DECIMO MANDAMIENTO: Lo Opuesto a La Envidia

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וראך ושמח בליבו
Ayer, comentando acerca de concepto de “mal de ojo”, explicamos que las actitudes que tenemos hacia otras personas en el area de la envidia o la generosidad se definen en hebreo con expresiones asociadas a los ojos. El “ojo malo” (עין רעה) describe la falta de generosidad o el egoísmo; el “ojo del malo” (עין הרע) define la envidia y los celos;  “ojo lindo” (עין יפה) se refiere a la bondad y al desprendimiento; y el “ojo bueno” (עין טובה) define al altruismo y la nobleza de carácter.
Vamos a profundizar un poco más este último concepto, lo cual nos ayudará a comprender mejor el fenómeno de la envidia.
עין  טובה La envidia es un tema recurrente en la Torá. Irónicamente, casi todos los hermanos en el libro de Bereshit, desde Caín y Abel hasta Yosef y sus hermanos, sufren en algún momento y de alguna manera por temas relacionados con la envidia. La envidia aparece por temas de primogenitura, más o menos atención de los padres o incluso atención Divina (Caín y Abel).  Los primeros hermanos que logran evitar por completo el fenómeno de la envidia son a la vez los últimos hermanos que aparecen en el libro de Bereshit: Efraim y Menashé, los hijos de Yosef.  Ya’aqob Abinu bendice a su nieto Efraim antes que a Menashé, que era el primogénito y tenía prioridad. Menashé aceptó la determinación de su abuelo, y no encontramos que haya reaccionado mal o haya tenido recelos del éxito de su hermano menor.  Así, el libro de Bereshit comienza con el fratricidio, un hermano matando al otro, y va progresando hasta llegar a la harmonía fraternal. En términos de la superación de la envidia ¿Qué podría ser mejor que la aceptación del éxito del otro?
En el próximo libro de la Torá, Shemot, encontramos a Moshé y a su hermano mayor Aharón.   HaShem se revela a Moshé y le encarga liberar a Israel de Egipto. En cierto punto HaShem también le concede a Moshé, que Aharón lo acompañe y lo asista. Y allí se expresa lo que sucederá y sucedió cuando Aharón se encuentra con Moshé: וראך ושמח בליבו, “Y te verá y se alegrará en su corazón” . Dos observaciones antes de explicar lo que este pasuq dice. Primero, que la Torá ya nos prepara a comprender que estamos hablando de sentimientos relacionados a envidia/altruismo, ya que si bien no se mencionan “ojos”, la Torá utiliza un verbo asociado con la vista: “Y te verá”.  Segundo, también se habla de alegrarse “en el corazón”, es decir, internamente, no de la boca para afuera sino de una manera totalmente genuina.
Ahora veamos lo que este versículo dice: Aharón era el hermano mayor.  Quizás HOY no le demos mucha importancia a este detalle de nacimiento, pero en esos tiempos el hermano mayor era también el líder natural de la familia.   Y cuando este orden no se preservaba la harmonía familiar quedaba al borde del colapso. Aharón era el hermano mayor. Naturalmente, él debía ser el líder que liberara a Israel.   En lugar de eso, su rol ahora era ser el asistente de Moshé, su sombra. Sin embargo, no solo que no tuvo recelos y aceptó su nuevo rol como ocurrió con Menashé, sino que Aharón se elevó a un nivel superior: se alegró por asignación de su hermano menor como líder (algo que teóricamente le correspondía a él, ¡a Aharón!). Y su alegría no fue protocolar ni forzada. Fue una alegría totalmente sincera e incondicional.
 
Esto es עין טובה, “el buen ojo” , la capacidad de poder alegrarnos por el éxito de los demás.   
El “buen ojo” es la actitud completamente opuesta a la envidia. De hecho, es el antídoto contra todos los males de la envidia. Pero tener “un buen ojo” no es fácil ni muy común, ya que requiere un altísimo nivel de espiritualidad y desprendimiento material. ¿Conocen gente así? No es raro que las personas con este tipo de altruismo no sean muchas. Alcanzar este nivel de generosidad puede llevar años de un duro trabajo en el refinamiento de nuestro  carácter.    Pero el esfuerzo vale la pena, ya que poseer la virtud del “buen ojo” es lamejor garantía de una vida feliz, elevada y plena.
 
Mañana, BH, terminaremos nuestro análisis del Décimo Mandamiento “No envidiarós” y veremos cómo nos podemos encaminar hacia el nivel del “buen ojo”.