VAYETSE: Jacob, el patriarca que soñó con nosotros

La Perashá de esta semana comienza con el exilio de Ya’aqob Abinu, nuestro tercer patriarca. Ya’aqob huye de la tierra de Israel, ya que su hermano Esav declaró su intención de asesinarlo. Ya’aqob se encamina entonces hacia Jarán, una ciudad en lo que hoy es Turquía , cerca de la frontera con Siria. Allí viven los parientes de Abraham: Labán, el tío de Ya’aqob, y su familia.
Ya’aqob no va en una caravana con guardias y plebeyos, como en el pasado fue Eli’ezer, el siervo de Abraham. Ya’aqob va solo, con un bastón, y lo que lleva puesto.  También a diferencia de Eli’ezer, Ya’aqob no va por unos días. Ya’aqob va por un tiempo indeterminado (que terminó siendo 20 años).
La primera noche de su viaje, cuando aún no había cruzado la frontera de Erets Israel, Ya’aqob tiene un sueño. Sueña con una escalera apoyada sobre el suelo, pero que llega hasta el cielo. Y ve ángeles. Los ángeles suben al cielo y bajan del cielo.  Y aquí nos encontramos con un desafío que el texto de la Torá nos presenta. Se supone que los ángeles «están en el cielo», y por lo tanto, primero deberían descender y luego ascender ¿Por qué, aunque se trate de un sueño, el orden está invertido?  Veamos la interpretación más famosa sobre este punto, proporcionada por Rashí.
¿QUE SON LOS ANGELES?
En primer lugar debemos saber que los ángeles en la Torá no son como los ángeles en otras religiones: seres alados con aureolas sobre sus cabezas. Dios no actúa “directamente” sobre Su mundo (hay solamente dos excepciones a esta regla) sino que lo hace a través de Sus “ángeles”. Esto es, fuerzas naturales o instancias que nos parecen “fortuitas”, o individuos que, sabiéndolo o no, cumplen una misión Divina. En Tehilim (104:4) el viento, por ejemplo, es considerado un ángel del Creador, ya que HaShem utiliza el viento para crear la lluvia.  Los ángeles que visitaron a Abraham y a Lot eran (o según otras interpretaciones: se veían como) seres humanos. Lo que tiene en común «el viento» y esos ángeles humanos o de apariencia humana es que ambos “cumplen estrictamente la voluntad de Dios”, la misión para la cual fueron consagrados. En hebreo la palabra “ángel” (mal-aj) en realidad quiere decir: emisario, representante, agente de HaShem.     Algo más. En la Torá se mencionan ángeles en un contexto muy especifico: Protección Divina. Nuevamente, los “ángeles” no son seres independientes. No adoramos “ángeles” ni le rezamos a los “ángeles”. Hablamos de ángeles cuando nos referimos a la intervención Divina a través de un sinnúmero de factores: naturales o humanos, milagrosos o cotidianos. Y especialmente en el contexto de “protección”. En el caso de Ya’aqob los ángeles que vio en su sueño vienen a asegurarle que la protección de HaShem continuará aún fuera de Israel.
YAAQOB EN LA CASA DE LABAN
Una vez que entendimos que “ángeles” se refiere a Protección Divina, podemos abordar la segunda pregunta: ¿Por qué los ángeles primero suben y luego bajan? ¿No debería ser al revés?  Rashí responde con un hermoso Midrash. Lo que Ya’aqob vio en su sueño fue “un cambio de guardia” entre los ángeles que protegen a Ya’aqob en la tierra de Israel y los ángeles que protegerán a Ya’aqob fuera de la tierra de Israel, en Jarán, el territorio de Labán.   Pero ¿Por qué hace falta un cambio de guardia? En el palacio de Buckingham el relevo de guardia se hace porque los soldados deben descansar comer, etc. Pero ¿por qué razón los ángeles tienen que cambiar la guardia?  La respuesta es que los riesgos en estos dos lugares son diferentes. En la tierra de Israel, en su casa, Ya’aqob estaba amenazado de muerte por Esav. Ahora en su futuro destino, la tierra de Labán, a Ya’aqob no le aguardaba ninguna amenaza física. Sin embargo los valores y las creencias de Ya’aqob estarán en peligro… Ya’aqob está yendo a vivir en el seno de una familia idólatra. Va con la intención de casarse con alguna de las hijas de Labán y convertirse en parte de esa familia. La posibilidad de que Ya’aqob olvidara todo lo que había aprendido de su papá Isaac y de su abuelo Abraham, y se transformara por completo en un miembro más de la familia de Labán, era muy real.  Esta nueva situación, asimilación, requiere un nuevo tipo de protección Divina, que no había sido necesaria hasta ese momento. Este sueño HaShem le asegura a Ya’aqob que HaShem lo protegerá, pero también le advierte a Ya’aqob que se habrá de encontrar con nuevos peligros en su nuevo destino y que tiene que tomar muy en serio  la amenaza de la asimilación.
ISRAEL Y LA DIASPORA

Incluso en nuestros días los peligros a los cuales estamos expuestos son muy diferentes para los judíos de Israel y para los judíos de la diáspora. En Israel, hasta el día de hoy, el peligro fundamental es la integridad física. Las permanentes guerras, las intifadas, los ataques suicidas, etc.  Este era también el tipo de peligro que acechaba a Jacob en la tierra de Israel, a manos de Esav.  Y los riesgos que los judíos enfrentamos hoy en la diáspora son parecidos a los que va a encontrar Ya’aqob en su nuevo destino: la asimilación a los valores de Labán y a la sociedad de Jarán. Este es un desafío mucho más sutil y mucho más difícil de enfrentar porque ocurre sin que nos demos cuenta. Al igual que Ya’aqob luego de su sueño, nosotros en la diáspora debemos tomar conciencia de los peligros que enfrentamos y educar a la próxima generación para que la Torá siga siendo relevante para ellos, y la vean como la más hermosa fuente de su inspiración y su guía.