RESUMEN DE PARASHAT YITRO

EL CONSEJO DE YITRÓ

El suegro de Moshé, Yitró, se entera de todos los milagros que Dios realizó por los judíos en Egipto y llega desde Madián al campamento israelita en el desierto, trayendo consigo a la esposa de Moshé y a sus dos hijos. Moshé lo recibe y le cuenta más detalles sobre todo lo que Dios hizo por ellos. Yitró alaba a Dios por todos los milagros y ofrece sacrificios en agradecimiento.

Yitró ve que Moshé está actuando solo al juzgar al pueblo y mediar en todas sus disputas. Sugiere que esta carga tan pesada sobre los hombros de Moshé eventualmente lo desgastará. Yitró recomienda establecer un sistema de jueces, para lo cual es necesario seleccionar hombres sabios y justos. Moshé debe delegarles sus responsabilidades, mientras que él solo juzgaría los casos más difíciles. Esto también le permitirá a Moshé dedicar más tiempo a enseñar Torá a su pueblo. Moshé acepta la sugerencia de su suegro y establece el sistema judicial. Yitró regresa a su tierra natal.

LA PROPUESTA

Seis semanas después de salir de Egipto, el primer día del mes de Siván, los hebreos llegan al desierto y acampan al pie del monte Sinaí. Moshé sube a la montaña, donde Dios le dice que propone el establecimiento de un pacto o alianza entre Él e Israel: Dios, por su parte, elegirá a los israelitas como su pueblo protegido, y los judíos, por su parte, tendrán que convertirse en un reino de sacerdotes y una nación santa consagrada a Dios. Moshé transmite la propuesta de Dios al pueblo y los judíos aceptan celebrar este pacto eterno con HaShem. Dios le dice a Moshé que los hebreos deben prepararse para el evento. Tienen que purificarse y santificarse durante tres días. En la mañana del tercer día de Siván (o sexto, según algunas cuentas), se escuchan truenos y relámpagos, y el sonido penetrante de un shofar proveniente de la cima de la montaña. El monte Sinaí está cubierto por una densa nube, hay humo y fuego (o luz), y el sonido del shofar se hace cada vez más fuerte. Moshé guía a la gente hacia la montaña y asciende. Dios le advierte a Moshé que nadie debe subir o acercarse durante este evento, excepto Moshé y su hermano Aharon.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Dios revela los Diez Mandamientos a todo el pueblo de Israel:

  1. Aceptar a Dios como la autoridad suprema.
  2. No creer en dioses paganos ni adorar ídolos o imágenes.
  3. No usar el nombre de Dios en vano.
  4. Observar el Shabat.
  5. Honrar a los padres.
  6. No matar.
  7. No cometer adulterio.
  8. No robar.
  9. No prestar falso testimonio.
  10. No codiciar la propiedad ajena.

EL PUEBLO SOLICITA LA INTERMEDIACIÓN DE MOSHÉ

Los israelitas están abrumados por el encuentro cercano con la «voz» de Dios. «Ven los sonidos» y se sienten a punto de colapsar o morir a causa de este evento sobrenatural que están presenciando. Le ruegan a Moshé que sirva de intermediario entre ellos y Dios. Moshé los calma y acepta ser el portavoz de Dios (los rabinos explican que esto ocurrió entre el segundo y el tercer mandamiento. Por eso, el primero y el segundo mandamiento se expresan en primera persona, pero el resto de los mandamientos en tercera persona).

SIN IMÁGENES

La parashá concluye con la advertencia de Dios al pueblo sobre la realización de imágenes o representaciones visuales de Dios, recordándole a la gente que cuando Dios se reveló, escucharon su voz, pero no vieron ninguna imagen. Esta exhortación concluye con el mandato de erigir un altar de sacrificios hecho de piedras, especificando que no se deben usar instrumentos de metal en su construcción y no se deben construir escalones en la rampa que lleva hacia el altar.




YITRO: ¿Por qué el pueblo de Israel mereció recibir la Torá?

LA HUMILDAD DE MOISES
En su libro «Las excelencias de los hebreos» el Rab Isaac Cardoso (1603-1683) describió todos los atributos del pueblo de Israel y lo que les dio el mérito de transformarse en el pueblo elegido.
En la Perashá de esta semana, Yitró, encontramos un Pasuq EXTRAORDINARIO que cuando lo leemos con atención nos ayuda a descubrir una de las maravillosas cualidades de nuestro pueblo, que contribuyó al mérito de recibir la Torá.
וישב משה לשפט את העם ויעמד העם על משה מן הבקר עד הערב
«Y Moshé se sentaba a juzgar al pueblo; y el pueblo esperaba [para ver] a Moshé desde la mañana hasta la noche» (Shemot 18:13)
Este pasuq, aparentemente, sólo se refiere a Moshé y a su increíble humildad. Moshé actúa como arbitro o mediador de litigios desde la mañana hasta la noche. Luego llega Yitró y le dice a Moshé que no está actuando bien, y que debe delegar y asignar otros jueces y cortes menores. Moshé acepta el consejo de su suegro y así procede. Lo extraordinario de este gesto es que Moshé podría haberle dicho a su suegro: «Yo no preciso su consejo. ¿No sabe Usted que YO HABLO DIRECTAMENTE CON DIOS?» o algo así. Este pasuq nos demuestra por qué Moshé fue llamado por la Torá «él hombre más humilde que había sobre la faz de la tierra», lo cual sólo se puede decir de alguien que actúa con la máxima humildad, teniendo todas las razones para sentirse «superior» a los demás…
NI LEY NI ORDEN
Pero si bien este pasuq se refiere explícitamente a Moshé, si nos ponemos a examinarlo un poco más detenidamente descubriremos algo maravilloso.
En la historia de la humanidad hubo muchos motines de esclavos que se rebelaron contra sus dueños y escaparon hacia la libertad. En los tiempos del imperio romano (70 aec), por ejemplo, el gran gladiador Espartaco encabezó la rebelión que permitió a unos 70.000 esclavos liberarse de Roma. Pero una vez que fueron libres, los esclavos –entre ellos mismos– se comportaron con anarquía. La rebelión de Espartaco fracasó porque no había una disciplina interna. Todo era caos y lo que imperaba la ley de la selva. Sin disciplina y sin orden, la rebelión fracasó.
LA CIVILIZACION JUDIA
Veamos ahora nuevamente qué dice nuestro pasuq. Hace sólo unos días atrás, los esclavos hebreos obtuvieron a su libertad. No estamos hablando de 100, 1.000 o 70.000 personas. Contando a las mujeres, los ancianos y niños, se calcula que eran por lo menos 3 millones de individuos. «Caos» y «anarquía» era lo previsible. Sin embargo, los individuos del pueblo de Israel decidieron resolver sus pleitos y conflictos sin recurrir a la violencia sino de una manera increíblemente civilizada: ¡acudiendo a Moshé Rabbenu para pedir su mediación! Imaginemos a dos esclavos físicamente fuertes, acostumbrados a la violencia de la esclavitud y a recibir golpes. Ahora tienen un problema: «¡Esta gallina es mía!», dice uno. «¡No! ¡Es mía!», dice el otro. ¡Normalmente en una sociedad sin ley y orden, este conflicto se resuelve con una pelea y la gallina queda en las manos del más fuerte! Increíblemente, espontáneamente y sin instrucción Divina (¡no hay ningún reporte de una orden de HaShem respecto a cómo debía resolver el pueblo sus conflictos internos), estos esclavos deciden solucionar sus disputas de otra manera: esperando desde temprano a la mañana pacientemente en una larga fila para que Moshé medie en sus conflictos.
EL PASUQ MAS SUBESTIMADO
¡Este puede ser el versículo más relevante de la Torá en cuanto a las excepcionales virtudes del pueblo de Israel!!!
Y a mí me deja pensando: Hasta el momento, la Torá mencionó que HaShem iba a liberar a Israel de Egipto, tomarlo como su pueblo y que los iba a llevar a la tierra de Israel. ¡Pero la Torá nunca mencionó que HaShem les iba a dar una Ley! ¿Estará insinuando este pasuq que fue Israel quien dio el primer paso para merecer el más extraordinario código de leyes, la Torá, la ley que viene directamente de HaShem?
Para pensarlo …



PARASHAT YITRO: El Tercer Mandamiento

לא תישא


“No tomarás (=invocarás) el nombre de HaShem tu Dios en vano; porque no  será exculpado por HaShem el que invoque Su nombre en vano.”

Esta semana leemos nuevamente los Diez Mandamientos. En esta ocasión quisiera escribir sobre el tercer mandamiento, quizás el menos conocido de todos. Primero expondremos la explicación tradicional de este mandamiento y luego, basándonos en un articulo del Rab ‘Amar, veremos el tercer mandamiento desde una perspectiva menos conocida.

1. En la tradición judía, el tercero de los diez mandamientos “LO TISA” se refiere a la prohibición de jurar en el nombre de D-s en falso o innecesariamente (shebu’at shav). La tradición judía entiende la palabra “TISA” en este contexto como “no invocarás” el nombre de D-s en vano (en otros contextos la palabra TISA o NOSE se traduce como: cargar, llevar, tomar, y hasta perdonar). De acuerdo a Maimónides, la prohibición de invocar el nombre de HaShem se extiende también a recitar una bendición en vano. ¿Por qué? Porque una shebu’a, un juramento, es básicamente una declaración, la afirmación de una creencia o un hecho. Una bendición también es una declaración. Afirmamos una idea o una creencia acerca de D-s, pronunciando Su nombre. Por ejemplo, cuando digo la bendición “boré ferí ha’ets”, no estoy diciendo “Gracias a D-s por esta fruta”, literalmente estoy diciendo: “Bendito eres Tú, Eterno, nuestro D-s, Rey del universo, (que Tu eres el) Creador del fruto del árbol “. En otras palabras, estoy afirmando y reconociendo que  HaShem es el creador de este fruto. Por lo tanto, si pronuncio ésta u otra declaración similar innecesariamente, “invocando el nombre de D-s en vano”,  estaría transgrediendo el tercer mandamiento, . Este es el origen del principio halájico: “safeq berakhot lehaqel”, en una situación en la que no estoy seguro si debo o no debo decir una berajá debo abstenerme, para no arriesgar a pronunciar una berajá innecesariamente (lebatala) y transgredir el tercer mandamiento “LO TISA”.

2. El rabino Shelomo ‘Amar, hoy en día Gran rabino de Jerusalem, explica que este mandamiento se extiende también a un área diferente y muy sensible. El Rab ‘Amar analiza la prohibición de la LO TISA como la advertencia de no “invocar” el nombre de D-s en vano o falsamente, simulando religiosidad o piedad. El Rabino ‘Amar denuncia la lamentable práctica de la persona que se hace pasar como un judío piadoso, y por ejemplo, adopta restricciones adicionales en público, eleva exageradamente su voz o realiza movimientos excéntricos mientras reza, etc., y todo eso con la intención de causar una impresión falsa ante la gente, haciéndoles creer que él es un judío piadoso, con el fin de obtener un beneficio de los que lo ven.  Este comportamiento es ilustrativo de “invocar el nombre de D-s en vano”. Simular que uno hace algo con D-s en su mente, cuando en realidad lo está haciendo por su propio interés.  El Rabino ‘Amar explica que, contrariamente a aquellos que demuestran una piedad religiosa extrema en público para impresionar a los demás, un judío piadoso verdadero se conduce en público con extrema humildad , y reserva su piedad para los momentos que está privadamente frente a su Creador.  Un Yehudí observante “invoca”, lleva el nombre de haShem sobre él permanentemente. Y como tal, debe ser un ejemplo de buena conducta y humildad.

Para leer el artículo completo del Rab ‘Amar (en hebreo) ver aquí

TRADUCCION DEL ARTICULO DEL RAB AMAR

No cargarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano

“No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano, porque Hashem no absolverá a quien cargue Su Nombre en vano.”
(Éxodo 20:7)

Nuestro maestro, el Or HaJaím HaKadosh, explicó que este mandamiento también alude a que una persona no debe “llevar sobre sí” el Nombre de Hashem —es decir, presentarse ante los demás como judío, como servidor de Dios— cuando en su corazón no piensa ni vive de ese modo. A esto se refiere la expresión “en vano”. Es una advertencia contra engañar a otras personas pretendiendo: “Yo soy uno de Sus siervos”, cuando en realidad no lo es. Dentro de esta advertencia también se incluye no mostrarse como más justo de lo que uno realmente es.

Y, lamentablemente, en nuestros días este fenómeno es muy frecuente: personas que se hacen pasar por justos y se comportan con una apariencia de piedad para engañar a la gente, de modo que las personas ingenuamente los consideren grandes tzadikim y hacedores de milagros, y los honren como si fueran santos de la tierra.
Cuando están frente al público, alargan sus oraciones con falsedad, se balancean con movimientos extraños, cierran los ojos con fuerza, agitan sus brazos hacia arriba y hacia abajo, caminan de un lado a otro, y cuando sienten que no han captado suficiente atención, emiten gemidos y suspiros, ponen rostros sombríos, como si hubieran perdido la razón o como quien ha naufragado en el mar. En otras ocasiones muestran señales de alegría exagerada.
Con esa conducta exótica atraen a nuestros hermanos —los hijos de Israel— para que los acepten y los apoyen económicamente, convirtiendo este comportamiento en una profesión que genera dinero y prestigio.

Y como en nuestra época abundan personas con problemas, con angustia en el corazón y lágrimas en los ojos, en su sufrimiento acuden —por desesperación— a adivinos y embusteros. Estos salen a su encuentro con entusiasmo para aprovecharse de sus dificultades y desgracias. A veces los asustan y los llevan a pensar en la muerte para atraparlos con mayor facilidad y quitarles incluso lo que no tienen; otras veces les prometen, con supuesta generosidad, salvaciones milagrosas o curaciones, les revelan el futuro y les descifran misterios con una facilidad que ni siquiera vimos entre los profetas.
“Su diestra es diestra de mentira”.

No hay verdadero temor de Hashem en ellos; su corazón es de piedra. No tienen compasión por pobres ni necesitados. Solo están interesados en aumentar su riqueza y fortalecer su fama como “adivinos”. Muchas veces estos impostores han llegado ante nosotros al tribunal rabínico acusados de diversos delitos, pues después de hundirse en la búsqueda de honor y dinero sin límite, cayeron también en deseos prohibidos que el Dios de Israel detesta, y continúan descendiendo moralmente de mal en peor hasta su perdición total.

La raíz de todo su mal es “llevar el Nombre de Hashem en vano”, al presentarse falsamente como justos y piadosos, tal como explicó nuestro santo maestro, el Or HaJaím, en este versículo.

Además, en esta prohibición se incluye otro tipo de personas: aquellas que son estrictas solo en las cosas que impresionan a la gente, para que los consideren grandes observantes. Aunque no roban ni engañan con dinero, ni prometen milagros, ni esa sea su finalidad principal, su placer está en la imagen que construyen para sí mismos, para que los vean como personas de alto nivel espiritual.
También esto entra dentro de “No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano”, pues si no es verdad, es falsedad y engaño, como explicó el Or HaJaím.

Hace muchos años expliqué, en este contexto, un pasaje del Talmud (Julín 105a) sobre comer lácteos después de carne. Mor Ukvá dijo:
“En este asunto, yo soy vinagre hijo de vino: mi padre, cuando comía carne, no comía lácteos hasta el día siguiente; yo, en cambio, solo espero de una comida a la siguiente”.
Y también Shmuel dijo algo similar respecto a su padre.

Me pregunté: ¿por qué estos gigantes espirituales se llaman a sí mismos “vinagre hijo de vino” con pesar, en vez de seguir la práctica estricta de sus padres, especialmente en algo tan sencillo como esperar hasta el día siguiente para comer lácteos? Expliqué, con ayuda del Cielo, que estos santos supremos servían a Hashem con absoluta verdad. La falsedad no tenía lugar ante sus ojos puros. No adoptaban ninguna severidad sin examinarse profundamente a sí mismos para ver si realmente habían alcanzado ese nivel espiritual, de modo que su servicio a Dios no se apoyara en una base falsa.
Y al verse a sí mismos, en comparación con sus padres, como “vinagre frente al vino”, no se permitieron adoptar esa severidad. No es que se llamaran así porque no fueron estrictos; al contrario: precisamente porque se conocían a sí mismos, no fueron estrictos.

Las palabras del Or HaJaím se apoyan en montañas de santidad. En la Pesiqtá Rabatí se enseña que quien acepta un cargo o un rol en el mundo de la Torá y no lo cumple adecuadamente con su trabajo, transgrede “No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano”.

Y así dijeron nuestros Sabios en la Pesiqtá Rabatí (parashá 22):

“No llevarás”. Dijo Rabí Zeirá: si se tratara solo de un juramento falso, ya está escrito: ‘No juraréis en Mi Nombre falsamente’. Entonces, ¿qué nos enseña ‘No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano’? Que no aceptes autoridad rabínica o relacionada con la Torá si no eres digno de ella”.

Otra explicación de “No llevarás Mi Nombre en vano”:
Dijo Rabí Bibí: si el versículo hablara únicamente de un juramento en vano, ya estaría dicho: “No juraréis por Mi Nombre en falso” (Levítico 19:12). Entonces, ¿qué nos enseña “No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano”? Que una persona no lleve tefilín ni se envuelva en un talit mientras anda cometiendo transgresiones.

Dijo Rabí Yanai: los tefilín requieren un cuerpo limpio. ¿Por qué los hijos de Israel no se aferraron firmemente a esta práctica? A causa de los engañadores.

Ocurrió una vez que un hombre viajaba de noche por los caminos llevando consigo su dinero. Al llegar a la sinagoga encontró a un hombre rezando, con tefilín en la cabeza. Dijo para sí: “No tengo a quién confiar este dinero sino a este hombre, que parece rico en mitzvot”. Tomó su dinero y se lo confió.
Al terminar el Shabat, volvió para reclamar su depósito, pero el hombre lo negó. El viajero le dijo: “No confié en ti, sino en ese Nombre santo que estaba sobre tu cabeza”. Entonces se envolvió en su talit, se puso a rezar en ese mismo lugar y dijo ante Hashem:
“Dueño del mundo, no confié en él, sino en Tu Nombre santo que estaba sobre su cabeza, en el lugar donde se reza”.

Y recuerdo un hecho de hace muchos años, cuando fundamos la gran yeshivá de Torá y halajá en Tel Aviv–Yafo, bajo la dirección del justo Rabí Aharón Sharim ztz”l. Había un docente, gran erudito y temeroso de Dios, que llegaba tarde a los horarios. El Rosh Yeshivá era muy estricto con esto.
Un día consultamos al gran Rabí Elazar Menajem Man Shaj ztz”l, quien se emocionó profundamente, fue él mismo a la biblioteca y mostró que en la Pesiqtá se enseña que quien acepta un cargo de Torá y no lo cumple con exactitud transgrede “No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano”. Y añadió que si alguien llega tarde repetidamente ante sus alumnos y no corrige su conducta, debe ser removido de su puesto. Y así se hizo.


SHABBAT SHALOM




RESUMEN DE BESHALAJ

EL FARAON SE ARREPIENTE
Después de que el faraón expulsa, y así libera de la esclavitud, a los hebreos de su tierra, Dios no los guía por la ruta más directa hacia la Tierra Prometida, porque un enfrentamiento con el enemigo los impulsaría a regresar a Egipto. Dios los lleva por la ruta del desierto, guiándolos con una columna de nube durante el día y una columna de fuego por la noche. Dios luego ordena a los judíos que retrocedan y acampen a lo largo del Mar Rojo. Al faraón le parece que los judíos están perdidos en el desierto y los mueve a perseguirlos. El Faraón decide entonces partir tras los judíos y arrinconarlos. Cuando los Yehudim ven que llegan los egipcios con su ejército entran en pánico y le gritan a Moshé. “¿Acaso no hay tumbas en Egipto que nos has traído a morir en el desierto?”. “No tengas miedo”, aseguró Moshé. “Manténgase quietos y verán la salvación de Dios hoy … que Dios peleará la guerra por ustedes”.
EL MAR SE ABRE
Dios instruye a Moshé: “¡Habla con los hijos de Israel y diles que avancen…!” Dios ordena a Moshé que extienda su vara sobre el mar y lo divida para que los judíos avancen en medio del mar. “Y así los egipcios sabrán que yo soy Dios, cuando sea glorificado por el Faraón y sus ejércitos”. Mientras tanto, la columna de nube que guiaba a los judíos en el frente se posiciona atrás de ellos, separando a los hebreos de sus enemigos e impidiendo que los egipcios avancen. Moshé extiende su vara y el mar se parte en dos columnas. Los judíos atraviesan el lecho del mar, completamente seco, cruzando el límite del territorio egipcio hacia su libertad definitiva.
SALVACION Y AGRADECIMIENTO
Los egipcios deciden perseguirlos y avanzan hacia el mar dividido. Moshé extiende su mano sobre el mar, las aguas colapsan y se cierran sobre los egipcios ahogándolos en el mar. Al ver esto, y ya en la otra orilla del mar, Moshé y los hebreos comienzan a cantar, alabando a Dios por el maravilloso milagro que habían presenciado. Miriam, la hermana de Moshé, dirige a las mujeres a cantar y bailar, con instrumentos musicales.
AGUA y MANA
Los hebreos comienzan ahora su travesía por el desierto y pasan 3 días caminado sin encontrar agua. Cuando llegan a Marah encuentran agua salada. Por indicación divina Moshé endulza el agua y el pueblo bebe. Luego de un tiempo, las provisiones que los judíos habían traído desde Egipto comienzan a agotarse. Se quejan a Moshé, diciendo que extrañan los manjares de Egipto que dejaron atrás. Dios les responde asegurándoles que desde el cielo para descender un alimento especial y que les proporcionará carne por las noches. Un ejército de codornices aparece al anochecer y cae directamente sobre el campamento de los judíos que así tienen carne para consumir. Por la mañana, un alimento llamado “maná”, cae desde el cielo, escondido en el rocío matutino. Moshé les dice a los hebreos que recojan una porción limitada de maná diaria para cada miembro de la familia. Y les dice que no acumulen “maná” de un día para el otro, ya que el maná extra se va a pudrir. Los que ignoraron esta indicación encontraron que a la mañana siguiente el maná estaba infestado de gusanos. El viernes, por indicación Divina, todos recogen dos porciones de “maná”: la segunda porción debía separarse y ser reservada para Shabbat, ya que en Shabbat no descendería maná. Una vez más, algunos judíos ignoran la directiva de Moshé y salen a recoger maná en Shabbat. Dios le ordena a Moshé tomar un frasco de maná y en el futuro colocarlo en el Arca Sagrada como testimonio de este milagro para todas las generaciones futuras.
 Los israelitas siguen su travesía en el desierto y cuando llegan a Refidim otra vez se les acaba el agua. Se quejan a Moshé. Dios le ordenó al líder judío golpear una roca con su vara y el agua comienza a brotar de la roca y el pueblo puede beber.
ATAQUE SORPRESA
Sorpresivamente, los Amalequitas -nómadas del desierto- atacan a los judíos. Moshé le ordena a su discípulo Yehoshúa que reúna un ejército y luche contra Amaleq. Yehoshúa cumple la orden de Moshé y los judíos salen victoriosos de esta batalla con asistencia Divina. Dios instruye a Moshé para que registre por escrito que HaShem borrará la memoria de Amaleq sobre la tierra, y que los judíos no lo debemos olvidar.



BESHALAJ: La segulá del “man” 


Al salir de Egipto y adentrarse en el desierto, el pueblo de Israel comenzó a sufrir la escasez de agua y alimentos. En ese contexto se produce uno de los mayores milagros de la historia bíblica: Dios hace descender el maná (en hebreo, man), un alimento milagroso con propiedades nutritivas especiales.

Dios le explica al pueblo, a través de Moshé, cómo deben comportarse respecto de este “alimento que llega desde el cielo”. Estas instrucciones no son técnicas, sino esencialmente educativas. Y durante siglos los judíos hemos aplicado estas mismas instrucciones divinas a la forma en que pensamos y actuamos respecto a nuestro trabajo, y a la manera en que administramos nuestro dinero y nuestras posesiones materiales.

Hay tres instrucciones fundamentales relacionadas con el maná, todas ellas profundamente relevantes para el hombre moderno.


¿DE DÓNDE LLEGA MI DINERO?

En primer lugar, el maná nos recuerda que la comida —es decir, aquello que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades materiales— “llega del cielo”.
Esto no significa que no debamos trabajar para ganarnos el pan. De hecho, el maná no caía en la puerta de las casas, ni llegaba por Amazon delivery. Había que salir fuera del campamento y esforzarse para recogerlo.

Lo fundamental es recordar que, a pesar de nuestro trabajo y esfuerzo, en última instancia nuestro sustento (parnasá) está determinado desde los cielos, tal como ocurrió con el maná.
Un campesino puede trabajar de sol a sol sembrando su tierra, pero si Dios no provee la lluvia, no tendrá qué comer. Un empresario puede ser brillante y muy trabajador, pero si sufre un accidente o se enferma, su sustento se verá afectado.

La primera lección del maná es que el trabajo debe ir acompañado de Emuná: la convicción de que, en última instancia, es HaShem quien determina qué voy a tener para comer y cuánto me va a faltar —o, B”H, cuánto me va a sobrar—.

La Emuná es esencial para enfrentar y vencer una de las problemáticas más prevalentes en el área de la salud mental: la ansiedad. Cuando no ponemos en práctica nuestra fe, las fluctuaciones de la economía y los cambios en el trabajo, los negocios o los ingresos pueden afectarnos de manera seria.

Uno tiene que salir a trabajar y hacer todo el esfuerzo necesario para recoger el maná, pero al mismo tiempo saber y aceptar con Emuná que aquello que recogemos —mucho o poco— es exactamente lo que Dios determinó que debemos tener.


NO ACUMULARÁS

En el desierto estaba prohibido acumular el maná. Cada persona debía recoger únicamente la cantidad necesaria para esa jornada. Si alguien recogía de más, el excedente se descomponía. De esta manera, nadie comparaba lo que tenía con lo que poseía su vecino.

Esta segunda lección del maná se relaciona con la acumulación compulsiva de bienes materiales. El aprovisionamiento desmedido expresa una falta de fe, así como una falta de aprecio y gratitud hacia la generosidad de HaShem, que no es finita.

La Emuná consiste en estar feliz con lo que uno tiene. Esta actitud ante la vida nos protege de una de las peores dolencias psicológicas: la envidia y los celos.
La segulá del man nos recuerda una idea fundamental: no necesito mirar a mi vecino y pensar que cuanto más tiene él, menos tengo yo. Lo más importante no es tener todo lo que uno quiere, sino querer todo lo que uno tiene.


EN SHABBAT: NO

El día viernes se debía recoger una doble porción de maná: una para el viernes y otra para Shabbat. ¿Por qué? Porque el maná no descendía durante Shabbat. No había que salir a trabajar en Shabbat para tener comida.

Todo judío que observa Shabbat sabe que, por ello, puede perder negocios u oportunidades laborales. Un comerciante judío puede verse obligado a sacrificar un porcentaje significativo de ventas o perder ofertas irrepetibles, simplemente porque en Shabbat no puede continuar con sus negocios.

Cumplir Shabbat —como ya observaron los romanos en la antigüedad— no es una idea comercialmente “conveniente”. Pero, ¿existe acaso una mejor forma de expresar confianza en HaShem que demostrar la convicción de que no por trabajar más voy a tener más de lo que desde los cielos ha sido determinado para mí y para mi familia?

Por eso, cada Shabbat recordamos el maná en el número de panes o jalot que preparamos, y también en la forma en que las cubrimos, por arriba y por abajo.


La “segulá del man” nos enseña a fortalecer nuestra fe en HaShem, a ser más moderados en nuestro consumismo y a evitar los excesos materiales.




BESHALAJ: Miriam y la audacia del optimismo

 

ותקח מרים הנביאה את התוף בידה

Miriam, la hermana de Moshé (Moisés), fue probablemente la persona más optimista en la historia de Am Israel. Es muy posible que cuando nuestros Sabios dijeron que los judíos pudieron salir de Egipto gracias al mérito de las mujeres virtuosas, se estuvieran refiriendo especialmente a Miriam.

UNA NIÑA CONTRA EL MUNDO 

La carrera de Miriam como «profetisa del optimismo» comenzó a una edad muy temprana: cuando era una niña.
En ese momento, su padre Amram —un líder muy respetado de la comunidad judía— decidió que, a raíz del decreto del Faraón que ordenaba matar a todos los varones judíos recién nacidos, se separaría de su esposa Yojebed para no traer más hijos al mundo. “¿Para qué tener más hijos? ¿Para verlos morir?”, razonaba Amram. Todos los hombres judíos siguieron el ejemplo de Amram y, desde la desesperación, decidieron dejar de traer hijos al mundo para no ver morir a sus pequeños.

Pero allí donde todos veían muerte, desesperanza y pesimismo, una pequeña niña llamada Miriam veía las cosas desde una perspectiva diferente. Miriam visualizaba la posibilidad de un futuro mejor. Y le dijo a su padre:

“El Faraón condenó a morir solo a los niños varones, pero tus actos y tu ejemplo condenan también a las mujeres de Israel a su extinción”.

Las palabras de Miriam tuvieron un enorme impacto en su padre. Amram volvió con su esposa Yojebed y así nació Moshé.
Todos los judíos de Egipto siguieron su ejemplo. Y así Israel se salvó de su autoextinción, gracias a la audacia de una pequeña niña llamada Miriam.


¿CÓMO SUPO MOSHÉ QUE ERA JUDÍO?

Cuando nació Moshé, y antes de que los oficiales egipcios lo arrebataran de las manos de su madre para arrojarlo al río, Yojebed lo llevó al Nilo y colocó la canastilla con su bebé en el río.

Cuando todos preveían un final inevitable y trágico —que el pequeño fuera devorado por los cocodrilos—, la joven hermana del bebé, Miriam, que ya era una adolescente, tuvo la audacia de tener esperanza. Guiada por un optimismo irracional —o profético— caminó al lado de la canastilla de su hermano, y su increíble visión se cristalizó: Moshé fue rescatado por la última persona que alguien hubiera imaginado, la propia hija del Faraón, Batyá, quien decidió adoptarlo. En ese momento Miriam se hizo presente desde la nada y con mucha valentía le sugirió a la madre adoptiva que el bebé fuera amamantado por una mujer hebrea antes de llevarlo al palacio: esa mujer hebrea era Yojebed, ¡la madre de Moshé! 
Lo que muchas veces no notamos es que fue gracias a esta extraordinaria intervención de Miriam que Moshé fue criado por su propia madre, y así supo que era judío. Y fue así como, años más tarde, decidió salir a ayudar a sus hermanos.

Fue gracias a Miriam que nació Moshé, y fue gracias a Miriam —y a su obstinado optimismo— que Moshé supo que era judío. Gracias a Miriam,  Moshé se transformó en el líder del pueblo judío.


CELEBRAR POR ANTICIPADO

En la Parashá de esta semana encontramos otra evidencia del increíble espíritu optimista de Miriam.
La salida de Egipto fue presurosa, el “timing”, sorpresivo.  “Hay que salir ya, en mitad de la noche. Hay que viajar con lo que llevamos puesto y dejar todo lo demás atrás”.

Me imagino que los hombres pensaban principalmente en llevar los objetos de valor, y las mujeres judías, habrán pensado en llevar la mayor cantidad de comida posible para sus familias.  

En ese momento también surgían muchos miedos:
¿Tendremos comida y agua suficiente? ¿Encontraremos sombra?  ¿Habrán animales en el desierto: serpientes, escorpiones? ¿Nos atacarán los bandidos?

A la hora de salir de Egipto, todos estaban preocupados por los riesgos de lo desconocido y los peligros de la travesía.
Todos, con una sola excepción: Miriam. Cuando Miriam hizo sus valijas, lo primero que cargó fueron sus tupim, sus panderetas. ¿Pero para qué iban a servir las panderetas? ¿Para qué llevar cosas de más, un instrumento musical?

Miriam tomó las panderetas porque pensó en celebrar. Porque cuando todos veían peligros y dificultades, e imaginaban un escenario incierto y problemático, Miriam se atrevió a pensar distinto.

Nadie sabía ni imaginaba que HaShem abriría el mar y que el pueblo de Israel cruzaría hacia su libertad. Pero, aun sin saber exactamente qué celebraría, Miriam tuvo la audacia de pensar en la libertad, en la victoria y en la celebración.

Y se dijo a sí misma: “Hay que estar preparados para cantar y agradecerle a HaShem por todo lo que hizo por nosotros”.

¡Y así fue! Cuando el pueblo de Israel cruzó el mar, Miriam fue la primera mujer en salir con sus panderetas, a celebrar la libertad e invitar a las mujeres de Israel a cantar y bailar en agradecimiento a Dios. 

Cuando todos imaginaron los peligros de la travesía, Miriam tuvo la audacia de visualizar la libertad, la celebración y la gratitud a Dios.




Jerusalem y los gallos de riña

Un día, el sultán de Turquía —el hombre más poderoso de la tierra— mandó llamar a un rabino y le dijo:

—Ustedes, los judíos, son pocos y débiles. No tienen país ni gobierno propio. No tienen soldados ni ejército, y son perseguidos por todos. ¿Cómo es posible que sigan creyendo en las profecías que anuncian que algún día regresarán a Jerusalem? Jerusalem es la ciudad más importante del mundo. Todos la desean. Nosotros, los otomanos, luchamos durante siglos contra los cristianos para gobernarla. Lo que ustedes pretenden —regresar a Jerusalem y gobernarla— es absurdo… y arrogante. Quiero que me expliques cómo, según tú, esas profecías podrían llegar a materializarse. Y no quiero que me hables de milagros. Explícamelo desde un punto de vista militar, terrenal, natural.

El sabio pensó unos instantes y respondió:

—Necesito tres días para preparar mi respuesta. Pero antes debo pedirte algo: si mis argumentos no te gustan o te resultan ofensivos, prométeme que no me castigarás.

El sultán, intrigado, aceptó.

Tres días después, el rabino regresó al palacio y pidió que prepararan un pequeño ring para gallos. Había traído cinco gallos de riña, a los que había dejado sin comer durante dos días, y también un pequeño pollito, débil e indefenso.

Colocó a los gallos y al pollito dentro del ring. Luego sacó de su bolsillo unos granos de maíz y los arrojó al centro.

De inmediato, los gallos comenzaron a pelear con una furia increíble. Se picoteaban ferozmente, se herían sin piedad. Uno tras otro fueron cayendo, exhaustos y ensangrentados. El último gallo, cubierto de heridas, cayó finalmente al suelo, sin fuerzas para moverse.

Entonces, desde un rincón, apareció el tímido pollito. Y sin que ningún gallo lo molestara, comenzó tranquilamente a comer el maíz.

El rabino se volvió hacia el sultán y le dijo:

—Jerusalem es el maíz. Las grandes potencias son los gallos de riña que luchan entre sí con violencia para dominarla. Se desgastan, se hieren y se destruyen unas a otras. Y cuando ya no les quedan fuerzas, el pueblo de Israel —la nación más pequeña y aparentemente más vulnerable— aparece en escena como el tímido pollito… y al final se queda con el maíz.

El sultán guardó silencio. Porque entendió que hay pueblos que no se levantan de sus cenizas por la fuerza de las armas, sino por la fuerza de su persistencia, su fe y su esperanza.




YERUSHALAYIM DEL REY DAVID

“בּוֹנֵה יְרוּשָׁלַ‍ִם ה׳”

David haMelej no describe una construcción común de la ciudad capital. No la atribuye únicamente a la acción humana, sino a la intervención Divina. La reconstrucción de Yerushalayim es un milagro visible.

Hace más de cuarenta años, yo era madríj (counselor) de grupos de jóvenes de México que llegaban al CES (Centro Educativo Sefaradí) en la Ciudad Vieja. Recuerdo que una mañana viajábamos en autobús desde la Ciudad Vieja hacia el shuk, junto al Rab Baruj Garzón. Al detenernos en un semáforo, el Rab tomó el micrófono y nos dijo:

—¡Mirad, mirad el milagro que está frente a vuestros ojos!

Todos miramos por la ventana, pero no veíamos nada especial: solo veíamos a obreros árabes trabajando en un pequeño edificio en construcción. Entonces el rabino agregó, con su inconfundible acento español::

“Lo que estáis viendo es un milagro. Las mismas manos que queiren destruir este país, lo están construyendo.”




PARASHAT BO: El Faraón y la adicción al juego

Cada vez que leo esta Parashá, quedo perplejo y fascinado por la conducta del Faraón. Nuestra Parashá comienza con la octava plaga: las langostas. Por primera vez, el Faraón admite que se ha equivocado. Permítanme leerles la declaración del Faraón: “He pecado ante HaShem, vuestro Dios… y ahora, por favor, perdonad mi pecado solo esta vez y rezad a HaShem, vuestro Dios, para que quite de mí esta plaga mortal”. Moshé rezó a HaShem y la plaga terminó inmediatamente. Pero, increíblemente, una vez libre de las langostas, el Faraón cambia de opinión nuevamente y se niega a dejar salir a Am Israel de Egipto.

¿Qué está pasando? ¿Por qué el Faraón se comporta de manera tan irracional?

Hay dos explicaciones.

La primera, explícita en la Torá, es un razonamiento teológico. “HaShem interviene en el ‘corazón’ del Faraón. Lo endurece. No para coartar su libre albedrío, sino para preservarlo”. Me explico: Si Dios se revelara ante nosotros y pudiéramos, de alguna manera, ver y sentir su Presencia más allá de cualquier duda, ¿podríamos atrevernos a no observar el Shabbat? ¿Podríamos no ponernos el Tefilín o comer algún alimento no Kasher? Si nuestra fe en Dios fuera “absoluta”, no podríamos “elegir” entre hacer o no hacer Su voluntad. La certeza total en Su existencia nos convertiría en robots (o en “ángeles”, pero esto es para otra discusión) incapaces de desobedecer una orden divina. En este sentido, la invisibilidad de HaShem, Su ocultamiento, es lo que permite que uno mantenga su capacidad de desobedecer y, consecuentemente, conserve el mérito de obedecer. Volvamos al Faraón. El Faraón fue la única persona a la que Moshé informó cuándo iba a comenzar cada plaga y cuándo terminaría. Las evidencias de la intervención Divina eran abrumadoras e innegables para el Faraón. Técnicamente, el Faraón debería haberse convertido en un robot-humano privado de libre albedrío, imposibilitado de desobedecer y, por lo tanto, “libre de responsabilidad”. Por lo tanto, para que el Faraón pudiera preservar su capacidad de elección y seguir siendo capaz de decir SÍ o NO, HaShem endurece su corazón. Es decir, Di-s interviene en sus pensamientos y lo hace más testarudo e intransigente. Y así, su capacidad de elección regresa a un balanceado 50/50, y el Faraón es nuevamente responsable de lo que elige. Maimónides explica que este tipo de intervención en el pensamiento humano no es la regla. El caso del Faraón fue excepcional.

La segunda explicación tiene que ver con un patrón de conducta humana. Yo lo compararía con la conducta típica de un adicto al juego que alcanza un punto sin retorno. Y cuando llega a ese punto, exhibe un comportamiento auto-destructivo, prácticamente suicida. Ejemplo: Un hombre va al casino, apuesta y pierde todo lo que llevó, digamos, 1000 pesos, la totalidad del sueldo que recién cobró. ¿Qué puede hacer ahora este individuo? ¿Puede volver a su casa y explicarle a su esposa que su sueldo para el mes entero desapareció? En lugar de eso, elige otra posibilidad y así se encamina hacia un punto sin retorno. La otra posibilidad es pedir un préstamo, jugar nuevamente y así recuperar aunque sea algo de su sueldo. El hombre empeña su coche. Pero esa noche la suerte no lo acompaña. Y ahora, aparte de su sueldo, también perdió su coche. Ahora sí que no puede regresar a su casa y enfrentar a su esposa sin sueldo ni coche. No puede rendirse y desandar sus pasos. Se siente obligado a recuperar su sueldo y su auto o perderlo todo. Está en un punto sin retorno. Lo único que le queda es empeñar su casa. Y pide otro préstamo, etcétera.

Creo que de esta manera también se puede explicar el comportamiento del Faraón. Después de la quinta plaga, después de que el Faraón apostó y perdió contra HaShem, ya no podía retroceder y decir: “Bueno, ahora los dejo ir”. ¿Por qué? Porque cinco plagas significaron ya mucho sufrimiento y enormes pérdidas materiales para sus súbditos. No puede salir al balcón de su palacio y decirle a su pueblo: “Me equivoqué” y perder así lo que le queda de prestigio y credibilidad. El Faraón está ahora “jugado”. Está en un punto sin retorno y decide seguir apostando, aunque sabe que lleva las de perder. Así, es posible que, sumado a la intervención Divina, este factor humano también haya influido en el comportamiento del Faraón.

De cualquier manera, creo que es una gran lección para todos nosotros:

  1. Debemos identificar cuáles son los puntos sin retorno en cualquier área de nuestras vidas.
  2. Debemos, obviamente, evitar llegar a esos puntos sin retorno.
  3. Y si alguna vez imprudentemente llegamos, saber que es mejor volver atrás de un punto sin retorno que seguir corriendo hacia el precipicio.



BO: Visualizando la oscuridad en Egipto

Shemot 10:21, HaShem dijo a Moshe, “Extiende tu mano hacia el cielo para que la oscuridad se extienda sobre Egipto, [y traeré] una oscuridad que se pueda sentir. 22 Moshe extendió su mano hacia el cielo, y una oscuridad total cubrió todo Egipto durante tres días. 23. Nadie podía ver a nadie más ni moverse de sus lugares durante tres días ….

NI NATIONAL GEOGRAPHIC NI HARRY POTTER 

La Parashá de esta semana describe las últimas tres plagas que azotaron a Egipto y terminaron doblegando el brazo del Faraón, quien finalmente liberó a los judíos de la esclavitud.  Me gustaría escribir hoy sobre la Novena Plaga, Joshej, “oscuridad”. Primero, para entender su naturaleza , y segundo, para examinar la función de esta y las otras nueve plagas en el contexto de la historia del Éxodo. Si uno es fanático de Harry Potter, va a sentirse un poco decepcionado de las características de las plagas. Moshé no llega al palacio del Faraón en una alfombra voladora. Tampoco transforma al monarca egipcio en un sapo. Y no hace caer sobre Egipto una invasión de serpientes de siete cabezas. No hay mitos ni seres mitológicos en las plagas. Como lo explica National Geographic —y como lo explicó el Rab Abarbanel hace 500 añios atrás— las plagas eran “fenómenos naturales”, eventos que podrían haber ocurrido naturalmente en Egipto. Analicemos, por ejemplo, la plaga de la oscuridad. ¿Qué tipo de fenómeno causó esta oscuridad? La Torá no está describiendo la plaga de la oscuridad simplemente como la ausencia de luz, algo que podría haber sucedido en el caso de un eclipse solar, por ejemplo. El texto bíblico describe una oscuridad tangible, que se puede sentir. El texto también sugiere que este estado de oscuridad literalmente paralizó a Egipto: las personas no podían verse entre sí, y nadie salió de su casa durante tres días.  El rabino Abraham Eben Ezra dice que la Novena Plaga podría haber sido producida por una niebla muy densa e intensa, que probablemente venía del Nilo.  Recuerdo que experimenté este tipo de “oscuridad” cuando visité la zona de Monteverde en Costa Rica, donde uno literalmente se adentra en las nubes, que están inusualmente bajas. A diferencia de la ausencia de luz, la oscuridad producida por esta niebla era tangible, se podía sentir y hasta palpar.

MI CANDIDATO FAVORITO PARA LA OSCURIDAD

Hay otra posibilidad. Hace unos años en Israel, estaba manejando mi viejo Subaru celeste desde Jerusalem hasta Dimona, y para acortar el camino, no utilicé la autopista regular: me dirigí hacia el este y fui por un camino de tierra que rodea el Monte Hebrón y algunas aldeas, una zona un poco desértica. Luego, así de pronto, quede atrapado en una tormenta de arena. Fue terrorífico.  Era mediodía, pero no podía ver nada delante de mí. Reduje la velocidad,  e instintivamente encendí las luces del coche. ¡Grave error! Lejos de iluminar el camino, las luces se reflejaban en la “tormenta de arena”, y me encandilaban directamente los ojos. Tuve que detener mi coche en la mitad de la nada y para poder ver algo, irónicamente, tuve que apagar las luces.  B”H la tormenta fue corta (y no creo que haya sido tan intensa como la de Egipto…:).  Pero me ayudó a entender mejor varias cosas. Primero, que la luz es inútil para este tipo de oscuridad y que la oscuridad “densa y tangible” puede interrumpir la vida normal y paralizar a las personas, tal como explica la Torá que ocurrió en Egipto.  

EL PODER SELECTIVO

Una vez que comprendemos que las plagas pueden ser explicadas como fenómenos naturales, veamos qué las hacia especiales  o sobre-naturales.   La Torá revela explícitamente la razón de las Makkot. “Y así los egipcios sabrán que Yo soy el Eterno, al extender Mi mano [y castigar a] Egipto y salvar a los hijos de Israel de entre ellos”. El objetivo final de las plagas es que los egipcios —y los hijos de Israel— sepan que HaShem es el Creador y que solo Él tiene el control sobre la naturaleza.  Veamos. La naturaleza desencadena su poder sin discriminación ni advertencia. Es ciega. Un terremoto no perdona la vida de los niños o de las personas inocentes. La naturaleza no tiene la capacidad de hacer selecciones morales.  Las plagas de Egipto eran diferentes. Eran eventos naturales pero selectivos. Que demostraban que el verdadero Dios está en completo control del mundo.  Las plagas no llegaban espontáneamente, sino que comenzaban cuando Dios quería y terminaban cuando Dios así lo ordenaba. Las plagas también tenían un “diseño inteligentemente”. Por ejemplo, la octava plaga, langostas estaba diseñada para destruir todas las hojas verdes en Egipto, mientras que la plaga anterior, el granizo, las dejó intactas. Pero el punto más importante —explícitamente mencionado por la Torá— que hizo que las plagas sean diferentes y únicas (y visiblemente Divinas)  es que solo afectaban a los egipcios y no a los israelitas. Esto se menciona de manera explícita en la peste que golpeó a los animales egipcios y en la plaga de la oscuridad que no afectó el lugar de residencia de los judíos. Este nivel de precisión y selectividad solo puede ser obra del Creador, que diseña estos efectos especiales de manera deliberada.

¿QUIEN QUIERE SER PRIMOGENITO?

Este diseño inteligente de las plagas es mucho más evidente en la décima y última plaga: la muerte de los primogénitos. ¿Por qué? Porque no hay ninguna manera “natural”, científica,  de identificar a un primogénito. No hay nada físico o biológico en el cuerpo de un individuo por el cual un científico pueda determinar que esta persona nació en primero o segundo lugar.  Solo el Creador puede identificar al primogénito. Al margen de su terrible efecto punitivo, esta plaga final, la muerte de los primogénitos, fue psicológicamente devastadora para los egipcios y el Faraón, quien finalmente admite que esta plaga no puede ser atribuida a la magia o a algún fenómeno natural sino que es la obra del Creador: el Dios de Israel 

Las tormentas de arena y polvo son comunes en Oriente Medio y otras áreas del mundo. Este impresionante video muestra una tormenta de polvo que afectó a Oklahoma, EEUU, en1935. Este material es invaluable porque describe a este evento climático como una “plaga” (no creo que haya ninguna alusión deliberada a Egipto o la Biblia aquí). También menciona que a plena luz del día se sentía como medianoche, con cero visibilidad, y que al igual que en Egipto, la gente no podía moverse y tuvieron que gatear para encontrar refugio. Todo esto corresponde exactamente a la descripción del texto bíblico de la plaga de oscuridad.