Las últimas palabras de Isaac de Castro Tartas (1623-1647)

Querido lector, hace ya 5 años que comencé Halajá of the day, y generalmente, una vez por semana, escribo sobre rabinos Sefaradíes desconocidos. Esta es la primera vez que escribo sobre la vida de un Yehudí Sefaradí que no fue un Rabino (también es la primera vez que escribo sobre alguien tan joven, que falleció cuando sólo tenia 24 años). Luego de leer, espero comprenderás qué me mueve a homenajear a este héroe de Am Israel, lamentablemente desconocido.  
Isaac de Castro nació en la ciudad de Tartas, en el suroeste de Francia, en 1623.  Sus padres eran de Portugal y pertenecían a esas miles de familias judías que en 1497 habían sido convertidas al cristianismo «por decreto» y desde entonces practicaron el judaísmo en secreto por 3, 4 o más generaciones. Para tener una idea de cuanta gente estamos hablando se calcula que en 1497 habían no menos de 120.000 judíos en Portugal.
En Tartas el nombre de Isaac era Tomás Luis.  En 1640 su familia su muda a Amsterdam donde finalmente pueden practicar su religión abiertamente. Allí, Tomás y su padre se circuncidan y cambian sus nombres por nombres hebreos.  Tomás se llama desde ahora «Isaac de Castro». Castro (o de Castro), seguramente el apellido original de su familia, era un apellido típico Sefaradí (ver este artículo sobre los más famosos Sefaradim de apellido Castro). Como ilustración podemos mencionar a rabbi Ya’aqob de Castro (1525-1610) de origen portugués, uno de los rabinos más importantes de la comunidad judía de Egipto.
Isaac comenzó sus estudios de judaísmo y de medicina en Holanda. En 1642 o 1643 encontramos a Isaac en Brasil. Como explicamos la semana pasada (ver aquí), su tío, Rab Moshe Refael Aguilar , llegó a Brasil a fundar una comunidad en la ciudad de Recife. En ese entonces y hasta 1654, Brasil estaba dividido en 2 zonas: una  pertenecía a los holandés y otra a los portugueses.   Recife estaba del lado Holandés.    Isaac vivía una vida completamente judía. No sólo eso sino que también se dedicaba a inspirar a cientos (o miles) de conversos que residían en Brasil a practicar más abiertamente su judaísmo.  Si bien no habían tribunales de la Inquisición en Brasil, como los que existían en Perú o México, en el lado portugués de Brasil habían oficiales de la inquisición, que vigilaban que los «Cristianos nuevos» es decir, los judíos que fueron convertidos al cristianismo hacía más de un siglo atrás, no volvieran a su religión.
Nadie sabe exactamente por qué, pero el joven Isaac salió de Recife y viajó hacia el sur llegando a la ciudad de Salvador, capital de Bahía de los Santos, territorio Portugués.   Allí, Isaac fue reconocido por las autoridades locales.  Trató de disimular su práctica judía pero algo lo delató: sus Tefilín.
Isaac fue tomado prisionero, acusado no sólo de judaizar sino también de hacer proselitismo judío entre los «Cristianos nuevos», y fue extraditado en un barco hacia Lisboa.
La inquisición portuguesa primero trató de convencerlo que renunciar a su fe judía y abrazar el cristianismo. Isaac se rehusó con argumentos muy sólidos, demostrando que el judaísmo es la verdadera fe. Al ver que, a pesar de su cortísima edad, se trataba de un gran erudito, la Inquisición envió a sus expertos filósofos y teólogos. Pero nada ni nadie pudo convencer a Isaac de renuncia a su fe.
Por primera vez en la historia un judío usaba el siguiente argumento: «Tengo derecho a practicar el judaísmo en función de una ley humana universal: la libertad de conciencia…un acto que se realiza de acuerdo con la propia conciencia no puede ser juzgado culpable, y el acto que yo hago y seguiré haciendo – el acto de profesar la religión judía – se realiza de acuerdo con los dictados de mi conciencia «. Cuando la Inquisición vio que todo esfuerzo era inútil, recurrió a su último recurso: la ejecución pública. Los acusados eran condenados  a morir quemados vivos en los que se llamaba cínicamente «auto de fe» (actos de fe).
El 15 de Diciembre de 1647, cuando Isaac tenía solo 24 años fue llevado a la plaza pública, junto con otros 5 conversos, condenados por el mismo crimen: judaizar.
Los archivos de la Inquisición portuguesa relatan que Isaac fue dejado de pie, por varias horas, muy cerca del fuego, lo suficientemente cerca para que Isaac se arrepintiera de su «gran pecado» (ser judío) por temor a la hoguera. Pero Isaac resistió. Y mientras estaba siendo abrazado por las llamas, con su último aliento,  Isaac recitó con una voz muy fuerte «SHEMA ISRAEL HASHEM ELOKENU HASHEM EJAD».   Cuentan que el grito de Isaac causó una enrome impresión en todos los que habían  llegado para presenciar la ejecución pública. Tanto que hasta los crueles verdugos sintieron remordimiento por haberle quitado la vida a un joven tan valiente.  Dicen, que los gentiles que presenciaron la ejecución,  durante semanas no hablaban de otra cosa. Lo que es más: el último grito de Isaac, en Shemá Israel, se había transformado ahora en un símbolo de libertad de conciencia. E inspiró a muchos conversos a volver a abrazar su fe judía. Y algo insolito: durante varios años los gentiles repetían las palabras del SHEMA… tanto fue así que la Inquisición tuvo que imponer un severo castigo para cualquiera que fuera escuchado diciendo el SHEMA ISRAEL,  las últimas palabras de Isaac de Castro Tartas זצוק»ל.



RESUMEN de VAERA

EL PUEBLO ELEGIDO
La Parashá de esta semana comienza con la respuesta de Dios a Moshé luego que Moshé se quejara ante Dios porque el Faraón rechazó su pedido de liberar a los hebreos y encima dificultó más su trabajo. Dios le dice a Moshé que Él se reveló a los patriarcas y estableció con ellos un pacto para darles la tierra de Canaán. Y ahora ha escuchado los clamores de sus descendientes, los liberará de Egipto, los elegirá como Su pueblo y los traerá a la Tierra Prometida. Moshé transmite el mensaje a los judíos, pero la esclavitud era tan dura que les impidió aceptar las palabras de Moshé. Dios le dice a Moshé que instruya a Faraón para que deje salir a los israelitas de su tierra. Moshé le pregunta a Dios: «Si los mismos hijos de Israel no me escucharon, ¿cómo me va a escuchar el Faraón?”. La Torá hace una breve pausa y describe el linaje de Moshé y Aharón, enumerando sus árboles genealógicos.

LA INTRANSIGENCIA DEL FARAON
Dios le ordena a Moshé que hable con el Faraón, y le anuncia que Aharón será su portavoz. Dios le reitera a Moshé que Él endurecerá el corazón del Faraón y el monarca egipcio se negará a liberar a los judíos. Pero Dios «multiplicará Sus milagros» en Egipto hasta que reconozcan que Él es el verdadero Dios. Moshé y Aarón se presentan ante el Faraón. Aharón arroja su bastón al suelo y se convierte en una serpiente. Cuando los magos del Faraón hacen lo mismo con sus varas, la vara de Aharón se traga sus varas. El Faraón, que pensó que era un truco de magia, no se impresiona.
Y ahora entonces comienzan las plagas.

PRIMERA PLAGA
Aharon golpea el rio Nilo con su bastón y las aguas se convierten en sangre.

SEGUNDA PLAGA
Aharon estira su bastón sobre el Nilo y hace surgir una invasión de ranas que cubren todo el territorio, las casas de los egipcios y hasta el palacio del Faraón. El monarca egipcio llama a Moshé y le suplica que elimine la plaga, prometiendo que después liberará a los israelitas. Moshé ora a Dios, y las ranas mueren. Pero el Faraón no cumple su promesa.

TERCERA PLAGA
Aharón golpea la tierra con su vara y se produce una plaga de piojos que atacan a los egipcios y a sus animales. Los magos de Faraón reconocen que esto no es magia, sino intervención Divina.

CUARTA PLAGA:
Dios envía a Moshé a advertir al Faraón que su tierra se infestará de todo tipo de insectos y que solo la tierra de Goshen, donde vivían los hebreos, se salvará de esta plaga. Los insectos descienden sobre Egipto y destruyen todo lo que encuentran, pero no afectan la tierra de Goshen. El Faraón llama a Moshé y le ofrece permitir a los israelitas la libertad de servir a Dios, pero sin salir de los límites territoriales de Egipto. Moshé rechaza esta oferta. El Faraón ofrece entonces liberar a los esclavos judíos si la plaga llega a su fin. Moshé ora a Dios, la plaga termina, pero el Faraón vuelve sobre sus pasos y no cumple su promesa.

QUINTA PLAGA
El ganado de los egipcios muere por una epidemia. Pero los animales de los judíos no se ven afectados.

SEXTA PLAGA
Moshé y Aharón toman un puñado de cenizas y la arrojan al cielo. Estas cenizas descienden sobre todo Egipto e infectan a todos sus habitantes con dolorosas afecciones en la piel (sarpullidos, o llagas o una insoportable reacción alérgica). Moshé le transmite al Faraón un mensaje: así como Dios acabó con todo el ganado egipcio, también pudo haber acabado con el Faraón y con todo su pueblo, pero lo ha dejado sobrevivir para mostrarle Su poder y para que se reconozca Su nombre en toda la tierra.

SEPTIMA PLAGA

Moshé advierte al Faraón, pero este no escucha. Entonces cae sobre Egipto una fuerte tormenta de granizo mezclado con fuego (hay quien explica que pudo haber sido una lluvia de meteoritos) , que destruye cultivos y árboles y causa gran daño en todo el país. Esta plaga afecta seriamente la agricultura y a quienes estaban al aire libre. Solo la tierra de Goshen, donde vivía el pueblo judío, permanece intacta y no sufre ningún daño.

 
 

 




PERASHAT VAERA: La verdadera misión de Am Israel

וְהוֹצֵאתִי אֶתְכֶם מִתַּחַת סִבְלֹת מִצְרַיִם, וְהִצַּלְתִּי אֶתְכֶם מֵעֲבֹדָתָם, וְגָאַלְתִּי אֶתְכֶם בִּזְרוֹעַ נְטוּיָה וּבִשְׁפָטִים גְּדֹלִים.  וְלָקַחְתִּי אֶתְכֶם לִי לְעָם

LA FRUSTRACIÓN DE MOSHE
La Parashá de la semana pasada terminó contándonos acerca de la frustración de Moshé Rabbenu por los pobres resultados de su misión ante el Faraón. Moshé le habla al Faraón, en nombre de Dios, y le pide que libere al pueblo judío de la esclavitud. La misión de Moshé fracasó totalmente y fue contraproducente.  No solo que el Faraón no liberó a los esclavos hebreos, sino que los hizo trabajar más y en condiciones inhumanas. Los campos de esclavos se transformaron así en campos de concentración, donde el trabajo era un medio para exterminar a los judíos. Para peor, el pueblo culpa a Moshé por su desesperada situación. HaShem le dice a Moshé que tenga paciencia y que no se desespere. Que el proceso de la redención del pueblo judío va a ocurrir pero poco a poco y que a veces, entre un paso y otro paso adelante, hay que dar un pasito para atrás.

LA MISION REFORMULADA
Nuestra Parashá comienza con la reasignación de Moshé como líder del pueblo hebreo. Si observamos detenidamente los pesuqim veremos que ahora el objetivo final de la intervención Divina se redefine de una forma mucho más elaborada. Hasta ahora parecía que la meta era liberar a los judíos de su terrible esclavitud. Pero ahora vemos que este es solo el primer paso del «plan Divino». HaShem le presenta a Moshé la totalidad de Su plan. HaShem dice 1. los liberaré, 2. los salvaré, 3. los redimiré y 4. los tomaré como Mi pueblo (elegido) y así “Yo seré su Dios” .   Esta es la primera vez que HaShem revela Su intención final: elegir un pueblo. Y le manifiesta a Moshé que ese privilegio recaerá sobre los descendientes de Abraham, Yitzjaq y Ya’aqob: el pueblo de Israel. Ahora Moshé entiende mejor el plan que él debe llevar a cabo. No se trata únicamente de “salvar” a los judíos de un inminente exterminio. Los esclavos hebreos, una vez redimidos, tendrán una misión importantísima, fundamental en el mundo: aprender y observar la voluntad Divina y transformarse así en el pueblo que representa al Creador del mundo y Sus preceptos de vida.

HIJOS Y ADEMAS:  PRIMOGENITOS

Ser el pueblo elegido no se trata de tener más derechos. Todo lo contrario. Ser el pueblo elegido es como ser “los hijos de Dios”. Un padre es más exigente con su propio hijo que con otras personas. Un padre es menos tolerante de los errores de su hijo que de los errores de un extraño.  Al aceptar la Torá, los judíos nos hemos convertido en hijos de Dios.  Pero HaShem no nos asigno solo como uno de sus hijos. Así le dijo Dios a Moshé (Shemot 4:22): “Así le dirías al Faraón: Israel es mi hijo primogénito”. En la antigüedad los hijos primogénitos tenían más exigencias que los demás hijos, pero gracias a esa responsbalidad el hijo primogentio era tambien el apreniz princpla del padre y quien acargaria con su legado.  Al haber sido asignados como el hijo primogénito de Dios hemos contraído una larga serie de obligaciones y exigencias que regulan nuestra conducta. En el proceso de la liberación de Egipto, fuimos pasivos. HaShem es Quien nos rescató y nosotros fuimos salvados. Él luchó en nuestro lugar, y nosotros solo tuvimos que empacar nuestras pertenencias y partir. Pero en el proceso de transformarnos en el Pueblo elegido de HaShem no somos pasivos. HaShem nos ofreció la Torá y nosotros la aceptamos (qabbalat haTorá) y nos comprometimos a estudiarla y observarla y comportarnos como los representantes de Dios sobre la tierra.

TODO PARECIDO….. NO ES PURA CASUALIDAD

En el presente,  tenemos  nuestro Estado de Israel. HaShem con sus múltiples milagros en 1948, 1967 y hasta nuestros días nos ayudó a recuperar nuestra tierra y nos ayuda con permanentes milagros a defender la tierra de Abraham, Isaac y Ya’aqob . HaShem rescató a los sobrevivientes de la Shoá literalmente desde las cenizas, y luego sucedió algo muy parecido a lo que ocurrió cuando nos salvó de un inminente exterminio en Egipto: nos concedio una tierra de prosperidad en la cual podemos vivir independcities .

Pero siguiendo el modelo de la salida de Egipto debemos comprender que llegar a Israel es solo la primera parte de la ecuación. Es la salvación física. Nuestra misión como pueblo judío dentro y fuera de Israel es comportarnos como el Pueblo de HaShem. Yo creo que hoy Baruj haShem somos testigos de ese milagro: vemos como nuestros jóvenes vuelven a sus raíces. Están sedientos de saber y de aprender más sobre el judaísmo. Hoy se estudia Torá mucho más que en cualquier otra época de la historia de nuestro pueblo. Claro que también hay frustraciones, tropiezos y hasta retrocesos. Pero no olvidemos que los jajamim afirmaron que nuestra redención no va a ser súbita, sino que va a tomar tiempo: dos pasitos para adelante, y solo uno para atrás

VER ESTE TAMBIEN: https://conta.cc/3aEywJV




VAERA: El milagroso rechazo del cese al fuego

(Escrito en julio de 2014)
Me gustaría referirme a la Parashat Vaera, la segunda Parasha del libro de Shemot, y a su personaje principal, el Faraón.

Moshé primero le ofrece al Faraón una solución pacífica y civilizada: «Deja libre a mi pueblo. No queremos venganza por 210 años de esclavitud, ni queremos  que usted o su gente sufra. Solo queremos ser libres y servir a nuestro Dios». Pero el Faraón se negó a liberar a los esclavos hebreos.  Moshé aclaró que él hablaba en nombre del Dios de los hebreos, que considera al pueblo de Israel como Su hijo, y que si el Faraón no dejaba que Sus hijos  fueran liberados, Egipto sufriría las consecuencias. El Faraón se negó otra vez. Entonces HaShem envió la primera plaga: sangre. Pero el vanidoso Faraón no se dejó intimidar «Un gran truco de magia», razonó, y continuó con su negativa. Las ranas invadieron Egipto y entonces el Faraón pensó «Bueno, esto podría no ser un truco de magia, pero tal vez se trate de una coincidencia cósmica». Entonces Egipto se llenó de piojos (kinim) y luego de insectos (‘arob). El Faraón pidió un «alto al fuego humanitario». Le pidió a Moshé que removiera esa plaga y le prometió que les permitiría salir en libertad.   Sin embargo, después que la plaga desapareció el Faraón se negó nuevamente a dejarlos salir. Incluso después de la quinta plaga (deber, enfermedades del ganado) el Faraón continuó con su negativa.

Ahora, el Faraón estaba viendo el colapso de la economía egipcia y también las primeras víctimas de la batalla. Sin duda muchos civiles egipcios habían muerto a causa de la obstinada  actitud del Faraón y su negativa a detener las hostilidades. Pero el Faraón nunca dirigió el dedo a sí mismo. Nunca se hizo cargo de las consecuencias de sus decisiones.

El Faraón se empezó a dar cuenta de algo más. Ahora entendió que quizás él  había calculado mal el poder de Aquel que estaba luchando por los Hebreos . Bajó sus «demandas» un poco, pero básicamente no se movió de su posición original y persistió en su rechazo .

En la octava plaga (arbe, langostas), vemos las primeras fracturas en el cabinete del Faraón. Los oficiales del Faraón le rogaban que dejase ir a los israelitas y que detuviera el lanzamiento de cohetes.   Pero el Faraón  no estaba dispuesto a ceder.

La gran pregunta es, cómo es posible que una vez que el Faraón entendió que Las Fuerzas de Am Israel eran tan poderosas ,y especialmente, una vez que vio la destrucción de Egipto y la muerte de civiles, cómo puede ser que se negó a aceptar la propuesta de Moshe? No tiene lógica.

La Torá dice que HaShem «endureció  su corazón», es decir, Dios intervino en los pensamientos del Faraón, lo cual afectó su juicio objetivo. Maimónides explica que normalmente haShem no interviene en nuestro proceso de toma de decisiones. Él concedió a los seres humanos el libre albedrío y nos hace responsables de las decisiones que tomamos. Pero el caso del Faraón fue una excepción. El Faraón tuvo cinco oportunidades de dar marcha atrás, detener las hostilidades y dejar que los judíos se fueran. Pero como algunos dicen, el Faraón nunca perdió la oportunidad de perder una oportunidad. Y desde su total libre albedrío,  se negó. Después de la quinta negativa, Maimónides explica, HaShem le quitó al Faraón su libertad de elección.

Otros comentaristas ofrecen una interpretación diferente de por qué HaShem intervino e impidió que el Faraón se rindiera. Algunos dicen que HaShem quería que todo el mundo, y especialmente  los judíos supieran que HaShem siempre tiene una forma de salvar a su pueblo de las manos del enemigo. Incluso, interviniendo en sus pensamientos.

Esta mañana he leído en los periódicos israelíes que los prisioneros de Hamas, que Israel capturó en la batalla, confesaron el plan macabro de la organización terrorista. Hamas planeaba atacar a Israel en este próximo Rosh Hashaná, enviando cientos de terroristas a través de la red de  túneles del terror que tenían armada. Los terroristas hubieran entrado así en el territorio de Israel en Rosh Hashaná 5775 y Jas VeShalom hubieran asesinado a miles de judíos.  Los titulares del diario Israelí decían: «El descubrimiento de estos túneles evitó una tragedia de las proporciones de la Guerra de Yom Kipur» (en la que  2.800 soldados israelíes murieron y 9.000 fueron heridos)

Me pregunté a mí mismo ¿Qué hubiera pasado si hace dos semanas, cuando Israel ofreció a Hamas «silencio y paz» para Gaza si Hamas simplemente suspendía el lanzamiento de cohetes contra Israel, Hamas hubiera dicho que sí»? Respuesta:  todos esos túneles todavía estarían allí!  ¿Qué pasó? ¿Por qué Hamas rechazó un cese al fuego? ¿Calcularon mal la posible respuesta del Ejercito de Israel o su determinación de entrar a Gaza?

¿Qué hubiera pasado si los líderes de Hamas hubieran aceptado el alto el fuego ofrecido por Egipto,o la Unión Europea,o Kerry o la ONU? Si Hamas hubiera aceptado las repetidas ofertas de cesar las hostilidades, los túneles, por lo menos la mayoría de ellos, no habrían sido descubiertos por Israel. E Israel estaría expuesta a una amenaza existencial.

Pero increíblemente, y contra toda lógica militar o social, Hamas se negó. Una y otra vez fue Hamas quien dijo NO al cese al fuego.

Tal vez, porque la historia de la negativa del Faraón se repitió en la negativa de Hamas, y HaShem intervino en los pensamientos de nuestros enemigos, de nuevo, para frustrar los planes de aquellos que buscan destruirnos.

Shabbat Shalom

שיר המעלות לדוד לולי ה’שהיה לנו יאמר נא ישראל
לולי ה’שהיה לנו בקום עלינו אדם
אזי חיים בלעונו בחרות אפם בנו
אזי המים שטפונו נחלה עבר על נפשנו
אזי עבר על נפשנו המים הזידונים
ברוך ה’שלא נתננו טרף לשניהם
נפשנו כצפור נמלטה מפח יוקשים הפח נשבר ואנחנו נמלטנ
עזרנו בשם ה’עשה שמים וארץ
1. Canción de ascenso, [compuesta] por David, «¿Qué hubiera pasado si HaShem no hubiera estado de nuestra parte?» Que todo Israel proclame.
2. «¿Qué podría haber pasado si HaShem no hubiera estado de nuestra parte cuando esos hombres [= los enemigos de Israel] nos vienen a atacar?
3. ¡Nos hubieran tragado vivos, en su ardiente odio contra nosotros!
4. Como [torrentes de] agua nos hubieran cubierto; aguas que nos hubieran ahogado.
5. Esas aguas mortales de violencia, se habrían desbordado contra nuestras propias vidas.
6. Bendito es HaShem, que no dejó que nos destrozaran con sus dientes.
7. Escapamos, como un pájaro que escapa de la trampa del cazador. La trampa se rompió, y pudimos liberarnos.

8. Nuestra ayuda viene de HaShem, el Creador del cielo y la tierra.




SHEMOT: Los judíos y los cambios de gobierno

וַיָּקָם מֶלֶךְ חָדָשׁ עַל מִצְרָיִם אֲשֶׁר לֹא יָדַע אֶת יוֹסֵף

«Y un nuevo Faraón surgió en Egipto, que no reconocía a Yosef »

  Exodo 1:8

וַיָּקָם מֶלֶךְ חָדָשׁ עַל מִצְרָיִם אֲשֶׁר לֹא יָדַע אֶת יוֹסֵף

«Y un nuevo Faraón surgió en Egipto, que no reconocía a Yosef»
Éxodo 1:8

LOS JUDÍOS Y LOS CAMBIOS DE GOBIERNO

La Torá no es moderna; es eterna. Y precisamente por eso, los relatos que contiene nunca pierden vigencia. Hoy analizaremos un versículo del libro de Shemot que describe un cambio de gobierno en Egipto: un fenómeno político interno, no relacionado originalmente con los judíos, pero que terminó desencadenando persecución, esclavitud y el asesinato de niños judíos.

En otra oportunidad analizamos cómo los hijos de Israel lograron evitar la asimilación en Egipto mediante la educación, la vida comunitaria y una interacción sociocultural limitada con el entorno egipcio (ver aquí). Esa estrategia funcionó. Durante generaciones, los judíos vivieron con prosperidad y estabilidad en Egipto.

Sin embargo, como ocurrió innumerables veces a lo largo de la historia, los cambios políticos en el país de residencia terminaron afectando directa o indirectamente a los judíos. En Egipto —como más tarde en la España de Isabel la Católica o en la Alemania del Tercer Reich— esos cambios internos tuvieron consecuencias devastadoras.


UNA NUEVA POLÍTICA DE ESTADO

Uno de los Sabios del Talmud sugirió que el “nuevo rey” no era necesariamente una persona distinta, sino el mismo Faraón adoptando una nueva política de Estado. Por alguna razón —política, económica o ideológica— decidió volverse contra los judíos y, en un acto de profunda ingratitud, ignorar deliberadamente las inmensas contribuciones de Yosef a la monarquía egipcia.

Algo similar ocurrió en la España de fines del siglo XV. Una vez completada la reconquista del sur, Isabel la Católica decidió que había llegado el momento de expulsar a los judíos de Castilla y Aragón para construir un reino completamente católico. Como el Faraón, Isabel eligió olvidar —o negar— el enorme aporte judío a España.

Basta recordar a Lorenzo Badoz, médico personal de la reina, quien salvó su vida en más de una ocasión; a Rabí Abraham Zacuto, cuyas innovaciones en astronomía y navegación fueron cruciales para el viaje de Colón; o a Don Isaac Abarbanel, cuya gestión financiera permitió sostener la guerra y culminar la reconquista de Granada en 1492.


UNA NUEVA DINASTÍA

Otros Sabios entendieron el versículo de forma más radical: no se trataba solo de un cambio de política, sino de un cambio de dinastía. En la antigüedad, los tronos solían heredarse dentro de una misma familia. Cuando eso no ocurría, hablábamos de una ruptura profunda.

En términos actuales, sería comparable a cuando el partido de la oposición llega al poder. En Estados Unidos, por ejemplo, demócratas y republicanos se alternan cada cuatro u ocho años, y cada cambio trae consigo un “reseteo” de prioridades, alianzas y enemigos.

Así ocurrió, por ejemplo, con la relación entre Estados Unidos e Israel: fue muy tensa durante la presidencia de Barack Obama y cambió de manera radical cuando Donald Trump asumió el poder.

Algo similar debió haber ocurrido en Egipto. Si los judíos habían sido aliados del gobierno anterior, el nuevo régimen tenía motivos políticos para verlos ahora con desconfianza. El nuevo Faraón decidió entonces no reconocer a Yosef como héroe nacional, sino reinterpretarlo como traidor.


EL REY NO HA MUERTO: ¡VIVA EL REY!

¿Por qué los Sabios sugirieron que este nuevo rey no era simplemente el hijo del anterior? Porque cuando hay una sucesión normal, la Torá suele decir: “El rey A murió y su hijo B reinó en su lugar”.

Aquí no dice eso. Dice simplemente que “surgió” un nuevo Faraón. La omisión de la muerte del rey anterior —en un texto tan preciso como la Torá— no puede ser casual. Todo indica un cambio abrupto: un golpe de Estado o algo aún más dramático.

El historiador judío Flavio Josefo (https://es.wikipedia.org/wiki/Flavio_Josefo) propuso que la Torá alude brevemente a una revolución histórica: la reconquista de Egipto. Durante el siglo XVI a.e.c., los hicsos —un pueblo semita— invadieron Egipto y esclavizaron a los egipcios. Si Yosef y su familia se establecieron en Egipto durante ese período, su buena relación con los hicsos habría tenido consecuencias graves.

Cuando el faraón Amosis derrotó a los hicsos y fundó la XVIII dinastía, los judíos —asociados al antiguo régimen— dejaron de ser aliados y pasaron a ser sospechosos.


LAS VUELTAS DEL PODER

Si esta reconstrucción es correcta, los judíos fueron mal vistos no a pesar de haber ayudado a Egipto, sino precisamente por haberlo hecho bajo el gobierno equivocado. De ser así, la frase asher lo yada et Yosef no significa solo que el Faraón “no reconocía” a Yosef, sino que lo despreciaba: lo veía como amigo de sus enemigos.

Ese desprecio se extendió naturalmente a sus descendientes. Una vez más —como tantas veces fuera de Medinat Israel— los judíos se encontraron súbitamente del lado incorrecto de la historia.

Y entonces ocurrió lo inevitable: el Faraón avanzó hacia lo que hoy llamaríamos una “solución final”.


UN FINAL PARADÓJICO

Paradójicamente, este versículo que marca el inicio de la esclavitud también señala el final de un proceso de asimilación acelerada que estaba erosionando silenciosamente a la sociedad judía desde dentro.

Y más aún: el comienzo de la esclavitud fue, en última instancia, el primer paso hacia la salida de Egipto, hacia la redención, y hacia la primera gran aliyá colectiva del pueblo judío a la Tierra de Israel.

A veces, los giros más oscuros de la historia esconden —sin que lo sepamos— el inicio de una liberación.




SHEMOT: Resumen de la Parashá

Esta semana comenzamos un nuevo libro: Shemot, “Nombres” o Éxodo.

EL NACIMIENTO DE MOSHE
La Torá comienza mencionando los nombres de los hijos de Jacob y contándonos que sus descendientes fueron muy prósperos, fructíferos y poderosos en Egipto. Pero cuando surgió una nueva dinastía, el Faraón se propuso debilitar a los judíos y empobrecerlos. Primero imponiéndoles impuestos y encargándoles duros trabajos. Pero por más que los oprimía, los judíos seguían multiplicándose y no perdían su poder. El faraón entonces ordena a las parteras matar a todos los niños hebreos recién nacidos. Estas mujeres, sin embargo, desafiaron la orden del Faraón y dejaron vivir a los niños. El Faraón llamó a las parteras para castigarlas por no seguir sus órdenes. Las parteras respondieron que las mujeres hebreas se valían por sí mismas para dar a luz a sus bebés. Dios recompensa a las parteras por su valentía y su temor al Cielo. El faraón ordena entonces a todo su pueblo a tomar parte en la eliminación de los niños judíos, arrojando al Nilo a todos los varones recién nacidos. Cuando nace Moshé (Moisés) su madre, que temía por su vida, lo pone en una canasta impermeable y deja la canasta flotando en el Nilo. La hija del Faraón, Batyá, se está por bañar en el Nilo cuando ve al niño. Lo toma y lo adopta como suyo. Míriam, la hermana de Moshe, que observa lo que está pasando, ofrece traer una mujer hebrea para amamantar al niño. La hija del Faraón acepta la sugerencia, y así Yojebed, la madre de Moshé se encarga de criar a su propio hijo hasta que éste crece.

MOSHE SALE AL ENCUENTRO DE SUS HERMANOS
Moshé vive en el palacio del Faraón. Ya adulto, un día sale del palacio y percibe el sufrimiento de sus hermanos judíos. Ve a un egipcio golpeando a un hebreo. Moisés mata al egipcio y de alguna manera el Faraón se entera. Moshé se ve obligado a huir. Escapa a Midián y se queda allí por un tiempo. Allí se casa con Tsiporá, la hija de Yitró y tiene a sus dos hijos, Guereshom y Eli’ezer.

DIOS RECUERDA SU PROMESA
En Egipto la situación de los esclavos judíos es cada vez peor. El pueblo clama a Dios y Dios toma en cuenta el pacto que había hecho con sus antepasados. Moshé está pastoreando los rebaños de Yitró en el desierto cuando llega a un monte. Allí ve un arbusto ardiendo, pero que no lo consumía el fuego. Cuando se acercó para entender lo qué pasaba, Dios le habla. Le dice que Él ha visto el sufrimiento de los israelitas y ha decidido liberarlos de los egipcios a través de él, de Moshé. Dios le da a Moshé instrucciones a Moshé. Debe reunir a los ancianos judíos e informarles que Dios los rescataría de Egipto y los llevaría de regreso a Israel. Luego Moshé debe hablarle al Faraón y pedirle que los deje salir para servir a Dios. Sin embargo, Dios le advierte a Moshé que el faraón no accederá a esta solicitud. Pero la redención habrá de llegar después de que Dios castigue a Egipto. Dios le presenta a Moshé tres milagrosas pruebas para que las realice ante los israelitas y le crean que Dios lo ha enviado. Moshé dice que él no es apto para esta difícil misión, debido a su impedimento para hablar con elocuencia. Dios entonces asigna a su hermano Aharón para que sea su portavoz.

MOSHE SE DIRIGE A EGIPTO
Moshé toma a su esposa y a sus dos hijos y se dirige a Egipto. Dios especifica a Moshé que le debe decir al Faraón: “Israel es mi hijo primogénito. Deja libre a mi hijo para que me sirva. Y si te niegas a enviarlo, mataré a tu hijo primogénito”. Moshé se encuentra con Aarón, que había venido desde Egipto para recibirlo, y juntos llegan a Egipto. Reúnen a los ancianos y les presentan las pruebas de que Dios los había enviado.

MISIÓN NO CUMPLIDA
Moshé y Aharón van al palacio del Faraón y le piden que deje salir a los judíos. El faraón se burla de ellos e instruye a sus capataces para que aumenten la carga del trabajo de los esclavos judíos. Los judíos no podían satisfacer las nuevas demandas del Faraón y como resultado son brutalmente golpeados. Moshé afligido y confundido, se dirige a Dios: «¿Por qué has causado más sufrimiento a este pueblo? ¿Y para qué me has enviado? Por haberle hablado al Faraón en Tu nombre, el pueblo está sufriendo más….». Dios tranquiliza a Moshé y le responde que pronto verá lo que Él hará con el Faraón y que el monarca egipcio liberará a los judíos.




SHEMOT: ¿Cómo homenajeamos los judíos a los no judíos?

אֲשֶׁ֨ר שֵׁ֤ם הָֽאַחַת֙ שִׁפְרָ֔ה וְשֵׁ֥ם הַשֵּׁנִ֖ית פּוּעָֽה

Como explicamos anteriormente, el Faraón prepara la solución final al problema judío. El plan comienza reclutando colaboradores. No es fácil convencer a los egipcios de que deberán denunciar y enviar a los judíos a los campos de trabajo (concentración), y que luego deben matar a los bebes hebreos. Después de todo, los judíos habían sido vecinos de los egipcios durante varias generaciones. Para lograr la colaboración de su pueblo, el Faraón pronunció el famoso discurso inflamatorio antisemita en el que acusa a los denuncia a los judíos de traidores. Y su plan funcionó.

DESOBEDIENCIA CIVIL

La primera fase del plan de Faraón se hace en secreto. Para evitar el crecimiento demográfico del pueblo judío, el Faraón ordena a las parteras que maten «discretamente» a los bebés. Probablemente golpeando sus cabecitas en la piedra sobre la cual las mujeres judías dan a luz. Lo principal era que parezca un accidente. Pero, sorpresivamente, ¡las parteras deciden desobedecer al Faraón! Los sabios tienen diferentes opiniones acerca de la etnicidad de estas parteras. ¿Eran hebreas o egipcias? El texto bíblico es ambiguo. hamyaledot haibriot podría entenderse como parteras «judías», o parteras egipcias «que asistían a las mujeres judías a dar a luz».

Hoy exploraremos esta segunda opinión, que me parece la más compatible con la narrativa textual peshat y representa entre otros la opinión del Rab Don Isaac Abarbanel ( ולא היו עבריות, כי איך יבטח לבו בנשים העבריות שימיתו ולדיהן, אבל היו מצריות מילדות את העבריות, ר»ל עוזרות אותן ללדת, כמו שנאמר ‘בילדכן את העבריות’.»). Estas parteras egipcias que se negaron a cumplir las órdenes del Faraón y dejaron que los niños vivieran son presentadas con sus nombres «Shifrá» y «Puá».

Este extraordinario acto de coraje no puede ser tomado a la ligera.

Vamos a analizarlo un poco más en profundidad.

¿QUÉ HICIERON LAS PARTERAS?

Las parteras desobedecieron una orden directa del hombre con suprema autoridad en Egipto, considerado «un dios», el gobernante del país más poderoso del mundo, en el momento del apogeo más alto de Egipto, el comienzo de la 18va dinastía. Este no fue un acto común de renunciar a las tareas asignadas: fue un acto de rebeldía, de desobediencia civil, quizás el primero que se registró en la historia de la humanidad.

¿POR QUÉ LO HICIERON?

¿Por qué las parteras dejaron vivir a los niños judíos? La Torá lo explica con palabras simples pero muy profundas. «vatirena hamyaledot et haEloqim», estas mujeres no-judías «temieron a Dios».

Aunque el tema del temor a Dios es muy profundo, mencionaré 3 breves ideas al respecto.

Primero: en la Torá el temor a Dios (=Eloqim) aparece también en el contexto de la conducta de los no judíos. Cuando se trata de un contexto judío, se menciona principalmente el temor a «HaShem», es decir, se menciona el nombre Divino en hebreo (A- do- nay). El hecho que las parteras mencionan «Dios» y no HaShem, le da más peso a la é de que estas parteras no eran judías.

En segundo lugar, el «temor a Dios» es lo que impide que una persona haga algo incorrecto, negándose a hacer algo que está mal «a los ojos de Dios». Para entenderlo mejor, comparémoslo con el «amor de Dios», que lleva a alguien a actuar con generosidad, entrega, bondad. El amor de Dios es activo, el temor de Dios es pasivo, ¡Pero no menos importante!

En tercer lugar, y quizás lo más crítico, es que el temor de Dios se presenta en oposición al temor al hombre, en este caso, el temor a un tirano. Las parteras abrazan el el temor a Dios y minimizan el temor al Faraón. Y en cierta manera, están dispuestas a aceptar el castigo del Faraón –la tortura y la ejecución– inspiradas por su temor a Dios

¿QUÉ PRECIO PAGARON POR SU DESOBEDIENCIA?

El Faraón recibe la denuncia de que lo han desobedecido y las cita a su corte para demandar una explicación. Las parteras presentan sus argumentos, y le explican que las mujeres judías dan a luz de manera natural (חיות הנה), por su cuenta, y cuando ellas llegan para «matar a los bebes judíos varones por accidente» ya es demasiado tarde para que no se note. Creo que también es posible, aunque no recuerdo que ningún comentarista lo haya explicado de esta manera, que este acto de valentía haya inspirado a la hija del Faraón, quien, desafiando la voluntad de su padre, salvó a un niño hebreo de una muerte segura. Ese niño era Moisés.

Luego llegan las enigmáticas palabras hebreas vaya’as lahem batim —“les hizo casas”.

Primera interpretación: el Faraón no las perdonó, sino que las envió a prisión (batim, «casas, celdas»). Siguiendo esta interpretación, estas mujeres pagaron con la cárcel «casas de confinamiento perpetuo» por su valiente accionar por salvar a los niños hebreos.

¿CÓMO FUE RECOMPENSADO SU ACTO DE VALENTÍA?

Pero hay una segunda posible interpretación de la palabra hebrea «batim». Dinastía memorable, nobleza y fama. Como cuando uno dice que proviene “de la Casa David”. Siempre siguiendo la opinión de que estas parteras no eran judías, es posible que la muestra de gratitud por haber salvado tantas vidas del pueblo de Israel, haya sido que la Torá mencionó a estas mujeres “explícitamente” por sus nombres: Shifrá y Puá.

Si prestamos mucha atención al texto bíblico, peshat, nos daremos cuenta de que en toda la historia de la esclavitud y el nacimiento de Moshé (dos primeros capitulos de Shemot) la Torá NO menciona los nombres de ninguno de sus protagonistas, ni siquiera Yojebed, Miriam o Bitiá —la hija del Faraón. La única excepción es la de SHIFRA Y PUA. Así, el acto de valentía de estas simples parteras quedó inmortalizado en la memoria del pueblo judío, que repetimos sus nombrescada vez que llemos la Torá. Vale la pena mencionar –y darnos cuenta de este contraste– que la Torá ni siquiera menciona por su nombre al Faraón, ¡el hombre más poderoso de la tierra, termina siendo un tirano anónimo, que no merece ser recordado, y que hasta hoy se discute su identidad.

YAD VASHEM: HOMENAJEAR CON NOMBRES

La Torá le rinde homenaje a la memoria de estas valientes mujeres, «mencionando su acto de valor y sus nombres”. Esta es la manera que el pueblo judío —y el Estado de Israel— rinde homenaje a la memoria de los gentiles que se arriesgaron o sacrificaron sus vidas para salvar vidas judías. . Este agradecimiento bíblico se repite por ejemplo, en la sección del museo del Holocausto YAD VASHEM dedicado a «los justos entre las naciones» חֲסִידֵי אֻמּוֹת הָעוֹלָם perpetuando su memoria, la mencionar su “yad” , acciones, y su “Shem”, su nombre, tal cual como lo hizo la Torá con Shifrá y Puá.

Hoy en día Israel tiene muchos –demasiados enemigos que celebran sin vergüenza la masacre de Hamás, acusan a Israel por defenderse y evitar una nueva masacre y practican la hipocresía del doble estándar, como el secretario general de las Naciones Unidas y muchos más (yemaj shemam = que sean olvidados sus nombres ) , que jamás se pondrán del lado de la verdad, la justicia y la objetividad.

Por el otro lado, hay muchos, muchísimos no judíos que nos apoyan, en silencio o a viva voz, como el autor y periodista Douglas Murray y muchos otros, que merecen nuestro mas sentido agradecimiento y homenaje.




El Rab Jayim haCohen (1585-1655) los piratas, y sus libros

El Rab Hayim haCohen nació en Egipto en el año 1585. Su padre, el rabino  Abraham haCohen, pertenecía a una distinguida familia de Cohanim, descendientes de Don Yosef haCohen de España.

Desde muy temprana edad,  el joven Rab Hayim demostró cualidades excepcionales. Junto a un profundo amor por el estudio de la Torá, poseía un carácter moral refinado y una sensibilidad espiritual elevada. Mientras otros niños dedicaban su tiempo libre al juego, Hayim solía acudir a la sinagoga, entregándose al estudio de la Torá y al aprendizaje del servicio a Dios. Ya en su juventud era reconocido por su seriedad y devoción.

Durante su adolescencia, cuando la comunidad se reunía en la sinagoga en Shabbat, el joven Rab Hayim subía al púlpito y pronunciaba derashot sobre la parashá semanal, las leyes relacionadas con las festividades próximas y enseñanzas de musar (ética judía). Sus palabras conmovían profundamente a sus oyentes y le dieron tempranamente fama como maestro y predicador destacado.

En busca de estudios avanzados,  se trasladó más tarde a la ciudad de Safed (Tsefat), en la Tierra de Israel, donde estudió durante aproximadamente tres años con el Rab Hayim Vital, alumno del Rab Yosef Caro. Allí absorbió tanto las dimensiones reveladas como las internas de la Torá, características del singular ambiente espiritual de Safed. Este período lo preparó para las responsabilidades mayores que le aguardaban.

Desde Safed,   se trasladó hacia Aram Tsoba (Alepo), donde se estableció de forma permanente. Tras el fallecimiento del Rab Mordejai haCohen —yerno del célebre Rab Shemuel Laniado— el Rab Hayim fue nombrado rabino y presidente del tribunal rabínico de la comunidad de Alepo.

Bajo su liderazgo, la vida de Torá en Alepo floreció notablemente. Se fundaron nuevas escuelas elementales (ketab) y academias rabínicas (bate midrash), se añadieron nuevos bancos en la sinagoga y la vida comunitaria se centró cada vez más en el estudio y la erudición. El Rab Hayim sirvió a la comunidad durante décadas, período en el cual su autoridad halájica fue ampliamente reconocida. Consultas rabínicas sobre asuntos legales complejos le llegaban desde comunidades judías lejanas.

A lo largo de los años,  compuso una vasta obra escrita. Entre sus trabajos más importantes se encuentra su comentario al Shulján Aruj, el gran código de la ley judía redactado por el Rab Yosef Caro, maestro del maestro de Rabí Hayim. También escribió comentarios sobre Shir haShirim, Ejá (Lamentaciones), Meguilat Rut, el libro de Daniel y otras obras, todas en forma de manuscrito.

Aunque la imprenta ya se había difundido en Europa, todavía no había llegado a Alepo ni al Medio Oriente . La única opción real para publicar libros hebreos era Italia, en particular Venecia, que se había convertido en el principal centro de impresión hebrea. El Rab Hayim envió allí uno de sus manuscritos —un comentario al libro de Ester— pero al pasar los años sin que fuera publicado, decidió viajar personalmente para supervisar el proceso.

El Rab Hayim zarpó hacia Venecia junto a su hijo, llevando consigo todos sus manuscritos,  probablemente superaban la veintena. Pero antes de arribar a Italia,   el barco fue atacado por piratas que operaban desde la isla de Malta, un conocido centro de corsarios mediterráneos en el siglo XVII. Los piratas saqueaban cargamentos y capturaban personas y las vendían.  En medio del ataque,  el Rab Hayim y su hijo se tiraron al mar y milagrosamente salvaron sus vidas. Los manuscritos, sin embargo, quedaron a bordo del barco capturado. Los manuscritos hebreos eran considerados objetos de valor para los piratas, porque sabían qeu tarde o temprano encontrarían comunidades judías dispuestas a rescatarlos.

Pero para el Rabinio la pérdida fue devastadora. Décadas de estudio, enseñanza y escritura —la obra de toda una vida— se habían desvanecido en un instante. En su dolor,  elevó una plegaria a HaShem, pidiendo que sus libros le fueran devueltos o que se le concediera la fuerza y la claridad necesarias para reescribirlos. El rab Hayim nunca mas vió sus manuscritos , pero El Cielo le concedió la segunda petición.

Reescribir sus obras desde la memoria fue un desafío intelectual y emocional inmenso. No se trataba de apuntes sino de comentarios cuidadosamente estructurados, llenos de análisis halájico, precisión textual y profundidad conceptual. Durante varios años en Italia, el Rab se dedicó a la ardua tarea de reconstruir sus escritos perdidos, apoyándose únicamente en su memoria, disciplina y firme devoción a la Torá.

El primer libro que logró publicar fue Torat Jajam, una recopilación de sermones sobre las parashiot semanales, editada por Rabí Moshe Zacuto y publicada en Venecia en 1654. Ese mismo año, con la ayuda del Rab Shemuel Abohab, publicó el primer volumen de Meqor Hayim, su comentario al Shulján Aruj, desde el principio de Oraj Jayim hasta Hiljot Shabbat .

Para publicar el segundo volumen, titulado Tur Pitda, que inbluye las Halajot de Shabbat y Erubín, el Rab Hayim viajó a Livorno, Italia.   Pero allí falleció en el año 1655, durante la semana de la parashá Qedoshim.

Tras su muerte, algunos de los manuscritos que habían sido capturados por los piratas fueron finalmente recuperados. El Rab Yosef Hayim David Azulai (el Jid”a), en su obra bibliográfica Shem haGedolim, testimonia que tuvo en sus propias manos el manuscrito de Ateret Zahav, el comentario al libro de Ester escrito de puño y letra por el Rab Hayim haCohen.

Otra de sus obras , Migdal David, un comentario sobre Meguilat Rut, también fue recuperada, aunque posteriormente fue impresa en Ámsterdam en 1680 por un impostor que se atribuyó falsamente su autoría.

En tiempos más recientes, han salido a la luz otros escritos de Rabí Hayim.

Sus comentarios agadáicos al tratado Berajot fueron publicados en 1983 por la editorial israelí Qovets Bet Aharon veYisrael.

Varias de las obras de Rabí Hayim haCohen aún permanecen  en forma de manuscrito, a la espera de su publicación.

Hacer click AQUI para bajar el libro Torat Jajam.  




SHEMOT: La historia de la envidia

Terminamos el libro de Bereshit, y esta semana comenzamos el libro de Shemot.  La historia es más o menos conocida. Bereshit cuenta cómo se formó la primera “familia” judía, bene Israel , mientras que el libro de Shemot nos cuenta cómo se formó el “pueblo” judío, am Israel.
La Torá no es un libro común. Entre las cosas que hacen que la Torá sea un libro único es que “detrás” de la trama principal se esconden sub-historias entretejidas con la trama principal, pero de alguna forma independientes de ella. Les cuento una. Hermandad vs.envidia.
La tensión entre hermanos ya se nota desde el comienzo, Cain y Abel. En este caso la envidia se genera por la atención Divina. HaShem aceptó el sacrificio de Abel y rechazó el de Cain. Y Cain, en lugar de esforzarse para hacerlo mejor como le sugirió su creador, decidió que era más fácil matar (literalmente!) a la competencia.
Veinte generaciones después, Yishma’el, de acuerdo al Midrash, trató de matar a su hermano Isaac, el favorito de Abraham.
Los hijos de Isaac, Ya’aqob y Esav, que eran mellizos, compiten desde el vientre materno por la primogenitura. Después de lo que sucedió con la bendición de Isaac, Esav amenaza de muerte a Ya’aqob. Al final hay una reconciliación, pero para que la fraternidad se mantenga, los hermanos, irónicamente, tienen que vivir separados.
El punto máximo de tensión entre hermanos llega con los hijos de Ya’aqob. Yosef, que goza del favor de su papá, despierta la envidia de sus hermanos. Y esta envidia se transforma en odio. Y este odio en planear el asesinato de Yosef. Al final, terminan vendiéndolo como esclavo, que era casi una sentencia de muerte, y lo dan por “desaparecido”.
Después de 20 años, los hermanos expresan su arrepentimiento por lo que hicieron y en un enorme acto de altruismo Yosef los perdona. Y así, aparentemente, se cierra el capítulo de envidia y resentimiento entre hermanos que comenzó con los primeros habitantes de la tierra.
Pero Bereshit aún no terminó. Y la historia de la hermandad continúa. Pero ahora va en ascenso. Los últimos hermanos mencionados en Bereshit son los hijos de Yosef: Efraim y Menashé. Por primera vez es el abuelo y no el padre el que les otorga la primogenitura y decide a quién le corresponde. Ya’aqob los bendice “poniendo a Efraim, el menor, antes que al mayor, Menashé”.
Y cuando parece que las heridas se van a volver a abrir, y que Menashé va a amenazar, matar o vender a Efraim… nada de eso sucede. Menashé, a pesar de tener razones para envidiar a su hermano, que ahora es más o tiene más que él, vive en paz con él. Por primera vez el amor entre hermanos superó el poder de la envidia. Menashé pasa con éxito la prueba de la envidia fraternal y así termina el libro de Bereshit (digamos de paso que por esta razón bendecimos a nuestros hijos con la bendición de Efraim y Menashé. Para desearles que aparte de buenos hijos, sean también buenos hermanos).
Ahora comienza el otro libro, Shemot. Que también tiene sub-historias entretejidas con la historia principal. La historia principal cuenta que Moshé es asignado como el enviado de HaShem para rescatar a Israel del cautiverio. Moshé pide ayuda para su misión y HaShem le envía como asistente a … ¡su hermano Aharón! Esto es un gran problema potencial Aharón es el hermano mayor. Y según las normas de esos días Aharón debería ser el líder de la familia, para lo que fuera necesario…. Ahora en cambio, Aharón va a ser el asistente de Moshé, su sombra…
Ahora todos sospechamos que la envidia se va a sobreponer a la hermandad.  Los más optimistas pueden suponer que Aharón no se va a enfadar. Y que siguiendo los pasos de Menashé, controlará su envidia.
Pero la Torá nos tiene reservada una sorpresa, muy hermosa.
La reacción de Aharón no tenía precedentes y nos demuestra lo mejor del ser humano. Aharón no sólo que no envidia la posición de Moshé. Aharón se alegra por Moshé!   וראך ושמח בליבו, “Y cuando Aharón te vea, se alegrará en su corazón”.
El libro de Bereshit comenzó con el fratricidio: un hermano matando al otro. Y progresó hasta llegar a la harmonía fraternal ¿Qué podría ser más elevado que la aceptación del éxito del otro? Aharón cambia la historia de la rivalidad entre hermanos en 180 grados. Y nos regaló una de las lecciones más hermosas de la vida. Alegrarse por el éxito de un hermano. Aprender a estar felices de la felicidad del otro.
Shabbat Shalom!



VIDEO Presentación del libro: «Gigantes Olvidados», segundo tomo.