SÉPTIMO MANDAMIENTO: Iyjud, protegiendo la fidelidad conjugal.

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Ayer escribimos sobre el séptimo mandamiento: “No cometerás adulterio” y explicamos cómo la Mitsvá de Taharat haMishpajá ayuda a mantener y fortalecer la atracción entre marido y mujer.
Hoy comenzaremos a ver otro aspecto de la actitud judía hacia la sexualidad. Hay leyes y códigos de conducta que tienen como uno de sus objetivos fundamentales salvaguardar la fidelidad conjugal.   Una de estas importantes reglas  se llama Iyjud, o aislamiento.
Leemos en el libro de Shemuel II, capítulo 13,  acerca de un joven llamado Amnón, hijo del rey David. Amnón estaba obsesionado con Tamar, también hija de David, pero de madre diferente. Amnón fingió estar enfermo, se encerró en su cuarto y le pidió a su padre David que le pidiera a Tamar prepararle algo para comer.  Cuando Tamar llegó, Amnón hizo que todos los presentes salieran de su cuarto y pidió que Tamar le diera de comer de su mano. Cuando llegó Tamar, Amnón, por la fuerza, abusó de ella.   Esto afectó al Rey David, quien se sintió en parte responsable por no haber evitado lo ocurrido. Junto con su Corte de Justicia (דוד המלך ובית דינו) establecieron, o según la mayoría de las opiniones, “extendieron” esta ley  de Iyjud (גזרו על ייחוד פנויה, aclaremos que la Cortes de Justicia judías tienen el derecho de establecer nuevas regulaciones, como la Corte Suprema en los países el mundo moderno).
La ley de Iyjud (ייחוד , se pronuncia “ijud”) establece que un hombre judío no debe estar a solas en un cuarto cerrado con una mujer que no sea su esposa (o su madre, o su hija, etc).
Esta regla se enmarca dentro de la categoría de guedarim o siyaguim , es decir,  “vallados o barreras de contención Halájicas” que evitan el riesgo de caer en una prohibición mayor.
Un vallado es lo que establece un guardabosque, cuando erige una cerca unos pasos antes de un precipicio, para que los que visitan el lugar no se acerquen demasiado, y por distracción o por lo atractivo del paisaje, se caigan.
Hay muchos ejemplos de este tipo de vallados en la sociedad moderna. A una persona que sufre de adicción al alcohol y se quiere rehabilitar se le aconseja no frecuentar bares, ni fiestas donde se bebe, ni salir con amigos que beben alcohol. Todos estas restricciones adicionales son “vallas” necesarias para que quien quiere recuperarse de su adicción se proteja de sí mismo, y de la tentación que puede llegar a ser irresistible. Es mucho más fácil resistirse a entrar a un bar, que resistirse a tomar alcohol, una vez que uno tiene una copa en la mano….
Los Jajamim consideraron que el instinto sexual es tan poderoso que uno no debería confiar sólo en su sentido común y su decencia (אין אפוטרופוס לעריות). Sino que deben existir normas adicionales, vallados, a fin de evitar enfrentar un escenario potencialmente inadecaudo.  La regla del Iyjud tiene ese cometido: evitar un mal mayor.  Y si bien la fidelidad  es fundamentalmente un tema de valores y moralidad, si un hombre respetase al pie de la letra las leyes de Iyjud, la posibilidad de cometer adulterio, especialmente sin premeditación, disminuiría drásticamente.  La ley de Iyjud establece que un hombre y una mujer deben evitar recluirse o permanecer solos en una habitación u oficina que esté trabada o cerrada con llave.   La presencia de otras personas en ese recinto, o incluso el hecho que el lugar o la oficina donde están, sea accesible desde afuera, evita o disminuye significativamente la posibilidad de cualquier tipo de tentación, acoso o abuso sexual.
El concepto de Iyjud, es hoy, creo yo, más aceptado que nunca.
En los aeropuertos de EEUU si alguien que pasa por los controles de seguridad lleva algo inusual debajo de sus ropas, tendrá que ser escoltado a una oficina cerrada, donde se le ordenará sacarse la ropa. Pero todo ese tiempo, desde que entra hasta que sale, estará acompañado siempre no por uno, sino por “dos” oficiales de su mismo género. Así se evita que pueda suceder algo inadecuado. Es como que el concepto de Iyjud, lejos de haber pasado de moda, cada vez se entiende mejor y se aplica para evitar situaciones potencialmente indebidas.
Recuerdo que hace unos años participé en un congreso de rabinos organizado por la Orthodox Union (OU) y en una de las charlas, un prestigioso abogado nos recomendó a los rabinos presentes que siempre que atendamos a una persona dejemos la puerta de nuestra oficina entreabierta o por lo menos sin llave, como una forma de prevención general. Nos contó que en los Estados Unidos hay una enorme conciencia sobre este tema y que muchísimos profesionales judíos y no judíos, médicos, dentistas, psicólogos han establecido pautas similares, evitando aislarse con un paciente o un cliente a solas en un cuarto cerrado, para prevenir situaciones inapropiadas, casos o denuncias de abuso sexual.
Hace unos años atrás un rabino norteamericano tuvo una audiencia con el Papa anterior, Benedicto. Era en el tiempo en que la Iglesia de Boston había recibido cientos de denuncias de abuso sexual, pedofilia, etc.      Este rabino le sugirió al Papa que la iglesia adoptase la ley judía de Iyjud, y la estableciera como política eclesiástica: que ningún cura o sacerdote se pueda reunir a solas con un alumno, niña o niño, en un recinto cerrado. Y que siguiendo esta simple regla se reducirían al mínimo los problemas que tanto daño habían causado a cientos o miles de menores.
No sé lo que pasó al final, y si el Papa siguió o no siguió este consejo, pero pude apreciar, una vez más, la infinita sabiduría de nuestra Torá y nuestros Sabios que hace miles de años establecieron leyes que recién hoy la humanidad llega a valorar, apreciar e imitar.