¿Cuál es la mejor forma de hacer las Kapparot?

En muchas comunidades judías, existe la costumbre (Minhag) de hacer Kapparot en la víspera de Yom Kipur, ¿cuál es la mejor manera de hacer las Kapparot, con un pollo o con dinero que luego será dado para Tsedaqa (caridad?)

En primer lugar, hay que aclarar que no hay una mitsva en la Tora que indique la obligación de realizar las Kapparot o cualquier tipo de sacrificio animal en la víspera de Yom Kipur. En nuestros días, como Maimónides explica “en sham ela teshuba “no existe nada fuera de la Teshubá para expiar por nuestros pecados”.  La Teshubá es un proceso de introspección mental, emocional y verbal muy serio que consiste en la admisión y la confesión de nuestros errores y nuestros malos hábitos, que en última instancia nos deben conducir a un cambio positivo en nuestro comportamiento.

Las Kapparot comenzaron como una práctica que fue iniciada por el pueblo —no por los Rabinos— en el tiempo de los Gueonim (años 800-1000). La Kappará se hace con un animal vivo, lo cual debe inspirar un sentimiento de Teshubá. ¿Cómo? Al ver la Shejitá (el sacrificio) de la gallina, debemos asumir la extrema fragilidad de la vida y  concientizarnos en la importancia de hacer Teshubá, reflexionando sobre nuestra propia mortalidad. Esta es, por cierto, la explicación frecuente para el efecto que los qorbanot,  sacrificios rituales, en los tiempos del Bet haMiqdash tenía sobre la conciencia del pecador.

Sin embargo, poco después de que la costumbre de Kapparot se hizo más popular, algunos rabinos muy prominentes como el Rambán (Najmánides) elevaron sus voces en contra de esta práctica. El Rabino más importante de aquella época, Marán Rabbí Yosef Caro (1488-1575) el autor del Shuljan Aruj, el Código de la Ley oficial de todos los judíos, desaprobó la práctica de Kapparot en la víspera de Yom Kippur de forma explícita y usando palabras muy duras. En la primera edición de la ‘Aruj Shulján (Venecia 1565) está escrito en el título del Siman 605, donde el rabino Yosef Caro desaprueba la costumbre de las Kapparot מנהג כפרות בערב יום כפור מנהג של שטות הוא. «La costumbre de Kapparot en la víspera de Yom Kippur es una costumbre tonta» (eufemismo por “superstición”)“.  Increíblemente, en las ediciones posteriores los editores borraron esta  última línea. (Véase la edición original del Shulján ‘Aruj con esta cita aquí, ver también en este texto que el Rab Rama (Mura»m), que registra la costumbre Ashkenazí, sí recomienda hacer las Kapparot con un pollo o una gallina. Pero menciona también la alternativa de Tsedaqá y el problema de los Qorbanot).  

Pero, ¿por qué la oposición de tan grades rabinos a las Kapparot con animales?

En primer lugar, como Najmánides dice: mishum darke haemori «porque es similar a la práctica de los adoradores de ídolos». Incluso hoy en día, muchos cultos como Macumba, Vudu, etc. utilizan un pequeño pollo como sacrificio a sus ídolos (haga Google por ejemplo con la palabra «Eshu» o “Eleggua”, grandes ídolos guerreros de la santería,  a quienes sus seguidores “adoran” sacrificando a ellos un pequeño pollo).

En segundo lugar, el hecho de que la realización de la Kappará es similar a la realización de los qorbanot o sacrificios , hizo que muchos rabinos estuvieran muy preocupados, porque el sacrificio de un animal “como sacrificio” afuera del Bet haMiqdash pudiera ser considerado una grave transgresión (haqrabat jutz), una prohibición bíblica que conlleva el Karet. Por esta razón, muchos rabinos incluso prohibieron el consumo de un pollo que fue sacrificado de esta forma, o con la intención de un Qorbán (El Rishbá, aunque también se oponía a las Kapparot con pollo, permitía comer esos animales –que por lo general se ofrecía como caridad  a los pobres, ya que el pollo no es uno de los animales que se ofrecían como sacrificio en el Bet haMiqdash).

En tercer lugar, como son muchas las personas que quieren hacer Kapparot en la víspera de Yom Kipur (esto suele suceder especialmente en Israel y en New York y otras ciudades con importante población judía), la Shejitá podría no hacerse con el debido cuidado y atención en términos de la revisación de los cuchillos y otros detalles rituales. Este fue el punto principal mencionado por el rabino Obadia Yosef z’’l y por lo cual recomendó hacer las Kapparot con Tsedaqá en lugar de pollos (ver este artículo ). 

Hay otro problema relacionado con este punto, alta demanda de Kapparot, que debe ser tenido en cuenta. Debido a la gran demanda y el corto tiempo para sacrificar tantos animales en la víspera de Yom Kippur, a menudo los animales son maltratados en el proceso, y a veces son dejados durante horas o incluso días en jaulas sin comida ni agua. Esta es una transgresión grave y explícita de un mandamiento de la Torá que nos indica tratar a los animales con compasión y evitar el sufrimiento innecesario de los seres vivos (tsa’ar ba’ale jayim). Uno de los Rabinos principales de Israel, el Rab Rashi Ashkenazi de Israel, el rabino David Lau, abordó esta cuestión hace un par de años  (ver aquí).

Por último, la mayoría de las personas que hacen la Kappará no consumen ese pollo, y a aveces ni siquiera se lo entrega a un individuo pobre para su consumo , como menciona Ramá que solía hacerse en el pasado (porque muchos piensan que los pecados se transfieren al animal, lo cual, insistimos, no es un concepto judío). En ese caso, cuando se mata a un animal innecesariamente (=cuando no es para comer) se está transgrediendo otra  prohibición bíblica llamada bal tashjit,  el sacrificio innecesario la vida de un ser vivo.

En conclusión, la mejor forma de hacer las Kapparot y evitar todos estos problemas es la Tsedaqá (= entregar dinero o comida preparada para los necesitados). Cuando hacemos las Kapparot de esta manera 1. evitamos todos los problemas mencionados anteriormente, y, 2. antes de que comience Yom Kippur, nos adjudicamos el cumplimiento del mandamiento bíblico de Tsedaqá, que es un mitsva sin perjuicios colaterales. Por el contrario, Tsedaqá (caridad, ayuda a los necesitados) fue considerada por nuestros Sabios como el precepto activo (Mitsvat Asé) más importante de la Torá. Así escribe Maimónides: «Hay que ocuparse de la Mitsva de Tsedaqá más que de cualquier otro mandamiento positivo» (MT, Matanot’ aniyim 10: 1 ). Dar Tsedaqá trae una gran zejut (mérito) al que ayuda justo antes de Yom Kippur, y un alivio, que puede ser muy necesario, para el destinatario: וצדקה תציל ממות

Ver este video donde rabino Shelomo Aviner, Rosh Yeshibat Ateret Cohanim, explica las formas de hacer kaparot y menciona, entre otras cosas, que el rabino Kaddouri z «l, y el rabino Shlomo Zalman Auerbach z» l hacían kaparot con Tsedaqa en lugar de pollo.




EL ANTISEMITISMO DE CANDACE OWENS, UN MISTERIO FINALMENTE EXPLICADO

Hasta hace unos 5 o 6 años, Candace trabajaba con Ben Shapiro y con el extraordinario Dennis Prager. Era evangélica, de tendencia conservadora. Era una mujer positiva, naturalmente proisraelí y filojudía. Candace, además, era una voz afroamericana muy necesaria para sostener una relación saludable entre afroamericanos y judíos.

Pero todo cambió cuando Candace se casó. El cambio fue gradual, pero durísimo. Hoy Candace evoca sin vergüenza ni escrúpulos los peores discursos antisemitas de la red X (antes Twitter). Niega o minimiza el Holocausto y acusa a los judíos de todos los problemas del mundo: responsabiliza a Israel del 11 de septiembre y hasta sugiere que Israel se atacó a sí mismo para justificar —según su relato— matar a los pobres “inocentes” guerrilleros de Gaza. Y por supuesto culpa a Israel del asesinato de Charlie Kirk. Para mí es la voz más antisemita de las redes sociales y tiene millones de seguidores.

¿Qué pasó? Hasta ayer no tenía idea. Y solo después de leer el siguiente artículo que les resumo lo entendí. Lo acabo de descubrir y lo comparto con ustedes.

El artículo original se llama: “Candace Owens, George Farmer y el Giro Contra los Judíos”

El brusco giro de Candace Owens hacia una hostilidad contra los judíos ha desconcertado a muchos observadores. Antes era protestante y evangélica, pero su retórica cambió de forma notable tras su matrimonio en 2019 con el político británico George Farmer. Según el rabino Tovia Singer, la explicación no está en las ideas políticas sino en la religión de su esposo.

En una charla reciente en YouTube, el rabino Singer explicó:
“Su esposo… pertenece a una rama del catolicismo que rechaza el Concilio Vaticano II.… pertenece a una versión del catolicismo como la de Mel Gibson, donde creen que el último Papa, el verdadero último Papa, fue Pío XII… Ella [Owens] solía ser protestante… Ella se convierte al catolicismo de su esposo.”

¿Qué es el Sedevacantismo?

Una facción católica marginal obsesionada contra los judíos. La palabra significa literalmente “la sede está vacante”. Los sedevacantistas rechazan la legitimidad de todos los papas posteriores a Pío XII (fallecido en 1958), afirmando que la Iglesia cayó en apostasía con las reformas del Concilio Vaticano II (1962–1965).

¿A qué apostasía se refieren? El Concilio Vaticano II fue revolucionario por tratar de mejorar las relaciones católico-judías. La declaración Nostra Aetate rechazó explícitamente la acusación “madre”, responsable del terrible antisemitismo europeo que desembocó incluso en el Holocausto y vigente durante siglos: que los judíos somos culpables de la muerte de Cristo. Este Concilio llamó a los judíos “amados por Dios”, afirmó su pacto y exhortó a los católicos a fomentar el respeto y el diálogo con el judaísmo.

Los sedevacantistas rechazaron esta nueva idea y consideraron al Concilio Vaticano II ilegítimo porque, en su visión, los judíos debían seguir siendo identificados como “deicidas” y continuar demonizados y castigados. El sufrimiento judío sería, para ellos, el castigo eterno merecido por lo que hicieron.

¡El odio hacia los judíos era tan rancio que los llevó a rechazar y a deslegitimar al Vaticano!

Candace y otros católicos de esta línea NO ACEPTAN AL PAPA. TODOS los Papas son ilegítimos por haber perdonado a los judíos y haber mejorado las relaciones con ellos. Por eso gente como Farmer o Mel Gibson NO RECONOCEN A LOS PAPAS y sostienen que Pío XII fue el último Papa legítimo y que la sede papal ha estado vacante desde entonces.

Así, cuando Owens se casó, se convirtió a esta variante del catolicismo y pasó a convertirse en una voz marcada por teorías conspirativas, obsesionada no ya con Israel sino contra los judíos. Por eso no importa lo que los judíos hagamos o dejemos de hacer: la cuestión de Gaza —o cualquier otra excusa política— no es más que una pantalla para disfrazar lo que Candace nunca admitirá abiertamente: su judeo-fobia es teologica, no política.




NITSABIM: Los dos caminos de regreso a Dios

LOS ONCE PESUQUIM

La Parashá de esta semana, Nitsabim, contiene un texto extraordinario con once versículos (Debarim 30:1–11) que resuenan en nuestro presente político y religioso contemporáneo.
 Este texto describe lo que hoy llamaríamos el “sionismo bíblico”. El mensaje es inequívoco: en el futuro, el pueblo judío retornará a Dios. Este texto, conocido como «Parashat haTeshubá», describe dos tipos de Teshubá.

Primero, Moshé habla de regresar, de volver a Dios con el corazón: VAHASHEBOTA EL LEBABEJA, y obedecer Su palabra, VESHAMATA BEKOLO. Este es el sentido clásico de la palabra Teshubá: arrepentirse, cambiar la conducta, volver al pacto abandonado. Esta es la Teshubá religiosa, el despertar al que nos inspira el Shofar, por ejemplo. Es la Teshubá que comenzaremos a practicar ahora en Rosh Hashaná, hasta el día de Yom Kippur.

Cuando eso sucede, continúa la Torá, comienza otro tipo de Teshubá. La Teshubá geográfica. Los judíos, que por no haber escuchado a Dios fueron dispersados “hasta los confines del cielo”, cuando regresan a ה׳ con todo su corazón y toda su alma experimentarán «un segundo regreso» , (el verdadero Second Coming) también llamado Teshubá: el retorno geográfico a Dios. El pueblo judío regresará a Su tierra como una señal de reconciliación. Esta es la Teshubá nacional, colectiva, que hoy llamamos sionismo.

Moshe describe este proceso como un movimiento de reciprocidad: el pueblo da el primer paso y regresa, y ה׳ los hará regresar, es decir, les facilitará el retorno a su hogar ancestral desde todos los rincones del mundo.

Y allí llega el pasuq más emocionante de nuestra Parashá:

אִם־יִהְיֶה נִדַּחֲךָ בִּקְצֵה הַשָּׁמָיִם מִשָּׁם יְקַבֶּצְךָ ה׳ אֱ-לֹהֶיךָ וּמִשָּׁם יִקָּחֶךָ

“Aunque estuvieras exiliado en el fin del mundo, desde allí te recogerá ה׳ tu Dios y desde allí te traerá de regreso.”

La intervención Divina no terminará en facilitar el regreso a Israel; Dios estará allí contigo:

וֶהֱבִיאֲךָ ה׳ אֱלֹהֶיךָ אֶל־הָאָרֶץ אֲשֶׁר־יָרְשׁוּ אֲבֹתֶיךָ וִירִשְׁתָּהּ וְהֵיטִבְךָ וְהִרְבְּךָ מֵאֲבֹתֶיךָ׃

“Y ה׳ tu Dios te hará volver a la tierra que tus padres poseyeron, y tú la poseerás; Él te hará bien y te multiplicará más que a tus padres.”

Dios concederá Su bendición y restaurará la dignidad del pueblo.

La Teshubá comienza cuando el pueblo judío vuelve a Dios: se hace menos secular, más tradicional, menos prejuicioso frente a su propia religión, más interesado en aprender. Este es el retorno a ה׳, la reconciliación espiritual e individual. Luego, inevitablemente, llega la Teshubá geográfica, la sed del retorno a la tierra que nos pertenece y a la cual pertenecemos.

Estos 11 versículos son proféticos. Y es difícil —si no imposible— no verlos como una profecía que se cumple en nuestros días.

El Rab Bibas y el Sionismo moderno

Creo que el primero en describir estas dos formas de Teshubá fue el Rab Yehuda Bibás. ( Sí, es el mismo apellido de Yarden Bibas, su esposa Shiri y sus dos pequeños hijos, z”l, secuestrados y asesinados por Hamas.)

El Rab Bibás nació en Gibraltar —colonia inglesa en España, como las Malvinas argentinas—. Por el lado de su madre fue nieto del famoso rabino marroquí Rabbenu Jaim ben Attar, el Or HaJayim haQadosh (1696–1743). Su padre pertenecía a una prestigiosa familia de rabbanim, dayanim y shojatim de Tetuán, Marruecos español.

El Rab Bibás sirvió por muchos años como rabino de la prominente y afluente comunidad judía de Corfú, una hermosa isla que hoy pertenece a Grecia.

Vivir en Corfú le permitió al Rab Bibás tener una perspectiva privilegiada de un suceso histórico con el cual conectó nuestra Parashá: la independencia del Estado griego.

Entre 1821 y 1830 los griegos, que hasta ese entonces vivían en su tierra bajo dominio otomano, se levantaron contra el Imperio Otomano en un movimiento nacionalista inspirado por las ideas de la Revolución Francesa. Aunque los otomanos respondieron con gran violencia, la guerra culminó con la batalla de Navarino en 1827, donde los griegos, con la ayuda de varias potencias europeas, triunfaron, y en 1830 se reconoció oficialmente la independencia del Estado de Grecia.

REGLA DE TRES SIMPLE

La tierra de Israel en ese entonces también pertenecía al Imperio Otomano: era parte de la provincia turca llamada “Siria”. Y el Rab Bibás pensó: si los griegos pudieron luchar y triunfar contra los otomanos, recuperar su tierra y fundar su propio Estado, ¿por qué no podemos hacerlo los judíos?

Alrededor de 1835, el Rab Bibás se dio cuenta que existía una oportunidad histórica para los judíos: debían organizarse, aprender, luchar y conquistar militarmente la tierra de Israel de los turcos, ¡del mismo modo que los griegos conquistaron su propia tierra!

El Rab Bibás viajó por Europa y el norte de África —visitando los Balcanes, Viena, Londres, Alemania, Hungría, Praga— y otras comunidades judías con un mensaje principal: los judíos del mundo debían unirse y practicar la Mitzvá de la “TESHUBÁ”, “retorno”, “regreso” a la tierra de Israel para poder conquistarla de nuevo.

Teshubá es la obligación de los judíos de la diáspora de despertarse y “retornar” a Dios y a Su tierra.

Emigrar a Israel es retornar a Dios, porque El Dios de Israel “reside” en la tierra de Israel.

El Rab Bibas explicaba: «…al morar en la diáspora voluntariamente, los judíos estamos dando la espalda a Dios׳. . ¿Y por qué estamos viviendo en el exilio? ¿Para procurar nuestro sustento, por dinero y seguridad material? ¿No dijo la Torá que la tierra de Israel es una tierra que ה׳ supervisa constantemente, una tierra en la que no se comerá pan con pobreza? ¿No dijo el mismo Dios que allí no faltará nada? Recordemos que cada día, después de comer pan, agradecemos a ה׳ por la tierra de abundancia que Él nos concedió en la tierra de Israel.

¿TESHUBA ACTIVA O PASIVA?

El regreso del pueblo de Israel a Sion no era promovido como la solución para el eterno problema del antisemitismo, sino esencialmente como la forma de cumplir la vocación del judaísmo: el pueblo judío viviendo en su tierra, Israel, y gobernado por su ley, la Tora.

Esta es la reconciliación con Dios que describe explícitamente la Parashá de esta semana.

El pueblo de Israel que vive en el exilio, sostenía el Rab Bibás, no necesita esperar pasivamente la llegada del Mashiaj para concretar esta aspiración. Más bien, debe despertarse y buscar activamente el restablecimiento de un Estado judío independiente en la tierra de nuestros antepasados como la manera de avanzar y facilitar la llegada del Mashiaj.

La Teshubá nacional comienza con el regreso al judaísmo individual y colectivo, para dar lugar luego a la Teshubá geográfica.

Esta doble Teshubá sigue siendo hoy la brújula del pueblo judío: reconciliarse con ה׳, y reconstruir su vida nacional en la tierra de Dios.

SHABBAT SHALOM




ROSH HASHANA: Nosotros y Las Ovejas

זוכרנו לחיים מלך חפץ בחיים
כתבנו בספר חיים

Mi metáfora favorita

La mejor forma de entender Rosh HaShaná es a través de una extraordinaria y hermosa metáfora que nos proponen los Sabios en la Mishná: «כל באי עולם עוברין לפניו כבני מרון” En Rosh HaShaná, todos los seres humanos pasan uno por uno delante del Todopoderoso «como el rebaño de ovejas [pasa delante del pastor]».

Comprender esta metáfora es fundamental para entender la naturaleza de Rosh HaShaná.

Una vez al año, el pastor reúne a todas sus ovejas en el corral y las hace pasar, una por una, por un estrecho corredor para examinarlas individualmente. El pastor, experto en su oficio, solo necesita unos segundos para evaluar a cada oveja. Observa el animal y lo palpa para verificar la calidad de su lana. Con su mano también examina el cuerpo de la oveja, comprobando que esté saludable y fuerte. Tras esta breve pero decisiva inspección, toma su pincel y marca a cada oveja con un color diferente.

Para ilustrarlo: si la oveja posee lana de muy buena calidad, el pastor la marca con una «X» amarilla en su espalda, lo que significa que será destinada para el esquileo. Luego, la devuelve al corral. Al examinar la siguiente oveja, observa que, además de tener buena lana, está sana y fuerte. En este caso, el pastor la marca con una «X» azul, que indica que será destinada para la reproducción. Finalmente, evalúa a una tercera oveja cuya lana no es de buena calidad y que no está lo suficientemente fuerte. En este caso, la marca con una «X» roja, señal de que el animal será sacrificado y su carne utilizada para alimentación. Así, cada oveja del rebaño, pasa una por una. delante del pastor, quien determina su destino de cada animal para el próximo año.

Ovejas humanas

Rosh HaShaná es “el día del juicio” o la inspección Divina de cada individuo.

Dios examina cuidadosamente nuestras acciones y decide, en base a lo que hemos hecho durante el año pasado, qué destino merecemos para el próximo año.

Tal como lo hace al pastor, el Todopoderoso examina cuidadosamente a cada uno de nosotros puede observar que un individuo ha ganado su pan con honestidad, y, aún más, ha compartido sus recursos con quienes no tienen pan y necesitan ayuda. En ese caso, el Eterno lo «marcará» de amarillo, otorgándole un año de prosperidad para que siga ayudando a los demás.

Otra persona, que ha sido un buen padre y ha educado a sus hijos en los caminos de la Torá, criando junto con su esposa una familia ejemplar, será «marcado» de azul: Dios le concederá salud y la bendición de más hijos.

Por otro lado, quien ha desperdiciado su tiempo, no ha hecho el esfuerzo suficiente necesario para crecer intelectualmente o espiritualmente, ha sido egoísta y ha ignorado a quienes necesitaban su ayuda, podría recibir una marca roja en función de sus acciones o la falta de ellas durante el año anterior.

Aunque esta metáfora nos ayuda a entender mejor Rosh HaShaná y nuestro deseo de ser inscriptos (=marcados) para la vida y la prosperidad, debemos recordar que hay dos grandes diferencias entre las personas y las ovejas, y es fundamental comprenderlas.

¿De qué color es mi «X»?

Al igual que las ovejas que se pasean por el corral sin saber de qué color es la marca que llevan en sus espaldas, los seres humanos tampoco sabemos con certeza cuál es el «color» con el que hemos sido marcados en Rosh HaShaná. Incluso cuando sabemos que hemos hecho mas bien que mal durante el año pasado, no podemos estar seguros si ha sido suficiente a los ojos de HaShem. Ya que Él conoce nuestro potencial mejor que nosotros mismos y, quizás esperaba mucho más de nosotros.

Por lo tanto, ya que no sabemos con certeza el color de nuestra «X», debemos asumir que llevamos una marca roja en nuestras espaldas.

¿Por qué?

Esta idea no debe asustarnos, sino despertarnos. Cuando escuchamos el sonido del Shofar, debemos sentir como que nuestras vidas están en juego. Es un momento muy serio para reflexionar sobre si estoy bien orientado y si merezco un año más de vida a los ojos de Dios. Este es el mensaje que debemos internalizar al escuchar la voz del Shofar: estamos siendo juzgados por nuestro Creador, quien quiere asegurarse de que nuestra vida es una buena inversión.

La Diferencia Entre Ovejas y Personas

Aunque nuestro destino se “marca” en Rosh HaShaná, a diferencia de las ovejas, la resolución final todavía está pendiente. ¡El veredicto puede ser apelado antes de Yom Kippur! La magia de la Teshubá, el arrepentimiento, radica en que HaShem nos concede la oportunidad de apelar Su propio veredicto.

Tenemos tiempo desde Rosh HaShaná hasta Yom Kippur para arrepentirnos, admitir nuestras faltas, pedir perdón y convencer al «Pastor» de que, aunque durante el año pasado no hayamos brillado, en el próximo año no desperdiciaremos la oportunidad si Él nos la concede.

Tenemos una semana desde Rosh HaShana hasta el final de Yom Kippur para apelar la posible sentencia. En esos críticos días, debemos reconciliarnos y disculparnos con las personas a las que pudimos haber herido u ofendido. En cuanto a las ofensas que cometimos contra Dios —en nuestra observancia del Shabbat, Kashrut, Tefilá, etc.— nuestros Sabios enseñan que si reconocemos lo que hicimos mal, lo confesamos en voz baja (Viduy) y nos comprometemos a no repetirlo, nuestras transgresiones son perdonadas. Si, Dios libre, teníamos una «X» roja, esta será completamente borrada y transformada en una «X» de bendición, salud y prosperidad.

AMEN




El Rab Abraham Saba (1440-1508) y la Isla de los Lagartos

El Rab Abraham Saba nació en Castilla, España, en 1440. Cuando los judíos fueron expulsados de España en 1492, no había ningún lugar seguro adonde podían escapar. Ningún país les ofrecía refugio, excepto Turquía, pero era muy difícil y arriesgado llegar allí. Ninguna ruta por mar o tierra estaba libre de piratas, ladrones, cazadores de esclavos, hambre o la amenaza constante de plagas y epidemias. Unos 120.000 judíos huyeron a Portugal, que en ese momento parecía el refugio más confiable: sin mar que cruzar, una lengua similar y la misma cultura ibérica. Entre los judíos que escaparon a Portugal se encontraba el Rab Saba, que buscaba un nuevo comienzo. Pero los pobres refugiados pronto descubrieron que los horrores y tragedias de los exiliados de España estaban lejos de terminar.
El rey portugués Juan II, ansioso por aumentar su tesoro, aprobó la admisión de judíos exigiéndoles pagar una fuerte suma de dinero, 100 cruzados —monedas de oro— por persona para obtener una visa permanente. Quienes no podían pagar esa gran cantidad podían residir en Portugal un máximo de ocho meses por un importe menor, 8 cruzados por cabeza. La mayoría de estos judíos que llegaban a Portugal de manera temporal, incluido el Rab Saba, se trasladaron a la ciudad de Oporto, el principal puerto de Portugal, con la esperanza de zarpar pronto hacia Italia, Turquía, Grecia o el norte de África. Pero la escasez de barcos hizo imposible su salida. Tras cumplirse los ocho meses, el rey proclamó que quienes no pudieran renovar su residencia pagando por otros ocho meses debían convertirse al cristianismo o serían automáticamente considerados esclavos del monarca. Los refugiados habían salido de España con las manos vacías. Nadie tenía dinero para pagar esa suma.
Las familias que se negaron a convertirse sufrieron una de las peores tragedias de la historia sefaradí. El rey, usando su argumento de que ahora eran “esclavos del rey”, ordenó separar a los niños de sus padres —algo que ni siquiera la cruel Inquisición española se había atrevido a hacer—. Miles de niños fueron llevados a conventos para ser criados como católicos. Dos de sus hijos fueron arrebatados de sus manos. Para buscarlos, se disfrazó de gentil y visitó numerosos conventos por toda la península. En cada lugar al que llegaba recitaba en voz alta el Shema Israel. Al oír su voz, atraídos por la dulce y familiar melodía del Shema, los niños judíos se acercaban a él y lloraban inconsolablemente. Nunca más los volvió a ver.

Setecientos adolescentes judíos, varones y mujeres, fueron enviados a São Tomé y Príncipe, una isla remota en África frente a la costa de Guinea, recientemente descubierta por exploradores portugueses y famosa por la abundancia de lagartos y cocodrilos. Según los informes de la época, la mayoría de estos niños judíos murieron mientras trabajaban en los pantanos, devorados por los grandes reptiles y otros por hambre o abandono.
El Rabino Saba describe este terrible acontecimiento en su libro Tseror Hamor, Parashat Ki Tabo:
זאת היא קללה אחרת שקרה לנו בעוונותנו בפורטוגאל, שלקח המלך את הבנים ואת הבנות הקטנים ושלחם בספינות לאיי הנחשים כדי לעשות שם יישוב
“Esta es la gran tragedia que nos ocurrió en Portugal: el rey tomó a los niños y los envió en barcos a las islas de lagartos para poblar aquel lugar”.
En 1495 murió el rey Juan II y subió al trono Manuel I. La situación de los judíos no mejoró. Por el contrario, Manuel se casó con la princesa española Isabel, hija de Fernando e Isabel יש”ו, con la esperanza de unir toda la península bajo una sola monarquía y religión. Los reyes españoles aceptaron el matrimonio con una condición despiadada: Manuel debía expulsar a los judíos de Portugal. El 4 de diciembre de 1496 se estipuló que, para noviembre del año siguiente, ningún judío podría residir en Portugal. Quienes no quisieran convertirse debían abandonar sus bienes y salir del país de inmediato. Cuando Manuel vio que los judíos estaban dispuestos a arriesgar su vida y marcharse, dejando todo atrás antes que convertirse, comprendió que la partida de estos individuos altamente capacitados — artesanos, profesionales, comerciantes — afectaría negativamente la economía de Portugal, como ya había ocurrido en España. Entonces decidió imponer una conversión masiva “por decreto”. Es decir, en lugar de expulsar a los judíos de Portugal, Manuel decidió expulsar el judaísmo de los judíos y declararlos a todos de facto “nuevos cristianos”.
En Lisboa había un grupo de 20.000 judíos, entre ellos el Rab Saba, esperando desesperadamente algún barco que los sacara de Portugal. Pero el rey ordenó bautizarlos por la fuerza. El Rab Saba fue encarcelado por no someterse a la conversión forzada. En la cárcel, cuenta que vio al rabino principal de Portugal, Ribbí Shimón Maimi (o Meimi) זצ”ל. El Rab Maimi, su esposa, sus hijas y sus yernos fueron torturados por la Inquisición para obligarlos a convertirse y así dar ejemplo a los demás judíos. Pero el anciano rabino Maimi y toda su familia eligieron sufrir las terribles torturas y murieron al quiddush haShem, rechazando la conversión.
Después de pasar seis meses en prisión, el Rab Saba fue enviado con un grupo de judíos a la ciudad de Arcila (o Asilah), en Marruecos, una fortaleza-prisión. Tras unos meses escapó milagrosamente y llegó a Fez, una ciudad con una gran comunidad judía. Le tomó algunos años recuperarse de su deterioro físico y emocional. Después de una larga convalecencia, se convirtió en uno de los rabinos de la ciudad y comenzó a reescribir sus libros, algo que no hacía desde 1492.
Seis de sus obras habían quedado en Portugal. Una de sus más famosas, donde se relatan todas las historias presentadas aquí, es Tseror Hamor, un comentario a la Torá. También escribió Eshkol ha-Kofer, un comentario sobre Meguilat Rut y Meguilat Ester. Estos son los dos únicos libros suyos que conservamos hoy. Entre los manuscritos dejados en Portugal estaban Tseror haKesef, responsa rabínicas sobre temas relacionados con Rosh Hashaná y Yom Kipur; Tseror haHayim, comentario sobre Pirqué Abot; un comentario a los Salmos; otro a la Guemará Berajot; y un libro cabalístico en el que explicó las diez Sefirot.
Desde Fez viajó a Adrianópolis (hoy Edirne, en Turquía). Murió el 9 de Tishrí de 5269 (1508) en un barco y fue enterrado en el cementerio judío de Verona, Italia.
La nieta del Rab Abraham Saba se casó con Rab Yosef Caro, autor del Shulján Aruj.




El Rab Ben-Zion Cuenca (1867-1937) y la Masacre de Hebrón en 1929

SU INFANCIA Y EDUCACION
El rabino Ben-Zion Cuenca nació en la ciudad vieja de Jerusalem en 1867. Su apellido, Cuenca, corresponde a una provincia de España en la zona de Castilla-La Mancha. La familia fue parte de los “Expulsados de Castilla” de Castilla y Aragón en 1492. Luego se instalaron en Salónica (Grecia) y vivieron allí durante 3 siglos. El padre, Abraham Cuenca, emigró a Erets Israel alrededor de 1850. Antes de cumplir los diez años, los rabinos y maestros de Jerusalem consideraban al joven Ben-Zion como un ‘iluy (un niño prodigio) y le permitieron vestir los Tefilín a esa edad dado sus conocimientos y su madurez. Consciente de la capacidad de su hijo, su padre dedicó todos sus recursos para contratar los mejores maestros y mentores que también le proporcionaron a su hijo una vasta educación secular, especialmente en los campos de historia judía e idiomas europeos.

MAESTRO DE MAESTROS
Se casó a los 15 años, algo que no era poco común en aquellos tiempos, con Esther, una prima segunda, y vivieron en la ciudad vieja de Jerusalem. Luego se mudaron a Yemín Moshé, el primer barrio judío construido fuera de la ciudad amurallada, obra del famoso filántropo Moisés Montefiore. A los 30 años, el rabino Cuenca estableció una Yeshibá “Tiferet Yerushalaim”. En este Yeshibá, que también incluía estudios generales, fueron educados entre otros el que llegó a ser rabino principal de Israel Ben-Zion Meir Hay Uziel, el famoso escritor hebreo sefardí Yehuda Bourla, y el rabino Moshe Nissim, que fue el padre de otro rabino principal de Israel, rab Isaac Nissim. El rab Cuenca también fue muy activo en el movimiento Sionista religioso Mizraji. Fue el Jefe del Tribunal Rabínico de Jerusalem (ver sello) y en su vocación como líder comunitario fundó y dirigió el primer Hogar de Ancianos Sefaradí de la Jerusalem moderna.

LA MASACRE DE 1929
La segunda ciudad más sagrada de Israel es Hebrón, que fue adquirida por Abraham Abinu 4.000 años atrás y es el lugar de sepultura de nuestros patriarcas y matriarcas. En los años 1920’s vivían en Hebrón unos 800 judíos y unos 20.000 árabes. En agosto de 1929 los árabes difundieron falsos rumores y difamaciones en sus comunidades, diciendo que los judíos estaban llevando a cabo «matanzas masivas de árabes». Hasta ese momento judíos y árabes habían convivido en relativa paz. Los Sefaradim vivieron allí por siglos (ver el testimonio de esta sobreviviente).  Y los judíos Ashkenazim habían llegado recientemente y establecieron la famosa Yeshibá de Slabodka, también conocida como Yeshibat Hebrón. El 23 de agosto de 1929, un viernes a la noche, comenzó una masacre contra los judíos que duró por tres días. Al grito de “Muerte a los judíos” miles de árabes armados con garrotes, cuchillos y hachas saquearon las casas judías, destruyeron los templos y torturaron y asesinaron a sangre fría a 67 judíos: mujeres hombres y niños. Esto incluyó el asesinato de los líderes y los rabinos de las 2 comunidades. Los sobrevivientes fueron trasladados a Jerusalem y Hebrón quedó sin judíos por primera vez en cientos de años.

VOLVER A EMPEZAR
Nueve meses después de la masacre, el rabino principal Ashkenazí Abraham Kook y el rabino principal Sefaradí Yaakov Meir firmaron una declaración pidiendo por voluntarios que regresen a Hebrón: Llamamos «… a todo el pueblo de Israel para apoyar nuestro pedido y reconstruir la gran comunidad judía de Hebrón … Por la santidad de nuestra nación y por nuestro establecimiento en esta tierra, se nos exige no dejar que la sangre de nuestros hermanos haya sido derrama en vano: tenemos el deber como pueblo de Israel de satisfacer este reclamo mediante la reconstrucción y el restablecimiento de la ciudad de los patriarcas». En 1931 se reanudó el asentamiento judío de Hebrón y el rabino que con gran valentía se ofreció a liderar esa comunidad fue el Rab Ben-Zion Cuenca. Vivió en Hebrón hasta 1936. En ese año se renovaron los violentos conflictos y los Yehudim regresamos a Hebrón B»H 31 años después, luego de la guerra de los Seis Días.

SU OBRA LITERARIA
Una de las contribuciones más importantes del rabino Cuenca fue la creación del extraordinario Jornal de Halajá llamado “haMeasef”, una colección de artículos de estudios halájicos realizados por cientos de rabinos, Sefaradim y Ashquenazim de Israel y de la diáspora. Presentar a tantos rabinos de diferentes orígenes unidos en un mismo jornal era en ese momento una innovación positiva muy importante. El Rab Cuenca se encargaba de todas las etapas de esta publicación que salió a la luz durante 19 años. La primera revista apareció en 1897. El rabino Cuenca fue, por supuesto, uno de los principales contribuyentes. Dos temas resaltan en HaMeasef. El primero, todo lo que se relaciona con los preceptos asociados al trabajo agrícola. Estos mandamientos solo se aplican en la tierra de Israel (terumot, ma’aserot, shemita, etc.) y por lo tanto, este tema permaneció «dormido» durante siglos. Pero ahora, a medida que el establecimiento de los Yehudim en el Yeshub de Israel tomaba fuerza, estas leyes debían ser aplicadas nuevamente. El segundo tema que le interesaba al rab Cuenca era dar una respuesta rabínica a los nuevos inventos (la electricidad, los medios de transporte, etc.) . Un ejemplo que se puede ver en este link es la respuesta del Rabino al uso del tren en Shabbat o Yom Tob. Al principio de cada artículo el Rabino Cuenca introduce una breve biografía de los escritores, que dada la tremenda falta de información de la que sufrimos, especialmente sobre los rabinos sefardíes de fines del siglo XIX, constituye una contribución invaluable a la historia judía moderna.

PALABRAS FINALES

El Rab Yehudá Fishman Maimón escribió sobre él: «El rabino Cuenca era un sionista ferviente, un extraordinario rabino y hombre de fe …un iluminado en Torá y Sabiduría y alquilen que profesó un tremendo amor por el Creador y por la humanidad. Y creo que no sería una exageración afirmar que no queda nadie que lo pueda reemplazar o imitar… «.

El rab Cuenca falleció en Yerushalayim en 1937 y está enterrado en el cementerio judío del monte de los Olivos, Har HaZetim.

 

 

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Ver AQUI el primer volumen del Jornal halájico HAMEASEF del Rab Ben-Zion Cuenca

 

 

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Entrevista a Miriam Sasson , una sobreviviente  de la masacre de Hebrón




RESUMEN DE LA PARASHA SHOFETIM

HaShem nos ordena nombrar jueces en todas las ciudades de Israel. Los jueces deben ser justos e imparciales y no pueden aceptar ningún tipo de sobornos.

La idolatría, en todas sus formas, está prohibida y debe ser castigada con la pena capital. Los sacrificios ofrecidos a Dios deben estar libres de defectos.

Los judíos están obligados a seguir las decisiones del Sanhedrín, que es la Corte Suprema Judía. Rebelarse contra este tribunal rabínico se considera un delito capital.

La Torá proporciona instrucciones sobre las leyes del rey judío. El principio general para el rey judío es que debe actuar con el conocimiento de que Dios es el verdadero Rey de Israel. El rey humano tiene limitaciones, para asegurarse de que permanezca consciente de su verdadero rol. No debe acumular caballos —símbolo del poder militar— tener muchas esposas ni amasar grandes riquezas personales. El rey está obligado a escribir su propio Sefer Torá, que es la constitución del pueblo judío, y llevar esa copia consigo en todo momento (como si, en el contexto actual, el presidente de un país estuviera obligado a llevar una copia de la Constitución Nacional permanentemente en su bolsillo). Esto garantiza que el monarca permanezca humilde y recuerde constantemente que su deber principal es observar la Torá y hacer cumplir la Ley de Dios en su dominio.

Dios elige a los Cohanim para servirle en Su Santuario. «Dios es su herencia», lo que significa que el Bet haMiqdash será «su territorio» (como su segundo hogar). Por lo tanto, su tribu, los Levitas, no recibirá un territorio específico en la Tierra de Israel como las otras tribus. Entonces, ¿cómo se sostendrán los Cohanim y los Levitas? Los Sacerdotes y los descendientes de la tribu de Leví se dedica a la enseñanza de la Torá y se mantendrían de una serie de impuestos y diezmos (en hebreo: “regalos sacerdotales”) que el pueblo les concede: ciertas porciones de la carne de sacrificios específicos, los diezmos de la cosecha, los frutos de la tierra, una parte de la esquila, etc.

La Torá prohíbe estrictamente la adivinación, las prácticas ocultas y las predicciones del futuro. Maimónides sostiene que todas estas prácticas de adivinación, como la astrología, etc. son ilusorias, simplemente trucos y engaños, ya que los fenómenos paranormales son ficticios y a menudo manipulados por charlatanes para engañar y explotar a la gente común. En tiempos antiguos, estas prácticas estaban profundamente arraigadas en la idolatría y la cultura pagana. La Torá nos instruye a que pongamos nuestra fe y confianza en el Creador en lugar de intentar descifrar el futuro.

Nosotros, los judíos, tenemos el privilegio de ser guiados por la Torá. Dios también nos envía a Sus profetas para transmitirnos Sus palabras, tal como lo hizo Moshe. Los profetas que Dios envía tienen la misión de advertir al pueblo cuando se desvían del camino de la Torá. Naturalmente, sus palabras deben ser escuchadas. Sin embargo, la Torá también advierte sobre aquellos que falsamente pretenden hablar en nombre de Dios. Estos falsos profetas no advertían al pueblo de sus malas acciones. En cambio, al igual que hábiles demagogos, los tranquilizaban y criticaban a los verdaderos profetas, acusándolos de alarmistas y pesimistas. Se puede reconocer a un falso profeta cuando aboga por suspender o alterar algún mandamiento de la Torá.

La Torá subraya la obligación de establecer ciudades de refugio para los casos de homicidio involuntario (un equivalente moderno sería si alguien mata a otro de manera accidental en un accidente de automóvil). Moshé ordena la designación de seis ciudades de refugio.

Para que un juicio civil o criminal resulte en una condena, es necesario el testimonio de al menos dos testigos. Aquellos que den falso testimonio recibirán el mismo castigo que buscaban para el acusado.

Hacia el final de esta Parashá, la Torá describe algunas de las leyes de la guerra y los protocolos de campaña militar. Por ejemplo, ¿quién está exento del servicio militar? Cuando los soldados se acercan al campo de batalla, uno de los Cohanim debe dirigirse a ellos, asegurándoles que no teman al enemigo, ya que Dios apoya al ejército israelí en sus conflictos. Este Cohen también enumera a las personas que deben regresar a casa: alguien que recientemente se comprometió y está por casarse; alguien que ha construido una nueva casa y aún no la ha habitado; o alguien que ha plantado un viñedo y aún no ha disfrutado de sus frutos. El Cohen además aconseja a cualquiera que sufra de ansiedad o pánico que se retire del campo de batalla para no desmoralizar a los demás soldados. Antes de enfrentarse al enemigo, se debe hacer una propuesta de paz. Solo si el enemigo rechaza esta oferta, comienza el conflicto. Sin embargo, en las guerras contra las naciones cananeas, estas poblaciones deben ser erradicadas por completo para evitar la asimilación en culturas paganas.

Esta Parashá concluye con una descripción del procedimiento legal a seguir cuando se encuentra un cadáver en un lugar no urbanizado y el perpetrador permanece sin identificar.




SHOFETIM: El rey de Israel y su poder limitado

Uno de los primeros temas que aborda esta Perasha es el del «rey» de Israel. A diferencia de todas las demás civilizaciones del mundo, durante toda la historia de la monarquía, para el pueblo judío el rey no era una figura central. Es más, pareciera que la Torá (Debarim 17:14 ) «accede» a que el pueblo tenga un rey, no lo «prescribe».
Y el perfil del rey judío no podía ser más diferente del perfil de los reyes gentiles.  Los reyes gentiles eran «dioses». Así lo era en la antigüedad, por ejemplo, el Faraón. Egipto tenía muchos dioses, pero por encima de todos ellos estaba el rey. Como dice Yejezquel (29:3) del Faraón  «El Gran Cocodrilo [así se llamaba a sí mismo el faraón], que dice: mío es el rio Nilo [también una divinidad suprema en Egipto] y yo me cree a mi mismo«. Algo parecido pasaba con los reyes y emperadores romanos, como Caligula, que se refería a si mismo como un dios.
En la edad media no era muy diferente. Los reyes no se presentaban como dioses, pero se consideraban elegidos por su dios. El rey no obedecía ni daba cuentas a nadie. Era una obligación «divina» obedecer al rey. Obedeciendo al rey se obedecía a su dios. Y de esta manera se produjeron innumerables abusos y ultrajes,  en nombre de los dioses.
La Tora es única, y en este sentido, «revolucionaria».

Nuestra Perasha describe 3 características del rey de Israel:

1. El rey de Israel tiene limitaciones. No puede acumular tesoros, así no podría justificar cobrar excesivos impuestos al pueblo. El rey judío tampoco podía tener demasiados caballos, así no se hacía de un ejército más poderoso de lo necesario. Y no podía tener demasiadas esposas en su harén, lo que en ese entonces implicaba, entre otras cosas, un límite en las alianzas que podía establecer con pueblos gentiles vecinos (Debarim, 17:16-17).
2. El rey de Israel también debía ser un talmid jajam, es decir, un estudioso de la Torá. Tenía que escribir un Sefer Torá, el libro de Debarim, (17:18) y llevarlo con él adonde sea que fuera, para nunca olvidarse que él, el rey debía ser fiel a la ley Divina. El rey de Israel debía estudiar la Torá «todos los días de su vida» (17:19) para aprender todo lo que HaShem espera de él y de cada uno de sus súbditos. Su estudio no era para presumir de sabiduría ante nobles o plebeyos, sino para mejorar su proceder y refinar su carácter, como veremos a continuación.
3. Quizás lo más característico del rey judío era que –en completa oposición a la actitud de los reyes gentiles y hasta de algunos presidentes contemporáneos- es que debía comportarse con humildad. Así dice la Torá explícitamente Debarim 17:20: [El rey tendrá que leer la Torá…] para que su corazón no se enaltezca por sobre sus hermanos y no se aparte de Sus mandamientos a la derecha o a la izquierda…». Que note el lector la suprema lección de humildad: La Torá no dice que no se enaltezca por sobre «sus súbditos» sino sobre «sus hermanos». En el pueblo judío la relación rey súbditos no era vertical: era horizontal. NO se establece como «rey / súbditos», sino como «hermano mayor / hermanos». Mientras que en los demás pueblos el rey era la excepción en cuanto a obedecer la ley, en el sentido que no estaba sujeto a la misma y la podía cambiar a voluntad por su condición de portavoz de los dioses, el rey de Israel debía ser el ejemplo, el primero en someterse a la ley. En el pueblo judío el rey no es «la figura central» porque la ley no depende de su autoridad. Y por eso la Torá no menciona ninguna obligación de obedecer al rey humano: los reyes y los súbditos del pueblo judío están obligados a obedecer una misma ley: La Torá.
La siguiente oración resume todo lo que se puede decir sobre la diferencia entre lo que era el rey en el pueblo de Israel y lo que eran los reyes en otras naciones y culturas.
MIENTRAS QUE EN LOS DEMÁS PUEBLOS EL REY ES DIOS, EN EL PUEBLO DE ISRAEL DIOS ES EL REY



SHOFETIM: El crecimiento de nuestros hijos y el bambú

כי האדם עץ השדה

Debarim 20:19

Hacia el final de la Parashá de esta semana, la Torá aborda las leyes de guerra y enseña al soldado judío a comportarse con respeto y dignidad, incluso en el campo de batalla. Uno de los detalles más notables se refiere a no destruir la ciudad o los campos sin motivo. Los árboles son particularmente mencionados, indicando que no deben ser vistos y atacados como «el enemigo”. El inusual lenguaje que utiliza la Torá en esta ocasión, se presta a interpretaciones metafóricas que surgen al comparar hombres y árboles.

Hoy me gustaría extender esa comparación al área de la educación de nuestros hijos (parenting) y reflexionar sobre la inagotable paciencia que esta tarea demanda.

En ocasiones, nuestros hijos parecen estancarse, no madurar al ritmo que esperábamos. Esta preocupación se intensifica cuando tienen hermanos o hermanas que sí parecen avanzar. Los padres a veces no comprendemos la influencia del tiempo en el desarrollo de nuestros hijos y nos vemos atrapados en preocupaciones, sufriendo tensiones innecesarias. Nos olvidamos de lo que un experto en la materia una vez mencionó: que la mayoría de los problemas de comportamiento de los hijos se resuelve con el tiempo.

Recuerdo a ciertos alumnos de nuestro Talmud Torá: en quinto y sexto grado eran un desafío constante. Inquietos, no dejaban de hablar e interrumpir. Molestaban a sus compañeros, desobedecían a los maestros y, a menudo, la única solución que quedaba era enviarlos fuera del aula. Pasaban más tiempo con el director que con sus compañeros de clase. Pero, con el paso del tiempo, luego de 15 años o más, he visto que muchos de estos niños “insufribles” se transformaron en padres ejemplares, exitosos empresarios, brillantes profesionales o personas de una admirable disciplina religiosa.

¿Qué pasó?

Simplemente estaban madurando a su propio ritmo o, como dicen los neurólogos, “el cerebro necesitaba tiempo para fortalecer las conexiones entre sus diferentes secciones y hemisferios”.

Tener paciencia no significa que los padres nos vayamos a quedar de brazos cruzados esperando —y rezando— que nuestros hijos maduren. Es esencial que siempre estemos presentes para hablar, guiar y alentar a nuestros hijos. Nunca debemos dejar de hacerlo.

Para comprender mejor el proceso de crecimiento que muchos de nuestros hijos atraviesan y entender nuestro rol de padres en este proceso, me gustaría compartir con ustedes la historia del crecimiento del árbol del bambú.

Al comienzo, es fundamental preparar el suelo, seleccionar un lugar óptimo con suficiente luz y humedad. Luego uno siembra las semillas. Durante el primer año, se riega constantemente el suelo con las semillas, pero no ocurre nada visible. En el segundo año, se riega y se fertiliza, pero aún no brota ni un solo retoño. El tercer año se continúa regando y cuidando el área con la esperanza de ver algún cambio, pero sigue sin haber señales del bambú. En el cuarto año, se observa el terreno y no se ve ningún progreso. Llega el quinto año y, al no ver resultados, uno podría pensar que ha fracasado en su intento de cultivar bambú. Sin embargo, sorprendentemente, en la mitad de ese año, el bambú comienza a crecer rápidamente y ¡en solo seis meses alcanza una impresionante altura de hasta 30 metros!

La pregunta del millón es: ¿Cuánto tiempo le llevó al bambú crecer? La respuesta inmediata parece ser “6 meses”. Pero en realidad, al bambú le tomó 5 años y medio crecer. Es decir, despegarse del suelo, literalmente, y comenzar a crecer. Y una vez que comenzó, ya nadie lo puede parar.

También hay que saber que, aunque el progreso no se notaba, en realidad, durante esos 5 años y medio, el bambú estaba creciendo «hacia abajo»: estaba formando un robusto sistema de raíces capaz de sostener su gran tamaño.

Nuestros hijos muchas veces experimentan un proceso similar al bambú. Su crecimiento requiere constantes cuidados “aunque no se noten los resultados”, con una paciencia inagotable. Recordemos el bambú: si durante los primeros 5 años uno hubiera desistido y dejado de regar o proteger al bambú, ese árbol jamás hubiera surgido.

Cada palabra de aliento que les damos, incluso en sus momentos de rebeldía o inmadurez, es edificante. Son como el agua para el bambú. Nuestros hijos crecen y se desarrollan de formas que no vemos. No sabemos cuándo ese crecimiento interno comenzará a manifestarse hacia afuera y alcanzará alturas sorprendentes, a veces incluso superando a sus hermanos que parecían desarrollarse más rápidamente.

Como los árboles de bambú, nuestros hijos necesitan que los nutramos permanentemente con amor y esmero.

Con el tiempo, y con la ayuda divina, madurarán y florecerán.

Rab Yosef Bitton




El Rab Yehudá Jayat, y la expulsión de los judíos de España

El injustamente desconocido rabino sefaradí Ribbi Yehudá ben Ya’aqob Jayat z»l vivió todas las tribulaciones que conllevó la expulsión de los judíos de España. Su dolorosa historia ejemplifica lo que sufrieron cientos de miles de judíos que fueron expulsados de la Península Ibérica por negarse a abandonar su religión.

En su libro «Minjat Yehudá», el Rab Jayat describe lo que sufrió durante casi 10 años. Después de ser expulsados de España en 1492, aproximadamente 120.000 judíos buscaron refugio en Portugal. El rey portugués Juan II aceptó a los judíos con la condición de que pagaran una exorbitante suma de dinero para poder quedarse allí. Al año siguiente, en 1493, el rey decidió que los judíos no podían permanecer en su reino a menos que se convirtieran al catolicismo o volvieran a pagar esa misma suma. Los judíos eran refugiados que habían sido despojados de todos sus bienes al ser expulsados de España y se les prohibió llevar consigo plata, oro o cualquier otra cosa de valor. Vivían en condiciones de extrema pobreza en Portugal y no podían pagar lo que el rey exigía.

Junto con otros 250 refugiados judíos, el Rab Jayat abandonó Portugal y partió desde el puerto de Lisboa en una embarcación muy precaria hacia la costa de Marruecos. Las condiciones a bordo eran tan insalubres que, a los pocos días en el mar, se desató una epidemia en el barco y no les estaba permitido desembarcar en ningún puerto. Finalmente, la precaria embarcación llegó al puerto de Málaga. Allí, cuenta el Rab Jayat, varios curas los esperaban para intentar convertirlos. Los desesperados pasajeros judíos les suplicaban que les dieran agua y pan, pero los caritativos curas se negaron a proporcionarles cualquier alimento si no aceptaban el bautismo. Durante aproximadamente cinco días, estos refugiados judíos sufrieron hambre y sed, y cerca de 50, incluyendo a la esposa del Rab Jayat, fallecieron.

Al pisar tierra firme en Marruecos, el Rab Jayat fue inmediatamente encarcelado y condenado a muerte por fanáticos musulmanes, quienes argumentaban que las creencias y prácticas religiosas de un rabino ofendían al Islam. Para salvar su vida, le dijeron que debía convertirse al Islam. Durante 40 días, el Rab Jayat estuvo tirado en un pozo en condiciones inhumanas, rodeado de roedores, víboras y escorpiones. Al final, algunos refugiados judíos extremadamente pobres lograron reunir algo de dinero y así salvaron al Rab Jayat de una muerte segura. Él logró escapar a la ciudad de Fez, un poco más al sur, donde se estableció.

En Fez, el hambre era terrible y la gente se veía obligada a comer pasto para sobrevivir. El Rab Jayat trabajaba diariamente moliendo granos de trigo con sus propias manos en la casa de una familia musulmana para ganar un pequeño pedazo de pan. Él y otros judíos que habían escapado de España no tenían casa ni refugio. Por las noches, tenían que cavar pozos en las afueras de la ciudad para poder dormir.

Después de estar en Fez durante 8 meses, un gran incendio estalló en la ciudad y mucha gente murió en las llamas. Como consecuencia de las posteriores sequías, más de 20.000 (sic.) judíos murieron de hambre y epidemias. Al presenciar esto, muchos de los que habían llegado de España y Portugal decidieron regresar a sus lugares de origen para evitar una muerte segura en Fez, tanto para ellos como para sus hijos.

Según el historiador español contemporáneo Andrés Bernáldez (1450-1513) en su libro «Historia de los reyes católicos», los judíos que abandonaban Fez eran víctimas de todo tipo de abusos. En los caminos que dejaban la ciudad, eran atacados por moros que secuestraban y violaban a sus mujeres e hijas, y abrían los cuerpos de los hombres para ver si habían escondido plata u oro en sus estómagos.

El Rab Jayat logró escapar de Marruecos y embarcar hacia Italia. Llegó al puerto de Venecia solo, semidesnudo y habiendo perdido a toda su familia . Cuando los judíos españoles que vivían en Venecia lo reconocieron, se ocuparon de él. Luego, lo llevaron a la ciudad de Mantova, donde se estableció hasta sus últimos días. Allí conoció a un rabino sefaradí llamado Rabbi Yosef Ya’abets, quien lo convenció de escribir un comentario sobre el famoso y enigmático libro místico «Ma’arajot Eloquim». El Rab Jayat llamó a su libro «Minjat Yehudá» (La ofrenda de Yehudá), ya que era una ofrenda que él, Rabbi Yehudá Jayat, ofrecía a Hashem por haberle salvado la vida.

Este libro es considerado una obra fundamental, ya que explica los principios más complejos de la Kabbalá y contribuyó a la difusión de la sabiduría de la mística judía, que alcanzó su punto máximo en el siglo XVI.

Aunque no se conocen los detalles exactos, se estima que el Rab Jayat falleció en Mantova, Italia, alrededor del año 1510