Bad Therapy: Más responsabilidad, no más terapia

La periodista y escritora judía estadounidense Abigail Shrier, en su libro Bad Therapy (2024), no niega que la terapia pueda ayudar e incluso salvar vidas; lo que advierte es que en ciertos círculos se ha vuelto rutinaria aun cuando no hace falta. Su crítica apunta a una cultura que, en nombre de la catarsis, hace que el chico se ponga a rumiar una y otra vez en su malestar —y la rumiación, lejos de aliviarlo, lo encierra en un ciclo de ansiedad que solo lo hunde más. Preguntarle sin parar “¿cómo te sentís?”, validar cada miedo, monitorear cada emoción: todo eso, dice Shrier, fabrica el problema que pretende curar.

Para esa ansiedad que nace de la abundancia y del no tener otra cosa en qué ocuparse, su receta no es el diván sino la vida real. Y es muy concreta. Darle al chico quehaceres en la casa, tareas que de verdad importen y que tenga que cumplir. Animarlo a conseguir un trabajo —de medio tiempo, de verano—, ganarse algo con su esfuerzo. Dejarlo moverse y resolver solo: hacer un mandado, ir a un lugar sin que un adulto lo vigile, jugar con otros chicos sin supervisión, negociar sus propios conflictos. Poner reglas claras en el hogar y sostenerlas, en lugar de discutir cada punto como si fueran dos adultos. Y, del otro lado, soltar: dejar de acolchar cada caída y de tratar cada tropiezo normal del crecer como una herida que necesita tratamiento.

Lo que forja un carácter sólido no es hurgar en los problemas pequeños hasta agrandarlos, sino la competencia: sentir que uno puede valerse por sí mismo, que sirve, que vale. El chico que carga una responsabilidad real está demasiado ocupado siendo capaz como para vivir pendiente de su propio malestar.




BEHAALOTEJA: Cuidar las palabras

Al final de la parashá de esta semana, Miriam habla acerca de su hermano Moshé. Obviamente Miriam lo quería: lo había cuidado desde que era un bebé en el río.

¿Qué fue lo que dijo? Miriam vio que Moshé ya no llevaba una vida familiar normal con su esposa, Tzipora. Pensó que eso no era necesario: ella y Aharón también eran profetas, y seguían viviendo con sus familias, ¿por qué Moshé no? Lo que Miriam no entendía es que Moshé no era como cualquier otro profeta. HaShem hablaba con Moshé todo el tiempo, de día y de noche, así que Moshé siempre tenía que estar listo. No podía vivir exactamente como los demás seres humanos.

Miriam tenía buenas intenciones, pero aun así fue responsabilizada por haber hablado negativamente de Moshé. Había hablado de la vida privada de su hermano y juzgado una decisión que no comprendía del todo. Fue afectada por tzaraat, una afección de la piel, y tuvo que permanecer fuera del campamento durante siete días. Y Moshé —el mismo hermano del que ella había hablado— rezó por su curación.

Si Miriam, que amaba a Moshé y tenía buenas intenciones, fue responsabilizada por sus palabras, cuánto más cuidadosos debemos ser cuando hablamos acerca de los demás. El lashón haRá no es solo decir cosas falsas. Incluso si uno dice palabras verdaderas, incluso sobre alguien a quien amamos, un familiar, pueden causar daño.

La Torá nos instruye a recordar lo ocurrido con Miriam y aprender a cuidar nuestras palabras.   Antes de hablar de otra persona, vale la pena preguntarse tres cosas: ¿Estoy seguro de que es verdad? ¿Es necesario que lo diga? ¿Tiene algún fin positivo? Si la respuesta a cualquiera de estas tres es “no”, es mejor callar.




Rab Yahacob Yehuda León (1602-1675) y su traducción de Tehilim al Español

El Rab Ya’aqob Yehuda León nació en 1602, en Portugal. Su abuelo y su bisabuelo vinieron de la ciudad de León, en España, donde practicaron el judaísmo en secreto. Su padre, Simão de Leão, nació en Portugal y fue comerciante en Tavarede y Buarcos, cerca de Coimbra. En 1605 toda su familia huyó de Portugal y, una vez que llegó a Holanda, abrazó abiertamente el judaísmo. Allí el Rab Ya’aqob estudió con un gran maestro de Torá, el Rab Isaac Uziel z”l (m. 1622), que además de ser un eximio talmudista —y médico— era un gran experto en diqduq, la gramática hebrea.  Ver mas datos del Rab León aqui:   

MISHNÁ

Una de las obras más importantes de este Jajam fue la vocalización de la Mishná. Hasta ese entonces la Mishná se escribía o imprimía sin vocales, y muchas veces eso daba lugar a confusiones, porque una misma palabra puede leerse de más de una manera. Por ejemplo —y aunque en este caso la cuestión no pasa estrictamente por las vocales—, la Mishná abre con la frase «Me’ematai korín et haShemá be’arbit», y en algunas versiones dice «ba’arabin» (¿desde cuándo se recita el Shemá durante la tefila de Arbit, o al anochecer?). Aquí la lectura no genera mayor confusión, pero el ejemplo, al mero principio de la Mishná, sirve para ilustrar la enorme necesidad de un texto vocalizado.

Este era un proyecto monumental, ya que la Mishná nunca antes había sido vocalizada: la vocalización se recibía por tradición. El Rab León, también conocido como León Hebreo o Yehudá Templo (ver aquí), seguía la tradición que había aprendido del Rab Isaac Uziel, portavoz de la milenaria tradición sefaradí que se remonta a los tiempos de los Gueonim.

Arriba podemos ver una imagen de esa Mishná. Si se hace zoom, podrá leer algunas anotaciones al margen, en español, que explican algunas palabras difíciles.

 

TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL

También parece que el Rab León tradujo la Mishná al español, junto con el Rab Menashé ben Israel, pero creo que esa edición se perdió. Algo más que se perdió fueron las ilustraciones que hizo el Rab León sobre la Mishná. Me explico: aparte de ser un gran talmudista y experto en gramática, el Rab León era un artista. Su especialidad —y su profesión— era la heráldica, es decir, el diseño y la confección de “escudos de armas”, algo muy de moda en esos días entre las familias nobles. El Rab León había hecho ilustraciones de la Mishná que, obviamente, permiten una mejor comprensión de los temas analizados. Es algo que hoy se hace y se usa mucho, en todos los países: el Rab León fue un adelantado para su época, especialmente en el campo de la educación y la difusión del judaísmo, haciéndolo accesible para quienes no son grandes estudiosos.

TEHILIM EN ESPAÑOL

Quizás la contribución más significativa que hizo el Rab León para el mundo judío, y particularmente para el hispanoparlante, fue su traducción del libro de Tehilim, que en nuestro tiempo —privilegiado— se puede encontrar en “Google Books”. Fue en ese servidor donde encontré (o me encontró) el libro de Tehilim del Rab León. Hasta donde yo sé, es la primera traducción de Tehilim al español (hubo otras anteriores en ladino). El Rab León llamó a su traducción KODESH HILULIM (Alabanzas de Santidad). Pero lo más interesante es que su traducción no es solo una traducción.

Hace muchos años, cuando fui rabino en México, en 1991-1992, me dediqué a traducir el libro de Tehilim al español. Me costó muchísimo, pero también aprendí muchísimo. Y una de las cosas que aprendí es que la traducción literal, por buena que sea, suele ser incompleta: no logra capturar el total del hebreo, sus matices, la poesía dentro de las palabras, los dobles sentidos. Como dice Jorge Luis Borges, “toda traducción es una traición”, una traición al texto original, ya que es imposible traducir fielmente de una lengua a otra, especialmente de una lengua semítica a una lengua romance. Siempre pensé que lo mejor sería reescribir el salmo parafraseándolo (lo estoy haciendo ahora con el libro de Ester, y algún día, BE”H, lo publicaré). Parafrasear significa introducir el contexto de las palabras y facilitar una lectura que se entienda; es decir, incorporar el contexto y expandir el texto sin modificar su contenido literal.

En ese momento no tenía idea de que el Rab León Hebreo había hecho exactamente esto, y un poco más. En su extraordinaria obra, cada Mizmor de Tehilim viene con una introducción: no del tipo que suele acompañar a los Tehilim hoy en día (“segulot” y otras medicinas que no tienen nada que ver con el contenido del mizmor), sino una introducción sobre el contexto histórico: cuándo fue dicho, por qué lo escribió David, etc.

Luego aparece la traducción literal, muy precisa, como debe ser. Pero no se detiene ahí: también parafrasea los Tehilim, adelantándose de manera increíble a los métodos modernos. A esta sección la llama “paraphrasis”. Y algo más: escribe un comentario sobre las palabras difíciles, que llama “anotaciones”. Al mejor estilo sefaradí, el Rab León no introduce midrashim en sus traducciones —que son un tema aparte—, sino que remite exclusivamente al peshat, el sentido literal del texto, que es lo más difícil de hacer y para lo que hace falta un sólido conocimiento del hebreo bíblico.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Para comodidad del lector, voy a copiar aquí dos páginas de su libro con el primer Mizmor de Tehilim. Es muy difícil de leer, pero con un poco de ayuda de la inteligencia artificial el texto se pudo hacer mucho más claro y nítido. Luego, gracias a Grok, se pudo hacer una especie de Tejiyat hametim, una resurrección del texto: leer y extraer el texto en español —que originalmente está escrito con “fonts” que nos cuesta descifrar— y verterlo a las fuentes modernas. También, con la ayuda de la IA, se puede adaptar el texto al español moderno. Para no extenderme demasiado, les regalo la introducción: en primer lugar la pueden ver allí, en la cabeza de la página agregada; luego, trasladada al español antiguo y al moderno. En esta introducción el Rab León tiene un gran jiddush: porque el rey David comenzó su Tehilim con este Mizmor, que compara la felicidad de los justos con la infelicidad de los que se juntan con los malvados. Hasta donde yo sé, es una explicación inédita, de su propia inteligencia.

El libro original, por alguna razón, ya no se puede ver en Google Books, pero tuve la oportunidad de bajarlo y añadirlo a mi Dropbox. Lo pueden obtener aquí: https://www.dropbox.com/scl/fi/4od9it4diob9gecoslo49/TEHILIM-en-Castellano-Rab-Le-n.pdf?rlkey=watdvvl39ljkhjncv64lw14sz&st=dfghrbdc&dl=0

Para los adictos a Tehilim como yo, los invito a que hagan un screenshot del texto, lo suban a su IA favorita y lo hagan más nítido, extraigan el texto y lo estudien: ¡que lo disfruten!

SALMO 1 — INTRODUCCIÓN AL PRIMER MIZMOR DE TEHILIM

Español antiguo:

Autor ninguno se halla que declare el tiempo en que David compuso este Salmo, ni la causa de haberlo introducido por primero. Mas a mi ver, conociendo David que la razón de haber Dios apartado de Su gracia a Saúl y haberlo desposeído del reino había sido la transgresión de Su mandado en la guerra de Amalec, siguiendo las persuasiones y consejos de los malos de su pueblo, quiso David dar principio a su libro con una alabanza que sirviese de doctrina y advertimiento. Quiso mostrar la felicidad que alcanzan los fieles siervos de Dios que andan con integridad en el camino de la virtud, y asimismo las adversidades y castigos preparados para los impíos, conforme a los justos juicios de Dios, como sucedió con Saúl, que fue privado de su reino —él, sus hijos y sus descendientes— por haberse dejado persuadir por malos consejos.

Español moderno:

Ningún comentarista bíblico explica con certeza en qué momento compuso David este Salmo, ni por qué lo colocó al comienzo del libro. Pero, a mi entender, David sabía que la razón por la que Dios había retirado Su favor del rey Saúl, le había quitado el reino y se lo había dado a David, fue que Saúl desobedeció Su mandato en la guerra contra Amalec, dejándose llevar por las presiones, la influencia y los consejos de la gente mala de su pueblo. Por eso David quiso comenzar su libro con una alabanza que sirviera de enseñanza y de advertencia sobre este tema: no dejarse llevar por el consejo de los malvados. Quiso mostrar el enorme nivel de felicidad que alcanzan los que sirven fielmente a HaShem y viven con integridad por el camino de la virtud y la Torá. Y también las desgracias, los problemas y los castigos que esperan a los malvados, y a los que se dejan llevar por el consejo de los malvados. Como le ocurrió a Saúl, que perdió el reino —él, sus hijos y sus descendientes— por haberse dejado llevar por los  consejos de los malos.




El Rab Hayim Pereira Mendes (1852-1937): el rabino más influyente de EEUU a principios del siglo XX

Sefaradí, inglés, norteamericano

El Rab Mendes nació en Birmingham, Inglaterra, en una de las familias rabínicas más ilustres del judaísmo de ese país. Su padre, el Rab Abraham Pereira Mendes, fue rabino y educador; su abuelo materno fue el Rab David Aaron de Sola, del histórico Bet Kenesset de Bevis Marks en Londres; y su bisabuelo, el Jajam Refael Meldola, gran rabino sefaradí de la misma ciudad. Llevaba la tradición rabínica en la sangre, no como folklore, sino como herencia viva de Tora y liderazgo.

Estudió en el Northwick College —el colegio que dirigía su propio padre, donde se combinaban estudios sagrados y seculares— y luego en el University College de Londres. En 1874 asumió el púlpito de la nueva congregación sefaradí de Manchester. En 1877, con apenas veinticinco años, fue llamado a Nueva York para servir como rabino en la Congregación Shearith Israel, la sinagoga española y portuguesa más antigua de Norteamérica. Allí permaneció el resto de su vida: sesenta años de servicio ininterrumpido. En 1884 obtuvo además el título de médico (M.D.) por la Universidad de Nueva York.

El arquitecto de la Ortodoxia americana

A finales del siglo XIX el movimiento reformista crecía en EEUU y muchas congregaciones abandonaban la tradición. Mendes entendió que la Ortodoxia americana necesitaba organización, no solo discursos. En 1897 impulsó la creación de la Union of Orthodox Jewish Congregations of America —la OU que hoy conocemos por la certificación de kashrut y por mucho más— y fue su primer presidente.

Siendo él sefaradí, se ganó la confianza de toda la comunidad ortodoxa, incluidos los inmigrantes ashkenazim de habla ídish. Tendió puentes que nadie más sabía tender. Un colega suyo lo describió como un hombre completamente libre de cualquier estrechez o sectarismo dentro del pueblo judío. La OU que hoy es una institución gigantesca nació de su visión.

Su batalla por el Shabbat

Si hubiera que resumir su corazón en una frase, sería una que él repetía: “Imploro por la observancia del Shabbat.” No era retórica. Observar el Shabbat en la América de principios del siglo XX era casi imposible. Llegaban millones de inmigrantes y había pocos trabajos. Si un obrero judío no trabajaba el sábado, el lunes estaba despedido. El Rab Pereira Mendes luchó por la observancia del Shabbat en todos los frentes. Hizo campaña por leyes contra la discriminación, que protegieran a los trabajadores que guardaban Shabbat. Luchó para que los exámenes universitarios no cayeran en Shabbat ni en las festividades, y contra la introducción de prácticas religiosas cristianas en las escuelas públicas. Veía con dolor cómo cada vez eran más los judíos que abandonaban el Shabbat, y cómo esa ausencia en el hogar desintegraba, lenta pero inevitablemente, la identidad judía de familias enteras.  La gran asimilación de millones de judíos en la primera mitad del siglo XX en Norteamérica comenzó de esta manera.

El rabino que enseñaba Torá en inglés

Una de las claves de su importancia era esta: en Nueva York, la ciudad con casi dos millones de judíos en los años treinta, ningún rabino ortodoxo ashkenazi de su tiempo predicaba en inglés. Venían de Rusia, Polonia y Europa oriental, y se manejaban en ídish. No podían comunicarse con la nueva generación, los niños judíos que ya se criaban en escuelas norteamericanas. Mendes sí. Fue de los primeros en presentar un judaísmo observante y orgulloso, capaz de ser respetado por los no judíos y, sobre todo, entendido por esa juventud. Previó lo que se venía —una asimilación enorme e imparable— y entendió que una de sus causas era el abismo de idioma entre los rabinos y los jóvenes.

Educador, escritor y traductor

Mendes fue, ante todo, un educador. Fundó escuelas, escribió libros de texto y produjo materiales como The First Hebrew Reading Book para enseñar hebreo a los niños que estudiaban en escuelas públicas. Participó en el comité editorial original de la traducción de la Biblia al inglés de la Jewish Publication Society —heredando la vocación de traductor de su padre y su abuelo— y colaboró como editor en la Jewish Encyclopedia.

Su pluma fue incansable: sermones, poesía, obras de teatro escolares judías, cuentos para niños y libros de Tefila para el hogar. Fue un precursor y un pionero de la literatura judía en inglés. Hasta escribió una novela, Looking Ahead (1899), que anticipó la Primera Guerra Mundial quince años antes de que estallara y soñaba con un hogar judío en la Tierra de Israel.

Para el judaísmo sefaradí, la respuesta a la asimilación nunca fue sacrificar los principios religiosos, sino traducirlos. Y traducir no se limita al idioma: es tomar de la cultura del entorno todo lo que no contradice la observancia de la Torá —la ropa que uno viste (p.e., hoy traje y corbata),  el lenguaje que uno usa, la forma de integrarse con dignidad en la vida de la sociedad— mientras la Halajá permanece intocable, fuera de toda negociación. Así vivió Maimónides, que escribió su mayor obra filosófica en árabe, la lengua de sus vecinos, y defendió el judaísmo con las mismas categorías que usaban los pensadores musulmanes de su tiempo, sin ceder un solo principio. Así vivieron los judíos españoles y portugueses de Ámsterdam y de Londres, que se vestían, hablaban y se conducían como los ciudadanos más distinguidos de sus ciudades sin dejar de ser plenamente fieles a la Torá Mendes pertenecía a ese mundo.

El libro de los preceptos presentados éticamente

Cuando escribió su libro más conocido, The Jewish Religion Ethically Presented (1895, reeditado en 1912), hizo precisamente eso. Allí recorre las mitsvot del judaísmo —los 613 mandamientos— con un método propio. Cada sección, al mejor estilo sefaradí, abre con un pasuk, presenta la explicación tradicional del precepto, agrega su elaboración del mensaje ético que late dentro de la mitsvá y cierra con una serie de versículos.

Cada mitsvá está pensada para construir el carácter. El kashrut no es solo dieta: educa el dominio propio. El precepto de no robar, enseñaba, incluye no destruir el buen nombre de una persona ni arruinar su sustento.

Un hombre de Jesed

No fue solo un pensador. Fue uno de los fundadores del Montefiore Hospital de Nueva York, hoy un sistema médico de más de una docena de instituciones, entre ellas la Escuela de Medicina Albert Einstein. Creó una escuela para niños sordos judíos, impulsó la asociación para niños con discapacidad y la institución para el cuidado de los ciegos. Y a pedido personal de Theodor Herzl, fue uno de los líderes del naciente movimiento sionista en América y su presidente en Nueva York, defendiendo lo que llamó un “sionismo bíblico”: un Estado judío inspirado en los valores de la Torá.

El Rab Mendes murió en 1937, después de seis décadas de servicio. Este gigante olvidado merece ser recordado entre los grandes constructores y protectores del judaísmo moderno.




NASO: La bendición de los Cohanim

יברכך ה׳ וישמרך

יאר ה׳ פניו אליך ויחנך

ישא ה׳ פניו אליך וישם לך שלום

El texto de Bircat Cohanim, la bendición de los Sacerdotes, se encuentra en la Perashá de esta semana, Nasó. Este texto contiene las palabras con las cuales Dios instruye a los Cohanim bendecir a la congregación de Israel. Vale aclarar que si bien los Cohanim son los que “recitan” esta plegaria, es el Creador, y no los Cohanim, quien nos concede estas bendiciones.

Antes de examinar su profundísimo contenido, cabe destacar que el texto está presentado en una progresión matemática que sorprende por su impecable diseño: el primer versículo tiene 3 palabras y 15 letras. El segundo, 5 palabras y 20 letras. Y el tercero, 7 palabras y 25 letras.

Nos enfocaremos ahora en el contenido.

El primer pasuq dice:

“Que HaShem (= Dios) te bendiga y te proteja”.

TE BENDIGA: Esto quiere decir: quiera Dios concederme todas las bendiciones materiales que necesito: casa, comida, vestimenta, dinero, etc. Por supuesto que el hecho de que Dios me bendiga no quiere decir que yo no necesito trabajar para merecerlo. La bendición de Dios no reemplaza el esfuerzo humano. El hombre trabaja la tierra y planta las semillas. Y cuando Dios le concede Su bendición —por ejemplo: la lluvia, la salud, la ausencia de plagas, etc.— el hombre recoge los frutos. La bendición Divina, por lo tanto, implica una suerte de asociación entre el hombre, que debe esforzarse y trabajar, y Dios, que bendice ese esfuerzo para que culmine con éxito.

TE PROTEJA: Necesitamos la asistencia Divina para poder disfrutar de Sus bendiciones. ¿Cómo? Protegiéndonos de enfermedades, accidentes y tragedias. En este caso también tenemos la obligación de dar el primer paso y convertirnos en un receptor “merecedor” de esta bendición: si pedimos que HaShem proteja nuestra salud, tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para mantenernos sanos. Y debemos evitar correr riesgos innecesarios para no exponernos a accidentes, etc. Además, la protección Divina viene a complementar la bendición Divina. En cierta manera, aquí le estamos pidiendo a Dios que nos proteja de Su bendición material. En primer lugar, porque cuando todas mis necesidades materiales están cubiertas, mi carácter puede verse afectado negativamente. Puedo caer en la ostentación, la arrogancia, el desagradecimiento y el olvido de Dios.

Pedimos a HaShem que nos conceda generosamente lo que necesitamos y que nos proteja de los efectos adversos de la abundancia material.

El segundo pasuq dice:

“Que HaShem te ilumine con Su presencia y te agracie”.

TE ILUMINE: Este versículo no describe las bendiciones materiales, sino las espirituales, intelectuales y emocionales. ¿Cómo nos ilumina Dios? Concediéndonos la sabiduría para comprender Su Torá. Por nuestro lado, debemos esmerarnos en estudiar la Torá. Y el Todopoderoso nos bendecirá iluminando nuestra inteligencia, inspirándonos, abriendo nuestros ojos para que comprendamos la Torá y absorbamos sus valores. Pero la sabiduría no alcanza…

TE AGRACIE: De hecho, cuando una persona tiene demasiada sabiduría, a veces no posee “inteligencia emocional”. Un individuo puede ser muy sabio pero insensible hacia los demás. El niño más inteligente de la clase no siempre es el más popular. En esta bendición le pedimos a HaShem que “nos agracie”, es decir, que nos ayude a ser queridos por los demás. En hebreo se dice “encontrar gracia en los ojos de los demás”. Pedimos a HaShem que, además de la sabiduría, nos conceda inteligencia emocional.

El tercer pasuq dice:

“Que HaShem dirija Su presencia hacia ti y te conceda la paz”.

SE DIRIJA HACIA TI: Esta bendición significa “que Dios te favorezca”, que te preste una atención especial, particular. El mayor castigo para el pueblo judío es ser “abandonado” por Dios. De hecho, la Torá afirma que si el pueblo judío abandona la Torá, Dios retirará Su protección de los judíos, y estaremos expuestos a nuestros no pocos enemigos. Cuando la Torá describe este estado de abandono, producto de nuestro propio abandono de Dios, lo llama “hester panim”, “Dios oculta Su Faz de nosotros”. Esta bendición, en cambio, habla de la situación ideal: cuando Dios dirige Su Faz (Su Presencia, Su Protección, Su bendición) hacia nosotros. Este es un privilegio que también debemos merecer. Cuanto más nos acercamos a Dios, más se acercará Él a nosotros.

Y TE CONCEDA PAZ: La mejor forma de entender esta segunda parte es pensar en el Estado de Israel. Si Israel fuera un país tercermundista, corrupto, marginal —como los otros países de la región—, el mundo nos dejaría en paz. Pero Israel está bajo la permanente protección Divina. Israel sobrevive al constante ataque de sus incansables enemigos. Ganó todas las guerras. Crece y prospera. Esto es un mérito de los judíos que viven en Israel, que luchan para protegerla y para hacerla crecer. Pero esto no es suficiente. Israel también cuenta con la asistencia Divina. Los “ojos de Dios” supervisan permanentemente nuestra querida tierra y sus habitantes. Ahora bien: cuando el Creador nos concede el privilegio de Sus bendiciones, nuestros enemigos no lo pueden tolerar. Y harán todo lo posible para evitar que vivamos en paz y prosperidad. Por eso, en esta bendición le pedimos a HaShem que nos favorezca con Su Providencia, pero también le pedimos “paz”, es decir, que nuestra prosperidad “no despierte la envidia y la agresividad de nuestros enemigos”.

Esta es la situación ideal a la que aspiramos como individuos y como pueblo.




NASO: El arte de la fidelidad en el matrimonio

La fidelidad entre marido y mujer es uno de los cimientos sobre los que se sostiene una familia, y la infidelidad es una de las pocas cosas con poder suficiente para derribarla.

Uno de los temas que se mencionan en la Parashá de esta semana es el de la Sotá, un caso relacionado con la infidelidad en el matrimonio.

La Torá y los Sabios tratan este tema en profundidad y describen no solo las consecuencias del adulterio, sino también los factores que contribuyen a esa desviación o incluso a la sospecha fundada de infidelidad, y las conductas que la previenen y fortalecen la fidelidad.

En las siguientes líneas me referiré brevemente a algunos temas relacionados, directa o indirectamente, con la preservación de la exclusividad sexual en el matrimonio judío.

Santificar la intimidad sexual

A diferencia de otras religiones, el judaísmo percibe la sexualidad como algo positivo e incluso sagrado. Nuestros Sabios explicaron que nuestra conducta debe aspirar a emular a Dios. Él es compasivo, bondadoso y generoso; del mismo modo, nosotros debemos incorporar esas cualidades a nuestro propio comportamiento. Esta “imitación de Dios” alcanza su punto más alto cuando marido y mujer se convierten en “creadores” de una nueva vida. La procreación nos ofrece una oportunidad —sin paralelo en ningún otro acto de la vida— imitar al Creador del mundo.

La sexualidad también nos completa: nos conduce a la plenitud física y emocional como individuos. La primera referencia bíblica a la sexualidad dice: “Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). De este versículo los Sabios dedujeron que el hombre y la mujer deben considerarse individualmente como media persona (pelag gufa), y que la plenitud humana solo puede alcanzarse a través de la intimidad conyugal.

La sexualidad es ciertamente sagrada, pero también es vulnerable. La Torá describe la generación del Diluvio, donde la corrupción sexual y la violación fueron los primeros síntomas de la decadencia moral de aquella generación perversa. El sexo dejó de ser un acto que acercaba a los seres humanos a lo Divino y entre sí. Trataban el sexo como si no tuviera relación alguna con el amor y la santidad, considerándolo casual, desligado y unilateral: un simple medio de explotación para satisfacer instintos primarios.

Por su importancia y por su poder creador (y destructor), la sexualidad necesita ser “santificada” (quiddushín). La santificación de la sexualidad consiste en que la intimidad se exprese “exclusivamente” dentro del marco del matrimonio”. El sexo fuera del matrimonio es destructivo. La infidelidad suele desempeñar un papel decisivo en la mayoría de los divorcios; el adulterio es, por lo general, la última línea roja que se cruza. La deslealtad aleja a la persona de Dios y de aquellos a quienes más ama.

Pero el judaísmo va más allá de “limitar” la sexualidad al ámbito del matrimonio. También enseña a la pareja a preservar la atracción sexual y 2. y evitar todo aquello que pueda llevar a la infidelidad .

 

Preservar la pasión

La Mitzvá de Niddá fortalece la fidelidad. Una pareja judía casada se abstiene de la actividad sexual durante aproximadamente dos semanas cada mes, correspondientes al ciclo menstrual de la mujer más siete días adicionales. Cuando los Sabios del Talmud, en particular Ribbí Meir, explicaron la razón de esta norma, dijeron que, luego de este período de separación física, marido y mujer anhelan reavivar el deseo del uno por el otro. En otras palabras, lejos de debilitar el deseo sexual, este período de separación lo intensifica y lo despierta de nuevo, evitando uno de los mayores desafíos que enfrentan los matrimonios: la monotonía sexual. Los psicólogos y sexólogos reconocen desde hace mucho este problema: como la intimidad dentro del matrimonio está siempre disponible, puede empezar a sentirse rutinaria, y esa monotonía puede llevar a una persona a buscar novedad fuera del matrimonio, lo que conduce a la infidelidad.

Ribbí Meir explicó que, durante los días de separación física, el marido judío desea a su mujer, y su atracción por ella se intensifica a medida que se acerca la noche del Mikvé (la inmersión ritual que concluye el período de abstinencia). Y cuando la mujer regresa del Mikvé —incluso en una pareja que lleva muchos años casada— el deseo entre ambos se renueva “con la pasión que sintieron en su noche de bodas”. El período de Niddá es un RESET sexual perfecto. Crea cada mes una nueva luna de miel. Si esta extraordinaria Mitzvá no existiera, habría que inventarla.

Este período de separación también promueve un nivel más profundo de interacción entre marido y mujer. La distancia física los obliga a comunicarse con afecto, en el plano de amistad, platónico. Toda pareja debería aspirar a alcanzar ese nivel de relación no física que fortalece al matrimonio para el resto de sus vidas. Especialmente con el paso de los años, cuando el deseo sexual naturalmente disminuye, florecerá la amistad entre marido y mujer, basada en esa “relación no sexual” construida a lo largo de los años durante los períodos de Niddá.

Preservar la fidelidad

La tradición judía enseña una serie de leyes y normas de conducta concebidas específicamente para resguardar la fidelidad y evitar todo lo que pueda atentar contra ella. Una de esas reglas se conoce como “Yijud”: evitar una situación en la que un hombre y una mujer se aíslen en un lugar apartado. Los Sabios mencionan el Yijud como uno de los errores cometidos por la Sotá, una mujer casada que se recluyó con otro hombre, dando lugar a sospechas fundadas de adulterio. La historia de Amnón y Tamar, en el libro de Samuel, ilustra la importancia de evitar el Yijud. Amnón, uno de los hijos del rey David, tenía una obsesión sexual con Tamar, su media hermana. Para quedarse a solas con ella, fingió estar enfermo y pidió su ayuda. Solicitó que todos salieran de su habitación y, una vez a solas con su media hermana, Amnón abusó de ella. Este devastador episodio impactó profundamente al rey David, que se sintió culpable por no haberse dado cuenta de lo que ocurría en su propia familia. Para impedir que casos semejantes se repitieran en el futuro, el rey David, junto con su tribunal de justicia, instituyó la ley del Yijud, que prohíbe a un hombre judío permanecer a solas, en una habitación cerrada, con una mujer que no es su esposa.

La prohibición del Yijud pertenece a la categoría de los “guedarim” o “siyagim”, que se traduce como “medidas de seguridad” o vallas halájicas, destinadas a evitar que las personas cedan a la tentación y a transgresiones más graves. Un equivalente de un “siyag” sería un guardabosques que levanta una valla a unos pasos de un precipicio, para proteger a los visitantes de acercarse demasiado y caer accidentalmente al vacío.

Existen mecanismos preventivos semejantes, por ejemplo, en el campo de las adicciones. A una persona que lucha contra el alcoholismo se le aconseja evitar los bares y las reuniones donde se sirve alcohol, y abstenerse de frecuentar a amigos que beben. Estas “vallas sociales” protegen a las personas de sus propios impulsos y les ahorran enfrentarse a tentaciones difíciles de controlar. Es más fácil evitar entrar en un bar que resistirse a beber una vez que la copa está al alcance de la mano.

Del mismo modo, los rabinos reconocieron el poder del instinto sexual y subrayaron que confiar únicamente en el sentido común y en la moral personal puede resultar insuficiente (אֵין אַפּוֹטְרוֹפּוֹס לַעֲרָיוֹת). Se requieren reglas y vallas adicionales para evitar situaciones potencialmente desastrosas. Al evitar el Yijud —la reclusión privada entre un hombre y una mujer— se elimina el escenario mismo en el que tiende a desarrollarse la infidelidad o la conducta sexual inapropiada.

El concepto de Yijud se reconoce y se practica cada vez más en nuestros días, incluso en la sociedad no judía. Los asesores legales recomiendan a terapeutas, médicos, abogados y otros profesionales no permanecer a solas, en una habitación cerrada, con un paciente o cliente del sexo opuesto, a fin de prevenir cualquier situación inapropiada, sospecha o acusación de mala conducta. Esto demuestra la sabiduría avanzada de la Torá y de nuestros Sabios, que establecieron estas leyes hace miles de años, leyes hoy ampliamente reconocidas, valoradas y adoptadas en todo el mundo civilizado.

Cercanía emocional

En el judaísmo, la sexualidad está reservada exclusivamente para la relación íntima entre marido y mujer. Esta idea, sencilla pero fundamental, se extiende también a ciertos tipos de interacción entre hombres y mujeres casados que deben evitarse —más allá de la reclusión— incluso en el terreno de la comunicación.

Las insinuaciones afectuosas, o el lenguaje y los comentarios sexuales de un hombre hacia una mujer que no es su esposa, son inapropiados. De igual modo, una esposa judía debe reservar su encanto físico para su marido, procurando que su comportamiento y su apariencia en público no sean provocativos y que reflejen esa exclusividad.

Estos principios de conducta moral no gozan de mucha popularidad en la sociedad occidental contemporánea, donde la sexualidad ha sido cosificada a través de la publicidad, la pornografía y los medios de comunicación. La explotación generalizada del sexo —y la cultura permisiva moderna— ha normalizado la conducta sexual inapropiada, y la intimidad ya no se percibe como algo exclusivo entre los cónyuges y ligado al matrimonio.

Y precisamente por eso, preservar nuestros códigos de conducta judíos mientras vivimos en una sociedad que promueve valores contrarios representa uno de los desafíos más difíciles que enfrentamos hoy los judíos. Pero es esencial hacerlo si buscamos la armonía en nuestro matrimonio y la felicidad de nuestra familia. Y para lograrlo, debemos reconocer las conductas que facilitan la infidelidad o que pueden provocar celos justificados en el cónyuge.

Consideremos un último ejemplo.

La Torá nos enseña que la infidelidad puede a veces desarrollarse de manera involuntaria, como consecuencia de la comunicación emocional entre un hombre y una mujer casados. La primera vez que la Torá describe las relaciones sexuales, emplea el verbo “conocer”: “Y Adam conoció a Eva, su mujer”. Ese “conocer” se refiere a la conexión emocional que precede —¡y conduce!— a la intimidad física. Cuando una pareja sale por primera vez, se tratan con respeto y cordialidad. Luego llega la amistad, que poco a poco se transforma en una relación emocional, reconocible cuando la comunicación entre el hombre y la mujer incluye el tema de los sentimientos. Cuando se alcanza ese nivel, la pareja está lista para la intimidad, es decir, para el matrimonio.

Si observamos esta progresión hacia la atracción y la intimidad, podemos comprender por qué los Sabios advirtieron que, más allá de mantenerse alejado del contacto físico o de la reclusión, una persona casada debe evitar repetir “iniciar”, incluso involuntariamente, una progresión semejante con una persona del sexo opuesto en su vida profesional o social. En otras palabras, la comunicación de una persona casada con alguien del sexo opuesto debe mantenerse cordial y respetuosa, sin cruzar hacia el afecto o la intimidad emocional.

Los Sabios describen esta cercanía emocional como “quiruv hada’at”: cuando una mujer y un hombre comparten y se comunican mutuamente sentimientos privados o información íntima. Aunque al principio el contenido de esa información no esté relacionado con el ámbito sexual, este nivel de comunicación emocional genera sentimientos de cercanía que podrían conducir a la intimidad. Un hombre o una mujer casados deben evitar este tipo de comunicación con una persona del sexo opuesto con la que interactúan de forma habitual, como un empleado o un colega en el trabajo. Por ejemplo, un esposo no debería compartir con una colega o compañera de trabajo los problemas que él tiene con su esposa. Estas interacciones emocionales, el quiruv hada’at, no se convierten en intimidad de la noche a la mañana, pero se desarrollan de forma gradual.

Preservar la fidelidad es la piedra angular de la familia judía y del bienestar emocional de nuestros seres queridos. Esto exige permanecer alerta y respetar los límites que impiden que ciertas situaciones se vuelvan, poco a poco, más difíciles de controlar. Las leyes de Niddá, Yijud y la prevención del quiruv hada’at —cada una desde una perspectiva diferente— contribuyen a salvaguardar la fidelidad, el aspecto más sagrado y esencial de nuestra vida familiar.




Resumen de la Parashá NASO

👨‍👩‍👦 LOS LEVIIM Y SUS FUNCIONES

HaShem asigna tareas específicas a las tres familias de Leví:

🧵 Guereshón: cortinas y cubiertas del Mishkán.
🪵 Merarí: vigas, columnas y bases.
📦 Kehat: los utensilios sagrados.

Solo servían entre los 30 y 50 años.

🔹 Kehat: 2.750
🔹 Guereshón: 2.630
🔹 Merarí: 3.200

📊 Total: 8.580 leviim encargados de desmontar, transportar y reconstruir el Mishkán.


✨ PUREZA E IMPUREZA

Dios enseña las leyes de pureza ritual.

🏕️ Quienes estaban ritualmente impuros debían permanecer temporalmente fuera del campamento hasta completar su purificación.

🕊️ Así se preservaba la santidad del lugar donde reposaba la Presencia Divina.


🤝 RESTITUCIÓN Y TESHUBÁ

La Torá enseña que quien roba debe:

💰 Devolver lo robado.
🗣️ Reconocer su falta.
🙏 Arrepentirse sinceramente.

Si además juró falsamente, debía reparar el daño y traer una ofrenda especial.

⭐ Aquí aparece uno de los principios fundamentales de la Teshubá: la confesión verbal (Vidui).


⚖️ CASOS ESPECIALES

👩 Sotá:Procedimiento  aplicado cuando existía una sospecha grave de adulterio.

🍇 Nazir: persona que asumía restricciones espirituales adicionales, como no beber vino ni cortarse el cabello.

🙌 Bircat Cohanim: la bendición sacerdotal que los Cohanim continúan recitando hasta nuestros días.


🎉 LA INAUGURACIÓN DEL MISHKÁN

La sección más extensa de Parashat Nasó describe la inauguración del Mishkán.

👑 Los líderes de las doce tribus trajeron ofrendas especiales.
🐂 También donaron carretas y bueyes para transportar el Santuario.

🎁 Aunque todas las ofrendas fueron iguales, la Torá las repite una por una para destacar el valor único de cada tribu.


 EL MENSAJE FINAL

Cuando Moshé entraba al Mishkán, escuchaba la voz de HaShem que le hablaba desde encima del Arca Sagrada, entre los dos Querubines,  simbolizando la cercanía especial entre Dios y el pueblo de Israel.




Jerusalem, y la profecía de David Ben Gurión

AMÉRICA: LA TIERRA PROMETIDA…

El nacimiento del Estado judío no fue un proceso fácil. Veamos.

A partir de la Declaración Balfour en 1917, los británicos, y más tarde la Liga de Naciones (las naciones unidas de esos tiempos), reconocieron el derecho del pueblo judío a un Hogar Nacional y asignaron para la futura patria judía todo el territorio del Israel actual más el territorio de Jordania. Surgieron dos problemas: primero, la incesante violencia y agresión de los árabes en su negativa a aceptar un Estado judío. Y segundo, el problema más grave, era que los líderes judíos como Jaim Weizmann o Sir Herbert Samuel habían asegurado a las autoridades británicas que una vez que tuvieran su tierra, los judíos de Europa llegarían de inmediato y en grandes cantidades a Israel. Pero no fue así. Las condiciones de vida en la Tierra Santa eran muy difíciles, y los millones de judíos que escapaban de Europa emigraron en su gran mayoría al continente americano.

LA COMISIÓN PEEL

En 1936 se estableció una comisión especial encabezada por Lord Robert Peel para reevaluar la situación del futuro estado judío y, lamentablemente, esta comisión concluyó que el proyecto de un estado judío era “inviable” y debería ser abolido. ¿Por qué? Porque las masas judías, más de 2 millones de judíos europeos, se estaban yendo a EEUU y no querían saber nada de Medio Oriente. La comisión Peel asignó solo algunos territorios, pequeños y aislados uno de otro (17% del territorio de Israel hoy. Ver aquí) para los pocos judíos que estaban en Israel. Pero milagrosamente, antes de que esa división de territorios tuviera un carácter oficial, ¡el plan se canceló! ¿Por qué? Porque los árabes B”H rechazaron la oferta de los ingleses de crear su propio estado que incluía el 75% del territorio de Israel en la actualidad, y no estaban dispuestos a reconocer un estado judío, por más pequeño que fuera.

EL GRAN DISCURSO

De todos modos, hoy quiero contarles el impresionante (pero no muy conocido) discurso que pronunció David Ben Gurion ante la comisión Peel para convencer a los ingleses de que el regreso de los judíos a Israel podía llevar tiempo, pero era inminente. El argumento utilizado por Ben Gurion fue la memoria histórica del pueblo judío, que no nos permite olvidarnos ni de nuestros orígenes ni de nuestro destino final. Para ilustrar este punto, Ben Gurion usó inteligentemente el ejemplo del “Mayflower”, la famosa embarcación que traía a los primeros colonos ingleses al continente americano en 1620. El Mayflower es el símbolo de la historia fundacional de los Estados Unidos. Y su historia es fundamental para comprender el vínculo entre los Estados Unidos y su madre patria: Inglaterra.

TRIVIA BRITÁNICA

Ben Gurion se dirigió a los representantes ingleses y estadounidenses que estaban presentes y les dijo: “Hace más de 300 años, un barco, cuyo nombre era ‘Mayflower’, llegó al Nuevo Mundo. La llegada del Mayflower a Plymouth Rock fue uno de los acontecimientos históricos más importantes de la historia de Inglaterra y de los Estados Unidos de América (ver aquí). Pero me gustaría preguntar a cualquier caballero inglés aquí en el comité: ¿Qué día partió el Mayflower desde el puerto británico? Y me gustaría preguntarles a los representantes estadounidenses: ¿saben exactamente la fecha en la que el Mayflower arribó al nuevo mundo? ¿O cuántas personas había en ese barco? ¿Cómo se llamaba el capitán? ¿Cuánto tiempo duró el viaje? ¿O qué tipo de alimentos comieron mientras estaban en el barco?”

LA PROFECÍA DE BEN GURION

Y Ben Gurion continuó: “Hace más de 3300 años, mucho antes de la partida del Mayflower, nuestro pueblo abandonó Egipto, y cualquier niño judío en el mundo, dondequiera que esté, sabe qué día dejamos Egipto, cuántos éramos los judíos en ese momento, quién era nuestro líder, cuánto duró el viaje e incluso qué comida comieron nuestros antepasados cuando partieron. Es más: todavía seguimos comiendo esa misma comida todos los años en el aniversario de la salida de Egipto. Y celebramos este evento con una cena festiva donde contamos la historia de nuestros inicios a nuestros hijos y nietos para asegurarnos de que nunca la olvidarán. Y al final de esa ceremonia decimos una frase muy famosa: ‘El año que viene en Jerusalem’. Ahora estamos huyendo de la Unión Soviética o de Alemania, donde Hitler nos está destruyendo, y todavía estamos esparcidos por todo el mundo. Pero aunque ahora mismo nuestro regreso a la tierra de Israel no sea visible, eventualmente, el año que viene o el próximo regresaremos a Israel, porque de la misma manera que nunca olvidamos nuestro origen, nunca olvidaremos nuestro destino final: Jerusalem.”

Ben Gurion, B”H,  no se equivocó.

Rab Yosef Bitton




RESUMEN DE PARASHAT BAMIDBAR

Parashat Bamidbar marca la apertura del cuarto libro de la Torá. Comienza con el relato de un censo ordenado por Dios, en el que Moisés recibió instrucciones de llevar a cabo entre el pueblo. Además, se designa a un líder o máximo delegado de cada tribu, conocido como «nasí», para guiar y representar a sus respectivas tribus.

Se describe el número de hombres mayores de 20 años de cada tribu, lo cual también sirve como un censo militar. También se asignan deberes especiales a los levitas, quienes no participan en la guerra, sino que se ocupan de todos los aspectos religiosos y logísticos, como la construcción, el mantenimiento y el transporte del Mishkan, o Tabernáculo, como se verá a continuación.

La Torá presenta los resultados del censo de cada tribu, excluyendo a la Tribu de Leví, que se contará por separado:

  • Tribu de Rubén: 46,500
  • Tribu de Shimón: 59,300
  • Tribu de Gad: 45,650
  • Tribu de Yehudá: 74,600
  • Tribu de Isajar: 54,400
  • Tribu de Zebulún: 57,400
  • Tribu de Efraim: 40,500
  • Tribu de Menashé: 32,200
  • Tribu de Binyamín: 35,400
  • Tribu de Dan: 62,700
  • Tribu de Asher: 41,500
  • Tribu de Naftalí: 53,400

El total de hombres en edad de servir en el ejército era de 603,550.

Dios encomienda una tarea especial a los hombres de la tribu de Leví: cuidar del Mishkán (Tabernáculo) y sus utensilios. Esta responsabilidad implica desmontar y transportar el Mishkán cuando el pueblo se muda de un lugar a otro, así como reconstruirlo cuando acampan. A los levitas se les ordena ubicar sus tiendas en el centro del campamento, más cerca del Mishkán, mientras que las demás tribus residen a su alrededor, organizadas de acuerdo a sus respectivos grupos y formación militar.

Luego, Dios le pide a Moisés que realice un censo separado de la Tribu de Leví, y el recuento final fue de 22,000 individuos. La Torá también proporciona detalles sobre las tareas específicas asignadas a cada una de las tres familias de la tribu de Leví: las familias de Guereshón, Quehat y Merarí.

Al final de la Parashá se menciona que HASHEM establecerá a los levitas como Sus sacerdotes en lugar de los primogénitos, como era la costumbre en aquellos tiempos. Se lleva a cabo una «ceremonia de redención» llamada «pidyon», que sigue siendo una práctica observada para «dispensar» del servicio sacerdotal a los primogénitos varones hasta el día de hoy.




3 Mitsvot de Perashat Behar

💰 ONAAT MAMÓN Honestidad en los Negocios

VaYiqrá 25:14 וְכִֽי־תִמְכְּר֤וּ מִמְכָּר֙ לַעֲמִיתֶ֔ךָ א֥וֹ קָנֹ֖ה מִיַּ֣ד עֲמִיתֶ֑ךָ אַל־תּוֹנ֖וּ אִ֥ישׁ אֶת־אָחִֽיו׃ 

La Torá nos enseña una mitsvá fundamental para la vida diaria: ser completamente honestos en todas nuestras transacciones comerciales.

El pasuq dice:

📖 VaYiqrá 25:14 “Cuando uno vende algo a su prójimo, o compra de su prójimo, no se engañen el uno al otro.”

Esta mitsvá se conoce como onaat mamón — el perjuicio monetario, causado a través del engaño deliberado.

La Torá prohíbe: – cobrar precios abusivos aprovechándose de la ignorancia del comprador, – ocultar defectos de un producto, – engañar sobre la calidad de la mercadería, – manipular información para obtener ventaja económica.

La honestidad no es solamente un buen consejo moral. Es una obligación de la Torá.

🕍 RELIGIOSIDAD Y NEGOCIOS

El judaísmo no separa la vida espiritual de la vida económica.

Una persona puede rezar todos los días, estudiar Torá, cuidar Shabbat y comer kasher… pero si engaña en los negocios, no se considera una persona religiosa.

Nuestros Jajamim enseñaron que la primera pregunta que se le hace a la persona en el Olam Habá no es cuánto rezó, sino:

“¿Te comportaste con honestidad en tus negocios?” (Shabbat 31a)

La verdadera observancia religiosa se expresa en cómo vendemos, compramos, prestamos y manejamos dinero.

⚖️ APLICACIONES PRÁCTICAS

Esta mitsvá tiene muchísimas aplicaciones cotidianas.

Si vendemos un objeto usado, debemos informar claramente cualquier defecto significativo.

Si recibimos vuelto de más en una tienda, estamos obligados a devolverlo, aunque nadie se haya dado cuenta.

Si somos comerciantes, debemos evitar aprovechar la falta de conocimiento del comprador.

Si ofrecemos un servicio, debemos cumplir honestamente lo prometido.

📖 LA HISTORIA DE RAB SAFRA

El Talmud nos transmite un ejemplo extraordinario de honestidad absoluta.

Rab Safra tenía un burro para vender. Un comprador no judío llegó y le ofreció 50 monedas por el animal.

En ese momento, Rab Safra estaba recitando el Shemá Israel y no podía interrumpir su recitación para responder.

Sin embargo, en su corazón ya había decidido aceptar la oferta.

El comprador, pensando que el silencio significaba rechazo, aumentó el precio a 60 monedas… y luego a 70.

Cuando Rab Safra terminó el Shemá, hizo algo increíble: rechazó las 70 monedas y pidió solamente las 50 originales.

¿Por qué?

Porque internamente ya había aceptado la primera oferta.

Para Rab Safra, la honestidad tenía más valor que ganar dinero extra.

La mayoría de las personas habrían dicho: “Nunca respondí verbalmente…” “Técnicamente no hice nada incorrecto…”

Pero Rab Safra entendía que HaShem conoce también lo que ocurre dentro del corazón.

Por eso el Talmud lo considera un ejemplo supremo de yir-at Shamayim — observancia religiosa y temor del Cielo.

🌎 KIDUSH HASHEM

Cuando un Yehudí actúa con honestidad en los negocios, produce un enorme kidush HaShem.

Las personas dicen: “Qué increíble honestidad.” “Qué confiables son.” “Se nota que vive según la Torá.”

Pero si una persona observante engaña, manipula o actúa deshonestamente, el daño espiritual es enorme. No solamente perjudica al otro: produce un jilul HaShem.

La honestidad comercial requiere disciplina y conciencia permanente de que HaShem observa cada transacción.

La verdadera religiosidad no se mide solamente en el Bet haKeneset, sino también en una tienda, en una oficina, en un contrato y en cada conversación comercial.

La kedushá no termina cuando termina de rezar. También entra en el mundo de los negocios.

 

🤝 VEHEJEZAKTA BO Sostener al Prójimo antes de que Caiga

VaYiqrá 25:35 וְכִֽי־יָמ֣וּךְ אָחִ֔יךָ וּמָ֥טָה יָד֖וֹ עִמָּ֑ךְ וְהֶחֱזַ֣קְתָּ בּ֔וֹ גֵּ֧ר וְתוֹשָׁ֛ב וָחַ֖י עִמָּֽךְ׃

 

Una de las mitsvot más hermosas y sensibles de Parashat BeHar es la obligación de ayudar proactivamente a quien está atravesando dificultades económicas.

El pasuq dice:

📖 VaYiqrá 25:35 “Cuando tu hermano empobrezca y su mano comience a soltarse de ti, lo sostendrás…”

La Torá no nos dice solamente que ayudemos al pobre. Nos enseña aquí algo mucho más profundo: debemos ayudar a la persona antes de que llegue a la indigencia y esté obligado a humillarse y pedir caridad.

🪜 ANTES DE QUE CAIGA

Cuando una persona comienza a caer, todavía puede sostenerse con un solo dedo. Pero una vez que cayó completamente al suelo, harán falta varias personas para levantarla.

La Torá nos enseña a intervenir temprano.

No esperar a que alguien pierda todo. No esperar a que tenga que pedir ayuda públicamente. No esperar a que llegue a la desesperación.

El objetivo es prevenir la caída antes de que ocurra.

Muchas veces, una pequeña ayuda dada a tiempo puede salvar a una persona, una familia o un negocio entero.

💎 EL NIVEL MÁS ALTO DE TSEDAQÁ

El Rambam enseña algo extraordinario.

En Hiljot Matenot Aniyim enumera ocho niveles de tsedaká, y el nivel más elevado de todos no es simplemente dar dinero al pobre.

El nivel más alto es ayudarlo a recuperar su independencia.

¿Cómo?

– ofreciéndole trabajo, – ayudándolo a abrir un negocio, – dándole un préstamo sin interés, – enseñándole un oficio, – conectándolo con oportunidades.

La mejor ayuda no es solamente darle pan al necesitado, sino ayudarlo a volver a producir su propio pan.

O, como suele decirse: “No darle el pescado, sino enseñarle a pescar.”

La Torá quiere preservar no solamente la supervivencia de la persona, sino también su dignidad.

🌎 RESPONSABILIDAD MUTUA

Nuestros Jajamim enseñaron:

“Kol Yisrael arebim ze laze” “Todo Israel se debe sentir responsable uno del otro.”

La fortaleza de Am Israel no se mide solamente por el éxito de los más ricos, sino también por la dignidad de los más vulnerables.

Una comunidad fuerte no es aquella donde algunos triunfan mientras otros quedan abandonados.

Una verdadera comunidad judía es aquella donde las personas se sostienen mutuamente.

⚖️ APLICACIONES PRÁCTICAS

Esta mitsvá tiene muchísimas aplicaciones modernas.

Si conocemos a alguien que perdió su trabajo, podemos ayudarlo recomendándolo.

Si alguien está pasando dificultades económicas, podemos ofrecerle un préstamo digno y discreto.

A veces, una llamada telefónica, un contacto o una recomendación laboral pueden cambiar completamente la situación de una persona.

Incluso apoyar emocionalmente a quien está atravesando dificultades forma parte de esta mitsvá.

Muchas veces, el peor sufrimiento no es solamente la falta de dinero, sino la sensación de estar solo.

AYUDAR CON DIGNIDAD

La Torá no quiere que ayudemos “desde arriba”, con arrogancia o superioridad. Nos pide que ayudemos viendo al otro como “ajija” — tu hermano.

No como un caso social. No como una carga. No como alguien inferior.

Sino como un hermano que hoy necesita apoyo… y que mañana podría ser quien ayude a otros.

Porque en la visión de la Torá, nadie es completamente autosuficiente.

Todos necesitamos de los demás.

 

 

 

📜 DAÑO EMOCIONAL  אוֹנָאַת דְּבָרִים — El Daño Causado por las Palabras

וַיִּקְרָא כ״ה:י״ז     “וְלֹא תוֹנוּ אִישׁ אֶת־עֲמִיתוֹ וְיָרֵאתָ מֵאֱ-לֹהֶיךָ כִּי אֲנִי ה׳ אֱ-לֹהֵיכֶם”

Parashat Behar nos enseña una de las lecciones más profundas y actuales de toda la Torá: no solamente está prohibido dañar a una persona estafándolo comercialmente — también está prohibido herir a otra persona, perjudicarlo, con palabras duras.

El pasuq dice:

📖 וַיִּקְרָא כ״ה:י״זוְלֹא תוֹנוּ אִישׁ אֶת־עֲמִיתוֹ וְיָרֵאתָ מֵאֱלֹהֶיךָ כִּי אֲנִי ה׳ אֱלֹהֵיכֶם

“No se hagan daño el uno al otro, y temerás a tu Dios, porque Yo soy ה׳ tu Dios.”

A primera vista, este versículo parece repetir la misma prohibición mencionada unos versículos antes, donde la Torá prohibió engañar en los negocios. Pero nuestros Jajamim explican que aquí la Torá está hablando de otro tipo de daño mucho más profundo: onaat debarim — el sufrimiento causado a otra persona a través de las palabras.

La Torá entiende algo que muchas veces olvidamos: las palabras no desaparecen. Una frase puede acompañar a una persona durante años. A veces, toda una vida.

💔 EL DAÑO INVISIBLE

El Talmud (Babá Metsiá 58b) enseña algo sorprendente: el daño emocional puede ser más grave que el daño económico.

El dinero perdido puede recuperarse. Una palabra hiriente puede dejar una herida que a veces no sana.

Hay personas que todavía recuerdan comentarios humillantes que escucharon en su infancia. Una burla en público, un apodo ofensivo, una frase dicha “en broma”, una crítica frente a otros… heridas invisibles que permanecen grabadas en el corazón.

Por eso, el judaísmo considera que cuidar la forma en que hablamos es parte esencial del servicio a HaShem.

⚖️ EJEMPLOS QUE DAN LOS JAJAMIM

Los Jajamim dieron ejemplos muy concretos de onaat debarim:

– No recordarle a una persona errores de su pasado después de que cambió su vida y mejoró. – No avergonzar públicamente a alguien. – No usar sobrenombres ofensivos, incluso “como broma”. – No burlarse de la apariencia física, acento, situación económica o capacidades de otro. – No preguntar el precio de un producto si no existe intención real de comprarlo, haciéndole perder tiempo y falsas expectativas al vendedor.

A veces pensamos: “¡Pero yo no hice nada malo!” No golpeé. No robé. No dañé físicamente.

Sin embargo, la Torá nos enseña que a veces una palabra puede doler al otro más que una acción.

😢 HALBANAT PANIM — “DERRAMAR SANGRE”

Los Jajamim compararon la vergüenza pública con el derramamiento de sangre.

¿Por qué?

Porque cuando una persona es humillada delante de otros, la sangre desaparece de su rostro. La cara se pone pálida. La persona siente que quiere desaparecer.

Hoy, en la era de WhatsApp, redes sociales y social media, esta mitsvá es todavía más importante.

Un comentario sarcástico. Una burla enviada a un grupo. Un meme humillante. Una crítica pública innecesaria.

Todo esto entra en la categoría de onaat debarim.

Muchas personas son extremadamente cuidadosas de no perder dinero… pero muchísimo menos cuidadosas con las palabras que salen de su boca.

👁️ “Y TEMERÁS A TU DIOS”

La Torá agrega aquí una frase muy especial:

וְיָרֵאתָ מֵאֱלֹהֶיךָ “Y temerás a tu Dios.”

Rashi explica que esto aparece porque el daño verbal es algo que muchas veces sólo HaShem puede juzgar.

Cuando alguien hiere a otro con palabras, siempre puede justificarse:

“Era un chiste.” “No fue mi intención.” “Es demasiado sensible.” “Yo sólo decía la verdad.”

Los seres humanos no pueden saber qué había realmente en el corazón de quien habló. Pero HaShem sí.

Por eso la Torá nos recuerda: antes de hablar, piensa no solamente cómo sonará tu frase a los oídos de las personas — sino cómo será escuchada en el Cielo.

🌱 EL PODER DE CONSTRUIR

Las palabras tienen un poder inmenso.

Una sola frase puede darle fuerzas a una persona para seguir adelante. Un elogio sincero puede cambiarle el día a alguien. Una palabra de apoyo puede salvar a alguien de la desesperación.

Así como existe onaat debarim para destruir, también existe la capacidad de usar la boca para construir mundos.

El Jafetz Jaim explicaba que la boca puede convertirse en el instrumento más santo del ser humano… o en el más destructivo.

Todo depende de cómo la usemos.

PENSAR ANTES DE HABLAR

Antes de hablar, vale la pena preguntarnos:

👉 ¿Lo que voy a decir puede causarle daño a alguien? 👉 ¿Es necesario decirlo? 👉 ¿Es el momento correcto? 👉 ¿La forma en que lo voy a decir puede herir? 👉 ¿Estoy construyendo o destruyendo?

La grandeza espiritual se mide en una conversación familiar, en una discusión comercial, en un mensaje de WhatsApp y en la manera en que tratamos a las personas todos los días.

Que HaShem nos ayude a usar nuestras palabras para dar fuerza, dignidad y alegría a quienes nos rodean.