Reflexiones sobre mi primer Tisha BeAb luego del 7 de Octubre


Anoche, en mi comunidad, proyectaron un documental sobre la masacre del 7 de octubre de 2023.

Estas son mis reflexiones personales.

EL JURBAN

Ejá: “¿Cómo fue que ocurrió?” se preguntaba el profeta Yirmiyahu (Jeremías).

¿Cómo fue que Yerushalayim, la ciudad más poblada y hermosa del mundo entero, se transformó en un pueblo fantasma, en una ciudad de cadáveres?

Yirmiyahu fue un testigo ocular del Jurban, la destrucción de Yerushalayim, la masacre de sus habitantes y el incendio de su Templo.

Corría el año 586 a.e.c.

Yirmiyahu fue un sobreviviente del primer holocausto que nosotros, los judíos, experimentamos y por el cual lloramos hasta el día de hoy.

En su libro Ejá, Yirmiyahu describe cómo el enemigo derribó las murallas, entró en la ciudad y, sin compasión, atacó con su espada a los ancianos, las mujeres, los bebés recién nacidos. Mataban a los niños frente a sus padres y a los padres frente a sus hijos.

Yirmiyahu presenció la violación brutal y el asesinato de las jóvenes mujeres de Yerushalayim. Vio cómo los hombres de Sión eran tomados como rehenes y escuchó las risas de los secuestradores y de sus cómplices.

Vio al enemigo torturar a los judíos con éxtasis, con un inexplicable deleite en sus ojos.

Antes del 7 de octubre, leíamos las palabras de Yirmiyahu, pero eran difíciles de visualizar. Era imposible imaginar los asesinatos, el horror de la destrucción y el deleite inhumano del monstruoso enemigo.

Aunque hacíamos un esfuerzo consciente por sentir el dolor que transmitía Yirmiyahu, las imágenes en nuestra mente eran abstractas, quizás imaginables como caricaturas, no como algo real que se puede ver, tocar y oler.

Sabíamos que las miles de víctimas eran nuestros antepasados, pero no era posible ponerles nombres o rostros a los hombres y mujeres que sufrieron nuestra primera tragedia nacional.


LA SHOÁ

Antes del 7 de octubre, cuando queríamos sentir dolor en Tish’á BeAb, teníamos que ver un documental sobre la Shoá, o una película de Hollywood sobre el Holocausto.

Antes del 7 de octubre, veíamos envejecer a los sobrevivientes de la Shoá y nos preocupaba pensar que, una vez que ya no estén, no habría quienes los reemplazaran. No habría más testigos de lo que el odio antisemita es capaz de hacer. Y repetir.

Nadie más creíble para contar la historia del horror a la próxima generación que los sobrevivientes. Nadie más creíble para confrontar a los negacionistas del Holocausto…

Después del 7 de octubre, y ochenta años después de Auschwitz, hay una nueva camada de sobrevivientes. Entre ellos, muchísimos niños.

Después del 7 de octubre, siento que una nueva generación —nosotros— nos hemos convertido en esa Shoá por un día, luego de ver los clips filmados por Hamás.

Después del 7 de octubre, al Jurban se lo puede ver en videos.


EL 7 DE OCTUBRE

Antes del 7 de octubre, pensábamos que, si alguna vez ocurría otra masacre antisemita —Dios no lo quiera—, nunca sería dentro de Israel. Porque en Israel podemos defendernos. Cada hombre tiene un arma. E Israel tiene los mejores sistemas de vigilancia, las vallas y las cercas más sofisticadas cuidan sus fronteras, con los radares y las cámaras más avanzados. Israel tiene la mejor fuerza policial, las kitot konenut y, por supuesto, el mejor ejército del mundo.

Ejá? ¿Cómo fue entonces que ocurrió esta catástrofe?

Ejá yashbá badad… ¿Cómo fue posible que miles de israelíes de Otef Aza, Beeri, Kefar Aza, Sederot, Ofakim yashbú bodedim, quedaran abandonados, solos, indefensos, a merced de miles de terroristas animales que cruzaron desde Gaza para asesinar?

¿Ejá?

¿Qué pasó?

¿Conspiraron, de casualidad, todos los posibles errores humanos y todas las leyes de Murphy —que dicen que a veces todo lo que puede salir mal, sale mal— al mismo tiempo? ¿Se trató de “la madre” de todas las casualidades? ¿Todos los sistemas fallaron, y todos los errores militares, de inteligencia y de seguridad se combinaron simultáneamente?

¿O fue acaso la interrupción de la protección divina? ¿Fue un castigo por nuestros pecados de Abodá Zará —idolatría pública—, promiscuidad y crímenes, como nuestros Sabios explicaron que ocurrió cuando se destruyó el primer Bet HaMiqdash en los tiempos de Yirmiyahu?

¿O tal vez fue porque nosotros, los judíos, seguimos practicando Sinat Jinam, “el odio político”, gratuito, hacia otros judíos, como sucedió en la época de la destrucción del segundo Bet HaMiqdash?

¿Ejá? ¿Cómo fue que ocurrió y por qué?

Son las mismas preguntas que se hacía Yirmiyahu, y que, a partir del 7 de octubre, juntos, deberemos contestar.


Que HASHEM nos ilumine para que aprendamos de los errores del pasado y no los volvamos a repetir.

Quiera HASHEM que el próximo Tish’á BeAb nos encuentre juntos, unidos, en Yerushalayim, y celebrando en nuestro nuevo Bet HaMiqdash.

Rab Yosef Bitton




TISHA BEAB: El día que Jerusalem fue cancelada

Este lunes 12 de Agosto por la noche, comenzaremos el ayuno del 9 de Ab (Tish’a BeAb), que es el día de duelo nacional del pueblo judío. El ayuno y el duelo se observarán hasta el martes  13 de Agosto por la noche.

Consulta aquí https://www.myzmanim.com/search.aspx los horarios del ayuno en tu ciudad de residencia.

כֹּה אָמַר הצִיּוֹן שָׂדֶה תֵחָרֵשׁ, וִירוּשָׁלַיִם עִיִּים תִּהְיֶה

En Tish’a BeAb recordamos cinco eventos trágicos que sucedieron en nuestra larga historia y tratamos de reflexionar sobre nuestra responsabilidad en ellos.

La menos conocida de estas tragedias es también una de las más relevantes, ya que de cierta manera la relevancia de este acto sigue vigente. Me refiero al «arado de la ciudad» de Jerusalem (חרישת העיר), en el año 130 de la era común.

Para comprender por qué fue arada la ciudad –y lo que esto significaba en esos tiempos– debemos repasar un poco lo que ocurrió luego de que el Segundo Templo fue destruido por los romanos (año 68 de la era común).

Cuando Adriano se convierte en el nuevo emperador romano, la situación de los judíos en Judea comenzó a empeorar. Uno de los momentos más tensos fue cuando el emperador viajó al Medio Oriente, en los años 129 y 130 de la era común, para visitar las tierras «más exóticas» de su imperio, como Egipto, Libia, Nubia, etc. El emperador se horrorizó ante una de las prácticas más comunes que llevaban a cabo los gentiles en esa región: la castración de esclavos y sirvientes (eunucos), que se practicaba para “domesticar” a los esclavos y hacerlos más dóciles, como se hace con los animales. En Roma, esa práctica estaba prohibida. Adriano decidió que todos los pueblos de su imperio adoptarían esta prohibición. Aclaremos que esto no ocurría en la tierra de Israel, la provincia romana de Judea, porque la castración está terminantemente prohibida por la Torá. No solo la castración humana, sino también la de animales, algo que era (y sigue siendo) totalmente aceptado en el mundo no judío. Adriano penalizó la castración humana con la pena de muerte.

El gran problema fue que los enemigos de los judíos y del judaísmo, que nunca faltan, convencieron a Adriano de que la circuncisión judía también debía ser penalizada, por ser considerada una forma de castración. A nuestros enemigos no les fue difícil convencer al emperador, ya que éste no era muy amigo de los judíos. Y así fue que Adriano decidió penalizar la circuncisión judía con la pena de muerte. De nada sirvió que una delegación de Sabios judíos se reuniera con los representantes romanos para que le explicaran al emperador que la circuncisión no tiene nada que ver con la castración. Algunos historiadores especulan que Adriano fue influenciado por los primeros cristianos, que como sabemos, a fin de reemplazar la práctica judía, habían abolido la circuncisión reemplazándola por el bautismo. La nueva postura antijudía de Adriano representaba una gran victoria para su causa.

Este decreto, que tuvo lugar alrededor del año 129, afectó tremendamente los ánimos de los judíos, que declararon estar dispuestos a sacrificar sus vidas a fin de cumplir el primer precepto que le corresponde a un niño judío. Ribbí Yishmael ben Elishá llegó a decir: “Quizás haya llegado el momento de que dejemos de casarnos y traer hijos al mundo (Babá Batrá 60b)” ya que si los romanos descubrían que un niño fue circuncidado, lo matarían a él y a sus padres. Pero la anulación del Berit Milá fue solo el preludio de otras tragedias que estaban por suceder…

En ese fatídico viaje por Medio Oriente, Adriano tomó otra terrible determinación que resultaría atroz para el pueblo judío: el emperador, que continuamente recibía peticiones de los judíos para que les permitieran reconstruir el Bet HaMiqdash, decidió “prevenir para siempre” que el Templo fuese reconstruido y declaró que planeaba remover las ruinas de la Ciudad Santa, a fin de eliminar cualquier vestigio de memoria judía de su destrucción.

Para eso, Adriano ordenó hacer tres cosas:

1. Jerusalem sería reconstruida, «reseteada», al estilo romano, como una ciudad romana. Esto se hace removiendo las viejas ruinas de la ciudad y «arando el terreno para fundar los cimientos de la nueva ciudad”, creando los nuevos surcos que demarcaban los nuevos límites de la flamante metrópolis.

2. Cambiar el nombre de la ciudad. Desde ese entonces, Jerusalem se llamaría “Aelia Capitolina”. “Aelia”, en honor a Adriano, ya que su segundo nombre era «Aelio», y “Capitolina”, en honor al ídolo romano, Júpiter Capitolino.

3. Construir en el terreno del Templo de Jerusalem un templo pagano para Júpiter Capitolino, el dios romano favorito de Adriano.

El día que la ciudad de Jerusalem fue arada, con el fin de ser erradicada para siempre de la memoria judía, fue el 9 de Ab del año 130 de la era común.

También el nombre de «Jerusalem» fue cambiado y por siglos los romanos y luego muchos cristianos llamaron a Jerusalem Aelia o Capitolina (la construcción del templo pagano en el área del Bet HaMiqdash, nunca se llevó a cabo).

Este evento fue celebrado por los romanos, como era su costumbre, acuñando una moneda ilustrativa. El texto de la moneda que vemos en la imagen abajo dice: «Col(onia) Ael(ia) Capit(olina)». En esta moneda se ve claramente a Adriano, representando a Roma, arando/erradicando la Ciudad Santa.

El arado de la ciudad de Jerusalem y el cambio de su nombre demuestran que los gentiles hicieron todo lo posible, y más, para borrar la memoria de la Jerusalem judía y que perdiésemos cualquier esperanza de reconstruir nuestra ciudad capital.

Baruj HaShem, ya nadie se acuerda de Adriano, ni del nombre «Aelia Capitolina», que solo se encuentra en los libros de historia antigua.

Pero por el otro lado, milagrosamente, y después de 1900 años, no hay ser humano en la tierra que no haya escuchado acerca de JERUSALEM. Que ahora no es romana, ni cristiana, ni árabe, sino JUDÍA. ¡Es nuestra eterna ciudad capital y está más hermosa, feliz y llena de vida que nunca!

Adriano no solo intentó que el mundo olvidara a Jerusalem. Este terrible emperador, uno de los enemigos más obsesionados contra el pueblo judío en la historia, también cambió el nombre de Israel. En ese entonces, los judíos teníamos dos nombres para Israel, uno era “Judea”, el territorio donde vivían los descendientes del Reino de Yehudá (que sobrevivió el asedio de los asirios, al tiempo que las otras 10 tribus fueron exiliadas) y también “Erets Israel”, la tierra de Israel. Para estar seguro de que los judíos nunca más volverían a reclamar la tierra de sus antepasados o incluso soñar con ella, Adriano cambió el nombre de Israel y la llamó: «Palestina», recordando que los pueblos invasores (pelisthim, significa en hebreo invasores extranjeros) se habían apoderado ahora de la tierra y ya no le pertenecía más a los judíos.

Adriano fracasó en su obsesionado intento de borrar la memoria judía de Jerusalem. E irónicamente (o estratégicamente) fue gracias a la observancia de Tish’a BeAb —el día de duelo por Jerusalem— que nunca nos permitimos dejar de recordar, llorar y rezar por la ciudad sagrada y su Templo. Y milagrosamente, hoy estamos viviendo el PRIVILEGIO de ver a Yerushalayim «lista» para que B»H pronto veamos allí nuestro Bet HaMiqdash.

Por otro lado, el plan de Adriano de erradicar el nombre de Israel y cambiarlo por Palestina sigue siendo una de las batallas que, después de 2.000 años, todavía seguimos enfrentando en foros internacionales. Los enemigos de Israel ya no son los romanos. Ahora tienen un nombre diferente y una religión distinta, pero siguen con la misma agenda: erradicar a los judíos de su tierra y que no se recuerde más el nombre “Israel”. Pero no lo están logrando y no lo van a lograr.

Quiera el Todopoderoso que este sea el último Tish’a BeAb que tengamos que llorar por la destrucción de nuestro Bet HaMiqdash y que el próximo año veamos a Jerusalem totalmente reconstruida. AMEN.




YOM MEORI, un triste poema Sefaradí de Tisha BeAb

El sucesor de João II, Manuel, se dio cuenta de la conveniencia de tener comerciantes y artesanos judíos en su reino y se comportó de manera más permisiva hacia ellos. No obstante, los monarcas católicos, los principales instigadores de la deportación de judíos, no aprobaban el hecho de que Portugal se volviera el refugio para los judíos y conversos que ellos habían expulsado de España. Cuando la realeza española iba a casar a su hija, Isabel de Asturias, con Manuel de Portugal, la primera condición que estipularon fue que Portugal no le diera asilo a los refugiados judíos.

En 1497, el rey de Portugal inició un proceso de “conversión colectiva de facto” mediante el cual todos los judíos presentes en el reino de Portugal eran considerados a partir de ese momento Cristianos Nuevos. Y por supuesto, una vez convertidos, tenían prohibido, bajo pena de muerte, “judaizar”, es decir, practicar cualquier ritual judío.

En ese momento la mayoría de los judíos comenzaron a vivir en apariencia como cristianos, esperando la oportunidad de marcharse cuanto antes hacia otros destinos. Miles de familias judías convertidas de facto vivieron en esta situación durante años, y algunas de ellas por tres, cuatro o más generaciones.

Los hijos de las familias que se rehusaron a convertirse y no tenían la posibilidad de irse de Portugal fueron tomados de manos de sus padres a la fuerza, algo que ni siquiera la cruel Inquisición española se atrevió a hacer. Miles de niños jóvenes, menores de catorce años, fueron llevados a la fuerza a conventos para ser criados como católicos. Más de setecientos jóvenes judíos adolescentes, hombres y mujeres, fueron llevados a una terrible travesía en barco hacia Saõ Tomé (Santo Tomás), una isla que había sido recientemente colonizada por exploradores portugueses de la costa oeste de África Central, y era utilizada como una cárcel para criminales. Según informes contemporáneos, muchos de aquellos jóvenes que no fueron devorados por los reptiles enormes que habitaban ese lugar murieron rápidamente de hambre o exposición las inclemencias climáticas.

El Rab Saba escribe sobre este terrible acontecimiento en su libro Tzeror Hamor, Parashat Ki Tavo:

«Esta es la gran desgracia que cayó sobre nosotros en Portugal, que el rey tomó a los jóvenes y los envió en barcos a las islas de reptiles para poblarlas».

Dos de los hijos del Rab Saba fueron capturados en estas circunstancias. Se dice que para buscarlos, se disfrazaba de campesino cristiano y visitaba los conventos. Cuando llegaba recitaba en voz alta el Shema Israel  la plegaria central del judaísmo en el medio del patio. Al escuchar la voz de Rab Abraham, atraídos por la melodía familiar del Shema, los niños judíos que se encontraban allí se acercaban a él y lloraban desconsoladamente. Nunca volvió a ver a sus hijos.

En 1495, falleció el rey João II y con el ascenso del rey Manuel (Emanuel I, el Afortunado) la situación de los judíos no mejoró. Dentro del primer año de su mandato, Manuel contrajo matrimonio con la princesa española Isabel de Asturias, la hija de Fernando e Isabel. Los monarcas españoles pusieron como condición de matrimonio que el rey Manuel debía deshacerse de todos los judíos de Portugal. El 4 de diciembre de 1496, Manuel ordenó que para noviembre del año siguiente, ningún judío tenía permitido permanecer en Portugal. Para los judíos que se habían rehusado a convertirse en España, arriesgando sus vidas y abandonando todos sus bienes para defender su fe judía, otra vez había llegado la pesadilla de la elección entre conversión o un exilio incierto.

Muchos judíos se negaban a convertirse y abandonaban el territorio portugués de la manera en la que podían. Al enterarse de esto el rey Manuel reconsideró la pérdida de ciudadanos judíos y el impacto negativo que ello tendría en la economía de su reino, y decidió mantener a los judíos en el país a cualquier precio. Para cumplir con las condiciones expuestas por los reyes de España, decidió “convertir a todos los judíos automáticamente y por decreto”, es decir, sin que fuera necesario su consentimiento.  En otras palabras, en lugar de “expulsar a los judíos de Portugal”, resolvió “expulsar al judaísmo de los judíos”. Y una vez que hizo esto comenzó una tremenda presión para que los judíos se bautizaran voluntariamente. Por lo general esa presión se tercia amenazando a los padres que si no se convertían, iban a perder a sus hijos.  

En ese momento, había un grupo de veinte mil judíos en Oporto, que estabas desesperados por marcharse de Portugal, entre ellos estaba el Rab Saba, y los oficiales portugueses les informaron que iban a poder partir en barco pero no desde  Oporto sino desde Lisboa. En Pésaj, el 19 de marzo de 1497, llegaron a Lisboa, pero en lugar de ser evacuados, los niños judíos de ese grupo fueron detenidos y a sus padres los enfrentaron a la terrible decisión de abandonar su fe o abandonar a sus hijos. Muchos judíos se convirtieron para salvar a sus hijos.  Y además porque el rey Manuel se comprometió a no permitir que el tribunal de la Inquisición llegara a Portugal por al menos veinte años. Esta promesa fue cumplida, y así, por mas de 30 años, los judíos vivían en apariencia como cristianos y en la intimidad seguían practicando el judaísmo si temas a ser descubiertos por la inquisición y condenados a la hoguera.  

יום מאורי 
יוֹם מְאוֹרִי חָשַׁךְ בְּגֵרוּשׁ קַסְטִילְיָא אוֹי לִי עַל שִׁבְרִי שֶׁבֶר יְרוּשָׁלַיִם אַל תִּזְכְּרִי עוֹד אֲהָה עָלַי וְאוֹיָה לִי כִּי לְשֶׁבֶר קַאסְטִילְיָא לֹא נִמְצָא צֳרִי מִפּוֹרְטוּגַל נִשְׁמַע קוֹל נְהִי בְּמָרָה אֲהָה עָלַי וְאַלְלַי כִּי אֵין שֶׁבֶר כְּשִׁבְרִי וּמָזוֹר כִּמְזוֹרִי עַז פָּנִים מֶלֶךְ קָשֶׁה מְנֻוָּל שְׁמוֹ אֲהָה עָלַי וְאוֹיָה לִי שָׁכַח שֵׁם אֱלֹהֵי יִשְׁעִי וְאוֹרִי יְלָדִים הָאוֹמְרִים בְּכָל יוֹם שְׁמַע יִשְׂרָאֵל אֲהָה עָלַי וְאַלְלַי אוֹמְרִים לָעֵץ הָקִיצָה וְלָאֶבֶן עוּרִי הַמְיַחֲדִים בְּכָל יוֹם ה’ אֶחָד אֲהָה עָלַי וְאוֹיָה לִי אָמְרוּ אָב בֵּן וְרוּחַ אֲשֶׁר הוּא יוֹצְרִי קִיְּמוּ וְקִבְּלוּ אֲבוֹתָם כָּהֵם אֲהָה עָלַי וְאַלְלַי אָמְרוּ שְׁלוֹשָׁה אֵלֶּה הֵם כִּתְרִי וּנְזִירִי סִפְדוּ וּנְהוּ נְהִיָּה עַל בֵּית הַתְּפִלָּה אֲהָה עָלַי וְאוֹיָה לִי אֵיךְ סִפְרֵי הַקֹּדֶשׁ נִטְמְנוּ בַּעֲפָרִי וַחֲכָמִים חֲסִידִים וְאַנְשֵׁי מַעֲשֶׂה אֲהָה עָלַי וְאַלְלַי אָמְרוּ בְאִישׁ מֵת שַׂמְתִּי אֲנִי שִׂבְרִי נַחֲמֵנוּ הָאֵל בְּקָרוֹב בִּתְשׁוּעָה בִּמְקוֹם אֲהָהּ אָרִים בִּתְרוּעָה בְּבוֹא יִנּוֹן וְאֵלִיָּה גוֹאֲלִי

Mi día de luz se volvió en oscuridad, con la expulsión de Castilla ¡Ay de mí por mi sufrimiento!

Ya no me recuerdes la destrucción de Jerusalem, porque por la destrucción de [las comunidades judías de] Castilla no he encontrado un remedio [que me cure] .

Desde Portugal se escucha una voz que llora de amargura, 
porque no hay destrucción como la mía y exilio como mi exilio.  

El perverso y cruel rey [de Portugal Manuel] “menuval” su nombre, forzó a que se olvidara el nombre de mi Dios, mi Salvador, mi Luz!

Los niños que todos los días decían “Shemá Israel”, ahora le dicen a la madera [la cruz] “¡resucita!” y a la piedra [las estatuas de los santos] “¡despierta!”  .

Los que antes decían  “Dios es uno”, ahora dicen “el padre, el hijo y el espíritu”,  son mi creador. 

Sus padres [también] tuvieron que aceptar [la conversion forzada para no morir] y tuvieron que decir: “estos tres son mi corona y mi tiara”.  

Llorad y decretad luto por las Sinagogas [abandonadas], y por los rollos sagrados [de Torá] que tuvieron que ser enterrados en el polvo.

Y por los sabios píos y por los hombres de acción, que han sido forzados a decir: “En un hombre muerto pongo mi esperanza”. 

Que Dios pronto nos consuele con Su salvación, y que en lugar de llorar “AHA” cantemos con alegría, con la llegada de nuestro Mesias y Elíahu HaNabí 




¿Por qué seguimos llorando por Jerusalem?

En unos días más observaremos el ayuno de Tishá BeAb, que es el día nacional de duelo del pueblo judío. En este día se recuerda principalmente la destrucción de los dos Templos, el primero en el año 586 antes de la era común y el segundo en el año 68 de la era común.

El viernes pasado estuve de visita en el hermoso Bet Keneset Nitzanim para Kabbalat Shabbat. El rabino, Shai Finkelstein, habló sobre un tema que siempre me inquietó: el dilema de un texto de la Tefilá que se agrega en el día de Tishá BeAb: Najem.

En este texto, lloramos por la destrucción de la ciudad santa. El texto describe a Jerusalem tal como seguramente se veía durante los 2.000 años de ausencia judía. Esta es la traducción de una parte de esta oración:

«HaShem, nuestro Dios, consuela a los dolientes de Sion y a los dolientes de Jerusalem y a la ciudad que está afligida, destruida, despreciada y desolada. Despojada de sus hijos, con sus edificios en ruinas, despojada de su gloria y desolada en sus habitantes. [Jerusalem] se sienta con la cabeza cubierta como una mujer que perdió a sus hijos y que ha sido destruida por las legiones del ejército enemigo. Los pueblos idólatras la han saqueado y han expulsado a tu pueblo, Israel, por la espada y han matado intencionalmente a los más devotos del Altísimo. Por lo tanto, el monte de Sion llora amargamente y Jerusalem alza su voz diciendo: ‘¡Mi corazón se rompe y mis entrañas llenas de dolor por [mis hijos] que han sido asesinados'».

El dilema es obvio: cada palabra de esta oración «fue» absolutamente cierta durante 2.000 años. Pero, gracias a Dios, a partir de 1967 todo esto cambió. Jerusalem, la ciudad, está más hermosa que nunca. Baruj HaShem, ya no está más afligida, ni despreciada ni desolada. Está alegre, feliz, joven y llena de gente. Los shoppings, los negocios, los restaurantes están repletos de consumidores. Sinagogas por todos lados. Minyanim, a toda hora y en cualquier lugar. Jerusalem ya no inspira lástima. Es sin duda alguna la ciudad más vibrante y feliz del mundo. ¿Qué hacemos entonces? ¿Seguimos diciendo esta Tefilá?

Luego de 1967, dos rabinos sefaradíes opinaron al respecto:

El Rab Haim David HaLevi, el rabino sefardí principal de Tel Aviv en ese entonces, citó un texto que dice «no se permite recitar algo falso ante Dios», que tiene su origen en el Talmud, tratado Yoma 69B, el cual dice que nuestros antepasados no dudaron en cambiar la redacción de algunas plegarias para evitar implicar algo que ya no era verdad. El rabino propuso cambiar el tiempo del verbo en el texto de Najem, y en lugar de decir «la ciudad que está desolada», decir «la ciudad que había sido desolada», etc.  De esta manera, al cambiar estas palabritas, la oración es históricamente verdadera, a la luz de la milagrosa reunificación de la ciudad de Jerusalem.

La opinión del rabino Obadiá Yosef en su libro Yejavé Da’at, escrito después de la Guerra de los Seis Días, presenta las dificultades de cambiar la liturgia que fue establecida por los Sabios — y profetas– de la Gran Asamblea. Pero, en especial, opninó que si bien lo que dice este texto sobre Jerusalem todavía sigue siendo apropiado para la parte no judía de Jerusalem y especialmente para el Har Habayit, el Monte del Templo, donde hay una mezquita construida sobre las ruinas del Bet HaMiqdash. Su opinión es la que ha sido adoptada por prácticamente todas las comunidades ortodoxas, sefaradim y ashkenazim, que han mantenido la redacción original de Najem que se encuentra en el Talmud de Jerusalem.

HALAJA YOMIT

Las leyes de cortarse el cabello durante las «Tres Semanas» – Año 5783

La prohibición habitual de cortarse el cabello Como resultado del duelo observado durante las «Tres Semanas», la costumbre ashkenazí es abstenerse de afeitarse y cortarse el cabello desde el Diecisiete de Tammuz hasta el Diez de Av.

Sin embargo, la costumbre sefardí no es tan estricta y sigue la letra de la ley establecida por una disposición tanaítica (después de la destrucción del Bet Hamikdash), que prohíbe cortarse el cabello y lavar la ropa durante la semana en la que cae Tisha Be’av. El Rambam y Maran Ha’Shulján Aruj también dictaminan así. Aquellos judíos sefardíes que estudian o viven cerca de ashkenazíes pueden actuar de manera estricta y abstenerse de afeitarse y cortarse el cabello desde el Diecisiete de Tammuz.

La semana en la que cae Tisha Be’av se refiere a la misma semana en la que se observa el ayuno de Tisha Be’av, comenzando desde el domingo de esa semana. Por ejemplo, si Tisha Be’av ocurre un jueves, como sucede este año, todas las costumbres de duelo asociadas con la semana en la que cae Tisha Be’av comienzan desde el domingo anterior.

Cortarse el cabello para las mujeres En cuanto a que una mujer se corte el cabello durante la semana en la que cae Tisha Be’av o durante las «Tres Semanas» según la costumbre ashkenazí, esto depende de una discrepancia relacionada entre los Poskim, de la siguiente manera:

Los Poskim difieren en si una mujer que está de duelo por uno de los siete parientes (padre, madre, hermano, hermana, hijo, hija o esposo) tiene prohibido cortarse el cabello, al igual que para un doliente varón, o quizás esta prohibición no se aplica a las mujeres.

Desde el punto de vista halájico, Maran Ha’Shulján Aruj, cuyas decisiones son seguidas por judíos sefardíes y del Medio Oriente, escribe que la prohibición de cortarse el cabello no se aplica a las mujeres. Por lo tanto, inmediatamente después de los primeros siete días de duelo (Shivá), una mujer puede cortarse el cabello. Sin embargo, el Rama, cuyas decisiones son seguidas por judíos ashkenazíes, escribe que la prohibición de cortarse el cabello también se aplica a las mujeres.

Por lo tanto, parece que según Maran Ha’Shulján Aruj y la costumbre sefardí, la prohibición de cortarse el cabello observada en el duelo por la destrucción del Bet Hamikdash tampoco se aplica a las mujeres. Sin embargo, según el Rama y la costumbre ashkenazí, las mujeres también están incluidas en esta prohibición. Hagaon Harav Moshe Feinstein zt”l y otros grandes Poskim dictaminan de la misma manera.

Por otro lado, hay Poskim ashkenazíes que escriben que aunque a las mujeres se les prohíbe cortarse el cabello mientras están en duelo real por un pariente, sin embargo, las mujeres pueden, de hecho, actuar de manera indulgente y cortarse el cabello durante las «Tres Semanas», ya que esto (no cortarse el cabello durante todo el período de las «Tres Semanas») no es tanto una prohibición halájica según la letra de la ley como una costumbre aceptada. Sin embargo, durante la semana en la que cae Tisha Be’av, cuando hay una prohibición real de cortarse el cabello basada en el edicto de los Sabios de la Mishná y no simplemente una costumbre, no hay distinción entre hombres y mujeres.

Desde el punto de vista halájico, según la costumbre ashkenazí, los hombres se abstienen de cortarse el cabello desde el Diecisiete de Tammuz, mientras que la costumbre sefardí permite esto hasta la semana en la que cae Tisha Be’av. En cuanto a las mujeres, aquellas que deseen actuar indulgentemente, incluso entre las mujeres ashkenazíes, tienen a quién apoyarse.




MATTOT: Sobre niños y ovejas, por Rabanit Coty Bittón

 

EL PRIMER EJÉRCITO DE ISRAEL

Nuestra posesión más preciosa son nuestros hijos. Trabajamos para ellos. Ahorramos para ellos. Y hacemos todos los esfuerzos necesarios para que nada les falte, para que tengan todo lo que necesitan, y más. Mi pregunta es: ¿los padres, actuamos consistentemente con este fin en mente, o a veces nos olvidamos y alguien tiene que recordarnos que lo más importante son nuestros hijos?

En nuestra Parashá Matot, la Torá cuenta que las tribus de Rubén y Gad poseían mucho ganado, y antes de entrar a la tierra de Israel, le piden a Moshé asentarse en el otro lado del Jordán, en los territorios de Sijón y Og, tierras muy fértiles. Moshé en un principio se niega. ¿Por qué? Porque el pueblo judío tenía que enfrentarse militarmente a los poderosos pueblos de Canaán, y necesitaban un ejército fuerte y sólido. Estas tribus constituían casi el 20% del ejército, y su deserción iba a causar una gran frustración en todas las demás tribus. Moshé les dice: ¿Cómo se van a establecer en estas tierras y dejar a sus hermanos luchar en las guerras de conquista sin ustedes? Moshé les exige que se unan a la guerra de conquista. Entonces, los líderes de estas tribus le dicen a Moshé que ellos en ningún momento pensaban abandonar al resto de las tribus: el plan era asentarse rápidamente en las nuevas tierras, unirse al ejército de Israel y pelear junto a sus hermanos. Y ofrecen algo más: ir al frente de la batalla, es decir, a la posición más arriesgada. Estas son las palabras que le dicen a Moshé (beMidbar 32:16) «Construiremos corrales para nuestro ganado y ciudades para nuestros hijos… y luego nos alistaremos al ejército». Moshé acepta la propuesta y les responde afirmativamente (beMidbar 32:25): «¡De acuerdo! Construyan las ciudades para vuestros hijos y los corrales para vuestros animales…».

MOSHE Y SIGMUND FREUD

En este punto hay que notar, con ojos freudianos, una pequeña pero muy significativa diferencia entre lo que dijeron los líderes de las tribus y lo que les responde Moshé. Así, casi sin querer, Moshé modifica el orden de los factores que presenta en su declaración : mientras que los líderes de las tribus mencionaron que construirían «corrales para sus animales y asentamientos para sus hijos»,  Moshé primero menciona a los niños y luego a los animales. Tengan en cuenta que en ese tiempo, las vacas y las ovejas no eran mascotas: el ganado era el capital, el dinero y el trabajo de uno. Moshé notó que estos hombres, literalmente, ¡pusieron a su dinero antes que a sus hijos! Finalmente, y luego de escuchar a Moshé, los líderes de las tribus ponen la casa en orden y le dicen a Moshé que harán lo que él les ordenó (beMidbar 32:25-26): «Nuestros niños, nuestras mujeres y todos nuestros animales se quedarán allá en las montañas del Gil’ad, mientras nosotros iremos a la guerra». Ahora, primero mencionan a los niños, a sus familias, y luego a los animales. Aunque esta diferencia de valores no se discute explícitamente, sino que ocurre a un nivel subconsciente, parecería que entendieron que estaban equivocados. Y alcanzó con escuchar a Moshé repitiendo lo mismo que ellos, pero en el correcto orden de prioridades, para que aprendieran la lección.

LO URGENTE Y LO IMPORTANTE

Todos nosotros sabemos que nuestros hijos son más importantes que nuestro dinero. Cualquier padre o madre a quien preguntemos nos va a contestar que obviamente valoramos a nuestros hijos mucho más que nuestros bienes materiales. Sin embargo, los padres no siempre actuamos de acuerdo con ello. Y como alguna vez dijo Mafalda con mucha sabiduría: «Lo urgente no me deja tiempo para lo importante». Es decir: sé que es muy importante estar con mis hijos, dedicarles tiempo, escucharlos, jugar con ellos, «pero no tengo tiempo». Sé que tengo que interesarme por ellos, hablar de cómo fue su día y saber qué están haciendo en internet, «pero ¡estoy demasiado ocupado trabajando». Así, sin planearlo ni quererlo, no nos queda tiempo (o fuerzas) para «lo más importante de nuestras vidas» y sin querer, ponemos a nuestros hijos en un segundo plano. Recuerdo algo gracioso pero triste: una amiga que tenía una empleada doméstica a la que le confiaba a sus hijos para que los cuidara pero no le permitía que lavara la ropa en el lavarropas porque temía que pudiera arruinarla.

LA HISTORIA SE REPITE

A veces, sin darnos cuenta, repetimos la historia de los portavoces de las tribus y le damos más importancia al bienestar material que a la educación de nuestros hijos. Seguramente los hombres de Gad y Rubén sabían perfectamente bien que sus hijos eran más importantes que sus posesiones materiales, pero como casi todos los padres, necesitaban que alguien, en este caso Moshé, les recordara el orden de prioridades. Nuestra brújula, nuestro referente, es la Torá. Y cada vez que la estudiamos, nos debe recordar claramente que nuestros hijos van primero.

SHABBAT SHALOM

HALAJOT. Leyes de Tish’á beAb
Haga click aquí para leer las Halajot acerca de consumir carne y vino durante los próximos 9 días. 




Resumen de Mattot-Mas’e

Este Shabbat leemos dos secciones bíblicas: Mattot y Mas’e. En Mattot, encontramos varios temas importantes. En primer lugar, se destaca el valor de las promesas y cómo cancelarlas cuando resulta imposible cumplirlas. Luego, la Torá relata lo sucedido con los madianitas, quienes intentaron atacar a Israel, y la captura de prisioneros y el botín de guerra. Todas las tribus aumentaron su riqueza y el número de animales creció.

Las tribus de Rubén y Gad poseían una gran cantidad de ganado y solicitaron a Moshé asentarse al este del Jordán en lugar de ingresar a la tierra de Israel junto con el resto del pueblo. En un principio, Moshé se negó, ya que la comunidad judía debía enfrentar a los poderosos pueblos cananeos que habitaban allí, y necesitaban un ejército fuerte y unido. El temor era que la deserción de estas tribus pudiera causar frustración y debilitar la unidad del pueblo. Sin embargo, las tribus de Rubén y Gad aseguraron a Moshé que participarían activamente en la guerra de conquista y que regresarían al otro lado del río Jordán una vez que hubieran ganado la guerra. Incluso se ofrecieron a liderar el frente de batalla.

En Mas’e, la Torá detalla las diferentes etapas del viaje del pueblo judío por el desierto durante los 40 años posteriores a su salida de Egipto. Se enumeran con detalle los lugares donde acamparon los israelitas y los caminos que tomaron.

Dios ordena a Moshé informar a los hijos de Israel sobre las fronteras de la futura tierra de Israel y la porción de tierra que cada tribu recibirá. Cada tribu debe dar una parte de sus posesiones, tierras y animales a los levitas y los cohanim (sacerdotes), quienes se dedican al servicio divino y a la enseñanza de la Torá. También deben establecer ciudades de refugio para las personas acusadas de asesinato, donde esperarán hasta que se determine su inocencia o culpabilidad. Habrá seis ciudades de refugio, tres en este lado del Jordán y tres en Canaán.

Moshé informa al pueblo sobre las leyes específicas de Dios en relación al asesinato. Si alguien comete un asesinato intencional, debe ser condenado a muerte, pero solo si al menos dos testigos pueden confirmar su culpabilidad. Nadie puede ser condenado a muerte basándose en el testimonio de un solo testigo. Si ocurre una muerte sin intención o de manera accidental, el responsable será llevado a una ciudad de refugio.

Dios pide que no conviertan la Tierra Prometida en un lugar de pecados, mentiras e injusticia. Mantengan la tierra pura, ya que Dios está vigilando a los Hijos de Israel.

Después de la promulgación de estas leyes sobre el asesinato, se aclara la herencia de las hijas de Zelofejad. Cuando no hay herederos varones, Dios le dice a Moshé que la herencia de la tierra pasará a las hijas.




El profeta Jeremías y la peor decisión de tu vida

LAS TRES HAFTAROT

Las costumbres de duelo que observamos entre el 17 de Tamuz y el 9 de Ab varían de una comunidad a otra. Pero hay una tradición que es la misma para sefaradim, ashkenazim y todas las comunidades judías del mundo: la Haftará que leemos durante los tres sábados entre el 17 de Tamuz y el 9 de Ab. Estos tres textos son conocidos en hebreo como תלתא דפורענותא, las profecías que predijeron las tragedias que nos tocó vivir.

Primero, entendamos un poco mejor qué es la Haftará. En la sinagoga, después de concluir la lectura de la sección semanal de la Torá, leemos un texto de los Profetas que se relaciona en su contenido con la sección bíblica que acaba de concluir. Las Haftarot fueron establecidas por nuestros Sabios hace unos 2.000 años, cuando los romanos prohibieron a los judíos leer la Torá, con el propósito de recordar la sección bíblica semanal. Las Haftarot que leemos estos tres Shabbatot, sin embargo, no están relacionadas temáticamente con la porción semanal, sino con la destrucción del Bet haMiqdash y el exilio.

Para ser más precisos, estas Haftarot que describen los hechos históricos relacionados con estas tragedias fueron expresadas por dos profetas, Jeremías e Isaías, cuando advirtieron al pueblo de Israel sobre las consecuencias de abandonar la alianza con Dios, es decir, Su Torá. El mensaje es muy simple: cuando el pueblo judío no sigue los mandamientos de Dios, cuando adoran ídolos y cometen otras abominaciones, el Todopoderoso suspende Su protección y el pueblo judío —que nunca se destacó por su poderío militar— queda a merced de sus despiadados enemigos y, en consecuencia, sufre invasiones, destrucción y exilio.

CAMBIO MANANTIAL NATURAL POR ALJIBE POROSO

La primera de las tres Haftarot, que leímos la semana pasada, es del primer capítulo del libro de Jeremías (Dibré Yirmiyahu) y trata de su iniciación en la profecía y su delicada misión de advertir a Israel sobre las consecuencias de sus acciones. La Haftará correspondiente a la Parashá de esta semana, Mattot-Mas’e, es la segunda de las tres Haftarot especiales. En este texto, el profeta Jeremías critica a Israel por abandonar a Dios y ser ingrato con Él, olvidando que HaShem nos sacó de la esclavitud, nos protegió de los peligros del desierto y nos condujo a una tierra de abundancia.

Jeremías expresa conmoción e indignación por el comportamiento de Israel y dice con dolor que «si uno buscara en todos los rincones del planeta, sería difícil encontrar una nación tan tonta y necia». Para ejemplificar el comportamiento de nuestro pueblo, Jeremías utiliza una profunda metáfora: hay una ciudad que posee un hermoso manantial de agua fresca y abundante. Esta fuente natural produce agua de forma permanente, incesante y ni siquiera necesita mantenimiento. La gente de este pueblo es realmente privilegiada: a diferencia de todas las demás ciudades, no dependen de la recolección de agua de lluvia para su supervivencia, porque la fuente de agua fresca les proporciona todo lo que necesitan para su bienestar y prosperidad.Jeremías implica que HaShem, Dios, es para Israel lo que la fuente de agua es para ese pueblo privilegiado: su fuente de vida. Pero inexplicablemente, la gente de ese pueblo abandona el manantial de agua, le da la espalda, ¡y para conseguir agua, cava cisternas con sus propias manos! Estos pozos artificiales no tienen agua propia, están completamente secos cuando no llueve y ni siquiera pueden conservar el agua que absorben de la lluvia, porque están llenos de grietas y se rompen. ¿Quién concebiría abandonar un manantial natural de agua y buscar recoger el precioso líquido en cisternas rotas?

Este es el poderoso mensaje del texto de Jeremías. Abandonar a Dios, la fuente de vida física y espiritual de Israel, no solo es una traición a nuestra alianza con Dios, sino también un acto de insensatez, una vergüenza para cualquier persona que se considere inteligente. Y claro que también es «ofensivo y humillante hacia el manantial abandonado», es decir, Dios, Quien ha sido «desplazado» por Su propia nación y reemplazado por ídolos falsos que los Yehudim han hecho con sus propias manos.

¿Y AHORA, QUIÉN PODRÁ AYUDARNOS?

Aunque los rabinos agregaron algunos versículos adicionales para concluir la Haftará con un mensaje positivo y esperanzador, hacia el final de este texto encontramos un versículo con una dura pero muy relevante lección que lamentablemente todavía necesitamos aprender. Por un lado, el pueblo de Israel abandonó a su Dios, lo traicionó, le dio la espalda y buscó congraciarse con dioses falsos. Pero ¡oh sorpresa! Cuando los judíos tienen que enfrentar tiempos difíciles y tragedias inminentes, finalmente se dan cuenta de que los dioses que de Egipto, Asiria y otras naciones eran solamente muñecos de barro y madera. Y recién entonces, cuando nadie más podía ayudarlos, se acuerdan de Dios, le rezan y le suplican: «¡Por favor, HaShem, sálvanos, rescátanos!» (Jeremías 2:27 כִּֽי־פָנ֥וּ אֵלַ֛י עֹ֖רֶף וְלֹ֣א פָנִ֑ים וּבְעֵ֤ת רָעָתָם֙ יֹֽאמְר֔וּ ק֖וּמָה וְהוֹשִׁיעֵֽנוּ).

Si buscamos en esta Haftará una lección relevante para el presente, quizás esta sea la más adecuada. Muy a menudo caemos en esta trampa: nos olvidamos de nuestro Creador, abandonamos Sus mandamientos y ni siquiera le agradecemos Sus continuas y abundantes bendiciones. Pero en tiempos difíciles, cuando estamos desesperados porque nadie más nos puede ayudar, recién ahí nos acordamos de Dios, le rezamos y le decimos: «Por favor, ayúdanos». 




Duelo por tres semanas

Este pasado domingo 13 de julio, conmemoramos el 17 de Tamuz. Ese día, en el año 68 de la EC, después de un largo asedio, los muros de la ciudad de Yerushalayim fueron destruidos por las legiones romanas. Una vez dentro de la ciudad, el ejército invasor saqueó Jerusalem y cientos de miles de judíos fueron asesinados, torturados o capturados como esclavos. El Bet haMiqdash fue completamente destruido y quemado tres semanas después: el 9 del mes de Ab. 600 años antes, en el año 586 AEC, el primer Bet haMiqdash también había sido destruido en un 9 de Ab, que por esta razón es considerado el día de duelo nacional del pueblo judío.

Durante estas tres semanas, desde el 17 de Tamuz hasta el 9 de Ab, observamos ciertas restricciones de duelo. Estas costumbres difieren considerablemente de una comunidad a otra y se vuelven más estrictas a medida que nos acercamos al 9 de Ab.

Hay 4 niveles de duelo que guardamos

  1. El primer nivel, el menos estricto, es desde el 17 de Tamuz hasta el comienzo del mes de Ab (sábado 26 de julio).

  2. El segundo nivel es el duelo que guardamos desde el principio del mes de Ab hasta la semana del 9 de Ab.

  3. El tercer nivel de duelo es durante la semana del 9 de Ab, pero este año no hay “semana de Tish’a BeAb”, ya que el 9 de Ab cae en domingo (3 de agosto).

  4. El nivel más severo de duelo es el que observamos el día 9 de Ab propiamente dicho (domingo 3 de agosto).

Presentamos aquí algunos ejemplos del primer nivel, es decir, desde este pasado domingo hasta el comienzo del mes de Ab:

CASAMIENTOS: Los rabinos del Talmud, Maimónides, el Shulján ‘aruj, etc. no mencionaron ninguna restricción respecto a la celebración de bodas durante estas semanas, antes del comienzo del mes de Ab. La antigua costumbre Sefaradí, por lo tanto, no limitaba la celebración de un casamiento entre el 17 de Tamuz y el comienzo del mes de Ab. La costumbre Ashkenazí, sin embargo, fue suspender la celebración de casamientos a partir del 17 de Tamuz. En el presente, y para mantener un nivel de uniformidad en el tema de casamientos entre las dos comunidades, las congregaciones Sefaradíes también han adoptado la costumbre de suspender los casamientos en estos días.

SHEHEJEYANU: El Shulján Aruj menciona que es procedente evitar el consumo de una fruta de temporada nueva, lo cual requiere la recitación de la bendición Shehejeyanu, durante estas tres semanas. La costumbre Sefaradí (Rab Obadia Yosef) y Ashkenazí (Penine Halajá) es reservar la recitación de Shehejeyanu por una fruta nueva para Shabbat.

CORTE DE CABELLO: La costumbre para la mayoría de los Sefaradim es permitir cortarse el cabello o afeitarse hasta la semana de Tish’a BeAb. La tradición Ashkenazí (Ram»a 551:4) y la costumbre de los judíos marroquíes es diferente: cortarse el pelo o afeitarse está prohibido desde el 17 de Tamuz hasta después de Tish’a BeAb (las restricciones de corte de cabellos no se aplica a las mujeres).





PINEJAS: Liderazgo judío y el discurso en el Congreso de EEUU 

En nuestra Parashá, Pinejás, los judíos están por entrar a la tierra de Israel. Han pasado 40 años desde la salida de Egipto. Moisés todavía es el líder, pero  se enfrenta a una generación diferente. Estos jóvenes adultos no fueron criados como esclavos, sino como hombres libres. Aún guardan ciertos vicios de la generación anterior o se dejan llevar por las pasiones de la idolatría o a veces le dan la espalda a Dios, a pesar de Su abrumadora presencia en cada aspecto de su vida en el desierto. Pero siguen necesitando un líder. Moshé tiene ya 120 años. Recientemente ha encabezado el ejército en las luchas contra Sijón y Og, pero ahora, cuando se avecina una nueva guerra contra Midián, Moshé pide un cambio. Dios elige a Yehoshúa Bin Nun.

¿Por qué?   Moshé imploró a HaShem que asignara a un líder con una característica especial: un hombre «asher rúaj bo», que con sus palabras pudiera llegar al corazón y mover el espíritu de aquellos que lo escuchan.  Un líder con la sabiduría para lidiar con diferentes tipos de personalidades y escenarios. Que sepa dirigirse y llegar al espíritu de aquellos que necesitan una mano fuerte, y de aquellos que necesitan un enfoque más sensible.   Que sepa comunicar, y persuadir con su palabra a aquellos que no piensan como él. Porque fue justamente en este aspecto, la comunicación con la nueva generaron,  que Moshé sentía que no lo había logrado: Como cuando golpeó a la piedra en lugar de usar la palabra o cuando el pueblo pecó con Midián, y se quedó sin palabras. HaShem  designa a Yehoshúa como sucesor de Moshé porque era «un maestro» de la comunicación. Yehoshúa fue un líder que supo guiar el espíritu de su pueblo y de su mano el ejército de Israel logre sus mas espectaculares victorias. Vencer a docenas de naciones en Canaan y vivir con paz, prosperidad y lealtad a Dios por dos generaciones.

No es fácil ser judío en 2024. En Europa, es peligroso. Tanto es así que muchos han sacado las Mezuzot de sus casas, han dejado de mandar a sus hijos a escuelas judías o usan una gorra deportiva en lugar de una kipá. En EE.UU. es menos grave. POR AHORA.  Aunque en Nueva York, la ciudad con la mayor cantidad de judíos en el mundo entero (1.4 millones), en algunos lugares da miedo caminar por la calle, por la enrome cantidad de árabes con una animosidad manifiesta y sin escrúpulos hacia Israel y los judíos. Hay una gran desmoralización. Porque irónicamente, nosotros, el pueblo que enseñó al mundo la justicia y la solidaridad, está siendo demonizado como asesino y genocida. O está siendo culpado incesantemente por la mayoría de los medios, las Naciones Unidas y hasta la Corte Penal Internacional de La Haya en Holanda. Es como que el mundo no entiende, no le interesa reconocer quiénes son los buenos y quiénes son los malos de esta película.   Israel es tratado por el mundo  con las mismas actitudes que un antisemita clásico trata a un individuo judío: acusaciones falsas, demonización y mentiras sin escrúpulos.  A Israel se le acusa de genocidio porque se atrevió a defenderse. Porque NO OFRECIÓ A HAMÁS LA OTRA MEJILLA. El mundo, y sus portavoces en los medios internacionales, optan por ignorar cínicamente y sin pestañear los crímenes perpetrados el 7 de octubre. Omiten deliberadamente de la opinión pública que todo lo que tiene que suceder para que haya un alto el fuego en Gaza y para evitar la muerte de los civiles palestinos  es que el grupo terrorista Hamás se rinda y entregue a los judíos secuestrados. Pero nadie apunta sus reclamos contra Hamás: increíblemente—o no —apuntan sus dardos contra la víctima, el Estado de Israel.

¿Dónde será posible encontrar una plataforma multitudinaria y respetable para comunicar nuestra historia, nuestro lado de la verdad? ¿Dónde encontramos al líder judío que nos represente? ¿Un líder con la sabiduría de Yehoshúa para que sus palabras puedan entrar los corazones y mover los espíritus de aquellos que lo escuchan?

Creo que esta semana encontramos a ese líder. Esta miércoles pasado el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu,  habló en Washington ante las dos cámaras del Congreso de EE.UU.

Era la cuarta vez que se dirigía al congreso en su vida política. No existe otro mandatario en el mundo con un récord semejante. Habló por casi una hora, y fue ovacionado con aplausos de pie unas 50 veces. Fue visto y escuchado por miles de millones de personas.  Y le presentó al mundo el punto de vista de Israel. Describió gráficamente la terrorífica masacre del 7 de octubre y el Holocausto que sufrieron las víctimas: padres, abuelos, hijos y bebés. Habló de los rehenes judíos y presentó a la joven israelí Noa Argamani, cuya fotografía se ha convertido en el icono del horror de los secuestrados. Luego introdujo a tres soldados de Israel. El mundo vio el verdadero y noble rostro de los soldados judíos, que representan a cientos de heroicos jóvenes que sacrificaron sus vidas para defender a Israel, o los miles de combatientes heridos que han perdido un brazo, una pierna o la vista, pero han conservado su valentía para regresar y luchar en esas condiciones.  Todo esto — y un poco más — fue lo que logró demostrar Benjamín Netanyahu en Washington, D.C.

Netanyahu denunció a Irán como la cabeza del pulpo que maneja sus tentáculos:  Hamás, Hezbollah y los Hutíes del Yemen.Y afirmó  que Irán está financiando las protestas pro-Hamás en todo el mundo, incluyendo las que tenían lugar en ese momento afuera del Congreso, en las cuales estaban incendiando la efigie de Netanyahu, quemando banderas americanas, profanando los monumentos históricos, cantando a favor del terrorismo de Hamás y alzando banderas palestinas. Acusó a estos activistas  de ignorancia y de ser los “idiotas útiles» de Irán.

Netanyahu no fue apologético: todo lo contrario. Representó a Israel  con una enorme dignidad y un orgullo contagioso. Un orgullo que lo llevó a afirmar, y con razón, lo que nunca antes (y no creo que nunca después) ha dicho un mandatario extranjero en la cara del Congreso estadounidense:  «WE ARE PROTECTING YOU” (Nosotros, Israel,  los estamos protegiendo a ustedes, EEUU, de Irán), lo cual le valió un aplauso y una ovación multitudinaria porque, por más que suene arrogante, es verdad. Israel está al frente, llevando a cabo una guerra que no es un choque entre civilizaciones, sino una batalla entre la civilización y la barbarie: entre aquellos que aman la vida y aquellos que aman la muerte de los que no piensan como ellos.

Netanyahu fue muy firme respecto a nuestro derecho a la tierra de Israel: “Es la tierra de nuestros antepasados, donde rezaron Abraham, Isaac y Jacob;  donde profetizaron Isaías y Jeremías,  y donde reinaron David y Salomón”. Lo dijo con un orgullo y con mucha convicción. Y tocó las fibras no solo de los judíos presentes, sino también de los senadores americanos cristianos que se identifican con la Biblia hebrea, que no son pocos.

Netanyahu no solo representó al Estado de Israel, sino a todo el mundo judío.

Concluyó con un pedido de ayuda para Israel, pero incluso aquí fue muy medido y honorable. Explicó que Israel no necesita que EE.UU. mande sus tropas, soldados americanos que sacrifiquen sus vidas por Israel como lo hicieron en Vietnam, Irak y Afganistán. Netanyahu dejó claro y con mucho orgullo judío que el ejército judío es autosuficiente para eso y solo necesita que EE.UU. le envíe el armamento necesario para lidiar con los múltiples conflictos que enfrenta Israel, lo más rápido posible.

Personalmente, estoy muy agradecido a Dios de que Netanyahu sea el primer ministro de Israel. Y le ruego a HaShem que lo proteja y le siga dando la sabiduría que le dio a Yehoshúa Ben Nun para liderar el ejército judío hacia la victoria en su incesante lucha contra tantos  enemigos.   AMEN

https://youtu.be/UYowlDhCcIo?si=B0ozqClrMooNnGhw




RESUMEN DE LA PARASHA PINEJAS

Primera Aliyá:
La Parashá de la semana pasada concluyó con la historia de las mujeres de Moab y Midyan, que se acercaron a los jóvenes judíos para seducirlos e inducirlos, mediante rituales sexuales, a practicar la idolatría. Pinejás ejecutó a uno de los líderes judíos involucrados en actos de idolatría sin mediar juicio ni sentencia legal, a pesar de que la ley judía así lo requiere. Nuestra Parashá comienza declarando que Dios le otorgó a Pinejás un pacto de paz y le concede a él y a sus descendientes el sacerdocio, que no quedará afectado por esta intervención. Luego, Dios ordena que los judíos salgan a luchar contra los midianitas, ya que su provocación fue considerada un acto de guerra. Moshé y Elazar, el sacerdote, realizan el cómputo de todos los hombres en edad de servir en el ejército, es decir, mayores de 20 años.

Segunda Aliyá:
El número total de soldados de las doce tribus es de 601.730. En este cómputo no se incluye a la tribu de Leví.

Tercera Aliyá:
Además de servir como censo para el enrolamiento en el ejército que peleará contra los midianitas, este conteo también tiene como objetivo organizar la división de las tierras que serán heredadas una vez conquistada la tierra de Israel. La tierra debe dividirse entre todos los que fueron contados en este censo, y la porción geográfica que corresponderá a cada tribu —las “provincias”— se determinará por sorteo. También se realiza el censo de los hombres de la tribu de Leví, quienes no participaban en la guerra ni recibirían una provincia propia. Los levitas sumaban 23.000, contando a los varones desde un mes de vida. Esta Aliyá concluye con la historia de las hijas de Zelofjad, que se acercaron a Moshé y le informaron que su padre había fallecido, dejando solamente hijas mujeres. Solicitaron recibir la porción de su padre en la tierra de Israel. Moshé transmite esta inquietud directamente a Dios.

Cuarta Aliyá:
En atención al pedido de las hijas de Zelofjad, Moshé establece —por mandato divino— las leyes de herencia, que incluyen el derecho de las hijas a heredar cuando no hay descendientes varones. Luego de este episodio, Dios le dice a Moshé que suba a la cima del monte Abarim, desde donde podrá ver la Tierra Prometida antes de morir, aunque no ingresará en ella. Moshé le pide a Dios que designe a una persona digna para sucederlo en el liderazgo. El elegido por Dios para reemplazar a Moshé es Yehoshua Bin Nun, por su reputación y sus cualidades de liderazgo. Moshé anuncia públicamente que Yehoshua será su sucesor.

Quinta Aliyá:
La narración de la sucesión se interrumpe, y la Torá pasa a detallar los sacrificios que se ofrecerán en el Tabernáculo y en el futuro Gran Templo. Primero se describe el sacrificio diario, el Tamid, que se ofrecía todos los días del año, dos veces por día, incluyendo Shabbat, festividades y hasta Yom Kippur. También se especifican los sacrificios adicionales de Shabbat y de Rosh Jodesh, el comienzo del mes judío.

Sexta Aliyá:
Se describen los sacrificios correspondientes a las festividades de Pésaj, Shabuot, Rosh Hashaná y Yom Kippur.

Séptima Aliyá:
Se describen los sacrificios que se ofrecían durante las festividades de Sukkot y Sheminí Atseret.