Hay momentos en el Halel de Sukkot que parecen haber sido concebidos para momentos como el que acabamos de vivir con el avión de Flydubai.
Estos son cuatro momentos en los cuales agitamos o movemos el lulab (na’anuim), agradeciendo a Dios por nuestra prosperidad y pidiéndole que proteja nuestra prosperidad de los enemigos que nos la quieren quitar.
AGRADECER
La primera ocasión es cuando decimos el famoso versículo HODÚ LAHASHEM KI TOV, KI LEOLAM JASDÓ, “agradezcamos a HaShem por Sus bendiciones, [cuando estamos bien y tenemos prosperidad]”. “Su favor siempre se manifiesta [hacia nosotros, el pueblo judío]”.
Luego también movemos los Arba’at HaMinim dos veces en otro versículo muy especial: ANA HASHEM HOSHÍA NA: “Por favor, HaShem, sálvanos, líbranos [de nuestros enemigos, que nos envidian y tratan de quitarnos nuestras bendiciones]”.
Al final repetimos una vez más HODÚ LAHASHEM KI TOV (Tehilim 118:25).
Estos son dos versículos muy breves, pero muy poderosos, y tienen un significado muy claro. Primero comenzamos por agradecer: Hodú LaHaShem ki tov es un versículo clásico de agradecimiento. Si se quiere, es la forma bíblica y más solemne de decir BARUJ HASHEM, o “Gracias, Dios”. Es la fórmula “completa” de agradecimiento judío por excelencia, y se repite varias veces en diferentes salmos de Tehilim.
PEDIR
El otro versículo, ANA HASHEM HOSHÍA NA, es uno de los más cortos. Es un pedido a Dios: el grito de un pueblo que sabe que, por su condición de pueblo elegido, siempre se encuentra expuesto a los celos de las naciones del mundo que intentan eliminarlo porque disfruta de la bendición de Dios: prosperidad y seguridad.
A lo largo de nuestra historia, Am Israel pronunció estas palabras enfrentando enemigos que parecían, o eran, más fuertes que nosotros, o en situaciones en las que humanamente no parecía haber salida. Aclaremos que hoshía na no significa que le pedimos a Dios que actúe mientras permanecemos sin hacer nada, esperando un milagro. El judaísmo nos enseña que el hombre debe actuar, luchar, correr, salvar, hacer todo lo que esté a su alcance; y, al mismo tiempo, saber que el resultado está en manos del Cielo.
TODO PARECIDO CON LA REALIDAD…
Creo que estos dos pesukim representan exactamente lo que se vivió ayer en el vuelo FZ1073 de Flydubai. Los pasajeros israelíes, con la ayuda de Dios, desbarataron el siniestro plan de sus enemigos, pudieron finalmente recuperar el control de la situación y, milagrosamente, fueron salvados. Era como si HaShem estuviera escuchando la Tefilá de todo el pueblo judío, que ese mismo día decía: Ana HaShem, hoshía na. HaShem, sálvanos.
Y luego viene la segunda frase: הוֹדוּ לַה׳ כִּי טוֹב כִּי לְעוֹלָם חַסְדּוֹ — “Hodú LaHaShem ki tov, ki leolam jasdó”, “Agradezcan a HaShem porque Él es bueno, porque Su bondad es eterna” (Tehilim 118:1). Hodú LaHaShem ki tov: gracias, HaShem, por haber estado con nosotros una vez más. Porque cuando el peligro pasa, cuando el avión aterriza, cuando la operación termina bien, cuando el soldado vuelve a casa o cuando aquello que temíamos finalmente no ocurrió, entonces tenemos que saber decir GRACIAS con la misma intensidad con la que, tantas veces, sabemos decir POR FAVOR.

