BERESHIT: Caín y la primera sesión de terapia

 

Daniel tiene 34 años. Hoy fue el cumpleaños de su madre, y él no fue. A las nueve lo llamó su hermano mayor: “Mamá te esperó toda la noche. Ni siquiera llamaste”. Daniel le colgó.

A las once, enojado y con un poco de culpa, abre ChatGPT y escribe: “Hoy no fui al cumpleaños de mi mamá. Estaba agotado después de una semana dura en el trabajo. Además, mi hermano siempre me hace sentir culpable, y me llamó para reprocharme. ¿Estuve mal?”.

La respuesta llega en dos segundos: “Lamento mucho que hayas tenido una semana tan difícil. Es completamente comprensible que necesitaras descansar. Cuidar tu salud mental no es egoísmo. Tus sentimientos son válidos, y nadie tiene derecho a hacerte sentir culpable por poner límites”.

Daniel sigue escribiendo. Cuenta que su hermano siempre fue el favorito. Que su madre nunca reconoce lo que él hace. La IA responde: “Suena a que llevas mucho tiempo cargando con esa sensación. Es muy valiente de tu parte reconocerlo. Mereces rodearte de personas que te valoren”.

A medianoche, Daniel apaga su computadora. Se siente comprendido. Por primera vez en todo el día, está convencido de que él es la víctima de la historia. Y no llama a su madre.

En toda la conversación, nadie le preguntó a Daniel lo obvio: “¿Le avisaste a tu mamá que no ibas a ir? ¿Te disculpaste con ella? ¿Puedes ir hoy o mañana a visitarla?”. ChatGPT, como Claude, Gemini, Grok y los demás programas de inteligencia artificial (IA), escuchó una sola versión, la de Daniel. Y concluyó que su hermano, el que sí fue al cumpleaños y lo hacía sentir culpable, era el verdadero problema.

LA TERAPIA COMPLACIENTE

Daniel no es un caso raro. Las mismas conversaciones se repiten todas las noches, en millones de teléfonos y tabletas.

Una estudiante reprueba un examen para el que no estudió. La IA le explica que los exámenes no miden la verdadera inteligencia.

Un empleado llega tarde por tercera vez en la semana, y su jefe le llama la atención. La IA le dice que eso podría ser una señal de un “ambiente laboral tóxico”.

Una mujer le gritó a su marido delante de los chicos. La IA le asegura que nadie puede estar bien todo el tiempo y que su enojo seguramente tenía una razón.

Un hombre abandona el gimnasio por cuarta vez este año. La IA lo felicita por “escuchar a su cuerpo”.

El vocabulario siempre es el mismo: “tus sentimientos son válidos”, “poner límites”, “personas tóxicas”, “autocuidado”, “tú mereces”. Palabras que suenan a buenos consejos. Pero no ayudan si no se le pide al “paciente” que se haga cargo de sus errores, que mejore o que cambie algo.

LOS DATOS

Cada vez más personas usan la IA como “coach” o “terapeuta”. Según una encuesta de Common Sense Media (julio de 2025), el 72% de los adolescentes en Estados Unidos ya usó una IA como compañero de conversación, y uno de cada tres prefirió alguna vez hablar de un tema serio con una IA antes que con una persona.

Un estudio de la Universidad de Stanford, publicado en la revista Science, encontró que las IA aprueban lo que hizo el usuario un 49% más que las personas, incluso cuando el usuario cuenta que mintió o que hizo algo dañino. Y quienes recibieron esas respuestas complacientes salieron más convencidos de tener razón y menos dispuestos a rectificar sus acciones o a pedir perdón. Exactamente como Daniel. (Presento un resumen del estudio en español aquí: https://halaja.org/2026/08/la-ia-que-siempre-te-da-la-razon-lo-que-encontro-un-estudio-de-stanford/).

En abril de 2025, OpenAI tuvo que retirar una actualización de ChatGPT por ser demasiado aduladora: llegó a felicitar a un usuario que había dejado por su cuenta su medicación psiquiátrica. La empresa explicó que el sistema se guiaba demasiado por el “me gusta” inmediato del usuario. Y lo que más nos gusta, en el momento, es ¡que nos den la razón!

LA PRIMERA SESIÓN

La historia de Daniel es muy antigua. La Torá la cuenta en la Parashá de esta semana.

Caín y Abel, los hijos de Adam y Eva, sabían que todo lo que tenían venía de Dios, y quisieron agradecérselo. Así nació la idea de la ofrenda, explica el Rab Luzzatto: un regalo para el Creador. Caín era agricultor y trajo frutos de la tierra. Abel era pastor y trajo de sus animales.

Pero la Torá marca una diferencia. De Abel dice que trajo de las primeras crías de su rebaño: eligió lo mejor que tenía. De Caín dice que trajo “del fruto de la tierra”. Nuestros Sabios explican que Caín trajo lo que le sobraba: las frutas que ya nadie iba a comer. En lugar de desecharlas, se las entregó a Dios como ofrenda.

Dios aceptó la ofrenda de Abel y rechazó la de Caín. Caín se sintió frustrado. Se enojó y se deprimió. Y Dios se le acercó y le dijo algo muy simple:

וַיֹּ֥אמֶר ה׳ אֶל־קָ֑יִן לָ֚מָּה חָ֣רָה לָ֔ךְ וְלָ֖מָּה נָפְל֥וּ פָנֶֽיךָ׃ הֲל֤וֹא אִם־תֵּיטִיב֙ שְׂאֵ֔ת

“Y dijo HaShem a Caín: ¿Por qué estás enojado y por qué estás deprimido? Simplemente, si [la próxima vez] mejoras tu ofrenda, ¡será aceptada!” (Bereshit 4:6-7).

Dios empieza igual que la IA: preguntando por sus sentimientos, “¿por qué estás enojado y deprimido?”, aunque sabe perfectamente la respuesta. Le da a Caín la oportunidad de expresarse. Pero ahí termina el parecido entre Dios y un terapeuta complaciente. Dios no le dice: “Fue injusto que rechazaran tu ofrenda… Merecías que valoraran tus intenciones… Tu hermano fue ostentoso y te hizo quedar mal”. Dios le aconseja, por su bien, que la próxima vez haga las cosas mejor. Y le promete que, en ese caso, su ofrenda será aceptada.

Aquí hay dos mensajes. El primero es responsabilidad: lo que pasó, tu fracaso, no fue culpa de tu hermano. Fue tu responsabilidad. La próxima vez, trae lo mejor que tienes. Y lo recibiré.

El segundo es optimismo: no es el fin del mundo. Lo puedes cambiar. Inténtalo de nuevo. Hazlo mejor. Dios cree en Caín. Y justamente porque cree en él, no lo valida: le exige.

TERAPIA BÍBLICA

Hay dos clases de amigos o consejeros. Uno, directa o indirectamente, siempre te da la razón. El otro, cuando hace falta, te dice que te equivocaste y que puedes hacerlo mejor. El primero es más agradable. El segundo es el que de verdad te quiere.

El buen coach o terapeuta hace lo que hizo Dios con Caín: escucha, comprende, y después dice: “Discúlpate. Hazlo de nuevo, y esta vez mejor. Adelante: ¡tú puedes!”.

El problema con Caín es que no respondió. La Torá no registra ni una palabra suya después de la intervención de Dios: no hay disculpas, no se hace cargo, no se compromete a mejorar. Caín se hundió en su depresión y en su autovalidación. El versículo siguiente lo encuentra hablando con su hermano en el campo, y allí lo mata. Se convenció de que él era la víctima y de que su fracaso era culpa de su hermano.

Rab Yosef Bitton