EL RAB OBADIÁ YOSEF z”l y 5 de sus mayores contribuciones

Este miércoles, 3 de Jeshván, se cumplieron 13 años del fallecimiento del Rab Obadiá Yosef z”l (1920-2013). Unas 800.000 personas, el 10% de la población de Israel, acompañaron su entierro en Jerusalem. Fue una de las mayores concentraciones de judíos de la historia.
Su influencia, sus decisiones, su visión cambiaron la vida de millones de judíos en Israel y en el mundo. Aquí van cinco ejemplos de su influencia.
1. UNIFICAR LA HALAJÁ SEFARADÍ
Después de 1948 llegaron a Israel judíos de Marruecos, Irak, Siria, Libia, Túnez, Irán, Yemen y Egipto. Cada comunidad traía sus propios rabinos, sus libros y sus costumbres. Muchas de esas costumbres eran más estrictas de lo que la halajá exige. En Pésaj, por ejemplo, había familias que cubrían la mesa con siete manteles, y nadie se atrevía a comprar azúcar o aceite común para Pésaj.
El Rab Obadiá propuso un punto de unión: el Shulján Aruj del rabino Yosef Caro (1488-1575). Históricamente, los sefaradíes aceptaron a Maran Yosef Caro como su máxima autoridad: “Quibalnu horaot Maran”. Según el Rab Obadiá, sus decisiones debían seguirse tal como están escritas, sin agregarles restricciones adicionales.
No fue fácil. Ya a los 18 años, como rabino de la sinagoga de los judíos iraquíes en el barrio de Bet Israel, en Jerusalem, discrepaba en sus clases con los dictámenes del Ben Ish Jai, que era la autoridad más venerada por los judíos de Irak. Hubo objeciones. Su maestro, el Rab Ezra Attie, lo alentó a seguir. Esas discrepancias se publicaron después en la serie Halijot Olam.
Su primer libro, Jazón Obadiá (1952), sobre las leyes de Pésaj, liberó a la gente de muchas restricciones que no tenían base en el Shulján Aruj. Él lo llamaba “lehajazir atará leyoshná”: devolver la corona sefaradí a su gloria original.
2. LAS AGUNOT DE YOM KIPUR
La Guerra de Yom Kipur estalló el 6 de octubre de 1973. Cayeron unos 2.600 soldados. Cerca de mil de ellos estaban casados, y en muchos casos no había un cuerpo identificable. Sin prueba de la muerte, sus esposas quedaban como “agunot”: según la halajá seguían casadas y no podían volver a casarse.
El Rabino Principal del Tsahal, el Rab Mordejai Pirón, le pidió ayuda al Rab Obadiá, recién nombrado Rishón LeTsión. Se formó un tribunal especial con el Rab Pirón, su adjunto el Rab Gad Navón y el Rab Obadiá a la cabeza. Revisaron cada caso, uno por uno. Entrevistaron soldados, reconstruyeron testimonios y estudiaron todas las fuentes posibles.
En uno de los casos se encontraron restos no identificados en el Sinaí con un anillo de bodas. Tenía grabado el nombre de la esposa y la fecha del casamiento. Coincidía con una de las viudas. El Rab Obadiá dictaminó que eso bastaba para declararla viuda. Para 1976 no quedaba una sola agunah de esa guerra.
Algunos rabinos lo criticaron por ser demasiado permisivo. Él escribió que, en otros temas, entendía a los que buscan evitar toda duda. Pero cuando se trata de una agunah, él seguía el camino de los grandes rabinos del pasado: buscar con todos los recursos halájicos y prácticos posibles una solución para liberarla.
3. LOS JUDÍOS DE ETIOPÍA
Durante siglos, los Beta Israel vivieron aislados en las montañas de Etiopía, sin contacto con el resto del pueblo judío. Muchos dudaban de que fueran judíos. Los antropólogos tenían sus teorías.
En 1973, el Rab Obadiá, como Rabino Principal de Israel, dictaminó que son judíos. Se basó en dos grandes rabinos del siglo XVI: el Radbaz (Rab David ben Zimra, de Egipto) y su alumno el Maharikash. Ambos habían aceptado la tradición de los judíos etíopes, que se consideraban descendientes de la tribu de Dan. El Rab Obadiá escribió que, si estos dos pilares de la halajá los reconocieron, nuestra generación no tiene derecho a cuestionarlos.
¿Y los 500 años que pasaron desde entonces? El Rab Obadiá respondió que los judíos de Etiopía cuidaron su identidad con celo durante generaciones.
Esa decisión les abrió la puerta a la Ley del Retorno. Después vinieron la Operación Moisés (1984) y la Operación Salomón (1991). Hoy viven en Israel más de 100.000 judíos etíopes.
El Rab Obadiá los defendió también en la práctica. Cuando una escuela de Petaj Tikvá separó a los alumnos etíopes, dijo que el que no quisiera aceptarlos se levantara y se fuera él a su casa.
4. TRASPLANTES Y DONACIÓN DE ÓRGANOS
La medicina moderna planteó preguntas que la halajá nunca había enfrentado. El Rab Obadiá respondió tres de ellas.
Córneas. La primera pregunta llegó hace más de cincuenta años, del Rab Ben Tsión Abba Shaul: ¿se puede tomar la córnea de una persona fallecida para devolverle la vista a un ciego? Hay dos problemas: no se puede profanar un cuerpo, y está prohibido beneficiarse de un muerto. El Rab Obadiá escribió una respuesta larga. Explicó que la córnea es distinta de otros órganos: el beneficio que se obtiene de ella al trasplantarla en un cuerpo vivo no está prohibido por la Torá, sino solo por un decreto de los Sabios. Y dictaminó que uno puede dejar establecido donar sus córneas para devolver la vida a un ciego.
Riñones. En 1980 le preguntaron si una persona sana puede donar un riñón a un enfermo. Otros grandes rabinos dudaban: decían que el donante se ponía en peligro. Algunos lo prohibían. El Rab Obadiá consultó a médicos especialistas temerosos de Dios. Le dijeron que el riesgo es muy pequeño y que el 99% de los donantes vuelve a tener una vida completamente normal. Con esa información, dictaminó que donar un riñón para salvar al prójimo de una muerte segura es una mitzvá. Y terminó con una berajá: quien cumple esta mitzvá merece la máxima protección de HaShem.
Fue el primer gran posek en decirlo. Repitió esta posición en sus años de vejez. Su hijo, el Rab Yitsjak Yosef, la llama “una gran mitzvá”. Hoy, los judíos ortodoxos representan alrededor del 15% de los donantes altruistas de riñón en Estados Unidos.
Muerte cerebral. La tercera pregunta: ¿cuándo muere una persona? ¿Cuándo se detiene el corazón o cuándo muere el cerebro? De la respuesta depende si se puede donar un corazón, un hígado o un pulmón. El Rab Obadiá dictaminó que la muerte del cerebro, incluida la corteza cerebral, es muerte según la halajá. Con eso, abrió la puerta a los trasplantes de órganos vitales en el ámbito religioso. Esta valiente decisión ha salvado miles de vidas.
5. LA HALAJÁ AL ALCANCE DE TODOS
Su obra principal, Yabía Omer, es una colección de diez tomos de respuestas rabínicas. El primero salió en 1954 y contaba con la aprobación de los más grandes rabinos de Jerusalem de esa época: el Rab Tsví Pésaj Frank, el Rab Yitsjak Herzog, el Rab Shelomó Zalman Auerbach y el Rab Yosef Shalom Elyashiv. El Rab Obadiá escribía con una memoria prodigiosa: citaba de memoria miles de opiniones, de todas las épocas.
Pero su mayor talento fue llevar la halajá a la gente común. Tenía un programa semanal en la radio Kol Israel, donde respondía a las preguntas de los oyentes. De allí nació, en 1977, su serie Yejavé Daat: seis tomos de respuestas breves y claras. Sus clases de Motsaé Shabbat, a las cuales asistí durante 4 años, se transmitían a todo el mundo. Miles de personas iban a escucharlo. Su hijo, el Rab Yitsjak Yosef, empezó a reunir sus dictámenes en un libro práctico, el Yalqut Yosef, que hoy está en miles de hogares sefaradíes.
Su principio era muy simple y muy sefaradí: “Kojá deheterá adif”, el poder de permitir es mayor que el de prohibir. Si hay una forma legítima de autorizar algo en las leyes de kashrut, de taharat hamishpajá, de Pésaj o en las leyes civiles, y existe una fuente talmúdica o rabínica que lo sustente, hay que hacerlo. Hay que allanar, todo lo que se pueda, el camino para cumplir las mitsvot. Así, muchos judíos que se sentían lejos de la Torá pudieron volver a ella.
Rab Yosef Bitton