la muerte de sus familiares.

Moshé se da cuenta de que una de las ofrendas había sido quemada, en lugar de ser consumida. Cuando expresa su sorpresa, Aharón le explica su razonamiento para ordenar que se queme esa ofrenda en particular, y Moshé humildemente acepta la explicación de Aharón.

La dieta de los judíos

La Torá nos instruye acerca del Kashrut, es decir, la dieta alimenticia que debe observar el pueblo judío. La Torá menciona cómo distinguir las especies de animales, peces y aves que son puras de las que son impuras. Los animales terrestres puros (tahor) son rumiantes y  tienen sus patas hendidas, divididas en dos, como por ejemplo las vacas, ovejas y cabras. La Torá enumera cuatro animales excepcionales que tienen solo una de estas características y que por lo tanto no son puros, como por ejemplo, el cerdo, que tiene pezuñas o  patas hendidas pero no es rumiante.

Los peces para ser Kasher deben tener aletas y escamas. La Torá luego menciona una lista de especies de aves impuras, no kosher, y al final también menciona ciertos tipos de langostas (no se refiere a langostas marinas sino a 4 especies de ortópteros) que son consideradas aptas para el consumo.

Pureza y santidad

Se discute la impureza ritual causada por entrar en contacto con el cadáver de un animal impuro, o ciertas especies de roedores y criaturas anfibias. La Torá también indica que los alimentos puros y los utensilios que se usan para comer están expuestos a contraer impurezas rituales si entran en contacto con cualquiera de los animales impuros mencionados anteriormente. Asimismo, se describe la impureza que se puede contraer al entrar en contacto con el cadáver de un animal que, si bien es puro, no fue sacrificado ritualmente (nebelá o terefá). Insectos y reptiles no son aptos para el consumo. La Torá explica que al observar la dieta alimenticia del Kashrut seremos considerados «santos», es decir, separados social y culturalmente de los pueblos y prácticas paganas. La santidad que se adquiere al abstenerse de consumir los alimentos prohibidos también se relaciona con el control de los impulsos y la autodisciplina.




Asimilación y traición


Cada año, en Yom haShoá, me vuelvo a preguntar lo mismo: ¿por qué nos odian? Los argumentos siempre son distintos. A veces nos acusan de ser comunistas, otras veces de ser capitalistas. Nos declaran vagabundos —errantes— o elitistas. Influyentes o insignificantes. Ricos o sucios. Poderosos o animalescos –con rabos y cuernos. El judío, como lo dijo Emmanuel Levinas, es “el otro”. El anormal. El que se viste diferente. Tiene un calendario diferente. Y piensa diferente. Así lo vieron y lo sigue viendo buena parte del mundo.

Seguimos escuchando argumentos que, aunque disfrazados de análisis, son tan antiguos como peligrosos: que los judíos se aíslan demasiado, que son cerrados, que no se integran, que mantienen costumbres distintas, ropa distinta, lenguaje distinto.

Y muchos de los que abrazan esta crítica sugieren una “solución” tentadora: si el antisemitismo persiste, es porque no nos hemos abierto lo suficiente. Que si fuéramos más como “ellos”, tal vez dejarían de odiarnos. Que si abandonáramos nuestras tradiciones, si nos mezcláramos más, si fuéramos más “normales”… el odio desaparecería.

Pocos libros exponen con tanta claridad la falsedad de este argumento como The Pity of It All (“Qué lástima por todo esto”), de Amos Elon. Este libro traza la historia de los judíos en Alemania desde mediados del siglo XVIII hasta el ascenso de Hitler al poder en 1933. Y lo que allí se relata no es solo la más inimaginable tragedia, sino también la paradoja de esta dinámica con los gentiles.

El libro comienza con la llegada de un adolescente judío de 14 años llamado Moshe Mendelssohn a Berlín, en 1743. En ese entonces, los judíos eran literalmente contados junto con el ganado. Elon cita un registro del Rosenthal Gate que dice: “Hoy entraron a la ciudad seis vacas, siete cerdos y un judío”. Las personas comunes, incluso otras minorías religiosas o étnicas, no eran registradas.

Mendelssohn era un superdotado. En su niñez solo había estudiado Torá y hebreo, y sin haber asistido a una universidad, dominó perfectamente el alemán, el latín, las matemáticas y la filosofía. Publicó obras que lo consagraron como uno de los grandes pensadores de la Ilustración. Tanto que su apodo fue “el Sócrates de Alemania”. Su libro Fédon, sobre la inmortalidad del alma, fue un éxito inmediato. Se convirtió en una celebridad intelectual en Alemania. Por primera vez en Europa, un judío llegaba al reconocimiento no por su dinero, sino por su conocimiento.

Claro que para ser aceptado, Mendelssohn hizo muchas concesiones, especialmente religiosas. Si bien nunca se convirtió —a pesar de que tuvo mucha presión para hacerlo— su parcha religiosa (esa mezcla entre su práctica y filosofía) encendió una idea en los judíos de su generación: se podía llegar alto, un judío podía asimilar la cultura alemana. Esta era la puerta de entrada mágica a la normalidad.

A partir de entonces, comenzó el experimento más ambicioso de asimilación judía en la historia de la diáspora. Decenas de miles de judíos siguieron el camino de Mendelssohn: abandonaron la Torá, la reformaron, dejaron de lado todos los preceptos rituales y solo conservaron los preceptos sociales, es decir, aquellos valores como amar y ayudar al prójimo, que no generaban diferencia alguna entre judío y gentil. De esta forma, reformaron el judaísmo adaptándolo a una forma más cristiana.

El abandono del judaísmo observante solo fue el primer paso. Los judíos alemanes se integraron a las universidades, los conservatorios, los parlamentos y se hicieron adictos al arte, la música, el teatro. Y muchos se convirtieron al cristianismo —entre ellos los propios descendientes de Mendelssohn— no por oportunismo, sino por idealismo.

En 1845, en Frankfurt del Meno, los rabinos reformistas afirmaron que renunciaban a toda aspiración irredentista. Se redefinieron no como judíos, sino como “alemanes de religión mosaica”. Renunciaron explícitamente a la idea mesiánica de regresar a Sion, declararon que Berlín era su Jerusalem, y prácticamente juraron lealtad a su amada Madre Patria: Alemania.
https://www.jpost.com/opinion/berlin-jerusalem-and-dual-loyalty-413130?utm_source=chatgpt.com

Confiaban en la razón, en el progreso, en el humanismo del alemán común, que seguramente vería en ellos a un alemán más. Porque querían, honestamente, ser parte de esa nación.

Este proyecto pareció funcionar. Alemania no solo toleró a sus judíos: los admiró. Judíos fueron poetas, músicos, empresarios, médicos, ministros. La cultura alemana del siglo XIX no se entiende sin sus judíos.

Los judíos se desesperaban por demostrar su lealtad. En la Primera Guerra Mundial, 100.000 judíos lucharon por el káiser, y 12.000 murieron en combate.

¿Qué más tenían que hacer para demostrar su lealtad a Alemania y ser aceptados por el alemán común?

Pero en 1933, todo eso desapareció.

Con la llegada de Hitler al poder, cada uno de esos logros fue destruido. Médicos, profesores, juristas, científicos, parlamentarios: todos fueron expulsados. No importó cuánto se habían integrado, cuán alemanes eran. Bastaba con ser judío. Y no hubo distinciones. El nazismo no preguntó si uno era ortodoxo o reformista, si comía kosher o tocaba en la ópera. Todos fueron arrastrados por igual al abismo.

Como explicó años después el Rab Soloveitchik: “El que odia al judío no distingue entre el asimilado y el observante. Para él, todos son portadores del mismo mensaje eterno”.

Esa es la paradoja más cruel. Los judíos alemanes creyeron que habían encontrado el equilibrio perfecto entre su identidad judía “light” y su ciudadanía. Que podían dar lo mejor de sí a Alemania y ser aceptados como judíos, o incluso como descendientes de judíos.

Pero fueron traicionados. Y no por haber sido diferentes, sino por haber sido demasiado parecidos. Su presencia pública, su éxito, su integración, no los protegieron. Al contrario: los convirtió en un blanco más visible, más deseado. Y junto a ellos fueron arrastrados también los judíos que no se habían asimilado. Nadie quedó a salvo.

El mensaje de Elon no es religioso. No está escrito como una obra de Teshuvá. Pero, leída con ojos abiertos, su historia deja una enseñanza profundamente judía: que el antisemitismo no desaparece con concesiones. Que estas concesiones no abren la puerta a la aceptación. Que para muchos gentiles, el judío o el descendiente de judíos siempre será “el otro”.

La asimilación no nos salvó: nos hizo más tentadores.

La próxima vez que alguien sugiera que debemos “adaptarnos más”, “mezclarnos más”, o “dejar de insistir tanto en nuestra diferencia”, recordemos esta historia.

No fue la fidelidad a la Torá lo que nos puso en peligro. Fue, en la mayoría de las veces, la renuncia a ella y la fantasía de la “normalización” lo que nos dejó sin ancla cuando llegó la tormenta.

Nunca nadie fue perseguido por ser demasiado judío. Pero millones murieron por haber pensado que ya no lo eran.




LA NEGACIÓN DEL HOLOCAUSTO: Ayer, hoy y mañana

La negación del Holocausto tiene muchas variantes y matices. A veces se niega que el Holocausto haya ocurrido, presentándolo como «propaganda sionista». Esto es típico, por ejemplo, del régimen iraní y sus aliados. Otras veces, se minimiza el número: ¡6 millones es una cifra exagerada; el número es mucho menor! Dice el típico antisemita. O muy sutilmente, se intenta negar la Shoah con argumentos de inclusividad: más de 75 millones de personas murieron en la Segunda Guerra Mundial:¡Los judíos no fueron las únicas víctimas! El Holocausto se compara con otras guerras y conflictos, y a veces, se evita mencionar «a los judíos», hablando de las víctimas del Holocausto en general. ¡Esto no se hace sin intención!

A continuación, presento muy brevemente algunos datos esenciales que ayudan a aclarar la obsesión que los nazis tenían «específicamente» contra los judíos:

LA SOLUCIÓN FINAL

El 20 de enero de 1942, tuvo lugar la Conferencia de Wannsee, una reunión de los más altos funcionarios del gobierno de la Alemania nazi y los líderes de las SS que establecieron en la estrategia para la implementación de la solución final específicamente al problema judío. Los judíos de Europa serían deportados a Polonia ocupada y asesinados en campos de exterminio. Los miembros de esta conferencia decidieron «unánimemente» implementar el genocidio civil de hombres, mujeres y niños, y no hubo una sola voz disidente.

JUDENREIN

Por primera vez en la historia de la humanidad, un gobierno — ¡elegido democráticamente! — implementó el plan para la destrucción total de otro pueblo, la mayoría de los cuales no vivía en su territorio. El objetivo no era desplazarlos de su tierra o expulsarlos de un territorio particular otro, como ha ocurrido, y lamentablemente sigue ocurriendo con refugiados en todo el mundo. El objetivo de los nazis era «aniquilar a los judíos, sin importar dónde estuvieran». Borrarlos completamente de la faz del planeta.

SIN OPCIONES PARA LOS JUDÍOS

A diferencia de lo que ocurrió en otras guerras y persecuciones, no había opción para los judíos. Un judío no podía salvarse rindiéndose y aceptando la autoridad del enemigo, como era el caso de todos los demás ciudadanos europeos. Tampoco podían salvar su vida renunciando a su religión, convirtiéndose o bautizándose. La única opción posible que los nazis dejaron para los judíos era: «la muerte».

PRIORIZANDO A LOS JUDÍOS

Como se muestra al principio del documental de Steven Spielberg «Los Últimos Días», los alemanes actuaron en contra de sus propios intereses militares. Cuando Hitler tuvo que decidir si enviar sus últimas tropas a luchar en Rusia, donde estaban perdiendo la batalla, o usar estas tropas para deportar a medio millón de judíos húngaros y enviarlos a campos de exterminio, decidió invertir sus esfuerzos en asesinar a los judíos en lugar de intentar ganar la guerra. Los nazis no eran salvajes ni locos. Estos asesinos genocidas eran profesionales educados y hombres y mujeres de familia. Millones de ciudadanos alemanes y personas comunes no tuvieron problema en participar en este plan de exterminio. No fue la locura mental (desde el punto de vista psicológico) lo que les hizo actuar de esta manera, sino un odio ideológico visceral contra los judíos (Amaleq).

Inspirado por las ideas del profesor Shelomo ben Yosef




El Holocausto en las Comunidades Sefaradies 

 

¿QUÉ PODEMOS APRENDER DE NUESTROS ENEMIGOS?

Hoy a dos dias de Yom HaShoah quisiera referirme al Holocausto  en las comunidades Sefaradies. Un tema del que mucho no se habla. En Holanda, Francia, Bulgaria, Yugoslavia e Italia, los judíos sefaradim sufrieron el mismo destino que los judíos Ashkenazies de Europa. Probablemente el caso más estremecedor fue el de la comunidad de Salónica en Grecia, donde cerca de 54.000 judíos , el 95% de su población, fueron exterminados en Auschwitz (ver aquí) .     Mi primera reflexión es que tenemos que aprender una gran lección de nuestros enemigos: que para ellos somos un solo pueblo. No hay diferencias entre Sefaradim, Ashkenazim; más religiosos o menos religiosos, etc.  Debemos hacer lo imposible para sentir que somos miembros de una misma familia.  

LOS JUDIOS DE MARRUECOS Y ALGERIA

Veamos brevemente el impacto de la Shoah en las comunidades judías del norte de Africa: Marruecos, que en 1940 contaba con una población de 200.000 judíos. Algeria, 120.000 judíos.  Túnez, 80.000 judíos, y Libia, 30.000 judíos.   Los primeros tres estados estaban bajo el protectorado francés, mientras que Libia estaba bajo el protectorado italiano.  Francia fue ocupada por los nazis en 1940, lo que se conoce como «La Francia de Vichy».  Los alemanes gobernaban Francia, sus colonias y también sus protectorados. Y esto incluía : Marruecos, Algeria y Túnez.  En Marruecos y Algeria se establecieron los infames “Statut de Juifs” que les permitía a las autoridades alemanas confiscar las propiedades de los judíos, restringir en extremo sus actividades y prohibir su acceso a la educación, etc.  También establecieron cerca de 30 campos de trabajo para construir la carretera del trans-Sahara, y para eso los alemanes reclutaron unos 4.000 judíos de Marruecos y unos 1.000 judíos de Algeria. Cabe señalar que había un gran diferencia entre estos campos de trabajo y, por ejemplo, Auschwitz o Bergen-Belsen.  En los «campos de trabajo» del norte de África, en un principio, solo llegaron hombres adultos y aptos para el trabajo. Docenas de ellos murieron debido a las condiciones insalubres de los trabajos, el calor abrasador, la enfermedad. Pero la gran mayoría sobrevivió. Los campos de Europa, por otro lado, eran “campos de exterminio”. Los niños, los ancianos, las mujeres y los hombres que no podían trabajar eran inmediatamente exterminados en las cámaras de gas. Y a los hombres y mujeres aptos para el trabajo, se los hacia trabajar pero en última instancia para matarlos. Esta horrible estrategia no tan conocida , tiene «nombre» en el idioma alemán. La expresión es:  Vernichtung durch Arbeit, «asesinar judíos a través de trabajos forzados» . 

Volviendo al Norte de África, el 8 de Noviembre de 1942, , y B»H antes que los nazis puedan llevar a cabo el proceso de deportación y exterminio de los judíos, las fuerzas aliadas dirigidas por el general Montgomery llegaron a las costas de Marruecos y Argelia y pudieron vencer a los nazis dirigidos por el general Rommel en una operación militar llamada «Operation Torch» (ver mapa arriba, y ver este artículo aquí en español).  

LA COMUNIDAD JUDÍA MAS ANTIGUA, FUERA DE ISRAEL

Túnez es una historia aparte. Túnez fue el único país del norte de África que fue ocupado directamente por los nazis. Para comenzar digamos que la población judía de este país, el más pequeño de la región, constituía el 15% de la población total. Los judíos vivían en la capital (del mismo nombre) y en la famosa isla de Djerba. Según la tradición, un grupo de Cohanim (sacerdotes) que servían en el Templo del Rey Salomón escaparon a Djerba cuando el Gran Templo de Jerusalem fue destruido en 586 aec. Y llevaron algunas piedras del Bet haMiqdash que utilizaron para construir allí su sinagoga.  Hasta el día de hoy la mayoría de los judíos de Djerba–más del 60% — son Cohanim, algo que ha sido ratificado recientemente en las pruebas de ADN que detecta el gen de los Cohanim. Djerba es una de las pocas comunidades judías que aun sobreviven en el mundo árabe. Un día después de que comenzó la operación “Torch”, el 9 de Noviembre de 1942, los alemanes ocuparon Túnez. La idea de Rommel era agruparse en ese país y desde allí repeler a las fuerzas aliadas que llegaban desde Marruecos y Argelia, y a las fuerzas británicas que llegaban desde Egipto.   A los pocos días de llegar, y a pesar de que estaban ocupados en pelear con las fuerzas aliadas, los alemanes ordenaron a los líderes de la comunidad judía a pasarles todos los datos de la comunidad. Miles de judíos fueron llevados a los campos de trabajo para construir carreteras militares (la gran mayoría sobrevivió) y más de 200 judíos de ese país fueron trasladados directamente a Europa, donde fueron exterminados en los campos de concentración.  B”H en Mayo de 1943 los aliados derrotaron y expulsaron a los alemanes de Túnez, y las pérdidas de vidas judía no llegaron a ser superiores.   

 

¿QUIENES NO ESTABAN INCLUIDOS EN LA SOLUCION FINAL? 

Una reflexión final sobre algo espantoso.   El 20 de Enero de 1942 tuvo lugar la infame conferencia de Wannsee, que es un pueblito cerca de Berlín. En esa conferencia (ver aquí ) se reunieron los jerarcas nazis con el propósito de evaluar y estrategizar «la solución final» al problema judío.  Allí se mencionó, entre otras cosas, la cantidad de judíos que había que eliminar en Francia. Esta lista indicaba 700.000 judíos. Pero en Francia ¡solo había 350.000 judíos!. Los historiadores dicen que la única forma de entender esta diferencia de números es que los nazis tenían planeado exterminar a todos los judíos de los países que estaban bajo el protectorado francés: es decir, Marruecos, Argelia y Túnez…    

Siempre me definí a mí mismo como “un sobreviviente del Holocausto”.  La simple razón es que, tal como sucedía con el norte de África, la intención de la solución final de los nazis no terminaba en Europa. Si JAS VESHALOM los nazis hubieran triunfado en Europa, entonces los judíos del norte de África, del medio oriente y quizas hasta del continente americano también hubieran tenido que enfrentarse a los artífices de la solución final.  

Todos los judíos del mundo somos sobrevivientes de la Shoah  

  

IZKOR