TOLEDOT: La envidia y el antisemitismo

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ויקנאו אותו פלשתים
Esta Perashá nos presenta a Isaac (itsjaq), el hijo de Abraham. Nos cuenta sobre las dificultades que tuvo Isaac para tener hijos, el nacimiento de sus mellizos, la relación entre los dos hermanos, etc.   Luego nos cuenta acerca del enfrentamiento entre Isaac y sus vecinos, los filisteos. Este conflicto tuvo lugar cerca de lo que hoy es la franja de Gaza.   En Génesis capítulo 26 leemos lo siguiente:  «Isaac sembró en aquella tierra, y cosechó aquel año cien por uno [cien veces más de lo que había sembrado];  HaShem lo bendijo. Isaac se enriqueció, y siguió engrandeciéndose hasta que llegó a ser muy rico: llegó a tener ovejas, vacas y mucha servidumbre. Pero los filisteos le tuvieron envidia. Y todos los pozos [de agua] que los siervos de su padre Abraham habían cavado en sus días , los filisteos los taparon llenándolos de tierra.»   Si bien HaShem lo bendijo, la riqueza no le llovió del cielo. Isaac tuvo que trabajar muy duro para sembrar en esa zona árida. Y tal como la Torá nos cuenta, tuvo que invertir mucho esfuerzo cavando probablemente un sinnúmero de pozos hasta encontrar el elemento más escaso y preciado en el Medio Oriente: agua.
Los hombres de aquel lugar, los «Pelishitim» o Filisteos no simpatizaron con Isaac.  ¿Por qué? La Torá usa aquí por primera vez la palabra quin’a (ויקנאו אותו פלשתים) que significa: envidia. Los filisteos no querían Isaac porque le tenían envidia.  Y es muy interesante observar a qué los llevó la envidia. Uno podría pensar que ahora los Filisteos imitarían a Isaac, trabajando más duro, levantándose más temprano, emborrachándose menos, etc.  ¡Pero nada de eso sucedió!  Los Filisteos decidieron canalizar su envidia en la manera más cómoda y cobarde:  ¡Tapando con tierra los pozos de agua de Isaac!   La respuesta a la envidia fue la destrucción.   La envidia los llevó a hacer lo más irracional: destruir pozos de agua en el desierto. Lo cual, obviamente, los perjudicaba a ellos también.
Hay una gran diferencia entre dos palabras hebreas que son parecidas: Ta’avá (לא תתאוה, celos) y quin’a (envidia). «Celos» siempre se refiere a un objeto: estoy celoso de lo que tienes, y quisiera tenerlo yo. Pero la «envidia» es un sentimiento más profundo que los celos y mucho más complicado. No se trata de mi sentimiento positivo hacia un determinado objeto, sino de mis sentimientos negativos hacia un determinado sujeto. Te envidio, y si no puedo quitarte y tener lo que tú tienes, por lo menos quiero que TÚ no lo tengas. Así, la envidia se convierte en «odio». La envidia es ad hominem. Es destructiva y autodestructiva.  Por eso, con mucha sutileza,  la Torá yuxtapone la envidia a la destrucción: Los filisteos le tuvieron envidia a Isaac, y por eso, taparon los pozos de agua.
Rambán, Najmánides, nos aclara que la razón por la cual la Torá se excede en los detalles de estos eventos es para enseñarnos que מעשה אבות סימן לבנים , lo que le ocurrió a nuestros antepasados no es solo historia, sino que anticipa un patrón de conducta que se repetirá con sus descendentes.   Es increíble observar como esta historia se repite en nuestros días.
El 15 de agosto de 2005, 8.000 Yehudim fueron desterrados de sus casas en Gush Qatif (Israel). Esa tierra fue entregada a la autoridad Palestina. Se dice que este evento precipitó la elección del Hamas en el 2006, y conllevó a los ataques con misiles desde Gaza, que ya causaron 2 guerras. Hay un dato interesante que se relaciona con la Parashá de esta semana, y que no se conoce mucho, ya que los medios de difusión, como es de esperar, no han demostrado un gran interés en hacerlo conocer. En Gush Qatif, los Yehudim construyeron invernaderos y viveros con una tecnología ultra-moderna, donde se cultivaban vegetales sin insectos que se vendían en todo el mundo. Y flores, especialmente tulipanes, que se exportaban al mercado de flores de Amsterdam. En total, las ganancias de estos invernaderos llegaban a más de 100 millones de dólares anuales (ver este artículo aquí). Cuando los Yehudim se vieron forzados a abandonar Gush Qatif, el presidente del World Bank, James Wolfenson y algunos (ingenuos) judíos americanos donaron 14 millones de dólares para que no se destruyeran estos invernaderos y que «los pobres habitantes de Gaza que tanto se quejan de su pobreza  causada por Israel», pudieran aprovechar estos invernaderos y trabajarlos. Se estimaba que estos invernaderos podrían darle un trabajo honesto a cientos o a miles de  personas y generar un ingreso de hasta 100 millones de shequels anuales. Pero para la sorpresa de muchos, ni bien los palestinos recibieron estos modernos invernaderos los destruyeron totalmente, literalmente , «los taparon llenándolos de tierra» y establecieron allí sus bases para lanzar misiles o para cavar túneles de ataque para dañar a Israel.   Tal como ocurrió con los filisteos en el tiempo de Isaac, a estos enemigos de Israel les importó muy poco su propia prosperidad: lo que más les importó es perjudicar a Israel.
Mike Pence, el actual vicepresidente en Estados Unidos, formuló con muy pocas palabras esta idea de la envidia / odio hacia Israel de una manera muy simple y profunda.  Pence dijo: «Israel no es odiada por sus vecinos por lo que hace mal; Israel es odiada por lo que hace bien».
 
Quiera HaShem seguir bendiciendo y protegiendo a Israel como bendijo y protegió a nuestro patriarca Isaac y a nuestros antepasados.