¿Quiénes están exentos de ayunar en Tish’a BeAb?

Todas las personas que gozan de buena salud deben observar el ayuno de Tish’a BeAb.

Las excepciones se explican a continuación:

MUJERES EMBARAZADAS Y LACTANTES

Al igual que en Yom Kippur, las mujeres embarazadas y lactantes deben observar este día de ayuno. Sin embargo, en casos de embarazo complicado o debilidad física, o si la madre embarazada o lactante considera que, en su situación particular, el ayuno puede afectar su salud o la de su bebé, debe consultar a su médico antes del día de ayuno y proceder de acuerdo con su recomendación.
Si durante el ayuno una mujer embarazada se siente mal, especialmente si vomita o presenta síntomas de deshidratación, debe interrumpir el ayuno de inmediato y beber o comer, sin necesidad de consultar al médico. No obstante, los mareos leves o las náuseas que se alivian al sentarse o recostarse se consideran normales y no justifican romper el ayuno.

YOLEDET

Durante los primeros 30 días después de un parto o un aborto, una mujer está exenta del ayuno del 9 de Ab.

JOLÉ SHEEN BO SAKANÁ

Las personas con enfermedades crónicas, como la diabetes, pacientes bajo tratamiento médico, o quienes presentan fiebre alta o síntomas de deshidratación no deben ayunar. En algunos casos, cuando no es posible ayunar durante las 24 horas, se recomienda ayunar desde el amanecer (domingo 3 de Agosto) hasta la caída del sol, como se hace en el ayuno del 17 de Tamuz o el 10 de Tebet.

PERSONAS MAYORES

Los ancianos deben consultar con su médico para asegurarse de que el ayuno no afecte su salud. Si el ayuno representa un riesgo, están exentos —e incluso tienen prohibido— ayunar.

MENORES DE EDAD

En comunidades ashkenazíes, los niños comienzan a ayunar parcialmente a partir de los nueve años, como preparación para el futuro y a fin de que experimenten el duelo nacional.

Según el rabino Obadia Yosef, sin embargo, la costumbre sefaradí es que los niños menores de 13 años y las niñas menores de 12 años están totalmente exentos del ayuno. Su razonamiento es que, a diferencia de Yom Kippur, no es necesario que los niños ayunen, ya que el ayuno en Yom Kippur forma parte del proceso de Teshubá (= arrepentimiento, mejorar nuestro comportamiento), mientras que el ayuno de Tish’a BeAb está relacionado principalmente con el duelo por la destrucción del Bet haMiqdash.

Y aunque obviamente educamos a nuestros hijos en el camino de la Teshubá, muchos Sabios entendieron que no estamos obligados a educarlos en las leyes del duelo por el Templo antes de que tengan la obligación formal de hacerlo (a los 12 o 13 años, קטן פטור מאבלות). ¿Por qué? Porque esperamos que, con la ayuda de Dios, este sea el último año en que lloramos por no tener nuestro Bet haMiqdash, y que el próximo año ya no sea necesario este duelo.

¿CÓMO PROCEDER CUANDO UNO NECESITA COMER EN TISH’A BEAB?

En Yom Kippur, cuando se permite comer por razones de salud, se debe comer en pequeñas porciones. Tish’a BeAb, es diferente porque no es un ayuno de origen bíblico. Por lo tanto, cuando por razones de fuerza mayor una persona necesita comer en Tish’a BeAb, puede hacerlo normalmente. Sin embargo, en atención al duelo que estamos observando, no se debe comer alimentos sabrosos ni en exceso, sino solamente lo necesario para sentirse bien.




¿Cómo expresamos nuestro duelo en el día más triste del calendario judío?

Durante Tish’á beAb nos conducimos como si estuviéramos de duelo por un ser querido que acaba de fallecer. Para expresar y llegar a este estado emocional de dolor, evitamos participar de actividades asociadas con el placer físico o la alegría. Y también dejamos de lado todo aquello que nos distraiga del estado de ánimo de pesadumbre, que es el más apropiado para un doliente.

Algunos ejemplos

REJITSA (Lavado): Al igual que en Yom Kippur, tomar una ducha, bañarnos o lavarnos está prohibido en Tish’á beAb. Sin embargo, si una parte de nuestro cuerpo se ensució, podemos limpiarla. Se permite el uso de toallitas húmedas de bebé (wipes) para limpiar el rostro, los ojos, las manos, etc., porque este tipo de limpieza no se considera «lavado». Técnicamente podríamos lavarnos las manos normalmente por la mañana para Netilat Yadayim, porque lo hacemos para cumplir una Mitzvá y no por placer. De todas maneras, la costumbre Sefaradí es lavarnos sólo los dedos de la mano cuando hacemos Netilat Yadayim.

SIJA (Uso de lociones) Utilizar lociones o aceites por placer no está permitido durante Tish’á beAb. Se permite usar cremas o ungüentos de prescripción médica. Usar desodorante está permitido.

NE’ILAT HASANDAL Los zapatos de cuero se consideran un artículo de lujo: un calzado de vestir. Y como estamos de duelo, durante Tish’á beAb usamos zapatillas de tela u otro tipo de calzado de plástico, etc. Otros artículos de cuero como un cinturón o una Kipa de cuero están permitidos.

TASHMISH HAMITA (Intimidad) La relaciones íntimas se suspenden en Tish’á beAb. Si la noche del Mikvé cae en la noche de Tish’á beAb el Mikvé se posterga para la noche siguiente.

LIMUD TORA: En Tish’á beAb nos abstenemos de estudiar Torá, porque estudiar Torá es una actividad placentera. Podemos leer y estudiar libros o textos conectados con tribulaciones o pesar, como el libro de Iyob (Job) o Ejá, o algunos pasajes del libro de Yirmiyahu o algún Salmos de Tehiim (por ejemplo, 44, 79, 137), o masejet mo’ed qatán, etc.

TRABAJO: En Tish’á beAb no se recomienda trabajar porque el trabajo distrae nuestra atención del duelo. Abstenerse de trabajar en Tish’á beAb, sin embargo, no es una prohibición formal, sino más bien una tradición que algunas comunidades han adoptado y otras no (minhag hamaqom). La decisión de trabajar o no trabajar durante Tish’a BeAb también depende de la situación personal de cada individuo. En cualquier caso, si por no trabajar en Tish’á beAb uno incurriera en pérdidas económicas significativas o arriesgaría a perder su puesto de trabajo, se le permite seguir trabajando en Tish’á beAb.

TEFILIN: En Yerushalayim los Sefaradim acostumbran a usar Talit y Tefilin normalmente durante la mañana de Tish’á beAb (en algunas comunidades Sefardíes antes de ir a la Sinagoga por la mañana los hombres se ponen el Talit y Tefilin en casa, dicen Qaddesh Li y Shema Israel y luego van al Minyán). En la mayoría de las comunidades de la diáspora, tanto Sefaradim como Ashkenazim, se acostumbra a no vestir el Tefilin por la mañana, ya que el Tefilín es una señal de honor y distinción: como «una corona» (pe-er) en nuestra cabeza que declara que somos el pueblo elegido por Dios. En la mayoría de las comunidades se viste el Talit y el Tefilín a la tarde para Minjá.

SHE-ELAT SHALOM: En Tish’a beAb no saludamos a amigos y compañeros como lo hacemos habitualmente, ya que nuestro estado de ánimo es (o debemos llevarlo hacia…) el estado de ánimo de un doliente. Si alguien sin querer o sin saber, nos saluda, podemos reconocer el saludo con un respetuoso gesto discreto.

SENTARSE EN EL SUELO: La costumbre general es que durante la lectura de la Meguilat Ejá la gente no se sienta en los bancos de la sinagoga, sino en el suelo, al igual que lo hacen los dolientes durante el shib’a (los primeros siete días de duelo por un ser querido). La costumbre Sefaradí es que en la noche de Tish’a beAb, se apagan las luces de la sinagoga, se enciende solo una vela, todos se sientan en el suelo y literalmente lloran contado los años han pasado desde la destrucción de nuestro segundo Bet haMiqdash, que según nuestra tradición el Templo fue destruido en el año 68 de la era común (en hebreo חיים).

Quiera HaShem que tengamos un ayuno significativo.

Y que este sea el último año que lloramos por nuestro Bet haMiqdash y por los asesinatos y las guerras en Medinat Israel.




TUTORIAL: Cuando Tishá BeAb comienza un sábado por la noche

Este año, 2025, el ayuno de Tish’a BeAb comenzará el sábado por la noche, 2 de agosto, y finalizará el domingo por la noche, 3 de agosto, aproximadamente a las 8:25pm en Nueva York (para los horarios locales de su comunidad consular aqui (https://www.myzmanim.com/search.aspx?lang=es)

Una vez más, como hace 3 años atrás, emprenderemos la transición entre Shabbat, día de alegría y placer, y Tish’a BeAb, el día más triste del calendario judío.

 

A continuación, explicamos cómo realizar esta transición en la práctica:

🔹 MINJÁ DE SHABBAT

En este Shabbat especial, el rezo de Minjá se realiza más temprano de lo habitual, para dejar tiempo suficiente para comer la tercera comida de Shabbat. Este año, la Seudá Shelishit no se realizará de forma comunitaria en la sinagoga, sino de manera privada en cada hogar.

🔹 LA ÚLTIMA CENA

Normalmente, antes del ayuno, realizamos la Seudat haMafseqet, una comida al estilo de los dolientes: pan, lentejas y huevo duro, comidos sentados en el suelo.
Pero cuando Tish’a BeAb comienza un sábado por la noche, esta comida es reemplazada por la Seudá Shelishit, que es una comida regular de Shabbat.
Se puede comer carne, beber vino, cantar zemirot y estudiar Torá como es costumbre.
La única restricción es el horario:
La Seudá Shelishit debe terminarse antes de la puesta del sol (Nueva York es a las 8:09pm).
A partir de ese momento, no se puede comer ni beber más.

🔹 PERIODO DE TRANSICIÓN

Shabbat continúa vigente desde la puesta del sol hasta la salida de las estrellas.
En nuestra comunidad UMJCA, por ejemplo, este periodo se observa por 50 minutos. O sea, de 8:59 a 8:59pm

En otras comunidades, es de 40 minutos.

 

Durante este período: No se pueden realizar actividades de día de semana ni de duelo.
Seguimos vestidos con ropa de Shabbat.
Todavía no nos cambiamos los zapatos ni nos preparamos para el ayuno.
Sin embargo, ya no se puede comer ni beber, porque el ayuno ha comenzado.

40 o 50 minutos luego de la puesta del sol,  una vez que ha anochecido, se dice en voz baja:
“Baruj haMavdil ben qodesh lejol” (Bendito sea Aquel que separa entre lo sagrado y lo profano) y de esta manera finalizamos la observancia del Shabbat.

Recién ahora comenzamos las prácticas de duelo del 9 de Ab.

🔹 PRIMEROS ACTOS DE DUELO

Después de finalizar verbalmente el Shabbat:
Nos cambiamos los zapatos de cuero por calzado que no son de cuero.
Nos quitamos la ropa de Shabbat y nos vestimos con ropa común.
Luego vamos a la sinagoga para el rezo de Arbit.
En la mayoría de las sinagogas se retrasa la Tefilá de Arbit unos 15–20 minutos tras la salida de Shabbat, para facilitar esta transición .

🔹 HABDALA EN TISH’A BEAB

No se recita la Habdalá completa en la noche del sábado.
En su lugar:
Se dice “Atá Jonantanu” durante la Amida de Arbit.
Se recita solamente la bendición sobre el fuego: “Boré Meoré haEsh” antes de leer Meguilat Eijá.
La Habdalá completa con vino (HaGefen y HaMabdil) se pospone hasta el domingo por la noche, después del ayuno.

🔹 TISH’A BEAB POR LA NOCHE EN LA SINAGOGA

El rezo comienza con el Salmo 137: Al Naharot Babel, el salmo del exilio en Babilonia.
Luego se lee la Meguilat Eijá (Lamentaciones), escrita por el profeta Yirmiyahu, que relata la destrucción de Jerusalem y el primer Bet haMiqdash en el año 586 AEC.
A continuación, se recitan las Quinot, poemas de lamento por las tragedias nacionales a lo largo de la historia judía.
La sinagoga se oscurece. Nos sentamos en el suelo, en señal de duelo no solo por la destrucción antigua, sino también por los siglos de sufrimiento del pueblo judío.

Muchas comunidades concluyen la noche con un anuncio solemne, recordando los años transcurridos desde la destrucción de nuestro Segundo Bet haMiqdash, que según la tradición sefaradí ocurrió en el año 68.

“Escuchen, oh hermanos de la Casa de Israel… hoy contamos 1957 años desde la destrucción de nuestro Bet haMiqdash.”

Quiera el Todopoderoso que este sea el último año en que lloramos por Jerusalem.

 

Para ver los horarios en su comunidad
de residencia ver aquí.

SHABBAT SHALOM

ACLARACION: Hemos escrito estas Halajot de acuerdo a la costumbre local. Por favor, consulte con su rabino por las costumbres y tradiciones de su comunidad. 



El profeta Jeremías y la destrucción del primer Templo

El primer Bet haMiqdash, el Gran Templo de Jerusalem, fue destruido en el día 9 del mes de Ab del año 586 antes de la era común, hace unos 2600 años.

LA VARA DE YEHUDA

Nuestros Sabios explicaron que los enemigos de Israel son como la vara con la que Dios castiga al pueblo de Israel por sus transgresiones. Por lo tanto, cuando ayunamos en recuerdo de la destrucción del Bet haMiqdash no lo hacemos para recordar las batallas perdidas o para demostrar nuestro resentimiento contra el enemigo, sino para tomar conciencia de nuestra responsabilidad colectiva en estos eventos y reflexionar sobre qué hicimos mal para merecer que Dios nos castigue. El enemigo nunca podría haber destruido nuestro Templo si la presencia de HaShem no lo hubiera abandonado. Y también dijeron que la presencia de HaShem se aleja de nosotros cuando abandonamos la Torá y sus caminos de bien. Y sin Su protección, quedamos expuestos y vulnerables ante el enemigo.

El primer Bet haMiqdash fue destruido por tres motivos principales: los judíos de esa generación se entregaron al culto de otros dioses (abodá zará), el asesinato que queda impune (shefijut damim), y la promiscuidad sexual (guilui arayot). Estos son los tres pecados cardinales en el judaísmo.

Para advertir al pueblo, Dios se reveló a sus Profetas para hacerles ver que se estaban dirigiendo por el camino equivocado. Los Profetas hablaban apasionadamente al pueblo, y especialmente al rey y a la aristocracia, y les transmitían “el punto de vista de Dios” sobre su conducta. Denunciaban la injusticia y advertían que si seguían por el mal camino, HaShem se iba a alejar de ellos y caerían en manos del enemigo, que siempre está al acecho. Estos adversarios de Israel actuarán sin compasión y Dios advierte que no lo impedirá.

Pero el pueblo judío no escuchó a los profetas… y así la ciudad de Jerusalem fue destruida.

EL PROFETA DE ANATOT

En los últimos años del primer Bet haMiqdash, el profeta que más se destacó fue Yirmiyahu (Jeremías), que vivió en el reinado de Yoshiyahu, de Yoyaquín, de su hijo Yoyajín, y del último rey de Yehudá: Tsidqiyahu.

Presentamos a continuación un breve ejemplo de sus palabras al pueblo judío, que nos demuestran el estado de inmoralidad que imperaba en la sociedad de Yehudá.

Yirmiyahu advierte al rey y al pueblo de las inevitables consecuencias de sus acciones:

Capítulo 22:1-13 «Así dijo HaShem, … Practiquen la justicia y la rectitud, liberen al oprimido, no humillen ni maltraten a los extranjeros, a los huérfanos y a las viudas… no derramen la sangre del inocente. … Si [recapacitan, corrigen sus acciones] y hacen lo que les indico, seguirán teniendo reyes judíos que los gobiernen, reyes que seguirán llegando en sus lujosas carrozas y sus caballos a este hermoso palacio, acompañados por los funcionarios y el pueblo… Pero si no hacen caso de estas advertencias, [el enemigo se apoderará de esta ciudad, la destruirá] y este hermoso palacio quedará convertido en ruinas”.

En el siguiente texto, Yirmiyahu se dirige al rey y a la realeza de Judea (Judea en hebreo es “Yehudá”, así se llamaba oficialmente el estado judío en esos tiempos) y denuncia dos cosas: primero, que la realeza abusaba de los judíos pobres, y segundo, que se estaban excediendo en su materialismo. Es muy interesante observar que Yirmiyahu nunca criticó el confort y la comodidad que disfrutan las personas que ganan su dinero con honestidad. El profeta judío dice claramente que no aboga por la pobreza o la austeridad voluntaria del rey. Su mensaje es, en primer lugar, que el dinero debía ser ganado con honestidad, y en segundo lugar, que la realeza no podía abusar de sus servidores: que los trabajadores debían ser tratados con dignidad y respeto.

Dirigiéndose al rey y a otros miembros de la realeza, Jeremías dice en el capítulo 22:13-17: “¡Ay de ti [el rey y la nobleza], que construyes tus palacios y tus altos edificios a base de abuso e injusticias. Haces trabajar a los demás sin pagarles sus salarios…dices: ‘Voy a construirme una gran mansión, con amplias salas en el piso superior’… abres ventanas, y recubres de cedro tus paredes y las pintas de rojo… ¿Piensas que ser rey consiste en vivir rodeado de cedro? [Es cierto que tus ancestros también] disfrutaban de una vida [con lujo]; pero [a diferencia de ti, ellos] actuaban con justicia y rectitud… siempre atentos a proteger los derechos de los pobres y oprimidos… eso es lo que se llama “conocer a Dios” [actuar consciente de la presencia Divina] … pero tú sólo te preocupas por las ganancias mal habidas; dejas morir al inocente, y oprimes y explotas a [los pobres de] tu pueblo.”

¿CÓMO SE LLEGÓ A ESTA SITUACIÓN?

Para comprender qué llevó al pueblo de Israel a abandonar la Torá, hay que remontarse a los tiempos del rey Menashé. Menashé reinó en Yehudá. Fue el reinado más largo y, de alguna manera, el peor de todos. En su afán por hacer la paz con el poderoso Imperio Asirio, Menashé transformó a Yehudá en una provincia asiria en todos los sentidos. Importó los dioses asirios y su culto, y eliminó por completo la Torá y la observancia de las Mitsvot. Fueron dos generaciones que estuvieron totalmente desarraigadas de cualquier práctica judía y alejadas de Dios y Su Torá.

El Bet haMiqdash fue utilizado para la adoración de ídolos, y los Cohanim que se negaron a servir ídolos fueron expulsados o eliminados.

Los jueces judíos, famosos por su sentido de equidad, también se asimilaron, y ya no juzgaban con la justicia de la Torá, sino con la justicia asiria, que siempre le daba la razón al que tenía más poder. Luego de Menashé reinó su hijo Amón, que fue tan malo como su padre, pero por lo menos reinó por poco tiempo: dos años.

A Amón lo sucedió Yoshiyahu (640-610 a.e.c.), quien implementó toda una extraordinaria revolución religiosa para volver a servir a HaShem. La historia de Yoshiyahu es fascinante. En sus tiempos, mientras hacían ciertos arreglos en las paredes del Bet haMiqdash, encontraron un Sefer Torá escondido. Después de más de 60 años de total abandono religioso, no había quedado ningún otro libro de Torá que no haya sido destruido. Al leer la Torá por primera vez en su vida, el rey Yoshiyahu se conmovió y decidió volver a servir a HaShem. Y así comenzó un proceso de Teshubá nacional, que tuvo un éxito parcial.

Aquí es donde comienza el protagonismo del profeta Yirmiyahu, quien trató por todos los medios de convencer al pueblo de regresar a la observancia religiosa.

Veremos ahora algunas ilustraciones de su profecía y sus advertencias sobre las prácticas de idolatría que el pueblo arrastraba desde la época de Menashé.

En el capítulo 10 de Yirmiyahu leemos:

“No sigan el ejemplo de otras naciones, ni se dejen asustar por las señales del cielo (=astrología), como esas naciones lo hacen. La práctica de esos pueblos es vanidad. Cortan un tronco en el bosque, un escultor lo labra con su cincel, luego lo adornan con plata y oro, lo aseguran con clavos y martillo, para que no se caiga [¡y lo adoran como si fuera un dios!]. Los ídolos parecen espantapájaros en un campo sembrado de melones; no pueden hablar, y hay que cargarlos, porque no caminan. No tengan miedo [superstición] de esos ídolos, que a nadie hacen mal ni bien. [Comprendan que] HaShem es el Dios verdadero, el Dios de la vida, el Rey eterno…”

En el capítulo 17 de su libro, vemos cómo Yirmiyahu trata de convencer al pueblo de volver a observar el Shabbat. Los Yehudim estaban tan asimilados que para ellos el Shabbat era un día más. Los asirios, que eran muy buenos comerciantes, habían contribuido a esta asimilación burlándose de aquellos judíos que no trabajaban en Shabbat, y acusándolos de holgazanes. HaShem le ordena a Yirmiyahu que se pare en la entrada del mercado, en Shabbat, y le diga al pueblo:

«Di a la gente: ‘Reyes y pueblo de Yehudá, habitantes de Jerusalem que entran por estas puertas, escuchen la palabra de HaShem… en Shabbat, y por consideración a sus propias vidas, no traigan sus mercancías, ni las metan por las puertas de Jerusalem… no hagan en este día ningún trabajo. Consagren el Shabbat, tal como le ordené a sus antepasados…’»

ABANDONO DE LA TORÁ

Yirmiyahu tenía muy claro que el abandono de la observancia religiosa era también responsable del abandono de la justicia jurídica y la justicia social. Especialmente por la protección de los derechos de los que menos tienen: los pobres, las viudas, los huérfanos. Hay una frase que se repite una y otra vez en las profecías de Yirmiyahu: yedi’at HaShem, «conocer a HaShem». Para Yirmiyahu, conocer a HaShem significa «imitar a HaShem», la máxima expresión de la espiritualidad judía. Pero, ¿cómo se imita a HaShem? Jeremías le recuerda al pueblo lo que dice la Torá y repite poéticamente el libro de Tehilim: HaShem es el protector de huérfanos y viudas, el que practica el jesed, bondad, con los necesitados, y libera a los oprimidos. Este mensaje se repite decenas de veces en el libro de Yirmiyahu. En el capítulo 9 vemos un muy breve ejemplo: «Así dice HaShem, que no se enorgullezca el sabio por su sabiduría, ni el poderoso por su fuerza, ni el rico por su riqueza. Si alguien se quiere enorgullecer, que se enorgullezca de conocerme, de saber que Yo soy HaShem, que actúo en la tierra con bondad, justicia y rectitud, y eso es lo que Yo quiero [que ustedes también practiquen]».

En los días del rey Yoyaquim, HaShem le habla al profeta Yirmiyahu y le dice que vaya al Bet haMiqdash y transmita este mensaje:

«Dice Dios… así le dirás… a todos [los que vienen de] las ciudades de Yehudá… no omitas ni una sola palabra [de lo que te digo]. Tal vez te hagan caso y se arrepientan de su mal camino. Si así lo hicieran, [Yo también] desistiré del mal que pensaba hacer [respecto al Bet haMiqdash y Yerushalayim] por causa de sus malas acciones. Tú les advertirás que así dice HaShem: ‘Si no me obedecen ni se rigen por la ley que Yo les he entregado, y si no escuchan las palabras de mis siervos los profetas, a quienes una y otra vez he enviado y ustedes han desobedecido, entonces haré con esta casa lo mismo que hice con Shiló’». Cap. 26: 1-6

Aquí el profeta demuestra cuál es realmente su misión. HaShem envió a los profetas para salvar a Su pueblo de las consecuencias de su mal proceder. La profecía que anuncia es la destrucción del Bet haMiqdash, pero que en ese momento todavía podía ser evitada. Al Bet haMiqdash le puede pasar lo que le pasó al Tabernáculo de Shiló, que fue destruido por los filisteos en los tiempos del profeta Shemuel. Pero, si el pueblo se arrepiente y si los líderes corrigen su proceder, la destrucción se puede evitar…

LA OPORTUNIDAD PERDIDA

La pregunta es: ¿cómo reaccionó la gente que estaba en el Bet haMiqdash ante estas palabras? ¿Aprovecharon la advertencia de Yirmiyahu para corregirse?

Los sacerdotes, y los falsos profetas, que eran los líderes del Bet haMiqdash, ¡condenaron a Yirmiyahu a morir! Ellos veían que el joven profeta amenazaba su autoridad y su liderazgo y lo consideraron un rebelde y un incitador. Acusaban a Yirmiyahu de ser portador de malas noticias. Mientras que los falsos profetas anunciaban que todo estaba bien, Yirmiyahu incitaba a la rebelión contra el liderazgo religioso. Lo acusaron de ser un hereje y demandaron su ejecución. Con mucha hipocresía los sacerdotes y los falsos profetas decían: “¿Cómo es posible que este hombre diga que el Bet haMiqdash se va a destruir? ¿Acaso piensa que HaShem no tiene el poder para evitar la destrucción de Su Santuario?”. Yirmiyahu fue linchado públicamente y salvó su vida milagrosamente.

Pero como ya lo explicamos, para HaShem el edificio del Bet haMiqdash, sus paredes, sus recintos y sus techos no significan nada si el pueblo no se conduce con integridad. Las personas que actúan mal no pueden venir al Bet haMiqdash a limpiar los pecados que impunemente seguían cometiendo. El ritual religioso, si no está acompañado de una conducta recta y honesta, es cinismo y sacrilegio.

Las fuertes palabras de Yirmiyahu contra esta actitud hipócrita hablan por sí mismas:

«Corrijan su conducta y sus acciones, y Yo [Dios] los dejaré seguir viviendo en esta tierra. No confíen en las palabras engañosas que [los falsos profetas] repiten: ‘¡Éste es el templo del Señor! ¡Es el templo del Señor! ¡Es el templo del Señor! [que nunca será destruido]’. Si corrigen su conducta y sus acciones, si practican la justicia los unos con los otros, si no oprimen al extranjero ni al huérfano ni a la viuda, si no derraman la sangre inocente en este lugar, ni siguen adorando a otros dioses… entonces los dejaré seguir viviendo en este país, en la tierra que di a sus antepasados por siempre…. [pero hasta ahora] ustedes… siguen robando, matando, cometiendo adulterio, jurando en falso, quemando incienso al [dios pagano] Baal, y siguen [las prácticas inmorales] de otros dioses extranjeros, ¡y luego vienen y se presentan ante Mí, en esta casa que lleva Mi nombre [el Bet haMiqdash], y dicen: ‘[Aquí] estaremos a salvo’ [Dios nos cuidará y no dejará que le pase nada a Su casa], para luego seguir cometiendo todas esas abominaciones! ¿Creen acaso que esta casa que lleva Mi nombre es una cueva de ladrones [un refugio de criminales]?”. Cap 7: 3-11

Los judíos no escucharon a Yirmiyahu y dejaron pasar la oportunidad de hacer Teshubá, de absorber el mensaje del profeta y arrepentirse.

Y al poco tiempo, la ciudad de Yerushalayim y su Templo fueron destruidos…

Las palabras de Yirmiyahu, lamentablemente, no fueron escuchadas en su generación. Pero fueron escritas para las generaciones del futuro, como un testimonio para todos nosotros.

 




MATTOT – MAS’E: La Torá y los sacrificios humanos

וְאִם־לֹ֣א תוֹרִ֗ישׁוּ אֶת־יֹשְׁבֵי֙ הָאָ֣רֶץ מִפְּנֵיכֶ֔ם וְהָיָ֣ה אֲשֶׁ֣ר תּוֹתִ֗ירוּ מֵהֶם֙ לְשִׂכִּים֙ בְּעֵ֣ינֵיכֶ֔ם וְלִצְנִינִ֖ים בְּצִדֵּיכֶ֑ם וְצָֽרְרוּ֙ אֶתְכֶ֔ם עַל־הָאָ֖רֶץ אֲשֶׁ֥ר אַתֶּֽם־יֹשְׁבִ֖ים בָּֽהּ׃

Nuestra Parasha nos cuenta que cuando el pueblo de Israel estaba por entrar a la tierra de Canaán, la Torá les advirtió sobre un peligro sutil y destructivo: la ingenuidad de tolerar las culturas paganas y permitirles seguir habitando la tierra.
El mensaje fue claro:
“…si no expulsáis a los habitantes de la tierra cuando la habitéis, los enemigos que dejéis allí serán como espinas en vuestros ojos y como aguijones en vuestros cuerpos, y os harán sufrir en la tierra en que habitéis.” (Bemidbar 33:55)
La Torá no justifica la expulsión de estos pueblos por diferencias religiosas abstractas. El problema es que los pueblos de Canaán habían cruzado una línea irreversible. Practicaban la violencia, el tráfico humano, la prostitución ritual y —especialmente— el sacrificio humano, incluyendo la inmolación de sus propios hijos a sus ídolos sedientos de sangre.

Frente a esto, la Torá trae al mundo una revolución ética sin precedentes. En un entorno donde los dioses pedían sangre humana, la Torá proclamó que el servicio a Dios consiste en ayudar al prójimo, en elevar la moral y en hacer sacrificios de todo tipo ¡a fin de preservar la vida! Dios le enseñó a Abraham Abinu que no quiere sacrificios humanos, sino justicia, compasión y rectitud. Desde entonces, el judaísmo se convirtió en un faro de moralidad en medio de un mundo que aplaudía la barbarie.

¿Es este mensaje aún relevante?

Lamentablemente, sí. Y parece que más que nunca. Israel está rodeado de ideologías extremistas que se presentan como religiones monoteístas, pero actúan con la violencia y la inmoralidad propias de los pueblos paganos de Canaán. Hamas y otros movimientos yihadistas no aspiran a la coexistencia: su meta es el genocidio. La eliminación de toda presencia judía de la “tierra islámica”, como quedó demostrado el 7 de octubre.
Para alcanzar sus objetivos, Hamas está dispuesto a todo: a la violencia, a la mentira, a la victimización y especialmente a su arma favorita: los sacrificios humanos.

HAMBRE EN GAZA:

La mentira de la campaña internacional “hambre en Gaza” es un primer ejemplo. Según cifras oficiales de COGAT, desde el 7 de octubre de 2023 hasta julio de 2025, se han transferido más de 520,000 toneladas de alimentos, agua, medicinas y suministros humanitarios. Esta comida ha sido robada por Hamas, que llena sus depósitos y vende esa ayuda por precios exorbitantes, abusando así de sus propios civiles. Hace dos días se ha denunciado con videos desde drones que miles de camiones y contenedores con ayuda humanitaria están estacionados dentro de Gaza, con comida que comienza a pudrirse bajo el sol. ¿Por qué no se usa esa comida para terminar con el hambre en Gaza? Porque a Hamas le conviene una campaña de hambre en Gaza y no le importa que en el proceso su propio pueblo pase hambre.
 No buscan aliviar el sufrimiento, sino fabricarlo, manipularlo y exportarlo en imágenes para redes sociales. Hamas se encarga de filmar a niños desnutridos para acusar a Israel. La verdadera causa del hambre en Gaza no es Israel. Es Hamas, y su ideología pagana de sacrificios humanos.

VICTIMIZACIÓN

El mundo entero clama por un alto al fuego en Gaza. Se multiplican los llamados a la “paz”, al fin del sufrimiento “intolerable” de los niños palestinos. Y con un cinismo sin precedentes, los medios culpan a Israel de esta tragedia. Pocos se atreven a decir lo evidente: todo este sufrimiento podría terminar mañana mismo, si Hamas simplemente devolviera a los rehenes israelíes —20 con vida y 30 cuerpos— que mantiene en sus manos desde el 7 de octubre.
 Creo que no hay evidencia más contundente que este punto: culpar a Israel y no a Hamas por la guerra en Gaza —para descubrir el cinismo de Hamas y la complicidad antisemita del resto del mundo. No hay contraste más grande… y evidencia más clara de la diferencia entre Israel y Hamas que el hecho de que Hamas está dispuesto a sacrificar decenas de miles de vidas humanas por un triunfo estratégico, mientras que Israel está dispuesto a sacrificar territorios, ventajas estratégicas, prisioneros o lo que sea con tal de salvar la vida de uno de sus rehenes. Hamas no quiere un cese al fuego, porque necesita seguir alimentando la narrativa de victimización.  El mundo es cómplice y no quiere ver que Hamas sacrifica a sus propios niños y celebra sus muertes como si su dios tuviera sed de su sangre. Esto no es resistencia. Es paganismo violento disfrazado de religión.

LOS NIÑOS DE GAZA

Hamas ha convertido a los niños de Gaza en escudos humanos. Lanza cohetes desde escuelas, hospitales y barrios residenciales, sabiendo que al responder, Israel será acusado de crímenes de guerra. No protege a su población: la expone deliberadamente al fuego enemigo para explotar luego las imágenes de niños muertos como herramienta de propaganda. Miles de civiles, incluyendo niños, han sido sacrificados por Hamas, no por error, sino por decisión estratégica y justificación teológica (yihad).
Hamas adoctrina a los niños desde la infancia. Les enseña a odiar a los judíos, a glorificar la muerte, a inmolarse. Los entrena como suicidas. En su sistema educativo, el martirio es la meta. La infancia palestina ha sido corrompida y reemplazada por un culto a la muerte. Hamas no educa para vivir, sino para matar y morir.

Y han cruzado el Rubicón. No hay marcha atrás. No hay forma de corregir esta cultura.

Cuantos más niños mueran o sufran, increíblemente, más simpatía recibirá Hamás de aquellos que odian a Israel Y más premios cosecharán de la comunidad internacional —como el reconocimiento de Francia de un Estado palestino.

No hay otra nación en el planeta que utilice a sus propios hijos como carne de cañón con esta frialdad y perversión sistemática. Nadie más entrena a niños para morir como explosivos vivientes. Esa es la nueva versión de sacrificios humanos en el siglo XXI que solo practican los enemigos de Israel.

¿Solución?

La Torá lo dijo con absoluta claridad hace más de tres mil años, que cuando una sociedad cruza estos límites no tiene cura, salvación ni posibilidad de redención:

“Si no expulsáis a los habitantes de la tierra… serán como espinas en vuestros ojos y como aguijones en vuestros cuerpos” (Bemidbar 33:55).

Hoy, como en los tiempos bíblicos, la solución no es la utopía de coexistencia, ni acuerdos de paz firmados con quienes están dispuestos a matar a sus propios hijos con tal de tener rédito político.

La única opción realista de PAZ para Israel es adoptar el plan propuesto por la administración Trump y otros líderes con una visión bíblica similar: la emigración voluntaria —o premiada— de la población palestina de Gaza. Y si se me permite sugerir un destino para que los palestinos puedan vivir en paz, armonía y se sientan en su propia casa, creo que la mejor opción es la Francia de Macron.

Bienvenue à tous

SHABBAT SHALOM




Reflexiones sobre mi primer Tisha BeAb luego del 7 de Octubre


Anoche, en mi comunidad, proyectaron un documental sobre la masacre del 7 de octubre de 2023.

Estas son mis reflexiones personales.

EL JURBAN

Ejá: “¿Cómo fue que ocurrió?” se preguntaba el profeta Yirmiyahu (Jeremías).

¿Cómo fue que Yerushalayim, la ciudad más poblada y hermosa del mundo entero, se transformó en un pueblo fantasma, en una ciudad de cadáveres?

Yirmiyahu fue un testigo ocular del Jurban, la destrucción de Yerushalayim, la masacre de sus habitantes y el incendio de su Templo.

Corría el año 586 a.e.c.

Yirmiyahu fue un sobreviviente del primer holocausto que nosotros, los judíos, experimentamos y por el cual lloramos hasta el día de hoy.

En su libro Ejá, Yirmiyahu describe cómo el enemigo derribó las murallas, entró en la ciudad y, sin compasión, atacó con su espada a los ancianos, las mujeres, los bebés recién nacidos. Mataban a los niños frente a sus padres y a los padres frente a sus hijos.

Yirmiyahu presenció la violación brutal y el asesinato de las jóvenes mujeres de Yerushalayim. Vio cómo los hombres de Sión eran tomados como rehenes y escuchó las risas de los secuestradores y de sus cómplices.

Vio al enemigo torturar a los judíos con éxtasis, con un inexplicable deleite en sus ojos.

Antes del 7 de octubre, leíamos las palabras de Yirmiyahu, pero eran difíciles de visualizar. Era imposible imaginar los asesinatos, el horror de la destrucción y el deleite inhumano del monstruoso enemigo.

Aunque hacíamos un esfuerzo consciente por sentir el dolor que transmitía Yirmiyahu, las imágenes en nuestra mente eran abstractas, quizás imaginables como caricaturas, no como algo real que se puede ver, tocar y oler.

Sabíamos que las miles de víctimas eran nuestros antepasados, pero no era posible ponerles nombres o rostros a los hombres y mujeres que sufrieron nuestra primera tragedia nacional.


LA SHOÁ

Antes del 7 de octubre, cuando queríamos sentir dolor en Tish’á BeAb, teníamos que ver un documental sobre la Shoá, o una película de Hollywood sobre el Holocausto.

Antes del 7 de octubre, veíamos envejecer a los sobrevivientes de la Shoá y nos preocupaba pensar que, una vez que ya no estén, no habría quienes los reemplazaran. No habría más testigos de lo que el odio antisemita es capaz de hacer. Y repetir.

Nadie más creíble para contar la historia del horror a la próxima generación que los sobrevivientes. Nadie más creíble para confrontar a los negacionistas del Holocausto…

Después del 7 de octubre, y ochenta años después de Auschwitz, hay una nueva camada de sobrevivientes. Entre ellos, muchísimos niños.

Después del 7 de octubre, siento que una nueva generación —nosotros— nos hemos convertido en esa Shoá por un día, luego de ver los clips filmados por Hamás.

Después del 7 de octubre, al Jurban se lo puede ver en videos.


EL 7 DE OCTUBRE

Antes del 7 de octubre, pensábamos que, si alguna vez ocurría otra masacre antisemita —Dios no lo quiera—, nunca sería dentro de Israel. Porque en Israel podemos defendernos. Cada hombre tiene un arma. E Israel tiene los mejores sistemas de vigilancia, las vallas y las cercas más sofisticadas cuidan sus fronteras, con los radares y las cámaras más avanzados. Israel tiene la mejor fuerza policial, las kitot konenut y, por supuesto, el mejor ejército del mundo.

Ejá? ¿Cómo fue entonces que ocurrió esta catástrofe?

Ejá yashbá badad… ¿Cómo fue posible que miles de israelíes de Otef Aza, Beeri, Kefar Aza, Sederot, Ofakim yashbú bodedim, quedaran abandonados, solos, indefensos, a merced de miles de terroristas animales que cruzaron desde Gaza para asesinar?

¿Ejá?

¿Qué pasó?

¿Conspiraron, de casualidad, todos los posibles errores humanos y todas las leyes de Murphy —que dicen que a veces todo lo que puede salir mal, sale mal— al mismo tiempo? ¿Se trató de “la madre” de todas las casualidades? ¿Todos los sistemas fallaron, y todos los errores militares, de inteligencia y de seguridad se combinaron simultáneamente?

¿O fue acaso la interrupción de la protección divina? ¿Fue un castigo por nuestros pecados de Abodá Zará —idolatría pública—, promiscuidad y crímenes, como nuestros Sabios explicaron que ocurrió cuando se destruyó el primer Bet HaMiqdash en los tiempos de Yirmiyahu?

¿O tal vez fue porque nosotros, los judíos, seguimos practicando Sinat Jinam, “el odio político”, gratuito, hacia otros judíos, como sucedió en la época de la destrucción del segundo Bet HaMiqdash?

¿Ejá? ¿Cómo fue que ocurrió y por qué?

Son las mismas preguntas que se hacía Yirmiyahu, y que, a partir del 7 de octubre, juntos, deberemos contestar.


Que HASHEM nos ilumine para que aprendamos de los errores del pasado y no los volvamos a repetir.

Quiera HASHEM que el próximo Tish’á BeAb nos encuentre juntos, unidos, en Yerushalayim, y celebrando en nuestro nuevo Bet HaMiqdash.

Rab Yosef Bitton




TISHA BEAB: El día que Jerusalem fue cancelada

Este lunes 12 de Agosto por la noche, comenzaremos el ayuno del 9 de Ab (Tish’a BeAb), que es el día de duelo nacional del pueblo judío. El ayuno y el duelo se observarán hasta el martes  13 de Agosto por la noche.

Consulta aquí https://www.myzmanim.com/search.aspx los horarios del ayuno en tu ciudad de residencia.

כֹּה אָמַר הצִיּוֹן שָׂדֶה תֵחָרֵשׁ, וִירוּשָׁלַיִם עִיִּים תִּהְיֶה

En Tish’a BeAb recordamos cinco eventos trágicos que sucedieron en nuestra larga historia y tratamos de reflexionar sobre nuestra responsabilidad en ellos.

La menos conocida de estas tragedias es también una de las más relevantes, ya que de cierta manera la relevancia de este acto sigue vigente. Me refiero al «arado de la ciudad» de Jerusalem (חרישת העיר), en el año 130 de la era común.

Para comprender por qué fue arada la ciudad –y lo que esto significaba en esos tiempos– debemos repasar un poco lo que ocurrió luego de que el Segundo Templo fue destruido por los romanos (año 68 de la era común).

Cuando Adriano se convierte en el nuevo emperador romano, la situación de los judíos en Judea comenzó a empeorar. Uno de los momentos más tensos fue cuando el emperador viajó al Medio Oriente, en los años 129 y 130 de la era común, para visitar las tierras «más exóticas» de su imperio, como Egipto, Libia, Nubia, etc. El emperador se horrorizó ante una de las prácticas más comunes que llevaban a cabo los gentiles en esa región: la castración de esclavos y sirvientes (eunucos), que se practicaba para “domesticar” a los esclavos y hacerlos más dóciles, como se hace con los animales. En Roma, esa práctica estaba prohibida. Adriano decidió que todos los pueblos de su imperio adoptarían esta prohibición. Aclaremos que esto no ocurría en la tierra de Israel, la provincia romana de Judea, porque la castración está terminantemente prohibida por la Torá. No solo la castración humana, sino también la de animales, algo que era (y sigue siendo) totalmente aceptado en el mundo no judío. Adriano penalizó la castración humana con la pena de muerte.

El gran problema fue que los enemigos de los judíos y del judaísmo, que nunca faltan, convencieron a Adriano de que la circuncisión judía también debía ser penalizada, por ser considerada una forma de castración. A nuestros enemigos no les fue difícil convencer al emperador, ya que éste no era muy amigo de los judíos. Y así fue que Adriano decidió penalizar la circuncisión judía con la pena de muerte. De nada sirvió que una delegación de Sabios judíos se reuniera con los representantes romanos para que le explicaran al emperador que la circuncisión no tiene nada que ver con la castración. Algunos historiadores especulan que Adriano fue influenciado por los primeros cristianos, que como sabemos, a fin de reemplazar la práctica judía, habían abolido la circuncisión reemplazándola por el bautismo. La nueva postura antijudía de Adriano representaba una gran victoria para su causa.

Este decreto, que tuvo lugar alrededor del año 129, afectó tremendamente los ánimos de los judíos, que declararon estar dispuestos a sacrificar sus vidas a fin de cumplir el primer precepto que le corresponde a un niño judío. Ribbí Yishmael ben Elishá llegó a decir: “Quizás haya llegado el momento de que dejemos de casarnos y traer hijos al mundo (Babá Batrá 60b)” ya que si los romanos descubrían que un niño fue circuncidado, lo matarían a él y a sus padres. Pero la anulación del Berit Milá fue solo el preludio de otras tragedias que estaban por suceder…

En ese fatídico viaje por Medio Oriente, Adriano tomó otra terrible determinación que resultaría atroz para el pueblo judío: el emperador, que continuamente recibía peticiones de los judíos para que les permitieran reconstruir el Bet HaMiqdash, decidió “prevenir para siempre” que el Templo fuese reconstruido y declaró que planeaba remover las ruinas de la Ciudad Santa, a fin de eliminar cualquier vestigio de memoria judía de su destrucción.

Para eso, Adriano ordenó hacer tres cosas:

1. Jerusalem sería reconstruida, «reseteada», al estilo romano, como una ciudad romana. Esto se hace removiendo las viejas ruinas de la ciudad y «arando el terreno para fundar los cimientos de la nueva ciudad”, creando los nuevos surcos que demarcaban los nuevos límites de la flamante metrópolis.

2. Cambiar el nombre de la ciudad. Desde ese entonces, Jerusalem se llamaría “Aelia Capitolina”. “Aelia”, en honor a Adriano, ya que su segundo nombre era «Aelio», y “Capitolina”, en honor al ídolo romano, Júpiter Capitolino.

3. Construir en el terreno del Templo de Jerusalem un templo pagano para Júpiter Capitolino, el dios romano favorito de Adriano.

El día que la ciudad de Jerusalem fue arada, con el fin de ser erradicada para siempre de la memoria judía, fue el 9 de Ab del año 130 de la era común.

También el nombre de «Jerusalem» fue cambiado y por siglos los romanos y luego muchos cristianos llamaron a Jerusalem Aelia o Capitolina (la construcción del templo pagano en el área del Bet HaMiqdash, nunca se llevó a cabo).

Este evento fue celebrado por los romanos, como era su costumbre, acuñando una moneda ilustrativa. El texto de la moneda que vemos en la imagen abajo dice: «Col(onia) Ael(ia) Capit(olina)». En esta moneda se ve claramente a Adriano, representando a Roma, arando/erradicando la Ciudad Santa.

El arado de la ciudad de Jerusalem y el cambio de su nombre demuestran que los gentiles hicieron todo lo posible, y más, para borrar la memoria de la Jerusalem judía y que perdiésemos cualquier esperanza de reconstruir nuestra ciudad capital.

Baruj HaShem, ya nadie se acuerda de Adriano, ni del nombre «Aelia Capitolina», que solo se encuentra en los libros de historia antigua.

Pero por el otro lado, milagrosamente, y después de 1900 años, no hay ser humano en la tierra que no haya escuchado acerca de JERUSALEM. Que ahora no es romana, ni cristiana, ni árabe, sino JUDÍA. ¡Es nuestra eterna ciudad capital y está más hermosa, feliz y llena de vida que nunca!

Adriano no solo intentó que el mundo olvidara a Jerusalem. Este terrible emperador, uno de los enemigos más obsesionados contra el pueblo judío en la historia, también cambió el nombre de Israel. En ese entonces, los judíos teníamos dos nombres para Israel, uno era “Judea”, el territorio donde vivían los descendientes del Reino de Yehudá (que sobrevivió el asedio de los asirios, al tiempo que las otras 10 tribus fueron exiliadas) y también “Erets Israel”, la tierra de Israel. Para estar seguro de que los judíos nunca más volverían a reclamar la tierra de sus antepasados o incluso soñar con ella, Adriano cambió el nombre de Israel y la llamó: «Palestina», recordando que los pueblos invasores (pelisthim, significa en hebreo invasores extranjeros) se habían apoderado ahora de la tierra y ya no le pertenecía más a los judíos.

Adriano fracasó en su obsesionado intento de borrar la memoria judía de Jerusalem. E irónicamente (o estratégicamente) fue gracias a la observancia de Tish’a BeAb —el día de duelo por Jerusalem— que nunca nos permitimos dejar de recordar, llorar y rezar por la ciudad sagrada y su Templo. Y milagrosamente, hoy estamos viviendo el PRIVILEGIO de ver a Yerushalayim «lista» para que B»H pronto veamos allí nuestro Bet HaMiqdash.

Por otro lado, el plan de Adriano de erradicar el nombre de Israel y cambiarlo por Palestina sigue siendo una de las batallas que, después de 2.000 años, todavía seguimos enfrentando en foros internacionales. Los enemigos de Israel ya no son los romanos. Ahora tienen un nombre diferente y una religión distinta, pero siguen con la misma agenda: erradicar a los judíos de su tierra y que no se recuerde más el nombre “Israel”. Pero no lo están logrando y no lo van a lograr.

Quiera el Todopoderoso que este sea el último Tish’a BeAb que tengamos que llorar por la destrucción de nuestro Bet HaMiqdash y que el próximo año veamos a Jerusalem totalmente reconstruida. AMEN.




YOM MEORI, un triste poema Sefaradí de Tisha BeAb

El sucesor de João II, Manuel, se dio cuenta de la conveniencia de tener comerciantes y artesanos judíos en su reino y se comportó de manera más permisiva hacia ellos. No obstante, los monarcas católicos, los principales instigadores de la deportación de judíos, no aprobaban el hecho de que Portugal se volviera el refugio para los judíos y conversos que ellos habían expulsado de España. Cuando la realeza española iba a casar a su hija, Isabel de Asturias, con Manuel de Portugal, la primera condición que estipularon fue que Portugal no le diera asilo a los refugiados judíos.

En 1497, el rey de Portugal inició un proceso de “conversión colectiva de facto” mediante el cual todos los judíos presentes en el reino de Portugal eran considerados a partir de ese momento Cristianos Nuevos. Y por supuesto, una vez convertidos, tenían prohibido, bajo pena de muerte, “judaizar”, es decir, practicar cualquier ritual judío.

En ese momento la mayoría de los judíos comenzaron a vivir en apariencia como cristianos, esperando la oportunidad de marcharse cuanto antes hacia otros destinos. Miles de familias judías convertidas de facto vivieron en esta situación durante años, y algunas de ellas por tres, cuatro o más generaciones.

Los hijos de las familias que se rehusaron a convertirse y no tenían la posibilidad de irse de Portugal fueron tomados de manos de sus padres a la fuerza, algo que ni siquiera la cruel Inquisición española se atrevió a hacer. Miles de niños jóvenes, menores de catorce años, fueron llevados a la fuerza a conventos para ser criados como católicos. Más de setecientos jóvenes judíos adolescentes, hombres y mujeres, fueron llevados a una terrible travesía en barco hacia Saõ Tomé (Santo Tomás), una isla que había sido recientemente colonizada por exploradores portugueses de la costa oeste de África Central, y era utilizada como una cárcel para criminales. Según informes contemporáneos, muchos de aquellos jóvenes que no fueron devorados por los reptiles enormes que habitaban ese lugar murieron rápidamente de hambre o exposición las inclemencias climáticas.

El Rab Saba escribe sobre este terrible acontecimiento en su libro Tzeror Hamor, Parashat Ki Tavo:

«Esta es la gran desgracia que cayó sobre nosotros en Portugal, que el rey tomó a los jóvenes y los envió en barcos a las islas de reptiles para poblarlas».

Dos de los hijos del Rab Saba fueron capturados en estas circunstancias. Se dice que para buscarlos, se disfrazaba de campesino cristiano y visitaba los conventos. Cuando llegaba recitaba en voz alta el Shema Israel  la plegaria central del judaísmo en el medio del patio. Al escuchar la voz de Rab Abraham, atraídos por la melodía familiar del Shema, los niños judíos que se encontraban allí se acercaban a él y lloraban desconsoladamente. Nunca volvió a ver a sus hijos.

En 1495, falleció el rey João II y con el ascenso del rey Manuel (Emanuel I, el Afortunado) la situación de los judíos no mejoró. Dentro del primer año de su mandato, Manuel contrajo matrimonio con la princesa española Isabel de Asturias, la hija de Fernando e Isabel. Los monarcas españoles pusieron como condición de matrimonio que el rey Manuel debía deshacerse de todos los judíos de Portugal. El 4 de diciembre de 1496, Manuel ordenó que para noviembre del año siguiente, ningún judío tenía permitido permanecer en Portugal. Para los judíos que se habían rehusado a convertirse en España, arriesgando sus vidas y abandonando todos sus bienes para defender su fe judía, otra vez había llegado la pesadilla de la elección entre conversión o un exilio incierto.

Muchos judíos se negaban a convertirse y abandonaban el territorio portugués de la manera en la que podían. Al enterarse de esto el rey Manuel reconsideró la pérdida de ciudadanos judíos y el impacto negativo que ello tendría en la economía de su reino, y decidió mantener a los judíos en el país a cualquier precio. Para cumplir con las condiciones expuestas por los reyes de España, decidió “convertir a todos los judíos automáticamente y por decreto”, es decir, sin que fuera necesario su consentimiento.  En otras palabras, en lugar de “expulsar a los judíos de Portugal”, resolvió “expulsar al judaísmo de los judíos”. Y una vez que hizo esto comenzó una tremenda presión para que los judíos se bautizaran voluntariamente. Por lo general esa presión se tercia amenazando a los padres que si no se convertían, iban a perder a sus hijos.  

En ese momento, había un grupo de veinte mil judíos en Oporto, que estabas desesperados por marcharse de Portugal, entre ellos estaba el Rab Saba, y los oficiales portugueses les informaron que iban a poder partir en barco pero no desde  Oporto sino desde Lisboa. En Pésaj, el 19 de marzo de 1497, llegaron a Lisboa, pero en lugar de ser evacuados, los niños judíos de ese grupo fueron detenidos y a sus padres los enfrentaron a la terrible decisión de abandonar su fe o abandonar a sus hijos. Muchos judíos se convirtieron para salvar a sus hijos.  Y además porque el rey Manuel se comprometió a no permitir que el tribunal de la Inquisición llegara a Portugal por al menos veinte años. Esta promesa fue cumplida, y así, por mas de 30 años, los judíos vivían en apariencia como cristianos y en la intimidad seguían practicando el judaísmo si temas a ser descubiertos por la inquisición y condenados a la hoguera.  

יום מאורי 
יוֹם מְאוֹרִי חָשַׁךְ בְּגֵרוּשׁ קַסְטִילְיָא אוֹי לִי עַל שִׁבְרִי שֶׁבֶר יְרוּשָׁלַיִם אַל תִּזְכְּרִי עוֹד אֲהָה עָלַי וְאוֹיָה לִי כִּי לְשֶׁבֶר קַאסְטִילְיָא לֹא נִמְצָא צֳרִי מִפּוֹרְטוּגַל נִשְׁמַע קוֹל נְהִי בְּמָרָה אֲהָה עָלַי וְאַלְלַי כִּי אֵין שֶׁבֶר כְּשִׁבְרִי וּמָזוֹר כִּמְזוֹרִי עַז פָּנִים מֶלֶךְ קָשֶׁה מְנֻוָּל שְׁמוֹ אֲהָה עָלַי וְאוֹיָה לִי שָׁכַח שֵׁם אֱלֹהֵי יִשְׁעִי וְאוֹרִי יְלָדִים הָאוֹמְרִים בְּכָל יוֹם שְׁמַע יִשְׂרָאֵל אֲהָה עָלַי וְאַלְלַי אוֹמְרִים לָעֵץ הָקִיצָה וְלָאֶבֶן עוּרִי הַמְיַחֲדִים בְּכָל יוֹם ה’ אֶחָד אֲהָה עָלַי וְאוֹיָה לִי אָמְרוּ אָב בֵּן וְרוּחַ אֲשֶׁר הוּא יוֹצְרִי קִיְּמוּ וְקִבְּלוּ אֲבוֹתָם כָּהֵם אֲהָה עָלַי וְאַלְלַי אָמְרוּ שְׁלוֹשָׁה אֵלֶּה הֵם כִּתְרִי וּנְזִירִי סִפְדוּ וּנְהוּ נְהִיָּה עַל בֵּית הַתְּפִלָּה אֲהָה עָלַי וְאוֹיָה לִי אֵיךְ סִפְרֵי הַקֹּדֶשׁ נִטְמְנוּ בַּעֲפָרִי וַחֲכָמִים חֲסִידִים וְאַנְשֵׁי מַעֲשֶׂה אֲהָה עָלַי וְאַלְלַי אָמְרוּ בְאִישׁ מֵת שַׂמְתִּי אֲנִי שִׂבְרִי נַחֲמֵנוּ הָאֵל בְּקָרוֹב בִּתְשׁוּעָה בִּמְקוֹם אֲהָהּ אָרִים בִּתְרוּעָה בְּבוֹא יִנּוֹן וְאֵלִיָּה גוֹאֲלִי

Mi día de luz se volvió en oscuridad, con la expulsión de Castilla ¡Ay de mí por mi sufrimiento!

Ya no me recuerdes la destrucción de Jerusalem, porque por la destrucción de [las comunidades judías de] Castilla no he encontrado un remedio [que me cure] .

Desde Portugal se escucha una voz que llora de amargura, 
porque no hay destrucción como la mía y exilio como mi exilio.  

El perverso y cruel rey [de Portugal Manuel] “menuval” su nombre, forzó a que se olvidara el nombre de mi Dios, mi Salvador, mi Luz!

Los niños que todos los días decían “Shemá Israel”, ahora le dicen a la madera [la cruz] “¡resucita!” y a la piedra [las estatuas de los santos] “¡despierta!”  .

Los que antes decían  “Dios es uno”, ahora dicen “el padre, el hijo y el espíritu”,  son mi creador. 

Sus padres [también] tuvieron que aceptar [la conversion forzada para no morir] y tuvieron que decir: “estos tres son mi corona y mi tiara”.  

Llorad y decretad luto por las Sinagogas [abandonadas], y por los rollos sagrados [de Torá] que tuvieron que ser enterrados en el polvo.

Y por los sabios píos y por los hombres de acción, que han sido forzados a decir: “En un hombre muerto pongo mi esperanza”. 

Que Dios pronto nos consuele con Su salvación, y que en lugar de llorar “AHA” cantemos con alegría, con la llegada de nuestro Mesias y Elíahu HaNabí 




¿Por qué seguimos llorando por Jerusalem?

En unos días más observaremos el ayuno de Tishá BeAb, que es el día nacional de duelo del pueblo judío. En este día se recuerda principalmente la destrucción de los dos Templos, el primero en el año 586 antes de la era común y el segundo en el año 68 de la era común.

El viernes pasado estuve de visita en el hermoso Bet Keneset Nitzanim para Kabbalat Shabbat. El rabino, Shai Finkelstein, habló sobre un tema que siempre me inquietó: el dilema de un texto de la Tefilá que se agrega en el día de Tishá BeAb: Najem.

En este texto, lloramos por la destrucción de la ciudad santa. El texto describe a Jerusalem tal como seguramente se veía durante los 2.000 años de ausencia judía. Esta es la traducción de una parte de esta oración:

«HaShem, nuestro Dios, consuela a los dolientes de Sion y a los dolientes de Jerusalem y a la ciudad que está afligida, destruida, despreciada y desolada. Despojada de sus hijos, con sus edificios en ruinas, despojada de su gloria y desolada en sus habitantes. [Jerusalem] se sienta con la cabeza cubierta como una mujer que perdió a sus hijos y que ha sido destruida por las legiones del ejército enemigo. Los pueblos idólatras la han saqueado y han expulsado a tu pueblo, Israel, por la espada y han matado intencionalmente a los más devotos del Altísimo. Por lo tanto, el monte de Sion llora amargamente y Jerusalem alza su voz diciendo: ‘¡Mi corazón se rompe y mis entrañas llenas de dolor por [mis hijos] que han sido asesinados'».

El dilema es obvio: cada palabra de esta oración «fue» absolutamente cierta durante 2.000 años. Pero, gracias a Dios, a partir de 1967 todo esto cambió. Jerusalem, la ciudad, está más hermosa que nunca. Baruj HaShem, ya no está más afligida, ni despreciada ni desolada. Está alegre, feliz, joven y llena de gente. Los shoppings, los negocios, los restaurantes están repletos de consumidores. Sinagogas por todos lados. Minyanim, a toda hora y en cualquier lugar. Jerusalem ya no inspira lástima. Es sin duda alguna la ciudad más vibrante y feliz del mundo. ¿Qué hacemos entonces? ¿Seguimos diciendo esta Tefilá?

Luego de 1967, dos rabinos sefaradíes opinaron al respecto:

El Rab Haim David HaLevi, el rabino sefardí principal de Tel Aviv en ese entonces, citó un texto que dice «no se permite recitar algo falso ante Dios», que tiene su origen en el Talmud, tratado Yoma 69B, el cual dice que nuestros antepasados no dudaron en cambiar la redacción de algunas plegarias para evitar implicar algo que ya no era verdad. El rabino propuso cambiar el tiempo del verbo en el texto de Najem, y en lugar de decir «la ciudad que está desolada», decir «la ciudad que había sido desolada», etc.  De esta manera, al cambiar estas palabritas, la oración es históricamente verdadera, a la luz de la milagrosa reunificación de la ciudad de Jerusalem.

La opinión del rabino Obadiá Yosef en su libro Yejavé Da’at, escrito después de la Guerra de los Seis Días, presenta las dificultades de cambiar la liturgia que fue establecida por los Sabios — y profetas– de la Gran Asamblea. Pero, en especial, opninó que si bien lo que dice este texto sobre Jerusalem todavía sigue siendo apropiado para la parte no judía de Jerusalem y especialmente para el Har Habayit, el Monte del Templo, donde hay una mezquita construida sobre las ruinas del Bet HaMiqdash. Su opinión es la que ha sido adoptada por prácticamente todas las comunidades ortodoxas, sefaradim y ashkenazim, que han mantenido la redacción original de Najem que se encuentra en el Talmud de Jerusalem.

HALAJA YOMIT

Las leyes de cortarse el cabello durante las «Tres Semanas» – Año 5783

La prohibición habitual de cortarse el cabello Como resultado del duelo observado durante las «Tres Semanas», la costumbre ashkenazí es abstenerse de afeitarse y cortarse el cabello desde el Diecisiete de Tammuz hasta el Diez de Av.

Sin embargo, la costumbre sefardí no es tan estricta y sigue la letra de la ley establecida por una disposición tanaítica (después de la destrucción del Bet Hamikdash), que prohíbe cortarse el cabello y lavar la ropa durante la semana en la que cae Tisha Be’av. El Rambam y Maran Ha’Shulján Aruj también dictaminan así. Aquellos judíos sefardíes que estudian o viven cerca de ashkenazíes pueden actuar de manera estricta y abstenerse de afeitarse y cortarse el cabello desde el Diecisiete de Tammuz.

La semana en la que cae Tisha Be’av se refiere a la misma semana en la que se observa el ayuno de Tisha Be’av, comenzando desde el domingo de esa semana. Por ejemplo, si Tisha Be’av ocurre un jueves, como sucede este año, todas las costumbres de duelo asociadas con la semana en la que cae Tisha Be’av comienzan desde el domingo anterior.

Cortarse el cabello para las mujeres En cuanto a que una mujer se corte el cabello durante la semana en la que cae Tisha Be’av o durante las «Tres Semanas» según la costumbre ashkenazí, esto depende de una discrepancia relacionada entre los Poskim, de la siguiente manera:

Los Poskim difieren en si una mujer que está de duelo por uno de los siete parientes (padre, madre, hermano, hermana, hijo, hija o esposo) tiene prohibido cortarse el cabello, al igual que para un doliente varón, o quizás esta prohibición no se aplica a las mujeres.

Desde el punto de vista halájico, Maran Ha’Shulján Aruj, cuyas decisiones son seguidas por judíos sefardíes y del Medio Oriente, escribe que la prohibición de cortarse el cabello no se aplica a las mujeres. Por lo tanto, inmediatamente después de los primeros siete días de duelo (Shivá), una mujer puede cortarse el cabello. Sin embargo, el Rama, cuyas decisiones son seguidas por judíos ashkenazíes, escribe que la prohibición de cortarse el cabello también se aplica a las mujeres.

Por lo tanto, parece que según Maran Ha’Shulján Aruj y la costumbre sefardí, la prohibición de cortarse el cabello observada en el duelo por la destrucción del Bet Hamikdash tampoco se aplica a las mujeres. Sin embargo, según el Rama y la costumbre ashkenazí, las mujeres también están incluidas en esta prohibición. Hagaon Harav Moshe Feinstein zt”l y otros grandes Poskim dictaminan de la misma manera.

Por otro lado, hay Poskim ashkenazíes que escriben que aunque a las mujeres se les prohíbe cortarse el cabello mientras están en duelo real por un pariente, sin embargo, las mujeres pueden, de hecho, actuar de manera indulgente y cortarse el cabello durante las «Tres Semanas», ya que esto (no cortarse el cabello durante todo el período de las «Tres Semanas») no es tanto una prohibición halájica según la letra de la ley como una costumbre aceptada. Sin embargo, durante la semana en la que cae Tisha Be’av, cuando hay una prohibición real de cortarse el cabello basada en el edicto de los Sabios de la Mishná y no simplemente una costumbre, no hay distinción entre hombres y mujeres.

Desde el punto de vista halájico, según la costumbre ashkenazí, los hombres se abstienen de cortarse el cabello desde el Diecisiete de Tammuz, mientras que la costumbre sefardí permite esto hasta la semana en la que cae Tisha Be’av. En cuanto a las mujeres, aquellas que deseen actuar indulgentemente, incluso entre las mujeres ashkenazíes, tienen a quién apoyarse.




MATTOT: Sobre niños y ovejas, por Rabanit Coty Bittón

 

EL PRIMER EJÉRCITO DE ISRAEL

Nuestra posesión más preciosa son nuestros hijos. Trabajamos para ellos. Ahorramos para ellos. Y hacemos todos los esfuerzos necesarios para que nada les falte, para que tengan todo lo que necesitan, y más. Mi pregunta es: ¿los padres, actuamos consistentemente con este fin en mente, o a veces nos olvidamos y alguien tiene que recordarnos que lo más importante son nuestros hijos?

En nuestra Parashá Matot, la Torá cuenta que las tribus de Rubén y Gad poseían mucho ganado, y antes de entrar a la tierra de Israel, le piden a Moshé asentarse en el otro lado del Jordán, en los territorios de Sijón y Og, tierras muy fértiles. Moshé en un principio se niega. ¿Por qué? Porque el pueblo judío tenía que enfrentarse militarmente a los poderosos pueblos de Canaán, y necesitaban un ejército fuerte y sólido. Estas tribus constituían casi el 20% del ejército, y su deserción iba a causar una gran frustración en todas las demás tribus. Moshé les dice: ¿Cómo se van a establecer en estas tierras y dejar a sus hermanos luchar en las guerras de conquista sin ustedes? Moshé les exige que se unan a la guerra de conquista. Entonces, los líderes de estas tribus le dicen a Moshé que ellos en ningún momento pensaban abandonar al resto de las tribus: el plan era asentarse rápidamente en las nuevas tierras, unirse al ejército de Israel y pelear junto a sus hermanos. Y ofrecen algo más: ir al frente de la batalla, es decir, a la posición más arriesgada. Estas son las palabras que le dicen a Moshé (beMidbar 32:16) «Construiremos corrales para nuestro ganado y ciudades para nuestros hijos… y luego nos alistaremos al ejército». Moshé acepta la propuesta y les responde afirmativamente (beMidbar 32:25): «¡De acuerdo! Construyan las ciudades para vuestros hijos y los corrales para vuestros animales…».

MOSHE Y SIGMUND FREUD

En este punto hay que notar, con ojos freudianos, una pequeña pero muy significativa diferencia entre lo que dijeron los líderes de las tribus y lo que les responde Moshé. Así, casi sin querer, Moshé modifica el orden de los factores que presenta en su declaración : mientras que los líderes de las tribus mencionaron que construirían «corrales para sus animales y asentamientos para sus hijos»,  Moshé primero menciona a los niños y luego a los animales. Tengan en cuenta que en ese tiempo, las vacas y las ovejas no eran mascotas: el ganado era el capital, el dinero y el trabajo de uno. Moshé notó que estos hombres, literalmente, ¡pusieron a su dinero antes que a sus hijos! Finalmente, y luego de escuchar a Moshé, los líderes de las tribus ponen la casa en orden y le dicen a Moshé que harán lo que él les ordenó (beMidbar 32:25-26): «Nuestros niños, nuestras mujeres y todos nuestros animales se quedarán allá en las montañas del Gil’ad, mientras nosotros iremos a la guerra». Ahora, primero mencionan a los niños, a sus familias, y luego a los animales. Aunque esta diferencia de valores no se discute explícitamente, sino que ocurre a un nivel subconsciente, parecería que entendieron que estaban equivocados. Y alcanzó con escuchar a Moshé repitiendo lo mismo que ellos, pero en el correcto orden de prioridades, para que aprendieran la lección.

LO URGENTE Y LO IMPORTANTE

Todos nosotros sabemos que nuestros hijos son más importantes que nuestro dinero. Cualquier padre o madre a quien preguntemos nos va a contestar que obviamente valoramos a nuestros hijos mucho más que nuestros bienes materiales. Sin embargo, los padres no siempre actuamos de acuerdo con ello. Y como alguna vez dijo Mafalda con mucha sabiduría: «Lo urgente no me deja tiempo para lo importante». Es decir: sé que es muy importante estar con mis hijos, dedicarles tiempo, escucharlos, jugar con ellos, «pero no tengo tiempo». Sé que tengo que interesarme por ellos, hablar de cómo fue su día y saber qué están haciendo en internet, «pero ¡estoy demasiado ocupado trabajando». Así, sin planearlo ni quererlo, no nos queda tiempo (o fuerzas) para «lo más importante de nuestras vidas» y sin querer, ponemos a nuestros hijos en un segundo plano. Recuerdo algo gracioso pero triste: una amiga que tenía una empleada doméstica a la que le confiaba a sus hijos para que los cuidara pero no le permitía que lavara la ropa en el lavarropas porque temía que pudiera arruinarla.

LA HISTORIA SE REPITE

A veces, sin darnos cuenta, repetimos la historia de los portavoces de las tribus y le damos más importancia al bienestar material que a la educación de nuestros hijos. Seguramente los hombres de Gad y Rubén sabían perfectamente bien que sus hijos eran más importantes que sus posesiones materiales, pero como casi todos los padres, necesitaban que alguien, en este caso Moshé, les recordara el orden de prioridades. Nuestra brújula, nuestro referente, es la Torá. Y cada vez que la estudiamos, nos debe recordar claramente que nuestros hijos van primero.

SHABBAT SHALOM

HALAJOT. Leyes de Tish’á beAb
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