YITRO: ¿Por qué el pueblo de Israel mereció recibir la Torá? La humildad de Moisés

En la Perashá de esta semana, Yitró, encontramos un pasuq EXTRAORDINARIO que, cuando lo leemos con atención, nos ayuda a descubrir una de las maravillosas cualidades de nuestro pueblo, que contribuyó al mérito de recibir la Torá.

וַיֵּ֥שֶׁב מֹשֶׁ֖ה לִשְׁפֹּ֣ט אֶת־הָעָ֑ם וַיַּעֲמֹ֤ד הָעָם֙ עַל־מֹשֶׁ֔ה מִן־הַבֹּ֖קֶר עַד־הָעָֽרֶב

«Y Moshé se sentaba a juzgar al pueblo; y el pueblo esperaba [para ver] a Moshé desde la mañana hasta la noche» (Shemot 18:13).

Este pasuq, aparentemente, se refiere a Moshé y a su increíble humildad. Moshé actúa como árbitro y mediador de litigios desde la mañana hasta la noche. Cuando llega Yitró y le dice a Moshé que debe delegar responsabilidades y asignar jueces y cortes menores, Moshé acepta el consejo de su suegro y así procede. Lo extraordinario de este gesto es que Moshé podría haberle dicho a su suegro: «Yo no preciso tu consejo. ¿No sabes que YO HABLO DIRECTAMENTE CON DIOS?» o algo así. Este pasuq nos demuestra por qué Moshé fue llamado por la Torá “el hombre más humilde que hubo sobre la faz de la tierra”, lo cual solo se puede decir de alguien que actúa con la máxima humildad, teniendo todas las razones para sentirse superior a los demás…

NI LEY NI ORDEN

Pero, si bien este pasuq se refiere explícitamente a Moshé, cuando nos ponemos a examinarlo un poco más detenidamente, descubriremos algo maravilloso.

En la historia de la humanidad hubo muchos motines de esclavos que se rebelaron contra sus amos y escaparon hacia la libertad. En los tiempos del Imperio romano (70 aec), por ejemplo, el gran gladiador Espartaco encabezó la rebelión que permitió a unos 70,000 esclavos liberarse de Roma. Pero una vez que fueron libres, los esclavos se comportaron con anarquía y crearon innumerables conflictos violentos. La rebelión de Espartaco fracasó porque no había una disciplina interna. Todo era caos, y lo que imperaba era la ley de la selva. Sin disciplina y sin orden, la rebelión colapsó.

LA CIVILIZACION JUDIA

Veamos ahora nuevamente qué dice nuestro pasuq. Hace solo unos días, los esclavos hebreos obtuvieron su libertad. No estamos hablando de 100, 1,000 o 70,000 personas. Contando a las mujeres, los ancianos y niños, se calcula que eran por lo menos 3 millones de individuos. «Caos» y «anarquía» era lo previsible.

Sin embargo, los individuos del pueblo de Israel decidieron espontáneamente resolver sus pleitos y conflictos sin recurrir a la violencia, sino de una manera increíblemente civilizada: ¡acudiendo a Moshé para pedir su mediación en los conflictos! Imaginemos a dos esclavos físicamente fuertes, acostumbrados a la violencia de la esclavitud y a recibir golpes. Ahora tienen un problema: «¡Esta gallina es mía!», dice uno. «¡No! ¡Es mía!», dice el otro. ¡Normalmente, en una sociedad sin ley ni orden, este conflicto se resuelve con una pelea, y la gallina queda en las manos del más fuerte!

Increíblemente, espontáneamente y sin instrucción divina (hasta ese momento ¡no había ninguna orden de HaShem respecto a cómo debía resolver el pueblo sus conflictos internos!), estos esclavos deciden solucionar sus disputas de otra manera: esperando su turno, pacientemente, desde la mañana hasta la tarde para que Moshé medie en sus conflictos.

EL PASUQ MAS SUBESTIMADO

¡Este puede ser el versículo más relevante de la Torá en cuanto a las excepcionales virtudes innatas del pueblo de Israel! Y a mí me deja pensando: Hasta ese momento, la Torá mencionó que HaShem iba a liberar a Israel de Egipto, tomarlo como Su pueblo y llevarlo a la tierra de Israel. ¡Pero la Torá nunca mencionó que HaShem iba a darle una Ley a Israel! ¿Estará insinuando este pasuq que fue Israel quien dio el primer paso para merecer el más extraordinario código de leyes, la Torá, la Constitución del pueblo judío que viene directamente de Dios?

Para pensarlo…




YITRO: ¿Qué dice el Tercer Mandamiento?

La parashá de esta semana, Yitró, menciona los Diez Mandamientos, el código de leyes más importante de la humanidad. Analizaremos el Tercer Mandamiento.

“No tomarás el nombre de Dios en vano, porque Dios no dejará impune a quien tome Su nombre en vano.”

¿Qué dice este Mandamiento? ¿Qué significa “No tomarás el nombre de Dios en vano” y por qué es una ofensa tan grave hacia Dios? Voy a presentar una explicación basada en las palabras del rabino Shelomo Amar, gran Rabino de Jerusalem, que explora una perspectiva diferente sobre el significado de este mandamiento.

El rab Amar cita al Midrash Tanjumá:

מה תלמוד לומר לא תשא את שם ה’ אלהיך לשוא, שלא תהא תפילין נושא וטלית עוטף והולך ועובר עבירות. (Midrash Tanjumá, Kedoshim 15).

“…que no esté uno vistiendo su Tefilin y Talit y cometiendo pecados”

Convencionalmente, entendemos “Lo Tisá” como “no tomar el nombre de Dios a la ligera”. Pero el verbo Tisá se puede interpretar también como “llevar” o “cargar”, y en este sentido nos enseña que no podemos aprovecharnos de nuestra apariencia religiosa para fines banales, mundanos o fraudulentos.

El Midrash Tanjumá relata la historia de un comerciante judío que viajaba de ciudad en ciudad y que, un viernes, llegó a un pueblo llevando una gran cantidad de dinero. Al no saber dónde dejarlo, fue a la sinagoga y vio a un hombre judío estudiando, con su Tefilín en la cabeza. Eso le inspiró confianza y sin dudarlo, le entregó el dinero y le pidió que se lo cuidara hasta después de Shabbat.

Al finalizar Shabbat, el comerciante fue a la casa del hombre para recuperar su dinero. Pero, para su sorpresa, el hombre le dijo que nunca lo había visto ni había recibido dinero alguno de él. El comerciante regresó a la sinagoga y rezó a Dios diciendo: “Amo del mundo, yo no confié en ese hombre porque lo conocía; de hecho, era la primera vez que lo veía. Pero confié en él porque llevaba TU nombre sobre su cabeza, en su Tefilín.”

La historia tiene un final feliz: Eliyahu Hanabí se le apareció al comerciante en un sueño y le reveló el código secreto, PIN. que le permitió recuperar su dinero.

Pero esta historia, si bien es un ejemplo extremo y muy poco común, nos deja una lección: “No cargarás o llevarás el nombre de Dios en vano” significa que no debes presentarte o verte como alguien piadoso o religioso a fin de obtener beneficios personales. No “uses” el nombre de Dios para tu propio interés.

El hombre que llevaba el nombre de Dios en su Tefilín presentaba una imagen de piedad y honestidad que hizo que un desconocido lo juzgara automáticamente como una persona decente. El mismo criterio se podría aplicar para otros símbolos visibles de identidad judía o religiosidad, como la Kippá.

Si actuamos de manera deshonesta o inapropiada, obviamente está muy mal. Pero si actuamos mal mientras llevamos y cargamos estos símbolos que identifican en nosotros la Presencia Divina, estamos cometiendo una transgresión adicional mucho peor: Jilul Hashem, profanar el nombre de Dios, al transgredir el Tercer Mandamiento, que nos advierte claramente que: “Dios no dejará impune a quien cargue con Su nombre en vano.”

Como decía uno de mis maestros: “No hay que mostrarse más religioso de lo que uno es. Hay que ser más religioso de lo que uno se muestra”.




RESUMEN DE BESHALAJ

EL FARAON SE ARREPIENTE
Después de que el faraón expulsa, y así libera de la esclavitud, a los hebreos de su tierra, Dios no los guía por la ruta más directa hacia la Tierra Prometida, porque un enfrentamiento con el enemigo los impulsaría a regresar a Egipto. Dios los lleva por la ruta del desierto, guiándolos con una columna de nube durante el día y una columna de fuego por la noche. Dios luego ordena a los judíos que retrocedan y acampen a lo largo del Mar Rojo. Al faraón le parece que los judíos están perdidos en el desierto y los mueve a perseguirlos. El Faraón decide entonces partir tras los judíos y arrinconarlos. Cuando los Yehudim ven que llegan los egipcios con su ejército entran en pánico y le gritan a Moshé. “¿Acaso no hay tumbas en Egipto que nos has traído a morir en el desierto?”. “No tengas miedo”, aseguró Moshé. “Manténgase quietos y verán la salvación de Dios hoy … que Dios peleará la guerra por ustedes”.
EL MAR SE ABRE
Dios instruye a Moshé: “¡Habla con los hijos de Israel y diles que avancen…!” Dios ordena a Moshé que extienda su vara sobre el mar y lo divida para que los judíos avancen en medio del mar. “Y así los egipcios sabrán que yo soy Dios, cuando sea glorificado por el Faraón y sus ejércitos”. Mientras tanto, la columna de nube que guiaba a los judíos en el frente se posiciona atrás de ellos, separando a los hebreos de sus enemigos e impidiendo que los egipcios avancen. Moshé extiende su vara y el mar se parte en dos columnas. Los judíos atraviesan el lecho del mar, completamente seco, cruzando el límite del territorio egipcio hacia su libertad definitiva.
SALVACION Y AGRADECIMIENTO
Los egipcios deciden perseguirlos y avanzan hacia el mar dividido. Moshé extiende su mano sobre el mar, las aguas colapsan y se cierran sobre los egipcios ahogándolos en el mar. Al ver esto, y ya en la otra orilla del mar, Moshé y los hebreos comienzan a cantar, alabando a Dios por el maravilloso milagro que habían presenciado. Miriam, la hermana de Moshé, dirige a las mujeres a cantar y bailar, con instrumentos musicales.
AGUA y MANA
Los hebreos comienzan ahora su travesía por el desierto y pasan 3 días caminado sin encontrar agua. Cuando llegan a Marah encuentran agua salada. Por indicación divina Moshé endulza el agua y el pueblo bebe. Luego de un tiempo, las provisiones que los judíos habían traído desde Egipto comienzan a agotarse. Se quejan a Moshé, diciendo que extrañan los manjares de Egipto que dejaron atrás. Dios les responde asegurándoles que desde el cielo para descender un alimento especial y que les proporcionará carne por las noches. Un ejército de codornices aparece al anochecer y cae directamente sobre el campamento de los judíos que así tienen carne para consumir. Por la mañana, un alimento llamado “maná”, cae desde el cielo, escondido en el rocío matutino. Moshé les dice a los hebreos que recojan una porción limitada de maná diaria para cada miembro de la familia. Y les dice que no acumulen “maná” de un día para el otro, ya que el maná extra se va a pudrir. Los que ignoraron esta indicación encontraron que a la mañana siguiente el maná estaba infestado de gusanos. El viernes, por indicación Divina, todos recogen dos porciones de “maná”: la segunda porción debía separarse y ser reservada para Shabbat, ya que en Shabbat no descendería maná. Una vez más, algunos judíos ignoran la directiva de Moshé y salen a recoger maná en Shabbat. Dios le ordena a Moshé tomar un frasco de maná y en el futuro colocarlo en el Arca Sagrada como testimonio de este milagro para todas las generaciones futuras.
 Los israelitas siguen su travesía en el desierto y cuando llegan a Refidim otra vez se les acaba el agua. Se quejan a Moshé. Dios le ordenó al líder judío golpear una roca con su vara y el agua comienza a brotar de la roca y el pueblo puede beber.
ATAQUE SORPRESA
Sorpresivamente, los Amalequitas -nómadas del desierto- atacan a los judíos. Moshé le ordena a su discípulo Yehoshúa que reúna un ejército y luche contra Amaleq. Yehoshúa cumple la orden de Moshé y los judíos salen victoriosos de esta batalla con asistencia Divina. Dios instruye a Moshé para que registre por escrito que HaShem borrará la memoria de Amaleq sobre la tierra, y que los judíos no lo debemos olvidar.



BESHALAJ: La segulá del maná

Al salir de Egipto y adentrarse en el desierto, el pueblo de Israel comenzó a sufrir la escasez de agua y alimentos. En ese momento se produce uno de los mayores milagros de la historia bíblica: Dios hace descender el maná (en hebreo «man»), un alimento milagroso con propiedades nutritivas especiales.

Dios le explica al pueblo a través de Moshé cómo deben comportarse respecto a este “alimento que llega desde el cielo”. Estas instrucciones no son técnicas sino esencialmente educativas. Y por siglos los judíos hemos aplicado estas mismas instrucciones Divinas a la forma en que pensamos y a la manera que actuamos respecto a nuestro trabajo, y administramos nuestro dinero y nuestras posesiones materiales.

Hay tres instrucciones fundamentales respecto al maná, todas muy relevantes para el hombre moderno.

¿DE DÓNDE LLEGA MI DINERO?

En primer lugar, el maná nos recuerda que la comida, lo que necesitamos para la satisfacción de nuestras necesidades materiales, “llega del cielo”. Esto no significa que no debemos trabajar para ganarnos el pan. De hecho, el maná no caía en la puerta de la casa de los judíos, ni llegaba por Amazon delivery. Había que salir fuera de casa y esforzarse para recogerlo.

Lo fundamental es recordar que a pesar de que uno trabaje y se esfuerce, en última instancia nuestro sustento (parnasá) está determinado «desde los cielos», como el maná. El campesino puede trabajar de sol a sol sembrando su tierra, pero si Dios no provee la lluvia, no tendrá lo que comer. Un empresario puede ser muy inteligente y trabajador, pero si sufre un accidente se enferma, su sustento se verá afectado.

La primera lección del maná es que el trabajo tiene que estar acompañado de la Emuná, la convicción, de que en última instancia es HaShem quien determina lo que voy a tener para comer y cuánto me va a faltar o B»H sobrar.

La Emuná es esencial para enfrentar y vencer una de las complicaciones más prevalentes en el área de salud mental: la ansiedad. Cuando no ponemos en práctica nuestra fe, las fluctuaciones en la economía, los cambios en nuestro trabajo, negocios, sueldos, etc. nos puede afectar de manera seria.

Uno tiene que salir a trabajar y hacer todo el esfuerzo necesario para recoger el maná, pero saber y ACEPTAR CON EMUNA que lo que recogemos, mucho o poco, es lo que Dios determinó que debemos tener.

NO ACUMULARÁS

En el desierto, estaba prohibido acumular el maná. Cada uno tenía que recoger solamente la cantidad de maná que necesitaba para esa jornada. Si alguien recogía de más, el maná extra se descomponía. Asi, nadie comparaba lo quer tenía con lo que poseía su vecino.

Esta segunda lección que aprendemos del maná tiene que ver entonces con la acumulación compulsiva de bienes materiales. El aprovisionamiento desproporcionado representa una expresión de falta de fe, falta de aprecio y gratitud hacia la generosidad de HaShem, que no es finita.

La EMUNA consiste en estar feliz con lo que uno tiene. Y esta actitud hacia la vida me protege de una de las peores dolencias sicológicas: la envidia y los celos. La segulá del maná me recuerda una idea fundamental: ¡No tengo necesidad de mirar a mi vecino y pensar que cuanto más tiene él, menos tengo yo! Lo más importante no es tener todo lo que uno quiere, sino querer todo lo que uno tiene.

EN SHABBAT: NO

El día viernes se debía recoger una doble porción de Man, para el viernes y para Shabbat. ¿Por qué? Porque el Man no descendía durante Shabbat. No había que salir a trabajar en Shabbat para tener comida.

Todo judío que observa el Shabbat sabe que uno puede perder negocios y ofertas de trabajo por no estar dispuesto a trabajar el séptimo día de la semana. Un comerciante judío debe sacrificar potencialmente un gran porcentaje de ventas o perderse algunas ofertas irrepetibles, porque en Shabbat no puede continuar sus negocios.

Cumplir Shabbat, como alguna vez observaron los Romanos, no es una idea comercialmente «conveniente». Pero, ¿existe acaso una mejor forma de expresar mi confianza en HaShem que demostrar mi convicción de que «no por trabajar más voy a tener más de lo que desde los cielos” han determinado para mí y para mi familia?.

Por eso, cada Shababt recordamos el maná en el numero de panes o jalot que preparamos para Shbbat y en la forma que cubrimos las jalot, por arriba y por abajo.

La SEGULA del MAN nos enseña a incrementar nuestra fe en HaShem, ser más moderados en nuestro consumismo y evitar los excesos materiales.




BESHALAJ: Miriam y la audacia del optimismo

 

ותקח מרים הנביאה את התוף בידה

Miriam, la hermana de Moshé (Moisés), fue probablemente la persona más optimista en la historia de Am Israel. Es muy posible que cuando nuestros Sabios dijeron que los judíos pudieron salir de Egipto gracias al mérito de las mujeres virtuosas, se estuvieran refiriendo especialmente a Miriam.

UNA NIÑA CONTRA EL MUNDO 

La carrera de Miriam como «profetisa del optimismo» comenzó a una edad muy temprana: cuando era una niña.
En ese momento, su padre Amram —un líder muy respetado de la comunidad judía— decidió que, a raíz del decreto del Faraón que ordenaba matar a todos los varones judíos recién nacidos, se separaría de su esposa Yojebed para no traer más hijos al mundo. “¿Para qué tener más hijos? ¿Para verlos morir?”, razonaba Amram. Todos los hombres judíos siguieron el ejemplo de Amram y, desde la desesperación, decidieron dejar de traer hijos al mundo para no ver morir a sus pequeños.

Pero allí donde todos veían muerte, desesperanza y pesimismo, una pequeña niña llamada Miriam veía las cosas desde una perspectiva diferente. Miriam visualizaba la posibilidad de un futuro mejor. Y le dijo a su padre:

“El Faraón condenó a morir solo a los niños varones, pero tus actos y tu ejemplo condenan también a las mujeres de Israel a su extinción”.

Las palabras de Miriam tuvieron un enorme impacto en su padre. Amram volvió con su esposa Yojebed y así nació Moshé.
Todos los judíos de Egipto siguieron su ejemplo. Y así Israel se salvó de su autoextinción, gracias a la audacia de una pequeña niña llamada Miriam.


¿CÓMO SUPO MOSHÉ QUE ERA JUDÍO?

Cuando nació Moshé, y antes de que los oficiales egipcios lo arrebataran de las manos de su madre para arrojarlo al río, Yojebed lo llevó al Nilo y colocó la canastilla con su bebé en el río.

Cuando todos preveían un final inevitable y trágico —que el pequeño fuera devorado por los cocodrilos—, la joven hermana del bebé, Miriam, que ya era una adolescente, tuvo la audacia de tener esperanza. Guiada por un optimismo irracional —o profético— caminó al lado de la canastilla de su hermano, y su increíble visión se cristalizó: Moshé fue rescatado por la última persona que alguien hubiera imaginado, la propia hija del Faraón, Batyá, quien decidió adoptarlo. En ese momento Miriam se hizo presente desde la nada y con mucha valentía le sugirió a la madre adoptiva que el bebé fuera amamantado por una mujer hebrea antes de llevarlo al palacio: esa mujer hebrea era Yojebed, ¡la madre de Moshé! 
Lo que muchas veces no notamos es que fue gracias a esta extraordinaria intervención de Miriam que Moshé fue criado por su propia madre, y así supo que era judío. Y fue así como, años más tarde, decidió salir a ayudar a sus hermanos.

Fue gracias a Miriam que nació Moshé, y fue gracias a Miriam —y a su obstinado optimismo— que Moshé supo que era judío. Gracias a Miriam,  Moshé se transformó en el líder del pueblo judío.


CELEBRAR POR ANTICIPADO

En la Parashá de esta semana encontramos otra evidencia del increíble espíritu optimista de Miriam.
La salida de Egipto fue presurosa, el “timing”, sorpresivo.  “Hay que salir ya, en mitad de la noche. Hay que viajar con lo que llevamos puesto y dejar todo lo demás atrás”.

Me imagino que los hombres pensaban principalmente en llevar los objetos de valor, y las mujeres judías, habrán pensado en llevar la mayor cantidad de comida posible para sus familias.  

En ese momento también surgían muchos miedos:
¿Tendremos comida y agua suficiente? ¿Encontraremos sombra?  ¿Habrán animales en el desierto: serpientes, escorpiones? ¿Nos atacarán los bandidos?

A la hora de salir de Egipto, todos estaban preocupados por los riesgos de lo desconocido y los peligros de la travesía.
Todos, con una sola excepción: Miriam. Cuando Miriam hizo sus valijas, lo primero que cargó fueron sus tupim, sus panderetas. ¿Pero para qué iban a servir las panderetas? ¿Para qué llevar cosas de más, un instrumento musical?

Miriam tomó las panderetas porque pensó en celebrar. Porque cuando todos veían peligros y dificultades, e imaginaban un escenario incierto y problemático, Miriam se atrevió a pensar distinto.

Nadie sabía ni imaginaba que HaShem abriría el mar y que el pueblo de Israel cruzaría hacia su libertad. Pero, aun sin saber exactamente qué celebraría, Miriam tuvo la audacia de pensar en la libertad, en la victoria y en la celebración.

Y se dijo a sí misma: “Hay que estar preparados para cantar y agradecerle a HaShem por todo lo que hizo por nosotros”.

¡Y así fue! Cuando el pueblo de Israel cruzó el mar, Miriam fue la primera mujer en salir con sus panderetas, a celebrar la libertad e invitar a las mujeres de Israel a cantar y bailar en agradecimiento a Dios. 

Cuando todos imaginaron los peligros de la travesía, Miriam tuvo la audacia de visualizar la libertad, la celebración y la gratitud a Dios.




Jerusalem y los gallos de riña

Un día, el sultán de Turquía —el hombre más poderoso de la tierra— mandó llamar a un rabino y le dijo:

—Ustedes, los judíos, son pocos y débiles. No tienen país ni gobierno propio. No tienen soldados ni ejército, y son perseguidos por todos. ¿Cómo es posible que sigan creyendo en las profecías que anuncian que algún día regresarán a Jerusalem? Jerusalem es la ciudad más importante del mundo. Todos la desean. Nosotros, los otomanos, luchamos durante siglos contra los cristianos para gobernarla. Lo que ustedes pretenden —regresar a Jerusalem y gobernarla— es absurdo… y arrogante. Quiero que me expliques cómo, según tú, esas profecías podrían llegar a materializarse. Y no quiero que me hables de milagros. Explícamelo desde un punto de vista militar, terrenal, natural.

El sabio pensó unos instantes y respondió:

—Necesito tres días para preparar mi respuesta. Pero antes debo pedirte algo: si mis argumentos no te gustan o te resultan ofensivos, prométeme que no me castigarás.

El sultán, intrigado, aceptó.

Tres días después, el rabino regresó al palacio y pidió que prepararan un pequeño ring para gallos. Había traído cinco gallos de riña, a los que había dejado sin comer durante dos días, y también un pequeño pollito, débil e indefenso.

Colocó a los gallos y al pollito dentro del ring. Luego sacó de su bolsillo unos granos de maíz y los arrojó al centro.

De inmediato, los gallos comenzaron a pelear con una furia increíble. Se picoteaban ferozmente, se herían sin piedad. Uno tras otro fueron cayendo, exhaustos y ensangrentados. El último gallo, cubierto de heridas, cayó finalmente al suelo, sin fuerzas para moverse.

Entonces, desde un rincón, apareció el tímido pollito. Y sin que ningún gallo lo molestara, comenzó tranquilamente a comer el maíz.

El rabino se volvió hacia el sultán y le dijo:

—Jerusalem es el maíz. Las grandes potencias son los gallos de riña que luchan entre sí con violencia para dominarla. Se desgastan, se hieren y se destruyen unas a otras. Y cuando ya no les quedan fuerzas, el pueblo de Israel —la nación más pequeña y aparentemente más vulnerable— aparece en escena como el tímido pollito… y al final se queda con el maíz.

El sultán guardó silencio. Porque entendió que hay pueblos que no se levantan de sus cenizas por la fuerza de las armas, sino por la fuerza de su persistencia, su fe y su esperanza.




YERUSHALAYIM DEL REY DAVID

“בּוֹנֵה יְרוּשָׁלַ‍ִם ה׳”

David haMelej no describe una construcción común de la ciudad capital. No la atribuye únicamente a la acción humana, sino a la intervención Divina. La reconstrucción de Yerushalayim es un milagro visible.

Hace más de cuarenta años, yo era madríj (counselor) de grupos de jóvenes de México que llegaban al CES (Centro Educativo Sefaradí) en la Ciudad Vieja. Recuerdo que una mañana viajábamos en autobús desde la Ciudad Vieja hacia el shuk, junto al Rab Baruj Garzón. Al detenernos en un semáforo, el Rab tomó el micrófono y nos dijo:

—¡Mirad, mirad el milagro que está frente a vuestros ojos!

Todos miramos por la ventana, pero no veíamos nada especial: solo veíamos a obreros árabes trabajando en un pequeño edificio en construcción. Entonces el rabino agregó, con su inconfundible acento español::

“Lo que estáis viendo es un milagro. Las mismas manos que queiren destruir este país, lo están construyendo.”




PARASHAT BO: El Faraón y la adicción al juego

Cada vez que leo esta Parashá, quedo perplejo y fascinado por la conducta del Faraón. Nuestra Parashá comienza con la octava plaga: las langostas. Por primera vez, el Faraón admite que se ha equivocado. Permítanme leerles la declaración del Faraón: “He pecado ante HaShem, vuestro Dios… y ahora, por favor, perdonad mi pecado solo esta vez y rezad a HaShem, vuestro Dios, para que quite de mí esta plaga mortal”. Moshé rezó a HaShem y la plaga terminó inmediatamente. Pero, increíblemente, una vez libre de las langostas, el Faraón cambia de opinión nuevamente y se niega a dejar salir a Am Israel de Egipto.

¿Qué está pasando? ¿Por qué el Faraón se comporta de manera tan irracional?

Hay dos explicaciones.

La primera, explícita en la Torá, es un razonamiento teológico. “HaShem interviene en el ‘corazón’ del Faraón. Lo endurece. No para coartar su libre albedrío, sino para preservarlo”. Me explico: Si Dios se revelara ante nosotros y pudiéramos, de alguna manera, ver y sentir su Presencia más allá de cualquier duda, ¿podríamos atrevernos a no observar el Shabbat? ¿Podríamos no ponernos el Tefilín o comer algún alimento no Kasher? Si nuestra fe en Dios fuera “absoluta”, no podríamos “elegir” entre hacer o no hacer Su voluntad. La certeza total en Su existencia nos convertiría en robots (o en “ángeles”, pero esto es para otra discusión) incapaces de desobedecer una orden divina. En este sentido, la invisibilidad de HaShem, Su ocultamiento, es lo que permite que uno mantenga su capacidad de desobedecer y, consecuentemente, conserve el mérito de obedecer. Volvamos al Faraón. El Faraón fue la única persona a la que Moshé informó cuándo iba a comenzar cada plaga y cuándo terminaría. Las evidencias de la intervención Divina eran abrumadoras e innegables para el Faraón. Técnicamente, el Faraón debería haberse convertido en un robot-humano privado de libre albedrío, imposibilitado de desobedecer y, por lo tanto, “libre de responsabilidad”. Por lo tanto, para que el Faraón pudiera preservar su capacidad de elección y seguir siendo capaz de decir SÍ o NO, HaShem endurece su corazón. Es decir, Di-s interviene en sus pensamientos y lo hace más testarudo e intransigente. Y así, su capacidad de elección regresa a un balanceado 50/50, y el Faraón es nuevamente responsable de lo que elige. Maimónides explica que este tipo de intervención en el pensamiento humano no es la regla. El caso del Faraón fue excepcional.

La segunda explicación tiene que ver con un patrón de conducta humana. Yo lo compararía con la conducta típica de un adicto al juego que alcanza un punto sin retorno. Y cuando llega a ese punto, exhibe un comportamiento auto-destructivo, prácticamente suicida. Ejemplo: Un hombre va al casino, apuesta y pierde todo lo que llevó, digamos, 1000 pesos, la totalidad del sueldo que recién cobró. ¿Qué puede hacer ahora este individuo? ¿Puede volver a su casa y explicarle a su esposa que su sueldo para el mes entero desapareció? En lugar de eso, elige otra posibilidad y así se encamina hacia un punto sin retorno. La otra posibilidad es pedir un préstamo, jugar nuevamente y así recuperar aunque sea algo de su sueldo. El hombre empeña su coche. Pero esa noche la suerte no lo acompaña. Y ahora, aparte de su sueldo, también perdió su coche. Ahora sí que no puede regresar a su casa y enfrentar a su esposa sin sueldo ni coche. No puede rendirse y desandar sus pasos. Se siente obligado a recuperar su sueldo y su auto o perderlo todo. Está en un punto sin retorno. Lo único que le queda es empeñar su casa. Y pide otro préstamo, etcétera.

Creo que de esta manera también se puede explicar el comportamiento del Faraón. Después de la quinta plaga, después de que el Faraón apostó y perdió contra HaShem, ya no podía retroceder y decir: “Bueno, ahora los dejo ir”. ¿Por qué? Porque cinco plagas significaron ya mucho sufrimiento y enormes pérdidas materiales para sus súbditos. No puede salir al balcón de su palacio y decirle a su pueblo: “Me equivoqué” y perder así lo que le queda de prestigio y credibilidad. El Faraón está ahora “jugado”. Está en un punto sin retorno y decide seguir apostando, aunque sabe que lleva las de perder. Así, es posible que, sumado a la intervención Divina, este factor humano también haya influido en el comportamiento del Faraón.

De cualquier manera, creo que es una gran lección para todos nosotros:

  1. Debemos identificar cuáles son los puntos sin retorno en cualquier área de nuestras vidas.
  2. Debemos, obviamente, evitar llegar a esos puntos sin retorno.
  3. Y si alguna vez imprudentemente llegamos, saber que es mejor volver atrás de un punto sin retorno que seguir corriendo hacia el precipicio.



BO: Visualizando la oscuridad en Egipto

Shemot 10:21, HaShem dijo a Moshe, “Extiende tu mano hacia el cielo para que la oscuridad se extienda sobre Egipto, [y traeré] una oscuridad que se pueda sentir. 22 Moshe extendió su mano hacia el cielo, y una oscuridad total cubrió todo Egipto durante tres días. 23. Nadie podía ver a nadie más ni moverse de sus lugares durante tres días ….

NI NATIONAL GEOGRAPHIC NI HARRY POTTER 

La Parashá de esta semana describe las últimas tres plagas que azotaron a Egipto y terminaron doblegando el brazo del Faraón, quien finalmente liberó a los judíos de la esclavitud.  Me gustaría escribir hoy sobre la Novena Plaga, Joshej, “oscuridad”. Primero, para entender su naturaleza , y segundo, para examinar la función de esta y las otras nueve plagas en el contexto de la historia del Éxodo. Si uno es fanático de Harry Potter, va a sentirse un poco decepcionado de las características de las plagas. Moshé no llega al palacio del Faraón en una alfombra voladora. Tampoco transforma al monarca egipcio en un sapo. Y no hace caer sobre Egipto una invasión de serpientes de siete cabezas. No hay mitos ni seres mitológicos en las plagas. Como lo explica National Geographic —y como lo explicó el Rab Abarbanel hace 500 añios atrás— las plagas eran “fenómenos naturales”, eventos que podrían haber ocurrido naturalmente en Egipto. Analicemos, por ejemplo, la plaga de la oscuridad. ¿Qué tipo de fenómeno causó esta oscuridad? La Torá no está describiendo la plaga de la oscuridad simplemente como la ausencia de luz, algo que podría haber sucedido en el caso de un eclipse solar, por ejemplo. El texto bíblico describe una oscuridad tangible, que se puede sentir. El texto también sugiere que este estado de oscuridad literalmente paralizó a Egipto: las personas no podían verse entre sí, y nadie salió de su casa durante tres días.  El rabino Abraham Eben Ezra dice que la Novena Plaga podría haber sido producida por una niebla muy densa e intensa, que probablemente venía del Nilo.  Recuerdo que experimenté este tipo de “oscuridad” cuando visité la zona de Monteverde en Costa Rica, donde uno literalmente se adentra en las nubes, que están inusualmente bajas. A diferencia de la ausencia de luz, la oscuridad producida por esta niebla era tangible, se podía sentir y hasta palpar.

MI CANDIDATO FAVORITO PARA LA OSCURIDAD

Hay otra posibilidad. Hace unos años en Israel, estaba manejando mi viejo Subaru celeste desde Jerusalem hasta Dimona, y para acortar el camino, no utilicé la autopista regular: me dirigí hacia el este y fui por un camino de tierra que rodea el Monte Hebrón y algunas aldeas, una zona un poco desértica. Luego, así de pronto, quede atrapado en una tormenta de arena. Fue terrorífico.  Era mediodía, pero no podía ver nada delante de mí. Reduje la velocidad,  e instintivamente encendí las luces del coche. ¡Grave error! Lejos de iluminar el camino, las luces se reflejaban en la “tormenta de arena”, y me encandilaban directamente los ojos. Tuve que detener mi coche en la mitad de la nada y para poder ver algo, irónicamente, tuve que apagar las luces.  B”H la tormenta fue corta (y no creo que haya sido tan intensa como la de Egipto…:).  Pero me ayudó a entender mejor varias cosas. Primero, que la luz es inútil para este tipo de oscuridad y que la oscuridad “densa y tangible” puede interrumpir la vida normal y paralizar a las personas, tal como explica la Torá que ocurrió en Egipto.  

EL PODER SELECTIVO

Una vez que comprendemos que las plagas pueden ser explicadas como fenómenos naturales, veamos qué las hacia especiales  o sobre-naturales.   La Torá revela explícitamente la razón de las Makkot. “Y así los egipcios sabrán que Yo soy el Eterno, al extender Mi mano [y castigar a] Egipto y salvar a los hijos de Israel de entre ellos”. El objetivo final de las plagas es que los egipcios —y los hijos de Israel— sepan que HaShem es el Creador y que solo Él tiene el control sobre la naturaleza.  Veamos. La naturaleza desencadena su poder sin discriminación ni advertencia. Es ciega. Un terremoto no perdona la vida de los niños o de las personas inocentes. La naturaleza no tiene la capacidad de hacer selecciones morales.  Las plagas de Egipto eran diferentes. Eran eventos naturales pero selectivos. Que demostraban que el verdadero Dios está en completo control del mundo.  Las plagas no llegaban espontáneamente, sino que comenzaban cuando Dios quería y terminaban cuando Dios así lo ordenaba. Las plagas también tenían un “diseño inteligentemente”. Por ejemplo, la octava plaga, langostas estaba diseñada para destruir todas las hojas verdes en Egipto, mientras que la plaga anterior, el granizo, las dejó intactas. Pero el punto más importante —explícitamente mencionado por la Torá— que hizo que las plagas sean diferentes y únicas (y visiblemente Divinas)  es que solo afectaban a los egipcios y no a los israelitas. Esto se menciona de manera explícita en la peste que golpeó a los animales egipcios y en la plaga de la oscuridad que no afectó el lugar de residencia de los judíos. Este nivel de precisión y selectividad solo puede ser obra del Creador, que diseña estos efectos especiales de manera deliberada.

¿QUIEN QUIERE SER PRIMOGENITO?

Este diseño inteligente de las plagas es mucho más evidente en la décima y última plaga: la muerte de los primogénitos. ¿Por qué? Porque no hay ninguna manera “natural”, científica,  de identificar a un primogénito. No hay nada físico o biológico en el cuerpo de un individuo por el cual un científico pueda determinar que esta persona nació en primero o segundo lugar.  Solo el Creador puede identificar al primogénito. Al margen de su terrible efecto punitivo, esta plaga final, la muerte de los primogénitos, fue psicológicamente devastadora para los egipcios y el Faraón, quien finalmente admite que esta plaga no puede ser atribuida a la magia o a algún fenómeno natural sino que es la obra del Creador: el Dios de Israel 

Las tormentas de arena y polvo son comunes en Oriente Medio y otras áreas del mundo. Este impresionante video muestra una tormenta de polvo que afectó a Oklahoma, EEUU, en1935. Este material es invaluable porque describe a este evento climático como una “plaga” (no creo que haya ninguna alusión deliberada a Egipto o la Biblia aquí). También menciona que a plena luz del día se sentía como medianoche, con cero visibilidad, y que al igual que en Egipto, la gente no podía moverse y tuvieron que gatear para encontrar refugio. Todo esto corresponde exactamente a la descripción del texto bíblico de la plaga de oscuridad.




PARASHAT BO: La muerte como último recurso

La historia las 10 plagas que azotaron a Egipto es fascinante. No sólo por su contenido sino también por la sofisticación de su narrativa. Las plagas comienzan con el enfrentamiento de un Moisés tímido y un Faraón arrogante.
SANGRE
Cuando Moshé torna el rio Nilo en sangre la reacción del Faraón es la indiferencia y la soberbia. El dios Nilo, una de las divinidades principales de Egipto, ha sido derrotado, dañado y herido. La industria pesquera se vino abajo. El Faraón, que alimentó al dios Nilo con los cuerpos de los infantes hebreos, ahora ve con sus propios ojos como emerge la sangre derramada. Pero el poderoso monarca no se deja impresionar. Le pide a sus magos que repliquen lo que parece ser un “truco” de Moshé. Y cuando esto sucede, el Faraón le da la espalda a Moshé (vayifen) y se retira, con soberbia, a la comodidad de su palacio.
RANAS
En la segunda plaga las cosas comienzan a cambiar para el Faraón. Las ranas comienzan a desbordar del Nilo. Esta plaga lo afecta al monarca personalmente. Invaden su palacio y su propia habitación. Las ranas y los sapos eran los dioses de la reproducción en Egipto. Esa reproducción es ahora incontrolable y está infestando a Egipto. Sus magos, otra vez, reproducen la plaga. Pero el Faraón se da cuenta –un poco tarde– que lo que necesita de sus magos es que “contengan” la plaga, que la hagan parar, y no que la reproduzcan.  El Faraón manda a llamar a Moisés y Aharón. Y les dice que acepta sus demandas. Pero luego, cuando las ranas se van, el Faraón endurece su corazón, se arrepiente y no los deja salir.  Pero comienza a ceder.
PIOJOS
En la tercera plaga, los piojos, el Faraón confirma lo que ya sospechaba: que sus ilusionistas no pueden frenar las plagas. Acepta que sus magos han sido vencidos y cede más. Además también confirma que sus dioses son derrotados o controlados por el Dios de Israel. Los insectos eran venerados por los egipcios como la manifestación mágica, invisible, de los espíritus divinos. Y ahora esos dioses se estaban tornado contra los egipcios.
LA ECONOMIA
Plaga tras plaga, todo lo que hace a la prosperidad de Egipto colapsa. El país más próspero y poderoso del Medio Oriente, el único en esa árida región que gracias a su caudaloso Nilo no depende de las lluvias para sobrevivir, astá ahora en ruinas. Primero fue el colapso de la industria pesquera, luego fue afectado el ganado, y en las últimas plagas —granizo y langostas—la cosecha es destruida. El Faraón sigue negociando. Pero ahora es Moshé el que no cede.
LA OSCURIDAD
Llega la penúltima plaga, la oscuridad. Esta plaga que paralizó el país habrá tenido un efecto sicológico devastador sobre el Faraón y su pueblo. ¿Por qué? Porque el dios principal de los egipcios era “Ra”, el dios-sol. La oscuridad demostró que hasta este supremo dios pierde su poder frente al verdadero Dios. El paganismo egipcio ha sido derrotado. Las plagas han demostrado que los dioses egipcios son visibles pero imaginarios. Los egipcios, y los judíos, comienzan a entender que hay un Creador, que es invisible, pero que posee todos los poderes.
EL ULTIMO RECURSO
Queda una plaga más. La muerte de los primogénitos. Sin duda, las más grave y cargada de simbolismo. Los egipcios se arrogaban que podían dominar la muerte, y que conocían el secreto de la inmortalidad. De esta manera, cuando los faraones, los sacerdotes o los primogénitos (que cumplían funciones sacerdotales) estaban por morir se los preparaba con anticipación para su viaje y así, su inmortalidad estaría garantizada por los dioses. Pero cuando la muerte no era natural sino accidental,  la eternidad no se obtenía. Se suponía entonces que los dioses egipcios debían proteger a los sacerdotes y a los primogénitos contra la muerte accidental para que pudieran preparse para morir y obtener la inmortalidad. La muerte súbita de los primogénitos significó también un gran golpe psicológico al “poder” de los imaginarios dioses egipcios que protegían a los futuros inmortales.
¿QUIEN LO MENCIONO PRIMERO?
Por último, cabe notar algo sumamente interesante.  Durante las primeras ocho plagas el Faraón desafió a Moshé y hasta trató de humillarlo pero nunca lo amenazó de muerte. Recién en la novena plaga se escucha por primara vez esta amenaza. El faraón le dice a Moisés. “Puedes irte, tu y tu pueblo, los ancianos y los niños, pero debes dejar aquí a tu ganado”. El faraón aunque accedió a que los esclavos salieran le pide a Moisés que dejen su ganado como garantía de que regresaran.  Moshé se niega. Y en ese momento el Faraón pronunció por primera vez la posibilidad de matar a Moises. (Shemot , Exodo, 10:27) : “Vete de aquí, y cuídate de no verme más, porque el día que vuelvas a presentarte ante mí, morirás ”.  En la narrativa de las 10 plagas, y en las intensas negociaciones que tuvieron lugar, no fue Moshé sino el Faraón, el primero que puso el tema de “la muerte” sobre la mesa. Cuando todas las demás advertencias fueron desoídas y no lograron doblegar la soberbia del tirano dictador, la muerte de los primogénitos, fue el último recurso Divino, lo que terminó de convencer al Faraón que liberase a los esclavos hebreos.
Shabbat Shalom
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