PARASHAT TERUMA: ¿Somos generosos los judíos?

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En la Parasha de esta semana, Terumá, comenzamos a aprender sobre el Mishkán, el Tabernáculo, es decir, el Templo que el pueblo de Israel construyó en el desierto.
Dentro del Mishkán había ciertos elementos consagrados (כלים) como el arca del Pacto, donde estaban las dos tablas de la Ley; la Menorá, una Mesa especial (shulján hapanim), el altar de oro, etc.
En esta Parashá, la Torá nos cuenta con mucho detalle la construcción del Mishkán y la de cada uno de esos elementos consagrados, casi todos de oro.
¿De dónde sacó Moshé todo ese oro y los demás materiales necesario para construir el Mishkán?
Generalmente, los reyes gentiles tenían que reclutar a la fuerza esclavos para construir sus templos  e imponía a su pueblo altos impuestos para solventar los costos .
La única excepción en la historia es el pueblo judío.  Los trabajadores fueron voluntarios. Y Moshé no tuvo que imponer ningún impuesto. La Torá dice (Shemot capitulo 25):  “Y habló HaShem a Moshé diciendo: Dile a los hijos de Israel que tomen una ofrenda para Mí; tomareis la ofrenda de todo aquel cuyo corazón le mueva a hacerlo”.
Moshé sólo tuvo que pedir una donación voluntaria, que fuera dada, literalmente: “de corazón”.
Y ¿cómo respondió el pueblo judío al llamado de Moshé?
Esto lo vemos recién 10 capítulos mas tarde. Ya que la Torá invierte ese número de capítulos para darnos un detalle minucioso de TODO lo que construyó en el Bet haMiqdash y también para contarnos el lamentable episodio del becerro de oro.  Pero ese es otro tema….
Volviendo a lo nuestro. La Torá dice en Shemot capitulo 35 que “los hijos de Israel, todos los hombres y todas las mujeres cuyo corazón los movía a traer algo para la obra que HaShem  por medio de Moshé, trajeron una ofrenda voluntaria.
Y luego, algo extraordinario ocurrió. Un evento probablemente único en los anales de la historia de la filantropía: “superávit”.
En el capitulo 36 de Shemot dice:
3. “Y ellos [el pueblo] siguieron trayendo sus ofrendas voluntarias cada mañana. 4 Entonces  vinieron los hombres  que estaban a cargo del trabajo del santuario… 5 y le dijeron a Moshé: “El pueblo está trayendomás de lo que se necesita para la obra de construcción…” 6 Entonces Moshé dio la siguiente orden, que se proclamó por todo el campamento: “Ningún hombre ni mujer debe hacer [más donaciones] para la obra del del santuario [el Mishkán]. 7 Porque el material que hay es ya abundante, y más que suficiente para hacer toda la obra.
“Superávit”, cuando hay más de lo que se precisa, es una palabra que muchos desconocen, porque no hay muchas oportunidades de usarla…
El pueblo de Israel fue tan generoso que hubo un exceso de donaciones…. Creo que faltan las palabras para describir la inmensa generosidad del pueblo judío, que se desprendian de las pocas joyas y bienes que tenían (no olvidar que hasta hace muy poco eran esclavos) y creo que también es admirable la integridad de sus líderes.
Quiero concluir con un mensaje adicional que aprendemos de este excepcional evento de filantropía judía.
Más allá de la bondad que representa el donar en abundancia, el epitome del altruismo y la generosidad es el anonimato.  Cuando uno no prentede que su nombre figure en una placa, para  que todos admiren su generosidad.
Esto me lleva contarles una historia real que presencié en Israel. Una forma de hacer Tesdaqá que considero admirable, ya que incluye estos tres elementos: la generosidad, el superávit y el anonimato.
Un miembro de mi comunidad, llamémoslo, el Sr Cohen,  viaja a Israel todos los años, entre otras cosas para dar Tsedaqá. Como sabemos, la forma MÁS ALTA de practicar Tsedaqá es ayudar a la gente pobre de Israel. El Sr Cohen “ahorra” durante todo el año parte de sus ingresos para este generoso fin.  Una vez en Israel, el Sr. Cohen visita ciudades y barrios dónde hay Abrejim necesitados o gente sin muchos recursos.  Va al almacén del barrio le pregunta al almacenero si le da crédito a sus clientes, lo cual es muy común en Israel.  El almacenero le muestra una libreta con los nombres y las deudas de decenas de familias. Un total digamos de 20.000 shequels de deudas acumuladas. Familias, por le general con muchos hijos,  que deben por meses al almacenero a cuenta de la comida que compran para sus hijos: pan, leche, azúcar, queso para untar, tomates y pepinos, la dieta básica de una familia de bajos recursos en Israel. El Sr. Cohen toma la libreta y ante los incrédulos ojos del almacenero la rompe. Y le extiende al almacenero un cheque por el valor de 25.000 shequel, 5.000 más de lo adeudado, a cuenta de los gastos de las familias más necesitadas.
La historia de la generosidad y el altruismo que comenzó en el Mishkán se repite. Y si no escuchamos más de estos actos de bondad , es porque los más grandes actos de Tsedaqá se hacen como en el Mishkán, anónimamente, sin interés de figurar.