SUCOT 5787: Cuando el primer día de Sucot cae en Shabbat

ARBAAT HAMINIM

Este año Sucot empieza el viernes 25 de septiembre por la noche. El primer día es Shabbat, y el segundo día de Yom Tob es el domingo 27. La diferencia principal con un año común es que el primer día de Sucot no usaremos el lulab y el etrog. La primera vez que diremos la berajá será recién el domingo por la mañana.

COCINAR

Otro tema importante es que en Shabbat no se cocina para el domingo. En Yom Tob sí está permitido cocinar, pero solamente para ese mismo día. En Shabbat no se cocina para después.

Por eso, antes de que comience Shabbat, debemos tener listo lo básico para la comida de Yom Tob del domingo. Hay dos posibilidades: dejar la comida preparada desde antes de Shabbat, o cocinar el domingo mismo, una vez que terminó Shabbat.

ERUB TABSHILÍN

En estas circunstancias no se hace erub tabshilín. Ese procedimiento solo se hace cuando Yom Tob cae inmediatamente antes de Shabbat, y en Sucot de este año eso no ocurre. Cuando Shabbat va seguido de Yom Tob, el erub tabshilín no corresponde.

SEUDÁ SHELISHIT

En nuestra comunidad no haremos la seudá shelishit de todos los sábados después de minjá. Por eso habrá que hacer la seudá shelishit en casa.

LAS VELAS DEL SÁBADO A LA NOCHE

Las velas de Yom Tob se encienden el sábado por la noche, después de que terminó Shabbat, a partir de una llama que ya estaba encendida desde antes de Shabbat.

Por eso conviene dejar encendida desde el viernes una vela larga, de 48 o 72 horas.




SUCOT: El Lulab y el Etrog

וּלְקַחְתֶּ֨ם לָכֶ֜ם בַּיּ֣וֹם הָרִאשׁ֗וֹן פְּרִ֨י עֵ֤ץ הָדָר֙ כַּפֹּ֣ת תְּמָרִ֔ים וַעֲנַ֥ף עֵץ־עָבֹ֖ת וְעַרְבֵי־נָ֑חַל וּשְׂמַחְתֶּ֗ם לִפְנֵ֛י ה׳ אֱלֹ-הֵיכֶ֖ם שִׁבְעַ֥ת יָמִֽים׃

“Y tomaréis en el primer día [de Sucot] un fruto de un árbol cítrico (etrog), ramas de palmera (lulab), una rama de mirto (hadas) y sauces de arroyo (‘araba), y os regocijaréis ante HaShem, vuestro Dios, por siete días” (Levítico 23:40).

LA MITSVÁ. La Torá nos indica tomar cuatro especies vegetales, tres ramas y un fruto, durante la festividad de Sucot: un lulab (una rama joven de palmera datilera), dos arabot (ramas de sauce), tres hadasim (ramas de mirto) y un etrog (en español, cidra, un fruto similar al limón). Esta Mitsvá se conoce como la de las “cuatro especies” (ארבעת המינים) o la “Mitsvá de lulab”.

La observancia de la Mitsvá se llama netilat lulab, “elevar” el lulab. Se toman las cuatro especies en las dos manos, el lulab, los hadasim y las arabot en la mano derecha, y el etrog en la mano izquierda, y se sostienen en la dirección en la que crecieron naturalmente.

ESTE AÑO. La Mitsvá se cumple todos los días de Sucot, excepto en Shabbat. Como este año el primer día de Sucot cae en Shabbat, el lulab no se toma el sábado 26. La primera vez que lo tomaremos será el domingo 27 de septiembre, y ese día van las dos bendiciones. Un detalle práctico: conviene tener el lulab armado antes del viernes a la puesta del sol, porque ni en Shabbat ni en Yom Tob se puede atar.

BENDICIÓN. El primer día que tomamos las cuatro especies, este año será un domingo, se recitan dos bendiciones: ‘al netilat lulab’ y ‘shehejeyanu’, donde agradecemos por haber llegado a este momento. En los demás días de Sucot solo se recita ‘al netilat lulab’.

Toda Mitsvá debe realizarse después de decir la bendición. Por eso algunos acostumbran sostener el etrog con la ramita (el pitam) hacia arriba antes de la bendición, y recién después lo giran y lo colocan en su posición correcta. Así evitan que la berajá quede dicha después de haber cumplido con el precepto, lo que la convertiría en una berajá lebatalá, una bendición en vano. Otros prefieren no tener el etrog en la mano hasta después de decir la bendición.

LAS MUJERES. Están formalmente exentas de la Mitsvá de lulab. Aun así, en la mayoría de las comunidades es costumbre que también la cumplan, y eso es considerado meritorio. Hay una diferencia de tradición en cuanto a la bendición: en la tradición sefaradí las mujeres no la dicen, y en la ashkenazí sí.

LOS NA’ANU’IM. Después de la bendición se realizan los na’anu’im, los movimientos del lulab en seis direcciones. La costumbre sefaradí actual es moverlo sin agitarlo (holajá vehabaá) hacia el sur, el norte, el este, arriba, abajo y el oeste. Este orden fue establecido por los sabios de la Kabalá y difiere del que describe Maimónides, que los judíos ashkenazíes siguen de cerca.

Cuatro plantas que no se parecen en nada, que crecen en lugares distintos y necesitan cantidades de agua completamente distintas, se toman juntas y en una sola mano. Si falta una, no hay Mitsvá.




SUCOT: Las nubes que protegen a Israel

לְמַ֘עַן֮ יֵדְע֣וּ דֹרֹֽתֵיכֶם֒ כִּ֣י בַסֻּכּ֗וֹת הוֹשַׁ֙בְתִּי֙ אֶת־בְּנֵ֣י יִשְׂרָאֵ֔ל בְּהוֹצִיאִ֥י אוֹתָ֖ם מֵאֶ֣רֶץ מִצְרָ֑יִם אֲנִ֖י ה׳ אֱלֹ-הֵיכֶֽם׃

“…para que vuestras generaciones sepan que Yo hice habitar en sucot al pueblo de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo soy HaShem, vuestro Dios” (Levítico 23:43).

Este próximo viernes 25 de septiembre por la noche comenzaremos la celebración de la fiesta de Sucot, que nos recuerda nuestra travesía de 40 años en el desierto, desde Egipto hasta la tierra prometida: Israel. Este año el primer día cae en Shabbat.

La Torá dice claramente que la razón por la cual celebramos Sucot es para recordar “que Dios nos estableció en sucot” cuando nos sacó de Egipto.

Pero, ¿qué eran en realidad esas sucot? ¿De qué estaban hechas?

CABAÑAS

De acuerdo con Ribbí Aquibá, las sucot eran simplemente «chozas», cabañas con un techo de ramas, que no protegían de las inclemencias climáticas como un techo normal, pero servían para protegerse del sol, algo muy necesario en el desierto. Según esta opinión, al construir las sucot y habitar en ellas, rememoramos nuestra travesía en el desierto.

Hay por lo menos dos objeciones a esta interpretación “literal”:

La Torá, cuando se refiere a los lugares de residencia de los judíos en el desierto, menciona la palabra hebrea ohel, esto es, “carpas” hechas probablemente de piel de animales, no menciona chozas ni cabañas.

La segunda objeción es más aguda: ¿Por qué dice la Torá que “Dios” estableció a los israelitas en cabañas? Las chozas a las que se refería Ribbí Aquibá debieron haber sido construidas por los propios judíos, no por Dios.

NUBES DE GLORIA

Ribbí Eliezer disiente de Ribbí Aquibá y sostiene que, en este versículo, “sucot” no se refiere a cabañas o chozas. Sin importar si las viviendas de los judíos eran de madera o de pieles, lo que debemos recordar es que durante los 40 años de travesía en el desierto, el pueblo judío fue protegido por Dios. A esta Protección Divina, Ribbí Eliezer la llamó “nubes de gloria”. Siete “nubes” con las que HaShem protegió a Israel: cuatro nubes alrededor, una nube por encima, una por debajo y la séptima nube, que iba al frente, a tres días de distancia, para indicarles el camino.

¿Por qué eran necesarias estas nubes protectoras? Porque cruzar un desierto es arriesgado. El agua y la comida no son suficientes.

Hay al menos cuatro desafíos serios al atravesar un desierto:

Clima: El calor abrasador durante el día y el frío de la noche, junto con los vientos impredecibles y tormentas de arena. Recuerdo lo que ocurrió con el ejército de Cambises en Egipto. En el año 525 a.e.c., Cambises envió un ejército de 50.000 soldados para destruir el Templo de Amón en Siwa, Egipto. Tras siete días en el desierto, desaparecieron, probablemente enterrados bajo una tormenta de arena. ¿No es fascinante, milagroso, que ningún fenómeno climático afectara a los judíos durante 40 años en el desierto?

Ataques: En el desierto hay bandidos y ladrones. En el caso del pueblo judío, después de la guerra con Amalek, no se registraron más ataques.

Animales: En el desierto abundan serpientes venenosas y escorpiones. Es fácil pisar a uno de estos animales y ser atacado.

Dirección: Moshé pidió a su suegro Yitró que los acompañara, pues conocía bien el desierto. Sin embargo, Yitró se negó. La séptima nube, el “amud esh ve’anán” (columna de fuego y nube), guió al pueblo como un GPS moderno.

¿NUBES VIRTUALES?

Ahora podemos comprender mejor la opinión de Ribbí Eliezer. La palabra «nube» en hebreo, ‘anán, no debe entenderse como las nubes blancas del cielo. Aquí «nube» se usa metafóricamente, refiriéndose a un mecanismo Divino que protegía al pueblo judío. Estas nubes invisibles, que protegían desde todos los lados, pueden compararse hoy a firewalls (barreras protectoras) que protegían de posibles ataques enemigos. La nube de arriba protegía de las inclemencias del clima, y la de abajo, de los animales venenosos. Finalmente, la séptima nube, la columna, guiaba al pueblo, indicando el camino.

Nuestros sabios debatieron ambas opiniones y finalmente se pronunciaron a favor de la opinión de Ribbí Eliezer.

Cuando entramos a la Sucá, debemos recordar que HaShem protegió a nuestros antepasados de todos los peligros del desierto.

 

 

 

NUEVAS NUBES SOBRE EL CIELO DE ISRAEL 

En nuestros días podemos visualizar mucho más claramente las Nubes de Gloria que protegieron a Israel en el desierto. Medinat Israel vive hoy bajo varias capas de protección, y cada una cubre lo que la anterior no alcanza: la Cúpula de Hierro (Iron Dome) para los cohetes de corto alcance, la Honda de David (David’s Sling) para el alcance medio, y la Flecha (Arrow) para los misiles balísticos de largo alcance. Siete nubes, cada una con su función.

 

El 28 de diciembre de 2025 se agregó una capa nueva de protección, hecha por hombres, inspirada por Dios . Israel desarrolló el primer sistema de interceptación por láser, el Iron Beam (o para mí: “la Sucá Láser”). En hebreo lleva el nombre de Or Eitán, por el capitán Eitán Oster z”l, comandante de la unidad Egoz, de 22 años, caído en el Líbano en octubre de 2024. Es un láser de unos cien kilovatios que derriba drones, cohetes y proyectiles de mortero, y cada disparo cuesta una fracción mínima de lo que cuesta un misil interceptor.

Todavía no está plenamente operativo. Ocho meses después de la entrega, los ajustes finales y la integración con la Cúpula de Hierro seguían en proceso. Pero ya no es una promesa lejana: existe, fue entregado, y lleva el nombre de un soldado de 22 años que murió defendiendo a su pueblo. En Israel, la protección divina se combina con la creatividad humana y con el sacrificio humano.

Que HaShem siga protegiendo a Israel de nuestros múltiples enemigos, como lo hizo con nuestros antepasados en el desierto.

UNA NUEVA NUBE DE PROTECCIÓN

En julio de este año , 2026, Israel presentó un sistema que no se parece a ninguno de los anteriores.

Se llama HYPNOSIS, lo desarrolló Israel Aerospace Industries, y su particularidad es que no dispara nada.

La Cúpula de Hierro, la Honda de David y la Flecha derriban. Interceptan el proyectil enemigo y lo destruyen en el aire. HYPNOSIS no destruye: confunde.

Son estaciones móviles que se colocan alrededor del lugar que se quiere proteger, conectadas a un centro de mando único. Entre todas generan una nube electromagnética invisible. Dentro de esa nube, el dron enemigo deja de recibir la señal satelital que lo guía. O algo más sutil: recibe una señal falsa, que le hace creer que está volando en un lugar donde no está. Pierde el rumbo y cae. De ahí el nombre del sistema.

No hay interceptor, no hay explosión y no hay costo por disparo. Hasta ahora, derribar un dron de mil dólares exigía un misil de cien mil. Una sola estación de HYPNOSIS puede desorientar a decenas de drones a la vez, todos al mismo precio. En las pruebas neutralizó sola, sin operador humano, varios aparatos que convergían sobre un mismo blanco desde direcciones distintas.

Vale la pena detenerse en la imagen. Las nubes del desierto no eran nubes de agua. Eran, según Ribbí Eliezer, un mecanismo de protección invisible que rodeaba al pueblo por todos los costados. Hoy Israel tiene una nube invisible que rodea por todos los costados aquello que quiere proteger.

Y hay algo más. Cuando los egipcios persiguieron a Israel hasta el mar, la Torá no dice que HaShem los destruyó allí mismo. Dice que la nube se interpuso entre los dos campamentos, y que HaShem confundió al campamento de Egipto:

וַיָּ֕הׇם אֵ֖ת מַחֲנֵ֥ה מִצְרָֽיִם׃

“Y confundió al campamento de Egipto” (Shemot 14:24). Les sacó las ruedas de los carros y los hizo avanzar con dificultad. La primera arma de la salida de Egipto no fue un arma. Fue una nube que le hizo perder el rumbo al enemigo.

Tres mil trescientos años después, el mismo principio volvió al campo de batalla.




SUCOT: Residir en la Sucá

לְמַ֘עַן֮ יֵדְע֣וּ דֹרֹֽתֵיכֶם֒ כִּ֣י בַסֻּכּ֗וֹת הוֹשַׁ֙בְתִּי֙ אֶת־בְּנֵ֣י יִשְׂרָאֵ֔ל בְּהוֹצִיאִ֥י אוֹתָ֖ם מֵאֶ֣רֶץ מִצְרָ֑יִם אֲנִ֖י ה׳ אֱלֹ-הֵיכֶֽם׃

“En las Sucot habitaréis por siete días, todo nativo en Israel habitará en Sucot, para que vuestras generaciones sepan que Yo hice habitar [y así protegí] al pueblo de Israel en Sucot cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo soy HaShem, vuestro Dios” (Levítico 23:42-43).

Este viernes 25 de septiembre, a la noche, comenzamos la celebración de Sucot. Este año el primer día cae en Shabbat. Sucot, seguido de Sheminí Atseret y Simjat Torá, se celebra hasta el domingo 4 de octubre a la noche.

Durante siete días dejamos nuestras casas y nos instalamos en la Sucá. Comemos, estudiamos y, si el clima y la salud lo permiten, dormimos allí. Sucot  conmemora la travesía de cuarenta años desde Egipto hasta la Tierra Prometida, cuando Dios cubrió todas nuestras necesidades y nos protegió de los peligros del desierto. Al residir en la Sucá, recreamos esa experiencia de nuestro agradecimiento y confianza en la Protección Divina, que continúa hasta nuestros días.

Los Sabios explicaron que para cumplir con esta Mitsvá debemos transformar la Sucá en nuestra residencia principal durante los siete días de Sucot, y nuestra casa en una residencia temporal. Esto implica realizar en la Sucá las actividades cotidianas que normalmente hacemos en casa. Algunos ejemplos:

COMIDAS: Excepto cuando llueve, debemos comer en la Sucá, especialmente las comidas formales que incluyen pan (hamotsi y birkat hamazón), recitando la bendición: “…asher quiddeshanu bemitsvotav vetsivanu liysheb basucá.”

MEZONOT: Alimentos como pasteles y galletas (mezonot) también deben consumirse dentro de la Sucá. Sin embargo, si se comen como un snack entre comidas, no se dice la bendición de la Sucá.

SNACKS: Alimentos ligeros como fruta o café pueden consumirse fuera de la Sucá, aunque es elogiable no comer ni beber nada fuera de ella durante Sucot.

DORMIR: Dormir en la Sucá es parte de la Mitsvá, pero depende del clima, la salud y otros factores, como la seguridad o la presencia de animales.

Siete días en una casa sin techo también nos ayudan a descubrir algo novedoso: casi nada de lo que creíamos indispensable en nuestra casa lo era. Eso es exactamente lo que la Sucá viene a enseñar.




Sucot en una cárcel mexicana

A lo largo de nuestra historia, los Yehudim hemos superado todo tipo de obstáculos para poder observar la Mitzvá de la Sucá. Uno de los ejemplos más hermosos del amor y la determinación del pueblo judío hacia este precepto, es la Sucá construida en la cárcel de la inquisición de la ciudad de México en el año 1603, por un cripto-judío (converso) llamado Sebastián Rodríguez.
Sebastián nació en el año 1573, en San Vicente Davera, Portugal. Abandonó su casa a la edad de siete años, para trasladarse hacia Sevilla (España), donde trabajó en la tienda de su tío Antonio Rodríguez, quien le enseño a leer y escribir.
A los catorce años de edad, en el año 1587, se embarcó hacia Nueva España (México) y se asentó en la ciudad de Puebla, en la casa de un pariente lejano, también portugués, de nombre Guillermo Rodríguez, el cual lo enviaba a los pueblos aledaños a vender la ropa que él mismo fabricaba. A los dieciséis años se independizó y comenzó a trabajar por su cuenta.
A los dieciocho años se casó con su prima Constanza Rodríguez. Previo a la boda, su cuñado Domingo Rodríguez, y Manuel de Lucena, llevaron a Sebastián al campo y le revelaron que él era judío. Le enseñaron muchas de leyes y tradiciones de la Torá, en especial concernientes al matrimonio y las festividades judías.
Sebastián comenzó a aprender más acerca de su religión y de su pueblo. Sus principales maestros de quienes aprendió las leyes de la Torá fueron Luis de Carvajal (El Mozo) y Sebastián de la Peña. Durante largas caminatas en compañía de sus maestros, analizaban juntos los distintos pasajes de la Torá. Luis de Carvajal siempre llevaba oculto entre el forro y el fieltro de su sombrero varios escritos con versículos y leyes de la Torá, y de esa manera le enseñaba Torá a sus alumnos.
En 1596, cuando apenas había cumplido veintitrés años, y por la acusación de un tal Pedro de Reparo, Sebastián Rodríguez fue detenido en la ciudad de México junto con su esposa Constanza. Fue llevado a las cárceles de la inquisición en la plaza Santo Domingo, muy cerca del Zócalo actual, en el Distrito Federal.
Su crimen? “Judaizar”, (una palabra acuñada por la inquisición española, y que por eso no existe en otras lenguas), es decir, practicar ritos de la religión judía. Su castigo? Reclusión perpetua y confiscación de todos sus bienes, en beneficio de la iglesia.
Ya en la cárcel y durante los primeros meses de su interrogatorio, Sebastián guardó absoluto silencio, para no involucrar a sus maestros y a otros conversos que él conocía. Luego de tres meses de tortura, donde lo mantuvieron encadenado a unos grilletes de manos y pies, Sebastián confesó que practicaba la Ley de Moisés. Fue entonces que le quitaron los grillos y lo pusieron en una celda junto a Luis Diaz, un seudo-converso que operaba como espía de la inquisición. Luis Diaz, apodado luego como “El Malshín” (el delator), informó a los inquisidores que su compañero de celda, Sebastián, “judaizaba”, esto es: que no consumía la carne que le servían; no barría el piso de su celda los sábados, se lavaba las manos antes de consumir pan, y todos los días se paraba en silencio y con la cabeza cubierta frente a una pared, en dirección al este (Jerusalem).
Como consecuencia de este informe Sebastián fue llevado ante los inquisidores para que declarase la verdad pero como negaba las acusaciones que le imputaban, se procedió nuevamente a la tortura. Esta vez con un instrumento de tortura llamado “el potro” (estiramiento in extremis de las extremidades del cuerpo) . Después la quinta vuelta del cordel, Sebastián declaró que él “judaizaba”, pero que “se arrepentía de lo que había hecho”.
Se acercaba Sucot, la fiesta de las cabañas, del año 1603, y Sebastián Rodríguez, su esposa Constanza y su pequeño hijo Domingo, llevaban ya siete años encerrado en la cárcel de la inquisición conocida como “La casa Chata”. El mayor deseo de Sebastián era celebrar la fiesta de Sucot, pero parecía un sueño imposible … Entonces, surgió en su mente plan muy arriesgado pero que podría funcionar: tenía que construir una Sucá (cabaña ritual) en el patio de la propia cárcel.
A principios de septiembre de 1603, el Virrey de Nueva España le otorgó al Capitán Esteban Lemos, un notario de la Inquisición, un importante premio. Sebastián Rodríguez propuso honrar al Capitán Lemos en “La casa Chata” y dedicar una fiesta en su honor. El entusiasta guardia de la prisión le dio permiso a Sebastián para hacerlo. Y también aprobó La fecha elegida por Sebastián: el 21 de Septiembre, y la lista de invitados propuesta por Sebastián, que incluía a varios conversos amigos.
Sebastián también se ofreció para decorar el patio. Pidió una gran cantidad de ramas, que fueron traídas por cuatro nativos, y así comenzó a construir su Sucá. Preparó y decoró el patio abierto, conocido hasta hoy como “patio de los naranjos”, colocando las ramas encima de sus cuatro paredes.
Para esta “ocasión especial” se preparó una deliciosa comida, con pollo como plato principal. El pollo era kasher, sacrificado a través de la Shejita (sacrificio ritual), algo que Sebastián organizó con ayuda desde fuera de la prisión.
El 21 de septiembre de 1603, el primer día de Sucot, Sebastián Rodríguez, junto con su esposa Constanza, y otros conversos, invitados y prisioneros, celebraron la fiesta de de Sucot, comiendo bajo el Sucá y regocijándose con canciones, bailes y alegría, frente a los inquisidores Alonso de Peralta y Gutiérrez Bernardo de Quirós, que nunca supieron que los prisioneros judíos estaban celebrando una festividad bíblica frente a sus narices.
El 2 de junio de 1606, la Inquisición decidió que ya se había transformado finalmente en un cristiano rehabilitado y Sebastián Rodríguez, su esposa Constanza Rodríguez y su hijo Domingo fueron liberados.
Hoy, 400 años después, la arriesgada decisión de Sebastián Rodríguez de construir un Sucá dentro de la prisión de la inquisición es un ejemplo inspirador de la determinación del pueblo judío de mantener y cumplir nuestra Torá sin importar las circunstancias. Desafiando incluso a la Inquisición española, una de las instituciones más horribles de persecución religiosa, que persiguió a nuestros hermanos y hermanas incluso en el Nuevo Continente.
Esta historia está registrada en los Archivos Generales de la Nación Mexicana, ubicados en el palacio de Lecumberri. “Proceso contra Sebastián Rodríguez y Constanza Rodríguez como Judaizantes”, Inquisición en México, 1595-1596, vol 154, exp.2
(El artículo original fue escrito por el Sr. Eli Suli , México, experto en historia judía sefaradí y amigo personal).



SUCCOT Y LA ALIANZA DE LAS CUATRO PLANTAS

CUATRO JUDÍOS, CUATRO IDEAS

Nuestros sabios indicaron que las cuatro plantas que tomamos en Sucot representan la comunidad judía: 4 tipos diferentes de individuos que se distinguen unos de otros en cuanto a su nivel de conocimiento y observancia de la Torá. El etrog que tiene un buen aroma y un gusto agradable, representa al judío que sabe y observa la Torá. ¿Por qué? Los sabios explicaron esta metáfora así: El gusto del fruto simboliza el estudio de la Torá, ya que su aprendizaje debe ser placentero y dulce. El aroma simboliza el cumplimiento de las Mitsvot, cuya intención siempre debe ser inmaterial, desinteresada. El Lulab, que es una hoja de palmera datilera, tiene un fruto de un gusto muy dulce: el dátil; pero que no tiene ningún perfume. El Lulab representa a aquel que estudia la Torá, pero no la observa plenamente. El mirto, o en hebreo hadás, tiene un agradable aroma, pero no tiene gusto ni esencia (no se puede hacer té de con sus hojitas). Las ramitas del mirto representan a aquel que observa la Torá, pero no la estudia: no entiende su profundidad. Y finalmente, tenemos las ramas de sauce o “arabá” que no tienen ni gusto ni aroma, y representan al judío que no es observante y no tuvo la oportunidad de aprender Torá. La comunidad judía, dijeron los sabios hace 2.000 años, está representada por estos cuatro individuos. En Sucot, con mucha atención y devoción, «ponemos a todos los miembros de la comunidad judía juntos». Y si uno de ellos no está allí, hemos fallado en cumplir con este hermoso precepto.

¿Qué mensaje nos transmite el hecho de que todos estos miembros de esta diversa comunidad estén presentes?

EL DESAFIO DEL ETROG

En primer lugar esta metáfora nos enseña que el etrog, que ya de por sí está separado de las otras 3 plantas, no debe mantenerse aislado de la comunidad. Tiene que unirse a los que son menos que él, estar al lado de los que no observan o no saben la Torá. Y al hacerlo, al mantenerse unido y no separarse, logrará perfumar con su fragancia a las demás plantas. Una vez que el etrog se une a los demás, entonces decimos la bendición y «elevamos» las 4 plantas a la vez. ¿Cuál es el secreto para que el etrog se transforme en un influencer positivo? El etrog debe poner especial atención en cuidar muy estrictamente todos los preceptos que tiene que ver con “derej eretz”, es decir: educación, honestidad, humildad y respeto hacia los demás. Y si además de eso el etrog vive su observancia de la Torá con alegría, se transformará en un imán «irresistible». Pero, ¿por qué los Sabios tuvieron que enfatizar la necesidad de que el etrog no se separe? En mi opinión, porque hay un fenómeno que lamentablemente no es poco común: muchos judíos religiosos optan por separarse de la comunidad, abrirse por completo y tratar de juntarse sólo con otros etroguim “como uno”. La tentación puede ser muy grande: ¿seré capaz de influir positivamente en el resto de la comunidad, o terminaré siendo influido por los que saben y observan menos que yo? De acuerdo a esta y otras enseñanzas de nuestros sabios (ver por ejemplo aquí כל תענית שאין בה מפושעי ישראל אינה תענית שהרי חלבנה ריחה רע ומנאה הכתוב עם סממני הקטורת) alejarse de los demás miembros de la comunidad sería como querer cumplir con la Mitsva del Lulab ¡con un grupo de cuatro etroguim!

A veces esta polarización sucede, pero no deliberadamente sino por negligencia. Si el etrog, por ejemplo, no observa los valores de “derej erets” con la misma rigurosidad con la cual observa todo lo ritual. Si su observancia no está acompañada de honestidad, humildad y respeto incondicional al prójimo, su mal ejemplo puede causar un efecto pendular que dispara a todas las otras plantas hacia el límite. O más allá. Como leímos la semana pasada en Ha-azinu, cuando la Torá le resulta negativa a quien la ve o la escucha, es porque aquellos que la debemos representar, no la estamos representando bien.

EL PROBLEMA DE LA ARABA

Por el otro lado, la arabá, el judío que sabe menos o que no es observante, debe tener la mente abierta y estar dispuesto a aprender, a aceptar la posibilidad de que sus opiniones negativas sobre la Torá puedan ser solo prejuicios. Que quizás haya juzgado al árbol del judaísmo por unas pocas manzanas podridas. Que nunca es tarde para aprender o para cambiar de opinión. ¿Saben de quién aprendí esta gran lección? De mi papá, z”l. Como muchísimos otros judíos, mi padre se crió en una familia completamente no observante. Nunca fue a una escuela judía, ni tuvo la oportunidad de aprender a leer hebreo. Mi papá era quizás una arabá: pero una hermosa arabá. Porque a pesar de no ser religioso, nunca fue antirreligioso. Nunca se opuso a que yo, su hijo, aprendiera más sobre judaísmo o quisiera ser más observante. Es más, se alegraba cuando, en mi adolescencia, comencé a estudiar la Torá. Esta actitud positiva lo mantuvo siempre «dentro» de la comunidad virtual de las cuatro plantas. Lamentablemente, y por muchísimas razones que no podría explorar en unas pocas líneas, muchos judíos no observantes se pasan al otro lado. Cruzan el límite de la «arabá», la línea roja que los separa de la tolerancia. Y su irreligiosidad puede convertirse en un tóxico activismo antirreligioso. Cuando esto ocurre, se quiebra «el sagrado pacto de la comunidad de las cuatro plantas» y la separación es inevitable. Las consecuencias de la antirreligiosidad siempre fueron catastróficas para el pueblo judío.

Todos nosotros, «los miembros de esta hermandad de las cuatro plantas», debemos hacer todo lo posible para practicar el respeto y la tolerancia hacia cada individuo de AM ISRAEL. Nuestro mayor objetivo es permanecer unidos. Crecer y elevarnos juntos. Entendiendo que aquello que nos une, cuenta mucho más que aquello que nos diferencia.




Perdonar a quien no me pide perdón

Antes de que Yom Kippur comience, debemos pedir perdón a quien sea que hayamos ofendido, insultado, lastimado, avergonzado, etc. Nuestros Sabios explicaron que las ofensas que hemos cometido contra otras personas NO son perdonadas en Yom Kippur a menos que nos disculpemos primero con aquellos a quienes hemos ofendido. Tenemos que ser especialmente conscientes de pedir perdón a nuestros padres, a quienes debemos respeto y honor ilimitados.

También es muy importante perdonar. Perdonar a familiares, amigos, seres queridos y colegas. Cuando alguien se disculpa por habernos ofendido, debemos estar dispuestos a perdonar y olvidar. Después de todo, en Yom Kippur le pedimos a Dios que nos perdone y olvide nuestras acciones equivocadas. Perdonar a los demás, sin duda, nos hará más merecedores del perdón divino.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando alguien me ofendió o me hizo daño pero él o ella no me llama para pedir perdón? ¿Puedo perdonar a otros sin que me lo pidan o debo esperar hasta que me pidan perdón?

Hay una diferencia fundamental entre disculparse y perdonar. El acto de perdonar podría hacerse unilateralmente. Obviamente, es más satisfactorio y legítimo recibir una disculpa de quien me ofendió. Pero todos sabemos que pedir perdón no es fácil. Se necesita mucha humildad y coraje al mismo tiempo… La mayoría de las personas son demasiado tímidas o tienen demasiadas barreras psicológicas, como el orgullo o la baja autoestima, lo que les impide hacerse responsables de sus errores y verbalizar su disculpa…

Sin embargo, hay algo que podemos hacer al respecto.

Podemos y debemos perdonar aunque no hayamos recibido una disculpa.

El resentimiento es un veneno que afecta a la víctima, no al ofensor.

Por nuestro propio bien, necesitamos liberarnos del resentimiento, el odio y los sentimientos de amargura que podemos albergar en nuestros corazones. Algunas veces quedamos atrapados en el resentimiento, y el odio se “apodera” de nuestro sistema emocional y nos causa un gran daño. Cuando estamos obsesionados con “hacer que alguien pague” por sus ofensas, le otorgamos a quien nos ha hecho daño el enorme poder de seguir haciéndonos daño desde adentro, cediéndole el control de nuestras mentes y nuestros corazones.

Nuestros Sabios nos enseñaron los grandes beneficios del perdonar y llevar algunos asuntos “unilateralmente” a un cierre emocional.

En Masejet Meguilá 28a, los estudiantes del muy anciano Ribbi Nehunya ben haQana le preguntaron a su maestro cómo hizo para merecer una vida tan larga. Ribbi Nehunya respondió que nunca se había ido a dormir antes de perdonar en su corazón a cualquiera que lo hubiera perjudicado ese día. “Nunca llevé a mi cama las ofensas de mi vecino”. Y Mar Zutra explicó sus palabras: todas las noches, a la hora de acostarse, Ribbi Nehunya declaraba en su corazón: “Perdono a todos aquellos que me han ofendido”.

En otras palabras, todas las noches antes de irse a dormir, Ribbi Nehunya practicaba el perdón unilateral. Perdonaba a quienes lo ofendieron por iniciativa propia aunque sus ofensores no venían a disculparse. Esta exoneración proactiva, entre otras cosas, liberaba al rabino Nehunya de los efectos destructivos del odio y el resentimiento, y como vemos, tuvo un tremendo impacto positivo en la duración (y probablemente también en la calidad) de su vida.

Hay una hermosa Tefilá (= plegaria), que está inspirada en el ejemplo del rabino Nehunya ben haQana, que se encuentra en todos los Siddurim (= libros de oración) en la sección de Qeriyat Shema ‘al hamitá, el Shema Israel que decimos cuando nos vamos a dormir.

El siguiente es un breve resumen de esa oración: Ribbono shel ‘olam…

“¡Amo del Universo! Declaro en mi corazón que perdono a todos aquellos que me han perjudicado u ofendido. Ya sea que hayan causado algún daño contra mi nombre o contra mi honor, o física o emocionalmente. Ya sea que estas ofensas contra mí se hayan cometido inadvertidamente o deliberadamente, negligentemente o con premeditación, con palabras o con acciones físicas… Declaro que perdono a todo Yehudí y te pido, HaShem, que nadie sea castigado por mi culpa”.




VISPERA DE YOM KIPPUR: ¿Qué debemos hacer hoy?

Hoy domingo 20 de septiembre, un poco antes de la puesta del sol, comienza la jornada más sagrada del año judío.

Esto es lo que debemos hacer en la víspera de Yom Kippur.

PEDIR PERDÓN

Los pecados cometidos contra otra persona NO son perdonados en Yom Kippur, a menos que uno obtenga previamente el perdón de la persona a la que ha herido u ofendido. Por lo tanto, es necesario ir a ver (o al menos llamar por teléfono o enviar un email o mensaje de texto) a aquella persona a quien uno le haya causado daño, ofendido o herido, voluntariamente o sin querer, y pedirle perdón. Esto incluye amigos, colegas, esposos y otros miembros de la familia. Se debe prestar especial atención a pedir perdón a nuestros padres.

PERDONAR

Es un hermoso gesto y un gran mérito perdonar, de manera unilateral y sincera, a todos aquellos amigos y familiares que nos han herido u ofendido, eliminando todos los sentimientos negativos que pudieran estar anidando resentimiento en nuestros corazones. Recordemos lo que explicaron los Sabios: Dios nos juzga y nos perdona de la misma manera en que nosotros juzgamos y perdonamos a los demás. Los padres debemos perdonar a nuestros hijos en nuestro corazón, evitando así que se sientan culpables de haber transgredido el quinto mandamiento.

COMER

En la víspera de Yom Kippur debemos comer y beber más de lo habitual. Comer abundantemente nos dará la energía y la fuerza para ayunar. Según algunos rabinos como Menorat haMaor, la comida extra en la víspera de Yom Kippur compensa por las comidas festivas (Yom Tob) que no tenemos en Yom Kippur, ya que Yom Kippur es, en esencia, un día de celebración. Antes de que comience el ayuno, hacemos la se’udat hamafseqet, la última comida antes de ayunar.

Hay que terminar de comer unos 15 a 20 minutos antes de la puesta del sol. En Nueva York, el sol se pone hoy a las 6:55 pm. Ver los horarios de su ciudad de residencia aquí.

TEFILÁ

Debemos repasar nuestras Tefilot y tratar de comprender lo que vamos a decir en nuestros rezos, y muy especialmente en el Viduy, la plegaria de confesión. Es aconsejable tener en mente las acciones incorrectas y los malos hábitos que hemos cometido, para poder admitirlos, articularlos y, con la ayuda de Dios, cambiarlos.

TSEDAQÁ y KAPPAROT

Es una muy buena costumbre dar caridad extra en la víspera de Yom Kippur. Practicar la tsedaqá es una de las mejores maneras de demostrar nuestro renovado compromiso con la bondad y la rectitud. También es muy recomendable hacer las Kapparot con Tsedaqá.

MIKVÉ

En muchas comunidades es habitual que los hombres se sumerjan en el Mikvé (baño ritual) en la víspera de Yom Kippur. Esto nos recuerda al Kohen Gadol, que se purificaba en el Mikvé antes de realizar su Servicio Sagrado (‘abodat Yom haKippurim).

MINJÁ GUEDOLÁ

El día de hoy se acostumbra rezar temprano la oración de Minjá de la víspera de Yom Kippur. En algunas comunidades la costumbre es rezar Minjá de hoy con Talit y Tefilin. Durante la Amidá recitamos el Viduy. Luego nos vamos a casa y nos preparamos para la última comida antes del ayuno.

AÑADIR TIEMPO

Debemos abstenernos de las cinco prohibiciones de Kippur y de hacer cualquier trabajo prohibido en Yom Kippur, tal como lo hacemos en Shabbat (melajá), aproximadamente 15 a 20 minutos antes de la puesta del sol, cumpliendo con la Mitsvá de añadir tiempo en la víspera de Yom Kippur. Por esta razón, también retrasamos la culminación de Yom Kippur hasta un poco después del anochecer.

ENCENDIDO DE LAS VELAS

Existen diferentes costumbres respecto a la obligación de encender velas en la víspera de Yom Kippur, ya que el motivo principal de encenderlas antes de Shabbat y Yom Tob es tener luces para la cena, algo que en Yom Kippur, obviamente, no ocurre. La opinión del rabino Obadiá Yosef (Sefaradí) y del rabino Melamed (Ashkenazí) es que las mujeres deben encender las velas y decir la berajá como lo hacen antes de que comience Shabbat, unos 15 a 20 minutos antes de la puesta del sol.

La berajá es: …asher quiddeshanu bemitsvotav vetsivanu lehadliq ner shel Yom haKippurim.

Respecto a la berajá shehejeyanu, lo mejor es que las mujeres, al igual que los hombres, escuchen la bendición que se recita en el momento de Kol Nidré. Si esto no es posible, en muchas comunidades sefaradíes se acostumbra que la mujer diga Shehejeyanu, pero debe saber que al decir esta bendición está recibiendo Yom Kippur y, por lo tanto, no puede comer ni beber, ni hacer ningún trabajo prohibido, ni calzar zapatos de cuero. En algunas comunidades sefaradíes las mujeres acostumbran encender las velas sin recitar ninguna berajá.

DEJAR UNA VELA ENCENDIDA PARA LA HABDALÁ

El lunes a la noche, al finalizar Yom Kippur, recitamos la habdalá, como cuando finaliza un Yom Tob, pero con dos diferencias.

Primero, no decimos la bendición de besamim. ¿Por qué? Porque cuando termina Shabbat, olemos una planta aromática como expresión de consuelo por la tristeza de que haya finalizado el séptimo día. Pero al final de Yom Kippur no estamos tristes. Al contrario: estamos contentos, porque hemos sido perdonados por el Creador del mundo y todos nuestros pecados han sido borrados.

Segundo, recitamos la bendición Boré Meoré haEsh, a pesar de que no es un sábado a la noche. Pero esta berajá se dirá únicamente si tenemos una vela que fue encendida antes de Yom Kippur. Los Jajamim indicaron recitar esta bendición para señalar que, durante Yom Kippur, no podíamos usar el fuego de esa vela para cocinar ni para encender otras velas, como sí hacemos en Yom Tob. Al ver ahora esta vela que no se utilizó (ner sheshabat), declaramos la diferencia entre Yom Kippur y un día común.

Por eso, antes de que comience Yom Kippur, dejamos encendida una vela especial, ner neshamá, o cualquier vela de larga duración. Si no queda una vela encendida desde antes, no se dice Boré Meoré haEsh en la habdalá.

תזכו לשנים רבות




NAZA y YOM KIPPUR: No todo es perdonable

LOS PRIMEROS TRAIDORES
La Amidá, la oración central de la liturgia judía, contenía originalmente dieciocho bendiciones; una más fue agregada en tiempos de Rabán Gamliel. Trece de estas bendiciones son peticiones. Le pedimos a HaShem inteligencia, perdón, salud, sustento, justicia, redención y muchas otras cosas. Pero la petición adicional sorprende por su contenido.
En el texto sefaradí, esta berajá comienza con las palabras: “Laminim velamalshinim al tehí tikvá: “Que no haya esperanza / salvación para los herejes y los delatores…”.  Estas dos conductas —traicionar el pacto con Dios y traicionar a su propio pueblo— suelen venir juntas.  Este pedido a Dios es diferente de todos los demás. No le pedimos a HaShem nada para nosotros, ni ningún bien material. Le pedimos que nos proteja de nuestros enemigos internos.
El Talmud (Berajot 28b) cuenta que, después de la destrucción del Bet Hamikdash, alrededor del año 90 de la era común, los Sabios se reunieron en Yavne. Rabán Gamliel pidió entonces que se formulara esta nueva petición y se agregara al sagrado texto de la Amidá. Esto es extraordinario.
Rabban Gamliel se atrevió a modificar una estructura litúrgica establecida por los Sabios y los profetas de Israel y a agregar una nueva petición. ¿Por qué? Porque había surgido un problema nuevo. El pueblo judío había perdido su soberanía. Ya no tenía sus propios jueces ni tribunales y vivía sometido al poder de Roma, que no simpatizaba en absoluto con los judíos. En esta nueva realidad, un judío podía presentar ante las autoridades del Imperio una acusación contra otro judío, lo que ponía en peligro su libertad, sus bienes e incluso su vida. La comunidad judía ya no tenía jurisdicción sobre ese individuo. En tiempos normales, cuando existía un tribunal de justicia rabínico y surgía un conflicto entre correligionarios, se seguían las normas que la Torá establecía para juzgar el caso: la exigencia de pruebas fehacientes y de testigos que se presentaran a cara descubierta antes de condenar a una persona.
Pero ahora, si un judío acudía a las autoridades romanas para acusar a otro judío, como en el caso de Kamtsa y Bar Kamtsa, la situación se invertía. El acusado perdía la garantía de ser considerado inocente hasta que se demostrara fehacientemente lo contrario, mientras que el delator gozaba de un “derecho extraordinario”: la credibilidad total de facto. ¿Por qué?
Porque una acusación contra los judíos, pronunciada por un no judío, podía despertar sospechas: tal vez había odio, antisemitismo o intereses económicos de por medio. Pero cuando una acusación provenía de otro judío, adquiría de inmediato una credibilidad especial. Y las autoridades romanas, siempre dispuestas a alimentar su propaganda antijudía, la recibían como un regalo en bandeja de plata: “Si un judío delata a otro judío, es verdad”.

CON TU DIFAMACIÓN ME ALCANZA
El delator y hereje podía, además, beneficiarse personalmente de su traición. Podía obtener la protección de las autoridades, ventajas económicas, venganza, prestigio o simplemente la satisfacción de destruir a un adversario de su propio pueblo con extrema facilidad. Los judíos, por su parte, no tenían los instrumentos legales para detener o castigar al traidor ni para neutralizar el daño que podía causar.
A quien difamaba a su propio pueblo nuestros Sabios lo llamaron malshín, delator, traidor, o moser: literalmente, “entregador” o colaborador con el enemigo. Los malshinim se convirtieron así en un peligro extraordinario: la mayor amenaza para la supervivencia colectiva del pueblo judío. Este problema era más grande que todas las demás necesidades del pueblo”. Por este motivo, nuestros Sabios decidieron crear una nueva “petición nacional” e introducirla en la Amidá. Ante la impotencia de la comunidad judía para defenderse de un traidor, lo único que quedaba por hacer era apelar a la asistencia Divina. Y lo hicieron de manera oficial y permanente, y no como una medida temporaria, porque comprendieron que no sería la última vez que el pueblo judío tendría que enfrentar esta realidad.
Esta berajá es un recordatorio permanente que no aparece en los libros de historia ni en ninguna legislación marginal, sino en el corazón mismo de nuestra vida religiosa: nada menos que en la Amidá, la oración que pronunciamos con la mayor solemnidad posible tres veces al día.

DAÑO NO COLATERAL
Hace un par de días, los judíos del mundo quedamos conmocionados. Un documental llamado NAZA, en hebreo nézek agaví, “daño colateral”, que, fonéticamente, en inglés o en español, suena inevitablemente a una combinación entre GAZA y NAZI, ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Venecia, tras una insólita ovación de pie de casi 25 minutos.
Es una producción de dos periodistas israelíes, judíos, de extrema izquierda. La película sostiene que, durante la guerra de Gaza, que comenzó con la masacre del 7 de octubre, el ejército israelí autorizó deliberadamente la eliminación de numerosos civiles inocentes en sus decisiones de ataque, recurriendo a sistemas de inteligencia artificial para seleccionar objetivos, y no hizo nada para minimizarla. En otras palabras, el documental les entrega a los antisemitas las municiones que necesitan para validar la acusación ridícula de “genocidio” contra Israel.
La película se basa en testimonios anónimos de supuestos “soldados” israelíes. Hablan en hebreo, pero no se identifican. Las acusaciones se presentan sin fecha, sin lugar y sin identidad verificable de quien las formula. No serían válidas ante ninguna corte de justicia. El ejército israelí las desmintió: los testigos describen situaciones en las que, por definición, no participaron, y las decisiones de atacar o no atacar un objetivo las toman personas, no una inteligencia artificial.  Pero ¿a quién le importa verificar pruebas o investigar las motivaciones de los acusadores? ¿A los europeos infectados por el virus del “deicidio” (los judíos asesinamos a un dios) y por veinte siglos de antisemitismo cultural? ¿O a los abiertamente filoislamistas? Para ellos, pocas cosas resultan más atractivas que un “libelo de sangre contra los judíos” emitido por los propios judíos.
¿Cuál será el precio que los judíos deberemos pagar por este acto de traición y difamación ? ¿Y quiénes lo van a pagar, mientras los malshinim gozan de fama y gloria? ¿Nuestros valientes soldados, los que arriesgan sus vidas para defendernos?

¿QUIÉN NECESITA CONTEXTO?
NAZA no solo difama al ejército israelí; también elimina del relato el contexto que explica por qué comenzó esta guerra. Bill Maher, un periodista norteamericano, explicó hace muy pocos días en su programa que lo que Israel hizo en Gaza no fue un genocidio sino un contraataque, contra los terroristas de Gaza que violaron, robaron y asesinaron a judíos en una escala medieval. Maher  cuestionó el uso de la palabra “genocidio” como si el 7 de octubre nunca hubiera ocurrido. Maher le dijo a su invitada, una influencer antisionista: “Si quieren que los judíos no maten a nadie en Gaza, dejen de atacarlos”.
Los europeos, que tanto aplaudieron el documental, deberían dedicar unos 45 minutos más de su precioso tiempo a mirar otro documental: las imágenes reales del 7 de octubre, filmadas por los propios asesinos. Allí no hay testimonios anónimos ni rostros cubiertos. Hay nombres, imágenes, lugares, horarios y hechos identificables. Quizás sea hora de que ese material se exponga, a pesar de su horrible contenido gráfico, como un pequeño contrapeso frente a las calumnias que se presentan completamente descontextualizadas respecto del 7 de octubre.

EL EJÉRCITO MÁS CUIDADOSO DEL MUNDO
Hace unos días escuché a John Spencer, especialista en guerra urbana del Modern War Institute de West Point, que lleva años estudiando el combate en ciudades y que ha seguido muy de cerca lo ocurrido en Gaza. Sus comparaciones son dignas de conocerse. En la batalla de Mosul, entre 2016 y 2017, alrededor de 100.000 soldados iraquíes, con el apoyo de la coalición liderada por Estados Unidos y de una enorme superioridad aérea, tardaron aproximadamente nueve meses en expulsar de una sola ciudad a unos pocos miles de combatientes de ISIS. Murieron miles de civiles. Spencer sostiene que la proporción de combatientes a civiles muertos en Gaza ha sido excepcionalmente baja para una guerra urbana de esta magnitud, y ha argumentado reiteradamente que Israel tomó medidas extraordinarias para reducir las víctimas civiles. Su conclusión es contundente: en su análisis, Israel hizo más para evitar bajas civiles que cualquier otro ejército que haya estudiado en condiciones comparables.
Quienes conocemos de cerca a los soldados de Israel sabemos de los enormes riesgos que corren con sus propias vidas ¡para minimizar las víctimas civiles del enemigo! Es exactamente lo contrario de la imagen que esta película presenta.
Pero para el antisemita, europeo o islamista, el judío favorito es el judío pequeño, sometido, vencido, débil y humillado. Lo que no puede soportar es ver a un judío libre, fuerte, que se defiende y ¡es capaz de ganar! El motor del antisionismo / antisemitismo moderno es la intolerancia hacia un Estado judío que se defiende, contraataca y sale victorioso.
Entonces queda un último recurso: ¡sí, los judíos ganan! Pero ganan porque “son genocidas”, porque son “asesinos de bebés”. Los soldados israelíes son los “deicidas” de turno del mundo moderno. Y los gazatíes, los civiles de un pacífico pesebre.

QUE DIOS SE OCUPE DE ELLOS
למינים ולמלשינים אל תהי תקוה וכל הזדים כרגע יאבדו וכל אויביך וכל שונאיך מהרה יכרתו ומלכות הרשעה מהרה תעקר ותשבר ותכלה ותכניע במהרה בימינו. ברוך אתה ה׳ שובר אויבים ומכניע זדים.
Que no haya salvación ni escape para los traidores y los delatores; que aquellos que actúan con traición desaparezcan, y que toda fuerza maligna que busca destruir a Tu pueblo sea quebrada y sometida.
Fíjense en algo muy llamativo: en este caso la Amidá no le pide a HaShem que estas personas se arrepientan, que reconozcan su error, que pidan perdón y se rediman. El texto no deja la puerta abierta. Porque no se trata solamente de herejes religiosos; se trata de algo mucho más grave: traidores a su pueblo. Y esta petición poco común pide que sean excluidos,  apartados de nuestro pueblo, y que la justicia llegue de la mano de Boré Olam.
¿Por qué una expresión tan extrema?
Porque el daño que produce un judío que utiliza su condición de judío para legitimar ante el mundo una acusación contra su propio pueblo no es reparable. Es un daño nacional, colectivo, que no se puede corregir.
Y frente a ese enemigo interno estamos indefensos. Impotentes. Nada podemos hacer cuando una difamación viene “desde adentro”. ¿Qué vamos a decir? ¿Qué hay judíos antisemitas?   Por eso, en esta bendición, demandamos justicia de manos de Dios. Es un texto muy duro. No dice “Haz que comprendan”. No dice “Haz que cambien”. Dice mucho más: libéranos de ellos y ocúpate Tú de hacer justicia, bimherá beyamenu, lo más pronto posible. Antes de que sigan haciendo más daño.

LA AMIDÁ COMO TESTIMONIO
Tres veces al día decimos:  laminim velamalshinim al tehí tikvá. Porque nuestros Sabios comprendieron la gravedad de este peligro y lo grabaron en el corazón mismo de la Amidá, para que nunca desaparezca de nuestra memoria el peligro de la traición que viene desde adentro.  Quienes entregan a su pueblo al enemigo cruzaron una línea sin regreso. Ya no están de nuestro lado. Están del otro. No todo es perdonable. Pero no queda impune. Queda en manos de la justicia Divina. Esa justicia conoce las fechas, los lugares, las pruebas y quién está detrás del rostro cubierto. Conoce lo que hay en lo más recóndito del corazón humano. Conoce al bueno y al malo. Al que protege y al que ataca. Al que construye y al que destruye. Al que ama a su pueblo y al que lo entrega.

Dios se ocupará de ellos.




¿Cuándo no se ayuna y cómo comer cuando no se ayuna?

Este domingo 20 de septiembre,  antes de la puesta del sol, comienza Yom Kippur, día de ayuno y expiación.

En Yom Kippur hay cinco prohibiciones:

LAS CINCO PROHIBICIONES DE YOM KIPPUR
1 Comer y beber
2 Lavar el cuerpo
3 Ungir el cuerpo
4 Mantener relaciones matrimoniales
5 Usar zapatos de cuero

En algunos casos no se ayuna

Por ejemplo:

MENORES

Un niño o una niña menor de nueve años no debe ayunar, ni siquiera por unas horas. Cuando los niños cumplen nueve años, si están sanos, deben ayunar un par de horas. Al año siguiente, los padres deben alentarlos a ayunar un poco más, para que se vayan acostumbrando de a poco a ayunar un día entero. A los once años, si gozan de buena salud, deben intentar ayunar todo el día. Una niña sana de doce años y un niño sano de trece años tienen la obligación de ayunar.

Menos de 9 No ayunan, ni siquiera por unas horas
9 años Un par de horas, si están sanos
10 años Un poco más que el año anterior
11 años Intentan ayunar todo el día, si gozan de buena salud
Niña 12
Niño 13
Obligados a ayunar

MADRES

La madre no debe ayunar durante los tres primeros días después del parto. La misma regla se aplica durante las 72 horas posteriores a un aborto espontáneo. Pasadas las primeras 72 horas, y hasta el séptimo día después del parto, si la madre dice que necesita comer, debe comer. A partir del séptimo día debe ayunar como todos, salvo que su médico le indique lo contrario. Una mujer en trabajo de parto no debe ayunar.

En trabajo de parto Días 1 a 3 Días 4 a 7 Después del día 7
No ayuna No ayuna
(también 72 horas después de un aborto espontáneo)
Si dice que necesita comer, come Ayuna, salvo que su médico indique lo contrario

Días contados a partir del parto

ENFERMEDAD

Una persona con una enfermedad crónica, como la diabetes, una persona mayor debilitada por su edad avanzada, o alguien que toma una medicación necesaria o recibe un tratamiento médico esencial, debe consultar con un médico confiable para saber si puede suspender la medicación, si necesita tomarla, o si puede tomarla sin agua. Después de evaluar las opciones con el médico, se debe consultar también con un rabino para determinar, según lo indicado por el médico, cómo comer o tomar la medicación en caso de ser necesario.

PASO 1Consultar con un médico confiable → PASO 2Consultar con un rabino

En una situación de peligro de vida, o incluso cuando existe la posibilidad de que lo sea (safeq sakaná), se debe interrumpir el ayuno, aunque no se haya consultado con un médico. Más abajo se explica cómo comer cuando es necesario interrumpir el ayuno.

EMBARAZO

La siguiente información es una guía general para embarazos normales y saludables. No reemplaza el consejo médico profesional.

Mujeres embarazadas: Una mujer embarazada debe ayunar como todos, siempre que ella y el bebé estén bien de salud y el embarazo no tenga complicaciones. Sin embargo, si durante Yom Kippur la madre se siente mal, y en particular si vomita o tiene síntomas de deshidratación, debe interrumpir el ayuno y comer o beber de inmediato (ver más abajo: “Cómo interrumpir el ayuno”). Los mareos o las náuseas leves, que se pueden manejar recostándose en un sillón o en una cama, se consideran normales en un día de ayuno y deben tolerarse. Si los mareos o las náuseas continúan o empeoran, se debe interrumpir el ayuno.

Normal en un día de ayuno Interrumpir el ayuno
Mareos o náuseas leves que se pueden manejar recostándose en un sillón o en una cama Vómitos
Síntomas de deshidratación
Mareos o náuseas que continúan o empeoran
Dra. Jessica Jacob, Embarazo y Yom Kippur

La Dra. Jessica Jacob, ginecóloga y obstetra de Long Island, NY, explica que, según investigaciones en mujeres embarazadas sanas, no hay evidencia de que el ayuno cause complicaciones para la madre o el bebé. Hace algunos años, la Dra. Jacob dio en la comunidad UMJCA una conferencia muy detallada sobre “Embarazo y Yom Kippur”. Se recomienda especialmente que toda mujer embarazada la escuche. Allí la Dra. Jacob explica la investigación médica sobre el tema, por qué un médico podría aconsejar a una mujer embarazada no ayunar, cómo sobrellevar las molestias, en qué circunstancias una mujer embarazada debe interrumpir el ayuno, etc.

Gracias a la iniciativa de Micaela Masri, lectora de Buenos Aires, la conferencia fue transcrita y traducida al castellano.

Conferencia en castellano: EMBARAZO Y YOM KIPPUR

En inglés: PREGNANCY AND YOM KIPPUR

CÓMO REDUCIR EL RIESGO DE DESHIDRATACIÓN EN YOM KIPPUR

Para reducir el riesgo de deshidratación, hay que hidratar el cuerpo con suficientes líquidos. Pero hay que hacerlo de la manera correcta. Beber mucha agua justo antes del ayuno sirve de poco. La mayor parte de esa agua sale del cuerpo enseguida, y por lo general, para la noche de Yom Kippur, ya no está. En lugar de beber mucha agua de una vez, se deben beber pequeñas cantidades durante las 48 horas previas al ayuno. Lo recomendado es beber un vaso mediano de agua (180 a 240 ml) aproximadamente cada hora durante los dos días previos al ayuno, para que las células mismas se hidraten. Es la misma recomendación que se les da a los atletas antes de correr un maratón. Siempre consulte con su médico.

✗ Sirve de poco ✓ La manera correcta
Mucha de una vezBeber mucha agua justo antes del ayuno. Para la noche de Yom Kippur, esa agua ya no está. 180 a 240 ml cada horaPequeñas cantidades durante las 48 horas previas al ayuno, para que las células mismas se hidraten.

¿CÓMO SE COME Y SE BEBE CUANDO ES NECESARIO INTERRUMPIR EL AYUNO?

Cuando el médico o el rabino indicaron que se debe comer en Yom Kippur, se procede de la siguiente manera:

PORCIONES PEQUEÑAS, CON PAUSAS
COMIDA 30 g
(1 onza)
→
esperar 10 min
30 g
según necesidad
BEBIDA 30 cc
cualquier líquido
→
esperar 5 min
30 cc
y así sucesivamente
Vasitos plásticos de 30 ccUsar vasitos plásticos de 30 cc para medir
  1. Comer una porción de hasta 30 g (1 onza) de alimento. Al terminar la primera porción, esperar diez minutos y luego comer una segunda porción de hasta 30 g. Se puede repetir esto (comer 30 g, esperar diez minutos, comer 30 g) según sea necesario hasta recuperarse.
  2. Para beber: tomar 30 cc de agua u otro líquido, esperar 5 minutos y volver a tomar 30 cc, y así sucesivamente.
  3. Una vez que uno se siente mejor y ya no necesita comer ni beber, debe continuar con el ayuno.
  4. Quien come o bebe en Yom Kippur por razones médicas no necesita ayunar el día siguiente para compensar.
  5. Para medir 30 g o 30 cc, se recomienda usar los vasitos plásticos de 1 onza (los vasitos de Kiddush), como se ve en la imagen arriba.

6. En caso de emergencia o de una posible situación de peligro de vida (hipoglucemia, desmayo, deshidratación, etc.), cuando estas porciones pequeñas no son suficientes, se debe beber o comer todo lo que sea necesario.