PARASHAT TSAV: Sobre cenizas y Shalom Bayit

Cada año, cuando nos acercamos a Pésaj, las preguntas de Halajá comienzan a llegar en masa: ¿Puedo usar la parrilla para Pésaj? ¿Este medicamento necesita ser kasher lePésaj? ¿Tengo que tirar el vinagre? ¿Esta olla se puede kasherizar? Son preguntas legítimas e importantes — y me alegra recibirlas.
Pero he notado algo curioso: junto a estas preguntas, cada año, sin excepción, también aparece una cantidad inusual de consultas sobre Shalom Bayit, como si Pésaj y la tensión conyugal vinieran en el mismo paquete. ¿Por qué? No lo sé con certeza, pero tengo una teoría. Pésaj trae consigo decisiones que parecen simples, pero no lo son: ¿nos quedamos en casa o vamos a un programa? ¿lo podemos pagar? ¿dónde pasamos la primera noche — con tu familia o con la mía? ¿a quién invitamos? Son temas que parecen triviales, pero muchas veces escalan. Lo que empieza como una conversación sobre el Séder termina despertando tensiones que llevaban meses dormidas. Se dicen palabras que duelen, o aparecen silencios que pesan.
Por eso, no solo debemos desearnos Pésaj Kasher VeSameaj — también necesitamos un “Pésaj Shalom”, un Pésaj en paz.
La lección de las cenizas
La Parashá Tsav comienza con una escena concreta: el Cohén llega temprano al Bet haMiqdash, se viste con su ropa de servicio y, antes de hacer cualquier otra cosa, retira las cenizas del altar. No es un acto espectacular ni solemne; es simplemente limpiar lo que quedó del día anterior. Sin embargo, la Torá lo presenta como esencial: sin retirar las cenizas no se puede comenzar el servicio del día. Además, no eran cenizas frías. El Cohén encontraba una mezcla de ceniza, y pequeñas brasas vivas, aún encendidas, que debía apagar al limpiar el altar.
Las cenizas del hogar
En la vida conyugal, muchas veces hay situaciones que nos afectan y nos “queman”. Son pequeños incendios emocionales que nos hieren y nos van alejando uno del otro. Y esos incendios dejan cenizas: restos de resentimiento y dolor por lo ocurrido el día anterior. La discusión que no se resolvió, la palabra hiriente que se dijo y nadie reparó, el enojo que quedó guardado y no se perdonó. Esas cenizas, si no se apagan y no se limpian del corazón, se acumulan silenciosamente y pueden volver a encenderse, a veces con más fuerza que antes.
Para cortar este ciclo vicioso de escalamiento, hay que aprender a apagar las brasas que quedaron y limpiar esas cenizas emocionales. No importa lo que pasó ayer o anoche: cada mañana es una oportunidad para empezar de nuevo. No hacen falta gestos dramáticos; a veces alcanza con un simple “lo siento”, o “perdón por lo de ayer”, o incluso con decidir internamente soltar y seguir adelante con una actitud de cariño.
El Shalom Bayit, la paz en el hogar, no es la ausencia de conflictos, sino la capacidad de no permitir que el conflicto de ayer se reactive hoy. Una pareja que aprende a limpiar las cenizas cada mañana puede atravesar cualquier tormenta.