EQUEB: La tierra de leche, miel y gas natural


En nuestra Parashá, Equeb, Moshé se dirige a los futuros soldados judíos, los alienta y les asegura que no deben tener miedo de enfrentar a los enemigos que están en Canaán, porque ה׳ estará con ellos en la batalla. Pero no solo les habla de la guerra. También les dice que la tierra que van a heredar es una tierra excepcional: “Una tierra en la cual no comerás pan de pobreza; una tierra donde materialmente no te faltará nada” (Debarim 8:9).
La Torá describe esta abundancia en detalle: “Tierra de trigo y cebada, de uvas, higueras y granadas, tierra de olivos y miel” (Debarim 8:8). Los famosos siete frutos de Israel son símbolos de fertilidad, prosperidad y especialmente de DIVERSIDAD.

Pero esta hermosa promesa bíblica ¡no se concretizó durante siglos! Por milenios, la Tierra de Israel fue sinónimo de pobreza. Basta con leer las cartas del Rab Obadiah de Bertinoro sobre Jerusalem para sentir la miseria de su tiempo (ver aquí https://www.halaja.org/2022/01/el-rab-obadia-de-bertinoro-1455-1515-y-la-yeshiba-de-yerushalayim/), o los relatos del escritor americano Mark Twain en 1867 describiendo a Palestina como una tierra desolada, árida y estéril, ¡totalmente opuesta a la utópica tierra que prometía la Biblia! Incluso hace apenas 30 o 40 años, Israel era todavía un país de ingresos medios, con dificultades macroeconómicas, y con una sola fruta característica: las naranjas “Yaffa”.

Pero hoy la realidad es otra. La abundancia, la calidad y la variedad de alimentos en los supermercados de Jerusalem es superior a la de los supermercados de Nueva York, por ejemplo, o de cualquier otra ciudad que yo conozca. La variedad y el surtido de quesos, yogures, vinos, crackers, frutas y verduras frescas… en Israel, B”H, es mucho mayor que la de la mayoría de los países del mundo. No existe en el mundo, creo, la variedad de alimentos que se sirven en un desayuno en un hotel de Israel. La comida es más sabrosa y más natural.
Cada vez que noto este detalle, ¡me maravillo! Y me despierto. Y me doy cuenta de que no puedo dar por sentado este “MILAGRO”: que luego de milenios de precariedad, tenemos el inmenso mérito de ver con nuestros propios ojos ¡la abundancia que Dios le prometió a la tierra y al pueblo de Israel en nuestra Parashá!
Pienso en nuestros antepasados, que vivieron resignados a la pobreza y el exilio, y habrán pensado que la “abundancia bíblica” era una fantasía, una utopía o una metáfora. No creo que se hayan atrevido a soñar con lo que yo puedo ver hoy.

RIQUEZAS NATURALES
Pero la Parashá no se limita a hablar de la abundancia solo en términos de alimentos. La Torá también menciona los múltiples recursos naturales de Israel, casi todos ellos “escondidos”, ocultos bajo la superficie o dentro de las montañas. “Tierra donde abundan los manantiales y las aguas profundas que brotan en los valles y en las colinas… rocas de hierro y colinas de las cuales extraerás cobre” (Debarim 8:7-9).
Israel siempre fue considerado un país “SIN RECURSOS NATURALES”. Sin ríos caudalosos como el Nilo en Egipto, o el Tigris y el Éufrates en Mesopotamia. Y ni siquiera tiene petróleo, como sus vecinos del Medio Oriente.
Me acuerdo de un horrible chiste, posiblemente de hace 40 años: “Dios quería que Moshé llevase al pueblo a ‘Canadá’ —una tierra rica, con los mayores recursos naturales del mundo—, pero Moshé tartamudeó y en lugar de decir ‘Canadá’ le salió ‘Cana-a-an’. Y así llegaron a Israel, una tierra pobre y sin recursos. (Fin del chiste).”
Hace cuatro décadas, esta broma parecía tener razón. Y era una ironía; una decepción de proporciones bíblicas: ¿Dónde están los tesoros naturales ocultos de la tierra prometida? ¿Por qué el Todopoderoso le da a Su pueblo una tierra sin riquezas naturales?

BAJO DEL MAR
Sin embargo, en las dos últimas décadas ocurrió lo impensado, un MILAGRO. Bajo el lecho marítimo de Israel, en el Mediterráneo, se descubrieron gigantescos yacimientos de gas natural, incomparables con cualquier otro país del Medio Oriente o con costa en el Mediterráneo, con producción prácticamente ilimitada y de menor impacto ambiental que el petróleo.
De pronto, Israel, el país pobre en recursos, resultó estar sentado sobre un tesoro escondido que durante miles de años estuvo esperando para producir sus riquezas en esta época milagrosa. Israel es el país más rico en gas natural de todo el Medio Oriente.

Y ahora les cuento algo extraordinario: este 7 de agosto pasado se firmó el contrato económico de exportación más alto en la historia de Israel: la venta de 35 MIL MILLONES DE DÓLARES en gas natural a… ¡EGIPTO!
Cito a la prensa israelí esta semana: “El mes pasado se cerró un acuerdo de venta de gas del yacimiento Leviatán en aguas territoriales israelíes. Los tres socios son: la empresa estadounidense Chevron, que posee el 39.66% del yacimiento; la empresa israelí NewMed Energy, que posee la mayoría con un 45.34%; y Ratio, también de Israel (15%). Se trata del acuerdo de exportación más grande en la historia del país hasta ahora, por un valor de 35 mil millones de dólares, para la venta de gas natural desde el yacimiento Leviatán hacia Egipto. El acuerdo fue firmado con la empresa egipcia Dolphinus Holdings, intermediaria del gobierno. La duración del acuerdo: 15 años.”
Que esto ocurra justamente con un país árabe vecino y hostil a Israel es increíble. Este acuerdo con Egipto, irónicamente, solventa los gastos de la guerra en Gaza (estimados en 20 mil millones de dólares).
Es muy importante también desde el punto de vista geopolítico, ya que estabiliza a la región. ISRAEL se ha transformado en el LÍDER REGIONAL DE RECURSOS NATURALES DEL MEDIO ORIENTE: Egipto depende energéticamente de Israel y Jordania depende del agua de Israel. ES VERDAD, ¡AUNQUE USTED NO LO CREA Y NO LO ESCUCHE EN LOS MEDIOS! que solo traen las malas noticias de Israel.

BENDICIONES A PRUEBA DE GUERRA
Lo más asombroso es que Israel prospera “A PESAR DE ESTAR EN GUERRA”, a pesar del antisemitismo global, a pesar de los boicots, a pesar de los embargos, de las permanentes condenas de las Naciones Unidas, a pesar de las amenazas de países amigos como Francia, Inglaterra, Australia y Canadá, etc., y de las interminables campañas difamatorias.
En agosto de 2025, Bloomberg informó que la Bolsa de Tel Aviv fue la que más creció en el mundo en lo que va del año: un aumento del 21.3% en el primer semestre. Más del triple que el S&P 500, que solo subió un 6%. Ningún otro país de la región mostró algo similar: la economía de Turquía, Egipto, Líbano, Irán… está en caída libre. Israel debería estar en una situación similar a Ucrania, otro país en guerra, pero milagrosamente, está mejor que nunca: ENTRE 2022 Y 2025 EL PBI DE ISRAEL SUBIÓ ALREDEDOR DE 9.6% EN TOTAL, MIENTRAS QUE EL DE UCRANIA CAYÓ CERCA DE 21% EN EL MISMO PERÍODO. Ucrania depende casi totalmente de la ayuda internacional (Estados Unidos, la Unión Europea y el FMI) para sostener su presupuesto y las funciones básicas del Estado.

LOS RIESGOS DE LA ABUNDANCIA
Para finalizar, la Parashá nos advierte que cuando disfrutamos de las bendiciones divinas podemos correr el riesgo de olvidar la fuente de todo, de normalizar nuestras bendiciones y no darnos cuenta de dónde están llegando. “Ten cuidado de no olvidar a ה׳ tu Dios… No sea que cuando comas y te sacies, cuando edifiques tus casas y prosperes, se enorgullezca tu corazón [y pienses que todo lo que tienes es solo gracias a tu propio esfuerzo e inteligencia], y te olvides de ה׳ tu Dios…” (Debarim 8:11-14).
Somos una generación privilegiada. Vemos con nuestros ojos el renacimiento de la promesa bíblica: la bendición de los frutos de la tierra, la riqueza de los recursos naturales y la increíble prosperidad en medio de la adversidad. Que la abundancia no nos haga olvidar de QUIÉN es la fuente de todo lo que tenemos y disfrutamos.

SI MOSHE NOS HUBIERA LLEVADO A CANADA EN LUGAR DE ISRAEL….

Canadá es conocido como uno de los países con más recursos naturales del mundo. Tiene enormes reservas de petróleo y gas —especialmente en Alberta, con las famosas arenas bituminosas—, es líder en minerales estratégicos como níquel, potasio, oro y uranio, y posee vastas áreas de bosques que alimentan su poderosa industria maderera. Además, cuenta con abundante agua dulce y es un gran productor de energía hidroeléctrica. A simple vista, todo esto debería convertirlo en un país de crecimiento económico sólido y sostenido.
Sin embargo, cuando comparamos la evolución reciente de la economía de Canadá con la de Israel, encontramos diferencias muy notorias.
En 2025, la Bolsa de Tel Aviv se colocó entre las de mayor crecimiento en el mundo: subió alrededor de 20% en el primer semestre, incluso en un contexto de guerra y de tensiones internacionales. En contraste, la Bolsa de Toronto aumentó apenas un 10%, reflejando un crecimiento mucho más moderado.
En la economía real la brecha es aún más evidente. Israel, en guerra y bajo enormes presiones externas, registró un crecimiento del 3,3%. Canadá, en cambio, con toda su riqueza en materias primas, se desaceleró hasta un 1%, mostrando señales claras de estancamiento .
El desempleo también refleja esta diferencia. En los últimos meses Canadá perdió decenas de miles de puestos de trabajo y su tasa de desempleo subió al 6,9%. Por el otro lado, Israel logró mantener un mercado laboral sólido, incluso en medio de la guerra en Gaza y bajo amenazas regionales constantes.
Israel avanza con paso firme, sorprendiendo al mundo con su capacidad de crecer en condiciones adversas, mientras que Canadá se estanca y retrocede, a pesar de sus increíbles riquezas naturales.




RESUMEN DE LA PARASHA EQEB

Esta Perashá continúa con el  discurso de Moshé Rabbenu antes de despedirse definitivamente del pueblo judío, ya que Dios no le permitirá ingresar a Israel con el resto del pueblo. Moshé habla de las bendiciones que Dios brindará a Israel por cumplir la Torá. Y estas bendiciones, a su vez, le van a permitir al pueblo cumplir con la Torá en paz y sin sufrir persecuciones o pobreza material. Moshé les recuerda que HaShem es quien los asistirá en la guerra contra los enemigos y los ayudará a conquistar la tierra desplazando a los habitantes de Canaán.

Moshé también les advierte del peligro de olvidarse de Dios cuando uno se cree fuerte y poderoso, o cuando tiene su estómago lleno y piensa que ya no necesita de la asistencia divina. Una de las formas de recordar a Dios es la recitación del Birkat Hamazon, la mitsvá de agradecer a Dios después de comer.

Moshé advierte al pueblo sobre el peligro de la prosperidad y cómo la riqueza puede llevarlos a olvidarse de Dios y practicar la idolatría. La idolatría siempre se asoció con la superstición. Cuando uno tiene riquezas y no se concentra en darle el crédito a Dios por lo que uno tiene y agradecerle por Su generosidad, tiende a buscar «métodos mágicos de protección», directa o indirectamente asociados a la idolatría, ya que invocan poderes ajenos a la Torá. Esta adicción a la superstición termina alejando al hombre de Dios. Los judíos debemos ser humildes en tiempos de prosperidad económica y éxitos militares y recordar que es Dios, y no nuestro propio poder, quien nos concede el triunfo y el bienestar.

El pueblo está por ingresar a la tierra de Israel, que tendrán que conquistar militarmente. De las palabras de Moshé se puede percibir que tenían miedo de no ser merecedores de la asistencia divina en la difícil batalla que les espera, por culpa de los pecados de sus padres. Moshé les explica que, luego del pecado del becerro de oro, el pueblo judío perdió parte de su mérito. Pero les asegura que esto no debe desmoralizarlos en sus próximas batallas, ya que HaShem les otorgará la victoria y con Su ayuda derrotarán a los habitantes de Canaán. Moshé les cuenta que los habitantes de esa tierra merecen ser expulsados de la tierra santa por sus propias malas acciones, como la idolatría, el asesinato y la promiscuidad.

Moshé les presenta otros factores que también contribuirán a la futura victoria de Israel, a pesar de no ser completamente merecedores de la misma: en primer lugar, que Dios le prometió a Abraham, Yitzjaq y Yaacob que sus descendientes heredarán su tierra. Y en segundo lugar, que si Dios no les concede la victoria, el nombre de Dios será profanado entre las naciones, ya que cuestionarían Su poder para proteger a Su nación y cumplir Su promesa con ellos.

Moshé plantea la famosa pregunta: «¿Qué quiere Dios de nosotros?» Y su respuesta es que Dios quiere que sigamos los caminos de rectitud, ayuda al prójimo y justicia, por nuestro propio bien.

Gran parte de esta Perashá está dedicada a describir las hermosas características de la tierra de Israel. Y también se explica, en lo que hoy conocemos como el segundo párrafo del Shemá Israel, que la tierra de Israel, supervisada directamente por Dios, “reaccionará” por instrucción divina a nuestro comportamiento: por un lado, recompensará con abundantes lluvias nuestra lealtad a Dios. Por el otro lado, los cielos se cerrarán, no habrá lluvias y nuestra permanencia en la tierra será imposible si traicionamos nuestro pacto con Él. Como consecuencia de la pobreza, tendremos que abandonar la tierra prometida y escapar como refugiados a un exilio hostil.

El pueblo de Israel obtendrá la victoria sobre sus enemigos, logrará conquistar la tierra prometida y podrá habitar en ella para siempre si escucha los mandamientos y sigue los caminos de HaShem.




EQEB: Berit Mila del Corazon

«ומלתם את ערלת לבבכם וערפכם לא תקשו עוד» (דברים י’ טז’).

2 TIPOS DE CIRCUNCISIÓN
Cuando hablamos de «circuncisión», nos referimos generalmente al Berit Milá, la primera Mitzva que un niño judío experimenta en su vida, y que consiste en remover el prepucio, la capa cutánea, que cubre el órgano sexual masculino. Pero nuestra Parashá , Equeb, describe un tipo diferente de circuncisión: la circuncisión del corazón. La Torá dice (Deuteronomio 10:16.): «Y circuncidareis el prepucio de vuestro corazón …». ¿Qué es el prepucio del corazón y cómo se realiza esta circuncisión cardíaca? En Hebreo, como en español, el corazón es el órgano asociado con las emociones, el amor y la sensibilidad («Te quiero con todo mi corazón», «Tiene un corazón de oro..», etc). En este sentido, nuestros corazones son capaces de crear una capa cutánea virtual, invisible al ojo, pero absolutamente real. El prepucio del corazón se va formando, por ejemplo, cuando normalizamos lo inmoral, cuando dejamos de sentirnos incómodos frente a las cosas malas que suceden a nuestro alrededor.
ADAPT OR DIE
Nuestros corazones pueden volverse insensibles a la injusticia o al dolor. ¿Cómo? Es un proceso… Seguramente la primera vez que presenciamos un acto de injusticia o engaño contra los más débiles o inocentes, nos sentimos mal y molestos. Pero, ¿qué pasaría con nuestro corazón si viviéramos en un ambiente donde «todos» practican la injusticia, el engaño y la corrupción? En esas circunstancias, lamentablemente, uno termina adaptándose («adaptarse o morir» dicen en ingles), y la forma de adaptarse es desarrollando un prepucio virtual sobre el corazón, que supuestamente «lo protege», lo aísla de la sensibilidad. En un extraordinario mandamiento la Torá nos previene acerca de esta cobertura cardiaca y nos dice: No dejes que tu corazón se cubra por un prepucio a su alrededor. No te adaptes a la injusticia. No te sientas cómodo alrededor de la corrupción. No dejes de sentir que algo está mal cuando todo el mundo actúa mal. Y si esto pasa, tienes que «circuncidar tu corazón».
ANESTESIA EMOCIONAL
Hay algo más. La Tora dice que HaShem se interesa por los huérfanos, por las viudas y que Él defiende a los pobres, a los desposeídos, a los individuos que sufren. HaShem nos pide que no nos permitamos perder nuestra sensibilidad hacia los demás, dejando que nuestros corazones estén cubiertos por esa gruesa capa cutánea. Yo tenía un amigo, z»l, que solía viajar por negocios a Calcuta, India, una de las ciudades más pobres del mundo. Me contó que el primer día que llegó, no lo podía soportar. Al ver a tantos mendigos en la calle, especialmente niños ciegos, deformes, discapacitados, rogando por una moneda, su corazón quedó al borde del colapso… Pero lentamente se fue acostumbrando a ver gente sufriendo a su alrededor. Un día ya no se sintió incómodo y se dio cuenta de que para él los indigentes se habían convertido en una parte normal del paisaje de Calcuta. En ese momento, al notar que su corazón se había cubierto de una piel dura e insensible, llamó a todos los pobres de la cuadra y los invitó a almorzar. Esta gran hombre fue capaz de identificar su propia «cobertura-cardiaco» e inmediatamente la extirpó de su corazón.
La circuncisión del corazón exige una autoevaluación constante de nuestros sentimientos, sobre todo, de la ausencia de sentimientos. Si detectamos una capa cutánea alrededor de nuestro corazón tenemos que actuar inmediatamente. La práctica de la justicia y los actos de Jesed (caridad, bondad, generosidad) son el «Berit Milá, el mejor antídoto para remover la insensibilidad de nuestros corazones.



EQEB: Lo que más quiere mi nieto Nissim

והיה אם שמוע תשמעו
¿Debemos observar la Torá y sus preceptos esperando a cambio una recompensa material?
La Perashá de esta semana parece responder afirmativamente a esta pregunta. La segunda parte del Shemá Israel comienza prometiendo prosperidad como recompensa por el cumplimiento de los preceptos divinos והיה אם שמוע תשמעו “Si ustedes obedecen Mis mandamientos… Yo les concederé lluvia en sus tierras…”.
Aparentemente la Torá propone un sistema de premios,o  millage , por nuestro buen proceder. Y los preceptos son un medio para alcanzar el nirvana judío: ¡abundancia, prosperidad y salud para todos! .
Para Maimónides, por ejemplo, esta es una visión superficial y parcial del ideal bíblico, aunque deliberada.
Veamos.
En Hiljot Talmud Torá Maimónides nos dice que es muy difícil explicarle a un niño la verdadera importancia de estudiar Torá. A un pequeño de 7 u 8 años le sería imposible entender los beneficios “abstractos” de cumplir los mandamientos. Apreciar lo que significa acercarnos a Dios, conocerlo mejor aprendiendo y obedeciendo Su voluntad o vivir una vida basada en Sus principios, etc. Para que un niño quiera estudiar Torá, todas estas ideas altruistas no serán relevantes. Al niño debemos ofrecerle algún estimulo concreto. Algo material que pueda disfrutar de manera concreta. Un premio, que vaya progresando según la edad y su madurez: dulces, juguetes, festejos, honores, etc. Maimónides concluye su exposición con las palabras de los Sabios del Talmud: En los comienzos del proceso educativo, uno debe motivar a su hijo a que estudie Torá o cumpla las Mitsvot “condicionalmente”, ofreciéndole una recompensa material, ya que eventualmente, al madurar, el hijo llegará a la conclusión de que las Mitsvot hay que cumplirlas “incondicionalmente”. Con mis propias palabras: cuando uno madura se da cuenta que las Mitsvot son para su propio bien. “Me hacen bien”, aunque no siempre vengan con premios incluidos.
La recompensa material que promete la Torá es necesaria para la etapa más inmadura de la vida intelectual (o espiritual) de un individuo judío. Para la etapa en la cual lo único que nos puede motivar a cumplir con la Torá es la conveniencia. Cuando uno aún no tiene la madurez necesaria para comprender que el mayor beneficio de las Mitsvot es mi conexión con Dios, algo que solamente se puede apreciar –o desear– una vez que alcanzamos un nivel de “amor a Dios”.
Para muchos Rabinos esta es la diferencia entre la primera y la segunda parte del Shemá Israel. La primera parte del Shemá representa el ideal más alto. Y por eso es que habla exclusivamente del “amor a Dios”. Y en la primera parte del Shemá, predeciblemente, no se menciona ninguna recompensa. Amar a Dios significa buscar y disfrutar Su cercanía.
Para entender esta profunda idea un poco mejor recurriremos a David haMelej y a mi nieto Nissim. En Tehilim 131 el rey David habló de su amor por HaShem y dijo: כְּ֭גָמֻל עֲלֵ֣י אִמּ֑וֹ. Mi alma tiene una dependencia emocional de Dios, que solo se puede comparar con la dependencia de un bebé con su madre. Nissim, mi nietito de 1 año, es una ilustración perfecta de este pasuq. Para Nissim no hay absolutamente nada material que lo haga más feliz que estar con su mamá. Cuando mamá está con él, Nissim está en la gloria. Y NO NECESITA NADA MAS. Pero cuando mamá tiene que salir, para Nissim no hay golosina, juego o juguete que lo pueda poner contento o incluso distraer. Si mamá no está cerca, Nissim es inconsolable.
Cuando somos lo suficientemente maduros para apreciar la proximidad de HaShem, explica Maimónides, la recompensa “es” estudiar Torá y cumplir con las mitsvot: es decir, disfrutar de una constante conexión con HaShem. Y cuando esto sucede, la recompensa material prometida por la Torá adquiere un significado completamente distinto. La abundancia, la prosperidad, la salud y la paz “facilitan” nuestro acercamiento a Dios.
Las bendiciones materiales nos permiten dedicarnos a la Tora y disfrutar la Divina Presencia con mínimas distracciones. Al tener nuestras necesidades cubiertas, podemos dedicarnos plenamente a nuestro objetivo principal.
Finalmente, y para cerrar el círculo, la recompensa en el Mundo Venidero también incluye el mismo tipo de placer. El premio reservado para las personas justas en el Mundo Venidero es la cercanía de la Presencia Divina, como Nissim con su mamá.



¿Qué celebramos el 15 de Ab?

עוד ישמע בערי יהודה ובחוצות ירושלם קול ששון קול שמחה קול חתן קול כלה

Hemos dejado atrás un período de luto por el Bet haMiqdash que finalizó este pasado domingo 3 de agosto por la noche, cuando terminó el ayuno del 9 de Ab. Durante todo este tiempo no hemos tenido casamientos ni otras celebraciones. Una vez finalizado Tishá BeAb, retornamos a las festividades y a las alegrías.

Este Shabbat cae en una fecha que, aunque no muy conocida, es muy significativa: el 15 del mes de Ab. Según el tratado de Ta’anit, Rabbán Shimón ben Gamliel dijo: «No hubo días más alegres para el pueblo de Israel que el 15 de Ab… porque en esos días las jóvenes solteras de Jerusalem salían vestidas de blanco a bailar en los viñedos… y decían a los jóvenes solteros: ‘Considera a quién elegirás [para ser tu esposa]’, y luego destacaban sus propias cualidades: sus buenas familias, sus virtudes, su belleza». En este día, muchas parejas se conocían por primera vez y así comenzaban nuevos matrimonios.

Para explicar por qué este día fue seleccionado para un evento tan alegre y significativo, «el día de los shidujim» (o formación de parejas), los Sabios mencionan lo que sucedió el 15 de Ab a lo largo de la historia judía.

Poco después de salir de Egipto, cuando el pueblo de Israel se negó a entrar en la tierra de Israel, todos los mayores de 20 años fueron condenados a morir en el desierto. Cuarenta años después, el 15 de Ab, este decreto fue cancelado. Si recordamos que el primer evento que conmemoramos en Tishá BeAb es que fue decretada la muerte de la generación que salió de Egipto, en ese contexto, el 15 de Ab es el “cierre”, la finalización de ese decreto.

Cuando el pueblo judío comenzó a establecerse en Israel en los tiempos de Yehoshúa y aseguraron la división ordenada de la Tierra de Israel entre las doce tribus, que se establecieron en doce «provincias» o «estados» (אחוזות או נחלות), los Sabios solo permitieron matrimonios entre miembros de la misma tribu o provincia (Bamidbar, capítulo 36). Si, por ejemplo, una mujer había heredado la tierra de su padre en el territorio de Yehudá, no podía casarse con una persona de la tribu de Binyamín, porque esto causaría la transferencia de tierras de una tribu a otra. Estas restricciones se levantaron el 15 de Ab, cuando se permitieron los matrimonios entre las diferentes tribus.

El 15 de Ab también nos recuerda que la tribu de Binyamín fue readmitida al pueblo de Israel. Sus miembros habían sido excomulgados por su participación en el terrible episodio de la violación de una mujer en la Gib’ah (Jueces 19-21), un evento que no era común en la sociedad judía y que sacudió al pueblo de Israel durante décadas.

Hay un último evento que ocurrió el 15 de Ab. Los Sabios dicen que ese día se permitió al pueblo de Israel enterrar a los muertos de Betar (Bit-ter): אמר רב חונה משניתנו הרוגי ביתר לקבורה נקבעה הטוב והמטיב. הטוב שלא נסרחו והמטיב שניתנו לקבורה. ¿Qué significa esto y qué tiene que ver con la celebración de matrimonios?

Para entenderlo mejor, voy a presentar una breve reseña histórica:

Desde que se destruyó el Templo de Jerusalem en el año 68 de la era común, la tierra de Israel ya no pertenecía al pueblo judío: «Judea» fue convertida en una provincia del Imperio romano. Algunos emperadores fueron flexibles con los judíos y otros no. Pero hubo un emperador que fue el peor enemigo de los judíos: Adriano, י”ש. Este malvado gobernante se obsesionó con exterminar a nuestro pueblo en un nivel similar al de Hitler י”ש. Su «sueño» era la solución final: destruir al pueblo judío y borrar para siempre su memoria. Comenzó por Yerushalayim. Destruyó lo que quedaba de las ruinas del Templo para que los judíos dejáramos de llorar por Jerusalem (como lo hacemos hoy cuando visitamos el Kotel) y nos olvidáramos para siempre de reconstruir la ciudad y el Templo. Para asegurarse el éxito de su misión, mandó a construir una ciudad sobre las ruinas de Jerusalem y le cambió el nombre a Aelia Capitolina. Como si esto fuera poco, también le cambió el nombre a la tierra de Israel y le puso el nombre «Palestina».

Los judíos, liderados por Bar Kojbá, decidieron sublevarse, pero luego de unos tres años de heroicas batallas, en el año 135, Adriano derrotó a los rebeldes. Se estima que alrededor de 400,000 judíos que habitaban en Betar, el último bastión de resistencia judío, fueron masacrados por los romanos «hasta que su sangre llegó al mar Mediterráneo». Y como castigo adicional, Adriano emitió un decreto especial: no permitió enterrar los cuerpos de estos judíos asesinados, e instruyó a sus tropas a no dejar sobrevivientes. Todos los judíos debían ser asesinados, incluso aquellos hombres y mujeres que podían ser vendidos como esclavos. En ese desesperante momento, algunos Sabios expresaron que debían cancelarse las bodas y los matrimonios. ¿Para qué casarse y traer hijos al mundo, si esos niños estaban condenados a muerte desde el momento de su nacimiento?

Finalmente, el 15 de Ab (10 de julio) del año 138, el emperador Adriano murió. En aquellos tiempos, cuando un rey o emperador fallecía, sus decretos se cancelaban automáticamente. La primera acción que realizaron los judíos fue dar sepultura a sus muertos. Según la tradición talmúdica, los cuerpos, milagrosamente, no se descompusieron durante un período de tres años.

Para los judíos de esa época, la muerte de aquel monstruoso emperador fue comparable a la culminación de la Segunda Guerra Mundial en 1945 o la muerte de Hitler, yemaj shemó. Para conmemorar el final de ese trágico período —al que los Sabios llamaron shemad («genocidio»), la palabra hebrea más cercana a shoá («holocausto»)—, tomaron una decisión de gran alcance y relevancia: formularon una nueva bendición (berajá) de agradecimiento a Dios por el fin del genocidio sistemático del pueblo judío e incorporaron esta bendición, llamada Hatob Vehametib, en el Bircat haMazón, la oración que recitamos diariamente después de comer, ¡justo luego de expresar nuestro anhelo por la reconstrucción de Jerusalem! Esta bendición nos recuerda que nunca debemos perder la esperanza de que nuestro destino como pueblo judío, por difícil que parezca, siempre puede mejorar.

En ese momento, los Sabios también alentaron a los sobrevivientes —nuestros ancestros— a casarse y traer nuevamente hijos al mundo.

Y así fue que el 15 de Ab del año 138, el pueblo judío renació de sus cenizas. Y en las ciudades de Judea y en las calles de Jerusalem se volvieron a escuchar las voces de alegría de los novios y las novias que celebraban sus bodas y formaban sus nuevas familias.




El Bet haMiqdash en las paredes de Gaza

Los soldados israelíes que lucharon en Gaza relataron lo que encontraron en las casas de los palestinos antes de que estas fueran demolidas por estar completamente minadas. Descubrieron, por ejemplo, ejemplares del libro Mein Kampf de Hitler. También hallaron documentos con el plan maestro del 7 de octubre: ese plan no se limitaba a que Hamas asesinara y secuestrara en un solo día a la mayor cantidad posible de judíos indefensos, sino que contemplaba el inicio de una guerra total, a la que se sumarían Hezbollah, los hutíes, los árabes de Yehudá y Shomrón, y eventualmente los árabes ciudadanos de Israel, y finalmente Irán. Es decir, atacar simultáneamente y por todos los frentes. ¿Objetivo final? El genocidio del pueblo judío.

Pero lo que más sorprendió a los soldados judíos fue encontrar en la mayoría de las casas palestinas fotografías y posters de la mezquita de Al-Aqsa, es decir, del Monte del Templo en Jerusalem, pegadas en las paredes de Gaza. Esto forma parte de una campaña y estrategia bien diseñada por Hamas: educar a los palestinos para que su objetivo supremo e irrenunciable no sea la creación de un Estado o la liberación de un territorio, sino “Jerusalem”, la capital —el corazón— de Israel. Hamas quiere borrar el pasado judío y también evitar que, en un futuro, a los judíos se les ocurra reconstruir el Bet haMiqdash. Cuando lo que se demanda es el corazón, cualquier arreglo pacífico con Israel resulta imposible. Y así Hamas perpetúa lo que quiere: el conflicto ad eternum contra Israel.

Para los soldados fue un shock. Pero también una lección importante: una advertencia de que los judíos —en Israel y especialmente en la diáspora— de que debemos concientizarnos más acerca del Bet haMiqdash para tener el mérito de verlo reconstruido.

Conservar la conciencia del Bet haMiqdash significa no resignarse a su pérdida: era un tema que preocupaba a nuestros rabinos en la época de la destrucción del Templo y que hoy vuelve a estar en el centro de la conciencia del pueblo judío, irónicamente, al darnos cuenta de cómo el enemigo lo tiene como su objetivo estratégico.

¿COMO NO OLVIDARNOS DEL BET HAMIQDASH?

La destrucción del Bet haMiqdash fue un shock psicológico y espiritual sin precedentes. Los sobrevivientes judíos estaban de duelo. Cientos de miles de Yehudim habían sido asesinados o esclavizados, y la nación de Israel había desaparecido del mapa, ya que el territorio estaba gobernado por los romanos. Muchos querían rendirse y no seguir adelante. Pensaban que, si el Bet haMiqdash había sido destruido, ya no tenía sentido celebrar fiestas ni experimentar alegrías. El pueblo judío debería vivir en estado de duelo por el resto de su historia.

Pero uno de los grandes líderes de la época, Ribbí Yehoshua ben Jananyá (alrededor del año 100 de la era común), explicó que la vida debía continuar. Que el dolor por la destrucción del Templo no debía transformarse en un estado permanente de duelo y depresión, y que lo más apropiado era encontrar un equilibrio para vivir con dignidad y la vez mantener el recuerdo del Bet haMiqdash.

Para eso, los Jajamim formularon numerosos textos litúrgicos que leemos todos los días en nuestras plegarias. Son textos que describen a Jerusalem y a los servicios divinos que se llevaban a cabo en el Bet haMiqdash, y que nos inspiran a recordarlo y anhelar su reconstrucción.

Pero allí no terminaron: también indicaron que, en nuestra vida diaria, incluyamos elementos simbólicos en recuerdo del Templo —zejer laJurban— que nos ayuden a tenerlo presente y así tener el mérito de ver su reconstrucción.

Lo primero que indicaron es que el Bet haMiqdash esté presente en las paredes de una casa judía.

EL BET HAMIQDASH EN LAS PAREDES JUDIAS

La Guemará en Babá Batrá 60b enseña que, cuando una familia judía construye su casa, debe dejar un segmento de pared sin terminar, sin revestir ni pintar, como recordatorio de que el Bet haMiqdash aún no está reconstruido. La idea es muy poderosa: ¿cómo podría yo vivir en una casa completa y perfecta, mientras la Casa de Dios no está incompleta?

Maimónides indica que esa parte sin revestir sea de una amá por una amá (aproximadamente 0,5 m de lado).

Ese cuadrado sin revestir debe dejarse en un lugar visible para que, al entrar a la casa, sea lo primero que se vea. Generalmente, se coloca frente a la puerta de entrada, pero el diseño de las casas modernas no siempre permite esa ubicación, así que uno puede ser más flexible, siempre y cuando esté a la vista al ingresar (ver artículo en el enlace para más detalles).

En la antigüedad, era común que cada familia construyera su propia casa y revocara sus paredes. Hoy, por lo general, uno compra una vivienda ya construida por alguna compañía. En lo posible, sería ideal pedirle a quien se encarga de la construcción —el arquitecto o pintor— que deje intencionalmente un cuadrado sin revocar al terminar la obra. Pero cuando esto no es posible, sea porque vivimos en una casa alquilada o porque no se puede hacer de forma estructural, deberíamos, por lo menos, colgar un cuadro de Yerushalayim o del Bet haMiqdash, y mejor aún si incluye las palabras:
אם אשכחך ירושלים — “Si me olvidare de ti, ¡oh Yerushalayim, que se olvide mi diestra!”.

Esto es muy importante, especialmente para quienes no tenemos todavía el mérito de vivir en Israel. He visto hogares —especialmente en la diáspora— donde todas las pinturas y cuadros del salón principal son del Bet haMiqdash o de Yerushalayim. Creo que es un gesto muy educativo para que nuestros hijos y nietos crezcan viendo y anhelando esa conexión.

Si realmente queremos tener el Bet haMiqdash, y si nos importa su reconstrucción, no podemos permitir que el Monte del Templo esté en las paredes de Gaza y no esté en las paredes de nuestras casas.

Para más detalles sobre este tema y otras Halajot que nos inspiran a recordar el Bet HaMiqdash ver aquí 




VAETJANAN: ¿Cómo sabemos que Dios existe?

La Parashá de esta semana, Vaetjanán, contiene dos textos cardinales de la fe judía: Los Diez Mandamientos y la primera parte del Shemá Israel. Hoy analizaremos brevemente el primer versículo del Shemá (Para aprender un poco más acerca de Los Diez Mandamientos, consulta el enlace a continuación).

Para empezar, recordemos que el Shemá Israel no es formalmente una plegaria. No es un texto en el que alabamos a Dios o pedimos Su ayuda. El Shemá que recitamos todos los días contiene nuestra declaración de fe en la existencia y unidad de Dios, nos educa a amar a Dios, nos insta a cumplir Sus mandamientos y nos exhorta a comportarnos con moralidad y decencia.

¿CÓMO SE DICE «DIOS EXISTE» EN HEBREO?

El primer versículo del Shemá Israel contiene las tres ideas que constituyen los principios de nuestra fe:

שמע ישראל ה אלוקינו ה אחד

«Escucha, Israel, HaShem es nuestro Dios, HaShem es uno»

  1. Que Dios existe.
  2. Que somos los únicos testigos de Su revelación.
  3. Que Dios es uno.

La palabra más significativa en este tema, irónicamente, no está explícitamente escrita en el pasuq (versículo bíblico). Nuestro versículo dice literalmente: «Escucha Israel, HaShem nuestro Dios, HaShem uno». Pero la traducción correcta es: «Escucha Israel, HaShem ES nuestro Dios, HaShem ES uno». ¿Por qué estos dos verbos no están explícitamente incluidos en este versículo? Porque en hebreo bíblico los verbos no se conjugan en el presente de la manera que ocurre en otros idiomas. Para indicar el presente, en hebreo solo se usa el pronombre y el sustantivo. Cuando digo, por ejemplo, ANI QORE, que generalmente se traduce como «yo leo», en realidad estoy diciendo «en este momento, ‘soy’ un lector». Es por eso que cuando se quiere decir el verbo «ser» en presente, «es» o «soy», ¡no se dice nada! Si quiero decir «esta silla ES blanca» diré «hakisé laban» = «la silla… blanca». Y cuando quiero decir «HaShem ES nuestro Dios» diré «HaShem… nuestro Dios».

Irónicamente, la idea de «SER» que está escondida entre la palabra “HaShem” y la palabra “nuestro” transmite el mensaje más importante de todo el Shemá Israel: la afirmación de que Dios «ES», es decir, que Dios «EXISTE», lo cual constituye el principio número uno de la fe judía.

¿CÓMO SABEMOS QUE DIOS EXISTE?

La respuesta a esta pregunta se presenta en la segunda parte de este versículo: «HaShem es ‘nuestro Dios’». Aquí el énfasis no está en la palabra «es» sino en la palabra «nuestro».

En el judaísmo, la creencia en Dios se basa, en primer lugar, en el hecho de que los judíos somos los únicos testigos de la Revelación Divina (אתם עדי). En el Monte Sinaí, cuando Dios nos eligió entre todas las naciones, y nos dio Su Tora, se reveló a nuestros antepasados transmitiendo los primeros dos mandamientos. La revelación Divina no se manifestó a través de imágenes. De hecho, la Torá nos advierte seriamente de no crear imágenes visuales imaginarias de la revelación Divina, como hacen otras religiones. La revelación de Dios (en hebreo: ma’amad har sinai) se describe así: «y todo el pueblo veía las voces [que llegaban de Dios]». La Tora utiliza un lenguaje excepcional, «ver las voces», para indicar un evento extrasensorial, sobrenatural, una especie de telepatía profética. Este evento “impactante” (incluso “traumático”) quedó grabado en nuestra memoria genética, y nos convertimos así en el único grupo humano que ha experimentado directa y colectivamente la Revelación Divina. El rabino Yehuda haLeví mencionó hace unos 1.000 años que otras religiones ni siquiera han pretendido falsamente haber experimentado una revelación colectiva, algo que es imposible de sostener. Las religiones gentiles se adjudican, en cambio, supuestas revelaciones “privadas” a individuos como Yeshu, Mahoma o Joseph Smith.

Ahora podemos entender mejor el segundo mensaje del Shemá Israel: “HaShem es NUESTRO Dios”. Dios se reveló a nosotros, todo el pueblo de Israel, y esta experiencia de la revelación divina nos ha transformado hasta el día de hoy en los privilegiados testigos de Su existencia.

Claro que esta fe genética debe ser desarrollada por nosotros mismos, procurando un conocimiento más personal de Dios, el cual se incrementa a través de estudiar Su Torá y observar y admirar Su creación. Ambos “libros”: la Torá y la Creación, revelan una Sabiduría que no es humana y dirigen así nuestra mente y nuestro corazón hacia un reconocimiento más profundo del Autor/Creador de ambas obras.

¿QUÉ SIGNIFICA QUE DIOS ES UNO?

El monoteísmo judío, la creencia de que solo hay un Dios y que no existe ningún otro poder independiente de Él, es probablemente la idea más revolucionaria de la Torá. ¿Por qué? Porque el monoteísmo era una idea totalmente contra intuitiva. Veamos. Para el hombre antiguo, era imposible pensar que solo existía un Dios. Los seres humanos naturalmente percibimos la realidad en términos de eventos conflictivos y opuestos: vida y muerte;  guerra y paz; alegría y dolor, etc. Para la mente pagana era imposible concebir que el complejo espectro de esta realidad ¡proviene de un solo Dios! La conclusión más normal, intuitiva y lógica es que el mundo está gobernado por múltiples dioses, cada uno a cargo de un determinado poder: este el dios del bien y el dios del mal;  el dios de la luz y el dios de la oscuridad. Y esos dioses están en un conflicto permanente entre sí y se pelean para sobreponerse el uno al otro. Desde el aspecto psicológico, el politeísmo también es la forma más natural de proyectar lo mas violento de la realidad humana: los dioses poseen los mismos conflictos, intereses y apetitos que los seres humanos que se pelean entre sí para imponerse uno al otro .

Concebir UN SOLO DIOS de quien derivan todos los aspectos contradictorios y opuestos de nuestra compleja realidad humana, es absolutamente  revolucionario y casi «insano».

Puede ser difícil para nosotros percibir hoy la magnitud y el increíble impacto de la idea del monoteísmo en la humanidad, simplemente porque la mayoría del mundo civilizado ha rechazado el politeísmo y ha adoptado el principio establecido en el Shemá Israel.

Para resumir: El primer versículo del Shemá Israel no es una oración que rezamos a Dios. Es un texto bíblico dirigido hacia nosotros (Escucha Israel). Nos recuerda los tres principios más importantes del judaísmo y nos exhorta a recordarlos todos los días, recitándolos como una proclamación de lealtad hacia nuestro Dios.




VAETJANAN: La fe en Dios y la envidia por el prójimo

EMUNA NIVEL UNO

En nuestra Parashá Vaetjanan, Moshé Rabenu nos presenta una vez más los Diez Mandamientos, tal como él los relata a la nueva generación que está a punto de ingresar a la Tierra Prometida, 40 años después de haber sido revelados. El primer mandamiento es la declaración fundamental de la fe judía: “Yo, HaShem, soy tu Dios, que te ha rescatado de la tierra de Egipto, de la prisión en la que eras esclavo.” Si este primer mandamiento tuviera que ser resumido en una sola palabra, esa palabra sería Emuná, que se suele traducir superficialmente como “fe”, creencia en Dios. Un poco más profundamente, y pensando en el contexto de este mandamiento, Emuná significa saber que Dios está en control de todo, especialmente de lo que nosotros no controlamos—como por ejemplo, haber sido esclavizados por los Egipcios—y también reconocer su intervención permanente, por ejemplo, habernos sacado de Egipto.

NIVEL DOS

La Emuná con un poco más de matices incluye reconocer y apreciar a Dios y no sentir envidia. Para comprenderlo mejor nos ayudaremos con el último mandamiento: “No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni sus propiedades, ni sus numerosos siervos… ni sus posesiones… no envidiarás ninguna cosa que sea de tu prójimo.” Se me ocurrió que hay una relación fundamental entre el último y el primer mandamiento. ¿Qué es lo contrario de Emuná? En este nivel, lo contrario de la Emuná no es el ateísmo, ¡es la envidia!

Si soy observante, me dedico a la oración diariamente y obviamente me declaro como creyente, pero soy envidioso y estoy siempre pensando en cuanto quiero tener lo que tiene mi amigo, mi primo o mi hermano, en realidad, no tengo Emuná: ¡no estoy ejerciendo mi fe! No tengo la convicción que Dios está en control de lo que yo no controlo. La Emuná entonces, no termina con creer en Dios. Emuná es actuar sabiendo y teniendo en cuenta que Dios existe y que Él está en control de lo que tengo, o de lo me queda. Que no se malinterprete: esto no significa que uno se quede con los brazos cruzados, le rece a Dios y espere que el dinero le caiga del cielo sin trabajar. Emuná significa que, una vez que he hecho todo mi esfuerzo: me he levantado temprano, he trabajado con honestidad, no he malgastado mi dinero y aun así no tengo todo lo que quiero o no tengo tanto como mi vecino, no me obsesiono con la envidia. No se trata de resignación, derrotismo o conformismo barato: la ausencia —o el control — de la envidia es la expresión de mi convicción de que Dios existe.

NIVEL TRES

Y si queremos avanzar más: No hay nada más profundo y terapéutico que aprender a agradecerle a Dios no solo por lo que tengo, sino también por lo que NO tengo. Lo dijeron los Sabios: כל עכבה לטובה, “todo lo bueno que no me ocurre (tengo que interpretarlo) como que Dios lo hace por mi bien.” Esta se podría considerar la “Super-Emuná”. Algunos tsadiquim la practican y son las personas más felices, mas fuertes, emocionalmente y mentalmente más sanas que conozco. Creo que a ellos se refirieron las palabras que dicen: אנשי אמונה אבדו, los hombres de una Emuná completa ya no existen más, o van quedando muy pocos. Comportarse con Emuná en sus niveles más avanzados no es fácil y no se logra por decisión. Pero se empieza por decisión. Es un largo camino de aprendizaje y experiencias, buenas y de las otras.

Comencemos por repasar la siguiente regla matemática: El sentimiento de envidia y la Emuná son inversamente proporcionales. Cuanto más envidio a los demás, menos Emuná ejerzo. Y cuanto más Emuná tengo, menos envidia debo sentir en mi corazón.




TU BEAB: ¿Qué celebraremos el 15 de Ab?

עוד ישמע בערי יהודה ובחוצות ירושלם קול ששון קול שמחה קול חתן קול כלה
Hemos dejado atrás un período de luto por el Bet haMiqdash que finalizó este pasado domingo 3 de agosto por la noche, cuando terminó el ayuno del 9 de Ab. Durante todo este tiempo no hemos tenido casamientos ni otras celebraciones. Una vez finalizado Tishá BeAb, retornamos a las festividades y a las alegrías.

Este Shabbat cae en una fecha que, aunque no muy conocida, es muy significativa: el 15 del mes de Ab. Según el tratado de Ta’anit, Rabbán Shimón ben Gamliel dijo: «No hubo días más alegres para el pueblo de Israel que el 15 de Ab… porque en esos días las jóvenes solteras de Jerusalem salían vestidas de blanco a bailar en los viñedos… y decían a los jóvenes solteros: ‘Considera a quién elegirás [para ser tu esposa]’, y luego destacaban sus propias cualidades: sus buenas familias, sus virtudes, su belleza». En este día, muchas parejas se conocían por primera vez y así comenzaban nuevos matrimonios.
Para explicar por qué este día fue seleccionado para un evento tan alegre y significativo, «el día de los shidujim» (o formación de parejas), los Sabios mencionan lo que sucedió el 15 de Ab a lo largo de la historia judía.

Poco después de salir de Egipto, cuando el pueblo de Israel se negó a entrar en la tierra de Israel, todos los mayores de 20 años fueron condenados a morir en el desierto. Cuarenta años después, el 15 de Ab, este decreto fue cancelado. Si recordamos que el primer evento que conmemoramos en Tishá BeAb es que fue decretada la muerte de la generación que salió de Egipto, en ese contexto, el 15 de Ab es el “cierre”, la finalización de ese decreto.

Cuando el pueblo judío comenzó a establecerse en Israel en los tiempos de Yehoshúa y aseguraron la división ordenada de la Tierra de Israel entre las doce tribus, que se establecieron en doce «provincias» o «estados» (אחוזות או נחלות), los Sabios solo permitieron matrimonios entre miembros de la misma tribu o provincia (Bamidbar, capítulo 36). Si, por ejemplo, una mujer había heredado la tierra de su padre en el territorio de Yehudá, no podía casarse con una persona de la tribu de Binyamín, porque esto causaría la transferencia de tierras de una tribu a otra. Estas restricciones se levantaron el 15 de Ab, cuando se permitieron los matrimonios entre las diferentes tribus.

El 15 de Ab también nos recuerda que la tribu de Binyamín fue readmitida al pueblo de Israel. Sus miembros habían sido excomulgados por su participación en el terrible episodio de la violación de una mujer en la Gib’ah (Jueces 19-21), un evento que no era común en la sociedad judía y que sacudió al pueblo de Israel durante décadas.

Hay un último evento que ocurrió el 15 de Ab. Los Sabios dicen que ese día se permitió al pueblo de Israel enterrar a los muertos de Betar (Bit-ter): אמר רב חונה משניתנו הרוגי ביתר לקבורה נקבעה הטוב והמטיב. הטוב שלא נסרחו והמטיב שניתנו לקבורה. ¿Qué significa esto y qué tiene que ver con la celebración de matrimonios?

Para entenderlo mejor, voy a presentar una breve reseña histórica:
Desde que se destruyó el Templo de Jerusalem en el año 68 de la era común, la tierra de Israel ya no pertenecía al pueblo judío: «Judea» fue convertida en una provincia del Imperio romano. Algunos emperadores fueron flexibles con los judíos y otros no. Pero hubo un emperador que fue el peor enemigo de los judíos: Adriano, י”ש. Este malvado gobernante se obsesionó con exterminar a nuestro pueblo en un nivel similar al de Hitler י”ש. Su «sueño» era la solución final: destruir al pueblo judío y borrar para siempre su memoria. Comenzó por Yerushalayim. Destruyó lo que quedaba de las ruinas del Templo para que los judíos dejáramos de llorar por Jerusalem (como lo hacemos hoy cuando visitamos el Kotel) y nos olvidáramos para siempre de reconstruir la ciudad y el Templo. Para asegurarse el éxito de su misión, mandó a construir una ciudad sobre las ruinas de Jerusalem y le cambió el nombre a Aelia Capitolina. Como si esto fuera poco, también le cambió el nombre a la tierra de Israel y le puso el nombre «Palestina».
Los judíos, liderados por Bar Kojbá, decidieron sublevarse, pero luego de unos tres años de heroicas batallas, en el año 135, Adriano derrotó a los rebeldes. Se estima que alrededor de 400,000 judíos que habitaban en Betar, el último bastión de resistencia judío, fueron masacrados por los romanos «hasta que su sangre llegó al mar Mediterráneo». Y como castigo adicional, Adriano emitió un decreto especial: no permitió enterrar los cuerpos de estos judíos asesinados, e instruyó a sus tropas a no dejar sobrevivientes. Todos los judíos debían ser asesinados, incluso aquellos hombres y mujeres que podían ser vendidos como esclavos. En ese desesperante momento, algunos Sabios expresaron que debían cancelarse las bodas y los matrimonios. ¿Para qué casarse y traer hijos al mundo, si esos niños estaban condenados a muerte desde el momento de su nacimiento?

Finalmente, el 15 de Ab (10 de julio) del año 138, el emperador Adriano murió. En aquellos tiempos, cuando un rey o emperador fallecía, sus decretos se cancelaban automáticamente. La primera acción que realizaron los judíos fue dar sepultura a sus muertos. Según la tradición talmúdica, los cuerpos, milagrosamente, no se descompusieron durante un período de tres años.

Para los judíos de ese tiempo, la muerte de este monstruoso emperador era similar a la culminación de la Segunda Guerra Mundial en 1945 o al día que murió Hitler. Para conmemorar el final de este trágico período, que los Sabios llamaron shemad («genocidio»), la palabra hebrea más cercana a shoá («holocausto»), los Sabios tomaron una decisión de gran alcance y relevancia: formularon una nueva bendición (berajá) de agradecimiento a Dios por el final del genocidio sistemático de los judíos e incorporaron esta bendición llamada Hatob Vehametib para la posteridad en el Bircat haMazón, la oración que recitamos diariamente después de comer una comida con pan.

Y en ese momento, los Sabios también alentaron a los sobrevivientes —nuestros ancestros— a traer nuevamente hijos al mundo.

Y así fue que el 15 de Ab del año 138, el pueblo judío renació de sus cenizas. Y en las ciudades de Judea y en las calles de Jerusalem se volvieron a escuchar las voces de alegría de los novios y las novias que celebraban sus bodas y formaban sus nuevas familias.




RESUMEN DE LA PARASHA VAETJANAN

LA SÚPLICA DE MOSHÉ Y LA RESPUESTA DE DIOS
Moshe Rabbenu nos cuenta, en primera persona, que le suplicó a Dios que le permitiera entrar a la tierra de Israel. Pero Dios no aceptó su pedido y le indicó a Moshé que subiera a una montaña desde donde pudiera ver la Tierra Prometida antes de morir. Moshé instruye al pueblo judío a seguir las leyes de Dios, sin agregar ni quitar nada a los preceptos ordenados por Él. Moshé también menciona lo que  sucedió con Pinejás en Baal Pe’or para mostrarle a la gente que aquellos que son fieles a Dios fueron protegidos de la epidemia y sobrevivieron.

SER EL PUEBLO ELEGIDO
Moshé le pide al pueblo que observe cuidadosamente la Torá y aprecie la sabiduría de sus preceptos y mandamientos.  Moshé también exhorta al pueblo a no olvidar el día en que Dios hizo un pacto con nosotros en el Monte Sinaí. Les pide que los padres relaten este evento a sus hijos y a sus nietos: Dios no se apareció en una imagen o de forma visual: sólo percibimos Su voz. Hacer o adorar imágenes que representen a Dios es un pecado muy grave, que puede llevar al pueblo judío a perder su derecho a la tierra de Israel e ir al exilio. Pero Moshé prevé que incluso cuando el pueblo sea exiliado, Dios no lo abandonará. El pueblo finalmente se arrepentirá y volverá a Dios. La nación de Israel es la única que ha sido liberada de la esclavitud por Dios, y es el único pueblo que Dios ha escogido para revelarle Sus mandamientos. Moshé designa tres ciudades de refugio en el lado este del río Jordán. Estas ciudades proporcionaban refugio a un individuo que había matado a otra persona involuntariamente.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS
La Torá reitera los Diez Mandamientos, recordando que el pacto del Monte Sinaí no se limita a aquellos que estuvieron físicamente presentes en el desierto, sino también a sus descendientes. Moshé le recuerda al pueblo que cuando experimentaron la revelación de Dios, escuchando la voz de Dios durante los dos primeros mandamientos se paralizaron de miedo y le pidieron a Moshé que Dios no les hablara directamente, porque no podían tolerar física o mentalmente esa experiencia sobrenatural y sentían que iban a morir. Moshé actuó como intermediario y a partir del tercer Mandamiento él le transmite al pueblo las palabras de Dios.

EL SHEMA ISRAEL
También leemos en esta Parashá el Shemá Israel. El primer párrafo contiene los principios fundamentales de nuestra Torá: la existencia y unidad de Dios; el amor que debemos tener por Dios; la obligación de enseñar la Torá a nuestros hijos; y recordar nuestros deberes hacia Dios a través de Tefillin y Mezuza.

LOS PELIGROS DE LA RIQUEZA

Dios le promete al pueblo que heredaría una tierra de bendición y abundancia (Israel). Pero Moshé le advierte al pueblo que cuando hereden esa abundancia, no deben olvidar al Creador que les proporcionó esa riqueza. Los padres también deben enseñar a sus hijos a observar todos los mandamientos de la Torá. Los judíos éramos esclavos del Faraón hasta que Dios nos sacó de Egipto para servirlo a Él. La gran diferencia entre servir al Faraón y servir a Dios es que el Faraón quería que le sirviéramos para su propio beneficio. HaShem, sin embargo, es como un padre que ama a sus hijos y les pide que lo obedezcas y sigan sus instrucciones por su propio bien. Dios quiere de nosotros lo que un padre quiere de sus hijos: la felicidad que le otorga a un individuo una vida basada en principios, rectitud y generosidad.