Con el corazón abierto en Calcuta

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Solemos oír acerca de «circuncisión» en el contexto del Berit Milá, la primera Mitzva que un niño judío experimenta en su vida. La circuncisión en el Berit Milá consiste en remover el prepucio, la capa cutánea, que cubre el órgano masculino.

Nuestra Parashá describe un tipo diferente de circuncisión: la circuncisión del corazón. Pero, ¿qué es la circuncisión del corazón?

Si leemos en los versículos siguientes, el mensaje quedará claro.

La Tora dice (Deuteronomio 10:16.): «Y circuncidareis el prepucio de vuestro corazón …». A continuación, la Tora añade que HaShem, (10:17) «no favorece a los más ricos, ni acepta el soborno para corromper el juicio». Por el contrario, HaShem (1:018)  «protege a las viudas y defiende a los huérfanos …» .

Nuestros corazones son susceptibles de crear una «prepucio, una capa cutánea invisible pero absolutamente real. En Hebreo, como en español, el corazón es el órgano asociado con las emociones, el amor y la sensibilidad («Te quiero con todo mi corazón», «Tiene un corazón de oro..», etc). El prepucio del corazón se va formando cuando dejamos de sentirnos incómodos frente a las cosas malas que suceden a nuestro alrededor.

Nuestros corazones, por ejemplo, pueden volverse insensibles a la injusticia. Seguramente nos sentiremos molestos al ver la injusticia contra los oprimidos. O cuando somos testigos del engaño o cualquier otra forma de corrupción. Pero, ¿qué pasaría con nuestro corazón si viviéramos en un ambiente donde todos practican la injusticia, el engaño y la corrupción? La sociedad occidental dicta que en esas circunstancias hay que «adaptarse o morir». Pero la Tora dice exactamente lo contrario: No dejes que tu corazón sea cubierto por un prepucio a su alrededor! No te adaptes a la injusticia! No te sientas cómodo alrededor de la corrupción. No dejes de sentir que algo está mal sólo porque todo el mundo actúa mal.  Esta es la circuncisión del corazón.

Hay algo más. En repetidas ocasiones la Tora dice que HaShem se preocupa por los huérfanos y las viudas, que representan a los desposeidos, y a los individuos que más expuestos están al abuso y al sufrimiento. HaShem nos pide que no nos permitamos perder nuestra sensibilidad hacia los que sufren,  dejando que nuestros corazones estén cubiertos por una gruesa capa cutánea.

Yo tenía un amigo, z»l, que solía viajar por negocios a Calcuta, India, una de las ciudades más pobres del mundo. El primer día que llegó, no lo podía soportar. Al ver a tantos mendigos, especialmente niños, ciegos, deformes, discapacitados, su corazón estaba en el borde del colapso. Pero lentamente se fue acostumbrando a ver sufrimiento a su alrededor. Un día se dio cuenta de ya no se sentía incómodo alrededor de todos esos pobres mendigos, que para él se convirtieron en una parte normal del paisaje de Calcuta. En ese momento, sin embargo, al darse cuenta de su corazón se había cubierto de una piel dura e insensible,  llamó a todos los mendigos de la cuadra y los invitó a todos a almorzar. Esta gran hombre fue capaz de identificar su prepucio-cardiaco e inmediatamente lo extirpo de su corazón.

La circuncisión del corazón exige una autoevaluación constante de nuestros sentimientos, y sobre todo, de la ausencia de sentimientos. Si detectamos una capa cutánea alrededor de nuestro corazón tenemos que actuar inmediatamente. La práctica de la justicia y los actos de Jesed (caridad, bondad, generosidad) son el «Berit Mil»a, el mejor antídoto para remover la dureza de nuestros corazones.

Shabbat Shalom