¿Cuál es la mejor forma de hacer las Kapparot?

En muchas comunidades judías existe la costumbre (Minhag) de hacer Kapparot en la víspera de Yom Kippur. ¿Cuál es la mejor manera de hacer las Kapparot: con un pollo, o con dinero que luego será dado para Tsedaqá (caridad)?

En primer lugar, hay que aclarar que no hay una mitsvá en la Torá que indique la obligación de realizar las Kapparot o cualquier tipo de sacrificio animal en la víspera de Yom Kippur. En nuestros días, como Maimónides explica, en sham elá teshubá: “no existe nada fuera de la Teshubá para expiar nuestros pecados”. La Teshubá es un proceso de introspección mental, emocional y verbal muy serio que consiste en la admisión y la confesión de nuestros errores y nuestros malos hábitos, que en última instancia nos deben conducir a un cambio positivo en nuestro comportamiento.

Las Kapparot comenzaron como una práctica que fue iniciada por el pueblo —no por los Rabinos— en el tiempo de los Gueonim (años 800-1000). La Kappará se hace con un animal vivo, lo cual debe inspirar un sentimiento de Teshubá. ¿Cómo? Al ver la Shejitá (el sacrificio) de la gallina, debemos asumir la extrema fragilidad de la vida y concientizarnos de la importancia de hacer Teshubá, reflexionando sobre nuestra propia mortalidad. Esta es, por cierto, la explicación frecuente del efecto que los qorbanot, los sacrificios rituales, tenían sobre la conciencia del pecador en los tiempos del Bet haMiqdash.

Sin embargo, poco después de que la costumbre de Kapparot se hizo más popular, algunos rabinos muy prominentes como Najmánides elevaron sus voces en contra de esta práctica. El rabino más importante de aquella época, Marán Rabí Yosef Caro (1488-1575), autor del Shulján ‘Aruj, el Código de la Ley oficial de todos los judíos, desaprobó la práctica de Kapparot en la víspera de Yom Kippur de forma explícita y usando palabras muy duras. En la primera edición del Shulján ‘Aruj (Venecia 1565) está escrito, en el título del Simán 605, donde el rabino Yosef Caro desaprueba la costumbre de las Kapparot: מנהג כפרות בערב יום כפור מנהג של שטות הוא, “la costumbre de Kapparot en la víspera de Yom Kippur es una costumbre tonta” (eufemismo por “superstición”). Increíblemente, en las ediciones posteriores los editores borraron esta última línea. (Véase la edición original del Shulján ‘Aruj con esta cita aquí. Ver también en ese texto que el Ramá, que registra la costumbre ashkenazí, sí recomienda hacer las Kapparot con un pollo o una gallina, aunque menciona también la alternativa de Tsedaqá y el problema de los qorbanot).

Pero, ¿por qué la oposición de tan grandes rabinos a las Kapparot con animales?

En primer lugar, como dice Najmánides: mishum darké haemorí, “porque es similar a la práctica de los adoradores de ídolos”. Incluso hoy en día, muchos cultos como la macumba o el vudú utilizan un pequeño pollo como sacrificio a sus ídolos.

En segundo lugar, el hecho de que la realización de la Kappará es similar a la realización de los qorbanot o sacrificios hizo que muchos rabinos estuvieran muy preocupados, porque el sacrificio de un animal “como sacrificio” fuera del Bet haMiqdash pudiera ser considerado una grave transgresión (haqrabat jutz), una prohibición bíblica que conlleva el Karet. Por esta razón, muchos rabinos incluso prohibieron el consumo de un pollo que fue sacrificado de esta forma, o con la intención de un qorbán. (El Rashbá, aunque también se oponía a las Kapparot con pollo, permitía comer esos animales, que por lo general se ofrecían como caridad a los pobres, ya que el pollo no es uno de los animales que se ofrecían como sacrificio en el Bet haMiqdash).

En tercer lugar, como son muchas las personas que quieren hacer Kapparot en la víspera de Yom Kippur (esto suele suceder especialmente en Israel, en Nueva York y en otras ciudades con importante población judía), la Shejitá podría no hacerse con el debido cuidado y atención en términos de la revisación de los cuchillos y otros detalles rituales. Este fue el punto principal mencionado por el rabino Obadia Yosef z”l, y por el cual recomendó hacer las Kapparot con Tsedaqá en lugar de pollos (ver este artículo).

Hay otro problema relacionado con este punto, la alta demanda de Kapparot, que debe ser tenido en cuenta. Debido a la gran demanda y al corto tiempo para sacrificar tantos animales en la víspera de Yom Kippur, a menudo los animales son maltratados en el proceso, y a veces son dejados durante horas o incluso días en jaulas sin comida ni agua. Esta es una transgresión grave y explícita de un mandamiento de la Torá que nos indica tratar a los animales con compasión y evitar el sufrimiento innecesario de los seres vivos (tsa’ar ba’alé jayim). Uno de los rabinos principales de Israel, el Gran Rabino ashkenazí David Lau, abordó esta cuestión hace un par de años (ver aquí).

Por último, la mayoría de las personas que hacen la Kappará no consumen ese pollo, y a veces ni siquiera se lo entregan a un individuo pobre para su consumo, como menciona el Ramá que solía hacerse en el pasado (porque muchos piensan que los pecados se transfieren al animal, lo cual, insistimos, no es un concepto judío). En ese caso, cuando se mata a un animal innecesariamente, es decir, cuando no es para comer, se está transgrediendo otra prohibición bíblica llamada bal tashjit: la destrucción innecesaria de la vida de un ser vivo.

En conclusión, la mejor forma de hacer las Kapparot y evitar todos estos problemas es la Tsedaqá, es decir, entregar dinero o comida preparada para los necesitados. Cuando hacemos las Kapparot de esta manera: 1. evitamos todos los problemas mencionados anteriormente, y 2. antes de que comience Yom Kippur, cumplimos el mandamiento bíblico de Tsedaqá, que es una mitsvá sin perjuicios colaterales. Más aún: la Tsedaqá fue considerada por nuestros Sabios como el precepto activo (Mitsvat Asé) más importante de la Torá. Así escribe Maimónides: “Hay que ocuparse de la Mitsvá de Tsedaqá más que de cualquier otro mandamiento positivo” (MT, Matenot ‘Aniyim 10:1). Dar Tsedaqá trae una gran zejut (mérito) a quien ayuda justo antes de Yom Kippur, y un alivio, que puede ser muy necesario, para el destinatario: וצדקה תציל ממות.

Ver este video donde el rabino Shelomó Aviner, Rosh Yeshibat Ateret Cohanim, explica las formas de hacer Kapparot y menciona, entre otras cosas, que el rabino Kaddouri z”l y el rabino Shelomó Zalman Auerbach z”l hacían Kapparot con Tsedaqá en lugar de pollo.




¿Cómo desaprovechar Yom Kippur?

Yom Kippur es el día más importante del año en el calendario judío. El día que confesamos nuestros errores y malas acciones a Dios, y resolvemos mejorar nuestra conducta durante el año entrante, esperando que HaShem acepte nuestras disculpas, y nos inscriba y nos selle en el libro de la vida. Ahora bien, a pesar de lo importante que es Yom Kippur, si no hacemos nuestros deberes antes de Yom Kippur, el día más importante del año podría convertirse en la oportunidad desperdiciada más importante del año.

ANTES de que comience Yom Kippur, debemos pedir perdón a quienes pudimos haber ofendido o a quienes pudimos haberles causado algún daño, ya sea emocional o material. Durante Yom Kippur, las transgresiones entre nosotros y Dios (Shabbat, Kashrut, Tefilin, etc.) son perdonadas de inmediato al confesarlas y decidir mejorar. Pero Dios no nos perdona aquellas ofensas hechas hacia otro ser humano: engañar, mentir, robar, avergonzar, hablar mal de alguien (lashon hará’), etc. Todas estas transgresiones NO son perdonadas en Yom Kippur, a menos que primero nos acerquemos a quienes lastimamos y les pidamos perdón.

Si tomamos esto con seriedad, debemos sentarnos durante unos minutos con lápiz, papel y un corazón humilde. Para repasar en nuestra memoria si pudimos haber causado dolor y daño a otras personas: amigos, compañeros o familiares, padres, pareja, etc.

Una vez que sabemos a quién ofendimos, deberíamos pensar en cuál es la forma más efectiva para disculparnos con cada individuo en particular. ¿Por teléfono o en persona? ¿Por un correo electrónico largo o por un corto mensaje de texto? ¿Deberíamos describir en detalle lo que hemos hecho mal, o deberíamos pedir perdón de una manera más general? Dado que cada persona es diferente y cada caso es único, no existe una fórmula absoluta para pedir perdón a cada individuo. Debemos usar nuestro sentido común y encontrar la manera de que nuestra disculpa sea sincera, creíble y efectiva.

Pedir perdón es probablemente una de las tareas más desafiantes que tenemos que hacer. Porque hay que admitir y decir: “ME EQUIVOQUÉ”. Se necesita mucha humildad y fortaleza emocional para enfrentar a la víctima. Creo que ayuda si uno considera la humillación como una suerte de Kappará (expiación) dentro del proceso de nuestra propia Teshubá.

Una segunda lista que debemos escribir lo antes posible es la de nuestras deudas: dinero que debemos en nuestro negocio o a proveedores, a amigos o familiares, donaciones comunitarias no pagadas, Tsedaqá que prometimos dar, etc. Debemos priorizar aquellas deudas que han caducado o están a punto de caducar.

 

Este es el momento adecuado para hacerlo. Kippur empieza este domingo por la noche. No queda mucho tiempo…




YOM KIPPUR ¿En qué casos no se ayuna?

Este domingo 20 de septiembre, un poco antes de la puesta del sol, comienza Yom Kippur, el día del perdón y un día de ayuno.

Hay cinco prohibiciones en Yom Kippur:

  1. Comer y beber
  2. Lavar nuestro cuerpo
  3. Ungir nuestro cuerpo
  4. Mantener relaciones matrimoniales
  5. Usar zapatos de cuero

Con respecto a ayunar, todas las personas en buen estado de salud deben ayunar en Yom Kippur.

Estas son las excepciones:

MENORES: Niños o niñas menores de nueve años de edad no deben practicar ningún tipo de ayuno, ni siquiera por unas horas. El Rab Obadia Yosef z”l recomienda que cuando los niños llegan a la edad de nueve años comiencen a ayunar por un par de horas, si gozan de buena salud. Esto quiere decir que si por lo general almuerzan a las 12.00 del mediodía, se les dará de comer a las 2.00 de la tarde, etc. El próximo año, los padres deben alentar a sus hijos a ayunar durante un poco más de tiempo, así los menores se van acostumbrando poco a poco a un día de ayuno completo. Cuando el niño o la niña llegan a los once años de edad, deben tratar de no comer durante todo el día, siempre y cuando estén saludables. Una niña en buen estado de salud tiene la obligación de ayunar a partir de los doce años, y un niño en buen estado de salud a partir de los trece años de edad.

MUJERES QUE DAN A LUZ: Durante los tres primeros días después del parto, la madre que dio a luz no debe ayunar. (La misma regla se aplica para las primeras 72 horas cuando una mujer sufre un aborto). Después de las primeras 72 horas a partir del día del parto y hasta el séptimo día después del parto, si la madre dice que necesita comer, se le debe dar de comer. Después del séptimo día, la mujer debe ayunar como todas las demás personas, a menos que su médico le indique lo contrario.

Una mujer que está por dar a luz o con síntomas de parto, no debe ayunar.

ENFERMEDADES: Un individuo que sufre de una enfermedad crónica, como diabetes etc., o una persona mayor de edad que está débil debido a su avanzada edad, o alguien que recibe algún tipo de tratamiento o medicación importante, deben asesorarse con un médico para determinar si pueden o no pueden ayunar. Después de hablar con un profesional médico, un rabino también debe ser consultado para establecer, en base a las recomendaciones del médico, cómo se debe comer en Yom Kippur o cómo tomar los medicamentos necesarios tratando de mantener, en lo posible, algún mínimo de ayuno.

Obviamente, en caso de una enfermedad grave, riesgo o peligro de vida, o aun cuando uno duda si se trata de una situación de riesgo (safeq sakaná), el ayuno debe interrumpirse inmediatamente, incluso cuando no es posible consultar con un médico.

INFORMACIÓN PARA MUJERES EMBARAZADAS O QUE AMAMANTAN A SU BEBÉ

En principio, una mujer embarazada debe observar el ayuno de Kippur normalmente, siempre que ella y el bebé estén en buen estado de salud y el embarazo no tenga complicaciones ni sea de riesgo para el bebé o para la madre. No obstante, si durante Yom Kippur la futura mamá se siente mal, y particularmente si vomita, si padece de hiperémesis gravídica o tiene cualquier síntoma de deshidratación, deberá interrumpir el ayuno y comer o beber de inmediato. Sin embargo, si la mujer embarazada sólo siente leves mareos o náuseas, primero debería intentar sentarse o recostarse en una cama y ver si esos síntomas desaparecen, ya que sentirse así se considera normal y tolerable en un día de ayuno. Si al acostarse los síntomas no desaparecen o empeoran, entonces se deberá interrumpir el ayuno y proceder como explicaremos a continuación.

Hace unos años, en la comunidad UMJCA de Great Neck, NY, tuvimos una conferencia con la doctora Jessica Jacob, una experta ginecóloga y obstetra, que también es una mujer observante y conocedora de la ley judía. Esta clase tiene información importantísima para mujeres embarazadas y lactantes. La Dra. Jacob explica por qué NO es arriesgado para una mujer embarazada, con un embarazo normal, ayunar en Yom Kippur, y en qué casos SÍ se debería cortar el ayuno en Yom Kippur. Hasta hace unos años, esta conferencia estaba disponible solamente en el audio original en inglés, y sólo podía ser aprovechada por aquellos que entienden inglés. Gracias a la iniciativa de Micaela Masri, lectora de Halajá of the Day de Buenos Aires, Argentina, la conferencia fue transcrita al inglés y, más importante todavía, FUE TRADUCIDA AL CASTELLANO. La información que esta conferencia posee, creo que es invaluable.

CONFERENCIA EN CASTELLANO
EMBARAZO Y YOM KIPPUR

EN INGLÉS
PREGNANCY AND YOM KIPPUR

¿QUÉ HACER CUANDO UNO NECESITA INTERRUMPIR EL AYUNO EN YOM KIPPUR?

Para mantener un nivel mínimo de ayuno, cuando se debe evitar o se debe interrumpir el ayuno de Kippur por razones médicas, hay que proceder de la siguiente manera:

1. Coma una porción de alimentos de hasta 30g, espere diez minutos y luego coma una segunda porción de 30g de alimentos. Podrá seguir haciendo esto hasta que se recupere.

2. Para beber, beba hasta 30cc, espere 5 minutos y beba de nuevo esa cantidad.

Para medir los 30g o cc, se recomienda utilizar los vasitos plásticos de 30g (o en USA, 1 onza) conocidos como los vasitos de Kiddush.

Una vez que uno se siente mejor, debe continuar el ayuno.

Obviamente, en caso de necesidad, gravedad o emergencia médica (por ejemplo, hipoglucemia, desmayo, deshidratación, etc.) estas mínimas porciones pueden no ser suficientes, y entonces uno debe beber o comer lo que sea necesario.

RECOMENDACIÓN IMPORTANTE PARA PREVENIR LA DESHIDRATACIÓN DURANTE YOM KIPPUR

Para reducir el riesgo de deshidratación, uno debe hidratar su cuerpo con suficientes líquidos. Pero hay que hacerlo de la manera correcta. Beber una gran cantidad de agua justo antes del ayuno es un beneficio menor, ya que la mayor parte de esos líquidos son rápidamente eliminados, generalmente la misma noche de Yom Kippur. En lugar de beber mucha agua de una vez, uno debe beber pequeñas cantidades de agua durante las 48 horas previas al ayuno, es decir, este sábado 19 y este domingo 20 de septiembre. La cantidad recomendada es beber un vaso de agua mediano (160-200 ml.) aproximadamente cada hora durante los dos días previos al ayuno, para que todas las células del cuerpo se hidraten. Esta recomendación también se les da a los atletas antes de correr un maratón.

Siempre consulte con su médico de cabecera.




1. YONA: El único profeta que tuvo éxito

El libro de Yoná se lee en el día de Yom Kipur, por la tarde, en la oración de Minjá. Y fue elegido por nuestros Sabios para esa ocasión, porque la historia de Yoná tiene que ver con la idea de la Teshubá, el arrepentimiento. Creo que también es apropiado estudiar el libro de Yoná durante el mes de Elul, ya que el texto menciona que HaShem concedió a los habitantes de Nínive 40 días —el mismo lapso de tiempo desde el principio de Elul hasta Yom Kipur— para arrepentirse y rectificar su comportamiento.

INTRODUCCION

ויהי דבר־ה אל־יונה בן־אמתי לאמר

El profeta Yoná vivió entre los años 800 y 780 antes de la era común, en la época del rey Yerobam ben Yoash. Residía en el reino de Israel (también conocido como “las 10 tribus”, que un siglo antes se separó del reino de la tribu de Yehudá). La capital del reino de Israel era la ciudad de Shomrón.

La situación en el reino de Israel no era muy buena desde el punto de vista religioso. Los reyes de Israel, en su afán por alcanzar un mayor éxito comercial y militar, hicieron alianzas con pueblos vecinos, como los fenicios de Sidón (el Líbano de hoy). Estas alianzas tuvieron un impacto cultural y religioso muy negativo. El rey Ajab, por ejemplo, se casó con la princesa fenicia Izebel, para fortalecer esa alianza, pero la reina fenicia popularizó en Israel el culto al ídolo Ba’al y trajo a Israel niveles de criminalidad que en su nación eran comunes, pero en Israel eran impensables. HaShem envió muchos profetas para advertir al reino de Israel y a sus líderes acerca de sus malas acciones. Por ejemplo, a Eliyahu haNabi o a su discípulo, Elishá. El profeta Yoná pertenece a esta misma prestigiosa “escuela” de profetas. Sin embargo, y a diferencia de Eliyahu o Elishá, cuando Dios le habla a Yoná, no le pide que profetice a su pueblo.

קום לך אל נינוה העיר הגדולה. “Y ahora levántate y encamínate a Nínive, la gran metrópolis.” HaShem le pide a Yoná que vaya a Nínive, una ciudad no judía, y que una vez allí le comunique Su palabra a sus habitantes.

LA CIUDAD MÁS GRANDE DEL MUNDO

Nínive (en hebreo Ninevé) se encontraba a las orillas del río Tigris, donde hoy está Mosul, en Iraq. Nínive no era una ciudad común. Fue la capital del primer imperio en la historia, Asiria, que en el momento del profeta Yoná estaba en su mayor apogeo. Hay algo más sobre Nínive: el texto llama a Nínive “ha‘ir haguedola“, “la” gran ciudad. Sabemos que Ninevé era una gran ciudad (‘ir guedolá) ya que llevaba 3 días recorriéndola a pie. Pero, ¿qué significa el énfasis “la” gran ciudad? Hoy, gracias a los descubrimientos arqueológicos modernos, que confirman una y otra vez todo lo que afirma nuestra Torá, podemos comprender mejor el significado de esta expresión. Ver este artículo de Ashley Cowie, titulado: “10 de agosto de 612 a.e.c.: La caída de la ciudad más grande del mundo” Ninevé tenía un área ¡de más de 7 km cuadrados!. Para comparar, recordemos que la antigua Ciudad de Jerusalén, por ejemplo, tenía un área de 0.9 kilómetros cuadrados, y Shomrón, que era más grande que Jerusalén, tenía alrededor de 1.5 kilómetros cuadrados. Además, Ninevé era una megaciudad en términos de su población, como se menciona al final del libro. La expresión hebrea hair haguedola no significa simplemente “una gran ciudad” sino “la ciudad más grande o más importante” del mundo. HaShem no envió a Yona a denunciar la corrupción a un pueblo pequeño. HaShem lo envió a una Nueva York (o Ciudad de México, o Buenos Aires) de aquella época.

LA CIUDAD MÁS CORRUPTA DEL MUNDO

וקרא עליה כי עלתה רעתם לפני

Y en esa gran e intimidante metrópoli, el profeta judío fue enviado por Dios para denunciar en voz alta sus actos de corrupción y advertirles que Dios ya no estaba dispuesto a ignorar y tolerar sus malas acciones.

¿Qué estaban haciendo mal los habitantes de Nínive? Como veremos más adelante en el capítulo 3, el texto habla de jamás. En hebreo bíblico la palabra jamás significa “corrupción”: robo, soborno, abuso, impunidad, etc. La Torá usa esta palabra tan pesada para describir los crímenes cometidos por la generación que mereció ser borrada con el diluvio. Nuestros rabinos observaron que estas expresiones usadas tanto aquí como en el capítulo 3 con respecto a la iniquidad de Nínive (aleta raatamnehepejet, etc.) también nos recuerdan las expresiones usadas por la Torá en la historia de Sodoma y Gomorra. Estas sutiles referencias no dejan lugar a dudas sobre la intención Divina: Nínive, como la civilización humana en el momento del diluvio, o Sodoma y Gomorra en el tiempo de Abraham, merecía ser destruida y borrada del mapa. Ahora podemos entender mejor para qué Dios envía a Yoná a Nínive.

El profeta de Israel tenía que ir a esta metrópoli para denunciar públicamente el estado general de corrupción, transmitir la advertencia Divina y evitar así su destrucción. Yoná tenía que advertir a los habitantes de Nínive que si no se arrepentían, la ciudad sería destruida.

Esta era la misión imposible del profeta Yoná.




AYUNO DE GUEDALIA: ¿Por qué ayunamos hoy?

Hoy, lunes 14 de septiembre, 3 de Tishrí del nuevo año 5787, observamos Tsom Guedaliá, un día de ayuno instituido para recordar el asesinato de Guedaliá Ben Ajiqam, el gobernador de Israel durante los días de Nebujadnetsar. Este magnicidio produjo el exilio definitivo de los judíos de la tierra de Israel en los tiempos del Primer Bet HaMiqdash (Templo de Jerusalem).

Esta es la historia.

Luego de la Destrucción del Primer Templo

Cuando Nebujadnetsar, el emperador de Babilonia, destruyó el Templo de Jerusalem en 586 a.e.c., asesinó a una gran parte de la población del reino de Judea (Yehudá). También llevó cautivos a decenas de miles de judíos a Babilonia. Muchos otros escaparon a las afueras de Jerusalem o a las naciones vecinas como Amón, Moab (hoy Jordania) o Edom. Una vez que Jerusalem fue destruida, el Estado judío independiente dejó de existir, y Nebujadnetsar declaró a Judea como una provincia del Imperio Babilónico. Los babilonios permitieron que un pequeño número de sobrevivientes —los campesinos más pobres— permanecieran en Israel para trabajar la tierra y evitar así su desertificación.

Guedaliá Ben Ajiqam

Para gobernar a estos judíos que quedaban en Israel, Nebujadnetsar hizo traer de Babilonia a Guedaliá Ben Ajiqam, un noble hebreo, y lo nombró gobernador de la provincia de Judea. Fue un evento inesperado, ¡todo un milagro!, que un Yehudí fuera nombrado para gobernar Judea. Guedaliá pertenecía a la familia Shafán, nobles judíos que se habían establecido en Babilonia durante el exilio de Yejoniá (597 a.e.c.) y gozaba de la confianza del emperador. Guedaliá se estableció en Mitspá, una ciudad al norte de Jerusalem. El rey de Babilonia dio por finalizada la guerra y aseguró que los judíos que habían escapado a los países vecinos podían regresar a Israel y vivir allí en paz como sus súbditos. El profeta Yirmiyahu (Jeremías) se unió a Guedaliá. Juntos, albergaban la esperanza de que algún día el emperador de Babel permitiera a los exiliados regresar y reconstruir el Templo.

Cuando los judíos sobrevivientes que habían escapado de Jerusalem escucharon que Guedaliá había sido nombrado gobernador, regresaron jubilosamente a Israel. Se establecieron en la tierra, la trabajaron y cosecharon sus frutos con gran éxito y alegría. Con Guedaliá a cargo, la esperanza de volver a una vida normal y reconstruir el Bet HaMiqdash era ahora una cuestión de tiempo, y parecía más real que nunca.

El Magnicidio

Entonces sucedió lo inimaginable. Ba’alís, el rey de Amón, era aliado de Egipto, el principal enemigo de Babilonia. Ba’alís sabía que, con Guedaliá como gobernador de Judea, sería más fácil para Babilonia conquistar su reino. Por eso, Ba’alís diseñó un plan para deshacerse de Guedaliá, desestabilizar Judea y así evitar ser conquistado por Babilonia. Identificó a Yishma’el Ben Netaniá, un Yehudí violento y ambicioso, descendiente de la dinastía del rey David, y lo convenció de asesinar a Guedaliá y reclamar el gobierno de Israel para él. Ba’alís le ofreció ayuda logística y apoyo político, prometiéndole que él sería el primero en reconocerlo como el nuevo rey de Judea.

La peligrosa ingenuidad

Al comenzar el séptimo mes hebreo, Tishrí, Yishma’el y un grupo de hombres armados llegaron a la ciudad de Mitspá, donde fueron recibidos cordialmente por Guedaliá, que les ofreció los honores debidos a un descendiente de la dinastía de David. A pesar de haber sido advertido por un general judío, Yojanán Ben Quereaj, de que Yishma’el planeaba matarlo, Guedaliá desestimó la advertencia, convencido de que ningún judío mataría a otro judío y que tales rumores eran absurdos. Sin embargo, lo inexplicable ocurrió: Yishma’el y sus hombres asesinaron a Guedaliá y a los oficiales babilonios que lo acompañaban. Este asesinato, perpetrado por un judío, era un acto de guerra e insubordinación contra el emperador de Babilonia.

El Segundo Exilio

Yishma’el tomó como prisioneros a todos los judíos que estaban en Mitspá y se encaminó hacia Amón para proclamarse rey. Yojanán lo persiguió, e Yishma’el escapó con sus hombres, refugiándose con Ba’alís. Los judíos, ahora liderados por Yojanán, no sabían qué hacer: quedarse significaba arriesgarse a que el rey de Babilonia, sin importar quién había planeado el asesinato de Guedaliá, los culpara y matara a todos por insubordinación. La otra opción era huir a Egipto y aliarse con los enemigos de Babilonia.

Yojanán le pidió al profeta Yirmiyahu que rezara y le pidiera a Dios que lo iluminara y les ayudara a decidir si debían quedarse en Israel o huir a Egipto. Luego de 10 días de oración y meditación, Yirmiyahu recibió un claro mensaje divino: «Quédense en la tierra de Israel. El rey de Babilonia no les hará ningún mal. Dios los ayudará a establecerse y reconstruir el asentamiento judío. Pero si escapan a Egipto, la espada y el hambre que tanto temen los alcanzarán allí.»

Inexplicablemente, Yojanán y los refugiados judíos se negaron a escuchar a Yirmiyahu, acusándolo de mentir y de proclamar falsamente haber recibido un mensaje divino. Y decidieron huir a Egipto bajo el liderazgo de Yojanán.

Tal como Yirmiyahu había anticipado, en Egipto enfrentaron hambre, persecuciones, calamidades y muerte. Cuando estos judíos escaparon a Egipto, la tierra de Israel quedó desolada y durante 52 años no hubo una población judía organizada. Las esperanzas de regresar a Yerushalayim y reconstruir el Bet HaMiqdash se desvanecieron por completo. Fue como si el Templo de Jerusalem hubiese sido destruido por segunda vez, esta vez por culpa de las acciones de los propios Yehudim: el asesinato de Guedaliá y la decisión de Yojanán de no escuchar la palabra Divina transmitida por el profeta Yirmiyahu.

El Ayuno de Guedaliá

En memoria de estas tragedias que sellaron nuestro primer exilio, los profetas de Israel establecieron el Tsom Guedaliá, un día de ayuno que se observa el día después de Rosh Hashaná. El profeta Zejariá lo menciona junto con los otros tres ayunos que recuerdan la caída de Jerusalem:

כֹּֽה־אָמַ֞ר ה׳ צְבָא֗וֹת צ֣וֹם הָרְבִיעִ֡י וְצ֣וֹם הַחֲמִישִׁי֩ וְצ֨וֹם הַשְּׁבִיעִ֜י וְצ֣וֹם הָעֲשִׂירִ֗י יִהְיֶ֤ה לְבֵית־יְהוּדָה֙ לְשָׂשׂ֣וֹן וּלְשִׂמְחָ֔ה וּֽלְמֹעֲדִ֖ים טוֹבִ֑ים וְהָאֱמֶ֥ת וְהַשָּׁל֖וֹם אֱהָֽבוּ

«Así dijo ה׳: el ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo y el ayuno del décimo serán para la casa de Yehudá días de gozo y de alegría, y buenas festividades. Busquen la verdad y la paz» (Zejariá 8:19).

«El ayuno del séptimo mes», צוֹם הַשְּׁבִיעִי, es este, el de Guedaliá. Ese es su nombre en el Tanaj. Los otros tres recuerdan 1. el sitio de Jerusalem, 2. la caída de la muralla y 3. la destrucción del Templo. Este ayuno recuerda el final: el día en que la tierra de Israel quedó vacía de judíos.

El profeta Zejariá prometió que en el futuro estos cuatro ayunos serán días de alegría. Quiera Dios que el futuro de Zejariá sea nuestro presente.

Rab Yosef Bitton

¿Quiénes están exentos del ayuno de hoy?

Los menores de edad: niños menores de 13 años y niñas menores de 12 años están completamente exentos de este ayuno.

Las mujeres embarazadas están exentas del ayuno de Guedaliá.

Mujeres lactantes. En muchas comunidades Sefaradíes la tradición es que después de dar a luz las mujeres están exentas de ayunar durante 24 meses, incluso cuando ya no están amamantando a su bebé. En otras comunidades Sefardíes y en las comunidades Ashkenazíes sólo se excusa de ayunar a las mamás durante 24 meses si todavía siguen amamantando a sus bebés. Consulte con el rabino de su comunidad respecto a la costumbre a seguir.

Una persona que se siente mal, por ejemplo, con síntomas de gripe o fiebre, o una persona con una enfermedad crónica, como diabetes, no debe ayunar.

Las personas mayores de edad deben consultar con sus médicos para determinar si el ayuno afectará su salud. En cuyo caso están exentos de ayunar.

Horarios

El ayuno se observa desde el amanecer de hoy hasta el anochecer.

En la comunidad UMJCA de Great Neck, NY, el ayuno se observa desde las 5:22 AM hasta las 7:35 PM.

En otras ciudades, consulte los horarios en myzmanim.com (el sitio se puede ver en español).

 




ROSH HASHANÁ:  El Juego del Palacio 

וְרָאוּ אוֹתוֹ כָּל הַבְּרִיּוֹת וְנִתְיָרְאוּ מִלְּפָנָיו, סְבוּרִין שֶׁהוּא בּוֹרְאָן, וּבָאוּ לְהִשְׁתַּחֲווֹת לְפָנָיו. אָמַר לָהֶם אָדָם: לָמָּה בָּאתֶם לְהִשְׁתַּחֲווֹת לִי? בּוֹאוּ אֲנִי וְאַתֶּם וְנֵלֵךְ וְנַלְבִּישׁ גֵּאוּת וָעֹז וְנַמְלִיךְ עָלֵינוּ לְמִי שֶׁבְּרָאָנוּ. וְהִלְבִּישׁוּ גֵּאוּת וָעֹז וְהִמְלִיכוּ עֲלֵיהֶן לְיוֹצְרָן, וְאָמְרוּ: ה׳ מָלָךְ גֵּאוּת לָבֵשׁ.

Un hermoso Midrash en Pirqué de Rabí Eliézer anota que en el sexto día de la creación, el 1 de Tishrí, los animales se acercaron a Adam haRishón, el primer hombre: [vieron que producía fuego, fabricaba armas y herramientas,] y [su inteligencia] les dio miedo. Pensaron que Adam era su creador, se arrodillaron ante él y quisieron coronarlo como su rey. En un hermoso gesto de humildad y grandeza, Adam les dijo: “¿Por qué vienen a arrodillarse ante mí? Vamos juntos a coronar al verdadero Rey, el Creador.” Y así proclamaron todos que HaShem es el Rey, el Creador que da la vida y la retira a voluntad.

Rosh Hashaná, el 1 de Tishrí,  el día que conmemora la creación del primer hombre, es una reproducción de ese glorioso evento donde la humanidad proclama a Dios como su Rey o, en hebreo,  MÉLEJ.

En Rosh Hashaná cambiamos una palabra clave en la Amidá, la oración principal. Durante todo el año decimos “haE-l haQadosh”: que HaShem es el Dios santo. Pero desde Rosh Hashaná hasta Yom Kippur decimos “haMélej haQadosh”: nos dirigimos a Él como al “Rey” santo. Aclaremos que, en este contexto, “santo” significa “oculto”: es decir, omnipresente y, al mismo tiempo, inaccesible a nuestros sentidos. No podemos ver ni tocar a Dios. Las herramientas que poseemos para acceder a Dios no son nuestros ojos ni nuestras manos, sino nuestra mente y nuestro pensamiento.

Pero ¿qué significa la afirmación de que Dios es el Rey? ¿Qué importancia tiene reconocerlo? ¿Y por qué tenemos que enfatizar esto en Rosh Hashaná?

Para entender Rosh Hashaná, y cómo durante ese primer día del año debemos reorientar nuestras vidas, analizaremos una hermosa parábola de Maimónides en Moré Nebujim, la “Guía de los Perplejos”, tercera parte, capítulo 51. Quizás la parábola más importante de toda su obra. Allí explica con claridad y profundidad la dinámica entre el Rey, Dios,  y nosotros, sus  súbditos.

LA PARÁBOLA

Esta parábola explica cómo relacionarnos con Dios: dónde buscarlo, cómo alejarnos de Él y cómo acercarnos a Él. Para Maimónides esta búsqueda no es un tema más entre muchos. Es nuestra misión existencial. Si avanzamos, incluso parcialmente, nuestra vida tiene sentido. Y viceversa.

Para Maimónides, “conocer” a Dios no es una experiencia “mística” en la que hay que imaginar que uno habla con Dios o algo así. Dios permanece oculto. Invisible. En la parábola de Maimónides, “haMélej haQadosh”, el Rey reside en Su palacio, en la cámara real, y somos nosotros quienes debemos ir a buscarlo. La meta no es encontrarlo o verlo. La meta es acercarse.

El Rey mora en la cámara interior de Su palacio. El palacio está en una ciudad particular. Algunos súbditos viven en esa ciudad; otros prefieren vivir fuera de ella.

  1. Los que viven fuera de la ciudad se desconectan del Rey a propósito. No les interesa nada que tenga que ver con el Rey. No quieren ser considerados súbditos de este Rey ni someterse a Sus leyes. No tienen ningún interés en buscar un palacio; por el contrario, la idea de un rey les incomoda.
  2. Luego están los súbditos que viven en la ciudad pero que están de espaldas al palacio y caminan en dirección contraria. Dicen o piensan que buscan al Rey, pero, como van hacia el otro lado, se alejan de Él permanentemente.
  3. Hay un tercer grupo que sabe que el palacio existe, pero no lo ha visto. No ha podido encontrar el camino y da vueltas por la ciudad sin saber por dónde acceder al palacio.
  4. Otros han encontrado el palacio y quieren acceder a él. Dan vueltas alrededor de las murallas del palacio, pero no encuentran la puerta de entrada.
  5. Luego están quienes ya entraron al palacio, pero este es tan complejo que no han podido identificar la cámara interior donde está el Rey. Recorren los pasillos como si fuera un laberinto, buscando señales.
  6. Y por último están los que saben dónde está la cámara del Rey. No pueden entrar, pero ven un reflejo de luz que se filtra por debajo de la puerta.

Veamos ahora quiénes son los súbditos. Maimónides se refiere aquí al único pueblo que declara a Dios su rey: los judíos. 

FUERA DE LA CIUDAD

En el primer grupo, los que viven fuera de la ciudad real, Maimónides menciona a quienes no tienen interés en conocer a Dios. Lo niegan; se definen como ateos. Y dedican sus mentes a otras cosas: objetivos materiales, placeres físicos, riquezas, prestigio. Buscar a Dios no se les cruza por la cabeza; eso los distraería de lo que realmente quieren. No es que no hayan encontrado el palacio. Es que no tienen interés en buscarlo.

DE ESPALDAS AL PALACIO

En la segunda categoría están los que sí saben que el Rey existe y que tiene un palacio, pero lo buscan en la dirección equivocada. Maimónides los describe con dureza: son personas que observan la Torá, creen en Dios y son inteligentes, pero abrazan ideas erróneas sobre Él. Porque razonan mal o porque siguen los pasos de alguien que los orientó mal. El resultado es el mismo: caminan con convicción, pero en dirección opuesta al palacio. Cuanto más avanzan en su camino, más se alejan.

Un ejemplo. Imaginemos a alguien observante, pero que cumple las Mitsvot por superstición o por interés propio. Alguien que especula que cada vez que hace una Mitsvá va a tener más dinero, más salud, o más suerte en sus negocios. Cada vez que cumple un precepto, piensa más en los beneficios que en servir a Dios. En este caso extremo, este individuo no está  sirviendo a Dios. Se está sirviendo de Dios para su propio beneficio. Pertenece al grupo que se aleja del Creador porque tiene una imagen falsa de Dios: “utilitaria”. O se aprovechan de la Torá. O la usan para su propio beneficio. Invocan a Dios, pero lo que buscan son sus propios intereses, y así se alejan del palacio.

Maimónides agrega algo muy duro. Estos individuos son peores que los que viven fuera de la ciudad. Los de afuera no arrastran a nadie. Estos individuos, en cambio, pueden ser influyentes “en nombre de Dios” y así confundir a otros.

(Vale la pena aclarar que muchos ba’alé teshubá, muchos judíos que regresaron a la Torá, quizás empezaron su camino de regreso por interés o por una necesidad emocional, mitoj sheló lishmá, hasta que un día, B”H, descubren la verdadera dirección y se encaminan hacia el palacio del Rey.)

EN BUSCA DEL PALACIO

En la tercera categoría están quienes saben que el palacio existe, pero aún no lo han visto. Maimónides menciona, como ilustración, a los judíos observantes que se ocupan de las mitsvot y no son supersticiosos ni interesados, pero no se detienen a pensar en lo que hacen ni en lo que dicen. Saben que el palacio existe, es decir, que hay que acercarse a Dios. Están en la dirección correcta. Pero nunca lo vieron.

Ejemplo:  alguien que dice bendiciones diariamente y reza la Amidá tres veces al día desde hace treinta o cuarenta años, pero nunca se detuvo a pensar en qué significa lo que está diciendo. O alguien que dice el Shemá Israel cada mañana y cada noche, pero nunca se preguntó en profundidad qué quiere decir “amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas”, ni cómo lograrlo. O quien lee Tehilim sin esforzarse por entender lo que dice, como si bastara pronunciar las palabras para que produzcan algún efecto mágico.

Las palabras de Tehilim o de la Tefilá son perlas preciosas que, cuando las comprendemos, nos elevan y nos inspiran espiritualmente. Son palabras que deben entenderse, meditarse y absorberse para que afecten y mejoren nuestras ideas y nuestra personalidad.

Maimónides no critica a este grupo. Están en la ciudad, caminan hacia el palacio, y eso ya es mucho. Pero les falta comprender cómo las Mitsvot actúan sobre nosotros. Recitar el Shemá Israel sin entender lo que decimos es desaprovechar (casi menospreciar, aunque sea sin intención) el mensaje y el efecto que la Tefilá debe ejercer en nosotros. Las mitsvot deben acercarnos a Yedi’at HaShem, a “conocer a Dios”, es decir, acercarnos mentalmente a Él.

Para Maimónides, Yedi’at HaShem es enfocarse en Dios y alejar el pensamiento de lo material. ¡No abandonar lo material! Sino dejar de tratarlo como el objetivo.

Solo cuando uno entiende que su prioridad existencial es “acercarse a HaShem”, de pronto, ¡ve el palacio! Todavía no entró. Pero lo vio. Es decir, lo descubrió. Y a partir de ahí ya no camina a ciegas: camina hacia algo.

BUSCANDO LA ENTRADA AL PALACIO

La cuarta categoría incluye a quienes ya vieron el palacio, pero no saben cómo entrar. Cumplen las mitsvot por amor a HaShem, tienen claro que su meta es acercarse a Boré Olam, pero no saben cómo conectarse con Él.

Para este grupo, Maimónides propone un plan de acción muy concreto. Comenzar por concentrarse intensamente en el Shemá Israel y la Amidá. Mientras decimos estas tefilot, aprendemos a controlar nuestro pensamiento y a evitar las distracciones, lo cual es la clave de todo. Entender, prestar atención y detenernos en cada palabra. Apartando de nosotros todo pensamiento que no sea Dios. Este es el camino para encontrar la entrada al palacio. Nada más. Y nada menos. Y hay que dominar este nivel antes de pasar al siguiente. Puede llevar años…

EN LOS PASILLOS DEL PALACIO

En el quinto grupo están quienes ya entraron al palacio. Cuando rezan el Shemá y la Amidá, su mente está donde debe estar. Ahora recorren los pasillos en busca de la cámara real. Están muy bien orientados.

Buscar la cámara real implica extender mi “conciencia de la presencia de Dios” más allá de los momentos de la Amidá y del Shemá Israel: al estudio de la Torá y, después, a las demás mitsvot, de modo que cada una se haga con la cabeza puesta en Quién la ordenó. La mente enfocada en Boré Olam el mayor tiempo posible, como dice el pasuq en Tehilim (16:8): שִׁוִּ֬יתִי ה׳ לְנֶגְדִּ֣י תָמִ֑יד,, “Tengo a Dios frente a mí, [en mi mente], permanentemente”. 

 

FRENTE A LA PUERTA

En el sexto grupo están los que llegaron hasta la puerta de la Cámara Real, el punto más cercano al que un ser humano puede llegar.  Su mente piensa en Él no solo cuando rezan o estudian, sino también cuando comen, trabajan o hablan con otra persona. Maimónides cita a Shir haShirim: “Yo duermo, pero mi corazón está despierto.” Este fue el nivel espiritual de Moshé Rabbenu, de los Patriarcas o de David haMélej: pastoreaban, negociaban, criaban a sus familias, pero su mente nunca se apartaba de Dios.

 

 

EL EJERCICIO

Un ejercicio que me propongo hacer este Rosh Hashaná. Cuando diga “haMélej haQadosh”, me voy a detener unos segundos y me voy a preguntar con honestidad: ¿en qué nivel estoy? No en cuál me gustaría estar. ¿En cuál estoy? Y después, una pregunta más: ¿cuál es mi próximo paso para acercarme al Rey?

Para casi todos nosotros, creo, ese paso consistiría en la receta que Maimónides nos ofrece sin rodeos: que, cuando digo el Shemá y la Amidá, piense en el significado de cada palabra, las medite durante unos segundos y absorba lo que me enseñan acerca de Dios y de mí mismo.

Rosh Hashaná es un buen día para empezar este proyecto. Es el día en que proclamamos a Dios como el Rey que está en Su palacio. ¡Vamos a buscarlo!

 




REFLEXION DE ROSH HASHANA: Ma Lejá Nirdam!

Por Jacob Bitton

Cuando era niño, aprendí que HaShem nos juzga en Rosh HaShaná. A menudo me preguntaba: ¿cuándo exactamente se supone que se lleva a cabo este juicio? Mi infancia abarcó múltiples zonas horarias y sabía que Rosh HaShaná comenzaría en Israel mucho antes de que comenzara en Buenos Aires, por ejemplo. ¿Me estaría juzgando HaShem antes de que comenzara la festividad en mi ubicación? ¿Había algo que debería estar haciendo de manera diferente en conmemoración de este juicio? ¿A qué zona horaria estaría ajustado el “reloj” de HaShem, de todos modos? Y en ese sentido, ¿está Dios siquiera sujeto al tiempo? ¿Y no estaría Dios, a quien tres veces al día nos referimos como “Melej Ohev Tzedaqa uMishpat”, juzgando al mundo y a todas las criaturas de forma continua (como sugiere la misma Guemará en ‘Avoda Zará)? Más fundamentalmente: ¿era prudente que yo llegara a alguna conclusión sobre lo que creo saber sobre Dios y lo que Dios presumiblemente estaría haciendo en un momento dado? ¿No fue el mismo Moshe Rabbenu rechazado cuando pidió conocer a Dios?

A medida que fui creciendo, me di cuenta de que había cometido un pequeño error cognitivo con enormes consecuencias. Verás, me estaba enfocando en lo que Dios estaría haciendo. En cambio, debería haberme estado enfocando en lo que yo estaba siendo llamado a hacer. En lugar de tratar de asomarme a lo que imaginamos que Dios está haciendo en este día (ya que esto es algo que sabemos que no podemos saber), un ángulo más interesante es mirar este día desde nuestra perspectiva y entender lo que estamos experimentando. Dicho de otra manera: en lugar de pensar en Rosh HaShaná como el día en que Dios, el Juez, se presenta al tribunal, debo pensar en él como el día en que se supone que debo presentarme. Este día es significativo no porque el Juez esté presidiendo en ese momento, sino porque este es el momento en que estoy listo para presentarme y ser juzgado. Hay algo especial sobre el día de Rosh HaShaná en lo que respecta a los seres humanos.

En general, ya que la Torá es “LeTov Lanu” (para nuestro propio beneficio), creo que es de mayor utilidad tratar de entender cómo las Mizvot mejoran nuestras vidas en lugar de especular sobre teología. En lugar de enfocarme en que Dios nos juzga, creo que es más útil enfocarse en el hecho de que nosotros, como Bene Adam, somos capaces de presentarnos para ser juzgados. En las siguientes líneas, explicaré por qué Rosh HaShaná es especial para nosotros y por qué nosotros somos especiales.

Rosh HaShaná – Celebrando la singularidad de Adam

Este Rosh HaShaná marca el aniversario 5785 de la creación de Adam HaRishon. Nos importa, porque creemos que Adam fue nuestro antepasado directo, ya que inauguró una línea de criaturas diferentes a cualquier otra creada antes que él. Aunque similar en muchos aspectos a todas las demás criaturas creadas en el “sexto día” antes que él, había algo único en Adam. De hecho, Rosh HaShaná trata precisamente de eso: un recordatorio de nuestra singularidad, de lo que nos distingue de todas las demás criaturas biológicas.

La Torá describe la creación de Adam como algo totalmente separado del resto del reino animal. Adam era, sin duda, especial. Y no eran sus características físicas, el hecho de que pudiera erguirse o incluso su inteligencia.

Si preguntas a un antropólogo promedio, o a un biólogo evolutivo, sobre la diferencia entre chimpancés y humanos, te dirán que no es tanta. Los chimpancés son más fuertes y los humanos más inteligentes, pero somos el mismo tipo de criatura. Hoy en día, incluso podrían usar terminología de IA y decir que los humanos son chimpancés débiles que tienen un ChatGPT en sus mentes, pero nada más. La Torá tiene una respuesta muy diferente. Para la Torá, Adam HaRishon era categóricamente diferente de todas las criaturas creadas antes que él, incluidos los chimpancés. Yo diría que la singularidad de Adam HaRishon no puede replicarse por la IA.

Se han propuesto muchas teorías sobre qué hace a los humanos especiales, y la mayoría han sido desacreditadas. Etólogos y antropólogos han demostrado que los monos pueden crear y usar herramientas. Pueden resolver problemas que requieren razonamiento abstracto. Pueden aprender a leer y escribir. Pueden superar su miedo innato al agua. ¡Incluso hay chimpancés que superan a los niños humanos! Pero hay una cosa que los monos no pueden hacer. Incluso si los simios individuales son capaces de logros intelectuales significativos si se entrenan adecuadamente, carecen del mecanismo social para transmitir esa información a otros simios. En otras palabras, no hay acumulación de conocimiento. Todo lo que un simio aprende a hacer, muere con ese simio.

Adam fue creado “BeTzelem E-lohim”. Por supuesto, conocer estos dos términos no ayuda realmente. ¿Qué significa Tzelem E-lohim? Comencemos estableciendo lo que NO significa. Tzelem NO es una “imagen”. (¡HaShem no tiene imagen!) No estamos hechos “a la imagen de Dios”, como buscó representar Miguel Ángel en sus pinturas de iglesia. Sin embargo, independientemente de lo que signifique “Tzelem”, la construcción adyacente (smijut) de esta palabra con “Elohim” implica que los humanos tienen ALGO en común con HaShem, ¡y este ALGO es lo que nos separa de los animales!

Como todos los animales: egoístas

Consideremos primero un hecho sobre todas las criaturas. HaShem creó a cada organismo vivo para que piense, antes que nada, en sí mismo. Una criatura que ponga los intereses de otras criaturas por encima de los suyos no buscará aquellas cosas que le permitan sobrevivir y morirá. (Imagina un lagarto que deja de comer preocupándose si sus amigos lagartos tienen suficiente comida para ellos mismos). Boreh ‘Olam programó a cada organismo para que se defienda a sí mismo: asegurando la supervivencia de los organismos individuales, se garantiza la perpetuación de la vida en general. El ser humano también es una criatura egoísta. Percibimos el mundo como un conjunto de recursos a nuestra disposición. Vemos a otras personas como “recursos humanos” que podemos usar para nuestro propio beneficio. Cuando miramos por primera vez a las estrellas, nos parecía evidente que el cosmos tenía a la Tierra en su centro.

A diferencia de cualquier otro animal: capaz de “descentrarse”

Aunque HaShem pretendía que fuéramos egocéntricos como acabamos de describir —ya que es esencial para nuestra supervivencia— Adam fue dotado de la capacidad única de “descentrarse” de sí mismo: de alcanzar fuera de sí y percibir las cosas desde afuera.

Los animales no son capaces de esto. Un animal (y cualquier ser humano que no viva a la altura de su potencial como Ben Adam) está condicionado a procesar la realidad desde un único y estrecho punto de vista egoísta. Solo ve las cosas en términos de “esto se siente bien” y “esto se siente mal”. No puede aprehender verdaderamente la existencia de otros (que podrían tener sus propios intereses “esto se siente bien/esto se siente mal”); más bien, todos los demás son personajes en este mundo que imagina y crea. Más aún, ¡un animal ni siquiera puede captar su propia existencia!

Al alcanzar más allá de sí mismo, Adam puede lograr tres cosas:

Primero, Adam es capaz de entender que existe una realidad fuera de sí mismo. Un “Ben Adam principiante” podría simplemente reconocer la realidad física inmediata que se extiende más allá de sí mismo. Un ser humano digno del título “Ben Adam” podría darse cuenta de que el mundo se extiende más allá de su vista. Que, de hecho, este planeta es solo un punto infinitesimalmente insignificante en la inmensidad de un cosmos.

Segundo, un Ben Adam puede percibir su propio ser, analizar sus propias acciones y juzgar su propia dirección y posición. La primera pregunta que HaShem le hizo a Adam HaRishon fue “Ayyeka?” (¿dónde estás?). Aquellos de nosotros que elegimos ser algo más que animales podemos participar en la contemplación objetiva de nuestro yo subjetivo.

Tercero, como resultado de alcanzar fuera de sí mismo, un Ben Adam puede traducir esta percepción en acción. Cuando nos damos cuenta de que fuera de nosotros mismos hay otros “yo” y decidimos ver las cosas desde su perspectiva; cuando actuamos basándonos en lo que es mejor para otros fuera de nosotros mismos, estamos cumpliendo el potencial de nuestro Tzelem al máximo. En hebreo, este tipo de esfuerzo se llama “Jésed.”

Bene Adam son libres. Nadie más lo es.

Son estas cualidades las que permiten a Adam HaRishon (y a sus descendientes/seguidores) ser “libres.” Podemos escapar del trance del hábito y de la hipnosis de lo que nuestros impulsos biológicos nos exigen. Somos señores sobre nuestros cuerpos; nada puede obligarnos a elegir en contra de nuestras creencias.

La libertad que un Ben Adam puede alcanzar

requiere mantenimiento. También podemos perderla. Muy fácilmente, de hecho. Ironías del destino, el peligro más grave para nuestra libertad radica en nuestras propias decisiones. Tomar una mala decisión una vez, libremente; ignorar tu Tzelem E-lohim, y será más difícil que tu próxima elección sea libre.

David HaMelej oró para que Dios lo salvara de la pérdida de libertad que puede resultar de ciertas elecciones: “Shegiyot Mi Yavin, MiNistarot Naqqeni! Gam MiZedim Jasuk ‘Avdeja—Al Yimshelu Bi, Az Etam, veNiqqeti MiPesha’ Rav!”

El Shofar, una invitación a volver a ser Adam

El Shofar, una invitación a volver a ser Adam

Si me hubieras dicho que entre las criaturas creadas en el Sexto Día antes de Adam, había una que parecía un híbrido entre simio y hombre, y que podía comunicarse utilizando el habla y haciendo dibujos en las cuevas, yo diría que ese no era el Adam HaRishon de la Torá. Esta criatura pertenecería más apropiadamente a los muchos mamíferos que HaShem creó antes de Adam HaRishon. Iría más allá: incluso después de Adam, no todo “ser humano” gana el título de Ben Adam automáticamente. Algunos (¿la mayoría?) humanos viven vidas que no son tan diferentes de las de los animales: los mismos deseos, los mismos instintos y la misma moralidad.

Rosh HaShaná es una invitación a estar a la altura del título de “Ben Adam.”

Cuando escuchemos el sonido del Shofar este año, quiero invitarte a no usar este momento para pedir aquellas cosas que deseamos en la vida. No es un momento para pedir, es un momento para escuchar. El sonido es monótono, pero el significado es profundo: “Ben Adam—¡Ma Lekha Nirdam!” El Shofar está destinado a despertarnos y recordarnos nuestro potencial como Ben Adam. Tal como se tocaba cada Yoṿel, y en Har Sinai quizás para el mismo propósito, el Shofar proclama la liberación de todos aquellos que están esclavizados.

Si tuviera que poner en palabras el tipo de pensamientos que el Shofar debería estimular, sería algo como esto:

“Mi Creador, aquí estoy, un descendiente de Adam HaRishon, de pie ante Ti. En este aniversario de la creación de mi ancestro Adam, cuyas cualidades únicas me son tan agudamente recordadas, reflexiono sobre mi propio Tzelem Elohim—y sus implicaciones en mi vida. Soy diferente a cualquier otra criatura, y debería ser juzgado con estándares que no aplican a ninguna otra criatura. Mi Tzelem me permite hacer una pausa, percibir el mundo más allá de mí mismo, darme cuenta de que fui creado, y que Tú eres mi Creador. También me permite pensar objetivamente sobre mis elecciones y el potencial que aún tengo por cumplir.

Con mi Tzelem Elohim también viene la responsabilidad de mis acciones, y con la responsabilidad, la rendición de cuentas. Por lo tanto, me presento para ser juzgado, Oh Dios, nuestro Padre y nuestro Rey. Tengo la capacidad de ser juzgado, y por cualquier error o falta que llegue a reconocer, sé que Tú me has dado la habilidad para corregirlos. De hecho, entiendo que debo esforzarme por rectificarlos, porque no hacerlo significaría renunciar a una parte de mi libertad. Y la libertad que Tú me permites buscar es lo que me hace especial.

Al escuchar el sonido del Shofar, me vuelvo a comprometer a vivir como un Ben Adam, ejerciendo mi Tzelem Elohim. Me examinaré desde afuera, reconociendo que soy libre, responsable y responsable de mis acciones. Percibiré el mundo que me rodea como Tu creación, no como la mía, y me relacionaré con él como algo real, no como una mera proyección de mi imaginación.

Entonces, Padre, Rey, ayúdame a superar mis malas decisiones, tanto las que reconozco como las que me están ocultas. Dedicaré los próximos diez días a este proceso. Confío en que para Yom HaKippurim, habré limpiado mi alma y mi psique de las cargas que se han acumulado a partir de mis malas elecciones. Estas cargas me han frenado, impidiéndome tomar decisiones más libres y sabias. Debo despertar. Debo ser más libre. Tengo lo que se necesita: soy un Ben Adam.”




ROSH HASHANA: Nosotros y Las Ovejas

זָכְרֵנוּ לְחַיִּים מֶלֶךְ חָפֵץ בַּחַיִּים, וְכָתְבֵנוּ בְּסֵפֶר הַחַיִּים

MI METÁFORA FAVORITA

La mejor forma de entender Rosh Hashaná es a través de una extraordinaria y hermosa metáfora que nos proponen los Sabios en la Mishná (Rosh Hashaná 1:2): כָּל בָּאֵי הָעוֹלָם עוֹבְרִין לְפָנָיו כִּבְנֵי מָרוֹן. En Rosh Hashaná, todos los seres humanos pasan uno por uno delante del Todopoderoso “como el rebaño de ovejas [pasa delante del pastor]”.

Una vez al año, el pastor reúne a todas sus ovejas en el corral y las hace pasar, una por una, por un estrecho corredor para examinarlas individualmente. El pastor, experto en su oficio, solo necesita unos segundos para evaluar a cada oveja. Observa el animal y lo palpa para verificar la calidad de su lana. Con su mano también examina el cuerpo de la oveja, comprobando que esté saludable y fuerte. Tras esta breve pero decisiva inspección, toma su pincel y marca a cada oveja con un color diferente.

Para ilustrarlo: si la oveja posee lana de muy buena calidad, el pastor la marca con una “X” amarilla en la espalda, lo que significa que será destinada al esquileo. Luego la devuelve al corral. Al examinar la siguiente oveja, observa que, además de tener buena lana, está sana y fuerte. En este caso, el pastor la marca con una “X” azul, que indica que será destinada a la reproducción. Finalmente, evalúa a una tercera oveja cuya lana no es de buena calidad y que no está lo suficientemente fuerte. En este caso, la marca con una “X” roja, señal de que el animal será sacrificado y su carne utilizada para alimentación. Así, cada oveja del rebaño pasa, una por una, delante del pastor, quien determina el destino de cada animal para el próximo año.

OVEJAS HUMANAS

Rosh Hashaná es “el día del juicio”: la inspección divina de cada individuo. Dios examina cuidadosamente nuestras acciones y decide, en base a lo que hemos hecho durante el año pasado, qué destino merecemos para el próximo año.

Tal como lo hace el pastor, el Todopoderoso examina cuidadosamente a cada uno de nosotros. Puede observar que un individuo ha ganado su pan con honestidad y, aún más, ha compartido sus recursos con quienes no tienen pan y necesitan ayuda. En ese caso, el Eterno lo “marcará” de amarillo, otorgándole un año de prosperidad para que siga ayudando a los demás.

Otra persona, que ha sido un buen padre y ha educado a sus hijos en los caminos de la Torá, criando junto con su esposa una familia ejemplar, será “marcada” de azul: Dios le concederá salud y la bendición de más hijos.

Por otro lado, quien ha desperdiciado su tiempo, no ha hecho el esfuerzo necesario para crecer intelectual o espiritualmente, ha sido egoísta y ha ignorado a quienes necesitaban su ayuda, podría recibir una marca roja, en función de sus acciones o de la falta de ellas durante el año anterior.

Aunque esta metáfora nos ayuda a entender mejor Rosh Hashaná y nuestro deseo de ser inscriptos (es decir, marcados) para la vida y la prosperidad, hay una semejanza más entre las personas y las ovejas, y una gran diferencia. Es fundamental comprender las dos.

¿DE QUÉ COLOR ES MI “X”?

Al igual que las ovejas, que se pasean por el corral sin saber de qué color es la marca que llevan en la espalda, los seres humanos tampoco sabemos con certeza cuál es el “color” con el que hemos sido marcados en Rosh Hashaná. Incluso cuando sabemos que hemos hecho más bien que mal durante el año pasado, no podemos estar seguros de si ha sido suficiente a los ojos de HaShem, ya que Él conoce nuestro potencial mejor que nosotros mismos y quizás esperaba mucho más de nosotros.

Por lo tanto, ya que no sabemos con certeza el color de nuestra “X”, debemos asumir que llevamos una marca roja en la espalda. No para asustarnos, sino para despertarnos. Cuando escuchamos el sonido del Shofar, debemos sentir que nuestras vidas están en juego. Es un momento muy serio para reflexionar sobre si estoy bien orientado y si merezco un año más de vida a los ojos de Dios. Este es el mensaje que debemos internalizar al escuchar la voz del Shofar: estamos siendo juzgados por nuestro Creador, quien quiere asegurarse de que nuestra vida es una buena inversión.

LA DIFERENCIA ENTRE OVEJAS Y PERSONAS

Aunque nuestro destino se “marca” en Rosh Hashaná, a diferencia de las ovejas, la resolución final todavía está pendiente. ¡El veredicto puede ser apelado antes de Yom Kippur! La magia de la Teshubá, el arrepentimiento, radica en que HaShem nos concede la oportunidad de apelar Su propio veredicto.

Tenemos diez días, desde Rosh Hashaná hasta el final de Yom Kippur, para apelar la posible sentencia: arrepentirnos, admitir nuestras faltas, pedir perdón y convencer al “Pastor” de que, aunque durante el año pasado no hayamos brillado, en el próximo año no desperdiciaremos la oportunidad si Él nos la concede. En esos críticos días debemos reconciliarnos y disculparnos con las personas a las que pudimos haber herido u ofendido. En cuanto a las ofensas que cometimos contra Dios (en nuestra observancia del Shabbat, la Kashrut, la Tefilá, etc.), nuestros Sabios enseñan que si reconocemos lo que hicimos mal, lo confesamos en voz baja (Viduy) y nos comprometemos a no repetirlo, nuestras transgresiones son perdonadas. Si, Dios libre, teníamos una “X” roja, esta será completamente borrada y transformada en una “X” de bendición, salud y prosperidad.

AMÉN




¿Ser o no ser una inversión rentable?

ROSH HASHANÁ: ¿Somos una inversión rentable?

EL INVERSOR

Imagina que eres un científico y tienes una oportunidad excepcional: un inversor adinerado confía en tus habilidades y ha decidido invertir un millón de dólares al año en ti, convencido de que encontrarás la cura para una enfermedad mortal. Pero el contrato que te ofrece no es ilimitado: se renueva cada año. Cada nuevo año tendrás que ir a su despacho y presentarle un reporte de lo que hiciste. Y él decidirá si extiende tu contrato por un año más o lo cancela.

En esa reunión anual tienes que sobresalir. Tu trabajo, tu futuro, está en juego.

El inversor está de tu lado. No te va a exigir que hayas logrado el resultado final. Sabe que este tipo de trabajo requiere tiempo y dedicación. Pero para seguir financiándote va a querer estar seguro de que no has malgastado su dinero ni su tiempo, y de que estás haciendo todo lo posible para progresar.

LA REUNIÓN ANUAL

Por eso, en esa reunión, tienes que ser completamente honesto con él. Especialmente respecto a lo que no te salió bien este año. Aunque te resulte incómodo admitir tus fracasos, el inversor quiere escucharte hablar de ellos. Tiene mucha experiencia, y sabe que no hay mejor fórmula para no repetir un error que verbalizarlo y admitirlo frente a él.

Y si no eres capaz de admitir tus errores, lo más probable es que los repitas y desperdicies otro valioso año. En ese caso te convertirías en “una inversión de alto riesgo”, y el inversor podría retirar su financiamiento.

Esa reunión anual existe. Y es esta noche.

ROSH HASHANÁ

Estamos a pocas horas de Rosh Hashaná, el día que conmemora la creación de la humanidad. Nuestros Sabios explicaron que en este día, el aniversario de la creación del hombre, el Creador examina a cada ser humano. Uno por uno. Y decide si merecemos ser “inscriptos en el libro de la vida”, es decir, si nos concede un año más de vida. Esta es la idea fundamental de Rosh Hashaná.

Cuando escuchamos el Shofar comienza el juicio. Nuestra primera misión es reconocer al Juez (o Rey, que en el antiguo Israel era la misma persona) y aceptar Su autoridad sobre nosotros. Reconocer que nuestra vida depende completamente de Él. Es un momento de estremecimiento. De muchísima solemnidad.

LAS PREGUNTAS DEL CREADOR

Cuando escuchamos el Shofar no debemos pedir por nuestras vidas ni por nuestras necesidades. Como explica Maimónides, el Shofar debe “despertarnos” de nuestro letargo y recordarnos que en este momento es Dios quien nos está pidiendo algo: que seamos responsables por lo que hicimos y por lo que vamos a hacer.

Cuando suena el Shofar debemos escuchar la voz de nuestro Creador que nos pregunta: “¿Qué has hecho con la vida que te regalé y con los generosos recursos que te concedí este último año? ¿Cómo has utilizado tu tiempo, tu prosperidad, tu inteligencia y tus talentos? ¿Has aprendido de los errores que cometiste el año anterior? ¿Te has dado cuenta de cuántas oportunidades de hacer las cosas bien perdiste?”

Ese es el reporte. Y en Rosh Hashaná solo se escuchan las preguntas.

LA APELACIÓN

Cuando escuchamos el Shofar no es el momento de pedir perdón. El tiempo para pedir perdón es durante los siete días posteriores a Rosh Hashaná, y especialmente en Yom Kippur, que por eso es conocido como “el día del perdón”. Ese día presentaremos nuestros argumentos más sólidos para apelar un posible veredicto negativo emitido en Rosh Hashaná, y convencer al Inversor, el Creador, de que somos una inversión rentable. Y de que si no lo fuimos el año pasado, lo seremos este año.

El inversor no busca científicos que nunca fallaron. Busca científicos que saben decir en qué fallaron. HaShem, también.




Entendiendo el mensaje del Shofar

“Tiempo de callar y tiempo de hablar.” (עֵת לַחֲשׁוֹת וְעֵת לְדַבֵּר Kohelet 3:7) 

Hay un momento en Rosh HaShaná en que la sinagoga se queda en silencio absoluto. El ba‘al toqea, quien va a tocar el shofar, lo levanta tras decir la berajá y, en ese momento, nadie se mueve ni habla. Muchos cierran los ojos, preparándose para uno de los momentos más solemnes del día —quizás del año—.

Mientras escuchan el shofar, algunos piden salud o parnasá —medios económicos dignos— o un shiduj —encontrar novio o novia para poder casarse—. Pero “pedir” mientras escuchamos el shofar no es lo que hay que hacer.

Y esto no es un error intencional.  La gente reza en ese momento porque así lo hicieron desde siempre o así le enseñaron, o así lo intuye. De alguna forma nos acostumbramos —¡mal!— a que, cuando nos sentimos cerca de Dios, lo primero que hacemos es ¡pedirle algo! Pero la mitsvá del Shofar no es para pedirle a Dios. La berajá que decimos antes de escuchar el shofar lo dice todo: nuestra obligación es lishmoa qol shofar, “escuchar” la voz del shofar. En silencio. Y la halajá lo refuerza indicando que desde que se recita la bendición  hasta que terminan todas las voces del shofar  evitamos hablar o interrumpir innecesariamente.

El shofar no es un momento para hablarle a Dios. Es el momento del año en que nos toca callar. Y escuchar.

¿Y qué hay que escuchar? ¿Qué nos está diciendo el shofar? La respuesta está en el nombre que la Torá le da a este día: Yom Teruá. Y  la explicación de nuestros sabios de que Rosh HaShaná es Yom HaDin, el Día del Juicio. Vamos a comprender este importante concepto paso a paso.

El sonido de la incertidumbre

La palabra hebrea teruá es explicada por la traducción de Onquelos como yebabá. ¿Y qué es la yebabá? La yebabá es un sonido humano de angustia. Pero no es un llanto. La Torá tiene otras palabras para describir el llanto (beji), el lamento de duelo (nehi) o un pedido de auxilio (ze’aqá). La yebabá es una combinación de sonidos humanos, suspiro y lloriqueo,  que aparece en una situación muy específica: cuando, en medio de la incertidumbre, uno comienza a contemplar en su mente que las cosas pueden terminar mal.

Hace más de veinte años, uno de nuestros hijos, que tenía cinco años, se perdió en un shopping center. Los primeros minutos uno busca con preocupación: ¿dónde está? Seguramente está por aquí. Debe haberse distraído. Todos nos separamos y comenzamos a buscarlo con esmero. Pero ¿qué pasa si ya pasaron veinte minutos, o media hora, y todavía no apareció? De pronto empiezan a surgir pensamientos terribles en la mente: ¿qué pasa si alguien se lo llevó? ¿Y si lo secuestraron? ¿Y si no lo volvemos a ver más, jas veshalom ?

En ese momento de una especie de “incertidumbre existencial”, todavía no lloramos, porque no sabemos que haya ocurrido algo malo. Pero suspiramos con angustia, de solo pensar en lo que puede estar pasando. Y hasta podemos empezar a lloriquear, anticipando —Dios libre y guarde— una noticia terrible. No se preocupen: Baruj HaShem, finalmente encontramos a nuestro hijo, luego de los cuarenta minutos más duros de nuestra vida, entretenido en un lugar de videojuegos.

Volviendo a la yebabá: esos suspiros y ese lloriqueo de angustia que salen de uno cuando imagina que algo terrible podría haber sucedido son lo que la Torá describe como teruá. ¡Esa es la voz del shofar!

La psicología moderna identifica un fenómeno muy similar. Los especialistas distinguen entre el miedo ante un peligro presente y la ansiedad anticipatoria, que aparece cuando todavía no sabemos qué está ocurriendo pero comenzamos a contemplar que algo malo puede suceder. Y esa incertidumbre no se limita a la mente: también modifica nuestra respiración. Aparecen respiraciones irregulares, suspiros, pequeños gemidos y un llanto entrecortado. La yebabá es el sonido corporal de la ansiedad anticipatoria: no lloramos por alguna tragedia que ya ocurrió, sino que suspiramos y nos quebramos ante algo malo que podría suceder.

La madre de Siserá

Los Sabios judíos (Rosh HaShaná 33b) describen el significado de yebabá desde el contexto de un versículo del Tanaj muy poco común. Siserá era el general del rey Yabín de Canaán. Durante veinte años había oprimido a Israel al frente de un poderoso ejército con novecientos carros de hierro (Shofetim 4:3, 13). Parecía invencible. Ese día salió a pelear contra Deborá y Baraq, perdió y fue asesinado. El texto bíblico hace algo extraordinario: nos lleva, tras las líneas enemigas, a la casa de Siserá. Allí está la madre de Siserá, esperándolo como tantas otras veces. Su hijo iba a volver con el botín, con los prisioneros, con los aplausos del triunfo y, seguramente, con regalos para ella. Pero el carro no llega. Y ya ha pasado demasiado tiempo. La madre sospecha lo pero . Y el texto la describe mirando por la ventana, cada vez con más ansiedad:

בְּעַד֩ הַחַלּ֨וֹן נִשְׁקְפָ֧ה וַתְּיַבֵּ֛ב אֵ֥ם סִֽיסְרָ֖א בְּעַ֣ד הָאֶשְׁנָ֑ב מַדּ֗וּעַ בֹּשֵׁ֤שׁ רִכְבּוֹ֙ לָב֔וֹא מַדּ֣וּעַ אֶֽחֱר֔וּ פַּעֲמֵ֖י מַרְכְּבוֹתָֽיו

“Por la ventana se asoma y gime la madre de Siserá. Y se pregunta angustiada: ¿por qué tarda tanto su carro en llegar? ¿Por qué se demoran las ruedas de sus carros?” (Shofetim 5:28).

Las mujeres que la acompañan también se dan cuenta de que Siserá está tardando demasiado e intentan tranquilizarla: seguramente se demoró repartiendo el botín de guerra, que debe ser enorme (5:29-30). Fijémonos en un detalle fundamental. Cuando el texto describe la reacción de la madre de Siserá, no dice que lloró. Dice vateyabeb: utiliza precisamente la expresión yebabá, que en español suele traducirse como “gimió” solo porque no hay una palabra más cercana. Pero no es exactamente lo mismo. Ella todavía no podía llorar porque no sabía que su hijo había muerto en la batalla. La mente de esa madre estaba llena de ansiedad, suspendida entre el posible regreso y la posible muerte de su hijo. Por primera vez comenzaba a contemplar la posibilidad de que no volviera más. Y emitió ese sonido de dolor premonitorio.   La yebabá no es el llanto de quien enfrenta la muerte. Es el sonido de quien acaba de “despertarse” a la posibilidad de un final no feliz. La yebabá es la reacción ante la idea de la mortalidad cuando, de pronto, esta entra en nuestra conciencia.   (Luego, los Sabios discuten cómo reproducir técnicamente ese sonido.)  ¿Es un suspiro largo y entrecortado? ¿O un lloriqueo corto y repetido? ¿O es la combinación de los dos: primero el suspiro y luego el lloriqueo? De allí vienen los shebarim, la teruá y la combinación de ambo . Pero ninguno de ellos es un llanto completo. Son los sonidos que anticipan la posibilidad del llanto).

Rosh HaShana es Yom HaDin

Y eso es exactamente lo que las voces del  shofar vienen a recordarnos: que hoy es Yom HaDin, el Día del Juicio. ¿Quién está siendo juzgado? Yo. ¿Y qué está en juego en este juicio? Mi propia vida.

Nuestros sabios expresaron esta idea, relacionada con nuestra propia mortalidad, con mucha delicadeza mediante una hermosa metáfora. En Rosh HaShaná, dijeron, se abren los libros de la vida y de la muerte. Dios juzga nuestras acciones del año pasado y determina nuestro futuro: nos inscribe en uno de los dos libros. Y no podemos estar seguros de cuál de los dos libros lleva nuestro nombre. ¿Hicimos durante este último año todo lo que podíamos hacer para merecer estar inscritos nuevamente en el Libro de la Vida? No lo sabemos. Esta es la incertidumbre que el Shofar debe despertar en nuestros corazones.   El shofar nos invita a colocarnos, por unos instantes, frente a la misma ventana en la que estaba la madre de Siserá.  La Torá quiere que, por lo menos durante unos minutos al año, dejemos de considerar nuestra vida como un derecho adquirido, y volvamos a verla como lo que realmente es: un regalo del Creador, “condicional”,   que debemos merecer. Y para alcanzar este estado mental, el shofar nos hace tomar conciencia de nuestra mortalidad.

Durante el resto del año casi nunca pensamos en que somos mortales . Mientras estamos sanos, mientras nuestra familia está bien y no nos falta nada esencial, vivimos con una extraordinaria sensación de predictibilidad. Suponemos que mañana será más o menos como hoy, que el próximo mes llegará con normalidad y que el año que viene transcurrirá, con algunas diferencias, como transcurrieron los anteriores.

Maimónides describe este estado de consciencia en el que negamos nuestra mortalidad como “letargo: estar dormidos”. Y explica que el shofar viene a despertarnos: “Despierten, ustedes que duermen, de su sueño… aquellos que olvidan la verdad en las vanidades del tiempo” (Hiljot Teshubá 3:4).

¿Y cuál es esa verdad que olvidamos gracias a las distracciones mundanas ? No se trata de una idea filosófica complicada. Es quizás el único dato absolutamente cierto que conocemos acerca de nuestro futuro: que no somos invencibles ni eternos. Y nadie tiene garantizado el próximo año.

Cuando la seguridad se agrieta

La yebabá de la madre de Siserá representa precisamente el instante en que la ilusión de seguridad se agrieta. Hasta ese momento ella estaba segura de que su hijo regresaría, como había regresado tantas otras veces. Y de pronto ya no está tan segura.

El shofar reproduce ese instante para que algo parecido ocurra en nosotros. Para que, por unos minutos, sintamos fragilidad, vulnerabilidad y, especialmente, dependencia: en el Creador. Y así podamos sentir de verdad que estamos siendo juzgados y que nuestra vida no debe darse por sentada.

Ese mensaje necesita tiempo para ser absorbido. No se puede recibir a medias mientras se hace otra cosa. Por eso, mientras escuchamos el shofar, no es el momento de “pedir” o rezar, ni siquiera de enumerar nuestros pecados, haciendo el Viduy y arrepintiéndonos de cada una de nuestras malas acciones. Eso vendrá después.

Durante esos instantes sublimes, debemos recuperar la conciencia de nuestra mortalidad,: escuchar, absorber, sentirnos vulnerables y aceptar nuestra fragilidad.

זִֽבְחֵ֣י אֱלֹ-הִים֮ ר֤וּחַ נִשְׁבָּ֫רָ֥ה לֵב־נִשְׁבָּ֥ר וְנִדְכֶּ֑ה אֱלֹ-הִ֗ים לֹ֣א תִבְזֶֽה

“Un corazón quebrado y frágil, Dios no lo ignora” (Tehilim 51:19).

Lo que importa es el proceso

Recuperar la conciencia de nuestra mortalidad no es un ejercicio negativo ni morboso. Todo lo contrario. Es el primer paso de la Teshubá. El shofar no es todavía la Teshubá propiamente dicha: es la preparación psicológica y espiritual que la hace posible. Primero rompe nuestra sensación de invulnerabilidad y nos hace más humildes. Después vienen hakarat hajet, reconocer nuestras faltas; el Viduy; pedir perdón; reparar lo que hicimos mal; y finalmente, cambiar.

Por eso Rosh HaShaná inaugura los Diez Días de Teshubá desde la incertidumbre. Fuimos juzgados, pero todavía no sabemos cuál fue la sentencia. Dejamos de asumir que el próximo año está garantizado y comenzamos a preguntarnos qué tenemos que cambiar para merecer un año más de vida.

Y aquí aparece una de las ideas más extraordinarias de los Yamim Noraim: ¡la sentencia incierta de Rosh HaShaná puede ser apelada! En la metáfora del Libro de la Vida, Dios nos inscribió, pero todavía no selló el veredicto. Tenemos diez días para hacer Teshubá, rezar, pedir perdón, reparar nuestras acciones y demostrar que podemos ser diferentes. El veredicto final se sella en Yom Kippur.

Por eso, mientras escuchamos el shofar, todavía no es el momento de pedir, confesar o enumerar nuestros pecados. No porque esas cosas no sean importantes, sino porque pertenecen a las etapas siguientes. Y no hay que quemar etapas. Primero hay que dejar que el shofar haga su trabajo: despertarnos y hacernos sentir frágiles y dependientes de nuestro Creador.

Luego vendrá el momento de actuar. La humildad nos permitirá reconocer: “Me equivoqué”. Pedir perdón a quien hemos herido. Reparar relaciones. Hacer Viduy. Cambiar.

Rosh HaShaná comienza con incertidumbre. Pero esa incertidumbre es parte de un proceso deliberado que nos empuja a utilizar los días que quedan hasta Yom Kippur para hacer todo lo que está en nuestras manos y apelar la sentencia. Y cuando termina Yom Kippur, confiamos en que nuestra Teshubá fue aceptada, que cualquier decreto negativo fue revocado y que nosotros y nuestros seres queridos hemos sido inscritos y sellados en el Libro de la Vida.