LEJ LEJA: Del otro lado del río

Abraham Abinu nació en un mundo donde la humanidad estaba guiada por líderes muy poderosos y corruptos (= la casta política), que utilizaban “la religión”, la idolatría, para manipular a las masas y adquirir poder. El producto que vendían (los ídolos y su culto) era falso, y eso lo sabían muchos. Pero nadie lo cuestionaba. El marketing era demasiado bueno, y habían montado una propaganda tan increíble, una verdadera ingeniería mental, que nadie podía escapar de ella.

Los Sabios dicen que el líder supremo era el rey Nimrod, “un poderoso cazador” (Bereshit 10:9), un eufemismo de asesino y tirano. O, como explica Rashí, Nimrod era un genio del marketing: “cazaba la mente de las personas” y las convencía de someterse a él. Su proyecto más ambicioso, también según los Sabios, fue la Torre de Babel, donde consiguió que toda la humanidad “hablara un solo idioma”, es decir, que pensara las mismas ideas y no se atreviera a distanciarse del régimen totalitario.

EL MIEDO

Entonces nació Abraham. Maimónides cuenta que Abraham, siendo todavía joven, empezó a pensar por su cuenta (Hiljot Abodá Zará 1:3). Observaba el sol, la luna, las estrellas, y se preguntaba quién movía todo eso. Abraham no tenía maestros ni libros. A los cuarenta años llegó a la conclusión de que había un solo Creador, y ¡que todo el mundo estaba equivocado!

Eso fue grandioso, pero no fue lo más importante que hizo Abraham. Ni lo que lo convirtió en el hombre más influyente de la historia humana. Otras personas en esa época, como Shem, Eber o Malkitsédeq, rey de Shalem, también eran conscientes de la falsedad de los dioses y “creían” en un solo Dios (o en un Dios superior), pero nadie se animaba a decirlo en público. Nadie se animaba a enfrentar al paganismo. Por comodidad, por ignorancia o por miedo. La sociedad se había convertido en socia y cómplice de los dictadores y corruptos.

Especialmente por miedo. Los que disintieron con el régimen del rey Nimrod fueron ejecutados. Quemados vivos, para que el resto de la sociedad escarmentara y nadie se atreviera a desafiar al sistema. Así, la dictadura se normalizó, y todos se sometieron.

ABRAHAM ROMPE EL SILENCIO

Lo que Abraham hizo diferente fue que no se guardó sus ideas para sí mismo. Salió a enfrentarlos, a discutir y a debatir abiertamente con la gente de Ur Kasdim. Les dijo que sus dioses eran “falsos” (todo un insulto para el sistema) y trató de razonar con ellos: ¿cómo podían los ídolos ser considerados los creadores del mundo si ni siquiera podían moverse? Presentó todos los hechos en las redes sociales. Todas las evidencias. Pero los datos no fueron suficientes para movilizar a los demás. Ni siquiera a aquellos que sabían la verdad. La gente seguía obedeciendo al régimen.

El ejemplo más extremo fue el del propio padre de Abraham, Teraj. El Midrash cuenta que cuando Abraham rompió los ídolos de su padre, Teraj, después de escuchar los argumentos convincentes de su hijo, no solo NO se convenció. ¡Todo lo contrario! Teraj delató a Abraham ante las autoridades, ante el rey Nimrod, quien lo condenó a morir quemado en las llamas. Pero Dios, milagrosamente, lo salvó.

ABRAM HAIBRÍ

En la Parashá de esta semana, Lej Lejá, la Torá le da a Abraham un nombre, o sobrenombre, especial. Lo llama “Abram HaIbrí”, el hebreo (Bereshit 14:13):

וַיָּבֹא֙ הַפָּלִ֔יט וַיַּגֵּ֖ד לְאַבְרָ֣ם הָעִבְרִ֑י

La palabra ibrí viene de eber, “el otro lado”. En sentido literal, Abraham venía del otro lado del río Éufrates. Pero el Midrash (Bereshit Rabá 42:8), con una gran profundidad psicológica, lo interpreta de otra manera: “del otro lado del río” también alude a la conducta de Abraham. Mientras todo el mundo se situaba, por conveniencia, por ignorancia o por miedo, del lado de los ídolos y del tirano Nimrod, Abraham estaba del otro lado. Del lado de la verdad. Solito. Y se quedó allí. A pesar de la inmensa presión social (peer pressure), Abraham tuvo el valor de defender sus ideas y de enfrentar directamente a la tiranía, a la falsedad y a la hipocresía. Luchó solo, venció y, con el tiempo, LIDERÓ.

Los descendientes de Abraham, y la nación que construyeron, se encuentran en una situación similar. Están del otro lado: donde no están todos los demás. Se defienden y enfrentan a las fuerzas del mal como ninguna otra nación lo hace. Solos.

Para comprenderlo, hay que ver esta tabla:

EL QUE LO DICE, LO ES

Hoy se escucha en las calles de las capitales de Europa un slogan aterrador: “From the river to the sea, Palestine will be free”. Lo que estas palabras significan es muy simple: la intolerancia hacia la existencia del único Estado judío del mundo, Israel, que se encuentra entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Que quede claro: no es una consigna de paz, ni siquiera un reclamo por “dos” Estados, uno judío y otro palestino, que convivan juntos. Es el slogan radical de Hamás, una organización terrorista, y de regímenes que declaran abiertamente que su objetivo es la desaparición de Israel.

Lo peor del caso es que, irónicamente, desde el 7 de octubre de 2023 no solo los extremistas islamistas gritan este slogan. Una gran parte de la sociedad no musulmana se suma a esta campaña con ambiciones “genocidas”. La bandera palestina se “idolatra” en París, Londres, Belfast, Bruselas, Berlín y Nueva York. El grito por la destrucción de Israel se ha normalizado, y nadie enfrenta directamente a los extremistas. Por convicción, por ignorancia o por miedo.

¿POR QUÉ TANTA OBSESIÓN CON PALESTINA?

El islam radical y sus socios europeos están obsesionados con Israel. ¿Por qué? Porque, mientras los países de Europa ceden ante el islamismo, Israel se ha convertido en el Abraham HaIbrí de las naciones del mundo. Es el ÚNICO PAÍS DEL PLANETA que enfrenta militarmente a los islamistas, que les da pelea. ¡Y que, B”H, los está derrotando!

Los radicales islamistas presionan a los europeos para que detengan a Israel. Para que Israel se rinda, para que deje de defenderse. Y los europeos, lejos de aplaudir a Israel por darles pelea a los que quieren destruir sus países, lo critican, lo acusan falsamente, lo demonizan. En septiembre de 2025, menos de dos años después de la peor masacre de judíos desde la Shoá, y con los rehenes todavía en Gaza, Gran Bretaña, Francia, Canadá, Australia y otros países reaccionaron a la masacre del 7 de octubre “reconociendo un Estado palestino”. Los líderes de estos países razonan que, si les dan a los islamistas lo que piden, es decir, la cabeza de Israel, se van a calmar, se van a integrar mejor a sus sociedades y los van a dejar tranquilos a ellos. Pero, como dicen los que saben: lo que empieza con los judíos no termina con los judíos. Hoy vemos las consecuencias de la ingenuidad europea.

EL OTRO LADO

Abraham llegó desde el otro lado del río. Y nunca se pasó al lado de los demás. Siguió luchando por sus convicciones. Solo. Contra todos. Y al final, triunfó.

Y Dios les hizo una promesa a sus descendientes (Debarim 11:24):

מִן־הַנָּהָ֣ר נְהַר־פְּרָ֗ת וְעַד֙ הַיָּ֣ם הָאַחֲר֔וֹן יִהְיֶ֖ה גְּבֻלְכֶֽם

“Desde el río Éufrates hasta el mar occidental se extenderá vuestro territorio”.

“Del río al mar” es la bendición bíblica para los descendientes de Abraham. Es para los hijos del hombre que cruzó el río y se quedó, solo, del otro lado. Del lado de la verdad. Del lado de Dios.

Y ese lado, como en los días de Abraham, va a triunfar.