El Rab Hayim Pereira Mendes (1852-1937): el rabino más influyente de EEUU a principios del siglo XX

Sefaradí, inglés, norteamericano
El Rab Mendes nació en Birmingham, Inglaterra, en una de las familias rabínicas más ilustres del judaísmo de ese país. Su padre, el Rab Abraham Pereira Mendes, fue rabino y educador; su abuelo materno fue el Rab David Aaron de Sola, del histórico Bet Kenesset de Bevis Marks en Londres; y su bisabuelo, el Jajam Refael Meldola, gran rabino sefaradí de la misma ciudad. Llevaba la tradición rabínica en la sangre, no como folklore, sino como herencia viva de Tora y liderazgo.
Estudió en el Northwick College —el colegio que dirigía su propio padre, donde se combinaban estudios sagrados y seculares— y luego en el University College de Londres. En 1874 asumió el púlpito de la nueva congregación sefaradí de Manchester. En 1877, con apenas veinticinco años, fue llamado a Nueva York para servir como rabino en la Congregación Shearith Israel, la sinagoga española y portuguesa más antigua de Norteamérica. Allí permaneció el resto de su vida: sesenta años de servicio ininterrumpido. En 1884 obtuvo además el título de médico (M.D.) por la Universidad de Nueva York.
El arquitecto de la Ortodoxia americana
A finales del siglo XIX el movimiento reformista crecía en EEUU y muchas congregaciones abandonaban la tradición. Mendes entendió que la Ortodoxia americana necesitaba organización, no solo discursos. En 1897 impulsó la creación de la Union of Orthodox Jewish Congregations of America —la OU que hoy conocemos por la certificación de kashrut y por mucho más— y fue su primer presidente.
Siendo él sefaradí, se ganó la confianza de toda la comunidad ortodoxa, incluidos los inmigrantes ashkenazim de habla ídish. Tendió puentes que nadie más sabía tender. Un colega suyo lo describió como un hombre completamente libre de cualquier estrechez o sectarismo dentro del pueblo judío. La OU que hoy es una institución gigantesca nació de su visión.
Su batalla por el Shabbat
Si hubiera que resumir su corazón en una frase, sería una que él repetía: “Imploro por la observancia del Shabbat.” No era retórica. Observar el Shabbat en la América de principios del siglo XX era casi imposible. Llegaban millones de inmigrantes y había pocos trabajos. Si un obrero judío no trabajaba el sábado, el lunes estaba despedido. El Rab Pereira Mendes luchó por la observancia del Shabbat en todos los frentes. Hizo campaña por leyes contra la discriminación, que protegieran a los trabajadores que guardaban Shabbat. Luchó para que los exámenes universitarios no cayeran en Shabbat ni en las festividades, y contra la introducción de prácticas religiosas cristianas en las escuelas públicas. Veía con dolor cómo cada vez eran más los judíos que abandonaban el Shabbat, y cómo esa ausencia en el hogar desintegraba, lenta pero inevitablemente, la identidad judía de familias enteras. La gran asimilación de millones de judíos en la primera mitad del siglo XX en Norteamérica comenzó de esta manera.
El rabino que enseñaba Torá en inglés
Una de las claves de su importancia era esta: en Nueva York, la ciudad con casi dos millones de judíos en los años treinta, ningún rabino ortodoxo ashkenazi de su tiempo predicaba en inglés. Venían de Rusia, Polonia y Europa oriental, y se manejaban en ídish. No podían comunicarse con la nueva generación, los niños judíos que ya se criaban en escuelas norteamericanas. Mendes sí. Fue de los primeros en presentar un judaísmo observante y orgulloso, capaz de ser respetado por los no judíos y, sobre todo, entendido por esa juventud. Previó lo que se venía —una asimilación enorme e imparable— y entendió que una de sus causas era el abismo de idioma entre los rabinos y los jóvenes.
Educador, escritor y traductor
Mendes fue, ante todo, un educador. Fundó escuelas, escribió libros de texto y produjo materiales como The First Hebrew Reading Book para enseñar hebreo a los niños que estudiaban en escuelas públicas. Participó en el comité editorial original de la traducción de la Biblia al inglés de la Jewish Publication Society —heredando la vocación de traductor de su padre y su abuelo— y colaboró como editor en la Jewish Encyclopedia.
Su pluma fue incansable: sermones, poesía, obras de teatro escolares judías, cuentos para niños y libros de Tefila para el hogar. Fue un precursor y un pionero de la literatura judía en inglés. Hasta escribió una novela, Looking Ahead (1899), que anticipó la Primera Guerra Mundial quince años antes de que estallara y soñaba con un hogar judío en la Tierra de Israel.
Para el judaísmo sefaradí, la respuesta a la asimilación nunca fue sacrificar los principios religiosos, sino traducirlos. Y traducir no se limita al idioma: es tomar de la cultura del entorno todo lo que no contradice la observancia de la Torá —la ropa que uno viste (p.e., hoy traje y corbata), el lenguaje que uno usa, la forma de integrarse con dignidad en la vida de la sociedad— mientras la Halajá permanece intocable, fuera de toda negociación. Así vivió Maimónides, que escribió su mayor obra filosófica en árabe, la lengua de sus vecinos, y defendió el judaísmo con las mismas categorías que usaban los pensadores musulmanes de su tiempo, sin ceder un solo principio. Así vivieron los judíos españoles y portugueses de Ámsterdam y de Londres, que se vestían, hablaban y se conducían como los ciudadanos más distinguidos de sus ciudades sin dejar de ser plenamente fieles a la Torá Mendes pertenecía a ese mundo.
El libro de los preceptos presentados éticamente
Cuando escribió su libro más conocido, The Jewish Religion Ethically Presented (1895, reeditado en 1912), hizo precisamente eso. Allí recorre las mitsvot del judaísmo —los 613 mandamientos— con un método propio. Cada sección, al mejor estilo sefaradí, abre con un pasuk, presenta la explicación tradicional del precepto, agrega su elaboración del mensaje ético que late dentro de la mitsvá y cierra con una serie de versículos.
Cada mitsvá está pensada para construir el carácter. El kashrut no es solo dieta: educa el dominio propio. El precepto de no robar, enseñaba, incluye no destruir el buen nombre de una persona ni arruinar su sustento.
Un hombre de Jesed
No fue solo un pensador. Fue uno de los fundadores del Montefiore Hospital de Nueva York, hoy un sistema médico de más de una docena de instituciones, entre ellas la Escuela de Medicina Albert Einstein. Creó una escuela para niños sordos judíos, impulsó la asociación para niños con discapacidad y la institución para el cuidado de los ciegos. Y a pedido personal de Theodor Herzl, fue uno de los líderes del naciente movimiento sionista en América y su presidente en Nueva York, defendiendo lo que llamó un “sionismo bíblico”: un Estado judío inspirado en los valores de la Torá.
El Rab Mendes murió en 1937, después de seis décadas de servicio. Este gigante olvidado merece ser recordado entre los grandes constructores y protectores del judaísmo moderno.