Edición especial: ¿Qué hacer cuando la víspera de Pésaj cae en Shabbat?   

UN AÑO SINGULAR
Este año la celebración de Pésaj será un poco más especial porque el Seder de Pésaj se celebrará un sábado por la noche, el 12 de abril. Y la víspera de Pésaj, entonces, caerá en Shabbat, es decir, comenzará el viernes 11 de abril a la noche. La última vez que algo así ocurrió fue en 2021. Y en el futuro ocurrirá nuevamente en el 2045.

Cuando esto sucede hacemos algunos ajustes, por un lado para mantener intacta la santidad y el honor del Shabbat con respecto a las comidas , y por otro lado, cuidando al máximo detalle todos los principios Halájicos de Pésaj.

Vamos a mencionar las principales modificaciones para este año

AYUNO DE LOS PRIMOGÉNITOS
Según varias opiniones rabínicas (Sh.A., OH, 470:2), cuando la víspera de Pésaj ocurre en Shabbat como este año, los primogénitos están exentos del ayuno. Sin embargo, es meritorio participar de la finalización de un tratado talmúdico (Siyum), como lo hacemos todos los años  para evitar este ayuno con una comida de celebración en honor a este evento. El Siyum se realizaría el jueves 10 de abril por la mañana.

ÚLTIMA INSPECCIÓN DEL JAMETS

Normalmente, realizamos la última inspección del Jamets (bediqá) para revisar que no haya quedado nada de Jamets en nuestra casa, durante la noche anterior a la noche del Seder. Sin embargo, cuando la víspera de Pésaj cae en Shabbat, la inspección final del Jamets debe realizarse 2 noches antes del Seder, es decir, el jueves 10 de abril por la noche. Todas las demás reglas de Bediqat Jamets son similares a las de todos los años.

BI’UR (eliminar) Y VENDER EL JAMETS

El viernes 11 de abril, uno debe deshacerse de las sobras de Jamets quemándolo o tirándolo a la basura antes de que finalice la quinta hora del día (en NY, esto es aproximadamente a las 11:00 a.m.). Aunque técnicamente este año se podría hacer más tarde, en la práctica, es recomendable hacer todo esto en el mismo horario que lo hacemos todos los años.   Lo mismo es recomendable que se haga con la venta del james para los que siguen esa costumbre.

VELA PARA HABDALA: También hay que acordarse de encender una vela adicional de 24 horas antes de Shabbat para tener una llama preexistente que se pueda usar para Habdalá en el Séder el sábado por la noche.

¿COMER O NO COMER PAN DURANTE ESTE SHABBAT?
Una de las formas en las que honramos el Shabbat es teniendo comidas celebratorias, es decir, recitando el Kiddush, HaMotsí y luego el Bircat HaMazon después de la comida. Normalmente, usamos dos «jalot» (lejem mishné) para HaMotsí. La pregunta es: ¿qué debemos hacer cuando la víspera de Pésaj cae en Shabbat para recitar la bendición HaMotsí y Bircat haMazon?

En realidad hay dos tradiciones y ambas son halajicamente válidas.

TRADICION 1: HAMOTSI CON PAN

Siguiendo esta primera opción, uno podría comer pan durante el viernes 11 de abril a la noche y el sábado hasta el final de la cuarta hora del día (las 10:00 de la mañana, hora de NY. Para los horarios exactos de acuerdo a su ciudad de residencia, vea aquí), porque la prohibición de comer Jamets solo comienza desde el final de la cuarta hora de la víspera de Pésaj.

Si uno sigue esta opción, hay que tener en cuenta que:

  • √ Toda la comida que se prepare y se consuma para este Shabbat deberá ser Kasher para Pésaj, excepto por el pan (se recomienda usar pan tipo “pita” porque produce menos miga) que se usará para HaMotsí el viernes por la noche y el Shabbat por la mañana antes de que finalice la cuarta hora.
  • √ Se aconseja utilizar platos, manteles, cubiertos, etc., descartables.
  • √ El Shabbat 12 de abril por la mañana se deberá rezar antes de lo habitual, hacer el Kiddush y terminar la comida con pan antes de las 10:00 a.m. (o el horario equivalente en su ciudad de residencia).
  • √ Luego de la comida de Shabbat por la mañana y antes de las 11:00 a.m. (o el horario equivalente en su ciudad de residencia):
    1. Uno debe desechar todas las sobras de Jamets de una manera que esté permitida en Shabbat (consultar este tema con su rabino).
    2. Hacer el Bitul Jamets (kal jamira), es decir, la declaración verbal por la cual uno renuncia a la posesión de cualquier Jamets que le pertenezca, y podría haber quedado involuntariamente en nuestra posesión.      

La mayoría de los Yehudim Ashkenazim y muchos Yehudim Sefaradim siguen esta primera opción.

TRADICION 2: REEMPLAZAR EL PAN POR MATSA

De acuerdo a esta segunda opción, y a fin de evitar  el manejo del Jamets durante Shabbat, lo más aconsejable es considerar al viernes 11 de abril (13 de Nisán) como si fuera la víspera de Pésaj (14 de Nisán). Por lo tanto, el viernes antes de las 10:00 a.m. (horario de N.Y.) se deja de comer Jamets. Asimismo, antes de las 11:00 (ídem) debemos proceder a:

  • La eliminación del Jamets (Bi’ur Jamets, generalmente se lo quema)
  • La venta de Jamets (Mejirat Jamets)
  • La renuncia verbal a cualquier Jamets que haya podido quedar en nuestra posesión (Bitul Jamets / Kay Jamirá).

Una vez que terminamos con el Jamets, nos queda resolver la siguiente pregunta: ¿Cómo reemplazar el pan y recitar HaMotsí en las comidas de este Shabbat?

VIERNES 11 DE ABRIL POR LA NOCHE

Obviamente, toda la comida que se preparará para este Shabbat debe ser Kasher para Pésaj.

Respecto al reemplazo del pan por Matsá, hay 3 posibilidades:

  1. Usar Matsot regulares.
    No se debe comer Matsá el día anterior al primer Seder de Pésaj, para que uno disfrute el sabor de la Matsá la noche del Seder. Pero esta disposición recién comienza a regir a partir de la mañana. Por lo tanto, el viernes a la noche se podría reemplazar el pan por Matsá regular de máquina. Una Matsá regular por persona será más que suficiente (considerando no el peso sino el volumen como lo indica la Halajá: 1/3 de Matsá de máquina es kazayit).
    Se usa Matsá regular ya que no es necesario que la Matsá que se consuma en Shabbat antes de Pésaj sea Shemura o hecha a mano.
  2. Usar Matsá Frita
    Muchas familias acostumbran a no consumir Matsá a partir del primero de Nisán. En este caso, se podrá recitar el HaMotsí con Matsá frita o cocida (se recomienda más “frita” para que quede entera), ya que al tener un sabor distinto, por un lado se diferencia de la Matsá que usaremos en el Seder, pero califica para HaMotsí (la cantidad será similar al caso anterior).
    La Matsá frita se fríe en aceite, sin huevo ni aditivos y debe estar entera.
  3. Usar Matsá Ashirá (Egg Matsá).
    Esta Matsá está hecha con jugos de fruta, o huevo, etc., y sin agua. Su status (berajá) es “mezonot” y por eso no es válida para el Seder. Sin embargo, tal como ocurre durante el resto del año, cuando comemos una cantidad considerable de Mezonot en reemplazo del pan (qobea’ se’udá) se recita HaMotsí y Bircat haMazon. Por eso se deberá consumir por lo menos 2 de estas Matsot (sic.) para cumplir con este requisito (hay opiniones más flexibles).
    Matsá Ashirá (también conocida como Matsá de huevo).

ALMUERZO DE SHABBAT (sábado 12 de abril)

En este caso, como lo explicamos anteriormente, no podemos usar las Matsot regulares. Nos queda entonces la opción 2, usar Matsá frita (o cocida), o 3, usar Matsá Ashirá en la cantidad que explicamos anteriormente.

SEUDA SHELISHIT

Por lo general, la Seudá shelishit se realiza más cerca del atardecer. Pero en esta ocasión debemos reservar el apetito para el Séder de Pésaj que tendrá lugar por la noche, por lo tanto esta comida se deberá realizar más temprano que de costumbre (en N.Y. alrededor de las 2:00 o 3:00 p.m.). Para esta comida podemos usar Matsá Ashirá en una cantidad más pequeña (podría ser por lo menos media Matsá, siguiendo el criterio de volumen) recitando la bendición “mezonot”. Alternativamente, se podrá no usar Matsá y hacer una comida más ligera con pescado o carne, o verduras o frutas.

Consulte con el rabino de su comunidad respecto a la tradición a seguir




¿Por qué comemos Matsá?

La Mitsvá más característica de Pésaj es la de consumir Matsá. La Matsá reemplaza al “pan”,  y de hecho es un “pan”, pero plano, y sin miga. Está elaborado sin esperar que la masa se eleve a través del proceso normal de fermentación, y sin agregarle levadura.

Ahora bien. ¿Por qué comemos Matsá en Pésaj?

Hay dos razones. Una de ellas se menciona explícitamente en la Torá. Y la segunda razón, menos conocida, se menciona brevemente al principio de la Hagadá que leemos en el Seder. 

PAN DE POBRES (לחם עוני)

Comencemos por lo que dice la Hagadá. Durante muchos años, cuando vivimos esclavizados en Egipto, comíamos exclusivamente Matsá: Desayuno, almuerzo y cena. Este “pan” de bajo costo –llamado al principio de la Hagadá  lajmá aniyá o ‘pan de los pobres’– no tiene levadura, ni sal, ni aditivos. La Matsá era la comida concebida por los amos egipcios como el alimento ideal para los esclavos judíos. No era una comida nutritiva ni balanceada, pero se digería lentamente y duraba más en el estómago de los esclavos judíos, que así se quejaban menos del hambre.  La Matsá era también el alimento de menor costo que se podía producir: todo lo que se necesitaba para preparar Matsá era harina y agua, dos de los elementos más baratos y abundantes en las orillas del Nilo.  Había otro elemento adicional, que contribuía a la tortura psicológica de los judíos: el factor tiempo. Normalmente, para producir un pan común se deja reposar la masa durante unos 20 minutos, y así, una vez que la masa se eleva por la fermentación, se coloca en el horno. Pero los amos egipcios no le concedían a los  judíos esos 20 minutos de descanso: los esclavos hebreos debían preparar la masa y hornearla inmediatamente, así como estaba. El «pan» obtenido era sinsabor, plano y sin miga. La Hagadá nos recuerda esto al señalar que la  Matsá que comemos en el Seder «es el pan de la pobreza que comieron nuestros antepasados en Egipto». La experiencia de comer solamente Matsá durante tantos años, y su efecto psicológico, quedó grabada en nuestra memoria, y al probarla revivimos el sabor del cautiverio.

LA SEGUNDA VEZ QUE COMIMOS MATSA

La razón explícita que menciona la Torá respecto a la Matsá es diferente: en el momento de nuestra salida de Egipto “también comimos Matsá”.  ¿Por qué? Porque la orden de salir de Egipto ocurrió ‘súbitamente’ (bejipazón), la noche del 15 de Nisán, luego de la última plaga, cuando el Faraón luego de tantas negativas y negociaciones por fin cedió y más que liberarnos de buena gana prácticamente nos «expulsó»  de su territorio.   La salida de Egipto fue una “operación relámpago”  que duró solo unas horas. Tratemos de visualizarlo:  tenemos que dejar todas nuestras pertenencias y salir de casa para siempre con lo que uno lleva puesto. Tenemos 2 horas para prepararnos. Sabemos que vamos a ir al desierto pero no sabemos por cuánto tiempo vamos a caminar. Lo más urgente que necesitamos, aparte de agua,  es comida para la travesía. ¡Hay que preparar la mayor cantidad de comida posible en un par de horas… obviamente, ¡no hay tiempo de esperar 20 minutos entre pan y pan hasta que la masa fermente! Y así, al salir de Egipto no nos llevamos con nosotros pan sino cargando Matsot en nuestros hombros. Este evento creó una memoria emocional en nuestro ADN que la Torá inmortalizó con el precepto comer Matsot en el Seder de Pésaj. Muchos judíos Sefaradim teatralizan este evento inolvidable al que llamamos  משארותם צרורות. Ver este interesante video de un maestro enseñando a sus alumnos a tomar las Matsot en su hombro y decir (en árabe): ¿De dónde vienes? De Egipto. ¿Y a dónde vas? ¡A Yerushalayim!  

¿QUÉ APRENDÍ? 

Hace un tiempo atrás, enseñando Masejet Rosh HaShaná, me di cuenta de un detalle que no había observado durante años anteriores.  Los Sabios dicen que nuestra esclavitud no terminó en Pésaj, es decir, en el mes de Nisán: los trabajos forzados fueron interrumpidos en Rosh haShana de ese año, es decir, 6 meses antes de la salida de Egipto (este hecho está también referenciado en el salmo de Tehilim  que recitamos en Rosh haShaná הסירותי מסבל שכמו).  De ser así, supongo, que una vez que los judíos concluimos nuestra esclavitud, comenzamos a consumir “pan normal” , es decir, pan fermentado.  Pero ahora, cuando tuvimos que prepararnos para salir de Egipto apresuradamente,  nos vimos forzados,  irónicamente, a consumir nuevamente «pan de pobres»… Pero como lo explicamos, esta vez la Matsá tenía un sabor diferente: el gusto de la libertad que estaba teniendo lugar precipitadamente, frente a nuestros ojos.

EL DOBLE GUSTO DE LA MATSA 

La Matsá representa a la vez la amargura de la esclavitud y el dulce sabor de nuestra providencial libertad. Al comer la Matsá celebramos nuestra redención, sin olvidar nuestro sufrimiento. Por un lado, recordamos la aflicción que sufrimos como esclavos en Egipto. Y por el otro lado, nuestra salida de Egipto, que no fue la consecuencia de una “revolución” progresiva que fermentó en el pueblo a través de varios años, y cuyo desenlace final ocurrió después de interminable batallas…. Fuimos rescatados por el Creador en un  “vertiginoso” acto de redención; irrepetible en la historia de la humanidad.




¿Por qué cuatro copas de vino?

ACTUAR COMO PERSONAS LIBRES 
Los Sabios de la Mishná dicen que durante el Seder de Pésaj “uno debemos actuar (להראות את עצמו) como si él mismo hubiera salido de Egipto”. Esta significa que en la noche del Seder debemos “actuar” y comportarnos como libres (bené jorín).
Por eso nos sentamos reclinados sobre la izquierda, que era la forma que en ese entonces solían sentarse los nobles y la aristocracia (ver aquí)  y tambien por ese motivo bebemos 4 copas de vino, que no era habitual para una familia próspera pero no para una familia de medios moderados. Para comprender mejor este punto. recordemos que la antiuguedad NO existia la clase media: los pobres eran escalvos y los libres era ricos. Por eso, para proyectar «libertad» nos comportamos con opulencia: nos sentamos como ricos, comemos como ricos, y bebemos como ricos…   En la antigua Grecia o Roma, por ejemplo,  en el tiempo que el Seder fue formulado con mas detalle,  era normal en un banquete de la aristocracia servir vino 1. antes de la cena, en la recepción como aperitivo; 2. durante la cena y 3. luego de la cena y 4. como sobremesa o vino de postre (after-dinner-drinks).  Estos hábitos sociales están mencionados varias veces en los textos talmúdicos, y muy específicamente en la Toseftá כיצד סדר סעודה (Berajot 4: 8).
El Seder de Pésaj entonces, es idéntico a un banquete festivo de ciudadanos nobles de la época de la Mishna o el Talmud (años 200-500 de la era común). Hay que tener en cuenta que en la historia del pueblo judío, la prosperidad no fue la regla sino la excepción. Y que, como lo sugiere la Mishná, para la mayoría de las personas no era sencillo adquirir 4 copas de vino por comensal, y es por eso que la Mishná especifica que los fondos públicos podían ser usados para proveer a los pobres de 4 copas de vino per capita, para que esa noche, ricos y pobres, celebren esta noche participando de un banquete de nobles, y poder así visualizar la libertad y la prosperidad, lo que Maimónides y los Sabios llaman “jerut”.
LAS 4 BENDICIONES DEL SEDER
Hay otra razón práctica que explica la razón de las 4 copas.  En una cena normal durante la semana, no es lo habitual beber vino. Esto no quiere decir que esté prohibido beber cuando uno bebe en moderación. Pero por lo general el vino y la carne se suele reservar para celebraciones, especialmente para Shabbat y días festivos (Yom Tob).   Y en estas y otras ocasiones festivas, el vino suele acompañar la recitación de las plegarias y bendiciones que recitamos para celebrar estos momentos felices. En Shabbat, por ejemplo, una copa de vino acompaña la recitación del Quiddush y también acompaña la recitación de Birkat haMazón (esto es, la bendición después de comer. Aunque en nuestros días, la costumbre de beber vino luego de Bircat haMazon en algunas comunidades cayó en desuso). Y lo mismo hacemos en otras ocasiones festivas. En la ceremonia de casamiento, por ejemplo, tenemos dos copas de vino. Una copa acompaña la recitación de bircot hairusin y otra copa de vino acompaña la recitación de las sheba berajot(siete bendiciones de los novios) . Asimismo, en un Berit Milá (circuncisión) recitamos la berajá sobre una copa de vino.
Las bendiciones que decimos en casa o en una fiesta religiosa suelen estar acompañadas de vino, ya que el vino es un elemento asociado con alegría y celebración.
Volvamos al Seder de Pésaj, y veamos que tienen en común y en que se diferencian las 4 copas del Seder respecto a las otras oportunidades ne las cuales bebemos vino.
1.A diferencia del Quiddush de Shabbat o de otras celebraciones donde sólo una persona esta obligada a probar el vino, en el Seder TODOS los participantes deben beber las 4 copas. (A los niños, como veremos más adelante, les serviremos jugo de uva) .
2.Tal como sucede en otras ocasiones, en el seder de Pésaj las 4 copas también acompañan la recitación de las bendiciones celebratorias. ¿Cuántas bendiciones celebratorias recitamos durante el Seder de Pésaj? Cuatro.
1. El Quiddush.
2. Gueulá, al final de la Hagadá, antes de cenar (ga-al Israel). Esta es una bencion especial para Pésaj, en la que agradecemos a HaShem por habernos liberado de Egipto.
3. Birkat haMazón, la bendición después de comer
4. El Halel, que es la recitación de los Salmos de alabanza a HaShem por habernos rescatado de Egipto.
—————————————————————————————————————-
Vino antes de comer
La Guemará en Berajot (pereq shishi) explica que el vino puede tener un efecto aperitivo, y que se siente más hambre luego que uno bebe (tubá garir). «…todo restaurante sabe que si te dan una bebida primero, vas a comer más», dice Robert Considine, uno de los autores de un estudio sobre obesidad de la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana, en Indianápolis. Considine y sus colegas encontraron que el alcohol motiva un área particular del cerebro – el hipotálamo – y lo que hace que te centres en aromas alimentarios, en comparación con otros tipos de olores. El hipotálamo produce hormonas que ayudan a gobernar diversas funciones del cuerpo, incluyendo el hambre, dirigen al cerebro “a prestar más atención a la alimentación después de consumir una bebida.



RESUMEN DE VAYIQRÁ

OLA
Dios llama a Moshé desde el Mishkán (Tabernáculo) y le indica las leyes de la ofrenda (qorbán) llamada “Ola”, donde el sacrificio es incinerado totalmente por el fuego y su carne no puede ser consumida. La Torá analiza las leyes de los animales domésticos —vacas, ovejas o cabras que pueden ser sacrificados para esta ofrenda. Dios le indica a Moshé las leyes de las aves que pueden ser sacrificadas para la ofrenda de Ola. La Torá continúa con la descripción de tres tipos de ofrendas voluntarias de productos vegetales: harina sin hornear, panes horneados y la ofrenda de una pasta que debía ser freída. Estas ofrendas también contenían aceite de oliva y un tipo especial de incienso. La Torá describe luego el último tipo de ofrendas voluntarias de comida, la ofrenda de comida frita, y la ofrenda de cebada —el Omer —que se lleva a cabo el segundo día de Pésaj. La Torá también indica que se agregue sal a los sacrificios animales o a las otras ofrendas como un símbolo de nuestro pacto eterno con Él. La Torá también prohíbe incluir levadura o miel en las ofrendas.

SHELAMIM
Luego se describe la “ofrenda de paz”, o “shelamim”, que se podía ofrecer de vacas, ovejas o cabras. La mayor parte de este sacrifico era consumido por los que lo ofrecían y sus familiares o amigos. Pero algunas de las grasas de los animales se consumían en el altar. Los Cohanim, sacerdotes, también recibían una parte de la carne de este sacrificio. La Torá prohíbe consumir la sangre y el sebo de los animales que se sacrificaban e incluso de los que se comían normalmente fuera del Templo.

JATAT
La Torá describe la «ofrenda por el pecado», o jatat, que era ofrecido cuando un individuo era culpable de transgredir un mandamiento inadvertidamente. Se describen también los sacrificios especiales de jatat traído si el Gran Sacerdote había cometido un pecado o si el Sanhedrín (la Corte Suprema de justicia del pueblo judío) había emitido un fallo que resultó erróneo y provocó que la población pecara. También se describe el caso que un líder político (nasí) hubiera pecado. El último tipo de jatat es el que debía ofrecer una persona común cuando hubiese pecado. También se describe la ofrenda variable (qorbán olé veyored), que es una variante de la ofrenda por una trasngesión inadvertida. Este sacrificio se ofrecía con animales, aves, o con harina –dependiendo de las posibilidades económicas del individuo: una persona de medios traía una oveja o una cabra; una persona con menos recursos traía dos aves y un individuo pobre traía una porción de harina.

ASHAM

El último sacrificio discutido en esta sección de la Torá es la «ofrenda por la culpa», o “asham”. Se discuten las tres categoriza de este sacrificio 1) la ofrenda que trae aquel que se ha apropiado indebidamente de algún elemento que pertenece al Templo (me’ilá o sacrilegio) 2) la ofrenda de asham traída por quien hubiese jurado en falso respecto una suma de dinero que debe a otra persona, aclarando que este sacrificio no exime al deudor a saldar su deuda  con su acreedor. 3) la ofrenda de asham traída por una persona que cree, pero no está totalmente segura, haber transgredido una prohibición de la Torá.




¿La Tierra de Israel o el Estado de Israel?

LA TIERRA DE ISRAEL

Jerusalem no siempre fue la capital vibrante del Estado judío que conocemos hoy. Durante siglos, los pocos Yehudim que lograban llegar a la Tierra de Israel eran apenas una minoría indefensa, sin soberanía, viviendo bajo el dominio de poderes extranjeros. Visitar Jerusalem era un acto de fe, y ver las ruinas de la ciudad, no solo del Templo (Bet HaMiqdash), generaba un dolor tan profundo que nuestros Sabios indicaron que uno debe rasgar sus vestiduras en señal de duelo.

Pienso en Yehudá HaLeví, el gran poeta y filósofo del siglo XII, quien murió trágicamente en las puertas de Jerusalem, recitando su poema Tzion Halo Tishali. O en Maimónides, quien al llegar a Israel en el siglo XII visitó Jebrón, pero no pudo siquiera pisar Jerusalem debido a las sangrientas cruzadas entre cristianos y musulmanes. Durante más de 1800 años, la presencia judía en Jerusalem fue insignificante y constantemente amenazada. No teníamos ejército, gobierno ni autoridad. Éramos perseguidos o, en el mejor de los casos, tolerados, dependiendo de los caprichos del gobierno de turno.

¿RELIGIÓN O NACIÓN?

En su razonamiento acerca de rasgarse las vestiduras en tiempos contemporáneos (algo que los Sefaradim seguimos haciendo), el Rabino Tzvi Yehudá Kook z”l explica su argumento basado en una interpretación del Bet Yosef. Afirma que el duelo completo no depende solo de la existencia o no existencia del Templo, sino de quién gobierna Israel y Jerusalem. Si la ciudad está bajo dominio extranjero, entonces sí, debemos lamentar nuestra pérdida. Pero desde 1967, Jerusalem está en nuestras manos, reconstruyéndose día a día. Jerusalem ya no es solo parte de la Tierra de Israel: es la capital del Estado de Israel.

Esta diferencia entre «Tierra» y «Estado» es fundamental para entender Purim. En la época de Mordejai y Ester, unos 50,000 judíos vivían en Jerusalem y sus alrededores, ¡y el Bet HaMiqdash estaba construido y funcionando! Esto fue gracias a un decreto del emperador persa Ciro en 516 a.e.c., que declaró la libertad de culto para los judíos y permitió la construcción del Templo. Pero los judíos eran súbditos del Imperio Persa. No tenían soberanía ni ejército propio, y después de la muerte de Ciro ni siquiera pudieron obtener el permiso imperial para construir las murallas de protección del Templo (algo que logró Nejemiá con el hijo de Ajashverosh, Artajshasta). Al no tener soberanía, cualquier decreto imperial podía sellar el destino del pueblo judío, como hubiera sucedido con el decreto de Hamán, que también habría alcanzado a los judíos de la “Tierra” de Israel.

NO NOS DAMOS CUENTA DE LO BIEN QUE ESTAMOS

Hoy, gracias a Dios, Tierra y Estado coinciden. Ya no dependemos del favor de los reyes o gobernantes ajenos. Nos protegemos heroicamente con la ayuda de Boré Olam y con nuestro propio ejército. Construimos y reconstruimos nuestras ciudades, y garantizamos que ningún Hamán moderno pueda decidir nuestro destino. Dios obró milagros en Purim a través de Mordejai y Ester. Hoy, Su Providencia se manifiesta a través de los soldados que protegen la existencia de Medinat Israel.

Para comprender mejor la importancia contemporánea de este concepto, basta con explorar brevemente la visión musulmana sobre el Estado vs. la Tierra de Israel. Los árabes más moderados —los no yihadistas— insisten en que los judíos podrían vivir en la Tierra de Israel, ¡pero no podrían tener un Estado! Para ellos, los judíos podríamos residir en la Tierra Santa como minoría protegida, pagando un impuesto especial (la jizya), pero sin soberanía ni ejército propio. Es decir, dependiendo de la buena voluntad de quienes gobiernen. Básicamente, estarían dispuestos a concedernos el derecho a existir e incluso a practicar nuestra religión y quizás tener nuestro Bet HaMiqdash —en un lugar a convenir—, pero no el derecho a la autodeterminación. Es decir, se repetiría el mismo escenario que vivimos durante el Imperio Persa y durante siglos en los países musulmanes: estaríamos a merced de los gobernantes de turno.

LA TRAMPA DEL DESAGRADECIMIENTO

Por eso, cada vez que un judío habla de la «Tierra de Israel» y omite mencionar el «Estado de Israel», sin querer está reforzando este discurso árabe. Quizás muchos no están contentos con el Estado judío porque todavía no es lo suficientemente religioso, etc. Pero al negar la idea del Estado judío y repetir ese discurso galútico, uno estaría actuando involuntariamente de forma desagradecida hacia Boré Olam, que nos ha concedido este enorme privilegio.

En los tiempos mesiánicos, según Maimónides, el primer paso será la restauración de la soberanía judía sobre la Tierra de Israel, bajo el liderazgo del Melej HaMashiaj, un Rey (Melej) soberano que los propios Yehudim “ungimos (Mashiaj)” y que no ha sido asignado por los Goyim. Cada vez que afirmamos que tenemos un Estado de Israel, también declaramos que nuestras aspiraciones mesiánicas están cada vez más cerca.

La lección de Purim es clara: sin un Estado propio, sin una defensa propia, los judíos siempre estaremos en peligro. No importa cuán libres seamos para practicar nuestra religión, ni siquiera importa si estamos en Israel o en la diáspora: si no tenemos un Estado, siempre podrá llegar un Hamán que nos encuentre indefensos.

Hoy, todos los Yehudim del mundo son, virtualmente, ciudadanos de Israel. El milagro de Medinat Israel ocurre frente a nuestros ojos. Solo hace falta abrirlos para verlo.




Un detalle no muy conocido de la historia de Purim

El Rabino Yom Tob Tsahalon escribió un magnífico comentario sobre Meguilat Ester llamado Leqaj Tob, en el que ofrece una explicación muy clara sobre la dinámica de los eventos ocurridos en Purim.  La siguiente explicación está  basada en sus palabras.

Hamán, el primer ministro del rey Ajashverosh, redactó un decreto con la firma del rey, que ordenaba la aniquilación de todos los judíos del imperio persa en  el día 13 de Adar de ese año. Este decreto fue enviado a todas las ciudades del reino. Según la mayoría de los comentaristas, el rey no estaba al tanto del contenido exacto del decreto que Hamán había enviado.

Cuando Mordejai se entera de este edicto, alerta a Ester. La reina, después de una serie de eventos providenciales, logra exponer a Hamán ante el rey. Como resultado, Ajashverosh ordena la ejecución de Hamán y nombra a Mordejai en su lugar. Sin embargo, existía un problema técnico: las leyes del imperio establecían que los decretos reales no podían ser cancelados.

Entonces, ¿cómo se podía evitar la matanza de los judíos?

El plan de Hamán era astuto. Para no gastar recursos ni utilizar al ejército real en la ejecución del decreto, Hamán había diseñado un edicto que incentivaba a los ciudadanos del imperio a atacar a los judíos, mientras los judíos, por ley no podrían defenderse. Y como recompensa, los civiles podrían quedarse con las propiedades de sus víctimas.

Frente a esto, Ester y Mordejai propusieron una solución: emitir un segundo decreto que otorgara a los judíos el derecho a pelear y defenderse.

לכך רמז שהגזרה הראשונה במקומה קיימת, אמנם נתן המלך ליהודים  שיוכלו להלחם ולעמוד על נפשם, ומי שינצח ינצח

Por eso el texto de la Meguilá  indicó que el primer decreto seguía vigente. Sin embargo, el rey concedió a los judíos… que pudieran luchar y defender sus vidas, y quien venciera, vencería.

Este segundo edicto cambió completamente el panorama. Ahora, el 13 de Adar no sería un día de masacre sin oposición, sino de un enfrentamiento entre los judíos y sus enemigos. La Meguilá no nos dice cuántos judíos murieron en esa batalla, pero sí nos informa que, en defensa propia, los judíos mataron a 75,000 de sus atacantes.

La clave de la victoria: unidad

El Rabino Tsahalon continúa explicando que el privilegio que el rey otorgó a los judíos no fue solamente  el derecho a defenderse, sino también el permiso para unirse y ayudarse mutuamente.

Esto era crucial porque, a diferencia de otros pueblos del imperio, que solían vivir concentrados en una misma ciudad o región, los judíos estaban dispersos en distintas ciudades y provincias. Normalmente, cada comunidad judía vivía de manera independiente, pero en Purim, ocurrió algo extraordinario: los judíos se unieron. En el 13 de Adar del año 474 a.C., los judíos de Persia comprendieron que si querían sobrevivir, no podían luchar cada uno por separado. En lugar de resistir individualmente en cada ciudad, tomaron la iniciativa de movilizarse y ayudarse mutuamente.

En las palabras del Rab Tsahalon: המתנה שנתן להם (המלך) היא שיקבלו כל היהודים שבכל העיירות יחד בעיר אחת לסייע חבריהם ולהנקה מאנשי אותה העיר , וז״ש אשר נתן המלך ליהודים אשר בכל עיר ועיר להיקהל

El privilegio que el rey les concedió fue que los judíos de todas las ciudades pudieran reunirse en una sola ciudad para ayudar a sus compañeros y pelear contra los enemigos de esa ciudad. Y esto es lo que significa cuando dice: «que el rey concedió a los judíos de cada ciudad reunirse».

La estrategia de defensa

Imaginemos una comunidad judía en una ciudad de Turquía con 1,000 judíos, y a pocos kilómetros, otra comunidad en la frontera con Siria con solo 10 judíos. Bajo circunstancias normales, estos grupos no interactuaban demasiado. Pero en este momento crítico, los judíos comprendieron que su supervivencia dependía de la unidad. La comunidad más grande envió un contingente de 100 judíos armados para defender a sus hermanos en la ciudad más vulnerable. Este mismo patrón se repitió en todo el imperio. Los judíos se organizaron estratégicamente, formando redes de defensa y apoyo mutuo.

Gracias a esta colaboración sin precedentes, los judíos lograron resistir y vencer a sus agresores. No fue la fuerza individual la que salvó al pueblo judío, sino su capacidad de actuar como un qahal, una congregación unida.

Purim: un recordatorio de nuestra unión

La Meguilá enfatiza constantemente la palabra «וַיִּקָּהֲלוּ« (ve’niqhalu), que significa que los judíos se congregaron, se reunieron y actuaron juntos. Este concepto de unidad no quedó en el pasado, sino que se convirtió en el eje de la celebración de Purim.

Por eso, las mitsvot de Purim reflejan esa misma idea de unión y solidaridad:

  • Matánot la’ebionim – Damos comida o ayuda a los necesitados, recordando que debemos apoyar a nuestros hermanos menos afortunados.
  • Mishloaj manot – Intercambiamos regalos de comida con amigos y familiares,   reforzando nuestra unidad como pueblo y simbolizando nuestra gratitud por la ayuda y protección que hemos recibido unos de otros.

Purim no solo celebra la salvación del pueblo judío de un genocidio, sino que nos recuerda que la verdadera fortaleza de nuestro pueblo siempre ha estado en su unidad. Cuando nos ayudamos y actuamos juntos, no hay enemigo que pueda vencernos.




SHUSHAN PURIM: Breve reflexion sobre Purim, Jerusalem y el moderno Estado de Israel

JERUSALEM NO-JUDÍA…
Hay una antigua costumbre que cuando uno ve “las ruinas de Jerusalem” tiene que rasgarse las vestiduras en señal de duelo. Esta costumbre se practicó durante siglos: cuando un judío tenía el increíble privilegio de visitar Israel, y veía en Jerusalem algún vestigio de la presencia judía allí —es decir: sus ruinas — se rasgaba las vestiduras. Pienso en Maimonides que cuando escapó de España y Marruecos, alrededor del año 1160 llegó a Israel, pero en ese entonces Jerusalem era el centro de tensión y guerras entre Musulmanes, que eran locales en el medio oriente, y Cristianos, que habían comenzado sus sangrientas cruzadas para liberar Jerusalem. Los judíos éramos absolutamente irrelevantes. Un estorbo teológico para ambos. Eramos víctimas permanentes de sus enfrentamientos. No teníamos un ejército y nuestra influencia económica apenas alcanzaba para sostener la presencia judía en el último bastión de las Yeshibot talmúdicas de los Geonim de Eretz Israel: Tiberia.
¿RASGARSE O NO RASGARSE LAS VESTIDURAS?
Los rabinos contemporáneos debaten si hoy en día debemos rasgar nuestras vestiduras al ver el muro de los lamentos.
Por un lado, opinan algunos Sabios, como el Rab Obadiá Yosef z”l, que el corazón de Jerusalem, nuestro Templo, todavía está en ruinas. No está reconstruido. Y eso amerita ser lamentado a través de este gesto de duelo.
Por otro lado, dijo el Rabino Tzvi Yehudá Kook que de acuerdo al Rab Yosef Caro en el Bet Yosef, la consideración no depende de si esl Templo está construido, sino de “quién tiene el control y la soberanía sobre Israel y Jerusalem”. Si Israel está gobernada por no judíos, como ha ocurrido desde el año 68 de la era común hasta 1948, entonces, debemos mantener este gesto de duelo y rasgarnos las vestiduras. Pero si Jerusalem está en nuestras manos, como ocurre desde 1967, entonces no debemos considerar que “Jerusalem está en ruinas”, sino que está en un inminente (aunque lento y políticamente delicado) proceso de reconstrucción, ya que reconstruir el Templo, por ejemplo,  en teoría depende ahora de nosotros mismos ¡Jerusalem es hoy la vibrante capital de Israel! Está reconstruida, ampliada y B»H explotando de gente. Jerusalem es probablemente ¡la ciudad más feliz de Israel! De hecho, de acuerdo al Rab Kook z»l, “Rasgarnos las vestiduras” teniendo a Israel en nuestras manos podría considerarse como un gesto de desagradecimiento hacia Boré Olam, que nos concedió el milagro de las victorias militares en 1948, 1967, 1973, etc. … hasta nuestros días…
TIERRA VS ESTADO
Todo este debate halájico, sobre el cual escribí hace unos años (ver aquí) me hace pensar en la diferencia entre dos conceptos parecidos pero un poco diferentes: la tierra de Israel y el Estado de Israel. En los tiempos de Purim vivían en “la tierra de Israel” alrededor de 50.000 judíos, que habían regresado a su tierra por invitación del emperador persa Ciro (Koresh). Los judíos no teníamos nuestro propio ejército que nos defendiera. Ni siquiera teníamos permiso para construir una muralla de protección alrededor de la ciudad para impedir robos, ataques y permanentes saqueos de parte de nuestros incansables enemigos. En la tierra de Israel los judíos disfrutaban de libertad de culto. Pero más allá de este privilegio religioso, no teniamos nuestro propio estado y estabamos a la merced de cualquier capricho político de los emperadores o sus ministros. El decreto de Hamán, por ejemplo, hubiese significado un holocausto, el final de todos los judíos, incluyendo los que vivían en la tierra de Israel.

VOLVER A CASA

Hoy, gracias a Dios, tierra y estado coinciden. Nos podemos defender muy bien de nuestros incansables enemigos, como Lo hace el ejército de Israel con Hamás o Hezbollah . Así como Dios “actuó” milagrosamente en Purim a través de Mordejai y Ester, hoy esta Providencial protección se manifiesta a través de las acciones del ejército de Defensa de Israel y nuestros heroicos soldados. Hoy, porque no vivimos meramente en la tierra, sino en el “Estado” de Israel (y es sumamente importante destacar: ¡ESTADO! ) , tenemos soberanía y podemos construir y reconstruir todo lo que queremos. Y lo que todavía no construimos, por consideraciones políticas, es solamente cuestión de tiempo para que lo veamos B»H reconstruido.

Finalmente, hoy no necesitamos de un rey gentil que tolere o invite a los judíos a vivir en nuestra propia tierra. Está en nuestras manos. En el pasado reciente, hace únicamente 80 años, ser judío significaba estar condenado a constantes persecuciones sin tener dónde escapar. Y si por casualidad alguien llegaba a la tierra, se sentía allí de prestado, como “persona non-grata”.

Hoy, todos los judíos del mundo podemos ser ciudadanos del Estado de Israel. El milagro de Medinat Israel está ocurriendo frente a nuestros ojos. Para verlo, solamente tenemos que abrirlos….




MEGUILAT ESTER – CAPITULO CUATRO

VERSICULO 1 – 4

Mordejai se enteró del nuevo decreto que condenaba al pueblo judío a la exterminación.  Al recibir la terrible noticia, rasgó sus vestiduras y se vistió de arpillera (tela de costal) y ceniza, señales de duelo tanto en el pueblo judío como entre los gentiles, tal como lo vimos en la ciudad de Ninevé (Libro de Yoná).

Mordejai sabe que la única persona que puede tener acceso al rey es, justamente, su sobrina e hija adoptiva, la reina Ester. También sabe que esta relación familiar es un secreto que nadie puede saber. Por eso, Mordejai no puede comunicarse directamente con Ester.  Entonces, sale a la ciudad clamando con gran amargura por la tragedia inminente y llega frente al palacio con la intención de llamar la atención de Ester y de toda la corte para que no pasara desapercibido el decreto de Hamán. Parte del plan de Hamán era que en Shushán no se supiera que las víctimas serían los judíos, para que el rey —y ningún miembro de la corte que pudiera influir en el rey —se llegara a enterar .  Mordejai no ingresa con su ropa de duelo al palacio, ya que estaba prohibido entrar así a la corte del rey.

A todo esto, en cada ciudad donde se recibía la noticia de que los judíos iban a ser exterminados —desde las colonias judías en la India hasta la comunidad judía de Yerushalayim — hubo una gran conmoción entre los judíos, con ayunos, llantos, lamentaciones y rezos. Muchos vestían arpillera y ceniza en señal de duelo aflicción.

Las damas de compañía de Ester y sus sirvientes le informaron a la reina que Mordejai estaba semidesnudo frente al palacio. El pasaje anterior nos revela que los judíos se habían vestido de luto y nos aclara así que Mordejai estaba «vestido de judío”.

Ester, que no tenia idea del decreto de Hamán, se estremeció profundamente y, pensando que Mordejai había sido atacado o robado (Leqaj Tob), le envió ropas con sus damas para que se vistiera, pero él no las aceptó. Ester comprendió entonces que su estado de duelo no era por una causa personal.

Versículos 5 – 11

Entonces, Ester llamó a su consejero de mayor confianza, Hataj, quien sabía sobre el origen judío de la reina y su parentesco con Mordejai. Lo pidió que averiguara qué había sucedido y por qué Mordejai vestía de esa manera.

Hataj se encontró con Mordejai en la plaza de la ciudad, frente a la puerta del palacio. Mordejai le contó todo lo que había sucedido entre él y Hamán: que él se había negado a postrarse ante Hamán y que, en represalia, Hamán había ofrecido dinero al rey a cambio de la destitución del pueblo judío (le-abedam). Además, Mordejai le entregó a Hataj una copia del texto completo del decreto (patsheguen) para que se lo mostrara a Ester. Allí se veía claramente el plan genocida de Hamán: el rey había sido engañado; el decreto no ordenaba solo la destitución de los judíos, es decir, la confiscación de todos sus bienes y pertenencias, sino su exterminio total (lehashmidam).

Finalmente, Mordejai le indicó a Hataj que Ester debía presentarse ante el rey para interceder y suplicarle por su pueblo.

Hataj le transmite a la reina el mensaje de Mordejai y Ester le pide a Hataj que le explique a Mordejai que lo que espera de ella es imposible:

“Todos los súbditos del rey saben que cualquier persona del reino, sea hombre o mujer, que se acerque al perímetro de seguridad del rey sin ser llamado será ejecutado” de inmediato. Esto se hacía por razones de seguridad: nadie podía acercarse demasiado al rey, y los guardias, que portaban largas hachas, tenían órdenes directas de ejecutar a cualquiera que cruzara el área de seguridad (Jatser haPenimit) sin autorización.

Esta medida no era excepcional. Ya vamos a Bigtan y Teresh que habían hecho un complot para matar al rey. También recordemos que Ajashverosh fue asesinado por uno de sus propios hombres de la guardia real, Artabano, en el año 465 a.e.c. Los emperadores eran extremadamente cuidadosos, al punto de la obsesión. El rey no tenía que dar la orden de ejecutar a quien traspasara la zona de seguridad, esto ocurrirá automáticamente,  a menos que el rey impidiera la ejecución extendiendo su cetro de oro y tocando al individuo que había ingresado sin ser llamado.

Ester le explica convincentemente a Mordejai que, por más que ella quisiera, no existe la oportunidad de encontrase con el rey. Si esto ocurriera, se entiende que el rey no dudaría en ejecutar a Ester. De hecho, ya había ejecutado a la reina Vashti por haber violado la ley. No hay razón para que este patrón no se repita. Ester también le confiesa a Mordejai que el rey tampoco la había llamado a la intimidad de sus aposentos en los últimos 30 días. No había, entonces, nada que ella pudiera hacer.

Versículos 12 – 17

Las palabras de Ester fueron transmitidas a Mordejai. Pero Mordejai sabe que si la reina no hace nada, el plan de Hamán se llevará a cabo.  Y, en cierta manera, le dice a Ester que deberá arriesgar su vida.

Las palabras inmortales de Mordejai son de las más emblemáticas de la Meguilá, ya que sugieren que cada uno de nosotros tiene una misión en la vida que no podemos desperdiciar.

“Ester, no pienses solo en salvar tu propia vida gracias a que estás en el palacio. Si no haces nada en esta oportunidad, la salvación y la supervivencia de los judíos llegarán por otra via— ya que Dios nos protegerá–  pero tú habrás perdido la oportunidad de salvar a Am Israel y de que tu acción sea recordada por siempre en tu honor y en el de tu familia. ¿Quién sabe si no has llegado a ser la reina precisamente para que actúes en esta ocasión?»

Al escuchar esto, la reina persa Ester se transformó en Hadasá, la mujer judía. Y se convenció de que debía arriesgar su vida para intentar salvar a su pueblo.

Entonces, le mandó decir a Mordejai que convoque a todos los judíos de la ciudad de Shushán y que ayunen —en señal de arrepentimiento (ver Yoel 4:3) y recen por ella. Que no coman ni beban durante tres días y tres noches. También Ester y sus damas de compañía ayunarán —y rezarán— del mismo modo.

Al cabo de esos tres días, Ester se presentará ante el rey, violando la ley al ingresar al perímetro de seguridad, dispuesta a morir en el intento por salvar a su pueblo.

Mordejai hizo correr la voz (vaya’abor) entre todos los judíos de Shushán e hizo todo lo que Ester le había indicado.




TAANIT ESTER: ¿Por qué se ayuna este día?

El ayuno comienza el jueves 13 de marzo desde el amanecer hasta el anochecer.

כל עבדי המלך ועם מדינות המלך יודעים אשר כל איש ואשה אשר יבוא אל המלך אל החצר הפנימית אשר לא יקרא אחת דתו

¿QUIÉN CONTRA QUIÉN?

Cuando la reina Ester se entera del edicto de Hamán, que decretaba el exterminio del pueblo judío, decide hablar con el rey Ajashverosh, el emperador persa, para persuadirlo de revocar ese terrible edicto. Pero esta no era una misión sencilla. El rabino Moshe Almosnino explica que Ester no sabía si Ajashverosh y Hamán, su primer ministro, pensaban igual y ambos querían llevar a cabo el genocidio contra el pueblo judío, o si Hamán había engañado al rey para que firmara ese edicto genocida, ocultándole que se trataba de los judíos. Ester decidió entonces invitar al rey y a Hamán a un banquete privado (Capítulo 5, versículo 4) para tratar de obtener la información vital que necesitaba: si descubría que Ajashverosh estaba en complicidad con Hamán, intentaría disuadir a Hamán ella misma. Pero si se enteraba de que Hamán había engañado a Ajashverosh (que fue lo que realmente ocurrió), entonces expondría a Hamán frente a Ajashverosh, esperando que el rey estuviera de su lado. Sin duda, esta era una misión muy arriesgada para Ester.

DISTANCIAMIENTO NO SOCIAL

Pero había un paso previo a esta misión que era aún más arriesgado: Ester tenía que “hablar» con el Rey. Podríamos pensar que para Ester, esta era la parte más fácil de su misión, después de todo, ella era la reina y vivía en el palacio. Pero en el Imperio Persa, nadie podía acercarse al rey sin ser invitado. ¿Por qué? Porque era la prerrogativa “exclusiva” del rey convocar a sus súbditos, y esto incluía a la reina. Ester no había sido llamada por el Rey durante un mes (4:11), y la única opción que le quedaba era ingresar directamente al recinto del Rey de manera irreverente e ilegal. ¡Y esto era sumamente arriesgado! Si alguien entraba al área de máxima seguridad (jatser hapenimit) del rey sin haber sido llamado, los guardias tenían órdenes de ejecutar a los intrusos, por razones de seguridad. Los reyes persas contaban con su guardia pretoriana, armada con largas hachas, lista para ejecutar en el acto a cualquier persona que cruzara el perímetro de seguridad del rey.

LA OBSESIÓN DE AJASHVEROSH

Los emperadores persas estaban obsesionados con su seguridad personal, y con buena razón. El propio Ajashverosh fue asesinado por uno de sus guardaespaldas más leales, Artabano. La ley persa establecía que cualquier persona que ingresara a la zona de seguridad del emperador debía ser ejecutada (4:11), a menos que el rey detuviera a sus guardias antes de la ejecución y extendiera su cetro real como señal de clemencia, perdonando la vida del transgresor. Como se explicó anteriormente, esta regla también se aplicaba a la reina. Ya que no era raro que las reinas o personas cercanas al rey fueran parte de un complot para asesinarlo. Ester era consciente de que Ajashverosh ya había destronado y ejecutado a la reina anterior, Vashti (1:19), y no dudaría en condenar a Ester si sospechaba que ella representaba una amenaza.

AYUNO NO INTERMITENTE:

Acercarse al rey e ingresar a la «zona de la muerte» para hablar con él y conseguir una audiencia era, en sí misma, una misión suicida. Ester, con razón, temía por su vida y por el éxito de su misión: salvar a su pueblo del genocidio. Pero no tenía otra opción. No había nadie más que pudiera hacer algo para hablarle al rey y detener el decreto de Hamán. Ester decidió arriesgar su vida (4:16) y emprender esta misión suicida. Pero antes de hacerlo, pidió que todos los judíos de Shushán ayunaran por ella y rezaran por el éxito de su misión. Los judíos ayunaron durante tres días seguidos, día y noche (4:16), buscando la intervención divina en estas circunstancias tan difíciles. Ayunar y rezar es lo que nuestra Torá y nuestros rabinos nos indican hacer en momentos de adversidad. Como todos sabemos, con la ayuda de HaShem, la «misión imposible» de Ester finalmente fue exitosa. Once meses después, el 13 de Adar, cuando los judíos tuvieron que luchar y defenderse de los enemigos ansiosos por eliminarlos, también oraron a HaShem y ayunaron por el éxito de su batalla. La tradición de ayunar antes de un enfrentamiento militar es muy antigua y, según nuestros sabios, se remonta a las guerras libradas por Moshé Rabenu. ¿Por qué ayunar antes de la batalla, cuando más necesitamos nuestra fuerza física? Para demostrar y proclamar nuestra fe en que la victoria no depende de nuestra fortaleza, sino del apoyo de HaShem, nuestro Dios.

En conmemoración de los días de ayuno mencionados en la Meguilá (דברי הצומות וזעקתן), observaremos el ayuno de Ester.

Vea aquí los horarios para su ciudad de residencia
¿QUIÉN ESTÁ EXENTO DE ESTE AYUNO?
√ Los niños menores de 13 años y las niñas menores de 12 años están exentos de este ayuno.
√ Las mujeres embarazadas y lactantes, durante los 24 meses luego del parto, no hacen este ayuno.
√ Una persona que se siente enferma, por ejemplo, alguien con fiebre o una persona que tenga una enfermedad crónica como la diabetes, no debe ayunar.
Uno no debe ayunar si debido a su edad o sus antecedentes médicos se considera de alto riesgo. Consulte con su médico si el ayuno es completamente seguro para usted.



MEGUILAT ESTER, CAPÍTULO TRES

VERSÍCULO 1-7
Después de un tiempo, el rey Ajashverosh nombró a un nuevo primer ministro: Hamán, hijo de Hamedata, agaguita. Agag era del pueblo de Amaleq, famoso por haber atacado a los judíos sin motivo cuando salieron de Egipto. Hamán fue investido con los poderes más altos del reino.

Por lo que vemos en el resto de la Meguilat Ester y lo que sabemos de la historia contada por Heródoto, una vez que Ajashverosh regresó derrotado de su frustrada expedición militar a Grecia, ya no quería involucrarse en la política. Ahora solo quería disfrutar de los placeres del reinado y dedicarse a la construcción de obras faraónicas, como las que hizo en Persépolis. Para ello, necesitaba a alguien que se ocupara de la parte política y administrativa de su imperio. Hamán era ese hombre: tenía carácter y mano dura, lo que le servía al rey para afianzar su reinado y, especialmente, para evitar cualquier complot en su contra.

A fin de investir a Hamán con la máxima autoridad, el rey ordenó que todos lo reverenciaran de una manera especial. Todos los ciudadanos del imperio, los ministros y los miembros de la corte real no solo tenían que postrarse ante Hamán —en hebreo hishtajavayá—, lo cual era un acto de respeto muy aceptado en aquellos tiempos, sino que también debían arrodillarse ante él.

«Arrodillarse y luego postrarse» (כריעה והשתחוויה) no era una mera señal de respeto, sino de culto y devoción religiosa, un gesto que en la Biblia Hebrea está reservado solo para Dios. Los Sabios agregan que Hamán portaba un ídolo consigo, del cual recibía su divinidad, como hacían los sacerdotes paganos. Una vez que sabemos todo esto, comprendemos que arrodillarse y postrarse ante Hamán era un acto de idolatría. Por este motivo, Mordejai, que era un miembro de la corte del rey (sha’ar hamelej), rehusó reverenciar a Hamán.

Hay una opinión rabínica no muy conocida que afirma que el rey Ajashverosh, consciente de este problema, eximió personalmente a Mordejai de arrodillarse ante Hamán en consideración a sus principios religiosos. Otras opiniones, en cambio, critican a Mordejai por no haber sido más cuidadoso y sugieren que podría haber renunciado a la corte del rey para no enfrentarse con el dilema de arrodillarse ante Hamán.

En mi opinión, Mordejai estaba siguiendo el ejemplo de Jananía, Mishael y Azariá, quienes 120 años antes, en los tiempos de Daniel, hicieron algo similar durante la inauguración de un ídolo en Babilonia (Daniel, capítulo 3). Cuando todos se arrodillaron, ellos estuvieron dispuestos a dar sus vidas para dar el ejemplo públicamente a los demás judíos de que no debían arrodillarse ante un ídolo.

De cualquier manera, Mordejai asumió que, en el peor de los casos, Hamán lo mandaría ejecutar a él, pero nunca imaginó que se vengaría buscando el genocidio de todo el pueblo judío.

Mordejai tampoco se presentó directamente ante Hamán de forma provocativa para demostrarle que no se arrodillaba ante él, ya que de otra manera Hamán lo habría visto con sus propios ojos. En realidad, lo hizo discretamente. Y tal como ocurrió con los amigos de Daniel, fueron sus enemigos quienes lo delataron ante Hamán.

Al enterarse de esta afrenta, Hamán se enfureció muchísimo. Y, en lugar de denunciarlo ante el rey Ajashverosh, decidió tomar el asunto en sus propias manos.

Lo primero que pensó fue que no era suficiente matar a Mordejai o a su familia. Para que su sed de venganza quedara satisfecha, debía tomar medidas extremas. Hamán decidió entonces eliminar «a todos los judíos del imperio persa», que en esos tiempos eran «todos los judíos del mundo», incluyendo la colonia de 50,000 judíos que vivían en Jerusalem, en ese entonces una provincia más del imperio persa. Era la solución final, concebida nada menos que por un descendiente de Amaleq.

Lo primero que hizo Hamán fue elegir una fecha propicia para llevar a cabo esta masacre. Los persas consultaban constantemente a sus oráculos astrológicos para determinar cuáles eran los días más auspiciosos para sus planes y cuáles no. Según algunos historiadores, el oráculo astrológico consistía en una tabla con los nombres de los meses y otra con los números de los días. Hamán arrojó una piedrita o una gema especial —que en idioma persa se llamaba pur («piedrita de la suerte»)— en un tablero con los nombres de los meses, y esta cayó en el mes de Adar. Luego arrojó otra piedrita y cayó en el número 13. Así, fueron dos piedritas (purim, plural de pur) las que determinaron el día 13 del mes de Adar. Corría el año 12 del reinado del rey Ajashverosh. Ahora Hamán tenía que convencer a Ajashverosh de que firmara el decreto para la «solución final».

VERSÍCULOS 8 – 9

Por lo que se deduce del texto de la Meguilá, lo que dice —y especialmente lo que omite— el texto, la estrategia de Hamán para convencer al rey Ajashverosh constaba de cuatro puntos.

En primer lugar, minimizar el evento y definitivamente no discutirlo abiertamente en una reunión formal. Por eso, Hamán no solicitó al rey una audiencia para presentar su plan, como hizo Ester cuando quería hablar con el rey. Yo imagino que Hamán habrá aprovechado algún momento casual e informal, por ejemplo, luego de una larga y cansadora reunión, cuando el rey ya estaba de pie, cansado o apurado para ir a su próximo evento, y allí, en los pasillos del palacio, Hamán quería conseguir un descuidado «sí» del rey.

En segundo lugar, Hamán nunca mencionó que quería eliminar a los judíos. Hamán le propuso al rey la destitución de un pueblo: que está esparcido por todo el imperio —es decir, que no tenía el poder para sublevarse o separarse del imperio—, que no sigue las leyes del rey sino sus propias leyes, y que no aporta ningún beneficio al rey. De acuerdo con el Malbim y muchos otros comentarios, el rey Ajashverosh nunca supo que el decreto de Hamán se refería a los judíos.

El tercer punto es que Hamán no especificó que quería “matar” a los miembros de ese pueblo, algo que habría llamado la atención del rey. Hamán usa una palabra ambigua: leabedam, “destituirlos”. Destitución puede significar eliminar, pero también puede significar esclavizarlos, destruirlos económicamente confiscando sus bienes o exiliarlos (en el Shema Israel esta misma palabra va-abadtem meherá significa exiliarse).

El cuarto punto tiene que ver con el dinero. No solo que Hamán no le solicita al rey dinero para este proyecto, sino que le ofrece al rey una suma importantísima: 10,000 lingotes de plata que serán confiscados en esa operación y llegarán a las arcas reales.

VERSÍCULOS 10-15

Para la sorpresa —y la alegría de Hamán— el rey Ajashverosh no pidió leer el texto y no hizo preguntas. Con una total despreocupación e irresponsabilidad —negligencia agravada—, el rey se quitó el anillo con el que firmaba sus decretos, se lo entregó a Hamán y le dijo: «Haz lo que quieras con ese pueblo y quédate con el dinero».

El plan de Hamán había funcionado mejor de lo que esperaba.

Ahora Hamán, con el anillo real en sus manos, hace llamar a los escribas del rey y les dicta lo que tienen que escribir. Aquí el rabino Moshé Almosnino nos abre los ojos a un punto muy importante. Hamán redactó el edicto con dos textos diferentes. En el primero, Ketab Hadat, solo decía que todos los ciudadanos del imperio se deben preparar para algo importante que ocurrirá el día 13 de Adar (Save the date להיות עתידים ליום הזה) sin más detalles.

El segundo escrito, Patsheguen haKetab, es la letra pequeña que explica exactamente lo que Hamán quería hacer: «En el día 13 de Adar, los judíos del imperio persa serán destruidos y asesinados, y sus bienes serán confiscados. Los jóvenes, ancianos, niños y mujeres del pueblo judío serán asesinados en el día 13 del mes de Adar».

El edicto fue firmado el 13 de Nisán y fue enviado a las 127 provincias del imperio a través de los jinetes del correo real, con carácter de urgencia. También fue traducido a todos los idiomas que se hablaban en el imperio.

En Shushán, para evitar que el rey se enterase del decreto de Hamán, solo se envió el primer texto, el Ketab Hadat (Save the date), que no mencionaba ningún genocidio.

Y así, este capítulo concluye contándonos que Hamán y el rey Ajashverosh se sentaron tranquilamente a disfrutar de un banquete, mientras que los ciudadanos de Shushán, judíos y no judíos, quedaron confundidos y perplejos al escuchar la misteriosa proclamación que invitaba a reservar la fecha del 13 de Adar.