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¡TRES SEGULOT PARA ENCONTRAR TU SHIDDUJ PERFECTO!

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1. Bajar un escalón

Los jóvenes de todo el mundo tienen cada vez más dificultad para casarse. Y frente a esa dificultad aparece toda clase de ayuda metafísica: segulot, amuletos, listas de Tehilim con garantía. Pero no siempre funcionan.

Hoy quiero compartir una segulá que “sí” funciona, y viene garantizada por más de dos mil años de sabiduría. Está en la Guemará, Masejet Yebamot 63, y consiste en cuatro palabras: נחית דרגא ונסיב איתתאnajit dargá unsib itetá— “baja un escalón y toma a tu esposa”.

Lo que los Sabios están diciendo es esto: no busques a alguien que esté por encima de ti. Busca a alguien a quien tú le gustes.

Le pregunté a un joven soltero de más de treinta años por qué seguía soltero, teniendo B”H tantas candidatas alrededor. Y me dio la misma respuesta que me dan todos: “Rabino, necesito sentirme atraído hacia la muchacha. Y las muchachas por las que yo me siento atraído ¡no me prestan atención!”

Lo que está diciendo, sin darse cuenta, es que necesita a alguien que esté un escalón por encima de él. Un nivel de belleza más alto que el suyo, que sea más dulce que él, más simpática, de mejor humor, de mejor familia. Y nunca se le ocurre pensar que la muchacha que está un escalón por encima de él puede estar esperando exactamente lo mismo: está mirando a los muchachos que están por encima de ella, o en su mismo escalón.

Ahí está el círculo vicioso. Y destructivo. Si todos buscan una versión mejorada de sí mismos, entonces nadie está mirando a la gente buena que sí está disponible. No faltan candidatos; el problema es que todos están mirando en la misma dirección, demasiado hacia arriba.

Hay una frase paradójica que lamentablemente no es rara, y que resume el problema entero: “Perdí el interés por ella cuando me di cuenta de que yo le gustaba.”

Ese es exactamente el mecanismo que esta segulá viene a romper. La persona que se interesa por ti no vale menos por interesarse. No tiene ningún sentido seguir el instinto del conquistador e ir detrás de la muchacha imposible.

Así que si de verdad quieres casarte, repítete estas cuatro palabras tres veces, todas las noches —najit dargá unsib itetá— y empieza a buscar en la dirección correcta: alguien de tu nivel, a quien tú ya le gustas.

De golpe vas a descubrir que los candidatos no son pocos.

SEGULÁ 2 — No te enamores de una foto

Nuestros Sabios entendieron la belleza al revés de como la entiende el mundo moderno.

Para la cultura griega —y para la contemporánea, que en esto es heredera de la griega— la belleza es un dato objetivo que ya está ahí antes de que uno se enamore. Uno se enamora porque encontró la belleza.

Pero para la mente judía es exactamente al revés: la percepción de la belleza es el resultado del amor, no su causa.

“No te quiero porque te encuentro hermosa. Te encuentro hermosa porque te amo.”

El mejor ejemplo son nuestros hijos. La niña de cuatro años del vecino puede ser preciosa. Pero para mí no hay en el universo criatura más hermosa que mi hija. O mi nieta. ¿Por qué? Porque la amo. Y al quererla, me parece la nena más hermosa del mundo. No puedo verla de otra manera.

Esto es completamente diferente a la actitud moderna materialista. Si la belleza viene después, la pregunta correcta en una primera salida no es “¿me atrae?”, sino “¿es alguien a quien podría llegar a querer?”.

La mayoría de las parejas que conozco, en las primeras salidas, no sintieron ni atracción fatal ni rechazo automático. Estaban emocionalmente parve. Y como la cabeza decía que sí, invirtieron tiempo en la relación. Las emociones se alimentaron de la convivencia, del conocimiento mutuo, de compartir algunas cosas y debatir otras. Y ahí llegó la atracción.

Eso es lo normal. Lo otro es lo que se ve en las películas.

De aquí sale una segulá muy práctica: si sales con alguien de buenas middot y de buena familia, dale tiempo a la atracción. El tiempo, y el conocer a la otra persona, hacen su trabajo.

SEGULÁ 3 — Luces rojas y virtudes VIP

La persona con la que uno piensa casarse tiene que tener buenas middot, venir de una familia decente, y tener valores religiosos y morales compatibles.

También hay que desconfiar de la persona que vive criticando a los demás. El que siempre tiene algo que decir sobre todo el mundo. Los Sabios lo resumieron en cuatro palabras, kol hapoesel bemumó posel: el que descalifica, descalifica proyectando en los demás su propio defecto. El que insiste obsesivamente en que los demás roban suele ser el que roba. El que anda revisando la legitimidad ajena suele tener un problema con la propia. Es un principio que sirve mucho más allá del shidduj.

VIRTUDES VIP

El Shulján Aruj describe los tres rasgos que identifican al pueblo judío: rajmanim, baishanim, gomlé jasadim — compasivos, con vergüenza sana o timidez (exactamente lo contrario de la jutzpá), y que disfrutan de hacer el bien a los demás.

Estas virtudes son tan centrales que los Sabios llegaron a decir algo muy punzante: quien es cruel, o desvergonzado, o impasible ante el sufrimiento ajeno, ¡quizás no sea judío! Literalmente dijeron que es imposible que alguien tenga sangre judía sin estas tres virtudes: sus antepasados no estuvieron en el Monte Sinai el día en que se entregó la Torá y nació el pueblo judío.

EASY GOING

Para mí —con años de experiencia en Shalom Bayit— la característica más importante a verificar en la personalidad de quien consideramos para compartir el resto de nuestras vidas es que ese hombre o esa mujer sean “easy going”. No sé cómo se dice exactamente en español, pero es lo contrario de “complicado”. Easy going es alguien que sabe dejar pasar. Que no se enoja para la eternidad: que tarda en enojarse y perdona enseguida. Que es capaz de decirle que sí a una idea distinta de la suya. Y capaz de cambiar de opinión de manera inteligente: entrar en una conversación pensando una cosa y terminar pensando otra.

Lo contrario de easy going es alguien a quien le importa más ganar la discusión que llegar a la verdad.

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