Hamán, y la arrogancia que destruye

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וכל זה איננו שוה לי
El villano de la historia de Purim es Hamán ben Hamedata, descendiente de Amaleq. El Rey Ajashverosh designó a Hamán como su “gran visir” (o primer ministro) y como explicamos ayer, dió la orden (Ester 3: 2) que todos los oficiales de la corte debían arrodillarse ante Hamán. Todos siguieron la orden del rey excepto un hombre: Mordejai. Y cuando Hamán supo que Mordejai no se arrodillaba ante él,  decidió eliminar a todo el pueblo de Mordejai: la nación judía.
Hamán era malvado pero no era tonto. En realidad, era un genio. Veamos por ejemplo, cómo se las ingenió Hamán para ejecutar su versión de “la solución final”.  Primero, tenia que persuadir a Ajashverosh. Claro que para esto tenía presentar su plan como algo que beneficiaba al rey y no como su mega vendetta personal (Cap. 3:8). Persuadir al rey no resultó muy difícil.  Entre otras cosas, porque Hamán le presentó un plan con “cero” costos operativos. Lo que es más: a cambio de la orden ejecutiva del rey, Hamán ofreció una gran cantidad de dinero para el tesoro real (3: 9).
Ahora bien, ¿cómo pensaba hacer Hamán para reclutar decenas de miles de soldados que  encontraran y ejecutaran a cientos de miles de Judíos, esparcidos por todo Imperio Persa, desde Turquía hasta la China?
Hamán diseñó un perverso plan que la Meguilá describe brevemente con dos palabritas:  ושללם לבוז (“y sus pertenencias serán para despojo”) . El decreto de Hamán decía más o menos así: “El día 13 de Adar, estará permitido en todo el imperio matar a los judíos. La policía no se opondrá y nadie será procesado. Y lo que es más: el que mate a un judío, se podrá quedar con su dinero, propiedades, valores, etc.” (confío en que el lector entienda que no estamos dramatizando: ésto es exactamente lo que dice el texto…). El diabólico plan de Hamán era “genial”.  No había ninguna necesidad de distraer al ejército de sus obligaciones, ni de transportar a los judíos a los campos de concentración para matarlos en cámaras de gas.
Nuestros Rabinos explican que no había escasez de voluntarios. Mucha gente, especialmente aquellos que no simpatizaban con los judíos, se peleaban entre sí para que cuando llegara el día indicado fueran los primeros en matar a los judíos y quedarse así con sus bienes….
Si Hamán hubiera tenido éxito (y estuvo muy cerca!) habría sido el final de nuestro pueblo  ח”ו….
Al final, como todos sabemos, con la ayuda de HaShem, la reina Ester y Mordejai pudieron desarticular el perverso plan de Hamán, quien terminó pagando su maldad con su propia vida.
La Meguilá también nos ofrece un vistazo al perfil psicológico de Hamán. En el capítulo 5, versículo 13, cuando Hamán está en casa con su esposa, después de haber asistido como invitado de honor a una cena especial con el Rey y la Reina, y sin sospechar aún que Ester está diseñado un plan para contrarrestar  el de él, somos testigos de un diálogo inusual, casi un monólogo, en el que Hamán hace una especie de catarsis de sus sentimientos. En primer lugar Hamán reconoce su inmenso poder, su increíble riqueza,  su honor. Lo que sigue a continuación es sorprendente. Hamán, increíblemente admite que (Ester 5:13): “Y todo esto [el poder, las riquezas, mi familia] no vale nada para mí, cuando veo a Mordejai el judío, “sentado” en la puerta de la corte real [en otras palabras, que no se arrodilla ante mí “].”
Hamán, además de ser muy inteligente, fue probablemente uno de los hombres más poderosos en la historia de la humanidad. E incluso su vida personal era muy exitosa. Tenía una esposa que lo apoyaba y una gran cantidad de hijos.  Y, sin embargo, se necesitaba de una sola persona, Mordejai, que al no reverenciarlo, dejara al desnudo la incredible fragilidad del ego de este hombre tan poderoso.
Hamán sufre de una altísima dosis de ga-ava,  arrogancia, al nivel de la megalomanía: la obsesión por el ejercicio del poder, especialmente por el dominio y control de los demás.
La arrogancia sin límites de Hamán lo llevó a su perdición.