Esta semana volvemos a empezar la lectura de la Torá desde Bereshit. Es un buen momento para recordar a uno de sus grandes comentaristas, un rabino que además fue astrónomo, matemático y poeta: Ribbí Abraham Eben Ezra. Lo que sigue está basado en una clase de mi tío, el Jajam Yosef Faur z”l, titulada “4 Gigantes de Sefarad”, sobre cuatro rabinos nacidos en España que marcaron profundamente el carácter y el contenido de la tradición sefaradí.
SU VIDA
Ribbí Abraham Eben Ezra nació en la ciudad de Tudela, en Navarra, al norte de España, en 1089. Fue muy cercano a Ribbí Yehudá haLeví, que era unos 14 años mayor que él. Su hijo Isaac se casó con la hija de Yehudá haLeví (según otros, fue el propio Ribbí Abraham quien se casó con ella).
De joven se mudó a Córdoba. Siempre fue muy pobre en lo material y se negaba a aceptar dinero de otros. Intentó dedicarse al comercio, pero nunca tuvo éxito en sus negocios. Una vez escuché (aunque no pude encontrar la fuente) que él decía de sí mismo que tenía tan mala suerte que, si se pusiera a vender mortajas, la gente dejaría de morirse.
El Rab Eben Ezra viajó por el mundo durante más de tres décadas. Primero recorrió el norte de África: Marruecos, Argelia y Túnez. Luego Europa: Italia, Francia e Inglaterra. Y después el Medio Oriente: Egipto, Persia y Bagdad. En cada lugar se alojaba en la comunidad judía local, y cuando reconocían su gran conocimiento de Torá, lo recibían con mucha estima. Escribía sobre todo durante sus viajes, y más de una vez dedicó sus obras a las comunidades que lo hospedaban o a sus mecenas. Se cuenta que en Francia se encontró con Rabbenu Tam (1100-1171) y en Egipto con Maimónides (1135-1204). Falleció en 1164 y, según el Rab Abraham Zacuto en su Sefer haYojasín, fue enterrado en la tierra de Israel.
COMENTARIO A LA TORÁ
El Rab Eben Ezra escribió más de 60 libros sobre temas muy diversos. Su obra más conocida es su comentario a la Torá (el Pentateuco). Fue una obra innovadora por su método: buscar el “peshat”, el sentido literal del texto, a partir de un riguroso análisis lingüístico de cada palabra.
A diferencia de Rashí, Eben Ezra evitaba citar constantemente los Midrashim en sus explicaciones. Consideraba que no hacía falta repetir lo que el lector ya podía encontrar en el Midrash. También criticaba algunos comentarios alegóricos que, según él, “dan vueltas alrededor del punto en lugar de ir al punto”. Para Eben Ezra, el punto era el sentido literal y gramatical de cada palabra. Y ese sentido debía examinarse con cuidado: no solo por la raíz de la palabra, sino también por su contexto, por su lugar en el versículo y por las otras veces que la misma palabra aparece en la Biblia.
Esta lectura literal era una novedad. Pero para no dejar dudas, el Rab aclaró que su método no se aplicaba a los versículos de la Torá que tratan sobre preceptos o mandamientos. En esos casos, la única interpretación válida es la que recibimos por la Torá oral y que está registrada en el Talmud.
ASTRONOMÍA
Lo que es menos conocido es que el Rab Eben Ezra también escribió decenas de libros sobre temas científicos. Por ejemplo, “El libro de los fundamentos de las tablas astronómicas”, una obra que redactó originalmente en latín. Esto indica que dominaba en profundidad el idioma en el que se transmitía la ciencia en esa época. El Rab Eben Ezra era un rabino que también formaba parte de la comunidad científica de su tiempo.
NAVEGACIÓN
Escribió también un tratado sobre el astrolabio, un instrumento que permite orientarse según la posición de las estrellas y que era esencial para la navegación. El astrolabio era en la Edad Media lo que el GPS es hoy. En la ilustración que acompaña este artículo se ve al Rab Eben Ezra (en el medio) con un astrolabio en las manos. El libro se llamó en hebreo Kelí haNejóshet, “el instrumento de cobre”, el metal con el que se fabricaba el astrolabio.
MATEMÁTICA
Escribió además varios libros de matemática, como “El libro del número” (Sefer haMispar), dedicado a la aritmética. En esta obra presenta el sistema decimal y explica cómo usarlo, varias décadas antes que el famoso matemático italiano Fibonacci (1170-1240). Gracias a sus muchos viajes, el Rab Eben Ezra fue uno de los principales difusores del sistema decimal en las comunidades judías y en el mundo occidental. También fue uno de los primeros en presentar y explicar el número cero, que dibujaba como un círculo y llamaba en hebreo “galgal” (círculo o rueda).
TORÁ Y CIENCIA
En su clase, el Jajam Faur z”l explicó que para Eben Ezra la Torá y el conocimiento científico no se contradicen. Al contrario: se complementan y se necesitan uno al otro para observar y valorar la sabiduría del Creador. El hecho de que el universo pueda entenderse y explicarse con fórmulas matemáticas y leyes predecibles e inalterables revela la existencia de un Creador inteligente. Maimónides desarrolló esta idea en profundidad en Hiljot Yesodé haTorá, capítulo 2. Para quien quiera profundizar en el tema, recomiendo el libro “Seis números nada más”, de Martin Rees, uno de los astrofísicos más reconocidos del mundo.
POESÍA
Finalmente, el Rab Eben Ezra fue también un gran poeta. Algunos de los poemas que compuso hace más de 800 años se siguen cantando hasta hoy. Por ejemplo: AGADELJÁ ELOQUÉ KOL NESHAMÁ, KI ESHMERÁ SHABBAT y el profundísimo poema con el que abrimos la tefilá de Yom Kipur: LEJÁ ELÍ TESHUKATÍ.

