INTRODUCCION: El juego de los 10 Mandamientos
El juego
Cuando enseño los Diez Mandamientos, el título de mi clase suele ser “El juego de los Diez Mandamientos”. El juego es muy sencillo. Primero explico los mandamientos, uno por uno. Y luego pregunto a mi audiencia: ¿Cuál de estos preceptos ha expirado? ¿Cuál pasó de moda, cuál ya no es relevante ni necesario?
¿La respuesta? Un largo silencio.
Hace 3,500 años que estos preceptos fueron proclamados en el Monte Sinaí, y ni uno solo ha vencido. No hay otro texto legal en la historia de la humanidad del que pueda decirse lo mismo.
Las primeras palabras del pacto
Los Diez Mandamientos no son un texto más de la Torá. Son las primeras palabras del pacto (berit) entre Dios y el pueblo de Israel: la única vez que HaShem se reveló ante todo el pueblo colectivamente, en el evento que conocemos como ma’amad har Sinai. Los términos completos de ese pacto se expondrán a lo largo de toda la Torá — 613 preceptos, nuestra Constitución Nacional — pero la ceremonia inaugural fueron estas diez declaraciones.
Uno esperaría, entonces, que los Diez Mandamientos fueran el primer texto que se estudie (¡y se memorice!) en toda escuela judía. Y sin embargo, no es así. Los estudiamos, por supuesto — pero no lo suficiente. No como deberían estudiarse las palabras con las que comenzó todo.
¿Por qué?
Un poco de historia
En los tiempos del Bet HaMiqdash, los Diez Mandamientos se recitaban todos los días como parte de la liturgia, junto con el Shemá Israel (Mishná, Tamid 5:1). En los siglos 3 y 4, varios rabinos trataron de reinstituir esa recitación diaria en Babel, y las cortes rabínicas no lo autorizaron. La Guemará (Berajot 12a) explica el motivo con tres palabras crípticas: mippené tar’omat haminim — “por los argumentos escandalosos de los herejes”.
¿Quiénes eran esos herejes? El cristianismo naciente presentaba a los Diez Mandamientos como los únicos preceptos revelados directamente por Dios — y por lo tanto, los únicos obligatorios. Todo lo demás — Shabbat, kashrut, la circuncisión — quedaba derogado. Una versión del judaísmo desprovista de casi todas sus obligaciones. Frente a esa doctrina, nuestros Sabios tomaron una decisión defensiva: retirar los Diez Mandamientos del rezo diario, para que nadie pudiera decir que los judíos mismos los consideraban la única palabra divina.
Maimónides
Siglos después, la misma discusión reapareció en otra forma: ¿debemos ponernos de pie cuando los Diez Mandamientos se leen públicamente en la sinagoga?
Maimónides dijo que NO. Los Diez Mandamientos son una parte esencial de la Torá, pero no son más importantes que los demás preceptos bíblicos. Todas las Mitsvot tienen el mismo origen Divino y la misma jerarquía. Ponerse de pie ante estos mandamientos — y quedarse sentado ante todos los demás — sugeriría exactamente la doctrina contra la cual nuestros Sabios lucharon durante siglos.
Lo que hace únicos a los Diez Mandamientos no es su jerarquía: es la forma en que fueron entregados. Directamente. Ante todo el pueblo. Como apertura del pacto.
Lo que sigue
Aquella decisión defensiva de nuestros Sabios fue necesaria. Pero tuvo un costo: el texto con el que comenzó nuestro pacto con Dios terminó siendo menos estudiado de lo que merece. En las próximas semanas quisiera remediar un poco esta situación, estudiando juntos cada mandamiento, uno por uno.
El juego sigue abierto: si encuentran uno que haya vencido, me avisan.