EQUEB: “Comerás, te saciarás y bendecirás a HaShem tu Dios”

וְאָכַלְתָּ וְשָׂבָעְתָּ וּבֵרַכְתָּ אֶת ה׳ אֱלֹקֶיךָ
Frente a toda esta superabundancia bíblica que disfrutamos hoy, la Torá nos pide una sola cosa: agradecer a Dios. Reconocer que la abundancia viene de Él. Así lo dice el pasuq: cuando estés en la tierra de Israel, “comerás, te saciarás y bendecirás a HaShem tu Dios por la tierra buena que te concedió” (Debarim 8:10).
Literalmente la Torá nos indica “bendecir al Creador”. Pero bendecir a Dios no significa desearle algo a Dios — como cuando bendecimos a una persona pobre o enferma, deseándole que tenga lo que le falta. A Dios no le falta nada. Bendecir a Dios significa RECONOCERLO, IDENTIFICARLO, atribuirle a Él lo que tenemos. Ese reconocimiento es el prerrequisito de todo acto de gratitud. Cuando decimos “Baruj” declaramos que Él es el origen de todo lo que tenemos.
Y este sencillo reconocimiento transforma la experiencia material de comer en un acto espiritual: descubrir al Creador cada vez que nos alimentamos.