LAS UNIVERSIDADES DE COLOMBIA Y EL AÑO SABATICO

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En la Perashá de esta semana encontramos una Mitsvá muy interesante: Shemitá. Esto significa que los campos de cultivo en la tierra de Israel deberían reposar durante el séptimo año. En el séptimo año no se ara la tierra; no se siembra ni se cosecha. La razón de ser de esta Mitsvá fue explicada de diferentes maneras. Y creo esta variedad nos permite comprender la profundidad de la Sabiduría de nuestra Torá. Lo primero que viene a la mente es que dejar reposar la tierra por un año contribuye a la conservación del suelo  y le permite mejorara su fertilidad  (esto fue discutido  por Maimónides en Moré Nebujim 3:39).

CRECIMIENTO:

Creo que la mejor manera de comprender la Mitsvá de la Shemitá, es comparándola con el Shabbat. En Shabbat también debemos “reposar”  y uno de los beneficios del reposo es que nos permite renovar nuestras fuerzas físicas para la próxima semana.

Sin embargo, el sentido del Shabbat va más allá de ser un día de descanso material. En realidad reposo físico no es el propósito del Shabbat, sino una consecuencia incidental (y ni siquiera absolutamente necesaria, ya que si vivo en el piso 12 tengo que subir y bajar por las escaleras, cada vez que salgo de mi casa, lo cual no colabora mucho con mi descanso físico…).

El sentido del Shabbat y de la Shemitá, de acuerdo al rab Abraham Kook, debe ser buscado en el efecto que deja a la “renovación” del trabajador, no del suelo o del cuerpo.  Una vez cada 7 años/días el trabajador judío deja de arar y cosechar para dedicarse a otra actividad completamente diferente. En Yerushalayim , por ejemplo, el año de Shemitá coincidía con la Mitsvá de Haqhel, donde todo el pueblo se congregaba para escuchar y estudiar la Torá de boca de los reyes de Israel, de los Cohanim, etc.  Lo mismo hacemos en Shabbat: dejamos nuestras ocupaciones mundanas y nos dedicamos a rezar, escuchar la Torá y estudiarla junto a nuestra familia y nuestra congregación.

En este sentido la Shemitá y el Shabbat nos presentan un escenario idéntico: en Shabbat dejamos de trabajar y de “crecer económicamente”,  no para dedicarnos al descanso físico sino al desarrollo de nuestra espiritualidad: crecer en conocimiento de la Torá, en sabiduría y en nuestro acercamiento a HaShem.  En el año de Shemitá dejamos de dedicarnos al crecimiento de las plantas y los frutos para dedicarnos a nuestro propio crecimiento.

Este concepto de crecimiento y renovación intelectual está reconocido hoy en día en el mundo entero. Las universidades más importantes del mundo le conceden a sus profesores “un año sabático” , un año de “descanso“ cada siete años de trabajo. La universidad le paga al profesor su salario completo para que éste se dedique por doce meses a estudiar, investigar y escribir más. Así, y sin la carga del trabajo de enseñanza, el catedrático puede renovar exponencialmente su conocimiento, crecer intelectualmente y luego así volcar toda su nueva riqueza intelectual en sus estudiantes.

El año sabático académico es quizás la mejor ilustración de la naturaleza y los beneficios del Shabbat y del año de la Shemitá.  Por favor, lean AQUI con atención este estupendo articulo que me envió un lector de Halajá of the Day, desde Bogota, Colombia. El sugestivo título dice:   “El año sabático no tiene nada que ver con descansar. Las universidades colombianas ven en esta estrategia la oportunidad ideal para mejorar la calidad de la educación de sus profesores y lo otorgan para aumentar el número de artículos, investigaciones y libros académicos [que estos profesores producen].”

EMUNA

Hay un elemento más, muy profundo, que tienen en común el Shabbat y el año de Shemitá: La Emuná, nuestra fe, de que nuestro sustento viene de HaShem.

Comencemos por Shabbat. Todos sabemos del malicioso prejuicio antisemita que acusa a los judíos de vender sus “almas por dinero” . En realidad, la mejor forma de desenmascarar esta acusación es comprendiendo lo que es el Shabbat. Cuando un judío observa el Shabbat está sacrificando significativamente sus ingresos. Cuántas veces escuché que “los sábados” en los comercios minoristas por ejemplo, “representan el día de mayor ingresos“. Para un judío, el beneficio económico queda en un plano secundario.

En el año de Shemitá ocurre algo parecido, prácticamente milagroso, y a mayor escala.   La Torá le garantiza al Yehudí que observa la Shemitá que nada le faltará. Así dice en Vaiqrá, capitulo 25: “(20)Y si acaso te preguntaras: “¿Qué comeremos en el séptimo año si no plantamos ni cosechamos nuestros productos [durante ese año]?”. (21) [Por eso, deberás saber que] en el sexto año Yo les enviaré una bendición tan grande que la tierra producirá [lo suficiente] para tres años. (22) Cuando ustedes siembren durante el octavo año, todavía estarán comiendo de la cosecha anterior, y continuarán comiendo de ella hasta la cosecha del año siguiente.”

Cuando la tierra reposa durante el séptimo año, hay que trabajarla durante el octavo año para comenzar a tener frutos recién en el noveno año. El productor judío debe “tener fe” que la producción agrícola  del sexto año, alcanzará para el sexto, para el séptimo, y para el octavo año.

La observancia del Shabbat y la observancia de la Shemitá se trasforman así en un testimonio de nuestra Emuná: cuando observamos el “reposo sabático”  testificamos con nuestras acciones (con nuestro reposo y con nuestro sacrificio económico) que Hashem, el Creador del Mundo, es el responsable final por nuestro sustento.

SHABBAT SHALOM