JANUCÁ y la Tefilá ‘al haNisim



El libro más famoso del rabino Crescas es “Or HaShem” (La Luz Divina). En esta obra el rab Crescas alaba la inmensidad de Maimónides pero disiente con él en muchas áreas. Un ejemplo: de acuerdo a Maimónides las palabras iniciales de los Diez Mandamientos, “Yo soy el Eterno tu Dios” (Ex. 20: 2), constituyen el mandamiento de creer en la existencia de Dios. Rabbi Crescas, por el contrario, argumentó que creer en la existencia de Dios no puede ser un mandamiento en sí. Debe ser una presuposición para los otros mandamientos. Antes de que se pueda hablar de un mandamiento divino uno debe estar convencido de la existencia de un Comandante Divino. Para el rabino Crescas, la creencia es involuntaria, y uno sólo puede ser razonablemente mandado a hacer lo que uno tiene el poder de elegir hacer. Por lo tanto, en su opinión, la creencia en la existencia de Dios es un preámbulo para todos los demás mandamientos, pero no es un mandamiento en sí mismo.Para leer el libro OR HASHEM ver aquí

מצות עשה ליתן צדקה לעניי ישראל כפי מה שראוי לעני, אם הייתה יד הנותן משגת–שנאמר “פתוח תפתח את ידך


LA REBELION DE KORAJ
Kóraj, primo hermano de Moisés, planea una rebelión contra Moshé y Aharón. Reúne a 250 líderes y acusa a Moshé de ejercer el liderazgo para acumular poder. “Toda la congregación es santa, y el Eterno está en con ellos. Entonces, ¿por qué os eleváis por encima de la asamblea de Dios?” Se opusieron específicamente al nombramiento de Aharón como Sumo Sacerdote, insinuando que Moises –y no Dios– le asignó el cargo. Moshé propone que la mañana siguiente todos participen en una prueba que determinaría quién es realmente digno del cargo de Sumo Sacerdote. Todos deberán traer una ofrenda al Tabernáculo, y Dios , de laguna manera, daría a conocer Su elección. Moshé trata de apaciguar a los rebeldes pero no lo logra. Koraj pasa la noche tratando de reclutar más adeptos contra Moisés y los reúne a todos a la entrada del Tabernáculo para presenciar el gran espectáculo. Moisés le ruega a Dios no aceptar la ofrenda de los rebeldes. Dios castiga a Kóraj y a sus seguidores. La tierra se abre y se traga a Kóraj y un fuego celestial consume al resto de los rebeldes. Al día siguiente, la comunidad se queja y culpa a Moshé y Aharón por la muerte de Koraj, y el “pueblo de Dis”.Dios interviene y les pide a Moisés y Aharón que se separen de la comunidad. Una plaga azota al pueblo y miles mueren. Moshé le pide a Aharón que tome rápidamente la ofrenda del incienso y expíe a la congregación de su pecado. Cuando Aharón lo hace, la plaga se detiene.
LA VARA DE AHARON
Dios le dice a Moshé que tome un bastón de cada una de las doce tribus, con el nombre del líder de cada tribu escrito en la vara. Tamnien hay un bastón para representar a la tribu de Leví, y el nombre de Aharón estaba escrito en esa vara. Estos bastones fueron colocados durante la noche en el lugar mas sagrado del Tabernáculo. A la mañana siguiente fueron retirados, y providencialmente la vara de Aharón había florecido con flores y frutos de almendras. Esta fue una prueba más de que Aharón fue elegido por Dios .Dios le indica a Moshé que devuelva la “vara de Aharón” al interior del Tabernaculo donde permanecería a perpetuidad.
AREAS RESTRINGIDAS
El pueblo le expresa a Moshé su temor de entrar por error en un área restringida del Tabernáculo y morir como resultado. En respuesta, Dios ordena a los Sacerdotes y Levitas que protejan cuidadosamente el Tabernáculo, para evitar la entrada no autorizada de personas que no sean sacerdotes. Luego, la Torá enumera las diversas ofendas a las que tenían derecho los sacerdotes. Estas incluyen el privilegio de comer ciertos sacrificios, así como porciones selectas de otros sacrificios; recibiendo los cinco shequel para la redención de los hijos primogénitos de Israel; una parte de todos los cultivos de cereales, aceite y vino; el “primer fruto” (bikkurim); y más.
LA HERENCIA DE AHARON
A Aharón se le informa que sus descendientes no recibirán una porción en la tierra de Israel, sino que Dios es su herencia y porción.Los Levitas tampoco recibirán una parte de la tierra de Israel. Pero tienen derecho a una décima parte de todas las cosechas de los israelitas, a cambio de los servicios que prestan en el Tabernáculo y en el Templo.


אמרי האזינה ה’ , בינה הגיגי
Al igual que Israel hoy, David HaMélej tenía muchos enemigos. Prácticamente en todas las fronteras de su reino. David luchó contra los sirios en el Norte y contra de los moabitas en el Este (Jordania). Pero el mayor peligro venía del Oeste. De los filisteos, que vivían en Gaza. La palabra filisteos o pelishtim significa “invasores”. Los filisteos son llamados por los historiadores “Los pueblos del mar”. No tenían ninguna cultura o etnia en particular. Eran un mixto de varias civilizaciones muy primitivas que venían, principalmente de las islas del Mediterráneo (Chipre, Sicilia, Creta) y que se unieron entre sí para colonizar el Medio Oriente. Llegaron con sus esposas e hijos, porque venían a conquistar y establecerse. Eran extremadamente salvajes y peligrosos. Y destruyeron muchos imperios y civilizaciones. Los hititas, los minoicos, los micénicos, los troyanos y muchas otras civilizaciones desaparecieron en manos de los “pueblos del Mar”.
David sabía que, al igual que hoy, Israel no podía permitirse el lujo de perder una batalla. Para Israel las guerras no se ganan para obtener la victoria sino para sobrevivir. Toda guerra que Israel enfrenta es una guerra existencial.
David también sabía que aunque el enemigo es, a diferencia de nosotros, sediento de sangre, y más numeroso, HaShem está de nuestro lado. Y en este Mizmor David pide la ayuda de Dios para derrotar a sus enemigos.
David menciona en este salmo “la mañana” (5: 4), al parecer porque el ejército y el rey se preparaban para la batalla por la mañana. Y es posible que este Mizmor fuera recitado como una de las Tefilot que el rey y sus soldados rezaban por la mañana antes de ir a la guerra.
En este Mizmor David ora a HaShem y le pide que lo proteja de sus enemigos, a los que describe (5:10) como malvados y falsos.
Para mí, la parte más emocionante de este salmo es cuando David menciona tres tipos diferentes de oraciones.
El primer tipo de oración es “amarai”, mis palabras. Esta es la oración normal, que se dice con palabras. Una oración calma. Probablemente la oración que el rey David y su ejército decían antes de la batalla, cuando uno es capaz de transmitir sus sentimientos con palabras inteligibles.
El segundo tipo de plegaria es “hagigí”, mis pensamientos no articulados. David HaMelej reconoce que a veces, en situaciones desesperadas como en el medio de la batalla, las palabras no podrán salir de nuestras bocas. Todo lo que queda son nuestros pensamientos crudos, inexpresados y quizás caóticos. David le está pidiendo a HaShem que lo escuche y le preste atención, cuando David nos sea capaz de orar con palabras. Anticipándose a esos tiempos difíciles, David HaMelej le pide a HaShem que si él no pudiera articular sus oraciones, que HaShem igual lo “comprenda, haciendo inteligible” sus pensamientos. (En realidad las palabras “biná haguiguí” se podría explicar como si alguien le pide a HaShem que “interprete y descifre sus pensamientos!”. Yo me imagino que es el mismo sentimiento de alguien que va a ser operado, y no sabe si después de su operación va a poder rezar normalmente, con palabras. Entonces, antes de entrar al quirófano le pide a HaShem que aunque depuse de su operación él no pueda rezar con palabras, que HaShem por favor, “descifre” sus pensamientos, los traduzca y los considere como una plegaria normal.)
El tercer tipo de oración es “shav’i”, mi clamor o llanto. El llanto es una señal de desesperación y tristeza. Cuando el pueblo de Israel estaba esclavizado en Egipto, sufriendo las miserias de la esclavitud, la Torá dice que su clamor llegó a Dios. El llanto es la forma en que una persona se acerca a HaShem cuando sufre dolor y angustia. Delante de Dios, David haMélej no se ve a sí mismo como un invencible Hércules, sino como un Yehudí vulnerable. Reconociendo que en todo momento está a merced de HaShem.
Las Tefilot de David haMélej no venían sólo de sus labios, sino desde lo más profundo de su corazón. A veces se expresaban con palabras o con puro sentimientos. Y a veces, David haMelej rezaba con lágrimas.

Nuestra Parashá abarca veinte años en la vida de Ya’aqob Abinu. Y en cierto sentido, estos veinte años transcurrieron entre dos sueños. El primer sueño se produjo cuando Ya’aqob salía de la tierra de sus padres, Abraham e Ytsjaq. Los valores de Ya’aqob y su educación están representados en el sueño que tuvo antes de salir de Erets Israel. En su sueño vio ángeles. El cambio de guardia de los ángeles de protección, o como explicó el rabino Shelomo Ibn Gabirol, los ángeles / Talmidé jajamim (como Ya’aqob) que primero ascienden al cielo y luego vuelven a la tierra, trayendo con ellos la Torá celestial, es decir, haciendo accesible la Torá al resto de la gente. Lo importante es que Ya’aqob soñaba con ángeles. Y con una escalera (no menos importante!) que le recordó que estamos aquí para crecer “hacia arriba”. Estamos aquí para llegar a lo divino. Este es un sueño muy espiritual. Y los sueños no vienen de la nada. Somos lo que soñamos. Y soñamos lo que somos. Y Ya’aqob es una persona muy espiritual.
Los sueños no mienten. El contenido de nuestros sueños refleja nuestras vidas. Las pasiones, deseos, miedos y ambiciones que experimentamos en nuestra rutina diaria. Si usted sueña que está volando, es probable que esté aspirando a avanzar en su vida pero se siente que está encadenado, atrapado. Y si usted sueña que está conduciendo un coche y los frenos no funcionan, probablemente usted siente que no está en control de su vida. O si en sus sueños está en público sin ropa, es probablemente un reflejo de su miedo que la gente descubra algo que usted desea ocultar. Los sueños dicen mucho de nosotros. Ya’aqob Abinu vio ángeles en su sueño porque esa era su realidad. Vivía entre ellos: Sus padres, su abuelo Abraham y “Ohalah Shel Tora” de Shem y Eber.
Ya’aqob sueña de nuevo veinte años después. Pero, esta vez tiene un sueño muy diferente. En su segundo sueño no hay ángeles que suben una escalera sino animales subiendo uno encima del otro. “Los machos que subían a los rebaños, produciendo animales rayados, pintados o manchados” (31: 10-11). Los animales eran bienes materiales. Este segundo sueño es sobre ganar dinero. Un ángel le habla a Ya’aqob, pero sólo para enseñarle a ser más inteligente que el astuto Labán. Este es un sueño materialista, impropio de Yaa’qob.
En ese mismo sueño HaShem le da una orden directa a Ya’aqob y le dice (31; 11) “ki raiti et asher laban ose imaj.” ….porque yo he visto lo que Labán ha hecho de ti”.
Mi interpretación: HaShem le dice a Ya’aqob. Ahora veo lo que trabajar veinte años para Labán ha hecho de ti. Has cambiado. Puedo verlo en tus sueños. Hace veinte años eras un hombre espiritual. Soñabas con ángeles y con una escalera que unía la tierra con el cielo. Ahora, tus sueños se han hecho horizontales. Los ángeles fueron reemplazados por cabras y las escaleras por establos. Estos son sueños de Labán, no de Ya’aqob.
Ya’aqob entonces recibe una orden directa de HaShem, sin ambigüedades. Es hora de volver a casa (31:11):”Ahora sal de esta tierra y regresa a tu tierra natal. ” Tienes que regresar. Es necesario para vivir una vida que cambiará tus sueños. Es necesario volver para que sueñes con ángeles y escaleras. Tienes que vivir una vida que consista en construir esa conexión entre la tierra y los cielos. Tú tienes el potencial de convertirte en uno de esos ángeles que suben al cielo y traen la Tora a la tierra.
Y funcionó.
En la última pasuq de esta parashá 32: 1, tan pronto como Yaaqob llega a Eretz Israel, los ángeles volvieron a él.
Y ya’aqob, y nosotros, sus descendientes, aprendimos la lección: Vivamos una vida que nos haga soñar con ángeles y escaleras. Para eso estamos aquí.


|
||
|
|