HAMELEJ HAQADOSH: Asumiendo nuestra mortalidad

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Estamos en un período llamado, “Los diez días de Teshubá”, los días que van desde Rosh haShaná hasta Yom Kipur. Durante estos días nos preparamos para Yom Kipur. En la Tefilá de los diez días de Teshubá pedimos a HaShem una y otra vez que nos inscriba en el libro de la vida. Y en estos días hacemos un cambio radical en el texto de la Amida: en lugar de decir HaE-l haQadosh, “El Dios Santo” (invisible pero que nos ve; incognosible, pero Que todo losabe) decimos HaMelej haQadosh, “El Rey Santo”.

Estas adiciones y estos cambios nos ayudan a alcanzar el estado mental que debemos tener cuando nos acercamos a Yom Kipur.

¿Qué es haMelej Qadosh?

MELEJ: Cuando decimos “Melej” no debemos pensar en un personaje de un cuento de hadas. Tenemos que pensar más bien en un Juez. En Am Israel, el rey actuaba también, o sobre todo, como el Juez Supremo, la máxima autoridad y la única persona que podía emitir el veredicto final sobre la vida o la muerte de sus súbditos. En estos días pensamos en HaShem como este Juez Supremo, para que recordemos que en unos días Él determinará si merecemos o no merecemos ser sellados en el libro de la vida.

Nuestros rabinos nos enseñaron cómo visualizar las etapas del Juicio Divino. En Rosh haShana, la Corte Celestial inscribe a los seres humanos en el libro de la vida o en el libro de la Muerte. Pero el veredicto final no está sellado hasta el final de Yom Kipur. Tenemos diez días para demostrar que estamos realmente arrepentido de lo malo que hicimos. Durante estos diez días tenemos que tener un comportamiento excelente y demostrarle al Juez Supremo que somos capaces de ser rectos. Yom Kipur es el día de la apelación final. Me tengo que imaginar que en Yom Kipur la Sinagoga es una Sala del Tribunal. Estoy de pie delante del Juez Supremo, implorándole por mi vida. Yo soy mi propio abogado. Tengo que considerar la posibilidad que estoy apelando un veredicto negativo. Y tengo que convencer al juez de que si Él no me inscribió en el libro de la vida, lo debería reconsiderar.

QADOSH: “Qadosh” en el contexto de este berajá significa “único”, “sin igual”. HaShem es un Juez invisible, pero que ve lo que un Juez visible no ve. A diferencia de un juez normal, Él me ve donde quiera que yo esté. Incluso durante mis actos más privados. No sólo sabe lo que yo hago sino también lo que yo pienso. Nada escapa a Su conocimiento.

Pero si Él todo lo sabe ¿qué es lo que Él espera de mí? ¿En que va a afectar mi confesión a este Juez omnisciente?

Este Juez también es “Único” porque es mi Creador, mi Padre.

Cuando uno de mis hijos comete un error, lo más importante para mí es asegurarme que mis hijos han aprendido de su mala experiencia. Porque si han aprendido, lo más probable es que no vayan a cometer ese mismo error de nuevo. Como último recurso, voy a considerar castigarlos, así aprenden para el futuro. Sin embargo, la situación ideal será que mi hijo se me acercara y me dijera con sinceridad que ahora entiende que cometió un grave error. Si yo veo que su arrepentimiento es sincero, ¿por qué iba yo a querer castigarlo? Al contrario. Lo voy a abrazar, lo voy a animar y le voy a demostrar que  confío en él. Y que estoy feliz de que ha aprendido su lección.

Del mismo modo, cuando nos acercamos a HaShem en Yom Kippur, lo más importante que Él espera de nosotros es admitir y confesar nuestros errores y transgresiones. Si lo hacemos, Él nos perdona el castigo. Dicen nuestros Jajamim, que Él sólo va a registrar en mis “records” lo que yo no sea capaz de recordar y admitir. Y va a  borrar de mis “records” todo lo que yo recuerde y confiese.

En pocos días más, nos reuniremos con nuestro Rey, Juez y Padre. ¡Vayamos bien preparados!