La granada de Rosh HaShana

כְּפֶלַח הָרִמּוֹן רַקָּתֵךְ

אַף רֵיקָנִים שֶׁבָּךְ מְלֵאִים מִצְווֹת כְּרִמּוֹן

Aun los que aparentemente son mas superficiales y vacíos en tu pueblo—Israel— están llenos de mitsvot como la granada.

Por Amit Segal (@AmitSegal)·.¿Qué pasaría si, en medio de un espectáculo en el Madison Square Garden, una estrella del rock comenzara a rezar y pedirle a Dios que lo perdone a él y al público allí presente por sus pecados? Creo que es justo decir que más de uno en la audiencia se quedaría, como mínimo, confundido. En Israel, sin embargo, el judaísmo está profundamente entrelazado con la cultura nacional, incluso para quienes no se consideran “religiosos” en el sentido tradicional de la palabra. Pocos momentos han capturado esta fusión cultural de forma tan hermosa como un reciente concierto de Osher Cohen. Cohen, que no usa kipá, estaba cantando una de sus canciones de desamor —algo habitual para una estrella pop. Y entonces, sin previo aviso, irrumpió con “Adon HaSelijot” (Señor del Perdón), un poema litúrgico que se canta antes del Año Nuevo judío, alabando los múltiples atributos de Dios y pidiendo perdón por nuestros pecados. ¿Y cómo respondió la audiencia, que no era precisamente observante? Cantando junto con Cohen como si se tratara de uno de sus más grandes éxitos. En ese momento, el evento no era solo un concierto: fue un recordatorio de lo que hace único al Estado de Israel, un lugar donde la tradición judía y la vida moderna se mezclan tan naturalmente que incluso una plegaria de siglos puede transformarse en una canción moderna amada tanto por religiosos como por no observantes.



¿Qué tipo de Shofar se utiliza en Rosh haShaná?

וּבַחֹדֶשׁ הַשְּׁבִיעִי בְּאֶחָד לַחֹדֶשׁ מִקְרָא קֹדֶשׁ יִהְיֶה לָכֶם כָּל

מְלֶאכֶת עֲבֹדָה לֹא תַעֲשׂוּ

יוֹם תְּרוּעָה יִהְיֶה לָכֶם

וּבַחֹדֶשׁ הַשְּׁבִיעִי בְּאֶחָד לַחֹדֶשׁ מִקְרָא קֹדֶשׁ יִהְיֶה לָכֶם כָּל מְלֶאכֶת עֲבֹדָה לֹא תַעֲשׂוּ יוֹם תְּרוּעָה יִהְיֶה לָכֶם

“En el séptimo mes, el primer día del mes, tendrán una convocación sagrada. No realizarán ningún trabajo. Será para ustedes Yom Teruá, un día del sonido de la Teruá.” (Bamidbar 29:1)

Escuchar el Shofar es la Mitsvá central y más característica de Rosh HaShaná. En la Biblia, shofar designa un cuerno utilizado como instrumento para producir un sonido. La Torá menciona también otro instrumento de viento, las jatsotserot, trompetas fabricadas de metal.

La pregunta que analizaremos hoy es la siguiente: siendo que hay muchos animales que tienen cuernos, y que muchos de esos cuernos pueden ser utilizados para emitir sonidos, ¿cuál debemos usar para cumplir la Mitsvá del Shofar en Rosh HaShaná? ¿Se puede utilizar cualquier cuerno animal que produzca el sonido adecuado, o tiene que ser el cuerno de un animal específico?

El Shofar de carnero

Durante siglos, el Shofar característico de Rosh HaShaná ha sido el cuerno de carnero, qeren hakebasim. El carnero es el macho de la oveja.

 

 

Nuestros Sabios discutieron este tema hace casi 2.000 años. La Mishná analiza qué cuernos pueden ser considerados aptos para esta Mitsvá y la halajá excluye, entre otros, el cuerno de la vaca o del toro (qeren shel pará). La Guemará (Rosh HaShaná 26a) presenta varias explicaciones para esta exclusión. Una de las más conocidas es el principio de אין קטיגור נעשה סניגור — en kategor naasé sanegor: “el acusador no puede transformarse en defensor”. El toro inevitablemente evoca el pecado del Becerro de Oro, y no queremos introducir ese recuerdo precisamente cuando buscamos el favor de HaShem.

Con el carnero ocurre exactamente lo contrario. Su cuerno despierta uno de los recuerdos más positivos que podemos invocar: la ‘Aquedat Itsjaq, el sacrificio de Itsjaq Abinu.

Después de que nuestro patriarca Abraham superó la prueba más difícil de su vida y demostró que estaba dispuesto a sacrificar lo que más amaba para cumplir la voluntad de HaShem, levantó sus ojos y vio un carnero cuyos cuernos habían quedado atrapados en un matorral. Abraham tomó ese carnero y lo ofreció como sacrificio en lugar de su hijo Itsjaq (Bereshit 22:13).

Nuestros Sabios relacionaron explícitamente este episodio con el Shofar. La Guemará dice (Rosh HaShaná 16a): ¿Por qué tocamos en Rosh HaShaná un Shofar de carnero? Para que HaShem recuerde para nosotros la ‘Aquedat Itsjaq ben Abraham y considere como si nosotros mismos estuviéramos dispuestos a hacer semejante sacrificio.

Después de la ‘Aquedá, Abraham recibió una bendición extraordinaria: “Te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena del mar… y por cuanto has escuchado Mi voz, todas las naciones de la tierra serán bendecidas por medio de tu descendencia” (Bereshit 22:17-18).

El cuerno de carnero, por lo tanto, no solo produce el sonido del Shofar. También trae a nuestra memoria —y, por decirlo así, ante HaShem— el mérito de Abraham Abinu y la ‘Aquedat Itsjaq. Difícil imaginar un recuerdo más apropiado para Rosh HaShaná, el día en que nuestras acciones y nuestros méritos son evaluados.

El famoso “Shofar yemenita”

En nuestros días se ha hecho muy popular otro tipo de Shofar: el del kudu, un gran antílope africano, conocido popularmente como “Shofar yemenita”. Es impresionante a simple vista: puede ser tres o cuatro veces más largo que un Shofar de carnero, tiene una forma retorcida muy particular y produce un sonido profundo y poderoso.

Ahora que entendemos la importancia especial del Shofar de carnero, surge entonces una pregunta práctica: ¿podemos utilizar en Rosh HaShaná un Shofar de kudu u otro animal, o estamos obligados a usar exclusivamente un Shofar de carnero?

Para Selijot y durante el mes de Elul, quienes acostumbran a tocar el Shofar pueden utilizar un Shofar de kudu sin que exista el mismo problema, ya que allí no estamos cumpliendo la Mitsvá bíblica de escuchar el Shofar de Rosh HaShaná.

En Rosh HaShaná, sin embargo, la cuestión depende de una importante diferencia entre las autoridades halájicas.

Maimónides y el Shulján Aruj

De acuerdo con Maimónides, la regla es muy estricta. Al comenzar las leyes del Shofar escribe:

שופר שתוקעין בו… הוא קרן הכבשים הכפוף, וכל השופרות פסולין חוץ מקרן הכבש

“El Shofar que se utiliza es el cuerno curvado del carnero, y todos los demás Shofarot son inválidos excepto el cuerno del carnero” (Mishné Torá, Hiljot Shofar 1:1).

Para Maimónides, por lo tanto, el cuerno de carnero no es simplemente la opción preferida. Es el Shofar requerido para cumplir la Mitsvá.

El Shulján Aruj (Oraj Jaim 586:1) sigue una posición menos restrictiva. Establece que en principiolejatejilá— la Mitsvá debe cumplirse con un Shofar curvado de carnero. Pero bedi‘abad, si no se dispone de uno, pueden utilizarse otros Shofarot que reúnan las demás condiciones halájicas. El cuerno de vaca o toro permanece excluido, al igual que otros cuernos que por su estructura no pueden ser considerados un Shofar válido.

En otras palabras: según Maimónides, para Rosh HaShaná debemos usar específicamente un Shofar de carnero. Según el Shulján Aruj, el Shofar de carnero es la primera y mejor opción, pero si no está disponible, otro Shofar halájicamente apto puede servir para cumplir la Mitsvá.

Y ahora entendemos que la preferencia por el carnero no es una cuestión estética ni una simple costumbre. Cuando escuchamos ese cuerno en Rosh HaShaná no estamos escuchando solamente un sonido. Estamos evocando uno de los momentos más extraordinarios de nuestra historia: la ‘Aquedat Itsjaq, la entrega de Abraham Abinu y el mérito de nuestros patriarcas precisamente en el día en que más necesitamos que ese mérito sea recordado.

 




Los 100 Sonidos Del Shofar

יוֹם תְּרוּעָה יִהְיֶה לָכֶם
¿COMO SE PREPARA UN SHOFAR?
La Mitsvá más importante de Rosh HaShaná es escuchar el Shofar. El Shofar es un cuerno de animal que ha sido modificado a) removiendo el relleno de la funda cornea del cuerno y b) abriendo una boquilla en el extremo más estrecho del cuerno. En este video (en hebreo) se puede apreciar todo el proceso de producción del Shofar
ערוץ אורות- איך עושה שופר?

Tutorial

Ahora bien, ¿cómo se hace sonar el shofar?

Cuando uno quiere hacer sonar el shofar no debe colocarlo “dentro” de la boca, entre los labios, como si estuviera inflando un globo. Si uno sopla aire dentro del shofar de esa forma, no produce ningún sonido. El shofar debe apoyarse “sobre los labios” cerrados, en un costado de la boca (de ser posible, el lado derecho) o en el medio. Una vez apoyado el shofar sobre los labios, se sopla aire con los labios bien presionados, emitiendo el sonido de la letra “P” mientras se hacen vibrar los labios. Dicho sea de paso, esta es la misma técnica que se utiliza para tocar la trompeta.

how to blow shofar /2

No hay que inflar demasiado los cachetes ni tomar demasiado aire. Hay que respirar lo más normalmente posible. La parte más difícil es ajustar la boquilla del shofar a los labios, en el ángulo correcto, evitando que el aire se escape por cualquier otro punto de la boca. Esto requiere práctica.

Nuevamente, los pasos para hacer sonar el shofar son:

  1. Cerrar los labios.
  2. Hacer vibrar los labios con la letra “P”.
  3. Colocar la boquilla del shofar sobre los labios.
  4. Ubicarla y reubicarla hasta que el shofar emita el sonido deseado.

Las voces del shofar (qolot)

Cada shofar tiene una voz diferente, como los seres humanos. Y cada shofar emite una única nota musical. En Rosh HaShaná hacemos sonar esa nota de tres maneras diferentes, que los Sabios llaman “voces” (qolot). La primera voz se llama teqiá: es el sonido más largo, ininterrumpido y simple. Luego tenemos shebarim, tres voces cortas, que se producen interrumpiendo el aire que llega al shofar tapando la boquilla con la lengua. Finalmente tenemos la teruá, que consta de aproximadamente nueve voces muy cortitas, y se produce dando como golpecitos con la lengua sobre la boquilla del shofar.

En este video (entre los segundos 6 y 9) se puede escuchar la forma más común de producir el sonido de la teruá.

תקיעת שופר לחיילים בכותל
Según otras costumbres, para producir la teruá, en lugar de dar “golpecitos” con la lengua se roza la boquilla del shofar creando como “ondas”, que suenan un poco menos divididas. En este video se aprecia esta forma de hacer sonar la teruá, típica de los judíos de Yemen y de algunos judíos de Siria.
מארי מתיתיה תרועה בת"ת מבשר טוב לילדי עדת תימן בירושלים

Los 100 sonidos

La combinación de sonidos del shofar en Rosh HaShaná es la siguiente:

teqiá / shebarim-teruá / teqiá (4 voces)
teqiá / shebarim / teqiá (3 voces)
teqiá / teruá / teqiá (3 voces)

Esta fórmula consiste de 10 voces, y se repite 10 veces durante Rosh HaShaná: 3 veces antes de la tefilá de Musaf, 3 veces durante Musaf, 3 veces durante la repetición de Musaf y una vez más después de Musaf. Y así, en total, durante cada día de Rosh HaShaná escuchamos 100 veces la voz del shofar (מאה קולות).

Según una antigua tradición, esas cien voces corresponden a los cien gemidos de la madre de Siserá, la mujer que esperaba en la ventana sin saber si su hijo volvería vivo o muerto (ver el artículo “¿Qué hacer mientras suena el shofar?”).

Este año, el primer día de Rosh HaShaná cae en Shabbat, y en Shabbat no se toca el shofar. Las cien voces se escuchan una sola vez: el domingo 13 de septiembre, 2 de Tishrí.

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VIDEO ¿Qué es Rosh haShana? ¿Qué relación hay entre Septiembre y el mes de Tishrí? ¿Cómo aprender a tocar el Shofar sin un Shofar?




Entendiendo la Teshubá a través del Tashlij

מִי אֵל כָּמוֹךָ נֹשֵׂא עָוֹן וְעֹבֵר עַל פֶּשַׁע לִשְׁאֵרִית נַחֲלָתוֹ לֹא הֶחֱזִיק לָעַד אַפּוֹ כִּי חָפֵץ חֶסֶד הוּא יָשׁוּב יְרַחֲמֵנוּ יִכְבֹּשׁ עֲוֹנֹתֵינוּ וְתַשְׁלִיךְ בִּמְצֻלוֹת יָם כָּל חַטֹּאתָם

¿Quién es como Tú, [HaShem], que perdona la iniquidad y pasa por alto la transgresión de Su pueblo? No retiene Su ira para siempre, porque Él desea la bondad [de perdonar]. Volverá a tener compasión de nosotros, ocultará nuestras transgresiones y arrojará al fondo del mar todos los pecados de Su pueblo. (Mijá 7:18–19)

El primer día de Rosh HaShaná por la tarde (o el segundo día, domingo, cuando el primer día cae en Shabbat, como este año) se acostumbra realizar una ceremonia llamada «Tashlij». Los fieles se acercan a una fuente de agua: el mar, un río o incluso una pileta con agua. Allí recitan una serie de oraciones, incluyendo la lectura del texto del profeta Mijá, capítulo 7:18-19: “¿Quién es como Tú, oh Dios, que perdona el pecado e ignora las transgresiones de Su pueblo [Israel]? [¿Quién es como Tú, oh HaShem,] cuya ira no permanece para siempre, porque deseas perdonarnos y [cada año] nuevamente tienes compasión de nosotros. Ignoras nuestros pecados [cuando nos arrepentimos] y arrojas todas nuestras transgresiones al fondo del mar”.

ABRAHAM ABINU

Tashlij es una tradición relativamente nueva. No se menciona ni en el Talmud, ni en el Mishné Torá de Maimónides, ni en el Shulján Aruj de Ribbí Yosef Caro. El primero en mencionarlo fue el Maharil (1365–1427), el rabino Ya’aqob ben Moshé Levi Moelin, famoso por sus obras que registran las costumbres de los judíos de Ashkenaz en la Edad Media. Según el Maharil, Tashlij consiste en visitar un río en Rosh HaShaná con el fin de recordar el sacrificio de Yitsjaq. El Midrash relata que cuando Abraham Abinu se dirigía al monte Moriá para cumplir con la orden Divina, encontró un río —que no debería haber estado allí— y al intentar cruzarlo, el agua le llegó hasta la nariz… A pesar de tener la mejor excusa para suspender el sacrificio de Yitsjaq —que finalmente fue cancelado por orden Divina—, Abraham cruzó las aguas y siguió adelante con el mandato de Dios. El Tashlij, de esta manera, nos recuerda el sacrificio de Yitsjaq, que tuvo lugar en Rosh HaShaná, y por eso lo mencionamos en las Tefilot de este día y le pedimos a HaShem que tome en cuenta el mérito de este acto de obediencia incondicional de nuestro patriarca y que así nos juzgue con benevolencia.

EL ASPECTO MÍSTICO DE TASHLIJ

Con el tiempo, y después de que el Arí HaQadosh elogiara esta costumbre, la ceremonia del Tashlij fue adoptada por prácticamente todas las comunidades sefaradíes. Sin embargo, el significado de este ritual se fue modificando, enfocándose más en el arrepentimiento que en el recuerdo del sacrificio de Yitsjaq. Los Sabios de la Kabbalá asociaron el Tashlij con el pasuq del profeta Mijá que mencionamos arriba, donde dice que HaShem “arrojará todas nuestras transgresiones al fondo del mar”. ¿Qué significa esta idea? Que al hacer Teshubá, al arrepentirnos sinceramente de nuestros pecados y transgresiones, Dios borrará por completo nuestras transgresiones y “las tirará al fondo del mar”, una expresión metafórica y poética que representa lo que todo arrepentido sueña con obtener: la eliminación total del registro de nuestras transgresiones.

El profeta Mijá habla todo el tiempo en futuro: volverá a tener compasión de nosotros, someterá nuestras iniquidades, arrojará nuestros pecados al mar. Nada en el versículo dice que nuestros pecados ya desaparecieron. Y esto explica algo sobre el momento en que hacemos Tashlij. Lo hacemos en Rosh HaShaná, el primero de los diez días, cuando todavía no le pedimos perdón a nadie, no confesamos nada y no cambiamos nada. El Tashlij no es el final de la Teshubá. Es una oración de apertura: antes de empezar, le pedimos a HaShem que, una vez que nos hayamos arrepentido, Él tire lo que dejemos atrás.

LA OPOSICIÓN

Algunos rabinos famosos, como el Gaón de Vilna o el rabino Yejiel Epstein, autor del Aruj HaShulján, se opusieron al Tashlij. Y lo mismo ocurrió con muchos judíos yemenitas —que siguen estrictamente a Maimónides— y con los judíos sefaradíes de la comunidad hispano-portuguesa de Ámsterdam y Londres. ¿Por qué se opusieron al Tashlij? En algunos casos, como el de la comunidad hispano-portuguesa, dejaron fuera de la liturgia tradicional, es decir, de las oraciones y plegarias formales, muchas de las costumbres provenientes de la Kabbalá. ¿Por qué? Porque después de lo sucedido con Shabetay Tsebí —el falso Mesías que abusó de la Kabbalá y la presentó como superstición para dar credibilidad a sus falsas afirmaciones— decidieron no permitir las profundas ideas místicas, para que no fueran malinterpretadas por la gente menos informada.

¿CÓMO HACER TESHUBÁ SIN HACER TESHUBÁ?

Creo que en el caso del Tashlij, ¡esos temores no son infundados! ¿Por qué? Porque muchas personas creen inocentemente que al hacer el Tashlij “están arrojando sus pecados al mar”, y de esta manera quedan mágicamente absueltas de sus transgresiones. Como si el Tashlij fuese un reemplazo de la Teshubá. Esto es completamente falso. No es lo que dice el profeta Mijá, ni tampoco es lo que quisieron transmitir los Jajamim que formularon esta costumbre. El proceso de la Teshubá o arrepentimiento es muy serio, y esta visión equivocada —pero muy popular— del Tashlij lo trivializa.

LA TESHUBÁ GENUINA

La Teshubá es un proceso «transformador» a través del cual no solo cambiamos lo que hacemos sino también lo que somos. Dedicamos diez días a la Teshubá: desde el comienzo de Rosh HaShaná hasta el final de Yom Kipur. Voy a describir brevemente los pasos principales de la verdadera Teshubá:

  1. Al escuchar el Shofar, debo despertar de mi letargo espiritual y visualizar que estoy frente a Dios, que por ser mi Creador es también “mi Juez” (aquel que evalúa si valió o no la pena haberme creado).
  2. Debo reconocer ante el Juez Supremo que soy responsable por mis acciones.
  3. Debo admitir mis errores y reconocer las malas decisiones que tomé en el año que pasó.
  4. También debo identificar mis malos hábitos, algunos de los cuales ya son parte de mi personalidad.
  5. Durante los días entre Rosh HaShaná y Yom Kipur, debo reparar e indemnizar a quienes perjudiqué, y disculparme y pedir perdón a aquellos a quienes ofendí o herí.
  6. En Yom Kipur, debo confesar mis malas acciones, articulando en voz baja —y sintiendo que estoy frente a Dios— mis errores, mis malos hábitos y mis adicciones.
  7. Debo pedirle al Creador que me perdone y me conceda otra oportunidad.
  8. Y finalmente, debo tomar la decisión de cambiar y mejorar, y planear una estrategia seria y viable para que los cambios sean reales y permanentes, y que mis resoluciones no sean simples palabras vacías.

La idea popular de que el Tashlij reemplaza a la Teshubá es escandalosa y contraproducente. ¿Cómo podemos concebir reemplazar todo el proceso de acercamiento a Dios, introspección, arrepentimiento y crecimiento con la idea de que uno puede simbólicamente “arrojar al mar todos sus pecados”?

CONCLUSIÓN

El Tashlij es una costumbre muy arraigada, especialmente en las comunidades sefaradíes, y por eso es ESENCIAL que los maestros y los líderes rabínicos expliquen en sus comunidades que el Tashlij NO hace desaparecer mágicamente nuestras transgresiones. Recitamos el Tashlij para recordarnos a nosotros mismos que el proceso de Teshubá es muy serio: nuestras transgresiones quedan registradas en la memoria Divina. Sin embargo, si nos arrepentimos y cambiamos, entonces le pedimos a HaShem —no a nosotros— que “arroje nuestros pecados al mar” y que los registros desaparezcan “como si se los hubiera tragado el mar”.

Una comparación moderna puede ayudar. Cuando borramos un archivo de la computadora, no desaparece: va a la papelera, y desde ahí se puede recuperar. Solo cuando vaciamos la papelera —empty trash— el archivo queda definitivamente fuera del sistema.

La Teshubá funciona igual. Nosotros hacemos la primera parte: reconocer el error, arrepentirnos, confesarlo, decidir cambiar. Eso es mandar el pecado a la papelera. Pero mientras el archivo esté ahí, todavía existe. Vaciar la papelera de nuestras transgresiones no está en nuestras manos. Eso solo lo puede hacer HaShem.

Y eso es exactamente lo que le pedimos en el Tashlij, antes de empezar los diez días de Teshubá: que, cuando nosotros hayamos hecho nuestra parte, cuando hayamos mandado nuestros pecados a la papelera, HaShem la vacíe. Que desaparezcan del sistema para siempre.

Rab Yosef Bitton




NITSABIM-VAYELEJ: ¿Llevar o no llevar a los niños a la sinagoga?

En muchas casas judías, todas las semanas, se repite la misma conversación. ¿Llevamos o no llevamos a los niños a la sinagoga? Son horas de Tefilá. Se aburren. No entienden una palabra. Y pueden molestar a los adultos. Y muchas veces la decisión es: que se queden en casa. Cuando sean más grandes y entiendan, los llevaremos.

Esta semana la Torá responde esa pregunta. Y la respuesta tiene 3,500 años.

LA ÚLTIMA CONVOCATORIA DE MOSHÉ

La sección de Nitsabim-Vayelej ocurre cuando Moshé está por morir. Sabe que no va a entrar a la tierra de Israel. Y una de las últimas cosas que hace no es una advertencia ni una despedida: es convocar una reunión cada siete años.

Esa Mitsvá se llama Haqhel, “reúne”. Al terminar el año de Shemitá, en la fiesta de Sucot, todo el pueblo de Israel debía congregarse en el Bet HaMiqdash para escuchar la lectura de la Torá. Y la Torá especifica quiénes deben estar:

“Reúne al pueblo: los hombres, las mujeres, los niños pequeños (hataf) y el extranjero que vive en tus ciudades, para que escuchen y aprendan, y respeten a HaShem tu Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta Torá” (Debarim 31:12).

Los hombres, se entiende. Las mujeres, también. Pero hataf son los niños pequeños de 4 o 6 años, o los que todavía no hablan, o van en brazos o en cochecito. ¿Por qué la Torá ordena traerlos al Templo, a un evento que consiste en escuchar un texto que no pueden comprender?

NO ES UNA CLASE

Maimónides explica por qué (Mishné Torá, Hiljot Jaguigá 3:6), y su explicación cambia por completo el sentido del evento.

Haqhel no es una clase de Torá. Si fuera una clase, en la que hay que entender todo, el que no entiende el idioma no tendría nada que hacer ahí. Pero Maimónides escribe que incluso el extranjero o converso que no comprende hebreo tiene la obligación de presentarse, prestar atención y escuchar “…con la alegría y el temblor del día en que la Torá fue entregada en el Sinaí”. Y por el otro lado: incluso los grandes sabios que ya conocen la Torá entera deben escuchar con la máxima concentración. Cada persona, dice Maimónides, “debe verse a sí misma como si en este momento le estuviera siendo revelada la Torá, y la estuviera escuchando de la boca del Todopoderoso”.

Haqhel es la Mitsvá de estar presente en un acto espiritual colectivo. Volver a vivir la experiencia del Monte Sinaí, el día en que el pueblo de Israel entero, hombres, mujeres y niños, estuvo de pie al pie de la montaña. En el Sinaí nadie preguntó si los chicos entendían. Estaban ahí. Y eso es lo que importaba. Porque de eso depende la continuidad judía: no de lo que un niño entiende, sino de dónde estuvo presente.

UNA CUNA EN LA CASA DE ESTUDIO

El Talmud Yerushalmí (Yebamot 1:6) conserva un recuerdo sobre la infancia de Ribbí Yehoshúa ben Jananiá, uno de los grandes sabios de la Mishná, contado por Ribbí Dosa ben Harkinás, un sabio muy anciano que lo conoció de niño:

“Recuerdo que su madre llevaba su cuna a la casa de estudio, para que sus oídos se apegaran a las palabras de la Torá”.

La madre de Ribbí Yehoshúa no esperó a que su hijo entendiera. Llevaba el “cochecito” del bebé, y allí el bebé absorbía las melodías de la Torá y escuchaba las voces que discutían en un idioma que todavía no conocía. Ese bebé llegó a ser uno de los sabios más grandes de la Mishná, el hombre de quien Rabbán Yojanán ben Zakay dijo: “Dichosa la que lo dio a luz” (Abot 2:8).

Mi esposa Coty siempre cuenta la historia de un niño al que su mamá llevaba a una clase de Torá que, evidentemente, no entendía. Y al niño le brillaban los ojos de alegría de ir. Un día su mamá le preguntó: “¿Entiendes algo de lo que dice este rabino?”. Y el niño respondió: “No, ¡pero sus palabras tienen gusto a helado!”.

Si le preguntas a cualquier adulto qué recuerda de los Rosh HaShaná de su infancia, casi nadie se acuerda de la derashá del rabino. Pero todos recuerdan el sonido del Shofar. La melodía y las lágrimas del Oqued vehaneeqad. Los Cohanim en el Dujan, sin zapatos y con sus cabezas cubiertas. Estar bajo el talet del padre o del abuelo, y sus manos bendiciendo. Todo lo que un niño se lleva de la sinagoga entra por los oídos y por los ojos, no por el intelecto. Y esas son exactamente las cosas a las que va a querer volver veinte o treinta años después, cuando decida que quiere que sus propios hijos las experimenten.

Moshé no convocó a los niños al Templo por lo que fueran a aprender. Los convocó para que estén, lo disfruten, y quieran volver.

EL DILEMA DE LOS NIÑOS

La mayoría de los Baté Kenéset que conozco tiene un programa para niños, para que no corran por la sinagoga en los momentos de Tefilá o de lectura de la Torá en los que los adultos deben estar concentrados, y expuestos a la menor cantidad de ruido posible. Y no siempre funciona a la perfección, porque es imposible tener una sinagoga a prueba de ruidos cuando hay niños en el mismo edificio. Pero es indispensable que los niños vengan al Bet HaKenéset. Y que “la pasen bien”: que la experiencia de la sinagoga no sea la de un adulto que les grita, sino la de un lugar donde son bienvenidos, con premios y actividades pensadas para ellos.

Una sinagoga sin niños no tiene futuro. Ni presente. Los niños son en la sinagoga como las flores en el Bet HaMiqdash: le dan vida, color, alegría. Si en algún momento hay un poco más de ruido, es un precio pequeño por lo que significa tenerlos, y que experimenten Haqhel: reunirse con sus mayores frente a Dios, escuchando la Torá.

Hay que alentar los Minyanim para niños, con premios y regalos, para que se vayan de la sinagoga con ganas de volver. Que asocien la experiencia en el Bet HaKenéset con alegría y sentimientos positivos, y no al revés. No hay mejor fórmula para el futuro de una comunidad que alentar a los niños para que lean la Torá de chiquitos, que lean el Maftir a los 4 o 5 años (como hacemos en mi Bet HaKenéset, donde les hacemos una fiesta y regalos cada vez que un niño lee por primera vez).

El futuro de Am Israel depende de que nuestros hijos se conecten al Bet HaKenéset con alegría.

Rab Yosef Bitton




RESUMEN DE NITSABIM-VAYELEJ

Este Shabbat leemos dos Parashiyot juntas: Nitsabim y Vayelej.

EXILIO

Cuando la vida de Moshé está llegando a su fin, reúne a todo el pueblo de Israel —hombres, mujeres y niños de la nueva generación— para reafirmar el Pacto (berit) con HaShem que se había celebrado cuarenta años antes en el monte Sinaí, donde se estableció que el pueblo de Israel es la nación de Dios. Moshé les recordó que este Pacto seguirá por todas las generaciones, y les advirtió que no se dejaran tentar por el estilo de vida idólatra que conocieron en Egipto, en las naciones que encontraron durante su travesía por el desierto y en las que encontrarán en la tierra de Canaán. Moshé advirtió al pueblo sobre su responsabilidad comunitaria e indicó que si no siguen el camino de Dios, no podrán seguir habitando la tierra de Israel y serán exiliados a causa de sus pecados.

TESHUBÁ (= REGRESO A ISRAEL)

Esta increíble sección de la Torá también anticipa que, finalmente, desde el exilio, el pueblo de Israel volverá a Dios con todo su corazón, y Él los ayudará a regresar a Israel desde los rincones más lejanos del planeta y los devolverá a la tierra de sus antepasados, donde vivirán bajo Su protección y con Su bendición. Cuando HaShem reúna a los exiliados de Su pueblo, los judíos volverán a servirle y serán bendecidos con abundancia en el trabajo de sus manos, en el fruto de su vientre, de su tierra y de su ganado.

LA TORÁ ES ACCESIBLE

Moshé exhortó al pueblo a seguir los preceptos del Pacto (= la Torá), informándoles que “no es inalcanzable ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo… ni al otro lado del mar… más bien, está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas”. Moshé le dice al pueblo de Israel que tiene la libertad para elegir entre el bien y el mal, la vida y la muerte. Su elección determinará si serán o no beneficiarios de las bendiciones de HaShem. Moshé imploró al pueblo de Israel que eligiera la vida.

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE MOSHÉ

Moshé informa al pueblo que ya tiene 120 años y que no se le permitirá cruzar el río Jordán para acompañarlos a la tierra de Israel. En su lugar, Yehoshúa los guiará, y HaShem irá delante de ellos y destruirá a sus enemigos en la conquista de Canaán. Moshé exhortó a los israelitas a ser fuertes y no temer a sus enemigos. Moshé convocó a Yehoshúa y le dijo que sea fuerte y valiente, porque HaShem irá delante de él y no lo abandonará.

Luego, Moshé escribió toda la Torá, los Cinco Libros o Pentateuco, y la entregó a los Cohanim (sacerdotes) y a los ancianos de Israel. Moshé le ordenó al pueblo que se reúna cada siete años, durante la festividad de Sucot: todos los hombres, mujeres y niños, para escuchar al rey leer públicamente la Torá. (Con el pasar del tiempo, se estableció que la Torá se leería públicamente todos los lunes, jueves y Shabbat, por la mañana y por la tarde, y también en las festividades).

ÚLTIMA ADVERTENCIA

HaShem le ordenó a Moshé que entrara al Ohel Moed junto con Yehoshúa. HaShem se presentó a ambos y les informó que, en el futuro, los Yehudim abandonarían el camino de Dios, traicionarían el Pacto y seguirían a los dioses paganos. En ese momento, HaShem ocultará Su rostro —es decir, Su protección— y quedarán a merced de sus enemigos. Por lo tanto, HaShem dice: “Escriban este poema”, que será un canto testimonial en sus bocas, para que recuerden que cuando Dios no los está protegiendo no es porque Él no existe, sino porque el pueblo se ha alejado de Él. Este cántico es la lectura de la Torá de la semana que viene, Shabbat Shubá: Parashat Haazinu.

LA TORÁ ES RECIBIDA POR EL PUEBLO

Moshé tomó el libro de la Torá recién concluido y lo entregó a los levitas. Les instruyó que lo colocaran junto al Arca que contenía las Tablas. Luego, Moshé reunió a toda la nación para que escuche el cántico, en el que invocará a los cielos y a la tierra como testigos de que los judíos fueron advertidos sobre las consecuencias de sus acciones.




La sinagoga y la casa de los abuelos

Siempre que veo a un niño o una niña jugando en los escalones que suben al Arón HaQódesh me acuerdo de este cuento, que creo que es una historia verídica.

Se cuenta que, en la España de la Inquisición, el rey, que quería convencer a Don Isaac Abravanel de convertirse al cristianismo, le preguntó un día: “¿Cómo me explicas que en la iglesia reine un respeto y un silencio absoluto, tanto los grandes como los chicos, mientras que en tu sinagoga hay siempre niños corriendo por los pasillos?”.

Abravanel le respondió sin eufemismos: “Majestad, en un velorio la gente se comporta ante un muerto en silencio, con temor y con la máxima reverencia. Todo es muy formal y nadie se mueve de su asiento. Pero en la casa de los abuelos, los niños se sienten como en su propia casa y a veces saltan o juegan y la pasan bien. Para nuestros niños —le dijo— la sinagoga no es una casa de duelo: es como la casa de los abuelos”.




TESHUBÁ: Soy lo que haga con mi vida en los próximos 5 minutos

Estamos en Elul, el mes del balance. Y para hablar de balances, nadie mejor que Maimónides.

En el tercer capítulo de Hiljot Teshubá, Maimónides explica que en términos de comportamiento hay tres categorías de personas: el tsadiq, el rashá y el benoní. El tsadiq (la persona justa) es aquel que ha hecho más bien que mal. El rashá (la persona mala) es aquel cuyo balance de buenas y malas acciones es negativo. Y el benoní —la persona promedio, algo así como “el hombre mediocre” de José Ingenieros— es aquel cuyas buenas y malas acciones están en equilibrio.

Hasta acá, nada sorprendente: parece un cuadro de puntaje. Puntos azules, puntos rojos, y una suma al final.

Pero unas líneas más adelante Maimónides desarma el cuadro.

LA CUENTA QUE NADIE PUEDE HACER

Este cálculo, dice Maimónides, es inaccesible para nosotros. No depende de la “cantidad” de preceptos observados o transgresiones cometidas. La evaluación real solo la conoce Dios.

¿Por qué? Porque solo Dios conoce, por ejemplo, el verdadero potencial de cada uno. Si mi potencial para hacer el bien es 10 —porque tengo los medios, el tiempo, la salud, el conocimiento— pero llegué apenas a 7, tengo menos mérito que la persona cuyo potencial era 5, porque no tuvo mis posibilidades, y llegó a 5. En la aritmética del Cielo, 5 puede valer más que 7.

Y solo Dios conoce las fuerzas psicológicas que empujan a cada persona. Para alguien que creció en un ambiente donde mentir era la norma, decir la verdad es una batalla diaria y cada victoria vale muchísimo. Para otro, criado en una casa donde jamás se escuchó una mentira, decir la verdad no tiene demasiado mérito: le sale solo.

Conclusión: el saldo de mis méritos es inaccesible. No solo para mi vecino, que me juzga por lo que ve. También para mí mismo.

LA PREGUNTA INCÓMODA

Este pensamiento conduce a Maimónides a una pregunta muy práctica: si no puedo saber si a los ojos de Dios soy una buena o una mala persona, ¿cómo tengo que verme a mí mismo?

Las dos respuestas obvias son dos trampas.

Si me veo como un tsadiq, me estanco. Ya está, ya cumplí, tengo mérito acumulado. Es más: empiezo a sentir que tengo “crédito” para permitirme algunos pecados, como el de hacer dieta toda la semana y premiarme el domingo.

Si me veo como un rashá, es peor. Los rabinos le pusieron nombre a ese estado: yeush, el abandono psicológico. Ya está, ya soy así, no tengo remedio, ¿para qué intentar? El que se declara irrecuperable queda liberado de mejorar.

Una respuesta produce inercia. La otra produce parálisis. Las dos matan la Teshubá.

EL SECRETO: 50/50

Maimónides, que además de sabio era un genial educador, propone entonces algo que hoy llamaríamos psicología conductista: una persona debe percibirse a sí misma, siempre, en un perfecto estado de equilibrio. 50 y 50. Como si mis méritos y mis faltas estuvieran en un balance exacto, delicadísimo — y la próxima acción que realice fuera a inclinar la balanza hacia un lado o hacia el otro.

Mi próxima decisión moral —hacer una Mitsvá o dejarla pasar, cometer una transgresión o frenar— no es un punto más en una lista larga. Es LA decisión. La que define, ahora mismo, si soy una buena o una mala persona.

Y Maimónides agrega algo más audaz todavía: no solo yo estoy en equilibrio. El mundo entero lo está. Con una sola buena acción, escribe, una persona puede inclinar la balanza propia — y la del mundo entero — hacia el lado del mérito.

Pensalo la próxima vez que estés por decidir algo pequeño: según Maimónides, en ese instante tenés el mundo en las manos.

LOS PRÓXIMOS 5 MINUTOS

Fijate lo que Maimónides logró con este planteo. La pregunta “¿soy una buena persona?” mira hacia atrás, hacia una cuenta que no podemos hacer ni nosotros. Maimónides la da vuelta: no importa el saldo, que solo Dios conoce. Importa el próximo movimiento, que depende solo de mí.

Por eso Elul no nos pregunta quiénes fuimos. Nos pregunta otra cosa, mucho más urgente y mucho más generosa: ¿qué vas a hacer en los próximos cinco minutos?

Yo soy eso. Soy lo que haga con mi vida en los próximos cinco minutos.




Rab Isaac Arama (1452-1515), y los 6 principios de la fe judía

Aragón, España. Segunda mitad del siglo XV. Cada tanto, los pregoneros de la iglesia recorren el barrio judío con un anuncio: este domingo, asistencia obligatoria al sermón.

Y los judíos van. No tienen opción: es la ley. Entran a la iglesia, se sientan en los bancos, y escuchan a un fraile explicarles, durante una hora, por qué su religión es falsa, por qué sus abuelos estaban equivocados, por qué deberían abandonar la Torá.

Entre los que están obligados a escuchar, semana tras semana, está el rabino de la comunidad: Rab Yitzhak Arama.

Pensemos un momento en su situación. Su gente sale de esos sermones confundida, humillada, llena de preguntas que nadie le enseñó a responder. Algunos empiezan a dudar. Otros, agotados por la presión, terminan convirtiéndose.

¿Qué hace un rabino en esa situación?

Rab Arama respondió con lo que tenía: pronunciar mejores sermones.

EL INVENTOR DE LA DERASHÁ

El Rab Arama entendió algo que hoy nos parece obvio, pero que en su época fue una revolución: no basta con explicar el texto de la Torá. Hay que conquistar la mente y el corazón del que escucha.

Su método era así. Primero tomaba una gran idea —la fe y la razón, el sufrimiento, la libertad— y la desarrollaba sola, sin tocar todavía el versículo. El público escuchaba lo que parecía una reflexión sobre la vida. Recién después abría el texto de la parashá, mostraba todos sus ángulos y resolvía con una hermosa explicación la idea que había planteado. Y de pronto, todo cerraba. El que escuchaba no se llevaba solo una explicación: se llevaba una experiencia intelectual y emocional. Salía de la sinagoga con una respuesta para el sermón que estaba obligado a escuchar el domingo en la iglesia.

Sus sermones se convirtieron en un libro: Aqedat Yitzhak, “la atadura de Yitzhak” — un juego con su propio nombre. El libro fue tan influyente que durante siglos los predicadores judíos de todo el mundo lo usaron como modelo de sus Derashot o sermones rabínicos.

SEIS PRINCIPIOS

Tres siglos antes, Maimónides había formulado los famosos trece principios de la fe judía. Arama los conocía perfectamente, y los respetaba.

Pero Maimónides escribió para comunidades que discutían ideas dentro de un ambiente más o menos amistoso. El Rab Arama predicaba para gente acorralada, que volvía cada domingo de un sermón proselitista y hostil, que veía a sus vecinos convertirse, que necesitaba saber —en pocas palabras, palabras que se pudieran llevar puestas— ¿qué era exactamente lo innegociable? ¿Lo que ni siquiera se podría disimular?

Entonces hizo algo muy práctico: resumió. No corrigió a Maimónides; adaptó. Redujo la fe judía a seis principios. Seis ideas que un judío de a pie pudiera recordar, defender y transmitir a sus hijos en el peor momento de la historia de los judíos de España.

Y si los miramos de cerca, cada uno responde a una pregunta que su comunidad se estaba haciendo:

  1. El mundo fue creado por Dios. No es eterno, no es un accidente. Tiene un Autor — y por lo tanto, un propósito.
  2. Dios hace milagros. Interviene. El mundo no es una máquina cerrada donde nada puede cambiar. El que creó las reglas puede intervenir. Para un pueblo que necesitaba un milagro, no era un detalle técnico.
  3. La Torá es Divina. Lo que el fraile atacaba cada domingo no era una tradición humana más: era la palabra de Dios. No se negocia. Ni se reinterpreta a conveniencia.
  4. Dios supervisa el mundo. La providencia. Dios no creó el mundo para después desentenderse. Ve, sabe, acompaña. El judío humillado del banco de la iglesia no estaba abandonado.
  5. La Teshubá. Siempre se puede volver. Palabras enormes para una generación en la que tantos habían cedido a la presión: la puerta no se cierra nunca, para nadie.
  6. El alma es inmortal. Te pueden quitar la casa, el dinero, la tierra. Hay algo que no te pueden quitar. La historia no termina acá. Tu sufrimiento aquí tiene un significado. Y tus enemigos pagarán por lo que hicieron.

Creación, milagros, Torá, providencia, Teshubá, inmortalidad. Seis anclas para no ser arrastrado por la tormenta de la Inquisición.

1492

En 1492, los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de España. Arama, ya anciano, salió con su comunidad al exilio y llegó a Nápoles, Italia.

Allí lo esperaba un amigo: Don Yitzhak Abarbanel, el gran comentarista y ex ministro de los reyes de España, expulsado de la Península como él. Los dos sabios pasaron juntos esos últimos años, estudiando. Dos de las mentes más brillantes del judaísmo español, refugiados los dos, sosteniéndose el uno al otro con lo único que se habían podido llevar: la Torá.

Rab Yitzhak Arama murió en Nápoles en 1494, dos años después de la expulsión.

La España judía que él conoció desapareció. Pero cada vez que un rabino, en cualquier lugar del mundo, empieza una derashá con una historia o una pregunta de la vida antes de llegar al versículo — está usando el método que inventó un rabino de Aragón para defender a su gente.