ISRAEL: Lo que vio Zejariá

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 Fíjate bien en esta foto. ¿Ves algo especial? Lo único que ves es algunos niños jugando en una plaza. ¿Verdad? Bueno, no tan rápido …

Esta foto es de la ciudad vieja de Jerusalem. Unos cuantos niños están jugando en una plaza  llamada Bate-Majasé. Este es un lugar muy importante en la ciudad vieja. El edificio de dos pisos con arcos que se ve en el fondo fue construido en 1871 con fondos aportados por el Barón Rothschild de Frankfurt para albergar a las familias pobres de Jerusalem. El escudo de armas de la familia Rothschild todavía se puede ver en la parte superior del edificio. Hoy en día este edifico alberga las oficinas de la Municipalidad del barrio judío de la ciudad vieja. En la plaza se ve una escena muy familiar: niños corriendo y jugando. Esto ocurre todos los días, porque cerca de esta plaza hay dos escuelas: El Talmud Tora Noam y la Yeshiva Sylberman. Cientos de niños estudian allí.

Lo que no se ve en esta foto es otra vista familiar. Ancianos y ancianas que se sientan en los bancos de la plaza, cerca de donde juegan los niños. Muchas veces, después de las horas de escuela los abuelos viene a esta plaza para jugar con sus nietos.

Hay algo más en este lugar. Mira la próxima foto. A pocos metros de la primera….

 

 

En esta imagen  se ve  una inscripción tallada sobre la piedra. Es una cita del profeta Zejariá (Zacarías) 8: 4-5

Zacarías era un niño cuando los judíos vivían en el exilio en Babilonia hace 2500 años. Sin su propia tierra y sin el Bet HaMiqdash, el futuro del pueblo judío se veía muy sombrío. Sin esperanzas. En circunstancias normales los Yehudim deberían haberse integrado de forma natural (asimilado) a la población Babilónica y desaparecer. Pero ocurrió un milagro. Ciro, el emperador, Persa fue inspirado por HaShem (así lo que declaró explícitamente) e invitó a los Yehudim a volver a Israel y reconstruir Jerusalem. Aunque la mayoría de los judíos optaron por permanecer en Babel (fue el primer, pero no el último “exilio voluntario”) miles regresaron a la tierra de sus padres. Zejariá fue uno de ellos. Los Yehudim que regresaron encontraron una ciudad completamente destruida. Todo era ruinas, cenizas y desolación. No había ni siquiera un muro para proteger la ciudad, lo que hacia que vivir en la ciudad fuera una misión imposible (imaginese vivir en una casa sin una de sus paredes exteriores).

Pero en medio de esa desolación, Zacarías tuvo una visión profética, un escenario muy poco probable que suceda, dadas las terribles condiciones de Yerushalayim en sus días.

Esta profecía fue grabada en esa piedra. Como dijomos se encuentra en el capítulo 8, versículos 4-5 de Zejariá:

כֹּה אָמַר ה’ צְבָאוֹת: עֹד יֵשְׁבוּ זְקֵנִים וּזְקֵנוֹת בִּרְחֹבוֹת יְרוּשָׁלִָם, אִישׁ מִשְׁעַנְתּוֹ בְּיָדוֹ מֵרֹב יָמִים. וּרְחֹבוֹת הָעִיר יִמָּלְאוּ יְלָדִים וִילָדוֹת מְשַׂחֲקִים בִּרְחֹבֹתֶיהָ
זכריה ח’ 5-4

“Y así dice HaShem: Voy a volver al monte de Sion, y mi Presencia residirá en Yerushalayim …. Y una vez más los hombres y mujeres de avanzada edad caminarán por las calles de Jerusalem con sus bastones y se sentarán  en las plazas de la ciudad. Y las calles de la ciudad se llenarán de niños y niñas jugando en ellas “.

Ahora, veamos  el cuadro completo: Estás en Bate Majasé, leyendo esta extraordinaria profecía, grabada en la piedra que está frente a tus ojos. A tu derecha ves a varios ancianos, con sus bastones, sentados un banco y conversando. A tu izquierda ves a los niños jugando en la calle. Y entonces te das cuenta de que tienes el increíble mérito de ser un testigo presencial del cumplimiento de la profecía de Zejariá. Y entonces podes responder la pregunta: ¿Qué o a quién vio Zejariá? Zejariá vio a esos niños, a esos ancianos, a mi y a ti.