Yitro, los drusos y Medinat Israel

El primer ministro de Israel, Binyamín Netanyahu, pronunció hace un par de días un discurso significativo durante la graduación de nuevos oficiales del ejército israelí. Además de reafirmar los objetivos militares de Israel —entre ellos impedir que Hamás continúe operando como entidad militar o política en Gaza—, Netanyahu destacó otro compromiso menos conocido y particularmente dramático: Israel protegerá a las comunidades drusas del sur de Siria y garantizará que no sufran amenazas ni ataques por parte del régimen sirio u otros actores de la región.

Este gesto refleja la relación especial entre Israel y el pueblo druso, una alianza que se mantiene desde la fundación del Estado de Israel. En un Medio Oriente donde las lealtades suelen ser temporales o meramente estratégicas, los drusos han demostrado ser aliados incondicionales. Aproximadamente 150.000 drusos viven en Israel, principalmente en la Galilea y en los Altos del Golán. A diferencia de otras minorías, realizan el servicio militar de manera obligatoria y ocupan posiciones clave en las Fuerzas de Defensa de Israel, gracias a su conocimiento del idioma árabe y su comprensión de la cultura y la mentalidad de los países vecinos. Los soldados drusos luchan codo a codo junto a los judíos y han demostrado estar dispuestos a dar la vida por el país. Esta alianza se basa en valores compartidos y en una historia común que se remonta a miles de años.

¿Cuál es el secreto de esta relación tan especial entre los drusos y los judíos?

Los drusos, aunque hablan árabe, no se consideran musulmanes y su religión es distinta del islam. Su fe, conocida como al-Muwahhidun (“Los Monoteístas”), es de carácter esotérico, y sus enseñanzas están reservadas únicamente para los miembros religiosos de la comunidad. No aceptan conversiones —lo que hace que los matrimonios mixtos sean casi inexistentes— y mantienen sus creencias con gran devoción.

El secreto de la relación entre drusos y judíos es Yitró, el suegro de Moshé. Los drusos lo consideran su profeta y afirman ser descendientes directos de él. La tumba de Yitró, conocida como Nabi Shu’ayb, se encuentra en la Galilea, cerca de Tiberíades, y es el sitio religioso más importante para los drusos. Cada año, miles de miembros de esta comunidad visitan este santuario en una muestra de respeto y devoción. Desde la creación del Estado de Israel, la comunidad drusa ha sido reconocida como custodia oficial de este lugar sagrado.

La Torá relata que Yitró, líder espiritual del pueblo de Midián, se unió al pueblo de Israel durante su travesía por el desierto. No solo reconoció el poder de Dios y bendijo al Creador por la liberación de los israelitas de Egipto, sino que también brindó consejos cruciales para organizar la justicia y el liderazgo del pueblo. Dos o tres siglos después, una mujer descendiente de Yitró, Yael, desempeñó un papel clave en la historia de Israel al matar al general cananeo Siserá, consolidando así una victoria militar decisiva para el pueblo judío. Este episodio refleja cómo el compromiso de los descendientes de Yitró con la causa de Israel ha perdurado a lo largo del tiempo.

¿Una nueva alianza con los drusos del sur de Siria?

Actualmente, esta alianza parece estar a punto de dar un nuevo paso adelante. El compromiso de Netanyahu de proteger a las comunidades drusas en Siria es, en esencia, una extensión moderna de ese pacto milenario.

La mayor población drusa del mundo se encuentra en el sur de Siria. Cerca de un millón de drusos habitan en ciudades como Quneitra, Dar‘a o Suwaida, ubicadas cerca de la frontera con Israel, en los Altos del Golán. Las perspectivas a futuro son diversas, y considero que todas son prometedoras. Una de las posibilidades es que los drusos —quizás junto con los kurdos— logren establecer su propio Estado o, al menos, una zona autónoma con su propia fuerza militar, que ya está activa, y que cuente con el apoyo de Israel.

Si este escenario llegara a concretarse, sería altamente beneficioso para los drusos, que por fin tendrían su propio Estado con el beneplácito de Israel. Y también sería extraordinario para Israel, ya que se crearía una “zona de seguridad” que protegería al Estado judío de ataques potenciales desde esas regiones. Israelíes y drusos comparten intereses comunes en la lucha contra los grupos extremistas sunitas de Siria e Irak.

Y hay más en el horizonte. El periodista de Abu Ali Express informó recientemente sobre un nuevo proyecto piloto de cooperación. Como es sabido, los palestinos de Judea y Samaria suelen ocupar trabajos de baja remuneración en Israel, lo cual, aunque es necesario para la economía israelí, también plantea desafíos de seguridad, como el reciente y frustrado atentado con bombas en autobuses que, B”H, no prosperó. El nuevo plan consiste en que, de manera progresiva, los drusos del sur de Siria reciban permisos de trabajo en Israel y reemplacen a trabajadores palestinos en sectores como la construcción y otros rubros similares. Estos trabajadores recibirían un salario de aproximadamente 100 dólares diarios, una cifra exorbitante si se considera que los sueldos en esa zona suelen ser inferiores a 100 dólares mensuales.

Un tuit publicado ayer señala que este plan piloto ya es un hecho consumado.

Ver aquí:
https://x.com/MiraMedusa/status/1894485167764295956

Tres mil quinientos años después de aquel primer encuentro en el desierto del Sinaí, los descendientes de Yitró y de Moshé Rabenu vuelven a aliarse, esta vez con el objetivo de construir un Medio Oriente más estable y próspero.




PURIM: Vashti y las redes sociales

EL MIDRASH COMO HERRAMIENTA EDUCATIVA

Los Midrashim y las Aggadot —interpretaciones rabínicas de los textos bíblicos— abarcan una amplia variedad de géneros literarios. Algunos son relatos ficticios, otros poéticos, y otros describen hechos basados en la realidad. En ese sentido, se parecen a la literatura o al cine: hay historias de ficción y hay documentales.

Dado que los Midrashim no siempre buscan transmitir una narración histórica literal, permiten naturalmente múltiples interpretaciones. Todas ellas pueden ser válidas, siempre que transmitan un mensaje moral o educativo significativo.

Veamos un ejemplo muy conocido relacionado con Purim.


DOS VERSIONES DE VASHTI

La Meguilá nos cuenta que, cuando el rey Ajashverosh celebró su segundo banquete —que duró siete días—, Vashti, su esposa y reina, organizó un banquete separado para las mujeres. En cierto momento, el rey, bajo los efectos del vino, mandó llamar a Vashti y le exigió que “mostrara su belleza” ante los hombres presentes: dignatarios y pueblo. Vashti se negó.

Enfurecido por su negativa, Ajashverosh consultó a sus consejeros, quienes le recomendaron destituirla por haberlo deshonrado. Tiempo después, Ajashverosh eligió a Ester como reina en lugar de Vashti.

El texto bíblico no explica por qué Vashti se negó a cumplir la orden del rey, dejando espacio para distintas interpretaciones. Como suele ocurrir, surgieron más de una.

Los sabios de Babilonia presentan a Vashti como una mujer inmoral. Según ellos, se negó a aparecer solo porque, de repente, fue afectada por un defecto físico —como lepra o incluso una cola (Meguilá 12b). Según esta visión, Vashti no habría tenido problema en exhibirse de forma indecente, pero la Providencia Divina intervino para impedir su aparición y permitir que Ester llegara a ser reina y salvara al pueblo judío.

En cambio, los sabios de la Tierra de Israel ofrecen una visión mucho más positiva de Vashti. Enseñan que Ajashverosh había sido mayordomo de Belsasar y ascendió al trono al casarse con Vashti, hija de ese famoso emperador babilonio (Midrash Ester Rabá 3:14). Desde esta perspectiva, Vashti —de linaje real— se negó porque era una mujer digna y recatada, que no estaba dispuesta a exhibirse en público.


¿QUÉ MENSAJE ESTAMOS ENSEÑANDO A NUESTRAS HIJAS?

¿Cuál de estas dos interpretaciones deberíamos enseñar a nuestros hijos en la escuela? ¿Cuál tendrá un impacto más positivo en el carácter de nuestras hijas y las guiará de una manera más sana?

Creo que, en muchas escuelas judías —ya sea por omisión o por falta de conciencia—, se enseña casi exclusivamente la versión babilónica. La imagen de Vashti cubierta de defectos se ha convertido, lamentablemente, en uno de los motivos más comunes del arte infantil de Purim.

Esto plantea una pregunta importante: ¿este Midrash, que presenta a Vashti como indecente, transmite también un mensaje subliminal que puede ser dañino para nuestras niñas?

A nivel inconsciente, algunas niñas pueden absorber el siguiente mensaje:
“Si te invitan a una fiesta y tu cabello no está perfecto, tienes granos, no eres muy delgada o no te pareces a las ‘chicas ideales’, aprende de Vashti y no vayas. Y si vas, siéntete avergonzada”.

¿Estamos, sin querer, fomentando un mensaje tan negativo en nuestras hijas?

El psicólogo social Jonathan Haidt explica que la exposición constante a imágenes en redes sociales lleva a que las niñas preadolescentes se comparen continuamente con ideales de belleza irreales. Esta comparación daña su autoestima, haciéndolas sentir que no son lo suficientemente lindas o delgadas. Como resultado, muchas desarrollan inseguridad y ansiedad, y en lugar de valorarse por quienes son —o por lo que hacen—, aprenden erróneamente a valorarse solo por su apariencia (The Anxious Generation).

Por esta razón, propongo volver a enseñar la perspectiva de los sabios de la Tierra de Israel sobre Vashti, con un objetivo educativo renovado: resaltar la modestia, la dignidad y la forma apropiada de vestir, sin hacer que las niñas se sientan aún más inseguras respecto a su aspecto.

El mensaje puede expresarse así:
“Si una reina no judía como Vashti fue cuidadosa de no exhibirse en público, ¡cuánto más debemos serlo nosotras —las niñas que pertenecemos a Am Israel—!”


APRENDER DE LA REALEZA

Hace poco, mi esposa dirigió una actividad con niñas de Bat Mitzvá —algunas de familias no particularmente observantes— y les habló en un lenguaje claro y accesible para todas. Les explicó cómo se viste la princesa de Inglaterra: con elegancia, pero con modestia, siguiendo el protocolo de la verdadera realeza.

La verdadera realeza no se viste de manera provocativa —no por imperfecciones físicas—, sino porque la nobleza exige dignidad.

Algunos protocolos comúnmente citados de la realeza británica incluyen:

  • Vestidos elegantes que llegan a la rodilla o un poco más abajo.

  • Uso frecuente de sombreros en eventos formales.

  • Mangas largas o de tres cuartos.

  • Colores sobrios, no excesivamente llamativos.




YITRO: Moshé Rabenu y por qué hay que escuchar a los suegros

LOS SUEGROS LLEGAN DE VISITA

Yitró, el suegro de Moshé, llega al campamento israelita junto con su hija Tziporá —la esposa de Moshé— y sus dos nietos, Guershom y Eliezer. El reencuentro fue muy emotivo.
Moshé le contó a Yitró con lujo de detalles todo lo ocurrido en Egipto: la historia de las diez plagas, las interminables negociaciones con el Faraón, la apertura del mar y cómo Dios los salvó de la esclavitud.

Al día siguiente, dice la Torá, Moshé volvió a sus deberes como el líder indiscutido y más respetado del pueblo. Actuaba como mediador y árbitro, juzgando los conflictos entre la gente y evitando disputas innecesarias. Se ocupaba de esta tarea personalmente, desde la mañana hasta la noche.

Al ver esto, y lejos de elogiarlo, su suegro lo criticó:
“¡Lo que estás haciendo está mal! Este trabajo es demasiado pesado para ti. No podrás hacerlo solo”.

Yitró no se limitó a criticar a Moshé. También le dio un consejo muy concreto:
“Tienes que delegar tu poder y nombrar jueces: uno por cada diez personas, otro por cada cincuenta, otro por cada cien y otro por cada mil. Tú te ocuparás solo de los asuntos que nadie más pueda resolver”.


MOSHÉ VS. BIL‘AM

Antes de analizar la reacción de Moshé ante las críticas de Yitró, recordemos algunos hechos importantes:

  1. Moshé tenía más de 80 años. A esa edad, una persona como él tenía suficiente experiencia como para dar consejos, no para recibir críticas.

  2. Moshé era el líder de tres millones de personas. Yitró, por otro lado, no era un líder político. Había sido sacerdote en Midián, un pueblo mucho más pequeño.

  3. Moshé era el hombre del momento. El ser humano más famoso del mundo. Todas las naciones habían oído hablar de él. Probablemente era incluso más admirado entre los no judíos que entre los judíos. ¿Por qué? Porque los judíos sabían que los milagros los había hecho Dios, mientras que los gentiles podían pensar que todo se debía a los “superpoderes” de Moshé.

  4. La razón principal por la cual Moshé no necesitaba escuchar ningún consejo era que él hablaba directamente con Dios. Tenía un contacto directo con Él que ningún otro profeta en la historia había tenido.

Moshé tenía todas las razones del mundo para rechazar el consejo de Yitró y decir:
“Querido suegro, aprecio tu preocupación, pero por favor no te metas en lo que no te concierne”.

Incluso podría haber reaccionado con la arrogancia típica de Bil‘am:
“¡Dios me habla directamente! Soy Su elegido, Su portavoz. Gracias por tu preocupación, pero no necesito ningún consejo humano”.


PIRQUÉ ABOT Y LOS REFRANES CHINOS

Sin embargo, en una increíble demostración de nobleza, Moshé escuchó el consejo de su suegro, dejó de hacer lo que estaba haciendo y llevó a cabo su recomendación.

Esto explica por qué la Torá llama a Moshé
“el hombre más humilde sobre la faz de la tierra”.
Porque, a pesar de ser tan sabio, famoso y cercano a Dios, tenía la humildad de escuchar a los demás y poner en práctica sus consejos.

Cuando una persona se acerca verdaderamente a Dios, comprende mejor su propia finitud, sus límites y su pequeñez. Y entonces puede escuchar a los demás.  Como dicen los chinos: “El bambú, cuanto más alto crece, más se dobla”

Moshé representa al verdadero jajam del que hablan nuestros sabios:
“¿Quién es sabio? Aquel que aprende de todos” (Pirqué Abot).

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LA HUMILDAD EN 2026

La humildad es una cualidad rara y valiosa en el mundo moderno, donde muchas personas buscan afirmar su prestigio y conocimiento precisamente rechazando las ideas y opiniones de los demás.

Paradójicamente, ignoramos buenos consejos porque sentimos que aceptarlos equivale a admitir inferioridad. Según la psicóloga Francesca Gino, de Harvard, muchas personas rechazan recomendaciones útiles porque “quieren sentirse en control y demostrar competencia”.

Ella escribe:

We are swimming in a sea of good advice. Yet we often refuse to take it, and end up drowning. Why?
Despite evidence from hundreds of studies over the past two decades showing that our decisions greatly benefit from another pair of eyes, we routinely sabotage ourselves by refusing to take advice.

La pregunta es: ¿por qué?

Según Gino,
“Estamos permanentemente tratando de causar una buena impresión y demostrar que somos personas competentes y conocedoras. Tomar consejo se siente como admitir que no merecemos nuestro alto estatus”.

Cuanto más sufre una persona de baja autoestima, más arrogantemente suele reaccionar frente a los consejos y más tiende a rechazar la ayuda de los demás. El ego «inseguro» quiere desesperadamente ocultar cualquier señal de dependencia, incluso al precio de sabotear su propio interés.




YITRO: ¿La primera conversión al judaísmo?

וַיְשַׁלַּח מֹשֶׁה אֶת חֹתְנוֹ וַיֵּלֶךְ לוֹ אֶל אַרְצוֹ
Éxodo 18:27

LA VISITA DE LOS SUEGROS

Moshé recibe la visita de su suegro, Yitró, quien llega acompañado de Tziporá, la esposa de Moshé, y de sus dos hijos: Gershom y Eliezer.

Yitró no llegó al campamento de Israel solamente para devolver a su hija y a sus nietos a su esposo y padre. Llegó lleno de entusiasmo. Había escuchado —se había enterado— de todo lo que HaShem había hecho por el pueblo de Israel: cómo los rescató de Egipto y cómo derrotó al Faraón, el hombre más poderoso del mundo en aquel entonces.

Yitró se alegra por el pueblo judío y bendice a HaShem, proclamando que ahora reconoce que el Dios de Israel “es superior a todos los dioses”. Yitró conocía otros dioses, ya que —como la Torá misma lo indica— había sido sacerdote pagano en el pueblo de Midián.
Según la opinión de los Sabios, el vínculo de Yitró con el Dios de Israel no se limita a sus declaraciones: Yitró se convierte al judaísmo.

YITRÓ SE ESTABLECE EN YERIJÓ

Los Sabios afirman que cuando la Torá dice que Yitró deja al pueblo judío y vuelve a “su tierra”, en realidad se establece en la ciudad de Yerijó, conocida también como la ciudad de las palmeras (עיר התמרים).

Así, en el libro de Shofetim, capítulo 1, versículo 16, encontramos una referencia directa a los descendientes de Yitró:

וּבְנֵ֣י קֵינִי֩ חֹתֵ֨ן מֹשֶׁ֜ה עָל֨וּ מֵעִ֤יר הַתְּמָרִים֙ אֶת־בְּנֵ֣י יְהוּדָ֔ה מִדְבַּ֣ר יְהוּדָ֔ה אֲשֶׁ֖ר בְּנֶ֣גֶב עֲרָ֑ד וַיֵּ֖לֶךְ וַיֵּ֥שֶׁב אֶת־הָעָֽם׃

“Y los descendientes del Kenita, suegro de Moshé, subieron desde la ciudad de las palmeras [Yerijó] junto a los hijos de Yehudá… y se establecieron entre ellos”.

¿FUE YITRÓ EL PRIMER CONVERSO?

Que Yitró haya sido el primer converso del pueblo judío es la opinión de prácticamente todos los Sabios, con una notable excepción: Ribbí Yehoshua.

Esta opinión es difícil de rastrear en una fuente directa, pero es citada por Rabí Jayim ben Attar en su comentario Or HaJayim. Allí, comentando Bamidbar 10:30, menciona que, según Ribbí Yehoshua, Yitró no se convirtió: tras visitar el campamento de Israel, regresó a su tierra y continuó viviendo una vida no judía.

Es posible que, con el paso del tiempo, los Kenitas, descendientes de Yitró y aliados del pueblo judío (como Yael), se hayan integrado a los habitantes de Yehudá y finalmente se hayan convertido, de manera similar a lo ocurrido con los edomitas.

SI YITRÓ NO SE CONVIRTIÓ…

Sigamos esta opinión —que también parece la más razonable de acuerdo con el Peshat, la lectura literal del texto— y veamos qué enseñanza nueva podemos extraer.

Es importante notar que Yitró:

  • Se alegra por todo lo que Dios hizo por Israel

  • Bendice a Dios

  • Reconoce al Dios de Israel

  • Y, acto seguido, ofrece un sacrificio a Dios como agradecimiento por todo lo ocurrido desde la salida de Egipto

Aunque resulte un poco incómodo reconocerlo, Yitró hizo varias cosas que el propio pueblo judío aún no había hecho, como ofrecer un sacrificio de agradecimiento después de la salida de Egipto.

¿Nos estará indicando la Torá que, a veces, el no judío puede ser más sensible que nosotros mismos para reconocer todo lo que Dios hace por Israel, mientras que a nosotros —paradójicamente— muchas veces nos cuesta tanto reconocerlo?

Yitró, si no se convirtió, puedo haber sido el primer no-judío en alabar admirar a Israel, pero no fue el último.

YITRÓ VS. AMALEQ

Aunque este tema podría desarrollarse mucho más, quiero concluir con otro punto muy importante sobre la visión de la Torá respecto de los no judíos.

La Parashá de esta semana comienza con la visita de Yitró, y con su entusiasmo y admiración hacia HaShem y Su pueblo. Sin embargo, vale la pena notar que inmediatamente antes de que Yitró entre en escena, la Torá nos presenta a otro personaje no judío: Amaleq.

Amaleq siente un odio visceral hacia Israel: una enemistad existencial, irracional y sin motivo contra el pueblo judío. Pero no se trata solo de sentimientos negativos. Amaleq expresa ese odio a través de los hechos: ataca a Israel con una determinación obsesiva, buscando hacer desaparecer al pueblo judío o, al menos, causarle el mayor daño posible.

Si aceptamos la opinión de que Yitró no se convirtió, podríamos inferir que Amaleq y Yitró, colocados uno junto al otro por la Torá, representan dos actitudes opuestas de los gentiles hacia el pueblo judío.

En aquel entonces —e, increíblemente, también en el presente— existen gentiles que, como Amaleq, sienten un odio irracional hacia Israel y siguen hoy tan “activos” como en el pasado. Pero también existen no judíos que son como Yitró (¡y no son pocos!): personas que aman y admiran a Israel, al pueblo judío, al Estado de Israel y a su Dios.

No hay mucho nuevo bajo el sol…




RESUMEN DE PARASHAT YITRO

EL CONSEJO DE YITRÓ

El suegro de Moshé, Yitró, se entera de todos los milagros que Dios realizó por los judíos en Egipto y llega desde Madián al campamento israelita en el desierto, trayendo consigo a la esposa de Moshé y a sus dos hijos. Moshé lo recibe y le cuenta más detalles sobre todo lo que Dios hizo por ellos. Yitró alaba a Dios por todos los milagros y ofrece sacrificios en agradecimiento.

Yitró ve que Moshé está actuando solo al juzgar al pueblo y mediar en todas sus disputas. Sugiere que esta carga tan pesada sobre los hombros de Moshé eventualmente lo desgastará. Yitró recomienda establecer un sistema de jueces, para lo cual es necesario seleccionar hombres sabios y justos. Moshé debe delegarles sus responsabilidades, mientras que él solo juzgaría los casos más difíciles. Esto también le permitirá a Moshé dedicar más tiempo a enseñar Torá a su pueblo. Moshé acepta la sugerencia de su suegro y establece el sistema judicial. Yitró regresa a su tierra natal.

LA PROPUESTA

Seis semanas después de salir de Egipto, el primer día del mes de Siván, los hebreos llegan al desierto y acampan al pie del monte Sinaí. Moshé sube a la montaña, donde Dios le dice que propone el establecimiento de un pacto o alianza entre Él e Israel: Dios, por su parte, elegirá a los israelitas como su pueblo protegido, y los judíos, por su parte, tendrán que convertirse en un reino de sacerdotes y una nación santa consagrada a Dios. Moshé transmite la propuesta de Dios al pueblo y los judíos aceptan celebrar este pacto eterno con HaShem. Dios le dice a Moshé que los hebreos deben prepararse para el evento. Tienen que purificarse y santificarse durante tres días. En la mañana del tercer día de Siván (o sexto, según algunas cuentas), se escuchan truenos y relámpagos, y el sonido penetrante de un shofar proveniente de la cima de la montaña. El monte Sinaí está cubierto por una densa nube, hay humo y fuego (o luz), y el sonido del shofar se hace cada vez más fuerte. Moshé guía a la gente hacia la montaña y asciende. Dios le advierte a Moshé que nadie debe subir o acercarse durante este evento, excepto Moshé y su hermano Aharon.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Dios revela los Diez Mandamientos a todo el pueblo de Israel:

  1. Aceptar a Dios como la autoridad suprema.
  2. No creer en dioses paganos ni adorar ídolos o imágenes.
  3. No usar el nombre de Dios en vano.
  4. Observar el Shabat.
  5. Honrar a los padres.
  6. No matar.
  7. No cometer adulterio.
  8. No robar.
  9. No prestar falso testimonio.
  10. No codiciar la propiedad ajena.

EL PUEBLO SOLICITA LA INTERMEDIACIÓN DE MOSHÉ

Los israelitas están abrumados por el encuentro cercano con la «voz» de Dios. «Ven los sonidos» y se sienten a punto de colapsar o morir a causa de este evento sobrenatural que están presenciando. Le ruegan a Moshé que sirva de intermediario entre ellos y Dios. Moshé los calma y acepta ser el portavoz de Dios (los rabinos explican que esto ocurrió entre el segundo y el tercer mandamiento. Por eso, el primero y el segundo mandamiento se expresan en primera persona, pero el resto de los mandamientos en tercera persona).

SIN IMÁGENES

La parashá concluye con la advertencia de Dios al pueblo sobre la realización de imágenes o representaciones visuales de Dios, recordándole a la gente que cuando Dios se reveló, escucharon su voz, pero no vieron ninguna imagen. Esta exhortación concluye con el mandato de erigir un altar de sacrificios hecho de piedras, especificando que no se deben usar instrumentos de metal en su construcción y no se deben construir escalones en la rampa que lleva hacia el altar.




YITRO: ¿Por qué el pueblo de Israel mereció recibir la Torá?

LA HUMILDAD DE MOISES
En su libro «Las excelencias de los hebreos» el Rab Isaac Cardoso (1603-1683) describió todos los atributos del pueblo de Israel y lo que les dio el mérito de transformarse en el pueblo elegido.
En la Perashá de esta semana, Yitró, encontramos un Pasuq EXTRAORDINARIO que cuando lo leemos con atención nos ayuda a descubrir una de las maravillosas cualidades de nuestro pueblo, que contribuyó al mérito de recibir la Torá.
וישב משה לשפט את העם ויעמד העם על משה מן הבקר עד הערב
«Y Moshé se sentaba a juzgar al pueblo; y el pueblo esperaba [para ver] a Moshé desde la mañana hasta la noche» (Shemot 18:13)
Este pasuq, aparentemente, sólo se refiere a Moshé y a su increíble humildad. Moshé actúa como arbitro o mediador de litigios desde la mañana hasta la noche. Luego llega Yitró y le dice a Moshé que no está actuando bien, y que debe delegar y asignar otros jueces y cortes menores. Moshé acepta el consejo de su suegro y así procede. Lo extraordinario de este gesto es que Moshé podría haberle dicho a su suegro: «Yo no preciso su consejo. ¿No sabe Usted que YO HABLO DIRECTAMENTE CON DIOS?» o algo así. Este pasuq nos demuestra por qué Moshé fue llamado por la Torá «él hombre más humilde que había sobre la faz de la tierra», lo cual sólo se puede decir de alguien que actúa con la máxima humildad, teniendo todas las razones para sentirse «superior» a los demás…
NI LEY NI ORDEN
Pero si bien este pasuq se refiere explícitamente a Moshé, si nos ponemos a examinarlo un poco más detenidamente descubriremos algo maravilloso.
En la historia de la humanidad hubo muchos motines de esclavos que se rebelaron contra sus dueños y escaparon hacia la libertad. En los tiempos del imperio romano (70 aec), por ejemplo, el gran gladiador Espartaco encabezó la rebelión que permitió a unos 70.000 esclavos liberarse de Roma. Pero una vez que fueron libres, los esclavos –entre ellos mismos– se comportaron con anarquía. La rebelión de Espartaco fracasó porque no había una disciplina interna. Todo era caos y lo que imperaba la ley de la selva. Sin disciplina y sin orden, la rebelión fracasó.
LA CIVILIZACION JUDIA
Veamos ahora nuevamente qué dice nuestro pasuq. Hace sólo unos días atrás, los esclavos hebreos obtuvieron a su libertad. No estamos hablando de 100, 1.000 o 70.000 personas. Contando a las mujeres, los ancianos y niños, se calcula que eran por lo menos 3 millones de individuos. «Caos» y «anarquía» era lo previsible. Sin embargo, los individuos del pueblo de Israel decidieron resolver sus pleitos y conflictos sin recurrir a la violencia sino de una manera increíblemente civilizada: ¡acudiendo a Moshé Rabbenu para pedir su mediación! Imaginemos a dos esclavos físicamente fuertes, acostumbrados a la violencia de la esclavitud y a recibir golpes. Ahora tienen un problema: «¡Esta gallina es mía!», dice uno. «¡No! ¡Es mía!», dice el otro. ¡Normalmente en una sociedad sin ley y orden, este conflicto se resuelve con una pelea y la gallina queda en las manos del más fuerte! Increíblemente, espontáneamente y sin instrucción Divina (¡no hay ningún reporte de una orden de HaShem respecto a cómo debía resolver el pueblo sus conflictos internos), estos esclavos deciden solucionar sus disputas de otra manera: esperando desde temprano a la mañana pacientemente en una larga fila para que Moshé medie en sus conflictos.
EL PASUQ MAS SUBESTIMADO
¡Este puede ser el versículo más relevante de la Torá en cuanto a las excepcionales virtudes del pueblo de Israel!!!
Y a mí me deja pensando: Hasta el momento, la Torá mencionó que HaShem iba a liberar a Israel de Egipto, tomarlo como su pueblo y que los iba a llevar a la tierra de Israel. ¡Pero la Torá nunca mencionó que HaShem les iba a dar una Ley! ¿Estará insinuando este pasuq que fue Israel quien dio el primer paso para merecer el más extraordinario código de leyes, la Torá, la ley que viene directamente de HaShem?
Para pensarlo …



PARASHAT YITRO: El Tercer Mandamiento

לא תישא


«No tomarás (=invocarás) el nombre de HaShem tu Dios en vano; porque no  será exculpado por HaShem el que invoque Su nombre en vano.»

Esta semana leemos nuevamente los Diez Mandamientos. En esta ocasión quisiera escribir sobre el tercer mandamiento, quizás el menos conocido de todos. Primero expondremos la explicación tradicional de este mandamiento y luego, basándonos en un articulo del Rab ‘Amar, veremos el tercer mandamiento desde una perspectiva menos conocida.

1. En la tradición judía, el tercero de los diez mandamientos «LO TISA» se refiere a la prohibición de jurar en el nombre de D-s en falso o innecesariamente (shebu’at shav). La tradición judía entiende la palabra «TISA» en este contexto como «no invocarás» el nombre de D-s en vano (en otros contextos la palabra TISA o NOSE se traduce como: cargar, llevar, tomar, y hasta perdonar). De acuerdo a Maimónides, la prohibición de invocar el nombre de HaShem se extiende también a recitar una bendición en vano. ¿Por qué? Porque una shebu’a, un juramento, es básicamente una declaración, la afirmación de una creencia o un hecho. Una bendición también es una declaración. Afirmamos una idea o una creencia acerca de D-s, pronunciando Su nombre. Por ejemplo, cuando digo la bendición «boré ferí ha’ets», no estoy diciendo «Gracias a D-s por esta fruta», literalmente estoy diciendo: «Bendito eres Tú, Eterno, nuestro D-s, Rey del universo, (que Tu eres el) Creador del fruto del árbol «. En otras palabras, estoy afirmando y reconociendo que  HaShem es el creador de este fruto. Por lo tanto, si pronuncio ésta u otra declaración similar innecesariamente, «invocando el nombre de D-s en vano»,  estaría transgrediendo el tercer mandamiento, . Este es el origen del principio halájico: «safeq berakhot lehaqel», en una situación en la que no estoy seguro si debo o no debo decir una berajá debo abstenerme, para no arriesgar a pronunciar una berajá innecesariamente (lebatala) y transgredir el tercer mandamiento «LO TISA».

2. El rabino Shelomo ‘Amar, hoy en día Gran rabino de Jerusalem, explica que este mandamiento se extiende también a un área diferente y muy sensible. El Rab ‘Amar analiza la prohibición de la LO TISA como la advertencia de no «invocar» el nombre de D-s en vano o falsamente, simulando religiosidad o piedad. El Rabino ‘Amar denuncia la lamentable práctica de la persona que se hace pasar como un judío piadoso, y por ejemplo, adopta restricciones adicionales en público, eleva exageradamente su voz o realiza movimientos excéntricos mientras reza, etc., y todo eso con la intención de causar una impresión falsa ante la gente, haciéndoles creer que él es un judío piadoso, con el fin de obtener un beneficio de los que lo ven.  Este comportamiento es ilustrativo de «invocar el nombre de D-s en vano». Simular que uno hace algo con D-s en su mente, cuando en realidad lo está haciendo por su propio interés.  El Rabino ‘Amar explica que, contrariamente a aquellos que demuestran una piedad religiosa extrema en público para impresionar a los demás, un judío piadoso verdadero se conduce en público con extrema humildad , y reserva su piedad para los momentos que está privadamente frente a su Creador.  Un Yehudí observante «invoca», lleva el nombre de haShem sobre él permanentemente. Y como tal, debe ser un ejemplo de buena conducta y humildad.

Para leer el artículo completo del Rab ‘Amar (en hebreo) ver aquí

TRADUCCION DEL ARTICULO DEL RAB AMAR

No cargarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano

“No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano, porque Hashem no absolverá a quien cargue Su Nombre en vano.”
(Éxodo 20:7)

Nuestro maestro, el Or HaJaím HaKadosh, explicó que este mandamiento también alude a que una persona no debe “llevar sobre sí” el Nombre de Hashem —es decir, presentarse ante los demás como judío, como servidor de Dios— cuando en su corazón no piensa ni vive de ese modo. A esto se refiere la expresión “en vano”. Es una advertencia contra engañar a otras personas pretendiendo: “Yo soy uno de Sus siervos”, cuando en realidad no lo es. Dentro de esta advertencia también se incluye no mostrarse como más justo de lo que uno realmente es.

Y, lamentablemente, en nuestros días este fenómeno es muy frecuente: personas que se hacen pasar por justos y se comportan con una apariencia de piedad para engañar a la gente, de modo que las personas ingenuamente los consideren grandes tzadikim y hacedores de milagros, y los honren como si fueran santos de la tierra.
Cuando están frente al público, alargan sus oraciones con falsedad, se balancean con movimientos extraños, cierran los ojos con fuerza, agitan sus brazos hacia arriba y hacia abajo, caminan de un lado a otro, y cuando sienten que no han captado suficiente atención, emiten gemidos y suspiros, ponen rostros sombríos, como si hubieran perdido la razón o como quien ha naufragado en el mar. En otras ocasiones muestran señales de alegría exagerada.
Con esa conducta exótica atraen a nuestros hermanos —los hijos de Israel— para que los acepten y los apoyen económicamente, convirtiendo este comportamiento en una profesión que genera dinero y prestigio.

Y como en nuestra época abundan personas con problemas, con angustia en el corazón y lágrimas en los ojos, en su sufrimiento acuden —por desesperación— a adivinos y embusteros. Estos salen a su encuentro con entusiasmo para aprovecharse de sus dificultades y desgracias. A veces los asustan y los llevan a pensar en la muerte para atraparlos con mayor facilidad y quitarles incluso lo que no tienen; otras veces les prometen, con supuesta generosidad, salvaciones milagrosas o curaciones, les revelan el futuro y les descifran misterios con una facilidad que ni siquiera vimos entre los profetas.
“Su diestra es diestra de mentira”.

No hay verdadero temor de Hashem en ellos; su corazón es de piedra. No tienen compasión por pobres ni necesitados. Solo están interesados en aumentar su riqueza y fortalecer su fama como “adivinos”. Muchas veces estos impostores han llegado ante nosotros al tribunal rabínico acusados de diversos delitos, pues después de hundirse en la búsqueda de honor y dinero sin límite, cayeron también en deseos prohibidos que el Dios de Israel detesta, y continúan descendiendo moralmente de mal en peor hasta su perdición total.

La raíz de todo su mal es “llevar el Nombre de Hashem en vano”, al presentarse falsamente como justos y piadosos, tal como explicó nuestro santo maestro, el Or HaJaím, en este versículo.

Además, en esta prohibición se incluye otro tipo de personas: aquellas que son estrictas solo en las cosas que impresionan a la gente, para que los consideren grandes observantes. Aunque no roban ni engañan con dinero, ni prometen milagros, ni esa sea su finalidad principal, su placer está en la imagen que construyen para sí mismos, para que los vean como personas de alto nivel espiritual.
También esto entra dentro de “No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano”, pues si no es verdad, es falsedad y engaño, como explicó el Or HaJaím.

Hace muchos años expliqué, en este contexto, un pasaje del Talmud (Julín 105a) sobre comer lácteos después de carne. Mor Ukvá dijo:
“En este asunto, yo soy vinagre hijo de vino: mi padre, cuando comía carne, no comía lácteos hasta el día siguiente; yo, en cambio, solo espero de una comida a la siguiente”.
Y también Shmuel dijo algo similar respecto a su padre.

Me pregunté: ¿por qué estos gigantes espirituales se llaman a sí mismos “vinagre hijo de vino” con pesar, en vez de seguir la práctica estricta de sus padres, especialmente en algo tan sencillo como esperar hasta el día siguiente para comer lácteos? Expliqué, con ayuda del Cielo, que estos santos supremos servían a Hashem con absoluta verdad. La falsedad no tenía lugar ante sus ojos puros. No adoptaban ninguna severidad sin examinarse profundamente a sí mismos para ver si realmente habían alcanzado ese nivel espiritual, de modo que su servicio a Dios no se apoyara en una base falsa.
Y al verse a sí mismos, en comparación con sus padres, como “vinagre frente al vino”, no se permitieron adoptar esa severidad. No es que se llamaran así porque no fueron estrictos; al contrario: precisamente porque se conocían a sí mismos, no fueron estrictos.

Las palabras del Or HaJaím se apoyan en montañas de santidad. En la Pesiqtá Rabatí se enseña que quien acepta un cargo o un rol en el mundo de la Torá y no lo cumple adecuadamente con su trabajo, transgrede “No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano”.

Y así dijeron nuestros Sabios en la Pesiqtá Rabatí (parashá 22):

“No llevarás”. Dijo Rabí Zeirá: si se tratara solo de un juramento falso, ya está escrito: ‘No juraréis en Mi Nombre falsamente’. Entonces, ¿qué nos enseña ‘No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano’? Que no aceptes autoridad rabínica o relacionada con la Torá si no eres digno de ella”.

Otra explicación de “No llevarás Mi Nombre en vano”:
Dijo Rabí Bibí: si el versículo hablara únicamente de un juramento en vano, ya estaría dicho: “No juraréis por Mi Nombre en falso” (Levítico 19:12). Entonces, ¿qué nos enseña “No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano”? Que una persona no lleve tefilín ni se envuelva en un talit mientras anda cometiendo transgresiones.

Dijo Rabí Yanai: los tefilín requieren un cuerpo limpio. ¿Por qué los hijos de Israel no se aferraron firmemente a esta práctica? A causa de los engañadores.

Ocurrió una vez que un hombre viajaba de noche por los caminos llevando consigo su dinero. Al llegar a la sinagoga encontró a un hombre rezando, con tefilín en la cabeza. Dijo para sí: “No tengo a quién confiar este dinero sino a este hombre, que parece rico en mitzvot”. Tomó su dinero y se lo confió.
Al terminar el Shabat, volvió para reclamar su depósito, pero el hombre lo negó. El viajero le dijo: “No confié en ti, sino en ese Nombre santo que estaba sobre tu cabeza”. Entonces se envolvió en su talit, se puso a rezar en ese mismo lugar y dijo ante Hashem:
“Dueño del mundo, no confié en él, sino en Tu Nombre santo que estaba sobre su cabeza, en el lugar donde se reza”.

Y recuerdo un hecho de hace muchos años, cuando fundamos la gran yeshivá de Torá y halajá en Tel Aviv–Yafo, bajo la dirección del justo Rabí Aharón Sharim ztz”l. Había un docente, gran erudito y temeroso de Dios, que llegaba tarde a los horarios. El Rosh Yeshivá era muy estricto con esto.
Un día consultamos al gran Rabí Elazar Menajem Man Shaj ztz”l, quien se emocionó profundamente, fue él mismo a la biblioteca y mostró que en la Pesiqtá se enseña que quien acepta un cargo de Torá y no lo cumple con exactitud transgrede “No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano”. Y añadió que si alguien llega tarde repetidamente ante sus alumnos y no corrige su conducta, debe ser removido de su puesto. Y así se hizo.


SHABBAT SHALOM




RESUMEN DE BESHALAJ

EL FARAON SE ARREPIENTE
Después de que el faraón expulsa, y así libera de la esclavitud, a los hebreos de su tierra, Dios no los guía por la ruta más directa hacia la Tierra Prometida, porque un enfrentamiento con el enemigo los impulsaría a regresar a Egipto. Dios los lleva por la ruta del desierto, guiándolos con una columna de nube durante el día y una columna de fuego por la noche. Dios luego ordena a los judíos que retrocedan y acampen a lo largo del Mar Rojo. Al faraón le parece que los judíos están perdidos en el desierto y los mueve a perseguirlos. El Faraón decide entonces partir tras los judíos y arrinconarlos. Cuando los Yehudim ven que llegan los egipcios con su ejército entran en pánico y le gritan a Moshé. «¿Acaso no hay tumbas en Egipto que nos has traído a morir en el desierto?”. «No tengas miedo», aseguró Moshé. «Manténgase quietos y verán la salvación de Dios hoy … que Dios peleará la guerra por ustedes».
EL MAR SE ABRE
Dios instruye a Moshé: «¡Habla con los hijos de Israel y diles que avancen…!» Dios ordena a Moshé que extienda su vara sobre el mar y lo divida para que los judíos avancen en medio del mar. «Y así los egipcios sabrán que yo soy Dios, cuando sea glorificado por el Faraón y sus ejércitos». Mientras tanto, la columna de nube que guiaba a los judíos en el frente se posiciona atrás de ellos, separando a los hebreos de sus enemigos e impidiendo que los egipcios avancen. Moshé extiende su vara y el mar se parte en dos columnas. Los judíos atraviesan el lecho del mar, completamente seco, cruzando el límite del territorio egipcio hacia su libertad definitiva.
SALVACION Y AGRADECIMIENTO
Los egipcios deciden perseguirlos y avanzan hacia el mar dividido. Moshé extiende su mano sobre el mar, las aguas colapsan y se cierran sobre los egipcios ahogándolos en el mar. Al ver esto, y ya en la otra orilla del mar, Moshé y los hebreos comienzan a cantar, alabando a Dios por el maravilloso milagro que habían presenciado. Miriam, la hermana de Moshé, dirige a las mujeres a cantar y bailar, con instrumentos musicales.
AGUA y MANA
Los hebreos comienzan ahora su travesía por el desierto y pasan 3 días caminado sin encontrar agua. Cuando llegan a Marah encuentran agua salada. Por indicación divina Moshé endulza el agua y el pueblo bebe. Luego de un tiempo, las provisiones que los judíos habían traído desde Egipto comienzan a agotarse. Se quejan a Moshé, diciendo que extrañan los manjares de Egipto que dejaron atrás. Dios les responde asegurándoles que desde el cielo para descender un alimento especial y que les proporcionará carne por las noches. Un ejército de codornices aparece al anochecer y cae directamente sobre el campamento de los judíos que así tienen carne para consumir. Por la mañana, un alimento llamado “maná”, cae desde el cielo, escondido en el rocío matutino. Moshé les dice a los hebreos que recojan una porción limitada de maná diaria para cada miembro de la familia. Y les dice que no acumulen “maná” de un día para el otro, ya que el maná extra se va a pudrir. Los que ignoraron esta indicación encontraron que a la mañana siguiente el maná estaba infestado de gusanos. El viernes, por indicación Divina, todos recogen dos porciones de “maná”: la segunda porción debía separarse y ser reservada para Shabbat, ya que en Shabbat no descendería maná. Una vez más, algunos judíos ignoran la directiva de Moshé y salen a recoger maná en Shabbat. Dios le ordena a Moshé tomar un frasco de maná y en el futuro colocarlo en el Arca Sagrada como testimonio de este milagro para todas las generaciones futuras.
 Los israelitas siguen su travesía en el desierto y cuando llegan a Refidim otra vez se les acaba el agua. Se quejan a Moshé. Dios le ordenó al líder judío golpear una roca con su vara y el agua comienza a brotar de la roca y el pueblo puede beber.
ATAQUE SORPRESA
Sorpresivamente, los Amalequitas -nómadas del desierto- atacan a los judíos. Moshé le ordena a su discípulo Yehoshúa que reúna un ejército y luche contra Amaleq. Yehoshúa cumple la orden de Moshé y los judíos salen victoriosos de esta batalla con asistencia Divina. Dios instruye a Moshé para que registre por escrito que HaShem borrará la memoria de Amaleq sobre la tierra, y que los judíos no lo debemos olvidar.



BESHALAJ: La segulá del “man” 


Al salir de Egipto y adentrarse en el desierto, el pueblo de Israel comenzó a sufrir la escasez de agua y alimentos. En ese contexto se produce uno de los mayores milagros de la historia bíblica: Dios hace descender el maná (en hebreo, man), un alimento milagroso con propiedades nutritivas especiales.

Dios le explica al pueblo, a través de Moshé, cómo deben comportarse respecto de este “alimento que llega desde el cielo”. Estas instrucciones no son técnicas, sino esencialmente educativas. Y durante siglos los judíos hemos aplicado estas mismas instrucciones divinas a la forma en que pensamos y actuamos respecto a nuestro trabajo, y a la manera en que administramos nuestro dinero y nuestras posesiones materiales.

Hay tres instrucciones fundamentales relacionadas con el maná, todas ellas profundamente relevantes para el hombre moderno.


¿DE DÓNDE LLEGA MI DINERO?

En primer lugar, el maná nos recuerda que la comida —es decir, aquello que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades materiales— “llega del cielo”.
Esto no significa que no debamos trabajar para ganarnos el pan. De hecho, el maná no caía en la puerta de las casas, ni llegaba por Amazon delivery. Había que salir fuera del campamento y esforzarse para recogerlo.

Lo fundamental es recordar que, a pesar de nuestro trabajo y esfuerzo, en última instancia nuestro sustento (parnasá) está determinado desde los cielos, tal como ocurrió con el maná.
Un campesino puede trabajar de sol a sol sembrando su tierra, pero si Dios no provee la lluvia, no tendrá qué comer. Un empresario puede ser brillante y muy trabajador, pero si sufre un accidente o se enferma, su sustento se verá afectado.

La primera lección del maná es que el trabajo debe ir acompañado de Emuná: la convicción de que, en última instancia, es HaShem quien determina qué voy a tener para comer y cuánto me va a faltar —o, B”H, cuánto me va a sobrar—.

La Emuná es esencial para enfrentar y vencer una de las problemáticas más prevalentes en el área de la salud mental: la ansiedad. Cuando no ponemos en práctica nuestra fe, las fluctuaciones de la economía y los cambios en el trabajo, los negocios o los ingresos pueden afectarnos de manera seria.

Uno tiene que salir a trabajar y hacer todo el esfuerzo necesario para recoger el maná, pero al mismo tiempo saber y aceptar con Emuná que aquello que recogemos —mucho o poco— es exactamente lo que Dios determinó que debemos tener.


NO ACUMULARÁS

En el desierto estaba prohibido acumular el maná. Cada persona debía recoger únicamente la cantidad necesaria para esa jornada. Si alguien recogía de más, el excedente se descomponía. De esta manera, nadie comparaba lo que tenía con lo que poseía su vecino.

Esta segunda lección del maná se relaciona con la acumulación compulsiva de bienes materiales. El aprovisionamiento desmedido expresa una falta de fe, así como una falta de aprecio y gratitud hacia la generosidad de HaShem, que no es finita.

La Emuná consiste en estar feliz con lo que uno tiene. Esta actitud ante la vida nos protege de una de las peores dolencias psicológicas: la envidia y los celos.
La segulá del man nos recuerda una idea fundamental: no necesito mirar a mi vecino y pensar que cuanto más tiene él, menos tengo yo. Lo más importante no es tener todo lo que uno quiere, sino querer todo lo que uno tiene.


EN SHABBAT: NO

El día viernes se debía recoger una doble porción de maná: una para el viernes y otra para Shabbat. ¿Por qué? Porque el maná no descendía durante Shabbat. No había que salir a trabajar en Shabbat para tener comida.

Todo judío que observa Shabbat sabe que, por ello, puede perder negocios u oportunidades laborales. Un comerciante judío puede verse obligado a sacrificar un porcentaje significativo de ventas o perder ofertas irrepetibles, simplemente porque en Shabbat no puede continuar con sus negocios.

Cumplir Shabbat —como ya observaron los romanos en la antigüedad— no es una idea comercialmente “conveniente”. Pero, ¿existe acaso una mejor forma de expresar confianza en HaShem que demostrar la convicción de que no por trabajar más voy a tener más de lo que desde los cielos ha sido determinado para mí y para mi familia?

Por eso, cada Shabbat recordamos el maná en el número de panes o jalot que preparamos, y también en la forma en que las cubrimos, por arriba y por abajo.


La «segulá del man» nos enseña a fortalecer nuestra fe en HaShem, a ser más moderados en nuestro consumismo y a evitar los excesos materiales.




BESHALAJ: Miriam y la audacia del optimismo

 

ותקח מרים הנביאה את התוף בידה

Miriam, la hermana de Moshé (Moisés), fue probablemente la persona más optimista en la historia de Am Israel. Es muy posible que cuando nuestros Sabios dijeron que los judíos pudieron salir de Egipto gracias al mérito de las mujeres virtuosas, se estuvieran refiriendo especialmente a Miriam.

UNA NIÑA CONTRA EL MUNDO 

La carrera de Miriam como «profetisa del optimismo» comenzó a una edad muy temprana: cuando era una niña.
En ese momento, su padre Amram —un líder muy respetado de la comunidad judía— decidió que, a raíz del decreto del Faraón que ordenaba matar a todos los varones judíos recién nacidos, se separaría de su esposa Yojebed para no traer más hijos al mundo. “¿Para qué tener más hijos? ¿Para verlos morir?”, razonaba Amram. Todos los hombres judíos siguieron el ejemplo de Amram y, desde la desesperación, decidieron dejar de traer hijos al mundo para no ver morir a sus pequeños.

Pero allí donde todos veían muerte, desesperanza y pesimismo, una pequeña niña llamada Miriam veía las cosas desde una perspectiva diferente. Miriam visualizaba la posibilidad de un futuro mejor. Y le dijo a su padre:

“El Faraón condenó a morir solo a los niños varones, pero tus actos y tu ejemplo condenan también a las mujeres de Israel a su extinción”.

Las palabras de Miriam tuvieron un enorme impacto en su padre. Amram volvió con su esposa Yojebed y así nació Moshé.
Todos los judíos de Egipto siguieron su ejemplo. Y así Israel se salvó de su autoextinción, gracias a la audacia de una pequeña niña llamada Miriam.


¿CÓMO SUPO MOSHÉ QUE ERA JUDÍO?

Cuando nació Moshé, y antes de que los oficiales egipcios lo arrebataran de las manos de su madre para arrojarlo al río, Yojebed lo llevó al Nilo y colocó la canastilla con su bebé en el río.

Cuando todos preveían un final inevitable y trágico —que el pequeño fuera devorado por los cocodrilos—, la joven hermana del bebé, Miriam, que ya era una adolescente, tuvo la audacia de tener esperanza. Guiada por un optimismo irracional —o profético— caminó al lado de la canastilla de su hermano, y su increíble visión se cristalizó: Moshé fue rescatado por la última persona que alguien hubiera imaginado, la propia hija del Faraón, Batyá, quien decidió adoptarlo. En ese momento Miriam se hizo presente desde la nada y con mucha valentía le sugirió a la madre adoptiva que el bebé fuera amamantado por una mujer hebrea antes de llevarlo al palacio: esa mujer hebrea era Yojebed, ¡la madre de Moshé! 
Lo que muchas veces no notamos es que fue gracias a esta extraordinaria intervención de Miriam que Moshé fue criado por su propia madre, y así supo que era judío. Y fue así como, años más tarde, decidió salir a ayudar a sus hermanos.

Fue gracias a Miriam que nació Moshé, y fue gracias a Miriam —y a su obstinado optimismo— que Moshé supo que era judío. Gracias a Miriam,  Moshé se transformó en el líder del pueblo judío.


CELEBRAR POR ANTICIPADO

En la Parashá de esta semana encontramos otra evidencia del increíble espíritu optimista de Miriam.
La salida de Egipto fue presurosa, el «timing», sorpresivo.  “Hay que salir ya, en mitad de la noche. Hay que viajar con lo que llevamos puesto y dejar todo lo demás atrás”.

Me imagino que los hombres pensaban principalmente en llevar los objetos de valor, y las mujeres judías, habrán pensado en llevar la mayor cantidad de comida posible para sus familias.  

En ese momento también surgían muchos miedos:
¿Tendremos comida y agua suficiente? ¿Encontraremos sombra?  ¿Habrán animales en el desierto: serpientes, escorpiones? ¿Nos atacarán los bandidos?

A la hora de salir de Egipto, todos estaban preocupados por los riesgos de lo desconocido y los peligros de la travesía.
Todos, con una sola excepción: Miriam. Cuando Miriam hizo sus valijas, lo primero que cargó fueron sus tupim, sus panderetas. ¿Pero para qué iban a servir las panderetas? ¿Para qué llevar cosas de más, un instrumento musical?

Miriam tomó las panderetas porque pensó en celebrar. Porque cuando todos veían peligros y dificultades, e imaginaban un escenario incierto y problemático, Miriam se atrevió a pensar distinto.

Nadie sabía ni imaginaba que HaShem abriría el mar y que el pueblo de Israel cruzaría hacia su libertad. Pero, aun sin saber exactamente qué celebraría, Miriam tuvo la audacia de pensar en la libertad, en la victoria y en la celebración.

Y se dijo a sí misma: “Hay que estar preparados para cantar y agradecerle a HaShem por todo lo que hizo por nosotros”.

¡Y así fue! Cuando el pueblo de Israel cruzó el mar, Miriam fue la primera mujer en salir con sus panderetas, a celebrar la libertad e invitar a las mujeres de Israel a cantar y bailar en agradecimiento a Dios. 

Cuando todos imaginaron los peligros de la travesía, Miriam tuvo la audacia de visualizar la libertad, la celebración y la gratitud a Dios.