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¿CÓMO CRUZAR EL MAR?

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En la comunidad de Agudat Dodim de Buenos Aires, el séptimo día de Pésaj se vivía de una manera única. La tefilá de shajarit de shebií shel Pésaj, que culminaba una noche en vela, empezaba muy temprano.

Recuerdo al señor David Soae z”l, cuya energía contagiosa llenaba el knis en las primeras luces del amanecer. Su intención era clara: hacernos sentir como si realmente estuviéramos cruzando el mar. Con gestos muy elocuentes, nos invitaba a todos los presentes a entrar al agua y a sentir los pies mojados.

Para eso, don David teatralizaba la tefilá y, por un momento, se arremangaba el dobladillo de los pantalones con solemnidad y, con una expresión de asombro en el rostro, elevando sus manos, hacía como si sintiera el agua en sus pies, pero inmediatamente fingía ver el mar abrirse ante sus ojos.

Daba unos pasos hacia adelante, como caminando con enorme sorpresa sobre el lecho seco del océano, y miraba a su derecha y a su izquierda las columnas transparentes del mar. Nos mostraba a los peces, a los tiburones y a las ballenas nadando a su lado, como si estuviera en un enorme acuario submarino.

Y señalaba con su índice diciendo: “Ze Eli ve-anvehu”, y nos recordaba que todos los presentes —incluso los niños en el vientre materno— podían identificar en ese momento y en ese lugar la Presencia de Boré Olam.

Transportados al Yam Suf a través de esta increíble y teatralizada visualización, cantábamos la Shirá con una alegría desbordante, y quien se concentraba con verdadera kavaná podía sentir en su cuerpo la brisa marina acariciando el rostro y el olor salado del viento del mar.

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