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Hamán, Trump y la historia de dos orejas

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Hay una pregunta curiosa que nadie me pudo responder: ¿por qué en Purim comemos las “orejas de Hamán”? No aparece en el Talmud, ni en los Midrashim, ni en ninguna fuente de la literatura rabínica.

Y sin embargo, todos las conocen. Son súper populares. En hebreo moderno se llaman Ozné Hamán. En el mundo ashkenazí se conocen como hamantaschen. Son unos triángulos de masa rellenos de dulce de frutas que aparecen en todas las panaderías judías cuando llega Purim. Los niños judíos las dibujan en el jardín de infantes hasta el cansancio, y todos las recibimos en los mishlóaj manot de Purim. Probablemente se trate de una tradición culinaria  (¿con propósito comercial?) que se desarrolló en Europa y que con el tiempo se volvió parte del folclore de Purim. Es una de esas cosas —no la más grave, por cierto— que muchos judíos hacen sin preguntarse por qué.  Y la razón por la que me detengo a pensar en algo tan banal como las orejas de Hamán es porque en estos últimos días estoy pensando en otra oreja, mucho más significativa y simbólica del extraordinario momento que está viviendo Israel.

LA OREJA QUE CAMBIÓ LA HISTORIA

El 13 de julio de 2024, Donald Trump estaba hablando en un acto de campaña en Butler, Pensilvania. Miles de personas estaban frente al escenario cuando de pronto se oyeron disparos. El atacante era Thomas Crooks, un joven de 20 años que disparó desde el techo de un edificio cercano con un rifle de alta precisión. Su objetivo era nada menos que matar al entonces candidato republicano Donald Trump. La bala se desvió por milímetros y le rozó la oreja derecha a Trump, dejándole una herida de 2 cm de ancho.

Trump cayó al suelo —o se tiró— mientras los agentes del Servicio Secreto corrían hacia él. Segundos después se levantó con sangre en la cara, y levantó el puño mientras lo evacuaban y gritó “FIGHT, FIGHT, FIGHT” (¡luchar, luchar, luchar!), mientras la multitud aliviada y eufórica, al verlo con vida, coreaba “USA, USA, USA”.

Después del atentado, Trump nunca dejó de decir que sentía que Dios lo había salvado.

Y yo me pregunto, como judío sionista, qué habría pasado si la bala lo hubiera alcanzado y Trump no fuera hoy el extraordinario presidente de los Estados Unidos. En mi opinión, el Estado judío todavía estaría negociando por los rehenes, no estaría controlando el 60 % de la Franja de Gaza, Hamás estaría fortalecido y uniendo fuerzas con Hezbolá, e Israel estaría desesperado, sin aliados, bajo la terrible amenaza nuclear de Irán, luchando para sobrevivir. O peor.

Pero, “gracias a Dios”, literalmente, la bala falló. E Israel está hoy, Baruj HaShem,  en el mejor momento de su historia desde el punto de vista político, económico y especialmente  militar.

LA CONEXIÓN IRANÍ

Volviendo a la bala que rozó la oreja presidencial: en los meses siguientes al atentado, las investigaciones de inteligencia en Estados Unidos revelaron que el régimen iraní había estado explorando activamente planes para asesinar a Trump, como represalia por la eliminación del general Qassem Soleimani en 2020, que fue ordenada por el presidente Trump.

En 2024, el Departamento de Justicia estadounidense acusó formalmente a Irán en relación con un presunto complot ordenado por la Guardia Revolucionaria Islámica para matar a Trump. Y detrás de toda esa operación estaba un nombre: Rahman Moqaddam, oficial iraní vinculado a las unidades especiales de la Guardia Revolucionaria.

Esta semana se cerró el círculo. El secretario de Defensa estadounidense Pete Hegseth anunció que Moqaddam había sido eliminado (por Israel).   

“Irán intentó matar al presidente Trump”, dijo Hegseth ante los periodistas, “y el presidente Trump fue el último en reír” (ver aquí.  https://www.foxnews.com/politics/hegseth-says-leader-behind-effort-assassinate-trump-has-been-hunted-down-killed-iran?utm_source=chatgpt.com) .

LA OREJA QUE TRUMP SE TOCA TODOS LOS DÍAS

Me imagino que cuando una bala roza la cabeza de una persona, esa persona no lo olvida nunca. Y me imagino que Trump debe tocarse la oreja todos los días, recordando esa milagrosa salvación.

Sigo imaginando. Creo que, más allá de que Irán es —o era— una amenaza para la paz mundial, y que el ataque de Estados Unidos contra ese país puede tener muchas razones estratégicas —eliminar el programa nuclear, los misiles balísticos, las redes terroristas que Teherán financia en todo Medio Oriente, e incluso el interés en las segundas reservas de petróleo más grandes del mundo—, en última instancia, para Trump destruir a Irán es, ante todo, un asunto personal. Una deuda pendiente.  Una herida en su oreja que recién ahora puede cicatrizar.

MI HUMILDE PROPUESTA

No me gusta ser aburrido ni aguafiestas, así que NO voy a proponer que eliminemos las orejas de Hamán solo porque no tienen ningún sustento religioso, histórico, filosófico ni espiritual.

Mi propuesta es muy poco controversial, no afectará a los comercios,  ni va a evitar que los niños judíos sigan dibujando triángulos rellenos de dulce en Purim.

Mi idea consta solo de dos pequeños puntos:

  1. Cambiemos el nombre de las masitas triangulares: en lugar de “Haman-taschen” o ozné Hamán, llamémoslas “Trump-taschen” o simplemente “las orejas de Trump”.
  2. Y en lugar de comerlas por glotonería,  cada vez que tengamos una de esas “orejas de Trump” en la mano, recordemos el extraordinario milagro que, B”H, vivimos en este nuevo “Purim 2026”.

¡Buen provecho!

Yosef Bitton

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