Dime cómo te llamas… y te diré tu contraseña

En hebreo, cada letra tiene un valor numérico, de acuerdo al orden en que esa letra aparece en el abecedario. ALEF es la primera letra del alfabeto, y su valor numérico es 1. BET, la segundo, es 2. YOD es la décima y su valor numérico es 10. La siguiente letra, KAF es 20, Lamed 30, etc. La letra numero 19 QOF, tiene el valor numérico de 100. La siguiente RESH 200, y la última letra del alfabeto hebreo, TAV, equivale a 400.
Esta simple técnica es conocida como GEMATARIA (o GEMATRIA, valor numérico de letras). La GEMATARIA es muchas veces utilizada por los Jajamim para asociar entre diferentes palabras con un valor numérico idéntico y establecer ciertas comparaciones ente las ideas que estas palabras sugieren. Por ejemplo, los Jajamim explicaron en la Gemará Makot:    תורה צוה לנו משה  “La Torá nos fue transmitida por Moshé…”, que la palabra Torá en GEMATARIA suma 611 (TAV=400, VAV=6, RESH=200 y HE= 5) y nos recuerda que de los 613 preceptos, 611 nos fueron entregados por Moshé y 2, los primeros dos mandamientos, que están escritos en la primera persona del singular, fueron trasmitidos directamente por HaShem.
En general, los Yehudim siempre usamos las letras para escribir números antes de que el moderno sistema de numeración (1,2,3) fuera establecido. El sistema de numeración por letras hebreas todavía está en uso. Por ejemplo, para la numeración de páginas o referencias en los libros judíos tradicionales, como Siddurim, etc. se usan letras. En la Gemará las páginas se reconocen por letras (la pagina KAF DALET= 24), los capítulos y versículos de la Torá también se referencian con letras, y no con números.  Un ejemplo más: el calendario hebreo se expresa con letras. Ahora estamos en el año 5776 que en hebreo es HE (5) TAV (400) SHIN (300) ‘AYIN (70) VAV (6) = התשע”ו.
Sugiero que los que deseen practicar el alfabeto hebreo y aprender el valor numérico de sus letras usen este método para construir sus contraseñas personales. En nuestros días necesitamos de contraseñas que puedan ser recordadas fácilmente y/o que sea simple recuperarlas cuando las hayamos olvidado.
La siguiente es una idea para crear contraseñas sólidas y seguras, mientras aprendemos o practicamos el abecedario hebreo:
1. Primero hay que reducir todas las letras a su valor mínimo, es decir, a un dígito, sin contar decenas ni centenas. Así, por ejemplo, aunque el valor numérico de la letra TAV sea 400, para nosotros será 4. Lo mismo pasará con la letra KAF, que en lugar de 20 será 2.
2. Una vez que entendimos este principio podemos proseguir a traducir a números nuestro nombre en hebreo.  Mi nombre hebreo es YOSEF. En hebreo son 4 letras YOD=10, VAV=6, SAMAJ= 60 y PE=80. De acuerdo a lo que explicamos anteriormente,  reducir el valor numérico de las letras a un sólo dígito, el valor numérico de YOSEF es entonces “1668”.   Si alguna vez me olvido del  número 1668, todo lo que tengo que hacer es volver a traducir a números mi nombre hebreo.
3. Hay varias combinaciones posibles para formular una clave secreta muy sólida.  Puedo escribir mi nombre hebreo en números 1668 y agregarle mi apellido en letras comunes. La contraseña 1668bitton o bitton1668 es sólida, difícil de olvidar y muy fácil de recuperar si la olvido.
4. Un ejemplo más con el nombre hebreo más popular que conozco: Daniel Cohen (tengo 7 amigos que se llaman Daniel Cohen!). “DANIEL” דניאל  DALET=4, NUN=50, YOD=10, ALEF=1, LAMED=30. “COHEN” כהן KAF=20, HE=5, NUN=50.   El nombre “Daniel Cohen” se puede escribir entonces “45113cohen” o “daniel255” o si queremos convertir el nombre y el apellido en números obtendríamos  45113255: 4 (DALET), 5 (NUN), 1 (YOD) 1 (ALEF) 3 (LAMED) 2 (KAF) 5 (HE) 5 (NUN).
Este sistema funciona sólo en un sentido: uno puede convertir su nombre hebreo en números y luego recordar fácilmente ese número. Pero no se podrá adivinar con facilidad que 1668 corresponde a  “Yosef”, o que 45113255 indica “Daniel Cohen”



TEHILIM # 16: La verdadera fe judía

שויתי ה’ לנגדי תמיד
En este hermoso Mizmor el Rey David describe su fe en HaShem (Dios). En el versículo 5, explica que si realmente queremos lograr el nivel adecuado de la fe,  primero tenemos que reeducarnos en términos de lo que es y lo que no es nuestro principal objetivo en la vida, nuestra misión.
Luego, en el versículo 8 el Rey David describe la verdadera fe judía. Este versículo es tan importante que está escrito en la mayoría de las sinagogas, por encima del hekhal, el Arca donde se guarda la Torá, y está bien visible para todos en el momento de la Tefilá (plegarias).
En el último pasuq, versículo 11 David concluye su idea: su conexión con Dios es la fuente de su felicidad y lo que le da placer en este mundo y más allá.
Ahora veremos con más detenimiento estos tres versos.
David afirma que HaShem es su último refugio y salvación. Él sabe, y declara,  que todas las cosas buenas que le ocurrieron, han venido de HaShem. El rey de Israel rechaza toda forma de  idolatría y cualquier otro servicio, excepto servir al verdadero Dios.
ה’ מנת חלקי וכוסי
En el versículo 5 se expresa una idea muy profunda: “HaShem, tú eres mi posesión y mi copa”. Radaq (Rabí David Qimji, España 1160 -1235) explica el profundo significado de estas palabras. Mientras que para la mayoría de la gente su principal objetivo en la vida (su “posesión” más deseada) y su deseo más profundo es ganar dinero y poseer riquezas, para poder satisfacer todos sus apetitos e instintos (“copa), para el Rey de Israel, la principal aspiración existencial es conectarse con Dios. Sentirse cerca de HaShem, satisface todos sus deseos y ambiciones. También sugiere que si verdaderamente queremos sentir la presencia de Dios,  debemos desenfocarnos de la persecución de metas puramente materiales.
אתה תומיך גורלי
“Tú sostienes mi destino”. Para el rey David no es necesario recurrir a los oráculos o adivinos, como los adoradores de ídolos hacen cuando están temerosos por la incertidumbre de su futuro. Si estoy cerca de HaShem, razona David HaMelej, Él guiará mi destino, y no tengo nada que temer. Porque incluso si las cosas no salen como yo quiero, yo sé y creo que HaShem está sosteniendo mi destino, lo está manejando según Su infinita sabiduría  y voluntad.
שויתי ה ‘לנגדי תמיד
En el versículo 8 David escribe lo que se considera la máxima expresión de la fe judía “He de poner a HaShem continuamente delante de mí, a mi derecha, por lo cual no voy a tropezar”. Para David HaMelekh “Emuná” (la fe judía) no es sólo una cuestión de creencia. La verdadera “Emuná” obviamente comienza con el elemento de “creer”, pero va mucho más allá de la creencia. “Emuná” en las palabras de David significa visualizar y sentir que HaShem está presente, tan presente como mi mano derecha. La palabra clave es “tamid”, siempre, continuamente. Mi “Emuná” crece en la medida que desarrolle una conciencia más continua de la presencia de HaShem. Y viceversa. Si mi conciencia de la presencia de HaShem es esporádica, y despierta casi exclusivamente en tiempos de necesidad, entonces mi Emuna está lejos de ser perfecta, aún cuando yo declare que creo fehacientemente en Dios. La misión más importante en la vida de un Yehudí es desarrollar la conciencia de la presencia de Dios, y que esta conciencia quede en su mente y en su corazón tanto tiempo como sea posible.
כי מימיני בל אמוט 
“Porque cuando está a mi lado derecho, no voy a tropezar”. ¿Cuáles son las consecuencias de tener una conciencia permanente de HaShem? Cuando la presencia de HaShem guía mi vida y regula lo que hago o dejo de hacer durante el día, cuando vivo una vida “consciente de que HaShem me está observando”, entonces voy a obrar permanentemente con rectitud. Y no voy a tropezar, moralmente hablando.
Otra explicación  alternativa o complementaria es: ¿Cuál es la manera de mantener una conciencia continua de la presencia de HaShem? Viviendo una vida justa. Una vida guiada por Su Torá me garantizará que voy a tener a HaShem siempre frente a mí, y esa conciencia me va a impedir que me desvíe del camino de la rectitud.
תודיעני אורח חיים שובע שמחות את פניך נעימות מימיניך נצח
En este último pasuq (versículo 11) David HaMelej concluye: תודיעני אורח חיים “Enséñame el camino de la vida”, Tu Torá. Y al hacerlo שובע שמחות את פניך voy a encontrar la felicidad eterna, que viene de vivir consciente de Tu presencia; נעימות מימיניך נצח y mientras otros placeres de la vida son sólo gratificaciones limitadas y temporales, el placer y el gozo espiritual  que uno siente al estar conectado con HaShem, es ilimitado y eterno.



¿Cómo se escriben las letras hebreas en español?

PREGUNTA de un LECTOR:
Rabino, tengo una pregunta que quizás sea insignificante ¿por qué Usted usa  la “Q” en lugar de la “K” para traducir del hebreo al español, por ejemplo cuando Usted escribe “Bet haMiqdash”, también he visto que Usted escribe “qabbalá” en lugar de “kabbalá”? 
Estimado amigo, el idioma hebreo es un idioma muy distinto al español o al ingles. Y no todas las consonantes en hebreo tienen su equivalencia perfecta en español.  Si repasamos el vocabulario veremos que, por ejemplo, la letra JET ח y muy especialmente la letra AYIN  ע, son imposibles de transliterar (o traducir, como dice Usted). De manera que cuando hacemos la transliteración del hebreo al español, no hay una sola forma de hacerlo, y adoptamos ciertos convencionalismos. Yo, por ejemplo, opté por escribir la letra צ, que no tiene ningún equivalente en lenguas no semíticas, por “ts” en lugar de “tz”, porque así la tradujeron los primeros judíos que escribieron libros de Torá en castellano (siglo 16) o en ingles (siglo 17).  Nuevamente, no quiere decir que esa es la única manera de escribir esta letra.     Respecto a la Q por la letra hebrea ק, es mucho mas fácil de explicar.   
 
Si usted observa los dos vocabularios, el hebreo y el español, verá que hay una equivalencia bastante precisa en el orden de los dos vocabularios.  
Muy brevemente
La letra א es un letra muda, y equivale a la H en español moderno, pero el equivalente ordinal seria la letra A .
La letra ב evidentemente es la B.
La letra ג equivale a la C. Hay algunas palabras que aún conservan esta equivalencia ג=C. Como גמל, “gamal” , “camello”. 
Luego, la letra hebrea ד, que es evidentemente la D.
Hasta acá , como usted verá, tenemos el equivalente casi perfecto de ABCD. 
Luego se complica, pero sólo un poco. 
En hebreo, las vocales no son parte del alfabeto, como ocurre en español. Es por eso que la letra ה se convierte en la E. 
La letra hebrea ו, que es una “v”, como se pronuncia en España, es muy cercana a la F.
La ז es parecida a una G en inglés, cuando ésta es seguida de una “e” o una “i”, por ejemplo, “genes” o “page”.
La letra ח en Israel muchas veces se expresa con la H, como en “Haifa” o “Hadera” (Yo escribí ayer en mi halajá of the day en ingles, Rabbi Yehuda “Hayyat”).
La letra ט,  no tiene equivalencia en español. Realmente no sé por qué…. 
La letra י es la “I” latina.
La letra hebrea כ es la “K”.
Las letras ל, מ, נ, son L, M, N. 
La ס no tiene una equivalencia clara. Es posible, pero no estoy seguro, que las letras repetidas (hay dos “T”  y dos o tres “S” en hebreo) se expresen en le abecedario español una sola vez…
La letra ע, se hizo una vocal: “o”. Lo mismo pasó con la א que se hizo A y con la ה que se hizo E.
La letra פ es la “P” .
La צ no tiene equivalencia…. (lo mas cerca es una “S”, y de ser así,  se transferirá al español una sola vez).
Y finalmente llegamos a la letra que Usted me preguntó: la ק, que evidentemente equivale a la Q, no a la K. Esa es la razón por la cual prefiero escribir “MiQdash” a escribir “MiKdash”, etc.
Para terminar, las 3 próximas letras, creo que no requieren mucha explicación: ר, ש, ת equivalen evidentemente a R, S, T. 

 




PRINCIPIO 1: ¿Por qué los judíos creemos en Dios?

אתם עדי, נאום ה’
En su Pirush haMishanyot, Maimónides (1135-1204) formuló los 13 principios de la fe judía.
“El primer principio consiste en creer en la existencia de Dios”.En su libro Mishné Tora Maimónides describe la creencia en Dios, en primer lugar,  como “conocer a Dios” (ידיעת ה’).
¿Qué es el conocimiento de Dios? 
Nosotros, el pueblo judío, experimentamos colectivamente la revelación de Dios en el Monte Sinaí, cuando nos fue entregada la Torá y celebramos el pacto (berit) con HaShem. En un sentido absolutamente técnico, nuestro conocimiento de Dios, el saber de Su existencia, se basa en este evento histórico. En este nivel muy básico, nuestra fe en Dios está íntimamente relacionada, y es dependiente, de la fe que tenemos en nuestros antepasados. Es decir: Yo creó en mis padres, que creyeron en sus padres, que creyeron en sus padres, etc. que creyeron en sus padres que experimentaron “personalmente” la revelación de Dios en el monte Sinai.  Esa generación, los que salieron de Egipto, “escucharon” la palabra  de Dios al revelar los 10 mandamientos (ver Shemot-Exodo- cap 19, 20 y 24). 
Algunas reflexiones sobre este punto: Como dice rabbi Yehudá haLevi en su libro “El Cuzarí”, ninguna otra nación vivió la experiencia colectiva de la revelación Divina. Otras religiones, según sus propias palabras, se basan en “revelaciones individuales”.  El Islam se basa en el testimonio de un solo individuo, Mahoma, quien privadamente recibió el Corán del angel Gabriel. La única persona que presenció la resurrección de Yeshu fue Maria Magdalena. La historiografía cristiana subsiguiente se basa en su exclusivo testimonio. Lo mismo pasó con Joseph Smith (1805-1844), el fundador de la religión Mormona, quien tuvo visiones religiosas privadas. El pueblo de Israel, sin ambargo, presenció la revelación de Dios como pueblo. 600.000 hombres de entre 20 y 60 años de edad, más mujeres, ancianos y niños. Un total de no menos de 3 millones de personas. El Cuzarí explica que ningún pueblo podría “inventar” el haber tenido una experiencia colectiva–y de hecho ninguno lo hizo, a pesar de que este argumento daría más credibilidad a sus creencia–porque seria una invención insostenible: bastaría con que un solo individuo de esa generación la ponga abietamente en duda, para que pierda su valor como testimonio histórico. El pueblo judío es el único que declara haber vivido esa “revelación nacional”, que, dicho sea de paso es una afirmación aceptada por todas las demás religiones Bíblicas: Cristianismo, Islam, etc. 
Este evento histórico, al cual llamamos MAAMAD HAR SINAI,  es sólo la base de nuestra fe. Es el primer elemento de “fe” que, según Maimonides, debemos transmitir a nuestros hijos. Es el fundamento sobre el cual se sustentan todos los demás aspectos espirituales y filosóficos de nustra fe.  Así definió el profeta Yeshayahu al pueblo judío (43:10): atem ‘edai, “Ustedes son Mis testigos”; ustedes, el pueblo judío, son el único testigo que presenció Mi existencia.  
El conocimiento de Dios comienza por este fundamento histórico, pero evidentemente no termina allí. La búsqueda de Dios consiste en un largo camino. Y recorrer este camino es la misión existencial del individuo judío. No es un camino fácil, especialmente para quien no se crió en él. Y más en nuestros días, cuando la creencia en la existencia de Dios es cuestionada desde el campo de la biología (evolución), la sicología, la cosmología, la teodicea, la crítica bíblica etc, etc.
En las próximas semanas, BH, abordaremos estos temas en mayor profundidad



TEHILIM # 15: ¿Cómo se mide la integridad?

נשבע להרע ולא ימיר
Este salmo del rey David es my corto, contiene sólo 5 pesuquim (versículos bíblicos) pero es muy rico en significado.
El texto comienza con una pregunta: 
PASUQ 1: “¿Quién merece vivir en Tu tienda? ¿Quién merece morar en Tu Santuario?”
Estas palabras “vivir en Su tienda”, “morar en Su Santuario” se refieren a alcanzar un estado espiritual muy elevado: “vivir en la cercanía de HaShem” quiere decir, sentir muy cerca y de manera continua Su Presencia. Esto depende, en primer lugar, del hombre y su deseo de acercarse a Él, y de HaShem, que considere a este individuo merecedor de una atención especial [hashgajá peratit]. La pregunta, entonces, es: ¿Cuáles son las virtudes que un hombre (o una mujer) debe cultivar para merecer vivir cerca de Dios? Y, como explica Maimónides, merecer que HaShem lo tenga en cuenta permanentemente.
PASUQ 2: “El que se conduce con integridad y obra con justicia, y habla la verdad en su corazón”.  
Este pasuq enumera de una forma totalmente directa las virtudes que debe poseer “un hombre de bien”, aquel que merece vivir en Su Presencia. Todas las cualidades aquí mencionadas tienen que ver con la integrad y la honestidad. No quiere decir que los demás aspectos de la Torá–el culto y los actos religiosos rituales–sean menos importantes. Sólo que este Salmo se concentra específicamente en la moralidad.  En este pasuq se habla de 3 principio que guían el proceder de este “hombre de bien”: la integridad, la justicia y la verdad. En el próximo versículo, como veremos a continuación,  se mencionan 3 malas acciones que el “hombre de bien” evita hacer.
PASUQ 3: “No calumnia con su lengua, no hace el mal a sus semejantes, ni ofende a su prójimo.   
Nuevamente vemos que en este Salmo, el énfasis está puesto en lo moral (ben adam lajaberá) más que en lo ritual (ben adam lamaqom). La primera ofensa que se menciona es leshon hara’: hablar mal de otro individuo, a espaldas de esa persona, con palabras que, aunque sean verdad, puedan causar un daño a esa persona. Luego el pasuq se refiere a evitar causar daños materiales, como robar o agredir a alguien fisicamente. Y finalmente, menciona no ofender a los demás. Aquí ya se trata de evitar causar daños emocionales. Daños que se hacen más que nada con palabras: insultar, agredir, abusar verbalmente de alguien, etc.   
PASUQ 4: “Desprecia a los hombres que hacen el mal, y honra a los temerosos de Dios. Si juró, [cumplirá con su promesa] y no la cambiará, aunque [por mantenerla] se perjudique” 
Este pasuq se refiere a la conducta de este hombre de bien consigo mismo.  En su interior, el “hombre de bien” no envidia a los malvados, aunque estos triunfen y tengan éxito. El modelo del hombre de bien son las personas temerosas de Dios. Es decir, aquellos individuos que se conducen en sus vidaspermanentemente conscientes de que HaShem los está observando. Finalmente, el hombre de bien es sobre todo íntegro. Y ¿cómo se mide la integridad? Cuando uno ya se comprometió a una transacción, y aunque nada firmó ya dio su palabra. Y luego se da cuenta, o sucede que llevar a cabo esa transacción lo perjudicará económicamente y perderá mucho dinero. En estas circunstancias, el hombre de bien no se echará para atrás. No cambiará sus palabras, no las reinterpretará a su conveniencia  ni negará haberse comprometido. El hombre que merece vivir cerca de Dios preferirá perjudicarse económicamente antes que faltar a su palabra. Este es el epítome judío de la integridad.  
PASUQ 5: “Su dinero no prestará con intereses, ni aceptará sobornos para inculpar al inocente. El hombre que así proceda, nunca caerá”,  
y merecerá vivir en la cercanía de Dios, en este mundo y en próximo. 
 
א  מִזְמוֹר, לְדָוִד:    ה’, מִי יָגוּר בְּאָהֳלֶךָ; מִי יִשְׁכֹּן, בְּהַר קָדְשֶׁךָ.
ב  הוֹלֵךְ תָּמִים, וּפֹעֵל צֶדֶק;    וְדֹבֵר אֱמֶת, בִּלְבָבוֹ.
ג  לֹא-רָגַל, עַל-לְשֹׁנוֹ לֹא-עָשָׂה לְרֵעֵהוּ רָעָה;  וְחֶרְפָּה, לֹא נָשָׂא עַל-קְרֹבוֹ.
ד נִבְזֶה, בְּעֵינָיו נִמְאָס וְאֶת-יִרְאֵי ה’ יְכַבֵּד; נִשְׁבַּע לְהָרַע,    וְלֹא יָמִר.
ה כסְפּוֹ, לֹא-נָתַן בְּנֶשֶׁךְ וְשֹׁחַד עַל-נָקִי, לֹא לָקָח: עֹשֵׂה-אֵלֶּה לֹא יִמּוֹט לְעוֹלָם.

 




El SHOFAR y Pepito Grillo

Recuerdo que la primera vez que escuche la palabra “conciencia” fue cuando era chico y descubrí a uno de mis personajes favoritos: “Pepito grillo”, la conciencia de Pinocho. Pepito trataba de evitar que Pinocho se metiera en aprietos, y especialmente lo protegía de que cayera en malas influencias. Mientras Pinocho escuchara a Pepito, todo estaba bien. Los problemas empezaron para el niño de madera cuando eligió ignorar los desesperados llamados de advertencia de su grillo….
La conciencia es una parte integral de nuestra neshamá (alma humana). Su misión es advertirnos cuando estamos por hacer algo mal.  Es el mecanismo mental y espiritual que HaShem nos concedió para protegernos de nosotros mismos.
Nuestra conciencia (=yetser hatob) es la voz interior, que cuando, por ejemplo, estamos a punto de decir algo negativo sobre alguien (lashón hará) nos grita desde adentro: “No lo hagas, es muy malo hablar así de otra persona, ¿Te gustaría que dijesen eso de ti?”
Pero, ¿Qué pasa cuando ignoramos el primer llamado de nuestra conciencia? ¿Cuántas veces nuestra conciencia nos advertirá sobre lo malo que estamos por hacer?
La conciencia grita, y muy fuerte, la primera vez que estamos por hacer algo mal. Los Tsadiqim (=las personas completamente rectas) escuchan y obedecen al primer llamado de su conciencia. Por lo tanto, tienen una conciencia alerta, permanentemente “activa” que les habla con una voz firme y muy alta.
Pero ¿qué pasa si, como Pinocho, decidimos ignorar las advertencias de nuestra conciencia?
Cuando ignoramos el primer llamado de atención de nuestra conciencia, esa voz interior se hace cada vez más baja y se debilita… La conciencia se vuelve virtualmente muda. Y si persistimos en nuestro mal accionar, la conciencia queda como anestesiada, o en las palabras de Maimónides, “se queda dormida”.
De acuerdo a Maimónides el Shofar es el despertador de conciencias. De las conciencias que, por no haber sido escuchadas la primera vez, se han quedado dormidas. El Shofar nos ayuda a recuperar la voz original de nuestras conciencias dormidas.
En este sentido, cuando escuchemos el Shofar en Rosh haShaná, comenzaremos el proceso más profundo de la Teshubá.  Nos despertaremos de nuestro letargo moral y reexaminaremos nuestro proceder a la luz de una conciencia renovada, despierta y alerta, que nos llamará la atención como si fuera la primera vez.
El Shofar es el despertador Divino que nos llama a reflexionar, reevaluar nuestra conducta y preguntarnos: ¿Es posible que estemos haciendo las cosas mal, y ya ni siquiera nos damos cuenta? Hablamos críticamente de los demás, no nos conducimos con honestidad, tratamos mal a la gente, no apreciamos lo mucho que HaShem nos da, perdemos nuestro tiempo en vanidades materiales, etc, etc, etc…. y nos hemos acostumbrado tanto a esa rutina, que nuestra conciencia ya no nos reclama ….
En las palabras de Maimónides (MT, Teshuba 3: 4) el Shofar de Rosh Hashaná transmite un poderoso mensaje:
“¡Despertad de vuestro letargo, todos aquellos soñolientos! Los que están durmiendo, que se levanten a examinar sus acciones. Que se arrepientan de lo que han hecho mal y recuerden a su Creador … Examinen sus almas. Mejoren su conducta. Abandonen sus malos caminos y sus malos pensamientos”

 




TESHUBA: ¿En qué piensa la gente antes de morir?

Hiljot Teshubá 1: 1:
“Por todos los mandamientos de la Tora, ya sea cuando una persona transgrede una prohibición o cuando un individuo no ha cumplido un mandamiento positivo …uno debe arrepentiste, etc. “.
Normalmente, pensamos en Teshubá / arrepentimiento como el proceso que comienza a partir de nuestra sensación de culpa por los errores, faltas y malas acciones que hemos cometido. Pero de acuerdo a esta Halajá,  también (o sobre todo) debemos arrepentirnos por lo bueno que deberíamos haber hecho y no hicimos.  Somos responsables no sólo de nuestros malos actos sino también de nuestra inacción y pasividad. Deberemos dar cuenta por no haber hecho todas las cosas buenas que tenemos el potencial de  hacer.
Al igual que todos los rabinos, he visitado a varios pacientes que sabían que pronto iban a morir. Cuando los pacientes estaban conscientes y se sentían en confianza para compartir con un Rabino sus pensamientos más íntimo, siempre ha surgido un tema en común a todas las personas en sus horas finales: al final de la vida, la gente no se lamenta tanto por los errores cometidos (estamos hablando de personas normales, no de criminales, o algo así…). En esos últimos momentos, que son tan sagrados, cuando las memorias de toda la vida pasan por la mente, he observado que la gente principalmente se lamenta por las cosas buenas que deberían haber hecho y no hicieron. Por las oportunidades que han perdido para hacer un cambio positivo en los demás. En esos momentos, que es cuando uno tiene más conciencia que nunca sobre la irrecuperabilidad del tiempo, la gente se arrepiente de haber perdido demasiado  tiempo en “tener más” en lugar de haberse dedicado a “dar más, ayudar más, compartir más”, y haberse esforzado por hacer lo que es correcto y bueno a los ojos de HaShem. En esos momentos, se hace un balance de nuestras vidas y en los activos no contamos lo que tenemos sino lo que hicimos. Las personas se arrepienten de haber desperdiciado su potencial. Y cuanto más importante haya sido la posición o el poder de esa persona, más grande es el sentimiento de frustración por haber perdido tantas oportunidades para impactar la vida de los demás y su propia vida en relación a D-s.
Siguiendo esta simple idea, nuestra Teshubá anual demanda, en primer lugar, darnos cuenta de todos nuestros talentos y del gran potencial que tenemos para dar, ayudar, inspirar a los demás y hacer lo que es bueno a los ojos de HaShem.



TESHUBA 3:5: Soy, lo que haga con mi vida en los próximos 5 minutos

En el tercer capítulo de su Hiljot Teshubá, Maimónides explica que en términos de comportamiento religioso hay tres categorías de personas: rasha ‘, tsadiq y benoni.

El rasha’(la persona mala) es aquel individuo cuyo balance de buenas y malas acciones es negativo. El tsadiq (la persona justa) es aquel que ha hecho más bien que mal. Y el benoni (la persona promedio, algo así como el hombre mediocre de Ingenieros) es definido por Maimónides como la persona cuyos buenas y malas acciones se hayan en un estado de equilibrio (3:1).

En una Halajá posterior (3: 4) Maimónides explica que este cálculo de buenas y malas acciones es inaccesible para nosotros. Ya que esta evaluación no depende de la “cantidad” de preceptos que hayamos observado o transgresiones que hayamos realizado, como si fueran “puntos” rojos y azules en un cuadro de puntaje. En realidad, este cálculo sólo lo conoce Dios. ¿Por qué? Porque Él es el único que sabe, por ejemplo, cuál es nuestro verdadero potencial. Si mi potencial para hacer Mitsvot es 10, porque tengo los medios, el tiempo, el conocimiento, etc., para llegar a 10, pero alcance sólo 7, tengo menos mérito que la persona cuyo potencial es 5, porque quizás no tuvo los medios or posibilidades de llegar más alto que 5, y ha llegado a 5. 5 puede ser más que 7! (5/5 >7/10).

Otro ejemplo: solamente HaShem conoce las fuerzas psicológicas negativas que podrían estar influyendo en una persona para empujarlo a hacer lo que no debería hacer. Cuando más intensas estas fuerzas son, más mérito tiene el individuo que las supera y se control. Para algunas personas  puede ser muy difícil evitar su deseo de robar, ya que podría tener una inclinación natural al robo, o haber sido educado a que siempre puede tener lo que desee.… Para otro individuo, no robar o no mentir podría no ser un gran desafío, ay que su naturaleza así lo dicta.

En fin, el saldo positivo o negativo de nuestros méritos es inaccesible, aún para nosotros mismos, dice Maimónides, sólo lo conoce HaShem.

Este pensamiento conduce a Maimónides a la siguiente pregunta: Ya que no puedo saber si a los ojos de HaShem soy una buena o una mala persona ¿Cómo tengo que verme a mí mismo?

Si veo a mí mismo como un hombre justo, podría confiar demasiado en mis méritos y permanecer en un estado de inercia y estancamiento. Nada tengo que hacer para mejorar. Es más, creo que tengo crédito para cometer algunos pecados … En el otro extremo, si me veo a mí mismo como un tipo malo, podría pensar que ya estoy más allá de la redención (a esto lo llamaron los rabinos, yeush, un estado de abandono sicológico) y pienso que ya no tengo nada más que hacer por salvarme .

Maimonides se desvía de la explicación convencional que distingue con claridad justos de pecadores y como un genial educador que era, utiliza un principio que hoy lo definiríamos como “psicología conductista”.

Maimónides concluye (3: 8) que una persona siempre debe percibirse a sí misma en un perfecto estado de equilibrio, 50/50. Como si mis buenas y mis malas acciones se encuentran en un delicado balance entre méritos y pecados. Y por lo tanto, la próxima acción que realice, inclinará la balanza al lado positivo o al negativo.

Mi próxima decisión moral, hacer una Mitsva o dejar de hacerla, cometer una transgresión o no cometerla, es extremadamente importante porque inclinara la balanza para un lado o para el otro y determinará si soy una buena o una mala persona.

El secreto, según Maimónides es pensar así SIEMPRE.  Verme permanentemente en un estado de delicado balance. “Yo soy lo que haga con mi vida en los próximos 5 minutos.”




El libre albedrío y la Teoría de la Evolución

האדם רשותו בידו וכל מעשיו מסורין לו
Hiljot Teshubá, 5:4
Ayer explicamos que el libre albedrío distingue al ser humano de todos los demás seres vivos. Gracias a la libertad para tomar decisiones moralesת el hombre se encuentra por encima de la naturaleza, en la cual reina y gobierna el determinismo. El hombre no es parte de la naturaleza.    Es el único ser “sobrenatural”. 
El libre albedrío, desde un ángulo un poco más filosófico,  es evidencia del Diseño Divino en la creación.  En otras palabras, un ser con libertad de elección, no puede ser el producto de un proceso evolutivo. 
En primer lugar porque para la teoría de la evolución somos considerados parte integral de la naturaleza, en la cual todo se rige por instintos. Somos “Monos, con un poco más de inteligencia”. No somos una especie singular, que trasciende la naturaleza, diseñados para alcanzar lo Divino.
En segundo lugar, el libre albedrío va en sentido contrario al principio fundamental de la teoría de la evolución: la supervivencia del más fuerte.  Ya que la libertad de elección moral supone que un ser humano puede elegir, por ejemplo, sacrificar sus necesidades biológicas o incluso su propia vida “por un ideal”. Ese es un concepto totalmente opuesto al principio de “supervivencia”.
No es de extrañar entonces, que el judaísmo considere al libre albedrío como aquello que nos asemeja a D-s. El Midrash Tanjumá explica que “la imagen y semejanza Divina” que poseemos los seres humanos, consiste justamente en nuestra libertad de elección.
Tampoco es de extrañar que aquellos hombres de ciencia que se identifican con el ateísmo, se opongan a la idea del libre albedrío. Y traten de demostrar que éste no existe. Un científico estadounidense, Benjamin Libet, condujo un experimento en 1979 para demostrar que lo que determina nuestras acciones y decisiones son procesos cerebrales electro-químicos inconscientes. El fenómeno de la conciencia, o la toma de una decisión independiente de los dictados del cerebro, es solo una ilusión.  Y cuanto menos libertad de elección existe, más animales somos, lo cual se ajusta a lo predicado por la teoría de la evolución.
Probablemente muchos de los lectores nunca hayan escuchado esta argumentación de una forma tan directa. Pero si se detiene a observar ciertos debates ideológicos propios de nuestra sociedad moderna, el lector se dará cuenta que el tema del “libre albedrío” está, de una manera directa o indirecta,  muy presente en casi todas las discusiones acerca de la moralidad. Aquellos que no creen en D-s justificarán ciertas conductas morales (o inmorales) atribuyéndolas a condiciones innatas, incontrolables. Mientras que aquellos que creen en D-s hablarán de la capacidad humana de cambiar, controlar, modificar nuestras tendencias. 
La pregunta básica en este tema es si existe algo más, aparte del cerebro, en la toma de decisiones. Si quien toma las decisiones es el cerebro, entonces somos animales inteligentes, como dicen los evolucionistas. Pero si hay algo mas allá del cerebro, llamémoslo “conciencia”, entonces somos algo distinto a la naturaleza. 
Desde el punto de vista judío, el cerebro no es el “YO”. El cerebro es un vehículo o quizás el instrumento más valioso del verdadero “YO”, que es nuestra conciencia o en hebreo, “neshamá”. La interacción entre nuestra conciencia/neshamá y nuestro cerebro es un tema que supera lo que podamos decir en estas pocas lineas. Diremos brevemente que nuestro cerebro envía señales, por ejemplo,  que tenemos hambre, pero nuestra “conciencia”  puede decidir “no comer”, porque hoy es Yom Kippur.  Nuestro cerebro puede ser estimulado por urgencias hormonales, pero nuestra conciencia tiene el poder de controlar nuestra respuesta a esas urgencias.  El verdadero YO no es el que manda las señales electro-químicas o procesa los estímulos. Nuestro YO es el que a pesar de las señales o los estímulos, puede decir “NO”. 

MAS SOBRE 

Evolución y Libre albedrío

En su libro “El origen del hombre” publicado en 1871 Darwin dice que “No se puede mantener la idea de que los instintos sociales [los princios morales] puedan ser más fuertes en el hombre… que los instintos de la supervivencia, el hambre, el deseo sexual, la venganza…” 
En las palabras del Dr. William Provine , profesor de Biología Evolutiva en Cornell University: “La evolución tiene consecuencias claras que Charles Darwin entendió perfectamente … [incluyendo la idea de que] el libre albedrío humano es inexistente”
En este breve video clip se puede observar como el Dr Provine define las implicancias de la teoría moderna de la biología evolutiva (evolución)
Si no existe D-s,
No existe una vida, luego de esta vida, 
No hay ninguna justificación objetiva para la ética o la moralidad,
Nuestras vidas no tiene un sentido trascendental, 
No existe el libre albedrío (free will).



HILJOT TESHUBA 5:3: El libre albedrío y el progreso humano

Ayer explicamos que la idea de libre albedrío es, según Maimónides, el fundamento esencial de la Torá y sus Mitsvot.  También dijimos que lo que nos hace diferente de los animales no es sólo nuestra inteligencia, sino por sobre todo nuestro poder de tomar decisiones morales. En el mundo animal no hay “elecciones morales”. Sólo existen los instintos de supervivencia. Ver aquí
El hombre por lo tanto es un ser privilegiado, y gracias a su libre albedrío, es una criatura “sobre-natural”. Esta capacidad de elección es la que, según Maimónides, nos puede acercar más a HaShem (=D-s).
¿Cómo?
Profundicemos esta idea.
Maimonides (MT, Teshubá 5:4) explica que HaShem nos diseñó deliberadamente con libre albedrío: “Así como el Creador dispuso las leyes naturales, que el aire suba, el agua baje y que las criaturas sean dirigidas por sus instintos naturales, así dispuso [el Creador] que el hombre tenga libertad de elección y todas sus acciones [morales] dependan de su elección…”. 
En el mundo natural el progreso no consiste en “elegir”. Los animales progresan hacia su potencial y alcanzan el máximo de su plenitud de una manera involuntaria, natural, se podría decir “automática” .  La única excepción es el hombre. El ser humano tiene un enorme potencial intelectual y espiritual, cuyo desarrollo depende exclusivamente de sus elecciones morales. Si el hombre elige progresar, por ejemplo, intelectualmente, lo puede hacer instruyéndose, estudiando, aprendiendo. Pero si así lo quiere, también puede relegar su progreso y permanecer tan ignorante como cuando llegó a este mundo. Su realización, su progreso, no es un proceso “natural”, involuntario, automático que ocurre por sí mismo. Depende exclusivamente de lo que el individuo elige hacer o no hacer.   Irónicamente, el hombre es el único ser viviente que puede elegir ser menos de lo que puede ser. Esta es la esencia del libre albedrío.
Estamos en un nivel intermedio, como decían los filósofos, entre los “ángeles y las bestias”. Gracias a nuestro libre albedrío podemos elevarnos hacia  HaShem, o descender hacia un estado animal.  Cuanto más ejercemos nuestro libre albedrío, es decir: cuando estudiamos y progresamos intelectual y espiritualmente, o cuando nos entrenamos a controlar nuestros impulsos, más nos acercamos, nos asemejamos, a D-s, que como explicamos es el epitome del libre albedrío.
Y por el contrario, cuanto más relegamos nuestro progreso intelectual y espiritual, no haciendo nada para aprender, y no haciendo nada para dominar o aprender a controlar nuestros impulsos, más nos alejamos de D-s y más nos acercamos, más nos parecemos, a los animales.
En este sentido la Teshubá consiste en tomar conciencia de que poseemos una potencialidad de superación inmensa, pero que ésta depende exclusivamente de que elijamos acercarnos a HaShem, aprendiendo y creciendo espiritualmente.  Las Mitsvot nos entrenan a controlar nuestro impulsos básicos. Por ejemplo:  Kashrut, nos entrena a controlar nuestro impulso por comer. Taharat haMishapjá, nuestro instinto sexual. Shabbat, el día que dejamos de producir dinero, nos enseña a controlar nuestras ambiciones materiales.  Y así,  cada una de las Mitsvot de la Torá.
(Continuará….).