LA CREACIÓN
Hay un hermoso Midrash que compara a Dios, en el momento previo a la Creación, con un arquitecto que planea lo que está por hacer. El arquitecto dibuja un plano con el complejo edificio que va a construir, lo visualiza y calcula si las fundaciones y los cimientos lo van a poder sostener. Y se da cuenta de que no; que los cimientos no son suficientes y que tarde o temprano el edificio se va a caer… Sigue dibujando, prueba una cosa y luego otra, hasta que al fin logra encontrar la fórmula y determina qué cimientos necesita el edificio para sostenerse y no colapsar.
El Midrash usa esta metáfora para explicar que cuando Dios estaba por crear este mundo, pensando en el objetivo final de la creación —la compleja especie humana— se dio cuenta de que para que el proyecto HUMANIDAD pudiera ser sostenible hacía falta crear algo sobrenatural: LA TESHUBÁ, el arrepentimiento. La revolucionaria idea de que uno puede volver atrás y corregirse; que los seres humanos podemos pedir perdón y que somos capaces de perdonar. Sin este atributo DIVINO y sobrenatural, la especie humana estaría destinada a colapsar, como un edificio sin cimientos.
UNA IDEA SOBRENATURAL
Pero ¿por qué decimos que el arrepentimiento es una idea sobrenatural? Simplemente porque la naturaleza es cruel. Es decir, en la naturaleza no existe el arrepentimiento ni la reflexión antes o incluso después de actuar. No existe el dar marcha atrás, a menos que sea por un tema de supervivencia. Las acciones que los seres vivos realizan no son reversibles. La ley más importante en el mundo natural es la ley de causa y efecto. En el mundo físico sucede algo parecido: no hay reflexión ni borrón y cuenta nueva. El veneno, cuando entra en el cuerpo, no se detiene por compasión; la naturaleza sigue su curso. En el mundo natural no existe el indulto para un crimen. ¿Por qué? Porque en la naturaleza no existe el crimen. Los animales no pueden elegir lo que hacen; están dominados por sus instintos. El mundo natural se mantiene perfectamente bien sin el «arrepentimiento».
¿Y LA HUMANIDAD?
Con los seres humanos es diferente. Dios creó a los seres humanos dotados de libre albedrío, es decir, con la capacidad “sobrenatural” de elegir nuestro proceder. Los seres humanos podemos hacer obras de bien y ayudar, y no solamente cuando nos conviene o cuando es ventajoso para nuestra supervivencia. Tenemos la capacidad de practicar el altruismo: hacer el bien incluso de manera tan sobrenatural o antinatural que, a veces, estamos dispuestos a sacrificar nuestra propia existencia, nuestra supervivencia, para hacer el bien. Pero la otra cara de la moneda del libre albedrío es que también podemos elegir hacer lo incorrecto, mentir, engañar o dañar a otra persona. Pensemos ahora qué pasaría con la raza humana si un individuo se equivoca y no puede volver atrás. Si alguien toma la decisión equivocada, por menor que sea, y ya no existe la posibilidad de enmendarla.
EL ARQUITECTO
Comparando al Creador con un arquitecto, el Midrash dice que Dios entendió que la civilización que Él estaba diseñando —la humanidad— no podría sostenerse sin la posibilidad del arrepentimiento. Imaginemos, por ejemplo, una sociedad en la que cada error cometido es irreversible. Imaginemos la ausencia del perdón entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre amigos y colegas, etc. Si no existiera la posibilidad del arrepentimiento, si cada acción equivocada que cometemos trajera automáticamente sus consecuencias sin posibilidad de volver atrás, la vida sería insostenible. Los hombres se volverían unos contra otros y la civilización humana desaparecería.
El Creador entonces concibió la TESHUBÁ. El perdón representa la idea fundacional sin la cual la civilización humana estaría destinada a colapsar. Para que nuestra sociedad se pueda mantener, debemos aprender a arrepentirnos, debemos aprender a pedir perdón y debemos aprender a perdonar.

