Los milagros modernos en la guerra contra Irán

En Israel se viven días históricos, que nuestros nietos van a estudiar en los libros de historia. Hoy escuché nuevamente al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y sus palabras me ayudaron a entender la magnitud de lo que estamos viviendo. Netanyahu dijo algo muy claro: esta guerra no tiene calendario, no hay una fecha definida en la cual todo va a terminar. También dijo algo aún más importante: esta no es una guerra por territorio, no es una guerra política, es una guerra existencial: Israel está luchando por su supervivencia. ¡Y Baruj HaShem, está ganando!

Comparto tres reflexiones, eventos que considero milagros modernos.

ELIMINAR AL “TERCER REICH” EN UN DÍA

Hace solo 20 días, el 11 de Adar, Israel atacó a Irán en una de las operaciones más audaces de la historia moderna, eliminando al ayatolá Ali Khamenaí junto con sus secuaces. Khamenaí era un líder político y religioso mesiánico, cuya visión del Islam chiita extremista es prevalecer sobre todo el mundo y eliminar físicamente a todos sus enemigos. Estos enemigos no son simplemente enemigos que buscan la destrucción física de Irán: son enemigos porque son “infieles” y promueven la cultura occidental. El enemigo más grande en este sentido es EE.UU., a quien Khamenaí considera “el gran Satán”; luego está Israel, “el pequeño Satán”. Eliminar a EE.UU. es una tarea muy difícil, así que la prioridad de este régimen extremista era eliminar a Israel, el “Satán” que está cerca de casa. El objetivo de Khamenaí era muy parecido al de Hamán: “eliminar, asesinar y destruir” a todos los judíos, no en un solo día como quería Hamán, sino mediante un ataque nuclear, con una bomba atómica hecha por Irán y disparada por un misil especialmente diseñado para ese fin.

Milagrosamente, en un solo ataque letal, la Fuerza Aérea israelí eliminó a Khamenaí y a toda la cúpula del poder del régimen. Para entender esto, imaginemos que en 1938 Inglaterra lanza un ataque supercoordinado y elimina en un solo golpe a Hitler, Himmler, Eichmann, Goebbels y todo el núcleo nazi de la SS, que llevaba más de 7 años de preparación para invadir Europa y destruir al pueblo judío. ¿Cuántas vidas judías y no judías se habrían salvado? Eso es lo que ocurrió hace 20 días.

Para que se entienda por qué hablo de milagro: ChatGPT me acaba de decir que hubo más de “20 intentos de asesinar a Adolf Hitler. Muchos intentos estuvieron muy cerca de tener éxito, pero por fallas técnicas, casualidades o decisiones de último momento, Hitler sobrevivió hasta 1945”. Israel logró ubicar al “Hitler moderno” y eliminarlo junto a sus secuaces de una vez. Como, obviamente, no hubo videos, esta increíble operación no fue cinematográficamente tan difundida como la operación de los beepers, pero fue infinitamente más importante y consecuente: Israel previno una segunda Shoá y salvó potencialmente millones de vidas, judías y no judías.

LA ALIANZA ISRAEL–ESTADOS UNIDOS

El segundo milagro es político. La relación actual entre Israel y Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, no se puede dar por sentada. Trump no es solo “amigo de Israel”. Trump es un experto en distinguir entre el bien y el mal en este conflicto. Para comprender mejor la magnitud de este milagro político, compáremoslo con la administración de Barack Obama, hace unos 10 años. Obama firmó un “memorándum con Irán” —que a mí, como argentino, me trae asociaciones nefastas—, y como parte de ese acuerdo EE.UU. le entregó a Irán ¡150 mil millones de dólares!, lo que le permitió a Irán consolidar su programa nuclear, desarrollar su programa de misiles de largo alcance, financiar a Hezbollah, y fortalecer y armar a Hamas hasta los dientes, lo que eventualmente trajo el ataque a Israel el 7 de octubre.

En la administración de Biden, luego del 7 de octubre, Israel fue presionado y aislado en foros internacionales, especialmente en Naciones Unidas, para no ganar la guerra contra Hamas. En los momentos más sensibles, como cuando Israel tenía que conquistar la estratégica región de Rafah y esperaba el apoyo de EE.UU., el presidente Biden le dijo a Netanyahu: “DON’T” y amenazó con un embargo de armas.

Hoy la situación es absolutamente distinta: EE.UU. e Israel están totalmente coordinados, y juntos forman una alianza estratégica que resulta letal para los regímenes que buscan su destrucción. No se trata solo de cooperación militar, sino de una alineación política, tecnológica y de inteligencia que multiplica su capacidad de acción y disuasión.

Creo que no hay precedentes en la historia de una coordinación tan estrecha entre Israel y Estados Unidos, que comienza por una alineación “moral” entre los dos líderes políticos: Trump y Netanyahu. Para mí, esto es absolutamente providencial.

(También es milagrosa, y muy reconfortante, la neutralización y la quiebra moral y económica de la institución más antisemita del mundo moderno: las Naciones Unidas. Pero ese tema lo dejamos para otro día.)

PÉSAJ = PROTECCIÓN

El tercer milagro creo que es el más visible y el menos difícil de explicar. En este momento, y durante casi 20 días, han estado cayendo sobre Israel cientos de misiles, lanzados desde Irán y también desde el norte por Hezbollah. Últimamente, Irán está disparando misiles de racimo de aproximadamente 17 metros de largo —del tamaño de un autobús grande— que explotan en el aire y se fragmentan en piezas de metal letales y pesadísimas que, al impactar, pueden destruir casas, autos, autobuses e incluso instalaciones completas. Estos misiles fueron diseñados específicamente para maximizar el número de bajas civiles judías.

Y sin embargo, el número de víctimas fatales —creo que hasta ahora B”H es menos de diez, y que obviamente lamentamos con enorme dolor— es increíblemente bajo en relación con la capacidad destructiva de estos misiles y el daño que, estadísticamente, deberían estar causando. Recordemos que un solo impacto directo ya demostró que puede matar a 20 personas y herir a más de 50.

La evaluación previa de esta guerra contra Irán, en junio de 2026, era que habría entre 5.000 y 8.000 muertos del lado israelí, por la enorme cantidad y presión de los misiles que Irán tiene en su arsenal. Recuerdo que otros estimaban que, solo con la intervención de Hezbollah, el número de víctimas fatales en Israel podría haber llegado incluso a 15.000 muertos.

LA PRESENCIA DIVINA EN LOS MIKLATIM

Un entendimiento más profundo de la idea de “Pésaj” nos ayuda a comprender mejor lo que estamos viviendo hoy en Israel. El verbo פ־ס־ח suele traducirse como “saltear”: en la noche de la salida de Egipto, cuando Dios castigó a los primogénitos, “pasó por encima” (Passover) de las casas judías y no las afectó.

Pero hay otra interpretación —menos conocida, pero más fiel al peshat, el sentido literal del texto bíblico— explicada por Onqelos y por Rabenu Menashé ben Israel. Según esta lectura, la plaga de los primogénitos (mashjit —una fuerza destructiva) no era selectiva. Era como una epidemia: podía afectar a todos por igual, egipcios y judíos.

Los judíos tenían que hacer dos cosas para gozar de la protección divina. Lo primero era marcar sus casas con la sangre del sacrificio de Pésaj. Y lo segundo, no salir afuera, quedarse dentro de sus casas. Dios se iba a ocupar del resto e iba a “pasaj” = proteger a los judíos que estaban dentro de sus casas, evitando que la muerte los afectara. Cuando esa fuerza letal fue liberada, no “salteó” las casas judías — Dios protegió las casas de los judíos, que se habían convertido en refugios, o miklatim, y evitó activamente que la fuerza de destrucción los afectara allí.

En el libro de Shemot 12:22–23 dice :

וְאַתֶּם לֹא תֵצְאוּ אִישׁ מִפֶּתַח בֵּיתוֹ עַד־בֹּקֶר׃

“Y tomarán un manojo de hisopo, lo mojarán en la sangre del sacrificio y pintarán el dintel [de la puerta] y ninguno de ustedes saldrá de la puerta de su casa hasta la mañana.”

Y entonces:

📖 וּפָסַח ה׳ עַל־הַפֶּתַח וְלֹא יִתֵּן הַמַּשְׁחִית לָבֹא אֶל־בָּתֵּיכֶם לִנְגֹּף׃…

Traducción: “HaShem protegerá las puertas de vuestras casas y no permitirá que la destrucción –la muerte–ingrese a sus casas para dañarlos.”

Cuando suenan las sirenas en Israel, millones de familias judías entran en sus refugios —miklatim o mamadim—, se cierran las puertas y el resto “queda en manos de Dios”. Consciente o inconscientemente, cada vez que ingresan a sus refugios, los judíos de Israel se entregan a la Protección Divina, como en Pésaj de Mitsrayim.

Durante Pésaj recitamos un salmo muy especial de Tehilim, que creo que es muy aplicable hoy, en Pésaj 2026:

יֹדוּ לַה׳ חַסְדּוֹ וְנִפְלְאוֹתָיו לִבְנֵי אָדָם׃

Salmo 107:

“Agradezcamos a HaShem por Su bondad [con nosotros] y por los maravillosos milagros que hace para su Pueblo.”

SHABBAT SHALOM




RESUMEN DE VAYIQRÁ

OLÁ
Dios llama a Moshé desde el Mishkán (Tabernáculo) y le enseña las leyes del qorbán llamado olá, una ofrenda que se quema completamente en el altar y cuya carne no puede ser consumida. La Torá detalla qué animales domésticos pueden ser ofrecidos —vacas, ovejas o cabras— y también especifica las aves aptas para este sacrificio. A continuación, describe tres tipos de ofrendas voluntarias de origen vegetal: harina sin hornear, panes horneados y una masa que debía ser frita; todas ellas acompañadas de aceite de oliva y un tipo especial de incienso. La Torá agrega luego otras ofrendas de comida, incluyendo la ofrenda frita y la ofrenda de cebada —el Ómer— que se presenta el segundo día de Pésaj. También establece que todos los sacrificios, tanto animales como vegetales, deben llevar sal, como símbolo del pacto eterno con Dios, y prohíbe incluir levadura o miel en estas ofrendas.

SHELAMIM
Luego se presenta la ofrenda de paz, o shelamim, que podía traerse de vacas, ovejas o cabras. A diferencia de la olá, la mayor parte de este sacrificio era consumida por quien lo ofrecía, junto con su familia o invitados. Sin embargo, ciertas grasas del animal eran quemadas en el altar, y los Cohanim (sacerdotes) recibían una porción de la carne. La Torá prohíbe estrictamente consumir la sangre y el sebo, tanto en estos sacrificios como en los animales destinados al consumo común.

JATAT
La Torá describe luego la ofrenda por el pecado, o jatat, que se traía cuando una persona transgredía un mandamiento de manera inadvertida. Se detallan distintos casos: el del Gran Sacerdote que peca, el del Sanhedrín que emite un fallo erróneo que lleva al pueblo a equivocarse, el de un líder político (nasí) y, finalmente, el de una persona común. También se introduce el qorbán olé veyored, una ofrenda variable que depende de la situación económica del individuo: quien tiene medios trae un animal, quien tiene menos recursos ofrece aves, y quien no puede permitirse eso, trae harina.

ASHAM
Finalmente, la Torá describe la ofrenda por la culpa, o asham, que incluye tres categorías principales: primero, la ofrenda de quien se apropia indebidamente de algo que pertenece al Templo (me’ilá, sacrilegio); segundo, la de quien jura falsamente sobre una deuda monetaria —aclarando que el sacrificio no lo exime de devolver lo que debe—; y tercero, la ofrenda de quien sospecha haber cometido una transgresión, aunque no tenga certeza absoluta.




La plaga número once

Rabbán Gamliel dice que hay tres conceptos que debemos mencionar en el Seder de Pésaj para cumplir con la obligación de enseñar a nuestros hijos la historia de nuestro Éxodo de Egipto: Pésaj, Matsá y Maror.

“Maror” representa la esclavitud que sufrimos los israelitas a manos de los egipcios.

“Matsá” nos recuerda la libertad que Dios le otorgó al pueblo de Israel mediante la intervención divina.

¿Pero qué es y qué significa Pésaj?

Pésaj es lo que el pueblo de Israel hizo para sí mismo. El Qorbán Pésaj fue el sacrificio, la ofrenda que los judíos hicieron para merecer su libertad.

Veamos. Dios le ordena a los israelitas tomar un cordero, una oveja joven, y llevarlo a sus casas. En la víspera del 15 de Nisán, ese cordero debía ser sacrificado, asado y consumido por los esclavos judíos, y su sangre debía ser aplicada a los postes y dinteles de las puertas, “del lado de afuera”. Si hacían esto, Dios protegería sus casas contra la plaga de los primogénitos; nadie moriría esa noche, y esa familia merecería salir desde la esclavitud de Egipto hacia la libertad.

Mitología egipcia

Para comprender maduramente Pésaj, es necesario adentrarse un poco en la mitología egipcia. Los egipcios tenían un panteón de dioses: el río Nilo (Hapi), el sol (Ra), el polvo de la tierra (Geb), y muchos dioses representados por animales, como Heket, una rana con cuerpo humano que representaba la fertilidad. Cuando Dios trajo las diez plagas a Egipto, cada una de ellas fue dirigida específicamente a uno de estos dioses egipcios. Dios primero afectó al dios Nilo y “lo hizo sangrar”, la principal fuente de vida se tranformó en una fuente de muertre . Luego Dios trajó a las ranas, haciéndolas reproducir en tal cantidad que invadieron y devastaron Egipto. Después, Moshe tomó un poco de la tierra sagrada de Egipto y la convirtió en piojos, lo que demostró que Geb se había vuelto contra Egipto. Así, uno por uno, los dioses egipcios eran vencidos o transformados en plagas incontrolables. La novena plaga, la oscuridad, mostró que el dios Ra era impotente ante el Dios de Israel. Finalmente, Dios trajo la muerte de los primogénitos, que eran los sacerdotes que en cada familia estaban dedicados al culto de sus dioses.

Carneros Sagrados

Volvamos a Pésaj. Los egipcios tenían un animal al cual adoraban sobre todos los demás: el carnero, el macho de la oveja, famoso por su virilidad (puede reproducirse solo con hasta 50 ovejas) . En todas las culturas paganas, el carnero representaba la masculinidad, la reproducción sexual y la creación de la vida. Para los egipcios, Amón, el dios carnero, había creado a los primeros seres humanos. Según Wikipedia, “El espíritu viviente de Ra en forma de carnero es un símbolo de su virilidad y vigor sexual como creador” .

¿Qué hizo Dios para neutralizar y demostrar la falsedad de este dios tan importante para los egipcios? Le pidió a los judíos que tomaran un cordero, es decir, un carnero joven, lo sacrificaran y expusieran su sangre en las puertas a la vista de todo Egipto. En otras palabras, los judíos debían llevar a cabo “la plaga número 11”: sacrificar con sus propias manos al gran dios egipcio Amón.

El golpe (maká) psicológico

Para los egipcios esta debe haber sido una plaga psicológicamente devastadora, ya que “sus esclavos” estaban tomando y sacrificando uno de los símbolos culturales más importanrews de su sociedad y su culto.

Para los esclavos judíos la orden de tomar y sacrifciar un cordero fue la prueba final: ahora tenían que demostrar que lo que habían presenciado durante las diez plagas —que HaShem es el verdadero Dios y los dioses egipcios son pura imaginación– había surgido efecto y estaban preparados para desconectarse de la religion pagana de Egipto y conectarse al Dios de Abraham, Isaac, y Jacob, el verdadero Creador del mundo y de la vida.

Si los judíos se animaban a tomar y sacrificar el cordero ¡se habían liberados mentalmente de Egipto! Y viceversa.

La noche del Seder recordamos el sacrificio de Pésaj, ese increíble evento que tuvimos la valentía de hacer para merecer nuestra libertad.




VAYAQHEL: ¿Puedes dejar de pensar en el dinero?

Es imposible —e incluso poco realista— no pensar en el dinero cuando a una persona le faltan las cosas esenciales: comida, abrigo, un techo que la proteja de la lluvia o acceso a medicinas.

Pero ¿qué ocurre cuando una persona, gracias a Dios,  tiene lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas y aun así no puede dejar de pensar en el dinero?

La mayoría de quienes leen estas líneas en su computadora o en su teléfono viven en una sociedad  privilegiada. Así lo explica muy bien “Superabundance”, un libro que considero casi de lectura obligatoria para entender que vivimos en una realidad extraordinariamente generosa.

En tiempos de superabundancia, nuestra relación con las cosas materiales puede volverse complicada. Si padecemos el “síndrome del rey Ajashverosh”, nos resultará imposible sentirnos satisfechos, incluso cuando no nos falte nada. Consciente o inconscientemente, tener más, consumir más y mejor —y mostrarle al mundo que tenemos más que nuestro vecino— termina convirtiéndose en una necesidad social.

Nos hemos acostumbrado tanto a esta mentalidad de acumulación que ya forma parte de nuestro estilo de vida. Y aun cuando queremos desconectarnos mentalmente del trabajo y del dinero, muchas veces descubrimos que no podemos hacerlo.

Nuestra Parashá Vayaqhel aborda este tema de manera sutil, pero muy clara.

El versículo que introduce el Shabbat se parece al de los Diez Mandamientos:
“Durante seis días trabajarás…” (ta’ase melajá).

Pero en nuestra Parashá aparece una diferencia pequeña y hermosa: al cambiar solo una vocal, el texto pasa a voz pasiva:
“Durante seis días se hará  [tu] trabajo” (te’ase melajá).

Es como si la Torá nos dijera: el trabajo ya está hecho, terminado, completado; relájate, deja de pensar en negocios o dinero, no te queda nada más por hacer. Cuando entramos en el modo de Shabbat, debemos asumir y sentir que nuestro trabajo ya está resuelto —y dejar de pensar en él.

Abstenerse de la preocupación económica es una de las formas más elevadas de espiritualidad: la capacidad de concentrarnos en aquello que trasciende este mundo y que sobrevive a la vida material.

Como escribe Jorge Luis Borges en Siete Noches, después de nuestros 120 años en este mundo, una de las experiencias más dolorosas en el mundo por venir será “anhelar elementos materiales”.      Por eso necesitamos entrenarnos para desconectarnos mentalmente del trabajo y del dinero y no necesitar más de lo que tenemos frente a nuestros ojos. Por este motivo es conocido  como Me’en Olam HaBa —un anticipo –una simulacion  — del Mundo Venidero.




“¿Dios no es un mito?”

Artículo atribuido por  @GiladNoamHadari al periodista británico Alister Heath del “Daily Telegraph”

Hay algo en Israel que incomoda a la gente — y no es exactamente lo que dicen. Hablarán de políticas, de asentamientos, de fronteras y de guerras.
Pero si uno rasca un poco debajo de la superficie del enojo, encuentra algo más profundo. La incomodidad no es por lo que Israel hace — sino por lo que representa. Una nación tan pequeña no debería ser tan fuerte. Punto.

Israel no tiene petróleo. No tiene recursos naturales especiales. Su población apenas tiene el tamaño de una ciudad estadounidense promedio.

A su alrededor hay enemigos.
Odio en las Naciones Unidas.
Un objetivo para el terrorismo.
Condenas de celebridades.
Boicots, difamaciones y ataques.

Y sin embargo — prospera ¡como si no hubiera final!

En el ámbito militar.
En la medicina.
En la tecnología.
En la agricultura.
En la inteligencia.
En la seguridad.
Y sobre todo — en espíritu y en una determinación inquebrantable.

Convirtieron el desierto en campos agrícolas.
Producen agua del aire.
Interceptan misiles en pleno vuelo.

Rescatan rehenes justo bajo las narices de los regímenes más brutales del mundo.

Sobreviven guerras que todos pensaban que los borrarían del mapa —
y las ganan.

El mundo observa — y no puede entender.

Y cuando una persona se encuentra con una fortaleza que no puede explicar, busca otra explicación:

Quizás es ayuda estadounidense.
Quizás es un lobby internacional.
Quizás es opresión.
Quizás es robo.
Quizás algún truco oscuro que dio a los judíos tanto poder.

Porque Dios no permita que sea la verdad.
Dios no permita que sea real.
Dios no permita que lo merezcan.

Y quizás lo peor de todo — que venga de lo Alto.

Se suponía que el pueblo judío debía haber desaparecido hace mucho tiempo.

Así suele terminar la historia de los pueblos que fueron perseguidos, exiliados y esclavizados.

Pero los judíos no desaparecieron.

Regresaron a su tierra.
La reconstruyeron.
Revivieron su lengua antigua.
Y trajeron su pasado de vuelta a la vida — en memoria, identidad y fuerza.

Esto no es solo política.

Es casi bíblico.

No hay ninguna fórmula secreta que explique cómo un pueblo regresa a su patria después de dos mil años.

No hay un camino lógico que vaya desde las cámaras de gas hasta una influencia global.

No existe precedente histórico de sobrevivir a los babilonios, los romanos, los cruzados, la Inquisición, los pogromos y el Holocausto —
y aun así presentarse a trabajar un lunes por la mañana en Tel Aviv.

Israel no es solo lógica.

A menos que uno crea que existe algo más grande que la lógica.

Y eso es lo que inquieta al mundo.

Porque si Israel es real —
si esta pequeña y antigua nación todavía está viva, protegida y prosperando —
entonces tal vez…

Dios no es un mito.

Tal vez Él todavía forma parte de la historia.

Tal vez la historia no es aleatoria.

Tal vez el mal no tiene la última palabra.

Tal vez los judíos no son solo un pueblo…

sino un testimonio.

Y eso es lo que el mundo no puede soportar.

Porque en el momento en que se admite que la supervivencia de Israel no es solo impresionante — sino quizás también divina — todo cambia.

La brújula moral se altera.
Las suposiciones sobre el poder, la historia y la justicia se derrumban.

Y entonces uno se da cuenta de que esto no es el final de un imperio —
sino el comienzo de algo eterno.

Por eso lo niegan.
Por eso lo difaman.
Por eso atacan con furia.

Porque es mucho más fácil llamar a un milagro “fraude”

que enfrentar la posibilidad

de que Dios realmente cumple Sus promesas.




VAYAQHEL-PEQUDE: Shabbat y mi teléfono celular

La adicción a los dispositivos electrónicos es una preocupación creciente en nuestra sociedad. Porque nunca nos separamos de ellos. Cuando terminamos nuestro trabajo y volvemos a casa para relajarnos, seguimos conectados a nuestras computadores, cables, y Wi-Fi. Los teléfonos celulares son particularmente problemáticos, especialmente para los niños y adolescentes. Los maestros no saben qué hacer para controlar su uso. Muchos padres ya se han rendido, y un día se dan cuanta que sus pequeños hijos prefieran tener un iPhone en sus manos que darle la mano a su padres. El síndrome de “ansiedad por separación” que en el pasado reciente se refería al miedo de separarse de los padres, se ha convertido hoy en el pánico que sienten los adolescentes cuando no tienen sus teléfonos celulares a su alcance.

Poder desconectarse de esta adicción es hoy más importante que nunca. Pero parece que nadie sabe cómo hacerlo, excepto por el pueblo judío.En la primera parte de esta Parashá,  la Torá nos habla sobre el “descanso sabático”. El Shabbat es un regalo Divino cuya relevancia no es moderna:  es eterna. Milagrosamente, no tengo otra manera de explicarlo, el significado del Shabbat siempre se fue transformando, se fue adaptando,  a lo que más necesitamos en esos momentos. En los tiempos de esclavitud, cuando salimos de Egipto, el Shabbat nos ayudaba a sentirnos libres y experimentar el descanso que por generaciones no tuvimos.   En tiempos difíciles, en el exilio, el reposo sabático fue un refugio emocional, un espacio familiar, una identidad comunitaria, una isla de paz. En tiempos de pobreza, la mesa de Shabbat con sus “dos” panes obligatorios nos ayudó a recuperar el sentido de la dignidad.  

En los tiempos modernos, el Shabbat una vez más revela su mágica relevancia. Al punto que a mí me hace pensar que el Shabbat NUNCA fue más necesario que en 2023. Durante un poco más de 24 horas, desde el viernes por la tarde hasta el sábado por la noche, se suspende todo contacto con el mundo electrónico. En Shabbat, re-aprendemos a disfrutar de los verdaderos placeres del mundo real. Nos sentamos a conversar, ¡no a chatear! con nuestras queridas familias. No escuchamos música digital: cantamos junto a nuestros hijos. Hablamos de Torá sin la intervención de Alexa o Siri: nuestros hijos no escuchan un podcast, sino palabras que salen desde pulmones humanos y cuerdas vocales.

Las imágenes de nuestra familia alrededor de la mesa de Shabbat, no van a ser compartidas en chat de la familia ni van a terminar en una nube virtual: serán almacenadas en el corazón de nuestros hijos y crearán las memorias que se convertirán en identidad. Y en sentimientos que unirán padres e hijos por generaciones. El Shabbat nos invita a practicar la desconexión con el mundo virtual para construir una familia real.

Nunca fue tan necesario.




VAYAQHEL: De la prohibición de encender un fuego al uso del celular en Shabbat

לא תבערו אש בכל מושבותיכם ביום השבת
 
¿QUÉ NO SE PUEDE HACER EN SHABBAT?
Hay 39 categorías de actividades prohibidas en Shabbat. Estas actividades son llamadas en hebreo melajot o en singular melajá . Las melajot no son necesariamente trabajos lucrativos o actividades que requieren un esfuerzo físico, como popularmente se cree. Las melajot son en realidad tareas o actividades materiales o físicas que incluyen un esfuerzo mental o creativo (מלאכת מחשבת). Y curiosamente, muchas de estas son realizadas por hombres mujeres y niños, en sus residencias, luego del trabajo diario: por ejemplo, cocinar, coser, escribir, pintar, etc.
Una de las 39 melajot, tal vez la más conocida, está mencionada en la Perashá de esta semana (Shemot 35:3):
“No encenderéis ningun fuego, en todas tus residencias, en el día de Shabbat”.
Lo que tiene de especial esta tarea o melajá es que fue mencionada  explícitamente  en la Torá, mientras que todas las demas melajot se deducen directa o indirectamente de las actividades realizadas para la construcción del Mishkán, el Templo o Tabernáculo que se construyó en el desierto: para construir el Tabernáculo 
Cada una de estas melajot se considera una “categoría” de actividad (אבות). Pero en Shabbat también se prohiben los derivados o extensiones de cada una de estas categorías. Es decir que las melajot no se limitan a una tarea específica, sino que incluyen otras actividades similares en su esencia a dicha categoría .
 
ESCRIBIR y sus EXTENSIONES
Vamos a dar un ejemplo sencillo. Una de las 39 categorías es “escribir” (hakoteb). En la construcción del Mihshkán se escribían letras en las vigas de madera para señalar su ubicación en la construcción del “esqueleto” del Mishkán.Los tradición Talmúdica incluye en la categoría de escribir otras actividades derivadas o similares, por ejemplo, dibujar o sellar (usar un sello con tinta), etc. Ahora bien: basados en este principio, que las melajot incluyen también sus derivados, los rabinos contemporáneos entendieron que la melajá de “escribir” también se debe extender hoy a: imprimir, escribir en un teclado, escribir un mensaje de texto, usar el método speech-text, etc (esto es, aparte del tema de electricidad). Con la aclaración que algunas de estas “nuevas” prohibiciones serán consideradas de orden rabínico y no bíblico. Ahora que quizás entendimos mejor el concepto de las extensiones de una melajá, podemos comprender más acabadamente por qué encender una luz o la activación de un artefacto eléctrico, se considera una extensión de la prohibición bíblica de encender un fuego.
 
UN FUEGO SIN LLAMA
El fuego es uno de los agentes más importante a la hora de modificar o mejorar algo. Los metales son modificados por el fuego; los alimentos se preparan usando fuego; el frío se combate con el fuego. Usando el mismo principio del fuego, es decir calor y energía, el hombre moderno inventó máquinas activadas y movidas por vapor, carbón, combustibles y en nuestros días: electricidad. Pero, ¿son estas formas modernas de energía similares al encendido de un fuego? La pregunta es más visual cuando entendemos que a diferencia del encendido de un fuego, las fuentes modernas de energía no siempre producen calor o energía visible, o una llama, una chispa o algo así. ¿Debemos entonces incluir la activación de una forma de energía no visible dentro de la categoría de “encender un fuego”?
 
FUEGO y ELECTRICIDAD
Si bien los Rabinos contemporáneos discuten el carácter halájico de estas actividades (Bíblicas, rabínicas, hab’ará, beniyá, etc) hay un consenso rabínico acerca de la prohibición de la activación de cualquier forma de energía eléctrica en Shabbat. Esta consideración está basada en el hecho que en la Guemará (siglo V de la era común) se discutió un caso muy interesante: ¿qué pasa si se calienta una barra de metal, que luego se utilizará, por ejemplo, para hervir agua? Los rabinos de ese tiempo entendieron que si bien no se trata del fuego mismo, y obviamente no hay una llama visible, esa barra metálica incandescente actúa de la misma manera que el fuego, como una fuente de energía, y por lo tanto hace 1500 años atrás determinaron que esa barra caliente se considere como una forma de “fuego” en Shabbat (Ver Masejet Shabbat 41a).
 
Basado en esta consideración y en otras fuentes talmúdicas que definen a algo caliente o a una fuente de energía como “fuego”, Maimónides (1135-1204) afirmó: “El que calienta una barra de metal para templar el agua en ella ha violado la prohibición bíblica de encender un fuego” (MT, Shabbat 12:1). Esta barra incandescente se considera definitivamente una extensión de la melajá de “fuego”, aunque no produce una llama. Por lo tanto, el uso de un automóvil, un electrodoméstico, un celular o cualquier otro aparato electrónico, también esta incluido en la categoría primaria de “encender un fuego” y no está permitido en Shabbat.
 
ENCENDER, PRENDER y APAGAR LA LUZ
Para que al lector hispanoparlante le sea más sencillo entender por qué la utilización de un aparato electrónico se considera una extensión de la categoría de “encender un fuego”, hay que prestar atención al lenguaje que utilizamos cuando nos referimos, por ejemplo,  a la activación de un aparato electrónico o un automóvil y empleamos el mismo verbo que la Torá usó en la Perashá de esta semana para hablarnos del fuego: “encender” o “prender”. Decimos en castellano moderno: encender o apagar la luz, aunque no se trata de un fuego real; prender el motor, aunque no hay llamas visibles; prender la radio, prender el celular, encender o prender y apagar la computadora, etc.
Curiosamente, el lenguaje que utilizamos refleja esta relación que establece la ley judía entre el fuego, la primera forma de energía, y la tecnología moderna.
 

RABINO SAADIA GAON vs. JUDAISMO REFORMISTA

En la época de la haskala (iluminismo europeo, mediados del siglo XIX), muchos judíos reformistas argumentaron que la razón por la que la Torá prohibe encender un fuego era porque en la antigüedad encender un fuego representaba un trabajo agotador: el fuego se encendía con piedras en un largo y largo tiempo. proceso agotador. Y por eso estaba prohibido encender fuego en el día de descanso. Y es por eso que, razonaron los primeros reformadores, debería permitirse hoy, cuando podemos encender un fuego con un simple fósforo.

La tradición judía, sin embargo, nunca identificó melakhot con prohibiciones asociadas con el esfuerzo físico o con la idea de descanso físico. Al contrario: la ley judía dice que si vives en el piso 12 de un edificio de apartamentos, debes subir las escaleras, lo que obviamente implica un gran esfuerzo físico, en lugar de usar el ascensor, lo que definitivamente aumentará tu estado de descanso.

Es la naturaleza de la acción o tarea, especialmente su conexión con la idea de “crear algo”, lo que define una actividad como melakha, no el esfuerzo físico que exige.

El rabino Sa’adia Gaon (882-942) se refirió a esta idea, irónicamente, cuando escribió sobre “encender un fuego”.
Cuando tradujo al árabe el pasuq “No enciendáis fuego en vuestras residencias en el día de Shabat” (Shemot 35:3) escribió “Ni siquiera encendáis fuego en Shabat…”. ¿Por qué dijo “incluso”? Porque hab’ara (la palabra que la Torá usaba para “encender” el fuego) no significa “encender”, iniciar un fuego de la nada. Significa: transferir un fuego de una fuente de fuego existente. Y transferir un fuego, es posiblemente la melakha más fácil concebible, el epítome de una actividad creativa mínima y sin esfuerzo.

En su opinión, la Torá destacó “hab’ara” para transmitir precisamente que incluso un acto sin esfuerzo, pero mínimamente creativo, todavía está prohibido en Shabat.

SHABBAT SHEQALIM

En la época del Bet haMiqdash, el Templo de Jerusalén, se ofrecían sacrificios comunitarios diarios (qorbanot) en nombre de todo el pueblo judío. Esta representación nacional no era solo teórica o dependía solo de la intención correcta de los encargados de realizar los sacrificios, es decir, los Cohanim. La participación de toda la nación de Israel en los sacrificios diarios se llevaba a cabo de una manera muy práctica: cada año en el mes de Adar se recaudaba un impuesto especial: majatsit hasheqel o “medio sheqel”. El medio sheqel era un impuesto fijo, la misma cantidad para pobres y ricos. Y como todos daban la misma cantidad, la colecta de sheqalim (plural de sheqel) también servía como censo demográfico anual. El dinero recaudado en este fondo comunal se usaba para comprar los animales para los qorbanot o sacrificios, y de esta manera cada uno tenía una participación similar en los sacrificios comunitarios diarios y festividades musafim (Shabat, Rosh Jodesh, etc.)

El medio siclo se recaudaba durante el mes de Adar, porque el año fiscal del Templo comenzaba en el mes siguiente: Nisán. El dinero recaudado también se utilizaba para el mantenimiento y los gastos generales del Templo. Pero no para la construcción del mismo: como leemos en Perashat Terumá los fondos para construir el Mishkan (el Santuario en el desierto) y más tarde, para construir el BethaMiqdash estaba basado en donaciones voluntarias.

En otras palabras, las finanzas comunales dependían de un sistema de donaciones combinado con un impuesto fijo (una especie de cuota de membresía) que se recaudaba en el mes de Adar. Para recordar la colecta de los sheqalim 1. Leemos perashat sheqalim un Shabat antes de Rosh Jodesh Adar y 2. Durante el mes de Adar (o Adar II) damos una donación fija, solo como un acto simbólico, para recordarnos el majatzit hashequel.




Irán y el Faraón

IRÁN Y VENEZUELA

Israel y Estados Unidos están luchando contra Irán. Estos días trato de escuchar las noticias de Israel y oigo a comentaristas políticos repetir la misma idea superficial: “Irán está siendo destruido, sus líderes van a desaparecer, el régimen va a caer, como cayó Maduro en Venezuela”, etc.

Parte de esto es cierto. Irán claramente calculó mal. Su arsenal militar, con la ayuda de HaShem, va a terminar destruido. Su red de aliados —Hamás, Hezbolá y otras milicias— ha sufrido golpes muy fuertes.

Pero hay un punto fundamental que muchos analistas seculares difícilmente pueden comprender. La enorme diferencia entre Irán y Venezuela es el factor religioso.

Irán no es un país más ni simplemente una estructura política: es una estructura religiosa. Es la República Islámica de Irán (que yo sepa, la única que se define a sí misma de esta manera).

Irán es el centro religioso del mundo chiita. Los chiitas representan alrededor del 10-15 % de los musulmanes del mundo, entre unos 200 y 300 millones de personas.
Para muchos de ellos, los líderes de Irán no son simplemente líderes políticos, sino autoridades religiosas.

El líder de Irán no es comparable a Maduro. Es (era) un líder religioso, una figura espiritual, más comparable a lo que el Papa significa para los católicos del mundo entero.

Para los líderes chiitas, esto no es solo geopolítica. Es una batalla religiosa, apocalíptica, algo parecido a Gog y Magog: el enfrentamiento final.

Por eso hay algo que debemos tener en claro:

Irán (como Hezbolá, Hamás o los hutíes) nunca se va a rendir.


IRÁN Y EGIPTO

Es exactamente lo mismo que ocurrió con el faraón de Egipto. El faraón veía cómo su país se destruía: las imparables plagas devastaban su tierra, su economía colapsaba, su pueblo sufría. Y aun así endurecía su corazón. Prometía liberar a los hebreos y luego se retractaba. Desafiaba una y otra vez a Moshé. Y doblaba la apuesta.

¿Por qué?

Porque rendirse era “humillante”. Significaba admitir que su religión era falsa. Que todos los faraones anteriores habían engañado a su pueblo. Significaba reconocer que el Dios de los esclavos “inferiores” era el verdadero Dios. Egipto, sin sus creencias religiosas, no tenía razón de ser. Y el faraón prefirió ver su país totalmente destruido antes que rendirse.

Por eso la confrontación con un régimen extremista religioso es mucho más peligrosa que la de cualquier dictadura secular.


CONCLUSIÓN

Israel enfrenta a extremistas fanáticos, dispuestos a actuar como kamikazes, sin escrúpulos y extremadamente peligrosos.

Digo todo esto no para alarmarnos, sino para entender la situación con más claridad. Y también para recordar algo muy importante —quizás lo más importante—:

No tenemos que cantar victoria ni dejar de rezar: debemos seguir pidiendo a HaShem Su ayuda para los que están en el frente y también Su protección para los que están en la retaguardia. Y, al mismo tiempo, redoblar nuestra seguridad en Israel y fuera de Israel.




Hamán, Trump y la historia de dos orejas

Hay una pregunta curiosa que nadie me pudo responder: ¿por qué en Purim comemos las “orejas de Hamán”? No aparece en el Talmud, ni en los Midrashim, ni en ninguna fuente de la literatura rabínica.

Y sin embargo, todos las conocen. Son súper populares. En hebreo moderno se llaman Ozné Hamán. En el mundo ashkenazí se conocen como hamantaschen. Son unos triángulos de masa rellenos de dulce de frutas que aparecen en todas las panaderías judías cuando llega Purim. Los niños judíos las dibujan en el jardín de infantes hasta el cansancio, y todos las recibimos en los mishlóaj manot de Purim. Probablemente se trate de una tradición culinaria  (¿con propósito comercial?) que se desarrolló en Europa y que con el tiempo se volvió parte del folclore de Purim. Es una de esas cosas —no la más grave, por cierto— que muchos judíos hacen sin preguntarse por qué.  Y la razón por la que me detengo a pensar en algo tan banal como las orejas de Hamán es porque en estos últimos días estoy pensando en otra oreja, mucho más significativa y simbólica del extraordinario momento que está viviendo Israel.

LA OREJA QUE CAMBIÓ LA HISTORIA

El 13 de julio de 2024, Donald Trump estaba hablando en un acto de campaña en Butler, Pensilvania. Miles de personas estaban frente al escenario cuando de pronto se oyeron disparos. El atacante era Thomas Crooks, un joven de 20 años que disparó desde el techo de un edificio cercano con un rifle de alta precisión. Su objetivo era nada menos que matar al entonces candidato republicano Donald Trump. La bala se desvió por milímetros y le rozó la oreja derecha a Trump, dejándole una herida de 2 cm de ancho.

Trump cayó al suelo —o se tiró— mientras los agentes del Servicio Secreto corrían hacia él. Segundos después se levantó con sangre en la cara, y levantó el puño mientras lo evacuaban y gritó “FIGHT, FIGHT, FIGHT” (¡luchar, luchar, luchar!), mientras la multitud aliviada y eufórica, al verlo con vida, coreaba “USA, USA, USA”.

Después del atentado, Trump nunca dejó de decir que sentía que Dios lo había salvado.

Y yo me pregunto, como judío sionista, qué habría pasado si la bala lo hubiera alcanzado y Trump no fuera hoy el extraordinario presidente de los Estados Unidos. En mi opinión, el Estado judío todavía estaría negociando por los rehenes, no estaría controlando el 60 % de la Franja de Gaza, Hamás estaría fortalecido y uniendo fuerzas con Hezbolá, e Israel estaría desesperado, sin aliados, bajo la terrible amenaza nuclear de Irán, luchando para sobrevivir. O peor.

Pero, “gracias a Dios”, literalmente, la bala falló. E Israel está hoy, Baruj HaShem,  en el mejor momento de su historia desde el punto de vista político, económico y especialmente  militar.

LA CONEXIÓN IRANÍ

Volviendo a la bala que rozó la oreja presidencial: en los meses siguientes al atentado, las investigaciones de inteligencia en Estados Unidos revelaron que el régimen iraní había estado explorando activamente planes para asesinar a Trump, como represalia por la eliminación del general Qassem Soleimani en 2020, que fue ordenada por el presidente Trump.

En 2024, el Departamento de Justicia estadounidense acusó formalmente a Irán en relación con un presunto complot ordenado por la Guardia Revolucionaria Islámica para matar a Trump. Y detrás de toda esa operación estaba un nombre: Rahman Moqaddam, oficial iraní vinculado a las unidades especiales de la Guardia Revolucionaria.

Esta semana se cerró el círculo. El secretario de Defensa estadounidense Pete Hegseth anunció que Moqaddam había sido eliminado (por Israel).   

“Irán intentó matar al presidente Trump”, dijo Hegseth ante los periodistas, “y el presidente Trump fue el último en reír” (ver aquí.  https://www.foxnews.com/politics/hegseth-says-leader-behind-effort-assassinate-trump-has-been-hunted-down-killed-iran?utm_source=chatgpt.com) .

LA OREJA QUE TRUMP SE TOCA TODOS LOS DÍAS

Me imagino que cuando una bala roza la cabeza de una persona, esa persona no lo olvida nunca. Y me imagino que Trump debe tocarse la oreja todos los días, recordando esa milagrosa salvación.

Sigo imaginando. Creo que, más allá de que Irán es —o era— una amenaza para la paz mundial, y que el ataque de Estados Unidos contra ese país puede tener muchas razones estratégicas —eliminar el programa nuclear, los misiles balísticos, las redes terroristas que Teherán financia en todo Medio Oriente, e incluso el interés en las segundas reservas de petróleo más grandes del mundo—, en última instancia, para Trump destruir a Irán es, ante todo, un asunto personal. Una deuda pendiente.  Una herida en su oreja que recién ahora puede cicatrizar.

MI HUMILDE PROPUESTA

No me gusta ser aburrido ni aguafiestas, así que NO voy a proponer que eliminemos las orejas de Hamán solo porque no tienen ningún sustento religioso, histórico, filosófico ni espiritual.

Mi propuesta es muy poco controversial, no afectará a los comercios,  ni va a evitar que los niños judíos sigan dibujando triángulos rellenos de dulce en Purim.

Mi idea consta solo de dos pequeños puntos:

  1. Cambiemos el nombre de las masitas triangulares: en lugar de “Haman-taschen” o ozné Hamán, llamémoslas “Trump-taschen” o simplemente “las orejas de Trump”.
  2. Y en lugar de comerlas por glotonería,  cada vez que tengamos una de esas “orejas de Trump” en la mano, recordemos el extraordinario milagro que, B”H, vivimos en este nuevo “Purim 2026”.

¡Buen provecho!

Yosef Bitton




KI TISA: ¿Qué le preguntarías a Dios?

La parashá de esta semana, Ki Tisá, trata de varios temas. Entre ellos se encuentra el episodio del becerro de oro. El pueblo, impaciente por la ausencia de Moshé durante cuarenta días, piensa que ha muerto y decide reemplazarlo con un becerro que los guiaría en el desierto hacia la tierra prometida.

El becerro —la cría de la vaca— era uno de los ídolos adorados por los egipcios, debido a su extraordinario instinto de orientación: cuando necesita mamar, el becerro puede encontrar a su madre incluso si tuviera los ojos vendados.

Por supuesto, este episodio representó una gravísima traición a Dios y un regreso del pueblo de Israel a las formas más primitivas de idolatría. Y todo esto ocurrió apenas poco más de un mes después de haber presenciado la manifestación de HaShem en el monte Sinaí, cuando reveló los Diez Mandamientos.

HaShem le manifiesta entonces a Moshé que eliminará al pueblo judío. Moshé intercede, reza por ellos, los defiende y le dice a HaShem que, si decide destruir al pueblo, también tendría que eliminarlo a él. Finalmente, en el día de Kipur (10 de Tishréi), HaShem acepta la tefilá de Moshé y decide perdonar al pueblo de Israel.

Esto es, por supuesto, algo maravilloso que recordamos todos los años en Yom Kipur. Sin embargo, hay algo más —menos conocido— que ocurrió en ese mismo episodio.

Luego de que HaShem perdonara al pueblo de Israel, se desarrolla una “conversación” entre Dios y Moshé. En un momento, Moshé le dice a HaShem:

הראני נא את כבודך

lo que, más o menos, significa: “Enséñame Tu Gloria”.

Los rabinos explicaron que aquí ocurrió algo excepcional. Hasta ese momento, la comunicación de HaShem con los seres humanos había sido siempre unilateral: HaShem se manifiesta a los profetas o al mismo Moshé Rabenu y les transmite un mensaje o una visión. Pero en esta ocasión, por primera y única vez, es un ser humano quien inicia una especie de diálogo con Dios y se atreve a formularle una pregunta al Todopoderoso, sabiendo que puede esperar una respuesta de Su Interlocutor.

Moshé tuvo esta oportunidad única y, en cierta manera, representó a toda la humanidad frente a HaShem.

¿Qué le preguntó Moshé a Dios?
¿Cuál es la pregunta que más preocupa a la humanidad con respecto a Dios?

Los Sabios explican que Moshé le preguntó a Dios:

למה צדיק ורע לו

¿Por qué sufren las personas buenas?

En otras palabras: si Dios es Todopoderoso y absolutamente bueno, ¿por qué permite que les ocurran cosas malas a las personas buenas?

Para el hombre de fe, no existe una pregunta más crítica y más profunda.

A propósito, esta mañana, mientras escribía estas líneas, y por pura curiosidad, hice una breve búsqueda en Google. Escribí en inglés: “What would you ask God?” (¿Qué le preguntarías a Dios?). Lo que encontré me resultó sorprendente.

El primer artículo que apareció reportaba los resultados de una encuesta realizada a cientos de estudiantes universitarios (no judíos) a quienes se les preguntó:

“Si pudieras hacerle una pregunta a Dios, ¿qué le preguntarías?”

La pregunta número uno fue muy parecida a la de Moshé:

“¿Por qué hay tanto sufrimiento en el mundo? Si Dios es bueno y Todopoderoso, ¿no tiene los recursos para prevenir el mal y el sufrimiento?”

Estoy seguro de que muchos lectores quizá no compartan mi fascinación por esta “pregunta de Moshé” y estarán impacientes por saber cuál fue la respuesta de Dios a Moshé Rabenu.

El judaísmo es único en reconocer que esta pregunta no tiene una respuesta clara para el ser humano. Sin embargo, la Torá nos revela por qué no podemos obtenerla.

Comprender cómo Dios administra Su justicia supera nuestras posibilidades intelectuales y epistemológicas.

HaShem le respondió a Moshé —de manera breve y metafórica— que Moshé, o cualquier otro ser humano, nunca podrá ver “el frente” de la Presencia o de la intervención divina. Solo podrá ver “el dorso” de la intervención de Dios, la parte de atrás:

וראית את אחורי ופני לא יראו

El mejor ejemplo que puedo ofrecer es, irónicamente, un ejemplo visual: un tapiz.

Solo HaShem ve el tapiz desde el frente. Nosotros, los seres humanos —limitados por el corto tiempo de nuestras vidas y por el espacio de esta dimensión física— solo vemos la parte de atrás del tapiz: los hilos, los trazos que parecen aleatorios y caóticos, los colores, los nudos, los bucles.

Para nosotros, todos esos zigzagueos del tejido parecen carecer de sentido. Sin embargo, son precisamente esos hilos los que hacen posible la imagen perfecta que se ve en el frente del tapiz… una imagen a la que solo Dios tiene acceso.