TAZRIA-METSORA: ¿Qué hago cuando los demás hablan mal de alguien?

Estás sentado en la mesa de una fiesta o en una recepción cuando, de repente, las personas a tu alrededor comienzan a hablar mal de alguien. En el judaísmo, hablar negativamente de otras personas es una transgresión muy grave conocida como Lashón Hará — literalmente, “la lengua del mal.”

Tu primer impulso es correcto: no voy a decir ni una palabra. Pero el problema es que escuchar Lashón Hará es tan grave como hablarlo — porque al escuchar en silencio, estás dando tu aprobación tácita. Es más: algunos consideran que escuchar es incluso peor que hablar, ya que le estás brindando una audiencia al que habla, alentándolo a continuar.

¿Cómo salir de esta situación sin cometer una transgresión?


Tienes varias opciones, en orden de preferencia:

1. Intervenir respetuosamente

La primera opción — y la más valiente — es recordarles a quienes están hablando que el Lashón Hará es una prohibición seria de la Torá, y pedirles con respeto que cambien el tema. Esto debe hacerse con calma y sin arrogancia, de manera que no genere una confrontación innecesaria. No siempre es fácil, pero cuando se hace con tacto, puede ser muy efectivo — y transforma un momento incómodo en una oportunidad de enseñanza.

2. Levantarse y retirarse

Si estás seguro de que tus palabras no serán escuchadas — que la conversación continuará de todas formas — entonces la opción correcta es levantarte cortésmente y alejarte de la mesa. No hace falta dar explicaciones elaboradas. Una disculpa breve y natural es suficiente. Alejarte físicamente de la conversación es una forma clara y honesta de no participar en ella.

3. Permanecer, pero sin aprobar

Si levantarte resulta imposible por alguna razón — ya sea por el contexto social, por no querer ofender al anfitrión, o por cualquier otra circunstancia — entonces debes prepararte mentalmente para no ser cómplice de lo que se está diciendo. Para ello, es indispensable cumplir con dos condiciones:

Primera: haz un esfuerzo real por no prestar atención al contenido de la conversación. Y si algo llega a tus oídos, decide con firmeza en tu mente que no le darás crédito a ningún comentario negativo sobre ninguna persona. Lo que escuchas en ese momento no constituye evidencia de nada.

Segunda: cuida tu expresión facial. Tu rostro no debe transmitir ninguna señal de aprobación — ni una sonrisa, ni un gesto de asentimiento, ni una mirada cómplice. Si es posible, que tu expresión transmita claramente la incomodidad que sientes con la situación. A veces, un gesto de desaprobación silencioso dice más que mil palabras.


Una distinción importante

Todo lo anterior aplica cuando uno está sentado inocentemente en su lugar y la conversación de Lashón Hará surge a su alrededor de manera inesperada. Esa es una situación en la que uno se encuentra atrapado sin haberlo buscado.

Pero hay una situación muy diferente: la de quien pasa por un lugar, escucha casualmente que se está hablando mal de alguien — y en lugar de seguir caminando, se detiene a escuchar. En ese caso, aunque no diga una sola palabra y aunque no apruebe lo que se está diciendo, su detención deliberada ya constituye una transgresión voluntaria. Nadie lo obligó a quedarse. Tuvo la opción de alejarse — y eligió no hacerlo.


La próxima vez que te encuentres en una de estas situaciones, recuerda que tienes opciones. Y que la más sencilla de todas — levantarte y alejarte — suele ser también la más sabia. 🙏




LA SHOAH QUE NO FUE: Cuando los nazis intentaron destruir Israel, en 1942

“Doscientos Días de Terror” es el nombre con el que se conoce a un período de la historia de la comunidad judía en la Tierra de Israel durante la Segunda Guerra Mundial. Este período se extendió desde la primavera de 1942 hasta el 3 de noviembre de ese mismo año, cuando las unidades del ejército alemán bajo el mando del General Erwin Rommel avanzaban hacia el este, en dirección al Canal de Suez, desde el norte de África.

LOS PLANES DE LOS NAZIS

En abril de 1942, la unidad del ejército alemán Afrika Korps bajo el mando del general Erwin Rommel comenzó a avanzar en el norte de África hacia el Canal de Suez en Egipto. El terror se apoderó del “Yishub”. Parecía que después de las grandes victorias de los nazis en el norte de África, no había fuerza que pudiera detenerlos. Si llegaban al Canal de Suez, el camino hacia la Tierra de Israel estaría abierto para ellos. En ese momento, el exterminio de los judíos europeos estaba en pleno apogeo, y las noticias al respecto comenzaron a infiltrarse en los líderes del Yishub. Existía la certeza de que si los alemanes llegaban exterminarían a todos los judíos de la Tierra de Israel: hombres, mujeres y niños, como lo habían hecho en Europa. Y no estaban equivocados…

Los alemanes establecieron una unidad especial en Egipto: Einsatzgruppe Egypt, compuesta por 24 soldados de las SS bajo el mando de Walter Rauf. Rauf era el infame inventor de los camiones de la muerte, que tenían los gases de escape conectados al recinto interior sellado del vehículo, en el que las víctimas —que ingresaban pensando que serían transportadas— morían al inhalar los gases tóxicos. Los camiones de la muerte ya estaban esperando en Egipto.

Se suponía que el exterminio de los 500.000 judíos en Israel se llevaría a cabo por los mismos medios y métodos con los que se perpetró el asesinato de los judíos europeos. Y los alemanes aprovecharían la ayuda de la población local árabe para llevar a cabo el asesinato sistemático de los judíos, bajo la guía y el mando de ese pequeño equipo alemán. Este plan se correspondía con la promesa que los alemanes le habían hecho al líder de los árabes palestinos y amigo de Hitler: Haj Amin al-Husseini, que se encontraba exiliado en Berlín. Muchos árabes esperaban la llegada de los ejércitos de Hitler, a quien llamaban “Abu Ali”, con la esperanza de que los alemanes derrotaran a los británicos y así ellos podrían exterminar a los judíos.

LOS PLANES DE LOS JUDÍOS

El 17 de abril de 1942, el jefe del departamento político de la Agencia Judía, Moshe Sharet, se dirigió al General Claude Auchinleck, comandante del Octavo Ejército Británico, con las siguientes palabras: «No hay duda de que si los nazis invaden la Tierra de Israel, todos los judíos de esta tierra seremos asesinados. El exterminio de la raza judía es una premisa básica de la ideología nazi. Las noticias oficiales publicadas recientemente indican que esta política se está implementando con una crueldad que no se puede describir con palabras. Cientos de miles de judíos perecieron en Polonia, los países balcánicos, Rumanía y en todos los distritos invadidos por los alemanes en la Unión Soviética, como resultado de las ejecuciones en masa, las deportaciones forzosas y la propagación del hambre y la enfermedad en guetos y campos de concentración. Hay razón para temer que una destrucción mucho más rápida caerá sobre los judíos de Israel si caemos en manos de los nazis.»

RENDIRSE

Algunos judíos, con mucha ingenuidad, proponían hacer lo que hicieron otras naciones ocupadas en Europa: rendirse a los nazis y tratar de llegar a algún acuerdo con ellos. Esta ingenuidad se basaba en la creencia de que “los nazis que llegarían a Israel no tratarían a los judíos locales como trataron a los judíos de Polonia y Alemania. Primero, porque no habían perturbado a nadie en Europa, y aparte porque los judíos de Israel no eran empresarios exitosos sino judíos sencillos, dedicados al trabajo… así que tendrán más respeto por estos judíos”. También advertían que resistirse y pelear podría provocar o aumentar el odio de los alemanes hacia los judíos, y que “quizás con la reconciliación y el esfuerzo lograremos más”. Estas ideas fueron criticadas por aumentar el derrotismo y disuadir a los judíos de luchar por sus vidas.

En la práctica, se intentó algún arreglo diplomático del lado de los británicos: el plan era solicitar que se otorgara a los judíos de Israel —que en ese entonces estaba bajo el Mandato Británico— el estatus de “prisioneros de guerra ingleses” si fuesen capturados, gozando de los mismos derechos que los prisioneros británicos. También se pedía, por vía diplomática, que los ingleses amenazaran a los nazis con que, si exterminaban a los judíos, los británicos también matarían a los prisioneros alemanes en su posesión. Estas ideas terminaron siendo una fantasía, ya que Inglaterra nunca accedió a otorgar ninguno de esos derechos a los judíos de Israel.

Es más, los británicos se prepararon para la posibilidad de verse obligados a evacuar la Tierra de Israel y retirarse hacia el este —Irak e India—. Estos planes de evacuación no incluían a los judíos de la Tierra de Israel. Si los alemanes invadían Israel, los judíos tendrían que enfrentarse solos a ellos, sin la ayuda del ejército británico.

El Yishub —así se llamaba al asentamiento judío antes de que se declarara la independencia de Israel en 1948— contaba con unos 500.000 judíos. Yitzjak Tabenkin, quien más adelante fue miembro de la Knéset de Israel, dijo:

«No tenemos más remedio que pelear esta guerra con todas las fuerzas que tenemos. … debemos defender este Yishub y nuestra bandera con uniforme o sin uniforme… si nuestro espíritu está en nosotros, nos apoyaremos en él con todas nuestras fuerzas, o también caeremos con todas nuestras fuerzas. Estamos listos para mantenernos de pie y listos para el sacrificio. No venceremos a las fuerzas del enemigo con fatalismo, sino con mucha responsabilidad. No hay alternativa…»

ESCONDERSE

Muchos judíos trataron de esconderse, o al menos esconder a los niños, en iglesias, monasterios y hospicios europeos —incluso alemanes— que había en Israel, especialmente en Jerusalem, o contactar a árabes amistosos dispuestos a recibir una recompensa material para ocultar a los niños judíos hasta que terminase la guerra.

Había diferencias de opinión en caso de que el país cayera en manos de los alemanes. Por un lado, estaba la posición pragmática de David Ben-Gurion, quien insistía en que los soldados improvisados del Yishub no podrían vencer al ejército de Hitler, no podrían lograr lo que no habían logrado los franceses, los holandeses y todos los países europeos derrotados por los nazis. En opinión de Ben-Gurion, ante una invasión alemana y una retirada británica, las fuerzas de combate de la Haganá y el liderazgo del Yishub deberían tratar de integrarse al ejército británico, retirarse a la India y regresar a Israel cuando cambiase el rumbo de la guerra.

LUCHAR HASTA LA MUERTE

En el extremo opuesto estaba la postura más nacionalista expresada por Yitzjak Tabenkin, quien dijo: «…tenemos que quedarnos aquí hasta el final, por nuestro futuro, por respeto a nosotros mismos y por lealtad a nuestra historia». Esta segunda posición proponía concentrar a toda la población judía en el área de Haifa y Galilea, trasladarse allí cuando los británicos se retirasen del país, y luchar hasta el último hombre. Haifa y la cadena de montañas del Carmel están en un área que brinda la oportunidad de resistir y rechazar al invasor, que se trasladaba en fuerzas blindadas pesadas y tendría dificultades para moverse en esa zona montañosa. El plan de Tabenkin fue denominado la “Masada del Carmel”. Según este plan, la población judía civil se protegería en esos enclaves mientras los comandos y las unidades de guerrilla saldrían a atacar para contener el avance del enemigo.

Los miembros de la organización militar “Etzel” concibieron un plan similar, pero con un simbolismo más significativo: en caso de que los alemanes invadieran Israel, los judíos se refugiarían en la Ciudad Vieja de Jerusalem, fortificándose dentro de las murallas y librando desde allí la batalla “final”. Y antes del final, ¡declararían con mucho orgullo y patriotismo la soberanía judía sobre el Monte del Templo (Har-HaBayit) en Jerusalem!

Para los líderes de estos planes —ya fuera en Haifa o en Jerusalem— estaba claro que si los alemanes llegaban, podrían quizás retrasar el avance del invasor, pero el terrible final de la población civil era inevitable. El mismo nombre, “Masada del Carmel”, expresaba la creencia de que no había ninguna posibilidad de que el asentamiento judío pudiera sobrevivir si los alemanes invadían Israel. Recordemos que Masada, o Metsadá, es el nombre de uno de los últimos refugios de los judíos que se resistieron al ejército romano en el siglo I, y que cuando vieron que el enemigo no podía ser detenido, procedieron al suicidio colectivo.

VICTORIA PROVIDENCIAL

El 1 de julio de 1942, los británicos lograron frenar el avance de Rommel a 180 kilómetros del Canal de Suez. Allí establecieron una nueva línea de defensa y nombraron un nuevo comandante, el general Bernard Montgomery, quien ordenó cancelar todos los planes de retirada británicos de Israel y prepararse para enfrentar frontalmente a los alemanes en Egipto. Ambos bandos sabían que esa batalla sería decisiva para el destino de Oriente Medio.

Y gracias a Dios, luego de meses de una durísima batalla, el 3 de noviembre de 1942, las fuerzas de Montgomery lanzaron el ataque final y derrotaron a las fuerzas de Rommel en la Batalla de El-Alamein, en Egipto.

Este triunfo fue uno de los puntos de inflexión decisivos para la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, y significó el final de los doscientos días de terror que experimentó la joven colonia de Israel en los tiempos de la Shoah.




TAZRIA-METSORA: ¿Cómo mejorar tu calidad de vida?

Este Shabat leeremos dos secciones de la Torá: Tazriá y Metzorá. Uno de los temas más discutidos en estas dos parashiot es el del tzara’at — una afección de la piel generalmente asociada con la lepra. Una vez diagnosticada, se procedía a aislar al individuo y ponerlo en cuarentena hasta su curación.

Los Sabios dedujeron, del caso de Miriam — la hermana de Moshé, quien hizo un comentario negativo sobre él y contrajo el tzara’at — que existe una relación entre esta enfermedad y el hábito de hablar mal de otras personas, lo que se conoce como Lashón Hará. Así como una persona enferma debe estar en cuarentena para no contagiar a los demás, quienes se entregan a la adicción del chisme y el discurso destructivo deben ser, de alguna manera, “aislados” — para que su proceder no se “contagie” y su ejemplo no llegue a normalizarse en la sociedad judía.

Presentamos aquí una breve reflexión sobre una de las maneras más eficaces de evitar el Lashón Hará, de acuerdo a las enseñanzas de Pirké Abot:

והוי דן את כל האדם לכף זכות

“Yehoshúa ben Perajia solía decir: hazte un maestro, adquiere un amigo, y juzga a los demás con el beneficio de la duda.”


Una mitzvá de la Torá

Juzgar a los demás con el beneficio de la duda no es simplemente una actitud noble o una buena costumbre — es una mitzvá de la Torá. En Vayikrá 19:15 está escrito: betzédeq tishpot amitekha — “con justicia juzgarás a tu prójimo.” Los Jajamim explicaron este precepto de la siguiente manera.

Existen tres categorías de personas. Primero, el tsadik — el hombre justo, aquel cuyo historial de buenas acciones es impecable. Estas personas, que son casi más ángeles que humanos, no son la mayoría: representan quizás entre el 1% y el 5% de la población. En el extremo opuesto encontramos a los verdaderamente malvados — los resha’im — individuos egoístas, de malas intenciones y con un historial que los condena. Son también una minoría: probablemente no más del 4% o 5% de la población total (el libro The Sociopath Next Door sostiene que los sociópatas constituyen aproximadamente el 4% de la población). Y luego está la gran mayoría: las personas promedio — todos nosotros — que en general tenemos intenciones nobles, hacemos cosas buenas, pero también tenemos nuestros defectos. A veces actuamos con generosidad y a veces con egoísmo. Esta mayoría silenciosa representa alrededor del 90% de la humanidad.

La Torá nos enseña a relacionarnos con cada una de estas categorías de manera distinta.

Al tsadik — al hombre justo — hay que juzgarlo con indulgencia siempre. Incluso cuando no estés seguro si actuó bien o mal, incluso cuando percibas una situación sospechosa sin tener todas las evidencias: no lo condenes en tu corazón. Juzga su conducta de manera positiva y generosa.

Al malvado — al que ya tiene un historial de actuar con maldad deliberada — no puedes otorgarle el beneficio de la duda sin más, mientras no haya dado señales claras de arrepentimiento. Su proceder puede afectarte, y la prudencia aquí no es cinismo sino autoprotección legítima.

¿Y qué pasa con la persona promedio — la gran mayoría de nuestros amigos, familiares y conocidos? Aquí la Torá nos sorprende con una instrucción extraordinaria: debes juzgar a la persona promedio como si fuera un tsadik. Es decir, otórgale el beneficio de la duda a menos que tengas evidencias claras y concretas de lo contrario. Así leída, la mitzvá de “juzgarás a tu prójimo con justicia” significa en la práctica: “juzgarás a la gran mayoría de las personas con la misma generosidad con la que juzgas al justo.”


¿Por qué vale la pena practicar esta mitzvá?

Las razones son poderosas.

La primera es teológica: “Con la misma vara que juzgamos a los demás, seremos juzgados por ה׳.” ¿Cómo queremos ser juzgados por el Juez Supremo al final de nuestros días? Seguramente esperamos que encuentre atenuantes para nuestros errores, que nos juzgue con indulgencia y no con severidad. Los Jajamim enseñan que ה׳ nos tratará con la misma medida que nosotros usamos para tratar a los demás. Si aprendemos a juzgar a las personas con generosidad, así seremos juzgados por Él.

La segunda razón es social: nuestras actitudes se reflejan en quienes nos rodean. Las personas tienden a tratar a los demás como son tratadas. Si quieres que tus amigos, familiares y conocidos te otorguen a ti el beneficio de la duda — que no se apresuren a sospechar de ti, que no te condenen antes de tener toda la información — entonces empieza por otorgárselo tú a ellos.

La tercera razón — y quizás la más práctica — es que juzgar con el beneficio de la duda es el mejor antídoto contra el Lashón Hará. Hablamos mal de otras personas porque primero pensamos mal de ellas. Muchas veces escuchamos un comentario destructivo sobre alguien y simplemente lo creemos y lo repetimos — sin tener evidencias, sin conocer toda la historia, sin haber escuchado todas las versiones. Si cultivamos el hábito de buscar una explicación favorable antes de condenar, nos volveremos naturalmente más cuidadosos: no escucharemos con ligereza, no creeremos con precipitación y, sobre todo, no repetiremos comentarios negativos sobre los demás.

El resultado es doble: evitamos el Lashón Hará, y nuestra calidad de vida — y la de quienes nos rodean — se vuelve infinitamente más positiva.




KASHRUT vs. OZEMPIC

Terminamos Pésaj. Ocho días de matzá, jaroset, carne, papas, tortas de harina de matzá, matzá con chocolate, sopa de matzá — y más matzá. Terminamos Pésaj y empieza Shabbat, y honestamente, ya no tengo un traje en el que pueda entrar.

Después de Shabbat empezamos una dieta estricta.

Pero la pregunta más difícil no es cómo bajar de peso — es cómo controlar, no el hambre, sino las ganas de comer: queremos comer aunque no tengamos hambre.

La Torá, en la Parashá de esta semana, introduce la dieta judía — que no es un régimen de salud ni ayuda a adelgazar. Pero nos entrena, quizás sin que nos demos cuenta, a la Kedushá, la santidad, que significa “autocontrol”, en las áreas más instintivas: la alimentación y la vida sexual. Controlar nuestros impulsos nos diferencia de los animales, que por naturaleza no pueden decir “no”. Esa capacidad de decir “no” es lo que nos eleva. Nos hace literalmente “sobrenaturales”.

La Guemará en Pesajim (49b) lleva esta idea a un extremo sorprendente. Según Ribbí Yehudá HaNasí:

רַבִּי אוֹמֵר: עַם הָאָרֶץ אָסוּר לֶאֱכֹל בָּשָׂר

“Una persona sin educación mínima no debería consumir carne.” Porque quien no puede controlar sus impulsos no se encuentra en un nivel moral superior al de los animales — y por lo tanto, no tiene el derecho de alimentarse de ellos.

Cuando cuidamos el Kashrut desde chicos, nos acostumbramos a controlar nuestro apetito. Recuerdo que una vez, en una fiesta, un señor se acercó a felicitarme por mi hijo de cinco años: le había ofrecido unos dulces y mi hijo, antes de llevárselos a la boca, fue a preguntarle a su hermano mayor si podía comerlos. “Rabino —me dijo— ¿qué premio le prometió a su hijo por no comer caramelos? Yo tengo un hijo de 5 años y ¡es incontrolable! ¿Cuál es el secreto?” El secreto es que un niño criado en un hogar kasher desarrolla “naturalmente” el autocontrol en el área de la comida.

El Kashrut no suprime el apetito como Ozempic. Hace algo más difícil: entrena la voluntad — nos enseña a actuar con Kedushá, con autodisciplina. Nos enseña que podemos querer algo, y elegir no tomarlo. No porque no podamos o no lo deseemos — sino porque decidimos no hacerlo.




SHEMINI: Dos posibles escenarios del cese al fuego

Terminado Pésaj, nos encontramos con una gran sorpresa: un cese del fuego declarado por el presidente de los EEUU, Donald Trump. Fue algo inesperado. Luego de una aplastante batalla de cuatro semanas, en la que Irán quedó devastado —como Egipto después de las diez plagas—, de pronto, cuando estaba por finalizar el ultimátum y con Irán contra las cuerdas, el presidente Trump decide no seguir avanzando y declara el cese de hostilidades por dos semanas.

El mundo entero se pregunta: ¿qué pasó?

Y si esta pregunta es una curiosidad para el resto del planeta, para Israel es existencial. La guerra de Israel contra Irán no es por territorio ni por petróleo: Irán es una amenaza existencial para el Estado judío. Si no se logran los objetivos de la guerra —desmantelar el programa nuclear y el desarrollo de misiles balísticos—, Irán no solo no se debilita, sino que a largo plazo se vuelve mucho más agresivo, vengativo y peligroso para Israel.

¿Qué pasó? Hay básicamente dos posibilidades.

Primera posibilidad: El presidente Trump no pudo sostener la presión: el impacto político, el precio del petróleo, la posibilidad de perder vidas de soldados americanos, etc. O se dio cuenta de que no podría deshacerse del régimen de los ayatolás. O fue frenado por su entorno y por su vicepresidente, J.D. Vance. Todo esto hizo que Trump tomara la decisión por sí mismo, de manera impulsiva, dejando atrás a sus socios israelíes y también a los países del Golfo Pérsico, que presionaban a Trump para terminar lo que se empezó. Esta es la opinión del 80% de los medios de comunicación en hebreo que yo sigo.

Segunda posibilidad: Todo es parte de un plan coordinado con Israel. No olvidemos que durante la guerra en Gaza, el primer ministro Netanyahu detuvo la guerra contra Hamás un par de veces. Hubo dos ceses del fuego: uno de una semana y otro de ocho semanas. Recuerdo que yo pensé que Netanyahu nunca iba a reanudar la guerra… pero lo hizo, ¡dos veces! Y cuando lo hizo, regresó a la batalla con mucha más fuerza, después de haber recolectado inteligencia, reabastecido sus municiones y mejorado los planes futuros. A esta posibilidad le doy un 20%.

Mientras tanto, Israel sigue atacando en el frente norte. Las fuerzas terroristas de Hezbollah están siendo diezmadas y desplazadas del sur del Líbano hacia el norte del río Litani. Y mientras no está ocupada en Irán, la fuerza aérea israelí está apoyando a nuestros soldados y lanzando operaciones que, si bien no tienen una gran cobertura periodística, han sido épicas —a la altura de la operación de los beepers, o quizás más.

En estos días, mis tefilot —plegarias— siguen siendo, en primer lugar, por nuestros valientes jayalim, soldados de Israel: que HaShem los proteja del enemigo. Pero también, y especialmente, pido que HaShem le conceda sabiduría y coraje al presidente Trump, e inteligencia —y mucha paciencia— al primer ministro Netanyahu.

Que tengamos el Zejut, mérito, de ver el éxito y la victoria de Medinat Israel sobre sus enemigos, y que podamos vivir pronto en un Oriente Medio de paz y prosperidad para todos.

UNA VISIÓN SUPEROPTIMISTA (sin garantías…)

Copiado y traducido de @YBCisrael

El cese del fuego y sus objetivos:

  1. A diferencia total de lo que muestran los medios, lo que ocurre en el terreno es completamente distinto a lo que se presenta en la prensa. Trump está negociando desde una posición de fuerza extraordinaria sobre todos los puntos que le importan (eliminar el programa nuclear, recuperar el uranio enriquecido, cancelar el programa de misiles y controlar el uso del petróleo iraní).
  2. Se trata efectivamente de un nuevo régimen. El régimen de los ayatolás ha caído. Lo que queda es un régimen militar, esencialmente laico, que se supone será más racional y pragmático. En esto, Trump tiene completamente razón en su análisis de la realidad.
  3. Para llegar a la negociación, Trump no ha dado nada, excepto un cese del fuego, mientras acumula más fuerzas en la región, realiza mantenimiento de aviones y portaaviones —algo esencial en este momento— y sigue de cerca, a nivel de inteligencia, a los líderes del nuevo régimen con el objetivo de neutralizarlos. Todo juega a su favor y tiene todas las cartas en la mano.
  4. Los iraníes ya están en una enorme crisis, incluso antes de que comenzaran las negociaciones. Tienen el problema de Hezbollah, donde Israel sigue atacando; tienen el problema del estrecho de Ormuz, donde Trump sigue presionando para que lo abran y los amenaza con hacerles perder su carta más importante sin recibir nada a cambio. Resulta que los líderes de la Guardia Revolucionaria son menos hábiles negociando que los ayatolás.
  5. Si la negociación tiene éxito, Trump logra lo que quiere sin destruir Irán ni afectar el petróleo que tanto desea. Si no tiene éxito, Trump cumplirá sus amenazas. Es un escenario “ganar-ganar” para Trump. Además, logró contener el precio del petróleo y silenciar al movimiento MAGA, especialmente a su vicepresidente Vance (quien, según mi evaluación, podría quedar mal en una negociación con Irán en Pakistán, permitiendo a Trump culparlo del fracaso).
  6. Quien piense que Trump hizo todo esto para aceptar las 10 condiciones de los iraníes simplemente no entiende lo que sucede tras bastidores. Trump está más decidido que nunca a lograr todos sus objetivos en Irán, ya sea por la fuerza o mediante una negociación racional (aunque para Trump “negociación racional” significa más “presionar” que “ceder”, ya que él impone las condiciones y la otra parte debe adaptarse si actúa racionalmente).
  7. Si el jefe de la Guardia Revolucionaria (Vahid) no muestra flexibilidad racional en la negociación con Trump y no se adapta a sus condiciones, el presidente tiene un plan para eliminarlo a él y a su círculo cercano hasta que surja alguien dispuesto a hablar en el “lenguaje de Trump”. Ese es el método que Trump conoce: o trabajan conmigo, o serán reemplazados.
  8. La situación se ve excelente. Buenas noticias llegarán pronto.



Sandwich de atún y mayonesa

El vuelo a Shanghai

Fabián, más allá de ser un experto mundial en informática telefónica, es un joven   judío que, a pesar de no usar Kippá, tiene un compromiso religioso total con Shabbat y Kashrut. Su empresa lo sabe y lo deja libre los sábados y las festividades, y la secretaria de la empresa siempre se preocupa de encargarle comidas Kosher en vuelos y hoteles. Pero por las dudas, Fabián lleva consigo sándwiches de atún envueltos en papel de aluminio, que antes le preparaba su mamá y ahora los prepara Leah.

Hace algunos años, en uno de esos innumerables viajes, abordó en Nueva York un avión rumbo a Shanghai. Fabián descubrió que la aerolínea había cometido un error: no le subieron la comida kosher para él. Resignado, sacó su paquetito con papel de aluminio, que desentonaba totalmente en business class. En ese preciso instante, una agradable chica que estaba sentada detrás, Leah, notó la situación y se dio cuenta de que ella no había sido la única que se había quedado sin Kosher. Sin dudarlo, le ofreció compartir sus frutas. Fabián le ofreció uno de sus sándwiches. Y luego de compartir ese largo viaje juntos, se prometieron volver a verse. Y así, lo que comenzó como una comida accidental en un vuelo se transformó en una propuesta de matrimonio y en la formación de una hermosa familia judía, “por culpa” de un simple sándwich de atún.

La conferencia en Suiza

En otro de sus viajes, Fabián asistió a un congreso en Suiza organizado por su empresa. El evento culminó en un lujoso restaurante, donde cientos de empleados de distintos países se deleitaban con manjares como caviar y buey Wagyu. A pesar de que la empresa usualmente es muy considerada, ese día olvidaron solicitar una vianda kosher para Fabián. Sin hacer alarde y con discreción, Fabián no probó nada. Y a la hora de los postres, Fabián sacó su fiel sándwich de atún que le había preparado Leah y lo disfrutó en un discreto rincón del amplio salón.

Lo que Fabián no esperaba es que el fundador y CEO de la empresa lo estuviera observando. Tras la cena, se acercó a Fabián no solo para disculparse por el error con su comida, sino también para ofrecerle un ascenso a un puesto ejecutivo de mayor prestigio. Fabián, sorprendido, pensó que el dueño estaba siendo excesivamente cortés con él por la omisión de la comida Kosher. Sin embargo, el magnate le aclaró: “No busco compensarte por una comida. Busco tener en mi equipo a alguien que, incluso en los detalles más pequeños, muestre convicción y personalidad. Tu lealtad y tu compromiso con tus principios son admirables, y eso es lo que nuestra empresa necesita en sus líderes. Creo que encontré a la persona indicada”.

Moraleja

No todas las historias de observancia de Kashrut terminan así: el 99% de casos, como los que mencionamos , cuidar Kasher es sacrificado y no siempre acompañado de una gratificación inmediata o recompensa. Pero lo que rescato de estas historias de vida reales es que el Kashrut va más allá de una dieta. Kashrut es identidad. Es lo que hace que personas judías se conecten y se conozcan en los lugares más remotos del mundo. Y además, la observancia de Kashrut es un ejemplo de convicción en un mundo donde lo que prima es la conveniencia. En la conferencia de Zúrich, Fabián no era el único judío presente. Pero era el único judío absolutamente leal a sus principios religiosos, en una actividad que a veces es la más mundana y otras veces la más importante en el plano social: el acto de comer.

 

Rab Yosef Bittón




Resumen de la Parasha SHEMINI

La revelación divina en el Mishkán

Moshé reúne a todos los judíos en el Mishkán, o Tabernáculo, para que estén presentes cuando la Presencia Divina se revele en el Santuario ese mismo día. Aharón, el hermano de Moshé y Sumo Sacerdote, ofrece varios sacrificios en preparación para este evento. Después de concluir los sacrificios, Aharón bendice al pueblo con la bendición sacerdotal (Birkat Cohanim). Moshé se une a Aharón y juntos bendicen nuevamente al pueblo de Israel, tras lo cual la Presencia Divina se percibe visiblemente sobre el Tabernáculo. ¿Cómo? Un fuego celestial (¿o rayo de luz?) desciende y consume las ofrendas que estaban sobre el altar. El pueblo estalla de emoción al percibir por parte del Todopoderoso esta señal de aceptación de los sacrificios ofrecidos.

La tragedia de los hijos de Aharón

Los dos hijos mayores de Aharón, Nadab y Abihú, traen una ofrenda de incienso o en hebreo quetoret que no había sido sancionada ni autorizada por Dios, y un fuego celestial los consume. Moshé ordena la remoción de sus cuerpos del Tabernáculo e instruye a Aharón y sus dos hijos restantes a no observar las leyes tradicionales del duelo, ya que tenían que continuar sirviendo en el Santuario. Se instruye a los sacerdotes que no beban vino antes de realizar el servicio del templo, aludiendo –segun algunas interpretaciones– a que posiblemente Nadab y Abihú habían participado del servicio Divino embriagados. Moshé se dirige a Aharón y a sus dos hijos, y les dice que deben consumir las ofrendas de ese día, a pesar de la muerte de sus familiares.

Moshé se da cuenta de que una de las ofrendas había sido quemada, en lugar de ser consumida. Cuando expresa su sorpresa, Aharón le explica su razonamiento para ordenar que se queme esa ofrenda en particular, y Moshé humildemente acepta la explicación de Aharón.

La dieta de los judíos

La Torá nos instruye acerca del Kashrut, es decir, la dieta alimenticia que debe observar el pueblo judío. La Torá menciona cómo distinguir las especies de animales, peces y aves que son puras de las que son impuras. Los animales terrestres puros (tahor) son rumiantes y  tienen sus patas hendidas, divididas en dos, como por ejemplo las vacas, ovejas y cabras. La Torá enumera cuatro animales excepcionales que tienen solo una de estas características y que por lo tanto no son puros, como por ejemplo, el cerdo, que tiene pezuñas o  patas hendidas pero no es rumiante.

Los peces para ser Kasher deben tener aletas y escamas. La Torá luego menciona una lista de especies de aves impuras, no kosher, y al final también menciona ciertos tipos de langostas (no se refiere a langostas marinas sino a 4 especies de ortópteros) que son consideradas aptas para el consumo.

Pureza y santidad

Se discute la impureza ritual causada por entrar en contacto con el cadáver de un animal impuro, o ciertas especies de roedores y criaturas anfibias. La Torá también indica que los alimentos puros y los utensilios que se usan para comer están expuestos a contraer impurezas rituales si entran en contacto con cualquiera de los animales impuros mencionados anteriormente. Asimismo, se describe la impureza que se puede contraer al entrar en contacto con el cadáver de un animal que, si bien es puro, no fue sacrificado ritualmente (nebelá o terefá). Insectos y reptiles no son aptos para el consumo. La Torá explica que al observar la dieta alimenticia del Kashrut seremos considerados “santos”, es decir, separados social y culturalmente de los pueblos y prácticas paganas. La santidad que se adquiere al abstenerse de consumir los alimentos prohibidos también se relaciona con el control de los impulsos y la autodisciplina.




¿CÓMO CRUZAR EL MAR?

En la comunidad de Agudat Dodim de Buenos Aires, el séptimo día de Pésaj se vivía de una manera única. La tefilá de shajarit de shebií shel Pésaj, que culminaba una noche en vela, empezaba muy temprano.

Recuerdo al señor David Soae z”l, cuya energía contagiosa llenaba el knis en las primeras luces del amanecer. Su intención era clara: hacernos sentir como si realmente estuviéramos cruzando el mar. Con gestos muy elocuentes, nos invitaba a todos los presentes a entrar al agua y a sentir los pies mojados.

Para eso, don David teatralizaba la tefilá y, por un momento, se arremangaba el dobladillo de los pantalones con solemnidad y, con una expresión de asombro en el rostro, elevando sus manos, hacía como si sintiera el agua en sus pies, pero inmediatamente fingía ver el mar abrirse ante sus ojos.

Daba unos pasos hacia adelante, como caminando con enorme sorpresa sobre el lecho seco del océano, y miraba a su derecha y a su izquierda las columnas transparentes del mar. Nos mostraba a los peces, a los tiburones y a las ballenas nadando a su lado, como si estuviera en un enorme acuario submarino.

Y señalaba con su índice diciendo: “Ze Eli ve-anvehu”, y nos recordaba que todos los presentes —incluso los niños en el vientre materno— podían identificar en ese momento y en ese lugar la Presencia de Boré Olam.

Transportados al Yam Suf a través de esta increíble y teatralizada visualización, cantábamos la Shirá con una alegría desbordante, y quien se concentraba con verdadera kavaná podía sentir en su cuerpo la brisa marina acariciando el rostro y el olor salado del viento del mar.




La apertura del mar Rojo y del estrecho de Ormuz

LA ARROGANCIA DEL FARAÓN

No cambió nada. Los enemigos de Israel son absolutamente predecibles.

Desde el faraón de Egipto hasta el actual gobierno de Irán, pasando por Hezbollah, Hamás y los hutíes, el patrón es el mismo: hay una característica de conducta arrogante y autodestructiva común a todos nuestros enemigos, que es parte humana y parte “divina”. Respecto a este segundo aspecto, la Torá afirma que el Todopoderoso interviene en el corazón de nuestros enemigos, agranda su “ego”, los hace sentirse invencibles en sus corazones… y los empuja a cometer errores fatales.

Comencemos con el faraón.

Hoy a la noche celebraremos el séptimo día de Pésaj. Ya no recordamos la noche de la salida de Egipto, sino el momento culminante de nuestra libertad: después de unos seis días de travesía, los judíos son perseguidos por el faraón y quedan atrapados en un callejón sin salida. A sus espaldas tienen al poderoso ejército egipcio, listo para exterminarlos. Frente a ellos, el mar. No hay escapatoria. Y entonces sucede el milagro más extraordinario: el mar se abre, los judíos cruzan hacia el otro lado, y los egipcios, que intentan alcanzarlos, se hunden cuando el mar se cierra sobre ellos.

LA AUTODESTRUCCIÓN

Quiero detenerme en un par de puntos que reconozco que nunca antes había analizado en profundidad. Lo noto ahora porque, de manera sorprendente, estamos viviendo en el presente eventos similares.

Primero, es precisamente gracias a que Egipto decidió perseguir al pueblo de Israel que ocurrió ese milagro extraordinario. Si el faraón no hubiera cambiado de opinión, si no hubiera decidido salir tras ellos, el pueblo judío probablemente habría sido guiado por una ruta más convencional. Y no habríamos presenciado —ni recordado— uno de los milagros más grandes de la historia: la partición del mar.

Segundo, y aún más inquietante: el faraón no se rinde. No quiere (o no puede) rendirse. A pesar de haber sido derrotado en todos los frentes, a pesar de estar en ruinas, insiste. El monarca egipcio ya había sido derrotado de forma aplastante. Egipto estaba en bancarrota. Tras las diez plagas, su economía estaba destruida, su sociedad quebrada y su poder interno seriamente debilitado.

El ejército egipcio también había sido diezmado: la muerte de sus primogénitos, la pérdida de animales y la destrucción de sus infraestructuras básicas habían dejado al imperio prácticamente sin capacidad operativa. Y todo por rehusarse a rendirse ante el poder del Creador.

Al monarca egipcio le quedaba, esencialmente, una última fuerza de poder: su unidad de élite, una especie de “guardia imperial” o “guardia revolucionaria”. 600 carrozas de guerra —metálicas, a diferencia de las comunes de madera—, tiradas por caballos seleccionados, con al menos tres soldados en cada una: un conductor y dos arqueros especializados. Estos carruajes eran, en ese momento, el equivalente a los tanques más avanzados en el campo de batalla. Era la fuerza que convertía a Egipto en una potencia militar dominante e invencible.

Pero ahora, el faraón toma la terrible decisión de perseguir a los judíos hasta el mar con su fuerza de élite… y allí la pierde por completo. Ahora Egipto queda absolutamente debilitado y expuesto a los enemigos que siempre quisieron conquistarlo, pero nunca pudieron.

El historiador y egiptólogo David Rohl sostiene que, después de las diez plagas, Egipto quedó completamente devastado: su economía colapsó, su estructura social se desintegró y su ejército dejó de funcionar. En su opinión, este debilitamiento permitió que un grupo de invasores —los hicsos— invadieran Egipto, vencieran al debilitado ejército y tomaran el control de Egipto durante aproximadamente dos siglos.

LA BIBLIA VERSIÓN 2026

Hoy estamos viendo un escenario que recuerda poderosamente al Egipto bíblico. El portavoz de la nueva coalición militar que domina el Medio Oriente —Estados Unidos e Israel—, el presidente norteamericano Donald J. Trump, ha advertido repetidamente en los últimos días al régimen iraní: “Ríndanse, o Irán será llevado de regreso a la Edad de Piedra.”

El mensaje es directo, y el plazo es inmediato: vence esta misma noche, a las 8 pm de Nueva York (increíblemente, justo cuando comenzaremos la celebración del séptimo día de Pésaj).

El dominio que Estados Unidos e Israel han demostrado hasta ahora es abrumador. Irán no tiene defensa: su pérdida del espacio aéreo es total; su capacidad operativa está seriamente comprometida, sus infraestructuras estratégicas están destruidas o completamente expuestas, y sus sistemas defensivos no logran responder eficazmente. Como lo expresó claramente el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en uno de sus últimos discursos, Irán ya ha sufrido “las diez plagas”.

La lógica indicaría que Irán debería rendirse. Lo más razonable sería decir: “Entendimos el mensaje. Nos rendimos. Aceptamos los términos de manera incondicional.”

ARROGANCIA SIN LÍMITES

Pero no. Esto NO VA A PASAR. Al mejor estilo del faraón… Irán no se rinde ni se rendirá. Está dispuesto a continuar hasta el final —aunque eso signifique ver su propio Estado colapsar—, tal como ocurrió con Egipto.

Aquí es donde el paralelismo se vuelve inquietante, porque cuando un liderazgo entra en esa lógica —una mezcla de orgullo, negación y sensación de invencibilidad— deja de actuar racionalmente y comienza a comportarse de manera autodestructiva.

Y es precisamente ese escenario errático el que podría abrir la puerta a un cambio interno. Una nueva estructura de poder dentro de Irán podría emerger; un gobierno alternativo —”hicso”, por así decirlo— que reemplace al presente, impulsado quizá por grupos internos, como los kurdos u otras minorías, que podrían jugar un rol decisivo en ese proceso.

Muy pronto, quizás veamos una vez más cómo la historia se repite: que, con la ayuda de Dios, el mar se abra nuevamente para Israel y avance hacia la victoria, mientras sus enemigos se hunden en el océano de su propia arrogancia.




El Himno Nacional Judío

Todas las naciones del mundo tienen sus himnos. Se entonan en ceremonias solemnes, celebraciones patrióticas o competencias deportivas. Cada himno tiene su propio estilo y mensaje, pero la mayoría comparten un tema central: la libertad. Esto es especialmente cierto en aquellos países que se liberaron de monarquías tiránicas. En Estados Unidos se canta a “la tierra de los libres”. El himno argentino inicia con un poderoso “¡Libertad, libertad, libertad!”. El de Francia proclama: “Liberté, liberté chérie, combats avec tes défenseurs” (Libertad, libertad querida, combate junto a tus defensores). Y el de Uruguay afirma: “Libertad o con gloria morir”.

Pero miles de años antes de que estos himnos fueran compuestos, el pueblo judío ya tenía el suyo. Un cántico que surgió espontáneamente de un pueblo que acababa de ser liberado de la esclavitud: Shirat Hayam.

El canto de la libertad

En el séptimo día de Pésaj conmemoramos el milagroso cruce del mar. En ese momento, al ver a sus opresores derrotados y sus cuerpos sin vida en la orilla, el pueblo de Israel se inspiró (shareta alehem ruaj haqodesh) y rompió en un canto colectivo. No fue una plegaria individual ni un poema escrito por un líder carismático. Fue una expresión nacional espontánea en la que, irónicamente, cada uno pronunciaba individualmente las mismas palabras: “Ashirá laShem ki gaó gaá” – “Cantaré a Hashem, pues [he visto que] se ha engrandecido por encima de los soberbios”.

Este es el primer cántico del pueblo judío como nación libre. No solo canta la victoria sobre el enemigo, sino que celebra la libertad recién obtenida —lo que en hebreo se llama gueulá o yeshuá — de una manera muy especial. Veamos.

La cultura judía

Shirat Hayam no glorifica generales ni celebra estrategas militares. La victoria no se atribuye a un ejército ni a un líder humano. Tal como afirmamos en la Hagadá de Pésaj: “Ani velo malaj” – fue Dios mismo quien intervino directamente en la salida de Egipto. Y lo mismo ocurrió en la apertura del mar.

Este himno es una declaración de Emuná, reconociendo que solo Hashem es el responsable de la salvación del pueblo. Es un acto de atribución total: el poder de redimir y liberar pertenece exclusivamente a Dios.

Además, anticipa el impacto que esta intervención Divina tendrá en las naciones de Canaán, a quienes pronto los judíos deberán enfrentar y conquistar. El canto afirma que los pueblos de Canaán —e incluso los invasores que tratan de llegar desde el mar— oirán sobre este milagro, reconocerán la mano de Hashem, temblarán y se rendirán ante el poder de Dios, como ocurrió con Rajab en Yerijó. Este hermoso canto no solo narra el pasado, sino que también proyecta el futuro.

Elecciones libres

La culminación del himno no es menos extraordinaria. Es una proclamación sin precedentes: “Hashem imlokh leolam va’ed” – “Hashem reinará por siempre jamás”.

Esta declaración significa que, al quedar libres del Faraón, el pueblo judío elige por voluntad propia a HaShem como su único Rey.

Los judíos no pasamos de la esclavitud al caos ni a la anarquía. En el mismo instante en que proclamamos el fin de la opresión, aceptamos —más bien, requerimos — que Dios sea nuestro Soberano, y nos comprometemos a servir y obedecer únicamente al Creador.

Es una elección absolutamente libre, espiritual ¡y política! No hay en la historia universal —ni en la literatura humana— un momento tan cargado de solemnidad y compromiso.

El himno nacional

Shirat Hayam tiene todos los elementos de un himno nacional, y mucho más:

  • Nace en el instante mismo de la liberación.
  • Une a toda la nación en un mismo canto, con un mismo contenido.
  • Celebra la victoria, proclama la libertad y proyecta el futuro, con atribución total a Dios.
  • Reafirma los valores nacionales del pueblo: Emuná y sumisión a Dios.

Shirat Hayam es un cántico nacido de la ruptura de las cadenas de la esclavitud, que se eleva hacia la aceptación de Dios como única autoridad legítima.

Y, como todo himno nacional, se repite y se recuerda. En este caso, todos los días. Shirat Hayam forma parte de nuestra Tefilá matinal. Y en el séptimo día de Pésaj, se recita con especial solemnidad, evocando el cruce del mar.

¿Cómo recitar Shirat Hayam?

En la comunidad de Agudat Dodim de Buenos Aires, el séptimo día de Pésaj se vivía de una manera única. Recuerdo al señor David Soae z”l, cuya energía contagiosa llenaba el Kinis en las primeras luces del amanecer. Su intención era clara: hacernos sentir como si realmente estuviéramos cruzando el mar. Con gestos decididos nos invitaba a entrar al agua y a sentir los pies mojados. Entonces, don David se arremangaba los pantalones con solemnidad y, con una expresión de asombro en el rostro, y elevando sus manos, fingía ver el mar abrirse ante sus ojos. Daba unos pasos hacia adelante, como caminando con enorme sorpresa sobre el lecho seco del océano, y miraba a su derecha y a su izquierda las columnas transparentes del mar y nos mostraba a los peces, a los tiburones y a las ballenas nadando a su lado, como si estuviera en un enorme acuario submarino. Y señalaba con su índice diciendo “Ze Eli ve-anvehu” y afirmaba que todos los presentes —incluso hasta los niños en el vientre materno– podían identificar en ese momento y en ese lugar la Presencia de Boré Olam.

Transportados al Yam Suf por su teatralizada visualización, cantábamos la Shirá con una alegría desbordante, y quienes se concentraban con verdadera kavaná sentíamos “físicamente” la brisa marina en nuestras caras y el olor salado del mar. 🙂

JAG SAMEAJ

Rab Yosef Bitton

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¿Y Hatikva?

Una nota importante: Hatikva, el himno nacional moderno del Estado de Israel, también expresa un poderoso mensaje. No habla de la libertad sino del anhelo y la esperanza milenaria del pueblo judío de regresar a Israel y a su capital Yerushalayim, y vivir allí como nación libre (am jofshi) y soberana: que es una de las características de los tiempos mesiánicos.