Mi Tradición Ashkenazí Favorita

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IMPUESTOS A LAS FRUTAS

Esta noche, miércoles 27 de enero, es el 15 de Shebat,  también conocido como Tu Bishbat (ט»ו בשבט). Este día fue establecido por los rabinos hace 2000 años como una «fecha Halajica» técnica, que marca el plazo para considerar el «ma’aser», o diezmo. Los frutos que crecen en los árboles a partir del 15 de Shebat se consideran parte del próximo «año fiscal» en términos del diezmo (10%) y otros impuestos  durante el «año fiscal» que concluye en el próximo Tu Bishbat. No hay nada espiritual o sagrado en este día. Y obviamente, TU BISHBAT es relevante principalmente para los mandamientos asociados a la tierra de Israel. Por lo tanto, una vez que los judíos perdimos nuestro Bet Hamiqdash y fuimos desterrados de Israel, esta fecha cayó en el olvido.

LA RENOVACIÓN DE LA TIERRA

En el siglo XVI, miles de judíos que escaparon de la Inquisición española, llegaron a Turquía y desde allí se trasladaron a Erets Israel, estableciendo una primera colonia judía en la ciudad de Safed (Tzefat). Esta ciudad pronto se convirtió en el centro halájico más importante del mundo. El rabino Yosef Caro (1488-1575) escribió en Safed el Shulján Aruj, el código halájico que hasta hoy es aceptado por todos los judíos del mundo. La mística también floreció en Safed, a través del Ari haQadosh (1534-1572) y sus discípulos. Para estos sabios judíos, que ahora vivían en la tierra de Israel, el 15 de Shebat volvió a ser relevante. Los rabinos conocidos como mequbalim o kabbalistas dieron una interpretación mística y simbólica a las diferentes frutas y formularon un «Seder» de Tu Bishbat para alabar a HaShem por la tierra de Israel que nos concedió. En este «Seder» comían variedad de frutas y siguiendo el modelo del Séder de Pésaj, bebían cuatro copas de vinos,  de colores más claros a colores más oscuros (supongo que: blanco> rosa> cabernet> Syrah) para representar las cuatro estaciones del año.

DE ISRAEL AL RESTO DEL MUNDO

La tradición de tener algún tipo de «seudá» con frutas se extendió por todo el mundo judío. Las frutas más preciadas son aquellas que la Torá menciona cuando alaba a la tierra de Israel:  «trigo y cebada, uvas e higos, granadas, aceite de oliva y miel (de dátiles)» Debarim 8: 8.   En Turquía, Marruecos, Siria e Irán y otros países del medio oriente los judíos comían estas frutas y se reconectaban «virtualmente» con nuestra amada tierra. Algo más: para los judíos de la diáspora no había nada más preciado y especial que comer una fruta que llegaba directamente de Israel:  era como un sueño inalcanzable, irrealizable, algo que quizás algunos privilegiados tendrían  la ocasión de probar una sola vez en su vida. Y esa fruta se dejaba para TU BISHBAT.

En las comunidades Ashkenazies también celebraban Tu Bishbat. Pero a diferencia de las ciudades en las costas mediterráneas o del Medio Oriente, en el frío norte de Europa no crecían ni higos ni dátiles.  Y obviamente no era posible importar estos frutos de la Tierra de Israel. Pero los Yehudim no se rindieron. ¿Cómo recordaban a Erets Israel? Aunque la Torá no menciona el algarrobo, un árbol indígena de Oriente Medio, el Talmud nos dice que Ribbi Shimon Bar Yohai sobrevivió durante 12 años comiendo algarrobos en Merón. De alguna manera, los judíos de Europa lograron traer vainas de algarrobos secos de Eretz Israel: “en los tiempos previos al transporte rápido y la refrigeración, la textura dura y seca del algarrobo lo convirtió en una de las pocas frutas cultivadas en la tierra de Israel capaz de resistir el viaje de larga distancia [hacia Europa] sin deterioro». (Ver aquí)

ROCAS CON GUSTO A MIEL

Cuando escuché por primera vez esta tradición me conmoví hasta las lágrimas. Las semillas de algarrobo son «duras como rocas y producen…una sustancia harinosa que huele a queso Limburger». Y aunque Ribbí Shimon Bar Yojay pudo sobrevivir gracias a este árbol (comiendo seguramente las vainas del algarrobo), la Guemará clasifica el algarrobo como מאכל בהמה («apto para el consumo animal»). Sin embargo, para los judíos europeos, esas semillas durísimas eran exquisitas. Porque venían de la tierra de Abraham Itzjak y Ya’akob, de la tierra del Bet haMiqdash, de la tierra prometida. ¡Era el amor y la pasión que los Yehudim siempre tuvimos por la tierra prometida lo que transformaba las incomibles semillas en la fruta más deliciosa del mundo!

La costumbre de comer frutas el 15 de Shebat continúa hasta el día de hoy. E incluso aquellos que (increíblemente)  aún vivimos fuera de Israel podemos ir a un supermercado y comprar: vino de Israel, galletas hechas con harina israelí y frutas que vienen directamente de nuestra  tierra, y ya no sentimos que estamos viviendo un milagro

Este TU BISHBAT, esta noche o mañana, deleitate con las frutas que recuerdan Israel, paladeando el hermoso sabor de la tierra prometida.