Resumen de Mattot-Mas’e

Este Shabbat leemos dos secciones bíblicas: Mattot y Mas’e. En Mattot, encontramos varios temas importantes. En primer lugar, se destaca el valor de las promesas y cómo cancelarlas cuando resulta imposible cumplirlas. Luego, la Torá relata lo sucedido con los madianitas, quienes intentaron atacar a Israel, y la captura de prisioneros y el botín de guerra. Todas las tribus aumentaron su riqueza y el número de animales creció.

Las tribus de Rubén y Gad poseían una gran cantidad de ganado y solicitaron a Moshé asentarse al este del Jordán en lugar de ingresar a la tierra de Israel junto con el resto del pueblo. En un principio, Moshé se negó, ya que la comunidad judía debía enfrentar a los poderosos pueblos cananeos que habitaban allí, y necesitaban un ejército fuerte y unido. El temor era que la deserción de estas tribus pudiera causar frustración y debilitar la unidad del pueblo. Sin embargo, las tribus de Rubén y Gad aseguraron a Moshé que participarían activamente en la guerra de conquista y que regresarían al otro lado del río Jordán una vez que hubieran ganado la guerra. Incluso se ofrecieron a liderar el frente de batalla.

En Mas’e, la Torá detalla las diferentes etapas del viaje del pueblo judío por el desierto durante los 40 años posteriores a su salida de Egipto. Se enumeran con detalle los lugares donde acamparon los israelitas y los caminos que tomaron.

Dios ordena a Moshé informar a los hijos de Israel sobre las fronteras de la futura tierra de Israel y la porción de tierra que cada tribu recibirá. Cada tribu debe dar una parte de sus posesiones, tierras y animales a los levitas y los cohanim (sacerdotes), quienes se dedican al servicio divino y a la enseñanza de la Torá. También deben establecer ciudades de refugio para las personas acusadas de asesinato, donde esperarán hasta que se determine su inocencia o culpabilidad. Habrá seis ciudades de refugio, tres en este lado del Jordán y tres en Canaán.

Moshé informa al pueblo sobre las leyes específicas de Dios en relación al asesinato. Si alguien comete un asesinato intencional, debe ser condenado a muerte, pero solo si al menos dos testigos pueden confirmar su culpabilidad. Nadie puede ser condenado a muerte basándose en el testimonio de un solo testigo. Si ocurre una muerte sin intención o de manera accidental, el responsable será llevado a una ciudad de refugio.

Dios pide que no conviertan la Tierra Prometida en un lugar de pecados, mentiras e injusticia. Mantengan la tierra pura, ya que Dios está vigilando a los Hijos de Israel.

Después de la promulgación de estas leyes sobre el asesinato, se aclara la herencia de las hijas de Zelofejad. Cuando no hay herederos varones, Dios le dice a Moshé que la herencia de la tierra pasará a las hijas.




El profeta Jeremías y la peor decisión de tu vida

LAS TRES HAFTAROT

Las costumbres de duelo que observamos entre el 17 de Tamuz y el 9 de Ab varían de una comunidad a otra. Pero hay una tradición que es la misma para sefaradim, ashkenazim y todas las comunidades judías del mundo: la Haftará que leemos durante los tres sábados entre el 17 de Tamuz y el 9 de Ab. Estos tres textos son conocidos en hebreo como תלתא דפורענותא, las profecías que predijeron las tragedias que nos tocó vivir.

Primero, entendamos un poco mejor qué es la Haftará. En la sinagoga, después de concluir la lectura de la sección semanal de la Torá, leemos un texto de los Profetas que se relaciona en su contenido con la sección bíblica que acaba de concluir. Las Haftarot fueron establecidas por nuestros Sabios hace unos 2.000 años, cuando los romanos prohibieron a los judíos leer la Torá, con el propósito de recordar la sección bíblica semanal. Las Haftarot que leemos estos tres Shabbatot, sin embargo, no están relacionadas temáticamente con la porción semanal, sino con la destrucción del Bet haMiqdash y el exilio.

Para ser más precisos, estas Haftarot que describen los hechos históricos relacionados con estas tragedias fueron expresadas por dos profetas, Jeremías e Isaías, cuando advirtieron al pueblo de Israel sobre las consecuencias de abandonar la alianza con Dios, es decir, Su Torá. El mensaje es muy simple: cuando el pueblo judío no sigue los mandamientos de Dios, cuando adoran ídolos y cometen otras abominaciones, el Todopoderoso suspende Su protección y el pueblo judío —que nunca se destacó por su poderío militar— queda a merced de sus despiadados enemigos y, en consecuencia, sufre invasiones, destrucción y exilio.

CAMBIO MANANTIAL NATURAL POR ALJIBE POROSO

La primera de las tres Haftarot, que leímos la semana pasada, es del primer capítulo del libro de Jeremías (Dibré Yirmiyahu) y trata de su iniciación en la profecía y su delicada misión de advertir a Israel sobre las consecuencias de sus acciones. La Haftará correspondiente a la Parashá de esta semana, Mattot-Mas’e, es la segunda de las tres Haftarot especiales. En este texto, el profeta Jeremías critica a Israel por abandonar a Dios y ser ingrato con Él, olvidando que HaShem nos sacó de la esclavitud, nos protegió de los peligros del desierto y nos condujo a una tierra de abundancia.

Jeremías expresa conmoción e indignación por el comportamiento de Israel y dice con dolor que «si uno buscara en todos los rincones del planeta, sería difícil encontrar una nación tan tonta y necia». Para ejemplificar el comportamiento de nuestro pueblo, Jeremías utiliza una profunda metáfora: hay una ciudad que posee un hermoso manantial de agua fresca y abundante. Esta fuente natural produce agua de forma permanente, incesante y ni siquiera necesita mantenimiento. La gente de este pueblo es realmente privilegiada: a diferencia de todas las demás ciudades, no dependen de la recolección de agua de lluvia para su supervivencia, porque la fuente de agua fresca les proporciona todo lo que necesitan para su bienestar y prosperidad.Jeremías implica que HaShem, Dios, es para Israel lo que la fuente de agua es para ese pueblo privilegiado: su fuente de vida. Pero inexplicablemente, la gente de ese pueblo abandona el manantial de agua, le da la espalda, ¡y para conseguir agua, cava cisternas con sus propias manos! Estos pozos artificiales no tienen agua propia, están completamente secos cuando no llueve y ni siquiera pueden conservar el agua que absorben de la lluvia, porque están llenos de grietas y se rompen. ¿Quién concebiría abandonar un manantial natural de agua y buscar recoger el precioso líquido en cisternas rotas?

Este es el poderoso mensaje del texto de Jeremías. Abandonar a Dios, la fuente de vida física y espiritual de Israel, no solo es una traición a nuestra alianza con Dios, sino también un acto de insensatez, una vergüenza para cualquier persona que se considere inteligente. Y claro que también es «ofensivo y humillante hacia el manantial abandonado», es decir, Dios, Quien ha sido «desplazado» por Su propia nación y reemplazado por ídolos falsos que los Yehudim han hecho con sus propias manos.

¿Y AHORA, QUIÉN PODRÁ AYUDARNOS?

Aunque los rabinos agregaron algunos versículos adicionales para concluir la Haftará con un mensaje positivo y esperanzador, hacia el final de este texto encontramos un versículo con una dura pero muy relevante lección que lamentablemente todavía necesitamos aprender. Por un lado, el pueblo de Israel abandonó a su Dios, lo traicionó, le dio la espalda y buscó congraciarse con dioses falsos. Pero ¡oh sorpresa! Cuando los judíos tienen que enfrentar tiempos difíciles y tragedias inminentes, finalmente se dan cuenta de que los dioses que de Egipto, Asiria y otras naciones eran solamente muñecos de barro y madera. Y recién entonces, cuando nadie más podía ayudarlos, se acuerdan de Dios, le rezan y le suplican: «¡Por favor, HaShem, sálvanos, rescátanos!» (Jeremías 2:27 כִּֽי־פָנ֥וּ אֵלַ֛י עֹ֖רֶף וְלֹ֣א פָנִ֑ים וּבְעֵ֤ת רָעָתָם֙ יֹֽאמְר֔וּ ק֖וּמָה וְהוֹשִׁיעֵֽנוּ).

Si buscamos en esta Haftará una lección relevante para el presente, quizás esta sea la más adecuada. Muy a menudo caemos en esta trampa: nos olvidamos de nuestro Creador, abandonamos Sus mandamientos y ni siquiera le agradecemos Sus continuas y abundantes bendiciones. Pero en tiempos difíciles, cuando estamos desesperados porque nadie más nos puede ayudar, recién ahí nos acordamos de Dios, le rezamos y le decimos: «Por favor, ayúdanos». 




Duelo por tres semanas

Este pasado domingo 13 de julio, conmemoramos el 17 de Tamuz. Ese día, en el año 68 de la EC, después de un largo asedio, los muros de la ciudad de Yerushalayim fueron destruidos por las legiones romanas. Una vez dentro de la ciudad, el ejército invasor saqueó Jerusalem y cientos de miles de judíos fueron asesinados, torturados o capturados como esclavos. El Bet haMiqdash fue completamente destruido y quemado tres semanas después: el 9 del mes de Ab. 600 años antes, en el año 586 AEC, el primer Bet haMiqdash también había sido destruido en un 9 de Ab, que por esta razón es considerado el día de duelo nacional del pueblo judío.

Durante estas tres semanas, desde el 17 de Tamuz hasta el 9 de Ab, observamos ciertas restricciones de duelo. Estas costumbres difieren considerablemente de una comunidad a otra y se vuelven más estrictas a medida que nos acercamos al 9 de Ab.

Hay 4 niveles de duelo que guardamos

  1. El primer nivel, el menos estricto, es desde el 17 de Tamuz hasta el comienzo del mes de Ab (sábado 26 de julio).

  2. El segundo nivel es el duelo que guardamos desde el principio del mes de Ab hasta la semana del 9 de Ab.

  3. El tercer nivel de duelo es durante la semana del 9 de Ab, pero este año no hay “semana de Tish’a BeAb”, ya que el 9 de Ab cae en domingo (3 de agosto).

  4. El nivel más severo de duelo es el que observamos el día 9 de Ab propiamente dicho (domingo 3 de agosto).

Presentamos aquí algunos ejemplos del primer nivel, es decir, desde este pasado domingo hasta el comienzo del mes de Ab:

CASAMIENTOS: Los rabinos del Talmud, Maimónides, el Shulján ‘aruj, etc. no mencionaron ninguna restricción respecto a la celebración de bodas durante estas semanas, antes del comienzo del mes de Ab. La antigua costumbre Sefaradí, por lo tanto, no limitaba la celebración de un casamiento entre el 17 de Tamuz y el comienzo del mes de Ab. La costumbre Ashkenazí, sin embargo, fue suspender la celebración de casamientos a partir del 17 de Tamuz. En el presente, y para mantener un nivel de uniformidad en el tema de casamientos entre las dos comunidades, las congregaciones Sefaradíes también han adoptado la costumbre de suspender los casamientos en estos días.

SHEHEJEYANU: El Shulján Aruj menciona que es procedente evitar el consumo de una fruta de temporada nueva, lo cual requiere la recitación de la bendición Shehejeyanu, durante estas tres semanas. La costumbre Sefaradí (Rab Obadia Yosef) y Ashkenazí (Penine Halajá) es reservar la recitación de Shehejeyanu por una fruta nueva para Shabbat.

CORTE DE CABELLO: La costumbre para la mayoría de los Sefaradim es permitir cortarse el cabello o afeitarse hasta la semana de Tish’a BeAb. La tradición Ashkenazí (Ram»a 551:4) y la costumbre de los judíos marroquíes es diferente: cortarse el pelo o afeitarse está prohibido desde el 17 de Tamuz hasta después de Tish’a BeAb (las restricciones de corte de cabellos no se aplica a las mujeres).





PINEJAS: Liderazgo judío y el discurso en el Congreso de EEUU 

En nuestra Parashá, Pinejás, los judíos están por entrar a la tierra de Israel. Han pasado 40 años desde la salida de Egipto. Moisés todavía es el líder, pero  se enfrenta a una generación diferente. Estos jóvenes adultos no fueron criados como esclavos, sino como hombres libres. Aún guardan ciertos vicios de la generación anterior o se dejan llevar por las pasiones de la idolatría o a veces le dan la espalda a Dios, a pesar de Su abrumadora presencia en cada aspecto de su vida en el desierto. Pero siguen necesitando un líder. Moshé tiene ya 120 años. Recientemente ha encabezado el ejército en las luchas contra Sijón y Og, pero ahora, cuando se avecina una nueva guerra contra Midián, Moshé pide un cambio. Dios elige a Yehoshúa Bin Nun.

¿Por qué?   Moshé imploró a HaShem que asignara a un líder con una característica especial: un hombre «asher rúaj bo», que con sus palabras pudiera llegar al corazón y mover el espíritu de aquellos que lo escuchan.  Un líder con la sabiduría para lidiar con diferentes tipos de personalidades y escenarios. Que sepa dirigirse y llegar al espíritu de aquellos que necesitan una mano fuerte, y de aquellos que necesitan un enfoque más sensible.   Que sepa comunicar, y persuadir con su palabra a aquellos que no piensan como él. Porque fue justamente en este aspecto, la comunicación con la nueva generaron,  que Moshé sentía que no lo había logrado: Como cuando golpeó a la piedra en lugar de usar la palabra o cuando el pueblo pecó con Midián, y se quedó sin palabras. HaShem  designa a Yehoshúa como sucesor de Moshé porque era «un maestro» de la comunicación. Yehoshúa fue un líder que supo guiar el espíritu de su pueblo y de su mano el ejército de Israel logre sus mas espectaculares victorias. Vencer a docenas de naciones en Canaan y vivir con paz, prosperidad y lealtad a Dios por dos generaciones.

No es fácil ser judío en 2024. En Europa, es peligroso. Tanto es así que muchos han sacado las Mezuzot de sus casas, han dejado de mandar a sus hijos a escuelas judías o usan una gorra deportiva en lugar de una kipá. En EE.UU. es menos grave. POR AHORA.  Aunque en Nueva York, la ciudad con la mayor cantidad de judíos en el mundo entero (1.4 millones), en algunos lugares da miedo caminar por la calle, por la enrome cantidad de árabes con una animosidad manifiesta y sin escrúpulos hacia Israel y los judíos. Hay una gran desmoralización. Porque irónicamente, nosotros, el pueblo que enseñó al mundo la justicia y la solidaridad, está siendo demonizado como asesino y genocida. O está siendo culpado incesantemente por la mayoría de los medios, las Naciones Unidas y hasta la Corte Penal Internacional de La Haya en Holanda. Es como que el mundo no entiende, no le interesa reconocer quiénes son los buenos y quiénes son los malos de esta película.   Israel es tratado por el mundo  con las mismas actitudes que un antisemita clásico trata a un individuo judío: acusaciones falsas, demonización y mentiras sin escrúpulos.  A Israel se le acusa de genocidio porque se atrevió a defenderse. Porque NO OFRECIÓ A HAMÁS LA OTRA MEJILLA. El mundo, y sus portavoces en los medios internacionales, optan por ignorar cínicamente y sin pestañear los crímenes perpetrados el 7 de octubre. Omiten deliberadamente de la opinión pública que todo lo que tiene que suceder para que haya un alto el fuego en Gaza y para evitar la muerte de los civiles palestinos  es que el grupo terrorista Hamás se rinda y entregue a los judíos secuestrados. Pero nadie apunta sus reclamos contra Hamás: increíblemente—o no —apuntan sus dardos contra la víctima, el Estado de Israel.

¿Dónde será posible encontrar una plataforma multitudinaria y respetable para comunicar nuestra historia, nuestro lado de la verdad? ¿Dónde encontramos al líder judío que nos represente? ¿Un líder con la sabiduría de Yehoshúa para que sus palabras puedan entrar los corazones y mover los espíritus de aquellos que lo escuchan?

Creo que esta semana encontramos a ese líder. Esta miércoles pasado el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu,  habló en Washington ante las dos cámaras del Congreso de EE.UU.

Era la cuarta vez que se dirigía al congreso en su vida política. No existe otro mandatario en el mundo con un récord semejante. Habló por casi una hora, y fue ovacionado con aplausos de pie unas 50 veces. Fue visto y escuchado por miles de millones de personas.  Y le presentó al mundo el punto de vista de Israel. Describió gráficamente la terrorífica masacre del 7 de octubre y el Holocausto que sufrieron las víctimas: padres, abuelos, hijos y bebés. Habló de los rehenes judíos y presentó a la joven israelí Noa Argamani, cuya fotografía se ha convertido en el icono del horror de los secuestrados. Luego introdujo a tres soldados de Israel. El mundo vio el verdadero y noble rostro de los soldados judíos, que representan a cientos de heroicos jóvenes que sacrificaron sus vidas para defender a Israel, o los miles de combatientes heridos que han perdido un brazo, una pierna o la vista, pero han conservado su valentía para regresar y luchar en esas condiciones.  Todo esto — y un poco más — fue lo que logró demostrar Benjamín Netanyahu en Washington, D.C.

Netanyahu denunció a Irán como la cabeza del pulpo que maneja sus tentáculos:  Hamás, Hezbollah y los Hutíes del Yemen.Y afirmó  que Irán está financiando las protestas pro-Hamás en todo el mundo, incluyendo las que tenían lugar en ese momento afuera del Congreso, en las cuales estaban incendiando la efigie de Netanyahu, quemando banderas americanas, profanando los monumentos históricos, cantando a favor del terrorismo de Hamás y alzando banderas palestinas. Acusó a estos activistas  de ignorancia y de ser los “idiotas útiles» de Irán.

Netanyahu no fue apologético: todo lo contrario. Representó a Israel  con una enorme dignidad y un orgullo contagioso. Un orgullo que lo llevó a afirmar, y con razón, lo que nunca antes (y no creo que nunca después) ha dicho un mandatario extranjero en la cara del Congreso estadounidense:  «WE ARE PROTECTING YOU” (Nosotros, Israel,  los estamos protegiendo a ustedes, EEUU, de Irán), lo cual le valió un aplauso y una ovación multitudinaria porque, por más que suene arrogante, es verdad. Israel está al frente, llevando a cabo una guerra que no es un choque entre civilizaciones, sino una batalla entre la civilización y la barbarie: entre aquellos que aman la vida y aquellos que aman la muerte de los que no piensan como ellos.

Netanyahu fue muy firme respecto a nuestro derecho a la tierra de Israel: “Es la tierra de nuestros antepasados, donde rezaron Abraham, Isaac y Jacob;  donde profetizaron Isaías y Jeremías,  y donde reinaron David y Salomón”. Lo dijo con un orgullo y con mucha convicción. Y tocó las fibras no solo de los judíos presentes, sino también de los senadores americanos cristianos que se identifican con la Biblia hebrea, que no son pocos.

Netanyahu no solo representó al Estado de Israel, sino a todo el mundo judío.

Concluyó con un pedido de ayuda para Israel, pero incluso aquí fue muy medido y honorable. Explicó que Israel no necesita que EE.UU. mande sus tropas, soldados americanos que sacrifiquen sus vidas por Israel como lo hicieron en Vietnam, Irak y Afganistán. Netanyahu dejó claro y con mucho orgullo judío que el ejército judío es autosuficiente para eso y solo necesita que EE.UU. le envíe el armamento necesario para lidiar con los múltiples conflictos que enfrenta Israel, lo más rápido posible.

Personalmente, estoy muy agradecido a Dios de que Netanyahu sea el primer ministro de Israel. Y le ruego a HaShem que lo proteja y le siga dando la sabiduría que le dio a Yehoshúa Ben Nun para liderar el ejército judío hacia la victoria en su incesante lucha contra tantos  enemigos.   AMEN




RESUMEN DE LA PARASHA PINEJAS

Primera Aliyá:
La Parashá de la semana pasada concluyó con la historia de las mujeres de Moab y Midyan, que se acercaron a los jóvenes judíos para seducirlos e inducirlos, mediante rituales sexuales, a practicar la idolatría. Pinejás ejecutó a uno de los líderes judíos involucrados en actos de idolatría sin mediar juicio ni sentencia legal, a pesar de que la ley judía así lo requiere. Nuestra Parashá comienza declarando que Dios le otorgó a Pinejás un pacto de paz y le concede a él y a sus descendientes el sacerdocio, que no quedará afectado por esta intervención. Luego, Dios ordena que los judíos salgan a luchar contra los midianitas, ya que su provocación fue considerada un acto de guerra. Moshé y Elazar, el sacerdote, realizan el cómputo de todos los hombres en edad de servir en el ejército, es decir, mayores de 20 años.

Segunda Aliyá:
El número total de soldados de las doce tribus es de 601.730. En este cómputo no se incluye a la tribu de Leví.

Tercera Aliyá:
Además de servir como censo para el enrolamiento en el ejército que peleará contra los midianitas, este conteo también tiene como objetivo organizar la división de las tierras que serán heredadas una vez conquistada la tierra de Israel. La tierra debe dividirse entre todos los que fueron contados en este censo, y la porción geográfica que corresponderá a cada tribu —las “provincias”— se determinará por sorteo. También se realiza el censo de los hombres de la tribu de Leví, quienes no participaban en la guerra ni recibirían una provincia propia. Los levitas sumaban 23.000, contando a los varones desde un mes de vida. Esta Aliyá concluye con la historia de las hijas de Zelofjad, que se acercaron a Moshé y le informaron que su padre había fallecido, dejando solamente hijas mujeres. Solicitaron recibir la porción de su padre en la tierra de Israel. Moshé transmite esta inquietud directamente a Dios.

Cuarta Aliyá:
En atención al pedido de las hijas de Zelofjad, Moshé establece —por mandato divino— las leyes de herencia, que incluyen el derecho de las hijas a heredar cuando no hay descendientes varones. Luego de este episodio, Dios le dice a Moshé que suba a la cima del monte Abarim, desde donde podrá ver la Tierra Prometida antes de morir, aunque no ingresará en ella. Moshé le pide a Dios que designe a una persona digna para sucederlo en el liderazgo. El elegido por Dios para reemplazar a Moshé es Yehoshua Bin Nun, por su reputación y sus cualidades de liderazgo. Moshé anuncia públicamente que Yehoshua será su sucesor.

Quinta Aliyá:
La narración de la sucesión se interrumpe, y la Torá pasa a detallar los sacrificios que se ofrecerán en el Tabernáculo y en el futuro Gran Templo. Primero se describe el sacrificio diario, el Tamid, que se ofrecía todos los días del año, dos veces por día, incluyendo Shabbat, festividades y hasta Yom Kippur. También se especifican los sacrificios adicionales de Shabbat y de Rosh Jodesh, el comienzo del mes judío.

Sexta Aliyá:
Se describen los sacrificios correspondientes a las festividades de Pésaj, Shabuot, Rosh Hashaná y Yom Kippur.

Séptima Aliyá:
Se describen los sacrificios que se ofrecían durante las festividades de Sukkot y Sheminí Atseret.





PINEJAS: Judaismo y Nepotismo

TODO POR MIS HIJOS
Moshé Rabenu sabe que su vida pronto va a terminar. También sabe que su pueblo, Am Israel, necesitará un líder que lo reemplace. ¿Quiénes eran los candidatos para tomar el puesto de Moshé? Lo más natural en esa época y en esas circunstancias hubiera sido que los hijos de Moshé lo reemplazaran.  Al fin y al cabo «todo nuestro sacrificio es para nuestros hijos”.  Y Moshé podría haber pensado que él se ganó el derecho de que sus hijos hereden su puesto y tomen el liderazgo del pueblo. Aparte del punto de vista formal, y tal como lo vieron y vivieron por siglos en Egipto, Moshé, que era desde todo punta de vista práctico  «el Monarca» de los judíos: merecía establecer su propia dinastía.
 
MERITO vs. FAMILIA
Pero sorprendentemente, los hijos de Moshé no son mencionados en la Torá ni siquiera como candidatos a la sucesión de Moshé. Y los Sabios del Midrash afirman que Moshé en un principio sí pensó en sus hijos como sus sucesores naturales. ¿Cómo lo sabemos? Los sabios dedujeron esta idea de la yuxtaposición del texto que habla de Tselofjad, y el texto que habla de quién reemplazará a Moshé.  Tselofjad no tenían hijos varones. Las hijas expresaron a Moshé que ellas tenían el derecho legal de heredar las tierras de su padre. Al final, la Torá les da la razón y las hijas de Tselofjad obtuvieron su herencia. Los Sabios indican que en ese momento Moshé pensó: “Si las hijas de Tselofjad heredan la tierra de su padre, mis hijos, deberían heredar mi posición de liderazgo”. En este punto, los Sabios, con una inusual ausencia de eufemismos, reconstruyen la respuesta teórica que Dios le manifestó a Moshé: “¡Tus hijos no hicieron nada (ישבו להם) para merecer heredarte! No asistieron a la casa de estudios y no se esforzaron para aprender Torá!” En otras palabras, la Torá, el estudio, la capacitación intelectual y espiritual, no se recibe por herencia como un pedazo de tierra. Si no existió el esfuerzo personal por parte de los hijos, heredar automáticamente un puesto de liderazgo, sería simplemente «nepotismo».
 
TRÁMITES DE SUCESIÓN
Pero aquí no termina el tema. HaShem, al final, le transmite a Moshé que quien lo sucederá será Yehoshua, el asistente de Moshé. Los Sabios dicen que HaShem le transmitió su decisión a Moshé de esta manera: “Yehoshúa, si bien no es ni tu hijo ni tu sobrino, [es tu discípulo] y se esforzó en todo lo que pudo. Durante los años que te asistió, Yehoshua se levantaba muy temprano por la mañana y se presentaba en la casa de estudios de Torá (בית ועד). Allí, y antes de que llegara cualquier otra persona, Yehoshua limpiaba el piso, extendía las alfombras en el piso y arreglaba los bancos… estuvo dispuesto a realizar cualquier trabajo que fuera necesario, sin importarle que ese fuera o no fuera acorde a su prestigio. etc.…. Además,  se quedaba en la casa de estudio hasta altas horas de la noche, y solo se marchaba cuando ya todos se habían marchado.”  La comparación entre Yehoshúa y los hijos de Moshé no deja lugar a ambigüedades. HaShem le enseña a Moshé –y por su intermedio a todos nosotros– que los judíos pertenecemos a una sociedad «meritocrática»: los méritos propios tienen más valor que los méritos heredados. Lo que se valora es el esfuerzo personal. Las posiciones de liderazgo son asignadas en base al mérito, en virtud del talento, la educación, la competencia y la aptitud específica del individuo para ese determinado puesto.  
 
LA TIERRA Y EL LIDERAZGO
A diferencia de un pedazo de tierra o una gran fortuna, la Torá — el liderazgo en el ámbito de Torá– NO se hereda automáticamente de padres a hijos. El hecho de que mi padre sea o haya sido un gran sabio o un gran líder, no me convierte a mí, su hijo, en un gran sabio. Y viceversa. Es posible que un gran sabio haya tenido un padre que no era un gran sabio. En última instancia, la posición depende del esfuerzo propio. Así se lo explicó el gran erudito judío Aqabiyá ben Mahalalel a su hijo. Cuando Aqabiyá estaba por morir, su hijo le pidió que «lo recomendara» a sus colegas, que eran los más prominentes rabinos y líderes del pueblo judío. «Con tu recomendación, papá, muchas puertas se van a abrir, y yo voy a poder pertenecer a ese grupo de elite que me va a facilitar el acceso a cargos muy importantes».  Pero su padre se negó «a recomendarlo». Su hijo le preguntó: ¿Acaso encontraste algo malo en mí? Y su padre le respondió una frase que quedó para la historia: «Hijo mío, no es mi recomendación la que te va a otorgar prestigio y un puesto de liderazgo, sino tus acciones.  מעשיך יקרבוך ומעשיך ירחקוך  «Tu conducta te va a acercar a ellos o te va a alejar de ellos». Tu éxito no va a depender de mi recomendación sino de tus propios méritos.    
 
 



Todo lo que debes saber sobre el 17 de Tamuz

¿Por qué ayunamos el 17 de Tamuz?

Hoy, domingo 13 de julio, conmemoramos el 17 de Tamuz, un día de ayuno público (תענית ציבור). En este día, también inauguramos un período de tres semanas, hasta el 9 del mes de Ab, dedicado a mantener un duelo parcial por la destrucción de nuestro Bet haMiqdash (Templo de Jerusalén) y otras tragedias sufridas por el pueblo judío.

Cinco tragedias sucedieron al pueblo judío el 17 de Tamuz:

• Las Tablas de la Ley fueron destruídas
• Un ídolo fue colocado en el Bet haMiqdash.
• La ofrenda del sacrificio diario fue interrumpida.
• Apostomus quemó públicamente un Sefer Torá.
• La primera brecha en la muralla de la ciudad de Jerusalem 


¿QUIÉN ESTÁ EXENTO DE AYUNAR?

El ayuno comienza al amanecer y termina al anochecer. Consulta aquí los horarios para tu área de residencia: MyZmanim UMJCA: termina a las 8:56 pm.

• Menores: los niños menores de 13 años y las niñas menores de 12 están completamente exentos de este ayuno.
• Las mujeres embarazadas están exentas de este ayuno.
• Mujeres lactantes: en muchas comunidades sefardíes, la tradición es que después de dar a luz, las mujeres están exentas de ayunar durante 24 meses, incluso cuando ya no están amamantando a su bebé. En otras comunidades sefardíes, y en la mayoría de las comunidades asquenazíes, una mujer está excusada de ayunar durante 24 meses solo si todavía está amamantando a su bebé.
• Una persona que se siente enferma, con síntomas de gripe o fiebre, o una persona con una enfermedad crónica, como diabetes, no debe ayunar.
• Los ancianos deben consultar con sus médicos para determinar si el ayuno afectaría su salud, en cuyo caso están exentos de ayunar.

Además, en zonas de verano, toma precauciones extremas y trata de mantenerte en interiores protegido del calor. En caso de cualquier signo de deshidratación, náuseas, vómitos, boca muy seca, etc., NO DUDES EN ROMPER EL AYUNO.


Moshe rompe las Tablas de la Ley

El 17 de Tamuz ocurre cuarenta días después de Shabuot. Moshe ascendió al Monte Sinaí el 6 de Sivan y permaneció allí durante cuarenta días. El pueblo de Israel hizo el becerro de oro en la noche del 16 de Tamuz, cuando pensaron que Moshe ya no iba a regresar. Cuando Moshe descendió del Monte Sinaí y vio a los Yehudim adorando al becerro de oro, rompió las tablas que contenían los Diez Mandamientos.

Hay muchos comentarios muy interesantes sobre este episodio. Algunos explican que Moshe destruyó las Tablas para proteger al pueblo de Israel. ¿Cómo así? El Segundo Mandamiento dice: “No tendrás otros dioses delante de Mí… no te harás imagen [de idolatría]…” Los rabinos explicaron que al romper las tablas, Moshe destruyó la evidencia escrita que documentaba la terrible “traición” del pueblo judío a HaShem, al adorar a otros dioses. Los rabinos presentaron la siguiente metáfora:
“Imagina una mujer que se casó y, después de unos días, hubo comentarios muy negativos sobre el comportamiento de esta mujer (sospecha de adulterio). ¿Qué hizo uno de sus parientes? Tomó la Ketubá, el certificado de matrimonio, y lo destruyó. Dijo: es mejor que esta mujer sea considerada soltera que casada.”

Del mismo modo, Moshe, al romper las tablas, dijo: “Si no destruyo este documento [incriminador], el pueblo de Israel no tendrá esperanza de ser perdonado.” Así que rompió las Tablas y luego le dijo a HaShem, tratando de abogar por el pueblo de Israel: ¡Perdónalos! ¡Nunca llegaron a leer lo que estaba escrito en las Tablas!”

De cualquier manera, la destrucción de las Tablas de la Ley significó una gran tragedia. En primer lugar, porque significaba no tener más las Tablas del Testimonio escritas “directamente” por HaShem, que una vez rotas fueron reemplazadas por tablas escritas por Moshe. Y en segundo lugar, porque la destrucción de las Tablas nos recuerda la causa de esta desgracia: la adoración del becerro de oro.

Finalmente, los rabinos del Midrash también nos enseñan un aspecto positivo de recordar la destrucción de las Tablas de la Ley el 17 de Tamuz. Ribbí Yehoshua ben Levi (Masejet Aboda Zara 4b) dijo que del episodio del becerro de oro aprendemos que HaShem está dispuesto a perdonar incluso las ofensas más graves. Así que nunca debemos perder la esperanza y decir: “He cometido demasiados pecados. HaShem nunca me perdonará. Estoy definitivamente en un punto más allá de la redención.”

Según Ribbí Yehoshua ben Levi, ninguna transgresión puede ser más grave que la idolatría practicada con el becerro de oro. Y vemos que al final, después del arrepentimiento y las Tefilot (oraciones), HaShem perdonó a Am Israel.

Este es un mensaje muy adecuado para un día de ayuno, que debe dedicarse a hacer Teshubá: arrepentirnos de nuestras malas acciones y acercarnos a HaShem.


Un ídolo en el Bet haMiqdash

Los rabinos discrepan sobre este punto en cuanto a su ´poca exacta : ¿recordamos lo que ocurrió en tiempos del rey Menashe en el siglo VII antes de la era común (AEC) o lo que ocurrió en tiempos de Apostomus, un general romano que ofendió públicamente a los judíos alrededor del año 68 de la era común?

Este trágico evento podría haber ocurrido dos veces. De cualquier manera, voy a explicar aquí la primera interpretación.

El Reino de Israel se dividió en dos reinos: Israel y Yehudá. El reino de Israel, las diez tribus perdidas, fue destruido en el año 722 AEC. El reino de Yehudá es el que sobrevivió. Nosotros, los judíos, Yehudim, descendemos del reino de Yehudá.

Menashe, rey de Yehudá, vivió desde el 709 AEC hasta el 642 AEC. Hay dos hechos que caracterizaron su reinado:

• Fue el rey que reinó más tiempo en la historia judía: 55 años.
• Probablemente fue el peor rey en la historia de Am Israel. Indudablemente, el peor rey del Reino de Yehudá.

Su padre fue un gran Tsadiq, Jizqiyahu, y según nuestra tradición, su abuelo fue el profeta Yeshayahu. Menashe convirtió a Yehudá en un estado vasallo de Asiria (אשור). Y esto significó que los Yehudim no solo obedecieron al rey asirio, sino que también adoptaron su religión. Menashe se dedicó a la eliminación sistemática del judaísmo, incluyendo todo el servicio sagrado en el Bet haMiqdash. Introdujo el culto a Baal, Asherá y todas las constelaciones del cielo, que eran las prácticas idolátricas de Asiria. Trajo a Israel los obot y ide’onim, es decir, adivinos, hechiceros, magos idólatras y todo tipo de supersticiones. Ordenó matar y asesinar a miles de Yehudim, especialmente a aquellos que se oponían a sus reformas religiosas. Algunos dicen que Menashe asesinó a su propio abuelo, el profeta Yeshayahu. Menashe hizo que la Torá fuera completamente olvidada durante dos generaciones.

En el capítulo 21 de II Reyes vemos en detalle lo que hizo Menashe.

Melajim II 21:2-6:
“Menashe hizo todo lo que ofendía a HaShem: practicó las prácticas idólatras abominables de las naciones que HaShem había expulsado ante los israelitas. Reconstruyó los altares paganos que su padre Jizqiyahu había destruido. Levantó altares en honor a Baal e hizo una imagen de la diosa Asherá. Se postró ante todas las estrellas del cielo y las adoró… En ambos atrios del Templo de HaShem construyó altares en honor a las estrellas del cielo. Sacrificó a su propio hijo en el fuego, practicó la magia y la hechicería, y consultó a nigromantes y espiritistas. Continuamente hizo lo que ofendía al Señor, provocando así Su ira.”

Veamos ahora el texto que nos cuenta lo que sucedió, según la primera versión, el 17 de Tamuz.

Melajim II 21:7:
“[Menashe] tomó la imagen de la diosa Asherá, que había mandado hacer, y la colocó en el Santuario [del Templo], en el lugar donde HaShem había dicho a David y a su hijo Shelomó: ‘En este Templo en Jerusalem, la ciudad que he elegido de todas las tribus de Israel, he decidido morar para siempre.’”

Cuando Menashe falleció, fue sucedido por su hijo, Amón, que siguió sus malos caminos. Después de dos años, Amón fue asesinado, y su hijo, Yoshiyahu, el nieto de Menashe, fue coronado rey. Yoshiyahu fue uno de los mejores monarcas de Yehudá. En sus días, mientras realizaban reparaciones en el Templo de Jerusalem, los trabajadores encontraron un Sefer Torá que había sido escondido en tiempos de Menashe. Después de leer la Torá, que había sido prácticamente olvidada durante más de 50 años, el rey Yoshiyahu decidió regresar a HaShem con todo su corazón, y por primera vez en dos generaciones, los judíos volvieron a la observancia y práctica de la Torá y las mitsvot. Yoshiyahu erradicó toda idolatría y restauró el servicio a HaShem en el Bet haMiqdash.

Pero en algunos aspectos, el daño que Menashe había causado ya era irreparable. A pesar de los esfuerzos del rey Yoshiyahu, muchas personas ya habían asimilado la idolatría de los goyim. Muchos rabinos creían que la destrucción del primer Bet haMiqdash (586 AEC) se debió indirectamente a las acciones de Menashe.

El 17 de Tamuz, cuando recordamos la colocación de un ídolo en el Bet haMiqdash, también deberíamos lamentarnos y hacer nuestra propia Teshubá por las malas acciones de nuestros antepasados en tiempos del rey Menashe.


La interrupción del sacrificio diario

אֶת-הַכֶּ֥בֶשׂ אֶחָ֖ד תַּעֲשֶׂ֣ה בַבֹּ֑קֶר וְאֵת֙ הַכֶּ֣בֶשׂ הַשֵּׁנִ֔י תַּעֲשֶׂ֖ה בֵּ֥ין הָֽעַרְבָּֽיִם

Los rabinos mencionaron cinco eventos trágicos que ocurrieron el 17 de Tamuz. Uno de ellos fue que el sacrificio diario en el Templo fue interrumpido.

Cada día, en el Bet haMiqdash, se ofrecían dos sacrificios, uno en la mañana y otro en la tarde. El sacrificio diario era tan importante que también se ofrecía en Shabbat e incluso en Yom Kipur. Esta mitsvá se cumplió ininterrumpidamente desde que se le ordenó a Moshe Rabbenu hasta el día 17 de Tamuz en el año 586 AEC, es decir, durante unos 700 años.

En la época del primer Bet haMiqdash, el ejército babilonio invadió Jerusalem. Las murallas de la ciudad fueron destruidas el 9 de Tamuz. Pero el Bet haMiqdash, que estaba protegido por murallas internas, continuó operando, y la ofrenda del sacrificio diario era la mejor evidencia de ello. El Guemará dice que el 13 de Tamuz los Cohanim, los sacerdotes que estaban a cargo de los sacrificios públicos, comenzaron a quedarse sin animales. Los Cohanim intentaron sobornar a los soldados del ejército invasor y obtener los animales a cualquier costo. Esto funcionó durante cuatro días, hasta el 17 de Tamuz. Ese día, por primera vez en 700 años, el sacrificio diario no se realizó. Y el Bet haMiqdash, aunque aún se mantenía en pie durante tres semanas más, prácticamente dejó de funcionar como tal.

El Guemará (Yerushalmí Ta’anit, capítulo 4) nos dice que algo similar ocurrió en los días del segundo Bet haMiqdash (año 68 de la era común). Los Cohanim estaban tratando de adquirir animales del ejército enemigo. Dos cubos llenos de monedas de oro estaban siendo entregados a través del muro. Y a cambio, los romanos les daban dos animales kosher para el sacrificio diario. Hasta que un día, los romanos tomaron el oro y en los cubos colocaron dos cerdos, que afortunadamente saltaron del cubo antes de llegar al otro lado del muro. Este evento, sin embargo, quedó en la memoria de la gente como un trauma nacional.

En el famoso libro La Guerra de los Judíos (volumen 6), el autor Flavio Josefo escribe:
“Tito, el general romano que dirigió la conquista de Jerusalén en el año 68, ordenó a su ejército abrir una brecha en el muro de la ciudad para que sus soldados pudieran acceder a ella sin dificultades. Ese día, Tito escuchó que el sacrificio diario no se había ofrecido [por primera vez desde el 516 AEC], y el pueblo judío, al escuchar esta triste noticia, quedó completamente desmoralizado.”

Hoy, desafortunadamente, no tenemos el Bet haMiqdash. Pero según la indicación de nuestros profetas, los sacrificios han sido reemplazados por las Tefilot (oraciones). La primera Tefilá que decimos en el día se llama Shaharit, que viene a reemplazar el sacrificio de la mañana (tamid shel shajar), y la segunda Tefilá de la tarde, Minha, reemplaza el sacrificio de la tarde (tamid shel ben ha’arbayim).

También recitamos en las mañanas un texto de Tehilim, poemas religiosos escritos por el rey David, llamado Shir Shel Yom. Cada día de la semana recitamos un texto diferente. Y antes de la recitación, decimos: “Esta era la canción que los Leviim cantaban en el dukhan.” Los levitas, que eran los asistentes de los Cohanim, estaban a cargo, entre otras cosas, de la música y las canciones que se cantaban en el Bet haMiqdash. Estos poemas de Tehilim eran cantados por los Leviim, un coro de un mínimo de doce hombres, en el dukhan, que era una plataforma con tres escalones, en el momento en que se ofrecía el sacrificio diario, en la mañana y en la tarde.

El 17 de Tamuz en contexto

El 17 de Tamuz es uno de los cuatro días de ayuno en los que recordamos los eventos que llevaron a la destrucción de nuestro primer Bet haMiqdash (Templo de Jerusalem) en el 586 AEC y el consiguiente exilio.

• Ayunamos el 10 de Tebet, cuando el enemigo comenzó el asedio de Jerusalem, lo que provocó una gran hambruna, epidemias, etc.
• Observamos un día de ayuno el 17 de Tamuz porque este es el día en que los babilonios hicieron la primera brecha en las murallas de la ciudad, es decir, cuando entraron en la ciudad.
• Después de tres semanas de batalla y agonizante resistencia, el enemigo finalmente prevaleció. Por eso, tres semanas después del 17 de Tamuz, observamos el 9 de Ab, el día nacional de duelo para el pueblo judío. En este trágico día, el primer Bet haMiqdash fue destruido y quemado (el segundo Bet haMiqdash también fue destruido un 9 de Ab, en el año 68 de la era común). Miles de judíos fueron asesinados o murieron de hambre y el resto fueron llevados cautivos a Babilonia. Una pequeña población judía permaneció en Israel como vasallos de los babilonios.
• Unos años después, un grupo de judíos asesinó al delegado babilonio, Gedaliá ben Ajiqam, el 3 de Tishrí. Las consecuencias fueron devastadoras. El emperador babilonio interpretó este asesinato como una rebelión contra su reino y ordenó que la pequeña población judía que había permanecido en Israel después de la destrucción del Templo también fuera asesinada o exiliada.

Estas cuatro fechas: 10 de Tebet, 17 de Tamuz, 9 de Ab y 3 de Tishrí fueron establecidas por nuestros profetas como días de ayuno para recordar la destrucción del Bet haMiqdash y nuestra responsabilidad, alentándonos a reflexionar y arrepentirnos.

Es interesante notar que alrededor del año 516 AEC, 70 años después del exilio, alrededor de 40,000 judíos regresaron a Israel y construyeron el segundo Bet haMiqdash. En ese momento, el profeta Zacarías y Anshe Kneset haGuedolá (el Primer Congreso Judío) cancelaron estos días de ayuno y los declararon días de alegría y celebración.

“Así dice HaShem, Señor de los Ejércitos: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo y el ayuno del décimo serán [ahora y] para la casa de Yehudá temporadas de alegría y regocijo y fiestas alegres…”
(Zacarías 8:19)

Cuando el segundo Bet haMiqdash fue destruido, en el año 68 de la era común, comenzamos a ayunar nuevamente.

BeEzrat HaShem, cuando se construya el Tercer Bet haMiqdash, במהרה בימינו, estos días de ayuno se convertirán nuevamente en días de celebración.


Apostomus quemó un Sefer Torá

Un comando judío atacó una expedición de romanos que traían armas y suministros al ejército invasor. El gobernador romano, Komanos, sitió la ciudad de Bet-Horón, desde donde se organizó este ataque, y ordenó que los atacantes fueran capturados y llevados ante él. Los soldados romanos cumplieron con las órdenes del gobernador, pero las excedieron. Un militar romano llamado Apostomus tomó un Sefer Torá y lo quemó públicamente. Esto ocurrió el 17 de Tamuz. Los Yehudim escucharon esta gran tragedia —fue la primera vez que sucedió, pero desafortunadamente, no la última— y comenzaron una gran revuelta, que solo se apaciguó cuando los romanos ejecutaron al soldado que había cometido esta aberración.


Una brecha en el muro

La rebelión de los judíos contra los romanos no prosperó, y los romanos terminaron destruyendo el Bet haMiqdash en el año 68 de la era común. Los judíos que vivían dentro de Yerushalayim se defendieron detrás de las murallas, que fueron originalmente construidas en los días del rey Shelomó. Las murallas del segundo Bet haMiqdash fueron construidas por Nejemiá, en el siglo V AEC. Estas murallas estaban allí obviamente para mantener a los enemigos fuera de la ciudad y eran especialmente fuertes. La gente luchó con valentía e ingenio para defender la ciudad y repeler a los poderosos enemigos.

Pero los romanos, la superpotencia mundial más poderosa de ese tiempo, tenían tecnología militar muy avanzada. Utilizaron catapultas para lanzar rocas muy pesadas que golpeaban y rompían las murallas. También construyeron torres para escalar las murallas y debilitar las defensas judías. Los soldados enemigos llevaban en estas torres un “ariete”, un tronco enorme con una punta de hierro con la imagen de una cabeza de carnero, para golpear y dañar las murallas y las puertas de la ciudad.

El 17 de Tamuz, una de las murallas de Yerushalayim —la fortaleza de Antonia, construida por Herodes 40 años antes, en honor del emperador Marco Antonio— cedió, y los soldados romanos comenzaron a entrar en la ciudad. Este fue el comienzo del fin de Yerushalayim.

Los judíos lucharon ferozmente desde dentro de las murallas, pero no estaban unidos y estaban peleando entre ellos. Y como explicaron nuestros sabios, cuando esto sucede (sinat jinam), HaShem no está con nosotros.


El 17 de Tamuz en contexto

El 17 de Tamuz es uno de los cuatro días de ayuno en los que recordamos los eventos que llevaron a la destrucción de nuestro primer Bet haMiqdash (Templo de Jerusalem) en el 586 AEC y el consiguiente exilio.

• Ayunamos el 10 de Tebet, cuando el enemigo comenzó el asedio de Jerusalem, lo que provocó una gran hambruna, epidemias, etc.
• Observamos un día de ayuno el 17 de Tamuz porque este es el día en que los babilonios hicieron la primera brecha en las murallas de la ciudad, es decir, cuando entraron en la ciudad.
• Después de tres semanas de batalla y agonizante resistencia, el enemigo finalmente prevaleció. Por eso, tres semanas después del 17 de Tamuz, observamos el 9 de Ab, el día nacional de duelo para el pueblo judío. En este trágico día, el primer Bet haMiqdash fue destruido y quemado (el segundo Bet haMiqdash también fue destruido un 9 de Ab, en el año 68 de la era común). Miles de judíos fueron asesinados o murieron de hambre y el resto fueron llevados cautivos a Babilonia. Una pequeña población judía permaneció en Israel como vasallos de los babilonios.
• Unos años después, un grupo de judíos asesinó al delegado babilonio, Gedaliá ben Ajiqam, el 3 de Tishrí. Las consecuencias fueron devastadoras. El emperador babilonio interpretó este asesinato como una rebelión contra su reino y ordenó que la pequeña población judía que había permanecido en Israel después de la destrucción del Templo también fuera asesinada o exiliada.

Estas cuatro fechas: 10 de Tebet, 17 de Tamuz, 9 de Ab y 3 de Tishrí fueron establecidas por nuestros profetas como días de ayuno para recordar la destrucción del Bet haMiqdash y nuestra responsabilidad, alentándonos a reflexionar y arrepentirnos.

Es interesante notar que alrededor del año 516 AEC, 70 años después del exilio, alrededor de 40,000 judíos regresaron a Israel y construyeron el segundo Bet haMiqdash. En ese momento, el profeta Zacarías y Anshe Kneset haGuedolá (el Primer Congreso Judío) cancelaron estos días de ayuno y los declararon días de alegría y celebración.

“Así dice HaShem, Señor de los Ejércitos: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo y el ayuno del décimo serán [ahora y] para la casa de Yehudá temporadas de alegría y regocijo y fiestas alegres…”
(Zacarías 8:19)

Cuando el segundo Bet haMiqdash fue destruido, en el año 68 de la era común, comenzamos a ayunar nuevamente.

BeEzrat HaShem, cuando se construya el Tercer Bet haMiqdash, במהרה בימינו, estos días de ayuno se convertirán nuevamente en días de celebración.





Rab Shaul haLevi Mortera (1596-1660) fundador de la comunidad Sefaradí de Ámsterdam

Ribbí Shaul Leví Mortera nació en Venecia, Italia, en el año 1596, en el seno de una familia de judíos sefaradíes descendientes de anusim portugueses. Desde su juventud mostró una inclinación natural hacia el estudio profundo, la filosofía y la tradición.

El evento que marcó el inicio de su carrera rabínica tuvo lugar en el año 1616. Mortera fue quien escoltó el cuerpo del célebre médico judío Eliahu de Luna Montalto —médico personal de la reina María de Médicis— desde París hasta Ámsterdam. Este acto de lealtad y respeto hacia un sabio tan respetado dejó una profunda impresión en la comunidad sefaradí de la ciudad, y fue tal la impresión que causó que le ofrecieron el cargo de liderazgo rabínico en la comunidad sefaradí de Ámsterdam.

Formación y primeras responsabilidades

Ya en Ámsterdam, el rab Shaul prosiguió sus estudios bajo la dirección del jajam Yitsjaq Uziel, un rabino originario de Marruecos. Estudió con él Talmud, filosofía judía, exégesis bíblica y pensamiento medieval, en especial el legado de Maimónides. En poco tiempo fundó una institución de estudios avanzados, un Bet Midrash llamado Kéter Torá, donde él mismo enseñaba. Mencionemos que el rab Mortera brillaba en una generación donde había luminarias como el rab David Pardo, el rab Jacob Sasportas y Menashé ben Israel.

Gracias a su prestigio creciente, fue nombrado presidente de la corte rabínica de la comunidad portuguesa de Ámsterdam. Este cargo no solo implicaba dictaminar halajá, sino también actuar como líder comunitario en una ciudad donde el judaísmo, aunque tolerado, vivía bajo vigilancia y presión de las autoridades calvinistas.

La fundación de la Yeshivá Ets HaJayim

Uno de los grandes logros de Mortera fue la fundación y dirección de la famosa Yeshivá Ets HaJayim, institución que se convirtió en el centro del renacimiento espiritual sefaradí en los Países Bajos. Allí enseñó durante décadas a cientos de alumnos, muchos de ellos descendientes de familias marranas que apenas estaban redescubriendo el judaísmo que sus antepasados habían practicado en secreto.

Entre sus alumnos más destacados se cuentan figuras como el rabino Moshe Zacuto y el rabino Abraham HaCohen Pimentel (autor de Minjat Cohen). Su mayor frustración fue que uno de esos alumnos fue también el famoso hereje Baruj Spinoza, a quien él mismo tuvo que excomulgar.

Espinoza fue su alumno directo en Talmud, Torá y filosofía, pero con el tiempo adoptó posturas cada vez más radicales que desafiaban los principios fundamentales del judaísmo tradicional. Cuando finalmente la comunidad sefaradí decidió emitir el jérem (excomunión) contra Spinoza, el 27 de julio de 1656, Mortera fue uno de los tres dayanim que firmaron la sentencia, redactada en términos inusualmente severos. La decisión fue dolorosa, pero necesaria para proteger la cohesión interna de una comunidad en reconstrucción.

Su obra central: Giv’at Shaul

El legado escrito más famoso de Mortera es sin duda Giv’at Shaul, publicado en hebreo en Ámsterdam en 1645. Esta obra recoge 50 derashot (sermones) seleccionadas de entre más de 500 pronunciadas durante su carrera. Los sermones están basados en las secciones semanales de la Torá y combinan conocimiento rabínico, rigor filosófico y profundidad emocional.

Giv’at Shaul refleja la preocupación constante del rabino por guiar espiritualmente a una generación cuyos miembros habían sido educados en conventos o colegios cristianos, sin conocimiento previo de la Torá ni de la tradición judía. En cada discurso, el rab Mortera utiliza la parashá para hablar sobre Emuná, fe judía, justicia, providencia, mesianismo y libre albedrío, todo con un tono didáctico y comparando la visión judía con la cristiana que sus alumnos conocían. Para la mayoría de ellos era la primera vez que escuchaban la versión judía de los principios de fe.

Maestro de los “nuevos judíos”

Ribbí Shaul Leví Mortera entendía que su principal tarea no era solo enseñar Torá a los sabios, sino reeducar a los “nuevos judíos”, es decir, a aquellos descendientes de marranos que, tras generaciones de adoctrinamiento y conversión forzada, retornaban públicamente al judaísmo. A muchos de ellos, la sinagoga les era tan ajena como lo era una iglesia para un judío tradicional.

Por esta razón, escribió varios libros en portugués y en español, dedicados específicamente a esta población. En ellos abordaba los fundamentos del judaísmo, la inmortalidad del alma, el Mesías, la revelación, la unicidad de Dios y —sobre todo— las diferencias entre el judaísmo y el cristianismo.

Uno de los más significativos es El Tratado de la Verdad de la Ley de Moisés, en el cual Mortera defiende el judaísmo frente a los dogmas cristianos. Explica el entendimiento judío de los versículos bíblicos que la Iglesia había apropiado para justificar doctrinas como la Trinidad, la encarnación o la abolición de la Torá. Lo hace con claridad, lógica y sin tono provocador, manteniéndose fiel a una línea apologética judía que se remonta a Saadia Gaón y a Maimónides.

Otros escritos y tratados apologéticos

Además del Giv’at Shaul y del Tratado de la Verdad, Mortera escribió numerosas obras de polémica religiosa y filosofía popular, entre ellas:

  • Preguntas que hizo un clérigo de Ruan de Francia: una respuesta puntual a los ataques de un sacerdote católico contra el Talmud.

  • Providencia de Dios con Israel: reflexión sobre la elección del pueblo judío y su rol en la historia sagrada.

  • Relación memorable para confusión de aquellos que niegan la providencia divina: exposición de la fe judía en la supervisión activa de Dios (hashgajá).

  • Obstáculos y oposiciones contra la religión cristiana: crítica racional a los principios básicos del cristianismo.

  • Varios tratados relativos a la religión judía: compendio de temas introductorios para el aprendizaje de los nuevos judíos.

  • La eternidad de la Ley de Mosheh: defensa enfática del carácter eterno e irremplazable de la Torá frente a la noción del “Nuevo Pacto”.

Estos escritos circularon en manuscritos o impresos de edición limitada, y fueron preservados en bibliotecas de Londres, Ámsterdam y Hamburgo. Algunos de ellos fueron utilizados por generaciones posteriores de rabinos para enfrentar las dudas de conversos, misioneros y cristianos interesados en el judaísmo.

Su pensamiento: entre Maimónides y el exilio

Mortera fue un hombre profundamente influenciado por el judaísmo inteligente de Maimónides, un modelo ideal para una comunidad judía que, si bien acababa de salir del trauma de la Inquisición, estaba compuesta por individuos altamente educados. Al enseñar la filosofía de Maimónides, Mortera les ofrecía a los exconversos un lenguaje que ellos comprendían, y a través de él podía transmitir los principios de fe judía claramente diferenciados de los preceptos cristianos.

Incluso citando a Maimónides podía enseñarles —a esos exconversos que habían asistido a universidades— que la ciencia no está en contradicción con la fe, como sucedía con frecuencia en el mundo cristiano.

El rab Shaul entendía que el retorno al judaísmo no se lograba mediante imposiciones, sino con paciencia y claridad.

Se dice sobre Maimónides y su actitud hacia aquellos judíos yemenitas que sufrieron la conversión forzosa en el siglo XII, que para Maimónides la crisis espiritual no es un delito: es una enfermedad. Y por lo tanto, no necesita de un juez que venga a sentenciarla, sino de un médico que venga a curarla.

Legado

Ribbí Shaul Leví Mortera falleció en 1660, dejando un legado que perduró mucho más allá de su tiempo. Fue el símbolo de una generación que reconstruyó el judaísmo sefaradí desde las cenizas del exilio y la persecución.

Su obra, tanto oral como escrita, consolidó a Ámsterdam como el centro intelectual y espiritual del judaísmo sefaradí en Europa occidental durante el siglo XVII. Sus discípulos continuaron su labor en Europa y en el Imperio Otomano, y su influencia aún se percibe en el pensamiento judío moderno, especialmente en los debates entre tradición y modernidad, fe y razón, memoria y libertad.

Como todos los Gigantes Olvidados, el rab Mortera merece ser recordado no solo por su erudición, sino por su misión: reconstruir la identidad judía de quienes la habían perdido… sin haberla olvidado nunca.




BALAQ: ¿Quiénes son los peores enemigos de Israel?


DE ADENTRO HACIA AFUERA

Hasta ahora, la mayoría de los problemas que el pueblo de Israel tuvo en su travesía por el desierto tenían que ver con conflictos internos: la gente insatisfecha, quejas por la comida (maná), los espías que desalentaron al pueblo, la rebelión de Koraj contra el liderazgo de Moshé, etc. Esa generación que salió de Egipto tuvo que, literalmente, desaparecer.

Ahora, nuestra Perashá sucede 40 años después de la salida de Egipto. Los problemas se transforman: son conflictos con los enemigos externos.

Israel está en el lado este del río Jordán, lo que hoy es Jordania, listos para ingresar a la tierra prometida.

Balaq, el rey de la nación de Moab, ve desde lo alto de su montaña al pueblo judío y les tiene miedo. Se dio cuenta de que estos judíos son diferentes a la primera generación: saben defenderse y luchar, como quedó demostrado en las impresionantes victorias contra Sijón y Og. Balaq teme que su reino termine de una manera parecida. Y para evitarlo, se le ocurre una idea no convencional, “out of the box”.

EL SECRETO DE LA SUPERVIVENCIA JUDÍA

Balaq reflexiona sobre el pueblo judío y sus espectaculares triunfos: si la primera generación, los que salieron de la esclavitud y no sabían luchar, vencieron a Egipto, la mayor superpotencia del Medio Oriente, y humillaron al faraón y su ejército, ese triunfo NO podía haberse basado en su poderío militar. “Algo” sobrenatural tiene que explicar por qué Israel nunca perdió una guerra a pesar de NO ser un pueblo agresivo, guerrero y despiadado. Balaq concluye —correctamente— que el secreto de Israel no está en su destreza militar. Hay algo —Alguien— no convencional que les ayuda a ganar las guerras. Y asume que el secreto de las victorias judías está en la relación entre Moshé y el Dios de Israel. El Dios de Moshé, razona Balaq con su mente idólatra, es superior y ha vencido a todos los dioses egipcios.

Balaq tiene que buscar un dios más poderoso que el de Israel. En su defecto, podría utilizar a alguien que pudiera manipular a ese mismo “Dios” de Israel, un razonamiento no poco común en el mundo idólatra, y usarlo contra Moshé. Los dioses paganos eran sobornables y podían cambiar de opinión. Pero había que encontrar a alguien que tuviera acceso a ese Dios y lo convenciera de que se pusiera en contra de Moshé. Balaq cuenta con muchos recursos propios: adivinos, brujos y magos. En el pueblo de Midyan, le informan a Balaq, hay alguien muy especial, un profeta como Moshé, que pueda invocar al mismo Dios de Moshé. Se llama Bilam, y es aliado de sus aliados medianitas.

Lo manda a buscar y lo contrata para que con sus poderes “maldiga” a Israel: es decir, haga que Dios se vuelva contra ellos. En la cultura pagana creían que los dioses no pueden “querer” a alguien, elegir a alguien así porque sí. Los dioses paganos son mercenarios. Pueden ser comprados, manipulados y cambiarse de bando. Y Bilam es la persona indicada para hacerlo.

Luego de idas y vueltas, donde le explica a Balaq que él no habla de su propio albedrío, sino que “Dios pone las palabras en su boca”, Bilam llega donde Balaq, entra en trance y trata de invocar a Dios para maldecir a Israel. Pero Dios interviene en las palabras de Bilam, lo inspira —lo posee— y en lugar de maldiciones, de la boca de Bilam salen las más hermosas bendiciones. Lo intentan varias veces, siete en total, desde diferentes ángulos, con diferentes sacrificios, pero una y otra vez, todas las maldiciones que Bilam quería pronunciar contra Israel se transforman en bendiciones. Balaq se enoja muchísimo con Bilam y lo echa.

BILAM EL MONOTEÍSTA

El relato es fascinante y deja muchos interrogantes abiertos. Me voy a concentrar en uno solo. ¿Por qué Bilam se presta a ayudar a los enemigos de Israel? Es raro porque Bilam, aparentemente, es una persona religiosa y reconoce al Dios de Israel.

Repito: Bilam no solo cree en un “dios” general, sino en el Dios de Israel. Y a diferencia del faraón o de otros gentiles, Bilam no usa solo la palabra ELOQIM, que significa genéricamente “Dios”, sino “Amonay” (con “d”): el “nombre propio” del Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Dos preguntas. Primera pregunta: ¿Cómo es posible que Bilam creyera en el Dios de los judíos? Creo que ningún comentarista se refiere a este punto. Quizás porque la respuesta es demasiado simple. Bilam pertenece a la nación de Midyan, ¡el pueblo del suegro de Moshé, Yitró! En el libro de Shemot leímos que Yitró llegó al campamento de Israel alabando y reconociendo al Dios de Israel. Pero luego, antes de que Israel partiera rumbo a la tierra prometida, Yitró regresó a Midyan, y de acuerdo a algunos comentaristas, cuando regresó a Midyan, difundió el culto al Dios de Israel. Esta Perashá sucede 40 años más tarde. Y al parecer Bilam era discípulo de Yitró, y a través del suegro de Moshé aprendió acerca de HaShem, Dios de Israel.

LA COMPETENCIA RELIGIOSA

Segunda pregunta. Si Bilam y Moshé son monoteístas y creen en un mismo Dios, si la religión de Bilam y la de Moshé eran tan parecidas, ¿por qué Bilam odia a Israel y los quiere maldecir?

Es mucho más lo que Bilam y Moshé comparten ideológicamente que lo que los separa. Incluso si Bilam llamaba a Dios con otro nombre en idioma medianita, se refería al mismo Dios. Es como cuando un musulmán menciona a Allá: se está refiriendo al Dios de la Biblia, al Dios de Abraham, Isaac y Jacob. El monoteísmo, la creencia en un solo Dios, tendría que motivar a Bilam a actuar como protector de Israel, o por lo menos como su aliado más leal. ¿Cómo se explica el antagonismo de Bilam hacia Israel?

Creo que, una vez más, para entender el pasado bíblico debemos utilizar el presente político.

Pensemos en quiénes son hoy en día los enemigos más feroces de Israel. Sin duda, los musulmanes islamistas, es decir, los más “religiosos” como Hamas, la Hermandad Musulmana y el Jihad Islámico. Recordemos que el Islam se forma a partir de textos e ideas bíblicas: el patriarca Abraham, la Biblia, el monoteísmo, el rezo, el ayuno, etc. ¿Por qué entonces esa enemistad hacia Erets Israel, cuando en realidad, los musulmanes —nuestros primos hermanos— deberían ser nuestros protectores o al menos nuestros “aliados naturales”? ¿Cómo se explica?

LA TEORÍA DEL REEMPLAZO

El profesor Mordejai Kedar y otros analistas israelíes que se especializan en el Islam, explican que detrás de todo el odio político y la idea de Jihad de los islamistas hay una base 100% religiosa: ¿quién debe ser considerado como el verdadero representante del Dios de la Biblia: Israel o la nación islámica? ¿Quién es superior? ¿Y quién fue el profeta superior: Moshé o Mahoma? ¿Quiénes son los auténticos representantes de Dios sobre la tierra: los judíos o los musulmanes? Que quede claro que la lucha religiosa por demostrar supremacía viene de un solo lado: del lado islamista. Los judíos, B”H, no necesitamos declarar ninguna guerra religiosa para validar nuestra condición de pueblo elegido, porque NO SUFRIMOS DE NINGÚN COMPLEJO DE INFERIORIDAD. Pero del otro lado hay una desesperación por demostrar la supremacía religiosa.

NADA NUEVO BAJO EL SOL

Esto ocurrió con Bilam. A pesar de todo lo que tenía en común con Moshé, a Bilam NO LE INTERESABA relacionarse con Moshé, no quería sumarse a su pueblo ni convertirse en su aliado. Una vez que conoció la religión de Moshé, SE APROPIÓ DE LA RELIGIÓN DE MOSHÉ y desde ese momento Moshé le hacía sombra. El odio de Bilam hacia el pueblo de Israel nacía desde su deseo y aspiración de REEMPLAZAR a Israel.

Y por eso se transformó en su mayor enemigo e intentó destruirlo.

Pero Dios no lo permitió en ese momento ni lo permitirá hoy.

SHABBAT SHALOM




La humildad de Moshé y la arrogancia de Bil’am

¿QUIÉN ERA BILAM?

Aunque una de las Perashiot que leemos esta semana lleva el nombre del Rey de Moab, Balaq, el protagonista principal es un individuo muy misterioso llamado Bil’am (Balaam). ¿Quién era Bil’am? Bil’am era un profeta no-judío. Y de acuerdo a nuestros Sabios, Dios se reveló a Bil’am en un nivel similar al que se reveló a Moshe (Moisés).

Pero no asumamos que por el hecho que Dios se reveló a Bil’am, Bil’am se parecía a Moshé. En realidad aunque ambos, Moshé y Bilam, recibieron un mensaje profético, procesaron esta experiencia de una manera completamente diferente. Opuesta. 

LA EXPERIENCIA DE MOSHE

El comunicarse con Dios le hizo darse cuenta a Moshé de lo pequeño y limitado que él era.  Un ejemplo.  Moshé tenía muchas preguntas que hacerle a Dios. Uno de los temas que más angustiaba a Moshé era no comprender la justicia de Dios. ¿Cómo puede ser que si Dios es todo bondad (omnibolente) y todo lo puede (omnipotente) los hombres justos muchas veces sufren?  Sin embargo, después de su «encuentro cercano» con Dios, esta pregunta de Moisés desapareció. Pero no desapareció porque Moshé encontró una respuesta a este interrogante, sino porque la cercanía de Dios le permitió a Moshé entender mejor sus propias insuperables limitaciones. Su encuentro con Dios le hizo comprender a Moshé por qué no podía comprender. Al aproximarse a la Infinitud de Dios Moshé tomó conciencia de su infinita pequeñez. Y entendió que tratar de entender «los pensamientos de Dios» está más allá de las capacidades cognitivas de un ser humano, por más sabio o inteligente que éste fuera. Es por eso que después de experimentar la revelación Divina, Moshé, que ya era humilde, se comportó con más humildad y se convirtió en «el hombre más humilde que hubo sobre la faz de la tierra» (Bamidbar 12:03).

LA EXPERIENCIA DE BILAM

Bil’am también tuvo un encuentro cercano con Dios. La misma epifanía abrumadora que experimentó Moshé Rabenu. Pero la reacción de Bil’am fue exactamente opuesta a la de Moshé. Cuando Dios se reveló a Moshé, Moshé se enfocó en Dios, en su Infinita Sabiduría que tan lejos está de nosotros. Pero cuando Dios se reveló a Bil’am, Bil’am se enfocó en sí mismo. Bil’am pensó que si Dios se comunicaba con él, era porque él, Bil’am, era una persona muy especial y única: un iluminado. Y así Bil’am se convenció de que él era el hombre más importante sobre la faz del planeta.  Y actuaba de esa manera. Lejos de tomar conciencia de su finitud al tener más conciencia de la infinitud de Dios, Bil’am se jactó de que él ahora podía comprender la Sabiduría Divina. Y en un momento pronunció la frase más arrogante que se haya escrito en la Torá: yode’a da’at ‘Elion, «[Yo soy Bil’am], el que comprende la mente del Todopoderoso».

LA EXPERIENCIA RELIGIOSA

Vemos como la misma experiencia espiritual, la revelación de Dios, afectó a Bilam y a Moshé Rabenu de maneras completamente opuestas.  Moshé se transformó en el hombre más humilde de la historia. Y Bilam, en el más arrogante.  Bil’am, por ejemplo,  se refirió a sí mismo en tercera persona.  Y también se alardeaba de que Dios hablaba «a través de su boca», como si él fuera Su elegido. Bil’am presumía tener la habilidad de destruir a toda una nación, Israel, con el poder de su palabra, sin necesidad de un enfrentamiento militar.  Bil’am pensaba que podía «forzar» la voluntad Divina y «obligar» a Dios, a través de su magia a hacer lo que él, Bil’am, quisiera. 

CUANDO LOS BURROS HABLAN

Nuestros rabinos señalan que Bil’am recibió una lección de humildad de quien menos imaginaba: de su burra.   

Cuando Bil’am se dirigía a encontrarse con Balaq, que lo había contratado para maldecir a Israel, iba montado en su asno. El animal de pronto se detuvo y se desvió de su camino. La Torá explica que al animal vio un ángel, se asustó y por eso se detuvo. Pero Bil’am castigó a su burra y la amenazó de muerte con su espada. Dios, entonces, «abrió la boca» del animal y la burra le reveló a Bil’am por qué se había desviado.

Nuestro rabinos explicaron lo siguiente:

Bilam se jactaba de que Dios «hablaba por su boca». Ahora, Bilam vió que incluso un burro, que nunca fue considerado un animal muy inteligente, también podía hablar y transmitir un mensaje Divino, si Dios así lo quiere. Ergo: Bil’am no era ni siquiera superior a su burra.

Bilam también afirmó que él podría eliminar toda la nación de Israel con sus maldiciones mágicas. Pero entonces ¿por qué para amenazó matar a su burro con su espada? Bil’am alardeaba de poderes que él mismo sabía que no tenía. 

Por último, Bil’am afirmó que él podía entender la Mente Divina. Y Dios le demuestra a Bil’am que ni siquiera era capaz de comprender la mente de una burra…

El hombre humilde es como el Bambú, dice un proverbio chino, cuando más alto crece más se inclina. 

SHABBAT SHALOM