LEJ LEJA: Del otro lado del río

Abraham Abinu nació en un mundo donde la humanidad estaba guiada por líderes muy poderosos y corruptos (= la casta política), que utilizaban “la religión”, la idolatría, para manipular a las masas y adquirir poder. El producto que vendían (los ídolos y su culto) era falso, y eso lo sabían muchos. Pero nadie lo cuestionaba. El marketing era demasiado bueno, y habían montado una propaganda tan increíble, una verdadera ingeniería mental, que nadie podía escapar de ella.

Los Sabios dicen que el líder supremo era el rey Nimrod, “un poderoso cazador” (Bereshit 10:9), un eufemismo de asesino y tirano. O, como explica Rashí, Nimrod era un genio del marketing: “cazaba la mente de las personas” y las convencía de someterse a él. Su proyecto más ambicioso, también según los Sabios, fue la Torre de Babel, donde consiguió que toda la humanidad “hablara un solo idioma”, es decir, que pensara las mismas ideas y nadie se atreviera a distanciarse del régimen totalitario.

EL MIEDO

Entonces nació Abraham. Maimónides cuenta que Abraham, siendo todavía joven, empezó a pensar por su cuenta (Hiljot Abodá Zará 1:3). Observaba el sol, la luna, las estrellas, y se preguntaba quién movía todo eso. Abraham no tenía maestros ni libros. A los cuarenta años, llegó a la conclusión de que había un solo Creador y ¡que todo el mundo estaba equivocado!

Eso fue grandioso, pero no fue lo más importante que hizo Abraham. Ni lo que lo convirtió en el hombre más influyente de la historia humana. Otras personas en esa época, como Shem, Eber o Malkitsédeq, rey de Shalem, también eran conscientes de la falsedad de los dioses y creían en un solo Dios (o en un Dios superior), pero nadie se animaba a decirlo en público. Nadie tenía la valentía de enfrentar al paganismo. Por comodidad, por ignorancia o por miedo. La sociedad se había convertido en socia y cómplice de los dictadores y corruptos. Era un régimen de terror. Los que disentían con las ideas de Nimrod eran ejecutados. Quemados vivos, para que el resto de la sociedad escarmentara. Así, por miedo, la dictadura se normalizó, y todos se sometieron.

ABRAHAM ROMPE EL SILENCIO

Abraham enfrentó al mundo de Nimrod. No se guardó sus ideas para sí mismo. Salió a discutir y a debatir abiertamente con la gente de Ur Kasdim. Les dijo que sus dioses eran “falsos” (todo un insulto para el sistema) y trató de razonar con ellos: ¿cómo podían los ídolos ser considerados los creadores del mundo si ni siquiera podían moverse? Presentó todos los hechos en las redes sociales de su época. Todas las evidencias. Pero los datos y los razonamientos lógicos no eran suficientes para sacar a los demás de su zona de confort. Ni siquiera a aquellos que sabían la verdad. La gente seguía obedeciendo al régimen.

El ejemplo más extremo fue el del propio padre de Abraham. El Midrash cuenta que, cuando Abraham rompió los ídolos de su padre, Téraj, después de escuchar los argumentos convincentes de su hijo, no solo NO se convenció. ¡Todo lo contrario! Téraj acusó a Abraham y lo llevó ante las autoridades, ante el rey Nimrod, quien lo condenó a morir quemado en las llamas. Pero Dios, milagrosamente, lo salvó.

En la Parashá de esta semana, Lej Lejá, la Torá le da a Abraham un nombre –o sobrenombre –especial. Lo llama “Abram HaIbrí”, Abraham el hebreo (Bereshit 14:13):

וַיָּבֹא֙ הַפָּלִ֔יט וַיַּגֵּ֖ד לְאַבְרָ֣ם הָעִבְרִ֑י

La palabra ibrí viene de eber, “el otro lado”. En el sentido literal, Abraham venía del otro lado del río Éufrates. Pero el Midrash (Bereshit Rabá 42:8), con una gran profundidad psicológica, lo interpreta de otra manera: “del otro lado del río” también alude a la valentía de Abraham. Mientras todo el mundo se situaba, por conveniencia, por ignorancia o por miedo, del lado de los ídolos y del tirano Nimrod, Abraham estaba del otro lado. Del lado de la verdad. Solito. Y se quedó allí. A pesar de la inmensa presión social (peer pressure), Abraham tuvo el valor de defender sus ideas y enfrentar directamente a la tiranía, a la falsedad y a la hipocresía. Luchó solo, venció y, con el tiempo, LIDERÓ.

ISRAEL HAIBRÍ

Los descendientes de Abraham, y la nación que construyeron, se encuentran hoy en una situación similar. Están del otro lado: donde no están todos los demás. Se defienden y enfrentan a las fuerzas del mal como ninguna otra nación lo hace. Solos.

Para comprenderlo, hay que ver esta tabla:

Hoy se escucha en las calles de las capitales de Europa un eslogan aterrador: “From the river to the sea, Palestine will be free”. Lo que estas palabras significan es muy simple: la intolerancia hacia la existencia del único Estado judío del mundo, Israel, que se encuentra entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Que quede claro: no es una consigna de paz, ni siquiera un reclamo por “dos” Estados, uno judío y otro palestino, que convivan juntos. Es el slogan radical de Hamás, una organización terrorista, y de regímenes que declaran abiertamente que su objetivo es la desaparición de Israel.

Lo peor del caso es que, irónicamente, desde el 7 de octubre de 2023 no solo los extremistas islamistas gritan este slogan. Una gran parte de la sociedad no musulmana se suma a esta campaña con ambiciones “genocidas”. La bandera palestina se “alza y se idolatra” en París, Londres, Belfast, Bruselas, Berlín y Nueva York. El grito por la destrucción de Israel se ha normalizado, y nadie enfrenta directamente a los extremistas. Por convicción, por ignorancia o por miedo.

¿POR QUÉ LA OBSESIÓN CON ISRAEL?

El islam radical y sus socios europeos están obsesionados con Israel. ¿Por qué? Porque, mientras los países de Europa ceden ante el islamismo, Israel se ha convertido en el ÚNICO PAÍS DEL PLANETA que tiene la valentía de enfrentar a los islamistas, militar y políticamente. ¡Y B”H los está derrotando!

Los radicales islamistas presionan al mundo entero para que detengan a Israel. Para que Israel se rinda, para que deje de defenderse. Y los europeos, lejos de aplaudir a Israel por dar pelea contra los mismos que quieren destruir a Europa, lo critican, lo acusan falsamente, lo demonizan. En septiembre de 2025, menos de dos años después de la peor masacre de judíos desde la Shoá, y con los rehenes todavía en Gaza, Gran Bretaña, Francia, Canadá, Australia y otros países respondieron al 7 de octubre “reconociendo un Estado palestino”. Sus líderes razonan que, si les dan a los islamistas lo que piden, es decir, la cabeza de Israel, se van a calmar, se van a integrar a sus sociedades y los van a dejar tranquilos. Pero, como dicen los que saben, lo que empieza con los judíos no termina con los judíos. Hoy Europa ya está pagando las consecuencias de su ingenuidad.

El precio que Israel paga por su valentía es muy alto: el aislamiento. Israel es un país aislado, condenado, innombrable. Es el Abraham HaIbrí de las naciones del mundo.

EL OTRO LADO

Ibrí significa “el que está del otro lado”.  Abraham llegó desde el otro lado del río, y nunca se pasó al lado de los demás. No buscó la aprobación de nadie. No negoció sus convicciones para ser aceptado. Se quedó solo del lado de la verdad. Del lado de Dios.

Lo acusaron, lo persiguieron, lo condenaron. Y aun así, siguió adelante. Contra todos. Y al final,  los ídolos de Ur Kasdim desaparecieron, y la idea por la que Abraham estuvo dispuesto a morir hoy la conoce el mundo entero.

Israel vive hoy la misma historia. Está solo, acusado, condenado. Las naciones del mundo le piden, le exigen que ceda, que se rinda, que se pase al otro lado. Pero Israel, como Abraham, no se mueve de su lugar. Porque estar solo no significa estar equivocado. A veces, estar solo es la prueba de que uno está del lado correcto.

Israel hoy está solo contra el mundo. Y BE”H, como Abraham, va a triunfar.




El rab Ya’aqob Joli (1689-1732) y el libro que cambió al mundo Sefaradí

El Rab Ya’aqob Joli (muchos pronuncian su apellido incorrectamente: Culi, Koli, etc., porque en hebreo se escribe כולי) nació en Yerushalayim en 1689. Su padre, Ribbí Majir Joli, pertenecía a una familia que había vivido durante generaciones en Creta, hoy la isla más grande de Grecia. Creta perteneció durante mucho tiempo a la República de Venecia, hasta que en 1645 fue conquistada por los turcos. En 1650, Ribbí Majir emigró a la tierra de Israel y se estableció en Yerushalayim. Se casó con la hija del famoso Rab Moshé ibn Habib, el Rishón leTsión, es decir, el Gran Rabino de los sefaradíes en Erets Israel. El Rab Moshé ibn Habib era descendiente del célebre Rab Ya’aqob ibn Habib, autor del libro Ein Ya’aqob.

El joven Ya’aqob estudió con su abuelo y recibió de él una enorme influencia. Su abuelo dejó escritas obras importantes de Halajá, como Guet Pashut y Ezrat Nashim, pero gran parte de su obra seguía en manuscritos.

CONSTANTINOPLA

En esos años, la situación de los judíos en la tierra de Israel era desastrosa, tanto en lo político como en lo económico. En 1714, con unos 24 años, Ya’aqob Joli viajó a Constantinopla para publicar los manuscritos de su abuelo. Pensaba volver. Se quedó.

Encontró una comunidad grande, con grandes sabios, pero con un pueblo que había perdido el contacto con el estudio de la Torá. Los judíos del Imperio Otomano todavía no se recuperaban del golpe que les había dado Shabtai Tsebí, el falso mesías, que pocas décadas antes había arrastrado a comunidades enteras y terminó convirtiéndose al islam.

En Constantinopla conoció al Rab Yehudá Rosanes, el Gran Rabino de la ciudad y la mayor autoridad rabínica de Oriente en su tiempo. El Rab Joli se convirtió en uno de sus principales alumnos, y poco después el Rab Rosanes lo nombró Dayán (juez rabínico) del tribunal de Constantinopla.

En 1727 publicó Shamot baArets, la obra de su abuelo con comentarios a distintos pasajes del Talmud. Ese mismo año murió el Rab Rosanes. Tras su muerte, su casa fue saqueada, y los manuscritos que no fueron destruidos quedaron desparramados por toda la casa. El Rab Joli los recogió, los ordenó y asumió la tarea de publicarlos, sabiendo que le iba a llevar años y que tendría que postergar la publicación de sus propios libros. En 1728 publicó Parashat Derajim, y en 1731 la obra más famosa del Rab Rosanes, Mishné laMélej, un comentario sobre el Mishné Torá de Maimónides, enriquecido con numerosas notas suyas. Mishné laMélej se estudia hasta hoy en todas las yeshibot del mundo.

EL ME’AM LO’EZ

Una vez terminada la obra de sus maestros, todos esperaban que publicara sus propias ideas de Talmud y Halajá. En cambio, se dedicó a algo distinto: un libro para la gente común.

El Me’am Lo’ez es una monumental antología de Midrashim y Halajot organizada según la Parashá semanal. Además del material talmúdico, el Rab Joli incluyó notas autobiográficas y anécdotas que transportan al lector a las antiguas comunidades sefaradíes de los Balcanes. Al leerlo, se percibe también que los judíos de entonces vivían bajo abusos y persecuciones permanentes, y el Me’am Lo’ez los consolaba. El Rab Joli enseñaba, por ejemplo, que el Shabbat debía ser visto como una “isla de paz”: veinticuatro horas para desconectarse de la tristeza y la adversidad, y disfrutar de la paz y la familia. A sus lectores, la mayoría en condiciones muy difíciles, les aconsejaba practicar Jésed con quienes estaban en peor situación. Insistía en que el mejor antídoto contra las dificultades personales no es la autocompasión, sino abrir el corazón: ayudar a los más pobres, a las viudas y a los huérfanos, y visitar a los enfermos.

Lo especial de este libro es que no fue escrito para eruditos sino para judíos comunes. Incluso, o especialmente, para judíos que no entendían hebreo. En la introducción, el Rab Joli hace una promesa: quien lea el Me’am Lo’ez todos los días podrá decir en el Cielo que estudió toda la Torá.

El nombre del libro viene del Salmo 114:1:

בְּצֵ֣את יִ֭שְׂרָאֵל מִמִּצְרָ֑יִם בֵּ֥ית יַ֝עֲקֹ֗ב מֵעַ֥ם לֹעֵֽז

“Cuando salió Israel de Egipto, la casa de Ya’aqob, de un pueblo de lengua extranjera”. Me’am lo’ez, “de un pueblo de lengua extranjera”, alude al idioma en el que fue escrito. Y “Bet Ya’aqob” alude, de paso, al nombre de su autor.

EL LIBRO QUE HIZO FAMOSO AL LADINO

El Me’am Lo’ez fue escrito en ladino, es decir, español antiguo con algunas palabras hebreas, escrito con letras hebreas. Copio la primera línea de la introducción, para que el lector pueda apreciar el sabor de este hermoso idioma:

דיקלארו דיל ארבע ועשרים אין לאדינו דאנדו אה אינטינדיר איל ריז’ו די לה וידה קי דיב’י ריז’ירסי לה פירסונה סיגון קומאנדו לה ליי סאנטה

“Declaro del arba ve’esrim en ladino, dando a entender el reg’o de la vida que debe reg’irse la persona según comando la ley santa”.

Es decir: explicación de los veinticuatro [libros del Tanaj] en ladino, para hacer entender el régimen de vida por el cual debe conducirse la persona, según lo manda la Ley santa.

En el siglo XVIII, el ladino era la lengua cotidiana de los judíos de Turquía, Grecia y muchas comunidades de Oriente. El Me’am Lo’ez fue una revolución educativa. Cualquier hombre o mujer que supiera leer letras hebreas podía ahora estudiar Torá, algo hasta entonces impensable.

LOS QUE CONTINUARON SU OBRA

El Rab Joli publicó el primer tomo en 1730, en Constantinopla. Pero su obra quedó inconclusa. Murió el 19 de Ab de 5492 (1732), con apenas 43 años. Solo llegó a completar el libro de Bereshit y dos tercios de Shemot. Dejó también una obra de Halajá, Simanim leOraita, que nunca llegó a imprimirse.

Pero su libro era tan popular y tan necesario que sus discípulos no permitieron que su muerte fuera el final. Así como el Rab Joli se dedicó a publicar los libros de sus maestros, sus alumnos y seguidores, usando sus notas, continuaron escribiendo los “veinticuatro libros” que el Me’am Lo’ez se proponía cubrir, en el mismo estilo de la obra original:

1. El Rab Yitsjaq Magriso completó Shemot y escribió los comentarios de Vayiqrá y Bamidbar.

2. Debarim fue escrito por el Rab Yitsjaq Bejor Agruiti.

3. El libro de Yehoshúa, por el Rab Rajamim Menajem Mitrani.

4. El libro de Ester, por el Rab Refael Jiyá Pontremoli.

5. En el siglo XX, el Rab Shemuel Yerushalmi tradujo el Me’am Lo’ez al hebreo y escribió los libros de Nebiim y Ketubim que faltaban.

6. El Rab Aryé Kaplan, fallecido en Nueva York en 1983, lo tradujo al inglés con el título The Torah Anthology, y así el Me’am Lo’ez llegó también al mundo ashkenazí.

MI FAMILIA Y EL ME’AM LO’EZ

El Me’am Lo’ez tiene un lugar especial en mi corazón. En primer lugar, porque por parte de mi madre somos descendientes del Rab Joli. “Joli” era también el apellido de mi abuela materna, Sofía Aurora Joli, de Damasco, Siria, z”l.

Por otra parte, el abuelo de mi esposa, Ribbí Shemuel Chocron z”l, de Melilla, adquirió su gran erudición de Torá “exclusivamente” del Me’am Lo’ez. Ribbí Shemuel vivió en tiempos de la revolución de Franco y en 1937, muy joven, se vio obligado a retirarse de su trabajo. Sus padres tenían la colección completa de la edición de Esmirna del Me’am Lo’ez en ladino, más de diez tomos muy grandes, y Ribbí Shemuel se dedicó por el resto de su vida a estudiarla todos los días, ocho horas o más. Llegó a saberla de memoria. Tuve el mérito de conocerlo, y de ver cuando mi esposa Coty, o alguna de sus siete hermanas, le leían el Me’am Lo’ez, ya que por su edad no podía leer solo. Vi con mis propios ojos cómo corregía un error o completaba de memoria la frase siguiente. Ribbí Shemuel, y supongo que hubo muchos, muchísimos como él, se convirtió en un alumno “directo” de Ribbí Ya’aqob Joli. Mi amor y admiración por el Me’am Lo’ez crecieron enormemente cuando vi el impacto que este libro tuvo en el abuelo de mi esposa. Más allá del conocimiento de Torá que adquirió, las enseñanzas del Me’am Lo’ez formaron su personalidad e hicieron de Ribbí Shemuel un modelo de decencia, integridad, nobleza, bondad sin límites, amor a la Torá y temor a Dios.




TERCERA PRUEBA: Cuando no nos damos cuenta de que Dios nos protege

אַל־תִּירָ֣א אַבְרָ֗ם אָנֹכִי֙ מָגֵ֣ן לָ֔ךְ

Bereshit 15:1

Abraham escucha la Voz Divina y no la ignora. Dios le ordena dejar todo atrás y emigrar, y Abraham, sacrificando su vida cómoda, obedece. Así pasa la primera prueba. Dios le promete bendición y prosperidad en la tierra de Canaán. Pero, al poco tiempo de llegar, se desata una sequía. Abraham no deshace su compromiso: no regresa al norte, a su tierra natal, sino que se refugia por un tiempo en Egipto, a la espera de que pase el hambre para volver a la tierra a la que Dios lo mandó. Así pasa la segunda prueba: aprende a ser leal a Dios aun cuando, aparentemente, las promesas Divinas no se cumplen.

LA TERCERA PRUEBA

En Egipto, Abraham se encuentra con nuevos problemas: su esposa Sará es secuestrada y llevada al harén del Faraón. Abraham ya había anticipado que los egipcios se fijarían en Sará por su gran belleza (¡a pesar de su muy avanzada edad!), pero no imaginó que sería el propio Faraón quien se la llevaría. No puede hacer nada para evitarlo, ni para rescatar a su amada esposa, de quien nunca se separó a pesar de no haber podido tener hijos con ella. Como Abraham se había presentado como hermano de Sará, el Faraón le concede una generosa dote: ganado, animales y sirvientes. Abraham, que huyó del hambre, ahora se enriquece. Pero ¿de qué le sirve su riqueza si pierde a su querida esposa? Abraham no tiene consuelo. Y Dios sigue sin revelarse. Imagino que Abraham habrá pensado, una vez más, que se equivocó al seguir la orden de esa Voz: la promesa divina de prosperidad en la tierra prometida no se cumplió, y ahora, con su esposa secuestrada, ¿cómo se va a cumplir la promesa de una descendencia numerosa?

Pero Abraham no abandona a Dios.

CAMBIA, TODO CAMBIA

Y entonces, de la noche a la mañana, ocurre lo inesperado, lo inimaginable. Abraham es citado al palacio del Faraón. No tiene idea de por qué el hombre más poderoso del mundo quiere verlo. El Faraón, enojado, le dice: “¿Cómo pudiste hacerme esto? ¿Por qué no me dijiste que Sará era tu esposa? ¿Por qué me mentiste y dijiste que era tu hermana?”. Abraham, que no sabe lo que ha ocurrido, está seguro de que el Faraón lo va a matar, por su mentira y para quedarse con su viuda. Pero, inesperadamente (y es posible que Abraham nunca haya llegado a saber lo que realmente ocurrió), el monarca egipcio le devuelve a Sará sana y salva, sin que nadie la haya tocado. ¡Y, además, le otorga más riquezas y lo envía de regreso a Canaán!

CUANDO DIOS INTERVIENE SIN QUE NOS ENTEREMOS

Abraham no sabe lo que los lectores sabemos: que Dios intervino. Castigó al Faraón y le comunicó que Sará era en realidad la esposa de Abraham.

En resumen: en esta tercera prueba, cuando Sará es secuestrada, Abraham no abandona a Dios, a pesar de sufrimientos que parecen ilógicos e inmerecidos. Y aprende una lección invaluable: Dios actúa de maneras que el ser humano no puede percibir, y que quizás nunca llegue a entender. Si nos guiamos estrictamente por el texto (peshat), Abraham nunca descubre qué fue exactamente lo que ocurrió. Aprende que a veces HaShem interviene a nuestro favor sin que se lo pidamos y sin que sepamos exactamente lo que está pasando. Aprende que la lógica humana no puede comprender la lógica Divina, y que Dios interviene de formas que no podemos anticipar. Esta tercera lección será fundamental cuando Dios le pida a Abraham que sacrifique a Isaac, y Abraham decida obedecer.

A este nivel de Intervención Divina, no solicitada y que no siempre percibimos, lo llamamos “MAGUEN” (escudo): una protección “invisible”, por decirlo de alguna manera. Es, en realidad, el nivel más alto de Protección Divina: cuando HaShem nos cuida sin que nos demos cuenta, sin que se lo pidamos y antes de que algo malo ocurra. Dios nos protege constantemente de peligros de los que ni siquiera somos conscientes. Por eso, y en cierto modo recordando esta tercera prueba de Abraham Abinu, todos los días bendecimos a HaShem y lo alabamos por haber sido, y seguir siendo, “Maguen Abraham”: el protector de Abraham y de nosotros, sus privilegiados descendientes.




LEJ LEJA: Lot y el sueño de la casa propia

LA POBREZA

Abraham fue puesto a prueba diez veces —los conocidos asará nisiyonot. Estas “pruebas” o experiencias, obviamente, no tenían como finalidad que Dios verificara algo que desconocía sobre Abraham. Fueron crisis intencionales que ayudaron a Abraham a crecer, madurar, aprender sobre Dios y alcanzar su máximo potencial.

Hay un detalle que descubrí este año y que no había percibido antes: la cuarta crisis a la cual se enfrenta Abraham es exactamente opuesta a la segunda.

Veamos. Abraham llega a la tierra de Canaán —“invitado por Dios”— con la promesa de bendición (berajá). Pero apenas llega, comienza la segunda prueba: una terrible hambruna. Tan severa, que Abraham se ve obligado a emigrar temporalmente a Egipto. Fue una prueba durísima: ¿abandonar o no abandonar a Dios cuando no me da lo que quiero? Abraham supera la crisis. Permanece leal a su misión, confía y sobrevive la crisis del hambre. Esa hambruna puso a prueba también su paciencia.

Después de un tiempo, Abraham regresa de Egipto con una enorme riqueza: oro, plata y animales. Literalmente “Gracias a Dios”, Abraham había prosperado enormemente. Junto a él estaba Lot, su sobrino, que al quedar huérfano fue adoptado por Abraham. Lot era, hasta entonces, el candidato a heredarle y continuar su camino, ya que Abraham no tenía hijos propios. Abraham compartía con Lot toda su riqueza.

Y es aquí donde se genera la nueva crisis, la cuarta prueba, opuesta a la anterior. La Torá, sin mencionarlo explícitamente, introduce por primera vez un tema que se repetirá a lo largo de las generaciones: los riesgos y peligros de la riqueza. El dinero en abundancia, ¿nos hace más vanidosos o seguimos conservando nuestra humildad? ¿Usamos lo que nos sobra solo para elevar nuestro confort o también para ayudar a los que tienen menos?

LAS DOS CARAS DE LAS MONEDAS

La riqueza no hace a Abraham más materialista. Nuestro patriarca, la Torá lo dice explícitamente (Gen. 13:3), regresa a su propia carpa, símbolo de humildad y desapego. Decide usar su fortuna para hacer el bien en nombre del Creador y difundir así Su existencia. Abraham se siente como el administrador de un dinero que es más de Dios que suyo. Cuando los pobres o los extranjeros que se alojan en su tienda quieren pagarle por la comida, Abraham rechaza el pago y los invita a agradecer juntos a Dios (zimún): “Aquel que nos ha dado lo que hemos comido.” Por eso, los vecinos lo llaman Nesí Eloqim, “representante de Dios”, en la tierra de Canaán.

Lot se había criado con los mismos valores espirituales de Abraham. Pero ahora, que se había vuelto millonario, se ve transformado por su fortuna. Sus valores cambian. Ya no le interesa seguir el camino de su tío. Ahora quiere dedicarse a business, invertir su capital y hacer crecer su portafolio. Sus ojos están puestos en generar más dinero, no en compartirlo con los pobres.

La crisis llega a su punto de ebullición cuando los pastores de Lot y los de Abraham se pelean, porque las enormes llanuras de Canaán ahora les quedaban chicas.

Abraham entiende que su sobrino no va a seguir su camino y le da a Lot la opción de trabajar de manera independiente.

Lot, quizás para sorpresa de Abraham, no se opone a separarse de él.

¿Cuál era la mayor aspiración de Lot? Comprarse una casa.

Los pobres, los nómadas, vivían en tiendas de campaña. Pero los ricos podían permitirse el lujo de vivir en una casa sólida, con techos, puertas y paredes de piedra.

Una casa era el símbolo más importante del estatus social.

Lot quiere mudarse a un barrio privado, un country club exclusivo, una gated community —donde no hay pobres y se paga a un guardia para evitar el ingreso de extranjeros.

Así comenzó la distancia no solo geográfica, sino también de valores, entre Abraham y Lot.

La riqueza, como ocurre tantas veces, terminó dividiendo a la familia.

LO PEOR ESTÁ POR VENIR

Pero allí no termina su nueva vida de rico: Lot decide que su nuevo estatus social le permite –o le demanda– aspirar a vivir rodeado de “gente como uno”. Y toma la peor decisión de su vida. Decide establecerse en Sedom (Sodoma), una ciudad próspera y poderosa, pero absolutamente corrupta.

En Sedom los valores estaban invertidos: a diferencia de Abraham, que dedicaba su fortuna a ayudar a los extranjeros, en Sedom se abusaba de ellos y le quitaban lo poco que tenían.

La caridad era considerada un crimen, porque —al mejor estilo de Nietzsche— ayudar al pobre perjudicaba la “supervivencia y el crecimiento del más fuerte”.

Lot había vivido y superado junto con Abraham la crisis de la pobreza, la orfandad, el exilio de Jarán a Canaán, los problemas en Egipto. Todas esas situaciones lo habían acercado a Abraham. Su tío era su role model. Lot quería ser Abraham.

Pero ahora, cuando enfrenta la prueba de la abundancia, Lot colapsa. Solo le interesa tener una casa cómoda en un barrio privado y dedicarse a jugar al golf.

Cuando Dios quiere educarnos, no nos hace caer regalos del cielo: nos desafía. Nos hace vivir experiencias y situaciones que nos obligan a redefinirnos. Algunos, como Lot, colapsan. Otros, como Abraham, se hacen más fuertes y se elevan con cada crisis que superan.

SHABBAT SHALOM




RESUMEN DE PARASHAT LEJ LEJA

ABRAM LLEGA A CANAÁN

Dios le ordena a Abram que deje la tierra de su familia y se dirija a la tierra que Él le mostrará. Esta orden no solo implica un cambio geográfico, sino también un acto de obediencia absoluta a Dios. Es la primera prueba a la cual Dios somete a Abram. El Creador le promete convertirlo en el patriarca de una gran nación, bendecirlo y transformar su nombre en símbolo de bendición.

Abram obedece sin dudar. A los setenta y cinco años parte de Jarán hacia Canaán —la futura tierra de Israel— acompañado por su esposa Saray, su sobrino e hijo adoptivo Lot, y todas las personas que se habían unido a su enseñanza del monoteísmo. Al llegar, Dios le promete que esa tierra será entregada a sus descendientes. Abram construye un altar y proclama el Nombre de Dios (Vayiqrá beshem Hashem), expresando gratitud y compromiso con Él.

EGIPTO

Abram busca establecerse en Canaán, pero enfrenta la segunda prueba: una gran hambruna —producto de una sequía generalizada— lo obliga a descender a Egipto, donde hay alimentos. Temiendo que los egipcios lo maten para apoderarse de su esposa, debido a su extraordinaria belleza, Abram le pide a Saray que diga que es su hermana.

Tal como Abram sospechaba, Saray es llevada por la fuerza al palacio del Faraón. Pero Dios interviene directamente: castiga al Faraón y a su casa con plagas, revelando así la gravedad de su acto. El Faraón devuelve a Saray intacta y, reconociendo la protección divina sobre Abram, lo despide con respeto y le entrega abundantes riquezas como compensación.

Abram regresa a Canaán con Saray sana y salva, y con una gran fortuna.

LOT LLEGA A SEDOM

Lot también posee parte de la fortuna de Abram. Al regresar juntos a Canaán, la Torá relata que surgieron conflictos entre los pastores de Lot y los de Abram por los pastizales. Para evitar la discordia, Abram propone separarse en paz: “Si tú vas a la izquierda, yo iré a la derecha”.

Lot elige la fértil llanura del Jordán, que en ese entonces era un paraíso con sus propios ríos, como un pequeño delta del río Jordán. Poco a poco se va acercando a la ciudad de Sedom, donde se instala buscando prosperidad material. Tras la separación, Dios vuelve a hablar con Abram y renueva Su promesa: tus descendientes heredarán este territorio y serán tan numerosos como el polvo de la tierra.

LA GUERRA Y EL BOTÍN

Poco tiempo después, se desata una guerra regional entre coaliciones de reyes de Mesopotamia y de Canaán. En el conflicto, Sedom es saqueada y muchos de sus habitantes, entre ellos Lot, son tomados prisioneros.

Al enterarse, Abram reúne a sus hombres y emprende una audaz operación de rescate. Derrota a los invasores y libera a los cautivos. A su regreso, el rey de Sedom le agradece y le ofrece quedarse con el botín de la guerra. Pero Abram rechaza la oferta diciendo: “No tomaré ni un hilo ni una correa, para que no digas: yo enriquecí a Abram”.

Su intención es dejar claro que toda su riqueza y bendición provienen únicamente de Dios.

LA PROMESA MÁS HERMOSA

Después de la guerra, Dios vuelve a hablarle a Abram en una visión: “No temas, Abram, Yo soy tu escudo, y tu recompensa será muy grande”. Abram, con humildad, responde: “¿Qué me darás, si aún sigo sin tener un hijo?”.

Dios le promete que su heredero será un hijo propio y lo saca al exterior para mostrarle el cielo estrellado: “Así será tu descendencia”.

Entonces Dios establece con él un pacto solemne (Berit ben habetarim): le promete que sus descendientes heredarán la tierra de Canaán, pero antes pasarán por un largo exilio y esclavitud, de donde finalmente serán redimidos con grandes riquezas.

EL HIJO DE HAGAR

El tiempo pasa y Saray no logra concebir. Ella le sugiere a Abram que tenga un hijo con su sierva egipcia, Hagar. Era la forma habitual en esa época de “adoptar” un hijo. Abram acepta, y Hagar concibe.

Pero al quedar embarazada, Hagar cambia su actitud hacia Saray y se comporta con altivez: se siente superior, pues lleva en su vientre el hijo de Abram. Saray la reprende con severidad, y Hagar huye al desierto.

Allí, un ángel de Dios se le aparece y le ordena regresar, prometiéndole que su hijo será el padre de una gran nación. Hagar obedece y da a luz a Ishmael (Yishmael), cuando Abram tiene ochenta y seis años.

NUEVOS NOMBRES, NUEVOS PACTOS

A los noventa y nueve años, Dios se revela nuevamente a Abram y establece con él el pacto de la circuncisión (Berit Milá). Este pacto será la señal perpetua de la alianza entre Dios y los descendientes de Abraham.

Dios cambia el nombre de Abram a Abraham, añadiendo la letra ה (he) para simbolizar su nueva misión: ser “padre de una multitud de naciones”. Asimismo, cambia el nombre de Saray a Sará, que significa “princesa”, indicando su rol como matriarca de Israel.

Dios le promete a Abraham que, a pesar de su avanzada edad y de la esterilidad de Sará, tendrán un hijo propio. Abraham, en el mismo día, se circuncida a sí mismo, a su hijo Yishmael y a todos los varones de su casa.

Con este acto comienza una etapa de lealtad y obediencia a Dios sin precedentes, que sella desde el nacimiento el destino de cada miembro del pueblo de Israel.




NOAJ: El arca de Noé, versión 2026

En Parashat Noaj hay una raíz hebrea que aparece siete veces, algo muy inusual: shin, jet, tav (שחת). De allí vienen las palabras “shjitut”, que significa corrupción, y “hashjatá”, destrucción. No son dos ideas distintas. La corrupción es una destrucción que no llega por accidente ni desde afuera, sino desde adentro: la provocan las mismas personas que deberían cuidar y proteger.

Así describe la Torá a la generación del Mabul:

וַתִּשָּׁחֵ֥ת הָאָ֖רֶץ לִפְנֵ֣י הָאֱ-לֹהִ֑ים וַתִּמָּלֵ֥א הָאָ֖רֶץ חָמָֽס׃

«La tierra se corrompió delante de Dios, y se llenó de violencia» (Bereshit 6:11).

Al primer hombre se le había ordenado dominar la tierra, es decir, cuidarla. Ahora el ser humano destruía, de manera irreversible, precisamente aquello que debía proteger: la civilización humana. Entonces el Creador decide destruir el mundo con el Diluvio. No quedó nada. Ni nadie. Solo sobrevivieron los seres humanos y los animales que estaban en el arca con Noaj.

¿POR QUÉ NOAJ?

Noaj sobrevivió porque era diferente. Veamos lo que cuentan de él la Torá y nuestros Sabios.

En una generación dedicada a destruir, Noaj pensaba en crear, en construir. Contribuía a la civilización humana. No sé si saben que Noaj «inventó el arado». Así lo explica Rashí sobre el pasuk que da origen a su nombre:

זֶ֞ה יְנַחֲמֵ֤נוּ מִֽמַּעֲשֵׂ֙נוּ֙ וּמֵעִצְּב֣וֹן יָדֵ֔ינוּ

«Este [hombre] nos aliviará de nuestro trabajo y del esfuerzo de nuestras manos» (Bereshit 5:29).

Hasta la llegada de Noaj, explica Rashí, los hombres trabajaban la tierra con sus propias manos. Noaj inventó las herramientas agrícolas que redujeron enormemente ese esfuerzo. Una revolución tecnológica. ¡Un beneficio extraordinario para toda la humanidad!

LA OBSESIÓN ANTI-NOAJ

Claro que su creatividad y su pasión por construir no lo hicieron más popular entre los destructores. Todo lo contrario.

Cuentan nuestros Sabios que, cuando Noaj obedeció a Dios y comenzó a construir el arca, todos se burlaban de él: «Oye, viejo, ¿para qué construyes un barco [en medio de un valle]?». Rashí (7:13) relata que la gente de su generación lo amenazaba: «Si lo vemos entrar en el arca, tomaremos picos y hachas y la haremos pedazos». No les bastaba con arruinar su propia civilización: también querían eliminar a quien intentaba salvarse. Ni vivir, ni dejar vivir. Fue Dios, explican nuestros Sabios, quien protegió a Noaj de quienes buscaban su destrucción.

La vocación creadora de Noaj se ve también al salir del arca. Lo primero que hace es construir un altar para agradecer a Dios por haber sobrevivido: Vayibén Noaj mizbéaj, «Y Noaj construyó un altar» (8:20). Luego, Noaj recibe de Dios la orden, que también es una bendición, de reproducirse y multiplicarse. Y eso es exactamente lo que hace. Noaj y sus hijos reconstruyen la humanidad que se había suicidado (autodestruido) y traen al mundo prosperidad y nuevas vidas.

El mundo antediluviano se dividía en dos bloques bien diferenciados. De un lado, Noaj y su familia, dedicados a construir y a beneficiar a la humanidad. Del otro, una sociedad dominada por hombres con apetito por arrasar la civilización que los sostenía y obsesionados con eliminar a quienes construían, como Noaj.

LOS NUEVOS ANTE-DILUVIANOS

Esta semana escuché en el canal israelí TOV una exposición fascinante del Dr. Doron Matza (https://youtu.be/dyiR2VFDeCo), ex alto funcionario del Shin Bet, el servicio de seguridad interior de Israel. Matza propone una manera muy interesante de interpretar el mundo actual. Según él, la guerra que comenzó el 7 de octubre es una especie de tercera guerra mundial, todavía en sus primeras etapas. Y en el plano de las ideas, el mundo está dividido en cuatro grandes bloques.

El primero es el bloque totalitario, el de los “destructores de la civilización occidental” (al que Matza llama, sin eufemismos, «el bloque de los asesinos»). No incluye solo a quienes cometen personalmente actos de terrorismo, sino también a quienes los respaldan, justifican o glorifican. Apoyan a organizaciones como Hamás y Hezbolá, que buscan imponer sus objetivos mediante la violencia, el terror y la destrucción, y que invaden y aspiran a dominar allí donde encuentran sociedades moralmente debilitadas.

El segundo es el bloque “woke”, el progresismo, que nació con eslóganes difíciles de rechazar: “igualdad”, “inclusión” y “tolerancia” para todos. El problema, explica Matza, es que con el tiempo ese movimiento «inclusivo» ¡incluyó también a los extremistas del primer bloque! Por increíble y paradójico que parezca, toleran la intolerancia de quienes abrazan ideologías terroristas. Y fueron tan tolerantes con los intolerantes que, según Matza, ambos bloques se han convertido en verdaderos socios en una misma plataforma política destructiva.

El tercero es el bloque utilitario. Matza pone como ejemplo a Estados Unidos, que se relaciona con el mundo según su propio cálculo de costo-beneficio. Ataca a Irán cuando le conviene y deja de atacar cuando sube el precio del petróleo. Y no tendría inconvenientes en negociar con el régimen iraní si eso le trajera beneficios económicos o estratégicos. Es la famosa máxima de Henry Kissinger: Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses.

El cuarto bloque, dice Matza (quien no parece ser un judío observante), es el de la ética y los valores: el bloque de la justicia. Allí se ubica el Estado de Israel. Y allí está el Estado judío, prácticamente solo, en lo que Matza describe como una «soledad alarmante».

ACCIÓN Y UNA OBSESIÓN

El bloque totalitario y el progresista no tienen nada en común. Uno es opresivo; el otro dice defender la libertad. Uno oprime a la mujer; el otro dice que la protege. Uno rechaza la diversidad religiosa; el otro dice celebrarla. Uno aspira a imponer sus creencias; el otro proclama la tolerancia. Y sin embargo, ¡marchan juntos!

¿Qué los une? Los unen una palabra y una obsesión.

La palabra es la raíz שחת (sh-j-t): “lehashjit”, destruir.

La sed de destrucción queda en evidencia en un video que circula en redes sociales. Durante una de las enormes protestas “estudiantiles” que hoy sacuden Europa, un periodista se acerca a un joven y le pregunta: «¿Contra qué estás protestando?». «No sé», responde, «pero vinimos a protestar». «¿Y cuál es tu mensaje?». «¡Destruirlo todo! ¡Destruirlo todo!». https://youtu.be/p9NpYTVE4Vk?si=LuBBf5j4cAlzLWAb

La respuesta es tan brutal como reveladora. No sabe contra qué protesta, ni qué quiere cambiar, ni qué propone en su lugar. Pero sabe perfectamente lo que quiere hacer: destruir. Es el impulso que describe Matza. Y nos recuerda, de manera escalofriante, a la generación del Diluvio: una sociedad en la que la destrucción deja de ser un medio y se convierte en una vocación.

Ese espíritu no se limita a un video. En Francia, las protestas que comenzaron a mediados de septiembre vinieron acompañadas, según los episodios denunciados, de ataques contra maestros, incendios, destrucción de propiedad pública, automóviles destrozados, agresiones contra las fuerzas de seguridad y hasta contra los bomberos que acudían a apagar el fuego. Según las cifras que circulan, 24 establecimientos escolares fueron incendiados o saqueados, y 761 policías y gendarmes resultaron heridos.

¿Para qué incendiar escuelas? ¿A quién beneficia destruir el automóvil de un maestro? ¿Qué se gana al atacar a un bombero que viene a apagar un incendio? Es la misma lógica de quienes amenazaban el arca de Noé: si alguien construye, hay que destruirlo, y si alguien protege, hay que atacarlo.

LA OBSESIÓN NÚMERO UNO

Y luego está la obsesión contra los judíos. Israel es el portador de la tradición bíblica, fundamento de la civilización occidental “judeocristiana”, que estos movimientos repudian y combaten, cada uno por razones muy diferentes.

En Francia, Inglaterra y Bélgica, sectores progresistas y socialistas marchan junto a movimientos islamistas radicales que aspiran a imponer una visión cuyo objetivo es la destrucción del Estado judío. Los propios líderes de estos países, que son víctimas de estas manifestaciones, como Emmanuel Macron o el primer ministro británico, ¡critican «a Israel»! Y recientemente se sumó el expresidente Barack Obama. Así alimentan el clima de hostilidad hacia el Estado judío.

Los símbolos que aparecen en estas manifestaciones europeas, no importa contra qué se proteste o qué se celebre, son siempre los mismos: la bandera palestina, que promueve la destrucción de Israel, las consignas antiisraelíes, las expresiones explícitas de apoyo a Hamás o Hezbolá y la justificación de sus crímenes.

Durante una transmisión de Fox News desde París, entre gases lacrimógenos y jóvenes corriendo, la conductora notó con sorpresa que las banderas que se veían «no eran las de Francia». El comentarista Nile Gardiner las identificó como banderas palestinas y afirmó que los movimientos propalestinos y pro-Hamás se habían apoderado de los disturbios.

¿Y qué tiene que ver la bandera palestina con los reclamos de los franceses? ¿Por qué Israel?

Si seguimos la analogía con Noaj, la respuesta es sencilla. Mientras la civilización antediluviana se autodestruía, Noaj seguía construyendo su arca para sobrevivir. ¡Y eso los volvía locos!

EL ARCA DE NOÉ: VERSIÓN 2026

El 7 de octubre, Israel fue atacado por tierra, aire y mar en una operación que Hamás, INCREÍBLEMENTE, llamó «el Diluvio de Al-Aqsa» (Tufán al-Aqsa). ¡No es un invento mío! Los propios terroristas eligieron la palabra «Diluvio» para su devastador ataque criminal.

Israel, gracias a “las Fuerzas del Cielo”, sobrevivió al diluvio y aprendió a construir y fortalecer su arca. Mientras sus enemigos buscan destruir, Israel construye, inventa y repuebla su tierra.

Israel amplió su arca: expandió el control militar sobre Gaza hasta aproximadamente el 60% del territorio y reforzó sus fronteras con nuevas zonas de seguridad en Líbano y Siria que, en conjunto, superan los 1.000 kilómetros cuadrados. Todo para evitar que una masacre semejante vuelva a ocurrir.

Hasta hace poco más de un año, Israel estaba expuesto a otro potencial «diluvio»: el de los cohetes de Hezbolá, un arsenal de unos 150.000 cohetes y misiles. Hoy, tras los golpes que sufrió Hezbolá y los avances tecnológicos israelíes, Israel construyó una defensa aérea mucho más sólida, apoyada en algunos de los sistemas antimisiles más avanzados del mundo, desarrollados por sus propios científicos e ingenieros.

Y, como Noaj, Israel repuebla su tierra. Hamás quiso vaciar el sur de Israel y convertir las comunidades fronterizas con Gaza en pueblos fantasma. Hoy viven en esa región alrededor de 65.000 personas, más que antes de la masacre. Más del 90% de los residentes regresó a sus hogares y llegaron miles de nuevos habitantes, especialmente a Sderot, donde se construyen nuevas viviendas. La meta del gobierno es duplicar la población de la región. ¡Es una respuesta “noájica” a quienes pretendieron vaciar el sur!

E Israel no solo reconstruye las comunidades atacadas. Sigue creciendo gracias a su extraordinaria vitalidad demográfica.

LA PUERTA ABIERTA

Noaj tardó 120 años en construir el arca. Lo hizo a la vista de todos, explica Rashí (Bereshit 6:14), para que la gente le preguntara por qué y, quizás, cambiara su camino. Tuvieron 120 años para entrar. Pero fuera de su familia, no entró nadie. Y cuando empezó a llover, la Torá dice que la puerta se cerró detrás de él (7:16). Ya era tarde.

Medinat Israel es el arca de Noé para los judíos de nuestra generación. La construyó el pueblo judío hace casi 80 años, con la ayuda de HaShem, y hoy lo protege de las fuerzas de la destrucción y de sus socios antisemitas.

El arca de Israel mantiene la puerta abierta. Los judíos del mundo no deberían esperar a que comience el próximo Diluvio para buscar refugio. A cada uno, el Estado judío le repite las palabras que HaShem le dijo a Noaj:

בֹּֽא־אַתָּ֥ה וְכָל־בֵּיתְךָ֖ אֶל־הַתֵּבָ֑ה

«Entra tú y toda tu familia al arca» (Bereshit 7:1).

La puerta está abierta. Hay que “subir”.

Rab Yosef Bitton




NOAJ: El descubrimiento de la muerte

מזל טוב

Dedicado a nuestros queridos hijos Abraham Bitton y Natasha Mendeluk, por el nacimiento de su hermosa niña, anoche, el 5 de Jeshván de 5787 (16 de octubre de 2026) en Yerushalayim.

¡Mazal Tov! Que HaShem les dé el mérito de criarla para la Torá, la Jupá y los maasim tobim.

¿Qué causó el diluvio universal? ¿Un meteorito? ¿Un cambio climático?

La Torá no es un libro común. Es un libro divino. Y como tal, exige una lectura poco convencional. Este tipo de lectura implica, entre otras cosas, leer los silencios del texto, leer entre sus líneas y, sobre todo, saber que no hay nada superfluo en una obra Divina.

En el quinto capítulo de Bereshit (Génesis), en la Parashá de la semana pasada, leemos la primera genealogía humana: una lista, aparentemente innecesaria, de los años que vivió cada uno de los descendientes de Adam, el primer hombre. La Torá menciona 9 generaciones: Adam, Seth, Enosh, Kenan, Mahalalel, Yared, Janoj, Metushelaj y Lemej, el padre de Noé. Todos vivieron una larga vida. El récord de longevidad (hasta ahora…) es el de Metushelaj, que vivió 969 años.

De cualquier manera, la pregunta sigue allí: más allá de satisfacer nuestra curiosidad genealógica, ¿qué nos enseña este registro civil de edades prediluvianas? ¿Por qué necesitamos estos detalles sobre la edad de los primeros humanos?

Si observamos con atención, descubriremos algo maravilloso.

¿DE QUÉ MURIÓ ADAM?

En el año 930, contando desde la Creación del mundo, tuvo lugar un hecho extraordinario: la muerte de Adam, el primer hombre. Los hombres, cientos de miles o millones de descendientes de Adam a través de 10 generaciones, sabían que se podía “matar” a otro ser humano, como sucedió con Abel. Pero ahora, por primera vez, se enfrentaban a la muerte “natural”.

HaShem ya le había dicho a Adam que no viviría para siempre. Pero esa advertencia tardó más de nueve siglos en materializarse. Tiempo suficiente para que los humanos se olvidasen de la mortalidad. Adam, Seth, Enosh, etc., dada su avanzada edad, eran vistos como inmortales.

La muerte natural de Adam provocó un estado de conmoción y pánico. Lo único que podía aliviar este miedo, el terrible miedo a la muerte, era asumir que la muerte natural de Adam fue un hecho excepcional, y que la mortalidad lo afectó por haber desobedecido a Dios al comer del fruto prohibido.

LA INOCENCIA PERDIDA

Pero en el año 987 (hay que calcular los años a partir del texto, porque esta fecha no está explícita en la Torá) se registra la segunda muerte natural: Janoj muere a la relativamente temprana edad de 365 años…

Esta segunda muerte ya no se podía atribuir al castigo por la desobediencia, como en el caso de Adam. La Torá declara explícitamente que Janoj era un hombre justo, que caminó por el sendero Divino (Gén. 5:24)…

La muerte de Janoj fue un evento devastador. La Torá lo describe con palabras que parecen reflejar la sorpresa y el terror generalizado de los humanos de esa generación, enfrentados a un evento que nadie entendía muy bien. “Fallecer” de muerte natural era algo tan novedoso que los hombres aún no podían definirlo con palabras convencionales. El texto, por lo tanto, no dice que Janoj “murió”, sino que lo dice con la misma inocencia con que un niño describiría la muerte: “y Janoj ya no está… porque Dios se lo llevó”.

La tercera muerte natural fue la de Seth, el hijo de Adam. Esto sucedió en el año 1042. Ahora la muerte ya era un hecho confirmado. Y estaba allí para quedarse.

¿EL FIN DEL MUNDO?

La reacción de la humanidad ante el descubrimiento de la muerte no fue muy positiva… La conciencia de la mortalidad provocó un pánico que hizo salir lo peor del ser humano.

Al igual que en una escena de Hollywood en la que los humanos reaccionan con violencia y desesperación al enterarse de la inminente caída de un meteorito que destruirá la tierra, cuando los hombres de esa generación comprendieron que “iban a morir”, recurrieron a la violencia, abusaron de los más débiles y les quitaban sus posesiones. Luego: “Y los hombres poderosos vieron a las mujeres [de otras familias, tribus, etc.] y las tomaron [por la fuerza]…”. La generación del diluvio no solo fue culpable de robo, sino también de asesinato y violencia sexual.

En esa situación, HaShem decide dos cosas:

1. Acortar la vida humana, algo que, como veremos, sucederá de forma paulatina. Diez generaciones después de Noé, la vida humana alcanza apenas los 150 o 200 años, y en las generaciones posteriores el tiempo de vida continuará disminuyendo. Una vida más corta ayudará al hombre a tomar una mayor conciencia sobre su mortalidad y la necesidad de vivir una vida con propósito.

2. Dios también trae el diluvio, para un “reset” de la civilización humana con Noé y sus hijos.

¿CAMBIO CLIMÁTICO?

Ahora entendemos que lo que provocó el diluvio no fue un meteorito ni un cambio climático: fue ese estado de anarquía, caos y corrupción de los hombres que reaccionaban violentamente al descubrimiento de su inevitable mortalidad.

Noaj, el protagonista de nuestra Parashá, nació en el año 1056. Y es el primer hombre que nace en un mundo de hombres conscientes de su mortalidad.

Al final del diluvio, Noé recibió el primer código de leyes. Siete reglas básicas que condenan el asesinato, el robo, la violación, etc., y ordenan el establecimiento de tribunales de justicia para evitar la anarquía y la impunidad. Todo esto traerá un nuevo clima de ley y orden.

Pero tendremos que esperar otras diez generaciones hasta que otro hombre, Abraham Abinu, y sus descendientes, hagan un segundo descubrimiento:

1. Que, aunque limitada y relativamente corta, la vida es una oportunidad que nos concede HaShem para acercarnos a Él por nuestra propia voluntad y esfuerzo.

2. Que no fuimos creados por Dios para explotar al prójimo, sino para ayudarlo.

Y finalmente,

3. Que la mortalidad afecta el cuerpo del hombre, pero su espíritu Divino, la neshamá, sobrevive a la muerte si se la nutre adecuadamente.

Rab Yosef Bitton




RESUMEN DE PARASHAT NOAJ

Noaj (Noé) era un hombre justo y recto que “caminaba con Dios (ה׳)”. Mientras la humanidad se hundía en la anarquía, la corrupción y la violencia, Noaj permaneció fiel a los caminos de Dios.

Dios le dijo a Noaj que iba a destruir la tierra debido a la maldad y el robo, que se habían vuelto normales: “Voy a traer un mabbul (diluvio) sobre la tierra para destruir toda criatura con vida”. Pero ה׳ también le prometió a Noaj que establecería un pacto de protección con él y su familia, y le ordenó construir una tebá (arca) de madera, con compartimientos para los animales y depósitos de alimentos para todos los seres vivos a bordo. Además, ה׳ le indicó a Noaj que llevara al arca siete pares de los animales puros (kasher) y dos pares de los animales impuros, macho y hembra.

Noaj hizo todo tal como Dios le había ordenado.

La lluvia comenzó a caer sobre la tierra, y las fuentes de agua subterránea se abrieron desde las profundidades y se desbordaron, de manera que el agua llegaba por todos lados. Noaj, su familia y todos los seres vivos, por parejas, sobrevivieron en el arca. El diluvio duró cuarenta días: cubrió incluso las montañas más altas y destruyó toda forma de vida. Durante los siguientes ciento cincuenta días, las aguas cubrieron la tierra.

Dios envió vientos poderosos, y las aguas comenzaron a bajar y la tierra a secarse. Noaj envió un cuervo, que no encontró un lugar seco donde posarse y regresó. Luego envió una paloma, que también regresó. Siete días después, la paloma volvió con una hoja de olivo en el pico: señal de que las aguas habían bajado y de que ya había árboles (¡comida!) sobre la tierra. Después de otros siete días, la paloma ya no regresó, y Noaj supo que la tierra se había secado.

Entonces ה׳ le dijo a Noaj: “Sal del arca junto con tu familia y todos los seres vivos que están contigo. Fructificad y multiplicaos sobre la tierra”.

Noaj construyó un altar a ה׳ y ofreció sacrificios de cada animal y de cada ave pura. Dios se complació con los sacrificios y prometió no volver a destruir a la humanidad, reconociendo que la inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud.

Luego, ה׳ bendijo a Noaj y a sus hijos, Shem, Jam y Yafet. Les permitió comer carne, con una condición: no comer la carne arrancada de un animal vivo (eber min hajai). También prohibió explícitamente el asesinato. Y estableció el arco iris como señal de Su pacto eterno con la tierra.

Noaj se hizo agricultor: plantó una viña, bebió vino, se embriagó y se desnudó en su tienda. Jam, su hijo, vio su desnudez (o quizás esto sea un eufemismo para no decir explícitamente algo más serio) y se lo contó a sus dos hermanos. Shem y Yafet entraron respetuosamente en la tienda y cubrieron la desnudez de su padre.

Después del diluvio, Noaj vivió 350 años, y murió a la edad de 950 años. Tanto él como sus hijos tuvieron muchísimos descendientes, que se dispersaron por toda la tierra.

La humanidad hablaba un solo idioma y tenía un proyecto común: construir una ciudad con una torre, o pirámide escalonada o zigurat, que llegara hasta el cielo, para hacerse un nombre y no ser dispersados por toda la tierra (o para desafiar a Dios, o para sobrevivir a otro posible diluvio; las interpretaciones sobre la intención de la Torre de Babel varían). Dios confundió su lenguaje, es decir, hizo que cada familia hablara un idioma diferente, y los dispersó por toda la tierra. Desde entonces, cada pueblo y cada nación se distinguiría de los demás por su idioma.

Esta Parashá concluye con la lista de los descendientes de Shem, hasta Téraj, el padre de Abram, quien estaba casado con Sarai y aún no había tenido hijos. Téraj y su familia habían salido de Ur Casdim, una ciudad de Babilonia (a unos 200 km de Bagdad), y habían llegado a Harán, en el sur de Turquía, en camino a la tierra de Canaán (Israel).




EL RAB OBADIÁ YOSEF z”l y 5 de sus mayores contribuciones

Este miércoles, 3 de Jeshván, se cumplieron 13 años del fallecimiento del Rab Obadiá Yosef z”l (1920-2013). Unas 800.000 personas, el 10% de la población de Israel, acompañaron su entierro en Jerusalem. Fue una de las mayores concentraciones de judíos de la historia.

Su influencia, sus decisiones, su visión cambiaron la vida de millones de judíos en Israel y en el mundo. Aquí van cinco ejemplos de su influencia.

1. UNIFICAR LA HALAJÁ SEFARADÍ

Después de 1948 llegaron a Israel judíos de Marruecos, Irak, Siria, Libia, Túnez, Irán, Yemen y Egipto. Cada comunidad traía sus propios rabinos, sus libros y sus costumbres. Muchas de esas costumbres eran más estrictas de lo que la halajá exige. En Pésaj, por ejemplo, había familias que cubrían la mesa con siete manteles, y nadie se atrevía a comprar azúcar o aceite común para Pésaj.

El Rab Obadiá propuso un punto de unión: el Shulján Aruj del rabino Yosef Caro (1488-1575). Históricamente, los sefaradíes aceptaron a Maran Yosef Caro como su máxima autoridad: “Quibalnu horaot Maran”. Según el Rab Obadiá, sus decisiones debían seguirse tal como están escritas, sin agregarles restricciones adicionales.

No fue fácil. Ya a los 18 años, como rabino de la sinagoga de los judíos iraquíes en el barrio de Bet Israel, en Jerusalem, discrepaba en sus clases con los dictámenes del Ben Ish Jai, que era la autoridad más venerada por los judíos de Irak. Hubo objeciones. Su maestro, el Rab Ezra Attie, lo alentó a seguir. Esas discrepancias se publicaron después en la serie Halijot Olam.

Su primer libro, Jazón Obadiá (1952), sobre las leyes de Pésaj, liberó a la gente de muchas restricciones que no tenían base en el Shulján Aruj. Él lo llamaba “lehajazir atará leyoshná”: devolver la corona sefaradí a su gloria original.

2. LAS AGUNOT DE YOM KIPUR

La Guerra de Yom Kipur estalló el 6 de octubre de 1973. Cayeron unos 2.600 soldados. Cerca de mil de ellos estaban casados, y en muchos casos no había un cuerpo identificable. Sin prueba de la muerte, sus esposas quedaban como “agunot”: según la halajá seguían casadas y no podían volver a casarse.

El Rabino Principal del Tsahal, el Rab Mordejai Pirón, le pidió ayuda al Rab Obadiá, recién nombrado Rishón LeTsión. Se formó un tribunal especial con el Rab Pirón, su adjunto el Rab Gad Navón y el Rab Obadiá a la cabeza. Revisaron cada caso, uno por uno. Entrevistaron soldados, reconstruyeron testimonios y estudiaron todas las fuentes posibles.

En uno de los casos se encontraron restos no identificados en el Sinaí con un anillo de bodas. Tenía grabado el nombre de la esposa y la fecha del casamiento. Coincidía con una de las viudas. El Rab Obadiá dictaminó que eso bastaba para declararla viuda. Para 1976 no quedaba una sola agunah de esa guerra.

Algunos rabinos lo criticaron por ser demasiado permisivo. Él escribió que, en otros temas, entendía a los que buscan evitar toda duda. Pero cuando se trata de una agunah, él seguía el camino de los grandes rabinos del pasado: buscar con todos los recursos halájicos y prácticos posibles una solución para liberarla.

3. LOS JUDÍOS DE ETIOPÍA

Durante siglos, los Beta Israel vivieron aislados en las montañas de Etiopía, sin contacto con el resto del pueblo judío. Muchos dudaban de que fueran judíos. Los antropólogos tenían sus teorías.

En 1973, el Rab Obadiá, como Rabino Principal de Israel, dictaminó que son judíos. Se basó en dos grandes rabinos del siglo XVI: el Radbaz (Rab David ben Zimra, de Egipto) y su alumno el Maharikash. Ambos habían aceptado la tradición de los judíos etíopes, que se consideraban descendientes de la tribu de Dan. El Rab Obadiá escribió que, si estos dos pilares de la halajá los reconocieron, nuestra generación no tiene derecho a cuestionarlos.

¿Y los 500 años que pasaron desde entonces? El Rab Obadiá respondió que los judíos de Etiopía cuidaron su identidad con celo durante generaciones.

Esa decisión les abrió la puerta a la Ley del Retorno. Después vinieron la Operación Moisés (1984) y la Operación Salomón (1991). Hoy viven en Israel más de 100.000 judíos etíopes.

El Rab Obadiá los defendió también en la práctica. Cuando una escuela de Petaj Tikvá separó a los alumnos etíopes, dijo que el que no quisiera aceptarlos se levantara y se fuera él a su casa.

4. TRASPLANTES Y DONACIÓN DE ÓRGANOS

La medicina moderna planteó preguntas que la halajá nunca había enfrentado. El Rab Obadiá respondió tres de ellas.

Córneas. La primera pregunta llegó hace más de cincuenta años, del Rab Ben Tsión Abba Shaul: ¿se puede tomar la córnea de una persona fallecida para devolverle la vista a un ciego? Hay dos problemas: no se puede profanar un cuerpo, y está prohibido beneficiarse de un muerto. El Rab Obadiá escribió una respuesta larga. Explicó que la córnea es distinta de otros órganos: el beneficio que se obtiene de ella al trasplantarla en un cuerpo vivo no está prohibido por la Torá, sino solo por un decreto de los Sabios. Y dictaminó que uno puede dejar establecido donar sus córneas para devolver la vida a un ciego.

Riñones. En 1980 le preguntaron si una persona sana puede donar un riñón a un enfermo. Otros grandes rabinos dudaban: decían que el donante se ponía en peligro. Algunos lo prohibían. El Rab Obadiá consultó a médicos especialistas temerosos de Dios. Le dijeron que el riesgo es muy pequeño y que el 99% de los donantes vuelve a tener una vida completamente normal. Con esa información, dictaminó que donar un riñón para salvar al prójimo de una muerte segura es una mitzvá. Y terminó con una berajá: quien cumple esta mitzvá merece la máxima protección de HaShem.

Fue el primer gran posek en decirlo. Repitió esta posición en sus años de vejez. Su hijo, el Rab Yitsjak Yosef, la llama “una gran mitzvá”. Hoy, los judíos ortodoxos representan alrededor del 15% de los donantes altruistas de riñón en Estados Unidos.

Muerte cerebral. La tercera pregunta: ¿cuándo muere una persona? ¿Cuándo se detiene el corazón o cuándo muere el cerebro? De la respuesta depende si se puede donar un corazón, un hígado o un pulmón. El Rab Obadiá dictaminó que la muerte del cerebro, incluida la corteza cerebral, es muerte según la halajá. Con eso, abrió la puerta a los trasplantes de órganos vitales en el ámbito religioso. Esta valiente decisión ha salvado miles de vidas.

5. LA HALAJÁ AL ALCANCE DE TODOS

Su obra principal, Yabía Omer, es una colección de diez tomos de respuestas rabínicas. El primero salió en 1954 y contaba con la aprobación de los más grandes rabinos de Jerusalem de esa época: el Rab Tsví Pésaj Frank, el Rab Yitsjak Herzog, el Rab Shelomó Zalman Auerbach y el Rab Yosef Shalom Elyashiv. El Rab Obadiá escribía con una memoria prodigiosa: citaba de memoria miles de opiniones, de todas las épocas.

Pero su mayor talento fue llevar la halajá a la gente común. Tenía un programa semanal en la radio Kol Israel, donde respondía a las preguntas de los oyentes. De allí nació, en 1977, su serie Yejavé Daat: seis tomos de respuestas breves y claras. Sus clases de Motsaé Shabbat, a las cuales asistí durante 4 años, se transmitían a todo el mundo. Miles de personas iban a escucharlo. Su hijo, el Rab Yitsjak Yosef, empezó a reunir sus dictámenes en un libro práctico, el Yalqut Yosef, que hoy está en miles de hogares sefaradíes.

Su principio era muy simple y muy sefaradí: “Kojá deheterá adif”, el poder de permitir es mayor que el de prohibir. Si hay una forma legítima de autorizar algo en las leyes de kashrut, de taharat hamishpajá, de Pésaj o en las leyes civiles, y existe una fuente talmúdica o rabínica que lo sustente, hay que hacerlo. Hay que allanar, todo lo que se pueda, el camino para cumplir las mitsvot. Así, muchos judíos que se sentían lejos de la Torá pudieron volver a ella.

Rab Yosef Bitton




“DE MESA A LA MESA”, CHARLA DE SHABBAT Bereshit

Magen Ephraim Sephardic Academy

 

BERESHIT בְּרֵאשִׁית: En el principio

Hadlakat Nerot (encendido de velas): viernes 9 de octubre, 6:05 PM (Nueva York)

En Simjat Torá terminamos de leer toda la Torá, y enseguida empezamos de nuevo desde la primera palabra: Bereshit, “En el principio”.


1. Seis días y Shabbat שֵׁשֶׁת יְמֵי בְרֵאשִׁית

בְּרֵאשִׁ֖ית בָּרָ֣א אֱלֹ-הִ֑ים אֵ֥ת הַשָּׁמַ֖יִם וְאֵ֥ת הָאָֽרֶץ

“En el principio, Dios creó los cielos y la tierra”. (Bereshit 1:1)

Antes de que el mundo fuera creado, no había absolutamente nada. HaShem creó el mundo en seis días, ¡algo nuevo cada día! El séptimo día dejó de crear, bendijo ese día y lo hizo santo: Shabbat.

  • Día 1: La luz
  • Día 2: El cielo y el agua
  • Día 3: La tierra, los mares y las plantas
  • Día 4: El sol, la luna y los planetas
  • Día 5: Reptiles, aves y peces
  • Día 6: Los animales y Adam
  • Día 7: ¡Shabbat!

2. Kidush: Recordar la Creación זָכוֹר

זָכ֛וֹר אֶת־י֥וֹם הַשַּׁבָּ֖ת לְקַדְּשֽׁוֹ

“Recuerda el día de Shabbat, para santificarlo”. (Shemot 20:8)

Con el Kidush recordamos que HaShem creó el mundo. El viernes a la noche, el Kidush comienza con Vaijulú, ¡tres pesukim de nuestra Parashá! Cuando los decimos, les contamos a todos en la mesa: HaShem creó los cielos y la tierra.

  • Hacemos Kidush sobre una copa de vino o jugo de uva.
  • Cuando empieza Shabbat, no comemos ni bebemos antes del Kidush.
  • Cubrimos las jalot mientras decimos el Kidush.
  • Todos escuchan y responden Amén. ¡Así es como si cada uno hubiera dicho el Kidush!
  • Hacemos Kidush en la mesa donde vamos a comer la comida de Shabbat.

Parashat Bereshit en pocas palabras (capítulo por capítulo)

  1. La Creación: HaShem crea el mundo en seis días.
  2. Shabbat y Gan Edén: Adam les pone nombre a los animales. HaShem crea a Javá, la primera mujer.
  3. El árbol: Adam y Javá comen del árbol prohibido y salen de Gan Edén.
  4. Caín y Abel: La historia de los primeros hermanos.
  5. Diez generaciones: De Adam a Noaj.
  6. Noaj: La gente se porta mal, pero Noaj encuentra gracia a los ojos de HaShem.

3. Da lo mejor de ti תֵּיטִיב

הֲל֤וֹא אִם־תֵּיטִיב֙ שְׂאֵ֔ת

“Si mejoras [tu ofrenda], será aceptada”. (Bereshit 4:7)

Caín y Abel le trajeron cada uno una ofrenda a HaShem. Abel trajo lo mejor que tenía: los primogénitos de su rebaño (Bereshit 4:4). HaShem aceptó la ofrenda de Abel, pero no la de Caín, porque la ofrenda de Caín era lo que le sobraba de su comida. Caín se enojó mucho porque su ofrenda fue rechazada.

HaShem le dijo a Caín que no se diera por vencido, que aprendiera de su hermano y mejorara. Le aseguró que si mejoraba su ofrenda, sería aceptada. Pero en lugar de eso, por celos, Caín se peleó con su hermano y lo mató.

Debate de un minuto
“Fue justo que HaShem aceptara la ofrenda de Abel y no la de Caín”.

  • De acuerdo: Abel trajo lo mejor que tenía (Bereshit 4:4).
  • En desacuerdo: Caín también trajo algo (Bereshit 4:3).

30 segundos para cada lado, y después se cambia. Para terminar, todos juntos: ¿qué le dijo HaShem a Caín que hiciera? (4:7)


4. Recordamos: 7 de octubre נִזְכֹּר

Esta semana, el 7 de octubre, recordamos un día muy triste. Hace tres años, en Simjat Torá, los enemigos atacaron al pueblo de Israel. Soldados, policías y voluntarios valientes corrieron a proteger a las familias y a los niños.

Muchos de ellos cayeron defendiendo a Medinat Israel. Muchos otros fueron heridos. Algunos todavía se están recuperando, con la ayuda de médicos, enfermeros y sus familias. Recordamos a los que cayeron, y rezamos para que los heridos se curen.

מִנְּשָׁרִ֣ים קַ֔לּוּ מֵאֲרָי֖וֹת גָּבֵֽרוּ

“Eran más veloces que las águilas, más fuertes que los leones”. (Shemuel II 1:23)
El rey David dijo esto sobre los soldados valientes que cayeron defendiendo al pueblo de Israel.

רְפוּאָה שְׁלֵמָה: Una pronta y completa recuperación para los heridos
יְהִי זִכְרָם בָּרוּךְ: Que su memoria sea una bendición


3 preguntas para la mesa

  1. ¿Qué palabras de nuestra Parashá decimos en el Kidush del viernes a la noche?
  2. Abel dio lo mejor de sí. ¿En qué cosa vas a tratar de dar lo mejor de ti esta semana?
  3. ¿Quiénes son las personas que te protegen a ti? ¿Cómo les podemos dar las gracias?

SHABBAT SHALOM
Rab Yosef Bitton y Rab Adam Sabzevari